Los puños de Kuvira se movían a una velocidad increíble, habían pasado a penas dos minutos y ya comenzaba a sentir las piernas entumecidas debido a todo el movimiento que había tenido que realizar para esquivar los ataques de la ojiverde, de manera inevitable había tomado la posición defensiva pues la ofensiva de la pelinegra era constante, no había ni una sola abertura para lanzar un contra ataque, la piel de Kuvira se cubría de pequeñas gotas de sudor que volaban cuando lanzaba sus mortíferos ataques, podía ver sus poderosos músculos tensarse en cada movimiento y la pequeña brisa que sentía cuando aquellos puños y patadas le pasaban cerca le advertían de la fuerza que depositaba en cada golpe.
Haciendo uso de un pequeño espacio se aventuró a lanzar una patada pero al hacerlo su pierna se encontró con la de Kuvira causando que sus tibias chocaran, ambas arrugaron las cejas al percatarse del punzante dolor que nacía de aquel encuentro, la ojiverde no perdió el tiempo y de inmediato arremetió con la otra pierna, la morena reaccionó deteniendo el golpe con su brazo derecho, cuando hubo frenado la patada dio un paso hacia adelante presionando su antebrazo izquierdo sobre el cuello de su oponente para así comenzar a empujarla hasta hacer chocar su espalda contra la reja.
- Nada mal. – Sonrió Kuvira, ambas respiraban de forma agitada, ambas habían aprovechado ese pequeño lapso para recuperar un poco de energías
- Lo mismo digo. – Bufó antes de lanzar un puñetazo en dirección al rostro de la ojiverde, esta de inmediato cambió de posición para evitar el impacto y el puño de la morena golpeo contra la reja, a pesar de tener las manos vendadas era obvio que aquel golpe le había dolido, pero aquel dolor era expresado con ojos furiosos y más ataques lo cual fascinaba a su oponente.
Sudor y sangre salpicaban el suelo, el líquido color carmín goteaba del labio inferior de Kuvira, recién había recibido un fuerte golpe que la obligo a retroceder, en cambio la morena lucía una ceja abierta e inflamada, ambas con múltiples moretones a lo largo de sus brazos luego de haber bloqueado más de una docena de puñetazos y patadas, habían pasado ya diez minutos desde el comienzo del combate, aquí no había reglas, a excepción de no poder usar armas, así que no había un tiempo reglamentario, simplemente pelearían hasta que una de las dos fuera la indiscutible ganadora, pelearían hasta que una de las dos cayera víctima de la otra, o hasta que sus cuerpos se entumieran por el cansancio.
Un poderoso golpe expulsó el aire del cuerpo de la morena, apretando la mandíbula tomó impulso y lanzó una patada que Kuvira alcanzó a detener con su brazo a pocos centímetros de que el impacto llegara a su rostro, sin perder el tiempo retomó su posición de ataque y logró impactar un gancho en el costado izquierdo de la ojiverde. Si, con el paso del tiempo ambas habían comenzado a resentir el cansancio, con esto sus reflejos se volvían más lentos y como consecuencia los golpes comenzaban a entrar, el impacto de cada uno de estos peligrosos ataques producía el sonido suficiente para que el público de las primeras tres filas lograra escucharlo con claridad.
- ¡Kuvira! ¡Kuvira! ¡Kuvira! – Alentaban unos.
- ¡Korra! ¡Korra! ¡Korra! – Se escuchaban otros, la intensidad de la pelea había abolido el miedo que muchos sentían hacia su líder y les había dado la seguridad suficiente para aclamar a la morena.
Los nudillos de la ojiazul comenzaban a hundirse en la mejilla de su rival ocasionando que toda su cabeza girara con la fuerza del impacto, Kuvira se tambaleo, comenzaba a caer pero al hacerlo retomó el control y aprovecho el impulso para lanzar una patada al aire que de inmediato hizo contacto con la barbilla de Korra obligándola a retroceder hasta chocar con la reja, las dos jadeaban, Kuvira yacía en el suelo sin retirar su mirada de los ojos de la retadora mientras esta sostenía su peso contra la estructura de la jaula, se tomaban un respiro, era evidente que las dos tenían grandes habilidades en el arte del combate, mientras chocaban sus miradas una amplia sonrisa aparecía en sus rostros.
- A estas alturas puedo decir que no me has decepcionado. – Jadeo la de pantalón verde.
- Lo mismo digo. – Devolvió la de pantalón azul.
- Pero es momento de terminar esto. – Sentenció alzando una ceja para luego ponerse de pie.
- Adelante, quiero ver que lo intentes. – Amenazó la chica del sur con una sonrisa traviesa y una mirada afilada.
No estaba segura de donde habían surgido las nuevas energías de Kuvira, aquella mujer levantó la guardia y volvió a tomar el ritmo, saltando ligeramente sobre las puntas de sus pies comenzaba a caminar alrededor del octágono cazando los movimientos de la morena, con el rostro escondido detrás de sus puños dio un par de zancadas para acercarse a ella, Korra mantenía la guardia arriba pero esperaba pacientemente, su entrenamiento no había sido en base a un estilo de pelea general, ella conocía cuatro tipos de pelea, sus cuatro maestros no solo le habían enseñado a controlar cada uno de los elementos, si no que le habían enseñado la cultura que había tras cada una de las tribus que poseían aquellos poderes, por lo tanto ella peleaba combinando estos conocimientos, desde las bases firmes e inquebrantables de los maestros tierra, la agresividad y el ingenio de los maestros fuego, la fluidez y flexibilidad de los maestros agua, hasta la agilidad y serenidad de los maestros viento.
Kuvira comenzó a atacar con la misma constancia que había tenido al inicio de la pelea lo que le indicaba a la morena que en efecto, aquella era la determinación de la líder rebelde por terminar el combate, sin embargo ahora las piernas exhaustas de la ojiazul no le ayudaban a evadir aquella lluvia de puños, algunos de estos golpes castigaban su abdomen y los costados de su cuerpo, otros castigaban severamente sus brazos en un intento por alcanzar su cara, el tiempo comenzaba a correr demasiado a prisa y demasiado lento a la vez, la velocidad de los ataques de Kuvira daba la sensación de que todo fuera lento, pero la necesidad de encontrar una manera de escapar de la esquina en donde se encontraba le hacía sentir que el tiempo pasaba demasiado rápido y que si no hacía algo seguro perdería el enfrentamiento, las rodillas comenzaban a fallarle, uno tras otro podía sentir los golpes que la impulsaban contra la reja que ya tenía pegada a la espalda, el público rugía de la emoción, su vista comenzaba a nublarse.
"Nunca te rindas, escucha bien Korra, incluso si te encuentras acorralada, siempre habrá una manera de salir, debes ser inteligente, debes usar la estrategia. El fuego es capaz de nacer de la más pequeña braza, y esa pequeña braza es suficiente para crear enormes incendios que nadie puede contener, de la misma manera tú puedes resurgir, siempre y cuando sigas consciente, siempre y cuando te quede un poco de energía, serás capaz de pensar en alternativas para seguir adelante. Tu vida en el exterior será difícil, solo tu voluntad te mantendrá a flote, recuerda eso."
Recordaba la voz de su maestro luego de recibir un fuerte golpe en la sien que de inmediato la mandó al suelo. Mareada, desorientada, completamente perdida miraba alrededor en un intento por recordar lo que ocurría, entonces sus ojos pudieron enfocar la amenaza que se acercaba a ella, al ver aquellos intimidantes ojos verdes notó la determinación que había en Kuvira de terminar la pelea cuanto antes.
No perdería, no ante ella, no ante nadie, pensó justo antes de mover sus piernas para golpear los pies de la ojiverde, ahora ambas yacían en el suelo, Korra no se detuvo ahí, con dificultad pero increíble velocidad se posiciono encima de su rival inmovilizando su cuerpo enredando las piernas sobre su tronco y cerrando un candado con su brazos que amenazaba con cortar el suministro de aire de su nueva víctima.
El público había enmudecido, la pelea había tomado un giro inesperado, Korra descansaba sobre su espalda con el cuerpo firmemente aferrado al de Kuvira que se encontraba encima de ella luchando por zafarse de los poderosos brazos de la Guerrera del Sur, los músculos de la morena parecían encontrarse trabados en su posición, no había manera de que algo o alguien fuera capaz de aflojarlos o removerlos de aquel mortífero abrazo, el rostro de la ojiverde comenzaba a tornarse completamente rojo, estaba atrapada, el oxígeno dentro de ella comenzaba a agotarse y no lograba obtener ni un poco más de aquel preciado gas, su tráquea estaba siendo dolorosamente aplastada por uno de los brazos de su oponente al mismo tiempo que sus piernas la sujetaban con fuerza para limitar sus movimientos, no podía creer lo que estaba pasando, momentos antes era ella quien lideraba el combate y ahora era ella quien luchaba por mantenerse consciente.
- ¡Guerrera del Sur! – Enloquecieron sus seguidores al ver que en efecto, de aquel abrazo no había escapatoria alguna. Baatar contemplaba boquiabierto, recordaba y repetía en su cabeza la escena de Korra dislocando el hombro de su rival, le era difícil ignorar como al inicio de aquella llave la pelea lucía justo como el combate que ahora presenciaba, luego revivió el modo en que aquel hombro tronó saliéndose de su lugar cuando la morena perdió la paciencia al escuchar sus comentarios inapropiados, Korra no estaba usando toda su fuerza, estaba esperando a que Kuvira se rindiera, pero si ella quisiera ya habría aniquilado a su querida ojiverde, y de forma permanente. Este simple pensamiento lograba erizarle la piel, la ansiedad se apoderaba de él, en esos momentos Korra tenía el poder y la capacidad de matarla, lo que más lo estresaba era saber que Kuvira no se rendiría, debía hacer algo.
La luz comenzaba a desaparecer de sus ojos, los gritos del público parecían ser cada vez más lejanos, sus brazos habían perdido todas sus fuerzas, cada vez le resultaba más difícil mantener los párpados abiertos pues estos aumentaban su peso de manera considerable a medida que los segundos avanzaban.
Con la quijada firmemente cerrada incrementaba la fuerza que aplicaba en el candado, no podía mentir, claramente sentía la manera en que Kuvira comenzaba a perder vitalidad ¿Hasta donde debía llevar esa pelea? Como quiera que fuera no faltaba mucho para que su víctima se desmayara, conocía bien el efecto de cada uno de los movimientos que utilizaba durante sus combates y estaba segura de que aquel candado le daría la victoria, incluso si llegaba a liberar a la ojiverde y esta decidiera continuar con la batalla nunca tendría las fuerzas necesarias para hacer nada, antes de que pudiese volver en si ella se encargaría de molerla a golpes, estaba decidido, ella ganaría ese enfrentamiento.
- ¡Basta, es suficiente! – Se escuchó una voz demandante y de inmediato la vida volvió a las facciones de la mujer de tez blanca, aquella era la voz de Baatar suplicando por que aquella pelea llegara a su fin, Korra no dudó ni un poco y liberó a su rival extendiendo las manos hacia los lados para evitar la ira de las personas que la rodeaban, debía dejar en claro que su intención no era perjudicar a nadie y mucho menos a la líder de todos los presentes.
Kuvira comenzó a toser en un intento por recuperar el aliento, girando sobre su lugar terminó reposando sobre su espalda al lado de su oponente que también yacía recostada boca arriba, Korra respiraba de forma agitada, se encontraba esperando sus siguientes instrucciones ¿La pelea había terminado? No estaba segura, pero aprovecharía cualquier momento que tuviera para recuperar un poco de fuerzas, habían pasado quince minutos desde el inicio de la pelea y la intensidad y fuerza de Kuvira la habían agotado, eso sin mencionar la cantidad de daño que había recibido, ahora que se encontraba descansando comenzaba a notar la manera en que su cuerpo palpitaba, su ojo derecho se encontraba ligeramente cerrado debido a la inflamación del golpe sobre su ceja, de la misma manera podía sentir el entumecimiento sobre su costado derecho donde había recibido una fuerte patada, en resumen, se encontraba completamente apaleada, al girar la cabeza para ver a Kuvira pudo notar que ella también lucía desgastada, el golpe sobre su labio ya se había tornado morado y su mejilla izquierda se había inflamado de modo considerable, sin poder evitarlo comenzó a reír por lo bajo.
- ¿Qué demonios te parece tan gracioso? – Gruñó Kuvira con voz ronca.
- Es la mejor pelea que he tenido en toda mi vida. – Admitió con evidente entusiasmo, la ojiverde sonrió y rió levemente.
- En eso debo concordar contigo. – Escuchó la respuesta de Kuvira.
La ojiverde suspiró y tomo impulso para obligarse a enderezarse y así poder sentarse, al hacerlo no pudo evitar gruñir de dolor sosteniendo con la mano derecha su costado izquierdo, al verla Korra siguió su ejemplo y comenzó a forzarse para ponerse de pie, las dos se miraron de frente, sus rostros se encontraban llenos de sudor y sangre, ambas vestían una blusa de tirantes blanca que se había manchado de rojo alrededor de sus cuellos, a lo largo de sus cuerpos se mostraban distintos moretones, el público las miraba con atención, el resultado del combate había sido evidente pero les resultaba difícil de creer .
- Ganaste. – Admitió la líder rebelde con una mirada seria.
- Te confiaste. – Declaró la ojiazul con una sonrisa.
- Creo que lo hice. – Habló Kuvira devolviendo la sonrisa. – Tal vez luego te pida una revancha. – Concluyó antes de comenzar a caminar hacia la puerta de la reja, mientras avanzaba miró a uno de los hombres que se encontraba de pie en la salida y asintió con la cabeza como señal positiva para que entrara a señalar a la morena como la ganadora del enfrentamiento, al salir fue recibida por Baatar que de inmediato se ofreció para ayudarla a caminar pues se notaba le faltaba poco para desplomarse.
Los brazos de Korra se alzaron en el aire, el público comenzó a gritar y aplaudir, había sido inesperado pero nadie podía negar que el combate fue justo, no hubo ningún truco, todos habían observado hasta el final sin perderse ni un solo detalle, la Guerrera del Sur volvía a imponer su poder sobre la arena de batalla, debía admitir que encontrarse ahí con los brazos en alto se sentía bien, estaba acostumbrada a que fuera así y al poder hacerlo fuera de su coliseo se sentía aún mejor pues había conquistado otro lugar, algo dentro de sí disfrutaba ser reconocida como la campeona indiscutible de aquellas peleas.
A media noche todos se encontraban en el comedor, Kuvira les había permitido organizar un festín para celebrar el evento, siempre luego de los combates les dejaba beber un poco y divertirse, ya que aquello no ocurría con frecuencia ninguno de sus hombres desaprovechaba la oportunidad. La morena no pudo declinar la invitación pues todos habían acordado que aquella cena sería en su honor, al parecer nunca nadie había logrado derrotar a Kuvira antes así que aquello era algo que tenía a todos impresionados y que consideraban como un evento importante.
Había tenido una hora para ducharse y parchar los peores golpes, había recibido un par de puntadas sobre su ceja, de ahí en más el resto eran dolorosos golpes a los cuales no les podía hacer nada… o más bien, no podría si no tuviera poderes de maestra agua, sin usar demasiado aquellas habilidades se dedicó a calmar un poco el dolor, no quería imaginarse como se encontraba Kuvira ya que ella no tenía forma de aliviar sus malestares y a diferencia del asentamiento en Ciudad República ellos no contaban con plantas medicinales que sirvieran como sedantes naturales.
Con ropa limpia y sus antebrazos envueltos en vendas se encontraba sentada en la mesa principal, de nuevo Kuvira la había invitado a sentarse con ella, esta vez Kuvira se encontraba sentada en medio de ella y Baatar, al parecer la ojiverde también se había cansado de los constantes berrinches del joven así que se había impuesto como una barrera entre los dos. Al igual que la morena la líder se encontraba cubierta por distintos tipos de vendajes, sobre su nariz había un pequeño parche que cubría una cortada que se había abierto tras un puñetazo, su labio inferior lucía inflamado, enrojecido, con una costra formada sobre el corte y rodeado de distintos tonos de morado, las dos lucían severamente perjudicadas por la pelea, aún así ambas se mostraban tranquilas al disfrutar de un plato de arroz y un vaso de sake, el licor de arroz era algo a lo que tenían fácil acceso pues el arroz era su principal fuente de alimento, al centro del comedor había un grupo de hombres y mujeres tocando música y otros cuantos bailando, varios de ellos ya se encontraban bajo el efecto del alcohol así que resultaba entretenido contemplar como se tambaleaban de un lado a otro con los rostros enrojecidos.
- Muchos de ellos me preguntan porque no les permito organizar estas fiestas con más frecuencia… sinceramente ¿Crees que sea prudente permitirles estas libertades? No pueden ni caminar, cualquier campesino sobrio podría derribarlos sin dificultad alguna. – Comentó Kuvira sin retirar la mirada del centro del comedor donde todos festejaban.
- Quedan vulnerables, de eso no cabe duda. – Sonrió antes de volver a llevarse una cucharada de arroz a la boca, la pelea había agotado sus energías y en consecuencia se encontraba hambrienta.
- No conocen los límites, beben hasta perder la conciencia, se comportan como animales. – Volvió a hablar la líder pareciendo seria. En el tiempo que llevaba conviviendo con ella Korra sabía que esa era la personalidad de Kuvira, siempre andaba de un lado a otro con un rostro severo, pero eso no significaba que siempre se encontrara de mal humor, Kuvira tenía un humor negro, solía disfrutar del sarcasmo y de ver las reacciones de la gente al sentirse intimidados por ella, se divertía viendo el pánico en el rostro de las personas cuando pensaban que la habían disgustado, sin embargo Korra logró ver más allá de eso y notar que en muchas de esas ocasiones la pequeña sonrisa amenazante que aparecía en el rostro de la ojiverde en verdad delataba el hecho de que aquello le perecía divertido, disfrutaba del poder que tenía, era severa y estricta, de eso no cabía duda, pero no era malhumorada, a decir verdad se atrevía a decir que la paciencia de Kuvira era vasta, siempre mantenía la calma y formulaba nuevas estrategias para seguir adelante con sus planes, pero ya que su liderazgo era basado en la manipulación era importante mostrarse fuerte y la intimidación formaba parte importante de su poder.
- ¿A ti te gusta beber? – Preguntó mirándola, Kuvira parpadeo un par de veces meditando la pregunta luego sonrió y negó con la cabeza.
- ¿A ti? – Le devolvió la pregunta.
- No. – Respondió terminándose lo último que le quedaba en el plato.
- Aunque. – Volvió a hablar la ojiverde. – Cuando bebes tu cuerpo se adormece un poco, tal vez esta noche beba más de lo usual para poder caer rendida y dormir sin problemas olvidando el dolor del cuerpo. – Dijo extendiendo el vaso hacia el hombre que repartía el licor.
- ¿Debería seguir tu ejemplo? – Bromeo alzando una ceja.
- Como gustes. – Respondió Kuvira. – Pero si lo haces deberás conocer tu límite, el punto exacto que te sirva para ayudarte a dormir y que no te cause resaca por la mañana. – La aconsejó con una sonrisa traviesa. – O si no te arriesgas a amanecer adolorida por el combate y con dolor de cabeza y el estómago hecho un lío por la resaca. – Rió un poco.
- Suena peligroso, tal vez prefiera no tomar riesgos innecesarios. – Pronunció entre risas.
- Entraste a pelear conmigo dentro de una jaula ¿Y piensas que un poco de alcohol es un riesgo innecesario? – Se burló su anfitriona.
- Es tarde. – Interrumpió Baatar de modo áspero llamando la atención de ambas chicas, Kuvira lo miro intentando averiguar que había querido decir con eso, arqueando una de sus cejas esperaba a que elaborara en aquellas palabras.
- Dijiste que estabas cansada por el combate y que no tenías ganas de celebrar, ya terminaste de comer, creo que deberías descansar. – Aclaró sin poder conectar su mirada a la de la líder pues sabía que se había dirigido a ella con un tono poco apropiado, no lo podía evitar, la manera en que ella se comportaba cuando Korra estaba presente lograba sacarlo de quicio.
- Baatar. – Suspiró la pelinegra. - ¿Alguna vez me has visto haciendo algo que no sea de mi agrado? – Cuestionó mirándolo fijamente.
- No. – Murmuró apretando los puños bajo la mesa.
- ¿Qué te hace pensar que ahora es el momento para empezar a hacerlo? No necesito que nadie cuide de mi, si me siento cansada iré a dormir de inmediato. – Arrugó el entrecejo sin dejar de mirarlo.
- Lo siento… pero en verdad creo que…
- No me interesa lo que puedas llegar a creer, tus cambios de ánimo me tienen cansada, últimamente es más fácil hablar con un adolescente que tratar contigo. Si estás cansado te aconsejo que vayas a dormir y me dejes disfrutar un poco de la noche antes de que decida hacer algo respecto a tu mal humor. – Bufó Kuvira, Baatar arrugó el entrecejo y se puso de pie de un movimiento golpeando la mesa con la palma de sus manos.
- ¡Bien! – Gruñó el moreno comenzando a caminar fuera del comedor, Kuvira lo siguió con la mirada hasta que su figura desapareció en el pasillo, Korra observaba incrédula, hasta ahora Baatar siempre había logrado llevarse a Kuvira tras de él, siempre con alguna excusa o pretexto, diciendo que tenían temas importantes que tratar o cosas por el estilo, esta era la primera vez que Kuvira no le seguía el juego, se preguntaba si esto tenía que ver con la pelea que recién había perdido, cualquiera que fuera la razón de aquella irregularidad debía admitir que le alegraba, sabía que Kuvira era una persona peligrosa y que era su enemiga, pero debía admitir que mientras estaba ahí ella era la persona con quién mejor podía dialogar.
- No entiendo que demonios le sucede. – Suspiró la ojiverde relajando su postura. – De cualquier manera, volviendo al tema, si no sueles beber con frecuencia, solo consume un par de vasos, con eso bastará para que tu cuerpo se relaje y dudo mucho que te de resaca. – Le aconsejó mientras frotaba sus sienes en lo que parecía ser un intento por relajarse y olvidar lo que había pasado, Kuvira y Baatar siempre andaban juntos de un lado a otro, era obvio que la relación que compartían era significativa para los dos, aquella pequeña discusión seguro había logrado estresar a la líder pero, como era su costumbre, intentaba mantenerse centrada y parecer poco afectada por lo que ocurría a su alrededor.
- ¿Te gustaría salir a tomar un poco de aíre? – La invitó poniéndose de pie, la morena sonrió y asintió con la cabeza, así ambas salieron del comedor, Kuvira caminaba ligeramente a la delantera, no estaba segura de a donde se dirigía pero luego de caminar hasta la orilla de la ciudadela se percató de que parecían ir hacia el valle. La ojiverde hizo una señal con las manos a sus guardias y estos les permitieron el paso.
- Este lugar es increíble. – Comentó con entusiasmo disfrutando del pasto bajo sus pies, en la mano derecha llevaba sus zapatos que se había retirado en cuanto pisaron tierra.
- Lo es. – Concordó la ojiverde que caminaba tranquilamente a su lado con las manos cruzadas detrás de su espalda.
- Aún me debes la historia de este lugar. – Pronunció con tono divertida mirando a su acompañante. – Dijiste que me contarías al respecto si vencía a tus peleadores. – Le recordó.
- Zaofu. – Inició. – Es el nombre de esta impresionante ciudad. – Comenzó a narrar a medida que caminaban a un lado del río. – Como podrás haber notado, la mayoría de los edificios se encuentran formados y adornados con metal pues esta era la ciudad del clan de los maestros metal, ellos eran considerados lo mejor de lo mejor dentro del grupo de maestros tierra. Estas ciudadelas los proveían de todo lo que podían llegar a necesitar, vivían apartados del resto del reino tierra pues no necesitaban de la ayuda de nadie, ellos eran los mejores guerreros y estos eran sus dominios. Cuando el mundo entró en caos el clan de los maestros metal fue llamado para servir a los emperadores de Ba Sing Se, es por eso que la ciudad no se encuentra maltrecha, sus habitantes la abandonaron para servir como apoyo al reino tierra así que no había razón para que alguien llegara a atacar sus edificios vacíos. Hay marcas de una pequeña batalla que se libró aquí, pero seguro se trató de algo pasadero, tal vez grupos rebeldes que andaban en busca de un lugar para vivir y alguien intentó sacarlos por la fuerza, de cualquier manera, estoy segura de que no fue la guerra principal la que causo esos pequeños rasguños a las estructuras. – Pausó al detenerse frente a una enorme roca que sobresalía a un lado del río, con cuidado comenzó a escalarla e invitó a la morena a seguirla, al cabo de unos minutos las dos se encontraban sentadas en la parte superior de la roca que era completamente plana.
- El valle se encuentra rodeado por distintas ciudades, la guerra había comenzado a obligar a la gente a dejar sus hogares, debido a toda la actividad que había alrededor, violencia y abuso, asesinatos, poca gente alcanzaba a cruzar las montañas para llegar a los edificios abandonados de Zaofu. Al paso de los años la comida escaseaba cada vez más al igual que el agua, para poder llegar al valle se deben cruzar cadenas de montañas, no muchos tenían las provisiones necesarias para llegar aquí, e incluso si las tenían, aquí no había comida que les pudiese ayudar a sobrevivir, así Zaofu quedó desierta durante cientos, tal vez miles de años. En la actualidad no muchos llegan aquí porque hay varias decenas de bandidos rodeando las montañas del valle, es demasiado riesgoso aventurarse a entrar. - Se detuvo para recostarse sobre la piedra y poder mirar las estrellas.
- ¿Y tú como encontraste la ciudad? – Cuestionó la ojiazul sin quitarle la vista de encima.
- Suyin, ella solía ser la líder de un grupo rebelde, los grupos rebeldes son más poderosos que los grupos de bandidos, Suyin sabía esto y se aprovecho, comenzó a reclutar a los bandidos que usaban las montañas para esconderse y pronto descubrió la abandonada ciudad de Zaofu, y no solo eso, si no que descubrió que el valle estaba repleto de árboles y contaba con un suministro de agua potable, solo una persona era capaz de lograr semejante cosa. – Suspiró. – Se dice que los Avatares tienen distintos escondites a lo largo del mundo, refugios donde pueden desaparecer por periodos indeterminados de tiempo, Zaofu era uno de esos lugares, así como esta ciudad hay otros lugares similares, cuevas, templos, oasis en el medio de la nada que solo el Avatar puede alcanzar haciendo uso de sus poderes. Aquí había todo lo necesario para vivir, una de las ciudadelas cuenta con campos de cultivo, tierras fértiles que se pueden trabajar con facilidad, Suyin tomó ventaja de su descubrimiento y así volvió de su grupo el grupo más importante de los rebeldes en el antiguo Reino Tierra.
- ¿Si Suyin conocía este lugar porqué no trajo con ella a los habitantes de los asentamientos en Ba Sing Se? – Se preguntó a si misma en voz alta.
- No pudo, cuando decidió abandonar a los rebeldes estos de inmediato reclamaron Zaofu como suyo, traer a los pobladores de Ba Sing Se a este lugar habría sido un desastre.
- ¿Suyin sabe que tú estás aquí? – Preguntó con intriga recordando todo por lo que había tenido que pasar con el fin de encontrar a Kuvira.
- No. – Sonrió. – No se lo imagina, yo me volví la líder de un grupo rebelde numeroso, cincuenta personas, pero todos se encontraban en las afueras de Ba Sing Se, poco a poco fui ganando poder y pronto llegó una amenaza por parte del líder actual de los rebeldes de Zaofu, su nombre era Aiwei, un antiguo seguidor de Suyin, lamentablemente para él y su aislado grupo, yo ya tenía a los hombres necesarios para despojarlo de su cómodo asentamiento. Aquel enfrentamiento no lo puedo clasificar como una batalla, sus hombres me siguieron de inmediato y él fue desterrado. – Concluyó. – Desde entonces nosotros cuidamos del valle.
- Esa es una gran historia. – Comentó antes de recostarse al lado de su anfitriona.
- ¿Te parece? Conozco un par de historias mejores que esa. – Habló de forma desinteresada sin despegar la mirada del cielo, esta frase le recordó a la morena el libro del Avatar obscuro, según Bumi, Kuvira era la persona que poseía aquel documento. ¿Sería esa historia a la que refería? Si ese era el caso no cabía duda de que conocía historias más interesantes que la de Zaofu.
- ¿Cómo cuales? – Continuó la conversación en un intento por obtener más información.
- Soy una líder rebelde, en realidad, soy la líder rebelde del grupo más grande del antiguo Reino Tierra, así que se podría decir que no soy cualquier líder rebelde, hay muchos por ahí, como Suyin, que pueden hacerse del poder debido a los conocimientos que poseen y guían a sus grupos a una vida de vandalismo sin sentido. Yo no soy un juego, yo tengo un propósito más allá que solo causar terror por doquier. – La miró con seriedad. – Tengo los conocimientos necesarios para poder guiar a mi gente de forma disciplinada hacia un fin común, en este caso ese fin es unir a todos los asentamientos para recuperar fuerzas, si volvemos a actuar como una sola raza lograremos levantarnos de las cenizas… pero, para lograr eso necesito eliminar al Avatar y al Loto Blanco. – Confesó con naturalidad, la morena arrugó el entrecejo intentando parecer confundida.
- ¿El loto blanco?
- Un grupo élite de personas que cuidan al Avatar, todos saben eso, o al menos un poco. El punto es que este grupo y el Avatar son la principal razón por la cual todos continúan separados. El loto blanco pretende hacer del Avatar la persona más importante del mundo y confían en que él nos guiará hacia un futuro mejor. Pero olvidan por completo el desastre que ocurrió con el Avatar hace miles de años, cuando el mundo se encontraba al borde del colapso el Avatar no dudó en darle un pequeño empujón para que todo ardiera en llamas. Y esa es una historia sumamente interesante que pocos conocen. No muchos saben leer, no a muchos les interesa conocer el pasado, la gran mayoría de las personas de hoy en día solo se preocupan por sobrevivir, no los culpo, pero la ignorancia no les ayudará a salir del hoyo. Si confían en el Avatar cabe la posibilidad de que todos volvamos a caer víctimas de sus poderes. El ciclo del Avatar puede ser detenido, solo debemos asesinarlo cuando se encuentre en algo conocido como "el estado Avatar". Podrías llamarme loca por intentar eliminar a la única persona capaz de regenerar la naturaleza, pero recientemente algo me ayuda a creer que el Avatar ya no es necesario para poder recuperar el planeta, Asami Sato logró contactar con los espíritus y ellos están de su lado, si logro obtener el mismo apoyo estoy segura de que podemos salvar lo que queda de nuestro mundo.
El silencio reinó luego de aquellas palabras, ahora entendía la misión de Kuvira, era la primera vez que escuchaba de un líder rebelde que se encontrara en busca de la salvación del planeta, era algo bueno, pero no podía pasar por alto su deseo de asesinar al Loto Blanco y al Avatar, no podía ayudarla de esa manera. Otra cosa que le quedaba en claro era que en efecto Kuvira había tenido contacto con información importante, conocía detalles del Avatar y del Loto blanco que pocos conocían, tal vez aquel documento explicaba todas esas cosas, ahora no había manera de preguntar al respecto sin parecer sospechosa pues las únicas preguntas que restaban debían ser demasiado profundas para alguien con poco interés o relación en el tema.
- Pareces saber suficiente sobre el Avatar. – Habló al fin.
- Es necesario. – Murmuró con los ojos cerrados. - ¿Te unirás a mi grupo? – La escuchó preguntar.
- No estoy segura. – Respondió de inmediato sabiendo que aún necesitaba tiempo para emboscar a Kuvira, de nuevo volvieron a guardar silencio, los minutos pasaban y la pelinegra no se había movido ni un centímetro, comenzaba a pensar que se había quedado dormida cuando la escuchó suspirar y la observó sonreír.
- Tienes tiempo para decidir, no enviaré a nadie a Ba Sing Se si no hasta dentro de cinco semanas, hasta entonces intentaré convencerte, tus habilidades de pelea son ejemplares. – Pronunció sonando más relajada de lo normal, incluso adormilada, la morena sonrió, comenzaba a sentirse contrariada, Kuvira no tenía metas del todo erradas, también buscaba ayudar en el progreso de la humanidad, si tan solo hubiera una manera de convencerla de cooperar ganaría a un gran aliado de su parte, en cambio por el momento aquella joven representaba una gran amenaza para ella, sus amigos y colegas del Loto Blanco y ahora también para el asentamiento de Ciudad República.
~(*-*)~
Una semana se había pasado luego de la pelea con Kuvira, desde entonces había ganado un nuevo privilegio, ahora podía explorar todas las ciudadelas, sin embargo sus guardias aún debían acompañarla por doquier lo cual no le molestaba ahora que tenía más espacio para caminar, con el libre acceso al valle prefería pasar al menos una hora del día junto al río para meditar, solo en estas ocasiones les pedía un poco de silencio a sus dos acompañantes, el resto del tiempo no importaba si decidían comenzar a hablar de todo tipo de cuentos que se decían sobre Kuvira, sobre Ba Sing Se, sobre el asentamiento de los Sato, sobre las peleas de Bumi, entre otras muchas cosas, de alguna manera siempre tenían algo de que hablar, bastaba tenerlos a ellos al lado para estar al tanto de las noticias más recientes del antiguo Reino Tierra.
Otros privilegios habían venido con su victoria, todos los hombres de Kuvira la respetaban y admiraban, ya no la despreciaban, solo una persona continuaba portándose como un idiota al estar cerca de ella, y ese era Baatar, a él no podía culparlo, entendía a que se debía su rencor, Kuvira constantemente encontraba lapsos en el día para encontrarse con ella y charlar un poco y sabía que a Baatar esto le desagradaba en su totalidad, normalmente no justificaría el comportamiento del joven, ella y Kuvira podían compartir una amistad sin que él tuviera que sentirse mal al respecto, pero notaba que había cierta irregularidad en el comportamiento que la líder rebelde tenía hacia ella.
Se trataba de la tarde de un miércoles, no pasaban de las seis, había quedado de verse con Kuvira en el gimnasio, los pasados tres días habían decidido entrenar juntas haciendo peleas simuladas para permitir que sus cuerpos sanaran, la verdad, tal como lo había dicho la ojiverde, aquellos movimientos lograban volverse bastante relajantes y estimulantes al mismo tiempo, sus entrenamientos siempre se volvían una especia de competencia en la cual nunca había una ganadora pues al no ejercer daño alguno sobre su oponente ambas podían seguir de forma ilimitada.
Un breve saludo fueron todo lo que dijeron antes de comenzar con el entrenamiento, no había necesidad de calentar pues a medida que avanzaban en aquella suave danza de movimientos ofensivos y defensivos comenzaban a tomar un ritmo cada vez más rápido, a veces Kuvira no solía hablar mucho, aún así su presencia no resultaba incómoda, sabía que estaba bien sentarse a su lado sin decir nada, intercambiaban pequeños comentarios y breves risas, mientras más tiempo pasaba a su lado más comenzaba a buscar alguna alternativa para ella, debía haber una manera de encontrar un camino adecuado para ella, su propósito era justo pero sus métodos no, por más que lo pensara sabía que la ojiverde no aceptaría consejos de nadie pues una vez que tenía algo en la cabeza no había nada que la hiciera cambiar de parecer.
- Sabes, Korra. – Se escuchó a la líder hablar desde el lado opuesto de la habitación mientras se limpiaba el sudor con una toalla.
- ¿Qué pasa? – Respondió tomando un sorbo de agua de un termo de metal.
- Un tatuaje de la tribu del agua no es algo sensato de mostrar por ahí. – Mencionó señalando con la mirada el tatuaje sobre su espalda baja, ese día vestía un top azul pálido y su pantalonera azul marino así que su abdomen y espalda quedaban al descubierto mostrando sus tatuajes. – Además, ese tatuaje en tu brazo, también tiene que ver con los maestros agua y su cultura. – Continuó.
- Soy la Guerrera del Sur, ese fue el motivo por el que me tatúe esos símbolos. – Respondió alzando una ceja recalcando la obviedad de los hechos.
- Lo entiendo, pero ahora no son los mejores tiempos para llevar algo así en la piel. El ciclo del Avatar siempre sigue el mismo patrón, tierra, fuego, aire y agua. No se si estés al tanto de que el viejo Avatar nació dentro de la cadena de descendientes de los que alguna vez fueron maestros aire, con los rumores que repartieron los hombres de Amon nos queda en claro que hay un nuevo Avatar entre nosotros, por lógica podemos deducir que éste debió nacer dentro de la cadena de descendientes de los maestros agua.
- ¿Y no sería estúpido que el Avatar decidiera tatuarse símbolos similares conociendo el peligro al que se enfrenta? – Comenzó a caminar hacia la pelinegra, la verdad no creía que Kuvira sospechara de ella, de cualquier manera si llegaba a hacerlo no había mucho que nadie pudiera hacer contra sus poderes, solo debería sacrificar su anonimato, pero era improbable que alguien lograra capturarla, o al menos eso prefería pensar.
- Lo sería, pero no es solo eso, desde que los maestros de los elementos desaparecieron resultó más complicado saber quién descendía de que tribu, sin embargo hay ciertas características que descienden de cada raza, para nuestra fortuna las personas de las tribus agua suelen ser las menos mezcladas, aisladas en sus hogares en los polos la mayoría de ellos conservan estas características inconfundibles para su raza, ojos azules, piel almendrada y cabello obscuro. – Alzó una ceja mirándola por el rabillo del ojo con una sonrisa.
- Si, los tatuajes los tengo debido al sobrenombre de Guerrera del Sur, y el apodo vino a mi ya que, en efecto, provengo de las tierras frías del sur, por lo tanto no es extraño que mis facciones se asimilen a los maestros agua ya que como bien dices, todos en mis tierras mantenemos las mismas características. – Rió. - ¿Estas insinuando que yo podría ser el Avatar? – Kuvira rió por lo bajo sin retirarle la mirada de encima.
- Podrías serlo, cualquier descendiente de los maestros agua podrían serlo. – Afirmo. – Hay algo más. – Añadió. – Los hombres de Amon dijeron que el nuevo Avatar es de sexo femenino, así que con eso podemos descartar a los varones de la búsqueda. Lo que nos deja con las siguientes pistas, el nuevo Avatar es mujer, proviene de los descendientes de los maestros agua, sabe pelear, sabe leer, y debe tener contacto con algunos miembros de la Orden de Loto Blanco.
Korra la miraba con atención mientras Kuvira no parecía enfocar su vista en nada en especial mientras continuaba con su explicación.
- ¿Sabías que Suyin pertenece al Loto Blanco? – La morena abrió los ojos de par en par, claro, Kuvira había crecido en la familia de los Beifong, era más que seguro que supiera de ese secreto, incluso si Su no se lo hubiera contado Baatar lo habría hecho.
- Así que de alguna manera caes dentro del reducido diez por ciento de la población que podrían resultar ser el Avatar.
- No tenía ni idea de que Su perteneciera al Loto Blanco… - Murmuró.
- Si, pero a ella no se le puede perseguir por ser la líder de los asentamientos de Ba Sing Se, por desgracia suya yo tengo el poder necesario para hacerla caer, solo necesito el momento adecuado. – Afilo la mirada.
- Entonces encajo en el perfil ¿Eh? – Sonrió restándole importancia al tema de Suyin.
- Así es. Más de lo que piensas. – La miró con una sonrisa juguetona. – Y el hecho de que estés aquí podría tanto quitarte sospechas de encima o aumentarlas, podría ser un movimiento inteligente pues nadie sospecharía de ti por ser una peleadora sanguinaria, o podría ser que en verdad no tengas nada que ver con nuestro misterioso Avatar. – Se encogió de hombros recargando el peso de su cuerpo contra la pared que había detrás de ellas mientras la morena reía por lo bajo, aunque aquello pareciera que se burlaba de las sospechas de Kuvira, en verdad se reía de la ironía de lo acertadas que habían sido sus palabras, su corazón latía a toda prisa, Kuvira era una persona sumamente astuta.
- ¿Podría explicar alguna de esas coincidencias? – Preguntó mirando a su amiga, era extraño ponerlo de ese modo, pero no había otra manera de decirlo, compartían una amistad, se sentía así, pero estaba segura de que tanto ella como Kuvira no bajaban la guardia ni un poco debido a esta nueva amistad que compartían.
- Por favor. – Aceptó la ojiverde.
- Provengo de las tierras frías del sur, soy hija de Senna y Tonraq, los jefes del asentamiento principal de aquel lugar, es por eso que se leer y pelear. Conocí a Bumi en una de sus visitas a mi hogar y él me invito a venir aquí a su coliseo, mi primer pelea no fue lo que esperaba así que escape y busque refugio en otro lugar, siendo hija de los líderes de mis tierras pensé que sería buena idea buscar asilo con la líder de Ba Sing Se, ella me aceptó ahí, yo planeaba volver a casa y ella me ayudaría con eso pero fue difícil ya que Ba Sing Se no está cerca del agua y Suyin no tiene barcos, mientras tanto Bumi intentaba convencerme de volver a pelear, yo me negué un millón de veces hasta que me propuso un trato, él me ayudaría a volver a casa si yo volvía a pelear, fue entonces que comencé a tomarle el gusto a eso. Su se enteró de mi participación en el coliseo y se enfureció, pero pronto encontró una manera de que las cosas fueran a su favor y me condicionó para que mis recompensas por las victorias fueran la libertad de las personas que llegan a las apuestas como prisioneros. ¿Qué más puedo decir? Así seguí peleando hasta el día de hoy. – Concluyó encogiéndose de hombros, Kuvira asintió con la cabeza tras escuchar su explicación.
- En efecto, eso explica muchas cosas. Entonces seguiremos pensando que todo esto es solo un conjunto de casualidades en tu contra.
- Supongo. – Dijo con un tono tranquilo mirando a la ojiverde. – Aunque si prefieres pensar que soy el Avatar no hay nada que yo pueda hacer al respecto, deberé aceptar que tu admiración por mi fuerza te llevó a pensar que soy la persona más poderosa del mundo. – Bromeo golpeando su costado suavemente con el codo, Kuvira sonrió rodando los ojos.
- Aún me debes una revancha, ya veremos quien es más fuerte, te falta trabajar en tu resistencia, de no ser por ese candado yo te habría demolido. – Objeto enderezándose para comenzar a caminar hacia la salida del gimnasio mientras los ojos azules de la morena la seguían fielmente.
- Si fueras el Avatar, tenerte aquí resultaría a mi favor. – Habló Kuvira deteniéndose bajo el marco de la puerta. – Aquí adentro no tengo soplones, el Avatar no tendría manera de saber cuales son mis movimientos en el exterior. – Explicó sin dirigirle la mirada.
- ¿No sería torpe competir contra el Avatar otorgándole este tipo de información? – Cuestionó notando la manera en que la adrenalina comenzaba a correrle por las venas, Kuvira rió por lo bajo.
- Tienes otro punto en tu contra. Conoces a Asami Sato, la primera vez que detectaron al nuevo Avatar fue en el asentamiento de Ciudad República… Bumi nunca mencionó un viaje a ese lugar y yo sé que ahí no hay peleas. ¿Te molestaría elaborar en los detalles de eso? – Escuchaba su voz aún sin poder ver su rostro. Sus ojos se abrieron de par en par, de pronto le faltaban palabras, titubeo, por escasos cinco segundos no encontró nada que decir pero justo antes de tomar aire para elaborar una respuesta Kuvira la miró por encima de su hombro. – No te molestes. –Sonrió. – Tengo asuntos que atender, nos vemos luego. – Se despidió y continuó caminando.
Un profundo suspiro escapó de sus labios, apretando los puños intentaba recuperar la tranquilidad. ¿Por qué demonios le habían faltado las palabras? Podría haber dicho cualquier cosa, visita o por curiosidad, después de todo mucha gente deseaba visitar el asentamiento de Asami. ¿Kuvira lo sabía? ¿Si lo sabía porque no había intentado encerrarla? ¿Desde cuando tenía estas sospechas? - ¡Maldición! – Gruñó revolviendo su cabello con las manos, no podía esperar más, no sabiendo que tal vez todo el asunto de la invitación había sido una trampa desde el inicio, tal vez Kuvira se encontraba movilizando a su ejército en estos momentos. También podría ser que nada de eso estuviese ocurriendo y todos aquellos pensamientos se debían a sus inseguridades. De cualquier manera no podía tomar riesgos.
- ¿Todo bien? – Preguntó uno de sus guardias desde la puerta.
- Todo bien. – Asintió con la cabeza intentando sonreír.
~(*-*)~
Otra semana había pasado, Kuvira se comportaba como de costumbre, no había nada raro en ella y no había vuelto a mencionar nada luego de aquella conversación, aún así algo comenzaba a inquietarla, la cantidad de personas en la ciudadela había disminuido, tal vez faltaban cincuenta soldados, tal ve un poco más, necesitaba saber la razón de eso, los mejores hombres de Kuvira estaban siendo movilizados, no podía ser un detalle menor, algo estaba ocurriendo y tal como la ojiverde lo había dicho, estando ahí dentro no había manera de que se enterara de lo que pasaba en el resto del mundo.
Era la última semana de julio, llevaba noches contemplando el avance del ciclo lunar, necesitaba deshacerse de sus guardias y escabullirse dentro de unos edificios presuntamente abandonados, claro ella había visto que algunos soldados entraban y salían de ellos, seguro había algo ahí dentro que no querían que viera, cuando preguntaba al respecto sus guardias solían decir que era mejor no entrar ahí ya que las estructuras eran frágiles y podrían derrumbarse, lo cual era absurdo, nada en la estructura de esos edificios indicaba que fueran a caerse pronto, aprovecharía esta noche de luna llena para salir a explorar un poco.
Con la luna en todo su esplendor esperaba a que se diera la media noche, a esa hora la mayoría de los habitantes dormían a excepción de los guardias nocturnos, suspiró, lo que se encontraba a punto de hacer no era algo de su agrado o preferencia, sangre control. Tenía a cuatro guardias, dos que la cuidaban durante el día y dos que hacían guardia en su puerta durante las noches, serían estos sus desafortunadas víctimas, suspirando se colocó frene a la puerta y comenzó a concentrarse en la presencia de las dos personas más cercanas, podía sentir en la punta de sus dedos la manera en que la sangre corría por sus venas, era algo aterrador, la capacidad de controlar la sangre en el cuerpo de otra persona, algo no muy placentero, ella no era nadie para invadir sus cuerpos de tal manera pero era algo necesario, de cualquier manera ya tenía una larga lista de cosas que nunca se habría imaginado haciendo y sangre control no alcanzaba si quiera los mejores diez puestos en aquel obscuro listado.
Un ligero gemido fue todo lo que sus guardias alcanzaron a emitir antes de perder la conciencia, la morena abrió la puerta y arrastro sus cuerpos hacia el interior de la habitación donde los abandonó atados de pies y manos con las bocas cubiertas, si todo salía de acuerdo al plan volvería antes de que despertaran. Sin perder tiempo se escabullo por la ventana, era un edificio alto y ella se encontraba en el séptimo piso pero necesitaba ahorrar todo el tiempo posible así que saltar y aterrizar amortiguando la caída con viento parecía ser la mejor opción. Pronto comenzó a correr entre las calles con cuidado de no llegar a ser detectada por los guardias, tal como lo había hecho en el asentamiento de Ciudad República se había memorizado los turnos de cada vigilante para evitar contratiempos, con velocidad encontró uno de los dos edificios que planeaba explorar, sin dudarlo saltó hasta alcanzar una de las ventanas del tercer piso y se adentró en las vieja estructura.
El lugar parecía abandonado pero sabía que aquello no podía ser del todo cierto, retirando sus botas utilizó sus pies para sentir las vibraciones en el suelo luego de golpearlo, en su mente interpretó las vibraciones armando una imagen clara de todo el edificio, en efecto el lugar estaba abandonado, sin embargo pudo detectar lo que parecía ser una red de túneles por debajo de la estructura principal, seguro era ese el lugar al que todos iban.
Corrió atravesando los pasillos con agilidad, cuando al fin encontró el acceso al túnel principal se vio forzada a utilizar metal control para poder forzar la puerta que se encontraba asegurada por dentro, no pudo detectar la presencia de más de cinco guardias en el lugar, al final de los múltiples pasillos había una bóveda de tamaño considerable y dentro de esta era donde se encontraban los hombres de Kuvira, con cuidado comenzó a avanzar a oscuras, no necesitaba hacer uso de los ojos pues aún llevaba sus botas en las manos, sus pies le daban una clara visión de todo lo que había alrededor, cuando al fin ingresó a la bóveda se sorprendió al encontrar una fábrica de armas de fuego y más de un par de cientos de armas ya elaboradas. De nuevo Bumi tenía razón, Kuvira se estaba preparando para enfrentar a Asami y a juzgar por lo que había ahí dentro no faltaba mucho para que se lanzara al ataque.
Volvió a su habitación subiendo por la ventana, los guardias continuaban inconscientes, retirando todas las ataduras que los sujetaban los sentó en el exterior de la puerta y los dejó ahí, solo era cuestión de que despertaran o que alguien pasara y les diera un escarmiento por quedarse dormidos durante su turno.
Sentada en la orilla de su cama comenzó a pensar, debía actuar pronto, el arsenal de Kuvira bastaba para armar un enorme desastre, si ella y Asami se enfrentaban con esas desagradables armas mucha gente moriría.
~(*-*)~
Tres de Agosto, era viernes por la noche, no podía esperar más, a pesar de que Kuvira continuara actuando con normalidad ella ya no se sentía cómoda estando en ese lugar, las palabras de la líder rebelde se repetían en su cabeza una y otra vez, siempre y cuando ella se encontrara en Zaofu Kuvira podría tomar ventaja de la situación. Ya había empacado sus pertenencias en la mochila que Asami le había regalado tres años atrás, como siempre conservaba lo esencial, un par de pantalones y un par de blusas, ella vestía los regalos de Asami, o al menos lo que quedaba de ellos, el buff y la chaqueta con un amplio gorro le ayudaban a cubrir su rostro a excepción de los ojos, los guantes y las botas se habían desgastado con el tiempo pero había conseguido nuevos con ayuda de Bumi, una blusa de tirantes blanca bajo la chaqueta verde, sus botas café y el pantalón de combate color verde obscuro que le habían regalado en Zaofu, estaba lista para atacar.
No estaba segura si los hombres de Bumi y Su estaban cerca, nunca había tenido la oportunidad de revisar, solo podía recordar que cuando estuviera lista para hacer un movimiento debía dar una señal de luz por la ventana. Haciendo uso del fuego control lanzó tres luces intermitentes asegurándose de que fueran visibles a la distancia, cuando terminó se lanzó por la ventana, el edificio donde descansaba Kuvira estaba cerca, también era el edificio más vigilado de la ciudad durante la noche, uno a uno los guardias comenzaron a caer, era imposible que lograran escuchar sus pasos a medida que se acercaba a emboscarlos ya que amortiguaba su peso con el aire control.
Sin romper el silencio de la noche se acercó lo suficiente al edificio como para lograr un salto que la catapultaría hasta la ventana de la habitación donde se encontraba su objetivo. Con un aterrizaje a penas audible se colocó bajo el marco de la amplia ventana, al hacerlo quedó boquiabierta al encontrarse de frente con el rostro de Baatar que se mostraba tan lleno de miedo y confusión como ella misma, afortunadamente sus reflejos fueron más rápidos y antes de que el joven lograra emitir algún sonido logró mandarlo a dormir de un fuerte golpe en la nariz que incluso a ella le había dolido, para su satisfacción podía admitir que había querido hacer eso desde tiempo atrás, en eso un par dagas volaron hacia ella, sin dudarlo interpuso su antebrazo derecho donde estas impactaron y se incrustaron de inmediato, mirando los proyectiles hizo un pequeño intento por moverlos con sus poderes, nada, ciñendo el entrecejo alzó la mirada para contemplar la figura de Kuvira del otro lado de la habitación con una mirada asesina.
- Platino. – Aclaro con tono severo, frente a ella se mostraba una figura sombría, cubierta por el manto de la noche era claro que buscaba ocultar su apariencia, con un gorro que ensombrecía sus facciones y otra prenda cubriéndole desde el cuello hasta el puente de la nariz, solo quedaban al descubierto sus misteriosos ojos que no parecían perderla de vista ni un momento, el Avatar, sonrió ignorando por completo el cuerpo de Baatar que yacía inerte sobre el suelo, le había servido de advertencia, eso se lo agradecería después, por el momento no podía ignorar el cosquilleo que le nacía en el estómago al tener al maestro de los cuatro elementos frente a ella, era una experiencia más estimulante de lo que se había imaginado hasta el momento, la presencia de aquella chica resultaba ser más intimidante de lo previsto. Manteniendo su mirada sobre ella continuaba en la misma posición que tuvo después de lanzar las dagas, no estaba segura de sus opciones, cualquier movimiento podría resultar en su derrota, esta vez no sería una pelea justa, pensó, aquellos ojos llenos de determinación no los podía confundir con los de nadie más, aquellos ojos la habían atrapado desde el primer día que cruzaron miradas.
- Al fin te presentas Avatar. – Habló sin poder ignorar la avalancha de adrenalina que le corría por el cuerpo, la figura bajo el marco de la ventana no pronunció palabra alguna, con un rápido movimiento retiró las dagas y bajó adentrándose más en la habitación, el suspenso era intenso, en eso se escuchó el sonido de campanas sonando en el exterior y hombres gritando.
- ¡Emboscada! – Se corría la voz, en eso la puerta se abrió, el Avatar no tardó en reaccionar y la cerró haciendo uso del aire control, al mismo tiempo Kuvira intentó un movimiento pero fue detenida al ser lanzada contra la pared por otra fuerte ráfaga de viento, gruñó de dolor pues aquel había sido un golpe fuerte, otros tal vez habrían perdido la conciencia, pero ella no era como cualquiera, ella era la orgullosa líder del grupo rebelde dominante en el antiguo Reino Tierra.
- Maldita sea. – Bufó incapaz de reincorporarse. – No pensé que trajeras a alguien contigo… Pero puedo decir que esa fue la única sorpresa. – Habló con evidente molestia en su voz.
- Entonces te volviste a confiar. – Habló la morena con tono severo acercándose y poniéndose en cuclillas para cruzar miradas con la ahora derrotada líder de los rebeldes.
- No del todo. – Rió. - ¿Qué tan lejos puedes llegar con sedantes en tu sistema? Mis hombres están armados y sospecho que los vagos de Bumi o Su, no lo están.
- ¿Quién más sabe sobre mí? – Preguntó de forma amenazante sosteniendo a Kuvira por la blusa y presionándola contra la pared.
- ¿Quién? – Sonrió. – Solo yo y el incauto de allá. – Señaló a Baatar. – El resto no sabría que hacer con un premio tan grande como tú aquí, se asustarían como lo hicieron los hombres de Amon. – La morena inspeccionó sus reacciones, no mentía, satisfecha con los resultados ejerció presión sobre el hombro de la ojiverde y esta de inmediato perdió la conciencia, al ponerse de pie sintió un fuerte mareo, las dagas habían sido impregnadas con alguna sustancia sedante, suspiró, tomando a Kuvira y a Baatar los colocó a uno en cada uno de sus hombros y sin más que hacer ahí saltó por la ventana solo para encontrarse con el caos de una nueva batalla naciendo en las calles de la ciudadela.
- ¡Avatar! – La llamó un joven que pronto reconoció como a Wei o Wing Beifong, no estaba segura. – Por aquí. – Señaló hacia el valle.
- ¡No! – Dijo acercándose a él. - ¿Puedes hacer que los lleven a las montañas? – Le indicó refiriéndose a sus nuevos prisioneros, el chico asintió con la cabeza.
- Bien, llévalos contigo, ordena a tus hombres que se retiren yo los cubriré. – Le ordenó antes de darse media vuelta y correr hacia el almacén de armas, al irse acercando se encontró con un grupo de cincuenta soldados sujetando rifles en sus manos, al parecer todos iban con la intención de defender su ciudad, había llegado justo a tiempo, al verla todos se quedaron plasmados hasta que uno de ellos dio la orden.
- ¡Disparen! – Las balas volaron por los aires, esta vez la morena mantuvo su posición y se limito a extender su mano para detener los proyectiles, de nuevo todos enmudecieron, los podía ver temblar.
- ¡¿Cómo diablos hizo eso?! ¡Eso no es agua, tierra, viendo o fuego! – Se escuchó una voz repleta de pánico.
- ¡Controla el metal idiota! – Explicó otro de los soldados, Kuvira lo había dicho bien, muchas personas ignoraban muchos detalles sobre el Avatar y los antiguos maestros de los elementos.
La morena respiró de forma profunda y al cerrar su puño comenzó a arrugar cada uno de los rifles como si se trataran de trozos de papel, las balas sufrieron el mismo destino, todo se volvió una bola de metal completamente inservible, luego de esto castigó a los rebeldes con una ráfaga de viento y continuó su camino hacia el almacén, al entrar no tardó en comenzar a arruinar la fábrica y las armas, su cabeza daba vueltas, cada vez le resultaba más difícil mantener el equilibrio, sus párpados pesaban, debía salir cuanto antes.
- ¡Alto! – Ordenó uno de los guardias con otros diez hombres caminando tras de él, alejándolos del peligro los lanzó a todos hacia atrás con ayuda del viento y tras esto se dedicó a derrumbar los túneles subterráneos para enterrar con ellos todo rastro que pudiese quedar de aquella fábrica. Con dificultad había logrado llegar a la superficie, los soldados se percataron de su mal estado y corrieron a intentar atraparla, su visión era borrosa pero pudo notar como aquellas sombras se acercaban hacia ella, su cuerpo reaccionó lanzando potentes ráfagas de viento a su alrededor, mirando a la distancia identifico las montañas que rodeaban el valle y podía ver a los hombres de Su y Bumi escapando, la mayoría de las fuerzas de defensa de Zaofu se concentraban en ella, si no salía pronto de ahí era más que seguro que la atraparían en cuanto perdiera la conciencia.
Concentrando lo último que le quedaba de energía corrió y se lanzó hacia la tierra, al aterrizar levantó un bloque de roca que la catapultó hacia sus aliados, sus ojos se cerraban, se encontraba en pleno vuelo.
"¡Concéntrate Korra! ¡Incluso pies ligeros podía soportar más que eso!"
Recordaba la ronca voz de su maestra más severa. Sus ojos se abrieron de golpe para ver el suelo que se acercaba a toda velocidad, de forma instintiva formó un colchón de viento bajo ella evitando impactar con toda la fuerza y velocidad de la caída, en cuanto sus manos hicieron contacto con la tierra su mente se apagó ignorando por completo el ejército de Kuvira que comenzaba a darle persecución y a los hombres que se acercaban a ella desde el otro extremo mientras la llamaban desesperadamente.
- ¡Avatar! ¡Avatar! ¡Corre! – Correr, si, tal vez debería hacerlo, sin embargo no sentía su cuerpo ¿Dónde se encontraba? ¿Por qué debía correr? Estaba cansada de escapar, de esconderse, estaba cansada de fingir, solo quería un mundo mejor para todos ¿Era eso mucho pedir? Un mundo nuevo les beneficiaría a todos, no entendía por qué había gente que continuaba oponiéndose.
- No entienden y nunca lo harán. – Hablo alguien dentro de su mente, era una voz familiar que lograba mandar múltiples escalofríos por su espalda y le formaba un nudo en la garganta que le impedía hablar. – Con ellos aquí nunca habrá paz en la tierra. – Continuó su charla.
- Vete. – Demandó la morena mirando alrededor, no había nada, todo era obscuridad.
- No puedo irme, siempre estoy contigo. – Se burló la voz.
- ¡Vete! – Gruñó formando un remolino de viento a su alrededor al sentir como alguien tocaba su hombro.
- ¡Avatar! ¡Debemos irnos! – Logró distinguir el rostro de uno de los gemelos, que de nuevo no estaba segura de cual de los dos se trataba y en su estado actual le era más difícil encontrar las pequeñas diferencias que los distinguían, el chico lucía asustado mientras yacía tirado sobre la tierra, sin darse cuenta lo había arrojado con el viento, su cabeza daba un millón de vueltas, no lograba mantener el equilibrio, aún se encontraba bajo el efecto de los sedantes, intentando calmar su repentina agitación extendió su mano izquierda hacia el joven.
-Lo siento… - Murmuró sosteniéndose la cabeza con la mano derecha en un intento por detener el mundo que parecía girar a su alrededor. - ¿Podrías ayudarme? – Jadeaba.
- Si no me vuelves a lanzar con viento tal vez lo pueda considerar. – Bromeo con una risa nerviosa acercándose a la morena para asistirla, inclinándose frente a ella la subió a su espalda.
- Kuvira y Baatar… - Balbuceo de forma a penas entendible.
- Los tenemos, no te preocupes. – Aclaro el Wing comenzando a avanzar hacia las montañas.
~(*-*)~
Abriendo los ojos lentamente distinguió el techo que había encima de ella, las marcas en la estructura le eran sumamente familiares, un lamento escapó de sus labios al sentir como su cabeza palpitaba. ¿Qué diablos había pasado?
- ¡Korra! – Se escuchó la voz aliviada de Opal que de inmediato se lanzó hacia sus brazos para estrecharla con fuerza.
- ¿Opal? – Pronunció con voz rasposa.
- ¿Quién más podría ser? No pensé que tres meses bastarían para que te olvidaras de mí. – Reclamó alzando una ceja.
- Eso nunca. – Sonrió devolviendo el abrazo. - ¿Cómo llegue aquí? – Murmuro pues la cabeza aún le daba vueltas y le dolía como nunca antes.
- Llegaste en la espalda de Wing. – Bromeo la ojiverde con una sonrisa.
- ¿Tienes más detalles? – Suspiró rodando los ojos, su reacción hizo reír a su amiga.
- Bueno, al parecer Kuvira logró drogarte de alguna manera y te quedaste dormida... – Hizo una pausa mientras pensaba. – O más bien yo diría que caíste medio muerta, no hubo poder humano que te pudiera despertar.
- ¿Cuánto tiempo llevo fuera? – Se apresuró a preguntar.
- ¿Dos días? Nos tenías preocupados, pensamos que Kuvira te había envenenado, pero ella aseguró que eso no tendría sentido y que despertarías en un par de días, tal vez un poco más… al parecer tenía planeado usar este sedante para secuestrarte, aunque no pudimos obtener más información de ella. – Se encogió de hombros. – Como sea ¡Estas despierta! Iré a avisarle a mi madre, no te muevas, aún te noto un poco mareada. – Le ordenó para luego desaparecer tras las escaleras, si, conocía ese lugar, era el sótano en el cual había vivido por un largo tiempo.
Tomando un suspiro intentó ponerse de pie, de pronto el suelo pareció moverse obligándola a sostenerse de la pared, ese maldito sedante continuaba haciendo estragos en su sistema, mirando su antebrazo notó que tenía un par de vendas sobre las heridas que habían dejado las dagas de Kuvira, sonrió, siempre era bueno sentir el apoyo de sus amigos, la atención que la familia de los Beifong le tenía era algo invaluable, al menos bastaba para hacerle olvidar por un momento lo difícil y complicado de su realidad.
Al cabo de unos minutos Suyin y Bumi aparecieron en escena, los dos lucían aliviados de verla despierta, Su no tardó en ofrecerle comida. "Debes estar hambrienta, dormiste dos días enteros." Exclamo sin esperar respuesta desapareciendo en las escaleras, mientras tanto Bumi tomó asiento a su lado, había algo en la expresión de sus ojos que lograba inquietar a la morena, lucía feliz y al mismo tiempo preocupado, si alguien le diría la verdad de los acontecimientos hasta el momento, ese sería el enloquecido rey del coliseo.
- Bumi… ¿Todo está bien? – Preguntó con tono suave.
- Si… - Respondió sonando un tanto dudoso.
- ¿Seguro? – Insistió.
- Lo siento, Suyin no quiere que te preocupes demás, me pidió que esperemos a que recuperes tus fuerzas. – Suspiró mirando el suelo.
- Me encuentro perfectamente bien, he recibido peores palizas en tu coliseo y lo sabes, solo fueron sedantes, me encuentro bien. – Lo presionó colocando la mano sobre su hombro, Bumi volvió a suspirar pasando una de sus manos por su cabello.
- Logramos secuestrar a Kuvira y a Baatar con éxito, mis hombres saben que estamos trabajando en conjunto con los hombres de Su para derrocar a Kuvira, eso está bien. El primer día todo estuvo tranquilo, logramos escapar con éxito del pequeño ejército que habitaba en Zaofu, encerramos a Kuvira en los calabozos del palacio, pero hoy por la mañana nos enteramos de que hay movimiento en los asentamientos cercanos, el ejército de Kuvira se está reuniendo y buscan rescatarla, pensamos que serían cerca de mil personas, pero parece que son más… - Se lamentó volviendo a suspirar, la morena miraba la pared frente a ella sin pensar nada en especial, no había nada que evaluar, ayudaría y defendería a los habitantes de Ba Sing Se, no había alternativa, no había nada más que considerar.
- Tranquilo. – Sonrió de forma cálida en un intento por ayudarle a calmarse. – Afortunadamente para ustedes desperté justo a tiempo de mi siesta. – Bromeo para aligerar el ambiente que de pronto se había vuelto tenso por la preocupación de su amigo.
- Aún que seas el Avatar te resultará difícil enfrentarlos a menos de que… - Guardó silencio.
- ¿Amenos de que? – Esperaba que completara aquella oración.
- A menos de que los aniquiles a todos. – Completó Su al aparecer con una bandeja llena de comida. – Bumi… - Gruñó. – Te pedí que fueras discreto. – Bufó acercándose a la morena para entregarle los alimentos.
- No, está bien Su, yo insistí. – Lo defendió al tiempo que tomaba la bandeja en sus manos, al tener la fruta picada frente a sus ojos comenzó a percatarse de que en verdad se encontraba hambrienta, sin demorar más comenzó a comer.
- Se equivocan. – Interrumpió el silencio al hablar luego de disfrutar de un par de bocados, ambos líderes la miraron confundidos. – Hay más de una manera de neutralizarlos sin tener que matarlos, soy el Avatar después de todo. – Les sonrió y de inmediato volvió a concentrarse en su comida. – Ustedes solo encárguense se cuidar a los pobladores del asentamiento y de que nadie entre al palacio por Kuvira. – Concluyó con seguridad.
~(*-*)~
Avanzaba entre los obscuros pasillos haciendo uso de una flama que nacía de su mano derecha para poder iluminarse, las paredes se encontraban formadas por gruesos bloques de roca, solo los maestros tierra habrían sido capaces de elaborar un calabozo tan impresionante. Recordando las instrucciones que Su le había dado avanzó por las celdas hasta llegar a la que buscaba, al inicio no logró ver nada pero luego de un momento distinguió la silueta del prisionero en una de las esquinas de la celda.
- Oh, el Avatar. – Habló la ojiverde intentando parecer sorprendida, su afilada mirada contemplaba la figura de la morena desde el extremo opuesto de la celda.
- ¿Por qué no me atrapaste cuando pudiste? – Preguntó confundida.
- Tener al Avatar bajo tu techo no significa que lo puedas atrapar. – Confesó con el tono neutral que siempre la caracterizaba.
- ¿Estabas segura de que yo era el Avatar desde un inicio? – Volvió a interrogar.
- No, sospechaba de ti así como habría sospechado de cualquier persona con los rasgos de un maestro agua, y desde un inicio entrabas dentro del 10% de la población que encaja en el perfil bajo ciertos criterios. Fue tu conexión con Asami Sato la que aumentó mis sospechas, así reducías más el rango, el Avatar había estado en aquel asentamiento al igual que tú. Confirmaste mis sospechas al dudar cuando te pregunté sobre tu estadía en ese asentamiento, pero entonces no contaba con el material necesario para poder enfrentarte.
- ¿Y por qué me advertiste? – Continuó con el interrogatorio, el silencio reinó durante un momento hasta que Kuvira rió por lo bajo, su figura aún oculta en el extremo obscuro de la celda.
- Deseas continuar en las peleas ¿Cierto? Por eso te tomaste tantas molestias, de no ser así me habrías secuestrado el primer día que llegaste a Zaofu, además, ya eres conocida, ser descubierta como el Avatar te delataría en muchos lugares, muchas personas conocen el rostro de la Guerrera del Sur. – Habló con una sonrisa.
- ¿Y? Eso a ti no te afecta en nada, en todo caso te beneficia. – Arrugó el entrecejo al ser incapaz de comprender los motivos de la ojiverde, verla dentro de esa celda lograba entristecerla un poco.
- Cierto, pero al igual que tú yo soy una guerrera con orgullo. Las batallas deben ser libradas de frente, nunca atacaría a mi enemigo por la espalda. – Suspiró. – Te habría atrapado de no ser por los hombres ocultos en las montañas. – Sonrió la pelinegra. Tenía razón, si los hombres de Su y Bumi no hubieran estado ahí ella habría perdido ese enfrentamiento y se habría convertido en prisionera de Kuvira. Aún así no se sentía del todo bien al tener a la temida líder ahí encerrada, ambas habían compartido una extraña y complicada amistad, pero eso no quitaba el hecho de que fuera una amistad.
- Tu ejército se dirige aquí a salvarte. – Comentó luego de un tiempo.
- Idiotas. – Bufó Kuvira. – Con el Avatar presente no tienen oportunidad. – Se mostró genuinamente irritada.
- No pienso dañarlos. – Murmuró pensando para si misma.
- Deberías. – Rió Kuvira. – Los he entrenado bien, no te confíes. – Amenazó. De nuevo el silencio se hizo presente, en el calabozo no se filtraba ningún tipo de sonido, solo era silencio y obscuridad, debía ser un lugar sumamente estresante para estar y más considerando que el especio de las celdas no era muy grande y que dentro de ellas no había nada que hacer.
- ¿Considerarías unirte a nosotros si se diera la oportunidad? – Aprovecho el momento para despejar aquella duda.
- No. No creo que una sola persona deba tener todo el poder que tú posees, es peligroso. Así que jamás podría unirme a ustedes. – Estas palabras le recordaron a la morena el encargo de Wa Shi Tong.
- ¡Kuvira! Hay un documento, uno que habla sobre los años del Avatar Obscuro. Bumi dijo que tú lo tenías. ¿Es cierto? – Preguntó acerándose a la reja sujetando las manos a los barrotes de metal.
- Es cierto, lo "Tenía" – Respondió haciendo énfasis en la palabra "Tenía".
- ¿Dónde está? – Sus ojos azules la miraban intentando obtener más detalle de sus reacciones, pero la obscuridad en la celda no se lo permitía.
- ¿Por qué habría de decírtelo? – Arqueo una ceja.
- Es importante, Kuvira, entiendo que luego de leer aquel documento pienses que el Avatar pueda significar problemas, pero la verdad es que es un evento aislado, solo hubo un Avatar así y fue él. Yo dedico mi vida a intentar mejorar la vida sobre el planeta, pero necesito ayuda y gran parte de esa ayuda proviene de los espíritus, ellos me pidieron que les llevara ese documento, al igual que tú solo intento ayudar. – Explicó revelando un poco de desesperación en su tono de voz.
- Solo intentas ayudar… - Repitió la ojiverde.
- Si. Tengo más recursos que nadie para hacerlo y es mi responsabilidad.- Añadió. Kuvira suspiró y se puso de pie para acercarse a la reja, ambas se miraron de frente, los ojos de la pelinegra irradiaban energía como de costumbre, aún mantenía su esencia, una mujer fuerte e inquebrantable con el poder suficiente para destruir a quien se le pusiera enfrente, esa era la impresión que se obtenía de su intensa mirada. Korra sostuvo su mirada en un intento por convencerla, como siempre no planeaba perder en aquella pelea de voluntades, tanto ella como Kuvira eran obstinadas pero conservaba la esperanza de que así como ella valoraba la amistad que habían desarrollado Kuvira también lo hiciera y decidiera ayudarle, después de todo ambas compartían el mismo objetivo, ayudar a crear un planeta mejor donde todos pudiesen vivir en paz.
Un repentino movimiento de la ojiverde sostuvo el rostro de la morena presionado contra las rejas dándole el suficiente espacio para depositar un breve beso sobre sus labios, los ojos azules de la joven Avatar se abrieron como platos, aquello había sido tan repentino y tan inesperado que su mente tardó en reaccionar, cuando al fin lo logró Kuvira ya se había retirado volviendo a caminar hacia el rincón obscuro de la celda.
- Se lo entregué a un hombre que vive en las tierras frías del norte. Y eso es todo lo que te diré, incluso si quisiera contarte más no tengo detalles al respecto. – Concluyó encogiéndose de hombros, Korra sacudió la cabeza intentando salir del estupor en el que la sorpresa la había sumergido.
- Bien, gracias, creo… - Balbuceo comenzando a alejarse de la celda.
- Unalaq. – Escuchó a la prisionera.
- ¿Qué? – Preguntó la ojiazul.
- El nombre de aquel hombre, Unalaq. Pero ten cuidado, ellos están metidos en cosas más serias. No lo busques si no quieres llamar su atención.
- ¿Ellos quienes? – Se detuvo.
- Ya te he brindado demasiada información, eso fue a cambio de perdonarme la vida Avatar, pero eso no significa que me encuentre contenta de estar aquí, es todo lo que te puedo decir. – Sentenció volviendo a darle la espalda.
- Gracias. – Se despidió antes de partir hacia la superficie, no podía pedirle más, no quería pedirle más, Kuvira no parecía ser una mala persona, tal vez luego podría sentarse a hablar con ella y convencerla de unirse a su causa, que al final no era distinta a la suya, solo tenía que cambiar el proceso por el cual planeaba ayudar al planeta pero eso debería esperar, primero debía ocuparse de los hombres que pronto estarían invadiendo Ba Sing Se.
~(*-*)~
Los muros comenzaban a elevarse alrededor de la ciudad, ya eran las tres de la madrugada, había trabajado sin descanso pues de acuerdo a los rumores los invasores no tardarían en llegar, el plan era sencillo, levantar muros alrededor de los asentamientos, no tan grandes e impresionantes como los que alguna vez identificaron Ba Sing Se, pero si lo suficientemente altos y gruesos para cortar el paso de los extraños. En el interior de los muros se encontrarían los hombres de Bumi como segunda línea de defensa, y alrededor del palacio se concentraban las fuerzas de Suyin.
Cubierta de pies a cabeza continuaba trabajando, solo sus ojos y la piel de sus dedos era visible, mantener su identidad oculta era prioridad si alguna vez quería volver a utilizar el nombre de "Guerrera del Sur", en su espalda llevaba la mochila con sus pertenencias, no estaba segura del resultado que podría derivarse de aquel enfrentamiento pero debía estar preparada para todo, incluso huir si eso lograba alejar a aquellos hombres de los asentamientos de Ba Sing Se.
Faltaban menos de un kilómetro de cubrir con los muros para al fin cerrar el círculo que había formado alrededor, el cielo comenzaba a pintarse con tonos violeta anunciando el amanecer, sin embargo aquello no era lo único que apareció en el horizonte, cientos de siluetas se acercaban marchando a paso firme, en sus manos cargaban lanzas, espadas y todo tipo de armas de la misma naturalidad, de inmediato la morena lanzó una llamarada al cielo para advertir a sus amigos de la presencia del enemigo, esta vez las cosas serían diferentes, esta vez ella no pelearía como Korra, esta vez ese ejército se enfrentaba al Avatar en persona.
Sabía que muchas personas eran ignorantes de todas las capacidades que el Avatar poseía, los cuatro elementos básicos se podían desglosar en una amplia gama de derivados, aquellos hombres tal vez estaban preparados mentalmente para enfrentarse al Avatar, maestro de los cuatro elementos, pero tal vez podría asustarlos un poco con un par de trucos. De pie en la orilla del muro ejecutó un fino movimiento que lanzó un poderoso rayo en dirección a los invasores, el poderoso rugido del trueno bastó para llamar la atención de todos.
-¡Retírense antes de que sea demasiado tarde! – Les advirtió.
- ¡Tú no eres nadie para ordenarnos nada! – Gruñó uno de los invasores, se trataba de un hombre de tez morena y cabello blanco, seguro se trataba de alguno de los oficiales de Kuvira, al parecer era este soldado el que había organizado a aquel ejército.
- No es una orden, es una advertencia. – Aclaró lanzando un par de rayos más a sus pies, el miedo comenzaba a hacerse presente entre las filas, tal como lo había pensado, muchos de ellos no estaban seguros de poder enfrentarse al Avatar.
- ¡No retrocedan! – Ordenó el moreno con tono firme.
- ¡Se acabaron las introducciones! – Sentenció la morena dando un salto en el aire, haciendo uso del viento y el fuego formó un remolino en llamas, los invasores retrocedieron un par de pasos, algunos habían comenzado a temblar, acto seguido lanzó el remolino hacia ellos, muchos comenzaron a correr en pánico lo cual desordenó las filas.
- ¡Ataquen! – Ordenó él ahora nuevo líder invasor, los que no habían sido intimidados se echaron a correr en dirección a la joven Avatar, la chica se abalanzó contra ellos, de inicio atrapó a toda la línea delantera al hundirlos en la tierra, luego arrojó a otros haciendo uso de su control del viento, aún así eran demasiadas personas para contener, lograba detener a unos cuantos y de inmediato estos eran sustituidos por otros que llegaban desde atrás y así sucesivamente, la cantidad de personas comenzaban a superar sus esfuerzos, algunos de ellos habían logrado pasar su guardia y ahora caminaban a toda prisa en dirección a la apertura en el muro, claro aquí eran recibidos por la guardia de Bumi. En un intento por evitar la mayor cantidad de daño posible comenzó a utilizar el metal control para arruinar las armas enemigas.
- ¡Avatar! ¡Están entrando por la puerta norte! – Informó uno de los hombres de Bumi. La morena despejó sus alrededores moviendo la tierra bajo los pies de sus enemigos y brincó para evaluar la situación, tal como lo había escuchado, un grupo de aproximadamente trescientos hombres comenzaba a colarse por la puerta norte.
- ¡Maldición! – Gruñó, no deseaba asesinar a nadie, pero la tarea de tener que detenerlos sin dañarlos de gravedad era algo difícil, de nuevo utilizó una roca para catapultarse hacia el interior del asentamiento, una vez adentro continuó retirando las armas de metal y arrugándolas como trozos de papel que nadie pudiese utilizar, la desesperación comenzaba a hacerse presente a medida que más y más de aquellos soldados penetraban sus defensas, confiaba en que los hombres de Bumi y los de Su sabían protegerse a si mismos, los que le preocupaban eran los pobladores que no sabían como pelear, a todos ellos los habían puesto a salvo en los edificios cercanos al palacio, solo debían evitar que llegaran hasta ese punto.
- ¡Suyin! – Gritó uno de los invasores que pronto identificó como al hombre que lideraba la invasión, de alguna manera aquel sujeto había logrado cruzar todas las defensas pues ahora se encontraba de pie en el exterior del palacio sosteniendo contra su cuerpo al esposo de la líder de los asentamientos, sobre su garganta se presionaba una navaja, Su también se encontraba peleando junto a sus soldados, la verdad era que poseía unas habilidades excepcionales para la batalla, al escuchar como era llamada dio un paso al frente destacando de entre el caos, por un momento todos permanecieron estáticos.
- Aiwei. – Bufó la ojiverde.
- ¿No te da gusto verme? – Se burló sin mover la navaja de su posición en el cuello de Baatar.
- No tenía idea de que trabajaras junto a Kuvira. – Hablaba sin poder ocultar el rencor que le provocaba aquella situación.
- No lo hago. – Sonrió, Suyin lo miró confundida. - Venimos por el Avatar. – Admitió con tono superior.
~(*-*)~
No hubo muchas opciones, no había dudado en aceptar los términos de Aiwei pues no iba a permitir que personas inocentes sufrieran por su causa, no podía permitir que Baatar hubiese resultado lastimado por su culpa, Aiwei había sido claro, el valor de Kuvira no era nada en comparación con el Avatar, además él había sido perjudicado por el gobierno de Kuvira así que la dejó atrás, cumplió su palabra al ordenar a su ejército que se retirara, ya no eran muchos, o al menos no tantos como al inicio, menos de quinientas personas continuaban apoyándolo, habían sido estas mismas personas quienes ahora ayudaban a escoltar a la morena.
Aiwei cargaba con él ataduras elaboradas de platino, también le había advertido de no intentar nada extraño pues los guardias que la escoltaban portaban armas de fuego con balas de platino apuntándole en todo momento, aún así la morena no le había permitido retirarle la capucha y el buff que le cubrían el rostro, cada quién había expuesto sus demandas, Aiwei pidió al Avatar, el Avatar aceptó ir con él bajo la condición de retirar a su ejército y de que su imagen no fuera revelada, Aiwei no tenía opción, el Avatar podría hacer de él lo que su voluntad dictara si así lo quería, lo mejor sería cooperar hasta poder tener una custodia más controlada del maestro de los cuatro elementos.
Habían viajado un par de días, se dirigían a la costa, Aiwei se tenía algo entre manos, al parecer su objetivo era subir a un barco y dirigirse al antiguo reino fuego, no dio más detalles, en la costa había toda una flota, cinco barcos pesqueros y un par de docenas de barcos más pequeños, lanchas que podían llevar sobre ellas a cinco personas, cuando al fin arribaron no hubo momento de descansar. Era miércoles por la tarde, todo estaba listo, Aiwei repartió un par de órdenes y seleccionó a los hombres que lo acompañarían en la flota, así todos tomaron sus posiciones, la morena siempre vigilada por cuatro hombres, de verdad le irritaba el platino, no entendía de donde sacaban aquel material, aún peor, no sabía de donde habían obtenido aquellas armas, ahora no solo Hiroshi las fabricaba y le aterraba saber que había alguien allá afuera fabricándolas con el único propósito de asesinarla, Amon también portaba una con él, Kuvira tenía dagas de platino, y ahora Aiwei tenía más de una de esas malditas armas. ¿De donde estaban saliendo? Sería un exceso de suerte que todos se hubieran encontrado una de las armas que se habían usado hacía años atrás en la guerra contra el Avatar obscuro, demasiado para ser una casualidad.
El viaje transcurría sin contratiempos, pero estaba segura de que eso cambiaría pronto, el día entero habían sido protegidos de los rayos solares por una densa capa de nubes grisáceas que se apoderaron del cielo, una pequeño rocío comenzó a caer durante el atardecer, gotas finas de agua comenzaban a empapar todo a su paso, entre más avanzaban más se adentraban en la tempestad, sin embargo la determinación de Aiwei iba más allá de eso y les ordenó a todos seguir adelante en vez de detenerse a esperar que pasara la tormenta.
Al inicio no hubo problemas pero durante la madrugada la situación se tornó difícil, las enormes olas comenzaban a golpearlos sin piedad alguna, los hombres se tambaleaban en un intento por mantener su equilibrio, la morena permanecía estática en su lugar, de rodillas con la cabeza baja, esperaba su momento, no faltaba mucho, una de esas olas la ayudaría a salir, había sido un movimiento estúpido por parte de Aiwei llevarla al mar creyendo poder controlarla con un par de pistolas.
Una enorme ola apareció de la nada y azotó el barco sacudiéndolo con fuerza, sus tripulantes lucharon por mantenerse de pie, la morena sonrió y aprovechando el salto se puso de pie y elevó sus manos jalando con ellas una enorme masa de agua que atravesó el barco por la mitad y luego lo atrapó al volverse hielo, rápidamente se impulsó en busca de Aiwei pues sabía que él portaba las llaves de las esposas y las cadenas, al llegar a él lo encontró congelado hasta el pecho, con una sonrisa traviesa tomó las llaves de sus bolsillos a través del hielo.
- Kuvira era más lista que tú, ella no se habría arriesgado a esto. – Le dijo al oído hablando a través de la prenda que le cubría el rostro. Al deshacerse de sus ataduras volvió a llamar al agua para partir el barco en dos, luego de esto se lanzó al mar y comenzó a impulsarse sobre su superficie, un par de disparos pasaron zumbando cerca de su oído, al mirar hacia atrás notó la flota de pequeños barcos dándole persecución, tomando una respiración profunda se concentró en mandar hacia ellos una enorme ola para poder ganar un poco de ventaja.
La tormenta era implacable, el mar saltaba en todas direcciones, la lluvia golpeaba su rostro con fuerza, el viento intentaba desviarla junto a la desordenada corriente marina, de pronto recordó algo, había prometido nunca más enfrentarse a una tormenta marina y ahora recordaba porque, de igual manera esa misma tormenta la ayudó al momento del escape, había pros y contras, siempre había pros y contras, renegaba mentalmente mientras luchaba contra la tempestad, aquello parecía no tener fin, sus músculos comenzaban a entumecerse, no había comido en dos días así que no tenía las energías necesarias para hacerle frente a la furia de la naturaleza, incluso habiendo comido dudaba poder contra la tormenta, así que en estos momentos se encontraba en serios aprietos.
Una eternidad, era lo que parecía haber vivido en aquel infierno de agua y viento, de nuevo el cielo comenzaba a aclarar señalando la llegada de la mañana, cansada utilizó lo último que le restaba de fuerza para impulsarse sobre una ola y aterrizar en la costa que había divisado minutos atrás, empapada y completamente debilitada fue depositada en cuclillas sobre la arena, jadeaba en un intento por recuperar el aliento, todo su cuerpo dolía, no había un solo músculo que se hubiese salvado de trabajar.
- ¡Hey! ¡Alto ahí! – Se escuchó la voz de una mujer, al alzar la mirada pudo ver a una chica con una lanza acercándose a ella, con la mirada borrosa a penas podía distinguir sus facciones ¿En donde demonios se encontraba? ¿A qué costa había llegado? Un profundo gemido escapó de sus labios al intentar ponerse de pie, no tenía caso, sus piernas no respondían, la chica se acercaba cada vez más, con la punta de la lanza por delante caminaba con cautela.
- No… - Balbuceo intentando detener el avance de aquella mujer, una suave ráfaga de viento fue expulsada por la mano derecha de la debilitada ojiazul antes de desplomarse sobre la arena, aquello no había servido para alejar a la extraña pero si para sorprenderla.
Hey! Lo se, volví a atrasar la publicación... pero hubo un buen motivo... No tenía idea de que el capítulo se fuera a extender tanto! jajaja xD pero bueno, ya está! Como pueden ver pasaron un millón de cosas en este capítulo ._.! Pero bueno, abarque todo lo que quería abarcar ^^U
Un saludo a todos! Nos leemos pronto ;)
Un saludo a Liz! xD Muchas gracias por los review :3
