Bitácora. Asami Sato. 3

Jueves 9 Agosto.

Es gracioso como los días más tranquilos de pronto se pueden tornar en los más extraños o emocionantes de un momento a otro. El día de hoy inicie como de costumbre, ducha, desayuno y labores en el asentamiento, últimamente hemos mantenido las cosas tranquilas, quiero que los pobladores se acostumbren a todas las novedades, por más que quisiéramos no podemos bombardearlos con exceso de información, así que recientemente solemos reservarnos las ideas en proyectos personales. Tanto mi padre, Varrick y yo, con la cantidad de información que obtuvimos de los libros, no podemos parar, hay demasiado material con el cual trabajar.

Y ya que este plan de adaptación lleva un poco más de dos meses no hay mucho que yo deba hacer más que supervisar, las cosas van de maravilla, me sorprende que todo valla tan bien, no hemos tenido eventos mayores con grupos rebeldes, aún así los guardias nunca faltan a sus entrenamientos, siempre hay que estar preparado para todo, mi padre me enseñó a ser así desde pequeña y ahora no puedo evitar aplicar esas ideas a mi gobierno.

No tuve muchas tareas en la oficina así que luego de ordenar lo que faltaba me dirigí a mi taller, estos pasados dos meses he estado concentrada en un proyecto bastante interesante, aún no escribiré al respecto en caso de que resulte ser un completo fracaso, aunque dudo que eso pase, estoy segura de que funcionará y cuando lo haga no podré esperar para salir y ponerlo en marcha, como ya dije antes, solo puedo dedicarme a hacer cosas para mi, tal vez luego pueda compartir mis descubrimientos con el resto del asentamiento, mientras tanto puedo aplicar la técnica de ensayo y error para saber que cosas podré aplicar con éxito y que cosas será mejor dejar de lado.

Sumida en mi trabajo me dedicaba a soldar unas piezas de metal cuando escuché que alguien me llamaba tocando de forma desesperada las puertas del taller, si, me encontraba encerrada en mi recinto, la puerta cuenta con un mecanismo que me permite cerrarla por dentro… una enorme barra de metal corrediza, nada muy elaborado pero si efectivo, no puedo dejar que todos entren a husmear mientras trabajo, en especial Varrick, ese hombre sabe como ser un auténtico dolor de cabeza, revolviendo todos mis planos y moviendo todo de lugar, debía ponerle un alto así que aquella barra de metal llegó a mi rescate.

Intenté ignorar eso por un momento, faltaba poco para terminar de soldar las piezas en su lugar pero la persistencia de aquellos llamados me indicaba que quien fuera que se encontrara en la puerta tenía apuro, suspiré en un intento por resignarme, coloqué las gafas de soldar sobre mi cabeza para retirarlas de mis ojos, no tuve tiempo de retirarme los guantes de protección, aquellos llamados eran desesperados, intenté no pensar en cosas negativas mientras me dirigía hacia a la puerta, me había desaparecido solo una hora, en verdad esperaba que nada malo hubiese ocurrido durante esos sesenta minutos.

- ¿Si? – Pregunté al abrir la puerta y encontrarme con el rostro familiar de uno de mis guardias, en realidad era uno de los jóvenes y se le veía bastante perturbado.

- El guardia al mando en la costa me dijo que le avisara sobre una chica que llegó del mar… - Balbuceo tropezando con sus palabras, era un nuevo recluta de Lin, es un buen chico pero le falta un poco de compostura, estoy segura de que bajo la mano dura de Lin pronto se convertirá en un excelente guardia al igual que el resto, por el momento aún se impresiona con facilidad y tiene dificultades durante los entrenamientos, siempre suelo pasarme de vez en vez para familiarizarme con ellos, me gusta mantenerme en contacto con todos los pobladores así que dedico diferentes días a diferentes sectores y grupos en el pueblo.

- Una chica que llegó del mar… es como un deja vu. – Comenté sin poder evitar sonreír de oreja a oreja.

- Bueno… - Tartamudeo. – El jefe me dijo que le dijera que se trataba de… "Ya usted sabe". – Insinuó sin ser capaz de dirigirme la mirada.

- Me imagino que al ingresar al ejercito de Lin fuiste informado de todos esos detalles… ¿No es así? – Pregunté arqueando una ceja sin quitarle la vista de encima.

- ¡Si! Pero… estuve ahí. ¡Ella bebió agua! – Volvió a balbucear con asombro.

- Si, impresionante, supongo que nunca antes habías visto a alguien beber agua. – Reí entretenida. – Escucha, debes actuar con naturalidad, de otra forma la delatarás con la mirada, recuerda que esto debe permanecer como un secreto ¿Entendido? – Aclaré en un tono más serio, el chico suspiró exhalando lentamente intentando tranquilizarse.

- Entendido… - Murmuró.

- Bien, mientras tanto ve y avisa a Lin, iré en un momento… ¿Dónde se encuentra? – Me detuve a preguntar antes de cerrar la puerta.

- En la clínica. – Respondió sonando más tranquilo.

- Gracias. – Sonreí y terminé de cerrar la puerta, con la espalda presionada contra el metal miraba el techo del taller, era extraño, mi corazón había enloquecido por completo, lo podía sentir latiendo contra mi pecho, mi mente se encontraba en blanco, era como si aquellas palabras fueran una ilusión, no podía creerlo y al mismo tiempo no podía evitar reaccionar a ello, habían pasado tres años y siete meses desde su partida. ¿Cuál sería su apariencia ahora? ¿Se sentiría tan emocionada de verme como yo lo estaba de verla en esos momentos? ¿Aún mantendría algún tipo de interés en mí?

Aquella última pregunta logro pintar mi rostro de color carmín, no era momento para pensar demás, debía ir a recibirla y lo último que quería era llegar a balbucear como aquel joven guardia lo había hecho momentos antes, suspiré y logré apoyarme sobre mis piernas para caminar de regreso al proyecto, solo terminaría de soldar las piezas y me encaminaría a la clínica, debía despejar mi mente y el trabajo siempre era bueno para eso, además Korra debía estar cansada, la noche anterior hubo una tormenta bastante severa, comienzo a pensar que ella elige los días así para emprender sus viajes por el mar.

Creo que pasaron quince minutos cuando volví a escuchar que llamaban a la puerta, de nuevo sonaba como una persona desesperada, tal vez era momento de dejar mi proyecto por la paz, de igual manera mi concentración menguaba así que no tenía caso seguir, volví a levantar mis gafas y me encaminé hacia la puerta, al abrirla me encontré con Lin, lucía un poco preocupada lo cual llamó mi atención.

- ¿Qué ocurre? – Pregunté de inmediato.

- Un grupo rebelde persigue a Korra. – Declaró ciñendo el entrecejo.

- ¿Dónde está ella?

- Desapareció en el bosque, dijo que no quería atraer problemas. – Habló con tono preocupado.

- ¿Saben cuantos son?

- Cerca de doscientos. – Se encogió de hombros. – Más o menos. – Concluyó.

- Será mejor que vaya a recibirlos. – Sonreí de lado, este era el grupo más grande que se aventuraba a acercarse al asentamiento, era la oportunidad perfecta para probar nuestro progreso en el campo de batalla.

Me dirigí a la puerta del sureste, según me habían informado se trataba de una flota de barcos que llegó una hora después de que Korra apareciera, los intrusos marcharon desde la costa hasta encontrarse a menos de veinte minutos de llegar a mis muros. Incautos, se encontraban en el lugar menos indicado para ir en busca del Avatar.

Cuando al fin aparecieron en el horizonte los esperé pacientemente, tenía a un par de guardias en las torres de vigilancia preparados con rifles, a excepción de ellos el resto de mis hombres se encontraban armados con instrumentos eléctricos no letales, yo portaba mis guantes, con eso sería más que suficiente.

- ¿Asami Sato? – Preguntó un hombre de tez morena y cabello blanco que de inmediato deduje debía tratarse del líder.

- En persona. – Respondí con una mirada fría analizando cada uno de los rostros rebeldes, todos lucían seguros de si mismo, me preguntaba cuanto tiempo les duraría esa sensación.

- Un gusto, he oído hablar mucho de ti. – Sonrió aquel sujeto con una sonrisa pedante.

- Lamentablemente yo no tengo idea de quién seas tú. – Respondí alzando una ceja.

- Mi nombre es Aiwei. – Se presentó con una pequeña reverencia.

- ¿Qué hacen en mis tierras? – Dije con tono amenazante, ya había tenido suficiente de charlas absurdas, si aquel hombre tenía por propósito atrapar a Korra yo me encargaría de hacerle pasar un mal rato.

- No busco problemas, o al menos no contigo y tu asentamiento, venimos siguiendo a una prisionera que escapó de nuestra custodia durante la madrugada. – Explicó de modo diplomático.

- ¿Y? No veo como eso justifique su incómoda cercanía a los límites de mi asentamiento. – Bufé con los brazos cruzados sobre mi pecho.

- Lo siento señorita Sato, entiendo que esto no es apropiado, pero creemos que la prisionera se encuentra en el interior de tu asentamiento. – Justificó.

- ¿Y para una simple prisionera has traído contigo a todo un pelotón de batalla? – Señalé a los hombres detrás de él.

- No nos gusta tomar riesgos… cualquier cosa podría pasar en tierras desconocidas y nosotros no solemos visitar esta parte del continente. – Aclaró manteniendo sus modales.

- Bien, eso lo puedo justificar, pero ¿Piensas que nosotros le permitimos el paso a todo aquel que se acerque? Para entrar a mi asentamiento tu prisionera debió pasar por alguna de las puertas y hasta el momento no he tenido ningún informe de nuevos visitantes.

- Usted no entiende. – Insistió el moreno. – Ella no es cualquier prisionera, es una persona sumamente hábil, pudo haber entrado incluso por los lugares menos esperados.

- ¿Insinúas que mi seguridad tiene fallas? – Arqueé una ceja, me divertía ver lo mucho que aquel hombre se esforzaba por ser complaciente, un líder rebelde, no hay nada en este planeta que deteste más.

- No… para nada. – Lo noté apretando los dientes, al parecer la paciencia comenzaba a agotarse en la cabeza de aquel forastero.

- Bueno, planeo mostrarte que no es así. Un grupo de cincuenta hombres, les permitiré entrar a buscar, no quiero que armen ningún alboroto, cuando terminen quiero que se vallan de mis tierras y de mis costas, no son bienvenidos. – Concluí con tono severo. – Cuando hayas elegido quién entrará contigo Mako los llevará al interior, el resto se quedará aquí bajo la supervisión de Lin. – Ordené y me di media vuelta.

Mako organizó a un grupo de guardias para registrar a los hombres que entrarían al asentamiento con el fin de asegurarnos de que ninguno de ellos portara armas, luego de esto todos se dispersaron en distintos sectores, a cada forastero se le asignó a un guardia, el registro inició cerca de las doce del día, sabía que les llevaría tiempo así que me dirigí hacia los campos de cultivo para pasar un tiempo con los pobladores.

- ¿Crees que se haya ido? – Escuché a Tenzin hablar detrás de mí.

- No. – Respondí con seguridad con una sonrisa en el rostro.

- Entiendo que existan las corazonadas… ¿Pero como te puedes mostrar tan segura? – Me devolvió la sonrisa arqueando una ceja.

- Porque al irse dejó atrás a buenos amigos, no creo que deje pasar la oportunidad de llegar a saludar. – Respondí.

- No creo que Korra sea del tipo de personas diplomáticas con ese tipo de modales. – Se burló.

- No. – Concordé con una suave risa. – Pero tiene un gran corazón. – Compuse con tono cálido, de pronto me encontré perdida en mis pensamientos recordando aquellos hermosos ojos azules, tan llenos de energía, indomables y al mismo tiempo sumamente dulces.

- Ghm… - Escuché a Tenzin aclarar su garganta mientras me miraba con ojos acusadores, mis mejillas se ruborizaron. – Creo que acabo de entender. – Sonrió de modo travieso.

- ¿Entender qué? – Pregunté de forma apresurada.

- Entender porque estás tan segura de que no se ha ido… tiene un buen motivo para quedarse, y no es Mako. – Insinuó moviendo sus cejas de arriba abajo.

- No se de que hablas. – Dije desviando la mirada sintiendo como mi rostro comenzaba a pintarse de rojo, de verdad prefería no pensar en esas cosas, tal vez en sus viajes Korra conoció a alguien más, no sería extraño, después de todo hace más de tres años que no nos vemos, eso sin mencionar que en aquel entonces no aclaramos nada, así que no tenía porque reservarse para mi.

Cuando Pema apareció nos invitó a todos a comer, me sentía bien al notar como a ninguno de mis pobladores les molestaba que hubiera un grupo de forasteros realizando una inspección dentro del asentamiento, habíamos logrado brindarles un sentimiento de seguridad sólido que hasta el momento nadie había podido quebrar, todos continuaban caminando, todos continuaban con sus actividades como si alrededor no ocurriera nada fuera de lo normal.

Así terminé sentada en la mesa de la familia de Tenzin compartiendo la deliciosa comida de Pema, el alimento me brindaría las fuerzas suficientes para poner fin a la voluntad de Aiwei, lo aplastaría, de eso no cabía duda, me aseguraría de que al terminar su búsqueda la simple idea de adentrarse en mis tierras le cause terror.

Pasaron cerca de dos horas antes de que volviera a escuchar de Mako, en total les había tomado tres horas recorrer todo el asentamiento, Aiwei y sus hombres volvieron a reunirse en el centro del asentamiento donde yo los esperaba.

- ¿Satisfecho? Nadie entra o sale de este lugar sin mi autorización. – Volví a afirmar con tono autoritario. – Y te aseguro que en este lugar no está la persona que buscas. – Concluí de forma severa. – Fuera. – Ordené para luego darme media vuelta.

- Si… verás, estoy seguro de que ella está aquí, además, tienes cosas muy buenas en este lugar, ahora entiendo el porque de todos los rumores. – Lo escuché hablar a mi espalda, esperaba que se negara a obedecer, se notaba que estaba pasando un mal rato al intentar ser respetuoso, estaba segura de que un líder rebelde no aceptaría demandas tan directas de otra persona, su orgullo no se los permitía y yo planeaba aprovecharme de eso.

- Si, yo conozco lo que hay aquí dentro, no hay nada más de que hablar, te quiero fuera de aquí de inmediato. – Bufé mirándolo por encima del hombro.

- Mis soldados están entrenados, todos tienen un par de años de experiencia viviendo bajo el comando de Kuvira, los tuyos no portan armas útiles. – Se burló. - ¿Estas segura de que tus hombres pueden defenderse? – Sus palabras pintaron una sonrisa sobre mi rostro que él era incapaz de ver pues yo me encontraba dándole la espalda.

Si, los rebeldes van y vienen causando problemas por doquier, eso les brinda seguridad a la hora de pelear pues piensan que a lo largo del tiempo todas esas experiencias los vuelven mejores, en cierto modo tienen razón, esas experiencias les pueden brindar conocimiento, pero nunca se verán en la necesidad de mejorar si acostumbran molestar a personas que no tienen ni idea de cómo defenderse, como resultado estos hombres solo tienen práctica en aprovecharse de gente indefensa. Mis guardias y mi gente entran dentro de muchas categorías pero "Indefensos" No es una de ellas.

- ¿Tú estás seguro de querer dirigirte a mi de ese modo? – Le brinde una última oportunidad de salir de aquí con su dignidad intacta.

- Lo siento, pero creo que cometiste un error al dejarnos entrar a tu asentamiento. – Respondió con tono victorioso extendiendo su mano hacia mi hombro. Antes de que pudiese tocarme lo sostuve con uno de mis guantes y todo su cuerpo comenzó a temblar y acalambrarse por la descarga eléctrica que corría de los contactos de los guantes hacia su piel, cuando los rayos desaparecieron Aiwei cayó desplomado sobre el suelo levantando una pequeña nube de polvo, al mismo tiempo tres de sus hombres cayeron de cara, estos se habían movido en el momento en que giré para tomar la mano de Aiwei y mis soldados los neutralizaron haciendo contacto con sus puntos de presión, el resto de los forasteros contemplaban boquiabiertos intentando entender que era lo que acababa de ocurrir.

- Tómenlo y llévenselo, no quiero gastar mis recursos en prisioneros. – Lo señalé sin retirar mi vista de las caras de los forasteros. – Los encaminaremos hacia la salida. – Hable haciendo un par de señales a mis guardias.

- ¿No crees que fuiste un poco dura? – Susurró Mako inclinándose un poco para que pudiese escucharlo.

- Son rebeldes Mako, si te descuidas o les das la oportunidad se aprovecharán de ti. – Respondí con una sonrisa, ambos caminábamos detrás del grupo de forasteros mientras estos apresuraban el paso cargando con ellos a los hombres inconscientes. Al cruzar la puerta de los muros nos encontramos con Lin, pude notar la manera en que sonrió al ver el estado de Aiwei, completamente desconectado de este mundo.

- ¿Todo bien? – Preguntó la líder militar con tono divertido volviendo más evidente que toda aquella situación le parecía entretenida.

- Todo bien. – Confirme dedicándole una pequeña sonrisa.

- ¡¿Qué paso ahí dentro?! – Gruñó uno de los forasteros al ver el estado de Aiwei y sus compañeros inconscientes.

- Les pedí que se retiraran y no lo hicieron, ahora aprovechen esta oportunidad y márchense. – Volví a demandar, entre las filas de rebeldes pude notar cierto nivel de agitación, estaban molestos, un grupo de ellos levantó sus armas, entre ellos pude notar una pistola, antes de que alguno de los rebeldes o nosotros moviera un solo músculo una bala impactó aquella pistola y esta voló por los aires, sonreí, mis guardias en las torres de vigilancia tenían una puntería excepcional, todos los forasteros se mostraban sorprendidos.

- ¿No escucharon? Retírense. – Ordenó Lin, aquellos hombres ahora lucían confundidos, tenían la mayoría de números en esta situación ya que ahí afuera solo nos encontrábamos Mako, Lin y yo junto a cincuenta de nuestros guardias y los dos hombres en las torres de vigilancia mientras que sus números se acercaban a los doscientos, aún así el temor los dominaba.

- No los quiero volver a ver por aquí. – Concluí para darme media vuelta y encaminarme al interior del pueblo, uno de los rebeldes gruñó dando la orden de ataque, en eso escuché un fuerte zumbido y algunos lamentos, luego de eso el sonido de múltiples cuerpos cayendo en seco y luego silencio.

- Tomen a sus hombres y retírense. – Insistió Mako, esta vez pude escuchar varios pasos apresurados. Mis hombres habían lanzado una de nuestras bombas eléctricas, un pequeño dispositivo que al ser arrojado al aire lanza una descarga eléctrica no letal dentro de un radio de cinco metros, no fue necesario detenerme, continué mi camino al interior sabiendo que habíamos ganado, pronto fui alcanzada por Lin.

- Funcionó. – Pronunció con una sonrisa en el rostro.

- Confiaba en que así sería, la sometimos a muchas pruebas, no tenía porque fallar. – Respondí sonando satisfecha.

- Creo que no se atreverán a volver. – Rió ella brevemente.

- ¿Lucían asustados?

- Asustados y confundidos, muy confundidos. – Afirmó.

- Entonces nuestras defensas están bien. – Suspiré aliviada.

- Mejor que bien. – Añadió ella. – Felicidades chiquilla. – Me halago dando un par de palmadas en el hombro.

- Gracias. – Sonreí, ambas continuamos caminando hasta que Lin se detuvo. - ¿Tienes alguna idea de donde estará Korra? – Yo me encogí de hombros y negué con la cabeza. - ¿Deberíamos ir a buscarla? – Insistió.

- No. – La miré. – Aparecerá cuando esté segura de que se ha pasado el peligro. – Lin asintió con la cabeza.

- Entonces iré a atender otros asuntos. – Se despidió.

- Gracias Lin. – La vi marcharse, tras esto comencé a caminar sin rumbo, mi mente divagaba sobre todo lo ocurrido, un grupo de doscientos rebeldes siguiendo a una sola persona, me preguntaba cuantas cosas habrá vivido Korra a lo largo de estos tres años, seguro no la ha pasado fácil, solo podía esperar que todas esas experiencias no hubieran afectado aquella alegre personalidad que tanto había llegado a encantarme.

Al cabo de media hora había vuelto a llegar al acantilado donde ella y yo solíamos tomarnos el tiempo para charlar de todo y nada, mis ojos divisaron una silueta, podía reconocer aquella chamarra desgastada, era la misma que yo le había regalado tres años atrás, mi corazón se detuvo, llevaba el cabello corto, pero podía distinguir su color castaño donde fuera, el viento jugaba con aquellos desordenados mechones y ella parecía perdida mirando el horizonte. Continué avanzando, de alguna manera logré caminar con normalidad, con un ritmo relajado y pasos firmes, sin embargo no me podía engañar a mi misma, mi corazón había comenzado a aumentar su velocidad de forma notoria, cuando me encontré a un par de metros de ella la noté mirando por encima de su hombro con una sonrisa, mi rostro ardía al saber que de nuevo aquellos ojos se posarían sobre mi.

- La primera vez que llegaste aquí tras esa tormenta pensé que había sido un suceso inesperado y poco favorable para ti, ahora comienzo a pensar que es algo que tú eliges. Dicen que no existen las casualidades. – Hablé intentando mantener la calma, intentando no lanzarme hacia ella con toda la emoción que sentía en ese momento, su risa logró mandar un par de escalofríos por mi espalda, al fin podía volver a verla.

- No, dicen que no existen las casualidades, pero créeme cuando digo que las tormentas no son de mi preferencia. – La vi darse la vuelta para quedar de frente a mí, un millón de mariposas revolotearon en mi estómago al distinguir la llama en sus ojos, esa mirada indomable seguía intacta y esa sonrisa inquieta, inocente y traviesa como la de una niña pequeña, ambas avanzamos y sin pensarlo la envolví entre mis brazos, liberé un profundo suspiro al sentir como sus brazos me sostenían con fuerza y la manera en que ocultaba su rostro en mi hombro.

- Te eche de menos. – La escuché murmurar con satisfacción.

- Y yo a ti. – Respondí disfrutando de su aroma, el mismo que solía recordar la mayoría de las noches antes de dormir, en ese momento me sentía feliz o incluso más que eso, ella había vuelto y se encontraba bien, no podía pedir más.

- Lo siento, debo apestar a aceite. – Dije con preocupación, había salido del taller con mi ropa de trabajo, una blusa blanca de tirantes, un pantalón de trabajo color rojo obscuro, mis botas de trabajo color café y todo se encontraba manchado con grasa, incluso portaba mis gafas de soldar sobre la cabeza, mi imagen no era la mejor en esos momentos, Korra rió por lo bajo y se apartó un poco del abrazo para mirar mis ojos.

- No veo cual es el problema, yo debo apestar a agua salada. – Respondió con una sonrisa que ablandó mis rodillas al instante, sin abandonar el abrazo junté mi frente a la de ella y cerré los ojos, intentaba disfrutar al máximo este momento.

- Así que después de todo si había una chica extraña en el asentamiento. – Irrumpió una voz familiar para mí, desconocida para Korra, apartándome de ella me dí la vuelta para poder verlo.

- Ella no es una extraña. – Arqueé una ceja. – Su nombre es Korra, todos la conocemos. – Aclaré.

- Un gusto. – Respondió ella con naturalidad.

- Hola, mi nombre es Tahno. – Habló él sin mucho tacto, la verdad es que ese joven tiene una personalidad difícil. – Asami, tienes tiempo para lidiar con un grupo rebelde y para venir aquí a saludar a tu amiga pero no para salir conmigo, una cena, no es nada complicado ni muy elaborado. – Lo escuché insistir, lleva meses detrás de mí, lo conozco desde que los dos éramos unos niños hasta que él creció y se convirtió en un adolescente, entonces se fue del asentamiento y ahora está de vuelta.

- No insistas Tahno, mejor has el trabajo que se te dio y espera a que Lin considere que eres apropiado para unirte al equipo de guardias. – Rodé los ojos, entonces pude notar la fría mirada de Korra, lucía irritada, por lo general Tahno tenía ese efecto en la gente pero no lo lograba en tan poco tiempo.

- Lin nunca me aceptará. – Renegó él. – De cualquier manera, el señor Hiroshi te busca. – Concluyó antes de comenzar a regresar al pueblo.

- ¿Un nuevo amigo? – Escuché a Korra. – Su rostro me parece familiar.

- No, lo conozco desde que era chica. Es natural que te parezca conocido pero no te culpo por no recordarlo, vino con la invasión de Amon, seguro lo viste en la prisión luego de que terminara todo el revuelo. - Sus ojos se abrieron de par en par.

- ¿En serio? ¿Qué fue de todos ellos? ¿Se incorporaron? – Preguntó entusiasta lo cual me hizo reír.

- Así es, hay muchas cosas que debo contarte, por el momento debo ir con mi padre. ¿Qué te parece si te invito a cenar con nosotros para ponernos al corriente?

- Me parece perfecto. – La vi sonreír y mis piernas volvieron a temblar.

Así ambas caminamos hacia el pueblo, una vez ahí tomamos caminos diferentes, yo me dirigí hacia la oficina de mi padre y supongo que ella comenzó a recorrer el lugar, le dije que la cena sería a las ocho de la noche y que la vería en casa así que solo debía estar lista para esa hora, darme una buena ducha y vestir ropa limpia.

Mi padre quiso aclarar lo ocurrido durante la tarde con el grupo rebelde ya que durante todo el proceso él se encontraba absorto en su taller, le explique todo con lujo de detalle, claro al hacer esto le informé sobre el regreso del avatar y de la cena a la que la había invitado, los ojos de mi padre se iluminaron y de inmediato comenzó a dar múltiples opciones para una buena cena, se le veía alegre y antes de que yo pudiera opinar algo se puso de pie cortando mis palabras, él se encargaría de la cena, declaró con tono firme de modo que no habría manera de convencerlo de lo contrario.

Luego de esto aproveché el tiempo libre que aún tenía para volver al taller, con el regreso de Korra era importante terminar mi proyecto si es que quería tener la oportunidad de convivir con ella fuera del horario de trabajo en los días próximos, en esta ocasión no sabía cuanto tiempo duraría su visita, temía que fuera breve debido a la falta de propósito de su presencia aquí, el pueblo se encuentra en perfecto orden, los deshechos son limpiados con frecuencia así que en pocas palabras, Korra no tiene ninguna tarea que realizar aquí, tal vez podría pedirle que se quedara una semana, aún era precipitado pensar en eso, primero debía hablar con ella y averiguar por mí misma el tiempo que tenía planeado quedarse.

Trabajé de las cinco hasta las siete de la tarde, luego volví a casa, la cual se encuentra a unos cuantos metros de mi taller, cuando hubo oportunidad lo mandé construir en el patio de la casa para poder tener fácil acceso a él. Me duche y comencé a buscar en mi guarda ropa en un intento por encontrar algo apropiado para vestir, la verdad no entendía porque me tomaba tantas molestias, Korra era mi amiga, no tenía porque impresionarla. Cuando al fin logre aclarar mi mente decidí tomar una blusa blanca de manga larga que me quedaba holgada, remangue las mangas por encima de mis codos como siempre solía hacerlo cuando usaba esa blusa, luego me decidí por un pantalón de mezclilla guinda que me quedaba ajustado, no era por intentar llamar su atención, simplemente me gustaba como se veía ese pantalón con esa blusa, y finalmente tome unas botas marrón, mi cabello lo dejé suelto, simplemente sujeté un lado con un broche, me maquille como de costumbre y me miré en el espejo, mi apariencia se mantenía sencilla y presentable a la vez, cuando al fin estuve satisfecha salí de la habitación.

La casa se había llenado con un aroma delicioso, decidí acercarme a la cocina para echar una mirada pero Wu se interpuso en mi camino, al parecer mi padre le había ordenado mantenerme lejos de la comida, no tuve más opción que rodar los ojos y encaminarme a la sala donde mantenía un par de libros que me servirían de entretenimiento hasta que me llamaran al comedor o hasta que Korra llegara.

Un par de golpes en la puerta principal bastaron para sacarme del trance en el que normalmente me sumía al leer un libro.

- Yo abro. – Avisé a medida que avanzaba por los pasillos, tras la puerta se encontraba mi adorada Avatar, no pude evitar pasar mi mirada rápidamente de arriba abajo sobre su cuerpo, vestía una blusa blanca holgada y sin mangas que dejaba al descubierto sus poderosos brazos, noté entonces la marca de un tatuaje, ese era nuevo, estaba segura de que la tinta negra no se encontraba sobre su piel almendrada la última vez que la había visto, debía admitir que con la tonalidad de sus brazos aquel tatuaje resaltaba, lucía bien, para la parte inferior vestía unos pantalones de combate color azul marino y claro llevaba puestas unas botas de combate café, su cabello lucía limpio, brillaba y se encontraba ordenado, sus ojos resplandecían, ambas permanecimos en silencio durante un momento hasta que yo interrumpí.

- Uhm… - Aclaré mi garganta. – Bienvenida. – La invité a pasar, ella sonrió.

- Te ves bien. – La escuché decir, mis mejillas se encendieron de inmediato, no era la primera vez que alguien me hacía un cumplido de esa naturalidad, pero era la primera vez que ella lo hacía, por algún motivo se sentía diferente.

- Gracias, tú también. – Respondí cerrando la puerta tras de mí.

- Mmm… Huele delicioso. – Comentó a medida que nos adentrábamos más en la casa.

- Lo se, mi padre y Wu están en la cocina, no me permitieron ver que estaban preparando. ¿Qué crees que sea? – Pregunté mirando hacia el techo imaginando el platillo que pudiese relacionarse con aquel aroma.

- Definitivamente lleva carne de algún tipo. – Comenzó a especular.

- Si… así parece. – Concordé, pronto las dos tomamos asiento en la mesa, una al lado de la otra como siempre habíamos acostumbrado tres años atrás.

- ¿Pollo? – Se preguntó en voz alta.

- No estoy segura…

- Bueno, te puedo confirmar el arroz. – Añadió con una sonrisa, yo reí por lo bajo.

- ¿Cómo puedes estar segura de eso? – Arqueé una ceja, los aromas se encontraban mezclados, era difícil separar cada uno de acuerdo a la comida a la que pertenecieran.

- Pues, los pasados tres meses los viví en un lugar donde el alimento básico era el arroz, todos los días comíamos arroz así que me resulta fácil distinguir el aroma del arroz cocido.

- Entiendo, bueno, yo te puedo asegurar otro alimento, pan recién horneado, no me puedo equivocar con eso. – Sonreí victoriosa.

- Oh vamos, ese es sencillo de detectar, debes adivinar otra cosa. – La escuché reclamar.

- No, es válido, nadie especificó las reglas. – Reí, no podía dejar de mirarla, de vez en vez la veía de reojo, intentaba no perderme demasiado en sus hermosos orbes azules para no incomodarla. Su risa, su voz, su aroma, todo me traía buenos recuerdos, era como si los años nunca hubiesen pasado, no me sentía incómoda a su lado, muy por el contrario, era como si durante todo este tiempo nos hubiésemos mantenido en contacto día a día, simplemente retomamos lo que habíamos dejado tres años atrás.

- Bien, entonces las apuestas van por arroz y pan, pero ¿Cuál es el platillo principal? La que adivine el tipo de carne del guiso ganará este juego. – Declaró con una sonrisa traviesa. – Yo ya dije pollo. – Se adelantó.

- ¡Trampa! No me diste tiempo de pensar. – Bufé.

- No debes pensar, solo actúa de acuerdo a la primera corazonada que tengas. – Rió.

- Bien, res. – Respondí con un suspiro, la verdad dudaba que aquello fuera res, pero Korra había ganado la mejor opción.

No pasó mucho tiempo antes de que mi padre y Wu aparecieran con la cena lista la cual se componía de pollo preparado con crema, al lado había arroz blanco, pan recién horneado y para beber habían preparado agua de limón, lucía espectacular y el sabor superaba su apariencia. Wu se despidió luego de ayudar a servir los platos, se negó a acompañarnos diciendo que tenía unos asuntos que atender, de cualquier manera mi padre y yo decidimos guardarle una porción de comida para que la disfrutara mañana, no todos los días nos dábamos el lujo de disfrutar de comidas elaboradas como la de esa noche, sin mencionar la presencia del pollo en el plato, así que en definitiva nos aseguraríamos de compartir con él, después de todo debíamos agradecerle de alguna manera.

Korra mi padre y yo comenzamos a charlar sobre todo lo ocurrido a lo largo de estos tres años, primero mi padre y yo le explicamos los proyectos que teníamos en marcha y los planes que había para el desarrollo del pueblo, esto consumió poco más de una hora debido a todo lo que habíamos realizado durante aquellos tres años, además ella se detenía a hacer preguntas que nos obligaban a entrar en detalles y así aquella conversación se alargaba más y más.

Fue mi padre quién luego comenzó a interrogar a Korra sobre lo que había sido de su vida durante estos últimos años, ella comenzó a explicar detalladamente sobre sus viajes por el antiguo Reino Tierra, nos contó de los pequeños asentamientos que se encontraban establecidos por doquier y como se había detenido a ayudar a cada uno de ellos, también nos dijo que durante todo este tiempo debió mantener oculta su identidad como Avatar, sus trabajos permanecían en el anonimato, luego nos narró de su vida en Ba Sing Se, nos habló de la familia Beifong, me sorprendí al enterarme de que la hermana de Lin era la líder de los asentamientos en Ba Sing Se, sabía que Lin tenía una hermana pero nunca supe en donde vivía o a que se dedicaba, Lin no suele compartir mucha información personal así que aquellas lagunas llenas de misterio no son extrañas, al menos ahora conozco un poco sobre la otra hermana Beifong a la cual hasta el momento no he tenido la oportunidad de conocer.

Me sorprendió un poco notar lo entusiasta que se mostraba Korra al hablar de Suyin y su familia, no era difícil darse cuenta de que les guardaba un cariño especial, sus ojos brillaban de emoción al hablar de la líder de Ba Sing Se, luego de hablar de ellos hubo una pequeña pausa que me dejó un poco de intriga, fue fugaz pero pude notar el pesar en su mirada, como si hubiese recordado algo desagradable que de inmediato decidió ocultar tras otra historia pues no tardó en comenzar a hablar de Kuvira y el elaborado plan que habían establecido para atraparla, al parecer había logrado colarse entre sus filas, no dio detalles respecto a la manera en que se infiltró, en vez de eso comenzó a narrar el estilo de vida que llevaba en aquella misteriosa ciudad de metal, pasamos un tiempo ameno poniéndonos al corriente, entre risas y buena compañía era uno de esos momentos que cuando sueles recordar traen consigo esa sensación de satisfacción y felicidad.

Las horas se habían pasado a prisa, cuando mi padre revisó su reloj se mostró sorprendido y se disculpó diciendo que era hora de retirarse a dormir, pasaba un poco de la una de la madrugada y a pesar de haberme levantado temprano no sentía ni un poco de sueño, Korra tampoco lucía cansada y ella tenía más motivos que yo para estarlo, después de todo fue ella quién se enfrentó a una tormenta durante la noche anterior, aún así las dos nos despedimos de mi padre y continuamos con nuestra conversación en la sala.

A las tres de la mañana las dos decidimos salir a caminar, el plan era acompañar a Korra a las afueras del pueblo, me dijo que no se quedaría a dormir en ninguna casa por el temor a que otro grupo rebelde llegara a buscarla, quería convencerla de lo contrario pero su mirada me dejaba en claro que no habría manera de persuadirla así que decidí no decir nada.

- ¿Y qué tal tu reunión con los demás? – Hablé luego de una pausa.

- Bien. – Sonrió.

- ¿Pudiste saludar a todos? – Continué la charla mientras ambas caminábamos a paso lento.

- Si, los hijos de Tenzin están tan grandes. – Suspiró. – Me alegra ver que todos siguen bien, has sido una líder excelente. – Habló con suavidad.

- No, ellos son personas excelentes. – Respondí mirando el cielo, yo simplemente había traído las ideas, ellos habían vuelto de esas ideas una realidad. De nuevo el silencio se hizo presente, podía escuchar nuestros pasos a medida que avanzábamos por las calles del pueblo.

- ¿Viste a Mako? – Hablé sin pensar, sabía cual era el propósito de mi pregunta y por eso mismo había intentado evitar comentar al respecto, parece que al final fui traicionada por mis pensamientos, ya era tarde para retractarse.

- Si, andaba por ahí cumpliendo con su deber de guardia líder. – Respondió ella con tono juguetón imitando la mímica de un saludo militar, reí por lo bajo.

- ¿Y? ¿Decidieron volver a...? ¿O encontraste a alguien más durante tus viajes? – Pronuncié con naturalidad como si aquellas palabras no me afectaran en lo más mínimo mientras maldecía internamente por indagar en dicho tema. Ella rió desganada y agachó la mirada.

- No, me dio gusto verlo, eso no lo voy a negar, pero no pienso en él de esa manera. – Admitió para luego concentrar su mirada en el cielo, aquellas palabras lograron alegrarme un poco lo cual también me hizo maldecir internamente, Mako era mi amigo y sabía lo mucho que había extrañado a Korra durante su ausencia, sabía que aún guardaba sentimientos por ella, ahora que estábamos en paz de verdad deseaba poder mantener nuestra relación en buenos términos a pesar de la presencia del Avatar.

- Entiendo ¿Y afuera? ¿No hubo nadie que capturara tú interés? – Me aventuré a preguntar con tono divertido moviendo mis cejas de arriba abajo, por un instante nuestras miradas se encontraron y pude notar como sus mejillas se sonrojaban antes de que sus ojos buscaran enfocarse en otra cosa.

- No… - Murmuró de forma tímida, sonreí en silencio mordiendo mi labio inferior, sentía la tensión que había entre nosotras, era extraño, una sensación inquietante, densa y difícil de ignorar, incómoda y al mismo tiempo embriagante, recordaba aquel último beso que compartimos antes de su partida y sus palabras, pero a estas alturas y debido al tiempo que había pasado no pensé que ella en verdad fuera a mantenerse fiel a aquella despedida, no pensé que lo recordaría en lo absoluto, no esperaba que su atracción por mi aún permaneciera latente en su interior, después de todo las dos no habíamos sido más que amigas así que no tenía porque mantener un sentimiento especial por mí, aún así pude notar el collar que le regalé, lo llevaba puesto al igual que otras cosas que también le había regalado tres años atrás, guardaba mis recuerdos y los llevaba con ella siempre, esto lograba inquietarme, quería abrazarla y nunca dejarla ir.

- ¿Y que hay de ti? ¿Algún romance hasta el momento? – La escuché romper el silencio.

- No. – Suspiré. – He estado demasiado ocupada así que no tengo tiempo para pensar en eso. – Declaré apartando mi mirada de la de ella al notar la manera tan intensa en que se concentraba en mi respuesta.

- Una líder no tiene tiempo para el romance ¿Eh? Y pensé que solo el Avatar tenía este tipo de problemas. – Bromeo y ambas reímos.

- Pues "Sorpresa" Asami Sato se entregó tanto a su trabajo que no ha tenido tiempo de pensar en otra cosa que no incluya planos y cálculos elaborados. –Comenté con calma, aquello no era del todo mentira, pero no era del todo verdad, nunca me olvide de ella, siempre fui capaz de recordar la intensidad de su mirada, el calor de sus brazos, su delicioso aroma, sus suaves labios…

Sin darnos cuenta de nuevo nos encontrábamos cerca de nuestro acantilado, ambas nos detuvimos a contemplar el paisaje, el enorme reflejo del cielo sobre el mar.

- ¿Cómo es que siempre terminamos aquí? – Comentó arqueando una ceja.

- Caminamos en línea recta hablando cosas sin parar hasta que se nos termina el camino. – Razoné y ella rió, su risa era encantadora, no había manera de ignorarla.

- Me agrada, es un lindo lugar. – Añadió.

- Demasiado tarde, es mi lugar preferido del pueblo y después de tres años de ausencia perdiste el derecho a reclamar este acantilado como tu lugar favorito. – La molesté.

- Oh… ¿Si? – La vi arrugar las cejas. – En ese caso ¿Te molestaría compartir conmigo este lugar? – Propuso con una sonrisa hipnotizante logrando hacer que mis mejillas se ruborizaran.

- Lo pensaré. – Dije con la mano derecha sobre mi barbilla y mirando el cielo como si me encontrase meditando al respecto, la escuche reír pero no me atreví a mirarla, era demasiado para mi, quería abrazarla, quería besarla y no estaba segura de que fuera apropiado.

Una pequeña ráfaga de viento revolvió mi cabello y ella volvió a reír. - ¡Hey! – Reí al ver una mirada traviesa sobre sus ojos. – Pensaba que el Avatar no debía usar sus poderes para juegos. – Renegué arrugando las cejas.

- ¿A caso hay pruebas de que yo he hecho algo? – Arqueo una ceja.

- Debe haberlas pero no las noté porque estaba viendo hacia otra parte. – Razoné.

- Mala suerte Sato.- Se encogió de hombros. De ponto me vino una idea a la mente, tal vez no era el momento indicado pero era una oportunidad única para probar una de mis teorías.

- ¡Korra! ¿Me dejarías probar algo contigo? – Pregunté con demasiado entusiasmo, sus mejillas se tornaron rosadas y yo sonreí. – No me mal interpretes. – Reí. – Hay nuevas técnicas de batalla que utilizamos para la defensa de nuestro asentamiento, con ellas podemos inmovilizar a nuestro enemigo ocasionando daños mínimos, pero según leí también sirven para otras cosas. ¿Me dejarías probar unos movimientos con uno de tus brazos? – Extendí mi mano esperando que ella me alcanzara con la suya.

- Primero mencionas técnicas de batalla y luego me pides un brazo. ¿Debería? – Arqueo una ceja, aún así colocó su mano sobre la mía.

- Confía, sentirás el brazo entumecido y no podrás moverlo. Solo quiero comprobar que de este modo se pueden bloquear tus poderes de maestro elemental. – Confesé y sus ojos se abrieron ampliamente en señal de sorpresa.

- Adelante, yo también quiero ver que ocurre. – De pronto se mostró interesada.

- Bien, mantenlo arriba, solo golpeare unos puntos de presión. – Ella siguió mis instrucciones y yo continué con el procedimiento, pronto su brazo se encontraba completamente deshabilitado colgando sobre su costado derecho.

- ¡Increíble! A penas y sentí dolor, no puedo moverlo eso es un hecho. ¿Cuánto tiempo llevan utilizando esto? - Habló con entusiasmo contemplando su brazo.

- Varios meses. ¿Puedes controlar los elementos de algún modo con ese brazo? – Continué con mi investigación, ella rió por lo bajo y negó con la cabeza.

- No puedo mover ni un músculo. Necesito poder mover el brazo para dirigir la energía, sin él no puedo usar mis poderes. – La escuché y no pude evitar sonreír, los libros que leí decían que los no-maestros utilizaban estas técnicas para defenderse de los poderosos maestros elementales cuando estos querían abusar de sus poderes o simplemente cuando deseaban enfrentarse a ellos.

- ¡Espera! – Interrumpió Korra. - ¿Todos tus hombres saben utilizar esta técnica? – Arrugó el entrecejo.

- Si, pero no te preocupes, les dije que era una técnica de batalla para defendernos del enemigo y neutralizarlos sin ocasionar un daño severo. Es la primera vez que intento comprobar el efecto que esto tiene sobre los maestros de los elementos. Será nuestro secreto. – Le guiñé un ojo y noté como sus mejillas se coloreaban de un tono rosado.

- Bien, es mejor así. – Murmuró desviando la mirada.

- Bien Avatar, es tarde, será mejor que te acompañe a tu escondite. – Declaré con tono firme.

- ¿Acompañarme? – Me miró confundida.

- No te puedo dejar andar por ahí con un brazo dormido. – Señalé con la mirada el brazo inmóvil.

- Tengo otro brazo y dos piernas y el poder de los elementos de mi lado. – Bufó, me quedaba claro que ella era fuerte y que poca falta le hacía el cuidado de otra persona, pero deseaba poder pasar la noche a su lado como en los viejos tiempos.

- No dudo que eso sea cierto Korra, pero debo insistir. – Hablé con tono juguetón y de nuevo la noté ruborizarse.

- No quisiera meterte en problemas… - Bajó el tono de su voz agachando la mirada, la verdad me encantaba verla apenada, era bueno volver a presenciar ese tipo de reacciones en ella.

- ¿Pudiste ver la manera en que repelimos al ejercito de Aiwei de mis tierras? – Afile la mirada buscando hacer contacto visual con ella.

- No completamente. Por cierto, gracias, no quise ocasionar problemas. – Se disculpó con un suspiro, no quiero saber cuanto tiempo se ha tenido que enfrentar a situaciones similares por si misma, esta vez no estaba sola, yo estaba a su lado y no iba a permitir que toda la carga recayera sobre sus hombros.

- ¿Problemas? A penas y notamos la presencia de los forasteros. – Tome su barbilla con suavidad para obligarla a verme a la cara. – Aquí tienes el apoyo de todo un pueblo Korra, siempre y cuando estés aquí no permitiré que nadie te haga daño. No me importa de quién se trate, me encargaré de repeler a todos los que vengan a buscarte y nada de eso representará un problema o molestia para nosotros, mucho menos para mí ¿Entendido? Quiero que te tomes un respiro, descansa de todo lo que te haya estado persiguiendo estos últimos tres años, relájate un momento. Nosotros no necesitamos de tu cuidado y estamos dispuestos y preparados para protegerte si la situación se presenta.

Afirmé sin apartar mis ojos de los suyos, un pequeño suspiro escapó de sus labios antes de escucharla agradecer.

- Supongo que no aceptarás un "no" como respuesta. – Sonrió derrotada.

- No. – Confirmé.

- Entonces sígueme. – Extendió su mano izquierda hacia mí y yo la tomé sin dudar ni un momento. Caminamos a través del bosque alejándonos lo suficiente para que los troncos de los pinos cubrieran la vista del pueblo. Entonces nos encontramos con un desnivel en el suelo, el bosque se elevaba sobre enormes rocas, este lugar siempre fue así, la montaña no conserva un terreno regular a lo largo de toda su extensión, lo que no esperé fue ver a Korra abriendo una puerta en la roca, detrás de esta había un camino que se adentraba más en el suelo.

- ¿Esto lo hiciste tú? – Pregunté a medida que me adentraba en aquel lugar, no quería abrir la posibilidad a que alguien nos viera entrando a ese lugar.

- Si, no me tomó mucho tiempo, es una suerte que el interior de la montaña sea rocoso, así es más sencillo crear un escondite. – Me explicó caminando detrás de mí y sellando la piedra tras de ella.

Al fondo encontré una cámara rectangular de cerca de dos metros de altura, cinco de ancho y diez de largo, no era un lugar muy espacioso pero tenía el tamaño suficiente para descansar en su interior. Aquí se encontraban las cosas de Korra, su mochila, su ropa y un pequeño tendido que había hecho un una cobija, es verano así que es comprensible que esa pequeña cobija le sirva para dormir, seguro en invierno debe cargar más que eso para poder sobrevivir al frío de la noche.

- No es un lugar muy glamoroso, pero es un escondite efectivo en caso de que un grupo de rebeldes malintencionados andan detrás de ti. Nunca podrían penetrar en la roca o detectarme debajo de ella. – Sonrió tomando asiento sobre la cobija. – Pensándolo bien, creo que debimos volver a tu casa por otra cobija, no habrá mucho espacio para compartir. – Se rascó la nuca mirando el tendido sobre el que descansaba.

- No te preocupes por eso. – Sonreí y me acerqué para tomar asiento a su lado, sobre nosotros había un par de orificios que me supongo servían para mantener el flujo de aíre en la recámara, sobre una pequeña mesa hecha de piedra ardía la llama de una vela que servía para iluminar el lugar.

Comencé a retirar mis botas cuando recordé a un amigo que no había visto a lo largo del día, Sai, alcé la mirada dándole una mirada rápida a la pequeña recámara. Los espíritus pueden atravesar la roca ¿Cierto? – ¿Ocurre algo? – Escuché a Korra.

- No… - Respondí dudosa.

- ¿Segura? – Insistió.

- Bueno, ya que insistes. ¿Recuerdas que te comenté de los espíritus y la manera en que vigilan mis actividades?

-Si. - Me miraba con atención.

- El espíritu que me vigila tiene la forma de un zorro. ¿Lo has visto? – Korra se tomo un momento mientras meditaba.

-Me pareció ver a un zorro esta tarde mientras caminaba por el pueblo pero lo perdí de vista en un instante y no lo volví a ver así que pensé que había sido mi imaginación.

- Si, ese suena como Sai. – Reí por lo bajo. – Es un espíritu, por eso puede que lo veas en un momento y al siguiente ya no esté ahí. – Aclaré retomando la actividad de retirar mis botas.

Hice una pequeña pausa al darme cuenta de que no había traído absolutamente nada conmigo, después de todo la idea de acompañar a Korra había sido algo espontáneo pero no pensé las cosas a fondo. ¿Qué usaría para dormir? Me tomó menos de un par de segundos encontrar una solución, después de todo las dos somos mujeres, no debe haber mayor problema si duermo a su lado vistiendo mi ropa interior. Decidí dejar mi blusa puesta y retirar mis pantalones, de inmediato pude notar la tensión en el cuerpo de Korra.

- ¿Ocurre algo? – La miré por el rabillo del ojo con una sonrisa traviesa, a veces no es mi intención molestarla pero sus reacciones me resultan divertidas.

- No… no, nada… ehm. – Pasó saliva con dificultad al momento en que comencé a desabotonar mi blusa, se le podía notar bastante nerviosa, sus ojos miraban en distintas direcciones pero al final siempre terminaban sobre mí.

- Disculpa, es que debo retirar esto si es que pretendo descansar las pocas horas que nos restan de sueño. – Expliqué dándole la espalda mientras retiraba el sostén, un silencio sepulcral dominó la habitación mientras yo volvía a colocarme la blusa y a abotonarla con toda calma, podía sentir su mirada clavada en mi espalda, al terminar me dí la vuelta y noté el muy notorio rubor coloreando todo su rostro, parecía que a penas y respiraba, sonreí intentando no reír y me acomodé sobre la cobija, sentía cierta satisfacción al saber que era capaz de llamar su atención de esa manera, al parecer aún tiene interés en mi y a juzgar por lo que me dijo antes no conoció a nadie más en sus viajes, las cosas no podrían pintar mejor, a excepción de Mako… ya luego pensaría en eso.

- Yo también debería cambiarme. – Habló luego de aclarar su garganta, entonces sus ojos se encontraron con los míos lo cual llamó mi atención, de nuevo sus mejillas se pintaron de rojo. - ¿Me ayudarías a quitarme las botas? – Preguntó señalando con la mirada su brazo dormido. – Intentaría hacerlo por mi misma pero en verdad ajusté las agujetas y no quiero darte el placer de ver al Avatar peleando con un par de botas. – Reí brevemente y me acerqué.

- Me parece justo, después de todo fui yo quién durmió tu brazo. – Respondí a medida que aflojaba las agujetas y comenzaba a retirar ambas botas.

- Gracias, podrías pasarme la pantalonera que está en la mochila por favor. – Señaló con su mano izquierda, yo obedecí y le acerqué la prenda.

- ¿Necesitas ayuda con eso? – Dije bajando la mirada hacia su pantalón.

- No. – Se apresuró a responder sin poder evitar que sus mejillas se volvieran a colorear. La observé retirarse el pantalón sin problemas pero al momento de colocarse la pantalonera comenzó a batallar un poco. Decidí darle un par de minutos pero al ver que continuaba teniendo problemas me acerqué sin avisar y subí la prenda hasta su lugar.

- Listo. – Recalqué sonriendo y me volví a acomodar sobre el tendido, Korra apagó la vela antes de acercarse y recostarse a mi lado, la cercanía era notoria, pero no suficiente, al menos no para mí.

- No había notado lo cansada que me encuentro… - Habló luego de liberar un profundo suspiro.

- Es una lástima que solo cuentas con tres horas más para dormir. – Bromeé.

- Ugh… No, dormiré hasta medio día. – Se quejó.

- Diría lo mismo pero hay asuntos que debo atender, y si yo debo despertar temprano tú también lo harás. Después de todo es debido a tu regreso que ambas continuamos despiertas. – Objeté disfrutando del tono adormilado en su voz.

- Entonces se una buena anfitriona y quédate a dormir conmigo hasta medio día. – Se le escuchaba cada vez más adormilada, seguro la tormenta la dejó agotada, me sorprende que haya durado despierta tanto tiempo, tomando en cuenta que la primera vez que llegó al asentamiento durmió más de la mitad del día. Supongo que estos tres años la han fortalecido en más de una manera.

Podía notar como su respiración se volvía cada vez más pausada y rítmica.

- ¿Lo harás? – Murmuró acercándose más a mí, justo cuando pensaba que ya se había dormido.

- ¿Dormir hasta medio día? – Hablé con suavidad alcanzando su rostro con mi mano acariciándolo y acomodándole el cabello detrás de la oreja, ella contuvo la respiración y luego suspiró.

- Si. – Respondió perezosa acercándose más a mí, yo me acomodé a su lado permitiéndole recargar la cabeza sobre mi pecho, sin pensarlo la envolví entre mis brazos y entrelacé mis piernas con las de ella.

- Si. – Murmuré mientras acariciaba la piel de su brazo con una de mis manos, el corazón me latía a toda prisa, me sentía feliz, Korra había vuelto sana y salva, lo menos que merecía a cambio de la larga espera era una noche así a su lado para poder sentirla cerca y saber que aquello era real y no otro de mis sueños.

- Me haces cosquillas. – Rió y mi piel se erizó al sentir como su respiración chocaba con mi cuello.

- Lo siento. – Sonreí dejando de mover mi mano sobre su brazo.

- No, se siente bien. Sigue. – Balbuceo y se acurrucó contra mi cuerpo aferrando su mano izquierda a mi cintura.

- Buenas noches Avatar. – Concluí disfrutando de su calor mientras me arrullaba acariciando su brazo.

- Buenas noches señorita Sato. – La escuche reír levemente, entonces se movió ligeramente acercándose más hasta que sus labios hicieron contacto con mi cuello, aquel beso mandó una holeada de escalofríos por mi cuerpo, dos suaves besos fueron repartidos sobre mi piel y yo había perdido el aliento, una risilla coqueta escapó de su boca antes de volver a recostar su cabeza sobre mi hombro, no dudo que haya notado mi falta de aíre, lo que no me explico es ¿Cómo puede mostrarse tímida e inocente en un momento y al siguiente es ella quién me tiene al borde del colapso? Hizo lo mismo el día de su despedida. Me encanta y la quiero más que a nadie.

Esta vez me aseguraré de que Korra esté conmigo, esta vez no permitiré que nadie más tome el lugar que me corresponde a su lado.


Bu! Se acerca Halloween así que es momento de que aparezcan las almas de los escritores frustrados! Jajaja XD Ok, no, pero bueno. Aquí estoy de vuelta.
Una disculpa por la demora pero me dio uno de esos bloqueos mentales y no lograba hacer que el capítulo resultara como yo quería así que me enojé y decidí ignorar el fic... Peeeeero en fin! Aquí el capítulo. Espero lo hayan disfrutado, espero haya salido bien. (Porque luego de mi bloqueo temporal no estoy segura de que el resultado me sea del todo satisfactorio hmmm)
Un saludo a todos! Espero estén bien.
Celebremos todos juntos el regreso del invierno! Falta poco :')
Nos leemos en la siguiente actualización. (Pronto, lo prometo).
CHAU!