Lentamente comenzó a abrir los ojos, nada, su alrededor se encontraba envuelto en penumbras. Suspiró lenta y pausadamente disfrutando del agradable aroma a jazmín, poco a poco comenzaba a recuperar la conciencia, instintivamente se acurrucó aferrándose al cuerpo que descansaba a su lado. Una sonrisa involuntaria apareció en su rostro al recordar lo que había ocurrido la noche anterior.
- Asami… - Murmuró cerca de ella, no hubo respuesta, la respiración de la pelinegra era suave y rítmica, aún dormía profundamente. Apoyando el peso de su cuerpo sobre el codo derecho se enderezó un poco y encendió una llama sobre la palma de su mano izquierda para iluminar la habitación. Cuando sus ojos perezosos lograron enfocar la vela sobre la mesa lanzó una pequeña flama y la encendió.
Volviendo a su cómoda posición al lado de Asami comenzó a observar los detalles de su rostro, era hermosa, de eso no cabía duda, su piel era suave y completamente lisa, recordaba la pelea que habían tenido con Amon y la manera en que aquel rebelde se había atrevido a lastimar a su querida amiga. Ahora no quedaban marcas de los golpes que había recibido, resultaba difícil creer que Asami fuera una guerrera peligrosa ya que nada en su apariencia daba indicios de ello, siempre vistiendo tan pulcramente y manteniendo una postura elegante con movimientos finos y palabras formales, lo último que pasaría por la mente de cualquiera al llegar a verla sería que aquella chica fuera capaz de patear traseros, pero a Korra le quedaba en claro que Asami podía hacer eso y más, la había visto en acción y no le cabía duda alguna de que la líder del asentamiento en Ciudad República era alguien digno de temerse.
Suavemente comenzó a acomodar los mechones de cabello negro detrás de su oreja, la había extrañado y no se había dado cuenta de lo mucho que le había hecho falta su presencia hasta ese momento que la podía tener a su lado y contemplara con toda libertad.
Asami era especial para ella, era diferente, desde un inicio le había transmitido una sensación de seguridad que no tenía con nadie más. Siempre había hablado bien del Avatar y su misión, siempre se había mostrado entusiasta respecto al tema y siempre se mantenía abierta a cualquier tipo de conversación. Había sido ella la responsable de que el resto del pueblo comenzara a confiar en su presencia, había sido ella quién se ofreció a cuidarla cuando lo necesitó, incluso había guardado su tan codiciado secreto sin que ella se lo hubiera pedido, Asami se mostró comprensiva con su identidad como el Avatar y la apoyó sin condiciones. Incluso ahora era ella quién le ofrecía un descanso de su alocada y peligrosa realidad. ¿Quién más en el mundo sería capaz de ofrecerle al Avatar refugio y protección? Nadie más que su increíble y única Asami Sato.
- ¿Qué hora es? – La escuchó murmurar adormilada.
- Ni idea. – Respondió sintiéndose completamente perdida en el momento, sus ojos devoraban la imagen de la pelinegra, su figura era irresistible. Aquella blusa blanca cubría delicadamente la rosada piel bajo ella, los suaves y contorneados pechos de Asami se podían apreciar a través de la delgada tela. ¿Cómo se suponía que debía apartar la mirada de ahí? Sus piernas largas y torneadas completamente al descubierto, no estaba segura si todo aquello había sido a propósito pero la falta de prendas en aquel maravilloso cuerpo causaba serios estragos en su mente. Bien, otra cosa que solo Asami era capaz de despertar en ella, un extraño cosquilleo por todo el cuerpo que le erizaba la piel y le causaba escalofríos, enloquecía su corazón, nublaba su razonamiento, agitaba su respiración, tensaba sus músculos y la hacía divagar con escenas que no consideraba para nada apropiadas. Como una dulce y agonizante tortura que disfrutaba y al mismo tiempo detestaba pues se sentía fuera de si misma con el temor de perder el control sobre sus propios movimientos.
- ¿Cómo nos daremos cuenta de la hora? – Sonrió la mayor mostrando su blanca sonrisa dirigiéndole una breve mirada a la morena antes de acercarse a ella y acurrucar la cabeza en el espacio entre su hombro y cuello.
- Ehm… ni idea. – Respondió casi sin pensar. Durante la madrugada se había sentido un poco nerviosa bajo la cercanía del cuerpo de Asami y su escasez de ropa pero el cansancio le había impedido prestar atención a los pequeños detalles, el delicado e increíblemente suave pecho de su amiga presionado contra el costado de su cuerpo era algo difícil, o más bien, imposible de ignorar.
- Bien, entonces puedo dormir un poco más. – Bromeo la ojiverde aferrándose con fuerza a la morena.
- ¿N… no crees que ya has dormido suficiente? – Tartamudeó al inicio y maldijo internamente, de verdad necesitaba controlar sus pensamientos.
- Tal vez, pero no me vendría mal escapar de mis deberes por más tiempo diciendo que no tenía idea de la hora. – Rió por lo bajo.
- ¿Me darías un recorrido por el pueblo? Claro, cuando estés libre. Para poder tener una idea más clara de los cambios que hicieron. – Habló con cierto entusiasmo en su voz que no pudo evitar, aquel era un buen motivo para pasar más tiempo con Asami.
- Eso me parece una gran idea. – Meditó Sato mirando el techo de la habitación. – Mañana ¿Te parece bien? Creo que el día de hoy me he escapado toda la mañana y no pienso aparecer sin antes bañarme así que seguro me presentaré cerca de las dos de la tarde en la oficina, eso ya es suficiente irresponsabilidad por este día. – Concluyó sin moverse de su cómoda posición y ambas rieron brevemente.
- Me parece bien, mientras tanto ¿Me acompañarías a comer el día de hoy? – Invitó la ojiazul con voz gentil acariciando el suave rostro de Asami, no es que de pronto hubiera encontrado la valentía para superar su nerviosismo, simplemente se había dejado cautivar por los brillantes ojos de su amiga, no era la primera vez que esto ocurría, a veces simplemente dejaba de pensar y al hacerlo actuaba con seguridad invadiendo el espacio de la pelinegra para disfrutar de ella, al hacerlo siempre se encontraba con una expresión invaluable en aquellos hermosos ojos, inseguridad y nerviosismo, algo que en contadas ocasiones había podido ver en ella, incluso sus mejillas se habían ruborizado, sonrió.
- Si. – Murmuró Asami sin cortar con la conexión entre sus miradas, su respiración chocaba con la de ella, silencio, la distancia entre ambas comenzaba a extinguirse a medida que la ojiverde deslizaba su mano derecha por detrás del cuello de la morena.
- Asami… - Habló a escasos centímetros de sus labios.
- ¿Hm? – Indicó sin ser capaz de formular una mejor respuesta.
- ¿Quieres ser mi novia? – Arrojó la pregunta que había revoloteado en su cabeza durante los últimos tres años, esta vez no quería dejar nada a la deriva. Tres años lejos de ella le habían dejado algo en claro, necesitaba saber que Asami Sato correspondía a sus sentimientos, necesitaba sentirse tranquila al pensar en ella y saber que compartían un vínculo más allá de una amistad. Sus sueños no la habían dejado en paz, tampoco los profundos suspiros que escapaban de sus labios al recordar su imagen, su voz, su aroma, sentía algo por ella, algo inquietante que no podía comparar con los sentimientos que compartió con Mako, era algo más fuerte… era algo que no había podido ignorar u olvidar, era la primera vez que se sentía de tal manera así que era difícil descifrar o describir lo que era.
No hubo palabras que respondieran su pregunta, los ojos de Asami se abrieron como platos y su rostro se iluminó por completo, Korra sonrió y rió por lo bajo pegando su frente a la de ella.
- De verdad no esperaba obtener tal expresión de ti. – Habló con tono divertido, Asami arrugó las cejas y resopló.
- No tienes… no deberías ¿Qué expresión? – Balbuceo hasta que sus palabras fueron silenciadas por los labios de la morena, un profundo suspiro escapó de ella al sentir aquel beso, su cuerpo se relajó y sin pensarlo correspondió siguiendo fielmente los movimientos de los dulces labios que danzaban sobre los suyos.
- ¿Entonces? – Presionó la ojiazul sosteniendo su barbilla con suavidad sin despegar sus frentes.
- ¿De verdad necesitas preguntar? – Murmuró sin aliento.
- De verdad quiero saber. – Insistió bajando la mirada hacia sus labios.
- ¿Incluso si fui yo quién se las arreglo para robar tu primer beso? – Sonrió de forma traviesa logrando obtener una pequeña risa por parte de la morena.
- Si ¿Qué tal si algo cambió durante estos tres años? – Acarició su rostro suavemente.
- Nada ha cambiado. – Suspiró disfrutando de sus caricias posando su mano sobre la de ella para sostenerla sobre su mejilla. – Me alegró escuchar que tú y Mako habían terminado su relación poco antes de tu partida, desde entonces había esperado con ansias tu regreso. No se que es lo que hay en ti Korra, pero desde que llegaste al asentamiento cautivaste mi atención. – Razonaba mirando sus ojos.
- Tal vez el misterio de mi identidad como Avatar… - Propuso.
- No, no es eso. –Suspiró con una sonrisa. – También lo había pensado pero esa no es la respuesta. – Concluyó.
- Entonces, si nada ha cambiado… - Inició de nuevo la morena.
- Si, quiero ser tu novia y que seas tú la mía. – Respondió manteniendo su mano sobre el rostro de la joven Avatar que sonreía de oreja a oreja.
– Perfecto. – Habló Korra. – Pero debo aclarar un par de cosas pues esto no sería justo de no ser así. – Acarició la mano que se posaba sobre su mejilla.
- Te escucho. – La animó la ojiverde.
- Soy el Avatar. Mi vida no es sencilla. Voy y vengo y nunca me puedo quedar en un solo lugar. Si alguien se entera de que tú y yo tenemos una relación como tal te verías envuelta en un mar de problemas y esto también le traería problemas a tu pueblo. Estar a mi lado es algo peligroso así que es preferible mantener esto como un secreto. – Confesó con preocupación. – Lo pensé, lo pensé mucho durante mis viajes e intenté olvidar mis caprichos pero en cuanto te vi lo olvidé todo. Tu recuerdo me acompañó día a día hasta nuestro reencuentro. De verdad me es imposible ignorar el caos que creas en mí cuando te veo, pero si decides mantenerte a distancia a consecuencia del peligro que conlleva mi vida no me opondré y con gusto te conservaré como la invaluable amiga que siempre has sido para mí. – Sus ojos examinaron la expresión de la pelinegra que la miraba de regreso con una sonrisa cálida y reconfortante.
- Te lo dije antes y te lo digo ahora. Estoy dispuesta a cuidar de ti, en este pueblo todos lo estamos. Siempre que estés aquí no tendrás nada que temer. Aquí puedes ser Korra, la hermosa joven hija de los líderes de las tierras frías del sur, una chica divertida y de corazón humilde y sencillo, olvídate de tu título de Avatar. Eres parte de nuestro pueblo, para nosotros no representas un problema. Muy por el contrario, nos inspiras a seguir y me parece justo devolverte un poco de ese apoyo que tú le brindas a todo el mundo. – Acarició su cabello suave y lentamente. – En cuanto a mí, tampoco puedo ignorar lo que siento cuando estás cerca. Esperé mucho tiempo y tuve que soportar verte al lado de Mako. Soy la líder de este pueblo y me las he arreglado para moldearlo y adaptarlo al futuro que tengo en mente para todos. ¿De verdad crees que un grupo de rebeldes me mantendría lejos de ti? – Rió suavemente notando el alivio en los ojos azules de su compañera.
- Gracias. – Murmuró la castaña acercándose para besar suavemente sus labios sintiendo como si una cálida descarga eléctrica le recorriera el cuerpo al hacer contacto con ella. Desde aquel primer beso robado, Asami Sato había demostrado tener un efecto devastador sobre ella, lograba abolir por completo su razonamiento, mariposas en el estómago, escalofríos sobre su espalda, dificultad para respirar, falta de coordinación en sus movimientos. Y lo que era peor, se sentía irremediablemente atrapada por aquella variada gama de sensaciones, era adictivo e imposible de resistir.
Ambas volvieron a enganchar sus miradas al concluir el beso.
- ¿Sai? – Preguntó la mayor abriendo sus ojos ampliamente al localizar al zorro que se encontraba sentado detrás de la figura de la morena.
- ¿Quién? – Volteó Korra encontrándose con el espíritu que las vigilaba. – Un gusto. – Comentó La ojiazul y Asami rió por lo bajo.
- Me están buscando en el pueblo. – Murmuró juntando su frente a la de la morena.
- ¿Cómo sabes? – Cuestionó ella.
- Es difícil de explicar. Creo que he pasado demasiado tiempo con Sai, tengo una extraña conexión con él. Es raro pero nunca me equivoco cuando me vienen estos presentimientos.' Aclaró encogiéndose de hombros.
- Nunca dejas de sorprenderme. – Suspiró la ojiazul depositando un cálido beso sobre la frente de su novia, Asami suspiró y agachó la mirada mostrándose un poco pensativa.
- No es mi intención sorprender a nadie… - Inició. – Pero a veces las cosas simplemente se dan de esa forma. Este lugar está repleto de sorpresas. Tal vez te muestre otras tantas cuando te lleve al recorriendo por la ciudad. – Resolvió ofreciéndole una sonrisa alegre.
- ¿Más sorpresas? – Arqueó una ceja.
- Aún no escuchas las mejores. – Jugó la pelinegra guiñándole el ojo.
- Deberías decirme de una vez. – Arrugó el entrecejo sintiendo como su rostro ardía de pena, aquellas expresiones traviesas que Asami le dedicaba siempre tenían ese efecto sobre ella.
- Paciencia. – Rió para luego enderezarse. – Debemos volver. – Indicó comenzando a tomar la ropa que había dejado a un lado de las cobijas al tiempo que la joven Avatar luchaba por apartar su mirada de la hermosa chica mientras volvía a vestirse apropiadamente.
\(e.e)/
- Te has vuelto más fuerte. – Escuchó una voz familiar.
- ¿Eso piensas? – Sonrió mirando por encima de su hombro para ubicar la figura de Lin.
- No lo pienso, estoy segura. Se refleja en tu mirada y en tu cuerpo también. – Arqueó una ceja. – Lo que me lleva a pensar que tuviste experiencias difíciles. – Añadió al detenerse a su lado.
- Algo hay de eso. – Suspiró volviendo a concentrar la mirada sobre los campos de cultivo que ahora lucían más grandes y frondosos.
- No espero que compartas lo que ocurrió, comprendo que revivir ciertos recuerdos a veces puede resultar doloroso. – Sonrió cálidamente colocando su mano sobre el hombro de la morena. – Solo quiero que sepas que pase lo que pase cuentas con mi apoyo. – Afirmo con un tono suave.
Korra sonrió cerrando los ojos, lentamente llenó sus pulmones de aire y de la misma manera comenzó a liberarlo. Tres años habían pasado desde que había podido disfrutar de esa sensación de tranquilidad, tal como Asami lo había dicho, el pueblo en las ruinas de Ciudad República la recibía con los brazos abiertos y la hacían sentir como en casa.
- Gracias Lin. – Abrió los ojos mirando a su amiga que le devolvió una sonrisa para luego volver su mirada hacia los cultivos. Ambas permanecieron en silencio durante un par de minutos hasta que Lin volvió a hablar. – Ba Sing Se. – Murmuró llamando la atención de la ojiazul.
- Un lugar asombroso. – Respondió al instante. – Sus muros debieron haber sido algo impresionante cuando aún estaban de pie. – Comentó teniendo cuidado de no guiar a Lin a un tema de conversación no deseado. Suyin le había explicado de la delicada situación que había entre ellas y de verdad no quería meterse en sus asuntos pues era obvio que Lin era más reservada que su hermana y tenía un temperamento un tanto difícil de manejar cuando se molestaba.
- Lo es. – Respondió con nostalgia en su voz, de nuevo el silencio se hizo presente, una cálida brisa acarició sus rostros. – La líder de Ba Sing Se. – Inició y de inmediato guardó silencio como si sopesara las palabras adecuadas para usar.
- Suyin. – Se adelantó la morena. – Una persona digna de admirarse, es una buena líder y una excelente madre. – Lin arrugó el entrecejo y exhalo con pesadez.
- Entonces está bien. – Murmuró.
- Excelentemente bien. – Aseguró sonriendo de oreja a oreja, había logrado mantener a Su y a su familia a salvo así como a todos los habitantes de los asentamientos de Ba Sing Se y eso era lo más importante. Poco valor tenían los recuerdos de las penurias que hubiese tenido que vivir como prisionera de Aiwei.
- Su familia… - Se mostró confundida, como si un debate tuviera lugar en su mente.
- Su esposo y cinco hijos. Todos están bien… a excepción de su hijo mayor. Tomó el camino equivocado pero creo que es posible restablecer la relación que alguna vez tuvo con Su y el resto de su familia. – Meditó recordando el rostro de Baatar.
- Parece ser que pasaste mucho tiempo con ellos. – Sonrió con debilidad.
- Ellos fueron mi refugio durante estos tres años. – Explicó concentrando su mirada en la descompuesta figura de Lin.
- Supongo que Su no pudo mantener la boca cerrada y te contó de mi relación con ella ¿No es cierto? – Rió brevemente.
- Estoy al tanto de que son hermanas. Suyin se entusiasmó bastante al escuchar que yo venía de este lugar y de inmediato preguntó por ti.
- Si, suena como algo que ella haría. – Volvió a suspirar dejando sus hombros caer.
- Se que las cosas no están bien entre ustedes pero no tengo idea de qué fue lo que pasó… de cualquier manera Suyin ha dejado eso en el pasado. – Se aventuró a decir temiendo la reacción que podría venir de la ojiverde.
- Me alegra que ella esté bien con las cosas así. – Gruñó entre dientes frunciendo el entrecejo y bufando.
- ¿Puedo preguntar qué fue lo que ocurrió? – Entrecerró los ojos esperando que la mayor terminara por explotar.
- Así que de verdad no te contó. Siempre se hace la inocente con todos. – Refunfuñó.
- No tienes que contarme si no quieres. – Pronunció con una risa nerviosa.
- Rompió las reglas eso hizo. Fue en contra de todo lo que nuestra madre alguna vez nos enseñó… no obstante años después volvió y tomó su lugar como líder de Ba Sing Se y miembro de la Orden de Loto Blanco como si nada hubiese ocurrido, de la noche a la mañana pasó de ser uno de los líderes rebeldes más temidos a ser la inocente y justiciera Suyin. – Resopló alzando las manos en el aire, de nuevo silencio.
- Tal vez su pasado tenga ciertas manchas que nunca podrán borrarse. Yo no viví durante esos años y no la conocí en aquel entonces. Lo único que me queda en claro es que hoy en día Suyin es una mujer respetable y que me apoyó de forma incondicional. Estoy en deuda con ella, su familia y sus pobladores. Deberías intentar darle una oportunidad a la hermana que tienes hoy y dejar de resentir cosas que ocurrieron años atrás. – Los ojos de Lin se llenaron de ira, luego de confusión y al final de resignación antes de volver a mostrarse iracundos.
- ¿Cómo es que logró ganarse un premio luego de actuar de la manera en que lo hizo? ¿Ves esta cicatriz de aquí? – Señaló su mentón. – Fue causada por uno de sus descuidos. Siempre actuando de forma impulsiva y descuidada y nunca nadie le marcó límites o impuso alguna consecuencia. – Continuó con su rabieta.
- Pienso que deberían hablar Lin y resolver las cosas. Se que no es de mi incumbencia pero no se necesita ser un genio para darse cuenta de que te preocupas por ella y que te importa su bienestar. – Concluyó volviendo a ver los cultivos y a la gente que trabajaba en ellos.
- Los años te han enseñado bastante chiquilla. – Arrugó las cejas. – Tal vez hable con ella después. Por el momento no puedo abandonar mi puesto, Asami me necesita aquí. – Se cruzó de brazos y continuó de pie acompañando a la morena. - De cualquier manera… es bueno saber que Su está bien. – Admitió negándose a mirar los ojos de la joven castaña que la observaban con un gesto divertido y acusador.
- Awww… las hermanas Beifong. – La molestó codeando suavemente su costado.
- ¡No tientes tu suerte chiquilla! – Amenazó señalándola con el rostro completamente enrojecido y Korra rió entretenida.
El resto del día lo dedicó a caminar por el pueblo, tenía más tiempo para recorrer las calles y edificios, muchas cosas habían cambiado, había muchas mejoras que no había visto en ninguno de sus viajes o nunca antes en su vida, tecnología que solo había podido conocer a través de la lectura ahora se materializaba frente a sus ojos.
Fundición de hierro, energía eólica, energía hidráulica, energía solar, generación de combustible a partir de caña de azúcar. Las armas de los guardias eran otra cosa que habían logrado sorprenderla, armas eléctricas, armas no letales. En definitiva eran avances importantes y beneficiosos para el desarrollo de la humanidad, las guerras y el derramamiento de sangre habían sido una de las principales causas de que todo hubiese terminado como lo hizo así que seguir esos pasos no tenía sentido alguno, Asami lo sabía bien y se notaba el esfuerzo que hacía día a día con el propósito de llevar a su pueblo a un desarrollo sustentable y pacífico.
Era impresionante notar el aumento de la población, tres años habían bastado para ascender de unos cuantos cientos a un par de miles y todos se movían de un lugar a otro realizando sus tareas como una máquina bien aceitada, todos en orden y con calma contribuían al acelerado desarrollo del pueblo.
Una agradable sensación llenó su pecho al ver la cantidad de niños que había jugando en los parques que habían sido diseñados especialmente para ellos, corrían felices de un lado a otro interactuando entre ellos con amplias sonrisas en sus rostros, se les notaba llenos de energía y libres de preocupaciones. Luego de haber contemplado a tantos niños sumidos en la difícil situación de tener que pelear por comida o por un lugar para pasar la noche era reconfortante poder escucharlos reír, era como si las cosas debieran ser de ese modo para todos los niños en el mundo. Lucharía por que así fuera pues estaba segura de que así debía ser.
Había compartido la cena con la familia de Tenzin y al mismo tiempo los puso al tanto de sus aventuras a través del antiguo Reino Tierra, una vez más se había abstenido de hablar sobre el método que utilizó para acercarse a Kuvira, estar ahí acompañada por sus amigos le causaba una gran alegría y al mismo tiempo lograba aumentar el remordimiento que había en ella por haber participado en las peleas de Bumi.
No había podido admitir aquellos actos frente a la encantadora mirada de Asami así que mucho menos lo había podido hacer con nadie más, Asami era la persona en quien más confiaba pero no quería saber que reacción obtendría de ella si se enteraba de las atrocidades que había realizado en el coliseo, no tenía excusa, tal vez podría haber buscado otra alternativa, su mente se había vuelto un caos al respecto así que prefería evitar el tema por completo.
Al anochecer otro rostro familiar apareció. Mako, el joven lucía tan apuesto como siempre y ahora también elegante con su uniforme de guardia. Se le notaba fuerte, recto y cálido, aquellos ojos color miel guardaban un cariño especial para la morena y ella estaba consciente de ello.
- Pasó mucho tiempo pero estaba seguro de que te volvería a ver. – Habló con tono firme y suave, su voz era así, reconfortante.
- Te dije que volvería. – Sonrió de lado, ambos caminaban uno al lado del otro, el sol se ocultaba en el horizonte y a medida que sus rayos se difuminaban unos focos comenzaban a encenderse en las calles.
- Llegaste con muchos "amigos" detrás de ti. – Indicó con tono sarcástico y una sonrisa en el rostro.
- ¿Qué puedo decir? Suelo causar ese efecto a cualquier lado que voy. Lo mío es hacer amigos. – Se encogió de hombros y continuó caminando a paso lento.
- Asami fue blanda con ellos. – Arrugó el entrecejo y Korra suspiró.
- Asami hizo bien, lastimarlos no resolvería nada Mako. – Aseguró con tono firme.
- Podríamos haberlos asustado más. – Sugirió con tono divertido y la morena rió brevemente.
- No, me parece que fue más que suficiente. – Suspiró con una sonrisa en el rostro que apareció sin que ella se diera cuenta mientras continuaba contemplando las estructuras que había en el pueblo.
- Ven, hay algo que debes probar. – Escuchó a su amigo decir antes de sentir como este la tomaba por la mano y la llevaba por las calles hasta llegar a un pequeño puesto de comida. Mako ordenó un par de cócteles de fruta y le otorgó uno a la morena. – La variedad de frutas nos permitió elaborar cosas como estas. Es delicioso. – Aseguró probando la fruta bañada en leche dulce.
- Esto es… - Gimió la morena rodando los ojos. – Dios, es exquisito y no contiene carne. Eso es difícil de creer. – Mako rió.
La luna se mostraba brillante en el punto más alto del cielo bañando la tierra con sus rayos de plata mientras ambos descansaban en una banca en la plaza central del pueblo.
- Te eche de menos. – Confesó el chico logrando apagar la sonrisa en el rostro de la ojiazul que de inmediato dirigió su mirada hacia la luna.
- Y yo a ti… - Titubeo, aquello no era mentira, los había echado de menos, pero no quería dar la impresión incorrecta pues lo primero que había hecho al llegar fue lanzarse a los brazos de Asami y de ninguna manera se retractaría de ello, al mismo tiempo no quería lastimar a Mako, era un buen amigo y quería mantener su amistad en buenas condiciones.
- Hay algo distinto en tus ojos… - Insinuó el pelinegro. – Desde el saludo que me dedicaste ayer, como si estuvieras insegura de algo. ¿Todo bien? – Suavizó la voz sin perder de vista a la morena.
- Todo está bien Mako… es solo que. – Lo miró de forma preocupada. ¿Estaría bien decirle que Asami y ella ahora eran pareja? Tal vez le parecería repentino o difícil de creer.
- ¿Disfrutando la noche? – Hablo la ojiverde acercándose a paso firme capturando la atención de los dos presentes en la plaza, las mejillas de Korra enrojecieron y Mako afilo la mirada.
- Asami. – Bufó él.
- Mako, Korra. – Saludó la líder de modo elegante deteniéndose a un par de pasos de ellos, la ojiazul había enmudecido, no lo había podido evitar, el impecable uniforme de Asami resaltaba su figura y le daba un aspecto imponente al tiempo que sus delicadas facciones destacaban aquel toque femenino que nunca la abandonaba.
- Lo siento Korra, me llevo más tiempo del que esperaba todo el papeleo sobre lo acontecido ayer con los intrusos… - Se disculpó con naturalidad, todos esos procesos cordiales siempre se le daban bien, sus gestos lograban enloquecer el corazón de la joven Avatar y estar consciente de que ella era su novia oficial solo empeoraba más el nerviosismo en su interior.
- No te preocupes por eso. – Se le escuchó hablar con torpeza después de intentar tragar el nudo inexistente que se había formado en su garganta.
- ¿Qué tal el día? – Sonrió de forma cálida manteniendo su posición.
- Perfecto, pude recorrer con más calma las extensiones del pueblo que no conocía y Mako me llevó a probar los cócteles de fruta, estoy segura de que podría cambiar uno de esos cócteles por algo realmente valioso en el mundo exterior. – Una pequeña risa escapó de los labios de Asami, sus miradas conectaron y el tiempo pareció detenerse en ese mismo instante hasta que escucharon a Mako aclarar su garganta.
- Asami. – Inició logrando que los ojos verdes de la chica se dirigieran hacia él. - ¿Te molestaría otorgarme un poco de tiempo a solas con Korra? – Pidió de la manera más atenta posible.
- Por supuesto. – Escuchó en respuesta. – Lo siento, no era mi intención interrumpirlos, me retiro, fue un día largo así que iré a descansar. Hasta luego. – Se dio media vuelta.
- Asami. – Habló la morena sin pensar.
- ¿Si? – La miró con una sonrisa.
- Uhm… Descansa. – Resolvió decir, ansiaba poder ir tras ella pero sabía que debía permanecer con Mako, tarde o temprano debían hablar al respecto así que cuanto antes terminara con eso mejor.
- Tu también. – Respondió con tono juguetón dirigiéndole una mirada coqueta que de inmediato paralizo a la chica.
El silencio reino durante el tiempo que le tomo a la pelinegra desaparecer a la distancia, Mako respiró profundamente reclinando el peso de su cuerpo contra el respaldo de la banca.
-Cuando te fuiste dijiste que seríamos amigos. – Comentó con tono sereno. – Me parece que puedes confiar en tus amigos ¿No es así? - Continuó perdiendo su mirada en la distancia.
- Si. – Concordó con brevedad sabiendo el rumbo que tomaría aquella conversación.
- Tres años pasaron para volverte a ver con bien. No esperaba nada de ti, solo quería saber que estuvieras sana y salva. No quiero que me mires con culpa o que me evites Korra, tres años me parece suficiente tiempo para pensar y superar ciertos caprichos. Eres mi amiga y me alegra tenerte de vuelta, no exigiré nada más de ti, solo tu compañía. – Declaró con una tenue sonrisa que la ojiazul pudo interpretar con facilidad.
- Mako yo… recuerdo lo que te dije aquel día.
- No querías lastimarme, lo entiendo. Desde entonces no es difícil notar la manera en que la miras, tres años han pasado y ese brillo en tus ojos solo aparece cuando ella está presente. – La interrumpió. – Me dijiste que no sería justo hacerme esperar por un periodo de tiempo indeterminado y que por eso era mejor conservar una amistad. Es fácil notar que no representó un esfuerzo para ninguna de las dos mantenerse en mente a través del tiempo y la distancia. – Arrugó el entrecejo.
- Lo siento. – Musitó colocando su mano sobre el hombro del joven.
- No tienes porque sentirlo. Al menos esperaste unos cuantos años antes de ir por ella. – Bromeo.
- Aún así es difícil… no era mi intención lastimarte. – Volvió a disculparse.
- Hace tres años tal vez lo habrías hecho. Ahora solo confirmaste mis sospechas... Estoy bien. – Aclaró encogiéndose de hombros.
- Gracias. – Suspiró aliviada estrechando a su amigo entre brazos.
- Es bueno tenerte de vuelta.
- Es bueno estar de vuelta. – Respondió al instante manteniendo el abrazo.
La conversación con Mako se alargó durante un par de horas más, a estas alturas ya tenía una versión resumida lista para ser contada a todo aquel que preguntara por sus viajes, no representaba una molestia tener que repetir la historia pero prefería ahorrarse el tiempo en detalles.
Al percatarse de la hora ambos decidieron que era momento de retirarse a descansar, el joven se ofreció a acompañar a la morena a su escondite pero ella declino la invitación insistiendo en que no sería ella quien estaría bajo la constante supervisión de Lin desde temprano durante la mañana del día siguiente. Siendo así se despidieron y cada quien tomó su camino.
Las ramas y tierra crujían bajo sus pies a cada paso que daba, poco a poco comenzaba a acercarse a los límites del pueblo para adentrarse al bosque, entre más caminaba más lento avanzaba, su mente dictaba seguir el rumbo hacia su escondite en la montaña pero su cuerpo se negaba a obedecer, mirando por el rabillo del ojo podía divisar a lo lejos el techo de la casa de los Sato, poco a poco fue girando la cabeza hasta que toda su atención se centro sobre aquel edificio, Asami, seguro dormía profundamente dentro de la comodidad de su habitación, sus pasos se habían detenido por completo.
Un suave "click" se escuchó tras remover el seguro de la ventana, con cuidado comenzó a introducirse en la habitación, luego de cerrar la ventana tras de si avanzó hasta la orilla de la cama de su adorada pelinegra desde donde la pudo contemplar acurrucada bajo la sábana, aquella simple imagen bastaba para pintar sobre su rostro una cálida sonrisa. ¿Por qué las cosas con Asami debían ser tan diferentes? El simple recuerdo de sus ojos bastaba para tranquilizarla sin importar la situación en la que se encontrara.
Lentamente comenzó a introducirse a la cama, había tomado una pantalonera y una blusa de tirantes de Asami para usar como pijama, después de todo la tentación había sido más de lo que ella podía soportar, quería estar cerca de ella, no había mucho tiempo, pronto debería volver a sus tareas como Avatar y entonces no podría disfrutar de la compañía de su chica.
- ¿Korra? – Se escuchó la voz adormilada de la ojiverde.
- Lo siento ¿Te desperté? – Habló con tono suave aprovechando para envolver a Asami entre sus brazos.
- Mmm... No… - Murmuró dejándose acurrucar en el abrazo de la morena, la obscuridad y el silencio reinaban la habitación, afuera se podía escuchar el canto de los grillos y otros animales, aquel pueblo era tal vez el único lugar en el planeta donde se podían escuchar esos coros durante las noches pues el resto del mundo parecía haber sido abandonado por la fauna silvestre.
Las fuertes manos de la ojiazul acariciaban el cabello de Asami una y otra vez de forma delicada como si se tratara de un objeto sumamente frágil y valioso que se pudiese romper si no tenía cuidado al tocarla.
- ¿Korra? – Suspiró la mayor.
- Si. – Sonrió.
- Te quiero. – Confesó escondiendo su rostro en el espacio que había entre su cuello y hombro.
- Y yo a ti. – La estrecho entre sus brazos disfrutando del suave aroma que siempre lograba robarle la concentración.
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- Como podrás ver las turbinas de estos molinos generan la energía suficiente para abastecer el consumo del pueblo y no hace falta que sean impulsadas por nada más que el viento. – Explicaba con entusiasmo al señalar los molinos, eran las doce del día, habían empezado su recorrido desde las ocho de la mañana y aún les faltaban muchas innovaciones por recorrer.
- Impresionante, entonces la energía de estas turbinas alimentan el consumo de energía de la bobina de la máquina que ayuda a fundir el hierro. – Razonaba en voz alta.
- Precisamente, toda esa energía proviene del viento, pero no nos limitamos a los molinos de viento, también tenemos algunos en los ríos y estamos planeando la integración de paneles solares, instalando uno en el techo de cada casa mejoraremos la producción de energía. Por el momento la energía que tenemos es más que suficiente, incluso producimos energía de sobra, el propósito de obtener más energía es ampliar más el pueblo, cientos de refugiados quieren tener un lugar en nuestras tierras pero si aceptamos a todos de forma desorganizada esto se volverá un caos, perderíamos el control y entonces no habría vuelta atrás. Eventualmente incluiremos a todos pero necesitamos un periodo para adaptarnos al cambio y para crear bases firmes dentro de nuestra cultura, bases que nos permitan desarrollarnos como gente responsable. Mientras tanto nos podemos enfocar en la ampliación y las mejoras en el manejo de energía para poder cubrir las necesidades de todos nuestros pobladores una vez que incluyamos a más gente.
La morena la miraba asombrada con una amplia sonrisa en el rostro. –Tienes grandes planes para el futuro. – Comentó contemplando el campo de molinos de viento.
- Me niego a aceptar que todos me den el crédito por estos planes e ingeniería. Estos no son inventos míos, lo único que hice fue tomar la información que ya existía para poder aplicarla a nuestro presente, todo estaba en los libros. – Objetó con un suspiro.
- Claro… pero dime ¿Qué otra persona en su sano juicio se habría lanzado a la jungla de donde nadie nunca sale? – Presionó la joven Avatar con una mirada acusadora.
- Cualquiera con la determinación suficiente. – Sonrió evitando hacer contacto visual con ella.
- ¿Si? ¿Y quién sería lo suficientemente obstinado y astuto como para convencer a un espíritu, que odia a los humanos, a prestar su conocimiento para ayudarlos? – Continuó acercándose a ella en busca de sus ojos.
- De nuevo, cualquiera con la determinación suficiente. – Intentaba no reír mientras miraba el cielo con el fin de no encontrarse con aquellos hermosos zafiros que le robaban el aliento.
- Lo lamento señorita pero todos esos actos tienen su nombre escrito por doquier, Asami Sato, nadie más. – La atrapó entre sus brazos comenzando a cosquillear sus costados, la pelinegra empezó a reír y a intentar escapar del agarre pero era inútil, la fuerza de Korra la superaba.
- Basta… ¡Korra! – Reía como una niña pequeña.
- Creo que debes aceptar el mérito de todo lo que está pasando. – Le habló con tono juguetón. – No me detendré si no lo haces.
- ¡Bien! ¡Está bien! – Aceptó sin aliento.
- ¿Qué está bien? – Murmuró cerca de su oído disfrutando de la cercanía.
- ¡Lo que dijiste! Me rindo… - Suspiró.
- ¿Qué eres la mujer más asombrosa sobre el planeta? – Hizo una pausa a la tortura de cosquillas para atrapar la mirada de la ojiverde con la suya.
- No... – Se escuchó su voz debilitada por la agitación y el nerviosismo que le había entrado al sentir el firme agarre de la morena sobre su cintura, estaba segura de que sus mejillas también se habían ruborizado.
- Cuida bien tu respuesta. – Amenazó Korra alzando una ceja, Asami rió negando con la cabeza.
- Esto se llama extorsión, estás manipulando mis respuestas. – Dijo posando sus brazos sobre los hombros de la ojiazul.
- Tal vez. – Murmuró a medida que se acortaba el espacio entre ellas. – Pero es verdad. – Habló a escasos centímetros de rozar sus labios.
- ¿Qué lo es? – Respondió.
- Eres la mujer más asombrosa en este mundo. – Sonrió de forma cálida.
- Después del Avatar, tal vez lo sea. – Se acercó para probar aquellos irresistibles labios. Moviendo los suyos suave y lentamente sobre aquellos disfrutaba el dulce sabor de la morena, al abrirse una pequeña brecha no dudó en rozar sus lenguas, aquel simple contacto erizó el vello sobre su piel, las fuertes manos de su chica la sujetaban firmemente acercando más sus cuerpos, la figura de Korra era delgada pero increíblemente firme, la había estado observando desde su llegada y sin duda su cuerpo era digno de admirarse, sus músculos curveados mantenían una silueta femenina y al mismo tiempo la proveían de una apariencia dura e inquebrantable, eso sin mencionar su mirada, unos ojos capaces de mostrarse más cálidos que la luz del sol y al mismo tiempo eran esos mismos ojos los que inspiraban temor, respeto y admiración en el campo de batalla.
Korra profundizó el beso explorando con calma cada rincón de la boca de Asami provocando una avalancha de sensaciones en la ojiverde, en esos momentos era presa de su adorada Avatar y completamente incapaz de negarle el acceso, los movimientos de la menor eran feroces y delicados a la vez, un beso que inició siendo cálido y tierno se transformó en uno candente y apasionado que sin esfuerzo alguno la despojó de su capacidad para pensar con claridad, era la primera vez que un beso tenía un efecto similar sobre ella.
- ¡Asami! – Se escuchó la voz de un joven, ambas chicas se detuvieron al escucharlo, Asami suspiró y Korra miraba alrededor en busca de la persona que había gritado.
- Es Tahno. – Comentó al reconocer su voz.
- ¿El chico del grupo de Amon? – Arqueo una ceja.
- El mismo. – Sonrió acercándose a ella para limpiar con cuidado los rastros de labial que habían quedado sobre su rostro. – Listo, no más evidencias. – Comentó sin despegar sus ojos de los de ella notando el rubor que se apoderaba de la piel morena de la chica.
- Espera. – La detuvo Korra antes de que se alejara y realizó el mismo movimiento para limpiar la piel de Asami. – Listo. – Le devolvió la sonrisa, el maquillaje difuminado sobre ella lucía excelente, le quitaba el color intenso que siempre la caracterizaba pero aún así el rosa tenue y más natural de sus labios resaltaba sus facciones, el hermoso verde de sus ojos, su cabello negro y ondulado, su piel blanca, no podía retirarle la mirada de encima.
- ¿De nuevo ella? – Gruñó el joven al encontrarlas.
- ¿De nuevo tú? – Respondió la castaña con tono firme arrugando el entrecejo.
- Tahno. – Se interpuso Asami. - ¿Ocurre algo? – Intentó distraerlos pues al encontrarse sus miradas el ambiente se había tornado denso.
- Si, yo intento obtener un poco de tiempo contigo durante meses y me dices que no tienes la oportunidad de hacerlo y cuando esta chica llega de la nada tienes todo el tiempo del mundo para llevarla a recorrer el pueblo. – Bufó y Korra apretó los puños.
- Tahno, te di una oportunidad de hablar conmigo, quieres entrar al ejército de Lin y te expliqué la manera en que eso funciona. No puedo hacer más por ti. – Explicó intentando ser cordial.
- ¿Qué no puedes? Eres la líder de este lugar. – Renegó. – Vamos, hazlo por un viejo amigo. – Se acercó y tomó ambas manos de la chica al tiempo que le dirigía una mirada suplicante.
- No puedo. – Suspiró dejando caer sus hombros, la morena los observaba detenidamente pues le molestaba la manera en que aquel chico había invadido el espacio de Asami.
- Lin nunca me va a dar una oportunidad. – Insistió acercándose un poco más hasta que una mano sobre su hombro lo detuvo al instante.
- Tendrás tu oportunidad si eres merecedor de ella. – Dictó la ojiazul apartando a Tahno de un movimiento y empujándolo hacia atrás. – Puede que parezca imposible pero créeme, es posible, yo lo logré, no veo porque tú no puedas. – Su voz era firme y segura al igual que su postura, aún así su intención no era iniciar una pelea con aquel joven, simplemente pretendía marcar los límites, Asami era suya, no podía hacerlo público pues debía protegerla pero se aseguraría de mantener a todos a raya.
- Tú… me resultas familiar. – Bufó él arrugando el entrecejo.
- Tú también me resultas familiar. – Sonrió la morena al responder siguiendo la conversación, sabía se había visto durante la batalla con Amon, o durante las curaciones que le realizó a los rebeldes pero le sorprendía que él no la recordara a ella, después de todo ella tenía la excusa de decir que habían sido muchos rostros y era difícil recordarlos todos, pero él solo debía haberse memorizado uno, el rostro del Avatar.
- Deberías irte a otro lado mujer, debo hablar con Asami. – Gruñó adoptando una posición agresiva.
- ¿Con esa actitud piensas poner a Lin de tu lado? – Le devolvió la mirada hostil sin cambiar su postura, podía derribarlo en cualquier momento sin problema alguno, aquel incauto no tenía ni idea de con quién estaba hablando, el Avatar, la Guerrera del Sur, y la hija de los líderes de las Tierras Frías del Sur, en efecto ella no era alguien que se pudiese tomar a la ligera, no era momento de pensar de tal manera, pero no podía evitar la satisfacción que le provocaba saber que lo podía aplastar en cualquier momento sin necesidad de esfuerzo alguno.
- ¿Tienes algún problema con mi actitud? – Dio un paso hacia ella.
- No, no me interesa que tan mala actitud tengas, pero deberías intentar hacer algo al respecto porque Lin no te volteará a ver hasta que no actúes como una persona sensata. – Continuó con el intercambio de palabras y el rostro de Tahno se torno completamente rojo al escucharla, apretando la mandíbula y los puños se preparaba para responder.
- Está bien, basta. – Interrumpió la ojiverde sosteniendo a Korra por el brazo. – Lo siento Tahno, este tiempo se lo prometí a Korra desde hace dos días. Además por más que insistas lo que te digo es verdad, no puedo hacer nada para que Lin te permita el acceso a sus filas, deberías escuchar a Korra y trabajar con tu actitud, cuando estés listo Lin te dará acceso. – Concluyó comenzando a caminar señalando a la morena para que la siguiera.
- ¡Asami! Nos conocemos desde chicos, sabes que pueden confiar en mí.
- Lo siento Tahno, es precisamente por eso que no puedo interceder por ti, en el pasado abandonaste el asentamiento para unirte a un grupo rebelde. En lo que a mi respecta no eres una persona de fiar. – Respondió sin detener sus pasos y asegurándose de que Korra la siguiera de cerca. – Lo siento Korra, así como él hay varios que intentan entrar al equipo de guardias de Lin. Claro, gracias a los espíritus solo Tahno es tan persistente, no podría soportar a más de uno como él. – Rió brevemente.
- Creo que entiendo lo que quieres decir. – Jugó la morena rodando los ojos y ambas rieron.
El día continuó de la misma manera, revisando cada uno de los avances más importantes y la manera en que ayudaban a satisfacer las necesidades de los habitantes del pueblo evitando el daño a la naturaleza. Al atardecer ambas habían llegado a las orillas del pueblo, se encontraban a punto de adentrarse en el bosque, Sai caminaba delante de ellas, Korra repasaba mentalmente cada una de las cosas que había visto, comprendía el funcionamiento de muchas de las máquinas que Asami le había enseñado, de cualquier manera la chica de ojos verdes se había encargado de explicarle todo aquello que no entendiera con términos sencillos y fáciles de comprender, aún así había algunas piezas que no encajaban en los planos.
- Asami. – Inició a medida que avanzaban siguiendo la guía del zorro.
- ¿Si? – La miró de reojo.
- Todo lo que me mostraste es estupendo, y estoy segura de que beneficiará a miles de personas y nos llevará en el camino correcto. Me alegra ver la manera en que ahora tienen el sistema y los medios necesarios para poder producir las piezas que podrían necesitar en esas máquinas, pero hay algo que no he logrado comprender. – Admitió haciendo una pequeña pausa.
- Creo que me puedo imaginar de que se trata. – Sonrió la mayor sin detener sus pasos.
- Los primeros dos días que estuve recorriendo el pueblo me di el tiempo de hacer unas cuantas preguntas, la curiosidad no podía faltar al ver aquellas enormes piezas de metal que componen los molinos o las bobinas que utilizas para los hornos que funden el metal, entiendo que ahora cuentan con un par de remolques y moldes para fabricar dichas piezas, pero… Cuando pregunté por las primeras piezas, los primeros moldes, los primeros molinos, los pobladores me dijeron que fueron los espíritus. No es que no crea que ellos sean capaces de realizar cosas impresionantes, es solo que… ellos manejan la naturaleza y la ayudan a desarrollarse. ¿El metal es algo que pueden manejar? – Razonaba con un rostro confundido, la pelinegra rió por lo bajo.
- Entiendo, supuse que preguntarías al respecto, todos lo hacen. Bien saben que obtuve la ayuda de los espíritus y que sin ellos no habría podido llegar tan lejos, así que es correcto pensar que todo es a causa de ellos, decir que lo es no es una mentira. – Habló con calma y Korra la escuchaba con atención.
- ¿Por qué habrías de considerar que decir tal cosa implica una mentira? – Añadió la ojiazul volviendo a dibujar una sonrisa en el rostro de la mayor.
- No es algo que haya considerado, simplemente aclaré que darle crédito a los espíritus por lo que ocurrió no es una mentira, algunos ponen en duda mis explicaciones, pero les digo la verdad, todo es gracias a los espíritus, ellos volvieron posible el desarrollo tan acelerado en nuestro pueblo. – Explicó con tono juguetón acelerando el paso a través del bosque obligando a la morena a seguirla.
- ¿Esa es tu explicación? ¿No te parece que es muy vaga? Podrías incluir algunos detalles y la gente tal vez dejaría de cuestionarte. – Continuó la plática sin perder el ritmo al seguir a la joven Sato. – Por cierto ¿A dónde vamos? – Preguntó un tanto agitada.
- Seguimos a Sai. – Dijo Asami encogiéndose de hombros.
- ¡Lo haces de nuevo! Respuestas vagas. – Renegó la morena y la ojiverde rió.
- ¿Quieres respuestas? Intenta seguirnos el paso sin usar los elementos. – La retó aumentando la velocidad siguiendo el rastro del espíritu que se movía agraciadamente sobre sus cuatro patas entre las ramas y arbustos del bosque.
- Será pan comido ¡Más vale que tengas las respuestas que busco! – Sonrió y la siguió de cerca, la persecución continuó durante unos cuantos minutos más, Asami corrió tomando la delantera y de pronto la morena la había perdido de vista, tampoco escuchaba sus pasos así que se detuvo con el fin de encontrar un indicio que le dijera por donde habían ido su chica y el espíritu del zorro.
- Seguro has de pasar mucho tiempo en estos bosques Asami… - Murmuró intentando encontrar su rastro, se notaba que la ojiverde era familiar con el área por la manera en que se movía entre los árboles, no estaba segura de en que tipo de juego se encontraba participando pero no importaba siempre y cuando tuviera la oportunidad de pasar un poco de tiempo con ella.
- Te dije que el día de hoy sería para mostrarte todo lo que hice para mejorar al pueblo ¿Cierto? Eres el Avatar, a ti no tengo porque ocultarte nada. – La sorprendió al bajar de la rama que había utilizado para desaparecer, los ojos de la morena se abrieron como platos debido al susto y de inmediato su expresión se suavizó al notar la cercanía entre ambas, solo eso había bastado para robarle cualquier tipo de pensamiento, sus ojos se encontraron y se sentía perdida en un lugar del que no quería aprender a encontrar la salida.
- Entonces Asami Sato tiene secretos eh. – Jugó moviendo sus cejas de arriba abajo logrando robar una pequeña risa de los labios de la mayor.
- Uno de ellos es su noviazgo con el Avatar ¿Crees que pueda tener secretos más grandes que ese? – Continuó el juego de la morena acercándose para besar sus labios de forma suave y cálida, aquel contacto causaba que un hormigueo recorriera todo su cuerpo, era fácil dejarse llevar por ese tipo de sensaciones pero no era el momento para eso así que no demoró en apartarse para volver a encontrarse con aquellos hermosos zafiros que reflejaban los tenues rayos del sol que ya comenzaba a ocultarse tras las montañas.
- No lo dudaría ni un momento, nunca dejas de sorprenderme. – Respondió la morena con tono suave acariciando el rostro de la pelinegra.
- Ni tú a mi… - Habló sintiéndose un tanto torpe, su corazón iba a toda prisa, las dulces palabras de Korra siempre lograban robarle el balance, sus piernas parecían estar a punto de sucumbir, seguro sus mejillas se habían ruborizado, debía continuar con su plan antes de que la distracción fuera más de lo que podía soportar. – Ven. – Sonrió tomando su mano y guiándola entre los troncos y arbustos para al fin salir hacia un acantilado que les brindaba una hermosa vista al mar. – Observa, el secreto de la ayuda que recibimos está en este paisaje. – Murmuró cerca de su oído al abrazarla por detrás y recargar la barbilla sobre su hombro, de nuevo sonrió al notar como la piel de Korra se había erizado.
- En el paisaje ¿Eh? – Repitió la morena inclinando su cabeza suavemente hacia la izquierda para juntar su mejilla a la de Asami envolviendo los brazos de la ojiverde con los suyos para afianzar más aquel cálido abrazo.
- Si, observa bien. – Suspiró disfrutando del momento, el corazón de la morena se encontraba a punto de estallar, era difícil concentrarse pero la diferencia en el paisaje era obvia, le había tomado una fracción de segundo notarlo pues tres años antes había recorrido aquellas montañas, conocía las vistas, el cambio era notorio para sus ojos.
- La isla de ahí. – Señaló con el dedo.
- ¿Qué hay de ella? – La incitó a elaborar en sus palabras.
- Es enorme. – Jugó y Asami rió por lo bajo.
- Si, me supongo. – Concordó para luego besar brevemente la mejilla de su novia. - ¿Algo más que desees agregar sobre la isla? – Le dio la oportunidad de seguir.
- No soy experta en geografía ni mucho menos, pero estoy segura de que las islas no se mueven de tal manera, si no me equivoco eso no estaba aquí tres años atrás. – Al fin utilizó un tono más serio.
- No es una isla. – Aclaró.
- Un enorme pedazo de algo cubierto de miles de pinos ¿No es una isla? – Insistió.
- No, está vivo, de él es de donde logramos obtener las especies animales que ahora habitan en nuestros bosques.
- ¡¿Está vivo?! – Pausó la morena apartándose un poco del abrazo.
- Si.
- ¿Y es esa misma criatura la que les ayudó a construir los molinos y demás? – Arqueo una ceja y Asami volvió a reír. – No, pero es gracias a esa criatura que pudimos elaborar esas piezas. – Aclaró.
- ¿Podemos ir a verla? – Se mostraba entusiasta. - ¿Tiene cara? Ha de ser enorme, seguro sus dientes tienen el tamaño de una casa. – Divagaba en voz alta con una amplia sonrisa en el rostro.
- El sol está a punto de ocultarse, podemos ir a verla mañana. – Propuso la pelinegra volviendo a besar la mejilla de Korra causando que sus rostro se enrojeciera.
- ¿No estarás ocupada mañana? – Preguntó de forma tímida tras aquel beso, después de todo aún se encontraba atrapada entre los brazos de la hermosa líder del pueblo.
- No, resolveré los pendientes en la mañana y por la tarde te llevaré a ver al león tortuga. – Murmuró dulcemente liberándola del abrazo para entrelazar los dedos de sus manos.
- ¡Hecho! ¿León tortuga? – Aquel nombre le resultaba familiar.
- León tortuga. - Confirmo. - Jinora tiene un libro que habla de los espíritus, vallamos a casa de Tenzin para que puedas leer al respecto y mañana estés bien informada. – Comenzaron a caminar de regreso con el espíritu del zorro siguiéndolas de cerca.
Enjoy!
Es tarde, debo madrugar así que les debo un comentario elaborado en este espacio... xD
En vez de eso diganme ustedes a mi ¿Qué les parece la noticia de que los comics de Korra salen en junio del año que viene? Hermoso, simplemente hermoso :')
Buenas noches!
