El enorme libro cayó sobre la cama y la morena aterrizó tras de él, abriendo las gruesas pastas comenzó a repasar superficialmente las hojas una tras otra deteniéndose al encontrar ilustraciones que se notaba habían sido elaboradas a mano, el libro era antiguo eso era evidente, Asami había dicho que no tenía idea de cómo aquel tesoro de la literatura había llegado a las pequeñas manos de Jinora pero ella tenía la respuesta a eso, seguro era un libro que originalmente habría pertenecido a Tenzin y antes que él seguro había estado en manos de algún otro miembro de la Orden del Loto Blanco, incluso podría haber pertenecido a Aang.
- Así que de esta manera te armaste de valor para entrar al mundo de los espíritus… - Comentó sin retirar la mirada de las páginas amarillentas.
- El valor ya lo tenía, el libro solo me proporcionó la información necesaria para no ir a ciegas, sabía a lo que me enfrentaría, aunque ningún texto, fotografía o video le harían justicia a la realidad, el mundo de los espíritus es hermoso. – Contestó sin dejar de moverse de un lado a otro en el interior de su habitación al comenzar con los preparativos para meterse a la cama, luego de deshacerse de las botas se introdujo en el armario y comenzó a cambiar su ropa por algo más cómodo, esta vez optó por un blusón holgado y suave que caía a lo largo de su cuerpo hasta la mitad de sus muslos, nada más, no le daba pena vestir poca ropa al estar en presencia de Korra, muy por el contrario, se sentía en total confianza, además le resultaba difícil resistirse al creciente deseo que le causaba un fuerte cosquilleo por toda la piel al saber que de nuevo tendría la oportunidad de descansar al lado de su hermosa novia, aquel simple pensamiento bastaba para acelerar los latidos de su corazón, su presencia era intoxicante, no estaba segura si todo aquel alboroto de sentimientos y sensaciones se debía a la extenuante espera de tres años que tuvo que pasar o si era algo que siempre había estado ahí, una cosa era segura, Korra tenía una extraña influencia sobre ella que nunca antes había sentido con nadie más.
- Ojala hubiese podido leer esto antes de entrar ahí y encontrarme con los ojos de Wa Shi Tong. – Rió la morena para si misma al encontrar una ilustración de la imponente lechuza negra.
- Debió ser difícil entrar ahí sin saber nada al respecto… sobre todo con Wa Shi Tong. – Concordó la ojiverde cruzando la habitación para entrar al baño con el fin de deshacerse de los restos de su maquillaje.
- Lo fue. – Habló en automático tomando el libro entre sus manos antes de girar sobre la cama para descansar sobre su espalda y poder continuar su lectura sosteniendo el libro en alto frente a sus ojos.
- Pero, según tengo entendido, el Avatar tiene contacto con sus vidas pasadas. ¿Aang no te dio ningún consejo antes de entrar ahí? – Dijo asomándose por el marco de la puerta para observar a la morena sobre su cama.
- Ojala fuera tan sencillo. – Bufó. – Debo concentrarme y conectarme con mi lado espiritual… ¿Te cuento un secreto del Avatar Korra? Desde chica fue excepcional con todas las prácticas y pruebas físicas pero si se trataba de las cosas espirituales se convertía en una alumna insoportable." Pausó y suspiró. "Con el tiempo dominé la técnica de la meditación y a conectarme más con ese lado espiritual, aún así a veces es complicado contactar con mis vidas pasadas, tienen voluntad propia, a veces no logro encontrarlos, a veces todos están ahí… me dan pistas y guías y luego desaparecen. – Concluyó encogiéndose de hombros y volviendo a su rápido repaso del libro.
- Ya veo, así que te guían por el camino indicado y luego se van. – Sonrió.
- Algo así, les gusta hablar usando acertijos y demás, supongo que después de la muerte todos quedan con un pensamiento misterioso digno de un fantasma y aprenden a plantear todas sus ideas con adivinanzas. – Renegó y la pelinegra rió.
- Tomaré este libro. – Inició robando el ejemplar de las manos de la ojiazul.
- ¡Hey! – Se quejó ella.
- Debes cambiarte para dormir. – Le ordenó depositando un beso sobre su frente. – Te lo devolveré en cuanto estés lista. – Se alejó caminando hacia el otro lado de la cama para recostarse sobre su lugar.
A Korra le llevo poco tiempo vestir la blusa blanca de tirantes y la pantalonera azul marino, no estaba segura si se trataba de una venganza pero la morena se había cambiado frente a ella cerca del sofá donde colocó la ropa que se había retirado, su piel morena mostraba múltiples marcas de batallas pasadas, no solo eso, también descubrió otro tatuaje en la parte trasera de su cadera. Disfrutaba apreciando los fuertes músculos de su espalda delineados por su piel, la ojiazul era fuerte, no había manera de contradecir eso, aún así ella tenía la fortuna de sentir el lado más cálido y suave que la actual Avatar podía ofrecer, caricias gentiles, abrazos llenos de ternura y cuidado, era difícil creer que alguien con la complexión de Korra tuviera la capacidad de tratar a alguien con tanta delicadeza.
- Bien, estoy lista. – Escuchó a su chica al tiempo que subía a la cama, sacudiendo la cabeza salió del trance en el que se había sumido a causa de la enorme distracción que suponía la atlética y femenina figura de su novia. - ¿Libro? – Extendió una de sus manos demandando el ejemplar.
- No lograrás leerlo completo en una noche. – Sonrió haciendo entrega del libro, la morena sonrió. – Nada pierdo con intentarlo. – Respondió devolviendo la sonrisa y tomando el objeto entre sus manos.
- Te equivocas, una noche de sueño, eso pierdes. – La corrigió acercándose a ella para acurrucarse entre sus brazos recargando la cabeza sobre su pecho, la morena se encontraba sentada en la cama apoyando el peso de su espalda sobre la cabecera, uno de sus brazos rodeaba la figura de la pelinegra y con ambas manos sostenía el libro abierto frente a sus ojos recargando el peso del ejemplar sobre sus muslos. – Solo leeré un poco. – Prometió besando brevemente la frente de la ojiverde.
- ¿Podrías leer en vos alta? – Pidió antes de suspirar y relajar todos y cada uno de sus músculos, el simple aroma de la morena bastaba para llenarla de un sentimiento de dicha y tranquilidad, eso sin incluir el calor de su cuerpo y el sonido de su voz o la gratificante imagen que obtenía al alzar la mirada y poder ver sus hermosos ojos y su encantadora sonrisa, todo ello en conjunto parecía irreal ¿Cómo era posible que aquella chica pudiese cautivarla de tal manera? La respuesta a ello tal vez nunca vendría, tal vez nunca sería una respuesta concreta y objetiva así que no le quedaba más que disfrutar y estaba dispuesta a hacerlo. Tres días habían pasado desde su regreso y todas aquellas interacciones entre ellas se daban de forma tan natural, no planeaba detenerse a pensar en las posibles causas detrás de aquella química que se daba entre ellas, simplemente lo disfrutaría lo más que pudiera.
- Cómo usted desee señorita Sato. – Bromeo utilizando un tono formal, ambas rieron por lo bajo y la morena comenzó a leer con voz suave y de manera fluida, aquello, por más simple que pareciera, era una característica distintiva de las personas privilegiadas pues el resto de la población no tenía tiempo que perder en la literatura, la lectura de Korra no solo era fluida, era clara y pronunciada con seguridad, se notaba que la educación que recibió había sido de buena calidad, este tipo de detalles podrían delatarla ante los ojos de cualquier rebelde como a una personalidad importante, por eso era natural que la gente evitara leer libros en público, nadie quería arriesgarse a ser atrapado por algo tan trivial como la lectura de alguna novela, pero esta noche Korra leería solo para ella, no había nada que temer dentro de la seguridad del pueblo.
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- ¡No me interesa si el mundo se vuelve en mi contra! Korra es mi mujer y la protegeré y apoyaré a lo largo de su camino. – Dictó con seguridad abriéndose paso hacia la plaza central del pueblo.
- ¡Hija! Comprendo que te encuentres completamente enamorada de la chica, pero debes ser más prudente. ¡Piensa en el bienestar del pueblo! – La seguía Hiroshi de cerca jadeando en un intento por recuperar el aliento y mantener el paso de la apresurada chica.
- Volví al pueblo lo suficientemente fuerte para que sea capaz de enfrentarse a cualquier adversidad, todos juntos volveremos a recuperar este planeta. Y yo estaré al lado de ella y todos sabrán al respecto. – Continuó sin poner pausa a su paso.
- ¡Asami! – La llamó preocupado pero la chica no se detuvo y subió al templete tomando su lugar al frente de todo el pueblo.
- Los cite a todos aquí el día de hoy para anunciar oficialmente que Korra, también conocida como el Avatar, es mi novia, como líder de este pueblo declaro abiertamente nuestro apoyo hacia el Avatar y todos estaremos listos para enfrentar a todo aquel que desee ir en contra de ello. – La gente aplaudía y gritaba con entusiasmo, una sonrisa triunfante apareció sobre su rostro.
- ¿Piensas aplastar a cualquiera que no apoye tus ideales? – Se escuchó una voz rasposa y dolorosamente familiar para la ojiverde que de inmediato sintió varios escalofríos subirle por la espalda. Con temor giró la cabeza y a su lado se erguía Amon, sangre le corría de la frente hacia la barbilla, un pequeño charco de sangre se había formado a sus pies, sus ojos sin vida la observaban con detenimiento y una macabra sonrisa se dibujaba sobre su rostro. - ¡Adelante! Apoyen a Asami Sato, no se sorprendan si de pronto son ustedes lo que pierdan los sesos tras un disparo. – Se burló.
- Yo… yo nunca. – Balbuceo sintiendo como todo su cuerpo temblaba al ser dominada por el terror.
- Si, me disparaste porque la vida de esa chica es más importante para ti que nada en este mundo. Aplastarías a cualquiera que se atreva a amenazarla, así como conmigo, tomarías más vidas sin dudarlo. – Resonaba su voz a lo largo y ancho del lugar que de pronto se había tornado en una noche completamente obscura, sin estrellas o luna no había nada a su alrededor, solo la lúgubre figura de aquel hombre muerto caminando lentamente a su alrededor sin quitarle la mirada de encima, la sangre continuaba corriendo.
- ¡No es así! – Gritó apresurándose a colocar las manos sobre sus oídos para bloquear aquellas tóxicas palabras.
- Asami. – Escuchó una voz gentil, mirando alrededor no encontraba nada, solo la aterradora mirada de Amon sobre ella, le resultaba difícil respirar debido al peso que sentía sobre el pecho, sus manos sudaban y el corazón le iba a toda prisa, el terror se apoderaba de ella. – Asami. – Volvió a escuchar aquella dulce voz que la llenaba de felicidad y esperanza. ¿Dónde? Volvió a mirar alrededor.
- ¿Korra? – Murmuró con voz atemorizada.
- Asami. – Escuchó y sintió una cálida mano posarse sobre su hombro, al girar pudo ver la figura de la morena emergiendo entre las sombras, sin dudarlo se lanzo hacia sus brazos para buscar refugio, su aroma, su calor, el latido de su corazón, poco a poco comenzó a recuperar la compostura. – Yo no quería asesinarlo… - Se lamentó.
- Lo sé. No hubo opción. – La reconfortó acariciando su cabeza suavemente.
- No quiero volver a encontrarme con esa situación. – Dijo aferrando sus manos a la espalda de la morena arrugando su blusa.
- No lo harás. – Susurró cálidamente. – Despierta. – Escuchó.
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- ¿Korra? – Murmuró perezosa abriendo lentamente los ojos para encontrarse con los brillantes zafiros de la morena mirándola con impaciencia.
- Valla que tienes el sueño pesado. – Bromeo Korra con una de sus encantadoras sonrisas, poco a poco comenzó a reconocer el lugar donde se encontraban, su habitación, se había quedado dormida mientras Korra leía, suspiró aliviada.
- Si, lo siento. – Rió por lo bajo intentando calmar su agitación, había sido un sueño, o más bien, una horrenda pesadilla. - ¿Qué ocurre? – Compuso preguntar al darse cuenta de que en efecto la morena la había despertado y a juzgar por la vista que podía obtener de la ventana, aún era de noche.
- Bueno, continué leyendo. – Inició, se le notaba especialmente emocionada, bien podía atreverse a adivinar a que se debía. - ¿Si? – La incitó a seguir.
- El león tortuga. Sabía que lo había escuchado mencionar antes. – Habló con palabras apresuradas.
- ¿Oh si? – Le dio la oportunidad de seguir, ahora su rostro lucía una sonrisa genuina, ver a Korra entusiasmada era como ver a una niña de ocho años, sus ojos brillaban y una amplia sonrisa dominaba sus labios, también se mostraba inquieta y hablaba a prisa, le encantaba, no podía decir nada más.
- Las viejas historias plantean que fueron estas bestias quienes le otorgaron el poder sobre los elementos a las personas. – Narró sin retirar su mirada de los ojos de la pelinegra. – El libro también hace mención de ello. Dijiste que fue gracias a ellos que pudieron elaborar aquellas piezas de metal… - La miraba de forma expectante.
- Así es. – Respondió con tono juguetón.
- ¡Agh! Vamos, basta de acertijos, yo puedo manejar el metal gracias a mi control sobre el elemento de la tierra. ¿Te otorgó el poder de manejarla? – Preguntó haciendo una pequeña pausa antes de murmurar. - ¿Eres una maestra tierra?
- No lo soy. – Rió entretenida y Korra arrugó el entrecejo y la nariz.
- ¡Estoy segura que es eso! ¿A que se debe tanto misterio? – Renegó saltando sobre ella, Asami comenzó a luchar intentando escapar de la tortura de cosquillas pero sus movimientos habían sido torpes, aún se encontraba un tanto adormilada.
- ¡Korra! Korra… - Bajo la voz intentando mantener la compostura. – Despertaremos a mi padre. – Suplico entre risillas silenciosas.
- Entonces será mejor que confieses. – Presionó. – Eso, o que no hagas mucho ruido si no quieres que nos atrape. – Agregó con tono juguetón logrando ruborizar el rostro de la ojiverde, sus miradas se cruzaron y pronto la morena se había distraído, sus labios chocaron y de inmediato los dedos de Asami se enredaron en el cabello de la castaña, las manos de Korra que antes descansaban sobre los costados de su chica dejaron de presionar sus costillas y lentamente comenzaron a subir por su cuerpo, no eran movimientos que hubiese planeado, simplemente se dejaba llevar por el momento, no paso mucho tiempo antes de que fuera notoria la agitación de ambas.
- Confiesa. – Jadeo contra sus labios al hacer una pausa.
- No miento. – Hablo brevemente antes de acercarse a besar un par de veces más a la morena. – No soy maestra tierra. – Completó y la ojiazul se apartó del beso para conectar sus miradas.
- ¿No? – Le habló con ternura pegando su frente a la de ella dibujando pequeños círculos invisibles a lo largo de su brazo derecho con la punta de los dedos.
- No. – Cerró los ojos y suspiró, si pudiese detener el tiempo a voluntad tal vez ese sería el momento ideal, ella al lado de la morena creando recuerdos que solo ellas dos compartirían.
- ¿Maestra agua? – Sugirió para luego repartir varios besos suaves sobre la mejilla y cuello de su chica.
- No. – Sonrió pues aquellos besos le causaban cosquillas y unos cuantos escalofríos. – Ya quitaste dos de la lista, me decepcionas, pensé que lo adivinarías al primer intento. – Jugueteó, la morena hizo una pausa para encontrarse con sus ojos, su mirada lucía inusualmente seria y seductora a la vez, como si cazara cada una de sus reacciones, su corazón parecía haberse detenido en ese mismo instante.
- Fuego. – Aseguró la joven avatar acariciando su mejilla.
- Podría ser. – Jugó acomodando un mechón de cabello detrás de la oreja de su novia.
- No, estoy segura de que es fuego. – Sonrió Korra.
- ¿Por qué? – Demandó la explicación.
- Naturalmente debí haber sido una maestra agua, nací en una tribu agua, mi elemento opuesto es el fuego. Lo puedo sentir en ti, tu carácter es digno de un maestro fuego, tu mente, tan brillante e inquieta, dispuesta a conquistar todo aquello que nadie se atrevería si quiera a considerar… - Habló vagamente delineando fielmente el contorno del labio inferior de la ojiverde con la yema de sus dedos, sus respiraciones chocaban. – Además, tu cuerpo es cálido, más de lo que solía ser, lo recuerdo bien. – Rozó sus labios y la pelinegra se aseguró de profundizar el beso disfrutando de rozar suavemente su lengua con la de ella.
- Fuego y agua ¿Eh? – Sonrió elevando su mano derecha con una pequeña flama flotando en el medio de su palma, los ojos de la morena se abrieron ampliamente en sorpresa y acto seguido apareció una sonrisa igual de grande.
- ¡Increíble! – Celebró.
- Shhhh. – Silenció la pelinegra entre risas abrazando a la morena y girando para acurrucarla entre su brazos. – Despertarás a mi padre y se enfadará, no quiero que te mande a dormir a otra habitación por estar de ruidosas. – Advirtió y Korra sonrió de forma traviesa.
- No te preocupes, me puedo escabullir por la ventana y volver a tu cuarto en un parpadeo. – Resolvió orgullosa y ambas rieron por lo bajo. - ¿Qué tanto dominas el elemento? – Cuestionó sin poder evitar el entusiasmo en su voz.
- Mañana te enseño. – Dijo en respuesta y la morena suspiró haciendo un puchero.
- Quiero ver. – Renegó.
- Duerme. – La besó brevemente. – Debo madrugar para ir al trabajo, luego de la comida te llevo con el león tortuga y ahí te muestro. – Decretó con tono firme pero gentil.
- Bien. – Accedió la ojiazul al resignarse acurrucándose en el abrazo, a final de cuentas podría pasar tiempo con Asami y eso era lo que importaba.
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- ¡Korra hacia aquí! – Gritó Ikki desde el lado opuesto del parque al tiempo que Kai, Meelo y Rohan corrían hacia ella.
- ¡Alto ahí forastera! – Exclamo Meelo lanzándose hacia el balón que reposaba a los pies de la morena.
- Demasiado lento pueblerino. – Habló con tono presumido moviendo la pelota con sus pies logrando evadir la embestida del niño.
- Tienes grandes habilidades, pero aún puedes mejorar. – Escuchó la voz de Kai, el chico había salido de la nada y se había llevado la pelota con él.
- ¡Jinora! – Advirtió Ikki.
- Tranquila, es mío. – Respondió su hermana mayor que se adelantó para cubrir la marca por la cual debía pasar la pelota con el fin de anotar un punto.
- ¡Ahora Kai! Yo tengo a Korra. – Lo apresuró el pequeño Rohan que colgaba de la espalda de la morena.
- No creo que esa sea la manera adecuada de jugar. – Dudó Meelo arqueando una ceja al contemplar a su pequeño hermano.
- ¡Eso es trampa Rohan! – Renegó Ikki mientras Korra reía y jugaba con el pequeño paseándolo sobre su espalda.
- ¿Demasiado temeroso para tirar? – Cuestionó Jinora alzando una ceja.
- No. – Sonrió de forma presumida y se preparó para tirar, antes de que la punta de su pie lograra tocar la pelota esta desapareció luego de un rápido movimiento de la chica, el juego había cambiado su curso, la hermana mayor corría con la pelota a sus pies en dirección hacia la marca del equipo rival y estaba libre pues Meelo y Rohan se habían distraído jugando con la joven Avatar.
- ¡Tira! – Presionó Ikki y así lo hizo, la pelota pasó por la marca y ambas hermanas celebraron, por su parte Kai arrugó el entrecejo y bufó.
- ¡Meelo! ¡Debías cuidar de la marca! – Señaló con sus manos a ambas chicas saltando de un lado a otro.
- ¡No! Nos engañaron. – Declaró Meelo con evidente molestia en su voz. – ¡Rohan! Es una trampa no juegues con ella. – Intentó ordenarle pero no hubo respuesta.
- ¿Qué equipo lleva la delantera? – Interrumpió Asami acercándose a la distancia.
- El de las chicas. – Presumió Ikki con orgullo y Meelo de inmediato le saco la lengua.
- Se aprovechan de que Korra está en su equipo y de que Rohan está pequeño. – Refunfuño el niño.
- Considerando que la mayor parte del partido he estado cuidando de Rohan creo que es un juego justo entre Jinora, Ikki, Kai y tú Meelo. – Argumentó la morena alzando una ceja con el pequeño remolino sentado sobre sus hombros.
- Veo que ha sido un partido intenso. – Rió la ojiverde acercándose a la joven Avatar.
- Lo ha sido. – Afirmo con una cálida sonrisa. – Pema me pidió que cuidara de ellos en lo que ella iba a resolver unos asuntos. – Explico con sencillez.
- Entonces esperemos a que vuelva. – Resolvió caminando al lado de la morena.
- ¡Tengo un plan! – Se escuchó Meelo. – Volveremos de esto un juego justo. – Todos lo miraron con atención. – Korra se unirá a nuestro equipo y Asami al equipo de las chicas… Rohan será el público. – Propuso con entusiasmo.
- ¡Los aplastaremos! – Aseguró Ikki que ya se encontraba demasiado atrapada por la competencia.
- Eso ya lo veremos hermanita. – Se apresuró a responder Meelo. Asami miró a la morena y ambas se encogieron de hombros.
- Solo ayúdame a cuidar que Rohan no se salga del parque. – Murmuró con una sonrisa y la ojiverde asintió con la cabeza.
De nuevo todos comenzaron a jugar, afortunadamente para las chicas el pequeño Rohan también se encontraba entretenido siguiendo la pelota de cerca así que no se alejaba demasiado de ellos, los siete continuaron jugando durante veinte minutos más hasta que Pema y Tenzin volvieron. El marcador se mostraba a favor del equipo de las chicas, en esta ocasión la morena se mostraba agitada, gotas se sudor corrían por su frente, Asami había probado ser una rival respetable, un punto había marcado la diferencia en un juego sumamente rápido, todos jadeaban en busca de aíre, Rohan se había cansado de seguirles el ritmo y ahora jugaba sobre el césped con un par de muñecos que Tenzin le había tallado en madera.
- ¿Se divirtieron? – Comentó Pema con tono divertido.
- No todos los días se puede ver a la líder del pueblo jugando de tal manera al aire libre. – Sonrió Tenzin tomando asiento en una banca.
- Lo tomaré como mi entrenamiento del día. – Bromeo la ojiverde intentando recuperar el aliento.
- ¡Revancha! – Gritó Meelo desde su posición sobre el suelo donde se había desplomado momentos antes.
- Basta Meelo, fue un juego justo. – Intento silenciarlo Jinora desde la sombra de un árbol bajo la cual se había sentado a beber agua al lado de Kai.
- Si Meelo, nosotras ganamos, fue justo. – La respaldo Ikki.
- Tal vez otro día Meelo. – Ofreció la morena.
- Bien… otro día. – Pretendió resignarse cuando en realidad se encontraba agotado, la idea de jugar otro día le parecía lo mejor.
- No sabía que eras hábil en el juego de pelota Korra. – La miró la pelinegra.
- Lo mismo digo. – Ambas rieron, el juego había sido trabajado en equipo, pero la mayor parte de la pelea se libró entre las dos chicas de mayor edad, velocidad, destreza, agilidad, astucia, un simple juego de pelota había bastado para medirse en diversas categorías, el nivel de la señorita Sato era admirable, sus reflejos parecían activarse al instante sin ningún pensamiento previo a ellos, también tomaba decisiones rápidas, era difícil seguirle el paso, combinar a la habilidosa líder del pueblo con la brillante hija mayor de Tenzin había dado como resultado la derrota del equipo de Meelo, solo Jinora podía mantener el ritmo de los planes de la ojiverde y así habían logrado coordinarse casi a la perfección, Korra y Kai también habían encontrado su propio ritmo pero su estrategia era más improvisada, un punto de diferencia no era mucho pero había sido el punto decisivo.
- Debemos irnos. – Se disculpo Asami luego de haberse dado un tiempo para calmar su agitación.
- ¿Saldrán a explorar las montañas? – Preguntó el jefe de la familia.
- Si, debemos volver al anochecer así que será mejor que nos apresuremos. – Les dijo al ponerse de pie.
- Bien, tengan cuidado. – Les advirtió su amigo, ambas asintieron con la cabeza y comenzaron su caminata hacia las afueras del pueblo.
Pasando la vegetación del bosque se adentraron a las tierras de la playa, las huellas de Sai se marcaban en la arena, el pequeño Zorro avanzaba con seguridad delante de ellas, su cuerpo se mostraba con claridad, a veces lucia translucido y otros días desaparecía de un momento a otro frente a su ojos, parecía ir y venir a su gusto, no parecía preocuparse por nada, acompañaba a Asami a todas partes, siempre en silencio, siempre a una distancia respetable a menos de que la chica se detuviera a descansar, tal como ella le había dicho, aquel espíritu siempre rondaba cerca, a veces no se veía pero podían estar seguras de que no andaba lejos.
La enorme joroba del león tortuga se volvía cada vez más grande a medida que se acercaban a él, varias aves revoloteaban sobre la vegetación que había crecido sobre su caparazón, las dimensiones de dicha criatura eran legendarias, de cerca era difícil asimilar que aquella enorme masa de tierra era en realidad un ser vivo, tal vez si se le veía de lejos podías notar la forma de la enorme tortuga con cabeza de león, pero de cerca la vista no abarcaba lo suficiente para poder ensamblar todas las piezas en su lugar, colosal, no había otra manera de describirlo.
- Es… ¡Increíble! – Corrió a la costa sumergiendo los pies en la arena. - ¿Su cara está bajo el agua? – Arqueo una ceja.
- Si. – La alcanzó caminando con calma.
- ¡Tengo una idea! – Se detuvo para comenzar a retirarse las botas. – Vamos tú también. – Le ordenó con la mirada llena de entusiasmo.
- Tranquila. – Rió. – El león tortuga no irá a ninguna parte. – Dijo comenzando a deshacerse de su calzado.
- Vamos. – Tomó su mano y la llevo al agua.
- ¿Nadaremos? – Cuestionó al notar como el agua ahora les llegaba a las rodillas.
- No exactamente, será mejor que eso. – Respondió avanzando más y más, el agua les cubría el pecho y pronto también el rostro, la joven Avatar realizó un par de movimientos con sus brazos para formar una burbuja de aire que las rodeo y les permitió continuar caminando sobre el fondo del mar.
- ¡Increíble! – Exclamo la pelinegra con emoción, aquello era mejor que bucear, un maestro agua tenía muchas ventajas en aquel ambiente, jamás se habría imaginado en una situación similar, caminar bajo el agua con plena libertad, una experiencia única.
- No, eso si es increíble. – Señalo la ojiazul el enorme rostro del león tortuga que se apreciaba a través del agua cristalina, sus ojos permanecían cerrados, parecía estar dormido, sus colmillos sobresalían por la orilla de sus labios. Era en verdad una vista majestuosa.
Exploraron el fondo del mar durante media hora más a petición de Asami pues le fascinaba poder observar a los animales acuáticos en su estado natural, luego de jugar un poco y terminar con la ropa empapada la ojiverde propuso subir a la espalda del león tortuga, aquella criatura continuaba inconsciente, o al menos así parecía pues no se había movido ni un poco desde que llegaron, sus risas y juegos no parecieron molestar a la bestia.
Al caminar por aquel bosque era difícil creer que todo aquello formaba parte del cuerpo de una criatura viviente, las dimensiones eran enormes, el tamaño de su caparazón tal vez bastaba para albergar a un pueblo pequeño. Animales corrían libremente de un lado a otro entre los árboles, había todo un ecosistema viviendo sobre él, la naturaleza se preservaba intacta, no solo era uno de los seres vivientes más grandes del planeta si no también el más viejo, tal vez se trataba de un espíritu, tal vez de una animal, o tal vez una combinación de ambos, lo único que estaba seguro era que debido a todos los años que llevaban viviendo habían logrado volverse sabios y esto les otorgaba poderes únicos, como lo era el otorgar el control de los elementos a los humanos, entre otras cosas.
- Por aquí. – Señalo la líder del pueblo tomando la delantera para llevar a la morena hacia la cima del caparazón donde había una pequeña plataforma.
- Un lugar sagrado… - Murmuró la ojiazul sintiendo de inmediato la energía espiritual que corría en dicho lugar.
- Si, pero también se encuentra lo suficientemente despejado para entrenar un poco.
- ¿Entrenar? – La miro confundida.
- He entrenado con Mako, aunque también sea un maestro fuego…
- ¡¿Mako también es un maestro fuego?! – La interrumpió de golpe, Asami sonrió.
- Mako, mi padre y yo lo somos, Lin y Bolin son maestros tierra, Tarrlok es maestro agua. – Inició y de nuevo fue interrumpida.
- ¡¿Qué?! ¡¿Alguien más de quien deba saber?! – Se mostraba entusiasmada y confundida.
- No, solo nosotros. – Rió. – Soy buena dialogando pero no TAN buena como para garantizar el regreso de los maestros de los elementos, Wa Shi Tong me permitió elegir a personas de mi absoluta confianza para otorgarles los poderes con el fin de usarlos para la construcción o de forma medicinal. El trato indica que nadie además de nosotros debe saber al respecto y que bajo ninguna circunstancia debemos usar nuestras habilidades para pelear, por eso Sai me sigue por doquier, los espíritus nos observan con atención, si violamos las reglas del trato seremos castigados y perderemos nuestros poderes. – Suspiró. – Pero entrenar es algo que podemos hacer. – Añadió con una amplia sonrisa.
- ¿Quieres entrenar conmigo? – Dudó.
- Si, Mako es bueno pero quiero notar la diferencia al enfrentar a un maestro fuego experimentado. – Concluyó adoptando una posición de batalla.
- Bien… intentaré moderarme. – Imitó sus movimientos preparándose para el encuentro.
- Te aconsejaría que no lo hicieras. – Advirtió la ojiverde.
Aquella sería su primera experiencia en algo similar, el Avatar había aprendido a dominar todos los elementos y sus extensiones pero nunca antes se había enfrentado a otra persona capaz de dominar algún elemento. Se preguntaba que tanto dominio tendría Asami sobre el fuego, al parecer habían sido los espíritus los encargados de enseñarle a domar aquel implacable y peligroso elemento. Una llamarada le paso zumbando muy cerca del rostro y de inmediato su atención volvió a caer sobre la chica frente a ella.
- Atenta. – Sonrió Sato de forma presumida antes de lanzar dos ataques más que la morena esquivo con dificultad pues había logrado robarle el equilibrio.
- Bueno parece que lo manejas mejor de lo que esperaba. – Recupero la postura.
- No te midas al atacar, siempre y cuando manejes un solo elemento puedo decir que es una pelea justa. – Sentenció la ojiverde con seguridad y volvió a atacar.
Un par de ráfagas de fuego volaron en dirección a la ojiazul, haciendo uso de sus antebrazos partió las llamaradas desviándolas hacia el suelo evitando un golpe directo.
- Nada mal. – Sonrió de lado, al parecer las cosas eran tal como Asami había dicho, su nivel parecía adecuado para que ella efectuara un contra ataque, la ferocidad de los ataques de su novia pronto eliminaron el temor que había en ella de responder con un ataque, como un reflejo volvió a bloquear un proyectil y esta vez arremetió de la misma manera con una patada envuelta en fuego, la pelinegra retrocedió y sonrió.
- Parece ser que empiezas a entrar en calor. – Jugó con sus palabras, ella tenía más experiencia en enfrentamientos con otro maestro fuego pues había entrenado con su padre y con Mako, Korra se mostraba nerviosa y dubitativa. – No pasa nada, se manejar el fuego mejor de lo que creerías. – La animo.
- Lo se, pero no quisiera lastimarte… además nunca antes he hecho esto.
- Es sencillo ¿Alguna vez has simulado una pelea sin elementos? – Escuchó la pregunta y su mente de inmediato viajó a los días, no tan lejanos, al lado de Kuvira. – O tal vez simples entrenamientos con otra persona sin hacer uso de los elementos, atacas con movimientos precisos pero no lo haces con toda la intención de dañar a tu oponente, simplemente ejerces los movimientos con naturalidad y buscas sacar de balance a tu compañero. – Continuó encogiéndose de hombros. – Es exactamente la misma situación.
La mirada de la morena se obscureció por un momento, recordaba a Kuvira atrapada en aquella celda, sabía que si la chica anduviera libre por ahí volvería a juntar a sus hombres y atacaría en cuanto tuviera la oportunidad, ella era así, obstinada e inquebrantable, aún así no deseaba que el resto de sus años estuviesen condenados a limitarse a aquel obscuro calabozo. - ¿Korra? – Hablo la mayor con tono suave al notar la ausencia en la mirada de la ojiazul.
- ¿Eh? Si… claro que he entrenado antes. Está bien, prepárate. – Sacudió la cabeza intentando espantar aquellas desagradables ideas, aunque sabía que aquellos recuerdos no desaparecerían, Kuvira, una mujer brillante y con la fuerza necesaria para cumplir cualquier meta que se propusiera. Sin duda una persona que cualquiera quisiera tener de su lado. Habían sido amigas, no había manera de negarlo, lo había sentido así y estaba segura de que Kuvira también la valoraba como tal pues luego de un tiempo pudo notar el respeto que creció entre ambas, habiendo sobrevivido al choque de egos llegaron a un punto agradable, un receso en la batalla, un tiempo para conocerse un poco, había visto algo en ella, no era una mala persona… tal vez se encontraba mal encausada, pero eso debía tener algún tipo de remedio. Al menos debía intentarlo, luego lidiaría con ello.
Patada, fuego, paso, golpe, fuego, sudor, un par de patadas y otro golpe, el fuego rugía al volar de sus puños hacia el aire, gotas de sudor desaparecían al chocar contra el suelo de roca, la temperatura de su cuerpo se encontraba al máximo, no solo por el calor que era expulsado a través de sus extremidades si no también por los ataques que bloqueaba y desviaba, las llamaradas de Asami eran implacables, su espíritu parecía haberse fusionado a dicho elemento, se movía con la misma gracia y ferocidad que las llamas, resultaba difícil seguirle el paso y mantener el cuidado necesario para no lastimarla, una vez más aquella bella dama había logrado sorprenderla, el nivel del control que tenía sobre el elemento era digno de admirarse, era difícil creer que había obtenido dicha habilidad hacía poco tiempo.
- Tus movimientos son más controlados, fluyen con más naturalidad y tu forma al atacar es impecable. – Denotó la ojiverde entre jadeos, ambas chicas sudaban profusamente.
- Lo mismo puedo decir de ti, solo hay algo más que agregaría. Eres feroz como el fuego, tus ataques son rotundos. – Suspiró la morena limpiando el sudor de su frente.
- Lo siento… creo que para un entrenamiento ese tipo de comportamiento es un tanto inapropiado. – Se disculpó la mayor agachando la mirada. – Supongo que aún debo trabajar más en el control. – Rió por lo bajo.
- No, te equivocas, tu técnica es perfecta. Tu esencia es la que le da ese toque de vivacidad, te mueves en perfecta sincronía con tu pensamiento. Atacas con el fin de ganar, incluso si se trata de un entrenamiento, y ejerces movimientos que te ayudan a lograr tu objetivo, se puede sentir esa determinación en tus movimientos y al mismo tiempo te las averiguaste para no ejercer ningún daño accidental. – Sonrió la joven Avatar. – Creo que no me cansaré de repetirlo. Nunca dejas de sorprenderme. – Concluyó abandonando su posición de batalla. - ¿Te parece bien si volvemos a casa? – Propuso extendiendo su mano hacia su novia que por el momento se encontraba completamente ruborizada.
- Me parece buena idea. – Sonrió cálidamente tomando la mano que se le había ofrecido, ambas entrelazaron sus dedos y comenzaron su camino de regreso intercambiando consejos y opiniones sobre el dominio del fuego.
El sol comenzaba a desaparecer en el horizonte cuando las chicas hicieron su aparición de vuelta en el pueblo, inmediatamente un guardia corrió a su encuentro. Una vez más la ojiverde suspiró ¿De verdad no podía desaparecer ni un momento? Siempre parecía ocurrir algo cuando decidía tomarse un descanso.
- ¿Qué ocurre? – Se adelantó al informe del joven.
- Atrapamos a una chica que se encontraba camino al pueblo. La llevamos a una celda, dice estar en busca de la joven Korra. – Habló con tono profesional. Asami miró de reojo a la morena, su preocupación era notoria.
- ¿Será otro rebelde? – Especuló.
- No lo se. ¿Puedo ir a verla? – Propuso.
- Por supuesto, estaremos ahí enseguida. – Respondió. - Gracias. – Se despidió del guardia y continuaron su camino, esta vez con rumbo a la estación de detenciones.
El edificio mantenía una estructura sencilla pues no solían detener a muchas personas. Asami guió el camino avanzando hacia la celda que le habían indicado, una vez frente a la puerta los guardias advirtieron a la prisionera para que retrocediera antes de proceder a abrir.
Ojos verdes encontraron con fascinación la figura de Korra y de inmediato la chica se lanzó hacia ella con los brazos abiertos. - ¡Korra! – Celebró colgándose del cuello de la morena. Los guardias y Asami habían levantado la guardia hasta que la reacción de la ojiazul les indicó que todo estaba bien pues aquel abrazo fue correspondido de forma cálida y acogedora
- ¡Opal! – Rió girando sobre su lugar cargando con facilidad el cuerpo de su amiga. - ¡Espera! ¿Todo está bien? ¿Por qué estás aquí? – Se alarmo haciendo una pausa mirando los ojos de la menor.
- Todo está perfecto gracias a ti. Estoy aquí porque todos estábamos preocupados por ti, mi madre envió a unos cuantos de sus hombres a seguir a Aiwei cuando fuiste capturada, de alguna manera lograron seguir la flota de los rebeldes pero perdieron su pista cuando los azotó una tormenta. A la mañana siguiente encontraron los restos de uno de los barcos de la flota y pensaron que habías escapado así que volvieron a informar a mi madre que de inmediato nos envió a mis hermanos y a mí a verificar tu paradero… así que aquí estoy. – Sonrió llena de entusiasmo. - ¡Les dije a mis hermanos que estarías aquí! – Celebró volviendo a abrazarla. – Pero claro, tienen la cabeza llena de aire y no piensan con claridad, así que ellos están en los asentamientos vecinos.
- Me alegra saber que todos están bien. – La volvió a estrechar con fuerza, ahora tenía la tranquilidad de saber que en efecto sus esfuerzos por salvar los asentamientos en Ba Sing Se no habían sido en vano.
- Ehm… - Interrumpió la radiante mujer de cabello negro captando la atención de ambas chicas, momentos atrás le había dado la señal a los guardias para que se retiraran pues era obvio que su presencia no era necesaria en el lugar. Ahora buscaría un poco de respuestas para si misma. ¿Quién era aquella jovencita que era capaz de activar una reacción tan cálida y llena de alegría en su tan querida morena?
- Oh ¡Cierto! – Rió con nerviosismo rascando su nuca. – Opal, ella es Asami. Asami, Opal. – Las presentó y una vez más los ojos de la menor de iluminaron al contemplar a la joven de piel blanca.
- ¡Asami ¿Asami Sato?! – Se acercó a ella extendiendo su mano con el fin de saludar a la legendaria líder del pueblo en las ruinas de Ciudad República.
- La misma. – Correspondió al saludo envolviendo la mano de la menor con la suya en un apretón firme y seguro.
- Todos en el continente hablan sobre ti, sobre las hazañas que has logrado en estos pasados años. También dicen que eres joven y hermosa pero esas simples palabras no le hacen justicia a la verdad. – Hizo una pausa y sonrió. – Ahora entiendo porque Korra no paraba de mencionarte. Siempre Asami Sato, ese era su tema preferido para hablar con libertad. – Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la mayor y el rostro de Korra se ilumino por completo, no esperaba que Opal fuera a mencionar tal cosa, con el paso del tiempo se habían vuelto cercanas, muy cercanas, podía considerarla como parte de su familia, tal vez una hermana menor. Antes había escuchado hablar de los inconvenientes de tener hermanos que te sometieran a situaciones vergonzosas, ahora podía darse una idea de lo que era eso.
- Me alegra escuchar eso. Aquí también recordábamos a Korra a diario desde su partida hasta que al fin pudimos tenerla de vuelta un par de días atrás. – Habló la ojiverde manteniendo ese aire elegante y sencillo que tanto la distinguía. – Korra me ha hablado un poco de ti, me parece que eres hija de la líder de los asentamientos en Ba Sing Se ¿Cierto? – Intentó ponerse al corriente de la identidad de la joven que se encontraba de pie frente a ella.
- Así es. – Sonrió Opal. – Al parecer no le has contado mucho sobre mi. – Reclamó lanzando una mirada acusadora hacia la ojiazul.
- Lo siento Opal, ha habido tantas cosas nuevas que ver aquí en el pueblo que no he tenido tiempo de profundizar en detalles sobre mis aventuras. Así que les conté lo más importante. – Defendió de inmediato temiendo que su joven amiga pudiese comenzar a hablar sobre las peleas en el coliseo de Bumi pues aún no le había contado nada al respecto a Asami y no quería iniciar una situación complicada. – ¡De hecho es un lugar maravilloso! Con gusto te lo puedo mostrar si así lo deseas. – Ofreció con el fin de cortar la conversación que compartían con Asami.
- Eso me parece estupendo. Mis hermanos vendrán cuando yo no aparezca en el punto de reunión a la hora pactada. Supongo que aparecerán en sus tierras a eso de las nueve de la noche… - Pensó durante un momento sosteniéndose la barbilla entre los dedos de su mano izquierda. – Asami ¿Sería mucho pedir que no los lastimen? Son gemelos, piel blanca, cabello negro, ojos verdes, figura atlética. Tal vez sean cortos de entendimiento e intenten pelear. – Pidió con tono suave.
- No les pasará nada. – Aseguró sin una sola pizca de duda en su voz, no había nada que temer, sus guardias estaban entrenados en múltiples formas de neutralizar a su enemigo sin ejercer ningún tipo de daño físico, cuidar de los hermanos de Opal sería pan comido.
- ¿Está bien si le muestro el pueblo a Opal? – Se dirigió a la ojiverde que lucía un tanto confundida por su repentino entusiasmo.
- Claro. Yo volveré a casa, si gustan pueden venir a cenar con nosotros. – Ofreció Sato cortésmente.
- Gracias, ahí estaremos. – Se adelantó Korra tomando la mano derecha de Opal para emprender su camino hacia el exterior del edificio.
- ¡Fue un placer conocerte! – Se despidió la joven Beifong antes de desaparecer entre los pasillos. Asami arrugó el entrecejo, Korra ocultaba algo, lo había notado desde la primera noche que la invito a cenar. Les había contado de sus aventuras pero mantenía esa sensación de que había omitido muchas cosas y ahora aquello se mostraba más evidente por la manera en que se había apresurado a pasar tiempo a solas con aquella chica como si temiera que se fuera a mencionar algo indebido.
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No lograba entender que podría ser aquello que ocultaba pues entre ellas no había nada que no se hubiera dicho ya. Conocía su identidad como Avatar y aquello era el secreto más importante que la morena guardaba. ¿Por qué no confiaba en ella? Suspiró. Se sentía un poco frustrada, deseaba poder tener la confianza de la joven Avatar y ahora más que nunca pues no solo eran amigas, aquella chica también era su novia y a pesar de que a penas hubiesen compartido menos de una semana como pareja sentía que era importante establecer sus bases correctamente. La confianza era algo importante.
- ¿Qué tal su visita con el león tortuga? – Apareció Hiroshi entre los pasillos con el rostro y la ropa llena de grasa lo cual resultaba muy común en él, después de todo pasaba la mayor parte de su tiempo dentro del taller.
- Bien. – Sonrió débilmente. No quería que su padre se preocupara, además aún no le había informado de su relación con Korra, había muchas cosas que explicar y no se sentía con las energías suficientes para hacerlo, al menos no en esos momentos.
- Conozco a mi princesa desde que era una pequeñita que podía cargar con uno solo de mis brazos. ¿Segura que todo está bien? – Insistió el hombre limpiando la grasa de sus manos con un trapo.
- Si, todo está bien. Es solo que siento que Korra está ocultando algo. – Meditaba tomando asiento en el sofá de la sala.
- Ciertamente. – Concordó Hiroshi. – Korra se mostraba un poco evasiva al narrar las cosas que vivió en sus viajes. – Se acercó deteniéndose bajo el marco de la puerta que marcaba la entrada a la sala.
- Apareció una chica, la hija de la líder de los asentamientos en Ba Sing Se. Se nota que Korra y ella son muy cercanas. Korra se apresuró a llevarla a recorrer el pueblo, a penas la dejó interactuar conmigo, como si no quisiera que cruzáramos palabras. – Arrugó el entrecejo y suspiro.
- Pudiste enterarte de su identidad como Avatar por ti misma, estoy seguro de que tu intuición no está del todo errada. Pero también estoy seguro de que Korra no nos ocultaría algo que fuese importante o que nos pudiese afectar en un futuro. Tal vez se trata de cosas personales que no desea compartir. Pudo haber pasado por muchas situaciones desagradables que no quisiera revivir y mucho menos ligar como parte de su pasado, después de todo la joven salió a recorrer este mundo en ruinas, allá afuera hay muchas cosas de las cuales nadie quiere formar parte. – Sonrió cálidamente.
- Si… tienes razón. – Volvió a suspirar sintiéndose un poco aliviada por las palabras de su padre.
- Entiendo que las dos comparten un vínculo fuerte. Ten paciencia, tal vez luego encuentre el coraje para contarte las partes omitidas de sus aventuras. – La animó. – Por el momento me parece que tú y yo deberíamos ir a ducharnos antes de aparecer en la mesa a cenar. – Rió Hiroshi denotando la apariencia de su hija, se notaba que había hecho ejercicio.
- ¿No te llama la atención una mesa donde tu hija parezca deportista y tú un mecánico? – Rió la ojiverde.
- Sudor y aceite de máquina no es el aroma más adecuado para acompañar la comida. – Habló el mayor y ambos rieron.
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- Cuando dijiste que iríamos a recorrer el pueblo esperaba algo más que solo un acantilado con una hermosa vista al mar. – Comentó caminando por la orilla apreciando el movimiento de las olas.
- Hay algo que quiero pedirte. – Respondió sin moverse de su lugar de pie a un par de pasos de su amiga.
- Suena serio. – Bromeo con tono juguetón y una sonrisa presumida.
- Es… importante. – Aclaro.
- Dilo de una vez. – Presionó girando sobre sus talones para ver de frente a la ojiazul que mantenía la mirada clavada en el suelo.
- ¿Podrías mantener en secreto mis actividades como la Guerrera del Sur? – Le dirigió una mirada suplicante. Opal arrugó las cejas mientras intentaba deducir el motivo tras aquella petición.
- Pensé que Asami conocía tu vida como Avatar. – Mencionó en un intento por obtener más información.
- Lo sabe. – Confirmo.
- Y pensé que eran buenas amigas. – Agregó.
- Lo somos. – Suspiró.
- ¿No es la misma Asami que borró a Amon del mapa por salvar tu vida? – Insistió.
- ¡Lo se! Lo se… Si, es ella. – Volvió a suspirar manteniendo una postura débil con los hombros caídos y un rostro desanimado.
- Entonces deberás elaborar un poco más en esa petición. ¿Por qué no le has contado lo que pasó con Bumi? No es por ser entrometida, pero la mayor parte del tiempo que pasaste con nosotros fue dedicado a las peleas con el fin de acercarte a Kuvira. Si no le cuentas eso estarías omitiendo el 70% de las anécdotas de tus viajes durante esos tres años. – Guardó silencio otorgándole el tiempo necesario para pensar en su respuesta y expresarla con claridad.
- Dediqué dos años de mi vida a convertirme en la peleadora más temida y afamada de este continente. Dediqué dos años de mi vida a castigar a personas del modo más brutal posible con el fin de entretener a otros rufianes que no obstante se presentaban a dichos eventos con el fin de apostar objetos que seguramente fueron robados, así como también presentaban a personas para vender como esclavos. Yo estaba ahí, yo, el Avatar, estuve ahí y no hice nada para detenerlos, por el contrario, contribuí a que el negocio continuara floreciendo. – Renegó. – ¿Has escuchado alguna vez la frase que dice "El fin no justifica los medios"? – Tomó asiento sobre una roca volviendo a agachar su postura suspirando con pesadez.
- Korra. – Habló con tono cálido acercándose a ella y tomando asiento a su lado.
- Desde un inicio te mostraste pesarosa con la idea de las peleas. Al final aquella opción resultó ser la más viable así que te decidiste por ella, aún así sabes bien que tú nunca disfrutaste haciendo lo que se te era requerido hacer adentro del coliseo. Siempre te mostrabas distante y perdida al final de cada pelea, nunca fue de tu agrado, fue algo que debiste hacer para poder llegar a una persona que bien podría haber arrasado con mucha gente inocente si tú no hubieras hecho lo que hiciste. – Intentó animarla palpando su espalda con suavidad.
- Aún así mis manos están manchadas con la sangre de cientos de personas. Utilicé las armas que se me brindaron y castigue sus cuerpos con ellas… Logre pedir la libertad de los esclavos en cada una de mis victorias, pero también permití que ocurrieran muchos otros abusos. – El rugir del mar llenaba el silencio que ambas chicas mantenían al perderse dentro de sus pensamientos en busca de algo adecuado que decir.
- No quiero que Asami me vea con horror, no quiero que sus ojos me observen con sorpresa y decepción. – Movió su pie pateando una pequeña piedra.
- No lo hará. Desgraciadamente no tuve la oportunidad de verlas interactuar por más tiempo pero, ese corto tiempo que las pude ver dentro de la misma habitación, el brillo en sus miradas cuando se observaban o se hablaban mutuamente, el tono de sus voces, senota que tienen un vínculo muy especial. Ella comprenderá lo que hiciste y los motivos que tuviste, mi madre lo entendió, yo lo entendí, mi familia lo entendió. ¿Por qué Asami no lo haría? – Korra miró a su amiga con una pequeña sonrisa.
- Gracias Opal… tienes razón. – Meditó por un momento. – ¿Podrías guardar el secreto hasta que se lo diga yo misma? Aún no me siento segura, debo encontrar una manera de contarle todo lo ocurrido. – La ojiverde la miró arqueando una ceja.
- Bien, pero procura apresurarte si no quieres que contar la verdad se vuelva una tarea cada vez más complicada. – Le advirtió con una sonrisa traviesa.
- Señorita Korra. – Interrumpió un guardia llamando la atención de ambas chicas.
- ¿Si? – Respondió poniéndose de pie.
- Tenemos informes de los guardias en el exterior, vienen en camino con el par de jóvenes de los cuales nos advirtió su amiga. – Ambas sonrieron.
- Gracias, iremos de inmediato. – Se adelantó Korra siendo seguida por Opal.
El reencuentro fue acogedor, los hermanos estrecharon a la morena entre sus brazos al igual que lo había hecho su hermana, satisfechos por el resultado de su búsqueda se les mostraba contentos, ahora solo debían informar a su madre que en efecto, el Avatar había escapado y se encontraba a salvo. Asami apareció un par de minutos después, al ser la líder del pueblo era informada sobre el ingreso de cualquier forastero y su presencia siempre era requerida para supervisar el desarrollo de los hechos, nadie podía ingresar al pueblo y andar por ahí sin el permiso de la líder.
Korra se encontró con su mirada y le dirigió una cálida sonrisa que solo ellas dos podían descifrar, a pesar de que pudiese parecer obvio para sus amigos más allegados aún mantenían su relación como algo secreto.
La líder les dio la bienvenida sin dudarlo y tal como lo había prometido los llevó a todos a su casa para compartir la cena. Al terminarse la comida y luego de una agradable charla la líder amablemente ofreció a los hermanos las dos habitaciones que tenían libres en su hogar, Opal dormiría en una y los gemelos en la otra, Hiroshi también había aprobado la presencia de los Beifong pues sabía que esta familia había sido la responsable del cuidado de Korra durante los tres años que estuvo lejos de las ruinas de Ciudad República. Asami y Korra tomaron dirección hacia su habitación luego de indicar a los hermanos los lugares en donde pasarían la noche.
Vistiendo sus ropas para dormir ambas chicas se encontraban ya recostadas sobre la cama cubiertas por una fina sábana, la morena había buscado refugio en los brazos de su novia ocultando el rostro en su pecho. No habían cruzado palabra alguna luego de haberse alejado de los demás, la ojiazul aún debatía dentro de su cabeza la posibilidad de contarle a Asami acerca del coliseo de Bumi y de las peleas. Asami intentaba decidir si era correcto preguntar sobre el extraño comportamiento que había notado durante la tarde, la manera en que Korra se aferraba a ella encogiendo su figura la dejaba en una posición que delataba su vulnerabilidad en esos momentos, era como si intentara ocultarse en aquel abrazo, así que era obvio que algo andaba mal, algo molestaba a su querida morena y por más que quisiera saber que era no creía que fuera apropiado presionarla así que en vez de eso la sostuvo cerca de ella y acariciaba su espalda con suavidad.
- Pronto deberé volver a mis deberes como Avatar. – Murmuró con suavidad, había estado evitando ese pensamiento a pesar de saber que era algo inevitable, aún debía conseguir el documento que los espíritus le habían pedido a cambio de su ayuda. Kuvira lo había dado a alguien más y debía seguir la pista de esa persona antes de que el libro pasara a otras manos, entre más tiempo transcurriera sería más difícil alcanzar su objetivo.
- Lo sé. – Respondió la ojiverde sin parecer afectada por la noticia, había temido escuchar dichas palabras y sin embargo comprendía que era algo de lo más natural, desde un inicio había entendido que Korra era el Avatar y que su estilo de vida no le permitía residir en un solo lugar, no quería suponer un obstáculo para ella así que no buscaba armar una escena. - ¿Es por eso que has estado actuando extraño desde que viste a Opal? – Preguntó con el fin de continuar la conversación.
- Algo así. – Admitió. – Recordé mi objetivo en Ba Sing Se y todo lo que tuve que atravesar para acercarme a lo que necesitaba… - Suspiró depositando un suave beso sobre la blanca piel de su chica. – Debo continuar la búsqueda del documento del Avatar obscuro. – Completó.
- Me contaste que Kuvira admitió habérselo entregado a un hombre en el norte. ¿Cierto? – Continuó la pelinegra.
- Si, supongo que aquellas tierras serán mi próximo paradero. – Habló manteniendo su posición ocultando su rostro, hubo silencio por un momento, alrededor se escuchaba el cantar de los grillos y el ulular de un búho.
- Quédate un poco más. – Pidió sin pensarlo. – Un par de días… por favor. – Dijo con voz suave y serena, aún así sentía en su interior un nudo que se había formado en su estómago al considerar la partida de Korra, no quería volver a verla partir, no de nuevo, no estaba lista.
- Asami. – Murmuró alzando la mirada, sus manos sostuvieron suavemente el rostro de la ojiverde al acercarse a ella para tomar sus labios en un beso profundo y cálido, su pecho se había encogido al escuchar aquellas palabras, aquella suave petición había bastado para hacerla sentir triste y totalmente en contra de la idea de partir, no quería dejar a Asami atrás, no quería extrañarla, no quería saber que Asami la extrañaría tanto como ella lo haría, no quería hacerla pasar por aquella desagradable experiencia, todo era aún peor al saber que no podía prometerle una fecha para volver pues cabía la posibilidad de que nunca lo hiciera. – Me quedaré el tiempo que pueda. – Le prometió pegando su frente a la de ella. – Detesto estar sin ti… y creo que ahora lo detestaré más. – Miró directo hacia aquellos ojos verdes que desde un inicio habían logrado despertar las mariposas en su estómago.
- Creo que opino lo mismo. – Sonrió la pelinegra inclinándose un poco para retomar el beso, sus labios danzaban en perfecta sincronía, el ritmo de sus palpitaciones iba en aumento, el calor de su cuerpo aumentaba, sus manos habían buscado el cuerpo de la morena para aferrarse a ella, Korra la sujetaba con firmeza pegándola a su cuerpo, en el silencio era fácil escuchar la manera en que sus alientos chocaban.
- Asami. – Murmuró haciendo una pausa.
- ¿Hmm? – La miró sin poder evitar dirigir sus ojos hacia aquellos deliciosos labios que con facilidad lograban arrancar la razón de su cabeza.
- ¿Te había dicho antes lo hermosa que eres? – Jugueteó con una sonrisa traviesa.
- Haces eso para verme apenada ¿Cierto? – Renegó sintiendo como sus mejilla se enrojecían.
- Me encantan todas tus expresiones, pero cuando te apenas te ves adorable. – Murmuró a su oído subiendo una de sus manos por el abdomen de la ojiverde, una vez más había sido poseída por sus impulsos, con facilidad pudo notar la manera en que aquella suave y cálida piel se había erizado bajo su mano, también había tenido la fortuna de observar la manera en que la chica había mordido su labio inferior en anticipación.
- No puedo responder de esta manera. – Suspiró Asami cerrando los ojos y aferrando sus manos a la sábana bajo ella.
- ¿Por qué no? – Cuestionó la morena continuando su exploración subiendo su mano lentamente disfrutando de cada una de las reacciones de su novia, sabía que Asami no levaba nada puesto debajo de la blusa para dormir. Silencio, la mayor no respondió a dicha pregunta, en vez de eso dejó escapar un pequeño suspiro al sentir como aquella mano traviesa hacía contacto con uno de sus pechos, tal vez antes le había llevado la delantera a la joven Avatar respecto a la experiencia que tenía con los besos, pero nunca antes había sido tocada de tal manera, nunca antes le había permitido a nadie dormir en la misma cama que ella, compartir su habitación y mucho menos se había prestado para una situación similar, era ahora esa misma falta de experiencia la que la tenía al borde de la locura, su corazón se encontraba latiendo a toda prisa, comenzaba a dudar si alguna vez había latido con tanta intensidad, las caricias de Korra dejaban una huella ardiente sobre su piel que cosquilleaba y alteraba por completo su percepción pues se sentía más sensible al contacto que tenía con ella.
- Korra… - Se estremeció cuando los dedos de la morena hicieron contacto con la piel sensible sobre su pecho, ahora los labios de la morena recorrían libremente su cuello repartiendo besos apasionados que lanzaban múltiples escalofríos por su cuerpo.
- ¿Hmm? – Murmuró la ojiazul perdida en el momento, el suave y cálido cuerpo de la ojiverde se había vuelto demasiado tentador como para detenerse, la temperatura parecía haber aumentado, podía notar el calor que crecía entre ellas, era agradable y embriagante. Los suaves, redondeados y cálidos pechos de Asami se habían vuelto su objetivo, disfrutaba rozando la superficie abultada de arriba abajo pues al hacerlo Asami se estremecía y jadeaba arqueando su espalda.
- ¿Asami estás despierta hija? – Interrumpió la voz de Hiroshi desde el otro lado de la puerta congelando a ambas chicas en el momento encontrando sus miradas en pánico.
Hey! Sep. Soy yo de nuevo por acá jeje.
Antes que nada, una disculpa por la demora, he estado un poco atareada y bueee, eso no me deja mucho tiempo para escribir, pero bueno, aquí les dejo esta actualización. Espero publicar el capi siguiente a este pronto!
De verdad muchas gracias a todos los que me dejan comentarios en cada capítulo, me ayuda mucho a animarme y seguir escribiendo el fic.
Y claro que por supuesto que aprecio a todos aquellos que siguen la historia de cerca aunque lo hagan en silencio jajaja. Igual estimo el apoyo ;)
Como siempre, un saludo a todos y espero que la vida esté siendo generosa con ustedes. (Si no... siempre podemos perdernos en una buena historia y olvidarnos del mundo un momento jojojo!)
Se les quiere a todos! Un abrazo. Chau!
