Bitácora. Asami Sato. 4
Miércoles 15 Agosto.
Desearía no prestar demasiada atención a la presencia de Opal en este lugar, entiendo que Korra y ella comparten un vínculo muy fuerte y que la familia Beifong la ayudó durante los tres años que estuvo tras el rastro de Kuvira. Lamentablemente aún no tengo idea de cual fue el procedimiento que debió seguir para poder infiltrarse en las filas de la temida líder rebelde, siempre que menciono algo al respecto puedo notar cierta inseguridad e incomodidad en los ojos de Korra, inmediatamente luego de eso decide cambiar de tema.
Tal como me dijo mi padre, comprendo que eso se puede deber al recuerdo de malas experiencias que ella se encuentre indispuesta a compartir, si ese es el caso no tengo problema alguno en darle el tiempo que necesite para sentirse mejor o con más seguridad para contarme, o al menos así sería si durante el último par de días no hubiera pasado todo el tiempo al lado de Opal y sus hermanos murmurando cosas que solo ellos saben, cuando yo o alguien más se acerca guardan silencio o comienzan a hablar de algo más, es un comportamiento que me resulta difícil de ignorar y Korra no muestra señal de querer compartir conmigo ninguna de aquellas conversaciones, así que toda esta situación ha comenzado a frustrarme, de verdad desearía que confiara más en mi.
Hace dos noches, cuando Opal y sus hermanos aparecieron, la noche en que Korra y yo la estábamos pasando bien hasta que mi padre llamó a la puerta, aquella noche la interrupción fue gracias a mi líder de defensa. Lin apareció tarde pues el día entero había estado ocupada atendiendo asuntos en el mundo de los espíritus y en cuanto escuchó la noticia de los jóvenes Beifong no tardó en llamar a la puerta de mi casa.
Korra y yo la recibimos en la sala, Lin tenía demasiadas dudas respecto a sus sobrinos, parecía entusiasmada y al mismo tiempo consternada por su presencia, es fácil entender el comportamiento que adoptó, después de todo aquellos jóvenes nunca antes habían visto a Lin y ella a penas sabía de su existencia gracias a las noticias que trajo Korra luego de su visita a las ruinas de Ba Sing Se. Intentamos convencerla de encontrarse con ellos esa misma noche pero no tuvimos éxito, en vez de eso decidió volver la mañana siguiente. Lamentablemente Korra y yo terminamos agotadas luego de aquella interrupción pues se había hecho tarde y ambas habíamos empezado el día temprano así que al volver a la habitación caímos rendidas y no hubo oportunidad de retomar lo que habíamos iniciado antes de aquella inesperada visita.
El encuentro de Lin y sus sobrinos transcurrió mejor de lo esperado, los cuatro se tomaron un tiempo para charlar y todo parecía fluir con naturalidad, el día empezó como cualquier otro hasta que Opal se encontró disponible para ocupar el tiempo de Korra, las dos desaparecieron en la montaña durante un par de horas, cuando volvieron se reunieron con los gemelos y los cuatro volvieron a desaparecer hasta la hora de la cena. La mirada de Korra delató de inmediato que algo ocurría y esa noche no la pasó conmigo, se disculpó y me aseguró que todo estaba en orden, me dio las buenas noches y se dirigió a su escondite acompañada por Opal mientras Wei y Wing pasaron la noche en la habitación designada para las visitas dentro de mi casa.
El segundo día de las visitas pude ver a Korra durante la tarde, Opal estaba a su lado y esta vez parecía que en verdad se había tomado un tiempo para mostrarle el pueblo a su amiga, al encontrarme con ellas Korra no tardó en explicarme que los gemelos partirían ese mismo día de vuelta a su hogar para avisar a Suyin que habían encontrado al Avatar. Sin dudarlo ofrecí a un par de mis guardias para acompañar a los jóvenes Beifong pero ambas chicas se negaron de inmediato, de alguna manera comenzaba a sentirme completamente excluida de los asuntos que Korra tenía entre manos, sabía que debía tratarse de su siguiente misión, de su siguiente viaje, sabía que partiría pronto y que no había manera de evitarlo así que todo aquello comenzaba a irritarme, el tiempo con el que contábamos era limitado y ella parecía preferir la compañía de Opal, detestaba pensar de esa manera pero la distancia entre nosotras había crecido considerablemente desde la aparición de sus amigos, había sido un cambio repentino y bastante notorio.
El día de hoy volví a amanecer sola en mi habitación, tal vez se trató de un par de días los cuales pude disfrutar de la compañía de Korra en mi cama, pero es fácil acostumbrarse a cosas buenas, de inmediato eche de menos su calor y su presencia, eche de menos poder disfrutar de su mirada a primera hora del día, eche de menos su voz y sus caricias.
Wing y Wei se fueron el día de ayer y Opal ha pasado las últimas dos noches al lado de Korra, esa chica ha estado absorbiendo todo su tiempo y no puedo evitar sentirme molesta, me siento excluida e incluso ignorada, el poco tiempo que he tenido a solas con Korra me basta para saber que aún se preocupa por mí pues su mirada se mantiene cálida cuando habla conmigo, aún puedo sentir esa conexión que solo tengo con ella, he intentado mantenerme al margen de la situación, he intentado esperar a que ella inicie la conversación en la que me explique que es lo que está pasando, pero mi paciencia se agota, el tiempo corre y ella deberá irse pronto, entonces no me quedará más que esperar y de verdad no quiero perder ninguna oportunidad de estar a su lado.
Me levanté temprano como de costumbre, me duche y bajé a desayunar al lado de mi padre, al parecer se encuentra investigando el funcionamiento de las computadoras, sabemos que aquellas máquinas tenían una infinidad de usos en el pasado, era un objeto esencial para los hombres "modernos" La cúspide de la tecnología, ahora conservamos algunos ejemplares en buenas condiciones pero había sido difícil investigarlos sin una fuente de energía que los pudiese mantener en funcionamiento, con la ventaja de los molinos de viento parece ser que al fin podemos echarle un vistazo a dichos aparatos y Hiroshi Sato no ha perdido el tiempo, me contó con lujo de detalle cada uno de sus descubrimientos y yo escuché con atención, tal vez luego podamos incluir ese tipo de tecnología en nuestro pueblo, por el momento lo mejor será mantenerlo como un proyecto personal.
- Pareces un poco distante hija. – Llegaron sus palabras a mi oído y de inmediato aparté la mirada de la pared en la cual me había perdido durante un par de minutos, no miraba nada en particular, simplemente pensaba en Korra.
- No es nada. – Sonreí sacudiendo la cabeza. – Es solo que desde que llegaron los Beifong siento que Korra ha adoptado un comportamiento extraño, parece más distante y no se muestra dispuesta a compartir lo que sea que discute con Opal el día entero. – Suspiré comenzando a masajear mis sienes, esto me tenía más estresada de lo que había pensado hasta el momento.
- Si, lo he notado. ¿Le has preguntado algo al respecto? – Arqueó una de sus blancas cejas.
- No, no quiero incomodarla, tal como tú me dijiste. – Respondí atreviéndome a mirarlo a los ojos.
- Es bueno respetar el espacio de tus amigos, es bueno otorgarles el tiempo que sea necesario para que asimilen ciertas cosas que puedan estar dando vueltas en su cabeza, pero no es bueno hacerlo a expensas de nuestra propia tranquilidad. – Guardó silencio un momento antes de continuar. – Si te distraes debido a lo que Korra está haciendo no podrás desempeñarte correctamente en el trabajo. ¿Me explico? En ese caso lo mejor sería que la confrontaras, decirle lo que sientes, dejar las cosas en claro y esperar que te de una respuesta que aplaque tus inquietudes. Estoy seguro de que te inquieta saber cuando será el día en que el Avatar deba volver a marcharse. ¿Cierto? Y temes que lo que sea que esté hablando con Opal esté orientado a ese tema y que te encuentres excluida de dichos planes. ¿Me equivoco? – Sonrió de forma presumida al notar la evidente sorpresa en mis ojos, me mantuve en silencio un momento intentando formular una respuesta adecuada sin tener mucho éxito en ello.
- Algo así. – Liberé un profundo suspiro agachando la mirada, no había nada que pudiera ocultar de mi padre, después de todo él me observó crecer así que supongo que eso le otorga la facilidad e leer todas mis reacciones y expresiones con facilidad.
- Se que Korra es una persona especial para ti hija, lo puedo ver en el brillo que reflejan tu ojos cuando estás con ella, la manera en que sonríes, la manera en que te diriges a ella. Le guardas un cariño especial, es evidente para mí así que me resulta fácil deducir qué es lo que te preocupa cuando se trata de ella. Estas perdiendo tiempo valioso a su lado y ella parece enfocada en algo más, lo entiendo. – Me sonrió cálidamente colocando una de sus manos sobre mi rostro. – Soy un hombre avanzado en años, he visto muchas cosas a lo largo de mi vida, he presenciado la transformación de muchos niños en hombres y la de hombres en acianos. Conozco a las personas y sus reacciones, no hace falta ser un genio para notar que Korra también tiene un espacio especial para ti en su corazón, confía en eso. – Concluyó para luego besar mi frente.
- A veces es difícil confiar y lo es más cuando sientes que la otra persona no confía en ti. – Respondí volviendo a encontrarme con su penetrante mirada que me observaba de forma analítica.
– Asami, el Avatar carga el peso del mundo sobre sus hombros, puedo ver la manera en que Korra lucha por mantenerse en el rumbo adecuado y al mismo tiempo lucha por conservar un pedazo de ese mundo para si misma, sus amigos, su familia, sus seres queridos, no es una tarea fácil. Siendo líder de este pueblo te puedes dar cuenta que guiar a un grupo de gente y garantizar su supervivencia es algo sumamente complicado, ahora imagina esa responsabilidad aumentada miles de veces más, es natural que aquella joven mujer cometa errores, y los cometerá en su camino como Avatar así como en su vida personal, claro que si pones todo en una balanza lo más natural será que prefiera sacrificar su vida personal a sacrificar el destino del mundo. – Mantenía su mirada sobre mí con una expresión seria. – Si decides mantenerte al lado del Avatar ten por seguro que pasarás una infinidad de dificultades. Sabes que siempre contarás con mi apoyo, pero lo último que quiero para ti es una vida llena de angustias.
Ambos nos miramos en silencio, él intentando ver más allá de lo que yo expresaba y yo comenzaba a asimilar sus palabras. – Lo se… - Murmuré derrotada pues sabía que todo lo que él decía era correcto.
- ¿Ha pasado algo entre ustedes dos? – Al fin se aventuró a preguntar pues se notaba que llevaba un tiempo pensando al respecto.
- Decidimos iniciar una relación, a penas ha pasado una semana, no es nada serio. – Confesé esperando las duras palabras de mi padre, sabía que todo el asunto de involucrarme con el Avatar no era algo sencillo, pero escuchar los hechos saliendo de la boca de alguien más volvía todos esos problemas más palpables.
- No soy nadie para contradecir tus decisiones, pero quiero que tengas muy en cuenta que nada de esto será fácil. Muy por el contrario, si en verdad te preocupas por ella ten por seguro que pasarás meses, tal vez años enteros viviendo bajo la incertidumbre y la angustia de no saber que ha sido de ella. – Se mostró preocupado. – El ritmo de vida del Avatar es el más arriesgado que cualquier persona pueda tener en este mundo.
- Lo se. – Apreté los puños. – No te preocupes, no llevamos mucho tiempo juntas. Solo me intriga su desconfianza, estoy bien. – Respondí a la defensiva pues no quería preocuparlo más de la cuenta.
- Asami, esperaste por ella tres años y nunca antes te había visto tan radiante. No me engañas, estoy seguro de que tu relación con Korra es algo serio. No digo que eso sea malo, es solo no quisiera verte decaer cada vez que ella deba irse. – Aclaró.
- Soy la líder de este pueblo, ella tiene sus responsabilidades y yo las mías, no me verás decaer. – Le aseguré con una sonrisa. – Nuestra relación a penas empieza, no te adelantes demasiado. – Intenté reconfortarlo a sabiendas de que dentro de mí estaba segura de que una parte mía ya pertenecía al lado de Korra.
Asistí a la oficina a revisar el estado de algunos proyectos, no hubo mucho que hacer así que no tardé mucho en quedar libre. La conversación que sostuve con mi padre en la mañana aún revoloteaba dentro de mi mente, si deseo mantenerme al lado de Korra deberé enfrentarme a las consecuencias, lo que sea que estamos viviendo el día de hoy bien podría ser nada comparado con los días por venir. Nada en este mundo en quiebra es sencillo y mucho menos lo es para la persona más buscada en todos los continentes, si permanezco a su lado significa que deberé involucrarme en un sinfín de problemas.
Partí en dirección a la plaza central del pueblo, necesitaba caminar un poco y despejar mi mente, Sai caminaba a mi lado, siempre tan silencioso y difícil de percibir, mi espíritu vigía, el pequeño zorro que nunca deja mi lado, siempre está ahí, siempre supervisando mis acciones, me he encariñado con su presencia, a veces no es posible verlo pero yo puedo sentir que está ahí. Ese pequeño detalle me recuerda los años de espera que pase lejos de Korra, incluso estando apartadas podía sentir que una parte de ella continuaba a mi lado.
- ¿Tienes tiempo libre? – Escuche una voz familiar.
- No por mucho, planeo ocuparme en el taller dentro de poco. – Aclaré de inmediato a Tahno sabiendo que si aceptaba tener tiempo libre él de inmediato me pediría pasar el rato conmigo.
- Claro, siempre que yo hago esa pregunta tu respuesta será la misma. – Se quejó rodando los ojos manteniéndose sentado en una banca bajo la sombra de un árbol.
- Y así será hasta que tus peticiones cambien. No puedo hacer nada por ti Tahno. – Me acerque tomando asiento a su lado.
- Pareces bastante apagada el día de hoy Asami. – Lo miré sonreír de reojo.
- Inicié el día con el pie equivocado, a todos les pasa de vez en cuando. – Hable intentando dejar de lado todo el tema de Korra.
- No, Asami Sato nunca inicia el día con el pie equivocado. – Respondió con tono burlón logrando hacerme arrugar las cejas.
- Soy una persona como cualquier otra. – Defendí con evidente molestia en mi voz.
- ¿Quieres venir a comer fruta picada? Parece que necesitas un tiempo para distraerte un poco. – Lo observé ponerse de pie y extender su mano hacia mí. – Vamos. – Insistió al notar que yo no tenía intención alguna de tomar su mano. – Prometo no mencionar nada sobre Lin, solo tú y yo y sabrosa fruta para comer. Por los viejos tiempos ¿Qué te parece? – Sonrió y esta vez no pude hacer más que devolverle la sonrisa pues sus palabras parecían genuinas, además lo último que quería era pelear y estresarme más así que pasar un buen rato con un viejo amigo no sonaba nada mal.
Compartíamos una buena porción de fruta picada sentados a la sombra de un árbol, Tahno y yo compartimos una historia, fuimos buenos amigos durante nuestra infancia y fue mi primer beso a los once años, lamentablemente algo dentro de él fue cambiando al pasar del tiempo, poco a poco se convirtió en un adolescente problemático y rebelde, se metía en problemas todo el tiempo y no escuchaba a sus padres o a nadie en lo absoluto hasta que cierto día decidió partir, está demás decir que nadie intentó detener su marcha, era mejor dejarlo partir pues aquí no parecía tener remedio alguno, un joven de quince años no tenía muchas oportunidades de sobrevivir en el mundo actual, jamás me habría imaginado que de alguna manera se abriera camino hasta llegar a pertenecer a uno de los grupos rebeldes más peligrosos en los alrededores.
- ¿Te molesta si pregunto el motivo de tu mal humor? – Lo escuché preguntar con desinterés antes de tomar un trozo de sandía.
- No es nada, no estoy molesta, más bien me siento frustrada. – Intenté aclarar, no quería hablar al respecto, para colmo de males el día de hoy no ha habido señales de Korra, no he ido a buscarla y para nada quisiera tener que preguntar por ella pues no deseo despertar la curiosidad de nadie.
- ¿La poderosa, respetada y temida Asami Sato se siente frustrada? ¿A caso hay algo en este mundo que aún no has logrado conquistar? – Rodé los ojos y bufé empujándolo suavemente hacia un lado.
- No he conquistado nada. – Renegué pues en verdad nunca ha sido mi intención conquistar algo, simplemente intento avanzar y guiar a la gente que me sigue hacia un buen camino.
- Puedes decir lo que quieras Asami, pero has conquistado barreras que nadie se habría imaginado que era posible alcanzar. Has tenido muchos logros y conquistas a tu corta edad, la gente te respeta así que no entiendo la causa de tu frustración, si yo estuviera en tu lugar viviría como un rey. – Lo pude observar divagando, si, desde que accedió a incluirse de nuevo al pueblo se ha dedicado a pedir acceso a un poco de poder, se nota que desea formar parte de algo importante, pero Lin y ninguno de los otros líderes están de acuerdo en su ingreso a las fuerzas de defensa, yo misma no confío en él así que eso ha bastado para truncar su sueño de poseer armas y recibir el entrenamiento especial que todos los guardias del pueblo reciben.
- Ser líder no significa abusar de tu poder para obtener todo lo que quieras. – Arrugue el entrecejo, de verdad dudaba que él fuera capaz de entender algo así.
- Amon vivía como un rey, nunca lo llegué a ver frustrado. – Meditó en voz alta.
- No tengo idea de porque llegue a pensar que aceptar tu invitación me ayudaría a olvidarme del estrés. – Dije cubriendo mis ojos con mi mano derecha.
- ¡Oh vamos Asami! ¿Has olvidado como divertirte? Solo déjate llevar, deja todo el papeleo y cambia la rutina. ¿Recuerdas cuando nos escabullimos en el taller de tu padre? Causamos un desorden con una de sus máquinas… - Lo observé riendo por lo bajo.
- Tú lo causaste, te dije que no jugaras con aquel proyecto y no hiciste caso. – Lo corregí con una pequeña sonrisa en el rostro.
- Aún así corriste a mi lado y te reíste junto conmigo cuando llegamos a los campos de cultivo. – Se defendió arqueando una ceja.
- Lo recuerdo. Aún sé como divertirme, pero mi definición para diversión siempre ha sido diferente a la tuya. Mi taller tiene todo lo que necesito para pasar horas enteras entretenida. – Hable con tono presumido negándome a aceptar sus palabras, de verdad no me considero a mi misma como una persona aburrida, por el contrario, he hecho muchas cosas que ahora me llenan de orgullo y en su momento me llenaron de adrenalina, un ejemplo de ello fue aventurarme al mundo de los espíritus, aunque en definitiva no le iba a mencionar nada de eso a Tahno.
- Como digas Sato... solo la gente de tu familia encontraría fascinante una montaña entera de metal oxidado. – Rodó los ojos y ambos reímos por lo bajo.
- Mira a tu alrededor, nuestra fascinación por el metal oxidado nos ha llevado lejos. – Volví a tomar otro trozo de fruta.
De alguna manera aquella conversación comenzó a volverse más amena, comenzaba a recordar los buenos tiempos al lado de este viejo amigo, de verdad nunca comprendí el motivo por el cual decidió partir y dejar todo atrás. Nos habíamos terminado la fruta picada cuando frente a nosotros pude ver a Korra y a Opal caminando juntas, cada una de ellas cargaba un par de libros viejos y de tamaño considerable, de nuevo mi mente se volvió una telaraña de dudas y la pequeña risa que compartía con Tahno se cortó de inmediato cuando mis ojos se fijaron en Korra.
Como si hubiese podido escuchar mis pensamientos la morena volteó y nuestros ojos se encontraron, pude notar la emoción en su mirada e inmediatamente después algo que era parecido a la angustia, lucía preocupada y por más que se esforzara en ocultarlo aquello era imposible pues pude darme cuenta de ello al instante. Aún así me esforcé y le brindé una sonrisa como saludo, sus pasos se detuvieron y pude notar como llamaba a Opal para pedirle que se detuviera, sin más que decir comenzó a avanzar hacia mi, no puedo negar que mi corazón se lleno de alegría, era la primera vez que lograba verla el día de hoy, la echaba demasiado de menos, sonaba ridículo pues recién la había visto ayer pero permanecía entre nosotras una sensación de distancia que me intrigaba bastante.
- Asami. – Sonrió sosteniendo un grueso y pesado libro en cada uno de sus brazos colgando a los costados de su cuerpo.
- Hola. – Mantuve mi postura e intenté no parecer demasiado emocionada enfrente de Tahno pues no quisiera que de pronto comenzara a interrogarme al respecto, estoy segura de que presta atención a cada cosa que hago y luego de su pequeña disputa con Korra la última vez que se vieron creo que tiene cierto interés depositado en mi relación con ella.
- ¿De donde demonios sacaron esos vejestorios? – Interrumpió Tahno señalando los libros que cargaban Korra y Opal, los ojos azules de mi novia lo miraron con frialdad pero pronto pareció desistir del impulso que claramente le paso por la mente.
- Son de Tenzin. – Respondió a secas mirando a Tahno detenidamente, parecía procesar la escena, yo y él sentados disfrutando de un poco de comida.
- Los libros son aburridos. – Concluyó él con total desinterés en los textos.
- Supongo. – Suspiró Korra volviendo su mirada hacia mí, parecía querer decirme algo pero se contuvo, tal vez se debía a la presencia de Tahno, no estaba segura pues de igual manera me había estado ocultando cosas los días anteriores a este.
- ¿Entonces estaban en casa de Tenzin? – Pregunté intentando obtener al menos esa respuesta, no quería lucir demasiado obvia, pero me intrigaba saber que diablos había estado haciendo hasta el momento.
- Si, necesito investigar un poco... – Pareció dudar en su respuesta.
- Vienes al pueblo a caminar de un lado a otro junto a tu otra amiga forastera, consumen de nuestra comida con toda libertad y no trabajan para devolver el favor. Creo que deberías abandonar esos estúpidos libros y empezar a buscar un empleo. – Agredió Tahno afilando la mirada, Korra apretó la quijada mirándolo con evidente molestia.
- ¿Disculpa? Llegué aquí hace una semana y desde entonces no te he visto hacer nada más que descansar bajo la sombra de los árboles. En todo caso puedo decir que tú llevas más tiempo gastando las reservas del pueblo en vano. Al menos yo tengo cosas que hacer en un futuro. – Bufó clavando su mirada en la de él.
- ¡¿Qué has dicho?! – Exclamo Tahno intentando ponerse de pie pero de inmediato fue empujado hacia atrás y obligado a permanecer sentado, los movimientos de Korra habían sido veloces.
- Te lo advierto, no me molestes. – Gruñó ella, pude notar la preocupación en los ojos de Opal pero la chica tenía las manos ocupadas por los libros así que era mi tarea interponerme antes de que algo más ocurriera.
- Korra. – Me puse de pie tomando uno de sus brazos para alejarla de Tahno pero su postura era firme, sus pies parecían estar pegados al suelo pues no la moví ni un centímetro.
- No te tengo miedo, pertenecí al grupo de Amon. Eres solo una chica. – Volvió a hablar, de verdad no entendía como es que podía ser tan descuidado, era evidente que su complexión no tenía ni una oportunidad contra la impresionante figura de Korra, él no se ejercitaba o entrenaba de ninguna manera y no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que Korra si lo hacía, si ella quería lo partiría en dos de un solo movimiento.
Un solo paso bastó para que ella fuera capaz de extender su brazo izquierdo y tomara la camiseta de Tahno bruscamente acercando el rostro del joven al de ella. – ¿Te sientes importante por haber pertenecido al grupo de Amon? Hablas sin pensar, no tienes idea de quien soy yo, no tienes idea de lo que he hecho a lo largo de mi vida o de donde provengo. Amon no es nadie, lo aplastaría a él y a cualquiera de su grupo en una pelea justa. – Sus ojos lanzaban fuego, así que me resultó fácil temer por la seguridad de mi viejo amigo.
- Korra… - Murmuró Opal a sus espaldas mientras yo sostenía su brazo.
- Solo… no me molestes. – Amenazó liberándolo de su poderoso agarre dejándolo caer sentado en su lugar. – Lo siento. – Me miró para luego suspirar. – He estado un poco estresada últimamente. – Confesó mirándome a los ojos e ignorando por completo a las otras dos personas que se encontraban cerca, al menos la amenaza de Korra le había cerrado la boca a Tahno por un momento.
- No eres la única. – Sonreí sintiéndome triste, quería hablar con ella pero no era el momento ni el lugar indicado y lo más seguro es que ella partiría con Opal para seguir con lo que sea que habían estado planeando hasta ahora.
- ¿Estarás libre en la tarde? – Me preguntó con esperanzas.
- Estaré trabajando en el taller. – Respondí mirando de reojo a Tahno, no quería dar una respuesta distinta a la que le había dado a él momentos antes, además, debía ir al taller si quería mantener mi mente callada hasta que pudiese encontrarme con Korra.
- Bien. – Me devolvió la sonrisa acercándose a mí para poder susurrar a mi oído. – Necesito hablar contigo. – Y así comenzó a caminar con Opal siguiéndola de cerca. – Nos vemos más tarde. – Se despidió y Opal hizo un pequeño saludo con la cabeza.
- ¿Quién demonios es ella? – Renegó Tahno.
- Una amiga. – Suspiré sin retirar la mirada de la espalda de mi querida Avatar mientras se alejaba.
- ¿Tienes idea de lo que hace para vivir? Llegó siendo perseguida por un rebelde importante… La mirada en sus ojos, todos los peores rebeldes tienen ese mismo vacío en sus ojos, esa determinación para eliminar a cualquiera que se atreva a meterse en su camino. ¿Segura que está bien alojarla aquí? – Cuestionó y mi corazón se encogió al instante, Korra no era como los rebeldes.
- No la conoces. – Negué con la cabeza agachando la mirada.
- No, pero conocí a muchos rebeldes durante mis años afuera del pueblo. Amon tenía esa misma mirada, son personas frías y se enfocan en las cosas que quieren, si te interpones en tu camino te borran del mapa. Comenzaré a dormir con un ojo abierto. – Lo escuchaba renegar y mi mente no podía evitar meditar sus palabras, Korra se había molestado con él, pero nunca lo habría agredido físicamente, o al menos eso quería pensar, ni yo misma podía negar la furia que había visto en sus ojos, parecía decidida a arremeter contra Tahno, aquello no era normal en ella, nunca antes la había visto actuar así.
- No hace falta que duermas con un ojo abierto, solo deja de intentar meterte en sus asuntos, Korra es una buena amiga y es bienvenida aquí. No tienes porque molestarla. – Lo miré arrugando las cejas.
- Entonces deberías considerar dejar de tratarla como alguien especial. Me molesta que no dudes en otorgarle todo lo que te pide y la dejes caminar por aquí como si fuera la dueña del lugar. Deberías tratarla igual que a los demás. – Bufó.
- Tengo mis propios motivos Tahno, deja de entrometerte, yo se lo que hago. – Me di media vuelta y comencé a caminar rumbo a la casa, había tenido suficiente, necesitaba un poco de tiempo para mi misma.
En el taller me dedicaba a soldar unas piezas de metal y a pulir otras, me encontraba entusiasmada con el nuevo proyecto que tenía entre manos y faltaba poco para poder ponerlo a prueba. Las horas pasaron a prisa, yo no tenía noción del tiempo, atrapada entre las cuatro paredes de mi santuario no era capaz de ver el avance del sol en el cielo, de cualquier manera el tiempo era lo que menos me preocupaba, las cosas en el pueblo se encontraban en orden así que no tenía pendientes, solo Korra, pero no quería pensar más al respecto, todo el tema me tenía agotada y necesitaba distraerme.
Las pequeñas ventanas en la parte superior de las altas paredes del taller me permitieron notar el tono azul obscuro en el cielo, era de noche, no tenía idea de que tan tarde era pero algo dentro de mí se entristeció al recordar que Korra había dicho que se encontraría conmigo el día de hoy y de nuevo no hubo señales de ella, tal vez lo olvido, considerar dicha idea me hizo sentir un nudo en el estómago, nuestra relación a penas comenzaba y ya tenía la sensación de que terminaría pronto, tal vez estaba exagerando, pero la distancia que había tomado lograba asustarme un poco, yo no soy capaz de concebir la idea de una relación en la que no existe confianza y si Korra no compartía las cosas importantes conmigo no creo que lo nuestro fuera a llegar lejos.
Un ligero sonido logró asustarme, había sido algo similar a la tierra moviéndose, sin perder el tiempo me di media vuelta y caminé hacia la entrada del taller, quedé sorprendida al ver como el suelo se abría y la cabeza de Korra salía del agujero asemejándose a un pequeño topo. La observe con incredulidad en lo que mi mente procesaba la imagen, Korra comenzó a mirar a su alrededor pareciendo estar un tanto confundida, todo su cuerpo se encontraba cubierto de una ligera capa de tierra, cuando sus ojos me ubicaron pude volver a ver aquella sonrisa traviesa y alegre que tanto amaba en ella.
- ¡Llegué! – Celebró y yo arqueé una ceja cruzando los brazos frente a mi pecho intentando suprimir la risa, me daba gusto verla pero la manera en que había aparecido y la cara de confusión que mostró al salir del agujero me eran suficiente para querer reír un poco.
- ¿Está bien si pregunto qué demonios estás haciendo? Porque pareces sorprendida al ver que lograste llegar aquí. – Hable con una sonrisa en el rostro, la observé meditar su respuesta un momento antes de volver a sonreír y dirigir su mirada hacia mi.
- Pues usted verá señorita Sato, esto que ves aquí. – Salió del agujero y lo señaló con sus manos. – Es un túnel que conecta directamente con mi escondite en la montaña… aún me falta pulir la entrada. – Comentó mirando los bordes irregulares de la abertura. - ¡Pero! – Continuó. – Servirá para tener un acceso rápido hacia tu casa, o para que tú tengas acceso a mi escondite, diseñaré la abertura para que permanezca oculta pero lo suficientemente ligera para que puedas accesar al túnel a voluntad. – Sonrió satisfecha luego de concluir su explicación, ese detalle había logrado quitarme una tonelada de peso de encima, Korra deseaba mantenerse en contacto conmigo y eso me tranquilizaba un poco, además, si tenía acceso a su escondite significaba que no deseaba ocultar cosas de mí, a menos de que tuviera otro escondite cerca del pueblo además de ese, pero pensar en cosas así era ir demasiado lejos.
- ¿Esperas que entre a ese túnel para llegar a tu escondite? – Cuestioné fingiendo sentir desagrado por la idea, Korra arrugó las cejas y sonrió comenzando a caminar hacia mí.
- Todo el día de ayer estuve pensando en una manera de facilitarte el acceso a mi escondite y esta fue la mejor solución pues así no llamarías la atención al desaparecer en el bosque, me tomó poco más de dos horas elaborar un túnel lo suficientemente alto, firme y liso para que tú lo puedas usar sin dificultad alguna. Así que sin duda espero que lo uses con frecuencia. – Habló cerca de mi rostro pegando su frente a la mía sin dejar de mirarme a los ojos al tiempo que sus manos sujetaban mi cintura.
- Estas llena de tierra. – Reí por lo bajo disfrutando de su presencia.
- Y tú de grasa y aceite de máquina… así no creo que un túnel lleno de polvo te valla a detener, además lo hice digno de una reina, solo me falta trabajar con la última parte, pero el resto se encuentra libre de tierra, solo para ti. – Beso mis labios con suavidad y mis piernas de pronto parecían haberse vuelto de gelatina.
- Lo usaré, solo porque es algo que el Avatar en persona hizo específicamente para mí. – Sonreí contra sus labios.
- Lo siento Asami. – Murmuró pesarosa apartando su mirada de la mía.
- ¿Qué ocurre? – Me apresuré a preguntar temiendo que su respuesta fuera a anunciar que su partida se encontraba próxima.
- Lamento que los últimos días no he podido estar contigo y que no he podido decirte qué es lo que me tengo entre manos. – Suspiró.
- Eso me ha generado intriga, no lo puedo negar y ha tomado lo mejor de mí no ir tras de ti con el propósito de interrogarte hasta la muerte. – Admití sin perder de vista su rostro, se le notaba realmente angustiada por el tema.
- Lo se, y agradezco tu paciencia. Planeo contarte todo ahora mismo. – Se apresuró a decir mirándome con esperanza.
- Eso suena estupendo pero ¿Qué te parece si te invito a cenar? Tomemos un buen baño y luego aclaramos todo el asunto. – Propuse con elegancia intentando ocultar la emoción que me generaba el por fin tener la oportunidad de pasar un poco de tiempo a su lado.
- Me parece una excelente idea. – Escuché notando como sus mejillas se ruborizaban.
Ambas permanecimos un momento más dentro del taller pues Korra estaba determinada a terminar el túnel cuanto antes, mientras ella se ocupaba de eso yo continué trabajando en mi proyecto. Cuando ambas hubimos terminado salimos del taller y nos dirigimos a mi casa para tomar un baño, ella se lavo primero mientras yo asistía a Wu en la cocina, al llegarse mi turno entré al baño y me deshice de mi ropa de trabajo que se encontraba teñida de manchas negras.
Como era de acostumbrarse cenamos acompañadas de mi padre, los tres compartimos una charla ligera, mi padre no mencionó nada sobre lo que habíamos hablado en la mañana lo cual me alegró bastante pues primero quería hablar con Korra al respecto. Al concluir la cena Korra se ofreció para lavar los platos y luego de eso ambas nos dirigimos a mi habitación donde nos recostamos en la cama, con la cabeza recargada sobre su pecho disfrutaba escuchando el latir de su corazón, ahora entendía el motivo por el cual la había extrañado tanto estas últimas dos noches, descansar de esa manera a su lado era algo invaluable, me sentía llena de felicidad y sumamente tranquila, un sentimiento cálido y puro que llenaba mi pecho, sería absurdo negar que es fácil acostumbrarse a eso, es algo que podría clasificar como "adictivo" y si lo miraba desde esa perspectiva podía comprender mi reacción al no tenerla cerca. Todo eso era nuevo para mí, nunca antes había compartido un vínculo tan estrecho con alguien y no se si por fortuna o desgracia esa persona había resultado ser el Avatar.
- He estado planeando una manera de mantenerme aquí el mayor tiempo posible sin tener que descuidar mis obligaciones como Avatar. – Comenzó a hablar y yo escuchaba en silencio.
- Mi siguiente paradero serán las tierras frías del norte, queda retirado de este lugar pero creo que hemos encontrado una manera de poder conectar ambos lugares y reducir el tiempo de los viajes, así no deberé ausentarme por periodos prolongados, además tendría la ventaja de poder trabajar como el Avatar en distintas partes del mundo para no generar sospechas. – Sonrió. - El secreto para eso reside en los portales al mundo de los espíritus. – Hablaba mirando el techo de la habitación.
- ¿Y para eso era necesario guardar tanta discreción? – Comenté con sarcasmo y su mirada volvió a llenarse de angustia.
- No… eso fue por una causa distinta. – Admitió y yo guardé silencio para permitirle continuar. – Tengo algunos pendientes de vuelta en Ba Sing Se. – Suspiró tomándose un tiempo antes de seguir. – Ya discutí las cosas a fondo con Opal, debo comenzar a moverme en el antiguo Reino Tierra con mi identidad como Avatar para distraer a los rebeldes y mantener las sospechas lejos de la identidad que asumí durante mi estancia en Ba Sing Se. Si no quiero que mi rostro sea reconocido debo volver y actuar como de costumbre mientras las noticias del Avatar se esparcen por otros rumbos, de otro modo sería fácil para unos poder distinguirme de inmediato y la voz se correría.
Las dos permanecimos en silencio durante un momento mientras yo procesaba lo que había escuchado. – Entonces, debes volver para evitar ser descubierta… ¿Qué identidad adoptaste allá? – No pude evitar preguntar, si debía volver para evitar ser reconocida como el Avatar lo más seguro es que su rostro debía ser conocido en Ba Sing Se.
- Ninguna en especial. Es solo que viví bajo el techo de Suyin y eso bastó para que los habitantes de las ruinas me reconocieran de inmediato. Luego de todo el revuelo que hubo con Aiwei la gente notará mi ausencia y todo lo podrían relacionar con la desaparición del Avatar, eso no sería para nada conveniente. – Suspiró y de nuevo nos sumimos en el silencio, no había nada que yo pudiera decir, Korra tenía obligaciones y responsabilidades que no podía descuidar y yo no planeaba interferir en su misión como Avatar.
- ¿Dormirás aquí esta noche? – Hablé adormilada acurrucándome contra su pecho.
- No parece que tenga otra opción. – La escuche sonreír y sentí sus brazos sujetándome con fuerza.
Aquella noche pude descansar del estrés que había acumulado en las últimas cuarenta y ocho horas.
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Jueves 16 Agosto.
Poder disfrutar de la imagen de Korra durmiendo por la mañana me brinda una de las sensaciones más gratificantes que alguna vez haya experimentado en la vida, no me es fácil expresarlo, simplemente me siento llena de felicidad al tenerla ahí conmigo y que su rostro sea lo primero que vea al empezar el día.
Comenzamos la mañana como cualquier otra, salimos de la cama, nos duchamos y bajamos a desayunar, para mi sorpresa Opal ya se encontraba sentada a la mesa acompañando a mi padre. La verdad es que no tengo nada personal en contra de ella, las cosas que ocurren entre Korra y yo son algo que debemos tratar entre las dos así que la presencia de la joven Beifong no debería irritarme, pero no puedo negar que siento un poco de recelo hacia ella, Korra confía en ella, estoy segura de que hay cosas que ha tratado con ella que a mi no me ha dicho, sus explicaciones siguen siendo muy superficiales, siento que aún oculta algo y no me puedo imaginar lo que es, podría ser cualquier cosa, de cualquier manera agradezco haber podido hablar con ella ayer, esperaré un poco más, el tiempo deberá brindarle la claridad mental suficiente para contarme lo que sea que parece intrigarle.
Los cuatro desayunamos juntos, Opal no terminaba de alagar a mi padre remarcando todos los logros que hizo durante su gobierno sobre el asentamiento, es fácil notar que Opal es una chica inteligente y bien informada, lo cual no es de sorprenderse si se tiene en cuenta que ella es hija de la líder de las ruinas en Ba Sing Se. También tuve la oportunidad de observarla interactuar con Korra, ambas comparten un vínculo especial, tal como lo noté en la voz de Korra cuando me contó sobre ella. Al verlas juntas se tiene la impresión de que se conocieran de toda la vida, compartiendo risas y miradas que solo ellas entienden, tienen su propio idioma, pocas veces he tenido la fortuna de generar amistades tan profundas como esa, Mako es uno de mis más grandes amigos, pero él y yo nos conocemos desde que éramos niños, así que es impresionante ver el grado de conexión que Korra desarrolló con ella en el transcurso de solo tres años, me sentía un poco celosa y eso me irritaba pues sabía que no había razón para sentirme así.
- ¿Cómo es que te armaste de valor para entrar al mundo de los espíritus? Nadie más había hecho algo similar y todo aquel que se atrevía a entrar a la selva no vivía para contarlo. – De pronto me di cuenta que la conversación se había enfocado en mí y que todos los presentes me miraban con atención en espera de una respuesta, con dificultad hice a un lado los pensamientos en los que me había perdido para poder responder apropiadamente.
- Korra me había dicho que la selva tenía un portal que conectaba al mundo de los espíritus, y luego de su partida leí sobre una biblioteca que guardaba todo tipo de libros repletos de la información que tan desesperadamente necesitábamos para poder empezar de nuevo de la mejor manera posible. Así que no ví otra opción, no fue que me hubiera llenado de valor, si no que estaba determinada a ayudar al asentamiento a salir de la depresión en la que nos sumieron los errores de nuestros antepasados. – Explique a la joven que me miraba con entusiasmo, al terminar mi respuesta pude notar como su sonrisa se volvía más amplia.
- Ninguno de los relatos que vagan por el continente te hace justicia Asami Sato, eres una excelente líder, una excelente persona y además muy hermosa, sin importar que tan detallados puedan ser los rumores, la gente no comprenderá lo brillante que eres hasta que te vean en persona, es una de esas cosas que debes vivir por ti mismo para poder comprender. – Me halagó y mi rostro se pintó de rojo, mi padre rió por lo bajo y Korra me contemplaba con una cálida sonrisa.
- Gracias… - Pronuncié con voz suave aún repasando mentalmente aquella hermosa frase, a estas alturas ya había recibido numerosos halagos de distintas personas, pero muchas de esas personas no tuvieron acceso a ningún tipo de educación a lo largo de su vida así que su forma de expresarse era limitada, en cambio Opal había seleccionado bien sus palabras y las había recitado con gracia y elegancia, me había tomado completamente desprevenida y como consecuencia no pude ocultar la pena que me invadió en el momento.
- Ahora entiendo mejor que nunca el motivo por el cual Korra no paraba de hablar de ti. – Continuó hablando dirigiéndole una mirada traviesa a Korra que de inmediato cambió su expresión arrugando el entrecejo, pude notar como la golpeó por debajo de la mesa y Opal dio un pequeño salto, de inmediato sonreí intentando no reír, me gustaba saber que incluso lejos de aquí Korra continuaba pensando en mí.
- Bueno, aquí no se si fue por el trabajo, por su posición y responsabilidades o por la impresión de saber que Korra era el Avatar, pero Asami tampoco quitaba la vista del calendario, será un poco más resguardada pero me fue fácil notar que siempre llevaba con ella la pequeña figurilla de roca que Korra le regaló poco antes de su partida. – Interrumpió la voz de mi padre dedicándome una sonrisa socarrona y esta vez fui yo quien arrugó las cejas, Opal rió y Korra parecía sorprendida.
- Entonces el sentimiento siempre fue mutuo, Korra nunca se quitó el collar que le regaló Asami, incluso ahora lo lleva puesto. – Agregó Opal, Korra bufó rodando los ojos.
- Creo que hemos terminado con el desayuno ¿Cierto? – Se puso de pie mirando a Opal de forma amenazante y la chica le devolvió una sonrisa juguetona, mi padre continuó riendo suavemente, al parecer disfrutaba toda la escena, él sabía de mi relación con Korra pero yo olvidé informar a Korra al respecto así que me supongo que la presencia de mi padre y las palabras de Opal estaban destrozando sus nervios.
- Korra. – Habló mi padre y ella se tensó de inmediato dirigiendo su atención hacia él.
- ¿Si? – Respondió con nerviosismo.
- Confío en que cuidarás de Asami con toda la dedicación, fuerza y corazón que sueles dirigir a las cosas que haces día con día para cumplir tu misión como Avatar. Si bien es verdad que no llevas una vida sencilla y que mantener una relación íntima y personal con el maestro de los cuatro elementos suena como algo imposible, estoy seguro de que la persona que sea capaz de mantener el ritmo de dicha vida tendrá la fortuna de ser recompensada con el corazón más grande, fuerte y bondadoso en este mundo. Si el Avatar es capaz de dedicar su vida entera a la tarea de mejorar el planeta no me cabe duda de que es capaz de amar a alguien como nadie más podría hacerlo… Entiendo que ustedes a penas intentan comenzar algo, pero dadas las circunstancias les aconsejaría que comenzaran teniendo todo eso en mente. – Concluyó mirando brevemente a cada una de nosotras, en ese momento pude ver toda duda desaparecer de los ojos de Korra mientras se concentraba en la figura de mi padre.
- Tuve tres años para meditarlo, lo pensé con seriedad y repase una infinidad de veces todas las cosas que podrían salir mal. No me cabe duda de que Asami es una persona especial para mí. Aún es muy pronto para hacer promesas, pero una cosa si puedo asegurar, mientras ella esté conmigo la cuidaré de la mejor manera posible.
En ese momento mi corazón pareció detenerse, las palabras de mi padre eran serias, era comprensible pues yo me había mostrado vulnerable ante él y él se estaba asegurando de que su hija no fuera a resultar lastimada, pero la respuesta de Korra me dejó helada, sus palabras eran fuertes y reflejaban seguridad, su mirada, su postura, todo indicaba que en esos momentos no podía hablar más en serio, no dudó ni un momento, no batalló para dejar las palabras fluir, Korra estaba completamente segura de estar a mi lado.
El corazón me latía a toda prisa martillando contra mi pecho, lo nuestro no era algo pasajero, no era algo superficial o experimental, había algo más entre nosotros, algo que aún no podía ubicar con precisión pero que estaba segura que se encontraba ahí. Yo había esperado pacientemente día con día, siempre con la esperanza de verla de nuevo, nuestra relación no había empezado una semana atrás, había empezado tres años antes, aquellos días intenté negar mis sentimientos hacia ella y cuando me fue imposible me esmere por ocultarlos, quería a Korra, la quería más que a una amiga y sentía que ella también podía percibir la atracción que siempre nos llevaba a pasar horas hablando y sentir como si nunca tuviéramos el tiempo suficiente para disfrutar de nuestra convivencia, nunca era suficiente, siempre quería estar a su lado.
- Me alegra escuchar esas palabras, como padre no podría pedir menos que eso para mi hija. – Lo escuché aprobar y me ví forzada a cortar mi línea de pensamientos, seguro mi rostro se había tornado completamente rojo, no tenía palabras y sinceramente no quería que la plática se dirigiera hacia mí así que me puse de pie llevando conmigo los platos que habíamos usado para desayunar.
- Los dos hablan como si fueras el tesoro más grande de este mundo. – Escuché a Opal acercarse detrás de mí trayendo consigo los platos que faltaban.
- Mi padre siempre ha sido demasiado sobre protector… - Murmuré una respuesta sintiendo como una sonrisa se pintaba en mis labios, no había sido algo voluntario, pero ahora que Opal lo mencionaba, Korra también había mantenido el mismo nivel que mi padre al hablar sobre mí, el temor y la inseguridad que me habían invadido estos últimos días se había esfumado por completo.
- Y Korra nunca deja de hablar maravillas sobre ti, eres una chica afortunada. – Me sonrió.
- Ni lo menciones, no creí que algún día fuera a tener la oportunidad de estar al lado de Korra de esta manera. – Balbucee pues todo aquello aún se sentía muy irreal y difícil de creer, tres años había esperado y por fin mi deseo se había cumplido, no solo eso si no que Korra se encontraba tan invertida en esta relación como yo lo estaba.
- ¿De verdad no creías que fuera posible? – Rió Opal por lo bajo de forma burlona. – Conocí a Korra hace tres años, cuando a penas era una novata en los viajes, suave y con una mirada que delataba su incertidumbre, a leguas podías notar que la chica no tenía idea de a donde iba o que demonios quería hacer. Una cosa si era segura, cuando comenzaba a hablar de ti su rostro se iluminaba por completo. Así que no creo que no pudieras notar eso el día que se marcho de este lugar. – Me miró alzando una de sus cejas con una sonrisa traviesa.
- Era complicado. – Resolví responder esquivando su mirada intentando enfocarme en lavar los platos.
- Mako. – Rodó los ojos y suspiró negando con la cabeza mientras sonreía.
- Si. – Suspiré dejando mis hombros caer.
- Me contó como ocurrió todo. Ella misma sabía la verdad, Mako solo era un buen amigo. Deberías reclamarle el tiempo perdido. – Dijo como broma golpeando mi costado suavemente con su codo.
- Debería. – Sonreí riendo por lo bajo.
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Viernes 24 Agosto.
Las cosas comenzaron a mejorar luego de aquel día, Korra y Opal me citaron en su escondite durante la tarde para darme tiempo de terminar mis deberes como líder de la ciudad. Al encontrarme con ellas me contaron el plan, buscar una manera rápida de viajar dentro del mundo de los espíritus para llegar a los otros portales que la llevarían a los polos, los libros que las vi llevar la tarde anterior contenían información sobre los espíritus y su mundo, Opal había resumido gran parte del contenido sobre los portales pero Korra buscaba una manera de transportarse dentro de aquel mundo pues sabía que si entraba con su cuerpo físico no podría moverse libremente como lo haría con su espíritu, necesitaba que los espíritus la ayudaran y yo tenía una solución para eso, luego de convivir con los espíritus en su mundo durante los últimos dos años me había vuelto amiga de varios de ellos, Wa Shi Tong formaba parte de mis contactos así que con facilidad podríamos recibir su consejo y tal vez apoyo.
Todo se encontraba en orden, ya teníamos planeado una visita al mundo de los espíritus cuando los hermanos Wing y Wei volvieron de Ba Sing Se, de nuevo me vi obligada a otorgarles un poco de espacio, partí hacia el taller donde me dedique a continuar con mi proyecto, por más que quisiera saber al respecto sabía que no me correspondía demandar que se me incluyera en sus reuniones.
Esa misma tarde Korra se reunió conmigo para compartir las nuevas noticias, debería volver a Ba Sing Se cuanto antes para resolver algunos pendientes, mis gestos debieron delatar los sentimientos que de pronto inundaron mi mente pues ella de inmediato sujeto mis hombros con suavidad, no la quería ver partir, no de nuevo, no podía esperar tres años más para volver a verla.
- Volveré en una semana. – Me aseguró mirándome a los ojos, me fue difícil creer sus palabras, sabía que nada estaba seguro, que cualquier cosa podría pasar y su viaje podría ser interrumpido por alguna banda de rebeldes, sabía que aquel tiempo podía alargarse, sabía que su vida siempre corría peligro, con dificultad logré calmar mi ansiedad y poco a poco me fui convenciendo de que todo estaría bien.
Pasamos el resto de la tarde juntas pues ella se iría a la mañana siguiente siendo acompañada por los gemelos, Opal permanecería en mi pueblo pues las dos aseguraron que aún quedaba mucho trabajo que hacer en las ruinas de Ciudad República y que el viaje de Korra a Ba Sing Se era algo breve con el fin de atar algunos cabos sueltos.
Los primeros dos días en la ausencia de Korra me dediqué a los proyectos del pueblo, el tercer día visité a Wa Shi Tong y le conté de nuestro plan, la enorme lechuza se mostró interesado y dispuesto a cooperar en cuanto le expliqué que el documento que le había pedido al Avatar ahora se encontraba en manos de un hombre que habitaba en las tierras frías del norte. Sin perder el tiempo el espíritu de la sabiduría mandó a uno de sus subordinados en busca de un mapa del mundo de los espíritus, al tenerlo entre mis manos Wa Shi Tong comenzó a mostrarme los caminos que llevaban a los portales, tres portales conectaban nuestros mundos, uno en cada polo y aquel que se encontraba cerca de mi pueblo, la ventaja que Korra tendría al viajar por el mundo de los espíritus sería la capacidad de trasportarse por los aires, si algún espíritu con la capacidad de volar y la fuerza suficiente para cargarla se ofrecía voluntario para ayudar, nuestra misión estaría cumplida.
Entre más se acercaba la fecha indicada para el regreso de Korra más ansiosa me sentía, la inseguridad me invadía, la presencia de Opal en el pueblo me reconfortaba pues me aseguraba que la misión de Korra en este lugar aún continuaba y debía volver pronto, eso me daba esperanzas. No estaba segura de que me aterraba más, dejarla marchar sin tener una fecha asegurada para su regreso o de hecho ser capaz de contar los días hasta la fecha prometida para volverla a ver. Si conocía la fecha de su regreso la ansiedad me invadiría conforme se acercara el momento de volverla a ver con el temor de que algo fuera a salir mal y aquello no sucediera, por el otro lado si no tenía idea de cuando planeaba volver me quedaba la incertidumbre de no tener idea cuanto tiempo debería esperar y no habría manera de que me distrajera haciendo una cuenta regresiva hasta el día deseado. De cualquier manera me sentiría mal, lo mejor era mantener la mente ocupada en algo más.
Un millón de ideas atormentaban mi cabeza, era un día como cualquier otro, el día de hoy esperábamos volver a ver a los gemelos y a Korra, a lo largo de la semana mi cabeza se había llenado de teorías que complicaban mi existencia, las palabras de mi padre se mezclaban con los sentimientos que tenía y el tiempo de espera solo agregaba más presión a todo el asunto, comenzaba a dudar si era verdad que yo sería capaz de soportar la angustia que me generarían todos y cada uno de los viajes de Korra, el mundo era un lugar peligroso y ella es el objetivo principal de la gente más detestable que camina por estas tierras, la historia nos recordaba con numerosas anécdotas las múltiples pérdidas de Avatares pasados que habían muerto a manos de estos sanguinarios verdugos, detestaba tener que pensar en cosas de esa naturalidad pero ignorarlo sería estúpido pues aquello era un peligro real y constante en la vida de Korra.
La mañana pasó lentamente, los segundos parecían haberse vuelto minutos, los minutos horas y las horas días, con todo el enredo de contradicciones y frustración danzando dentro de mi cabeza muchos de mis amigos se mostraron preocupados por mi falta de concentración y asertividad a la hora de revisar el papeleo diario y ciertas peticiones. Afortunadamente logré terminar el trabajo antes de las tres de la tarde y partí en dirección a mi hogar, mi pecho parecía haberse compactado, me resultaba difícil respirar y a estas alturas del día me había rendido al intentar callar el alboroto de ideas negativas que desfilaban por mis pensamientos, estaba conciente de que Korra es una chica fuerte y con la ayuda de los elementos se puede volver un rival digno de todo un ejército, pero la lógica me dejaba en claro que ninguno de los otros Avatares caídos había sido vencido por un ejército, la mayoría de ellos habían sido presa de un solo asesino silencioso que les había seguido la pista y no había tenido que hacer nada más que esperar el momento indicado para atacar y ponerle fin a la vida de la persona más poderosa sobre el planeta.
El sol comenzó a caer por el horizonte pintando los cielos de un tono rojizo, pasaban de las siete de la tarde y no había señal alguna de los hermanos o de Korra. No había podido disfrutar de mi comida así que desistí y dejé el plato a medias para luego salir en busca de un poco de claridad mental, no era natural en mi el preocuparme tanto, algo había cambiado y estaba consciente de ello, al volver oficial nuestra relación y luego de haber podido probar y sentir el lado más cálido de Korra me aterraba la idea de perderla, ansiaba poder sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo y sentir el palpitar de su corazón, escuchar su voz y poder dormirme al ritmo de su respiración, si la perdía ahora lo lamentaría toda la vida, no se le puede otorgar a alguien la sensación de tener todo lo que siempre ha querido y luego quitárselo al poco tiempo, eso solo genera una sensación de vacío e insatisfacción, deja grabado en tu memoria todas aquellas sensaciones con la suficiente claridad para que lo añores por el resto de tu existencia, no me perdonaría que algo así ocurriera, no sabiendo que yo pude acompañarla, mis obligaciones como líder me ataban a mi pueblo pero quedarme o partir a su lado era decisión mía.
- Aquí estas. – Escuché la suave voz de Opal, la joven se ha adaptado bien a la vida en el pueblo, últimamente la he visto pasando tiempo con Bolin, ambos parecen llevarse de maravilla.
- ¿Me necesitan para algo? – Suspiré sin retirar la mirada del horizonte que poco a poco cambiaba sus tonos anaranjados por otros violetas, luego de caminar sin rumbo por un momento había llegado al acantilado donde Korra y yo solemos convivir.
- No. – Respondió con tranquilidad tomando asiento a mi lado. – Es solo que Korra me pidió que cuidara de ti mientras ella no estaba y te he notado inquita estos últimos días. – Explicó concentrando su mirada en el cielo.
- He tenido tiempo para pensar. – Inicié haciendo una pequeña pausa. – Estoy angustiada. – Al fin confesé, no había hablado con nadie al respecto y sacarlo de mi pecho parecía ser la mejor opción para calmarme un poco.
- Te entiendo, es natural, yo lo viví en Ba Sing Se, Korra iba y venía todo el tiempo, algunos de sus viajes duraban más que otros y nunca teníamos asegurado que ella fuera a volver con bien. – Me miró y colocó una de sus manos sobre mi hombro. – Pero Korra es fuerte, la he visto superar tantos retos a lo largo de los años, ha enfrentado una infinidad de peligros y gracias a ello ha aprendido muchas cosas que le han ayudado a sobrevivir… volverá, es un poco tarde ahora pero hay que tener en cuenta que ningún camino es seguro, siempre puede haber imprevistos, bloqueos en las rutas y demás cosas que bien pueden ocurrir por causas naturales. – Se encogió de hombros luciendo tranquila y segura de sus palabras.
- ¿Qué son esos asuntos pendientes que tiene en Ba Sing Se? – Arrugué las cejas mirando de reojo a la morena que de inmediato cambió su expresión por una que reflejaba incomodidad.
- Tiene que reestablecer su identidad para que no la relacionen con el atentado en contra de Kuvira, eso la delataría como Avatar y la noticia se esparciría pronto. – Habló con cautela, pude notar que intentaba cuidar sus palabras, aún no terminaba de comprender a que se debía todo aquel misterio. ¿Qué había hecho Korra en Ba Sing Se?
- Entonces se creó una identidad alternativa para acercarse a Kuvira ¿Y ahora debe mantenerla? – Intenté razonar.
- Exacto. – Se iluminaron sus ojos al responder, parecía aliviada, si ese era el caso no veía el motivo por el cual Korra querría ocultarme la verdad.
- Supongo que aquella identidad se volvió conocida entre los rebeldes y es por eso que quieren mantenerla como estaba. – Arqueé una ceja continuando con la conversación.
- Queremos utilizar esa misma identidad como miembro del grupo de rebeldes para que su integración en las tierras frías del Norte sea más rápida y sencilla. – Sus ojos no se apartaron de los míos dejándome en claro que lo que decía era verdad. El Avatar se estaba preparando para realizar otro movimiento, al parecer Korra no desaprovecharía los tres años de trabajo en Ba Sing Se, me parecía un plan ingenioso, mantener la misma identidad que tuvo como rebelde para integrarse con rapidez. De pronto llego a mi mente la respuesta que buscaba, si Korra había llegado a ser considerada como miembro de un grupo rebelde tan importante como el de Kuvira y había llegado tan lejos como para ganarse la confianza de aquella líder, lo más seguro era que había tenido que pasar ciertas pruebas para poderse ganar un lugar en el desagradable y peligroso círculo de maleantes que apoyaban a Kuvira.
- Ya veo. – Suspiré mirando hacia el suelo, más dudas bombardeaban mi mente pero estaba segura de que Opal no me proporcionaría las respuestas que buscaba, aún así debía intentar, al menos podría darme idea de la naturalidad del secreto que Korra se empeñaba en mantener escondido de mí. - ¿Qué hizo Korra para integrarse al grupo de Kuvira? – Intenté sonar desinteresada, de nuevo pude leer el nerviosismo en los gestos y movimientos de mi acompañante, sus ojos de inmediato evitaron hacer contacto con los míos y sus hombros se tensaron.
- Hubo que ganarse la confianza de los rebeldes, nada bueno deriva de eso. – Suspiró. – Korra compartirá esa experiencia contigo en su momento, no me corresponde a mí darte los detalles. – Se excuso de manera cordial y no pude hacer más que abandonar el tema, no quería incomodarla y tampoco quería obligarla a traicionar la confianza de Korra.
- Entiendo. – Agache la mirada, el sol se había ocultado por completo y la luna había tomado protagonismo en los cielos, el mar rugía en lo bajo del acantilado y de nuevo mi mente se perdió en el recuerdo de los ojos de mi querida Avatar, solo deseaba que se encontrase con bien. – Gracia Opal, por hablar conmigo. – Interrumpí el silencio luego de unos cuantos minutos de habernos dado el tiempo de disfrutar los sonidos de la noche.
- No tienes nada que agradecer, yo me preocupaba por el bien de Korra en Ba Sing Se siendo que al inicio ella solo representaba al Avatar pues no nos conocíamos bien, aún así la angustia era suficiente para dejarme pensando a lo largo del día. ¿Qué será del Avatar? ¿Habrá salido con bien? – Me sonrió cálidamente. – Así que no me imagino el mal momento que has de estar pasando siendo que ella para ti representa más que una amistad, se nota desde lejos que el vínculo que ustedes tienen es algo especial. Entonces pensé que sería bueno venir a compartirte mi experiencia, o al menos hacerte un poco de compañía, tengo más experiencia en las pequeñas esperas de los viajes cortos de Korra, todo estará bien. – Aseguró volviendo a mirar la luna.
Había logrado calmar mi inquietud y de alguna manera me convencí para meterme entre las cobijas de mi cama y quedarme quita, mantuve la luz encendida y sobre mi regazo reposaba uno de los pesados libros que Tenzin nos había prestado. Nunca me cansaba de leer e investigar sobre el mundo de los espíritus, se encontraba lleno de misterios y cosas fascinantes pues aquel mundo no era nada parecido al nuestro, funcionaba de maneras misteriosas, cualquiera que entrara ahí sin tener conocimiento alguno del lugar seguro se espantaría al presenciar ciertos fenómenos, plantas que hablan, bestias que vuelan, escenarios que cambian de apariencia de un instante a otro, pareciera magia pero no lo es, aquella es simplemente la forma en que su mundo opera y es por eso que me resultan cautivadores los textos que hablan al respecto.
El fresco de la noche entraba por la ventana, pude escuchar un par de pasos y otros sonidos que me indicaban que alguien andaba dentro de mi habitación, no quise abrir los ojos pues me encontraba a gusto en mi cama y no me sentía amenazada por aquella presencia, me quedé dormida mientras leía, uno de mis brazos abrazaba el ancho libro manteniéndolo pegado a mi pecho, pude escuchar más pasos y movimiento alrededor mío, aquella persona se movía con libertad dentro de mi espacio, aquella persona conocía la habitación.
- ¿De verdad he sido remplazada por un libro? – La escuché murmurar antes de recibir un cálido beso sobre la frente, suspiré y me acurruqué más entre las sábanas, unas delicadas manos me robaron el libro del pecho deslizándolo suavemente hacia abajo, hubo más sonidos y luego la luz de la habitación, que yo había dejado encendida, se apagó, un cálido cuerpo se recostó a mi lado y me envolvió entre sus brazos cubriéndonos a ambas con la sábana.
- ¿Korra? – Murmuré entre sueños.
- Lo siento, nos atrasamos un poco. – Acariciaba mi cabello y yo escondí el rostro en el espacio que había entre su pecho y su cuello.
- Bienvenida. – La rodeé con mis brazos estrechándola con fuerza, el corazón me iba a toda prisa, de nuevo me sentí tranquila y como era de acostumbrarse cuando ella estaba conmigo, me sentía llena de alegría y emoción.
- Te eche demasiado de menos. – Murmuró repartiendo varios besos cerca de mi oreja haciéndome reír por el suave cosquilleo.
- Y yo a ti. – Me aparté un poco para al fin darme el lujo de contemplar sus hermosos ojos, como si una cosa no se pudiera dar sin la otra nuestros labios se conectaron, verla a los ojos era una prueba difícil de superar, mi voluntad menguaba, la quería para mí, quería tenerla cerca y sentirla con mis manos, compartir su calor, impregnarme de su aroma, Korra me hacía sentir cosas con las que no estaba relacionada, cosas nuevas, era embriagante y seductivo.
- ¿Qué hora es? – Murmuré contra sus labios sintiendo un escalofrío subirme por la espalda al notar el contacto de su mano con el muslo de mi pierna.
- Cerca de las tres de la mañana. – Habló sin quitarme la mirada de encima, con mi frente junto a la suya me deleitaba observando el deseo en sus ojos, no era la primera vez que veía aquella llama ardiendo dentro de ella, luego de nuestro primer beso fue la primera vez que la pude ver, Korra me deseaba tanto como yo a ella y no había manera de negarlo, Mako se había enterado y yo intentaba olvidarlo por el bien de mi amistad con él, pero la manera en que me veía era intimidante, debilitaba mis rodillas y me robaba el aliento, me había resultado difícil contenerme y mantener la distancia necesaria para respetar la relación que ella y Mako compartían, aquella mirada siempre me había pertenecido solo a mí y ahora era libre de disfrutarla a mi gusto.
- Te quiero Asami. – Habló con seriedad antes de volver a conectar nuestros labios en un beso lento, cálido y profundo. Lentamente comencé a deslizar una de mis manos por debajo de su blusa acariciando su piel sin perder detalle de los relieves, Korra tenía cicatrices, las pude ver luego de su regreso tras los tres años en Ba Sing Se, múltiples marcas por todo su cuerpo, marcas de batallas que yo no había estado ahí para presenciar pero que estaba segura habían sido cortes profundos y dolorosos en su momento.
Nuestras lenguas rozaron y mi respiración se volvió apresurada, con su mano izquierda tomó mi pierna derecha por debajo del muslo para acercarme más a ella posando mi pierna por encima de su cuerpo, una de sus piernas había quedado en medio de las mías y cuando esta hizo presión contra mi cuerpo un pequeño gemido escapó de mis labios, no estaba segura si aquello había sido apropósito pero me estaba enloqueciendo, la presión en mi entrepierna me estimulaba y sus besos sobre la orilla de mi mandíbula solo ayudaban a entorpecer más mi capacidad de razonar, instintivamente comencé a alzar su blusa acariciando su espalda en el proceso, entonces mis manos hicieron contacto con una zona abultada y Korra se estremeció dejando escapar un pequeño gemido que evidentemente había sido de dolor, no dudé ni un momento y me aparté del abrazo.
- ¿Qué es eso? ¿Estás herida? – Pregunté intentando recuperar el aliento.
- No es nada. – Aclaró su garganta mirándome con preocupación.
- ¿Qué ocurrió? – Me acerqué a ella volviendo a pasar mis dedos lentamente sobre la herida en su espalda teniendo cuidado de no lastimarla.
- Hubo una pelea. – Cerró los ojos juntando su frente a la mía dándome la libertad de explorar la extensión de dicha cicatriz, con el tacto me bastaba para saber que había sido una herida de tamaño considerable.
- ¿Por qué no la curaste con agua? – Murmuré comenzando a acariciar la piel de su brazo.
- No puedo, hubo gente que presencio la pelea, si la cicatriz desaparece sabrán que algo extraño ocurre. – Me miró besando mis labios brevemente. – Estoy bien, estoy acostumbrada. – Confesó.
- ¿Tienes más heridas? – Pregunté con tono amenazador arqueando una ceja.
- Si, pero más pequeñas. – Apartó su mirada de la mía mostrándose evasiva.
- ¿Cómo sobreviviste tres años allá afuera de esta manera? – Comenté con frustración y ella rió por lo bajo.
- Pensando que si no lo hacía no podría volver contigo y pedirte que fueras mi novia. – Me ofreció una sonrisa presumida y yo bufé golpeando su hombro con suavidad.
- Me dejarás revisar esas heridas por la mañana ¿Entendido? – Demandé sosteniendo su rostro entre mis manos.
- Entendido. – Sonrió besando mis labios brevemente para luego acurrucarse entre mis brazos.
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Sábado 25 Agosto.
Pequeñas raspaduras, moretones y cortadas, la variedad de sus heridas me sorprendía e irritaba, la ayudé a cambiar los vendajes, la cortada más grande había sido la que sentí en su espalda durante la noche, me explicó que había sido causada con el filo de una espada, era notorio que se había ayudado haciendo uso del agua control pero solo lo suficiente para garantizar que el tejido no se fuera a infectar, de ahí en más planeaba dejarla sanar naturalmente con el fin de que la cicatriz que se formara no levantara sospechas.
Opal llegó y no pareció sorprendida al notar las heridas de Korra, en vez de eso rodó los ojos y suspiró encogiéndose de hombros, en respuesta Korra negó con la cabeza y suspiró, no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que ambas estaban ubicadas en la misma sintonía, yo era la única que no tenía idea de los detalles tras aquellas marcas de guerra. Por el momento no era eso lo que me preocupaba, no me interesaba saber nada además de encontrar una manera para equilibrar la balanza. Había vivido un infierno estando lejos de Korra, debía haber alguna manera de remediar eso, como líder del pueblo debía permanecer aquí para todos así que solo había otra opción, medios de comunicación, los hubo antes y los podíamos volver a implementar.
El siguiente viaje de Korra ya estaba planeado, el receso se había terminado, el Avatar descansaría un par de días para recuperar sus heridas y luego comenzaría con el plan de levantar sospechas de su presencia a lo largo y ancho del antiguo Reino Tierra a la par del inicio de sus visitas hacia las tierras frías del sur haciendo uso de la identidad como rebelde que había formado en Ba Sing Se, de esta manera desconectaría la relación que existía entre ambas imágenes y reduciría el peligro de ser descubierta.
Todo esto solo significaba una cosa, debía comenzar a trabajar para generar una manera de comunicarme con personas a distancia, era momento de abordar la situación a mi manera. Fuego, metal, circuitos y una mente ingeniosa, los instrumentos más esenciales a lo largo de la historia de mi familia.
Nunca intenten cambiarse de casa, pintar la casa nueva, asistir a un entrenamiento para un ascenso en el trabajo y escribir un fic al mismo tiempo XD
Desde el Lunes tengo este capítulo y no lo pude publicar porque me faltaba editarlo.
De cualquier manera, aquí está, espero y lo hayan disfrutado. Como compensación creo que el capi está un poco largo... Ya tuvimos un par de capítulos tranquilos y como bien dicen, después de la tormenta viene la calma y viceversa e.e
SALUDOS!
