Warning: En alguna parte de este texto hay Korrasami no apto para pudorosos juaz! Leer bajo su propio riesgo ;)


Todo estaba listo para su partida, en una mochila llevaba un par de cambios de ropa y bolsas con arroz, maíz y otros granos que resultaban fáciles de preparar con agua. Durante su ausencia Opal permanecería en el asentamiento al lado de Asami y los gemelos volverían a Ba Sing Se.

El viaje que ella realizaría sería a través del mundo de los espíritus. Wa Shi Tong había logrado obtener el apoyo de un espíritu con el cuerpo de un ave fénix. La complexión y el tamaño de aquel espíritu le permitía cargar el peso de la morena sin problema alguno, ya se habían hecho un par de pruebas de vuelo y todo había marchado de maravilla.

Luego de la caída de Kuvira había surgido un nuevo líder rebelde, Bumi. Había tomado un tiempo pero poco a poco los fieles seguidores de Kuvira se rindieron y se unieron a las filas del enloquecido rey del coliseo. Nadie cuestionaba su autoridad ahora que ambos, Kuvira y Aiwei habían sido derrotados. La humillación de Aiwei en las tierras de los Sato había bastado para que sus seguidores perdieran toda esperanza en él. No hubo manera de enfrentar a la joven líder del envidiado pueblo en las ruinas de Ciudad República. La derrota de Aiwei fue vergonzosa, su nombre se había degradado y la fama de Asami Sato había aumentado.

Nadie se atrevía a acercarse a las tierras de aquella temida líder, los rumores iban y venían y las historias comenzaban a transformarse a medida que cada quién añadía o quitaba detalles. Al final todos aquellos relatos exageraban los acontecimientos pero todos dejaban una cosa en claro, Asami Sato era una mujer peligrosa con la que nadie querría enfrentarse.

El poder de Bumi había crecido lo suficiente como para permitirse la libertad de partir del coliseo en busca de otras tierras por conquistar. Había un nuevo plan en la mesa, llevar a Korra a las tierras frías del Norte y él se encargaría de hacerla arribar de forma segura, la protegería bajo su sombra llevándola con el nombre de la guerrera del Sur. Un par de cientos de hombres y un puñado de ofrendas y objetos de valor serían el medio para instalarse en el nuevo territorio. La idea era apoderarse de un edificio y transformarlo en otro coliseo de peleas, con las apuestas establecidas y un público hambriento de violencia y sangre bastaría para comenzar a extender su reinado.

Korra permanecía en silencio esperando dentro de la jungla, se acercaba la hora de partir y su adorada pelinegra aún no aparecía. Habían pasado dos semanas luego de su regreso de Ba Sing Se, sus heridas se encontraban mucho mejor y había tenido el tiempo suficiente para planear distintas estrategias al lado de Asami y Opal.

Dos semanas no le habían bastado al lado de la ojiverde, siempre mantenía una extraña sensación en el pecho cuando debía apartarse de ella, el tiempo a su lado nunca le parecía suficiente y el hecho de que aquellos últimos días Asami se hubiese encontrado sumamente ocupada solo había empeorado su deseo de poder robar un preciado día de su chica para poder pasarlo juntas, ellas dos y nadie más disfrutando de su compañía y haciendo lo que fuera que se les viniera en gana. Sin embargo aquello no había pasado, Asami Trabajaba arduamente día y noche, si no estaba en su oficina o visitando a los pobladores volvía a casa a ocuparse en el taller.

- Korra. – Escuchó su dulce voz, aquel suave sonido bastaba para pintar una amplia sonrisa sobre sus labios. – Lamento la demora. – Se disculpó la mayor entre jadeos pues luchaba por recuperar el aliento luego de haber emprendido una larga y apresurada carrera desde el pueblo hasta la jungla.

- Pensé que no vendrías a despedirte. Me alegra verte. – Habló con sinceridad sin ser capaz de apartar su mirada de la hermosa figura de la mujer frente a ella, a pesar de haber empezado su relación hacía poco más de un mes aún le era difícil creer que Asami hubiese aceptado ser su novia, aquel simple pensamiento bastaba para llenarla de emoción y alegría.

- Jamás te dejaría partir sin antes despedirme. – Renegó Sato arrugando el entrecejo. – Estaba ocupada haciendo algo en el taller… - Fue interrumpida por la pequeña risa de la morena.

- Ocupada, eso lo puedo notar. – Señaló su ropa de trabajo que se encontraba manchada, había estado trabajando con el mismo traje durante los últimos días pues no se podía dar el lujo de desperdiciar el agua en ropa que se dedicaría a ensuciar día tras día.

- Si, ocupada. – Retomó el tema. – Tengo algo que pedirte. – Comenzó a buscar en el interior de la mochila que llevaba en la espalda. – ¿En tu tiempo libre podrías buscar algo como esto? – Extendió su mano hacia la morena haciendo entrega de planos y fotografías de una antena de radio frecuencia.

- ¿Algo como eso? – Arqueo una de sus cejas examinando cada detalle de los planos que se le habían sido entregados.

- Si, es una antena. Intentaré reestablecer las líneas de comunicación por vía de radiofrecuencia. Solo podré activarlas si reparamos las antenas y las proveemos de energía. – Pausó al perderse en sus pensamientos, había estado trabajando arduamente durante las últimas dos semanas con el fin de encontrar una manera de establecer cualquier tipo de conexión que le fuera posible comenzar a reestablecer como medios de comunicación. – Existen muchas ciudades en donde las antenas no fueron dañadas, solo necesitamos desempolvarlas y conectarlas a una fuente de energía. Estoy segura de que en los polos el daño a las ciudades y poblados no fue tan severo como en Ciudad República. De cualquier manera, si logramos que todo esto salga bien podremos establecer redes de comunicación que servirían estratégicamente. – Concluyó dejando a la morena encantada con la facilidad que tenía para perderse en todos los cálculos y planes que parecía tener siempre revoloteando de un lado a otro dentro de su cabeza.

- ¿En eso habías estado trabajando estas dos semanas? – Sonrió cálidamente al percatarse de las intenciones de su novia.

- Creo que es momento de conectar de nuevo al mundo. Parece ser que las cosas en el asentamiento nos llevarán a un buen futuro que bien podemos compartir con el resto de los sobrevivientes del planeta. La comunicación es crucial. Tal vez no seamos capaces de reestablecer una conexión amplia pero podríamos ser capaces de conservar ciertas áreas dentro de las cuales la conexión podría funcionar. Intenta encontrar la mayor cantidad de antenas que puedas. – La miró con esperanza en los ojos.

- Pan comido. – Guiñó la morena.

- Eso espero Avatar. – Advirtió la mayor.

Ambas cruzaron el portal hacia el mundo de los espíritus, Asami la acompañaría hasta la entrada del portal del norte. Durante el transcurso el tiempo parecía disfrutar jugando con su percepción pues ahora que intentaban disfrutar cada uno de sus últimos minutos juntas pareciera que todo corriera a una velocidad anormalmente apresurada, el viaje en la espalda del fénix concluyó más rápido de lo que cualquiera de las dos hubiera deseado, el portal del norte se encontraba frente a ellas, era momento de decir adiós.

- Ya sabes lo que espero te ti. – Advirtió la ojiverde.

- Volver a salvo. – Sonrió Korra sosteniendo la cintura de su chica para mantenerla cerca de su cuerpo.

- No, encontrar todas las antenas que puedas. – Bromeó Asami logrando hacer a la morena arrugar la nariz. – Es broma. Vuelve pronto y con bien. – Suavizó la voz juntando su frente a la de ella liberando una pequeña risilla.

- Y tú mantente fuera de peligro. – Correspondió la castaña cerrando los ojos y acariciando la mejilla de su adorada ojiverde.

Sus labios se unieron en un beso pausado y lento donde sus lenguas se encontraban de vez en vez, el calor comenzaba a crecer dentro de sus cuerpos, aquel sería el último beso que compartirían en lo que tenían planeado fuera un mes, tal vez no era demasiado tiempo pero aquella cosquilleante sensación que nacía entre ellas cuando se tenían cerca la una de la otra era sumamente adictiva, cualquier tipo de separación se volvía devastadora al tomar en cuenta la posibilidad de que el futuro podría no permitirles volverse a ver nunca más.

- Volveré en la primera oportunidad, solo debo establecer mi lugar antes de tener la oportunidad de vagar a mi gusto. – Repitió el plan que habían estado repasando una y otra vez durante los últimos tres días.

- Sé que lo harás. – Sonrió Asami besando su frente con suavidad.

- Nos veremos pronto. Te quiero.- Se despidió volviendo a besar suavemente aquellos rosados labios que ahora no se encontraban cubiertos por el color carmín que siempre solían distinguirlos pues la joven líder había estado trabajando sin descanso en el taller el día entero.

- También te quiero. – La estrechó entre sus brazos extendiendo el contacto durante unos cuantos segundos en un intento por tatuar en su memoria aquella reconfortante sensación. Con esfuerzo se apartó del abrazo y la dejó partir, de nuevo comenzaba su calvario, de nuevo comenzaba la espera, pero sería fuerte, la esperaría, no esperaría por siempre, no permanecería atada a su pueblo por mucho tiempo, solo debía aguantar lo suficiente para pasar aquella transición, todo debía quedar en orden antes de hacer cualquier cambio o anunciar cualquier decisión.

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Nieve cubría todos los alrededores. No había señales de vida por ninguna parte. Aquel lugar le recordaba su hogar, azotado por un frío implacable que solo les permitía construir a base de bloques de hielo.

Luego de calcular su posición en base a un mapa que Asami le había conseguido de la biblioteca de Wa Shi Tong emprendió su caminata hacia el sureste donde se supone debía encontrarse con Bumi en las ruinas de la que alguna vez fue la imponente ciudad del norte.

Cubrió su rostro con el buff que Asami le había regalado años antes para su primera partida, aquella prenda no solo servía para evitar que su rostro fuera visto si no que también le abrigaba del frío.

La nieve crujía bajo sus pies a medida que avanzaba, agradecía que fuera una noche tranquila y que no hubiera viento o alguna tormenta que amenazara con retrasar su avance. Caminó sin descanso hasta que el terreno comenzó a lucir diferente. A simple vista se notaba el cambio en el relieve del suelo, claramente había objetos enterrados bajo la densa capa de hielo y nieve.

- Veamos. - Exhalo una densa nube de vapor preparándose para golpear el piso con el fin de ver a través de sus pies las estructuras que se escondían debajo del terreno.

La imagen fue borrosa pues la nieve no era lo suficientemente firme para reflejar de regreso las hondas del golpe, a pesar de eso logró confirmar que en efecto se encontraba caminando sobre lo que alguna vez había sido una ciudad. Tal vez no era la ciudad que buscaba pues sabía que los edificios de la ciudad principal eran enormes y sobresalían de la nieve, aún así se deleitaba con la idea de saber que una pequeña ciudad había sido absorbida bajo la nieve. El paso del tiempo y la falta de personas en la zona habían bastado para que eso ocurriera.

El sol permanecía en el cielo en la posición que usualmente tendría al atardecer con la excepción de que el movimiento que realizaba se limitaba a pequeñas oscilaciones de arriba abajo pero nunca se ocultaba. Poco más de seis horas habían pasado desde su llegada a esas tierras y el movimiento del astro solar era mínimo sobre el horizonte. Un atardecer permanente iluminaba su camino, en su pueblo natal aquel fenómeno era similar a excepción de que en el sur las temperaturas solían bajar más debido al nivel de la tierra donde se encontraban.

Siete horas transcurrieron en su caminata, no había utilizado sus poderes de Avatar para avanzar con más rapidez pues no estaba segura de poder hacerlo sin que nadie la viera ya que aún no conocía aquel territorio y no conocía las zonas habitadas y las desiertas. A juzgar por lo que sus maestros le habían contado aquel lugar era habitado por un número reducido de personas. El norte y el sur eran similares, el norte y el sur habían sido el hogar de los poderosos maestros agua pero al perder sus poderes las personas se vieron en el aprieto de tener que sobrevivir en aquellas heladas tierras haciendo uso de nada más que sus manos e ingenio y esto redujo la población de forma considerable.

- ¡Korra! – Escuchó una voz familiar llamándola a la distancia, al elevar la mirada pudo distinguir lo que parecía ser la figura de varios hombrecillos, debido a lo retirado que se encontraba de ellos no podía distinguir nada más que un grupo de puntos obscuros que se movían de un lado a otro. - ¡Korra! – Se volvió a escuchar el eco atravesando el terreno completamente desierto y tapizado de nieve.

- ¡Bumi! – Movió su mano en el aire con el fin de identificarse pues sabía que si no lo hacía podría ser confundida con un adversario y esto no llevaría a nada bueno. Luego de su respuesta pudo escuchar como todos los hombres celebraban, el equipo estaba reunido.

- ¡Dios! ¡Estas tierras son inhóspitas! Kilómetros y kilómetros de hielo y nieve. – Bumi sacudió la cabeza frotándose ambos brazos con sus propias manos.

- Se siente como en casa. – Sonrió la morena exhalando vapor.

- Además, algo anda mal con el cielo. Se ha descompuesto, el sol no parece tener intenciones de esconderse nunca. – Renegó el rey de las peleas logrando robar una pequeña risita de los labios de la morena.

- No te preocupes Bumi, una vez que el sol se esconda no habrá señales de él en unos cuantos meses más. – Golpeó su espalda un par de veces riendo un poco al ver la sorpresa en el rostro de su amigo.

El grupo continuó su avance en dirección hacia la gran ciudad, luego de un par de horas se detuvieron para acampar con el fin de dormir y comer un poco para reponer energías. Durante ese tiempo la morena aprovecho y comenzó a señalar su trayectoria en el mapa que poseía, el mapa le señalaba el relieve de la superficie del los alrededores pero no las ciudades que antes habían estado ahí así que debía señalarlas ella misma, así empezaría a ubicarse en el área sin la ayuda de otros.

Luego de cinco horas Bumi dio la señal de partida para que todos levantaran sus casas de acampar y se prepararan para seguir. El sol continuaba en la misma posición dando la sensación de encontrarse atrapados en la ilusión de un atardecer interminable.

Finas partículas de nieve eran levantadas y barridas como la arena en el desierto por suaves e invernales ventiscas que obligaban a todos a buscar refugio dentro de sus pesados abrigos con tal de evitar que el frío se colara por cualquier abertura. Los ojos azules de la morena observaban con entretenimiento el sufrimiento en los ojos de aquellos rudos hombres que alguna vez llegaron a intimidarla al inicio de su travesía en el coliseo. Ahora era familiar con muchos de ellos pues aquel año que pasó dentro de las peleas había bastado para establecer cierto tipo de relación con ellos. En realidad prefería mantener la distancia y no acercarse mucho a dichos hombres pues si las preguntas comenzaban a brotar debería elaborar mas en la mentira que ella y Bumi habían planteado desde un inicio y recordar tantos detalles para una historia ficticia podría complicar las cosas. Así pues era mejor mantenerse al margen y no socializar demasiado con nadie lo cual se había vuelto difícil ya que con la fama que había adquirido la mayoría de los maleantes, o como muchos decían "admiradores", querían establecer algún tipo de conversación con la legendaria Guerrera del Sur.

Todos seguían la guía de un hombre, un joven que había dejado su tierra natal a una edad temprana con el fin de establecerse en las ruinas de Ba Sing Se. Entre todas sus travesías y la necesidad de sobrevivir el chico había caído en manos del rey del coliseo y ahora sus servicios eran requeridos, se le había prometido una buena recompensa con la condición de que su ayuda fuera eficiente al guiar la expedición en el norte.

Las características del joven se asimilaban a las de Korra. Piel almendrada, ojos azules como el hielo pero él poseía el cabello largo y color azabache. Su rostro permanecía firme en todo momento sin reflejar emoción alguna y su voz hacía juego pues tampoco había muchos cambios en su tono, siempre era el mismo tono seco y sin expresión.

Solo aquel chico y la joven Avatar parecían habituados a las bajas temperaturas, la Guerrera del Sur estaba acostumbrada a experimentar temperaturas mucho más bajas debido a que su hogar era el lugar más frío que existía sobre el planeta, nunca antes había visitado el norte y ahora que tenía la oportunidad de hacerlo comenzaba a entender el porque de que a lo largo de la historia las tierras en el polo norte siempre solían prosperar mejor que las del sur, las temperaturas del sur eran más severas.

A lo largo y ancho del paisaje solo se podían observar kilómetros y kilómetros de tierras blancas, hielo y nieve por doquier. Los antiguos territorios de los maestros agua no habían podido ser dominados por las personas sin poderes, sin la protección y la ventaja del manejo del agua las personas se vieron obligadas a partir de sus tierras y sus números se redujeron drásticamente hasta que la población restante no fue mas que un puñado de personas que no sobrepasaban los mil quinientos habitantes en total.

Caminaron durante tres horas más hasta que el joven señalo una torre sobresaliente en la nieve.

- Aquí es.- Dijo sin entusiasmo como era natural en él.

-Disculpa si no comprendo tu sentido del humor. Pero aquí no hay nada. - Bufó Bumi arrugando las cejas.

- Más adelante podrás ver más torres sobresalientes. - Explico el joven con una expresión plana en el rostro.

- ¡Son mitades de edificios colega! El resto está enterrado bajo la nieve ¿Me estas queriendo decir que viven en esos pedazos de chatarra? -Arqueo una ceja con intriga.

-Si y no. Ya lo entenderás luego. Pero primero tenemos que encontrar el edificio que utilizarás para el nuevo coliseo. -Señalo reflejando un poco de interés.

- Hmmm... Cierto. - Razonó Bumi revolviendo el pelo de su barba.

- Si llegamos sin advertencia previa y considerando nuestro número estoy seguro de que el jefe los mandará asesinar. - Agregó el guía.

- Entonces busquemos un edificio. -Interrumpió Korra. - Estableceremos nuestro propio territorio en el norte. - Concluyo con agresividad comenzando su marcha hacia el frente y de inmediato fue seguida y aclamada por el resto de los hombres.

- Ese es el espíritu. -Sonrió Bumi caminando detrás de su grupo.

- ¿Donde empieza el territorio de los habitantes del norte? - Cuestionó Korra al joven guía.

- A partir de aquella torre. - Señalo con el dedo el techo de un edificio que sobresalía de la nieve junto a otras torres que juntas parecían formar un campo gigantesco de edificios enterrados. Las calles no eran visibles pues evidentemente habían sido tragadas por la nieve pero quedaba en claro que aquella había sido una impresionante ciudad en algún momento de la historia.

-Increíble. -Murmuró Bumi. Todos mantenían la misma expresión en el rostro, boca abierta, ojos como platos y las cejas en alto. Un paisaje digno de admirarse y difícil de asimilar.

- Chico, podrías explicarme de nuevo ¿En donde es que habita tu gente? - Insistió Bumi al no poder imaginarse el lugar donde aquellas personas se refugiaban o la manera en que sobrevivían rodeadas de nada más que nieve.

- Debajo de la nieve. - Confesó con naturalidad logrando intrigar aún más a su jefe.

- ¿Tienen pequeñas casas hechas de hielo bajo la nieve? - Propuso el mayor.

- No, viven en la ciudad bajo la nieve. - Respondió sin interés mientras buscaba alrededor con la mirada algún edificio que les pudiera servir como nuevo coliseo.

- ¿Entonces excavaron como topos bajo la nieve y ahora viven en la ciudad enterrada? - Bumi comenzó a reír sosteniendo su barriga. -¿Tienes idea de como lucían las ratas topo chico? - Continuó riendo incontroladamente logrando hacer que la morena rodara los ojos y suspirara, el humor de Bumi era difícil de comprender y difícil de interrumpir.

- Ahora todo tiene sentido, por eso eres tan extraño. - Continuó riendo y el joven solo le miro en espera de que su sentido de la razón volviera pronto para poder seguir con su misión.

- Aquel edificio servirá si logramos entrar y despejar algunos pisos. - Indicó el joven a Korra dejando de lado al enloquecido hombre que batallaba para recuperar el aliento de la risa que le invadía.

- Me parece perfecto. - Sonrío la morena.

-¡Imagina a una rata topo con tu cabello y es idéntica a ti! - Se escuchaban sus carcajadas de fondo.

- Vamos Bumi. - Suspiró Korra dando la señal al grupo para que continuaran avanzando arrastrando con ella a su enloquecido amigo.

Una vez de frente al edificio Bumi volvió a bufar. -Está repleto de nieve. - Se quejo alzando las manos en el aire, en realidad el resto de sus hombres también lucían irritados.

- Todos los edificios estaban así al inicio. Si no quieren mover demasiada nieve podrían utilizar los pisos que no están enterrados pero si lo hacen así no estarán protegidos del frío en caso de alguna tormenta. - Intentó razonar el joven guía.

-El tiene razón, si vaciamos los pisos del edificio que se encuentran bajo la nieve podremos refugiarnos de las ventiscas. - Korra lo respaldo.

- Y díganme gente de la nieve ¿Cómo planean sacar tanta nieve de ese maldito edificio? - Volvió a renegar el Rey del coliseo.

- Pueden hacer una cadena, comenzar a sacar la nieve pasándola de unos a otros. Será rápido ya que la nieve en el interior del edificio no se encuentra compactada y no todos los cuartos se encuentran llenos de nieve. Cien hombres pueden con esa tarea sin dificultades. - Hablo el joven del norte volviendo a robar un bufido por parte del líder.

- Y les recomendaría iniciar de inmediato pues el verano está por terminar y cuando eso pase el sol se ocultará y la tarea será más difícil. - Añadió sin emoción alguna.

- A ti parece darte igual niño topo. - Gruño Bumi. -¡Está decidido! ¡Empiecen a sacar nieve! - Ordeno y los hombres se quejaron pero comenzaron a moverse. - Excepto mis peleadores. A ustedes les tengo una tarea especial. - Sonrió de lado. -Ustedes visitarán la Ciudad del Norte y volverán con un reporte para mí. - Fijo sus ojos en la morena.

- Somos más de treinta peleadores. - Señalo Korra anticipándose al hecho de que ella debería liderar aquella expedición.

- ¿A cuantos hombres necesitas? - Cuestionó el jefe mientras remangaba su abrigo pues estaba determinado a ayudar en la tarea de despejar el edificio para asegurarse de terminar cuanto antes.

- Tres y el guía. - Respondió al instante con tono firme.

- Elige a los tres. El niño topo no parece estar bien alimentado de cualquier manera así que no sirve para sacar nieve, llévalo contigo. - Concluyó dando media vuelta para dirigirse hacia el edificio y ayudar a sus hombres.

Luego de elegir a sus compañeros los cinco partieron siguiendo al guía. - ¿Cuanto tiempo llevamos despiertos? El sol no tiene sentido. ¿Cuando sabremos que es hora de dormir? - Habló un hombre grande y robusto.

- Luego se acostumbrarán. Pronto habrá noche y extrañarán el sol. - Dijo el guía sin tacto alguno.

- Este lugar es de locos. Bumi terminará peor de lo que está con este maldito clima. - Gruñó otro de los peleadores.

- Se acostumbrarán. - Sentenció Korra con tono severo despertando la fascinación en sus compañeros.

- Guerrera del Sur, tu tierra es parecida a este infierno de hielo ¿Cierto? - Hablo con entusiasmo el hombre de mayor estatura.

- Es parecida, pero mi tierra es mas fría. - Hablo sin detener o amainar su paso.

- No hay nadie como la Guerrera del Sur. - Dijo una joven peleadora y los otros dos concordaron.

Pronto se encontraron con una abertura en la nieve que formaba un enorme pasillo que se adentraba en la nieve y descendía enterrándose cada vez más y más. En el interior podían ver un brillo azulado que iluminaba los techos del interminable pasillo evitando que la obscuridad lo consumiera por completo.

- Aquí es. - Señalo el guía con desagrado en el rostro. Aquella había sido la primera expresión verdadera que los demás lograban ver en él.

- ¿No hay nadie cuidando la entrada? - Dudó la líder mirando alrededor.

- No en esta parte de la entrada. Al interior de la ciudad si hay un par de hombres haciendo guardia. - Volvió a su usual estado frío y sin emociones.

- ¿Nos atacarán si entramos sin avisar? - Dijo la morena sin despegar la vista del interminable pasillo.

- Me tienen a mí, no habrá problema. - El guía comenzó a caminar hacia el interior con los demás siguiéndole de cerca y con Korra al final del grupo cuidando la retaguardia. El túnel era angosto y dos personas no podían caminar una al lado de la otra así que estaban obligados a avanzar en fila.

Rodeados de un túnel hecho de hielo sólido no tenían problemas para ver por donde pisaban gracias a la luz azul que ahora sabían provenía de unas rocas fluorescentes que se encontraban incrustadas a todo lo largo del techo del túnel, aunque se trataba de un brillo tenue este era reflejado y amplificado por el hielo y eso bastaba para que cualquiera pudiese ver con claridad dentro de aquel lugar.

Se habían adentrado ya en las profundidades del hielo y frente a ellos el camino se encontraba bloqueado por lo que parecía ser una gruesa y pesada placa de hielo.

- Llegamos. - Suspiró el guía que se encontraba al frente. - Tocaré y pediré que abran. Tal vez los interroguen o decidan inspeccionarlos en busca de armas. Intenten no oponer resistencia y estarán bien. - Advirtió antes de llamar a la puerta tocándola cinco veces alargando la pausa en el primer golpe y el último. La pared de hielo comenzó a deslizarse frente a ellos exponiendo la continuación del túnel hacia lo que parecía ser una cámara amplia.

- Adelante. - Avanzó el joven y todos lo siguieron solo para ser detenidos por un grupo de hombres. Tal como se los habían dicho, aquellos hombres los colocaron contra la pared y comenzaron a inspeccionarlos palpando sus ropas en busca de armas.

Korra miraba de lado a sus compañeros notando como aquellos hombres extraían cada una de las dagas y navajas que portaban con ellos.

- ¿Quienes son ellos Desna? - Se escuchó la voz ronca de un viejo de cabellos blancos.

- Amigos. - Respondió el guía manteniendo la misma expresión ilegible de siempre.

- ¿Te vas por años y vuelves con "amigos"? ¿Qué quieres de nosotros? - El viejo se mostró irritado.

- Nada. Mis amigos quieren conocer la ciudad. - Se encogió de hombros.

- Más vale que esas dagas nos sean devueltas cuanto antes. - Gruño el peleador de mayor estatura al ver como los hombres del Norte se deleitaban y lucían complacidos con la apariencia del filo de las hojas de metal.

- Mount. - Bufó Korra advirtiendo a su compañero, no quería empezar una pelea en ese lugar.

- Eso dependerá de lo que diga nuestro líder. - Sonrió uno de los hombres del norte.

- Lo que diga tu líder no podría importar menos. Devolverán esas dagas cuando partamos. - Lo miró Korra de forma amenazante.

- ¿Y quién eres tú para hablar de tal manera? - Se acercó el guardia de forma retadora causando que una pequeña sonrisa presumida apareciera en los labios de la morena.

-La Guerrera del sur. - Mantuvo su posición de frente al hombre con firmeza. Cuando su nombre fue mencionado el resto de los guardias se mostraron confundidos.

- ¿La genuina Guerrera del Sur? - Interrogó el guardia inclinándose un poco para estar a escasos centímetros del rostro de la morena.

- No he sabido de impostoras hasta el momento pero si alguna vez encuentro a alguna podrá tener por seguro que ese será el último día en que tendrá una cara decente para andar por ahí intentando hacerse pasar por mi.- Bufó pegando su frente a la de aquel hombre. - Venimos con Bumi en persona y pasábamos a visitar sus ruinas. - Aclaró.

- ¿Bumi? Ese vago. Piensa salirse con la suya. Estas tierras nunca han aceptado grupos rebeldes. - Contestó.

- Y nunca han apoyado al Avatar. Así que se puede decir que todos ustedes son un grupo de rebeldes. ¿Cual es el problema en que mas rebeldes se unan a estas tierras desiertas? - Sonrió la morena de forma retadora.

- No somos rebeldes. - Gruño el hombre.

- He escuchado que hacen contrabando con la línea de maleantes. ¿No debes ser parte de su retorcida sociedad para poder hacer eso? - Presionó y los hombres de Bumi rieron por lo bajo. - A decir verdad, tanto Bumi como Kuvira tienen buenos contactos con esta ciudad. A mi parecer esta ciudad es el grupo de maleantes más grande que existe a parte del de Bumi y todos lo ignoran porque viven alejados del resto del mundo y aislados en un témpano de hielo. - Continuó probando la paciencia de aquel sujeto, se podía notar a leguas que aquel individuo estaba teniendo problemas para contenerse.

- Basta. - Interrumpió el viejo líder de los guardias. Lejos de lograr su cometido aquella orden pareció detonar la agresividad en el guardia que de inmediato se lanzó intentando sujetar a la morena solo para terminar siendo sometido contra el suelo, ante este acontecimiento dos guardias más se unieron a la riña intentando ayudar a su amigo pero uno de ellos recibió el golpe de un codo sobre su nariz causando que un hilo de sangre comenzara a correr por su rostro, el otro tropezó con un pie y su rostro fue impulsado y presionado contra el suelo recibiendo un fuerte golpe en la frente que le hizo perder la conciencia.

- ¡Basta! - Repitió el anciano con furia y todos permanecieron en silencio, el primer guardia que había sido sometido se encontraba bufando de rodillas apretando los puños hasta el punto en que sus nudillos se tornaron blancos. Otro guardia se apoyaba contra la pared intentando detener el sangrado de su nariz y el tercero salivaba inconsciente sobre el piso.

- Y eso lo hizo sin calentar. - Comentó uno de los peleadores de Bumi y los otros rieron, Korra sonrió dirigiendo su mirada al primer guardia que la había retado. - Les falta demasiada experiencia en esto. - Se mofó antes de dirigir su mirada al viejo. - Lamento los disturbios, no me dejó elección. - Señalo al guardia sobre el suelo. - De cualquier manera, no venimos a causar problemas, solo a brindar entretenimiento. - Aclaro.

- Los hombres de Bumi son peligrosos, fueron seguidores de Kuvira y otros solo se dedican a romper caras el día entero en las peleas. ¿Cómo podemos confiar en algo así? - Gruño el mayor.

- No tienen elección. Las cosas pueden ir tan bien como en Ba Sing Se. Suyin aceptó trabajar con Bumi y le permite habitar en su ciudad. Hasta ahora no hemos tenido problemas, Bumi tiene su negocio y Suyin mantiene a sus pobladores libres de asaltos y abusos. Aquí puede ser igual. - Aclaró con naturalidad.

- Aquí no tenemos problemas de abuso o asalto. - Renegó el viejo.

- Los tendrán si las cosas no salen bien entre nosotros. – La morena afilo la mirada.

- ¡¿Te vas de tu tierra y vuelves con estos maleantes?! – El hombre miró a Desna.

- Tampoco tuve elección. Yo nunca habría vuelto a este agujero por decisión propia. - Aclaró con tono seco.

- ¿Nos pueden llevar con el líder? Solo venimos a anunciar nuestro lugar para todo aquel que guste pasar a divertirse. - Sonrió Korra y sus compañeros rieron por lo bajo, se sentían seguros de si mismos al estar acompañados de su mejor peleadora, los rumores de su victoria sobre Kuvira le habían atribuido más fama y poder así que el equipo de Bumi y la Guerrera del Sur mantenía la unión de los rebeldes y atraía a más de ellos a cada momento.

No hubo más objeciones y luego de levantar al hombre inconsciente los guardias abrieron la siguiente puerta llevándolos al interior de la ciudad.

Una vida bajo el hielo. Si se buscara el ejemplo más claro para esa frase no habría uno mejor que los sobrevivientes del norte. Rodeados de enormes torres que servían de vigas para soportar la inmensa capa de hielo que los cubría aquellas personas caminaban con naturalidad de un lado a otro sobre las calles preservadas de la antigua ciudad. Como si todo hubiese sido detenido en el tiempo los edificios, las calles, incluso el cristal se mantenía en buenas condiciones. No había rastros de batallas, no había escombros, aquellas tierras no habían sido atacadas por nadie mas que la naturaleza, cuando los maestros agua desaparecieron y el resto del mundo decayó, las personas de los polos cayeron en el olvido y no hubo mas opción que luchar por sobrevivir o escapar en busca de mejores tierras. Sus ciudades fueron consumidas por la nieve, el tiempo se detuvo para todo aquello que fue absorbido por el hielo.

La capa de hielo que conformaba el techo se aferraba al sexto piso de todos los edificios, la estructura se mantenía firme y se notaba que había sido elaborada con una precisión milimétrica, además de eso se apreciaban las rocas fluorescentes incrustadas a lo largo y ancho de toda la estructura ayudando a proveer un brillo natural que iluminaba el interior de aquel poblado subterráneo.

- Este lugar, fue elaborado por un maestro agua. - Habló la joven del sur mientras caminaba siguiendo a los guardias.

- El Avatar por supuesto. - Aclaró el anciano mirando a la morena por el rabillo del ojo.

- Y aún así prefieren no apoyar al Avatar eh. - Lo miró sonriendo de lado.

- No es que no lo apoyemos, o que no le estemos agradecidos... es solo que no pertenecer a ningún bando y ser un grupo neutral nos funciona mejor. - Explico el viejo luciendo un tanto nervioso.

- Si, seguro. - Gruño la ojiazul al notar la falsedad en aquellas palabras, había algo que aquel hombre intentaba ocultar y que lograba ponerlo nervioso. ¿Qué sería? - Odio que intenten mentirme. - Aclaró para evitar cualquier malentendido.

Caminaron cruzando toda la ciudad hasta encontrarse con unas estructuras que habían sido elaboradas completamente a base de hielo, algo parecido a un palacio o fortaleza se erguía frente a ellos. Los guardias los escoltaron al interior hasta entrar a un salón enorme donde al fondo se erguía un trono de hielo. Todo el salón se encontraba repleto de detalladas figuras talladas con perfecta exactitud. Símbolos de los maestro agua abundaban en todas las paredes, aquel edificio parecía más antiguo que el resto de la ciudad.

- Esperen aquí, iré por la líder. – Ordenó el viejo guardia para luego desaparecer tras uno de los enormes marcos que parecían ser puertas que conectaban a otras partes de aquel frío palacio. Pocos minutos transcurrieron hasta que una joven apareció acompañada del guardia. Todos quedaron boquiabiertos al ver la apariencia de aquella chica, más allá de su tipo de ropa lo que impresionó a los presentes fue la similitud que tenía su rostro al de su joven guía.

- ¡¿Qué demonios?! – Exclamó el guardia de mayor tamaño. - ¿Cómo? – Miró al joven Desna y este suspiró con pesadez al sentir las miradas de los cuatro gladiadores.

- Cuanto tiempo sin vernos hermanito. – Habló la chica con la misma voz seca y sin expresión que tanto caracterizaba al joven Desna.

- Hola Eska. – Saludó brevemente sin la más mínima intención de complacer a nadie.

La chica tomó asiento en el trono y evaluó a todos los presentes mirándolos de arriba abajo. - ¿Nuevos amigos? – Arqueó una ceja volviendo a concentrar la mirada sobre su hermano.

- Algo así. – Respondió el joven encogiéndose de hombros. – Venimos a avisar que Bumi ha llegado a estas tierras y planea abrir un coliseo en este lugar para que ustedes tengan una nueva fuente de diversión. – Interrumpió la ojiazul dando un paso hacia adelante logrando captar la atención de aquella extraña chica quién parecía ser la líder de aquel lugar.

- Bumi… el hombre loco que formó alianza con la líder de Ba Sing Se para derrocar a la loca militar. No creo que sea de importancia su presencia en este lugar, se congelará antes de que logre hacer algo. – Dijo sonando aburrida.

- No lo hará, sobrevivirá, pero no venimos con el plan de conquistar o lograr nada, solo llegamos establecer un coliseo de combates y apuestas. – Intentó aclarar.

- Negocios. El norte no posee lo necesario para que ustedes establezcan un negocio de contrabando. - Objeto Eska con irritación en la mirada.

- Yo no diría eso. - Sonrió la guerrera del sur. - ¿Has comparado tu ciudad a las otras que hay en el mundo? Yo creo que el norte tiene mucho que ofrecer siempre y cuando a la gente no le importe el frío. Sus edificios se encuentran en perfecto estado. – Concluyó con una sonrisa pintada en el rostro mientras que la líder bufaba molesta.

- No es una buena idea. – Recalcó a modo de advertencia clavando su mirada en los ojos azules de la forastera que tan obstinadamente mantenía una postura firme y llena de autoridad.

- A mi me parece una idea estupenda… de cualquier manera no es como si tuvieran elección, solo hemos venido a avisar. – Se encogió de hombros y dio media vuelta logrando hacer que la líder gruñera de irritación.

- ¡Te lo advierto Guerrera del Sur! No pueden establecerse sin mi consentimiento. – Gritó a medida que la morena comenzaba a caminar de regreso siguiendo el rumbo los guardias les habían mostrado al llegar.

- Esos terrenos no te pertenecen, están vacíos, nosotros simplemente seremos tus vecinos. – Se despidió alzando la mano en el aire sin detener su marcha, sus hombres la siguieron de inmediato incluyendo al joven Desna. – Una cosa más "Eska". – Se detuvo haciendo una pausa mirando por el rabillo del ojo en dirección a la líder que bufaba de pie frente al enorme trono de hielo. – Si decides atacar nuestro nuevo coliseo habrás decidido retar el poder de Bumi y entonces te verás metida en serios problemas ya que el resto de sus hombres vendrá a terminar con tu gente. – Amenazó con tono firme y continuó su camino hacia el exterior, no tenía nada más que hacer ahí, Bumi la había enviado a inspeccionar y ya había visto lo suficiente, desde su calidad de vida hasta los recursos que pudiesen ser de valor. El norte lucía prometedor.

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La extracción de la nieve de aquel edificio no les llevó demasiado tiempo, dos pisos por día y tal como se los había dicho Desna, no todos los pisos se encontraban repletos de nueve, muchos de ellos solo tenían montículos de nieve cerca de las ventanas rotas. Así que aprovecharon y decidieron usar la mitad de los hombres para despejar el edificio de nieve y aplicaron a la otra mitad a recolectar piezas y materiales de otros edificios abandonados. Estas piezas servirían para dar forma al nuevo coliseo y para erguir otras estructuras como las camas que utilizarían para dormir.

El primer mes paso a prisa y al llegarse la mitad de Septiembre el sol ya se había ocultado en el horizonte dejando a todos sumidos en una noche perpetua. Las luces del norte danzaban agraciadamente sobre el cielo resaltando las estrellas y todo a su alrededor. Los hombres de Bumi las contemplaban con asombro, no podían dejar de admirar la belleza de aquellas luces naturales en el cielo, todos parecían fascinados a excepción de Korra y Desna que ya estaban habituados a aquel fenómeno.

La mente de la ojiazul vagaba en otra parte, si bien el trabajo en aquel lugar era abundante nunca sería suficiente como para ahogar su más profundo deseo, día y noche se preguntaba por Asami, le había prometido que volvería luego de un mes y aquel mes se había cumplido, debía volver pronto y sabía que sería complicado explicar su ausencia al resto de sus compañeros además de Bumi.

- Partirás esta misma noche… ¿O día? El sol nunca sale en este lugar. – Meditó el mayor arqueando una ceja. – Partirás… cuanto antes. – Resolvió a decir con entusiasmo. – Partirás cuando no tengas sueño, el punto es que les diré a los hombres que te fuiste con el fin de traer alimento. Así que deberás volver con más granos de comida que podamos sembrar o coser y consumir. – Sonrió con superioridad. – Todo esto yo ya lo tuve planeado desde un inicio. – Presumió Bumi moviendo sus cejas de arriba abajo.

- Gracias Bumi. – Se lanzó a sus brazos y lo estrechó con fuerza. – Volveré en un par de días. – Se apresuró a correr hacia el lugar que había sido reservado como su habitación para poder tomar sus cosas.

El camino de regreso al portal del norte fue más sencillo y rápido pues durante aquellos meses en aquel lugar se había dado a la tarea de ubicar todas las áreas habitadas y vigiladas con el fin de poder evitar que alguien llegara a verla si decidía usar sus poderes de Avatar para acelerar su desplazamiento. El recorrido le tomó poco mas de tres horas, al igual que ocurría en la selva en las afueras del poblado de Ciudad República, este portal se encontraba rodeado de un bosque tenebroso tapizado de pinos altos y frondosos que impedían ver a través de su denso follaje.

Habiendo cruzado el portal volvió a llamar al fénix y este apareció a los pocos minutos para transportarla hacia el siguiente portal. Cruzando el último portal sus ojos al fin pudieron distinguir la jungla que rodeaba el portal en las ruinas de Ciudad República, estaba cerca, un mes y aquello parecía haber sido una eternidad. El sol se posaba en el horizonte indicando el atardecer, seguro eran las seis de la tarde, el invierno se acercaba y las horas de luz comenzaban a disminuir.

Con entusiasmo recorrió todo el camino a través de la jungla y las ruinas de la antigua ciudad hasta llegar a las puertas del pueblo. Era bueno poder volver a ser ella misma, sin tener que andar por ahí provocando problemas o manteniendo una mirada fría y tensa, la Guerrera del Sur tenía una imagen difícil de mantener para la joven Avatar pues aquella gladiadora era una mujer poderosa, respetada y temida por muchos que solo se dedicaba a pisotear la autoridad de cualquiera que se le atravesara en el camino y las cosas habían empeorado luego de que Bumi ganara más poder ya que a ella se le asociaba con él y más allá de una simple peleadora los maleantes habían comenzado a verla como a otro cabecilla de los grupos rebeldes.

Uno de los guardias del pueblo la reconoció de inmediato y le abrió el paso, la cálida sonrisa del guardia había bastado para retirar todo el peso que se había posado sobre sus hombros durante aquel mes, las personas del pueblo en Ciudad República eran cálidas y humanitarias, le recordaban el motivo por el que tanto debía luchar día con día. En el exterior le era difícil distinguir su meta pues siempre se encontraba sumergida en aquel ambiente de peleas y disputas, día y noche todos solo parecían interesarse en la obtención de bienes y beneficios para si mismos de forma egoísta y sumamente agresiva, antes podía descansar de eso al volver a casa de Suyin pero ahora vivía rodeada de ellos las 24 horas los siete días de la semana. Este descanso le vendría bien.

Una vez adentro caminó en dirección a la casa de los Sato pues no tenía otro objetivo mas que encontrarse con su hermosa novia.

- ¡Korra! - Saludó Opal lanzándose a sus brazos y estrechándola con fuerza.

- Hey. - Murmuró devolviendo el abrazo y girando sobre sus pies hasta volver a colocar a la chica sobre el suelo. En verdad le hacía falta ese contacto tan puro y cálido que le brindaban sus amigos. Ahora entendía el porque Bumi parecía estar un poco loco, el hombre vivía siempre en aquel mundo obscuro y no lo hacía por gusto, cualquiera podría enloquecer luego de tener que soportar tanto por si mismo sin oportunidad de descanso alguno.

- ¿Cómo se encuentran en el norte? ¿Ya iniciaron las peleas? ¿Te han lastimado? - Hablo Opal inspeccionándola de arriba abajo.

- Nos encontramos bien, ya nos establecimos y no, aún no inician las peleas así que no estoy lastimada. - Contesto con una suave risilla.

- Me alegra escuchar eso. - Sonrió Opal volviendo a abrazarla brevemente antes de apartarse de golpe. - Korra... debes hablar con Asami. - Sentenció con seriedad mirándola directamente a los ojos logrando causar un poco de preocupación en la morena.

- ¿Qué ocurre con ella? - Cuestionó arqueando una ceja.

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Con el puño sobre la puerta principal golpeo suavemente para luego esperar a que alguien atendiera.

- ¡Korra! Pero que agradable sorpresa, una de mis chicas favoritas. - Wu la recibió guiñando un ojo.

- También es un gusto verte de nuevo Wu. - Dijo con una pequeña sonrisa. - ¿Se encuentra Asami? - Preguntó sabiendo que si daba pie a la conversación Wu la atraparía en su usual parloteo durante un periodo de tiempo indeterminado.

- Claro que se encuentra, está en su habitación. ¿Gustas que la llame? - Sonrió el joven.

- No, preferiría que me dejaras pasar. - Arqueo una ceja y el joven rió por lo bajo.

- Pero claro, cuanto lo siento. ¿Gustas que sostenga tus cosas? - Dijo señalando con la mirada su abrigo y la pesada mochila. - No creo que sea buena idea. - Dudó un momento al ver la delgada complexión del joven.

- Oh vamos. - Insistió él extendiendo su mano, cuando la morena estiró su brazo y le entregó su maleta el joven perdió el balance y bufo en un intento por no caer. Con dificultad sostuvo la mochila con ambas manos y logró enderezarse, Korra rió por lo bajo.

- Todo bajo control... - Jadeo el joven dándose media vuelta y partiendo con piernas tambaleantes hacia otra habitación de la casa. - Gracias Wu. - Concluyo ella entre risas antes de comenzar a subir las escaleras en dirección al cuarto de Asami.

Tocó la puerta un par de veces antes de abrirla lentamente asomando la cabeza al interior solo para encontrarse con la luz de una vela iluminando la habitación desde el escritorio donde la ojiverde se encontraba sentada. Rodeada de una torre de papeles y planos su chica resplandecía como nunca, tal vez se debía a que la había echado de menos durante aquel mes, o tal vez era simplemente que Asami Sato era la chica perfecta, cualquiera de las dos opciones le parecía perfectamente razonable. Sus ojos se encontraron y engancharon al instante, el rostro de Asami pareció iluminarse de un momento a otro y una impecable sonrisa se apoderó de sus labios, Korra devolvió la sonrisa y terminó de entrar a la habitación cerrando la puerta detrás de ella.

- Buenas noches señorita Sato. ¿Me permite pasar? - Preguntó con tono elegante y una sonrisa simplona que no podía borrar aunque lo intentara, su corazón latía con fuerza azotando su pecho de tal manera que le sorprendía que la pelinegra no pudiera escucharlo en esos momentos.

- Siempre haces esa pregunta cuando ya estás adentro. - Arqueo una ceja y sonrió mordiendo suavemente su labio inferior en anticipación, de verdad deseaba poder tocar a la morena pero lanzarse hacia ella sería precipitarse demasiado.

- ¿Lo siento? - Respondió Korra encogiéndose de hombros logrando robar una pequeña risilla de los labios de la pelinegra.

- Esa no es una disculpa sincera. - Negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

- Tú no pareces genuinamente molesta por ello así que no tengo porque lamentarme. - Comenzó a avanzar hacia el escritorio deteniéndose del lado opuesto al asiento que Asami ocupaba.

- Solo espero que la mala costumbre no la tengas para cualquier lugar al que llegues. - Se inclinó sobre el escritorio apoyando sus codos sobre la mesa y la barbilla sobre sus manos.

- En otros lugares es peor, créeme. - Sonrió de manera juguetona colocando sus manos sobre la superficie del escritorio e inclinándose acercando su rostro al de su chica deteniéndose al juntar sus frentes.

- ¿Peor? - Cuestionó perdiéndose en el azul de los ojos que la miraban persistentemente.

- Suelo entrar sin avisar y por lo general termino dejando inconscientes a las personas que moran en el interior de los edificios. - Explico mientras acomodaba un mechón de cabello negro detrás de la oreja de Asami.

- Entonces lo que haces aquí es un gesto sumamente cordial. - Rió la pelinegra con suavidad solo para ser silenciada por los cálidos labios de la morena.

- Sumamente cordial. - Concordó al apartarse de aquel breve beso que le había sido imposible resistir.

- Te eche de menos. - Murmuró Asami manteniendo su mano derecha posada suavemente sobre la mejilla de la morena.

- Y yo a ti. - Sonrió cálidamente. - Por cierto. - Se apartó un poco de la ojiverde al recordar las palabras de Opal. - Me encontré con Opal antes de llegar a tu casa. - Inició intentando abordar el tema pero Asami suspiró y se apartó por completo volviendo a retomar la posición correcta sobre su silla ante la simple mención de la chica Beifong.

- Puedo adivinar lo que te dijo. No es nada serio como ella y los demás lo hacen sonar. - Se excuso antes de que la morena fuera capaz de decir algo.

- ¿Los demás? - Cuestionó con incertidumbre. - Solo lo había escuchado de Opal. - Arqueo una ceja. - Asami si más personas se preocupan por el mismo incidente no creo que se trate de "nada serio". - Camino alrededor del escritorio para poder hablar de frente con su chica, al estar frente a su silla se puso de cuclillas para poder estar a un mejor nivel y tener contacto visual con ella.

- No es nada serio. - Aseguró arqueando ambas cejas y sonriendo. - Desaparecí una semana en el mundo de los espíritus. Fue una pequeña excursión que organice por mi cuenta. - Explico mientras analizaba con la mirada de arriba abajo a la morena en busca de algún golpe o herida, a simple vista todo parecía estar bien.

- Es peligroso que vayas por tu cuenta. - Insistió la morena colocando sus manos sobre las rodillas de Asami.

- No voy sola, Sai viene conmigo y hay un puñado de espíritus que conozco y que están dispuestos a ayudarme. - Colocó sus manos sobre las de la morena. - No fue una misión suicida, había cosas que quería averiguar. Fue una expedición controlada y fríamente calculada. - Sonrió de lado y la ojiazul suspiró resignada.

- No quisiera que algo malo fuera a sucederte y que no haya nadie que pueda ayudarte. - La miró a los ojos.

- El mundo de los espíritus es un millón de veces más seguro que el nuestro, no tienes nada que temer. - Se acercó a ella y beso su frente. - Se como cuidarme. - Volvió a mirar los ojos de la morena.

- Lo se. - Murmuró resignada pues sabía bien que la curiosidad y el entusiasmo de Asami era algo que no podía modificar en ella, Asami Sato siempre iba tras lo que se proponía y no había fuerza en el mundo que pudiera disuadirla una vez que se proponía una meta.

- Es tu primera noche aquí y no te quedarás por mucho tiempo, dejemos esta conversación para mañana. Por el momento solo dedícate a descansar. - Propuso poniéndose de pie sin soltar las manos de Korra guiándola para que hiciese lo mismo.

- Eso suena bien. - Sonrió entrelazando sus dedos con los de Asami. - Pero mañana deberás decirme que hacías en el mundo de los espíritus. - Condicionó con tono amenazador.

- Te contaré todo lo que tú quieras siempre y cuando descanses esta noche. - Pronunció con tono juguetón disfrutando poder ver la manera en que las mejillas de Korra se pintaban de rojo, aquello era un gesto que siempre le había parecido adorable en ella. Estando de pie frente a ella podía disfrutar de la diferencia de estaturas, Korra era más bajita que ella y por algún motivo aquello le parecía perfecto, si se inclinaba un poco podía tomar sus labios encajando de forma perfecta y así lo hizo.

Sin soltar sus manos continuó el beso en silencio, sus labios danzaban en perfecta sincronía y no sabía si se debía al tiempo que había estado esperando para volver a besarla pero la temperatura de su cuerpo había aumentado rápidamente, instintivamente busco profundizar el beso rozando su lengua con la de su dulce ojiazul.

- Asami... - Jadeo Korra contra aquellos irresistibles labios, su cuerpo parecía arder en llamas, la reacción había sido casi inmediata. ¿De verdad tenía tan poco control sobre si misma? Un beso había bastado para inquietarla hasta el punto en que su mente era incapaz de razonar correctamente. Una sola cosa tenía en claro y eso era el imperante deseo de mantener el contacto físico con Asami. Simplemente no quería apartarse ni un poco de ella.

Aquel pequeño jadeo solo había logrado detener el beso por un momento, Asami miraba directo hacia los ojos de la morena, podía sentir la tensión que había entre ellas, era algo inquietante pero tentador, no hubo mas palabras. Liberando las manos de Korra guió las suyas hacia su rostro para sostenerla suavemente antes de volver a besarla, de la misma manera las manos libres de Korra la sujetaron por la cintura acercando más sus cuerpos.

El calor aumentaba y también la sensibilidad de sus cuerpos. La ojiverde podía notar que la timidez de la morena se había desvanecido por completo pues sus manos la sujetaban firmemente contra ella y sus besos se habían tornado más atrevidos. Korra avanzó lentamente obligando a Asami a retroceder hasta que sus piernas toparon de nuevo con la silla, ante esto la pelinegra abrió los ojos solo para ser recibida por una sonrisa picara.

Un suave empujón basto para que la pelinegra terminara sentada en la silla, tras esto la morena se posicionó encima de ella. De nuevo no hubo palabras, Korra colocó sus brazos alrededor del cuello de Asami y se acercó volviendo a juntar sus labios en un beso lento, suave, profundo y apasionado.

Solo la vela iluminaba la habitación, cálidas manos comenzaron a buscar acceso por debajo de la blusa de la morena subiendo lentamente por sus costados sin perder detalle del suave relieve de aquella piel almendrada. No había manera de que nadie o nada la disuadiera de apartarse de su querida morena, la había echado de menos, le resultaba difícil estar lejos de ella y ahora simplemente no podía ni quería detener el frenesí de sensaciones que inundaban su pecho. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al notar la manera en que Korra había perdido el aliento cuando una de sus manos alcanzó uno de sus generosos pechos. La joven Avatar poseía un cuerpo atlético y bien estructurado, más firme que el de muchos otros guerreros que hubiera visto y aún así conservaba esa figura femenina y curveada tan irresistible para cualquiera que pudiese ver más allá de las prendas que usualmente solían cubrir y esconder su esbelta figura pues la joven de ojos azules se esmeraba por mantener un perfil bajo escondiendo todo tipo de característica física bajo los empalmes de tela, usualmente lo que la gente veía de aquella misteriosa viajera no era nada más que sus ojos vivaces.

Pero Korra era suya, suya por completo y podía tenerla y poseerla como ella quisiera. Su aroma, su calor, sus suaves besos, sus preciadas caricias, todo lo que proviniera de aquella chica resultaba embriagante para los sentidos de la joven Sato. El pecho de Korra subía y bajaba apresuradamente, se le notaba un tanto nerviosa, un tanto entusiasmada, un tanto impaciente. De un movimiento se retiró la blusa que llevaba puesta dejando al descubierto su abdomen, sus pechos se mantenían sujetos y cubiertos por una venda pero no había hecho falta más para hacer que el corazón de la ojiverde pareciera detenerse por un instante. Ninguna de las dos tenía idea de lo que hacía, ninguna de las dos tenía experiencia en una situación similar, pero no hacía falta.

- Eres hermosa. – Murmuró Asami descansando su frente contra el pecho de la morena mientras sus manos se aferraban a su fuerte espalda, se sentía derrotada, adoraba a la mujer que ahora se posaba sobre ella, sabía que era el Avatar y sabía que una vida a su lado bien podría ser un infierno repleto de amenazas, peleas y heridas sangrantes. Sabía que podía perderla de un momento a otro, pero no podía ser de otra manera, comenzaba a darse cuenta de que tal vez nunca podría querer a alguien más de lo que ya quería a la joven Avatar. Su relación a penas comenzaba, eso era cierto, pero había algo intrigante que había entre ellas, algo que estaba segura no podría sentir con nadie más.

- No más que tú. – Respondió cálidamente besando la cabeza de su novia y acariciando su cabello.

- No es una competencia. – Rió volviendo a alzar la mirada para poder disfrutar de aquellos ojos azules.

- No, no lo es. – Sonrió Korra apartándose de la silla, una vez de pie caminó hacia la cama, mientras se alejaba Asami observaba su figura, observaba las cicatrices sobre la piel de su espalda, observaba los tatuajes, cada detalle quería saberlo de memoria. Su corazón aún latía a toda prisa, extrañaba el calor de Korra contra su cuerpo.

- ¿Dormirás? – Preguntó poniéndose de pie sin antes pensarlo, su cuerpo parecía moverse a voluntad propia.

- No. – Sonrió la morena mirando por encima de su hombro con una sonrisa traviesa que solo la invitaba a cercarse más.

- Pues parece que la cama merece más tu atención que yo. – Reclamó acercándose paso a paso.

- Es una cama bastante cómoda. – Rió Korra manteniéndose de pie en el mismo lugar sin mirar a la ojiverde.

- No lo es tanto cuando no me acompañas en ella. – Murmuró cerca de su oído antes de atraparla entre sus brazos. – ¿Ah si? – Se escuchó la voz quebradiza de la morena, las manos de Asami acariciaban su abdomen de arriba abajo mientras la abrazaba por detrás.

- ¿Te incomoda que haga esto? – Volvió a murmurar cerca de su oreja al momento en que una de sus manos jugueteaba sobre la orilla del pantalón de la morena.

- No. – Jadeo arqueando su espalda recargando el peso de su cuerpo contra el cuerpo de Asami. Varios suspiros escaparon de sus labios cuando la pelinegra comenzó a repartir varios besos sobre su cuello bajando lentamente hasta su hombro derecho, poco a poco los dedos de aquella mano fueron introduciéndose en su pantalón disparando varios escalofríos y pequeños espasmos por su cuerpo. – Asami… - Murmuró con debilidad, sus rodillas temblaban y un agradable cosquilleo invadía su entrepierna.

- ¿Eso te incomoda? – Habló con voz seductora bajando más su mano por el cuerpo de la morena. – No… - Suspiró intentando recuperar el aliento, los dedos de Asami eran cálidos, los podía sentir directamente sobre su piel peligrosamente cerca de su zona íntima, unos centímetros más arriba.

- Si algo te incomoda solo házmelo saber. – Indicó antes de volver a besar la suave piel de su cuello disfrutando al sentir la manera en que la morena temblaba entre sus brazos, un pequeño movimiento y sus dedos hicieron contacto con el centro de su chica logrando robar un pequeño gemido que solo ayudó a aumentar el deseo que sentía por ella. Con cuidado comenzó a explorar aquella zona introduciendo sus dedos cada vez más, Korra suspiraba y jadeaba con frecuencia mientras ella se dedicaba a conocer cada centímetro de ella. Era cálida y sumamente húmeda, era agradable y excitante, su propia respiración comenzaba a volverse pesada y sus caricias más atrevidas. Luego de haber recorrido su exterior se adentró un poco más con el deseo de poder penetrar en su cuerpo. Inició con un dedo introduciéndolo lentamente causando que las manos de Korra se aferraran a los costados de sus piernas.

- Asami. – Gimió de nuevo y la pelinegra sonrió mordiendo con suavidad el lóbulo de su oreja sin dejar de disfrutar de aquel exquisito cuerpo entrando y saliendo lentamente una y otra vez. Las caderas de Korra seguían sus movimientos instintivamente llevándola a friccionar su cuerpo contra el de Asami que la sujetaba desde atrás. Más gemidos y espasmos, no podía resistirse a ello, Korra era suya. Con su mano izquierda comenzó a buscar acceso por debajo del vendaje hasta poder acariciar la sensible prominencia sobre el pecho de Korra, así se dedicó a complacerla, con una mano sobre su pecho y la otra en medio de sus piernas, ahogados gemidos y jadeos hacían su sangre hervir, era ella la responsable de dicho placer en el cuerpo de la joven Avatar.

- ¿Se siente bien? – Hablo con tono juguetón disminuyendo la velocidad de sus movimientos permitiéndole a la morena un pequeño descanso, en respuesta Korra giró su cabeza para hacerle frente a aquellos hipnotizantes ojos verdes, como un imán sus labios se encontraron en un beso apasionado y Asami retomó lo que estaba haciendo agregando un dedo más entre aquellas cálidas piernas introduciéndolo lentamente y aumentando la velocidad de sus movimientos gradualmente. Korra batallaba para controlar su respiración así que se vio forzada a cortar el beso, en un intento desesperado por encontrar alivio tomó la orilla de su pantalón y comenzó a deslizarlo hacia abajo hasta dejarlo caer sobre el suelo. La venda que ya había sido desacomodada por la ojiverde comenzaba a caer, Korra apartó las manos de Asami para poder girarse y posar sus brazos alrededor del cuello de la pelinegra, conectando sus labios comenzó a jalar a la mayor hacia la cama sobre la cual se recostó permitiendo que Asami se acomodara sobre ella.

- Korra. – Jadeo la ojiverde contra sus labios haciendo una pausa para retirarse el saco y la blusa que llevaba puesta, quería sentir su piel contra la de ella. Al volver la mirada hacia la morena pudo sentir su rostro arder notando la mirada lasciva en aquellos hermosos orbes azules. Korra se enderezó para desabrochar el sostén de la pelinegra y a medida que la prenda se deslizaba hacia abajo la morena repartía suaves besos sobre la blanca piel de sus pechos hasta que su lengua hizo contacto con el dulce relieve en la punta obligando a Asami a morder su propio labio inferior en un intento por silenciar cualquier gemido que pudiese emerger de ella. Aquello se sentía demasiado bien.

- Te quiero Asami. – Dijo entre suaves besos que repartía a lo largo de la línea de su mandíbula. – Y yo a ti Korra. – Respondió mirando directo a sus ojos logrando recibir una hermosa sonrisa a cambio.

Korra giró colocándose encima de Asami, con hábiles manos y cuidadosos movimientos terminó de retirar lo que restaba de la ropa de la pelinegra. Envolviéndola entre sus brazos entrelazó sus cuerpos. Jadeos, gemidos, besos y caricias, el suave rechinar de la cama y el vaivén de caderas. La falta de aire y la agitación llevadas hasta un fuerte estremecimiento que al fin liberó la deliciosa tensión y cosquilleo de sus cuerpos.

Suaves besos y caricias, promesas hechas sin palabra alguna en un intercambio de miradas, Asami envolvió a la morena entre sus brazos permitiéndose caer en un profundo sueño tranquilo y lleno de satisfacción, cubiertas por las cobijas descansaron una al lado de la otra como siempre lo añoraban cuando el deber las obligaba a separarse.

La mañana se llego a prisa, la verdad la noche había parecido un parpadeo pues la siguiente vez que la morena abrió los ojos pudo ver el sol entrando por la amplia ventana de la habitación, Asami reposaba entre sus brazos apoyando la cabeza sobre su hombro. Lucía tan tranquila y apacible, su negra cabellera resaltaba sobre la blanca piel que cubría todo su cuerpo, lucía hermosa. Su corazón palpitaba a toda prisa mientras los recuerdos de la noche anterior la invadían. ¿Qué había sido eso? A lo largo de su vida había experimentado muchas emociones fuertes, se había enfrentado a la muerte y se había involucrado en incontables peleas, la adrenalina no era algo ajeno a ella, estaba acostumbrada a las emociones fuertes, pero lo ocurrido con Asami la noche anterior había sido inolvidable.

Su piel se erizó al sentir la suave respiración de Asami chocando contra su cuello, de verdad que no había nada en el mundo que disfrutara más que estar a lado de esa hermosa chica. Sin darse cuenta había vuelto caer en un sueño profundo y al volver a abrir los ojos se sintió decepcionada al notar la ausencia de la otra chica a su lado. Perezosa comenzó a tallar sus ojos, bostezó y suspiró estirando sus brazos para luego relajar el cuerpo entero. Se sentía como nueva pero de verdad ansiaba cruzar palabra con Asami.

Luego de sentarse sobre la cama se giró sobre esta para apoyar los pies sobre el suelo, no había señales de su novia en el interior de la habitación, en cambio encontró su ropa cuidadosamente doblada y colocada encima del pequeño buró al lado de la cama, aquellas prendas habían quedado regadas por todo el cuarto durante su pequeño recorrido del escritorio de Asami a la cama. De nuevo sus mejillas se encendieron al recordar aquel íntimo contacto. Sobre su ropa había una pequeña nota dirigida a ella.

Buenos días Korra. Hay ropa limpia en el armario, viste lo que gustes. Dejé una toalla en el baño lista para ti y el desayuno está sobre mi escritorio (Intenta no manchar nada). Volveré antes del medio día, espérame en casa.

Te quiero. Asami Sato.

Un pequeño suspiro escapó de sus labios, le encantaba la manera tan elegante en que Asami escribía, su letra se mostraba refinada y presentable, llena de bucles y con el tamaño perfecto. De manera obediente se dirigió a la bañera que ya estaba llena de agua lista para que la joven Avatar entrara en ella y la calentara a voluntad con su dominio del fuego. Cuando hubo terminado salió y secó su cuerpo con la toalla dentro del armario donde comenzó a buscar entre la ropa que le pertenecía. Asami había reservado una parte del armario para ella y tenía distintos cambios de los cuales elegir. Sonrió al sentirse como en casa, la habitación de Asami también parecía pertenecerle a ella, había ropa, calzado y otros pequeños objetos personales que ahí guardaba, era el lugar en el que más posesiones tenía además de su casa en el sur.

Al final optó por una pantalonera sencilla color azul marino, una blusa blanca de manga larga y una sudadera gris pues la temperatura comenzaba a bajar, no era tan frío como el norte o el sur así que para ella no era necesario abrigarse tanto. Comenzó a vestirse empezando por su ropa interior y la pantalonera para la zona baja y comenzó con la parte de arriba colocando la venda alrededor de su pecho, cuando al fin terminó tomó la blusa y la sudadera en sus manos y se encaminó hacia el escritorio de Asami donde efectivamente había una charola con un plato repleto de frutas y otro con avena. Lucía delicioso así que sin mucho cuidado colocó las prendas sobre el respaldo de la silla acolchada y se dejó caer sobre ella.

Con el tenedor y la cuchara que se le habían proporcionado comenzó a disfrutar de su desayuno. No podía evitar la curiosidad que le invadía al ver las ordenadas torres de papeles a los lados del escritorio. ¿En qué demonios trabajaba Asami? Con todo lo que había ahí quedaba en claro que la chica tenía las manos llenas de trabajo. Con cuidado tomó uno de los planos, sus ojos repasaron la hoja de arriba abajo intentando descifrar la estructura que ahí se mostraba hasta que al fin dedujo que se trataba de algún tipo de motor. A lo largo y ancho del plano había anotaciones en letra cursiva que no podían pertenecer a nadie más que a Asami. Las notas mostraban medidas, nombres de distintos materiales e ideas para sustituir o mejorar ciertas piezas y funcionamientos del aparato. No entendía como es que aquella chica tenía tanto talento en el campo de los circuitos y la mecánica, de lo que si estaba segura era de que luego de que los hermosos ojos verdes de su novia pudieron tener acceso a los libros de la biblioteca de Wa Shi Tong la chica no paraba de investigar y trabajar en todo tipo de proyectos autoimpuestos.

- No creo que eso sea necesario padre. – Se escuchó la voz de Asami riendo del otro lado de la puerta. – Dile que no es seguro o viable, si no lo autorizas Varrick no puede continuar con eso, puede usarlo para si mismo como lo hemos estado haciendo tú y yo. – Se volvió a escuchar su suave risa antes de que la puerta se abriera mostrando los vivaces y cautivantes ojos de la líder del pueblo. Resultaba extraño que al momento en que sus miradas se cruzaban el tiempo parecía detenerse, su estómago se sentía hecho nudo y su corazón comenzaba a enloquecer, nerviosismo y alegría todo combinado de tal manera que bien podía comparar su estado mental con el de algún loco. Sentir tanta felicidad de un momento a otro no podía ser algo que la gente cuerda pudiese experimentar.

- Buenos días. – Saludó la mayor con una alegre y cálida sonrisa cerrando la puerta tras de sí.

- Buenos días. – Devolvió la sonrisa sin perder la oportunidad de inspeccionar la figura de su chica de arriba abajo, Asami siempre combinaba la cantidad perfecta de elegancia con femineidad dando como resultado una apariencia y una esencia irresistible.

- ¿Viendo los planos? – Señaló Asami acercándose al escritorio sin poder ignorar el hecho de que por algún extraño motivo la morena se encontraba sentada frente al escritorio sin usar alguna blusa. Su marcado abdomen, sus fuertes brazos, los tatuajes, era difícil mantener su mirada lejos de aquel hermoso cuerpo.

- Ah, si. – Rió levemente. – Era lo que había para leer mientras desayunaba. – Se encogió de hombros.

- Si, hay mucho que leer en esas torres de papeles. He estado repasando rápidamente distintos libros en busca de maquinaria que nos pueda resultar de utilidad y que además sea accesible para nosotros o fácil de recrear y que sea tecnología que no afecte al medio ambiente… así que se puede decir que he estado bastante ocupada últimamente. – Sonrió de forma cálida, resultaba difícil creer que a pesar de todo el trabajo que desempeñaba Asami aún fuera capaz de mostrarse tan tranquila y llena de energías.

- Me atrevo a decir que Asami Sato es la persona más ocupada en este mundo después del Avatar. – Bromeo alzando una ceja.

- ¿Oh si? Yo me atrevo a decir que Asami Sato es la persona más ocupada del mundo y que el Avatar viene después. Tomando en cuenta que tú te encuentras descansando en estos momentos dentro de los límites de mi pueblo mientras yo continúo con mi horario normal. – Se defendió inclinándose frente a la silla donde descansaba la morena.

- El avatar se dedica a cuidar al mudo entero. – Intentó sonar molesta pero falló al no poder retirar su mirada de los labios color carmín que poco a poco se acercaban más a los suyos.

- Y yo me dedico a cuidar del Avatar. – Murmuró rozando sus labios para luego tomarlos en un beso suave pero apasionado.

- Preferiría que no lo hicieras. Es peligroso. – Objetó en una pequeña pausa.

- Es demasiado tarde para eso cariño. – Mordió su labio inferior suavemente robando un pequeño gemido por parte de la morena. – Cualquiera que decida molestar al Avatar se las tendrá que ver con Asami Sato. – Concluyó tomando asiento sobre la silla de la morena colocando cada una de sus piernas a los costados del cuerpo atlético de su chica que de inmediato la recibió colocando las manos sobre su cintura.

- Asami. – Jadeo al sentir como un escalofrío le recorría el cuerpo cuando la pelinegra comenzó a mecer sus caderas sobre ella.

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Luego de volver a vestirse y de arreglar su apariencia ambas se unieron a Hiroshi en su taller, había cosas que Asami quería discutir con la morena y el resto del consejo del pueblo pues tenía un plan en mente. Había estado experimentando con las señales de radiofrecuencia y había descubierto que las señales eran capaces de viajar a través de los portales del mundo de los espíritus lo cual significaba que si Korra era capaz de activar una torre de transmisión en el norte sería capaz de recibir señales desde el otro lado del portal de la torre que transmitiría desde la jungla.

Aquel no era el único plan de la ojiverde, también había estado pensando acerca de la mejor manera de enfocar la atención del enemigo en el Avatar, si Korra iba a estar habitando en el Norte sería difícil que estuviese viajando de ida y vuelta de forma apresurada para crear distintos rastros, además la morena no podría estarse ausentando de forma seguida ya que eso levantaría sospechas. Así pues Asami había concluido que Korra podía preocuparse por establecer comunicación por radio y tal vez descansar un poco en el pueblo mientras Bolin, Mako o Lin podían turnarse y salir a distintos territorios del antiguo Reino Tierra a ayudar a ciertos poblados o a capturar bandidos haciendo uso del control de sus elementos para que la gente diera testimonio de la presencia del Avatar en aquellos lugares, así resultaría más fácil confundir al enemigo y librar a Korra de cualquier sospecha que existiera sobre su relación con el maestro de los cuatro elementos.

Ambos planes le parecieron de maravilla a la joven Avatar, con la ayuda de sus amigos tendría más libertad para buscar al hombre de nombre Unalaq en el Norte, hasta el momento no había iniciado la búsqueda ya que a penas habían terminado de instalarse, ahora solo debían asegurar una fuente de alimento y empezar las peleas para comenzar a atraer personas. Sabía que Bumi tenía contactos en la ciudad del Norte y sabía que a través de ellos le ayudaría a localizar a dicho sujeto pero aún así era esencial ganarse la confianza del resto de los habitantes para poder moverse con más libertad y tal vez ganar más seguidores.

Los habitantes del polo norte eran conocidos por ser personas sin ningún tipo de ataduras, durante siglos, generación tras generación ninguno de ellos había declarado apoyar a algún bando en particular. No seguían a los rebeldes pero tampoco apoyaban al Avatar y al Loto Blanco, a pesar de ello la morena había aprendido que aquel grupo de personas tendían más a establecer vínculos con los rebeldes que con nadie más, se aprovechaban de las facilidades que los rebeldes proveían al momento de proporcionar objetos valiosos. Debido a esto era seguro decir que la gente del Norte se familiarizaba más con los rebeldes que con cualquier otro tipo de habitantes, por esto era que la mejor manera de entrar a su sociedad se daba a través de la red de rebeldes.

El primer día lo paso en el pueblo al lado de Asami pero el siguiente día partió a Ba Sing Se para supervisar la actividad en el coliseo y poder respaldar la versión de que había tenido que partir de vuelta por más provisiones. El grupo de rebeldes le aportó un par de sacos de arroz y luego de pasar una noche bajo el techo de Suyin emprendió su viaje de regreso a las ruinas de Ciudad República donde de nuevo descansó dos días bien acompañada de sus más preciados amigos y de su querida Asami.

De vuelta en el Norte fue bien recibida por todos sus compañeros que de inmediato comenzaron a narrarle sobre las primeras peleas y los resultados de las mismas. Tal como ella y Bumi lo habían predicho muchos habitantes del Norte se presentaron a las peleas, unos con la intención de apostar y otros con la intención de pelear a cambio de objetos valiosos. La gente del Norte bien podía ser llamada como otro grupo rebelde más. Concluyó en un suspiro silencioso, detestaba tener que encontrarse rodeada de personas que solo buscaban perjudicar al Avatar. A pesar de que nadie supiese que ella era aquel temido y odiado maestro de los cuatro elementos, a pesar de que todos la trataran con respeto y admiración, a pesar de todo ello no podía evitar sentirse fuera de lugar. Temía el hecho de que la Guerrera del Sur llegase a volverse su personalidad predominante, temía que su identidad como rebelde fuera la cual definiera el resto de su vida.

Aún así, aquel era el mejor plan que tenían por no decir que era el único plan con el que contaban. Durante su primera noche de vuelta en el Norte debería presentarse en el nuevo coliseo como la campeona y debería defender su título ante todo aquel que quisiera desafiarla. Una extraña sensación la invadía cuando estaba dentro de la zona de combate, ahí dentro no le cabía ni la más mínima duda de nada, ella era la Guerrera del Sur y no habría nadie capaz de derrotarla. Era ese instinto de peleadora el que le había ayudado a llegar tan lejos, parte de ella disfrutaba aquellas salvajes y emocionantes peleas y al mismo tiempo otra parte de ella entraba en pánico al notar aquella comodidad dentro de un ambiente tan pesado y lleno de violencia. Era como verse frente a un espejo, ambos lados reflejaban a la misma persona pero de forma invertida.

Con suma naturalidad defendió su puesto. Rompiendo piernas, torciendo brazos, abriendo heridas con ayuda de distintas armas, castigando a su enemigo con los puños, utilizando una amplia variedad de técnicas para atormentar a sus rivales, la Guerrera del Sur había sido más severa que de costumbre y así debía ser, al estarse estableciendo en un nuevo territorio no había lugar para las dudas, debía dejarle en claro a la gente del Norte que nadie se metía con la Guerrera del Sur.

Una semana había bastado para que Bumi y sus hombres se hicieran de objetos esenciales para la supervivencia en aquellas tierras heladas. Habían iniciado juntando rocas luminiscentes para poder iluminar el interior de su edificio y el área de batalla. Luego continuaron con planos para sembradíos. De esa manera podrían asegurar el progreso de su sociedad dentro de aquel edificio, cuando todas las necesidades básicas se vieran cubiertas podrían enfocarse en complacer sus ambiciones personales.

Durante una reunión Korra y Bumi discutieron lo referente a la búsqueda de Unalaq, Bumi contaba con un par de contactos en el interior de la ciudad de los pobladores del Norte y no había más alternativa que confiar en que ellos se encargarían de encontrar a dicho hombre, mientras tanto ambos, La guerrera del Sur y el Rey del coliseo se dedicarían a engrandecer el negocio de las peleas en el Norte.

Día y noche la morena vivía bajo su nombre de gladiadora, pocos utilizaban su nombre real, muchos lo desconocían pero todos la admiraban y respetaban como a nadie. No resultaba difícil ver que contaba con la lealtad de todos los seguidores de Bumi y este hecho solo lograba alarmarla más cuando se daba cuenta de que ella misma estaba acostumbrada a dar por hecho que aquel grupo de hombres harían lo que ella ordenara tal cual lo habrían hecho bajo las órdenes de Kuvira. La guerrera del Sur estaba tomando fuerza, estaba ganando reputación, estaba cobrando factura por todas aquellas victorias consecutivas que había tenido. La guerrera del Sur se estaba volviendo algo más que solo una identidad para el coliseo y ella misma se encontraba atrapada en un nudo de ideas que no podía desenredar. No estaba segura de qué tan profundas habían llegado las raíces de su identidad como gladiadora. ¿Quién era la Guerrera del Sur? ¿Quién era el Avatar? ¿Quién era Korra? Estas preguntas la acosaban constantemente durante las noches cuando al fin podía descansar en silencio, cuando al fin podía alejarse de todos y debatir por si misma las acciones que había llevado a cabo a lo largo del día.

Otro mes más había transcurrido y no había señales de Unalaq, su paciencia comenzaba a agotarse y sin importar cuantas veces visitara la impresionante ciudad del Norte parecía que nadie tenía idea de quién era aquel sujeto. Ya había hecho dos visitas a Ba Sing Se y siempre que iba solía visitar a Kuvira pues aún la consideraba como su amiga. La derrotada líder rebelde mantenía su esencia inquebrantable y se negaba a otorgarle cualquier tipo de descripción que pudiese ayudarle a encontrar a Unalaq. Sus descansos en el pueblo de Asami le ayudaban a aclarar su mente un poco pero no lograban apartar los perturbadores pensamientos que nublaban su pensamiento de vez en vez haciéndola parecer un poco distraída.

Asami había percibido este cambio de inmediato pero sin importar cuanto preguntara al respecto la morena respondía con brevedad diciendo que la situación con Bumi era complicada y que el hecho de no encontrar al hombre que buscaban solo lograba agregar estrés a toda la misión. Tenía miedo de confesar, ahora más que nunca se sentía aterrada de aceptar la verdad frente a Asami. Tal como lo había dicho Opal, había dejado pasar más tiempo y ahora no encontraba la manera de decirlo, Asami había dejado de insistir pero ella misma sentía la necesidad de hablar con ella al respecto pues no lograba pensar en alguien mejor para buscar consejo. Sin embargo le aterraba tener que aceptar frente a ella que una parte del Avatar se encontraba completamente invertida en el papel de la sanguinaria gladiadora del coliseo.

Comenzaba a disfrutar el poder del La Guerrera del Sur, disfrutaba la libertad que gozaba al andar por ahí sin que nadie le cuestionara nada, disfrutada ser reconocida y admirada, disfrutaba las peleas, disfrutaba la adrenalina, disfrutaba el ambiente. ¿Cómo podría disfrutar un ambiente similar? Lleno de violencia y suciedad, lleno de personas dispuestas a matar con el fin de obtener lo que desean, lleno de tenebrosos sujetos con la mirada llena de odio. ¿Cómo podría decirle a Asami que aquella temida guerrera era parte de ella misma? ¿Cómo podría decirle que lamentaba todo lo que se veía forzada a hacer si se mostraba complacida por cada combate en el que participaba?

El tiempo pasaba, no podía decirle ¿Con que cara sería recibida? Asami la odiaría, ella misma no podía resolver que hacer y el temor comenzaba a nublar su razón. ¿A quién podía acudir? Solo descansaba tres días por mes, tres días por mes podía escapar de la piel de la gladiadora, tres días por mes que parecían meros instantes. El entrenamiento que había llevado a lo largo de su vida le ayudaba a mostrarse firme y segura, le ayudaba a seguir adelante a pesar de las dificultades pero en su interior moraba esta duda que carcomía su tranquilidad y comenzaba a robarle el sueño por las noches.

- ¿Qué tan lejos puedes llegar para lograr tu cometido, Avatar? - Escuchó la voz de un hombre en la obscuridad. Una voz familiar, una voz que quebrantaba su espíritu, una voz que no quería escuchar. - ¿Quién decide que es aceptable y que no lo es? ¿Qué es bueno y qué no lo es? – Insistió la voz que parecía hacer eco a lo largo y ancho de aquel lugar obscuro. – El caos es inevitable. El caos es el estado natural de las cosas, el Avatar no tiene porque seguir un curso trazado por una sociedad temerosa de las consecuencias de la naturaleza humana. – Resultaba imposible no escucharlo.

- ¡Basta! – Gritó enderezándose en su lugar, sudaba profusamente, había sido un sueño. Sus ojos miraron a través de la ventana encontrándose con la noche que no abandonaría las tierras del Norte durante varios meses. La aurora boreal danzaba en el cielo y la tierra cubierta de nieve la reflejaba dando como resultado un tenue brillo helado que mantenía el único atractivo visual en aquella superficie. Tal vez dormir en los pisos superiores del edificio no había sido mala idea pues al menos podía ver a través de la ventana. Una vez de pie se acercó al cristal para contemplar las ruinas, nieve y edificios enterrados en ella, un suspiro nubló su visión al cubrir el vidrio con vapor.

- Asami… - Murmuró colocando su mano sobre el cristal, algo andaba mal y su miedo a perderla le impedía compartir aquellas inquietudes con ella.

- ¿Quién decide Korra? – Volvió a escuchar como un susurro aquella lúgubre voz dentro de su cabeza. – Silencio… – Gruñó ella rechinando los dientes y arrugando el entrecejo bufando volviendo a opacar el cristal con su aliento. – Tú decides. – Rió aquel hombre lanzando varios escalofríos por el cuerpo de la morena.


¿Pero que les digo? Feliz Navidad, Año nuevo, día de los reyes magos... ¿Feliz cumpleaños? Jajaja y todo aquello que les deba desde la última publicación B) (Like a boss...) Jaajaja. Una disculpa! De verdad que no puedo recordar la última vez que tuve un fin de semana para descansar... He estado haciendo de todo y bueno. Excusas sobran y no resuelven nada.

Eeeeen fin. Aquí esta actualización. Espero les haya gustado. ¿Que les pereció? Un saludo a toooooodos y mil gracias a todos los que se tomaron el tiempo para darme review :D De verdad gracias!

Se les quiere, se me cuidan y espero publicar el siguiente capítulo pronto que esto está que se pone bueno e.e

CHAU!