Este capítulo está dedicado a Eowyn Eliram Yue... Te llamaré la señorita Yue puedo? Jajaja más sencillo. Muchas gracias por seguir la historia y por tomarte el tiempo de comentar. De verdad lamento haberte hecho esperar tanto. Prometo no volver a tardar tanto! Y sep, has sacado el nombre bien solo que se escribe diferente, es un nombre problemático 8D
Y Youi... ¿De verdad? ¿María? ¿De dónde María? Jajaja gracias por el review, me has sacado una sonrisa xD
La multitud había aumentado de forma considerable en el nuevo coliseo. La desconfianza inicial que había en los habitantes de la ciudad del norte había desaparecido pues los tratos en el coliseo eran claros y justos así que siempre y cuando se tuviera el conocimiento de las reglas no habría problema alguno con los rebeldes del antiguo reino tierra.
Sin importar cuanto tiempo pasara la Guerrera del sur continuaba siendo invicta. Era la campeona indiscutible y a la que todos buscaban agradar.
En el medio del área de batalla posaba victoriosa con el puño en el aire. Sobre sus ropas se podían ver con claridad las manchas de sangre de sus oponentes. Los había destrozado, dos habitantes de la ciudad del norte, dos desafortunados que se habían atrevido a presumir de sus habilidades y a menospreciar la imagen de la campeona. La guerrera del sur no hizo esperar su respuesta y los invitó a pelear contra ella. Un combate de dos contra uno, un combate que terminó en menos de cinco minutos. La fría mirada de la campeona bastaba para petrificar a cualquiera que entrara a su zona de batalla, sus azules orbes eran capaces de ver el miedo y la duda en sus oponentes, su popularidad era tal que no necesitaba esforzarse para intimidar a nadie, todos sabían quién era ella y de qué era capaz.
Celebró al lado de sus colegas y permaneció en el coliseo hasta que se hubo asegurado de que sus oponentes habían recobrado la conciencia. Luego de esto se retiró a la habitación de Bumi.
El enloquecido hombre entró con una sonrisa de oreja a oreja, el negocio le iba de maravilla, la gente de la ciudad del norte tenía muchos bienes que ofrecer debido a las buenas condiciones en que se habían preservado sus edificaciones. No le tomó mucho notar la figura de la morena reposando sobre su sillón. Él también había preferido una habitación en los pisos altos para poder tener vista al exterior pues su inquieta mente no era capaz de vivir rodeado de cuatro paredes y nada más, necesitaba tener un campo de visión más amplio.
- Tuviste poca paciencia el día de hoy.- Rió cerrando la puerta tras de sí.
- No eran tan buenos como argumentaban. - Respondió a secas sin abrir los ojos. Bumi avanzó hacia una repisa de cristal en la cual guardaba distintas botellas con bebidas alcohólicas que había ganado en el coliseo. El sonido del líquido cayendo dentro del vaso cristalino fue todo lo que se escuchó durante un momento. Cuando la bebida estuvo servida lo siguiente que escuchó fueron los pasos de Bumi hasta que tomó asiento en el sillón que se encontraba frente a la morena.
- Últimamente te he notado... diferente.- Inició él con voz tranquila.
- Me siento diferente.- Confirmo.
- ¿Diferente bien. O diferente mal? - Intentó aclarar.
- ¿Tú que dirías? - Continuó sin abrir los ojos pues intentaba relajar su cuerpo y mente tanto como le fuera posible.
- Diferente bien. - Rió con ironía. - Hace unos meses te habrías apresurado a salir del área de batalla hacia tu habitación para lavarte de inmediato.- Señalo los puños de la morena que aún se encontraban vendados y manchados de sangre. La chica no se molestó en mover ni un músculo o en abrir los ojos pues entendía a la perfección aquellas palabras.
- Supongo que logras acostumbrarte a estas cosas... - Suspiro intentando recobrar la calma que por un momento parecía habérsele escapado de las manos. La ansiedad no se hacía esperar siempre que comparaba sus reacciones del pasado y las actuales pues podía ver con toda claridad una diferencia abismal y esto le hacía pensar que ella no era la misma persona de aquel entonces. Aquel cambio le provocaba intriga. ¿Había sido para bien o para mal?
- Si. Por increíble que parezca, no hay nada a lo que una persona no se pueda acostumbrar. - Respondió su amigo con seriedad en su voz.
- Así parece. - Volvió a suspirar al notar como su cuerpo se tensaba al instante. Aquel tema le había estado intrigando desde hacía ya un par de meses. Poco a poco se había vuelto más sensible a todo lo que estuviera relacionado con ello y se sentía exhausta.
- Es un cambio positivo Korra. - Agregó Bumi luego de tomar un pequeño trago de licor. - Tu fama ha ido en aumento y tienes encima la mirada de muchos rebeldes. Tu actitud ha cambiado pero lo ha hecho para bien. Ahora difícilmente dudarían de ti pues tu actitud y tus acciones concuerdan con el papel que ocupas en su sociedad. No hay manera de que levantes sospechas. Te has fortalecido y te has adaptado a este ambiente y eso te beneficiará a largo plazo.- Le explico.
- ¿Cómo podría explicarle a un ser querido que lo que hago aquí y mi indiferencia ante las crueles torturas que infrinjo a otros es algo bueno? - Abrió levemente sus ojos para poder ver las expresiones en el rostro de Bumi.
- Puedes hacerlo pero no es seguro que ellos entiendan.- Suspiró Bumi. - Si no estás envuelto en este ambiente tan... degradante. No serás capaz de ver lo que se requiere para permanecer dentro sin levantar sospechas y sin perder la cordura.- Se encogió de hombros.
- ¿Y cómo te convences a ti mismo de que lo que haces es bueno? ¿Cómo sabes que no has perdido el camino?- Se enderezó mirando directo hacia los ojos de su amigo en un intento desesperado por encontrar la respuesta a sus dudas.
- Eso lo sabes cuando llega el momento de hacer una decisión importante y eliges el lado correcto.- Respondió con seriedad. Ambos se miraron en silencio por un par de minutos hasta que la morena suspiró y volvió a relajar su cuerpo recargando la cabeza en el respaldo del sillón.
- Vas por buen camino Korra.- Habló el mayor. - ¿Has desenterrado dos torres de radio no es así? Sigues trabajando con Asami y sigues en búsqueda del documento que te pidió el espíritu de la sabiduría.- Intentó animarla.
- ¿Si. Pero cuánto tiempo más deberé vivir de esta manera? Unalaq no se encuentra por ninguna parte. Ya recorrimos la ciudad de arriba abajo y no hay señales de él.- Bufó.
- ¿Hás intentado interrogar a Kuvira?- Sugirió Bumi.
-Lo he hecho. Muchas veces y lo único que logro obtener de ella son advertencias. Estoy segura que ella tiene más información pero es una mujer de voluntad inquebrantable. No pienso torturarla pero estoy segura de que aunque lo hiciera ella preferiría morir antes de darnos la información que le pedimos.- Suspiró.
- ¿Qué tal si el hombre ya se ha marchado a mejores tierras?- Preguntó él.
- No. Está aquí. Kuvira me lo aseguró luego de que le dijera que nuestras búsquedas no han dado resultados.- Aclaró.
-¿Vivirá aquí bajo otro nombre?- Bumi arqueo una ceja.
-Si ese es el caso ya debe estar al tanto de que lo estamos buscando.- Ella arrugo el entrecejo. -Y si ese es el caso el cobarde seguro se está escondiendo.- Renegó apretando los dientes.
-Tranquila Korra. Lo encontraremos. A lo largo de mi experiencia como infiltrado no ha existido un solo hombre al que no haya podido encontrar. Solo dame tiempo.- Sonrió.
-No creo soportar pasar mucho tiempo aquí sin perder la cabeza.- Confeso ella poniéndose de pie. -Buenas noches Bumi.- Se despidió y encaminó sus pasos hacia la salida de la habitación.
Vistiendo nada más que su ropa interior se encontraba sentada en la orilla de su cama. Sumergiendo un trapo en una cubeta con agua lo escurría y pasaba por su piel. Poco a poco fue eliminando las manchas obscuras de sangre que la habían salpicado durante el combate. Algunos moretones y pequeñas raspaduras marcaban la única evidencia de dicho combate. Sus lesiones habían sido mínimas pero sabía que eso se debía a la severidad del castigo que le había impuesto a sus oponentes.
-¿Lo puedes ver ahora no es así?- Escuchó aquella molesta voz que frecuentemente buscaba llamar su atención. -Korra.- Insistió y ella bufó.
-Aang.'- Murmuró. -¿Dónde estás?- Apretó los párpados.
-Yo estoy aquí. Aang no quiere hablar con un Avatar rebelde.- Volvió a escuchar a aquel hombre.
-Vete.- Ordenó con tono amargo.
- Habla conmigo Korra. Siempre estaré aquí para aconsejarte cuando me necesites.- Insistió.
-No te necesito. ¡Vete!- Gruño y el silencio reinó en su habitación. Con pesadez dejó su cuerpo caer sobre el suave colchón de su cama y se enterró bajo las cobijas. Aunque tenía problemas para dormir no se cansaba de intentar conciliar el sueño. Se sentía exhausta y agobiada. Necesitaba recuperarse. El consuelo que tenía para esa noche era saber que al día siguiente debería partir de nuevo hacia el portal y podría ver a Asami.
Sus ojos se abrieron de golpe y su cuerpo se encontraba sentado sobre la cama. Sudaba profusamente y respiraba de forma irregular. Las pesadillas eran frecuentes, siempre se conformaban de una combinación entre las atrocidades que el avatar obscuro había hecho y de sus propias acciones como peleadora en el coliseo.
El cielo continuaba exhibiendo un desfile interminable de luces polares. La morena las observó detenidamente mientras su respiración comenzaba a calmarse. El coliseo, Bumi, los peleadores, los habitantes del Norte y ella misma se encontraban sumergidos en una noche eterna. Estaba acostumbrada a esas estaciones pero ahora la obscuridad parecía estarla consumiendo desde el interior. – Debo salir de aquí. – Murmuró para si misma arrojando las cobijas que le habían resguardado del frío mientras dormía.
Luego de vestirse tomó una pequeña mochila que llenó con un cambio de ropa y se dirigió a la salida de la habitación. Parecía estar escapando de algo pues no se tomó el tiempo para almorzar o para saludar a los compañeros que se encontraba en los pasillos.
- Buenos días Guerrera del Sur. – Saludó un joven peleador pero la morena no le dirigió ni la mirada. Caminó de largo y casi lo empujó, nadie cuestionó su comportamiento pues ya varios habían sido castigados en los pasillos por insistirle demasiado, un golpe en el rostro y caían inconscientes así que pocos incidentes habían bastado para entender que si la campeona no se dignaba a dirigirles la palabra era mejor guardar distancia. Ante ellos la ojiazul siempre se había mostrado fría y de pocas palabras así que les resultaba difícil detectar algún cambio en el humor de su joven estrella.
- ¿A dónde te diriges con tanta prisa? – La detuvo la voz de Bumi antes de que pudiese abrir la ventana que les servía como entrada y salida principal.
- Es momento de que valla por provisiones. – Lo miró por encima el hombro.
- Cierto. ¿Ya le ha preguntado a tus compañeros si necesitan algo de sus tierras? – Preguntó arqueando una ceja.
- No puedo cargar demasiadas cosas. – Bufó.
- Es justo por eso que solo premiamos a los tres mejores peleadores del mes. – Celebró su amigo.
- Dos. – Sentenció.
- ¿Dos? – Se repitió él.
- Yo soy la mejor peleadora y detrás de mí hay dos y así somos los tres mejores. No escucharé a nadie más. – Se dio media vuelta para ver de frente al Rey del coliseo. – Tienen quince minutos para venir a hacer sus encargos. – Tomó asiento sobre el suelo y esperó.
Al poco tiempo apareció una chica y un hombre de barba tupida. Ambos lucían una apariencia intimidante, los conocía bien, ambos eran excelentes peleadores y ambos habían logrado dejar cicatrices sobre su cuerpo así como ella lo había hecho en el de ellos. Los dos la miraron a los ojos y se arrodillaron haciendo una reverencia lo cual logró sorprender internamente a la morena pues su rostro a penas reflejó su reacción.
- Solo una cosa le hemos venido a pedir. Ya que nunca hay tiempo para hablar con usted. Queremos decirle que ambos estaríamos honrados de servirle. El premio por nuestras victorias siempre es algo material pero esta vez queremos algo distinto. La aceptación de una nueva líder. – La miraron en silencio y ella arrugó el entrecejo.
- Yo sirvo a Bumi… yo no podría. – Negó con la cabeza pero fue interrumpida por el varón. – Te vimos llegar el primer día en el coliseo de Bumi y entendimos que tus batallas no se libraban por amor al sadismo. Tu demuestras amor al combate y respeto a tus oponentes cuando ellos lo merecen. Prohibiste a los esclavos y te negaste a asesinar a tus rivales pues no necesitabas hacer tal cosa para dejar en claro quién había sido el vencedor. Derrotaste a Kuvira y llegaste aquí retando a la líder de los pobladores del Norte. Batalla tras batalla los dejas a todos perplejos. No somos los únicos dispuestos a seguirte. Muchos admiran tu manera de ser un rebelde libre y muchos quieren seguir tus pasos. – Los peleadores volvieron a inclinarse pegando sus frentes al suelo en una reverencia difícil de ignorar pues era bien sabido que los rebeldes no se inclinaban ante nadie.
- Yo… - Suspiró, un nudo se le había formado en la garganta y le impedía hablar.
- No esperamos nada de usted. Solo queremos saber que somos bien aceptados a seguirla y apoyarla si la situación así lo amerita. – Hablo la guerrera. Korra recobró la compostura de inmediato pues sabía que no debía mostrarse vulnerable en aquel lugar.
- Pueden hacer lo que ustedes gusten. Yo estoy bajo el comando de Bumi y no creo que eso cambie. – Respondió con tono frío poniéndose de pie.
- Solo acepta nuestra petición. – Rogaron ambos a penas alzando la mirada para poder hacer contacto con sus ojos pues no habían abandonado su posición de reverencia.
- Acepto su petición. – Asintió con la cabeza y se dio media vuelta. – Pero eso no me parece una recompensa adecuada. Viajaré a las tierras de Bumi ¿Seguros que no necesitan que les traiga algo? – Hizo una pausa para permitirles hablar.
- Lo que sea que usted piense apropiado. – Habló el varón y la morena emprendió su camino. – Volveré pronto. – Fue todo lo que dijo antes de salir del edificio.
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Un túnel conformaba su camino del coliseo hasta el portal. Lo había construido lo suficientemente profundo en el hielo para que nadie lo descubriera por accidente. Solo un maestro agua podía ingresar en él pues se debía penetrar cinco metros hacia abajo sobre la gruesa capa de nieve compactada y al llegar al final también se debía de excavar hacia arriba para poder salir. Todo el interior del túnel se conformaba por hielo pulido sobre el cual la morena se deslizaba con una placa de hielo con forma de tabla que pegaba a sus pies. Esto le ahorraba mucho tiempo y también disminuía el riesgo de ser descubierta al viajar por el exterior.
Luego de realizar su recorrido usual a través del mundo de los espíritus y a través de la jungla y las ruinas al fin arribó al pueblo donde sus amigos residían.
Siempre que cruzaba las puertas del pueblo sentía un gran alivio y al mismo tiempo se sentía exhausta. Era como si de un momento a otro dejara caer el peso que llevaba sobre su espalda y le resultara más fácil respirar y su cuerpo le demandaba descansar. Con las fuerzas que le restaban caminó hacia la casa de los Sato y se introdujo a la habitación de Asami por la ventana.
Su chica no se encontraba en casa lo cual era normal pues apenas eran las dos de la tarde y la líder del pueblo solía desocuparse de sus tareas hasta las tres. Esta vez no le había dado una fecha para su regreso pero las dos tenían acordado que debería volver al menos una vez al mes y ella siempre procuraba aparecer el primer Lunes de cada mes o al menos durante los días de la primera semana del mes así que su presencia seguro no sorprendería a la pelinegra.
Luego de abandonar su mochila sobre el sofá se dirigió hacia la cama y se dejó caer. El frío que hacía en el pueblo no se comparaba con el frío del polo así que la morena no se molestó en refugiarse entre las cobijas, simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por el dulce aroma que emanaba de la cama y las almohadas, el aroma de Asami.
Al abrir los ojos notó que el cielo se había obscurecido, la habitación se iluminaba por la amarillenta luz de una vela posada sobre el escritorio. Con la mirada borrosa le era difícil detectar la presencia de alguien en la habitación y ya que sus sentidos tampoco habían vuelto del todo en si decidió llamar a su chica.
- ¿Asami? – Habló con voz adormilada mientras con sus manos sentía la suave tela del cobertor que ahora cubría su cuerpo.
- Estoy aquí. – Respondió la elegante voz de la líder del pueblo. Las dos permanecieron en silencio, en la habitación se podía escuchar el relajante sonido que producían las hojas de un libro al ser volteadas cuidadosa mente y el sonido de un lápiz escribiendo sobre el papel. La morena no lograba ver la silueta de Asami pues la torre de documentos, libros y planos le impedían verla. Luego de un pequeño suspiro volvió a relajar su cabeza sobre la suave almohada.
Tras un par de minutos se escuchó un libro al ser cerrado e inmediatamente después se escucharon pasos que cruzaron la habitación desde el escritorio hasta la cama. La pelinegra tomó asiento en la orilla del colchón y se inclinó para besar con suavidad la frente de la morena.
- Lamento no haber pasado a saludarte de inmediato. – Abrió sus ojos que de inmediato se engancharon con la dulce mirada de Asami.
- No tienes porque disculparte. Entiendo que debes estar exhausta. – Le ofreció una cálida sonrisa que bastaba para calmar la agobiada conciencia de la joven Avatar.
- No tienes idea. – Suspiró y volvió a cerrar los ojos.
- Me imagino que debes tener hambre. Estoy segura de que el guiso que Wu preparó esta tarde te levantará los ánimos. – Escuchaba con una sonrisa la voz de Asami. Poco a poco el vínculo entre ellas se había vuelto más estrecho. Siempre que estaba con ella su pecho parecía llenarse de mariposas pues sentía un ligero cosquilleo que la llenaba de alegría. No entendía como es que podía volverse más y más apegada a una persona pero así era, Asami se había vuelto su único refugio y solo tenía acceso a ella durante dos o tres días al mes, estar lejos de ella se volvía cada vez más difícil y le pesaba aún más no poder compartir con ella sus preocupaciones pero el miedo a perderla era más fuerte así que prefería guardar silencio aunque eso contribuyera a la destrucción de su propia sanidad mental pues su nerviosismo y estrés comenzaban a dispararse con más frecuencia.
- Si, eso suena excelente. – Sonrió y con ambas manos sostuvo el rostro de la ojiverde y la acercó a ella para tomar sus labios en un beso pausado y lento. – No tienes idea de cuanto te he echado de menos. – Murmuró cerca de sus labios sin despegar sus frentes.
- Y yo a ti Korra. – Respondió con un suspiro. – Se que es difícil pero debes aguantar. Necesitamos el apoyo de Wa Shi Tong y los espíritus. – La miró a los ojos y la morena volvió a encontrar en ellos su propósito como Avatar. Ayudar a las personas que aún sobrevivían en aquel mundo hostil. Habían llegado lejos, Asami y muchos otros habían caminado a su lado con el fin de lograr un bien común. No podía darse el lujo de perder ante la presión de vivir escondida tras la identidad de un rebelde, por más que deseara permanecer al lado de Asami no podía olvidar que su vida entera debía ser orientada a algo más. El mundo la necesitaba.
- Gracias Asami. – Sonrió. – Por apoyarme en todo momento. – Explicó sin dejar de admirar la belleza de la chica frente a ella.
- Puedes contar conmigo para cualquier cosa ¿Entiendes? – Aseguró la pelinegra pues sabía que algo no andaba bien con la morena, lo había notado desde sus visitas anteriores, la chica se mostraba distante, siempre que volvía se le veía perdida en sus pensamientos y no mostraba la concentración y determinación que usualmente la caracterizaba y por más que deseara saber los detalles de las actividades que Korra desempeñaba en el norte para entender el origen del problema no podía obligarla a hablar de cosas que no quería.
- Entiendo. – La morena apartó la mirada.
- Vallamos a comer. – Le ofreció una mano y ambas bajaron a la cocina.
Como era de acostumbrarse el primer día y la primera noche en el pueblo eran dedicados al descanso de la morena así que sus actividades se limitaban a recorrer el pueblo y charlar con amigos. Sin embargo el segundo día empezó temprano por la mañana, a penas se dieron las cinco de la mañana y la morena comenzó a sentir suaves caricias y besos juguetones sobre su rostro y cuello que poco a poco la fueron sacando de su sueño. – Es demasiado temprano. – Rió perezosa e intentó esconder el rostro debajo de una almohada.
- Tenemos el tiempo justo. Debes levantarte. – Habló Asami que ahora se había posado sobre el cuerpo de la morena, ambas vestían ropa holgada para dormir cómodamente y la ojiverde se aprovechó de esto para colar una de sus manos por debajo de la blusa de la morena que de inmediato abrió los ojos con sorpresa al sentir los traviesos dedos subiendo por un costado de su cuerpo hasta que se detuvieron delineando cuidadosamente la orilla de su pecho. - ¿Tiempo justo para qué? – Suspiró al tiempo que varios escalofríos le recorrían el cuerpo, el corazón ahora le latía a toda prisa y un placentero cosquilleo comenzaba a nacerle entre las piernas.
- Para continuar con el proyecto de las antenas de radio. – La miró alzando una ceja, disfrutaba ver las reacciones de la morena cuando jugueteaba con ella de esa manera.
- ¿Antenas de radio? – Preguntó pareciendo confundida y un tanto decepcionada lo cual le robó una pequeña risa coqueta a la pelinegra. – Si, las antenas que desenterraste del polo norte ¿Recuerdas? – Murmuró contra la suave piel de su cuello y Korra se estremeció levemente al sentir varios besos siendo repartidos sobre ella mientras la mano de Asami descansaba sin pena alguna contorneando su pecho derecho.
- Puede que recuerde algo… - Comentó con tono juguetón en un suspiro.
- Más vale que recuerdes bien o me molestaré contigo. – Amenazó la pelinegra meciendo su cadera suavemente causando fricción entre sus ingles.
- Asami… - Jadeo la morena que instintivamente tomó la orilla de la blusa de la ojiverde y comenzó a alzarla.
- Arriba. – Ordenó la mayor mordiendo suavemente el labio inferior de la morena.
- No quiero… - Renegó al echar de menos el calor del cuerpo de la otra cuando se apartó al ponerse de pie.
- Si no te apresuras no podrás ducharte conmigo. – Condicionó a medida que se deshacía de sus prendas de camino hacia el cuarto de baño lo cual de inmediato ganó la atención de la morena.
Dentro de la bañera la tentación había sido irresistible para la pelinegra que de inmediato se entrego a las caricias y besos de la morena. Suspiros y jadeos llenaron la habitación, no había sido parte de su plan inicial pero una cosa siempre llevaba a la otra y juguetear con Korra siempre llevaba a lo inevitable pues le era difícil mantener la distancia entre ellas una vez que la morena comenzaba a coquetear de vuelta. El vapor comenzaba a acumularse a medida que los minutos pasaban, pequeñas risas iban y venían y el agua se derramaba con cada movimiento.
- ¿Estas segura de que ese abrigo será suficiente? – Insistió la morena al ver el abrigo que vestía su chica.
- Si, estaré bien Korra. – Aseguró con una sonrisa.
- El polo es más frío que tu pueblo… será mejor que vistas mi abrigo. – Concluyó la morena frunciendo el ceño y retirándose el abrigo.
- ¿Y se podría saber que planeas vestir tú? – Arqueó una ceja.
- Yo estaré bien con la sudadera. Estoy acostumbrada a ese clima. – Le acercó el abrigo con el fin de que lo tomara pero la pelinegra dudó.
- Korra mi abrigo está bien, además tengo el poder del fuego así que no habrá problema. – Intentó persuadirla pero la morena negó con la cabeza.
- Te conozco lo suficiente como para saber que te dará frío si te permito cruzar el portal así. – Insistió acercando más su abrigo a la ojiverde.
- Bien, pero si tienes frío pídeme tu abrigo de vuelta. – Condicionó y la morena sonrió asintiendo con la cabeza.
Ambas cruzaron el portal hacia el norte y aparecieron del otro lado en la obscuridad que reinaba aquellas tierras. Los curiosos y analíticos ojos de la mayor comenzaron a ver con asombro aquel desértico paisaje cubierto de hielo y nieve. Una sonrisa inconsciente se posó sobre su rostro al ver las luces en el cielo, al exhalar notó la densa nube de vapor que se había formado por su aliento recordándole que la morena había tenido razón al prestarle su abrigo que era más grande y grueso que el que ella llevaba.
- Vamos, es por aquí. – Dijo la joven Avatar tomando su mano con cuidado para guiar el camino. Al entrar al túnel abrazó a Asami por detrás y la sujetó firmemente pegándola a su cuerpo. – Esto será divertido. – Le susurró al oído y con ayuda de sus poder sobre el agua formó la tabla de hielo que siempre usaba para transportarse. Un fuerte impulso bastó para lanzarlas a alta velocidad a través del túnel de hielo. Asami rió como una niña al sentir el cosquilleo en su estómago por la velocidad que habían alcanzado, la chica no se asustaba con facilidad y aquella pequeña travesía le parecía estimulante.
En vez de seguir la ruta usual Korra abrió una compuerta a la derecha que mostraba otra parte del túnel que las llevaría directo a la primera antena que había desenterrado. Llegaron sin mucha demora a un pequeño cráter que rodeaba la antena. Asami caminó alrededor de la estructura examinando cuidadosamente cada parte de ella hasta concluir que se encontraba en buenas condiciones para poder disponer de sus funciones sin problemas.
- Observa con atención. Tú deberás activar la otra antena que encontraste a medio camino y el proceso será el mismo. – Indicó mientras trabajaba en la tabla de circuitos que había llevado con ella. – Traje estos artefactos ya arreglados para evitar complicaciones, solo debes instalarlos y funcionarán a la perfección así que será pan comido. – Hablaba mientras con sus manos retiraba las piezas viejas de la antena.
Les llevó medio día completar la tarea pero el resultado final parecía satisfacer a la pelinegra. – Perfecto. – Sonrió.
- No creo poder memorizar todos los pasos. – Suspiró la morena.
- No será necesario, si esta antena funciona yo podré guiarte desde casa. – Habló con entusiasmo sacando un artefacto de color negro y rectangular de su mochila. – Toma. – Lanzó el artefacto hacia la morena. – Lo podrás encender con el botón en el lado izquierdo. – Dijo antes de sacar otro artefacto idéntico de la bolsa.
- Me escuchas. – Habló a través de la bocina y su voz se repitió como un eco en el artefacto que la morena sujetaba en su mano. - ¡Increíble! – Sonrió. – ¡Asami eres una genio! – Celebró, tener un artefacto así a la mano le permitiría hablar con ella aunque no se encontraran en el mismo lugar.
- Korra recuerda que la batería de las antenas se va a alimentar de los pequeños molinos que instalamos hace rato, el clima helado de este lugar puede congelar los molinos e impedir el movimiento, deben tener mantenimiento para que la batería conserve su carga. – Aclaró mirando directo a los ojos de la morena.
- Me encanta verte hablar con tanta seriedad. – Sonrió al perderse en la intensa mirada de su chica.
- ¡Presta atención! – Renegó entre risas.
- Tienes toda mi atención. – Jugó con sus palabras y la pelinegra rodó los ojos. – Volvamos a casa. – Concluyó con una sonrisa.
- Volvamos. – Repitió la morena depositando un suave beso sobre la frente de su chica que aún se encontraba en cuclillas guardando toda la herramienta de vuelta en la mochila.
Volvieron al anochecer, como era de acostumbrarse aquella sería su última noche en el pueblo. Siempre que salía del coliseo contaba con una semana para ir y volver del Antiguo Reino Tierra así que pasaba los primeros dos días en el pueblo con Asami y luego partía rumbo al primer coliseo de Bumi y volvía el último día para despedirse de Asami y regresar a las tierras del Norte.
En el coliseo de Bumi fue recibida por sus compañeros que ya tenían listos los sacos de arroz que se llevaría, cuatro sacos de cuatro kilos, ella no era la única que se daba la vuelta para ir por provisiones, cada semana partía una persona diferente para acarrear distintos tipos de granos que solo los privilegiados eran dignos de disfrutar, el resto se alimentaba de las pequeñas raíces que cultivaban en aquellas tierras heladas.
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De vuelta en el Norte la morena observaba una pelea en el coliseo. Ella no participaría esta noche pues sus peleas no solían ser tan frecuentes como el resto, en vez de eso tomaba su lugar al lado del trono de Bumi. Habían pasado tres días desde su regreso y durante ese tiempo había tenido dificultades para dormir, se sentía agotada y esto la ponía irritable así que todos habían estada manteniendo su distancia de la malhumorada campeona.
- Y pensar que al inicio no querían pisar nuestro suelo. - Comentó Bumi con una sonrisa traviesa. - Ahora no todos logran observar las peleas. Han comenzado a pagar por espacio. - Rió victorioso.
- No es de sorprenderse que las cosas hayan resultado tan bien. Estas personas viven rodeadas de hielo y no tienen mucho con que entretenerse. - Respondió ella encogiéndose de hombros.
- Para nuestra fortuna así es. - Sonrió Bumi.
Dentro del área de batalla dos hombres se atacaban con las armas que encontraban a su alrededor, se notaba que no tenían experiencia en combate pues sus movimientos eran desorganizados tanto en ataque como en defensa. Ambos sangraban profusamente y la gente celebraba.
- Me causan repulsión. - Gruño la morena arrugando las cejas. - Morirán antes de que alguno de los dos logre dejar inconsciente al otro. - Se puso de pie y Bumi rió por lo bajo, el público comenzó a gritar con emoción al ver la acción de la morena pues no era la primera vez que ella era el final de un combate en el que ella no era participe.
- Me han aburrido. - Gruño afilando la mirada al caer en el medio del cuadrilátero luego de haber saltado la reja de contención. Ambos hombres la vieron con horror pues sabían que al interrumpir la Guerrera del Sur los dos perdían el combate. Solo una persona podía salir victoriosa en el coliseo y solo siendo el vencedor se podían reclamar los premios. Habían perdido, habían maltratado sus cuerpos de forma extremadamente dolorosa en vano pues no había manera de que ninguno de los dos pudiese vencer a la campeona.
De un rápido movimiento la morena hizo tropezar a uno de los hombres y con la mano sobre su cabeza lo impulso contra el suelo azotando su sien contra la dura superficie, el hombre había perdido la conciencia, el otro hombre la miró con miedo en los ojos y luego suspiró, parecía haber reunido la suficiente valentía para sostener una daga en sus manos y correr hacia la amenaza que se encontraba de pie frente a él. Un ligero movimiento de la morena bastó para apartar el brazo de aquel hombre y levantando su rodilla impacto su abdomen forzándolo a liberar todo el aire que tenía dentro. Doblado de la agonía y la falta de aliento el hombre se tambaleaba y luchaba por respirar, sus ojos apenas lograron ver el codo de la morena atacando su sien, no hubo un lamento o ruido alguno que escapara de los labios de la víctima, su cuerpo cayó como tabla sobre el suelo. El público enloqueció y comenzó a aclamarla, un breve saludo bastó y salió de la jaula con dirección al comedor.
Las noches de peleas, que solo se efectuaban los miércoles y viernes de cada semana, se organizaban banquetes donde los ganadores podían disfrutar de una buena comida acompañada de alcohol. El resto comía lo de siempre pero también tenían permitido beber así que todos charlaban y reían, otros bailaban al ritmo de la música que un cuarteto de hombres se dedicaba a tocar sobre tambos de metal oxidados.
La morena se encontraba sentada al lado de Bumi, sus ojos no observaban algo en particular, apenas había tocado su comida y ya había bostezado más de tres veces en menos de cinco minutos.
- ¿Ha pasado mal las noches? - Escuchó a un hombre comentar a su lado, al mirarlo de reojo identificó las facciones tan características de todos los habitantes del norte, piel morena, ojos azules como el hielo y cabello plateado, el hombre ya parecía avanzado en años debido al color de su cabello y las arrugas en su rostro, era un completo desconocido para la morena así que debía pertenecer a los habitantes del Norte.
- No. - Desvió la mirada y volvió a enfocarse en las mesas que se encontraban frente a ella.
- No seas reservada, se pueden ver las bolsas negras debajo de tus ojos y has estado bostezando seguido. - Insistió el hombre con una sonrisa y un tono amigable y desinteresado.
- Si es tan obvio no deberías preguntar. - Bufó.
- Tal vez podría ayudarte. - Propuso y la morena le dirigió una mirada amenazante.
- Tranquila. Solo iba a recomendarte a un curandero que tenemos en el pueblo. - Explico levantando las manos frente a su pecho en posición defensiva. - Tiene ungüentos con aromas relajantes que ayudan a dormir. - Hablo un poco más cuando la morena suavizo la mirada.
- Estoy bien. - Sacudió la cabeza y suspiró.
- Soy un hombre viejo, he visto muchos rostros y muchas situaciones a lo largo de mi vida. Te muestras cansada, entiendo tu desconfianza, en esta época nadie pude confiar en nadie, pero no tengo nada que ocultar, si gustas puedes traer contigo a tus compañeros. - Ofreció mirando a la distancia. - Es solo una humilde oferta para la joven que ha causado tanta sensación en estas tierras olvidadas. - Sonrió. - Si aceptas solo deberás ir al edificio que se encuentra en el centro de la ciudad, puedes preguntar por "Vaatu" y la gente te dará direcciones. - Concluyo con satisfacción.
- Gracias. - Lo miró confundida. Era extraño que alguien apareciera de la nada a mostrarse preocupado por su salud pero también debía tener en cuenta que su fama era capaz de provocar esa reacción en la gente. Aunque también podía tener el efecto contrario así que se encontraba contrariada. Si era sincera debía aceptar que le hacía falta dormir y su mente preocupada no parecía dispuesta a permitirlo y poco a poco los efectos del estrés y la falta de sueño parecían agravarse.
Durante la noche de nuevo intento dormir pero falló y la mañana siguiente se encontraba más molesta que el día anterior. La mañana carecía de sol, aquella noche eterna no ayudaba a la joven a escapar de las pesadillas. El resto del día se había dedicado a entrenar y meditar las palabras del anciano, buenas noches de sueño venían tres veces al mes, las noches que podía sentir a Asami a su lado. La falta de sueño afectaba su juicio y estaba segura de que si seguía así también terminaría por afectar su desempeño en las peleas, debía hacer algo al respecto. Darle una oportunidad al viejo curandero del pueblo podría ser algo bueno.
Tal vez habría decidido no ir de no ser por la siguiente noche en la que volvió a batallar contra las pesadillas y la ansiedad que le invadía. La mañana siguiente llegó lentamente, la Guerrera del sur salió de cama en la primera oportunidad que tuvo, el sol no saldría y eso ya estaba en claro pero el conteo del tiempo era algo que no se le había escapado durante la noche y ya era una hora apropiada para comenzar sus actividades.
Eligió a los dos peleadores con mejor posición luego de ella para que la acompañaran a la ciudad bajo el hielo.
- No hagan muchas preguntas. - Les ordenó y los tres se encaminaron hacia aquel lugar. Ya había un camino marcado entre la entrada de la ciudad y el coliseo de batallas debido al constante uso que se hacía de dicho recorrido. Al llegar a la ciudad la morena los dirigió a todos al centro donde le habían dicho que estaba el edificio que buscaba pero no estaba segura de cuál era el lugar indicado así que preguntó a un joven que se encontraba sentado en una banca. El chico les señaló el edificio y les aseguró que ahí podrían ver a Vaatu, el afamado curandero.
El interior del edificio se encontraba iluminado por piedras luminiscentes. Los tres entraron y los acompañantes de la morena se detuvieron en la puerta principal que daba a la oficina donde sabían que estaba el curandero.
- Esperen aquí.- Ordenó antes de entrar. En el interior sus ojos no pudieron evitar notar la cantidad de esculturas y cuadros con imágenes de espíritus, extrañas bestias y símbolos que le resultaban difíciles de identificar.
- Bienvenida. – Habló un hombre que salía de una pequeña puerta que había en el interior de aquella oficina.
- Gracias. – Respondió sin pensarlo dos veces.
- ¿En qué puedo ayudarte? – Preguntó antes de tomar asiento en una enorme silla acolchada que parecía estar cubierta de distintas pieles de animales. Aquel hombre era esbelto y su mirada era peculiarmente intrigante pues sus ojos se mostraban fríos y tenían un aire de superioridad. Su rostro era delgado y afilado. Su cabello castaño era largo y se encontraba bien peinado. Sus ropas también eran finas y se les notaba en buen estado. No era un hombre anciano como ella se lo había imaginado, su edad tal vez rondaba entre los cuarenta y cincuenta años. Era extraño pero parecía que aquel curandero tenía una buena posición social en la ciudad.
- Un anciano me dijo que usted podría ayudarme a conciliar el sueño. – Dijo para ir directo al grano pues no tenía la intención de quedarse por mucho tiempo.
- Por favor toma asiento. – Sonrió el hombre señalando el sofá que se encontraba frente a la silla.
- No tengo tiempo. – Advirtió con tono hostil. La guerrera del sur había adquirido su propia personalidad y debía admitir que no era una persona fácil de complacer. La guerrera del sur era testaruda y autoritaria así que no podía actuar de otra forma mientras sus compañeros la estuvieran esperando afuera de la oficina.
- ¿Has venido hasta aquí con la intención de recuperar tus noches de sueño pero no estás dispuesta a darte el tiempo necesario para que yo pueda otorgarte el remedio para solucionar tu problema? ¿Suena un tanto irracional no lo piensas? – Habló con calma sin mover ni un músculo.
- Me dijeron que tenías un ungüento con aroma que me podría ayudar a dormir. Otorgarme el ungüento no te tomará más que un par de segundos. Te pagaré, tengo los recursos para hacerlo. – Aclaró rehusándose a tomar asiento.
- Eso podría funcionar, pero sería mejor conocer la causa de tu incapacidad de conciliar el sueño para poder solucionar el problema de una mejor manera. ¿No lo crees? – Insistió.
- No. – Bufó. No confiaba en aquel hombre, no estaba segura de que la gobernadora de aquella ciudad se encontrara del todo contenta con la presencia del coliseo y por la apariencia que tenía este hombre bien podría tratarse de un aliado de aquella líder.
- Es una lástima. Podría efectuar mejor mi trabajo si me permitieras conocer un poco más los síntomas de tu malestar. – Suspiró.
- No quiero complicarme demasiado. Dame el ungüento para poder volver al coliseo. Su líder siempre suele mostrarse hostil con nosotros cuando visitamos su ciudad y no me encuentro de humor para hablar con ella. – Extendió su mano hacia el hombre.
- Bien, si eso es lo que quieres no hay nada que yo pueda hacer. – Concluyó al ponerse de pie y caminar hacia un estante que se encontraba en una esquina de la habitación. Tomó una pequeña botella y volvió con la morena. – Frota una gota en tus muñecas y en tu pecho para que puedas percibir el aroma. Eso debería ayudarte un poco. – Le entregó la botella.
- ¿Qué contiene? – Arqueo una ceja y lo miró de forma amenazadora.
- Tranquila. – Rió por lo bajo. – Esencia de lavanda y otras flores aromáticas que ayudan a relajar el cuerpo. – Explicó con seguridad.
- ¿De dónde sacas esas plantas? Dudo que en este lugar puedas conseguir algo así, incluso en los otros continentes. Es difícil. – Lo miró con insistencia.
- Hay un pequeño oasis sagrado en nuestros templos. – Sonrió. – Tienes que tranquilizarte un poco. – Volvió a tomar asiento en la silla.
- Gracias. – Concluyó y salió de la oficina.
- Vaatu. – Comentó uno de sus acompañantes. – Ese nombre me parece familiar. – Meditó.
- Vaatu es el espíritu que representa la obscuridad. – Explicó la morena.
- ¡Cierto! – Afirmaron los dos acompañantes. – Es un nombre extraño para un curandero. – Volvieron a especular en voz alta.
- No es un nombre real. – Dijo la morena afilando la mirada. – Seguro es para agregar misticismo a su profesión. – Agregó.
De vuelta en el coliseo la morena se encaminó hacia la habitación de Bumi donde se adentró sin avisar. Bumi no se encontraba ahí, en realidad era extraño que su amigo se resguardara en aquella habitación, por lo general se encontraba recorriendo el edificio con otros peleadores o con los pobladores del Norte en busca de nuevas actividades que le ayudasen a mantener su mente entretenida ya que el exterior del edificio era demasiado frío para él y no había nada con que jugar además de la nieve así que el Rey del coliseo había comenzado a inventar juegos para el interior del edificio en los cuales pasaba largas horas riendo y jugando con los demás.
La morena desistió de su espera luego de estar ahí media hora. Al salir se dirigió hacia su propia habitación pero detuvo sus pasos al observar la figura de Desna esperando afuera de su puerta. Los ojos azules del joven encontraron a la morena y se mantuvo en silencio mientras la observaba acercarse. Korra se detuvo frente a él en espera de que abriera el paso para poder ingresar a la habitación pero el chico no lo hizo así que arrugo las cejas y bufó.
- Fuiste al pueblo. – Dijo él sin expresión alguna en su rostro.
- Así es. – Alzó una ceja.
- ¿A qué fuiste? – Preguntó sin mucho tacto.
- ¿Acaso importa? – Gruñó.
- Sí. – Afirmó sin cambiar su fría expresión.
- No, no importa. ¿Podrías hacerte a un lado? – Preguntó en un tono que denotaba más una orden que una petición.
- ¿Viste a Vaatu? – Interrumpió antes de que la morena se propusiera empujarlo hacia un lado.
- ¿Qué? – Intentó ocultar la verdad pues no quería que se supiera que la poderosa Guerrera del Sur había recurrido a un curandero a pedir ayuda.
- Lo viste. – Suspiró el joven cerrando los ojos pareciendo preocupado lo cual resultaba extraño en él.
- ¿Qué fue eso? – Preguntó ella.
- ¿Qué fue qué? – Alzó una ceja.
- Esa expresión. – Presionó arrugando las cejas.
- Nada. – Negó con la cabeza y arrugó el entrecejo. – No deberías ver a Vaatu. – Concluyó moviéndose hacia un lado pero la atención de la morena ya se encontraba sobre él así que no se adentró en la habitación.
- ¿No debería? ¿Qué sabes de él? – Comenzó a caminar detrás de él.
- Él... pertenece al círculo íntimo de amigos de la líder del pueblo. Y ella no te quiere aquí así que no es aconsejable que lo visites. – Explicó sin detener su paso.
- Mientes. – Acusó la morena deteniendo al joven sosteniendo su hombro con fuerza.
- ¿Qué? No miento, es cercano a la líder. – Bufó, el joven se mostraba molesto, había mostrado más emociones de lo normal durante aquella pequeña charla y la morena no había pasado eso por alto.
- ¿Qué sabes sobre Vaatu? – Interrogó de manera amenazante y ambos cruzaron miradas durante un par de minutos sin decir nada, el joven parecía determinado a no dejarse intimidar por la presencia de la Guerrera frente a él.
- Es un hombre con mucho poder. Es el curandero pero tiene muchos contactos y está del lado de mi hermana. – Respondió sin apartar su mirada de los ojos de la morena, cualquiera habría quedado satisfecho con aquella respuesta pero la Guerrera del Sur pareció molestarse más.
- Hay algo que no me estás diciendo. – Bufó empujándolo contra la pared para cerrarle el paso. Se encontraban en uno de los pasillos de los cuartos superiores y pocas personas transitaban por aquel lugar así que Desna no tenía escapatoria.
- No entiendo de que hablas. – Gruñó, no entendía porque la morena insistía en obtener más información de él y lo que era peor, aquella joven hablaba con tanta seguridad que parecía ser capaz de leer su mente.
- Ocultas algo. – Repitió con irritación en la voz cerrando su puño sobre la camiseta del joven al presionarlo más contra la pared. La perseverancia de la joven frente a él comenzaba a romper su seguridad, no había salida y había presenciado en innumerables ocasiones las cosas que aquella joven era capaz de hacer haciendo uso de nada más que sus manos. La guerrera del Sur no era alguien a quién se le pudiese tomar a la ligera, el peligro era real y no había nadie alrededor que pudiese ayudarle. Además si hubiese alguien alrededor estaba seguro de que aquella persona no le ayudaría, Korra era una persona respetada y nadie cuestionaría sus decisiones, tal vez Bumi podría hacerlo pero cabía la posibilidad de que el enloquecido hombre terminara celebrando la paliza que su guerrera estrella decidiera aplicar sobre él.
- Él es mi padre. – Habló a prisa y apretó los ojos al ver como el puño libre de la morena se acercaba peligrosamente a su rostro. La morena lo miró detenidamente mientras parecía procesar lo que acababa de decir sin liberarlo del agarre que lo mantenía contra la pared. – Tu padre… ¿Él es el antiguo gobernante del pueblo? – Volvió a preguntar.
- No. – Agachó la mirada.
- ¿Tu hermana no heredó el trono? – Continuó.
- ¡Ja! No. – Rió con ironía.
- ¿Cuál es el nombre de tu padre? Estoy segura que no puede ser Vaatu. – Arrugó el entrecejo.
- Su nombre es Unalaq. Vaatu es el nombre que adoptó cuando se volvió curandero años antes de que nosotros naciéramos. – Habló entre dientes pues no podía evitar sentirse humillado. La morena lo había intimidado y no había nada que él pudiera hacer ya que nunca había sido de complexión fornida. Era delgado y no muy fuerte, no tenía experiencia en las batallas, no podía hacer nada más que mandados para personas más fuertes que él.
- Unalaq…- Murmuró la morena con cierto brillo en la mirada liberando de inmediato a su víctima. La guerrera había pasado de tener una presencia intimidante a verse completamente distraída. La chica se dio media vuelta y comenzó a caminar sin decir nada más.
- ¡Korra! – La llamó instintivamente.
- ¿Qué? – Lo miró por encima del hombro, aquellos ojos volvían a ser tranquilos. No era la primera vez que notaba ese lado de la morena, parecía ser una persona completamente diferente a la intimidante Guerrera del Sur.
- Debes cuidarte de él. – Habló por lo bajo sin saber porque había tenido el impulso de advertirle. Durante un instante logró ver algo parecido a la duda en el rostro de la morena antes de que respondiera asintiendo con la cabeza. Había algo en ella que era diferente al resto de los rebeldes. Era igual de intimidante que los demás o tal vez más que muchos que había conocido, pero había pequeños lapsos en los que se podía ver a través de aquella mirada tan dura y en el interior se podía encontrar una sensación reconfortante que brindaba algo de satisfacción y algo parecido a la esperanza. Sabía que la campeona había prohibido a los esclavos en el coliseo y también se había negado a asesinar a sus contrincantes, aquella chica tenía una posición importante entre los rebeldes y muchos ya apoyaban sus principios, poco a poco comenzaba a cambiar el ambiente dentro de aquella sociedad rebelde llena de violencia sin sentido.
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Tenía el nombre, al fin lo había encontrado. Unalaq, el curandero era el hombre al que tanto había estado buscado. Si lo pensaba detenidamente aquello tenía sentido pues a juzgar por los objetos que vio en su oficina el curandero parecía tener vastos conocimientos respecto a cosas como los espíritus y literatura antigua lo cual significaría que sabía leer ¿Y de qué bien sería un registro del Avatar obscuro en manos de alguien que no supiese leer?
Había encontrado a la persona que buscaba así que ahora su objetivo sería buscar el lugar en donde guardaba aquel valioso documento. Sentada en la orilla de su cama meditaba sobre la mejor manera de lograr su objetivo. Saquear la oficina de Unalaq no parecía ser lo más recomendable pues esto seguro resultaría en la furia de la líder de las tierras del Norte y consecuentemente se abriría una guerra entre ella y Bumi.
Acercarse a Unalaq de forma amigable tampoco era una opción ya que él y su hija podrían estar tramando algo y entablar una amistad con ellos podría ser arriesgado. Lo último que quería era terminar siendo secuestrada. Otra opción sería pagar a alguien para que hiciera el trabajo sucio por ella pero no había nadie en quien pudiese confiar. Un suspiro escapó de sus labios y al cabo de un momento esbozo una pequeña sonrisa. Al menos ahora tenía la identidad del tal Unalaq.
La morena espero con impaciencia para que se llegara el día de otra visita al pueblo de los Sato. Ya había discutido con Bumi la identidad del curandero y su buen amigo se encontraba en el mismo dilema que ella. No podían empezar una guerra con los habitantes del Norte sin levantar sospechas. Bumi le había explicado que aunque los habitantes de aquellas frías tierras dijeran que no apoyaban al Avatar o a los rebeldes, se era bien sabido que contaban con ayuda de los rebeldes dentro de su sociedad y por este motivo no podían arriesgarse a que la comunidad rebelde descubriera que el grupo de Bumi se encontraba envuelto en una disputa por un documento del Avatar ya que esto podría descubrir su identidad como miembro secreto de la orden del loto blanco. Debido a esto solo había otra persona a la que la morena podía consultar, Asami.
Al llegar al pueblo no perdió el tiempo y comenzó la búsqueda de su adorada ojiverde. Al no encontrarla en la oficina y al ser informada de que la líder se había tomado un día libre la morena decidió dirigirse al taller en la casa de los Sato. Aún no comprendía bien el motivo de la seguridad tan minuciosa en la puerta de aquel taller pero procuraba respetar aquellos límites y siempre se veía obligada a tocar en la puerta cuando llegaba. Podía escuchar el ruido de golpeteo sobre metal en el interior y con esto bastaba para saber que Asami se encontraba ahí. Volvió a llamar a la puerta pero esta vez golpeo con más fuerza con la intención de que la ojiverde pudiese escucharla.
- ¡Voy! - Escucho la voz de la que tanto gutaba y al cabo de unos minutos se escucharon unos pasos y la traba de la puerta al ser removida desde el interior. Asami se encontraba manchada de aceite pero esto no impidió que la morena la envolviera entre sus brazos en cuanto tuvo la oportunidad.
-Bienvenida. - Sonrió Asami contra sus labios al apartarse del cálido beso que la saludó.
- Siempre es bueno estar de vuelta. - Murmuró sin despegar su frente de la de ella.
- Siempre es bueno tenerte de vuelta. -Confirmo la mayor acariciando su rostro.
- Tengo buenas noticias. - Alzó la mirada para encontrarse con los hermosos ojos de la pelinegra.
- ¿Has encontrado al hombre que buscabas? - Dijo manteniendo sus miradas conectadas.
-Al fin lo encontramos. - Asintió con la cabeza.
- ¡Estupendo! – Celebró abrazándola con fuerza.
- Pero necesito tu ayuda. – Confesó al apartarse del abrazo.
- Dime. – La miró con atención.
- Unalaq resultó ser el curandero del pueblo. El problema es que no podemos confrontarlo o causar algún alboroto con él porque es el padre de la líder del asentamiento. – Suspiró.
- ¿Y no puedes aproximarte de manera amigable? – Meditó en voz alta.
- No sin arriesgarme a ser secuestrada… Mi relación con la líder del asentamiento no es del todo buena. – Desvió la mirada y rió con desgano.
- Hey. – Advirtió Asami alzando su mirada al tomarla por la barbilla. – Tranquila. Ya dominaste la parte difícil. – Le sonrió cálidamente y luego depositó un suave beso sobre su frente. – Ya tenemos al sujeto indicado ahora solo hay que atraparlo, dame un poco de tiempo y dime los detalles de los límites que tienen en aquellas tierras y te ayudaré a armar un plan. – Habló con seguridad y la morena suspiró aliviada permitiéndose esconder el rostro entre el hombro y el cuello de Asami inhalando el suave aroma de su piel que se mezclaba con el olor del aceite y otros materiales con los que usualmente trabajaba la líder del pueblo.
Luego de un buen baño y una satisfactoria cena con los Sato se llegó el tan esperado momento de dormir. Los brazos de la pelinegra parecían servir de escudo para la lluvia de ideas y preocupaciones que por lo general le impedían dormir durante las noches o que eventualmente le permitían dormir pero la sumían en pesadillas. Aún sentía el remordimiento de no ser completamente honesta con su chica, Asami había dejado de preguntar al respecto pero ella sentía que le debía una explicación, sin embargo a medida que pasaba el tiempo comenzaba a pensar que lo mejor sería nunca mencionar nada de lo ocurrido. Tal vez sería capaz de recuperar el documento del Avatar obscuro y escapar de su vida como gladiadora para enterrar esa parte de su historia, tal vez solo debería esperar un par de meses más para alejarse de aquella vida encubierta y llena de sucios secretos que ella misma temía afrontar. Asami no necesitaba conocer las atrocidades que el avatar había sido capaz de realizar durante sus viajes.
La mañana siguiente llegó a prisa, apenas parecía haber cerrado los ojos y al abrirlos el cielo ya mostraba un hermoso azul celeste que le era imposible ignorar luego de encontrarse viviendo tanto tiempo perdida bajo un cielo obscuro y repleto de luces danzarinas.
- Buenos días. – La saludó la seductora voz de la ojiverde que tal vez la había estado observando por más tiempo del que ella pensaba pues aquella hermosa chica ya no se mostraba adormilada, sus ojos se mostraban brillantes y llenos de energía. – Buenos días. – Sonrió de manera involuntaria pues en verdad disfrutaba esas mañanas donde Asami se encontraba a su lado, esos momentos le proporcionaban una sensación de normalidad, como si ella no fuera el Avatar, como si el mundo no dependiera de su ayuda, como si todo se encontrara en perfectas condiciones. Aquellos momentos eran breves pero eran valiosos.
Asami también parecía tener sus propios planes para aquella corta visita, luego del desayuno apresuró a la morena para que se aseara y cuando ambas se encontraron listas la pelinegra tomó una mochila llena provisiones y emprendió el camino hacia el portal del mundo de los espíritus. Sin importar cuantas veces la morena preguntara el motivo de aquella expedición Asami ignoraba sus quejas y continuaba a paso firme a través de las tierras del mundo espiritual. No era difícil darse cuenta de que la mayor conocía aquellas tierras como la palma de su mano, distintos espíritus la saludaban de forma amigable al igual que al Avatar, el pequeño zorro que siempre vigilaba a la pelinegra avanzaba delante de ellas como si supiera a donde se dirigían y la morena continuaba refunfuñando y jugueteando con Asami pero ella se mostraba decidida a guardar el secreto.
La curiosidad de la morena aumentó cuando el espíritu en el cual volaban se acercó al portal espiritual del Sur. – ¿Has visitado el sur? – Preguntó hablando por encima del hombro de Asami mientras se aferraba a ella abrazándola por detrás al montar al dragón fénix con cuerpo de serpiente.
- Algo he visto. – Sonrió Asami.
- ¿Cruzaste el portal? – Abrió los ojos de par en par.
- Si, pero me ví forzada a volver de inmediato porque no venía lo suficientemente abrigada. – Se encogió de hombros y la morena guardó silencio por un momento.
- ¿Solo has venido una vez? – Volvió a preguntar pero esta vez con un tono acusador, conocía a Asami lo suficientemente bien como para saber que algo tan simple como el clima no iba a detener su espíritu aventurero.
- No, he venido un par de veces… y es por eso que te traje aquí. – Concluyo con entusiasmo al bajar del lomo del espíritu.
Ambas bajaron al igual que el pequeño zorro y Asami comenzó a caminar hacia un grupo de árboles secos que rodeaban el portal. – Encontré un espíritu adorable pero no he logrado ganarme su confianza. – Dijo al caminar hacia una roca saliente que formaba una pequeña caverna.
- Un espíritu adorable… - Repitió con una sonrisa caminando detrás de ella.
- He investigado en los libros de la biblioteca de Wa Shi Tong y he llegado a la conclusión de que es un perro-oso polar. – Explicó deteniéndose un par de pasos frente a la caverna.
- ¡¿Un perro-oso polar?! – Volvió a preguntar.
- Sí ¿Los conoces? – Comenzó a acercarse lentamente al refugio de roca.
- La gente de mi pueblo los conoce. Hay imágenes de ellos y pinturas. – Habló bajando el tono de su voz. - ¿Es grande o pequeño? – Preguntó siguiendo los cuidadosos pasos de la pelinegra.
- Es… un espíritu. – Respondió arrugando las cejas. – La primera vez que visité el portal este espíritu salió y me asustó. Pensé que sería devorada pero Sai me ayudó a calmarlo. – Se encogió de hombros y le ofreció una sonrisa inocente a la morena.
- Asami. – Gruñó. – Te he dicho que no te aventures mucho en este lugar si vienes por tu cuenta. – Le advirtió con evidente preocupación en su tono de voz.
- Sai me tiene cubierta. – Aseguró. – Además… los espíritus no me harían daño directamente. Según leí… - Inició y la morena la interrumpió.
- Comienzo a pensar que la raíz del problema vienen siendo esos libros que tanto frecuentas… solo sirven para alimentar esa curiosidad natural que tienes. – Se quejó y la pelinegra rió por lo bajo.
- Eso no es verdad. – Continuaban avanzando en cuclillas de acuerdo a las indicaciones que Asami hacía. – De cualquier manera, según leí en esos libros, los espíritus no me castigarían directamente, me llevarían a una neblina donde me perdería y vagaría por el resto de la eternidad condenada a revivir mis penas para siempre. – Aclaró con orgullo.
- ¿Y cómo se supone que eso me ayude a preocuparme menos? ¿Eh? – Interrogó la morena arqueando una ceja y los ojos de la ojiverde se abrieron de par en par como si comenzara a entender lo que acababa de decir.
- Oh. – Rió inocentemente causando que las mejillas de la morena se sonrojaran. – Lo siento, eso se escuchó bastante mal. Pero hay algo positivo en esa condena. Si uno posee la capacidad mental necesaria se es posible escapar de la neblina. – Le guiñó el ojo y la morena rodó los ojos de nuevo sin poder evitar que sus mejillas se colorearan.
- Estoy al tanto de que eres una de las mentes más brillantes de este mundo pero preferiría que no te arriesgaras a que algún espíritu te arrastre a ese lugar. – Insistió.
- No me arriesgo más de lo necesario. Tú más que nadie debería entenderlo. Hay cosas que deben hacerse y a veces el proceso no es del todo seguro. – Argumentó.
- Pero yo nací condenada a vivir de esa manera. Tú no tienes por qué arriesgarte. – Insistió.
- Yo acepté ser la pareja del Avatar y eso conlleva muchas preocupaciones. Me parece que lo mismo aplica a la pareja de la líder del pueblo en las ruinas de Ciudad República. No puedo renunciar a mi puesto y no planeo detener mis investigaciones cuando sé que hay muchas más cosas que podemos hacer para mejorar el mundo en el que habitamos. – La miró a los ojos y la morena suspiró.
- Desde aquel día en que Amon llegó a invadir el asentamiento y tú como líder te colocaste dentro de la zona de batalla, desde aquel día supe que por más que yo quisiera protegerte, por más que yo trabajara para alejar cualquier amenaza, sería imposible mantenerte lejos del peligro. – Sonrió derrotada.
- Si fuera de otra manera tal vez no me habría animado a entablar una relación con el Avatar. – Sonrió y besó su frente. – Estaré bien Korra, confía en mí así como yo debo confiar en ti cada vez que sales a cumplir tus deberes. – La morena suspiró y negó con la cabeza con una sonrisa simplona dibujada en el rostro, Asami Sato, pensaba, Asami Sato era una persona única y sumamente especial para ella. Aquella hermosa mujer de esbelta figura y notable elegancia ocupaba un lugar especial en su vida. ¿Sería demasiado prematuro decir que aquella chica era la persona con la que deseaba pasar el resto de su vida? Su corazón enloquecía cada vez que notaba la traviesa mirada de Asami sobre ella.
- Confío en ti. – Volvió a suspirar intentando sacudir la preocupación que pesaba sobre sus hombros.
- Bien. – Sonrió cálidamente antes de volver a enfocar su mirada en la caverna dentro de la cual ya se encontraba el pequeño zorro, ambas avanzaron cautelosamente hasta que el zorro emergió del escondite. – Está ahí. – Aseguró Asami, poco a poco lograron acercarse lo suficiente para que la morena asomara la cabeza. Al fondo de la caverna ubicó el brillo de un pequeño par de ojos que la observaban detenidamente.
- Es pequeño… - Murmuró.
- Por el momento lo es. – Suspiró la pelinegra alzando las cejas. – Pero la primera vez que me encontré con este espíritu tenía un tamaño considerable. – Explicó manteniendo su posición en el exterior de la caverna.
- ¿Puedo acercarme? – Miró a la mayor con ojos suplicantes.
- Pues a mí nunca me ha permitido acercarme a más de cinco de metros de distancia pero puedes intentarlo. He leído que el Avatar suele tener una conexión especial con los espíritus. – Intentó animarla pero la morena hizo una pequeña pausa y arrugó el entrecejo al recordar su primer encuentro con los espíritus.
- Me parece que esos libros necesitan actualizarse un poco. – Suspiró pues aún podía sentir la tremenda sacudida que había recibido tras caer en el cráter al encontrarse escapando de los espíritus en la jungla. Aquellos recuerdos no le impidieron continuar con su iniciativa de adentrarse en la caverna, la morena avanzó con cuidado acercándose cada vez más a la pequeña criatura que no le quitaba la mirada de encima. El pequeño espíritu emitió un sonido de advertencia, algo parecido a un chillido y un gruñido.
- Está bien, no te haré daño. – Habló con suavidad haciendo una breve pausa en su avance para no asustar al espíritu, sus ojos se maravillaron al poder distinguir el pelaje blanco del animal. - Mi nombre es Korra. – Continuó hablándole pues no podía avanzar ya que el espíritu se mostraba muy inquieto bajo su presencia. -¿Prefieres que tome asiento? – Sugirió moviéndose lentamente hasta encontrarse sentada con ambas piernas cruzadas en posición de loto.
Había algo en aquel espíritu que llamaba la atención de la joven Avatar, tal vez se debía a las pinturas que había visto en casa, tal vez se debía a que podía asociar a aquella criatura a la historia de su pueblo, tal vez se debía a que se mostraba como un espíritu tímido o tal vez se debía a su mirada inocente y cautivadora, debía admitir que aquel rostro le parecía enternecedor. Sentía dentro de sí la necesidad de entablar algún tipo de relación con aquella criatura y estaba determinada a hacerlo.
- Korra, iré a mirar los alrededores. Ten cuidado. – Murmuró Asami alejándose de la caverna en silencio.
La ojiazul sonrió y volvió a concentrar su mirada en la criatura frente a ella. Los minutos pasaron y poco a poco fue acercándose a aquel espíritu hasta que al fin se encontraba a la distancia adecuada para extender su mano y tocar al espíritu. Tal vez parecía ser algo muy atrevido pero al cabo de un momento su mano tocó la cabeza del perro-oso polar, cuando esto ocurrió un destello surgió del roce entre ellas, aquel brillo bastó para cegar a la morena por un momento y durante este tiempo pudo ver la historia de las tierras del sur, todos sus habitantes escapando del desgaste de la tierra y muchos de ellos pereciendo a lo largo de los años hasta que no hubo nada más que hielo y un puñado de sobrevivientes, animales y humanos, ninguno tuvo oportunidad de escapar a los cambios climáticos tan repentinos, una lágrima escapó de sus ojos y al abrirlos pudo ver el destello azul saliendo de los ojos de aquel espíritu.
- Tú representas al espíritu de las tierras del sur. – Dijo sorprendida.
El espíritu parecía más tranquilo bajo su presencia pero continuaba mostrándose cauteloso, luego de pasar unos cuantos minutos en su compañía decidió que era momento de partir pues no lograría ganarse su confianza de un momento a otro. Al emerger de la cueva la morena comenzó a mirar alrededor en busca de Asami pues no había escuchado nada de ella luego de la visión que el espíritu le mostró.
- ¿Asami? - La llamó pero no hubo respuesta. El pequeño espíritu del perro oso polar continuaba resguardado en el interior de la caverna, ya no se le veía nervioso o asustado pero continuaba en la misma posición dentro de su escondite.
- Fue un placer conocerte, tal vez venga a visitarte otro día. - Se despidió la morena y emprendió su camino entre el laberinto de árboles secos en busca de su compañera.
No parecía haber rastros de Asami o el pequeño zorro que la acompañaba por ninguna parte. Luego de buscar por los alrededores cercanos comenzó a pensar en lugares que quizá podrían llamar más la atención de su querida aventurera y la respuesta fue obvia, sus ojos se dirigieron hacia el portal cuyo impresionante brillo surgía del suelo y se elevaba más allá de lo que la vista podía alcanzar a apreciar. Suspiró y sonrió sabiendo que la curiosidad de Asami no tenía límites.
Paso a paso se acercaba al portal y el cambio de temperatura era notorio, poco a poco el frío comenzaba a predominar y el suelo se cubría de una fina capa de nieve sobre la cual se podían apreciar las huellas de los pasos de una persona. La morena sonrió y siguió aquellas huellas entre el laberinto de troncos secos hasta llegar al claro que rodeaba el portal.
- Cruzando este portal se encuentra la tierra en donde naciste y donde creciste. - Habló la pelinegra sin despegar la mirada de aquella brillante luz que partía el cielo.
- Hace años que no visito ese lugar. -Sonrió y caminó hasta donde se encontraba Asami de pie a un par de pasos del portal.
- Quisiera conocer tus tierras. - Sonrió la mayor.
- No creo que ahora sea el mejor momento. - Suspiró, aquella idea era algo que no había considerado hasta ese preciso momento, su vida se había vuelto tan complicada que sus prioridades como Avatar no le permitían considerar volver a sus tierras. Estaba al tanto de que la orden de loto blanco se había dedicado a limpiar las tierras frías del Sur con el fin de cuidar de ella durante su desarrollo así que no le preocupaba demasiado el bienestar de sus padres, amigos o maestros.
- Nunca habrá un buen momento.- Murmuró Asami.
- Lo se.- Volvió a suspirar. -Pero mis tierras son extremadamente frías y tu no vienes lo suficientemente abrigada.- Intentó razonar pero la pelinegra sonrió de forma audaz colocando una de sus manos sobre su cadera.
- Sabría que dirías eso así que guarde un poco de ropa aquí. - Caminó hacia un montículo de rocas y empujo una de ellas para revelar lo que parecía ser un paquete envuelto en una cobertura de plástico.
- No me digas que eso es... - Alzó las cejas con asombro mientras la ojiverde extraía el contenido de aquella envoltura.
- Un par de abrigos, guantes, orejeras y gorros. - Poso triunfal sosteniendo un abrigo color marrón frente a ella. - Este es para ti. -
- Eres... Increíble. - Rió la morena tomando el abrigo.
- Gracias. - Sonrió la mayor mientras se colocaba los accesorios para cubrirse del frío.
- A decir verdad... Hace años que no veo a mis padres. - Admitió al sentir la emoción acumulándose en su pecho. Al fin se permitía recordar los cálidos y poderosos brazos de su padre y la reconfortante voz de su madre. Podría verlos del otro lado del portal.
- Podemos permanecer un día en tus tierras y luego volver. - Sonrió la de ojos verdes.
- Ahora que lo has mencionado... No me importaría poder verlos aunque fuera por un par de horas. - Dijo mientras terminaba de abotonar el saco.
- Entonces hay que apresurarnos. - Concluyó Asami extendiendo su mano hacia la morena.
Tras cruzar el portal ambas aparecieron en una llanura de hielo, kilómetros y kilómetros a la redonda no había nada más que hielo y nieve.
- Es justo como lo recordaba. - Suspiró la morena con una enorme sonrisa en el rostro.
- Creo que jamás en mi vida había visto tanto hielo. - Se estremeció la mayor frotando sus brazos para calentarse.
- Fuego control cariño. - La morena se acercó a ella. – Recuerda que lo puedes usar para calentarte. - Ambas hicieron una pausa en la cual la morena le enseño a Asami la mejor manera de regular su respiración y controlar el fuego para generar calor.
Ya que no contaban con mucho tiempo la morena fabricó una balsa de hielo para transportarse rápidamente deslizándose por encima de la superficie. A lo largo y ancho de aquel territorio no había nada a la vista, luego de un par de horas fueron capaces de ver la línea que marcaba la separación del mar y la tierra y cerca de ahí se apreciaban varios montículos de nieve.
- Llegamos. - Anunció deteniendo la balsa y manipulándola para volverla nieve y deshacerla. Caminaron entre la nieve hasta adentrarse entre las casillas de hielo.
- ¡Alto ahí! - Se escuchó la voz ronca de un hombre.
- Tranquilo, soy amiga. - Respondió alzando las manos a la altura de su rostro. El hombre la miró detenidamente arrugando el entrecejo en lo que parecía ser un intento por reconocerla y al cabo de un momento su mirada se suavizo.
- ¿Eres la hija de Tonraq? - Preguntó confundido.
- La misma, y ella es una amiga. - Dijo señalando a Asami.
- Ven conmigo. - Ordenó el guardia guiando el camino hacia una de las casas de hielo. El hombre llamó un nombre un par de veces desde el exterior de un pequeño túnel que se conectaba a la casa hasta que una mujer aprecio detrás del bloque de hielo que cubría la entrada a dicho túnel. Todo permaneció en silencio cuando ella y la joven avatar intercambiaron miradas.
- Korra. - Murmuro débilmente antes de lanzarse a sus brazos. Pequeños sollozos eran escuchados a través del abrazo mientras la morena acariciaba y reconfortaba a su madre. - Todo está bien... Estoy aquí. - la sostenía con fuerza cerca de su pecho.
- Lo siento, lo siento. - Se disculpo la mayor intentando secar sus lágrimas. -Es solo que han pasado tantos años y estaba preocupada pues ha pasado tiempo desde que la orden de Loto Blanco nos ha traído noticias de tí. - La miró directo a los ojos contemplando aquel característico brillo que siempre había visto en los ojos de su hija. -Estas aquí. - Sonrió cálidamente y la volvió a abrazar.
- No tienes porque pedir disculpas, yo debí venir antes. - Hablo suavemente disfrutando del calor de su madre.
- Senna ¿Quién me llamaba? - Se acercó un hombre alto de complexión fuerte. Tampoco se hizo esperar su reacción cuando vio a la morena de pie frente a la casa.
- ¡Korra! - Celebró y tomó a ambas mujeres entre sus brazos estrechándolas con fuerza.
- ¡Papá! - Rió suavemente. - Los extrañe tanto. - Suspiró aliviada y una pequeña lágrima rodó por su mejilla.
- ¿Y quien es esa elegante señorita de ahí? - Habló Tonraq al notar el rostro desconocido de la ojiverde.
- Asami Sato. - Extendió su mano hacia él.
- Sato... - Meditó arrugando las cejas. -Suena familiar. - continuó pensando mientras estrechaba su mano.
- Del asentamiento en las ruinas de ciudad república ¿Cierto? - Habló la madre de la morena.
- Así es. - Sonrió la ojiverde.
- Impresionante. - Dijo Tonraq alzando las cejas. - He escuchado muchas historias sobre tu asentamiento. - Asintió con la cabeza con voz aprobatoria. - Me sorprende que hayas encontrado el tiempo para venir a estas tierras tan lejanas. - La miraba atentamente.
- Pues... Korra me ha ayudado a volver esto posible. - Miró a la morena que de inmediato le respondió con una cálida sonrisa. Todo se había dado de forma espontánea y ninguna había mencionado nada sobre la manera en que se presentarían con los padres de Korra pues entre la emoción de Asami por visitar el polo sur y la de Korra por ver a sus padres lo último que les cruzó por la cabeza fue la manera en que deberían presentar su relación cuando llegaran.
- Me imagino que las dos se encuentran sumamente agotadas, por favor pasen. - Interrumpió la madre de Korra y todos accedieron a entrar despidiéndose del guardia que las había escoltado hasta ahí.
- Pensé en traer algo para ustedes. - Habló Asami buscando en el interior de la mochila que cargaba.
- Pensé que este viaje había sido improvisado. - Dijo la morena alzando una ceja.
- Un viaje a nuestras tierras nunca puede ser improvisado. - Rió la madre de la ojiazul.
- Es posible. Asami sabe de mi identidad como el Avatar y nuestro viaje no fue largo porque cruzamos por el portal espiritual. - Explicó abiertamente pues ya se encontraban en el interior de la casa y no había peligro de ser escuchados.
- ¿El portal? - Dijo Tonraq meditando al respecto.
- Las luces del sur. - Sonrió Korra.
- Claro, ese portal. - Rió él. - Lo siento, no es fácil recordar todas las lecciones del Loto Blanco. - Se encogió de hombros.
- Es mejor que sea así. No quiero que se involucren mucho en ese tema. - Suspiró la morena.
-Eres mi hija y también res el Avatar así que es difícil que no me involucre en esos temas. - Habló Tonraq de forma tranquila.
- ¡Listo! eso es todo. - Habló Asami contemplando las distintas bolsas de granos y frutas que había apilado en la pequeña mesa de madera que se encontraba en el centro de la casa.
- ¿Qué es todo esto? - Cuestionó Senna con curiosidad.
- Comida. - Asintió Asami. - Korra me mencionó de los recursos tan limitados que tienen en este lugar debido a su ubicación y ya que mi pueblo ha logrado producir suficiente comida decidí traer un poco para que la disfruten. - Sonrió.
- No te hubieras molestado. - Dijo Tonraq.
- No fue molestia alguna, pude haber traído más pero no estaba segura de que Korra fuera a acceder así que esto es lo que pude traer. -
- ¡Lo sabía! Lo tenías planeado. - Reclamo la morena.
- Un poco. - Rió y las mejillas de la ojiazul se tornaron rosadas, no podía evitar notar lo hermosa que lucía aquella chica cuando reía.
- Pudiste haberlo comentado. - Renegó en voz baja sintiendo como su corazón latía a toda prisa.
- Esto es delicioso. - Celebró Senna que llevaba una de las bolsitas en sus manos.
- Esas son fresas. - Explicó la mayor.
- ¿Trajiste manzana? - Preguntó la morena con entusiasmo.
- Si, pero están en otra bolsa. -
- Te van a encantar papá. - Se apresuró a buscar la bolsa con los trozos de manzana.
Pronto los cuatro se encontraron sentados a la mesa compartiendo los alimentos mientras Korra ponía al tanto a sus padres de las aventuras que había vivido durante aquellos años lejos de casa. El tiempo se paso a prisa, les había contado la manera en que había llegado al asentamiento de Asami y como se había tenido que dar el tiempo de ganarse la confianza de los habitantes antes de poder proceder con su misión. Luego de hablar sobre las aventuras en el mundo de los espíritus les contó sobre Amón y la manera en que Asami le había salvado la vida, también les contó sus aventuras en el reino tierra pero omitió su relación con las peleas en el coliseo de Bumi y los puso al tanto sobre su misión actual, buscar al hombre al cual Kuvira le había entregado el documento que le había prometido a los espíritus.
Había comenzado a narrar los detalles que había obtenido sobre aquel hombre cuando Tonraq interrumpió su charla.
- ¿Dijiste que ese hombre se llama Unalak? - Arrugo las cejas.
- Eso me dijo Desna. - Se encogió de hombros.
- Entiendo. - Suspiró dejando caer sus hombros.
- ¿Pasa algo? - Preguntó la ojiazul preocupada.
- No... No es nada. - Negó con la cabeza pero se le notaba incómodo.
- Sabes bien que puedo detectar cuando mientes. - Arqueo una ceja. - Y aún sin ser el Avatar creo que es bastante evidente que el nombre de ese hombre te incomoda. - Denotó cruzando los brazos.
- No es nada importante, debes cumplir tu misión sin importar nada. Él... Era un viejo amigo, además tal vez no es la misma persona, han pasado muchos años desde la última vez que estuve en aquel lugar. - Volvió a suspirar.
- Un viejo amigo he. - Repitió dudosa, conocía bien a su padre y aquel tema parecía haber logrado intrigarlo bastante y no muchas cosas solían tener ese efecto sobre él.
- Si, solo un viejo amigo de la infancia. - Se encogió de hombros. - Supongo que la vida da muchas vueltas y nunca se sabe como es que van a terminar las cosas o como se desarrollará alguien a través de los años, si él se encuentra en malos pasos no hay nada que pueda hacer, tú eres el Avatar y tu misión es mas importante que antiguas amistades... - Hizo una pausa y aclaró su garganta. - Tu misión es salvar el mundo, siempre ten eso en mente. - Le sonrió cálidamente. - Nada es más importante. - Afirmó en lo que parecía ser un intento por convencerse a si mismo de las palabras que salían de su boca.
- Entiendo... Pero creo que podría ayudar a tu amigo si eso quieres. - Ofreció.
- No. - Habló apresuradamente. - Hace años que no lo veo, no dejes que esto se interponga en tu misión. - Sonrió y se puso de pie. - Es momento de que monte mi guardia, tú y tu amiga pueden pasar la noche aquí con tu madre, hay cuatro habitaciones conectadas a la casa ahora, tus maestras agua y tu maestra tierra vienen en verano y la cuarta habitación es la que te pertenecía. - Habló con tranquilidad.
- ¡¿Mis maestras están aquí?! - Preguntó con entusiasmo.
- Lo están, pero salieron a cazar, volverán pronto. - Dijo Senna que se encontraba ordenando la mesa.
- No imagino a Toph cazando. - Se burló la morena.
- Te sorprenderías, suelen traer excelentes pescados. - Defendió su madre y Tonraq rió.
- Yo tampoco entiendo como es que lo hacen. - Concordó su padre para luego besar a ambas en la frente y salir de la casa.
Asami observaba con atención la manera en que aquella familia interactuaba, podía ver el origen de la personalidad de la morena, su madre parecía ser una persona cálida y comprensiva y su padre era fuerte y se mostraba lleno de energía, cuando la morena comenzó a charlar con su madre los ojos de la pelinegra se detuvieron a admirar la estructura de la pequeña casa donde se encontraba, sabía que el exterior se encontraba formado de bloques de nieve compactada pero no había tenido la oportunidad de apreciar el interior, las paredes se encontraban fortalecidas con vigas de madera y recubiertas con pieles, el suelo había sido cubierto con tejidos y en las paredes se podían apreciar un par de ventanas. Aquellas pequeñas casas redondas maravillaban a la joven de ojos verdes pues solo era evidencia de lo lejos que podía llegar la humanidad con el fin de sobrevivir.
- Vamos Asami es momento de dormir.- Tomó su mano y se encaminó por un estrecho túnel de nieve por el cual debieron gatear hasta salir a otra habitación muy parecida a la primera pero esta no tenía mesas o muebles en el interior, en cambio tenía una cama cubierta en pieles.
- Ha pasado tanto tiempo. - Sonrió la morena mirando alrededor.
- ¿Tú habitación? - Preguntó sin retirar su mirada de la ojiazul.
- Así es. - Dijo abriendo los brazos para enfatizar su alrededor.
- Espera... ¿Cuánto tiempo llevamos en este lugar? - Arrugó las cejas al notar la luz que entraba por el agujero en el techo que servía de ventilación.
- Unas cuantas horas, pero es verano, es un laaargo día de verano. - Bromeó acercándose a la ojiverde rodeándola con sus brazos sosteniéndola por la cintura.
- Cierto, es extraño, lo había olvidado. Un día que dura meses. - Sonrió dejando su mente divagar en las maravillas que el planeta aún guardaba para aquellos que se aventuraban a recorrerlo.
- ¿De dónde sacan las pieles? - Dijo riendo suavemente al sentir los labios de la morena sobre su cuello.
- Las heredamos de generación en generación. - Murmuró contra su piel.
- Korra... - Suspiró. - Tu madre está aquí. - Murmuró apenada.
- Y tu padre suele estar en casa durante las noches pero no parece ser impedimento. - La miró directo a los ojos antes de tomar sus labios en un cálido beso.
- Aquí no hay puerta. - Objetó empujando un poco a la morena por el pecho para establecer un poco de distancia entre las dos.
- ¿Ah no? - Sonrió de forma pícara antes de formar un bloque de hielo sólido en la pequeña entrada del túnel que daba a su habitación.
- Muy lista Avatar. - Arqueo una ceja y rodó los ojos. - No planeaba hacer algo así la primera noche que pasáramos en casa de tus padres. - Se excuso comenzando a caminar hacia atrás mientras la morena avanzaba hacia ella.
- Y yo nunca pensé que una chica tan bella como tú algún día fuera a entrar a mi habitación. - Habló con voz seductora.
- Así que de eso se trata esto. - Rió la mayor posando sus manos sobre los hombros de la morena que ya la había obligado a topar con la orilla de la cama.
- No, solo quiero cubrirte del frío. - Murmuró contra sus labios, el calor que irradiaba la morena era acogedor, Asami sabía que Korra controlaba mejor su temperatura haciendo uso del fuego control, siempre le había sorprendido las bajas temperaturas que Korra era capaz de soportar sin problema alguno, sin importar cuanto frío hiciera sus manos siempre se encontraban tibias.
- Entonces no debería oponerme. - Dijo sosteniendo el rostro de la morena entre sus manos y uniendo sus labios en un beso lento que poco a poco se iba volviendo más profundo.
- No, deberías agradecerme. - Jugó la ojiazul que uno a uno comenzaba a abrir los botones del abrigo de Asami.
- Gracias. - La miraba contemplando el brillo en aquellos orbes azules, había algo en los ojos de Korra que no podía encontrar en nadie más, cuando aquellos ojos se posaban sobre ella se sentía completamente absorbida por ellos, se sentía especial, podía decir con seguridad que nadie la miraba como lo hacía la morena y nadie podía hacer que su corazón enloqueciera como lo hacía aquella misteriosa chica que un día apareció después de una tormenta. Había algo que la atraía a ella, Korra siempre estaba en sus pensamientos y nada la hacía sentir más viva que los días que podía pasar al lado de ella, el afecto, el aprecio y el respeto que tenía por la joven Avatar era algo indescriptible, no lo podría explicar si quisiera y tal vez si decidiera intentar hacerlo fallaría en encontrar las palabras adecuadas para hacerlo.
¿Cómo podía explicar la manera en que su piel se erizaba bajo las traviesas caricias de aquellas manos cuando comenzaban a desnudar su cuerpo prenda por prenda? ¿Cómo podía explicar la manera en que su corazón retumbaba cuando aquellos labios se acercaban a los suyos? ¿Cómo podía explicar la cálida sensación que invadía su pecho cuando aquellos brazos la envolvían y sostenían cerca de aquel cuerpo que tantas noches le había hecho compañía? ¿Como podía explicar la alegría que le invadía al ver aquella traviesa sonrisa tan característica acompañada de esos hermosos y cautivadores ojos azules? Las palabras no le alcanzaban, solo aquella chica era capaz de confundir la brillante mente de Asami Sato, solo ella la había hecho tartamudear de vez en vez y solo ella la dejaba sin frases elocuentes que decir cuando la miraba o le hablaba de cierta manera. Sabía que era demasiado tarde para retractarse y sabía que decir amor no era una idea descabellada, Korra formaba parte importante de su vida y ella era vulnerable a cualquier cosa que pudiese ocurrirle al Avatar.
Envueltas entre las pieles que cubrían la cama de lana sus cuerpos se entrelazaban en un abrazo que les era ya familiar, sus ropas yacían en el suelo y a pesar del ambiente que las rodeaba el frío era algo que no podían sentir en su cómodo lecho. Jadeos y suspiros escapaban de la garganta de la ojiverde, con su mano derecha enredada en el cabello de la morena la sostenía entre sus piernas, suaves escalofríos y fuertes cosquilleos subían por su columna al contacto de la boca de la morena con su piel. ¿Quién hubiera pensado que un acto tan poco común en su sociedad resultara ser tan placentero? Debía admitirlo, se sentía al borde de la locura, su espalda se arqueaba instintivamente y su mano izquierda se aferraba con fuerza a la cama, con los ojos apretados luchaba por guardar silencio mientras su pecho subía y bajaba con agitación.
Un pequeño susurro escapó de los hermosos labios de la pelinegra, su nombre, Korra, gimió suavemente deleitando los oídos de la morena que llena de deseo observaba cada centímetro de la suave piel de Asami, orgullosa podía decir que había probado cada parte de su cuerpo y con satisfacción podía afirmar que su novia era exquisita. Esta no era la primera vez que hacían esto, o la segunda, ya lo habían hecho más de un par de veces y siempre era diferente, ahora se encontraba disfrutando poder ver el cuerpo de Asami yaciendo desnudo sobre su cama de pieles, su tez blanca contrastando con los tonos obscuros que la rodeaban, su cabello negro desordenado cubriendo parte de sus hombros y contorneando sus suaves pechos, aquella perfecta figura descansando debajo de ella y sus cautivantes y a veces intimidantes ojos llenos de pasión, no había nada en el cuerpo de aquella mujer que no la llenara de deseo. Asami era encantadora, una mujer elegante pero no delicada, siempre llena de sorpresas, una mente brillante y un corazón enorme, Asami Sato la motivaba a dar lo mejor de si pues la acompañaba en su misión de salvar el mundo, Asami había hecho grandes aportaciones sin necesidad de tener las responsabilidades del Avatar o pertenecer al Loto Blanco y esto le ayudaba a la morena a subir sus esperanzas, había gente que la respaldaba y la ayudaría en su camino, ser el Avatar no implicaba llevar una vida solitaria.
Suaves gemidos y espasmos bajo las cálidas pieles, caricias, besos y roces, falta de aliento y sudor recubriendo sus cuerpos, aquellas noches eran suyas, aquellas noches no había nada de que preocuparse más que de disfrutar cada momento que pasaban hasta quedar satisfechas.
- Asami... - Murmuró temerosa al oído de la bella chica que dormía a su lado. - Creo que te amo. - Confesó mientras acomodaba cuidadosamente un mechón de cabello negro detrás de su oreja. ¿Alguna vez tendría el derecho de decirle tal cosa cuando no se encontrara dormida? Después de todo aún había secretos que no le había revelado y que dudaba algún día podría llegar a hacerlo. ¿Qué tal si su vida como Avatar la obligaba a guardar más secretos? No podía hacer que Asami permaneciera en una relación en la que su pareja no pudiese ser totalmente sincera con ella. Asami merecía algo mejor, una mejor vida con menos preocupaciones, pensaba mientras acariciaba su cabello, aún así no era capas de dejarla ir y la prueba estaba en lo bien que se sentía mientras la acurrucaba entre sus brazos, no podía ni quería renunciar a eso pero se sentía insegura de sí misma.
¿Quién era la verdadera Korra? ¿Aquella chica recta que cargaba sobre sus hombros la misión de salvar el mundo o aquella gladiadora de mirada fría que no dudaba en castigar a quien fuera que se atreviera a meterse en su camino? ¿Una Korra paciente y prudente o una impulsiva con el deseo de abrirse camino haciendo uso de nada más que su fuerza?
Aquellas dudas no abandonaban su mente, no lo habían hecho aún luego de haber encontrado al hombre que buscaba, aquellas preguntas habían aparecido luego de haberse dado cuenta de que de alguna manera disfrutaba siendo la Guerrera del Sur. No podía confesarle nada a Asami si ella misma no estaba segura de cual era su verdad. ¿Peleaba con un propósito o lo hacía ya por mero placer?
Cansada de los mismos pensamientos decidió hundir su nariz en el cabello de Asami para percibir su perfume, era momento de descansar, debía aprovechar las noches que tenía a su lado pues aquellas parecían ser las únicas en las cuales podía dormir en paz.
Pues aquí está!
Espero y lo disfruten, ahora si espero publicar más seguido.
De verdad una disculpa por todo el tiempo que les hice esperar y muchas gracias por seguir la historia!
Un saludo para todos y espero de verdad que pasen a dejar algún review ;)
Nos leemos pronto B)
CHAU!
