Zaheer. Una semana luego del inicio de la revolución.
Es interesante observar las reacciones que tiene la sociedad ante distintos estímulos. Durante años he representado la paz y durante años he trabajado por conseguir mejorías en el mundo, la atención que recibí entonces era mínima, la gente está acostumbrada a que el oficio del Avatar sea trabajar por el bien de todos así que de forma egoísta dan eso por hecho y ya no prestan interés a los quehaceres del maestro de los cuatro elementos.
Sin embargo mi presencia y mis acciones viajaron alrededor del mundo en cuestión de minutos en cuanto hice el primer ataque a la capital más poderosa, el mundo entero tenía sus ojos sobre mí mientras Ciudad República se desmoronaba entre mis manos, todos no tardaron en llamarme monstruo y en clasificarme como enemigo público. Todos gritaban insultos y maldiciones hacia mí, sus voces eran fuertes y claras y todos actuaban en conjunto con el fin de detenerme. Me preguntó si en algún momento se habrán detenido a pensar en que jamás le habían prestado atención a las palabras del Avatar hasta que fue demasiado tarde.
Ciudad República yace en ruinas, me encuentro agotado, jamás imaginé que demoler aquellos imponentes edificios resultaría ser una tarea tan pesada. Mi misión inició terminando con vidas inocentes, no iniciamos atacando a las fuerzas militares si no a las personas que habitan las ciudades, eventualmente las fuerzas armadas hicieron presencia pero no hubo mucho que pudiesen hacer para detenerme. No estoy seguro de cuantos años han pasado desde la última vez que el mundo presenció el "Estado Avatar" pero debió de haber sido hace más de un siglo así que nadie estaba preparado para las dimensiones que puede alcanzar mi poder.
Se utilizaron armas con municiones de platino en mi contra, las balas caían como lluvia a mis alrededores pero solo un par lograron impactarme, el defecto de los proyectiles aéreos es que se pueden desviar con ayuda de fuertes vientos y en estado Avatar permanezco en el viento con ayuda de un torbellino que crea fuertes corrientes de viento a mi alrededor. Las balas que me impactaron dieron una en el chaleco que usaba y otra rozó mi pierna. Mis heridas son superficiales, nada que no pueda curar con agua control, la gran ciudad opuso resistencia pero a final de cuentas cayó y el mundo la ha declarado como pérdida total.
El resto de las naciones temen por su seguridad y han mantenido la guardia dentro de sus propios territorios mientras mis ayudantes los sabotean desde adentro cortando los suministros de agua hacia las grandes ciudades y arruinando campos de cosecha, hundiendo los barcos con grandes cargas de mercancía y suministros. La gente ha comenzado a perder la calma y con ello la cordura, poco a poco comienzan a haber revueltas sin sentido en todas partes del mundo, el miedo los hace actuar como animales salvajes y esto apenas comienza.
Zaheer. Sexto mes luego de la revolución.
No hace falta mencionar que he estado llevando mis poderes al límite y mi cuerpo apenas es capaz de seguir tan enloquecido ritmo, aunque suelo curar mis heridas tras cada batalla las marcas en la piel quedan y el cuerpo recuerda y resiente si no se le da el descanso adecuado. De no ser por la meditación lo más seguro es que mi cuerpo se hubiese rendido tras el primer mes de intensa actividad pero afortunadamente la meditación es una de mis mejores habilidades. El cuerpo duele pero la mente es poderosa y no planeo detenerme hasta expulsar mi último aliento así que sé que estoy listo para conllevar todo el dolor, la presión y la culpa que mis acciones causen en este mundo.
Cientos de ciudades han volado en cenizas y al debilitar a las potencias mundiales mis seguidores pueden actuar con más libertad y sin miedo a ser atrapados por las autoridades que ahora se concentran en cuidar lugares "importantes" como los edificios de gobierno donde se resguardan los tan afamados líderes de cada país.
La gente de dinero ha comenzado a esconderse en bunkers y el resto de las clases luchan por sobrevivir a los bombardeos que los países han empezado entre sí. Los recursos comienzan a ser limitados y todos quieren tener poder sobre las mejores tierras así que en vez de concentrarse en atraparme muchos países han comenzado a pelear entre ellos mismos. Mis seguidores por otra parte han comenzado a aumentar sus números, más y más gente se une a mis filas y comienzan a atacar y destruir todo lo que pueden.
La naturaleza misma ha comenzado a reaccionar, desde hace años las catástrofes naturales parecen azotar con más y más fuerza. Las personas siempre han salido adelante tras este tipo de desastres pero este año nadie será capaz de levantar sus casas y volver a su vida cotidiana, este año no hay apoyo económico para la reconstrucción, este año la tierra comenzará a moldearse a sí misma y nadie estará ahí para evitarlo.
Me apena decir que uno de los grupos que más me interesa destruir es al Loto Blanco, y digo que me apena pues esa organización cuenta con los mejores hombres y mujeres que he conocido en mi vida, honorables maestros de los elementos fieles a sus principios y creencias, hombres y mujeres que no han hecho otra cosa que dedicar sus vidas a cuidar del mundo y luchar por el bien común, hombres y mujeres con los que he compartido tantas sonrisas y buenos momentos, pero en el mundo que estoy creando no hay espacio para las preferencias y mucho menos para grupos superiores pues todos deberán ser iguales, todos serán simples personas viviendo sin esperanza alguna, los maestros de los elementos dejarán de existir y el Loto no vivirá más para cuidar del Avatar.
Mis seguidores han comenzado a cazar al Loto Blanco y a utilizar su uniforme para aterrorizar a las personas con el fin de que el resto del mundo también los persiga, los rechace o los intente eliminar. Me he enterado del fallecimiento de dos de mis maestros y nada podría ser más lamentable, nada a excepción de la pérdida del mundo entero, así que entiendo que estas son cosas que deben pasar.
Con el ritmo que lleva la revolución no hay tiempo para detenernos a enterrar a los caídos, no hay tiempo para lamentarse, no hay tiempo para pensar, debo continuar mi misión y completar mi propósito.
Zaheer. Dos años luego de la revolución.
Mi cuerpo comienza a recuperar su fuerza, he podido descansar mejor ya que la resistencia que oponen mis enemigos es mínima. Sin hospitales y medicamento las personas que sufrían enfermedades médicas controladas han fallecido, sin agua la suciedad se ha esparcido y las personas heridas mueren por infecciones, sin suministros muchos niños y ancianos han muerto de hambre, los fuertes ya no se identifican como parte de un país o continente, se hacen llamar a sí mismos "sobrevivientes".
Los maestros de los elementos están perdiendo sus poderes pues la energía espiritual comienza a desaparecer por completo de nuestro mundo, solo el Avatar permanecerá ya que el Avatar resguarda a un espíritu dentro de sí y es a través de ese espíritu que mantiene su conexión con los elementos. El resto de los maestros, al no tener la misma cualidad, poco a poco han comenzado a volverse personas comunes, algunos de ellos han optado por el suicidio ya que no contemplan sus vidas sin la habilidad de doblegar los elementos a su voluntad, es una verdadera lástima.
Recientemente mi tarea se ha vuelto encontrar los bunker escondidos y despojarlos de sus moradores, mi misión no servirá de nada si los líderes mundiales continúan con vida escondidos en esos malditos refugios que claramente están hechos para conservar a la población con buena posición económica y poder político, basuras que no merecen caminar más en este planeta, ellos son la causa principal de que todo haya llegado a donde estamos hoy en día, ellos encadenaron al mundo a sus reglas egoístas que hacen creer a todos que el dinero es lo más importante en sus vidas y los obligan a vender todo su tiempo y dedicación hasta que son viejos y no los pueden usar más. De todo el dolor y sufrimiento que he causado hasta el momento, estas son las muertes que más he disfrutado, caras conocidas de políticos, reyes y poderosos empresarios que tantas veces me encontré en juntas donde intenté pedir su ayuda y todos y cada uno de ellos tenían una excusa o pretexto listo para salir a la defensa de sus actos más egoístas y de todos los errores y horrores que sus compañías y gobiernos efectuaban día con día.
Con una sonrisa termine con cada una de sus vidas, con una sonrisa los borré de este mundo, ellos habían mandado a morir a su gente con el fin de mantenerse a salvo, miles de soldados muertos en combate solo para proteger su sucia existencia, y lo hacen todo con la firme creencia de que sus vidas son importantes para la preservación de la vida humana, así que mandan a morir a miles de hombres en su nombre porque piensan que ellos lo merecen y que así las cosas deben ser cuando en verdad sus vidas son las que menos me ha dolido tomar porque son las que menos valor tienen. El nuevo mundo no los necesita, el nuevo mundo no los incluye.
Zaheer. Diez años del nuevo mundo.
Cicatrices quedan en mi cuerpo de todas las peleas que tuve que enfrentar, he recibido disparos, quemaduras, cortes de escombro que ha sido arrojado hacia mí, huesos rotos, uno de mis ojos ha perdido la visión, pero el día de hoy me encuentro mejor que nunca, el mundo ha tomado su propio camino, la revolución que yo una vez inicie ahora tiene conciencia propia. La misma sociedad se ha encargado de continuar con ello, todos se atacan entre si y alimentan su odio, yo he destruido todos los bunker que existían, o al menos eso espero, he buscado durante años y no he encontrado más así que creo que al fin todos están viviendo al mismo nivel.
Mis seguidores son imparables, sus grupos toman control sobre las áreas que visitan, arrastran destrucción con ellos y siembran resentimiento, no pienso detenerlos, los necesito, necesito que continúen causando inestabilidad, necesito que la población continúe disminuyendo, el planeta necesita un largo receso para poder recuperarse, la contaminación ha comenzado a asentarse, la gente ahora se enfrenta a la triste realidad, sin plantas purificadoras o maestros agua que limpien el preciado líquido ellos no tienen acceso a agua limpia ya que los ríos se encuentran contaminados, la tierra también está contaminada por los químicos que las fábricas usaban y como animales siguiendo sus instintos la gente ha comenzado a cazar sin moderación, parece que no aprenden de sus errores.
El loto Blanco ha intentado plantear orden entre las multitudes pero conmigo como prueba su organización ha perdido credibilidad, la gente los ve como enemigos públicos y no los escuchan, todo parece marchar a la perfección lo cual es bueno considerando que mi cuerpo se vuelve viejo y no me sorprendería que un día alguien logre darme el golpe final, de cualquier manera el nuevo mundo ha nacido y la gente no puede volver atrás, destruí las industrias, destruí las fábricas, destruí los edificios, destruí los gobiernos y los estatus sociales, he destruido los hospitales, las bibliotecas, los centros que albergaban los servidores más grandes del mundo, y las guerras han hecho su propia parte con bombardeos, armas químicas, biológicas y armas nucleares. Es como si todos hubiesen perdido la esperanza y no hacen otra cosa que apresurarse a llegar al infierno.
Yo solo fui la chispa que inició el incendio, el mundo dio un giro drástico en menos de una década, nada volverá a ser igual después de estos eventos y espero poder haber marcado la diferencia para un cambio positivo, entiendo que la gran mayoría de la flora y fauna están desapareciendo, entiendo que tres cuartas partes de la humanidad también desaparecerán, pero es por el bien de todos, no podemos dejar que nuestro planeta muera por completo, es mejor dejarlo mal herido pero con la capacidad de sanar, pocos entienden mi punto de vista pero con el tiempo entenderán que sin mi intervención la humanidad habría terminado como otra de las tantas especies que marcan su paso en este planeta con un inicio y un fin de su existencia, evité que nuestra especie se volviera un simple recuerdo atrapado entre las rocas en forma de fósiles y huesos viejos.
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Las manos de la morena continuaban temblando sin parar, el Avatar obscuro había llevado todo a su destrucción con el fin de salvar a la especie humana... o al menos eso era lo que el mismo describía, debía admitir que lo que planteaba sonaba justo y al mismo tiempo trágico y lamentable. Él vivía en un mundo que rebosaba de vida pero notó que estaba muriendo e intentó despertar al resto sin tener éxito alguno, la mente de la morena se encontraba más confundida que antes ¿Zaheer había hecho algo bueno? ¿O simplemente había perdido la razón? Suspiró, al girar la página notó un recorte de una página de periódico en el cual se mostraba la imagen del temido Avatar, cabello y barba de color grisáceo, un rostro duro e impenetrable, aquel Avatar despedía un intenso brillo del interior de sus ojos y a su alrededor no había nada más que fuego y escombros, su rostro mostraba numerosas cicatrices y su ropa se encontraba manchada de sangre, era una imagen escalofriante que infundía temor en todo aquel quién la viera.
El artículo decía lo siguiente.
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El Avatar Zaheer derribó Ba Sing Se, tras el asalto se estima que haya más de un millón de muertes, el Loto Blanco acompaña al Avatar en sus actos atroces acorralando a la gente e impidiendo las evacuaciones. La una vez imponente ciudad ahora no es más que un cúmulo de escombros envueltos en llamas.
Los terribles ataques continúan sin piedad y el gobierno no puede protegernos. Las guerras se han desatado, los países pelean abiertamente y el Avatar ayuda a esparcir el miedo y la desesperación entre las masas que luchan por sobrevivir.
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Korra bufó recordando cada una de sus pesadillas, hombres, mujeres y niños rogando por sus vidas, gritando con desesperación, vidas inocentes que fueron sacrificadas peor que al ganado, todas aquellas muertes las había presenciado a través de los recuerdos de su vida pasada.
- ¿Cómo tuviste el valor de hacer tal cosa? - Bufó mientras una lágrima rodaba por su mejilla pero no hubo respuesta, al girar la página vio otro escrito notando que la letra en este era diferente a la que se mostraba en las primeras páginas.
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Sozin. El día de la tragedia.
El Avatar Zaheer ha perecido, a sus cincuenta y nueve años de edad cayó después de recibir un disparo en el abdomen cuando intentaba derribar a un grupo armado de miembros de La Orden del Loto Blanco. Nosotros intentamos ayudarle pero el Loto Blanco lo atrapó antes de que pudiésemos llegar a él. Nuestro líder fue expuesto y ejecutado públicamente en lo que alguna vez fue la plaza central de Ciudad República, iba a ser torturado de forma barbárica pero logramos darle el tiro final antes de que eso ocurriera, a causa de nuestros desesperados intentos por recuperar a Zaheer perdimos a cinco miembros más de nuestra orden bajo las manos de la enfurecida multitud.
Yo, como el siguiente al mando he tomado el liderazgo de esta unida organización que continuará con la misión del "Avatar Obscuro" sin importar los medios o las consecuencias.
Durante años Zaheer nos explicó con claridad que el mundo se tornaría así, él nos dijo que la gente recurriría a sus instintos más básicos y se comportarían como animales, él dijo que nadie nunca entendería sus motivos de la misma manera en que nosotros lo habíamos hecho, nosotros lo habíamos seguido incluso años antes de que iniciara la revolución, nadie lo escuchaba y las consecuencias fueron fatales.
Zaheer pedía un alto al crecimiento industrializado y capitalista, Zaheer pedía ayuda por los hambrientos, Zaheer pedía ayuda por los bosques y animales en peligro de extinción, Zaheer pidió atención al hecho de que los espíritus estaban abandonando nuestro planeta, él rogó por un poco de atención al hecho de que cada año nacían menos maestros de los elementos, Zaheer no quería involucrar armas químicas o biológicas y mucho menos nucleares, Zaheer quería salvar todo lo que fuera posible pero nadie lo escuchó hasta que estalló la revolución y en cuanto esto ocurrió el mundo selló su destino, habría enormes pérdidas y no habría marcha atrás.
Zaheer murió el día de ayer, Zaheer murió luego de que yo disparara y la bala se alojara dentro de su cráneo, Zaheer murió defendiendo a la raza humana y murió siendo odiado por todos, su imagen nunca será buena y él estaba de acuerdo con ello.
Este pequeño registro se me fue entregado por él y me ha pedido que lo continúe, me ha pedido que junte la evidencia necesaria y la catalogue, me ha pedido que elabore un documento que muestre todos los acontecimientos que se dieron hasta ahora.
A continuación mostraré los registros que se mostraron en las juntas y reuniones a las que asistió nuestro Avatar y en las cuales fue ignorado, mostraré las gráficas que muestran el daño hecho y los alarmantes números que demuestran la urgente necesidad de un cambio inmediato.
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Korra mordió su labio con angustia mientras evaluaba las gráficas y las noticias que se exponían, el Avatar había sido ignorado por completo, pensó con pesar sin dejar de ver aquellas tablas.
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Cómo líder del Loto Rojo continuaré la misión de mi Avatar, ninguna distinción, ningún privilegio, ningún estatus social, nadie debe ser mejor que nadie y por lo tanto no puede haber otro Avatar.
El plan original marcaba que él mismo daría su vida cuando el tiempo fuera indicado pero el destino no nos permitió continuar con dicho plan. Zaheer no era un iluso y sabía bien que no había momento en el que su vida no corriera peligro y es por eso que había un plan de respaldo, seguiré sus instrucciones y buscaré al nuevo Avatar, debemos romper el ciclo, debemos terminar de cazar a la orden de Loto Blanco y desaparecer al Avatar, si no logramos esto el cambio no estará completo.
Sozin. La cacería.
El Loto Blanco se encuentra débil y no han tenido los recursos suficientes para seguirnos el paso, muchas personas se han unido a nosotros bajo el vínculo que crea el odio que ellos tienen hacia la memoria del Avatar, esto nos ha facilitado la tarea de localizar a los nuevos avatares. Hemos asesinado a una docena de niños en los últimos cinco años, nuestra intención es romper el ciclo pero muchas personas se adelantan y en cuanto tenemos la pista ellos toman la vida del infante sin saber que necesitamos asesinar al Avatar cuando se encuentre utilizando el máximo de su poder, el estado Avatar, así que mi búsqueda continua.
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Korra bufo molesta, luego de esa entrada había más y cada una presentaba al nuevo líder del Loto Rojo y ese líder escribía lo que había hecho con el fin de ayudar a seguir el legado del Avatar obscuro. Innumerables reseñas y narraciones sobre las muertes de los distintos avatares, imágenes y recortes de las guerras que inició Zaheer, todo se guardaba en aquel documento que narraba a detalle el inició de las guerras y los años posteriores junto al registro de todos los intentos de asesinato hacia el Avatar y los miembros del Loto Blanco.
Poco a poco la realidad comenzaba a penetrar en la mente de la morena, de pronto las palabras que Desna había dicho en la sala de juntas cobraban sentido, los rebeldes luchaban en contra del Loto Blanco guiados por la influencia de sus líderes pero esos líderes eran guiados a si mismo por miembros de la Orden de Loto Rojo y todo el movimiento en contra del Avatar había sido iniciado por el Avatar mismo.
De forma apresurada giró las páginas hasta llegar a la última entrada en un intento por averiguar quién era el líder actual de aquella misteriosa organización.
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P'Li
Como actual líder del Loto Rojo he dedicado mis días a cazar al Avatar, Aang nunca fue encontrado y se corre el rumor de que existe un nuevo Avatar.
Amón cayó a manos de una nueva Líder en las Ruinas de ciudad república, él nos había informado de la presencia del Avatar en dicho lugar, la describió como a una mujer joven de tez morena y cabello castaño lo cual no es mucho pero sirve para confirmar que la era del Avatar Aang ha terminado.
P'Li.
Kuvira, nuestra actual líder en el antiguo reino tierra, fue derrotada el día de ayer, el Avatar la tomó presa y la entregó a la líder de los asentamientos en las ruinas de Ba Sing Se, sospechamos que la líder Suyin es miembro de la Orden de Loto Blanco pero ya es demasiado tarde para bajarla de ese puesto pues lleva años ejerciendo el poder en dicho lugar y los pobladores le son fieles así que no hay manera de sacar a Kuvira de ahí sin hacer sacrificios y por el momento nuestros esfuerzos se deben concentrar en encontrar al nuevo Avatar.
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- El libro del Loto Rojo. - Habló un hombre logrando asustar a la morena que de inmediato alzó la mirada para encontrarse con la figura de Unalaq sentado frente a ella. - No sabía que tenías la habilidad de leer. - Alzó una ceja con una mirada interrogante.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Se preguntaba ella mientras intentaba conservar la calma, su rostro continuaba cubierto pero era estúpido pensar que Unalaq no había descubierto su identidad, aquel hombre era demasiado listo como para ser engañado de tal manera. - Ciertamente un ejemplar único en el mundo, no encontrarás algo similar en ninguna otra parte de este planeta, una narración hecha por los mismos personajes que participaron en todo el cambio realizado hasta el momento, el único que narra los pensamientos del Avatar Zaheer... o como muchos prefieren llamarlo, el Avatar Obscuro. - Hablaba despreocupadamente mientras ella pensaba en la manera de salir de aquel predicamento, ya tenía el documento, solo debía salir de ahí, solo debía evadir a Unalaq, tal vez dejarlo inconsciente y escapar pero si hacía esto su identidad sería revelada.
- El Loto Rojo se formó por los grupos activistas que apoyaban la iniciativa de Zaheer. El Loto Blanco nunca apoyó las ideas apocalípticas del Avatar... al menos no todos lo hicieron, los pocos que decidieron apoyarlo fueron expulsados de la organización y estos fueron absorbidos de inmediato por el Loto Rojo que no iba a desperdiciar el talento de un experimentado maestro entrenado en la matriz de la legendaria organización del Loto Blanco. - Explicaba mientras sus ojos se concentraban en la espiral infinita en la que danzaban los espíritus dentro del estanque.
- El Loto Blanco dedicó todos sus esfuerzos a eliminar al Avatar obscuro pero al tiempo que lograron hacerlo todo había alcanzado un nivel en el que no había vuelta atrás. - Escuchó la morena mientras su mente se volvía un elaborado laberinto de preguntas e ideas contradictorias. - Y generación tras generación el Loto Rojo se ha mantenido como el grupo superior, el Loto Blanco no tiene ni la mitad de los números que tiene el Loto Rojo y sus números continúan disminuyendo porque las personas siguen cayendo en el engaño que planteo Zaheer, él supo cómo jugar sus cartas y no hubo nadie que se le pudiese oponer, era un hombre sumamente inteligente y de grandes habilidades, todos sus maestros quedaron impresionados con su manera tan sobresaliente de aprender, Zaheer era una leyenda incluso antes de que iniciara con su plan de destruir el mundo... no cualquier Avatar lo podría haber hecho y él lo sabía, por eso se dio a la tarea de ejecutar dicho plan. El solo peleando contra el mundo entero y les tomó poco más de una década detenerlo. - Sonrió. - Un hombre bastó para cambiar la historia por completo. - La miró y la morena bufó, por alguna razón se encontraba sudando profusamente, no se sentía del todo bien, su cabeza daba vueltas y su corazón latía a toda prisa.
- Los Avatares son personas sumamente interesantes y sumamente misteriosas. - Volvió a sonreír. - Tienen el poder necesario para cambiar al mundo ellos solos pero pocos lo han hecho y el resto simplemente se limita a vivir bajo las reglas. - Se encogió de hombros. - Tu nombre es Korra, la afamada Guerrera del Sur. - Volvió a sonreír pero esta vez sus ojos mostraban algo más, un brillo que lograba intimidar a la morena. - ¿Cuántos años tienes niña? ¿Veinte? - Pareció calcular. - No, veintiuno. - Resolvió logrando sorprender a la morena que continuaba adoptando una posición defensiva. - Korra, no olvidaría tu nombre, después de todo eso fue lo único que se me permitió saber veintiún años atrás cuando mi hermano me dijo que había tenido una hija. - Declaró y los ojos de la morena se abrieron como platos.
- ¿Qué? - Murmuró a penas.
- Me lo suponía, tu tampoco tenías idea de quién era yo. - Rió por lo bajo. - Y ahora entiendo porque mi hermano cortó toda relación conmigo después de tu nacimiento, mi afortunado hermano resultó ser el padre del Avatar. - Negó con la cabeza mientras reía con ironía. - La vida es un tanto injusta y a veces juega bromas algo pesadas. - Suspiró recobrando la compostura.
- Tú... - Intentó hablar pero ahora su mente se encontraba más confundida que antes. - ¿Por qué mis padres guardarían un secreto así? - Frunció las cejas y bufó.
- Porque son listos, sabían que yo estaba involucrado con los rebeldes, en ese entonces yo ya era el líder del grupo rebelde en este lugar, no podían arriesgarse, los rebeldes han asesinado a una infinidad de Avatares a lo largo de la historia ¿Crees que tus padres serían tan ilusos como para exponerte al peligro? - Preguntó de forma seria.
- Somos familia. - Renegó ella.
- El Loto Rojo persigue un bien común Korra. Necesitamos terminar con el ciclo del Avatar para poder progresar. - Se excusó y encogió de hombros.
- El Loto Rojo... - Murmuró ella sosteniendo su cabeza que había comenzado a dolerle intensamente.
- Ahora que has leído nuestra historia conoces los verdaderos motivos y el verdadero origen de los rebeldes, todo es un enorme sacrificio que debe hacerse para poder salvar lo que queda de la humanidad. - Habló alzando la voz y arrugando las cejas. - Eres el primer Avatar luego de Zaheer que ha visto dicho documento, sabes que Zaheer tuvo razón en hacer lo que hizo y sabes que no hay manera de negarlo. ¿Qué más se podía hacer en un mundo que caía en picada a un trágico final del cual no quedaría absolutamente nada? Tomó la única opción disponible, no fue la decisión más fácil pero fue la mejor. - Su voz comenzaba a hacer eco en la caverna.
- Murió demasiada gente inocente. - Murmuró mientras luchaba por mantener el equilibrio, sus emociones eran demasiado fuertes, el punto de vista que marcaba Zaheer era claro y difícil de refutar ¿Habría otras salidas distintas a las que él tomó? La mera idea de pensar que el Avatar había hecho bien al asesinar a tantas personas lograba revolverle el estómago.
- Gente que habría muerto de cualquier manera a manos de enfermedades incurables por culpa de la contaminación. - Argumentó Unalaq.
- Korra. - Escuchó la voz del temido Avatar.
- ¡Vete! - Ordenó ella rechinando los dientes.
- Debo mostrarte el mundo como era antes, debes entender mis motivos. - Se acercó a ella y cuando su mano tocó su espalda la morena fue transportada a las memorias de Zaheer.
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- ¡Cientos de miles mueren cada día por falta de agua y alimentos! - Renegaba él frente a una mesa repleta de gobernantes e importantes empresarios.
- Y es lamentable Avatar, todos estamos al tanto pero no hay nada que se pueda hacer por ellos. - Habló un viejo de barbas grises, se notaba que la ropa que vestía era costosa al igual que los anillos que llevaba en sus manos y el fino reloj en su muñeca derecha.
- ¿No hay nada que se pueda hacer? ¿Está bromeando? - Gruñó golpeando la mesa de juntas con ambas manos abiertas. - Se encuentran a punto de iniciar un proyecto para propagar una cadena de negocios dedicados al entretenimiento electrónico, un proyecto que les costará una inversión inicial de millones. - Intentó convencerlos.
- Son negocios Avatar Zaheer, a la gente le interesa esto, ellos invertirán en ello y recuperaremos el dinero en un parpadeo. - Dijo con orgullo.
- ¡¿Está escuchando sus propias palabras?! - Bufó con furia en su mirada. - ¿Alguno de ustedes tiene algo que decir? - Le dirigió la mirada al resto de los hombres y mujeres presentes que de manera incómoda evitaban mirar hacia los ojos del enfurecido Avatar.
- Nuestras empresas hacen donaciones de caridad cada año. - Dijo una elegante mujer cubierta con un abrigo elaborado de las mejores pieles disponibles en el mercado.
- Donaciones mínimas, solo lo necesario para evitar pagar impuestos. – Argumentó él.
- Lo siento Zaheer, sabemos que las cosas no pintan bien para todos, pero no podemos salvar al mundo entero, hacemos lo que podemos. - Volvió a hablar el mismo hombre de barba gris.
- No, usted no entiende, las cosas no pintan bien para nadie y pintan aún peor con gente como ustedes en el poder. - Resopló. - Me repugnan. - Escupió y aventando la silla comenzó a salir de la habitación.
- Podríamos hacer una donación extra... podríamos construir un refugio para personas sin hogar. - Propuso uno de ellos antes de que el Avatar cruzara la puerta.
- ¿Un refugio? ¿En dónde se refugiará la gente cuando el aire no sea respirable? Los adinerados vivirán en ambientes controlados y el resto morirá. - Rió sin humor.
- Las cosas no están tan mal Zaheer, los maestros nos pueden ayudar a limpiar el aire, los proyectos existentes avanzan, no son rápidos, son planes a largo plazo. - Habló otro hombre de complexión robusta y un bigote llamativo.
- Los maestros están desapareciendo. - Volvió a reír con incredulidad. - ¿Es que tienen un par de monedas atoradas en los ojos? ¿Es que no pueden ver más allá del dinero? El mundo se está cayendo en pedazos y nadie hace nada. - La mirada fría y obscura del Avatar logró intimidar a los presentes pero ninguno dijo nada más mientras continuaban sentados alrededor de la elegante mesa sobre sus acolchadas y lujosas sillas de piel.
- Espero que el dinero les sirva en el infierno. - Gruñó y salió de ahí azotando la puerta.
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- Eso fue ocho años antes de que iniciara el plan para el nuevo mundo, toda mi vida realice reuniones así, año tras año, mes tras mes, día tras día, luché y luché sin descanso pero era como gritar contra una almohada dentro de un cuarto diseñado para contener el sonido, nadie me escuchaba, no importaba que tan alto elevara mi voz, nadie escuchaba. - Dijo antes de transportarla a otro lugar.
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-¡Zaheer! ¿Qué demonios estabas pensando? - Renegó el mismo hombre de barbas grises.
- Lo siento presidente pero no planeo quedarme de brazos cruzados mientras hay gente que necesita de mi ayuda, o de cualquier tipo de ayuda y nadie hace nada. - Respondió con firmeza.
- Los recursos que tomaste no eran tuyos, la tierra que tomaste no era tuya, esas personas no pueden vivir ahí. - Reclamó el presidente.
- Ciudad República goza de miles de privilegios, su ciudad es la más poderosa del mundo, esos territorios en las orillas no eran necesarios para ustedes, levanté casas de la tierra, robé productos de tiendas que de cualquier manera terminan desechando la mitad de la materia prima que obtienen pues nunca logran venderla toda. - Explicó.
- La ley prohíbe elevar casas de la tierra de un día para otro, debes tener un permiso para eso, y robar, robar en si es algo imperdonable. - Gruñó el hombrecillo con el rostro rojo y varias venas resaltando sobre su frente.
- No lo prohíbe, la ley exige un pago a cambio porque la ley parece favorecer a los adinerados... en cuanto a robar. Estoy seguro que esas pérdidas se recuperarán en menos de un mes mientras que las vidas de esas personas cambiarán para siempre. - Señaló con desesperación.
- ¡No me interesa Zaheer! Esto no se puede volver a repetir, tenemos protocolos que seguir, tenemos leyes para mantener la paz.
- Y así como a usted no le interesa el bienestar de esas personas ni la calidad del aire que se respira, a mí no me interesan sus leyes. - Sentenció poniéndose de pie y girando hacia la puerta.
- ¡Convocaré al Loto Blanco! - Amenazó.
- Convoque a quien le venga en gana. - Concluyó cerrando la puerta tras de sí.
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- Como podrás ver, fui persistente, no quería tomar el camino que tomé pero no pude ver otra salida, la busque, intente alternativas y nada parecía funcionar. - Explicó llevando a la morena hacia otro recuerdo.
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- ¡¿Cómo te atreves a detener a mis hijos?! - Gritó azotando las puertas de la oficina del presidente al momento de entrar.
- Lo siento Zaheer, debes detenerte de alguna manera y ya que el Loto Blanco no pudo ponerte un alto debimos tomar otras medidas. - Respondió el presidente con cierto temor en su semblante.
- ¿Dónde están? - Preguntó esperando que la respuesta fuera inmediata.
- Debes prometer que detendrás tus acciones, de lo contrario no volverás a ver a tus hijos. - Habló del modo más autoritario que logró sacar de su interior pues el miedo comenzaba a consumir su determinación bajo la imponente presencia del Avatar. - Cabe mencionar que si algo me ocurre a mí tus hijos pagarán de la misma manera Zaheer. - Intentó amenazar mientras sus piernas temblaban y frías gotas de sudor bajaban por su frente.
- ¿Entonces esto es lo que se gana el Avatar por ayudar a personas necesitadas? - Dijo intentando calmarse.
- Has invadido propiedad privada y se la has otorgado a personas que no pueden pagar por ello. - Intentó justificar el motivo de sus actos.
- Son tierras en las que no hacen nada. - Lo miró con desesperanza. - Y son construcciones que cualquier maestro tierra puede hacer en días, no les cuesta nada apoyarlos. - Hablo derrotado.
- Lo siento Zaheer. - Volvió a tomar confianza al ver la nueva posición que el Avatar había tomado, se le veía más vulnerable y sumiso.
- "Lo siento" No sabe cuántas veces he escuchado eso, estoy cansado de esa frase. - Murmuró negando con la cabeza.
- Estamos trabajando en los puntos que nos mencionas, lo hacemos, pero todo debe seguir un proceso. - Intentó simpatizar con él.
- Sí. - Rió sin humor. - A ese paso da la misma si hacen algo o no... - Guardó silencio por un momento. - No, si lo pienso mejor, sería preferible que se ahorren el dinero invertido en esos proyectos porque al paso que van no llegarán a nada. - Suspiró. - Libera a mis hijos, dejaré de hacer mi trabajo, los dejaré hacer lo que les venga en gana, no volverán a escuchar peticiones de mi parte y no me volverán a ver intentando ayudar a las personas, no sin su autorización. - Lo miro a los ojos y en aquel momento el presidente sintió un escalofrío subirle por la espalda, estaba escuchando las palabras que tanto había estado esperando pero algo no encajaba, la furia en los ojos del Avatar estaba contenida, la determinación en aquellos ojos no había desaparecido, muy por lo contrario, se le veía más determinado que nunca, aquello no parecía una derrota, aquello daba la sensación de que algo más había comenzado y no sabía que era, jamás se habría imaginado al gigante dormido que acababa de despertar.
- Mis hijos tienen familias a las cuales volver, no los puedo condenar por mis acciones, mi esposa no soportaría perderlos y yo no los puedo sacrificar por ideas absurdas como intentar ayudar a un mundo que no quiere ser ayudado. - Habló con rencor. - Ahora entiendo que ustedes nunca cambiarán, no tiene caso desperdiciar mi energía de esa manera, cada pequeña aldea que soy capaz de crear ustedes se encargan de evacuarla y derrumbarla o venderla en un alto precio como una valiosa propiedad erguida por el mismísimo Avatar en persona. - Bufó. - Es absurdo, todas las señales que he recibido para hacerme quedar en claro que ustedes no piensan dar ni una oportunidad al cambio, no sé porque seguí insistiendo. - Negó con la cabeza y dio media vuelta.
- Zaheer. - Lo llamó el presidente logrando obtener una breve mirada a cambio. - Debes firmar este acuerdo. - Señalo una hoja de papel con varios puntos expuestos.
- Por supuesto. - Gruñó el Avatar que de mala gana volvió y comenzó a leer los términos a los que se sometería, poco a poco una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios, una sonrisa burlona que el presidente fue incapaz de descifrar ¿Pero es que aquel hombre carcomido por la avaricia alguna vez habría podido imaginarse el escalofriante plan que comenzaba a desarrollarse dentro de la mente del Avatar? Aquellos términos le prohibían actuar en obras caritativas que pudiesen afectar a la industria o invadir propiedad privada para otorgar viviendas a personas sin hogar, le prohibían continuar llamando a la gente para revelarse en contra de sus gobiernos, le prohibían señalar a los líderes del mundo como a tiranos, le prohibían efectuar cualquier proyecto que requiriera de financiamiento sin antes consultar al gobierno, en pocas palabras estaban limitando todas sus actividades benéficas para que estas no pudiesen realizarse sin previa autorización y sin supervisión de las autoridades correspondientes lo cual no interfería para nada en su nuevo proyecto, no actuaría en beneficio de nadie y no necesitaba del apoyo financiero de nadie, lo que venía a continuación lo podía hacer con ayuda de los activistas que siempre lo habían acompañado y con sus poderes así que el contrato no sería violado.
- Espero que mis hijos estén en casa para el final del día. - Le entrego el documento firmado y caminó hacia el exterior. - Y presidente... - Pausó antes de salir. - Espero, con toda sinceridad, que disfrute del tiempo que yo esté fuera del mapa. - Sonrió de lado con una mirada de cazador que no se apartaba de su presa.
- Zaheer, por supuesto que nos alegra tenerte cerca y claro que apreciamos tus esfuerzos, te prometo que trabajaremos para acelerar los procesos necesarios para ayudar a esa gente. - Prometió con una de esas falsas sonrisas que el Avatar tanto detestaba.
- Espero escuchar esas palabras de nuevo la siguiente vez que nos volvamos a ver. - Sonrió. - Espero que digan "nos alegra tenerte cerca" Porque para ese entonces yo los habré perdonado a todos y será una pena que ustedes aún me guarden rencor por mis pequeñas travesuras. - Lo miró fijamente logrando inquietar al presidente que podía sentir la amenaza pero no era lo suficientemente valiente como para confrontar al hombre frente a él. Era avaro pero no estúpido, el Avatar era el maestro más poderoso del mundo, si decidía enfrentarlo no había mucho que pudiese hacer en su contra.
- El tiempo curará las heridas Zaheer, pronto volveremos a ser buenos amigos. - Habló intentando cortar la tensión entre ellos.
- Si... hasta entonces mi buen amigo. - Rió el Avatar levemente saliendo de la oficina.
El presidente no se había quedado satisfecho, temeroso observaba la hoja con la firma del Avatar, alarmado se dedicó a notificar a sus colegas de lo ocurrido y del mal sabor de boca que le había dejado aquella reunión, todos pensaban que la venganza del Avatar vendría de forma personal, pensaron que el Avatar podría arremeter en contra de ellos o de sus familias así que pagaron por tener más seguridad y al cabo de un par de años habían olvidado la presencia de Zaheer y de aquel incidente.
Nada los habría preparado para el día en que la ciudad comenzó a arder, nada preparo al presidente para recibir los cristales que volaron desde la ventana de su lujosa oficina que estallo frente a su cara cuando intentaba ubicar la causa de la fuerte explosión que había escuchado instantes antes, sus ojos fueron los primeros en dejar de funcionar bajo los severos cortes ocasionados por el vidrio que se había incrustado por todo su rostro y parte superior de su cuerpo, con dificultad respiraba a través de la sangre que se acumulaba alrededor de un par de fragmentos de vidrio que ahora moraban en su garganta.
- ¿No te alegra tenerme cerca viejo amigo? - La voz era inconfundible, su peor temor se había cumplido, el Avatar venía a tomar su vida, pero de nuevo aquel iluso hombre murió en su ignorancia, creyendo que él había sido el único objetivo del enfurecido Avatar, aquel hombre murió pensando que su fin marcaría el alto en los actos violentos de Zaheer, murió sin saber que en realidad su muerte sería la primera de millones y sin saber que la ciudad caería junto a él y tras esto el mundo entero seguiría los mismos pasos.
Desesperado luchaba por aire pero al colocar sus manos sobre su cuello el dolor lo hacía estremecer pues al tocar los vidrios incrustados estos se hundían más en su carne. Podía sentir la presencia del Avatar en la habitación, sabía que alguien lo estaba observando mientras luchaba por mantenerse con vida, poco a poco fue desvaneciéndose, se acercaba su fin, antes de morir escuchó a los guardias entrando en la habitación ¿Cuánto les había tomado llegar ahí? ¿Horas? ¿Minutos? ¿Segundos? No estaba seguro pues no tenía noción del tiempo pero saber que se encontraba a punto de morir lograba hacerlo vivir una eternidad dentro de cada segundo que pasaba.
- ¡Alto! ¡El presidente! - Gritaron los guardias y luego de algunos alaridos desesperados de nuevo reinó el silencio. A lo lejos podía escuchar las sirenas de policía y bomberos, escuchaba también el fuego ardiendo y podía oler el humo y lo que parecía ser carne quemada. Al final la maléfica risa del Avatar alcanzó sus oídos mientras su conciencia se desvanecía para siempre, así terminó la vida del presidente de la poderosa Ciudad República.
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- ¿Tú que hubieras hecho en mi lugar Korra? - La contemplaba detenidamente mientras ella observaba todas las escenas de la guerra y de los momentos antes y después de ella. ¿De verdad no había otra opción? Pensaba ella mientras lágrimas corrían por sus mejillas. - Habrías hecho lo mismo... eso siempre y cuando tuvieras la valentía necesaria para hacerlo. - Continuó presionando, sus palabras hacían eco inundando la mente de la morena que luchaba por mantener la compostura. – De no haberlo hecho habrías vivido como cualquier otro Avatar, encadenado a las reglas que aquel mundo lleno de corrupción había elaborado para quitar al Avatar del camino.
- Debía haber otra salida. - Sollozaba al sentirse agobiada por todos los descubrimientos que había hecho en ese corto lapso de tiempo, necesitaba tiempo para asimilarlo todo pero Zaheer no parecía dispuesto a darle un descanso. - No había más salidas, lo intenté todo. - Continuaba aconsejando a la joven Avatar que ahora luchaba por mantener la calma.
- Nunca te has puesto a pensar ¿Por qué es el Avatar el único responsable de hacer todo? - Hablaba él y la morena intentaba calmar su respiración. - Era un mundo amplio y lleno de gente, todos con la conciencia necesaria para actuar y hacer algo al respecto, pero preferían vivir cómodamente e ignorar los llamados de su Avatar que vida tras vida parece dedicar sus años a intentar despertarlos y mantener la calma pero pocos lo escuchan y el resultado siempre es el mismo, el Avatar termina su vida y el mundo continua haciendo lo mismo hasta que el siguiente Avatar viene con la misma misión y el ciclo se repite una y otra vez y el Avatar nunca tiene la posibilidad de disfrutar de su vida mientras el resto del mundo sigue avanzando hacia resultados desastrosos que esperan sean resueltos por el Avatar.- Alegó Zaheer.
- ¿Por qué? - Gruño y los puños de la morena se cerraron con tal fuerza que sus uñas comenzaban a lastimar la palma de su mano.
- Incluso tú Korra, has sacrificado tanto por salvar este basurero, has hecho lo imposible, te has llevado al límite y aun así debes cuidarte las espaldas en todo momento pues no sabes quién podría tornarse en contra tuya. Y eso no es algo que comenzó luego de las guerras que yo ocasioné, eso es algo que todas nuestras vidas pasadas han tenido que enfrentar, siempre hay alguien que quiere deshacerse del Avatar. ¿Por qué? Odian al Avatar a pesar de que nosotros no hacemos otra cosa que dedicar nuestra vida entera a ayudar. - Murmuraba cerca de su oído.
- No es justo... - Bufó ella arrugando las cejas, con los ojos cerrados intentaba contener su ira pero le resultaba imposible, toda su infancia le había sido robada ya que desde una edad temprana había sido obligada a entrenar ¿Y todo para qué? Para nunca ser reconocida y para ser odiada por el mundo que intentaba salvar.
- Ninguno de ellos te dará las gracias y todos te acusaran en cuanto tengan la oportunidad. - Aquellas palabras penetraban en la cabeza de la joven Avatar contaminando su razón y alimentando su furia.
- ¿Por qué? ¿Qué hemos hecho mal? - Gruñó ella apretando los párpados, el viento comenzaba a agitarse a su alrededor volviéndose cada vez más intenso hasta el punto en que la corriente retiró la capucha de su cabeza dejando su cabello al descubierto que también se agitaba por el viento que ahora se asemejaba a las ventiscas que se generan en un tifón.
- Año tras año, generación tras generación y las cosas siguen igual. - Continuó él y el silencio reinó por un par de minutos hasta que los ojos de la morena se abrieron revelando un brillo intenso que se disparó hacia el cielo, una fuerte honda de energía recorrió el mundo entero, no hubo rincón en el que no se presenciara dicho brillo emanando de las antiguas estructuras de templos donde guardaban esculturas de las vidas pasadas del avatar, templos escondidos bajo metros de escombro, templos en ruinas, templos escondidos en montañas abandonadas, templos hundidos en las profundidades del mar o enterrados bajo la arena en los desiertos, la luz había sido presenciada por todos y todos conocían el significado, el Avatar estaba presente.
- El estado Avatar, el nivel máximo de poder que puede alcanzar el maestro de los cuatro elementos. ¿Cómo se siente? - Sonrió Zaheer pero no hubo respuesta, la mente de la morena se encontraba en blanco mientras ordenaba todas las ideas que llenaban su cabeza. ¿Cuál era el propósito del Avatar? ¿Por qué solo una persona debía corregir los errores de todos? ¿Las acciones de Zaheer habían sido correctas? ¿La guerrera del Sur era una imagen aceptable para el Avatar? Su cuerpo se había elevado del suelo por las fuertes ráfagas de viento que la rodeaban, Korra no se encontraba presente en ese momento, era algo distinto, el poder del estado Avatar invocaba la fuerza de los cuatro elementos, también revivía los recuerdos y la sabiduría de todas sus vidas y la hacía entrar en un estado de conciencia en el cual ella no tenía control ya que era la primera vez que experimentaba aquel increíble poder y había accedido a él de forma involuntaria al encontrarse en un estado emocional delicado.
Su mente se encontraba procesando todas las acciones que ella había realizado, todas las que Aang había realizado y las de su vida pasada y la vida antes de esa, las imágenes pasaban a una velocidad increíble mientras de forma inconsciente intentaba buscar un patrón.
Korra había olvidado aquella importante regla que el Loto Blanco le había impuesto, no debía entrar al estado Avatar, la morena había borrado todo por completo, también había olvidado la presencia del otro hombre dentro de la habitación, Unalaq se había vuelto la última de sus preocupaciones hasta que sintió un punto presionando su espalda que parecía ir atravesando su cuerpo al nivel del pecho hasta que vio lo que parecía ser una punta de hielo emergiendo por debajo de su clavícula.
Instintivamente manipulo el agua volviéndola líquida para evitar que aquel proyectil de hielo continuara atravesando su cuerpo, de inmediato más de estas largas puntas de hielo comenzaron a volar hacia ella, al girar la cabeza pudo ver a Unalaq moldeando el agua y lanzándola hacia ella en forma de estos peligrosos proyectiles, sin pensar hizo un movimiento con su mano levantando el agua en forma de una enorme cuchilla afilada que viajó de forma vertical a una velocidad que su tío no logró evitar, la navaja se incrustó en su pecho y un débil alarido emergió de la garganta de su víctima que como un animal herido se arrastraba por el piso dejando un rastro de sangre tras de sí. El brillo en las manos de Unalaq evidenciaba sus intentos por sanar aquella herida pero el daño era irreparable, luego de toser un par de veces finas gotas de sangre mancharon sus ropas.
- ¡No! - Gritó la morena escapando del estado Avatar causando que su cuerpo cayera al suelo, en cuanto sus piernas amortiguaron la caída pudo sentir un escalofrío subirle por la espalda, a sus pies había ya un pequeño charco de sangre que se había formado de la herida que tenía en el pecho, pero esa no era su principal preocupación, apretando los dientes para soportar el dolor comenzó a caminar hacia su tío que ahora se encontraba sentado apoyando su espalda contra la pared rocosa, su ropa estaba empapada de sangre, su final era inminente y ambos lo sabían, aun así aquel hombre sonreía y la miraba de forma victoriosa. - Morirás conmigo Avatar. - Rió y la sangre comenzó a asfixiarlo forzándolo a toser un par de veces.
- ¡¿Cómo es que usaste agua control?! - Gruñó ella tomando las ropas de Unalaq para presionarlo más contra la pared.
- Ahora sabes mi pequeño secreto. - Rió él y de nuevo volvió a ahogarse. - Los espíritus son bondadosos ¿No lo crees Avatar? - Sonrió pero cada segundo que pasaba parecía pesar una tonelada sobre los hombros de aquel hombre que comenzaba a perder el brillo en su mirada.
- ¡Unalaq! - Gruñó y una lágrima bajó por su mejilla mientras sacudía su cuerpo en un intento por hacerlo recobrar la conciencia, era demasiado tarde, cada bocanada de aire que era capaz de tomar parecía más pequeña que la anterior y más forzada hasta al fin liberó un profundo suspiro mientras su cabeza se inclinaba hacia la derecha hasta terminar recargada sobre su propio hombro, su mano derecha que había estado utilizando para cubrir la herida también liberó su agarre y cayó sobre el suelo repleta de sangre.
- ¡Maldición! - Sollozó ella y entonces comenzó a toser notando como pequeñas gotas de sangre salían de sus labios, no tenía tiempo que perder.
"Toma agua del estanque y utilízala para sanarte Korra, apresúrate." Escuchó una voz familiar que por el momento no era capaz de reconocer pero que le hacía sentirse aliviada.
La adrenalina parecía jugar su parte en el cuerpo de la morena pues no tenía problemas al moverse, al estar cerca del estanque pudo ver el reflejo de la luna en él lo cual le dio otra idea, con una mano tomó un poco de agua y con la otra comenzó a manipular su propia sangre para evitar que continuara escapando por la herida, cuidadosamente comenzó a evaluar el daño, su pulmón había sido perforado y su corazón había recibido una cortada no muy grande. - Vamos Korra. - Se decía a sí misma en un intento por no perder la calma, el sudor le bajaba por la frente y sus manos habían comenzado a temblar, debido a la sangre alojada en su pulmón tenía la sensación de estarse asfixiando y todo sin mencionar el dolor que ahora comenzaba a presentarse pues el efecto de la adrenalina comenzaba a desaparecer.
- ¡Vamos Korra! - Bufó forzándose a permanecer consciente, el agua del estanque era especial, eso lo pudo notar de inmediato pues sus tejidos habían comenzado a cerrarse al contacto, logró cerrar el pequeño corte en su corazón, gran parte de la perforación en su pulmón y algunos tejidos alrededor de la herida pero no podía más, el temblor en su cuerpo era algo que ya no podía controlar, la invadía el frío y se encontraba sumamente mareada, con dificultad se concentró lo suficiente para poder sacar de su pulmón la sangre que se había acumulado en su interior, con su mano guió aquel hilo de sangre desde su pulmón y a través de su garganta hasta que lo tuvo en el exterior y lo dejó caer.
Con la mirada borrosa miró alrededor contemplando el baño de sangre que se había hecho, el cuerpo de Unalaq yacía sin vida en una orilla de la cueva rodeado de su propia sangre y en el resto de la cueva había gotas y rastros que ella misma había dejado al desplazarse, al mirar hacia otro lado localizó el documento, parecía estar intacto, debía ir por él, pensó, sabía que aquello no tenía sentido si no era capaz de moverse y llevarlo con los espíritus pero sus pensamientos eran torpes y solo le quedaba el imperante deseo de seguir con su misión, el imperante deseo de continuar con vida y seguir con sus propósitos, el avatar debía ser algo más que solo una víctima o un tirano, el Avatar podía cargar alegría consigo y eso debía ser algo especial, pensaba mientras se arrastraba hacia el documento, cuando sus manos cubiertas de sangre pudieron alcanzar el documento lo sostuvo contra su pecho, al mirar hacia atrás de nuevo pudo ver que su sangre había formado un camino de pequeñas gotas color carmín, aquellas gotas eran significativamente más pequeñas que las anteriores pero indicaban que su cuerpo continuaba perdiendo aquel indispensable líquido.
Al recostarse sobre su espalda sintió como algo se incrustaba en su cadera, un objeto duro y rectangular que pronto reconoció como la radio, con esfuerzo lo tomó y encendió y de inmediato escuchó la voz de Bumi.
- ¡Korra! ¡¿Korra me escuchas?! ¡¿Korra estás ahí?! - Continuaba repitiendo con desesperación.
- Bumi... - Murmuró a penas.
- ¿Korra? ¿Korra eres tú? - Escuchó en respuesta, su fuerza ya no era suficiente para presionar el botón que le permitía transmitir y la sangre hacía que su dedo se resbalara.
- Bumi. - Intentó alzar la voz pero aquello fue poco más que un murmuro.
- Korra ¿Qué demonios pasó? ¿Por qué entraste al estado Avatar? - Cuestionó su amigo.
- Ayuda... - Gimió al sentir el dolor sobre su pecho después de hacer un pequeño movimiento.
- ¡Korra! - Escuchó la voz de Asami en la radio. - Bumi debes ir por ella. - Ordenó Asami.
- Estamos cerca, resiste Korra. - Respondió Bumi.
- Iré de inmediato. - Hablo Asami.
- No, Asami será mejor que nos esperes en nuestro edificio. - Sugirió Bumi. - Tengo todo cubierto por acá, no querremos iniciar una masacre con los pobladores del norte. - Explicó.
- ¿Cuánto tiempo te tomará llegar del lugar donde estás a tu edificio? - Preguntó la ojiverde.
- Tranquila Asami, aún no sabemos qué ocurre, en cuanto la vea te diré su estado. - Intentó calmarla.
- No soy idiota Bumi, también la escuche, algo no anda bien. - Gruñó ella. - ¿Korra estás ahí? - Habló con voz dulce en un intento por recibir respuesta pero los segundos pasaban y no había nada más que estática. - Por favor apresúrate Bumi. - Suplicó. – Yo estoy camino al portal.
Los ojos de la morena se mantenían cerrados, podía escuchar la conversación y le partía el alma escuchar a Asami tan preocupada pero no podía hacer más, quería poder hablar y decirle que todo estaría bien pero ya no tenía fuerza, su cuerpo ya no respondía a las órdenes que ella mandaba, pequeños escalofríos recorrieron su piel al sentir como finos copos de nieve caían sobre ella ¿Sería ese su final? Otro Avatar más caído a manos de aquella organización de la cual recién se había enterado de su existencia. Tal vez Zaheer tenía razón, todo era un ciclo sin fin del cual nunca podrían escapar, el Avatar y todas sus vidas deberían seguir el mismo camino una y otra vez hasta el final de los tiempos o hasta el fin de la existencia del Avatar mismo.
El tiempo ya no era algo relevante para ella, no tenía idea de cuánto llevaba ahí recostada y no estaba segura de estar consciente, pudo escuchar algunas voces pero no entendía lo que decían, podía escuchar la fina capa de nieve crujir bajo los pies de alguien, podía jurar que alguien la había levantado del suelo pero no estaba segura de nada ¿Continuaba con vida? ¿O esa extraña sensación de estar ahí pero ser incapaz de mover su cuerpo era como se sentía estar muerto? Ya no había dolor, ya no se sentía angustiada o presionada, estaba bien, se sentía a gusto, se sentía libre, se sentía en paz.
Había estática en el radio, había voces, pero notaba más la estática. Quería decirles a sus amigos que todo estaba bien, su cuerpo no dolía, no tenía frío y su cabeza ya no se encontraba mareada.
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Estática.
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Su cuerpo se sentía cálido como cuando se encontraba sentada bajo los rayos del sol, voces familiares la llamaban pero no podía verlos, todo a su alrededor era cubierto por una luz cegadora que daba la impresión de que aquel lugar era una habitación completamente blanca.
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- Asami... - Irrumpió la voz de Bumi que se distorsionaba a través de la radio. - Toma al maestro Agua que tienes contigo y apresúrate a la parte trasera de la ciudad del norte, trae a uno de mis hombres para que te indique el camino. - Su ronca voz se escuchaba débil y pesarosa.
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Estática.
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- Apresúrate por favor. – Suplicó sonando como un niño desesperado en busca de ayuda.
Hey! Y yo aquí de nuevo.
Que tal? A puesto a no esperaban la actualización tan pronto jojo!
(Ahora no me pueden decir que me tardé una convergencia armónica para contestar Ja!)
Y un saludo a Maria, vi tu comentario por ahí pero como no tienes cuenta no tuve a donde responder jaja, gracias por dejarme el review y espero que este capítulo también te haya gustado.
Como de costumbre un saludo a todos! Espero que estén todos a salvo, con eso de los terremotos y tormentas en mi bello país y en nuestro país vecino más arriba.
Les gustó el capítulo? Quieren que el siguiente salga pronto?
¿Recuerdan el juego que propuse en el capítulo 7?... Podría aplicar.
CHAU!
