Bitácora. Asami Sato. 7
10 de Febrero
La salud de Korra ha mejorado considerablemente, no sé si se trata de su indisposición por continuar en cama, o de las terapias con agua control o porque su cuerpo tiene una increíble capacidad para sanar pero desde que recobró la conciencia su recuperación ha sido rápida. Sus pasos son ya casi tan firmes como solían ser antes y el color de su piel ha recuperado su tono usual, la herida en su espalda aún tiene un brillante color rosado pero ya no es tan sensible como solía serlo un par de días atrás.
Lo que me preocupa es que siento que la mente de Korra comienza a cerrarse, poco a poco es como si una brecha estuviera apareciendo entre nosotras. Las primeras dos noches durmió a mi lado y me abrazó como una niña asustada. A veces lloraba, a veces despertaba agitada, las pesadillas parecen ser frecuentes pues batalla para quedarse dormida y despierta varias veces por noche. Claro que incidentes como esos no son algo que puedo pasar por alto y sin poder evitarlo tuve que preguntar al respecto, tal vez no debí hacerlo, la respuesta de Korra no fue lo que esperaba, en vez de considerar abrirse para desahogarse pareció cerrarse más, intentó no ser grosera conmigo, eso lo pude ver, pero con un rostro firme me dejó en claro que no estaba dispuesta a hablar al respecto.
El día de hoy desperté y ella no estaba a mi lado, desperté a las seis de la mañana así que ella debió haberse marchado alrededor de las cinco o incluso antes. Aunque las indicaciones de Tarrlok hayan sido mantenerse en cama no creo que eso vaya a ser posible, Korra no muestra tener ningún malestar más allá de cuando mueve su brazo izquierdo de vez en cuando pero de ahí en más no hay más evidencia de debilidad física, en realidad creo que Korra está acostumbrada a sentirse adolorida considerando la cantidad de heridas que su cuerpo ha soportado a lo largo de los años y eso le ha ayudado en esta ocasión.
La angustia se ha rehusado a salir de mi pecho, aunque la apariencia física de Korra se muestra bien yo sé que la herida que más me interesa aún se encuentra abierta, la herida que se hizo dentro de su mente tras aquellos traumáticos eventos, esa lejos de estar sanando parece estarse agravando, como cuando no atiendes una herida y comienza a infectarse, siento que no me está permitiendo atender esos pensamientos tóxicos que contaminan su razón y la situación comienza a empeorar.
No sé si se trata de figuraciones mías pero ayer me pareció ver un poco de hostilidad de Korra hacia sus padres, fue algo leve, un pequeño gesto que pareció afectar mi percepción del resto de la interacción pero podría jurar que así era, Korra se sentía irritada con la presencia de sus padres en la habitación.
Intento no pensar demasiado al respecto, también la he visto leyendo en múltiples ocasiones el documento de la vida de Zaheer, lo lee como si intentara encontrar las fallas que ni yo misma he logrado ubicar, todo se encuentra perfectamente documentado y sin importar cuanto he consultado en la biblioteca de los espíritus todo señala hacia la misma dirección, la civilización que la gente tenía en aquel entonces iba a terminar tarde o temprano pues su crecimiento era descuidado y poco considerado para las generaciones futuras y para el bienestar del planeta.
Al ponerme de pie me percaté de que el documento no está sobre el escritorio lo cual me da una idea de la posible ubicación de Korra, tal vez decidió que era momento de entregarlo a los espíritus y partió para hacer entrega del dichoso encargo que por poco le cuesta la vida. No hay más que pueda hacer más que continuar con mi día y esperar que Korra vuelva pronto.
A la hora del desayuno mi padre y yo compartimos la mesa con los padres de Korra y de forma inevitable me preguntan por ella, claro que no puedo responder más que con la verdad y les informo que Korra partió temprano por la mañana pero que lamentablemente no les puedo asegurar hacia donde se dirigió. Senna se muestra preocupada y Tonraq logra ocultar su angustia un poco mejor pero aun así puedo ver esa mirada en sus ojos que refleja su malestar.
- Tranquilos, el cuerpo de Korra se ha recuperado casi por completo así que no corre peligro al caminar por ahí sin ningún tipo de compañía. - Intenté mejorar un poco el ambiente en la mesa.
- No ha querido desayunar con nosotros, o comer... - Se lamentó Senna y yo suspiré, Korra prefiere comer a solas conmigo, al inicio pensé que se debía a su debilidad... ahora parece ser que el motivo de ese comportamiento proviene de otro lado.
- Tranquila Senna. Korra pasó por un momento difícil... es natural que le lleve un poco de tiempo volver en sí. - Dijo Tonraq en un intento por calmar un poco a su esposa.
- Korra es una chica fuerte, saldrá adelante, solo hay que darle un poco de tiempo. - Agregó mi padre.
- Así será. - Dije y suspiré.
El día pasó con lentitud mientras yo seguía esperando a que Korra volviera, pero no hubo señales de ella sino hasta las siete de la tarde cuando me dirigí hacia el acantilado donde solemos platicar. Ella se encontraba sentada en la roca de siempre observando la playa, no había nada más que silencio mientras sus ojos se perdían observando a la distancia.
No quería interrumpir sus pensamientos así que tomé asiento a su lado sin decir ni una sola palabra, ella no me dirigió la mirada, no hizo ningún cambio, su mente estaba perdida en lo que parecía ser un acertijo que no era capaz de resolver, un acertijo que requería de toda su concentración sin dejar espacio para mi presencia.
Ambas continuamos en silencio durante poco más de una hora, yo también miré el horizonte y dejé a mi mente divagar con todo tipo de ideas, no era mi intención forzarla a hablar si ella no quería así que en vez de eso simplemente la acompañaría, quería que supiera eso, que yo estoy aquí para ella.
- Le entregué el documento a Wa Shi Tong. - Su voz cortó el silencio y la miré de reojo, su mirada continuaba mirando a la distancia, su mente seguía perdida. - ¿Sabes lo que me dijo después de leerlo? - Suspiró. - Que los humanos se lo tenían merecido, que el Avatar había sido cordial al permitirles un final así pues el final que les habría tocado cuando el planeta se hubiese terminado de podrir habría sido mil veces peor. - La escuché reír sin humor mientras sacudía la cabeza. - ¿Por qué no puedo probar que lo que sea que hizo Zaheer no fue lo correcto? - Gruñó revolviendo su cabello. - ¿Eso qué significa? ¿Qué yo también puedo arrebatarle la vida a otras personas y decir que es por un bien común? ¿Si yo lo decido puedo eliminar a los rebeldes? ¿Matarlos a sangre fría y obligar a todos a trabajar para mejorar el mundo en el que vivimos? - Bufó y dejó sus hombros caer en señal de derrota.
El silencio volvió a reinar entre las dos pues podía ver que había más ideas revoloteando en su cabeza y no quería interrumpirla. - Oh ¿Sabes que más dijeron? Que no tienen idea de cómo es que otro humano además de nuestros amigos pudo haber obtenido los poderes de un maestro agua. Dicen que ellos no les han otorgado poderes a otras personas... pero Unalaq lo dijo por sí mismo, los espíritus le dieron esos poderes. - Parecía haber terminado sus reclamos así que me aventure a hablar.
- No creo que el camino de Zaheer haya sido el adecuado. - Hable con suavidad y de nuevo las lágrimas corrieron por el rostro de mi amada Avatar. - Y no creo que tú quieras forzar a lo que resta de la humanidad a seguirte. - Volví a hablar acercándome un poco a ella para poder envolverla entre mis brazos mientras comenzaba a sollozar. - Y no creo que los espíritus te hayan mentido, ellos detestan que los humanos sean mentirosos así que ellos mismos no serían así, ellos no le darían poder a una persona para que lo usara en contra del Avatar, los espíritus también te necesitan Korra. - Continué reconfortándola mientras lentamente comenzaba a quedarse dormida entre mis brazos.
El tiempo pasaba yo continué ahí sentada con ella durmiendo sobre mis piernas hasta que sentí que yo misma debía dormir, acariciando su cabello suavemente la desperté y le indiqué que era momento de ir a casa, así ambas caminamos hasta nuestra habitación para refugiarnos bajo las cobijas.
15 de Febrero.
Mis sospechas de que algo no anda bien con la conciencia de Korra se han confirmado, cada día que pasa se aleja más, a veces llora conmigo pero luego se compone y continúa actuando de forma extraña. La inquietud que tiene está acabando con su alegre personalidad, siempre anda seria caminando por el pueblo, siempre a solas y siempre en silencio. En cuanto a su salud física Tarlok dice que no se podría encontrar mejor, Korra ha retomado sus entrenamientos, se ejercita por las mañanas y en las tardes, el brazo izquierdo aún parece resentir la herida que tiene sobre su pecho pero lo ha sabido sobrellevar bien. Korra no se encuentra lejos de recuperar la condición que tenía antes del incidente, parece determinada a recuperar toda su fuerza en el menor tiempo posible pero no tengo ni la menor idea de cuál sea el propósito de eso, lo único que mi mente es capaz de idear es que tal vez esté planeando volver al lado de Bumi aunque aquello no tendría sentido... es difícil saber cuándo ella no ha estado compartiendo nada.
Yo me encuentro sentada dentro de mi taller trabajando con una celda solar portátil, esto del fuego control me ha ayudado una infinidad en cuanto a tecnología se refiere, puedo malear los materiales con facilidad y fijarlos entre sí sin tener que pasar por procesos complicados. Mientras trabajo no puedo evitar repasar mentalmente todo lo ocurrido hasta el momento. Sai descansa a mi lado, el pequeño y tranquilo espíritu me ayuda a calmarme un poco, su presencia siempre ayuda en momentos difíciles y me supongo que es por eso que debemos trabajar para devolver a los espíritus a este mundo, ellos tienen esa capacidad para influir en nuestras tierras y en nuestros sentimientos y estado de ánimo, los espíritus están más en contacto con la naturaleza y forman parte importante del equilibrio de nuestro mundo.
- ¡Asami! - Escuché la voz de Opal llamando en la puerta, la inquietud en su voz me alertó obligándome a abandonar mis actividades de inmediato.
- ¿Qué ocurre Opal? - Pregunté al abrir la puerta.
- Es Korra, un joven se acercó a ella mientras ella descansaba en la plaza y... no sé qué ocurrió pero se inició una pelea. - Me miró con angustia. - Mako intentó intervenir pero Korra terminó golpeándolo sin querer y después de eso se fue. - Arrugó las cejas y desvió la mirada. - El joven está en la clínica pero no se a donde fue Korra. - Suspiró.
Mis ideas comenzaron a ir y venir a toda velocidad ¿Quién sería lo suficientemente estúpido como para molestar a Korra? Es evidente que la chica sabe pelear y que está en condición para partirle la cara a quien se atreva a meterse en su camino, mis cejas se arrugaron mientras encontraba una posible respuesta. - El joven ¿De casualidad no se llama Tahno? - Pregunté mirando a Opal.
- Si, me parece que ese era su nombre. - Dijo un tanto insegura.
- Si, eso pensé. - Suspiré, Tahno suele hacer eso, suele buscar a Korra cuando tiene la oportunidad y la molesta con sus estúpidos comentarios, la diferencia ahora es que Korra no está siendo ella misma y estas son las consecuencias.
- ¿Cómo está Tahno? - Suspiré intentando tranquilizarme.
- Bien... recibió un par de golpes antes de que Mako pudiese intervenir. - Suspiró. - Considerando que se enfrenta a Korra... no le fue tan mal. - Dijo casi en un murmullo.
- Gracias por avisarme Opal, iré a buscar a Korra. - Concluí cerrando la puerta del taller detrás de mí.
Intenté buscarla, en su escondite, en el acantilado y en el bosque pero no había señal de ella, luego de resignarme decidí visitar la casa de Tahno para verificar su estado y para hablar con él, el sol estaba a punto de esconderse y al pasar cerca de la tumba de Amon distinguí la silenciosa figura de Tarrlok, su semblante triste mientras observaba la pesada roca que marcaba la tumba del líder rebelde que una de mis balas había puesto a dormir para siempre.
La angustia sobre mi pecho comenzó a crecer a medida que me acercaba a él, no he querido preguntar nada al respecto y aunque al inicio pensaba que era por respeto a su privacidad ahora creo que fue por miedo a averiguar la verdad, Tarrlok se ha encargado de mantener esta tumba limpia a pesar de todos los insultos y basura que la gente solía venir a dejar y escribir en la roca para expresar su desagrado por la cultura rebelde.
- Buenas noches señorita Asami. - Me recibió con aquel simple saludo.
- Buenas noches Tarrlok. - Respondí tomando asiento a su lado.
- Tahno fue estúpido al provocar al Avatar. - Comentó con una pequeña sonrisa.
- Escuché lo que paso. - Dije con pesar dejando mis hombros caer. - ¿Cómo está Tahno?
- Tiene un moretón marcado en el estómago y uno de sus ojos se cerró por completo tras recibir un solo golpe de esa chica. - Rió por lo bajo. - Korra sabe cómo dar un golpe. - Afirmo sonando un tanto impresionado. - Lo golpeo con rabia y Mako también tiene el pómulo del rostro inflamado por el fuerte golpe que recibió del codo de nuestra Avatar. - Concluyó encogiéndose de hombros.
- Korra no está siendo ella misma. - Murmuré.
- No ¿Pero la puedes culpar? - Me miró analizando cada una de mis reacciones. - Es el Avatar, no me puedo imaginar la infinidad de infiernos que ha tenido que atravesar para seguir con su camino y tras lo ocurrido en el norte, donde casi pierde la vida, es natural pensar que algo en ella debe haberse corrompido. - Suspiró y sus ojos volvieron a mirar la roca que marcaba la tumba de Amon.
- Siempre hay un límite, un punto del cual nadie puede pasar. No es como si existiese alguien que pueda soportar una cantidad indeterminada de injusticias o tragedias, tarde o temprano caerá la gota que derramará el vaso y entonces es difícil llegar a ellos. - Suspiró y arrugó las cejas. - A veces la corrupción de este mundo puede tener alcances inimaginables, a veces puede llegar a personas que tú nunca te imaginarías fueran vulnerables a dicha corrupción. - Sus ojos continuaban mirando la roca. - A veces no te das cuenta de que tanto han estado cargando hasta que es demasiado tarde. - Su mirada cayó al suelo mientras entrelazaba los dedos de sus manos que se encontraban descansando sobre sus piernas.
- Tarrlok... - Murmuré. - Amon... - Intenté iniciar pero el negó con la cabeza antes de que pudiera seguir.
- No quiero hablar de él. - Pausó. - Lo que ocurrió con él debía pasar tarde o temprano, yo lo sabía y por eso me alejé de su lado. El rumbo que había tomado era obscuro y estaba lleno de eventos trágicos y desagradables. - Se forzó a hablar mientras apretaba sus manos una contra otra. - Era mi hermano. - Aclaró. - Mi padre era líder de un grupo rebelde y desde que nacimos nos trató como basura, fue estricto y demasiado severo en sus castigos. Mi hermano y yo crecimos detestando a los sucios rebeldes y la ola de terror que cargaban consigo, para un niño es terrible tener que crecer en un ambiente repleto de violencia... Amon siempre me protegió para evitar que yo viera más de la cuenta.- Volvió a pausar ante aquellos dolorosos recuerdos.
- Entonces mi hermano ideó un plan para escapar y me llevo con él, yo pensaba que al igual que yo aquel mundo lo había dejado horrorizado y lo suficientemente cansado como para nunca considerar volver a él. - Bufó. - Pero no fue así, unos cuantos años después planeó el asesinato de mi padre y él tomó su lugar. - Negó con la cabeza y pasó saliva con dificultad.
- Yo no podía volver a eso, yo no podía someter a otras personas a vivir lo que yo había vivido y odiado con toda mi alma. - Gruñó. - Así que escape... llegué aquí y empecé de nuevo pero la vida sabe cómo jugar malas bromas. Sabía que el final de mi hermano sería trágico pero al menos no estaría cerca para saber de él, al menos eso pensaba hasta que apareció en nuestras puertas y tú debiste ponerle un alto. - Concluyó logrando dejar mi mente en blanco. Yo había asesinado a su hermano, yo puse esa bala en su cabeza ¿Qué podía decirle? Me sentía atrapada en una situación en la que nunca me hubiera imaginado estar, la muerte de Amon fue un evento traumático para mí por el simple hecho de haberle arrebatado la vida a otra persona, pero ahora aquello se volvía peor, un familiar de Amon se encontraba frente a mí hablándome de él y haciendo evidente el dolor que le causaba su pérdida.
- No te preocupes. - Volvió a hablar Tarrlok al ver el terror en mis ojos.
- No sabes cuánto lo siento. - Suspiré y una lágrima bajó por mi mejilla. - No había sido mi intención asesinar a nadie aquel día pero de no haberlo hecho... - Pausé al recordar el momento en el que aquel hombre tenía a Korra bajo amenaza.
- Si no lo hubieras hecho habríamos perdido a otro Avatar más. - Dijo él mirando hacia las estrellas. - Cuando me aparté de él y de su grupo decidí trabajar en contra de los rebeldes, hacer todo lo opuesto a lo que ellos hacían, los grupos rebeldes me robaron mi infancia, me robaron a mi madre y al final también a mi hermano... los detesto y detesto todo en lo que ellos creen. Por eso mi trabajo es preservar la vida, por eso mi trabajo es apoyar al Avatar... porque no quiero que más gente viva lo que mi hermano y yo vivimos. - Concluyó y esta vez fue su rostro el que fue partido por una lágrima silenciosa que bajo por su piel.
- Aun así él era tu hermano Tarrlok. - Comenté. - Debiste decirnos antes... - Dije con un poco de inseguridad.
- No, al principio su muerte me llenó de rencor pero entendí al verte que aquella acción había sido tu último recurso, no podía decirte que Amon era mi hermano sin arriesgar tu estado de Animo, no quería dejar caer esa carga sobre tus hombros... no cuando estabas en el proceso de convertirte en la asombrosa líder que eres ahora. - Me ofreció una pequeña sonrisa. - Gracias a ti mis sueños están más cercanos a ser realidad, esos libros de medicina y el poder del Agua me han dado la capacidad de ayudar a la gente como nunca antes. - Aquella sonrisa crecía en su rostro a medida que las palabras continuaban fluyendo. - Si mi hermano hubiera conocido algo mejor estoy seguro que él también estaría aquí ayudando en lo que le fuera posible. - Dijo y guardamos silencio.
- Korra está pasando por un momento difícil... su mente duda, es natural. - Pausó y yo permanecí en silencio. - Pero mantengo mis esperanzas en alto, el Avatar hará lo correcto, el Avatar es la única persona capaz de poner alto a la locura que los rebeldes reparten por el mundo... - Me miró. - Pero necesita sentirse apoyada, el Avatar siempre pelea por sí mismo porque el terror que la gente le tiene a los rebeldes no les permite actuar en su contra. - Dijo con seriedad.
- Lo sé. - Respondí volviendo la mirada hacia la roca. - ¿Crees que sea demasiado tarde para rescatarla? - Murmuré pues no quería pensar en esa posibilidad.
- No. - Respondió de inmediato. - Porque ella tiene el poder para destruirnos a todos y no lo ha hecho. - Sus ojos siguieron los míos y se posaron sobre la gran roca frente a nosotros. - Cuando alguien se ha corrompido por completo no hay manera de traerlos de vuelta, mi hermano nunca miró atrás. - Explicó. - Korra debe resurgir de las cenizas, pero le tomará un tiempo, ha vivido demasiadas cosas. - Hablaba con tranquilidad y de nuevo reinó el silencio.
-Mandaré a hacer una lápida digna de tu hermano. - Hablé luego de un momento.
- Los pobladores no lo aprobarían. - Dijo con una triste sonrisa en el rostro.
- No tienen por qué aprobarlo, deben saber que los rebeldes también son personas y nosotros no seremos mejor que ellos si seguimos marcando distinciones y señalándolos como a basura. - Concluí poniéndome de pie. - La muerte de Amon no fue un ejemplo para que todos siguieran, fue algo que no pude evitar pero que si lo hubiera podido hacer lo habría hecho sin pensar. - Cruzamos miradas y Tarrlok sonrió.
- Noatak. - Escuché. - Noatak es su nombre, es el nombre que quisiera ver sobre la lápida. - Explicó y yo sonreí.
- Noatak será. - Accedí y me despedí para continuar mi camino de regreso a casa pues no creía ser capaz de encontrar a Korra, debía esperar a que volviera y en mi interior sabía que lo haría.
En casa tuve que enfrentarme de nuevo a mi padre y los padres de Korra preguntando por su ubicación, en el fondo ellos saben que ella está siendo distante con todos pero conservan la esperanza de que yo pueda aclarar un poco sus dudas. Lamentablemente no pude hacer más que decirles que no tenía noticias suyas y luego de la cena me retiré a mi habitación a descansar. No estoy segura si fue debido a la noticia del lazo de sangre entre Amon y Tarrlok o por el estrés provocado por lo ocurrido con Korra pero me sentía agotada y no pasó mucho tiempo antes de que mis ojos se cerraran involuntariamente obligándome a caer en un sueño profundo, había caído rendida luego de dejarme caer hacia atrás sobre la cama así que aún llevaba puesta mi ropa del día y mi calzado pero nada de eso parecía incomodarme mientras continuaba durmiendo.
En plena obscuridad pude sentir como mis botas eran retiradas cuidadosamente al igual que mi pantalón, no me alarmé pues conocía aquellas manos y la dulce voz que me reclamaba por haberme quedado dormida de tal manera.
- ¿Cómo puedes estar tan a gusto durmiendo así? - Repitió con un tono que me era ya familiar, no necesitaba abrazarme o decirme lo que sentía, su voz me envolvía con el cariño que era dedicado exclusivamente para mí. - Ven, muévete un poco, no puedo subir a la cama así. - Me tomó con sus fuertes brazos y me movió sin problema alguno cubriéndome con las cobijas, la escuché caminar en la habitación otro poco hasta que al fin subió a la cama y se recostó a mi lado, yo suspiré y continué descansando, no estaba del todo dormida pero tampoco completamente despierta mientras sentía como las manos de Korra acariciaban mi cabello, al cabo de un momento se acercó a mí y me estrechó con fuerza hundiendo su rostro en mi cuello, parecía querer escapar de lo que sea que estuviese en su mente en esos momentos, poco a poco fui recuperando el uso de mis sentidos e instintivamente me di la vuelta para envolverla entre mis brazos.
- Lamento no haber vuelto antes. - Murmuró.
- Quisiera entender lo que te ocurre Korra... - Respondí de la misma manera.
- Es... complicado. - Suspiró pesadamente. - No quiero hablar al respecto. - Volvió a aclarar aquel punto que tanto me irritaba y que me estaba comenzando a cansar, pero no estaba segura de que hora era y no sabía si Korra ya había dormido algo antes de venir aquí y yo misma no me sentía con ánimos de pelear.
- Hoy descubrí algo. - Inicié luego de un momento.
- ¿Qué cosa? - Respondió en un suspiro que parecía comenzar a ayudarle a relajarse.
- Tarrlok... es hermano de Amon. - Dije sin poder evitar recordar la escena cuando aquella bala hizo caer el cuerpo del líder rebelde.
- ¡¿Qué?! - Se enderezó un poco para verme a los ojos y era claro que se sentía preocupada por aquella noticia, estaba preocupada por mí. - Es por eso que siempre visita la tumba... - Murmuró dándose un tiempo para razonar antes de volver a concentrarse en mí. - ¿Estás bien? - Preguntó de inmediato y yo sonreí.
- Estoy bien... me contó su historia y me dijo que todo está bien... me siento un poco culpable pero él insistió en que no debía sentirme así. - Expliqué agachando la mirada.
- Este mundo está de cabeza. - Murmuró ella acercándose para depositar un beso sobre mi frente.
- Ni que lo menciones. - Suspiré acercándome para ocultar mi rostro en su cuello, los minutos pasaban y yo me limitaba a disfrutar escuchando el latir de su corazón y el ritmo de su respiración mientras ella acariciaba mi brazo con su mano dibujando pequeños círculos y espirales sobre mi piel.
- Korra. - Hablé adormilada.
- Dime. - Respondió del mismo modo.
- ¿Por qué golpeaste a Tahno? - Intenté averiguar su versión de la historia.
- Porque el idiota sigue molestándome diciendo cosas de ti. - Dijo con calma y yo reí. - Y no estaba de humor... - Agregó.
- ¿Té enojas con más facilidad? - Me aventuré a preguntar.
- No es eso... - Volvió a tensarse. - Es solo que no estoy tranquila, me siento confundida y perdida... no tengo mente para tratar con cosas que no necesito como las palabras de Tahno. - Intentaba explicar sin entrar mucho en detalle. - Tuve que ir a casa de Mako a disculparme. - Otro suspiro escapó de sus labios. - Quisiera explicarte más pero no puedo. - Concluyó y yo sabía que no debía presionar más de la cuenta.
- Estoy aquí Korra... para lo que sea que necesites. - Aseguré y de nuevo dejamos que el silencio llenara la habitación mientras ambas caímos presas del sueño.
21 de Febrero.
Korra tuvo una discusión con sus padres, al parecer Tonraq intentó hablar con ella debido a la distancia que ha estado teniendo con ellos y todo terminó en una acalorada discusión alrededor del tema de Unalaq, yo sabía que le había molestado que sus padres no le hubieran dicho que aquel hombre en realidad era su tío pero no sabía hasta qué grado le había afectado, la discusión se llevó acabo en nuestra casa así que me fue inevitable escuchar cuando Korra y Tonraq comenzaron a alzar la voz.
Luego de unos cuantos minutos de escuchar la disputa Senna entró a la habitación pero no pasó mucho antes de que Korra saliera caminando a toda prisa sin darle oportunidad a nadie más de dirigirle una sola palabra más.
Últimamente desaparece por las tardes, lleva su abrigo con ella lo cual me hace pensar que está viajando a un lugar frío, le he preguntado y me dice que pasea por el mundo espiritual pero sospecho que también existe la posibilidad de que visite a Bumi en el Norte, aunque no tendría sentido ir y venir todos los días, sé que ella habla con él a diario por la radio y como es de esperarse no tengo idea de lo que hablan pues nunca estoy ahí cuando lo hacen.
Personalmente me encuentro atrapada en un dilema, entiendo que Korra necesita tiempo para asimilar todo lo que pasó en el norte pero otra parte de mí comienza a impacientarse, ella se ha cerrado por completo a la posibilidad de compartir conmigo sus preocupaciones, incluso nuestras conversaciones normales se han vuelto limitadas, siempre se le ve inquieta mientras camina por ahí y solo por las noches vuelve a mi lado para dormir, siempre me abraza, como si sostuviera algo sumamente preciado, como si temiera perderme, me abraza en silencio y me sostiene a su lado hasta el amanecer lo cual me deja un poco inquieta, temo abrir los ojos en la mañana y no encontrarla a mi lado y que el día pase y ella no vuelva.
Luego de verla desaparecer tras la puerta no intenté alcanzarla, sabía que no tenía caso, si el Avatar no quería ser encontrado no habría manera de que una sola persona pudiese hacerlo, con tristeza miré la angustia reflejada en el rostro de Tonraq y Senna que se encontraban de pie a la mitad de la sala.
- Lo siento Senna, es mi culpa que esto haya pasado. - Se disculpó Tonraq. - No debí haberle ocultado lo de Unalaq cuando se acercó a preguntar. - Suspiró.
- Lo hicieron para protegerla... no es su culpa. - Les dije para reconfortarlos, Tonraq sabía que Korra no atacaría a Unalaq si ella sabía que él era miembro de su familia y eso podría haber puesto en riesgo la vida de Korra porque el enemigo podría tomar ventaja de sus dudas, entendía a ambos lados, entendía los motivos de los padres de Korra y entendía a Korra, se sentía traicionada y si añadimos a eso toda la confusión que el documento de Zaheer causó en su mente es fácil anticiparse a sus reacciones o su modo de pensar. Korra se siente perdida y no encuentra la manera de volver en sí.
Luego de la conmoción me dirigí hacia el taller para continuar trabajando en la motocicleta. Lo que intento hacer es un motor eléctrico, al fin logré crear una celda solar portátil que sirva para recargar distintos artefactos eléctricos pero mi objetivo principal es poder recargar el motor de la motocicleta, así no necesitaría del combustible para funcionar. Este proyecto me ha ayudado a mantener la calma aunque no se por cuánto tiempo más pueda seguir así, esto debe parar y temo que el día en que la enfrente las cosas no salgan del todo bien.
1 de Marzo.
No me he podido quedar de brazos cruzados, Korra continúa con su comportamiento errático a pesar de todos los intentos de sus amigos y familiares por ayudarla, ni Katara o Toph han sido capaces de sacarla del estado en el que se encuentra, ambas dicen que a pesar de haber estado acostumbradas a lidiar con los berrinches de Korra cuando pasaba por la adolescencia este nuevo comportamiento que adoptó va más allá de lo que ellas están acostumbradas a manejar, el problema principal es que Korra no está permitiendo que nadie se acerque, incluso Opal parece estar fuera de alcance, ha intentado hablar con ella pero ha fallado al igual que el resto de nosotros y al ser incapaz de sentarme a ser otro espectador más he decidido ir en busca de respuestas, algo que me ayude a sacarla del agujero en donde está atorada.
Ahora mismo me encuentro en el mundo de los espíritus recorriendo los coloridos paisajes en busca de un espíritu en particular.
Aunque Wa Shi Tong es el espíritu de la sabiduría también es un espíritu difícil de convencer y uno que no favorece mucho a los humanos, a pesar de que ha depositado un poco de su confianza en mí se ha negado a contarme lo que sabe por experiencia propia sobre los tiempos del Avatar obscuro, dice que esos tiempos son algo que no desea compartir con los humanos de hoy en día y no fui capaz de convencerlo de lo contrario.
Me sentí decepcionada y claro bastante triste al no poder obtener la información que estaba buscando, no tenía idea de en donde más buscar o a quien más acudir cuando un pequeño espíritu parecido a una hoja se acercó a mí y me ofreció ayuda, dijo que Wa Shi Tong no es el único espíritu que tiene una vasta cantidad de conocimiento, dijo que había más espíritus habitando en este mundo con la capacidad de proporcionar más opciones para mí.
Así que aquí me encuentro siguiendo al pequeño espíritu a través del mundo espiritual, luego de adentrarnos en una densa selva llegamos a un claro donde había una mesa arreglada para tomar el té. -Llegamos justo a tiempo. - Celebró el pequeño espíritu apresurándome para hacerme tomar asiento en la mesa. No estaba segura de que esperar, al pasar el tiempo más espíritus se unieron y platicaban entre ellos sobre todo y nada, era extraño presenciar a los espíritus actuando de esta manera, Sai por su parte es diferente, para empezar el no habla, se comporta como si fuera un simple animal a excepción que él si entiende todo lo que hablamos, así que él descansaba a un lado de la mesa mientras que todos hablaban, uno que otro espíritu que se sentía curioso sobre mi presencia se aventuraba a preguntarme cosas, poco a poco comencé a relajarme al ver que ninguno de estos espíritus tenía una reacción hostil hacia mí.
Y como siempre es de esperarse en este mundo algo extraño ocurrió, pude ver a un hombre salir de entre la selva, de cabello cano, baja estatura y una barba larga y tupida, sus ojos color miel me miraron con alegría al tiempo que una sonrisa se formaba en su rostro.
- ¿Un humano en el mundo de los espíritus? - Hablé sin pensar.
- Esa iba a ser mi frase. - Rió entretenido, en su mano derecha sostenía una vieja tetera que humeaba, sin perder la calma o la concentración en lo que sea que estaba haciendo aquel hombre tomó asiento a un lado mío. - Aunque tenga la apariencia de un humano yo ya no soy uno. - Me sonrió y comenzó a servir el té.
- ¿Cómo es eso posible? - Lo miré un poco confundida, su apariencia no daba señales de que este hombre fuese algo más que un humano.
- Solo soy un espíritu. - Rió. - El espíritu de un hombre. - Especificó y continuó sirviendo hasta que me otorgó uno de los vasos. - Toma, espero que sea de tu agrado. - Volvió a darme una de esas contagiosas sonrisas suyas y yo no pude hacer otra cosa más que aceptar.
- Gracias. - Sonreí y tomé el vaso entre mis manos.
- Él te puede ayudar con lo que buscas. - Habló el pequeño espíritu que me había traído hasta aquí.
- Mi nombre es Iroh. - Extendió su mano hacia mí.
- Asami. - Respondí tomando su mano en respuesta.
- ¿Qué hace una joven tan bella en este mundo? - Preguntó con tranquilidad, su voz era reconfortante, Iroh daba la sensación de estar compartiendo el tiempo con un viejo amigo, sentía que podía confiar en él.
- Busco respuestas. - Respondí mientras mis ojos se perdían observando el vapor que se elevaba de mi vaso de té.
- Oh, el mundo de los espíritus está lleno de respuestas... y misterios. - Dijo asintiendo con la cabeza.
- Busco respuestas sobre el mundo del pasado. - Lo miré con esperanza y él se detuvo a pensar.
- El pasado, el pasado guarda muchas historias. ¿Cuál es la que tú buscas? - Me miraba con atención.
- La historia del Avatar obscuro. - Suspiré sintiendo la angustia acumulada en mi pecho, debía haber una manera de ayudar a Korra.
- La historia de un hombre cuyo nombre marcó el destino del mundo. - Respondió. - La historia que muchos quisieran olvidar y muchos más quisieran borrar. - Añadió. - Y tú la quieres conocer. - Alzó una ceja mirándome con una pequeña sonrisa en sus labios.
- Necesito saberla, necesito encontrar una manera de abogar por las personas que él asesino, el Avatar actual accedió a un documento que Zaheer mismo escribió y ahora se encuentra fuera de enfoque. - Mi mirada volvió a descender hasta que me encontré mirando el suelo.
- Korra. - Habló él. - Una jovencita valiente y fuerte. - Sonrió.
- Sí. - Sonreí y al mismo tiempo la sonrisa en el rostro de Iroh creció.
- Puedo ver el amor que sientes por ella. - Comentó. - Esa sonrisa es la más sincera que puede existir en este mundo, las sonrisas que salen del corazón son también las más hermosas. - Asintió con la cabeza y sorbió de su te antes de continuar.
- Debo ayudarla, el documento del Loto Rojo... - Intenté explicar pero él me interrumpió. - Ese documento es solo una parte de la historia, las historias siempre tienen más de una versión dependiendo de quién la narre. - Habló con seguridad. - No hay una sola verdad, cada quién juzga en base a su propia opinión. Lo que puede ser bueno para unos es malo para otros. - Continuó su explicación. - La única manera de que encuentres lo que buscas es que veas los hechos como ocurrieron y tú misma generes una opinión al respecto. - Me volvió a sonreír y se puso de pie.
- ¿Ver los hechos? ¿Cómo? - Lo miré confundida y él extendió su mano hacia mí para ayudarme a ponerme de pie.
- Ven conmigo. - Ordenó y yo tomé su mano y comencé a caminar detrás de él.
- Hay muchas cosas que los espíritus sabemos y no podemos compartir, en el mundo de los espíritus todo depende de tu estado de ánimo o de tus deseos, las cosas cambian a tu alrededor dependiendo del control que tengas sobre ti mismo. Así que si deseas ver las historias del mundo pasado podrás hacerlo, solo deberás encontrar el medio adecuado. - Concluyó sosteniendo mi mano y de pronto parecíamos habernos transportado a una parte completamente diferente del mundo espiritual.
El lugar que nos rodeaba era obscuro, la tierra era seca y escarpada, alrededor no había nada de árboles a excepción de uno solo que se elevaba en el centro del terreno, aquel árbol era enorme pero no tenía hojas, en su centro había un enorme hueco, yo lo miraba con curiosidad y examinaba cada uno de sus detalles a medida que nos acercábamos a él.
- El árbol del tiempo. - Habló Iroh. - Este árbol guarda las memorias de todo lo que ha pasado desde el inicio de los tiempos. - Pausó al tomarse un tiempo para escalar una de las raíces del árbol. - Alguna vez también sirvió como la prisión de Vaatu, el espíritu de la obscuridad. - Volvió a pausar mientras sus ojos contemplaban el hueco ahora vacío del árbol como si se encontrara pidiendo algún deseo o repasando alguna historia mentalmente.
- ¿El espíritu de la obscuridad? - Pregunté con curiosidad siguiéndolo de cerca.
- Hay algo que debes saber antes de que intentes acceder a las memorias del árbol. - Señaló sin dejar de avanzar hacia el interior del árbol, cuando estuvimos dentro Iroh caminó hasta el centro donde tomó asiento y palmeo el lugar a su lado en señal de que debía acompañarlo de la misma manera. - Raava y Vaatu son los espíritus de la luz y de la obscuridad respectivamente. - Inició a relatar cuando me hube sentado a su lado.
- Ellos peleaban desde el inicio de los tiempos, siempre luchando por el control de uno sobre el otro hasta que un buen día un humano interrumpió en su lucha obligándolos a separarse. - Sonrió. - El primer Avatar, conocido como el Avatar Wan, ese fue el origen del maestro de los cuatro elementos, al separar a los espíritus de la luz y la obscuridad Wan había roto el equilibrio y debió ayudar a Raava a atrapar a Vaatu, gracias a esa travesía Wan obtuvo el poder de los cuatro elementos y en el proceso también se fusionó con el espíritu de Raava. - Pausó para asegurarse de que estuviera entendiendo.
- En una lucha llamada "Convergencia Armónica" Raava y Vaatu disputaban el lugar para dominar sobre el otro y esto ocurre cada diez mil años, dependiendo del lado ganador hay diez mil años de luz u obscuridad. - Miró hacia el techo de madera que nos cubría. - Wan debió efectuar aquella batalla y afortunadamente resultó ser el ganador, al final de la batalla selló a Vaatu en el interior de este árbol y así perduró por años y años. - Suspiró. - Pero con el tiempo y las cosas que pasaban en el mundo humano Vaatu comenzó a ganar más fuerza, las peleas entre humanos y espíritus, la contaminación, la violencia, la injusticia, el rencor, todo fue alimentando a Vaatu hasta que fue capaz de escapar de este lugar. - Sus ojos volvieron a enfocarse sobre mí, sus palabras eran serias y sabía que esta historia tendría relación con los acontecimientos ocurridos durante la vida de Zaheer.
- Cuando Vaatu se liberó se integró a nuestro mundo, Vaatu es un espíritu, no lo podrán ver, solo sentirán su influencia en las personas y en todo lo que nos rodea. En aquellos tiempos la energía de Vaatu era muy fuerte y ya que él y Raava están conectados sus fuerzas funcionan como una balanza, Vaatu se vuelve fuerte y Raava se debilita. - Señaló. - Raava vive dentro del Avatar y es el motivo por el cual el Avatar reencarna. - Volvió a tomarse un tiempo para pensar sus siguientes palabras. - El Avatar es la persona más difícil de corromper por el espíritu de luz que vive dentro de él... pero en aquellos días Vaatu se aprovechó de la debilidad de Raava e ingresó en la mente de Zaheer. - Concluyó poniéndose de pie. - Si quieres ver lo ocurrido en el pasado deberás cerrar los ojos y meditar, debes sentir la energía del árbol y conectar con él. - Me explico brevemente antes de encaminarse a la salida. - Esto es lo más lejos que te puedo llevar Asami, el resto depende de ti. - Escuché su voz alejándose paso a paso.
- Gracias Iroh. - Murmuré con los ojos ya cerrados, esto no sería tarea fácil, nunca he meditado y no tengo ni la más mínima idea de cómo hacerlo pero debo intentarlo, debo hacerlo por Korra. De nuevo una lluvia de ideas inundaba mi mente, Vaatu y Raava, el Avatar es la luz y siempre pelea contra la obscuridad, nunca había escuchado tal historia y ahora sentía que respetaba a los avatares incluso más que antes.
El tiempo comenzó a pasar y yo no encontraba manera de conectar con ningún tipo de energía ¿Qué se supone que debía sentir? Suspire, los minutos pasaban y mi paciencia iba disminuyendo. - Maldición. - Bufé con molestia, tenía que hacer esto, debía lograrlo o de lo contrario no sería capaz de ayudar a Korra.
- No puedo hacerlo Sai. - Murmuré al sentir al espíritu frotar su cabeza contra una de mis manos, al abrir los ojos me di cuenta de que Sai no era visible, yo estaba segura de que él estaba aquí conmigo porque estaba acostumbrada a sentir su energía, cuando el pequeño zorro se hizo visible se encontraba sentado a mi derecha tal como yo lo había sentido. - ¡Sai eres un genio! - Sonreí y volví a cerrar los ojos, Sai es un espíritu, un espíritu que me acostumbre a sentir, siempre siento su energía cuando está cerca, si puedo sentir la suya debo poder sentir otras de la misma manera, al menos ahora tenía una idea de que era lo que buscaba percibir.
Me tomó un poco más de una hora pero poco a poco comencé a sentir las cosas que me rodeaban, algunos espíritus en el exterior del árbol, el agua que fluía por un pequeño río cerca de aquí, energía, el mundo espiritual estaba repleto de ella y no me había percatado, solo había recibido esa extraña sensación que te envuelve cuando entras por primera vez a este maravilloso lugar pero había pensado que se trataba de la impresión de ver todas las maravillas que sus paisajes ofrecen y nunca me había percatado de que en realidad el aire está repleto de energía.
Continué mi búsqueda hasta que al fin pude sentir al árbol, había resultado más complicado detectarlo a él pues su energía era demasiado grande y se confundía con todo lo que me rodeaba, como cuando puedes ver una roca o una flor en un paisaje pero no te percatas del viento que te rodea y envuelve, así era la energía de este árbol pero había logrado distinguir su pulso, al hacerlo me concentré en él hasta que poco a poco comencé a ver una infinidad de imágenes, nada estaba relacionado, eran imágenes aleatorias, pude ver a distintos tipos de personas en distintas épocas.
- Necesito ver a Zaheer. - Murmuré como una petición sin perder la concentración sobre su energía y así de pronto las imágenes parecieron sortearse hasta que surgió una en particular, un pequeño niño maestro aire, la infancia de Zaheer.
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- ¿Qué haces Zaheer? - Habló una dulce mujer al acercarse al pequeño que permanecía en cuclillas observando el pasto con atención.
- Una flor saldrá de ese pequeño botón. - Respondió sin despegar la mirada del pasto.
- Es verdad. - Sonrió ella poniéndose en cuclillas al lado del niño.
- ¿No es hermoso? Cómo la naturaleza desarrolla vida de forma tan espontánea. - Comentó el pequeño.
- Lo es. - Volvió a sonreír la mayor al ver el interés de aquel niño por la naturaleza, los maestros aire siempre habían destacado por estar en paz con todo lo que los rodea, pero Zaheer era especial, además de ser el nuevo Avatar también era un niño con una personalidad única, desde una edad temprana siempre había destacado por su manera de pensar, él siempre estaba dispuesto a ayudar a otros y amaba a la naturaleza y el mundo que lo rodeaba, en ese entonces el futuro era prometedor, un Avatar con tales cualidades parecía ser lo que el mundo más necesitaba en esos momentos.
Años más tarde, cuando Zaheer comenzó a vivir su adolescencia se notó otra gran cualidad suya, la capacidad de concentrarse y mantener su mente fría sin importar lo que ocurriera, no fue un joven rebelde ni problemático, muy por el contrario Zaheer se había tomado seriamente su identidad como Avatar y había dejado impresionados a cada uno de sus maestros al ser capaz de aprender sus lecciones casi instantáneamente. El joven meditaba por las mañas y por las noches, en las tardes entrenaba y en su tiempo libre investigaba sobre el estado actual del mundo en el que vivía. Desde la primera vez que fue obligado a salir del pequeño pueblo de maestros aíre donde nació había quedado abrumado por la imagen de las ciudades, aquellas urbes de metal le habían parecido cárceles repletas de problemas, la gente que habitaba en ellas se mostraba miserable y esclavizada bajo un sistema consumista que los privaba de enfocarse en tener una vida feliz y plena.
Cuando al fin fue un Avatar completo su rostro fue difundido por el mundo entero, los Avatares siempre eran presentados al mundo luego de concluir su entrenamiento y de inmediato comenzaban a formar parte de todas las importantes juntas de los líderes mundiales.
Zaheer llegó a las mesas de juntas con un sin fin de iniciativas y planes de vida, tenía planes de respaldo para todo tipo de problemas y una infinidad de cambios planeados para las grandes corporaciones. Lamentablemente para el joven Avatar los líderes no tenían interés en nada de eso, aquellas primeras experiencias no bastaron para apagar el espíritu del Avatar, Zaheer salía a las ciudades y pueblos a hablar con la gente en un intento por hacer conciencia sobre el mundo en el que vivían y la manera de ayudarlo.
La orden del Loto Blanco siempre estuvo de acuerdo con los planes de Zaheer y se ocupaban buscando maneras de ayudar para hacer de esos planes algo posible, fue así como comenzaron a contactar con grupos activistas y empresas dispuestas a hacer un cambio, todo parecía marchar bien, a pesar de todas las veces que Zaheer fue rechazado en las juntas de los líderes el siempre volvía e insistía, siempre con la esperanza de que algún día alguno de aquellos líderes accediera a sus términos.
Durante sus meditaciones Zaheer accedía al mundo de los espíritus, fue ahí donde se encontró con un espíritu que nunca antes había visto, un espíritu de colores negro y rojo, aquel espíritu se acercó a él con conversaciones casuales y nada profundas. El espíritu le contaba sobre la historia del mundo y todos los problemas que la humanidad había pasado a lo largo del tiempo, sus historias interesaban al Avatar pues intentaba entender la fuente del afán que tenían los humanos por generar problemas que ellos mismos debían enfrentar, pero las historias de aquel espíritu comenzaban a colar ideas dentro de la mente del Avatar, poco a poco comenzó a ponerlo de su lado y a compartir opiniones sobre posibles soluciones para la humanidad, el Loto Blanco no se percató de este contacto hasta que fue demasiado tarde, Zaheer había escuchado a Vaatu.
El espíritu de la obscuridad le había inculcado la idea de que el ciclo del mundo era así, era trágico pero siempre se regeneraba, siempre nacía algo nuevo de las cenizas de civilizaciones antiguas, lo convenció de que sus esfuerzos eran en vano, lo convenció de que nadie nunca lo escucharía ya que la naturaleza de las personas era auto destructiva, la única solución era empezar de nuevo, propuso el espíritu y aunque el Avatar no reaccionó de inmediato guardó la idea en el fondo de su mente, idea que luego fue detonada cuando su familia fue amenazada por los líderes que toda su vida había estado intentando convencer.
La obscuridad del mundo había dormido a Raava y el Avatar cayó preso de la influencia de Vaatu, la peor derrota de la obscuridad sobre la luz había ocurrido a las espaldas del mundo entero.
- ¡Es Zaheer! - Habló un viejo maestro tierra al interrumpir en una importante junta del Loto Blanco.
- ¿Qué hay de él? - Preguntó otro sabio de edad avanzada.
- ¡Ha perdido el control! ¡Está destruyendo Ciudad República! - Respondió desesperado.
- ¿Qué? - Dijo un joven poniéndose de pie, aquel joven era el hijo mayor del Avatar, un hombre tan recto y firme como su padre, un maestro aire ejemplar. - Eso no puede ser. - Negó con la cabeza mientras el horror comenzaba a reflejarse en su rostro.
- ¡Les dije que Vaatu lo había alcanzado! - Habló una sabia anciana maestra fuego.
- Eso es imposible, Raava no puede ser contaminada. - Respondió otro hombre.
- Raava está debilitada. - Habló el hijo del Avatar. - La hemos llevado al borde del colapso, Zaheer fue tocado por Vaatu. - Concluyó y una lágrima bajó por su rostro.
- ¿Qué haremos? - Preguntó un joven maestro agua.
- Derrotarlo. - Respondió el hijo de Zaheer. - Como la organización de maestros más fuertes que existe, el Loto Blanco tiene la responsabilidad de detener la amenaza. - Rectificó.
- Joven Jetsun... - Murmuró el anciano sentado a su izquierda sosteniendo su hombro.
- Es nuestro deber. - Repitió y salió de la sala que de pronto había caído en un silencio sepulcral, uno a uno los viejos maestros comenzaron a abandonar la sala de juntas, la amplia mesa central tenía marcada en ella el símbolo del Loto Blanco, la cede de aquella organización estaba ubicada en Ba Sing Se así que debían apresurarse a viajar a la ciudad en apuros.
Aquella sala quedó abandonada, el logo sería enterrado en escombros tras los fatales ataques a la fortaleza, nadie vería los temas que aquellos maestros trataban cuando fueron interrumpidos por la terrible noticia. La gente comenzaba a cansarse de sus gobiernos y comenzaban a exigir justicia, los pueblos seguían y apoyaban al Avatar, todos querían un nuevo inicio.
Se estaba trabajando un plan de reforma mundial que venía tratándose tres generaciones de Avatares antes de Zaheer pero que gracias a los constantes esfuerzos del Avatar en curso El Loto Blanco estaba más cerca que nunca de lograr introducir el cambio. Era cierto que los gobiernos estaban demasiado corruptos, pero el pueblo tenía los ojos abiertos, no podían soportar más injusticias y buscaban una alternativa, una alternativa que nunca llegó tras los ataques del Avatar obscuro y la recién formada Orden del Loto Rojo.
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El viento soplaba a mi alrededor revolviéndome el cabello, poco a poco volvía en mis sentidos, podía escuchar el agua del río fluir en el exterior, pasó un tiempo antes de que pudiese abrir mis ojos pues me encontraba asimilando las imágenes que me habían sido mostradas, aquellos eran los hechos tal cual habían ocurrido, no eran la narración de nadie, era como haber viajado al pasado y haber vivido aquellos momentos. Zaheer había sido contaminado, sus decisiones no habían sido hechas en base a pensamientos propios, Vaatu había contaminado su mente, esta información le serviría a Korra, esta información debía ayudarla a salir del laberinto que su mente había creado, debía servir de algo, debía ayudar en algo y ahora lo que debía hacer era esperar para poder ver a Korra y decirle lo que sabía.
Con nuevas esperanzas volví a casa, ya era tarde, pasaba de media noche así que intenté ser lo más silenciosa posible a medida que avanzaba por los pasillos de la casa, al llegar a mi habitación esperaba ver a Korra recostada en cama pero para mi sorpresa ella no estaba ahí, debido a la hora no tenía a quién preguntar si Korra había vuelto durante el día, la radio tampoco estaba, Korra siempre la carga consigo, siempre está al pendiente de Bumi, creo que algo no anda bien con ellos pero no estoy segura pues no me ha comentado nada al respecto, eso no evita que pueda notar la angustia en su mirada cuando termina de hablar con él.
Korra guarda demasiados secretos que pesan sobre sus hombros, puedo ver que aquellas verdades ocultas consumen gran parte de su energía. Si la pudiera comparar con algo sería una bomba de tiempo, no creo que alguien sea capaz de soportar tantas cosas, ni aunque se trate del Avatar, Korra terminará derrumbándose o explotando y aunque la idea me cause tristeza no hay nada que pueda hacer si ella no me permite acercarme.
4 de Marzo.
Han pasado tres días desde mi visita al mundo de los espíritus y de mi gran descubrimiento, me he dado a la tarea de documentar esa historia antes de olvidar cualquier detalle que mi mente aún sea capaz de recordar, todo está en orden, el único problema es que Korra no ha aparecido, desde el día de mi expedición nadie la ha viso.
Claro que mi preocupación me llevó a elaborar otro radio, tuve que salir a las ruinas a buscar partes pero logré armarlo, transmití por la frecuencia que siempre usamos pero no hubo más que estática, Bumi tampoco respondía y no hace falta decir que eso me preocupó aún más, el segundo día de su desaparición transmití varias veces a distintas horas hasta que escuché una respuesta. "Asami, estoy bien. Volveré pronto." Continué preguntando por su ubicación o por los motivos de su desaparición pero no hubo más respuestas, de lo que estaba segura era de que se encontraba dentro del área de transmisión lo cual abarcaba las Tierras Frías del Norte, las del Sur y los alrededores de este pueblo. Su respuesta me ayudó a tranquilizarme un poco pero la paciencia se me ha terminado, ella y yo ya no hablábamos como solíamos hacerlo, Korra se encuentra completamente cerrada a la idea de involucrarme en sus asuntos y aunque sé que el cariño que nos guardamos sigue intacto nuestra relación es débil pues no hay relación si no tenemos comunicación.
He intentado dar lo mejor de mí pero no puedo más, no podemos seguir así, tendré que enfrentarla y ser honesta, si no está dispuesta a compartir lo que sea que la está molestando yo no puedo seguir en esta relación, no es que sea entrometida si no que debido a lo que sea que está ocultando su comportamiento ha cambiado drásticamente, puedo estar al lado de una Korra lastimada y dispuesta a recuperarse pero no al lado de una Korra cerrada, si ella no me permite acercarme yo no tengo nada más que hacer a su lado.
6 de Marzo.
Llorar sirve para desahogarte, estas dos últimas noches no he podido evitar hacerlo y aunque me ayuda a aliviar un poco el dolor aún me siento agobiada por toda la situación, Korra no se ha molestado en contactarme, no se ha molestado si quiera en hacerme saber que está bien, así que no hay manera de saber si está bien o si necesita ayuda, no tengo idea de a donde fue o porque así que si quisiera buscarla no sabría por dónde empezar, todas las emociones se acumulan en mi cabeza y no me queda otra más que llorar.
Dediqué mi tarde a trabajar en la motocicleta, todo parece estar en orden, el motor eléctrico funciona bien y no se han presentado complicaciones, he sacado la motocicleta a dar una vuelta un par de veces y todo pinta de maravilla, solo hacía pequeños ajustes y arreglos que eran ya por mera estética, la verdad estaba dispuesta a hacer cualquier cosa que me mantuviera distraída de la maraña de emociones que tenía en la cabeza. Los padres de Korra siguen aquí y claro que se han mostrado preocupados, yo no tengo nada más que decirles y ahora yo misma me encuentro escapando de la realidad al evadirlos, no quiero preocuparlos al verme llorando por ahí y tampoco puedo hacer que la gente del pueblo se preocupe por mí, así que aquí me encuentro en el taller cubierta de sudor y grasa mientras Sai descansa a mi lado.
El sol comenzaba a ocultarse cuando escuché el sonido de la escotilla de roca al ser movida, de inmediato dirigí mi mirada hacia la entrada que Korra había elaborado para mí, solo ella podía acceder a aquella recámara, solo ella o un maestro tierra pero nadie además de nosotras sabía de la existencia de aquel túnel. Cuando la escotilla se elevó pude ver aquellos ojos azules que tan bien tenía grabados en mi memoria, en aquel momento no pude evitar que mis sentimientos tomaran el control de la situación, no podía aguantar más.
- Asami... - Murmuró, podía ver la culpa en sus ojos, tal vez reaccionó así al ver mi rostro pues aunque estuviera arrugando las cejas y la mayor parte de mi lenguaje corporal indicara que me encontraba molesta, mis ojos se habían llenado de agua, con los brazos cruzados frente a mi pecho bufé. - Yo... - Intentó explicar pero no le permití continuar.
- Espero que lo que vayas a decir sea la explicación de todo lo que ha estado pasando en tu cabeza durante estos últimos meses porque si no lo es no me interesa escuchar. - Advertí con tono severo mientras una lágrima bajaba por mi rostro.
- No puedo hacer eso... - Murmuró desviando la mirada terminando de salir del túnel.
- Bien, entonces ahórrate la molestia de decir cualquier otra cosa. - Concluí dándome media vuelta y volviendo a tomar los materiales con los que estaba trabajando, Korra no dijo nada y yo no planeaba contradecir mis palabras así que continué con mis actividades.
- Asami. - Murmuró con debilidad y aunque la había escuchado no le presté atención. -Asami. - Repitió alzando un poco la voz.
- ¿Necesitas algo? - Pregunté mirándola por encima del hombro, me alegraba verla bien, me alegraba verla sana y salva pero había un enorme nudo en mi garganta que me impedía disfrutar de aquella alegría, estaba triste, me sentía frustrada y no podía seguir guardando esos sentimientos, no lo podía seguir aguantando.
- Lamento no haberte podido decir a donde iba. - Suspiró.
- Yo también lo lamento Korra, lamento haberme tenido que quedar aquí e intentar explicarle a tus padres que no tenía idea de a donde habías ido, lamento haberme tenido que tomar la molestia de crear una radio para intentar comunicarme contigo solo para obtener una sola y fría transmisión, lamento haber tenido que pasar mis noches preguntándome si te encontrabas en algún tipo de peligro y lamento haberme alentado a ser paciente contigo con el fin de ayudarte, de verdad pensaba que si te daba el tiempo necesario tarde o temprano decidirías abrirte y dejarme ayudar pero las cosas parecen ir por el camino contrario, te estás alejando Korra. - Pausé y sus ojos me miraban con sorpresa y remordimiento.
- No pensé tardarme tanto tiempo. - Dijo con voz débil, Korra no era ilusa, sabía que ese no era el problema principal y aun así estaba intentando escaparse con aquella excusa así que eso solo logró molestarme aún más.
- ¡Olvida eso Korra! - Alcé la voz. - ¿Por qué no has podido hablarme sobre los rebeldes? ¿Crees que soy tan ilusa como para no darme cuenta de que lo que sea que hacías con ellos te tenía devastada? Dejé de preguntar para darte tu espacio y permitirte descansar un poco pero eso ya pasó y aun así me quieres lo más lejos posible cuando hablas con Bumi por la radio. ¿Por qué no me dices lo mucho que te molesta lo que leíste en el documento de Zaheer? ¿Por qué no me dices lo mucho que te duele el recuerdo del rostro de Unalaq antes de morir entre tus manos? ¿Por qué no me dices lo mucho que te duele que tus padres no hayan sido sinceros contigo? - Pausé notando como mis puños se encontraban cerrados fuertemente y mi respiración se había vuelto pesada, estaba furiosa, pero eso no era todo, las lágrimas que corrían hablaban por el dolor que todo aquello me causaba, estaba liberando todos los dolorosos sentimientos que había estado guardando por tanto tiempo.
- Yo sé que me quieres Korra, lo sé por la manera en que te acercas a mi cuando vienes a dormir, me sostienes cerca como si tuvieras miedo a perderme y al llegarse la mañana vuelves a levantar tus paredes. - Suspiré haciendo una breve pausa, aquellas palabras no eran fáciles de pronunciar pero debían ser dichas. - Lamento decirte esto Korra pero no puedo ser solo un objeto de consuelo, disponible para ti solo para esperar el momento en que decidas usarme de apoyo. Si voy a ser tu pareja tienes que aceptar que seré parte de tu vida Korra y deberás incluirme en tus actividades, al menos deberías ser capaz de hablar conmigo sobre lo que haces y planeas... de lo contrario... lo nuestro no tiene sentido. - Concluí manteniendo una mirada seria.
- Yo... yo no... - Balbuceo y un par de lágrimas surcaron su rostro. - ¡Hago esto para protegerte! - Gruñó a la defensiva.
- ¿Oh así que es eso? - Respondí con tono retador. - ¿Y no te has puesto a pensar que la que necesita protección en estos momentos eres tú y no yo? - Argumenté y ella me miró confundida.
- ¿De qué hablas? - Sacudió la cabeza. - Eso no tiene sentido. - Bufó.
- ¿No lo tiene? Te saqué del Norte moribunda y te ayudé a volver, eres tú la que está confundida y la que necesita una mano. ¿De qué debes protegerme? Hemos repelido a todos los grupos rebeldes que se han acercado y lo hemos hecho con suma facilidad. Soy la líder de este pueblo que por cierto vive prósperamente sin ayuda externa, mi alimentación es mil veces mejor que la de cualquier persona viviendo fuera de este pueblo y tengo el privilegio de poder entrenarme física y mentalmente todos los días. Así que te pido que despiertes, yo estoy bien Korra, tú no. - Mi voz resonaba en las paredes del taller.
- Yo estoy bien... - Habló entre dientes.
- ¿Lo estás? - Reí sin humor. - Porque desde el punto de vista del resto del mundo tu existencia parece ser miserable. - Señalé. - Siempre con una expresión triste y llena de angustia o simplemente llena de rabia. - Me encogí de hombros. - Así que por favor explícame ¿Cómo es que eso es estar bien? - volví a cruzar mis brazos frente a mi pecho esperando por su respuesta.
- Debo cuidar de ustedes, el Loto rojo es algo diferente. - Inició.
- Entonces déjalos que vengan, los enfrentaremos aquí, no tienes por qué enfrentarlos sola. - Hablé molesta pero con un tono un tanto suplicante.
- No ¿Leíste lo que escribió Zaheer? Cuando la gente no supo que más hacer para detenerlo acudieron a su familia. - Bufó.
- Si, lo hicieron, pero tú no eres Zaheer. - Inicié. - Me tomé el tiempo de investigar con los espíritus sobre la verdad de aquel Avatar obscuro... hay un par de cosas importantes que fueron omitidas de su historia. - Dije con la esperanza de ganar su atención y tal vez lograr alcanzarla y sacarla del obscuro lugar al que había caído.
- ¿Qué más dan uno o dos detalles más? Igual se dio a la tarea de eliminar al mundo entero. - Suspiró.
- Es importante que me escuches. - Intenté razonar con ella.
- No, he tomado una decisión. Hubo problemas en el norte y me necesitan de vuelta en Ba Sing Se. No puedo quedarme y no puedo seguir arriesgándote. - Más lágrimas rodaron por su rostro, parecía estarse dando el tiempo necesario para poder formular sus siguientes palabras.
- Korra escúchame. - Insistí dando un paso hacia adelante.
- No. - Retrocedió un paso.
- Korra déjame ayudar. - Suplique.
- No puedo ponerte en peligro Asami, no soportaría verte metida en apuros por mi culpa. - Más lágrimas salieron de sus ojos mientras que nuestras miradas continuaban conectadas, yo sabía lo que quería decir aunque no estaba de acuerdo con aquella decisión porque sabía que podíamos tener algo mejor.
- Korra... - Murmuré.
- Es mejor que nos separemos. Soy el Avatar, debo cumplir mi misión y siento que si sigo a tu lado no seré capaz de hacer las cosas bien. - Habló al fin y yo me detuve.
- El mundo no cambiará siempre que el Avatar continúe siendo el único dispuesto a actuar. - Hablé con seguridad sintiendo como el corazón se me hacía añicos, Korra se mostraba decidida y yo sé que cuando ella se ha decidido por algo no cambiará de parecer, nuestra relación había terminado y ella me había prohibido ayudar.
- No puedo Asami, no puedo involucrarte. - Suspiró.
- ¿Tienes miedo de que te juzgue? - Pregunté limpiando las lágrimas que continuaban bajando en silencio por mi rostro, Korra agachó la mirada y guardó silencio. - Sabes que no lo haría, no sin antes escucharte. - Dije sabiendo que su voluntad no se doblaría.
- No puedo involucrarte más de lo que ya lo he hecho. - Repitió.
- Bien, no lo hagas. - Logré recobrar un poco de compostura. - Pero antes de que te vayas permíteme entregarte algo, es lo menos que puedo hacer para ayudar al Avatar a fortalecerse para salvar al mundo que yo misma pretendo ayudar. - Pedí y ella me miró con duda. - Espera aquí. - Ordené y volví a casa en busca del pequeño documento que había escrito con lo que aprendí en el árbol del tiempo.
- Aquí tienes. Espero que esto te ayude en tú camino Avatar. - Sentencié dándome media vuelta, Korra se iría de nuevo pero esta vez no tendría garantizado su regreso.
- Gracias. - Murmuró con debilidad. El silencio reinó y cada segundo que pasaba parecía clavarme una aguja en el pecho a medida que escuchaba sus pasos acercándose a la puerta, luego de un momento volví a escuchar su voz. - Adiós... - Resonó dentro de mi mente, una dolorosa despedida que se llevaba consigo mucho más de lo que yo podría haber imaginado, al mirar atrás vi las puertas abiertas del taller y a la distancia vi su silueta pero me sorprendió ver un enorme animal caminando a su lado, me tomó un tiempo pero al final lo reconocí, era el pequeño espíritu que encontré cerca del portal de las tierras del Sur, sus enormes huellas acompañaban a las de Korra, no tenía idea de en qué momento se había dado a la tarea de acercarse a aquel espíritu pero me brindaba un poco de tranquilidad ver que de alguna manera estaba siendo acompañada.
5 de Abril.
Los padres de Korra se fueron al día siguiente de su partida, pude ver que ninguno de los dos se sentía bien con el desenlace que habían tenido las cosas con su hija, pero al igual que yo comprendieron que no había nada que pudieran hacer, Korra estaba continuando con su misión de Avatar y lo hacía a su manera, no podíamos meternos en su camino si ella no nos quería ahí y así me despedí de Senna y Tonraq.
Katara, Toph y Kya decidieron quedarse aquí, las maestras quedaron maravilladas con el pueblo, aunque Toph no lo admita puedo ver que disfruta la tranquilidad cuando descansa en los parques recostada en el césped. Ambas, Katara y Toph habían estado buscando un lugar tranquilo donde no fueran perseguidas y por eso moraban en el Sur pero al parecer estas tierras menos gélidas les han parecido más apropiadas para pasar el resto de sus días.
En la radio no ha habido nada, con Korra en Ba Sing Se no hay un rango de alcance, Bumi tampoco responde, Korra mencionó que había problemas pero no me dio detalles, así que no sé qué fue de Bumi y sus hombres, tampoco se para que necesitan a Korra en Ba Sing Se, aquellas ideas siempre me molestan cuando me encuentro en silencio, cuando no estoy ocupada haciendo alguna de mis actividades como líder, debí volver a tomar el poder pues el trabajo de líder sirve para mantenerme lo suficientemente ocupada y concentrada en las necesidades del pueblo y me impide pensar más de la cuenta.
Mako me visita en las noches, ambos charlamos sobre las cosas que hacemos durante el día, él entiende el dolor que me invade, me contó sobre aquella vez que Korra partió por primera vez, yo sé que él la quería, yo sé que él pidió acompañarla y ella se negó, Mako me entiende mejor que nadie en el pueblo y es por eso que su presencia me ayuda a mejorar mis ánimos. Mako es un buen amigo y se preocupa por las dos, aún no puede creer que Korra no me haya permitido ver más allá de las paredes que elevó para dejar a todos fuera, según la teoría de Mako, Korra siempre ha tenido un lugar especial para mí, un lugar que me otorga privilegios por encima de los demás, yo también sentía que ella me permitía acercarme más de lo normal pero eso cesó luego de los sucesos en el norte.
Hasta el momento me ha resultado imposible dejar de llorar por las noches, no es que llore por horas y horas, simplemente no puedo contener las lágrimas que llenan mis ojos al recordar su presencia a mi lado, me cuesta asimilar la idea de que ella y yo no volveremos a estar juntas porque no encuentro el motivo de nuestra separación, más allá del temor de Korra por compartir sus miedos no hay nada más, yo sé que ella me quiere tanto como yo a ella y aun así no podemos estar juntas, eso no tiene sentido y no me ayuda a llenar el hueco que siento en el pecho.
¿Entonces seré para siempre de Korra y ella para siempre mía pero nunca estaremos juntas? Porque así se siente, no creo ser capaz de superarla, en primer lugar porque no me he convencido de lo contrario, no quiero superarla, y en segundo lugar porque no siento que el cariño que guardo por ella valla a desaparecer, nuestra conexión es diferente, no sé explicarlo con palabras, solo lo siento dentro de mí, si no es Korra no puedo estar con nadie más a mi lado, no mientras ella siga viviendo en el mismo mundo que yo.
Así he tenido la sensación de que ninguno de los pensamientos en mi cabeza tienen sentido, quiero continuar con mi vida en el pueblo pero mi corazón quiere seguir a Korra y no logro respaldar ninguna de las dos ideas de forma lógica.
Ahora mismo me encuentro sentada en nuestro acantilado, está atardeciendo y yo no hago más que recordar a Korra ¿Por qué no me permitió apoyarla? Bufé, ella seguía argumentando de que era por mi propia seguridad pero yo no gano nada al estar segura, claro, viviré en el pueblo y lo ayudaré a seguir creciendo, lo cual no es malo, pero siento vació al no verla a mi lado cuando esto suceda, es como si aquel brillante futuro no tuviera el sentido de satisfacción que debería tener, es como si estuviera hueco y carente de significado, entonces claro, viviré una larga y próspera vida pero carecerá de emociones que en verdad me llenen, seré una saludable anciana gruñona y moriré insatisfecha.
- Suena como un sueño hecho realidad ¿No lo crees Korra? - Comenté con ironía.
- De nuevo en este lugar. - Escuché a mi padre acercándose por detrás.
- Lo siento ¿Me estabas esperando para cenar? - Lo miré por encima del hombro con una débil sonrisa.
- No, solo quise venir a charlar contigo, o a pasar el rato a tu lado... en realidad no importa siempre y cuando pueda disfrutar de tu compañía. - Sonrió cálidamente tomando asiento a mi lado.
- Gracias. - Suspiré.
- Siento que no te tendré así por mucho tiempo. - Habló tranquilamente sin despegar la mirada del cielo.
- ¿A qué te refieres? - Lo miré un poco confundida.
- A que tarde o temprano deberás tomar una decisión y presiento que esa decisión te llevará lejos de aquí a donde no podré verte o protegerte... - Pausó y una pequeña risilla salió de sus labios. - Aunque no es como si necesites de mi protección. - Suspiró. - Has crecido tanto. - Sonrió y me miró con atención, pude notar como en su mente revivía distintas memorias, lo pude ver en la nostalgia que reflejaba su mirada.
- No estoy segura padre. - Negué con la cabeza. - Ella me dijo que no quería mi ayuda. - Suspiré agachando la mirada.
- Y hasta el momento has permanecido aquí, un mes llevando a cabo las actividades que te corresponden como líder y aunque las haces tan bien como siempre no puedo ver en ti esa chispa que te caracteriza. Tu mente está en otra parte. - Explicó y otro suspiro salió de mis labios.
- Ella no cambiará de parecer. - Murmuré.
- Y tampoco creo que tú lo hagas... - Rió. - Ambas son demasiado obstinadas. - Señaló y yo sonreí.
- Pero si me voy ¿Qué pasará con el pueblo? - Lo mire preocupada.
- El Pueblo ha crecido demasiado para que una sola persona se encargue de todo lo que ocurre en él, propongo que armemos un grupo que se encargue de tomar las decisiones y de tratar con los problemas que se presenten. - Sonrió.
- No suena tan mal. - Lo medité por un momento. - Pero quien sea que esté en ese puesto debe estar al tanto de que ser líder no es sinónimo de tener poder, no quiero que la sensación de poder los corrompa y guíe por el camino equivocado. - Pensaba en voz alta.
- No jerarquías, la misma ley que hemos tenido desde el inicio. - Repitió mi padre.
- Así es. - Sonreí. - No puedo dejar el pueblo, no así. - Bufé. - No quiero que caiga en los mismos errores de las civilizaciones del pasado. - Lo miré con preocupación.
- ¿Confías en mí? - Preguntó y yo asentí con la cabeza.
- ¿Confías en Lin? ¿En Mako? ¿En Tarrlok? - Añadió y yo reí por lo bajo.
- Está bien, creo que entiendo tu punto, elegiremos a personas de confianza. - Sonreí.
- Así es. - Asintió con la cabeza mostrándose satisfecho.
- ¿Y qué hay de la conexión con los espíritus? - Recordé, alguien debía seguir visitando la biblioteca de Wa Shi Tong para traer más conocimiento al pueblo.
- Dijiste que Jinora es buena con esos temas ¿No es así?
- Cierto. - Asentí con la cabeza.
- Es posible, el pueblo sobrevivirá a tu partida. - Suspiró y volvió a ver las estrellas.
- Hablas de ello como si fuera un hecho que yo me valla a ir. - Medité sintiéndome un poco nostálgica ante la idea de dejar el pueblo.
- ¿Estás diciendo que no pasará? - Rió y me miró alzando una ceja.
- No. - Sonreí desviando la mirada.
- Sé que te irás, tus motivos de seguir al Avatar van más allá de solo el cariño que compartes con ella, hemos hablado muchas veces al respecto y siempre mencionas que no crees correcto que el Avatar deba hacer todo solo, tus motivos de ir tras el Avatar alcanzan el interés que tienes en cambiar las ideas que tiene el mundo de que el Avatar es un héroe solitario que no necesita ayuda alguna. Siempre tienes la mente puesta en metas con grandes propósitos. - Pausó. - Primero fue el pueblo, pero el pueblo ya se sostiene solo, ahora sigue el mundo y para alcanzar ese sueño solo hay un medio y ese es el Avatar. - Concluyó con elocuencia, él tenía razón, mis motivos van más allá de mi romance con Korra, a su lado he aprendido muchas cosas, el camino del Avatar es pesado y por lo tanto no debería ser efectuado por una sola persona, yo he decidido cambiar esa idea y seguiré esa meta sin importar lo que pase, el mundo debe cambiar para poder avanzar, ese es mi camino y Korra no puede interferir en eso.
- Gracias. - Me acerqué a mi padre y lo abracé con fuerza. - No sé qué haría sin ti. - Lo estreché entre mis brazos y permanecí ahí por un largo rato, tanto él como yo sabíamos que los siguientes días serían los últimos que tendríamos asegurados para disfrutar de nuestra compañía, luego de mi partida no sabíamos si volveríamos a vernos o el tiempo que nos llevaría volver a hacerlo.
La decisión estaba tomada.
22 de Abril
Todo estaba listo, los nuevos líderes del pueblo serían Lin, Mako y mi padre, las decisiones serían tomadas en grupo y las tareas serían divididas, así el servicio brindado sería más adecuado y rápido, Lin continuaba encargada de todas las cuestiones relacionadas con la seguridad, mi padre se encargaría de escuchar a las personas y sus necesidades, Mako trabajaría con las cuestiones legales, y entre todos debatirían las leyes que regirían el pueblo porque sabíamos que tarde o temprano debería haber más leyes para regular a una mayor población, pero debían ser leyes justas y adecuadas para que la gente tuviera orden sin perder sus libertades.
Varrick era el nuevo encargado de desarrollar la tecnología que hiciera falta para los avances que aprobaría la mesa directiva, Tarrlok seguiría siendo el jefe en el área de la salud, Tenzin tomaría el lugar de líder en agricultura y Opal, que parecía haber decidido quedarse a vivir aquí, había tomado el rol de líder en el tema de uso óptimo de los recursos, Kya por su parte había comenzado a elaborar un plan de estudios básicos para los recién llegados y los niños. Todo parecía marchar de maravilla, todo estaba en orden y yo no tenía por qué preocuparme.
El día de hoy partí en cuanto salió el sol, haciendo uso de mi motocicleta y llevando conmigo una mochila con provisiones suficientes para un mes me puse en camino a las ruinas de la que alguna vez fue la impresionante ciudad de Ba Sing Se.
La despedida fue larga, muchas personas vinieron a desearme la mejor de las suertes, muchos otros intentaban darme consejos para evitar problemas en el exterior y claro mis amigos me llenaron de hermosas palabras que me servirían para recordar en momentos difíciles. La parte más difícil fue despedirme de mi padre, mis ojos se llenaron de lágrimas que me negaba a dejar caer pero que al final terminaron siendo limpiadas por sus cálidas manos antes de envolverme en uno de esos cálidos y protectores abrazos que solo un padre puede brindarte, lo sostuve contra mí el mayor tiempo posible con la intención de grabarme esa preciada sensación, no sabía si esta sería la última vez que lo vería así que este recuerdo sería el último que tenía asegurado a su lado.
- Debes tener cuidado, el mundo exterior es peligroso, no confíes en nadie, no toda la gente es mala pero la gente con hambre o miedo puede hacer cosas impensables con el fin de sobrevivir. - Me advirtió y yo asentí con la cabeza. - Lleva tus armas siempre contigo y no dudes nunca en poner tu vida antes que la de los demás. - Agregó con seriedad.
- Lo haré padre. - Accedí y volví a abrazarlo.
- Asami. - Se acercó Opal. - Korra... si vas tras ella te encontrarás con personas peligrosas, no podrás acercarte a ella sin antes pasar por ellos, no confíes en nadie hasta que no te lleven con ella, diles que conoces a la Guerrera del Sur. - Pausó. - No son malas personas, con el tiempo Korra ha logrado cambiarlos, pero siguen siendo rebeldes y la mayoría de ellos no saben hacer otra cosa más que causar problemas cuando Korra no está ahí para guiarlos, así que exige que te lleven con ella y diles que de no hacerlo se meterán en problemas con Korra. - Hablo pausadamente asegurándose de que escuchara cada una de sus palabras.
- La guerrera del Sur. - Repetí en voz baja.
- Y si necesitas asilo también puedes ir a las ruinas del palacio, pregunta por la líder, Suyin Beifong y dile a los guardias que Opal te mandó. - Sonrió.
- Gracias Opal. - Me acerqué a ella y la abracé.
- Espero verte de vuelta. - Habló Lin.
- Lo que sea que esa cabeza hueca pueda llegar a decirte dile que existieron hormigas con más cerebro que ella. - Dijo Toph.
- Solo ten paciencia, Korra es demasiado impulsiva cuando se pone emocional. - Agregó Katara.
- Lo haré. - Reí por lo bajo.
- Ella te quiere. - Se acercó Mako. - Lo vi en sus ojos mucho antes de que ella misma lo aceptara, no hay manera de que su deseo sea estar lejos de ti. - Aseguró con una pequeña sonrisa. - Solo tú puedes ayudarla a recobrar el balance. - Concluyó antes de abrazarme.
Así terminé de despedirme y partí por las quebrantadas rutas de asfalto que aún quedaban repartidas por la tierra.
Así que aquí me encuentro viajando, como era de esperarse Sai también viene conmigo lo cual me ayuda a no sentirme tan sola o insegura, Sai siempre me avisa cuando un desconocido está cerca así que con él a mi lado sé que nadie podrá tomarme por sorpresa.
26 de Abril.
El viaje me ha dejado impresionada, a lo largo de los destruidos caminos hay ruinas de grandes ciudades y a veces pueblos completamente desiertos, lugares que parecen haberse congelado en el tiempo y lugares que fueron cruelmente destruidos, todo se asimila a un enorme desierto pues no hay plantas cerca, la tierra es árida y el sol brilla la mayor parte del tiempo. En el camino me encontré con un par de pequeños asentamientos a los que les brindé un poco de mis provisiones, tal vez no sea mucho pero les ayudará a tener al menos un día con buena comida.
Tal vez sea torpe deshacerme de mis provisiones de esa manera pero la cantidad de provisiones que llevaba conmigo durarían más que el tiempo que iba a durar en el viaje así que puedo compartirlos, una vez que me encuentre en Ba Sing Se podré buscar comida sin problema alguno pero esta gente de verdad tiene la necesidad de esos alimentos y no tengo el corazón para irme sin ayudarlos un poco.
Cuando al fin parecía estar cerca de la legendaria ciudad comencé a divisar un grupo de altos árboles, aquello era una pequeña selva que crecía alrededor de grandes cantidades de escombro que luego pude distinguir como los restos de las enormes murallas de la antigua ciudad.
Adentrándome en aquella selva me sentí aliviada al recibir la fresca brisa del viento, en el resto del mundo el aire suele ser seco y no acarrea más que polvo consigo, aquí podía oler el agua y las plantas, de alguna manera el verde follaje me recuerda a casa y eso me anima un poco.
Luego de esconder la motocicleta y lo que restaba de mis provisiones decidí encaminarme al interior de la ciudad, contrario a lo que mi padre me había recomendado decidí no llevar ningún tipo de arma conmigo, las armas que cargaba eran las que habíamos elaborado en el pueblo, armas que brindaban descargas eléctricas para inmovilizar al enemigo, no quería que esas armas llamaran la atención, si los rebeldes me veían con algo así seguro querrían robarlas y eso se volvería problemático. Entré a la ciudad al atardecer, la enorme ciudad se encontraba menos arruinada que Ciudad República pero aún se podían observar los rastros de las feroces peleas que se llevaron a cabo en este lugar.
No hacía falta ser muy listo para notar que esta ciudad había sido mucho más grande que Ciudad República, los edificios se elevaban a kilómetros y kilómetros a la redonda, era un mar de edificaciones sumamente impresionante, apenas podía imaginarme la cantidad de gente que alguna vez pudo habitar este lugar. Paso a paso avancé por aquellas calles desiertas hasta encontrarme con un par de ojos curiosos, un niño delgado me observaba atentamente permaneciendo escondido tras el pilar de un edificio.
- Disculpa. - Hablé de la manera más amable posible pues no quería ahuyentarlo pero el niño retrocedió y pronto se echó a correr, ya que perseguirlo no era una decisión inteligente le pedí a Sai que lo hiciera por mí, el niño no vería al espíritu así que no se espantaría como lo haría si yo corriera detrás suyo. Caminé con cuidado siguiendo el rastro de Sai, había muchos escombros que debía rodear y con los cuales no quería lastimarme así que no podía ser descuidada. Luego de un momento pude sentir la presencia de Sai cerca de mí lo que me indicaba que el niño también andaba cerca, al dar vuelta en una de las calles me encontré con un grupo de tiendas levantadas y gente que caminaba de un lado a otro con toda tranquilidad, Sai volvió a mi lado sabiendo que al encontrar a estas personas no tenía caso continuar siguiendo a un niño, las personas parecían ser pobladores comunes y corrientes, nada por lo cual alarmarse.
- Tú no eres de por aquí jovencita. - Comentó un hombre de sucia apariencia.
- Solo estoy de paso. - Respondí con seguridad.
- Eres hermosa. - Sonrió mientras sus ojos me miraban de arriba abajo de forma desagradable.
- ¿Sabes en qué dirección se encuentra el palacio? - Respondí ignorando su comentario anterior.
- Hacia allá. - Dijo señalando el norte. - Pero no llegarás lejos con esa apariencia. - Rió y me dirigió una sucia mirada que logró incomodarme, aquel hombre era repugnante.
- Gracias. - Me di media vuelta y comencé a caminar.
- Si necesitas ayuda solo vuelve y pregunta por Lee, yo puedo alojarte esta noche. - Alzó la voz pero yo continué caminando.
El sol empezaba a ocultarse y las sombras comenzaban a crecer a mí alrededor, gracias a las advertencias de los pobladores recordé que decían que los bandidos aprovechan la obscuridad para hacer de las suyas así que me sentía un poco nerviosa. Aun así continué caminando a través del elaborado laberinto de edificios hasta que pude ver las ruinas del palacio, era fácil decir que ese era el palacio, además era el único edificio que se encontraba rodeado por antorchas que lo iluminaban y le daban ese extraño aire de importancia que a veces tienen las cosas.
Con renovadas energías caminé hacia aquel edificio pero mi paso se vio interrumpido por Sai, el pequeño zorro se mostraba inquieto y yo sabía lo que intentaba decirme, había alguien esperando por mi más adelante y esa persona no tenía buenas intenciones, con calma tomé otro camino y este parecía estar libre hasta que Sai volvió a advertirme, tomé otro camino y la situación se repitió, me estaban rodeando.
Sin el tiempo necesario para detenerme a pensar comencé a correr, cada que Sai me indicaba el peligro cambiaba de ruta y seguía corriendo, no paso mucho tiempo antes de que comenzara a escuchar los pasos detrás de mí y varias voces. - ¡Se fue por allá! - Gritó un hombre y yo continué mi carrera por la supervivencia.
Luego de un momento aparecí en un cráter, los edificios estaban completamente pulverizados en esta zona lo que era un claro rastro de una bomba, el problema era que no podía continuar escondiéndome de mis persecutores y pronto un grupo de quince hombres aparecieron alrededor del cráter, todos sonreían de la misma manera, rostros pervertidos que me repugnaban, si creían que me podrían llevar tan fácilmente estaban equivocados, con o sin armas yo era perfectamente capaz de vencerlos a todos, solo debía utilizar los puntos de presión en el cuerpo y caerían inmóviles.
- ¿Aún no quieres venir conmigo princesa? - Habló uno de ellos que de inmediato reconocí como el hombre que me había dado las indicaciones minutos antes, el resto de los hombres compartían características con los hombres que había visto en el Norte cuando fui a rescatar a Korra, rebeldes.
- ¿Ustedes son rebeldes o bandidos? - Pregunté con calma y seguridad.
- ¿Acaso importa? - Rió Lee.
- Necesito saber a qué grupo pertenecen quince hombres que piensan necesarios los refuerzos para detener a una sola mujer. - Respondí de forma retadora, de alguna manera debía sacarles la verdad.
- En Ba Sing Se no hay bandidos, los rebeldes dominamos estas tierras. - Presumió el mismo hombre.
- Necesito ver a Korra. - Declaré recordando las palabras de Opal.
- ¿A quién? - Se miraron entre ellos con confusión escrita en sus rostros. - Siento que he escuchado ese nombre en algún lugar. - Comentó uno de ellos y yo suspiré.
- La Guerrera del Sur. - Corregí y sus miradas se iluminaron de inmediato.
- ¡Quiere ver a la jefa! - Se burló uno de ellos.
- La conozco, tengo que hablar con ella. - Insistí.
- ¿De dónde vienes jovencita? - Habló otro de ellos.
- Eso no importa. - Bufé.
- Dinos tu nombre. - Insistió Lee. - No podemos llevar a cualquier impostora a ver a la jefa. - Bufó mostrándose ofendido e impaciente.
- Mei, mi nombre es Mei. - Respondí. - Ella me conoce, deben llevarme a verla. - Presioné, no podía dar mi verdadero nombre ya que sabía que la gente me conocía por todo el antiguo Reino Tierra y si sabían quién era en verdad seguro me metería en aprietos.
- Mei, claro que te llevaremos con la jefa. - Sonrió Lee y ordenó a sus hombres que se retiraran, los catorce hombres se alejaron y desaparecieron en la obscuridad. - Ninguno de ellos quiere pelear esta noche así que gustosos te llevaremos con la jefa. - Volvió a sonreír y comenzó a caminar. - Sígueme. - Dijo sin alentar el paso, Sai no estaba inquieto así que al parecer nadie nos seguía. Caminé al lado de Lee sin bajar la guardia, caminamos más allá del palacio y más hacia las afueras de la ciudad hasta que pude ver un viejo estadio, aquel edificio también se encontraba iluminado pero a diferencia del palacio este tenía fogatas alrededor y había gente afuera riendo y bebiendo, había algunas disputas y una que otra pelea entre personas ya alcoholizadas, mi corazón se aceleró al entender lo que era aquel lugar, no podía ser otra cosa... a menos de que así luzcan las guaridas de los rebeldes, no estaba segura pero sabía que de una manera u otra terminaría rodeada de rebeldes y mi única esperanza era que Korra estuviera ahí, de lo contrario seguro terminaría teniendo que luchar hasta la muerte contra todos los que intentaran hacerme daño, debía admitirlo, tenía miedo pero me las arreglé para mantener un rostro firme.
Cuando estuvimos en la entrada Lee me encamino hacia la parte trasera del estadio, me indicó que tomara asiento mientras esperaba a que otro hombre trajera a Korra. Sentada en un pequeño banco de madera observaba a mí alrededor, el cuarto donde me encontraba tenía varias armas colgadas en la pared, también tenía manchas de sangre en el suelo, era un lugar aterrador, la verdad quería salir de ahí cuanto antes pero no podía hacerlo sin causar un gran alboroto.
- Esa chica se ve muy limpia, no creo que pueda dar una buena pelea. - Escuché a un hombre charlando con Lee cerca de la puerta.
- Entonces dará un buen espectáculo. - Se defendió Lee.
- ¿Ninguno de tus hombres quiso pelear? Hay buenas apuestas el día de hoy. - Comentó el otro.
- No, necesitan un descanso, ya volverán la semana que viene. Si pelean sin tener ganas no saldrán victoriosos y no podrán escalar el peldaño que necesitan para enfrentarse a los campeones. - Respondió con tranquilidad. - Entonces esta chica hará nuestra parte. - Rió por lo bajo. - Dice conocer a la jefa, pero no le creo, como dices tú, se ve demasiado limpia. - Argumentó.
- La Guerrera del Sur también lucía bastante limpia en las primeras peleas que tuvo aquí ¿Recuerdas? - Agregó.
- Si, lo recuerdo, pero cuando entraba al área de pelea era como un pez en el agua, no creo que esta chica sea igual. - Volvió a defender su punto de vista.
- ¿Y qué tal si la jefa si la conoce idiota? - Se burló el otro hombre.
- Seré sincero con la jefa, en estos días muchas personas dicen conocer a la Guerrera del Sur, nosotros no podemos saber quién miente y quien no y ella no tiene tiempo ni ánimos para encontrarse con todos. – La voz de Lee respondió con calma.
- Espero que sea lo contrario y la jefa te tumbe un par de dientes por ignorante. - Se burló el hombre de mayor estatura antes de darse media vuelta y partir.
- Debemos salir de aquí Sai. - Murmuré preparándome para el regreso de Lee, cuando aquel hombre cruzó la puerta arremetí contra él, no tuvo oportunidad de alzar la voz, su cuerpo cayó al suelo luego de haber golpeado su nuca. Paso a paso me llevé en dirección a la salida, no corrí para no llamar la atención pero antes de salir escuché el grito de Lee a la distancia.
- ¡Atrápenla! ¡Es la ofrenda para la pelea! - Los alertó y todas las miradas se posaron sobre mí, quedaba en claro que mi apariencia destacaba pues no hubo ni una sola persona que mirara hacia otro lado, para mi desgracia todos parecían conocerse entre sí y yo era una forastera que les era fácil identificar.
Intenté comenzar a correr pero un par de fuertes manos me detuvieron de inmediato, un costal de tela cubrió mi rostro y un golpe en la cabeza me hizo perder la conciencia, estaba acabada.
Un extraño sonido ensordecedor comenzó a sacarme de mi sueño, poco a poco fui abriendo los ojos y aquel sonido fue volviéndose más claro, eran gritos y tambores, la gente celebraba algo pero se escuchaban demasiado emocionados, cuando mi vista se volvió menos borrosa pude ver a un par de hombres castigándose dentro de una jaula, había armas alrededor y sangre y más peleadores, en efecto me encontraba en un coliseo de peleas y era tal como me lo habían descrito, un lugar sucio lleno de gente loca por la violencia. Encontrándome aún un poco aturdida comencé a ver alrededor, mis manos se encontraban atadas y un par de enormes hombres me vigilaban de cerca.
- ¿Ya despertaste princesa? Bien, porque tú pelea será la siguiente. - Dijo la voz de Lee que luego ubiqué parado a mi derecha.
- Yo no pelearé. - Bufé y el rió.
- Entonces la gente disfrutará viendo como barren el piso contigo primor. - Se encogió de hombros y yo volví a bufar, había caído en su trampa, mi padre me había dicho que no confiara en nadie y Opal me había dicho que no confiara en ellos e insistiera en ser llevada con Korra, esto estaba resultando ser más complicado de lo que me había imaginado.
Sin poder hacer nada más observé como los hombres dentro de la reja se atacaban sin piedad, ambos se encontraban ensangrentados y severamente golpeados, la pelea vino a su fin cuando uno de ellos golpeo al otro con un tubo de metal, algo había tronado al momento del impacto y yo debí apartar la mirada.
- Ahí va su mandíbula. - Rió Lee. - Que bueno que no aposté por él. - Continuó burlándose junto a otros hombres. - Le tomará más de un mes recuperarse de esa. - Se encogió de hombros y volteó a verme. - Tu turno princesa. - Me tomó por los brazos y me obligó a caminar, un par de hombres sacaron al perdedor de la reja mientras el ganador celebraba, los gemidos de dolor del perdedor se podían escuchar por todo el lugar, o al menos yo era incapaz de ignorarlos, su rostro había terminado desfigurado, nunca había visto algo similar, de inmediato sentí como mi estómago se revolvía. - ¡No quiero entrar ahí! - Renegué comenzando a forcejear pero era inútil.
- ¡Entra ahí! - Gruñó uno de los hombres de gran tamaño liberando mis manos y lanzándome al interior de la jaula, al caer aterrice sobre unas gotas de sangre. - Maldición. - Murmuré.
- ¡Y ahora una pelea de entretenimiento! ¡Una incauta viajera contra uno de nuestros campeones! ¡Ustedes decidan el campeón que se divertirá con esta belleza! - Habló un hombre que parecía ser quién anunciaba las peleas. La gente de inmediato comenzó a gritar distintos nombres, nombres que eran desconocidos para mí, al final nombraron a un tal "Verdugo" Sabía que aquel debía ser el apodo del peleador y no me dejé intimidar por el sobrenombre pero al ver al luchador que entró a la reja mi rostro se tornó pálido, un gladiador de cuerpo firme, era alto y musculoso, parecía una pared humana cubierta de cicatrices, su rostro llevaba pintura de batalla roja y en sus manos portaba un par de dagas, era difícil no intimidarse con su presencia.
- Es una lástima arruinar un rostro tan bello como el tuyo. - Sonrió de forma tétrica.
- ¡Alto! - Escuché una voz familiar, al alzar la mirada divisé un trono y sobre él se encontraba Korra sentada de forma imponente, vestía ropa de batalla y su semblante era completamente diferente al que yo estaba acostumbrada a ver, los ojos de Korra bastaban para ahuyentar a cualquiera que se metiera en su camino, con una gruesa línea de pintura negra nublando todo el área de sus ojos desde sus cejas hasta los pómulos de su rostro el azul de su iris resaltaba pareciendo brillar, al ponerse de pie todo el coliseo guardó silencio para permitirle hablar.
- Yo pelearé contra esa chica. - Declaró y la gente enloqueció, todos gritaban emocionados y celebraban lanzando sus bebidas al aire.
- ¡Te dije que la conocía idiota! - Gruñó uno de los hombres por fuera de la jaula reclamándole a Lee.
- ¿Y cómo se supone que yo debía saber? - Se encogió de hombros pareciendo asustado. - De cualquier manera no hay nada que podamos hacer, ya la metimos a la jaula, no podemos suspender la pelea. - Habló desesperado.
- Más vale que no corras cuando el evento termine. - Advirtió el otro hombre en forma de amenaza.
Mi atención se volvió a concentrar en Korra cuando de un salto cayó dentro de la jaula, al levantarse me miró con la misma expresión en su rostro, su presencia era imponente, era Korra, estaba segura de eso pero había algo más en ella, sus puños estaban vendados y las vendas repletas de sangre, su ropa también estaba manchada y sus tatuajes estaban al descubierto pues su ropa consistía en un top negro y unos pantalones de batalla del mismo color que acompañaba con unas pesadas botas de combate, me resultaba casi imposible retirar la mirada de su poderoso abdomen o de sus fuertes brazos mientras su piel morena brillaba por el sudor que la cubría.
Moviendo su cabeza de un lado a otro tronó su cuello y acto seguido adoptó una posición de pelea, no estaba segura de que ella me reconociera, no había nada que indicara que sabía quién era yo, sus ojos cazaban cada uno de mis movimientos y podía sentir el peligro al estar en la misma jaula que ella.
- Más vale que te defiendas o la pasarás mal. - Gruñó y la gente celebró. - Soy la líder del grupo rebelde del Antiguo Reino Tierra y la campeona invicta de este coliseo y el coliseo en las Tierras Frías del Norte. – Presumió. - Y esta gente viene a divertirse. - Sonrió señalando a su alrededor haciendo una pausa mientras la gente apoyaba sus palabras con aullidos y alaridos asemejándose a animales salvajes. - Así que espero que ofrezcas un buen espectáculo. - Volvió a ceñir las cejas.
- ¡Tambores! - Ordenó y un grupo de hombres comenzó a golpear tambos de metal ahogando todos los gritos y aclamaciones. - ¿Qué demonios haces aquí? - Gruñó al tiempo que se acercaba y lazaba un golpe que esquivé con facilidad, Korra me reconocía, era extraño pero al estar ahí en esa jaula se sentía como si la chica frente a mí fuera una persona completamente desconocida para mí.
- Vine a buscarte. - Respondí esquivando otro golpe.
- ¡Te dije que te quedaras en el pueblo! - Bufó y lanzó un par de golpes y patadas que fui capaz de bloquear.
- ¿Por qué nunca mencionaste nada de esto Korra? - Bufé de regreso y arremetí contra ella.
- ¿Qué se supone que debía decir? - Esquivo y devolvió el ataque.
- La verdad Korra. - Sentencié y uno de mis golpeas alcanzó su rostro, el público guardó silencio por un momento y luego volvieron a celebrar. Al recobrar su posición de pelea los ojos de Korra parecieron lanzar chispas, no, aquella persona que yo enfrentaba no era Korra, era la tan aclamada Guerrera del Sur, alguien a quien yo no conocía hasta el momento y quien parecía completamente decidida a ganar nuestro enfrentamiento pero en ese instante yo misma me encontraba furiosa e indispuesta a dejarla ganar de nuevo, Korra me escucharía, yo me aseguraría de eso.
Hola gente! de nuevo aquí les dejo una actualización.
Las cosas se ponen intensas... ¿Qué pasará? Muahaha! el siguiente capítulo no será muy largo pero será dedicado al enfrentamiento. Si lo quieren pronto ya saben la regla de los review... (En capis intensos deben juntar 9 reviews de personas diferentes para que el siguiente capi salga pronto).
Respuestas para la gente sin cuenta :D
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- Jessi. Gracias por el review! Me alegra que el fic te esté gustando y espero que este capítulo también haya sido de tu agrado ;)
- LuxxTenebris. Lo siento Luxx creo que acabo de arruinar tu calma, pero al menos tuviste una semana con la agradable sensación de un capítulo tranquilo jojo xD
Y como pudiste leer aquí esta fue la tercera bitácora de Asami que sale seguida de otras jaja, bastantes experiencias de la hermosa novia del Avatar para que todos disfruten ;D
Yo les aviso cuando empiece a editar la otra historia :)
Saludos! Y un abrazo Luxx Mil gracias por el review.
- Liz. Gracias por dejarme el review Liz, si, Asami es genial, por eso aquí hay mas de ella jaja a ver como resulta esto e.e
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Y bueno, de nuevo a todos gracias por seguir leyendo y espero de verdad que mi historia les siga brindando un buen tiempo de entretenimiento, que en fin eso es lo que busco hacer :)
Se les quiere arto!
Nos leemos pronto c:
CHAU!
