Una semana se había pasado desde la noche en que Asami se había aparecido en el coliseo, las cosas parecían ir bien, tal vez demasiado bien, Asami seguía su papel al pie de la letra, al estar en presencia de los rebeldes la chica agachaba la mirada y permanecía en silencio, siempre caminando detrás de Korra a espera de alguna orden, claro la morena no le había asignado ninguna tarea hasta el momento, siempre cuidaba que la chica caminara a su lado para poder controlar a los hombres que bien sabía tenían los ojos puestos en la recién llegada.
Asami no había hecho ni un solo reclamo, cuando tenían tiempo a solas la chica concentraba sus energías en averiguar la manera en que la sociedad rebelde era dirigida, siempre se mostraba interesada en todas las costumbres que para ella fueran extrañas pues no quería dejar nada fuera, o al menos eso era lo que le decía a Korra cuando preguntaba por su creciente interés en las organizaciones rebeldes, claro que la morena no podía interponerse en su deseo de aprender y se limitaba a contestar las preguntas hechas o a indagar para conseguir las respuestas más adecuadas a preguntas que ni ella misma se había hecho hasta el momento y que Asami parecía tener en abundancia.
Todo iba bien, todo iba demasiado bien... a excepción de una cosa, la pelinegra parecía estar pasando por una de esas rachas en las que su interés o preocupación por solucionar cierto problema o por descifra la función de cierto objeto la absorbía en dichas tareas y tenía poco tiempo para la morena que por las noches añoraba poder pasar bien el rato al lado de su querida Asami.
Siempre que intentaba acercarse a ella durante la noche la chica de ojos verdes le pedía tiempo para seguir estudiando libros que Korra le había conseguido en los mercados de contrabando, los libros eran en su mayor parte sobre la historia y geografía de Ba Sing Se. Asami le había dicho que si conocían la historia y el mapa del lugar podrían tener ventaja en caso de algún ataque y aunque ella tuviera razón había veces en que la morena solo quería enterrar aquellos libros para poder tener un poco de la atención de la ojiverde pues le resultaba casi imposible sentarse del lado opuesto de la mesa a observar la belleza de aquella chica sin la oportunidad de abrazarla o besarla.
Las heridas de su pelea en la jaula se encontraban mucho mejor, tanto ella como Asami se habían recuperado casi por completo, esto también significaba algo nuevo, una semana más y debería volver a pelear dentro de la jaula y esta vez Asami estaría ahí para presenciar sus enfrentamientos, la simple idea bastaba para dejarla pensando por un largo rato, la única manera de que Asami no viera las peleas sería encerrándola en su escondite, no era una mala idea pero estaba segura de que Asami no accedería a ello.
- ¿No estás cansada? - Preguntó luego de haber pasado varios minutos observando en silencio el hermoso rostro de la pelinegra, su larga cabellera se extendía por encima de su hombro derecho pues se había acomodado todo el cabello hacia ese lado después de cepillarlo al salir de bañar, sus perfectos labios sostenían entre ellos la cuchara de madera que estaba usando para comer del plato con avena que reposaba sobre la mesa a un lado de los libros.
- ¿Disculpa? - Hizo una pausa retirando la cuchara de su boca y levantando la mirada solo un poco para poder hacer contacto con los ojos de la morena que al instante sintió su corazón dar un pequeño salto, Asami vestía una blusa de tirantes blanca y una pantalonera holgada color gris, era su ropa para dormir pero lucía fenomenal en ella.
- Preguntaba si te encontrabas cansada. - Repitió sintiendo la debilidad en su voz, habían pasado ya cinco días desde la última vez que habían compartido un momento íntimo y siendo honesta consigo misma sabía que deseaba poder repetir la ocasión cuanto antes, estando en su escondite tenían más libertad de hacer lo que se les viniera en gana pues aquí no tenían que cuidar de la presencia de Hiroshi y aun así Asami parecía más perdida en sus investigaciones que en nada más. De verdad le gustaba esa parte de Asami, esa sed de conocimiento que nunca parecía saciar, era una de las características que la volvían única, cuando se proponía hacer algo se empeñaba en ello y no se detenía hasta verlo realizado. Si tan solo esa cualidad no se estuviera interponiendo en su camino en ese momento...
- No. - Arrugó la frente y se detuvo a pensar un momento. - No he hecho nada que no sea caminar a tu lado y la verdad no caminas demasiado. - Completó con una pequeña pero cálida sonrisa que con facilidad derritió el corazón de la morena.
- Cierto. - Respondió con un suspiro observando como aquellos hermosos ojos verdes volvían a concentrarse en las páginas de los libros. - Lo siento. - Murmuró después de un momento.
- ¿Por qué? - Alzó la mirada para prestarle atención.
- Porque no te doy la oportunidad de hacer muchas cosas... - Suspiró pesadamente agachando la mirada.
- No tienes por qué disculparte por eso, entiendo cuál es mi papel y entiendo que si no es de ese modo todos sospecharían de ti. - Volvió a sonreír y a dirigir su mirada a los libros causando que la morena volviera a perderse en sus pensamientos.
- Iré a ver a Sai y a Naga. - Se decidió luego de poco más de diez minutos de encontrarse sentada sin hacer nada.
- Está bien. - Sonrió la pelinegra sin dejar de leer haciendo que la morena suspirara de nuevo.
Al salir del escondite comenzó a caminar hacia el exterior de la ciudad en dirección hacia la creciente selva que poco a poco parecía ir ganando territorio, a decir verdad era obvio que aquella selva era producto de los espíritus pues los árboles y enredaderas se desarrollaban con rapidez. Una vez dentro de la selva caminó hasta un pequeño claro donde comenzaba a formarse un lago.
- ¡Naga! ¡Sai! - Los llamó sabiendo que debían estar cerca pues aquellos dos espíritus siempre vagaban juntos dentro de la selva, los espíritus disfrutaban de la naturaleza así que ambos se refugiaban entre los árboles durante la noche. El primero en aparecer había sido el pequeño zorro, jugueteando como un niño entre los arbustos saltaba de un lado a otro hasta que al fin llegó al lado del Avatar. - Hola Sai.- Sonrió y se inclinó para tocar su cabeza, aquel noble espíritu era el fiel compañero de Asami y la conexión que había entre ambos era obvia ante los ojos de la morena, Sai siempre estaba presente cuando Asami lo necesitaba y siempre le brindaba apoyo y compañía para ayudarla en sus aventuras por lo cual la morena lo veía como a un amigo importante, luego de conocer a Naga pudo entender lo profundo que podía llegar a ser el vínculo que una persona y un espíritu podían compartir. - ¿Dónde está Naga? - Preguntó alzando la mirada y el pequeño zorro inmediato emprendió su camino entre la selva en espera de que la morena lo siguiera.
No pasó mucho tiempo antes de que la joven Avatar se diera cuenta de que Sai la estaba llevando hacia el escondite que ella misma había construido para guardar la motocicleta de y las Armas de Asami, todo lo había escondido en una cueva de roca que había elaborado con una entrada secreta para que Asami pudiese utilizar en caso de ser necesario, el lugar era bastante seguro pero aun así Naga parecía preferir dormir cerca de ahí y cuidar de las cosas durante la noche pues no era la primera noche que la encontraba en aquel lugar.
- Hola amiga. - Sonrió la morena cuando el espíritu la miró, el espíritu de Naga la había ayudado a recuperar el ánimo después del incidente en el norte. Las tardes en las que solía desaparecer del pueblo solía ir a caminar por el mundo de los espíritus en busca de respuestas, luego de que Wa Shi Tong se negara a ayudar se había frustrado, no encontraba salida al laberinto en el que se sentía atrapada y mientras vagaba por aquel mundo lleno de misterios volvió a ver a Naga, aquel espíritu parecía llamarla pues siempre caminaba detrás de ella, siempre aparecía cuando menos lo esperaba y la acompañaba, siempre en silencio hasta que la morena se acostumbró a su presencia y el día en que aquel espíritu no apareció la morena fue a buscarla al portal del sur.
Naga estaba ahí, acostada dentro de su refugio de roca, el espíritu parecía estar esperando por ella pues no se mostró sorprendida al ver el rostro de la morena en aquel lugar, en vez de eso la recibió moviendo su cola un par de veces, desde entonces Naga se había convertido en una buena amiga, la morena se recostaba contra su denso pelaje y lo utilizaba para calentarse en aquel frío lugar, con ella lloraba por horas sabiendo que aquel espíritu estaba ahí para confortarla, Naga no se preocuparía como lo harían sus amigos en el pueblo, Naga entendería su dolor y estaría ahí para ella y esa era una gran ventaja. Asami también le proporcionaba apoyo y cariño pero si permitía que Asami la viera llorando tanto y tan seguido terminaría angustiándola más y eso era algo que quería evitar a toda costa. Aunque al parecer la había angustiado de todas formas por la manera distante en que había actuado.
De esa manera Naga tomó un papel importante en su vida, el enorme espíritu demostró ser capaz de ser un gran amigo y aliado, en la pelea que hubo contra el grupo de Bumi en el Norte Naga ayudó a derrotar a varios enemigos, con su tamaño y fuerza no había mucho que sus oponentes pudieran hacer, además se trataba de un espíritu, un ser al que no podían dañar. La morena no entendía el motivo que Naga había tenido para acercarse a ella pero agradecía que hubiera sido de esa manera.
Elevando una roca del piso para formar un pequeño banco tomó asiento a un lado de su amiga, Sai exploraba la selva y Naga comenzaba a sacudirse el sueño, no pasó mucho tiempo antes de que el espíritu del perro oso polar pidiera atención, la morena sonrió y comenzó a arrojar una pequeña roca redondeada que el espíritu comenzó a perseguir y a traer como si se tratara de una pelota.
- Naga... - Comentó acariciando su rostro al tomar la roca que el espíritu le había traído de vuelta. - Las cosas con Asami van bien, no ha habido problemas con los rebeldes y ella ha seguido su papel a la perfección... pero siento que algo no anda bien. - Suspiró y volvió a lanzar la roca.
- A penas ha pasado una semana pero siento que casi no hemos tenido tiempo de estar juntas. - Arrugó las cejas y pensó, no podía obligar a Asami a dejar sus investigaciones de lado para que le pusiera atención, pero echaba demasiado de menos sus caricias y cálidos abrazos... sin mencionar las noches con ella.
Al cabo de una hora decidió despedirse de los espíritus y volver al escondite, al entrar la vela aún se encontraba encendida pero Asami yacía recostada sobre las cobijas, dormía apaciblemente cubierta por una delgada sábana, era verano así que no necesitaban cubrirse durante la noche pero Asami siempre disfrutaba de poder envolverse en una cobija, aunque fuera delgada. Un suspiro salió de los labios de la morena, había llegado demasiado tarde para poder tener un poco de atención de la ojiverde antes de que se quedara dormida. Con las cejas arrugadas bufó un par de veces, no era momento de hacer una rabieta pero era ridículo lo mucho que se encontraba extrañando a Asami en esos momentos, no tenía por qué extrañarla si la chica se encontraba ahí con ella.
Luego de apagar la vela se acomodó enseguida de la pelinegra y la envolvió entre sus brazos, Asami suspiró y aún dormida se acurrucó en aquel abrazo, Korra sonrió y se acercó a ella para repartir varios besos sobre su rostro, aquellos besos eran suaves y pausados. - Te amo Asami. - Murmuró intentando no despertarla, la ojiverde suspiró y continuó durmiendo. Debía haber una manera de ganar un poco de su atención, pensó Korra antes de acomodarse de nuevo recostando su cabeza al lado de la de Asami.
"Seré tu novia cuando me presentes así frente a los rebeldes." Recordó aquellas palabras, Asami aún no accedía a ser su novia y no podía hacer nada con ella frente a los rebeldes pues ellos la veían como a una esclava, todo el tiempo que utilizaban durante el día mientras caminaba de un lado a otro tratando con los rebeldes era tiempo que podría aprovechar si Asami fuera su novia. Pensaba sin poder evitarlo. - No. - Murmuró. - Es demasiado arriesgado. - Suspiró.
/
Otra semana había pasado y ambas se encontraban en la oficina del líder en el coliseo, Desna y otros de los hombres de confianza de la morena se encontraban ahí. La líder se había deshecho de su ropa y vestía un top negro y un short de licra del mismo color, de pie frente a un espejo observaba su cuerpo, había varias cicatrices de todas las peleas en las que había participado hasta el momento. Se encontraban evaluando su condición física, ya no tenía ninguna marca de la pelea anterior y sus músculos se veían fuertes como siempre.
- Debes pelear esta semana. - Declaró Desna.
- Supongo. - Respondió ella liberando un suspiro profundo, Asami estaba ahí, la chica se encontraba sentada en uno de los sofás, podía sentir su mirada sobre ella, claro que no diría nada, al menos no en ese momento debido a su papel como esclava y toda la situación tenía a la morena pensando más de la cuenta, no quería que Asami presenciara la pelea, en especial porque luego del enfrentamiento entre ambas debía recuperar su dignidad y la única manera de hacer eso sería aniquilando a su oponente en la jaula... nada que quisiera que Asami presenciara.
- Hay un hombre que viene de fuera que dice poder derrotarte con facilidad. - Habló uno de sus seguidores.
- ¿Eso dice? - Alzó una ceja retirando su mirada del espejo a través del cual había estado viendo a Asami mientras esta le devolvía la mirada de la misma manera.
- No sería el primero, pero sabemos cuál será el resultado. - Respondió el hombre levantando uno de sus dedos en el aire causando que la morena asintiera con la cabeza intentando mantener una mirada seria.
- Como siempre... - Suspiró y giró para tomar su ropa del suelo, retadores que venían de otras tierras, personas que solo escuchaban sobre ella y decidían venir a desmentir su fama, había derrotado ya a varios de esos pero una vez más la idea de tener a Asami como espectadora le robaba la seguridad que tenía en aquel evento.
- Pelearás ¿Verdad? La gente te espera. - Insistió otro de los hombres.
- Pelearé. - Pausó mientras se colocaba la blusa de vuelta. - Si suben las apuestas al doble. - Dictó con severidad. - Pero saben las reglas, no esclavos. - Concluyó mientras abotonaba su pantalón.
- ¡Hey! No es justo. - Renegó uno de ellos mirando a Asami y la morena sonrió de lado.
- Es diferente. - Aclaró y se encaminó al escritorio.
- ¿Y por qué subir las apuestas? - Preguntó Desna.
- Soy la líder rebelde ahora, tengo suficientes cosas en las que ocuparme como para también tener que formar parte de las peleas en el coliseo, si voy a participar quiero que la pelea sea bien remunerada. - Explicó, en realidad lo único que quería era aplazar la pelea, tenía la esperanza de que los rebeldes prefirieran no presenciar la pelea a tener que buscar más cosas para doblar sus apuestas.
- Bien pensado. - Concordó su primo y los otros rebeldes ahí presentes.
Todos comenzaban a hablar entre ellos sobre las nuevas reglas, todos se mostraban entusiasmados y nadie prestaba atención a la manera en que la morena y la hermosa chica de ojos verdes intercambiaban miradas, los ojos de Korra no perdían de vista ni uno de los movimientos de Asami mientras esta la observaba de la misma manera. ¿Cuánto había pasado? ¿Dos semanas? Y no había tenido la oportunidad de tomar a la ojiverde, sus besos eran breves y cálidos, extrañaba poder prolongar un poco más aquellos embriagantes besos pero la pelinegra parecía decidida a mantener la distancia entre ellas y ahora que lo había notado comenzaba a perder la paciencia, las condiciones habían sido expuestas, Asami accedería a ser su novia siempre y cuando lo declarara así frente a los rebeldes.
- ¿Korra? - La voz de Desna la sacó del trance en el que se había perdido por un momento al recordar la manera en que la piel de Asami podía llegar a sentirse bajo su cuerpo.
- ¿Si? - Lo miró intentando sintonizar con la conversación.
- Propusimos la pelea para el Miércoles. - La miraban expectantes.
- Si, si cumplen con mis demandas la pelea puede ser mañana si así lo desean. - Dijo sin mucho interés.
- ¡Ya escucharon! - Celebró uno de sus hombres y todos rieron.
- Gracias jefa. - Se despidieron y salieron del lugar, todos excepto Desna que se había percatado de la extraña tensión que crecía entre ambas chicas.
- Así que será la primera pelea que presencies de la Guerrera del Sur. - Comentó el joven y la líder de inmediato bufó. - No hace falta hablar de eso. - Dijo con fastidio en su voz.
- No le veo nada de malo hablar al respecto Korra. - Respondió Asami alzando una ceja.
- Es solo que mi prima no quiere que presencies sus aclamados combates. - Sonrió el chico.
- No es eso... es solo que. - Pausó y negó con la cabeza. - No tiene caso que veas los combates. - Se encogió de hombros.
- Si voy a formar parte de esta sociedad creo que debo familiarizarme con los combates, ya hemos presenciado varios durante mi estadía en este lugar. - Argumentó. - Son brutales, eso ya me lo esperaba, así que no tiene nada de malo que vea el tuyo. - Insistió y la sonrisa de Desna se volvió más amplia.
- Ella tiene razón Korra, tus peleas no son diferentes a las del resto... - Hizo una pausa y volvió a sonreír. - Bueno, tal vez sean un poco diferentes... tu si sabes pelear, has entrenado toda tu vida y sabes patear traseros con o sin armas. - Agregó y la morena se cubrió los ojos con su mano derecha.
- Si, gracias Desna. - Se quejó con tono sarcástico descansando sus codos sobre el escritorio.
- Korra, ya te enfrenté dentro de la jaula y terminaste por incrustar una daga en mi cuerpo. ¿Qué más da si ahora simplemente me toca presenciar la pelea desde afuera? - Intentó convencerla la de ojos verdes.
- Bueno tal vez las cosas si sean un poco distintas... - Volvió a hablar Desna y la morena lo miró afilando la mirada pero al joven le importó poco aquella advertencia. - La Guerrera del Sur es despiadada, contigo fue suave... pero hemos visto como desbarata a sus oponentes con la simple mirada. - Se encogió de hombros.
- Oh, eso lo puedo entender bien. - Concordó la pelinegra. - Aunque eso ya depende del carácter de cada quién. - Meditó y el chico rió por lo bajo, Asami era una chica lista y fuerte, era obvio que no se impresionaría con facilidad y aun así Korra luchaba por mantenerla alejada de los eventos más pesados lo que dejaba en evidencia la importancia que aquella hermosa chica tenía en la vida de la joven Avatar.
- Primero esperemos a ver si el combate será esta semana. - Dijo la ojiazul intentando dejar aquel tema de lado.
- Seguro lo será, la gente te adora. - Comentó Desna.
- Olvidemos eso. - Suspiró la morena. - ¿Alguna noticia de Bumi? - Lo miró con esperanza.
- Nada... aún. - Se encogió de hombros.
- Tal vez lo quieren usar de carnada. - Habló Asami y la atención de inmediato se enfocó en ella. - No lo han ejecutado porque lo necesitan, su interés principal es llegar al Avatar y si ellos piensan que Bumi y tú tienen una relación estrecha querrán usarla a su favor para atraerte hacia ellos... el problema es que al no permitir a sus hombres entrar a tus tierras no hay manera de establecer ningún tipo de comunicación así que se encuentran guardándolo por el momento. - Concluyó. - Es solo una teoría, pero es la que más sentido tiene para mí. - Se encogió de hombros y Desna alzó las cejas en señal de sorpresa.
- No por nada te ganaste la fama que tienes en el continente. - La elogió. - Hermosa y lista como nadie. - Sonrió y Asami rió por lo bajo. - Cualquiera que tenga la suerte de ganar tu corazón será una persona afortunada. - Declaró y la morena arrugó las cejas.
- Eso no lo sé. - Respondió la ojiverde mirando a la morena. - Podría ser fortuna o lo opuesto a eso. - Sonrió de lado y la ojiazul desvió la mirada sintiendo sus mejillas hervir, a veces detestaba el poder que la mirada de Asami tenía sobre ella porque le resultaba imposible poder resistirse a ella. ¿Fortuna o maldición? Pensó.
- Fortuna. - Confirmó Desna. - O al menos así lo tomaría yo, si tuviera la suerte de ganarme el corazón de tan hermosa chica. - Presionó y Asami sonrió mirando los ojos de aquel chico, sabía que Korra los estaba observando, podía sentir su fría mirada cazando cada uno de los movimientos del joven frente a ella.
- Me halagas. - Agradeció.
- Suficiente Desna. Ve a ver si haces falta en otro lado. - Gruñó Korra poniéndose de pie.
- Me parece bien... pero deberé pedirte un favor. - Dijo él con tono serio.
- ¿Qué favor? - Lo miró en espera de su respuesta.
- ¿Podría llevar a Asami conmigo? - Preguntó con seriedad y la morena lo miró extrañada y un tanto indignada.
- ¿A Asami? - Repitió.
- Si, Asami. - Confirmó señalando a la ojiverde.
- No. - Respondió firmemente. - ¿Para qué? - Renegó y la ojiverde sonrió sin poder evitarlo, era obvio que la morena no quería que su primo se encontrara a solas con ella.
- Pues verás, gracias a ti he ganado autoridad en este lugar pero aun así necesito saber defenderme y todos los hombres presentes saben pelear solo porque se han dedicado a romperle la cara extraños dentro de una jaula pero me parece que Asami tiene más control sobre las técnicas de combate así como tú, pero a ti no te puedo pedir ayuda porque los rebeldes no verían bien que la líder se encuentre enseñándole a otros como pelear. - Se encogió de hombros.
- Te enseñaré con gusto. - Dijo Asami.
- No. - Bufó Korra.
- ¿Por qué no? No hago nada en todo el día, al menos permíteme enseñarle a Desna como pelear, dile al resto que esa fue tu orden. - Reclamó la ojiverde y de nuevo sus miradas se encontraron.
- Bien, ve y muéstrale a Desna como pelear, iré por ti cuando sea hora de dormir. - Gruñó y emprendió su camino hacia la salida de la oficina azotando la puerta detrás de si dejando todo en silencio.
- ¿Hay algo que quieras hacer allá afuera? - Preguntó el joven tomando a la chica por sorpresa. - Necesitas conocer un poco mejor a los rebeldes y estando al lado de Korra eso será difícil pues al ser la líder no puede vagar por mucho tiempo entre los poblados sin mencionar que nadie se comporta con normalidad cuando Korra anda cerca. - Habló con su voz indiferente. - Además, solo quería molestar a Korra un poco... y lo he logrado, así que es tu turno de disfrutar un poco estando en este maldito lugar. - Sonrió de lado y comenzó a caminar hacia la salida.
- Gracias Desna. - Sonrió y caminó detrás de él.
/
Los líderes rebeldes más avanzados en edad se encontraban sentados alrededor de una mesa, todos hablando sobre el nuevo orden que se había implementado con el ascenso de la Guerrera del Sur. Aquellos hombres habían sido los que de inmediato aceptaron unirse al grupo de la morena para formar parte de un solo grupo rebelde que dominara todo el continente. Todos tenían grandes ambiciones, los grupos rebeldes siempre solían tener a los hombres con más fuerza y vitalidad así como las mejores pertenencias y territorios ya que la gente de los asentamientos no tenían como defenderse de ellos y preferían ceder sus bienes con el fin de sobrevivir a cualquier ataque rebelde, así que para aquellos líderes rebeldes la idea de formar parte de un grupo aún más grande les era tentador sabiendo que al pertenecer al grupo más fuerte podrían tener más privilegios.
Había otros beneficios al formar parte del grupo de la Guerrera del Sur, beneficios que no habían visto antes como lo era poder tener sus propios campos de siembra de donde podían cosechar comida lo cual les permitía asentarse y establecerse, armar una casa y llenarla con cosas que ellos quisieran con la certeza de que ningún grupo rebelde llegara a robarles pues ellos mismos eran los rebeldes.
Las nuevas formas que la líder traía con ella eran poco convencionales pero benéficas para todos, había abolido la obsesión sin sentido de perseguir al Avatar, les había permitido continuar con la búsqueda a los que así lo deseaban pero no obligó a nadie a buscar como tantos líderes antes que ella lo habían hecho impidiendo que sus hombres pudiesen tomar un descanso o que pudiesen gastar su energía en cosas que fueran de su agrado lo cual expandió la gama de oportunidades para muchos de ellos.
La cacería del Avatar se efectuaba casi como una tradición, muchos ya no sabían porque lo hacían y los que aclamaban hacerlo por venganza solían hacerlo con el fin de atacar pequeños asentamientos y robar sus bienes, como consecuencia, cuando la nueva líder comenzó a centralizar las riquezas en una zona donde el desarrollo fuera propicio muchos de estos rebeldes abandonaron la búsqueda del Avatar para concentrarse en su beneficio personal, obtener tierras, asegurar comida y ganar cosas de valor en las apuestas porque quien se encontrara perdiendo el tiempo en la búsqueda del Avatar no tendría la oportunidad de enriquecerse.
El lema que caracterizaba a la nueva líder rebelde también era más atractivo, la Guerrera del Sur había expandido el significado de ser miembro de un grupo rebelde, ser rebelde no se limitaba a rebelarse en contra del Avatar y el Loto Blanco, ser rebelde significaba ser libre de cualquier opresión, los miembros de la rebelión podían hacer de sus vidas lo que les viniera en gana, no tenían por qué seguir ninguna regla o tradición, la búsqueda del Avatar había pasado a segundo plano, la única autoridad sería el líder rebelde y el trabajo de aquel líder sería guiar a la rebelión y protegerlos de influencias extranjeras, los rebeldes se caracterizaban por ser personas sin moral y el líder rebelde defendería su estilo de vida en contra de los asentamientos más fuertes con líderes indispuestos a tolerar a los rebeldes. La Guerrera del Sur los ayudaría a todos a dominar el continente y nadie dudaba de ella.
- Mi señora, muchos grupos rebeldes se nos están uniendo, cada día llegan más personas a acampar cerca del coliseo, nuestras fuerzas se multiplican, las personas se están uniendo. - Hablaba un hombre de apariencia ruda e intimidante.
- Continúa. - Lo incitó a seguir con una mirada firme.
- Eso resulta ser beneficioso... el único problema es que nuestra base, el coliseo, se encuentra demasiado cerca de los territorios de Suyin Beifong. - Señaló los límites en un mapa. - Si nuestros números continúan aumentando terminaremos invadiendo sus territorios debido a que la selva es uno de los principales atractivos de estas tierras. - Explicó con evidente preocupación.
- ¿Están proponiendo que deberíamos invadir los asentamientos de Beifong? - Arqueó una ceja y los líderes se miraron entre sí de modo nervioso.
- No lo tome a mal mi señora... pero buscamos hacer lo contrario. - Habló otro de ellos mientras apretaba los puños en señal de inseguridad.
- ¿Buscan unirse a los asentamientos? - Arrugó las cejas y golpeó la mesa con su puño causando que el resto se estremeciera. Aquellas eran buenas noticias, que los rebeldes lo propusieran por si mismos era excelente pero ella debía continuar jugando su papel como líder rebelde y para ganar credibilidad debía lucir un poco disgustada por la idea.
- ¡No! Para nada mi señora, pero estábamos pensando que podríamos retomar nuestra alianza con Suyin... nosotros estuvimos aquí mientras la alianza duró y el intercambio de recursos era bueno, sin mencionar que podíamos tener acceso a los edificios del centro... - Hablaron con cuidado intentando no ofender a su líder quién personalmente había roto la alianza al tomar el poder.
- ¿Y Suyin no tenía sus propias demandas? - Preguntó con tono severo.
- No... - Negó uno de ellos. - Bueno... no era nada de valor. - Continuó explicando. - Solo pedía que respetáramos sus tierras, no robos o abusos hacia sus pobladores. - Continuaba mostrándose nervioso al igual que el resto, los líderes rebeldes solían ser personas llenas de sed de sangre y poder por lo cual esperaban que la idea fuera descartada al instante y se sentían en peligro al atreverse a proponer tal cosa.
- Respeto para sus pobladores... - Rió por lo bajo. - No es como si necesitáramos de esos idiotas para nuestros eventos ¿O sí? - Los miró analizando cada uno de los rostros de los que se encontraban ahí presentes.
- No. - Rieron nerviosos.
- Si dicen que el comercio o intercambio es bueno me supongo que no nos vendría mal intentarlo... pero. - Pausó para agregar un poco de tensión. - Yo no seré quien se aventure a su palacio, si algo sale mal serán ustedes mismos quienes terminen pudriéndose en sus calabozos al lado de Kuvira... Suyin no mostró piedad con ella y yo no pienso exponerme al mismo destino. - Bufó. - Entre ustedes decidan quienes irán a hablar con ella y cuando lo hagan solo dejen en claro que yo no pienso vivir bajo sus órdenes, podemos convivir pero no seré inferior a ella. - Dictó y sus hombres asintieron.
- Suyin no es una persona que falte a su palabra. - Se aventuró a hablar uno de ellos.
- ¿Ah no? - Sonrió la morena con ironía. - Entonces me supongo que en algún punto de su vida juró mantener a Kuvira en esos malditos calabozos por el resto de la eternidad y es por eso que no hemos podido verla desde el día en que la capturó... menos mal que es una mujer de palabra esa Beifong. - Gruñó. - Bumi tenía una alianza con ella e incluso bajo esa alianza se negó a liberar a Kuvira, no podemos confiar en Suyin... al menos no por completo, así que estén atentos. - Advirtió. - Lo último que quiero es tener que entrar en guerra contra ella solo para salvar sus traseros. - Suspiró y volvió a relajarse en su lugar, los tenía a todos en la palma de su mano, si los rebeldes decidían aliarse con Suyin las cosas serían más fáciles de controlar.
- Puede confiar en nosotros... y si por algún motivo no volvemos a tiempo no se moleste en ir por nosotros, le otorgaremos el poder sobre nuestros hombres y no se hablará más al respecto, esta ha sido nuestra decisión... – Suspiró el hombre. - Si seguimos los pasos que siguieron las personas en el asentamiento que había en las ruinas de Ciudad República tal vez nuestro imperio también alcance el mismo estilo de vida... comida tres veces al día y todo tipo de comodidades. - Expuso sus pensamientos sin atreverse a alzar la mirada por temor a ser rechazado por su joven líder.
- Se equivocan... - Habló la morena. - Yo planeo crear una comunidad más grande que la que hay en aquellas ruinas, Ciudad República no tenía ni la mitad del tamaño que tiene Ba Sing Se, nosotros seremos mejores. - Dijo con seguridad y sus hombres celebraron.
- ¡Guerrera del Sur! - Aclamaron y ella sonrió de lado, buenas noticias, muy buenas noticias pero no podía sentirse en paz, había algo que tenía que resolver cuanto antes, no estaba segura de cuánto tiempo más tenían en sus manos pero sabía que se estaba agotando, Bumi y otros tantos de sus compañeros corrían el peligro de morir en cualquier momento y no estaba segura de poder soportar la noticia si se volvía demasiado tarde.
/
El sol comenzaba a ocultarse y la morena comenzó a buscar a su primo para poder llevarse a Asami con ella, era momento de retirarse, aún no tenía idea de cómo salir de ahí para ir por Bumi y eso la tenía estresada, debía ponerse a trabajar en un plan cuanto antes, no quería perder más tiempo, no podía hacerlo, pensaba una y otra vez a medida que buscaba en los alrededores del coliseo y preguntaba por Desna.
Luego de seguir varias direcciones llegó a un pequeño campo que los rebeldes usaban para entrenar, en el campo había una pequeña multitud y en el centro se encontraban Asami y Desna, la chica solo llevaba puesto un top color rojo y para la parte inferior un pantalón cortó que le llegaba por debajo de la rodilla color negro. El sudor bajaba por la piel de la pelinegra y los ojos de la morena no perdían de vista la trayectoria de las pequeñas gotas que acariciaban su marcado abdomen.
- Debes levantar más la guardia, si bajas los brazos por un momento tú oponente podrá golpear tu rostro con facilidad. - Indicó dirigiendo un golpe hacia el joven de tez morena. - De nuevo, guardia arriba y buena posición en las piernas para el balance. - Ordenó y el chico suspiró agotado, la morena sonrió y tomó asiento sobre un trozo de escombro, a la gente le había tomado un poco de tiempo pero pronto se dieron cuenta de la presencia de la líder y de inmediato se quitaron para abrir paso y permitirle ver a los dos que estaban entrenando en ese momento.
- Guerrera del Sur. - Habló un joven con emoción y de inmediato todos giraron sus miradas para observar a la líder que se encontraba sentada cerca de ellos, la intimidante líder que siempre los dirigía desde el trono en el coliseo ahora se encontraba a su nivel tranquilamente sentada sobre un trozo de escombro. Los ojos de Asami también giraron y el tiempo pareció detenerse cuando su mirada se encontró con la de la morena, aquellos ojos azules siempre la miraban como si ella fuera el centro del universo, el calor que emanaban y el cariño siempre la sorprendían, todos miraban a Korra como una líder temible y entendía el motivo, la Guerrera del Sur había demostrado ser merecedora de su fama pero aun así, cuando ella veía a Korra no podía ver a otra persona que no fuera esa chica llena de energía e iniciativa que se había encontrado años atrás luego de la tormenta, Korra era el Avatar y actualmente se encontraba haciendo todo lo que estaba en sus manos para seguir su camino, eso era lo que ella veía siempre que conectaba con aquellos hermosos ojos celestes, aquella chica continuaba siendo la misma persona y los rebeldes estaban dispuestos a aceptarla, Korra estaba haciendo un gran trabajo, algo digno de admirarse pues por generaciones los rebeldes y el Avatar eran como polos opuestos y ahora ahí estaban, trabajando en equipo.
- ¿Es hora de partir? - Preguntó intentando no sonreír bajo aquella dulce mirada que siempre la trataba de la mejor manera.
- No... Si gustas seguir entrenando puedes hacerlo. - Respondió desde su lugar sin mover ni un músculo.
- Yo estoy agotado. - Jadeo Desna y Asami sonrió de lado.
- ¿Entrenas conmigo? - Preguntó la ojiverde y en respuesta la morena se puso de pie y caminó hacia ella.
- ¿Segura que quieres entrenar conmigo? - Preguntó sosteniendo las orillas de su blusa antes de retirarla.
- Segura. - Sonrió de forma coqueta esperando impaciente a que la morena se retirara la blusa.
- Bien. - Accedió y se retiró la blusa para permanecer con su top, así tendría más movilidad.
- Bien. - Sonrió la ojiverde, ambas intercambiando miradas, ambas intentando mantener sus miradas lejos del cuerpo de la otra.
El ritmo era acelerado, golpe, patada, golpe, golpe, patada. Ambas defendían y atacaban casi en sincronía, a pesar de estar disfrutando el momento el entrenamiento era serio, los golpes eran fuertes y si alguna llegaba a fallar al evadir o cubrir resultaría lastimada, la gente había guardado silencio mientras observaban el entrenamiento, gotas de sudor volaban por los aires tras cada golpe dado, cada una de ellas tenía una ventaja, Asami era más ágil y Korra más fuerte. Cinco minutos se pasaron a prisa con el mismo ritmo de pelea hasta que Asami perdió el balance al pisar sobre una roca, su cuerpo comenzó a caer pero fue atrapada por los brazos de la morena que de inmediato la sostuvo cerca de ella. Sus ojos se volvieron a encontrar, ambas respiraban de forma agitada, Asami agachó la mirada y sonrió, su corazón iba a toda prisa y sabía que no era por el entrenamiento, sentía mariposas en el estómago y escalofríos recorriéndole la piel, detestaba que Korra tuviera ese efecto sobre ella... especialmente luego de que se encontrara intentando no ceder para poder mantener el contacto físico entre las dos al mínimo.
- ¿Quieres seguir? - Propuso la morena retirando una línea de cabello de su rostro y acomodándola detrás de su oreja, poco le importaba que hubiera otros observando, podía sentir la electricidad que había entre ellas y quería presionar a Asami para que cediera.
- Creo... que he tenido suficiente por hoy. - Respondió al recuperar la postura y se apartó para poner distancia entre ellas.
- Bien. - Dijo la morena tomando su blusa del suelo comenzando a caminar fuera del campo, la gente comenzó a celebrar a espaldas de la líder. - ¡Guerrera del Sur! - Gritaban con emoción, Asami tomó la ropa que había dejado en un lado y comenzó a seguir a Korra.
- ¿Vieron a esa chica? Pelea como una profesional. - Hablaban los presentes. - Como el primer día que apareció en la jaula. - Murmuraban. - ¿Pero cuál es su nombre? - Se escuchaban diferentes voces.
- Tienes admiradores. - Murmuró la morena y Asami sonrió sin dejar de mirar el suelo.
/
El espacio en el escondite no parecía ser suficiente para las dos, Asami intentaba escapar de la mirada de Korra, la tensión aumentaba, ella misma batallaba para continuar con su plan pero sabía que debía hacerlo pues no planeaba retractarse de sus palabras, Korra debería darle su lugar en la sociedad rebelde, no había ido ahí para ser su protegida, había ido para ayudar.
Luego de unas cuantas risas y coqueteos ambas habían terminado luchando sobre las cobijas. - ¡Asami! - Se quejó la ojiazul al ser atrapada entre los brazos y piernas de la otra que le impedían moverse, de alguna manera había terminado enredada en una cobija y ahora la pelinegra tenía el control.
- ¿Dime? - Rió.
- No es justo... - Bufó.
- ¿Qué no lo es? - Dijo con tono juguetón.
- Me has estado evitando. - Señaló.
- No... No es eso. - Sonrió y se acercó a la morena depositando un par de besos sobre su mejilla.
- ¿Ah no? - Renegó la morena.
- Es solo que no soy tu novia ¿Recuerdas? - Indicó y la morena gruñó.
- Lo eres. - Bufó intentando liberarse pero era inútil, se había enredado bastante bien y Asami no le permitía moverse.
- Entonces preséntame como tal. - Condicionó. - Ya te lo había dicho. - Repitió.
- Es... demasiado arriesgado. - Suspiró al resignarse y descansar su cuerpo.
- Entonces permíteme pelear. - Se acercó a ella y besó su cuello con suavidad disfrutando al ver como la piel de la morena se erizaba.
- ¡No! ¿Has visto todas las cicatrices que tengo? Es una locura. - Renegó.
- ¿No me querrías si tuviera cicatrices? - Pretendió sentirse ofendida pero una sonrisa escapó de sus labios.
- No es eso... no quiero que resultes lastimada. - Aclaró y Asami se acercó a ella para besar sus labios, esta vez permitió que el beso se extendiera un poco, sus lenguas rozaron mientras sus labios danzaban en sincronía, ella misma extrañaba aquellas interacciones pero no podía ceder, haciendo uso de toda su voluntad se apartó del beso y la morena gruñó.
- Asami... - La miró con ojos de cachorro, no quería que se apartara de ella, quería poder tenerla entre sus brazos y disfrutar de sus besos y caricias.
- Lo siento Korra... pero esas son mis condiciones. - Se acercó y besó su frente. Ambas se recostaron y pronto el sueño tomó el control, durmiendo una al lado de la otra habían terminado otro día más entre los rebeldes.
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- Mi señora.- Habló un hombre rebelde, un famoso peleador del coliseo, su nombre dentro de la jaula era Verdugo gracias a la fama que había adquirido durante sus enfrentamientos, el hombre era un carnicero, antes de que la morena comenzara a influenciar en las reglas del coliseo Verdugo fulminaba a sus oponentes dentro de la jaula, nadie salía con vida luego de enfrentarse a él, la primera persona que había logrado sobrevivir a su fatal castigo había sido la morena misma y a pesar de que Verdugo había pedido la revancha, no importaba cuantas veces la enfrentara el resultado siempre era el mismo, el modo de pelea de la Guerrera del Sur era impecable e incluso artístico ante los ojos de este hombre que luchaba por entender sus consecuentes derrotas pero no había más explicación que la misma experiencia de la morena, cada movimiento, cada ataque y bloqueo e incluso el ritmo de su respiración, no había nada que la Guerrera del Sur no controlara al estar en un combate, la chica había ganado su fama de manera justa y aunque le fue difícil al final Verdugo también había comenzado a seguir los pasos de aquella implacable guerrera que luego de salir de la nada había conquistado el coliseo.
- ¿Si? - Lo miró por encima de su hombro, la líder se encontraba supervisando el trabajo que se hacía dentro de la jaula, quería que hubiera mejoras, quería cambiar un poco el método de pelea, quería volver de las peleas algo un poco más interesante así que debía haber remodelaciones antes de su siguiente aparición en la jaula.
- He estado pensando. - Le hablaba con respeto, cuando la chica ascendió a la posición de líder él había sido uno de los muchos que no dudaron de su derecho como líder. Sabía que la Guerrera del Sur no confiaba en él debido a todo lo que había hecho en su pasado, los brutales castigos, los robos, los asesinatos, el abuso de alcohol y algunas sustancias estupefacientes que lo ayudaban a divertirse años atrás, pero a él no le cabía duda de que no habría marcha atrás, no mientras la Guerrera del Sur se encontrara al mando, todos la seguirían y el camino que ella guiaba parecía estar repleto de beneficios por lo cual más y más gente estaba quebrantando las tradiciones rebeldes, todos querían tener derecho a un pedazo de tierra que les perteneciera y cerca del cual pudiesen tener comida asegurada y bienes materiales que hicieran sus vidas placenteras, una casa, camas, campos para cultivas, nunca más pasar hambre y nunca más temer de asaltos o ataques de grupos rebeldes enemigos. - Sobre la chica que lleva con usted. - Continuó.
- ¿Qué hay de ella? - Afilo la mirada y Verdugo lo notó de inmediato.
- Se nota que tiene buenos cuidados con ella, se le ve saludable y fuerte. - Siguió con su idea aún si sentía la amenaza venir de la líder.
- De nada me sirve una persona mal alimentada. - Habló y volvió su mirada a la jaula mientras un par de hombres retiraban las armas de las esquinas.
- Entiendo. - Sonrió él. - Pero la chica tiene potencial. - Completó.
- ¿Potencial? - Repitió la morena arrugando las cejas y girando su cabeza para poder ver al enorme peleador que se encontraba de pie a un par de metros de distancia detrás de ella.
- Para las peleas mi señora. - Aclaró y la morena negó con la cabeza.
- ¿Que quedaría para mí si esa mujer resulta mal herida? - Dijo rodando los ojos.
- Su nivel de pelea es... - Pausó evaluando las reacciones de su líder. - Equivalente al suyo mi señora. - Al fin dijo temiendo que sus palabras hubieran resultado ser ofensivas para la morena.
- ¿Equivalente? - Sonrió Korra, Asami no se encontraba con ella en esos momentos pues Desna se la había vuelto a llevar y la verdad era que al tener a Asami actuando como su esclava no era algo de su agrado así que prefería darle algo de libertad al vagar con Desna por los territorios rebeldes. - ¿Debería sentirme ofendida? - Alzó una ceja y el hombre rió negando con la cabeza.
- Muy por el contrario. - Volvió a dirigirse a ella con el debido respeto. - No sé de dónde ha salido ella ni porqué tiene tan buena orientación en las peleas pero su nivel es alto, muy alto. La gente lo notó de inmediato y ahora han estado pidiendo... - Pausó, el problema residía en que los esclavos se consideraban como un objeto, algo que le pertenecía a alguien y que nadie podía tocar si el dueño no lo autorizaba así que la nueva chica estaba fuera del alcance de cualquiera y hacer propuestas como la que se encontraba haciendo era algo arriesgado.
- Pidiendo que pelee. - Completó la líder con calma volviendo a mirar hacia la jaula tras ser llamada por uno de los hombres.
- ¿También las dagas mi señora?
- Todo. - Confirmó antes de volver a su conversación con Verdugo.
- Sí. - Afirmó él y ella asintió con la cabeza.
- Si, ya me lo habían mencionado antes, incluso ella me ha pedido participar pero... - Arrugó las cejas y suspiró.
- Usted nunca permitió las apuestas de esclavos durante sus peleas... sé que tener esclavos no es algo que usted haga, esa chica se encuentra bajo su protección y aunque desconozco el motivo no dudo ni un poco de su juicio. - Pausó. - Pero creo que sería buena idea permitirle pelear. - Concluyó.
- ¿Quieres que inicie contra ti? Después de todo ella iba a ser tu oponente antes de que yo entrara a la jaula aquel día. - Sonrió la morena.
- Y me temo que usted, mi señora, me salvó de la humillación. - Le devolvió la sonrisa y la morena rió por lo bajo. - Aunque creo que ella es más que capaz de dar una buena pelea contra los mejores peleadores pienso que sería preferible si empieza como el resto, desde abajo. - Agregó. - No sé quién es ella para usted pero pienso que sería mejor que se ganara la simpatía de nuestro grupo. - La miró por un momento. - Creo que eso la mantendría a salvo. - Dijo con seguridad.
- ¡Señora! La jaula está libre de armas ¿Ahora qué? - Preguntaron sus hombres.
- Ahora deshagan la jaula, el área de batalla se extenderá, toda la parte de lo que era la cancha del estadio será la zona de pelea. La gente que apuesta más en las peleas podrán estar en las gradas delanteras más cercanas a la zona de combate y serán ellos quienes otorguen las armas a su gusto y parecer. - Explicó y todos sonrieron.
- Los nuevos batallarán para obtener armas. - Comentó Verdugo y la morena sonrió.
- Si no tienen habilidades de pelea no podrán ascender. - Dijo con satisfacción. - Porque las armas solo se les serán otorgadas si el público se encuentra satisfecho con su desempeño. - Se encogió de hombros y continuó observando. - Elevarán las paredes que separan las gradas de la cancha y en la parte superior de las paredes pongan púas, así no podrán escapar si es que se les ocurre hacerlo. - Suspiró, el plan era simple y parecía agradar a los rebeldes lo cual era bueno pero la intención principal de la morena era disminuir el uso de las armas en las peleas, menos armas, menos sangre derramada, menos violencia innecesaria.
- Señora. - Apareció otro hombre, este tenía una enorme cicatriz que le partía el rostro entero, desde su deja izquierda bajaba cruzando por su nariz y la orilla de sus labios hasta su mentón, su ojos izquierdo había sido perdido bajo aquella fatal herida, herida que había sido hecha por la misma Guerrera del Sur, el hombre había intentado tomar ventaja de un arma y la guerrera al reaccionar la volteó en su contra. Aquello había pasado un año atrás y ahora el mismo hombre servía a la morena de forma fiel pues recordaba a la perfección como mientras se encontraba tirado en el suelo, lamentando la pérdida de su ojo el público celebraba y le pedía a la morena acabar con su vida, pensaba que aquel había sido su fin, su sangre fluía sin control llenando el suelo que lo rodeaba, no había manera de que sobreviviera a aquel encuentro, se había descuidado y había subestimado a la joven y como castigo vendría su muerte, pero no fue así, con el ojo que aún le funcionaba miró el rostro enfurecido de la ojiazul, su propia sangre la había salpicado, la chica lucía enfadada y sabía que había sido por la manera en que intentó atacarla, había intentado matarla, no la culpaba por querer cobrar venganza, pero en vez de eso ella lo castigó dando un fuerte golpe sobre su ceja ya lastimada, la sangre volvió a salpicar y el cayó inconsciente pero no muerto y eso sería algo que jamás olvidaría.
- ¿Qué pasa? Canyon - Respondió ella.
- El monto de las apuestas, se dobló, la gente quiere que la pelea sea mañana. - Korra suspiró y asintió con la cabeza.
- Gracias. - Volteó a ver la zona de pelea y volvió a suspirar.
- ¿Pasa algo? - Preguntó Verdugo al ver la preocupación en el rostro de su líder.
- No. - Respondió firme. - Muchos cabos sueltos que aún debo atar. - Completó y sin decir más salió del coliseo.
/
Durante la noche la morena no dijo nada, su silencio era evidente y la ojiverde no podía ignorarlo. - Korra. - Habló con suavidad tomando asiento detrás de ella mientras la morena parecía meditar sentada sobre las cobijas mirando la pared frente a ella.
- ¿Si? - Respondió distraída.
- ¿Pasa algo? - La abrazó por detrás y la morena negó con la cabeza.
- Luces preocupada. - Dijo recargando la cabeza sobre su cálida espalda.
- Si... - Pausó. - Me preocupa que mi novia no quiere ser mi novia. - Respondió con tono juguetón y la mayor rió sin apartarse del abrazo.
- No es eso. - Le respondió con seguridad. - Cuando eso te molesta tienes otra mirada. - Dijo con tono juguetón.
- ¿Ah sí? - Rió de forma breve colocando sus brazos sobre los brazos de Asami que la rodeaban por la cintura.
- ¿Es por Bumi? - Preguntó con voz suave.
- No... Bueno, eso también me molesta. - Suspiró pesadamente.
- Entonces es por la pelea. - Acertó pero la morena no se sorprendió, Asami la conocía bien así que era lógico que se diera cuenta de los posibles factores que la podrían molestar en esos momentos.
- Sí. - Aceptó agachando la mirada observando la manera en que los brazos de Asami la sostenían, se sentía tan bien, la quería tanto que temía que la pelea fuera a impresionar a la ojiverde y la hiciera pensar diferente sobre ella pues ella misma a veces no entendía cómo es que lograba ser protagonista de tan horrendos actos que a veces le era imposible evitar al estar peleando. - Las peleas... MIS peleas, a veces son demasiado violentas. - Habló con temor y pasó saliva.
- Si, Desna me ha contado al respecto. - Ambas guardaron silencio por un momento hasta que la morena se aventuró a preguntar.
- ¿Qué te ha contado? - Su voz delataba el temor que la invadía al saber que alguien le había dicho sobre su conducta dentro de la jaula.
- Dijo que tu reputación es buena entre los rebeldes porque te ganaste su respeto dentro de la jaula. Dice que al inicio lucías insegura y que terminabas tus peleas demasiado rápido con golpes limpios y certeros pero que Bumi comenzó a moldearte, te mostró la mejor manera de agradar al público y poco a poco te fuiste acostumbrando hasta que creaste un estilo de pelea en el que no había muertes pero si castigos severos si se te llegaba a provocar. - Hizo una pausa. - Todo para poder llegar a Kuvira, y lo lograste. - Sonrió sin mover su cabeza de posición, continuaba abrazando a la morena y recargando un lado de su rostro sobre su espalda.
- Me dijo que has dejado a muchos hombres fuera del juego, lesionados de tal manera que les es imposible volver a pelear. - La morena encogió sus hombros al escuchar esto último, era verdad, ella era la causa de que muchos peleadores fueran incapaces de caminar sin ayuda de un bastón o de usar alguna de sus manos o incluso de ver con alguno de sus ojos. - Pero también me dijo que esos peleadores son recompensados por su valentía y terminan trabajando para mantener el coliseo en buenas condiciones, a cambio les otorgas comida y un techo donde dormir. - Estrechó sus brazos alrededor de la morena al sentir como esta se tensaba tras escuchar sus palabras.
- Korra, todos lo estamos viendo. Las cosas que haces están cambiando a los rebeldes. Es un cambio positivo y lo que haces aquí es esencial para que eso siga ocurriendo. Ningún otro Avatar o el Loto Blanco ha sido capaz de comunicarse con los rebeldes porque no parecen hablar el mismo idioma, pero tú lo has logrado. - Intentó animarla.
- Lo sé... pero no quiero que veas las peleas, no son agradables a la vista. - Miró por encima de su hombro y la pelinegra se acercó para besar su sien.
- Korra, no crucé la mitad del continente para venir a juzgarte. Vine a apoyarte y parte de eso incluye presenciar las peleas del coliseo, debo formar parte de tu mundo si quiero poder ayudarte. - Volvió a presionar y la morena bufó.
- ¿Qué tan enojada estarías si te encierro en este escondite para que no veas mi pelea? - Preguntó y la ojiverde afilo la mirada.
- Ni lo pienses Korra. - Renegó y la morena rió. - Si haces eso saldré a retarte para otra pelea en el coliseo. - Añadió y la risa de la morena ceso de inmediato.
- No lo harías. - La miró a los ojos y la ojiverde sonrió de lado.
- ¿Es eso un reto? - Dijo con tono juguetón y la morena negó con la cabeza.
- No, no lo hagas. - Suplicó y ambas rieron.
- ¿Tienes miedo de que te patee el trasero? - Se acercó a ella deteniéndose a un par de centímetros de sus labios.
- No. - Sonrió. - Tengo miedo de lastimar tu bello rostro. - Declaró y la ojiverde volvió a reír, esta vez luchando con la morena hasta que esta logró someterla al colocarse encima de ella.
- Debes comportarte Korra. - Advirtió al no poder mover sus manos pues estas estaban siendo sujetadas contra el suelo por la morena que poco a poco comenzaba a hundir el rostro en su cuello causando que la piel de la ojiverde se erizara. - Korra... - Exhaló lentamente disfrutando de la sensación que los labios de la ojiazul dejaban al besarla.
- ¿Si? - Murmuró volviendo a repartir suaves besos sobre su cuello. Le costaba demasiado mantenerse alejada de ella en el sentido sexual, Korra era como un imán, no podía evitar sentirse atraída por ella pero debía resistirse así que juntando toda la fuerza de voluntad que tenía se forzó a hablar sabiendo que sus palabras molestarían a la morena y la apartarían de ella.
- Si no me dejas participar en las peleas y sigues con este comportamiento... me iré a vivir con Desna. - La reacción de Korra no se hizo esperar, alzando la cabeza la miró con las cejas arrugadas.
- ¿Qué? - Continuó mirando directo a sus ojos.
- Debes cumplir con tu parte primero. - Reclamó sintiendo como se le encogía el corazón al ver la reacción de la morena, lo último que quería era volver a pelear con ella.
- No puedes vivir con nadie más que no sea yo. - Renegó.
- ¿Me obligarás a vivir contigo? - La retó y la morena bufó.
- Sabes que no te obligaría a hacer nada. - Dijo molesta retirándose de encima de la pelinegra que de inmediato echó de menos su calor. - Ve y presencia la pelea si quieres, solo no digas que no te advertí. - Volvió a bufar y se metió entre las cobijas. - Y ve a vivir con Desna si quieres, pero ambos deben aparecer en el coliseo a las ocho de la mañana que yo estoy ahí. - Concluyó cubriéndose hasta la cabeza.
- ¡Korra! Solo permiteme pelear. No importa si no me presentas como a tu novia, al menos peleando puedo ganarme la simpatía de las personas y así tendré más libertades y posibilidades de ayudarte a rescatar a Bumi. - Renegó también.
- No. - Gruñó.
- Korra... esto no es más fácil para mí que para ti. - Bufó echando su cabello para atrás con su mano derecha.
- Descansa Asami. - Sentenció sin salir de su escondite detrás de las cobijas.
- Como quieras. - Renegó y se forzó a recostarse al lado de la morena, quería abrazarla, besarla y escucharla reír entre sus brazos, pero no podía ceder, necesitaba que su lugar fuera reconocido entre los rebeldes y siendo esclava no llegaría a ninguna parte.
/
El día de la pelea pareció pasar demasiado a prisa para la morena, era inevitable, debería pelear y Asami la vería. No le había dirigido la palabra en todo el día, se encontraba molesta y frustrada, quería proteger a Asami y sabía que no podía hacerlo, no siempre podría mantener a Asami bajo su cuidado, ella tenía razón, debía crearse una buena posición social para poder moverse con libertad, ella misma lo había descubierto años atrás, con el respeto de los rebeldes había podido moverse mejor entre ellos, había ganado aliados y seguidores que la vigilaban y protegían de toda posible amenaza.
- La última pelea está a punto de terminar. - Le aviso uno de sus hombres.
- Gracias. - Dijo con tranquilidad, su pelea sería la siguiente, la pelea estelar, la que todos esperaban ver. El nuevo sistema en el coliseo había sido aceptado por todos, funcionaba bien y mantenía a las personas atentas a la manera en que se proporcionaban las armas.
Dando un último giro de la venda sobre su mano derecha la ajustó disfrutando al sentir la presión sobre su puño, estaba lista para salir, una pelea más, no había nada distinto... nada además de que debía ser especialmente severa con su oponente para compensar su mal desempeño en la pelea contra Asami, eso y que Asami estaría viendo. - Maldición. - Gruñó apretando los dientes, se encontraba sumamente molesta con toda la situación, estaba molesta con Asami y consigo misma, estaba molesta con los rebeldes por encontrarse tan desesperados por verla pelear y estaba molesta con el sistema rebelde que le impedía ir a rescatar a Bumi. Esta pelea no terminaría bien para quien sea que fuese su enemigo, de eso estaba segura.
Luego de terminar de colocar la pintura de batalla negra por su rostro y brazos salió de su oficina en dirección a la zona de pelea, el lugar estaba repleto. Llegando a su trono tomó asiento para observar lo que restaba de la pelea antes de la de ella, un par de peleadores que ella conocía bien pues llevaban más tiempo que ella participando en el coliseo. A su izquierda se encontraba Asami y a su derecha Desna y alrededor de ellos el resto de sus hombres más leales pero su mirada no fue dirigida a ninguno de ellos, su mente se encontraba concentrada en una sola cosa, la pelea que estaba por venir.
- ¡Suficiente! Me están impacientando. - Se puso de pie y saltó hacia el interior del área de pelea. El público al escucharla enloqueció y los hombres presentes la miraron con sorpresa, la pelea iba bien, no entendían que había molestado a la Guerrera del Sur pero sabían que tenerla ahí no eran más que malas noticias, sin necesidad de palabras ambos se miraron y entendieron, debían trabajar juntos si querían tener una oportunidad.
Korra sonrió y simplemente extendió su mano derecha hacia la pared donde el público presente sostenía las armas, en menos de un segundo cayó un tubo, era delgado y liso pero sólido. - ¡Acabemos con esta pelea! ¡¿Qué dicen?! - Animó al público y todos comenzaron a aclamarla "Guerrera del Sur" Se escuchaba como un himno que resonaba por todo el lugar.
- Ustedes deciden ¿Qué tanto quieren que duela? - Los amenazó y ambos tomaron las armas que antes les habían sido proporcionadas, uno tenía una daga y el otro una tabla de madera con clavos incrustados. - Pensé que se rendirían fácil. - Sonrió y negó con la cabeza. - Que sea como ustedes quieran. - Afilo la mirada y se lanzó hacia ellos.
Uno ya tenía una pierna lastimada, la morena no pasó eso por alto y de un movimiento lo hizo perder el balance, con el tubo castigó su otra pierna y el hombre cayó al suelo donde de inmediato fue rematado por la orilla del tubo que rompió su nariz y lo dejó inconsciente. El otro hombre aprovechó para atacar por detrás pero la morena desvió el ataque de la daga con el tubo y sin perder el ritmo tomó el brazo del hombre por la muñeca, utilizando su cuerpo como palanca levantó al hombre del suelo y lo azotó contra el suelo.
- ¡Termínalo! - Pedían al ver como la líder de inmediato se había puesto de pie mientras su oponente intentaba hacer lo mismo. El inflamado rostro de su oponente mostraba rastro de la pelea anterior, el hombre estaba agotado, sus ojos se elevaron solo para ver como el tubo viajaba con fuerza y velocidad hacia su costado, el aire le faltó y se sentía a punto de perder el conocimiento pero la morena lo sostuvo y castigó su rostro con sus puños hasta que al fin pareció caer en un sueño profundo.
- Saquen a estos hombres de aquí. - Ordenó y el público celebro, no había nada de honorable al entrar a una pelea con un par de hombres cansados pero el público lo disfrutaba y ella tenía la oportunidad de descargar un poco de su ira y frustración.
Cuando su retador apareció la morena sonrió, un invitado, alguien externo, un retador de otro grupo rebelde. - ¿Seguro que quieres continuar con esta pelea? - Preguntó haciendo su cuello tronar al mover su cabeza de un lado a otro.
- No te confíes. - Bufó el hombre de barba tupida y cabello largo y revuelto, lucía bastante sucio y tosco, nada que la morena no estuviera acostumbrada a enfrentar.
- Nunca lo hago. - Cerró sus puños y la pelea inició.
No estaba dispuesta a permitir que su oponente infringiera ningún tipo de daño sobre ella, debía levantarse de la pelea que tuvo con Asami, debía salir intacta y dar un buen espectáculo. Su oponente era grande así que castigarlo no sería difícil, con movimientos veloces golpeaba y esquivaba, uno o dos golpes de su enemigo alcanzaron a impactar contra su cuerpo pero no se comparaban con el castigo que él mismo recibía por parte de la campeona.
Pronto las armas fueron proporcionadas y la pelea se volvió sangrienta, la Guerrera del Sur no tenía piedad, su oponente resultó ser un sujeto resistente, a pesar de tener varios golpes y cortes en la piel causados por un trozo de madera con púas aquellas robustas piernas no cedían, la morena misma comenzaba a dudar del bienestar de aquel hombre pues su sangre se encontraba salpicada por doquier, el sudor también le bajaba por el rostro, sus manos temblaban y su respiración era irregular, podía notar que aquel hombre estaba sufriendo, se encontraba adolorido, se encontraba en su límite y ella no entendía porque no se rendía de una buena vez y se dejaba caer.
- ¿Porque no cedes? No puedes moverte más. - Habló con voz seria pero tranquila, nadie podía escucharla, la gente se encontraba demasiado ocupada gritando y celebrando el evento.
- Solo has jugado conmigo chiquilla. - Rió mostrando sus dientes manchados de sangre. - Tienes la capacidad de terminar con tus peleas en menos tiempo y te diviertes con estos eventos. - Tosió lanzando más gotas de sangre hacia el suelo, la sangre provenía de su labio reventado y un diente que había perdido.
- Eso es lo que mi gente pide. - Sonrió de lado, las vendas de sus manos manchadas de color carmín y varias manchas más se esparcían por su piel y ropa.
- Si no fueras tan rápida te habría destrozado. - Gimió de dolor al mover una de sus piernas en un intento por acercarse a la morena.
- No lo dudo. - Respondió ella abandonando su posición de pelea y adoptando una posición recta.
- Vine desde las ruinas de la ciudad de Omashu para ver quién era aquella que se proclamaba como la nueva líder del antiguo Reino Tierra... - Tosió y dio otro paso. - Y me encontré con una joven que salió de la nada. - Otro tembloroso paso. - Novata, pensé. - Rió adolorido. - Pero ahora lo veo… Está en tus ojos. - Arrugó las cejas y volvió a avanzar con dificultad. - Eres peor que el loco de Bumi. - Exhalo pesadamente. - Nada te detendrá, no lo harás hasta conseguir lo que quieres. - Se quejó colocando su mano derecha sobre el costado izquierdo de su cuerpo donde había una cortada de profundidad considerable.
- Tienes lo que se necesita para liderar a los rebeldes. - Volvió a quejarse y sus piernas cedieron haciendo que aquel hombre cayera de rodillas frente a la morena. - Está en tus ojos. - Sonrió con el rostro inflamado y la barba mojada en sangre, sudor y saliva. - Has vivido y hecho cosas que te han marcado... las cicatrices formaron tu mirada, la mirada de un líder rebelde. - Suspiró. - Un líder rebelde nunca se rinde, cae persiguiendo sus objetivos. Mi nombre es Rost, líder rebelde de los territorios de Omashu y si quieres verme derrotado deberás llevarme a eso. - Afilo la mirada y la morena no dudó en tomarlo por el cabello e impactarle el rostro con su rodilla.
El público enmudeció por un momento mientras las manos de la morena aún sostenían el cabello de aquel hombre, cuando sus dedos se abrieron aquel cuerpo comenzó a caer levantando un poco de polvo al impactar contra el suelo. Korra suspiró cerrando los ojos por un momento, lentamente alzó su puño en el aire y de inmediato todos comenzaron a celebrar su victoria, las bebidas volaban por los aires, la gente cantaba, gritaba y celebraba su nombre, una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Rost, un líder rebelde que no habían podido alcanzar, las ruinas de Omashu eran difíciles de explorar por la manera en que la ciudad había sido construida. Los rebeldes de Omashu eran poderosos pero reservados, no solían salir mucho de sus ruinas y temía que fueran seguidores del Loto Rojo pero ahora lo tenía ahí, si Rost y su grupo se unían a ella sus números aumentarían de forma considerable y al parecer había hecho una buena impresión ante aquel hombre que ahora yacía inconsciente en el suelo de la arena.
- Atiendan a este hombre de inmediato. - Ordenó a sus seguidores. - Es el líder rebelde de Omashu. - Les explicó antes de continuar celebrando su victoria.
Cuando al fin salió de la zona de pelea se dirigió a su escondite, siempre era igual, debía apartarse de todos para poder limpiarse y darse un tiempo para aclarar su mente, por lo general solía hacer eso descansando su cuerpo dentro de agua caliente pero sabía que ahora había algo diferente.
Al entrar al escondite encontró a Asami sentada a un lado de la mesita sobre la cual había un recipiente con agua limpia y dentro de él un pequeño trozo de tela. Sin decir nada se acercó a ella y tomó asiento. Ambas cruzaron miradas, no hubo palabras, Asami tomó el trozo de tela y lo escurrió para luego dejarlo sobre la mesa tras lo cual extendió su brazo hacia la morena con la mano abierta, Korra acercó su mano y Asami la tomó comenzando a retirar el vendaje que protegía su puño, cuando el vendaje fue retirado Asami tomó el trozo de tela húmedo y comenzó a lavar la piel de la morena.
La interacción se repitió con la otra mano, todo en silencio, cuando sus manos y brazos estuvieron limpios Asami se acercó y comenzó con su rostro borrando todo rastro de sangre o pintura negra. La temible mirada de la Guerrera del Sur se había suavizado, con su mano detuvo la mano de Asami al pasar por su mejilla, sus ojos se encontraron y la morena se acercó para besar suavemente a la pelinegra. - ¿Confías en mí ahora? - Comentó la ojiverde al apartarse unos cuantos centímetros de su rostro.
- Lo siento. - Suspiró.
- Te entiendo. - Juntó su frente a la de ella. - No es agradable pero son cosas que debes hacer. - Habló con suavidad.
- Pero me acostumbré a ella, la Guerrera del Sur es... - Intentó explicar pero los suaves dedos de su chica cubrieron sus labios impidiéndole continuar.
- Si no fuera así no habrías llegado tan lejos. - Habló Asami. - Tú eres ella, la Guerrera del Sur es real, porque los rebeldes la necesitan para salir del agujero en el que por generaciones han estado atorados. El Avatar no los puede ayudar, tampoco el Loto Blanco o ninguno de los líderes de los asentamientos... solo un líder rebelde podrá guiarlos de vuelta a una vida tranquila y próspera. - La miró y los ojos de la morena se llenaron de lágrimas.
- Gracias. - Sollozó y sus lágrimas continuaron cayendo, poco a poco Asami la envolvió entre sus brazos y la morena ocultó el rostro contra su hombro. - Me devolviste a la vida cuando fuiste por mí al Norte... me devolviste la esperanza cuando me entregaste el documento en el pueblo y ahora me devuelves la confianza. - Continuó llorando y aferrándose con fuerza a aquella chica que iluminaba sus días.
- El Avatar no está solo... tú no estás sola. - Repitió acariciando su cabello. - Sería imposible para el Avatar seguir si se encontrara solo. - Dijo con ironía y una cálida sonrisa.
- Hay tantas personas contando conmigo y me da miedo la idea de que pueda llegar a fallarles. - Suspiró.
- Has dedicado tu vida entera a ser su Avatar ¿Cómo podrías fallarles? - La estrechó entre sus brazos mientras la morena se desahogaba.
- ¿Viste la pelea? - Preguntó al encontrarse más tranquila.
- No me perdí ni un segundo. - Respondió y guardaron silencio.
- Es peligroso. - Suspiró.
- Si tú pudiste sobrevivir ahí dentro con más razón yo. - Habló con tono juguetón.
- Asami. - Renegó y ella rió.
- Yo puedo paralizar a mi oponente. - Señaló y la morena arrugó las cejas.
- Sería extraño para tus oponentes y para los espectadores ver como eso pasa. - Meditó.
- Apuesto a que sí. - Volvió a reír la mayor.
- El hombre contra el que pelee es un líder rebelde. - Comentó luego de un momento.
- ¿Eso es malo o es bueno? - Preguntó confundida por la situación.
- Bueno, me reconoció como a una líder antes de que le rompiera la nariz con mi rodilla. - Respondió con una pequeña risilla.
- Entonces así se hacen amigos en este lugar. - Razonó y ambas rieron.
- Así parece. - Se encogió de hombros al recordar como los rebeldes habían comenzado a seguirla. - No hice nada más que golpear rostros y romper huesos y de pronto ya tenía seguidores. - Explicó.
- Entonces con más razón debes permitirme pelear. - Se aventuró a sugerir de nuevo y la morena suspiró dejando sus hombros caer.
- Si lo hago... ¿Cuál será tu nombre de peleadora? - Habló con tranquilidad, comenzaba a adormilarse entre los brazos de la pelinegra.
- Carmín. - Su respuesta fue instantánea y segura.
- ¿Carmín? - Preguntó la morena con una sonrisa sabiendo ya el motivo de aquel nombre.
- Es mi color favorito. - Señalo y Korra rió suavemente.
- Lo sé. - Se acercó y besó su cuello. - Suena apropiado. - Comentó.
- ¿Me dejarás hacerlo? - Presionó un poco.
- ¿Crees poder lastimar a otras personas como yo lo hice? - Su voz delataba su estado adormilado, pero era la mejor respuesta que había obtenido hasta el momento, incluso si era porque la morena se encontraba punto de quedarse dormida debía aprovechar la oportunidad.
- No tengo otra opción, si quiero ayudarte a rescatar a Bumi tengo que ganarme el respeto de los rebeldes, lo suficiente para sumarme a las filas de tus hombres y apoyar al líder que designes, tengo que tener influencia entre ellos. Desna y yo lo hemos estado hablando. Korra debes permitir que Desna vaya al norte, Eska no puede seguir apoyando al Loto Rojo. - Se expresó con libertad y la morena se enderezó, en silencio caminó hacia las aperturas en la roca donde guardaba su ropa y vistió prendas limpias, luego caminó hacia las cobijas y se metió bajo ellas mirando a la ojiverde.
- Ven. - La invitó y Asami se acercó sin objetar, los brazos de la morena la sujetaron con fuerza. - Densa correría peligro. - Continuó con la conversación.
- Y yo también, pero son riesgos que debemos tomar... no nos puedes proteger para siempre. - Dijo acariciando su mejilla. - Permítenos ayudar. - Se acercó y besó su frente. - Según tengo entendido el Avatar tiene el poder de manejar los cuatro elementos pero no de partirse en cuatro, necesitas un equipo con quienes trabajar. - Bromeo y la morena rió.
- Eres demasiado testaruda. - Sus manos comenzaron a cosquillear el cuerpo de la ojiverde que de inmediato intentó resistirse entre risas y quejas.
- Estoy hablando en serio Korra. - Intentó sonar enojada pero el momento no se lo permitía.
- Yo también tengo un plan... - Agregó la morena. - Pero ese mismo plan requiere que tengas influencia en este lugar. - Suspiró al saber que no tenía alternativa, no había nadie mejor que Asami para la tarea.
- ¿Qué plan? - Preguntó con curiosidad.
- Ya sé a quién dejar a cargo, es arriesgado pero creo que aceptará. De cualquier manera necesito que tú seas esa mano derecha que vigile al nuevo líder mientras no estoy. - Parecía pensar en voz alta. - Aunque primero debo arreglar las cosas con los rebeldes de Omashu... hay muchas cosas que debo hacer. - Suspiró.
- Mientras atas esos cabos sueltos yo debería estar trabajando en mejorar mi posición social. - Dijo Asami y Korra volvió a suspirar pesadamente.
- Lo sé. - Habló a penas como si quisiera que dichas palabras no dejaran sus labios.
- ¿Me permitirás pelear? - Preguntó asombrada.
- No tenemos opción... no si queremos generar la oportunidad de rescatar a Bumi. - Concordó con las palabras de Asami, ambas volvieron a guardar silencio.
- Estaré bien. - Se acercó a la morena y la besó con suavidad.
- Lo sé. - Respondió con desgano, si su amigo no se encontrara en aprietos tal vez tendría tiempo de pensar en otra manera de que Asami pudiera ganarse su lugar entre los rebeldes, pero no sabía cuánto tiempo tenía y debía actuar cuanto antes, Asami pelearía, Asami debería ascender incluso más rápido que ella.
Carmín debería ser severa, desde el inicio no tendría piedad, Carmín debería ser letal y despiadada, Carmín debería ser algo sensacional, algo fuera de lo común y también tendría con ella el apoyo y frío entrenamiento de la líder, Carmín no sería su esclava, sería su aliada, Carmín debía llamar la atención de los rebeldes, debería pelear seguido y para lograrlo debía evitar ser lastimada, Carmín sería un manjar tóxico de belleza inigualable y un toque fatal, Asami podría paralizar partes del cuerpo de sus oponentes y luego manejarlos a su gusto, la gente no encontraría explicación y su popularidad aumentaría en un parpadeo.
- Tendremos que entrenar cada tercer día, te enseñaré que hacer y cómo hacerlo… - Murmuró acariciando su cabello. – Y tal vez sea difícil para ti, pero subirás en menos de un mes. – Suspiró.
- Haré lo que me digas, no te presiones. – Intentó apoyarla, sus ojos volvieron a conectarse, zafiros y esmeraldas, verde y azul, conectados en una sola sintonía, a un solo nivel, las alianzas comenzaban, Asami se sumaría a su repertorio de aliados, no sería más su protegida, la dejaría tomar su lugar dentro de aquel peligroso mundo rebelde.
- Le diré a Desna que puede partir mañana. – Agregó, entre más líderes fueran apartados de la influencia del Loto Rojo aumentaban las probabilidades de que el cambio entre los rebeldes fuera permanente.
- Todos te apoyamos Korra. – Se aseguró de que la otra no apartara su mirada. – Lucharemos por rescatar a Bumi y después por desintegrar al Loto Rojo. – Dijo con certeza sosteniéndole el rostro entre sus manos.
- Carmín… será tu nombre. – Murmuró pegando su frente a la de ella.
- Me parece perfecto. – Sonrió. – Gracias… por confiar en mí. – La besó con brevedad.
Otro día llegaba a su fin pero una nueva estrategia había nacido, una estrategia que involucraba a más personas que solo el Avatar, un equipo que comenzaba a respaldar los pasos de aquel famoso héroe, no, el Avatar no estaba solo, tal vez nunca lo había estado, pero ahora el apoyo sería más evidente, había más personas interesadas en el cambio, personas dispuestas a actuar, Asami, Desna y un grupo fiel de rebeldes que de forma impresionante parecía ir aumentando en números, había amigos y aliados, personas que tal vez nunca se habían tomado en cuenta hasta el momento y que tal vez aún no aparecían en el rango de visión de la joven Avatar pero que pronto le ayudarían en su camino.
Gente bella! Un saludo y un abrazo a todos!
¿Cómo les va de clima? Aquí como que quiere empezar el invierno y yo empiezo a
celebrar jojo! (Tomen en cuenta que vivo en un lugar seco y árido y caluroso así que... si,
viva el frío!)
Los que se tomen el tiempo de leer esta parte del capi, adivinen, viene a integrarse un PJ a
la trama el siguiente capi, algo picosito, un poco de "salseo" Para que se ponga bueno.
Sin mencionar a nuestra bella Asami apareciendo por vez primera a pelear por si misma.
¿Que tal? ¿Quién vendrá?¿Quién será? No daré más pistas porque tal vez así como está ya es obvio.
Si adivinan les propongo poner su nombre o un nombre que ustedes sugieran para personajes de
relleno, esos que no tienen mucho papel pero que ahí están llenando espacios... (El relleno que rellena... tan lista yo.)
###28### Saludos a los reviews sin cuenta :D
- Karen Rodrigz. Hola! Un gusto que te hayas pasado a dejar un review. La verdad no importa la cantidad de comentarios que dejen, siempre me gusta poder leer las opiniones de las personas que se toman el tiempo de leer mi fic así que muuuchas gracias! Y bueno gracias de nuevo por tus lindas palabras, espero que la espera no haya sido larga, la verdad es que tienen aquí a una escritora que a veces tiene tiempo a veces no y a veces escribe varias cosas a la vez jajaja perdón. Pero me esfuerzo por que cada capítulo tenga buen contenido y calidad,ojala este también te haya gustado c: Un abrazo! Gracias.
- Diane. Saludos! Y si, que bueno que encontraste la cuenta de FaceBook. Publicaré desde esa en los grupos Korrasami también cuando haya actualización para aquellos que no tienen cuenta pues que puedan saber cuando me permito subir nuevos capítulos jaja. Gracias por el apoyo. ;D
- Jessi. Gracias por el review ;D Que bueno que el pasado te haya gustado, espero este también y espero disfruten de la calma lo más que puedan jajaja Esto está que se pondrá bueno. Saludos!
- Liz. Gracias! Jajaja Yo misma no sabría decir que capítulo es mi preferido, tendría que terminar la historia y luego ver, pero soy muy indecisa así que no se, ya cuando termine ustedes me dicen que capítulo les gusta más. :D Gracias por pasar a comentar. Un abrazo.
- LuxxTenebris. Luuuuuux! Jajaja me gusta siempre la energía que le inyectas a tus comentarios xD me sacas sonrisas. Y bueno, el capi pasado muy sensual y SI! el buen Bumi está colgando cabeza abajo en algún calabozo así que malas noticias... más cosas que resolver. Uffff Pero bueno, eso ya se avecinará, pronto, pronto. Ojalá este capi también te haya gustado, más cosas por integrar pero ya iré armando el rompecabezas, solo permítanme un par de capítulos más... o uno? Igual, ya verán ;) Como siempre un gustazo leerte. Gracias.
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Nos leemos pronto colegas
Chiauuu!
