- Utilizarás la técnica para golpear los nervios de tus enemigos, pero deberá ser moderada, inmoviliza una pierna, un brazo, el objetivo es que puedas dominarlos con facilidad. - Explicaba dentro de un área de entrenamiento subterránea que había construido especialmente para la capacitación de Asami, no quería que los demás vieran sus habilidades y necesitaba que las practicara con frecuencia. - También sugeriría que no utilizaras esos golpes al inicio, utilízalos a tu conveniencia, humilla a tu oponente y cuando se encuentre a punto de alcanzarte o de usar un arma entonces sacas provecho de tus habilidades especiales, así el público no se aburrirá de que tus victorias sean totalmente limpias y fáciles. - Continuó hablando.

- Igual no se podrá salvar de ser severa, el público celebra cuando las palizas son sangrientas. - Agregó Desna que se encontraba sentado en una esquina observando a las dos.

- Lo se, pero el estilo de Carmín debe ser diferente, novedoso, deberá llamar la atención de los espectadores. - Agregó la morena y los tres meditaron por un momento repasando las opciones que tenían disponibles para presentar a Asami como una nueva peleadora del coliseo.

- Tal vez. - Agregó Asami y los otros dos concentraron sus miradas sobre ella. - Si utilizo uno de mis guantes, puedo hacer un modelo delgado, como un guante de látex que tenga los contactos expuestos en los dedos, así puedo seguir usando la técnica del golpe a los nervios y con la otra mano castigar con descargas eléctricas. - Parecía pensar en voz alta más que estar sugiriendo la idea, de nuevo los tres permanecieron en silencio por un momento sopesando la idea.

- Se han visto todo tipo de castigos pero nunca eléctricos. - Opinó el joven y Korra lo miró con atención antes de volver sus ojos a Asami quién se encontraba de pie frente a ella vistiendo su ropa de entrenamiento.

- Electricidad... adormecimiento y golpes severos. - Repasó colocando sus dedos pulgar e índice bajo su barbilla.
- ¿Es demasiado? - Preguntó la joven de ojos verdes con inseguridad.

- Necesitamos demasiado si quieres subir rápido. - Opinó Desna.
- Necesitamos demasiado... pero no quiero cruzar la línea. - Objetó Korra.

- Los rebeldes no tienen líneas. - Respondió su primo con ese tono frío y desinteresado que siempre lo caracterizaba.

- Tal vez puedan considerar la electricidad como un arma… nadie entra al coliseo con un arma colgando del cinturón. - Explicó la morena.

- Un Guante es algo que ellos nunca han visto, puede presentarlo como parte de su ropa. - Habló Desna encogiéndose de hombros.
- No. - Habló la morena. - Tengo una mejor idea. - Sonrió de lado. - Cuando a Asami se le otorgue la oportunidad de usar un arma ella usará el guante en vez del arma. - Se mostró animada con la idea.

- Entonces solo usaré el guante cuando el público me permita usar armas... - Repitió Asami.
- Si usas el guante en armas de metal ¿La electricidad se transmite por ellas? - Meditó la morena y Desna sonrió liberando una pequeña risilla.

- Estos años en el coliseo si que te han dado la manera de pensar de un rebelde. - Se burló y la morena sacudió la cabeza y rodó los ojos.
- Solo... veo la mejor manera en que el público se divierta y que no sea tan pesado para Asami, todos adentro de la jaula derraman sangre, Asami puede ser severa sin la necesidad de eso. - Continuó pensando.

- Si logro cambiar el voltaje en los guantes creo que podrían transmitir la energía por armas metálicas. - Respondió Asami.

- Puede golpear con algún tubo o vara de metal y castigar a sus víctimas con electricidad. No tendría que apalearlos tanto, un par de golpes en el cuerpo o incluso si bloquean el ataque quedarían acabados. - Sonrió la ojiazul.

- Entonces electrocutaré a mis víctimas. - Alzó una ceja y Korra se encogió de hombros.
- Será más llamativo que solo molerlas a golpes... ese estilo ya lo tomé yo. - La miró con ojos traviesos y la ojiverde sonrió de lado desviando la mirada, aunque Korra parecía ya haber accedido a dejarla participar en las peleas no cedería ante ella hasta que aquello fuera una realidad.

- Pero... - Interrumpió el joven. - ¿Qué pasará si Carmín y la Guerrera del Sur se enfrentan? - Parecía intrigado por la idea.

- Yo debo ganar. - Dijo Korra de inmediato.

- ¿Entonces...? - Continuó Desna.
- Entonces yo debo ser capaz de evitar sus golpes a los nervios y la electricidad. - Suspiró.

- Suena bien. - Sonrió Asami de forma traviesa. - Estoy segura de que eso no será un problema para la Guerrera del Sur. - La pequeña sonrisa en el rostro de la pelinegra bastó para acelerar el corazón de la morena, la estaba provocando en más de una manera.

- Pensé que el entrenamiento sería para mostrarle a Asami como pelear en el coliseo, no para salvar el pellejo de la Guerrera del Sur. - Comentó y Asami rió por lo bajo.
- Te equivocas, no es solo para ayudarme a mi misma, Asami también debe acostumbrarse a pelear con personas de su mismo nivel si quiere poder dominar sin dificultades a la persona que planeo dejar en mi lugar cuando valla a buscar a Bumi. - Los ojos de la morena se habían vuelto obscuros mientras sus pensamientos revoloteaban alrededor del plan que parecía ya tener listo pero que hasta el momento se había negado a compartir.

- ¿Quién será esa persona? ¿Por qué guardas tanto misterio? - Interrogó su primo pareciendo molesto por la incertidumbre.

- Es... arriesgado. - Suspiró la morena. - Aún no estoy segura pero creo que las cosas saldrán bien, solo debo preparar todo, no me quiero adelantar, primero debo arreglar las cosas con Rost y ayudar a Asami a entrenar... luego vendrá lo de mi partida. -

- ¿No es mi hermana cierto? - Se apresuró a adivinar y Korra alzó ambas cejas mostrándose sorprendida por la mera idea de poner a Eska a cargo. - No. - Respondió de inmediato y Desna pareció aliviado.

- Partiré luego de ver la primera pelea de Asami, quiero ver como resulta esto. - Habló con calma. - No es como si tuviera prisa para ir a entregarme a las garras de mi hermana, aunque creo que las cosas no saldrán mal una vez que sepa de donde se originó el Loto Rojo. - Se encogió de hombros.

- No hay prisa. - Suspiró la morena que tampoco parecía emocionada por la idea de la partida de Desna, no quería arriesgarlo, ya tenía a un grupo de amigos a quienes rescatar y no quería agregar a un familiar suyo a la lista. Ella y Desna se habían vuelto unidos luego de su regreso al coliseo, Desna la había ayudado a superar un poco la muerte de Unalaq al decirle que su padre no había sido un buen tutor, le había otorgado un poco del perdón que le hacía falta para quitarse la culpa de encima tras aquella trágica muerte.

- Entonces iniciemos con el entrenamiento, primero los golpes a los nervios. - Apresuró Asami y la morena sonrió.

- Iniciemos. - Aceptó y así dieron inicio a su primer entrenamiento serio.

###29###

Después de la comida la morena se dirigió a la zona que dedicaban para los peleadores que resultaban heridos en los combates del coliseo. Debía visitar a Rost, el líder rebelde de Omashu* lo necesitaba de aliado y era importante establecer una buena relación para hacer que eso sucediera.

Rost se encontraba recostado en una zona alejada de los demás, desde el inicio se le había dado un trato especial, había sido el primero en atender y ahora tenía a su disposición a más de cinco personas que se encargaban de asegurarse que se encontrara lo más cómodo posible.

- ¿Será que la temida Guerrera del Sur no solo es poseedora de imponentes habilidades de pelea si no que también de un corazón cálido? - Habló el hombre que ahora se encontraba completamente parchado, vendajes y suturas por doquier. Su piel enrojecida y amoratada alrededor de los cortes, uno de sus ojos se había cerrado tras recibir el impacto de uno de los puños de la morena, no cabía duda que él había sido el perdedor de aquella pelea.

- ¿Por qué haces ese comentario? - Habló la morena sin demostrar ninguna expresión en el rostro.
- Porque nos honras al presentarte en la enfermería de los perdedores. - Dijo el mayor con tono de broma mientras reía y se quejaba. - Niña, me has dejado apaleado, no puedo reír sin quejarme como un animal herido. - Gruñó con una sonrisa al sostener una de sus manos sobre el costado de su cuerpo lastimado.

- En realidad nunca vengo por aquí, pero tú no resultaste ser cualquier víctima. - Respondió con una sonrisa traviesa al presenciar el dolor de aquel hombre.

- Ah si, me suponía que era eso... me parece difícil imaginar que la chica que me abrió la carne como tú lo hiciste fuera capaz de demostrar semejante acto de bondad. - Respondió él pareciendo querer poner a prueba a la morena.

- ¿Y qué si fuera así? - Respondió la Guerrera del Sur con tono retador.
- Es difícil imaginar a una persona que sea capaz de demostrar ambos comportamientos, ser tan salvaje en una pelea y bondadosa fuera de los combates... sería un enemigo aterrador, alguien capaz de cambiar de rostros de manera tan versátil es alguien a quién no hay que perder de vista. - Habló Rost con tranquilidad y Korra sonrió de lado.

- Eres listo. - Afirmó con seguridad. - Lamentablemente no tengo esa capacidad y mi presencia aquí solo se debe a ti y tu estatus como líder rebelde en las ruinas de Omashu* - Lo miró analizando cada una de sus reacciones.

- Si, la temida líder que bajo su mandato aniquilo a varios líderes de pequeños grupos rebeldes. - Los ojos café del hombre acusaron a la morena quién había tomado asiento al lado de su cama, claro que él no pasó por alto a la hermosa chica de cabello negro, tez blanca y ojos verdes quién permanecía detrás de la morena sin decir palabra alguna.

- Hice un llamado para todos los rebeldes a unirse a mi grupo, fue un llamado pacífico y solo respondimos a las provocaciones de aquellos quienes respondieron con violencia. - Aclaró para borrar de la mente de Rost el temor a ser asesinado.

- ¿Por qué te tomarías la molestia de cuidar de los hombres de otros líderes? Tu bien podrías aplastar a quienes quisieras, en vez de eso decidiste doblar el número de seguidores que tenías al apoderarte de otros grupos rebeldes y sus territorios... no es como si las tierras que conquistaras fueran mejores que las de Ba sing Se, el resto del mundo está podrido. - La miró con intriga. - ¿Por qué eres tan ambiciosa? - Agregó.

- La cantidad de personas que restan en esta carcasa de mundo no es muy grande, la selva crece a prisa, tarde o temprano las personas serían atraídas por los beneficios de la selva, yo solo quiero estar al mando, no me iba a arriesgar a perder el poder. - Su respuesta fue presentada con seguridad y sin prisas, no parecían palabras premeditadas o ensayadas, eran palabras perfectamente lógicas y sensatas.

- Tiene sentido, nunca lo pensé de ese modo. - Suspiró él volviéndose a recostar sobre la cama dejando que el dolor causado por el movimiento se disipara luego de permanecer estático por un par de minutos.

- Espero que tu visita no se haya debido solo a tu deseo por derrotarme en el coliseo... ya que eso no pareció resultar muy bien para ti. - Habló con una pequeña sonrisa plasmada en el rostro, Rost no tardó en responder a aquella burla con una risilla socarrona.

- Bien dicho... bueno, esa era una prueba y me parece que la has pasado sin problemas. No encontré a una chiquilla cualquiera sedienta de sangre y sin propósito alguno, veo que tienes grandes planes y la determinación necesaria para llevarlos a cabo, y ahora, luego de escuchar los motivos que has tenido para salirte de las tradiciones, no me cabe duda de que la mejor opción para mi grupo es unirse a tus fuerzas, si el mundo cambia no podemos rezagarnos. - Hizo una pausa para aclararse la garganta. - La estructura de Omashu puede servirnos de resguardo pero tarde o temprano seríamos derrotados. - Aceptó volviendo a mirar a la morena.

- Sin embargo no planeo cederte mi ciudad, puedo apoyarte si así lo necesitas. - Sus duras facciones no mostraban cabida a ningún tipo de negociación, estaba dicho, Rost no daría paso atrás, la oferta que había dado era la única que lo acompañaba aquel día, ni poniendo su vida en riesgo cedería a otro tipo de arreglo, eso lo pudo ver la morena en aquellos intensos ojos marrones.

- No quiero tu ciudad. - Aclaró de inmediato. - No me sirve pues se encuentra lejos de la selva, lo que si puedo apreciar es que tomes bajo tu protección a mis aliados, les permitas el paso a tu ciudad y a cambio yo puedo enviar a una docena de mis mejores hombres, aquellos con basto conocimiento en cultivos, ellos pueden llevar semillas y recursos que los ayuden a empezar a generar sus propia comida y árboles que les brinden sombra. - Ofreció y aunque Rost guardó silencio su respuesta ya estaba escrita en el brillo de sus ojos, la idea no solo había sido atractiva si no que también adecuada lo cual era de esperarse, la morena sabía que los rebeldes de Omashu habían aumentado sus números al contar con la protección de la estructura de la abandonada ciudad pero claro estaba que no tenían conocimientos de como tratar la tierra ni medios para hacerlo así que su demanda de recursos no podía ser abastecida con facilidad.

- Si haces eso tendrás otra base llena de hombres dispuestos a ayudarte... bastante astuta Guerrera del Sur. - Rió el hombre con aquella pesada risa que resonaba alrededor. - Desafortunadamente no me tuviste piedad durante nuestro enfrentamiento en el coliseo lo cual me ha dejado limitado por un tiempo, no puedo volver a mis tierras y no puedo dar nuevas órdenes. Espero que no te moleste tenerme aquí como huésped hasta que mi condición mejore. - Propuso y ella suspiró poniéndose de pie.

- Para nada, por favor no dudes en pedirle a mis hombres lo que sea que te haga falta durante tu estancia aquí. - Concluyó y se dio media vuelta permitiendo que la curiosa mirada de Rost examinara cada detalle de la chica que acompañaba a la líder, hermosa sin lugar a dudas, algo un tanto inusual pero indiscutiblemente placentero, dos hermosas chicas de complexión atlética presentándose juntas ante él, la misma Guerrera del Sur resultaba ser un deleite para los ojos de aquellos osados que se atrevieran a mirarla por más de un minuto, y la chica que le acompañaba, aunque callada, se podía saber que no se trataba de solo una cara bonita.

###29###

Con una de las cosas tachadas de la lista la líder podía concentrar sus ideas y energías en la misión de salvar a Bumi lo cual incluía a Asami y al nuevo líder que dejaría a cargo de la reciente unión rebelde, también faltaba que sus hombres se aventuraran a hablar con Suyin Beifong y volvieran luego de establecer una alianza, las cosas parecían ir bien y lo único que le tenía los nervios de punta era la incertidumbre respecto al rumbo que tomaría la orden de Loto Rojo con sus rehenes, bien podrían decidir eliminar a Bumi y a sus hombres de un día a otro y era eso lo que la tenía pensando e ideando planes a cada momento y a toda hora.

El entrenamiento con Asami era tomado con seriedad, ambas atacando con todas sus fuerzas y forzando todas sus habilidades al límite, claro, sin hacer uso del poder de los elementos. Asami atacaba a Korra mezclando movimientos que adormecerían sus nervios y Korra respondía con agresividad y rudeza, la misma que los rebeldes mostrarían en el coliseo, sus golpes serían toscos y más torpes que los de la morena pero cada uno de ellos sería dirigido con una fuerza descomunal que si llegaba a impactar causaría un severo daño, un mal golpe y Asami podía verse metida en serios problemas.

Una semana era todo lo que tenían, Korra había explicado los pasos uno por uno, Asami entraría a las peleas para ganar fama, cuando el momento fuera apropiado establecerían un acuerdo con el remplazo de Korra y Asami debería aprender a manejar a aquella persona, aún no liberaba ningún detalle o rasgo de la persona que había elegido, la morena se había limitado a decir que no podía haber mejor candidato para el puesto, aquella persona sería aceptada de inmediato y tenía una capacidad increíble para mantener a los rebeldes en orden, un líder innato que mantendría el orden... siempre y cuando aceptara el puesto bajo las condiciones que la Guerrera del Sur establecería.

Al llegarse el Viernes Suyin ya había llegado a buenos términos con los rebeldes, la alianza estaba hecha y de nuevo los rebeldes tenían acceso a la ciudad en ruinas. Con estos nuevos privilegios nadie perdió el tiempo y de inmediato comenzaron a moverse de sus pequeñas casas de acampar improvisadas de telas y pedazos de madera podrida para buscaron algún edificio que se encontrara en las condiciones lo suficientemente aceptables para morar en ellos.

La gente continuaba llegando, Rost se encontraba mucho mejor y ahora ayudaba a Korra a establecer el orden entre las personas que a veces se disputaban el derecho para ocupar tal o cual lugar. Aquel hombre se mostraba como un fiel aliado pero la morena no bajaba la guardia al estar cerca de él, le confiaba ciertas tareas y a veces compartían pequeñas charlas, nada demasiado formal o íntimo, charlas superficiales que aparentemente no revelaban nada pero que ambos líderes usaban para evaluar el carácter y la personalidad del otro. El duelo de poder nunca terminaba y Rost se mostraba como un hombre maduro y de basta sabiduría mientras la morena nunca bajaba de su pedestal como líder de la nueva unión, duelos silenciosos que ambos disfrutaban y que se negaban a perder por el simple hecho de disfrutar el espíritu de competencia, al ser aliados les convenía saber que alcances tenían y que beneficios obtendrían al trabajar en equipo.

###29###

Sábado por la noche, durante la semana Asami había sido presentada formalmente a un grupo de ocho hombres, había sido presentada como Carmín y aunque ellos conocían ya el verdadero nombre de la chica estaban obligados a llamarla con su nuevo nombre de peleadora, aquel equipo era conformado por los peleadores más experimentados y respetados del coliseo, los fieles seguidores de la guerrera del sur, los que se quedarían a respaldar el liderazgo de la morena cuando partiera en su misión por salvar a Bumi, ellos ayudarían y apoyarían a Asami, todos ellos estaban al tanto de la verdadera identidad de Korra y de sus propósitos pero el respeto que le guardaban iba más allá de las barbáricas ideas que se les habían inyectado al momento de unirse a un grupo rebelde, había más hombres que sabían del secreto, todos los que habían peleado en el norte, pero esos ocho eran los mas influyentes y los encargados de mantener el equilibrio junto con Carmín.

Todos ellos habían sido respetuosos con la chica de ojos verdes, cada uno de ellos le había dado la bienvenida y le había proporcionado uno o dos consejos para las peleas, todos reaccionaron de forma positiva, como si hubiesen estado esperando por ese momento desde el día en que Asami apareció en su coliseo, claro todos interactuaban con ella de forma respetuosa, luchando por no hacer ningún gesto o mirada impropia, los encantos de la legendaria señorita Sato eran difíciles de ignorar pero sabían que de no hacerlo se podrían meter en serios problemas con la líder quien al declararla como a su esclava les había dejado en claro que nadie más podía tocarla o mirarla.

Pequeños recorridos por el coliseo les habían sido concedidos para conocer y familiarizarse con la nueva peleadora y claro la chica no decepcionó a ninguno de ellos, su curiosidad natural bastaba para proporcionar las preguntas exactas y necesarias para continuar la plática cuando el silencio comenzaba a prolongarse evitando así cualquier momento incómodo que pudiese nacer a falta de un buen tema para conversar.

Eso estaba listo, desde el punto de vista de la pelinegra todo estaba listo para su debut en el coliseo como peleadora y no como víctima, pero no parecía ser igual para la morena quien continuaba presionando más y más durante los entrenamientos.

- ¡Korra! Necesito un respiro. - Suspiró y se echó hacia atrás, la morena se había vuelto buena esquivando los golpes que dormían los nervios y ahora sus enfrentamientos duraban más.

- Cinco minutos. - Suspiró la morena limpiando el sudor de su frente.

- No creo que los rebeldes me obliguen a seguir el mismo ritmo que tú. - Suspiró la ojiverde.
- No entiendes. - Hablo la morena antes de hacer una pausa para beber un poco de agua de una vieja cantimplora maltrecha. - Debes ser la mejor, en combate cuerpo a cuerpo debes intentar superarme, aplastarme si es necesario. - Elaboró en su respuesta pero sus palabras solo lograron confundir más a la mayor.

- Si no me equivoco, el objetivo es ser buena pero nunca más buena que la Guerrera del Sur. - Dijo alzando una de sus cejas con un rostro que dejaba en claro su confusión.

- Así es... pero si quieres poder superar a la persona que tomará mi lugar deberás acostumbrarte a pelear con alguien de tu mismo nivel, o de mi nivel. - La miró con seriedad. - Hemos mejorado, ambas, el entrenamiento nos ha servido pero debemos seguir si queremos que todo esté bajo control. - Concluyó colocando la cantimplora sobre una repisa de roca que había formado en una de las paredes.

- Espera... ¿Dices que hay un rebelde capaz de alcanzar nuestro nivel de pelea? - Preguntó al no poder ubicar a nadie con esas habilidades.

- Si, y si no te ganas su respeto no te tomará en serio... de todos mis hombres me temo que no hay nadie que le pueda hacer frente, solo tú. - Habló con sinceridad despertando aún más la curiosidad de la ojiverde.

- ¿Conozco a esta persona? - Insistió y la morena sonrió de lado negando con la cabeza.
- No, pero lo harás cuando hayas ganado tu fama en el coliseo. - Concluyó volviendo a lanzar un par de ataques contra la ojiverde.
- ¿Es un líder rebelde? - Insistió en una oportunidad.
- No... Pero lo será. - Comentó con una sonrisa traviesa.
- ¡Korra! - Renegó y la morena rió.

- Será todo un reto para ti, así que atenta. - Dijo al tiempo que lanzaba una patada que sacó de balance a su contrincante haciéndola caer.

- Me siento entumecida. - Suspiró Asami desde su posición recostada en el suelo. - Necesitaré descansar al menos un día antes de mi pelea. - Habló con los ojos cerrados sintiendo como cada músculo de su cuerpo parecía arder por toda la actividad física, el polvo del suelo se había pegado a su piel debido al sudor y su ropa era un desastre, se sentía sucia y apaleada, necesitaba descansar, necesitaba un buen baño y necesitaba relajarse, solo una cosa le vino a la mente, el remedio perfecto pero que no estaba segura de poder obtener. - Korra... tomemos un baño. - Propuso y la ojiazul la miró sorprendida.
- ¿Tomemos? - Pausó, se le notaba interesada pero dudosa. - ¿Las dos juntas? - Preguntó y Asami rió suavemente, sabía que la morena dudaría debido a la barrera que se había encargado de levantar entre ellas para poder condicionar a la temible líder rebelde.

- Si. - Abrió los ojos y se enderezó sentándose en el suelo y sacudiendo el polvo de su ropa. - Me duele todo el cuerpo, no puedo mover ni un músculo, necesito un buen baño y alguien que se asegure de que no me vaya a ahogar mientras descanso en la tina. - Bromeo y ambas rieron.
- Con gusto acepto el trabajo. - Respondió la morena ofreciendo su mano a la pelinegra para ayudarla a ponerse de pie.

- Bien, es lo menos que puedes hacer. - Resoplo jugando y la morena sonrió.
- En su momento me lo agradecerás. - Dijo tomando a la pelinegra alzándola del suelo y cargándola al estilo nupcial. - Por el momento no deberás caminar más. - Su voz traviesa resonó alrededor junto con las risas de Asami quién instintivamente se aferró al cuello de Korra con ambos brazos, la morena caminó fuera del área de entrenamiento hacia el pequeño cuarto que conformaba su escondite y sin detenerse se introdujo en el baño donde con un movimiento de sus pies agrandó un poco la tina, los ojos de la pelinegra se agrandaron cuando la morena sonrió acercándose más a la tina.

- Korra... la ropa. - Advirtió pero en eso los brazos que la sostenían la liberaron dejándola caer sobre el agua, claro que no iba a permitir que la otra se saliera con la suya así que sin liberar su cuello la arrastró junto con ella, Korra intentó mantener el equilibrio pero sus esfuerzos fueron en vano, tras un pequeño grito ambas cayeron dentro de la tina que se encontraba llena con el agua de las reservas que la morena mantenía en un tanque de roca bajo tierra.

- Creo que me golpee la cabeza. - Se quejó la ojiazul.

- Eso te pasa por querer pasarte de lista. - Respondió Asami tomando a la morena por la blusa jalándola hacia ella para poder besar sus suaves labios.
- Lo siento. - Sonrió.

- No, no lo sientes. - Rió la ojiverde.
- En realidad no. - Concordó Korra acorralando a Asami entre la tina y sus brazos, ambas se encontraban empapadas, la tierra y el sudor comenzaban a enjuagarse de sus pieles, el agua, que inicialmente se encontraba a temperatura ambiente, comenzaba a calentarse bajo la influencia de los poderes de la ojiverde, el vapor comenzaba a formarse a su alrededor mientras ambas compartían suaves y delicados besos.

Las hábiles manos de la morena comenzaron a retirar la blusa de su chica, acariciando su suave piel en el proceso hasta que la blusa salió, haciendo uso del agua control comenzó a retirar su pantalón y bragas, las prendas habían sido arrojadas fuera de la tina, pronto las prendas de la morena también habían desaparecido y ambas descansaban dentro del agua caliente, habían cambiado de posición, ahora Korra yacía sentada en la tina y Asami recargaba la espalda contra su pecho.

Haciendo uso de un trozo de tela la morena acariciaba la piel de Asami limpiándola con cuidado, también sanaba los golpes y moretones que le había hecho durante el entrenamiento, todo era ejecutado con delicados movimientos que ponían atención a cada detalle, la trataba como si se tratara de una frágil muñeca de porcelana, quería darle la mejor atención y hacerla sentir bien, el entrenamiento era severo pero debía ser así para que la preparación de Asami fuera la mejor, no quería que nadie la tomara por sorpresa o que la pudieran llegar a lastimar seriamente durante una pelea.

- ¿Te sientes mejor? - Habló con voz relajada.
- Si. - Sonrió Asami notando como el entumecimiento de su cuerpo desaparecía.
- Ya que nadie nos ve entrenando te puedo sanar las heridas, pero una vez que entres al coliseo... - Murmuró.

- Lo sé, no te preocupes. - Sostuvo su mano derecha y la abrazó contra su pecho obligándola a abrazarla. - Pero no tienes porque preocuparte, todo estará bien. - Intentó calmar sus inquietudes aunque sabía que eso no sería posible, Korra solía tener ese impulso natural por proteger a sus seres queridos y siempre se preocuparía cuando alguno de ellos se encontrara en alguna situación que representara algún tipo de peligro.

- Eso espero. - Murmuró recargando la barbilla sobre su hombro.

###29###

Tal como lo había pedido, la ojiverde obtuvo un día de descanso antes de su debut, era Miércoles y su pelea sería la última pues todos habían acordado que la aparición de Asami sería bien aceptada por el público debido a su combate anterior con la morena, el lugar estaba lleno como de costumbre y las peleas fluyeron con naturalidad, el público celebraba embriagado y los peleadores lo dejaban todo dentro de la zona de batalla.

Dentro de la oficina de la líder Korra observaba a Asami mientras terminaba de atar su cabello en una coleta. El equipo se las había arreglado para conseguir la ropa que la ojiverde había pedido, las vendas para sus manos serían de color rojo obscuro, sus botas color café, el pantalón color vino y el top negro, la pintura de pelea era del mismo color de sus vendas, varias líneas se pintaban por su abdomen y brazos mientras que su bello rostro se mantenía impecable con los labios pintados del mismo color que siempre y con una sombra y delineado color carmín, el maquillaje de su rostro no era barbarico, muy por el contrario parecía resaltar sus finas facciones, a decir verdad se le veía muy bien con aquel atuendo pero su belleza no podía distraer a la morena de su preocupación.

- Recuerda... si hace falta deberás ser severa. - Habló con preocupación.
- Lo se, tranquila. - Sonrió acercándose a ella. - ¿Recuerdas aquel día en que Amon apareció para llevarte? - La miró a los ojos y la morena suspiró. - Así como aquel día, si las cosas pintan mal haré lo necesario para salir bien de ahí. ¿Entendido? - Sostuvo el rostro de la morena entre sus manos y se acercó para besar sus labios brevemente, en eso se escuchó a alguien llamando a la puerta.

- Jefa... es hora. - Anunció uno de sus hombres desde el otro lado de la puerta.
- Gracias. - Dijo la Guerrera del Sur tomándose un tiempo para contemplar un poco más los ojos de su preciada chica.

- ¿Vamos? - Sonrió Asami.

- Vamos. - Concordó sacudiendo la cabeza intentando librarse de todos los malos pensamientos que lograban ponerla nerviosa al visualizar posibles resultados negativos para la pelea.

Ambas caminaron hacia la entrada de la arena, el enemigo de Asami era un hombre que llevaba tiempo participando en las peleas, su estilo bastaba para ser recordado por el público pero no había logrado ganarse el cariño de los espectadores, era demasiado certero con sus ataques y por lo general terminaba las peleas luego de un fuerte golpe, algo que el público no solía celebrar mucho.

La gente observaba en silencio al hombre que había aparecido, ninguno pensaba que él fuera merecedor de una pelea estelar, claro, a menos de que fuera acompañado de algún peleador popular que lo fuera a utilizar para entretener a los espectadores, pero nadie se esperaba que aquello en realidad fuera la introducción de un nuevo peleador ya que aquellas peleas de introducción solían ser las primeras y las menos aclamadas.

Sin darle más vueltas al asunto Korra salió a la zona de pelea, el hombre de inmediato se echó hacia atrás al verla venir, lucía tan imponente y fuerte como siempre, la pintura negra obscurecía el contorno de sus ojos dando la impresión de que sus claros orbes azules brillaban, desesperado miro alrededor buscando un indicio que le diera a entender que aquello no era más que un enorme malentendido, él no estaba listo para pelear contra la Guerrera del Sur.

- ¡Guerrera del Sur! - Celebraron los espectadores.

- ¡Buenas noches! - Saludó. - Esta pelea será una pelea especial, quiero presentar ante ustedes a una amiga, una persona que todos vieron aparecer de la nada unas cuantas semanas antes. - Inició y todos parecían debatir entre ellos la identidad de la persona de quién la líder hablaba.

- Así es, se trata de la chica que peleo conmigo y dio un espectáculo digno de presenciar. - Sonrió y poco a poco la gente comenzaba a entender de quién hablaba, unos cuantos ya habían comenzado a celebrar y otros observaban con atención disfrutando de la presencia de la líder en el coliseo. - Hoy hará su aparición en este lugar como una nueva peleadora y aunque sus habilidades son dignas de un campeón... no sería justo que la dejáramos iniciar peleando con los mejores ¿Cierto? al igual que el resto deberá iniciar desde abajo. - Señaló con su mano al hombre que se encontraba de pie a un lado de ella.

- Él será la primera víctima de nuestra nueva aliada, nuestra nueva estrella... ¡Carmín! - Anunció y la pelinegra apareció en escena, sus pasos eran firmes y elegantes, aún así todos eran capaces de ver que la determinación de la nueva peleadora era sobrecogedora, en aquellos ojos no existía duda alguna y su esbelta figura advertía del peligro que implicaba una persona con desarrollada fuerza y agilidad.

La reacción del público no se hizo esperar, la mayoría de los presentes la reconocieron de inmediato y pronto comenzaron a aclamarla, ahora tenían un nombre por el cual llamarla y así se empezó a escuchar a coro el título de "Carmín" Todos esperaban una gran exhibición pero nadie habría previsto el nuevo estilo de pelea que ella traería a la arena.

- Más vale que des lo mejor de ti. – Advirtió la morena al hombre que ahora parecía más relajado al ver que no sería forzado a pelear contra la líder.
- Más vale que esa novata no baje la guardia. – Respondió al recuperar su seguridad.

- Espero una buena pelea. – Dictó la líder y salió del área de batalla.

La pelea dio inicio de inmediato, el hombre atacó sin previo aviso pero los reflejos de su oponente fueron más veloces, lo hacía sin pensar, luego de llevar poco más de una semana sometida a un extenuante entrenamiento con la Guerrera del Sur sus reflejos se habían afilado, reaccionaba ante cualquier movimiento de forma casi instantánea, no hizo falta contra atacar a su oponente o bloquear el golpe, simplemente bastó con moverse hacia un lado.

Los primeros minutos los utilizó para evaluar el desempeño de su oponente, la diferencia de niveles era considerable pero sabía que no debía bajar la guardia pues un mal golpe podría marcar la diferencia. Cuando al fin se sintió cómoda decidió que era momento de poner sus habilidades en acción, sin ninguna dificultad era capaz de romper la defensa de su contrincante golpeando el costado de su cuerpo y rostro, poco a poco la cara del hombre comenzó a inflamarse, con una ceja y labio sangrante era obvio quién llevaba la delantera en la pelea.

- ¡Vamos levanta la guardia! – Ordenó con severidad, quería darle una oportunidad pues le resultaba difícil molerlo a golpes al sentirlo tan indefenso, Korra se lo había advertido, a veces sus oponentes parecían inútiles al compararse con ellas pero eso era debido al entrenamiento que ambas habían recibido desde que eran chicas y aunque ambas hubiesen sido educadas para utilizar sus habilidades de forma responsable Korra le había dejado en claro que al estar dentro de la arena ninguna de esas reglas aplicaban, debería terminar con él.

- Esa esclava tuya si que puede ser peligrosa – Rió Rost que se encontraba observando la pelea desde un lugar a un lado del trono de la líder.

- No permitiría a cualquiera como mi acompañante personal. – Habló sin retirar la mirada de la pelea mientras Asami caminaba hacia el lado de la pared donde se les otorgaban las armas, los hombres de Korra ya sabían que hacer y sin más un guante cayó en las manos de la nueva peleadora, el público no protestó pues se encontraba satisfecho con el desempeño de la chica hasta el momento y un arma solo ayudaría para volver de aquella pelea algo más entretenido.

- Oh, eso queda claro. Una chica tan hermosa y habilidosa no es algo que se encuentre con facilidad. – Respondió Rost con humor. - ¿Qué es eso que le dieron? – Preguntó con curiosidad.

- Ya lo verás. – Dijo la Guerrera del Sur sin cambiar la expresión en su rostro.

La pelea continuó, Carmín se colocó el guante y comenzó a cazar a su víctima, con movimientos tan finos y delicados como los de un felino buscó la apertura adecuada, a pesar de que sus deseos fueran en contra de lo que se encontraba a punto de hacer alcanzó el rostro de aquel hombre cubriendo todas sus facciones con la palma de su mano y al aferrar sus dedos a la piel activo la descarga del guante y múltiples chispas iluminaron sus alrededores.

El zumbido de la electricidad resonó alrededor y la luz de los rayos iluminó los ojos verdes de la pelinegra, el público enmudeció y al cabo de unos segundos aquel hombre cayó al suelo mientras su cuerpo se estremecía y contorsionaba bajo el efecto de la descarga que acababa de recibir.

Asami suspiró y se puso de pie bajando la guardia, la pelea había terminado, frente a sus ojos se repetía la escena, tal como había ocurrido con Amon, recordaba la expresión de aquel hombre al ser electrocutado y la manera en que su cuerpo había perdido el control, el castigo había sido cruel… - Pero necesario. – Murmuró para si misma intentando animarse.

- ¡Carmín! – Gritaron todos al mismo tiempo celebrando lo que acababan de ver, aplaudían y repetían su nombre.

- ¡Oh! Un juguete nuevo. Impresionante. – Celebró Rost y la Guerrera del Sur se puso de pie.
- ¿Te divirtió? – Preguntó sin retirar la mirada de la chica que permanecía de pie en el medio de la arena observando al hombre derrotado que yacía en el suelo, sus ropas quemadas y el cabello alborotado, no tenía conciencia y su respiración era débil.

- Fue algo fuera de lo común, la gente está fascinada… ahora entiendo porque todos te apoyan, has vuelto de estas peleas algo interesante. – Meditó.

- Definitivamente ascenderá con facilidad. – Habló Desna del otro lado del trono.

- Se acabó la función. – Decretó la Guerrera del Sur abriéndose camino entre sus hombres dirigiéndose hacia la arena. Sin dudar ni un momento entró a la zona de pelea para alcanzar a Asami tomando una de sus manos con la suya, de inmediato se gano la atención de la ojiverde quién la miró sorprendida al no esperar recibir un trato así frente a todos. – Está bien. – Habló la morena con voz tranquila, alrededor había demasiado ruido para que la gente en las gradas las escuchara, simplemente vieron como la líder alzaba la mano de la nueva peleadora en el aire y todos apoyaron con aclamaciones.

- ¿Qué opinan? ¿Quieren más peleas con Carmín? – Preguntó Korra y el público afirmo. - Pronto. – Sonrió y sin soltar la mano de Asami caminó hacia la salida.

- Y así terminan las peleas de esta noche. – Comenzó a hablar el presentador mientras ellas se alejaban de aquel lugar.

Una vez dentro de su escondite la pelinegra se desplomó sobre el suelo recargando su espalda contra la pared, la vedad no había recibido ni un solo golpe pero las aclamaciones del público habían bastado para ejercer la suficiente presión sobre ella, sus energías parecían haber sido drenadas por completo, entre la concentración que demandaba enfocarse en la pelea y en mantener al público entretenido mientras intentaba no ser demasiado severa y no bajar la guardia ni perder el ritmo… - ¿Cómo lo haces? – Suspiró.

- ¿Hacer qué? – Habló la morena acercándose a ella y tomando asiento a su lado.
- Esto, las peleas, tan seguido y por tanto tiempo… la energía ahí dentro es… demandante y sobrecogedora. Te obligan a seguir, sabes que te miran y sabes lo que piden, violencia. – Giró su cabeza para mirar a Korra de frente con la esperanza de encontrar la respuesta en sus ojos, ahora comprendía la dimensión de las cosas, la identidad de la Guerrera del Sur era un logro increíble, no cualquiera sería capaz de llegar tan lejos en un lugar así actuando como encubierto.

- ¿Complicado no? – Le ofreció una sonrisa insegura y sus ojos cayeron al suelo. – Al inicio me encontraba aterrorizada, luego de mi primera pelea juré no volver a entrar al coliseo pero desafortunadamente resultó ser que el camino más fácil y seguro para alcanzar mi meta era a través de las peleas… - Pausó. – Odiaba este lugar con toda mi alma, personas lastimándose por motivos estúpidos, razones injustificadas que tenían a toda una sociedad girando alrededor de aquellas encarnizadas peleas… como animales, batallé para acostumbrarme pero afortunadamente nunca estuve sola, conté con el apoyo de la familia Beifong, Opal siempre se presentó a mis peleas y solía sanar mis heridas. – Un pequeño silencio se hizo presente antes de que las siguientes palabras fueran pronunciadas. – Y claro, Bumi, mi maestro dentro del mundo rebelde, el me enseñó todo lo que hacía falta para encajar, para ser aceptada y para agradar al público… - Sonrió. – Se podría decir que él creó a la Guerrera del Sur. – Rió sin humor y dejó caer los hombros.

- Lo rescataremos, ya verás que si. – Intentó reconfortarla colocando una mano sobre su hombro. – Lo que haces aquí es increíble Korra, es difícil, yo no me acerqué ni un poco al nivel que tus peleas alcanzan y me siento agotada… - Confesó.

- Así me sentía yo… hasta que acepté a la Guerrera del Sur como parte de mi, la Guerrera del sur es capaz de desempeñarse sin problema alguno dentro de la arena, ella hace todo de forma instintiva, ella es la líder y campeona de los rebeldes… es difícil de explicar pero aunque seamos la misma persona soy capaz de entrar en su papel para poder desempeñarme sin miedo como la líder de un grupo de gente sin reglas o límites. – Se esmeró por explicar su posición.

- Aún así eso no es algo fácil de lograr. – Respondió la ojiverde recargando la cabeza sobre el hombro de la morena. - ¿Cómo lo hice? – Preguntó al cabo de un par de minutos.

- ¿Bromeas? Desearía haber podido impresionar al público tanto como tú en mi primera presentación… en cambio me limite a dejar inconsciente a mi oponente de un solo golpe y estuve a punto de salir corriendo. – Dijo con entusiasmo y Asami rió con brevedad.

- Bueno, yo tuve a una excelente tutora. – La abrazó y ambas continuaron descansando sobre el suelo, Korra sabía que no debía presionar a Asami, sabía lo que se sentías ser presionado para lastimar a otra persona dentro del coliseo, no era una sensación agradable y quería que Asami tuviera el tiempo necesario para asimilarlo.

Luego de asearse y cambiar sus ropas ambas se refugiaron bajo las cobijas, envuelta entre los brazos de la morena Asami se relajaba escuchando la suave respiración que provenía del pecho de su compañera, Korra había sido dulce y comprensiva con ella, había buscado una respuesta para cada una de sus preguntas y había calmado sus inquietudes logrando tranquilizar a su recién afectada conciencia hasta el punto de poder asegurar que aquella noche podría dormir sin el temor a ser alcanzada por los recuerdos del enfrentamiento.

Además de Korra ambos espíritus parecían haber decidido brindarle su apoyo al permanecer dentro del escondite, ambos dormían en la sala, la silueta de Naga se había vuelto más pequeña ya que para resguardarse en espacios pequeños solía adoptar una imagen de cachorro lo cual era conveniente para todos, aún así el espíritu del perro oso polar tenía un tamaño superior al del pequeño zorro, la gente no solía verlos pero ellos siempre rondaban cerca de ambas chicas, como fieles guardianes seguían sus pasos y advertían de cualquier peligro y ahora descansaban a un lado de ellas, por lo general solían retirarse a la jungla pero al notar la inquietud de sus amigas humanas habían hecho una excepción por esa noche.

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Las siguientes peleas dieron la impresión de llegar demasiado rápido para Korra quién aún se ponía nerviosa cada vez que su Asami debía presentarse para una pelea, su avance, como había sido predicho, era veloz, el público la adoraba y también a su estilo de pelea, no hizo falta utilizar su ataque para paralizar los nervios hasta la cuarta pelea y ya que ninguno de sus oponentes le había hecho daño en ninguna de las peleas había sido capaz de presentarse en cada evento, en dos semanas había realizado aquellas cuatro peleas y ahora empezaría la quinta.

Aunque la pelinegra fuera evidentemente superior Korra nunca bajaba la guardia, siempre atenta a cualquier altercado que pudiese ocurrir, las recientes habilidades mostradas por Carmín habían llamado la atención del público, más personas querían presenciar la pelea y las apuestas habían aumentado considerablemente obligando a la líder a doblar la seguridad del lugar para mantener el control de la multitud.

La pelea sería contra el primero de los campeones del coliseo a petición de los espectadores, todos estaban de acuerdo en que el nivel de Carmín se aprovecharía más si se enfrentara a una persona con mejores capacidades de pelea, de esa manera había obtenido otra pelea estelar.

Los nervios de la joven ojiverde no eran iguales a los tenidos en su primera pelea, habían disminuido y su seguridad había aumentado lo cual también había mejorado su desempeño, los entrenamientos con Korra seguían siendo a diario a excepción de las noches de pelea, se sentía más que lista para cada uno de sus enfrentamientos y el de esa noche no era la excepción.

El evento inició como de costumbre y su pelea, al ser la estelar, sería la final. Una mujer de apariencia tosca entró a la arena, su presencia era diferente al de las personas que había enfrentado antes, se notaba que esa peleadora tenía experiencia en aquellos eventos, en ella no cabía ni un gramo de duda, la determinación estaba escrita en su rostro y esto de inmediato alertó los sentidos de la ojiverde.

Todos los ojos estaban puestos sobre ellas, Korra observaba en silencio con una expresión dura e ilegible, la pelea inició y cada uno de los movimientos hechos por ambas peleadoras parecía estar fríamente calculado, ataque y defensa, la campeona se mostraba segura en sus ataques y la fuerza que utilizaba en ellos era considerable.

- Ahora, esto luce más interesante que las últimas peleas… definitivamente tú tienes algo de experiencia sobre tus hombros. – Sonrió Carmín con seguridad.

- Lo mismo puedo decir. – Respondió la campeona devolviendo la misma sonrisa, la mujer era parte del grupo de confianza de la morena y conocía la verdadera identidad de Carmín pero aquel hecho solo la motivaba más a querer derrotarla, Asami Sato, una líder intocable y ahí la tenía frente a ella. Si bien era cierto que su estilo de pelea era único y considerablemente peligroso, este nunca sería motivo suficiente para intimidar a un campeón de un coliseo rebelde.

Un peligroso golpe pasó rozando la mejilla de la ojiverde quién por un momento contuvo la respiración al verlo pasar, sin tener que pensar sus reflejos actuaron devolviendo un golpe y acto seguido una patada forzando a su oponente a retroceder.

- Cuidado. – Sonrió la experimentada peleadora y Carmín sacudió la cabeza para volver a concentrarse en lo que hacía falta.

Korra observaba casi sin parpadear, cada músculo de su cuerpo se encontraba tenso. Recordaba la primera vez que se había enfrentado a aquella mujer, enfrentarse a los peleadores más experimentados era algo completamente distinto a enfrentarse al resto de los rebeldes que soñaban con formar parte de aquella élite de temidos gladiadores, las estrellas del coliseo ya habían hecho de ese lugar su propio hogar, se movían con confianza y comodidad, sabían como entretener al público y como torturar a sus contrincantes, sabían como tentar las aguas para evitar caer en el error de subestimar a sus retadores y por encima de todo, sabían pelear.

Esta vez se rompió la racha que tenía Carmín de salir ilesa de aquellos encuentros cuando su oponente le reventó el labio de un fuerte golpe con los nudillos, su sangre salpicó el suelo y el público celebraba sin parar aquella pelea mientras la morena afilaba la mirada y apretaba su puño izquierdo con su mano derecha, no podía ni debía interceder, no podría hacerlo a menos de que la situación se pusiera demasiado grave para alguna de las peleadoras y aquel simple pensamiento bastaba para helarle la sangre, no quería llegar a esos extremos, no quería ver a Asami en tal estado.

- Ah… ya veo. – Sonrió Carmín limpiando la sangre de su labio con el antebrazo. – Su fama no es pura propaganda. – Recobró su posición de pelea y arremetió violentamente con una lluvia de golpes y patadas, la peleadora comenzó defenderse sin oportunidad de contraatacar, sus brazos y los costados de su cuerpo comenzaron a resentir los golpes y pronto sus piernas comenzaban a sentirse agotadas, a penas hubo una pequeña apertura y un fuerte rodillazo impactó contra su abdomen obligándola a soltar el aire que guardaba en los pulmones, antes de poder reponerse su rostro había sido impactado tres veces, su espalda chocó contra la pared de la arena y el codo de Carmín le abrió la ceja volviendo todo borroso.

El público y otros de los peleadores que presenciaban la pelea celebraron la explosión de energía pero los bien experimentados y la líder sabían bien que aquel había sido un movimiento arriesgado pues tras aquella ofensiva Carmín quedaría sin fuerzas. Afortunadamente para la chica de la líder sus golpes habían infringido daño en su oponente y ahora tenía tiempo para recuperar el aliento mientras infringía más castigo sobre el rostro de la que tenía enfrente.

La sangre salpicaba y poco a poco la severidad de Carmín comenzaba a aumentar a medida que sus fuerzas volvían, el público la aclamaba y pronto cayó dentro de la arena uno de sus guantes eléctricos obligándola a liberar a su víctima para cambiar el tipo de castigo que infringía.

Con el guante puesto y una varilla en mano acercó la orilla del metal a su oponente quién comenzó a retorcerse en el suelo al recibir la descarga, lamentos y súplicas, la pelea estaba ganada pero aquello no terminaría hasta que aquella frente a sí perdiera el conocimiento o hasta que…

- ¡Suficiente! – Interrumpió la líder apartando a Carmín de la mujer que yacía en el suelo intentando suprimir los espasmos causados por las descargas recibidas. – Creo que esta pelea ya está definida. – Sonrió la líder de lado levantando el brazo derecho de Carmín en el aire dejando en claro quién era la ganadora, su inicio en las ligas mayores había sido exitoso.

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La despedida de Desna había sido breve, su partida no había sido explicada a nadie que no fuera importante en el equipo de la morena, de ahí en más nada había sido mencionado sobre su partida, claro que al no tratarse de un afamado peleador no hubieron muchas preguntas. El joven se había llevado con él a un par de peleadores, hombres de confianza pero sin mucha fama que el público no echaría de menos, el plan era tenerlos de vuelta en dos semanas, si ninguno de ellos aparecía en ese tiempo el plan sería tomado como fallido y se olvidarían de establecer algún pacto con la gente de las tierras del norte.

- Buena suerte. - Le deseo la morena antes de que emprendiera su viaje, tal vez no habían crecido juntos y tal vez no llevaban mucho tiempo de convivir como aliados pero para Korra él seguía siendo un miembro de su familia, algo extraño de encontrar en el mundo en que vivían.

De regreso en su oficina la morena meditaba sobre la apresurada ascensión de Asami en el coliseo, tres semanas peleando y ya se encontraba dentro de las ligas mayores, ya había derrotado a tres campeones y esa misma noche se enfrentaría a otro. Rost, su nuevo aliado ya se encontraba completamente repuesto y listo para volver a casa pero el revuelo que había causado Asami lo mantenía habitando en sus territorios. El reconocido líder iba y venía con toda libertad, nunca se perdía una sola pelea y siempre estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario para poder tener el privilegio de hablar con la nueva estrella en crecimiento, Asami se había ganado a pulso el respeto de los demás peleadores y de los espectadores así que tenía la libertad de ir y venir por si sola, ya no era vista como una esclava y no era necesario que continuara actuando como una sombra silenciosa, muy por el contrario, ahora debía trabajar en su propia imagen, parte de eso incluía convivir con los líderes rebeldes interesados en interactuar con ella mientras Korra atendía sus propias tareas.

El tiempo se agotaba, Korra sabía que su partida era próxima ya que el poder y la influencia de Asami crecía entre la sociedad rebelde, ahora venía la parte más difícil del plan, incluir a su suplente y hacer que esta persona aceptara a Asami como su titiritero, la persona que se quedaría al mando solo estaría ahí porque sería más aceptada y resultaría menos sospechoso para los rebeldes pero quién daría las verdaderas órdenes sería Asami y eso debería quedar bien establecido antes de que se llegara el momento de partir.

Aunque le preocupara toda la repentina atención que recibía su chica la verdad se encontraba más ocupada iniciando el plan para sacar a la carta oculta que tenía debajo de la manga y su primer obstáculo sería Suyin Beifong.

Haciendo uso de una pequeña y breve junta le explicó a sus comandantes que iría a hablar con la líder aliada para aclarar ciertos puntos de su alianza ya que nunca habían tratado directamente desde que se había establecido la unión de sus grupos y creía que era el momento adecuado para hacerlo. Ninguno de los hombres objetó, todos accedieron al encuentro y le ofrecieron una escolta de protección que la morena aceptó con gusto.

Asami no desperdició la oportunidad que tuvo para formar parte de la escolta de la Guerrera del Sur, a pesar de que Korra no se había mostrado del todo de acuerdo la ojiverde no permitió ningún tipo de objeción, iría con ella y los comandantes de la morena apoyaron aquella idea, si Carmín acompañaba a la líder estaría mejor protegida en caso de cualquier problema con los aliados del asentamiento.

De esta manera partieron durante la tarde hacia el palacio de los Beifong donde Suyin los recibió con las puertas abiertas, la escolta de Korra se conformaba por siete hombres fuertes, Asami y Rost. La presencia de los rebeldes en sí dificultaba un poco más la interacción que tenía planeada con Suyin y la presencia de Rost no hacía de aquello una tarea más fácil, en si lo que se encontraba a punto de pedirle a la líder era algo que no estaba segura de poder obtener incluso si se presentaba como el Avatar mismo por lo cual la tensión que sabía se formaría entre ellas sería genuina.

- Me complace al fin tener el privilegio de hablar frente a frente Guerrera del Sur. - Sonrió Beifong con tranquilidad, aunque fueran amigas de años no podían presentarse como tales, debían seguir sus papeles y pretender no saber nada la una de la otra.

- Ojala pudiera decir lo mismo. - Respondió a secas tomando asiento en la sala a la cual su anfitriona los había encaminado. - Pero he venido a demandar que me entregues algo como prueba de tu fidelidad a esta alianza. - Dijo sin rodeos, Asami tomó asiento a su derecha como siempre solía hacerlo, los ojos inquietos de la pelinegra examinaban cada una de las reacciones de las protagonistas de aquella conversación, no tenía ni idea de que estaban haciendo ahí ni de cuales eran los planes de Korra pero podía ver que su amada morena se mostraba tensa, esto no era una reacción natural, sabía que Korra y Suyin eran amigas así que entendía que algo importante estaba apunto de suceder.

- ¿Quieres una prueba de mi lealtad? - Rió Beifong. - ¿Es que te he dado motivos para desconfiar? - Alzó una ceja y tomó asiento en el sofá que se encontraba frente a Korra.
- Si, guardar rencores no es una buena señal para una alianza. - Su voz volvió a mostrarse cortante y poco amigable.

- ¿Qué rencores? ¿De qué hablas? - La sonrisa se borró del rostro de Beifong quién ahora se mostraba intrigada por las palabras de su invitada.
- Tú y yo no hemos tenido ningún roce hasta el momento y nuestra alianza va de maravilla pero no olvides que yo represento a los rebeldes y con ellos si que has tenido roces en el pasado. - Explicó sabiendo que aquellas palabras desatarían una alerta roja en la mente de la Beifong.

- Las cosas que ocurrieron en el pasado no te afectan y no pienso hacerte responsable por los horrores que otros rebeldes hayan cometido antes de tu llegada. - Habló la morena de ojos verdes con una expresión dura que Korra conocía muy bien, al parecer todas las Beifong guardaban esa flama que ardía con intensidad en sus ojos cuando algo les molestaba, esto no sería sencillo, nada sencillo pero debía intentarlo.

- No hablo sobre eso. - Aclaró su garganta. - Aún mantienes prisionera a una de nuestras más respetables líderes. - La miró con determinación sabiendo que los ojos de Suyin serían severos. - Y mientras la mantengas cautiva no hay manera de que la confianza entre nosotros sea plena. - Sentenció y efectivamente el rostro de la mujer frente a ella pareció transformarse por completo.

- Kuvira ¿De verdad me estás pidiendo que libere a Kuvira? - La miró como si le acabara de proponer algo de lo más descabellado.
- Lo estoy proponiendo como una tregua definitiva, con la selva creciendo al ritmo que lo hace y la gente llegando de todas partes es muy probable que nuestra alianza de pie al nacimiento de un nuevo pueblo o civilización. - Respondió con la misma seriedad y sin mostrar el más mínimo signo de duda.

- ¿Y qué hay de todas las barbaridades que ustedes han cometido? - Alzó la voz. - ¡¿Qué hay de todos los inocentes que han muerto en su maldito coliseo?! Nosotros siempre somos víctimas y ustedes los verdugos, somos ovejas confiando en lobos. Los que se encuentran en desventaja aquí somos nosotros, no ustedes. - Bufó y Korra afilo la mirada, no podían hablar con claridad, en ese momento no podía revelar sus verdaderas intenciones pero no había venido a escondidas a hablar con Suyin porque necesitaba tener un respuesta natural, aquello no debía lucir sencillo, necesitaba discutir con Beifong enfrente de los rebeldes y hacerlo real.

- Eso no volverá a ocurrir si me escuchas y liberas a Kuvira. Los lobos dejarán de rondar, verán que ustedes pueden formar parte de la jauría y jamás se volverán a ver afectados por nosotros, en cambio los protegeremos y ayudaremos. - Dijo con sencillez sabiendo que Suyin tenía motivos personales que alimentaban su rencor hacia Kuvira.

- ¿Qué garantía tengo yo? Kuvira saldrá y reunirá hombres solo para volver y cobrar su venganza. - Bufó.

- Por eso estoy yo aquí, soy la nueva líder y no puedo darte nada más que mi palabra... tendrás que confiar en mi. - Su respuesta vino casi de inmediato y pronto el silencio dominó en la habitación mientras ambas se miraban a los ojos, Korra rogaba por que Suyin le diera una oportunidad y Suyin intentaba con todas sus fuerzas poder comprender los motivos del Avatar pero ninguna podía ver a través de la mirada de la otra.

Asami también se encontraba asimilando la conversación que acababa de escuchar, Kuvira, Korra tenía planeado liberar a Kuvira y lo más seguro era que aquella prisionera sería quién tomaría el lugar de Korra durante su ausencia, no podía ser otra cosa, Korra lo había mantenido en secreto por un tiempo pero ahora todo le quedaba claro, Kuvira era conocida por los rebeldes, sería aceptada de inmediato y no levantaría sospechas pues la gente ya estaba familiarizada con ella, sería real, Korra liberando a Kuvira era una prueba irrefutable de que no formaba parte de ningún tipo de complot, ella era una rebelde como cualquier otro y respetaba a los líderes rebeldes que habían estado antes que ella.

La liberación de Kuvira tendría un significado enorme para todos, tal como Korra había dicho, la liberación de Kuvira uniría más a los grupos pero también quitaría a Korra de la mira y ganaría más confianza y credibilidad entre los rebeldes, era un movimiento arriesgado pero brillante y sumamente efectivo si resultaba salir de acuerdo al plan, aunque también comenzaba a vislumbrar el reto que se vendría encima. Teniendo la oportunidad de convivir más con los rebeldes había escuchado unas cuantas historias sobre Kuvira, una mujer dura e inquebrantable de ideas incorrompibles, alguien a quién no se le podía convencer de hacer algo que ella no aprobara, una peleadora temible que había hecho tambalear a la mismísima Guerrera del Sur, una líder que solo había podido ser derrotada por el maestro de los cuatro elementos, esa misma mujer sería a quién debería enfrentarse.

- Esta no es una decisión que pueda tomar a la ligera, no te puedo dar una respuesta en este mismo momento... Espero que seas comprensiva y me des tiempo de pensarlo. - Al fin el silencio se quebrantó bajo la voz de Suyin quién no lucía para nada contenta.

- Una semana ¿Te parece suficiente tiempo para pensar? - Presionó la morena.
- Si. - Bufó Beifong sin dar pie a una tregua en aquella batalla de orgullo, la tensión se sentía en el ambiente, había demasiadas palabras que necesitaban ser dichas y que estaban siendo calladas, flotaban en el aire y ninguna de las dos podía tomarlas, por el momento deberían conformarse con el intercambio de miradas.

- En ese caso... quisiera tener la oportunidad de hablar con Kuvira. - Se puso de pié y todos la observaron con atención, Rost guardaba silencio y sonreía, todo aquello le parecía interesante y divertido, jamás había visto a un líder rebelde tan inmerso en su papel, era la primera vez que veía a un líder actuando como tal y era algo fascinante.

- Pero solo puedes bajar tú sola, no puedo permitir que haya tantas personas dentro del calabozo. - Advirtió Beifong y los hombres de la líder rebelde reaccionaron adoptando una posición defensiva a lo que la morena ordenó que bajaran la guardia.

- Está bien, esperaba que dijera eso. Solo limítense a cuidar la entrada del calabozo, no quiero que la cierre mientras estoy yo abajo. - Bromeo y abrió paso para que Suyin guiara el camino.

Paso a paso bajó por las obscuras escaleras del calabozo, ya conocía el camino de memoria, solía visitar a Kuvira de vez en cuando pues le parecía cruel abandonarla en aquel encierro en un espacio pequeño sin nada más que hacer que limitarse a ver como se consumía la antorcha que iluminaba el pasillo que daba a su obscura celda.

- De nuevo me honras con tu presencia Avatar. - Se escucho una voz desanimada pero no quebrantada.
- Te dije que no te abandonaría aquí. - Respondió continuando su camino hasta encontrarse frente a la celda, en el interior no se veía nada, sabía que Kuvira se resguardaba en una de las esquinas del fondo y no se dejaba ver, era una mujer orgullosa que de ninguna manera permitiría que la vieran en el estado en el que se encontraba, su imagen no era tan pulcra como ella prefería y su posición como prisionera era simplemente inaceptable.

- Al menos puedo hablar con alguien de vez en cuando y saber que aún no he perdido la cordura. - Habló con desgano.
- Te traigo una oferta. - Intentó captar su atención.
- Espero que sea una maldita celda con una minúscula ventana, me bastaría un pequeño agujero por donde asomar la mirada y ver algo que se mueva. - Gruñó.

- Es mejor que eso, creo que puedo conseguir tu libertad. - Fue directo al grano y Kuvira meditó aquellas palabras por un momento.

- ¿Bajo qué condiciones? - Denotó Kuvira. - Esto no puede venir así de la nada, debe haber una trampa, algo que necesiten.
- Precisamente, necesito ir a rescatar a Bumi. - Habló con franqueza.
- ¿De los territorios del Antiguo Reino Fuego? - Rió con ironía. - Es una locura, dalo por muerto de una buena vez. - Concluyó con seriedad.
- No lo puedo abandonar. - Contrarrestó. - Deberé ir por él y necesito que alguien se quede en mi posición como líder rebelde.

Silencio y acto seguido una pequeña y breve risilla. - Y pensé que yo perdería la cordura estando aquí abajo. - Pausó. - Las peleas en el coliseo te han acabado las neuronas. Es normal que ocurra, tantos golpes en la cabeza terminan por arruinarte. - Continuó burlándose. - No sé que idea es más descabellada, si ir a la nación del fuego o pedirme a mí ocupar tu lugar durante tu ausencia. - Terminó sus diálogos y continuó riendo por lo bajo.

- Creo en ti Kuvira, tú misma lo viste en aquellos textos, el Loto Rojo es cómplice de los ideales del Avatar Obscuro y tú no apoyas a ese hombre. - Volvió a tocar aquel tema que tantas veces había intentado utilizar para convencer a Kuvira de abandonar el lado de los rebeldes que irónicamente ahora también era el lado del Avatar.

- Estoy en contra del Avatar, no he perdido mis metas de vista. – Respondió con amargura.

- Estas en contra del Avatar porque el Avatar obscuro así lo quiso, eres un peón más de su plan. ¡Felicidades! Valla líder que resultaste ser, una pieza más en el tablero del Loto Rojo. - Bufó de vuelta encendiendo una llama en la palma de su mano para iluminar aquella obscura celda y descubrir el rostro de la enfurecida prisionera que la miraba con rabia.

- ¡No me interesa lo que el Loto Rojo dicte! El descontrol que vino por parte del Avatar deja en claro que no debemos confiar en él, es un error. - Se puso de pie, su figura lucía un poco delgada y su cabello sucio y enmarañado. - Fuiste tú quién me encerró en esta maldita celda ¿O crees que Suyin me hubiera podido atrapar por si sola? - Amenazó caminando hacia los barrotes de la celda.

- Bumi y Suyin te habrían atrapado con o sin mi ayuda. - Respondió sin moverse ni un solo centímetro, la penetrante mirada de Kuvira no había cambiado ni un poco, aquella mujer era una amenaza pero no podía abandonarla ahí, había algo dentro de ella que le decía que podía confiarle su lugar mientras intentaba rescatar a Bumi.

- Ese traidor se merece lo que sea que le hagan en aquellas tierras. - Habló Kuvira dando media vuelta.
- ¿Y? ¿Esto significa que prefieres quedarte aquí adentro por el resto de tu vida? Puedes salir y ayudarme y recuperar tu libertad.
- ¿Y eso en qué me convertiría? Me humillaría al servir a la persona que me encerró en este lugar. - Sacudió la cabeza y continuó caminando hacia su cama.

- Ganarías tu libertad y volverías a ocupar un lugar importante entre los rebeldes. - Insistió.
- Sirviendo al Avatar. - Rió sin humor dejando su peso caer sobre el colchón de paja.
- No tienes que servir a nadie, solo guiar a las personas en un camino tranquilo que los ayude a vivir mejor, yo no estaré aquí para siempre, debo moverme.
- Quedaría atrapada en medio de la pelea del Avatar contra el Loto Rojo. - Dijo negando con la cabeza.

- Si prefieres limítate a cuidar a tu gente, Suyin será el respaldo del Avatar en estos territorios. - La miró examinando cada una de sus reacciones y la ojiverde suspiró dejando los hombros caer.

- Suponiendo que llegara a aceptar ¿Cuáles serían las reglas? - Alzó la mirada y esperó la respuesta.
- No ceder ante el loto rojo... y no molestar a los habitantes de Suyin. - Se encogió de hombros.
- ¿Eso es todo? - Arqueó una ceja.
- ¿Qué esperabas? - La miró Korra sin apagar la flama que brillaba en su mano.

- Supongo que más instrucciones. - Suspiró y cerró los ojos.
- No es tarea sencilla ponerte de nuestro lado. - Habló la morena. - Me conformo con que aceptes eso, ser mi aliada a cambio de tu libertad. - Ambas guardaron silencio y la luz amarillenta de la flama se reflejaba en las paredes, Kuvira parecía encontrarse detenida en el tiempo, a penas y se podía notar el leve movimiento que hacía su pecho al respirar, no estaba segura si obtendría más respuestas pero ahí continuaba esperando mientras la derrotada líder rebelde yacía sentada con la mirada perdida. - Debo volver... me esperan afuera. - Murmuró al cabo de un rato, no hubo respuesta, sin más que decir se retiró hacia el exterior donde sus hombres y Asami la esperaban con ojos expectantes.

- Ella está ahí, se encuentra cansada del encierro pero está bien. - Declaró y miró a Suyin quién se recargaba contra una de las paredes de aquella habitación. - Volveré en una semana. - Dijo pero la líder Beifong no le devolvió la mirada.

- Tendré una respuesta para entonces. - Aceptó con evidente malestar.

Así los rebeldes salieron de la casa y territorios de Suyin, nadie mencionó nada más, todos tenían suficiente que pensar como para atreverse a hablar antes de tiempo y arriesgarse a molestar a la líder quién aún portaba el mismo rostro frío y lleno de determinación.

Cuando al fin se llego la noche y ambas chicas estuvieron a solas Asami cuestionó a la morena sobre aquella visita.

- Entiendo que parece una locura pero siento que ella nos puede ayudar. - Se excuso la morena al ver el desconcierto en los ojos de Asami.

- ¿Entiendes que parece una locura? No lo parece ¡Es una locura! Kuvira continuó atacándote incluso luego de conocer la verdad en los textos del Loto Rojo, ella está de su lado... no veo cómo es que podría ayudarnos. - Suspiró intentando tranquilizarse.
- Ella es diferente, Kuvira sigue sus propios ideales... no le importa como logra sus objetivos, lo que le interesa es cumplirlos. Solo necesito convencerla que estar de nuestro lado es lo mejor para ella. - Analizó en voz alta y Asami suspiró.

- Y mi trabajo es mantenerla bajo control. - La miró con atención disfrutando de la imagen que le brindaban aquellos hermosos ojos azules.
- Esa será tu misión. - Sonrió la morena. - Por el momento su cuerpo se encuentra debilitado pero se fortalecerá y cuando lo haga será una oponente formidable... no bajes la guardia ni por un momento. - Advirtió levantando el dedo índice de su mano derecha.

- Nunca lo hago. - Sonrió de vuelta sin cuestionar más a la morena, Korra no era descuidada y se notaba que llevaba tiempo desarrollando aquella estrategia, confiaría en ella y daría lo mejor de sí para ayudarla.

La noche pasó con tranquilidad, una al lado de la otra, Asami refugiada entre los brazos de Korra, sus respiraciones iban y venían en sincronía, Naga y Sai dormían en la sala de aquella habitación. El tiempo parecía viajar a una velocidad irregularmente alta, parecía como si hubiese sido el día anterior cuando Asami apareció de la nada en el coliseo, su presencia había sorprendido a la joven Avatar y la había llenado de angustia pero sin querer también la había ayudado a ganar valor, poco a poco Asami había logrado ayudarla a levantarse luego de la derrota que había tenido en el norte.

Aunque le resultara difícil entender el punto de vista de Asami, ya que para ella era innecesario que sus seres queridos se vieran envueltos en los problemas del Avatar, podía sentir que el gran peso que antes pesaba sobre sus hombros había disminuido considerablemente, contar con el apoyo de Asami y de otros había aligerado su carga.

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- ¡¿Has perdido la cabeza?! Ella no puede quedarse en tu lugar, los devolverá a todos al lugar donde iniciaron. – Reclamó Suyin. – Los rebeldes se tornarán en nuestra contra y ahora tienen más fuerza que nunca. – La miró desesperada.

- La mayoría de sus celebridades saben quién soy y están al tanto de nuestros planes, Asami se quedará a dar las órdenes, Kuvira solo será una pantalla. – Intentó tranquilizarla, era la noche siguiente del día de la propuesta y Suyin la había citado con urgencia en su oficina.

- Korra… Correrías un riesgo muy grande, Kuvira no es de fiar. – Suspiró.
- Tu me ayudarías a mantenerla controlada, por favor Su, necesitamos esto, necesitamos ganarnos la confianza de los rebeldes, más y más gente se une a nosotros y ella proporcionaría seguridad para todos ellos… - Pausó. – Ahora que corté la comunicación con el loto rojo solo es cuestión de mantener todo bajo control. – Habló intentando mantener la calma, ahora se encontraba a solas con Suyin pero aquel era un plan al que le había estado dando vueltas durante semanas, cualquier posibilidad de error era algo que ella ya había calculado.

- ¿Cómo pretendes mantener a Kuvira controlada? – Respondió Suyin negando con la cabeza.

- Creo en ella, Kuvira puede ser una buena aliada… - Pausó y sus ojos se concentraron en el suelo.

- No estás segura de eso ¿Ella ha accedido a algo de todo esto? – Presionó.

- Aún no. – Se encogió de hombros.

- Lleva demasiado tiempo metida en ese calabozo y aún así no se quebranta, no lo hace aunque le hayas traído una oferta de libertad… deberías comenzar a considerar que Kuvira no está de nuestro lado y tal vez nunca lo esté. – Señaló intentando convencer a la joven Avatar de cambiar de parecer.

-Yo la conocí… solo fue cuestión de hablar su idioma, me incluí en su mundo y fui capaz de ver más allá de esa temible líder que todos conocen. Esta vez esto segura que solo se encuentra molesta porque logramos atraparla. – Contrarrestó y por un momento ambas se miraron en silencio.

- Creo que es demasiado arriesgado. – Dijo Beifong liberando un profundo suspiro.

- Debemos intentarlo, si sale bien tendremos una gran ventaja. – Repitió el plan que se negaba a abandonar.

- Entonces advierte a tus hombres… deberán estar preparados, si Kuvira quebranta el trato ellos deberán asesinarla de inmediato. – Condicionó Suyin logrando sorprender a Korra.

- Pero…

- No hay pero que valga… si no es así y ella se encuentra en el poder no podrán controlarla. A la primera falta deberán derribarla. – Su voz era dura y severa.

- Entiendo. – Suspiró la joven Avatar.

- Ordena a Asami o a alguno de tus peleadores, o si es de tu preferencia, asigna a uno de mis guardias… ellos harán el trabajo sin dudar ni un segundo. – El silencio reinó por un momento. – Korra… cualquier error te podría llevar al mismo aprieto en el que te metiste cuando fuiste al Norte. – Intentó convencerla sabiendo que la joven de ojos azules se había tomado ya mucho tiempo para acompañar a la derrotada líder rebelde, podía ver el aprecio que Korra tenía por Kuvira y aunque fuera incapaz de comprenderla sabía que el noble corazón de la morena podría impedirle tomar alguna decisión racional si la situación lo ameritaba.

- Los rebeldes podrían ver la presencia de tus hombres como una amenaza.

- Diles que están ahí para vigilar a Kuvira, nada más y nada menos. – Sonrió.

- Si acepto a ellos…

- Yo liberaré a Kuvira. – Asintió Suyin con la cabeza.

- Deberé hablar con ellos primero… volveré mañana. – Concluyó la morena poniéndose de pie.

- Hasta entonces Korra. – La observó marcharse y por un momento recordó el primer día que la vio llegar a su hogar, aquella chica había cambiado de sobremanera, ahora se manejaba con seguridad y su imagen era imponente, Korra era el Avatar y una líder rebelde, Korra tomaba más riesgos que nadie en este mundo y ahí estaba de nuevo, siguiendo sus instintos en busca de algo mejor para todos… confiar en ella era lo menos que podía hacer para ayudar.

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Todo estaba listo, Kuvira sería liberada, todos los aliados habían sido advertidos y todos ayudarían a controlar a la que tomaría el lugar de Korra públicamente, Asami en especial se preparaba para lo peor, ella debería causar una fuerte impresión, si parecía débil Kuvira se aprovecharía de ella y no la tomaría en serio.

La Guerrera del Sur preparó a un par de sus hombres más confiables para que le sirvieran de escolta, sabían de antemano que en su camino de regreso tendrían a dos más, los hombres de Suyin habían sido aceptados para vigilar a Kuvira durante la transición, en su condición actual era imposible que la derrotada líder rebelde fuera capaz de escapar de la actual líder del grupo, era por eso que la seguridad no era excesiva, intentarían llamar la menor cantidad de atención posible para otorgarle un tiempo a Kuvira de recuperarse.

Seis hombres de Suyin escoltaron a la prisionera del calabozo al exterior, con sus piernas temblorosas avanzaba paso a paso, no podía oponer resistencia y aunque no hubiera accedido a los términos del Avatar no podía gastar energía al intentar evitar ser movida de lugar, eso sin mencionar que añoraba poder ver algo más que las cuatro paredes donde había sido encerrada.

- Liberen sus manos, no escapará. – Habló la morena al observar la manera en que Kuvira había sido escoltada fuera del calabozo, los ojos verdes de la prisionera se encogieron al hacer contacto con la luz del sol que entraba por una de las ventanas, sus ropas estaban desgastadas y sucias, se notaba el peso que aquella condena había dejado caer sobre sus hombros y aún así la mirada que sus ojos lanzaban dejaba en claro que no su voluntad seguía intacta.

- Hagan lo que ella dice. – Repitió Suyin de mala gana y una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Kuvira, todos aquellos pequeños estímulos bastaban para devolver un poco de dicha a su atormentada alma, caras, ojos, voces, movimiento más allá que la danza que el fuego realizaba mientras consumía la antorcha que iluminaba el pasillo.

- Gracias. – Murmuró con tono burlón al sentir sus manos ser liberadas. – A pesar de ser lamentable debo admitir que La Guerrera del Sur tiene razón… no puedo escapar, no estando así. – Extendió sus brazos ampliamente para enfatizar su estado físico.

- Escucha bien Kuvira, una sola falta y acabaremos con lo que queda de tu vida. – Advirtió Suyin afilando la mirada.

- Sabía que debía haber más limitaciones que solo portarme bien. – Miró a Korra quién no demostró una expresión distinta a la de Suyin. – Entendido. – Suspiró y se encogió de hombros.

La escolta caminó desde los territorios de la Beifong hasta el coliseo rebelde, Kuvira sería acogida en el escondite de Korra, al llegar fue resguardada en una celda dentro del escondite, el lugar tenía una cama y comida lista para ella. La escolta desapareció luego de colocarla en su lugar, Korra permaneció de pie en la entrada de la celda.

- Al menos aquí el espacio es mayor… - Se burló Kuvira. – Me sacaste de una celda para meterme dentro de otra. – Tomó asiento en un banquillo y suspiró. – Al menos tuve el privilegio de ver el cielo por unos minutos. – Murmuró.

- Saldrás de aquí y te pondré en forma, pero necesito que accedas… necesito que aceptes ser cómplice. – Intentó insistir en el trato.

- Y el problema es que yo no necesito nada, ya lo he perdido todo. – Se encogió de hombros y caminó hacia la mesa con comida. – Estos granos son frescos. – Señaló el arroz.

- Lo son. – Arrugó las cejas y se dio media vuelta. – Volveré después. – Se despidió y salió de la habitación.

Las horas pasaron y todo se encontraba en silencio, no hubo rastro de Korra o de los guardias, nada, de nuevo era silencio y la luz de las antorchas iluminando sus alrededores, al menos ahora tenía una cama más cómoda y la comida parecía de buena calidad.

Luego de dormir un poco comenzó a recobrar la conciencia, no había nada que hacer, con los ojos entre abiertos miraba el techo, no había rastro de cortes en la roca, las paredes que la rodeaban parecían haber aparecido de la nada, obra de un maestro tierra, la roca sólida había adoptado la forma que aquel maestro había querido darle, el Avatar era poderoso y era aquel poder al cual temía y el cual la hacía dudar, años tras nadie había podido hacer nada para detener al gran maestro de los cuatro elementos y eso fue en una época en la cual existían otros maestros, entonces ¿Qué oportunidad tenían las personas de ahora? No había suficientes municiones ni suficiente fuerza para oponer si quiera un poco de resistencia. ¿Por qué debería ella ayudar a aquella amenaza para la humanidad?

Un pequeño sonido alertó los sentidos de la ojiverde obligándola a enderezarse para buscar la fuente de aquel sonido, luego de mirar en todas direcciones al fin encontró el vaso en cual había bebido agua, el objeto había terminado en el suelo a unos cuantos centímetros de la mesa ¿De qué manera había llegado ahí? Se preguntaba al levantar el vaso para devolverlo a su lugar, no había corrientes de viento ahí dentro.

Antes de que pudiese volver a su lecho el plato donde había comido cayó al suelo de la misma manera que el vaso, no, no había corrientes de viento, no era truco del Avatar, tal vez, pensó, solo tal vez, aquel encierro al fin le estaba robando la cordura, suspiró y caminando hacia la mesa se detuvo al escuchar la puerta cerrarse de golpe.

- Ah… el Avatar ha vuelto a insistir en su pequeño plan. – Sonrió mirando hacia las rejas de piedra esperando ver la silueta de Korra pero en cambio apareció una silueta distinta, una mujer más alta y de cabello largo y color azabache, antes de poder recoger más detalles sobre aquella imagen la luz de las antorchas desapareció.

- No, el avatar no está aquí ahora. Me temo que nadie nos ha presentado hasta el momento, soy Carmín, la persona que estará aquí diciéndote que hacer mientras Korra no está. – Declaró con severidad y acto seguido una enorme flama apareció iluminando el rostro de aquella bella jovencita, ojos verdes y brillantes la observaban de vuelta, labios rojos carmesí y facciones finas, el fuego ardía sobre la palma de su mano, controlaba el fuego y no era el Avatar, no tenía nada que decir pues no alcanzaba a comprender lo que ocurría.

- ¿Qué? – Balbuceo confundida.

- Es mejor que nos vallamos familiarizando, yo digo que hacer y tú corres la voz. – Dictó sin mucho tacto. - ¿Entendido? – La miro examinando cada una de sus reacciones, ambas intercambiaban miradas ¿Quién era ella? Se preguntaba una y otra vez hasta que el silencio y sus pensamientos fueron interrumpidos por la imagen de una enorme bestia blanca que apareció a pocos centímetros de su rostro, aquel animal rugió mostrando una imponente hilera de dientes afilados, un pequeño grito escapó de sus labios y un par de pasos en reversa sobre sus debilitadas piernas bastaron para hacerla caer, de un momento a otro la bestia había desaparecido junto a la silueta de aquella mujer, la luz volvió a la habitación pero su mente se encontraba más confundida que nunca.

¿Qué había sido todo eso?


Adivinen quién revivió de entre los muertos?! ... (Esto se llama no tener vergüenza cof cof).
Paso año nuevo y navidad y los mil cumpleaños y mi cartera sobrevivió gente! Jajaja

Felices fiestas a todos! Espero la hayan pasado fenomenal y los que no lo hicieron no se apuren, cualquier día puede ser especial ;D

Gracias a todos los que me dejaron review en el capi anterior, el día de hoy no pasaré a responder para poder postear este capítulo rápido que ya los hice esperar demás... otra convergencia armónica.

Los quiero! Un abrazote y saludos.

Nos leemos pronto :D