El resto de la noche fue un martirio silencioso, no hubo más visitas o incidentes, nada, no estaba segura de que aquello en verdad hubiese ocurrido, una maestro fuego y bestias que aparecían de la nada para luego desaparecer como el humo. Sus pensamientos iban y venían a toda prisa, no había podido conciliar el sueño, le inquietaba pensar que aquello no hubiese sido algo más que un invento de su imaginación, tal vez su mente se había derrotado y al fin comenzaba a perder la cabeza.

- Valla momento para volverte loca. - Se dijo a si misma con ironía, justo cuando se presentaba la oportunidad de salir de aquel asqueroso calabozo, justo cuando su futuro pintaba para mejor, justo entonces comenzaba a tener alucinaciones.

Pasar la noche en vela no era algo extraño para ella, principalmente porque al encontrarse encerrada no tenía idea de cuando era noche y cuando día, el punto era que no había podido pegar el ojo ni un momento, necesitaba hablar con Korra, debía aclarar lo ocurrido, no podía estar pasando, se negaba a creer que estuviese volviéndose loca pero las horas pasaban y no había señales de la joven Avatar por ninguna parte.

Sus ojos debieron haberse cerrado durante un par de minutos pero aquel tiempo había bastado para que una silueta apareciera sentada frente a su celda, un escalofrío le recorrió la espalda al reconocer aquella intensa mirada, la misma chica de la noche anterior, vestía diferente, ya no llevaba maquillaje ni marcas de combate en el cuerpo, su ropa era mucho más sencilla, una blusa de tirantes blanca y un pantalón de combate color vino, sus pies iban descalzos y sus manos ya no se encontraban vendadas.

Claro estaba que Kuvira no sería la primera en hablar, con insistencia observaba a aquella chica mientras esta permanecía sentada en un banquillo del otro lado de la celda.

- Buenos días. - Sonrió mostrando sus dientes aperlados. - Korra tuvo que partir a atender unos asuntos temprano por la mañana y me ha dejado a cargo de ti... así que si no es mucha molestia ¿Podrías pasarme tu plato y vaso para poder rellenarlos? - Habló con tranquilidad, Kuvira permaneció en su lugar sin mover ni un solo músculo mientras meditaba sobre la existencia de aquella chica.

- ¿Cuál dijiste que era tu nombre? - Se aventuró a preguntar.

- Puedes llamarme Carmín. - Respondió sin titubear.

- Ayer... te vi manipulando el fuego. - Comentó y la joven la miró sin parecer muy sorprendida o afectada por sus palabras.

- Así fue. - Confirmó y acto seguido elevó una cazuela que se encontraba llena de arroz y algunas verduras cocidas. - Ahora... acerca tu plato por favor, si vas a tomar el papel que necesitamos que hagas debes recuperar tus fuerzas. - Intentó apresurar a la confundida prisionera.

- Carmín... ¿Quién eres? - Al fin decidió enderezarse de su lecho para sentarse en la orilla de la cama.

- Seré la verdadera líder mientras Korra no esté, tu solo serás una pantalla. - Explicó aun esperando a que la otra siguiera sus instrucciones y le acercara el plato.

- Esa no es la respuesta que buscaba, me refiero a tu pasado ¿De dónde saliste? - Arrugó las cejas.

- ¿Acaso importa? - Respondió Asami sin cambiar la expresión serena que mostraba su rostro. - Acerca tu plato, no tengo toda la mañana, debo irme a entrenar. - Presionó y Kuvira afilo la mirada. Aquella chica debía ser cercana a la joven Avatar pues le confiarían a ella la posición de líder entre los rebeldes durante su ausencia.

Sin prisa alguna Kuvira caminó hasta la mesa y tomó el vaso y el plato para entregarlo a la desconocida que continuaba sentada frente a su celda. - ¿Perteneces al Loto Blanco? - Intentó esclarecer sus dudas.

- Puedo pertenecer al grupo que prefieras, no importa, el resultado es el mismo. - Dijo al tiempo que llenaba el plato con arroz y verduras. - Aquí tienes, volveré en un par de horas con los guardias para que te lleven al baño a que te duches, tendrás ropa limpia y saldremos a caminar un poco. - Concluyó poniéndose de pie. - Ah... y te pediré de favor que no comentes con nadie lo de mi poder sobre el fuego, nadie piensa que te encuentres cuerda después de ese largo encierro así que si mencionas lo de mis poderes perderás credibilidad y dejarás de servirnos para el propósito que te necesitamos. - Agregó y salió caminando de ahí, la mirada de Kuvira permaneció en la puerta y por un segundo le pareció ver a un pequeño animal de pelaje rojizo caminando detrás de aquella chica ¿Quién demonios era ella? Se preguntaba con molestia, nada de aquello se sentía real, necesitaba ver al Avatar, a una persona que si conociera, a alguien que le pudiese confirmar que la tal "Carmín" Era real.

Para su alivio las cosas habían ocurrido tal y como aquella chica había indicado, los dos guardias de Suyin aparecieron para llevarla a un cuarto de baño donde fue encerrada para otorgarle privacidad.

La tina de roca era amplia y el agua despedía vapor dejando en evidencia que se encontraba caliente, a un lado de la tina había una mesita y sobre esta había una toalla y ropas limpias. Aunque no hubo una sonrisa sobre sus labios sí que se sentía alegre de poder disfrutar el bañarse de aquella manera, a solas y con agua caliente con la oportunidad de sumergir su cuerpo por completo en el líquido.

Sin mucha dificultad se deshizo de las harapientas prendas que hasta entonces le habían cubierto la piel, lentamente y con cuidado comenzó a sumergirse en el agua para poder acostumbrarse a la temperatura, con suaves movimientos y haciendo uso de un pequeño trapo comenzó a lavar su piel, se sentía bien, un suspiro escapo de sus labios al tiempo que cerraba los ojos para relajarse un poco.

Durante el tiempo que duró en el calabozo sus baños habían sido limitados a una cubeta con agua a temperatura ambiente y un trapo, debía lavarse frente a los guardias y solo una vez a la semana, en invierno el agua se encontraba helada y le parecía humillante no poder evitar que su cuerpo temblara mientras los asquerosos ojos de los guardias la vigilaban y se burlaban de su vulnerabilidad. Eran ese tipo de recuerdos los que la hacían considerar la oferta del Avatar pero al mismo tiempo el rostro de Korra le recordaba que por su culpa había sido derrotada y prefería seguir pudriéndose en el calabozo antes de tener que humillarse aún más al aceptar un trato con la persona que le había llevado a la ruina.

Al terminar su baño tomó las ropas limpias y se las colocó, un pantalón color gris y una blusa blanca de tirantes, se le habían otorgado también unas sandalias y una chaqueta ligera color verde pino. Las prendas olían bien y eran suaves al tacto.

- ¿Te encuentras lista? - Escuchó la voz de uno de los guardias.

- Si, un momento. - Pausó y se tomó un tiempo para disfrutar de la agradable sensación que le había quedado luego del baño.

Al abrir la puerta fue recibida por los dos guardias de Suyin y aquella misteriosa mujer.

- Saldremos a caminar, tus manos estarán libres pero me supongo que Suyin ya te lo habrá advertido, estos hombres tienen la orden de asesinarte si llegas a hacer algo inapropiado, y claro está que si la oportunidad se presenta, seré yo misma quién termine con tu vida. - Le advirtió con voz tranquila, aquella chica no se mostraba nerviosa o inquieta al estar frente a su presencia. Cuando había salido del calabozo había podido sentir la tensión en Suyin y en Korra, ambas se mostraron serias pero era evidente que se sentían inquietas, no se encontraban cómodas con la libertad que le habían otorgado. Carmín era diferente, la trataba con naturalidad, como si no importaran los años que había vivido como aquella temida líder rebelde que fabricaba armas con municiones de platino, a Carmín no parecía intimidarla ni un poco, no se mostraba insegura o titubeante, actuaba con total libertad y había certeza en sus palabras, Asami la hacía sentir inferior y eso le molestaba de sobremanera.

- Si, eso quedó muy claro. - Respondió sin dirigirle la mirada, así los cuatro salieron al exterior, Carmín caminaba por delante y Kuvira atrás escoltada por los dos guardias. A medida que avanzaban por las ruinas los rebeldes se emocionaban y alegraban al ver a Carmín, la saludaban y le ofrecían comida o ropas, la misma Carmín se mostraba familiarizada con todas aquellas personas y respondía con palabras cordiales y elegantes, era evidente que aquella chica no había tenido una formación común y corriente, se notaba que había sido educada literariamente y entrenada físicamente, la sincronía que mostraba en sus movimientos delataba el control que tenía sobre su cuerpo.

Carmín también adquiría fama por ser peleadora, al parecer era una peleadora excepcional pues todos la elogiaban por las hazañas realizadas en su última pelea.

- ¿Kuvira? - Escuchó una voz masculina, al girar la cabeza se encontró con el rostro de uno de sus antiguos seguidores, era un joven que no había sido más que un soldado más entre sus filas pero lo recordaba bien.

- Cuanto tiempo. - Respondió con seriedad.

- Lo sabía, los rumores son ciertos. - Sonrió él. - La Guerrera del Sur demandó tu libertad. - Celebró y Kuvira arrugó las cejas.

- Si, La Guerrera del Sur... - Habló entre dientes y apretó los puños.

- Es una excelente líder... ¿Quién lo habría pensado no? Aquella peleadora que invitaste a pelear por entretenimiento. - Rió él y la ojiverde bufo, en verdad aquello no tenía sentido alguno... El Avatar desempeñando el papel de un líder rebelde, inaceptable, pensaba ella con frustración e impotencia.

- Escuché que las dos pelearon y que La Guerrera del Sur ganó. - Habló Carmín sacando a Kuvira del trance en el que había caído. - Me habría gustado presenciar ese combate. - Sonrió Carmín y el chico respondió con entusiasmo.

- En verdad habrías disfrutado ver aquella pelea... Fue espectacular. - Confirmó y Kuvira desvió la mirada, aunque no apoyara a ninguno de los aliados del Avatar no podía actuar de forma estúpida y ya que no tenía planeado morir se veía forzada a guardar la compostura y suprimir sus impulsos.

- Fue una buena pelea. - Concordó intentando no prestarle demasiada importancia, además, recordaba la pelea, recordaba con toda claridad aquellos vivaces ojos azules que la retaban y obligaban a explotar sus capacidades de pelea, un descuido bastó para caer en aquel combate... al igual que en su vida como líder, aquella morena de ojos celeste la había atrapado en más de una forma y la había llevado hacia su humillante derrota, pero una cosa si tenía en claro, Korra había sido lista y fuerte para poder capturarla y ese era un crédito que no podía robarle, era ese mismo motivo el que le hacía molestar tanto cuando la tenía de frente.

Durante la tarde se le proporcionó otro platillo que consistía en una extraña papilla de guisantes, arroz y otros granos acompañada de una ensalada que contenía tomate, pepino y hojas de lechuga. Las porciones de su comida eran adecuadas para su peso y complexión, le habían servido lo suficiente como para quedar satisfecha, la comida era fresca, se había preparado ese mismo día así que su sabor no se comparaba con la comida vieja que debió comer en el calabozo de Suyin.

Varios rebeldes la reconocieron de inmediato y otros tardaban en poder identificarla como a aquella líder que alguna vez representó el gran orgullo rebelde de aquellas tierras ya que todos recordaban a Kuvira como a la mujer fuerte e imponente que nunca nadie pudo quebrantar y convencer de cambiar sus métodos militarizados, de tal manera que les resultaba difícil relacionar la imagen de sus recuerdos con la que obtenían al ver a la delgada pelinegra que ahora caminaba por las calles.

Kuvira no prestó atención a las personas o sus comentarios, se limitaba a dar breves saludos y respuestas cortas, era verdad que tenía más libertad y que se encontraba más que aliviada de haber tenido la oportunidad de volver a ver el sol y las estrellas, de poder respirar aire fresco y escuchar a las personas cuchicheando a su alrededor, pero la verdad era que se encontraba atorada en un dilema, se encontraba bajo la custodia del Avatar y aquel paseo por los territorios rebeldes le habían mostrado algo aún más preocupante, los rebeldes admiraban y respetaban a Korra, hablaban maravillas sobre ella y todos se mostraban agradecidos con su presencia.

Los rebeldes habían cambiado, ya no se les veía con el mismo rostro que antes, ya no se percibía esa tensión que siempre solía rodearlos, ya no se les notaba siempre en busca de algo para robar, muy por el contrario, podía afirmar con certeza que aquellas personas ahora trabajaban en conjunto para seguir el camino que todos tenían en común, vivir mejor.

No había pasado por alto que los rebeldes tenían cultivos, la comida no era tan escasa como antes y había una selva cerca que proporcionaba sombra y brisas frescas, podía relacionar una cosa con la otra, comida, agua y refugio asegurado sin el temor a ser asaltados o atacados, así cualquiera podría vivir tranquilo y con aquella opción ¿Quién querría salir a arriesgar sus vidas en nombre de la búsqueda de un Avatar que bien podría matarlos a todos con un solo movimiento de sus manos? Si, el fanatismo que los rebeldes tenían por su nueva líder era comprensible, Korra les había regalado estabilidad y seguridad, los había seducido con audaces trucos que eventualmente volverían de ellos nada más y nada menos que un asentamiento más.

Al llegarse la noche fue escoltada de vuelta a su celda por los guardias de Suyin, había sido capaz de observar muchas cosas durante su paseo, Carmín era influyente, Korra era adorada por la mayoría y respetada por todos, los peleadores más afamados del coliseo eran aliados de Korra y ahora Suyin era aliada de los rebeldes y sus gentes también podían caminar en los territorios de La Guerrera Del lSur. Demasiados cambios habían ocurrido durante su ausencia, incluso si aceptaba tomar el lugar de Korra con el fin de volver a los rebeldes en su contra no estaba segura de poder lograrlo.

- Pareces distraída. - Escuchó una voz familiar.

- Estoy procesando todo lo que vi durante el día, has transformado a todas estas personas... - Murmuró.

- Mi intención no es hacerles daño. - Respondió con voz suave.

- No, claro que no. - Dijo con sarcasmo.

- ¿Lo has considerado? - Preguntó otorgándole la libertad de tomarse el tiempo que viera necesario para poder contestar.

- Tu idea... no tiene sentido. - Bufó. - No lo haré. - Se negó y cruzó de brazos.

- Entonces te daré más tiempo. - Concluyó la morena y el sonido de sus pazos señalaban su retirada.

- Espera. - Alzó la voz y la mirada para poder ver a la ojiazul quién se limitó a mirarla de vuelta en espera de más palabras. - Carmín... ¿Quién es ella? - Intentaba obtener más detalles sobre la mujer que la había logrado hacer perder el sueño durante una noche entera.

- Ella, será mi suplente, ella te dirá que hacer y que decisiones tomar, tú... serás una pantalla para que los rebeldes se sientan cómodos mientras no estoy. - Explicó.

- Si, eso ya me lo ha dicho ella, no soy idiota, lo que me interesa conocer es su origen. - Renegó. - ¿Pertenece al Loto Blanco? - Demandó saber pero el rostro de la morena no cambió en lo más mínimo.

- ¿Qué más da su origen? - Se encogió de hombros.

- Ella no es una chica cualquiera... estoy segura que tú también estás al tanto del control que tiene sobre el fuego. - Se atrevió a mencionar sin importar la preocupación que tenía de haber alucinado la experiencia de la noche anterior, esta vez el rostro de la morena cambió, por un momento había podido ver la sorpresa en sus intensos ojos azules.

- ¿Te mostró eso? - Preguntó arrugando las cejas.

- ¿De no ser así por qué lo preguntaría? No actúes como idiota. - Bufó pero podía ver que aquella noticia en verdad había logrado sorprender a la joven Avatar. - No me irás a decir que la chica en la que tanto confías ha desobedecido tus reglas. - Sonrió de lado y la morena negó con la cabeza.

- Carmín no necesita mi permiso para eso... simplemente no esperaba que fuera a hacer tal cosa. ¿Cuándo te lo ha mostrado? - Cuestionó alzando una ceja.

- Ayer por la noche... - Suspiró aliviada, al menos ahora sabía que no estaba perdiendo la cabeza. - Y otra cosa. - Agregó aprovechando que podía hacer preguntas. - Vi a un par de criaturas con ella... pero aparecen y desaparecen como el humo. - Titubeo y una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la morena cuyos ojos viajaron rápidamente hacia lo que parecía ser la puerta de entrada hacia la habitación.

- Esos son espíritus, a veces se les puede ver, a veces no. - Se encogió de hombros. - No te preocupes por eso, no estás perdiendo la cabeza. - Aseguró con voz tranquila y una mirada cálida que disparó la furia de la prisionera.

- Vete de aquí. - Refunfuño la ojiverde y Korra retrocedió accediendo a su petición.

-Buenas noches. – Se despidió y salió cerrando la puerta tras de sí.

###30###

- Veo que causaste una gran impresión en Kuvira el día de ayer. - Comentó con una sonrisa divertida. - La mirada que tiene en sus ojos cuando habla de Carmín es impresionante... Nunca antes la había visto así. - Comentó mirando a la hermosa pelinegra que descansaba sobre el tendido de cobijas que fungía de cama.

- Lamento no haberte informado de eso. - Se encogió de hombros y le ofreció una sonrisa que de inmediato derritió el corazón de la morena.

- No, está bien. Si vas a ser la líder de Kuvira deberás tener iniciativa como tal, no puedes estar esperando mi autorización para actuar. - Sonrió de vuelta y tomó asiento a su lado.

Los brazos de Asami envolvieron a Korra quien en respuesta recargo la cabeza sobre su pecho, Asami acariciaba su cabello mientras aquellos ojos azules parecían perderse en la distancia, acababa de llegar de un pequeño viaje que emprendió en la mañana hacia el lugar donde residía uno de sus grupos vigilantes cerca de la costa.

- Hay nuevas noticias. - Murmuró con los ojos cerrados disfrutando de las caricias que la arrullaban.

- ¿Se trata de Bumi? - Preguntó con la misma calma sabiendo que aquel era un tema delicado para Korra y quería evitar disparar cualquier tipo de reacción que perturbara su paz.

- Sí. - Asintió y liberó un pesado suspiro. - Planean ejecutarlo... Anunciaron al público que aquel que quisiera podría torturarlo y hacer de él lo que les viniera en gana siempre y cuando lo hagan hablar… sí no habla no pueden asesinarlo. - Arrugó las cejas. - Les darán dos semanas para esto... Bumi no hablará, deberé partir en cinco días. - Concluyo.

- Puedes irte tranquila, yo cuidare de Kuvira. - Respondió con voz suave.

- Por favor no la subestimes. - Dijo Korra sintiendo como comenzaba a perder la conciencia.

- No, es claro que ella no es como los otros rebeldes, tendré cuidado. - Se acercó y beso su frente. El tiempo parecía agotarse, pronto debería ser ella quién se encargara del orden entre los rebeldes y para que esto funcionara debía lograr que Kuvira accediera a trabajar con ella, hasta el momento aquella mujer se mostraba físicamente en desventaja pero bastaba con ver sus ojos para saber que su voluntad se encontraba intacta, ella no haría lo que los demás le pedían hacer ni aunque su vida dependiera de ello, no, para convencer a Kuvira se necesitaría hacerla creer o pensar que estar del lado de Korra era algo de su interés.

- ¿Cómo demonios lograré eso? - Suspiró y miró a la morena que ahora dormía plácidamente entre sus brazos.

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Aquellos pocos días que restaban antes de la partida de la morena fueron dedicados a la recuperación de Kuvira, Korra se aseguraba de que tuviera comidas variadas y bien servidas así como caminatas diarias para acostumbrar a sus músculos al movimiento, también dedicaba una hora al día para entrenar con ella tal como lo habían hecho cuando Kuvira la adoptó en su grupo, sombras, movimientos marcados pero suaves para evitar el agotamiento del debilitado cuerpo de la antigua líder rebelde.

Aquella última actividad parecía haber mejorado notoriamente el humor de Kuvira, entrenar era algo que había hecho desde pequeña, era una disciplina con la que había crecido y le brindaba satisfacción poder volver a ella, eso sin mencionar aquella extraña fascinación que venía a ella cuando podía pasar tiempo al lado del Avatar, debía admitir que en ocasiones llegaba a olvidar que Korra era el maestro de los cuatro elementos y por lapsos se encontraba a si misma disfrutando de su compañía.

Para su descontento era Carmín quién la acompañaba la mayor parte del día, las caminatas eran hechas con ella, también las comidas. Aquella joven también despertaba una curiosidad inusual en la implacable mente de Kuvira, no lograba ignorar ni un solo detalle de sus acciones, Carmín era perfectamente capaz de romperle la cara a quién deseara, eso lo podía ver en sus ojos, pero su elegancia era inusual, sus movimientos eran delicados como los de un gato, se movía con gracia y sus facciones le ayudaban a encantar a todo aquel que se atreviera a hablar con ella, era un imán de personas con carácter fuerte, tolerante si debía serlo y amigable hasta cierto punto pero se notaba que siempre mantenía todo bajo control, nada escapaba a su atención y parecía ser, sin duda alguna, la mano derecha de Korra, una mente afilada y una maestro fuego en secreto, era una clara amenaza y comprendía el motivo por el cual sería dejada a cargo, una oponente formidable, y por el momento, más fuerte que ella.

Un jueves por la tarde el entrenamiento había terminado, Kuvira descansaba sentada sobre el suelo y bebiendo agua mientras la morena, quién permanecía de pie frente a ella, la observaba en silencio. La hermosa piel almendrada de Korra a penas se había llenado de finas gotas de sudor pues el ritmo que era capaz de llevar no forzaba para nada la resistencia de la temida Guerrera del Sur y la verdad era que extrañaba empujarla hasta el punto de perder el aliento. Aquellos intensos ojos azules la miraban en silencio logrando ponerle los nervios de punta, ya sabía lo que la otra quería decir, había insistido durante toda la semana.

- No, no he accedido a nada. - Bufó antes de volver a beber un trago de agua.

- Partiré mañana por la noche, los rebeldes están por cortar la cabeza de Bumi y debo llegar antes de que eso ocurra. - Escuchó la seriedad en su voz y sin dignarse a alzar la mirada suspiró.

- Eres una idiota si crees que podrás sacarlo de ahí con vida. - Dijo de forma amarga. - ¿Alguna vez has visitado ese continente? - Arrugó las cejas esperando respuesta.

- No. - Respondió de inmediato y con sinceridad.

- Es el territorio del Loto Rojo, te harán pedazos si se enteran de quién eres. - Lentamente levantó la cabeza para encontrarse de nuevo con aquellos hermosos ojos azules llenos de determinación, era igual que aquel día que la derrotó dentro de la jaula de combate, o cuando la venció dentro de su habitación, aquellos ojos parecían abrir agujeros en su pecho, Korra no estaba dispuesta a echarse hacia atrás, avanzaría hacia lo que creía correcto y ella no podía hacer nada para evitarlo. - No seas idiota. - Gruñó notando como la desesperación se apoderaba de su razón.

- No se trata de ser idiota o no... Se trata de salvar a un amigo, alguien importante para mí. - Respondió la morena con certeza y sin miedo alguno. - No lo puedo abandonar, incluso si termina por costarme la vida, debo intentarlo... no podría vivir conmigo misma si lo abandono a su suerte, perdería mi propósito e igual me convertiría en un Avatar inútil. - Explicó y Kuvira negó con la cabeza.

- Si te vas haré de este lugar un infierno... ¿Crees que obedeceré a Carmín? Me desharé de ella y tomaré el poder solo para asegurar tu muerte. - Amenazó y Korra sonrió de lado.

- Carmín podría derribarme en un parpadeo si ese fuera su deseo, y si yo no tengo oportunidad contra ella creo que tú tampoco. - Dijo encogiéndose de hombros, aquellas palabras habían logrado sorprender a la ojiverde quién permanecía seria analizando el rostro de la morena en busca de alguna señal que le indicara la presencia de alguna mentira pero no era así, todo parecía indicar que lo Korra había dicho era verdad.

- ¿Qué la hace tan especial? - Cuestionó alzando una ceja.

- Si te lo digo perdería el misterio. - Esta vez el brillo en los ojos de la morena resaltaba el tono juguetón de sus palabras ¿Cómo podía mostrarse alegre en un momento tan complicado? Se encontraba a punto de caminar hacia el matadero y se le veía contenta, por más que lo intentaba no lograba comprenderla.

- De cualquier manera... por favor Kuvira, intenta no oponerte, por el momento solo debes pretender estar de nuestro lado, si quieres no digas nada, pero no hagas ninguna estupidez porque Carmín y otros están bajo la orden de destruirte y odiaría volver y encontrarme con la noticia de tu muerte. – Una vez más, la mirada de Korra era honesta.

No entendía como era que había terminado atrapada en aquella irónica situación donde su principal enemigo era la misma persona que se había tomado la molestia de brindarle compañía durante su cautiverio con el fin de ayudarla a superar aquel castigo y ahora era esa misma persona quién le había traído un poco más de libertad y una mejor calidad de vida.

.

.

.

¿Por qué?

- Si no logras salvarlo... no digas que no te lo advertí. - Desvió la mirada y suspiró.

- Korra... te necesitan en el coliseo. - Dijo Carmín al entrar por la puerta.

- Gracias. - Respondió la morena y Kuvira notó por un instante una chispa entre la mirada que aquellas dos habían compartido ¿Qué había sido eso? Ahora que lo pensaba bien, pocas veces las había visto interactuar, ambas parecían estar bien actualizadas sobre las decisiones tomadas y las acciones que vendrían, trabajaban como una máquina bien aceitada pero las veces que las veía intercambiar palabras eran pocas, Korra no hablaba sobre Carmín ni Carmín sobre Korra lo cual resultaba extraño, parecían hablar a sus espaldas, detrás de la cortina cuando ella no podía verlas ¿Por qué? ¿Por qué no mejor se acercaban juntas para amenazarla? ¿Qué ocultaban? ¿Qué no querían que viera?

- Debo irme, Carmín te escoltará a tu celda. - Se despidió la morena y emprendió su camino dejando a ambas atrás, Kuvira observaba a Carmín quien parecía estar demasiado ocupada observando la espalda de Korra que desaparecía a la distancia.

- ¿Desde cuándo se conocen? - Habló arrancando a Carmín de los pensamientos que la habían atrapado.

- Años. - Respondió a secas con aquella elegancia que tanto la distinguía.

- ¿Te preocupa su partida? - Sonrió al notar un breve cambio en el humor de su vigilante.

- Vamos, debes volver a tu celda. - Habló con irritación, había tocado el tema apropiado, nunca antes había logrado obtener una reacción así de aquella chica.

- No te culpo, he estado ahí antes, un lugar repleto de hombres del Loto Rojo, es un lugar inmundo y lleno de corrupción, si alguien se entera de la identidad de Korra... no puedo imaginarme el castigo que le impondrían. - Sonrió de lado y Carmín bufó.

- Estamos al tanto de eso, muchas gracias, ahora por favor retírate a tu celda. - Ordenó con severidad.

- Veo que eres apegada a ella... claro, si perteneces al Loto Blanco seguro creciste a su lado. - Especulaba en voz alta y Carmín rodó los ojos al tiempo que negaba con la cabeza.

- Si, Loto Blanco. Apresúrate. - La encaminó hasta el interior de la celda.

- Como siempre, es un placer hablar contigo Carmín. - Alzó la voz al tiempo que Carmín salía de la habitación, había obtenido una reacción, eran unidas, o al menos Carmín se mostraba apegada a Korra ¿Sería igual para Korra? No estaba segura pero al menos ahora conocía una debilidad de la persona que de quedaría a cargo.

Luego de cenar se dirigió a su cama pero no lograba conciliar el sueño, su cuerpo había recuperado un poco de fuerza y su piel se sentía limpia al igual que su ropa, ya no tenía el cabello enmarañado y ya no se sentía al borde de la locura, aquella semana fuera del calabozo y al lado de Korra le había devuelto el espíritu al cuerpo.

El problema radicaba en que ahora no lograba callar a esa molesta voz que sospechaba era su conciencia, había aconsejado un poco a Korra cuando la chica partió al norte en busca del documento del Loto Rojo, aquellos días la morena le había llevado comida y le contaba sobre sus experiencias, le contaba sobre el norte y su incomodidad al desempeñarse como La Guerrera del Sur. Entre ellas dos Korra era la que más hablaba pero sus pláticas y el tono de su voz eran las únicas cosas que esperaba volver a experimentar apenas se llegaba el momento de su despedida, necesitaba de ella y sus estímulos para escapar de la monotonía que amenazaba con robarle la cordura dentro de aquel calabozo.

Bufando daba vueltas sobre la cama, ya una vez había estado a punto de perderla para siempre, Unalaq casi la había matado y debía admitir que aquella larga espera fue angustiosa, Korra tardó demasiado en volver a visitarla y por un momento temió que la joven Avatar hubiese muerto, su único contacto humano, la única persona que se tomaba la molestia de bajar a hablar con ella, la única que aún la trataba con dignidad, los guardias no hacían más que ridiculizarla y maltratarla, Korra se había convertido, por un momento, en su único motivo para seguir, si Korra la visitaba le quedaba la esperanza de volverla a ver, de no haber sido por ella no habría tenido nada.

Aún recordaba la triste mirada de la joven Avatar cuando al fin volvió a aparecer, se le notaba agotada y apaleada, no era la misma persona de siempre y aun así se tomó la molestia de bajar a visitarla. Con pesar le contó el motivo de su demora y ambas compartieron un largo silencio que se prolongó por más de una hora hasta que Korra decidió marcharse sin decir más.

De alguna manera Korra había logrado recuperarse por completo, podía volver a ver en ella aquella chispa que tanto la caracterizaba, se le notaba fuerte y saludable... Y ahora, volvería a aventurarse a lo desconocido, volvería a arriesgarlo todo ¿Y para qué? ¿Un amigo?

Chasqueando los dientes se enderezó en su lugar, tal vez tenía deseos de ayudarla, tal vez, si tan solo aquella chica solo fuese eso, una chica cualquiera, una rebelde o un refugiado, una joven errante y sin hogar o la líder de un asentamiento… pero no, Korra tenía que ser el maldito Avatar.

Suspirando recargo la frente sobre sus manos, tenía motivos para apoyar a Korra pero gran parte de su vida la había dedicado a convencer a personas de odiar al Avatar, el Avatar era una amenaza que no podían pasar por alto, le resultaba difícil poder creer en que una persona con el poder de controlar los cuatro elementos fuera capaz de cuidar de todos sin pedir nada a cambio. Si se ponía a pensar, si ella misma se ponía en el lugar del Avatar, si ella tuviera esos poderes no podía asegurar que no los usaría para su conveniencia ¿Por qué habría de ayudar a los demás cuando podía hacer prácticamente todo lo que se le viniera en gana? No tenía sentido así que le resultaba difícil confiar.

###30###

La mañana del Viernes Asami descansaba en su cama, Korra ya se encontraba despierta y desayunaba sentada a la mesa, era un gran día, Korra se iría la mañana del día siguiente y todo el plan se pondría en marcha pero antes de su partida había algo que debían hacer, la esperada pelea entre La Guerrera del Sur y Carmín. Todo había sido planeado con anticipación, esa noche se haría la pelea, la gente podría ver todo el potencial de Carmín y volvería a disfrutar de las increíbles habilidades de La Guerrera del Sur, sería la transferencia de poder, los rebeldes podrían ver que Carmín tenía lo que se necesitaba para mantener una posición importante en aquella sociedad, tal como había ocurrido con La Guerrera del Sur al enfrentarse contra Kuvira, Carmín ganaría popularidad y aceptación entre el público.

- Buenos días. - Sonrió la morena al ver como los bellos ojos de Asami la observaban perezosamente mientras descansaba su cabeza sobre la almohada, una pequeña pero encantadora sonrisa se formó en los labios de la pelinegra quién se tomó un tiempo para bostezar.

- Buenos días. - Respondió retomando su cómoda posición.

- ¿Desayuno? - Ofreció alzando un poco su plato con avena, ambas se miraban y se daban el tiempo para disfrutar de la imagen que tenían enfrente, volverían a separarse, aquel sería el último día que estarían juntas antes de una nueva partida y como ya sabían de antemano, era posible que fuera la última vez que se vieran.

- ¿No sería mucha molestia? - Dijo con tono juguetón y la morena sonrió de lado.

- Para nada. - Hablo cálidamente tomando un segundo plato de las pequeñas aberturas en la pared de roca que fungían como estantes.

- Aquí tienes. - Se acercó a ella y le entregó el plato con una cuchara, de la avena se elevaba un delgado hilo de vapor y un agradable aroma dulce, solo los privilegiados tenían acceso al azúcar y claro era que la líder de la unión rebelde tenía prioridad cuando el producto se encontraba listo.

- La hiciste tú. - Declaró luego de probar la primera cucharada.

- Sí. - Sonrió la morena quién ahora se encontraba sentada enseguida de ella sosteniendo su propio plato de avena entre las manos. - No me apetecía salir a pedir comida en el coliseo... me hacía falta un descanso, eso de ser "La Guerrera del Sur" a veces resulta agotador. - Suspiró.

- Me alegra que ese tiempo lo hayas aprovechado cocinando. - Dijo Asami besando su mejilla. - Porque cocinas mejor que ellos. - Rió y Korra negó con la cabeza.

- ¿Qué tan bueno puede ser? Mis únicas clases de cocina fueron impartidas por el Loto Blanco cuando me enseñaron a distinguir las diferentes propiedades que tienen distintos tipos de alimentos y la mejor manera de combinarlos para mantenerme saludable. - Explicó y la pelinegra rió.

- Dije que era mejor que la de ellos pero eso no necesariamente quiere decir que la tuya es buena. - Bromeo y Korra bufó a lo que Asami se acercó y beso sus labios brevemente.

- ¿Ah sí? Veamos quién te prepara el desayuno de ahora en delante. - Renegó la morena intentando apartarse de Asami teniendo cuidado de no derramar la avena de su plato.

- Es broma amor. - Rió Asami extendiendo su brazo para sostener a Korra a su lado. - Pero a ellos de verdad les hace falta sazón. - Añadió y Korra rió besando la sien de la ojiverde.

- ¿Lista para la pelea de esta noche? - Preguntó la ojiazul y Asami sonrió de lado.

- Yo no tengo nada que perder, eres tú la campeona invicta. - Respondió con tono retador y Korra se encogió de hombros.

- Me siento bastante segura sobre mi campeonato. - Sus palabras eran dichas de modo juguetón. - Ya me he enfrentado a Carmín antes y salí victoriosa. - Concluyó.

- Fue una pelea arreglada. - Agregó Asami.

- Igual que la de hoy. - Recalcó y ambas rieron.

- Mantén la guardia arriba Guerrera del Sur. – Advirtió.

Minutos después escucharon a uno de sus hombres llamando a la puerta, se le notaba nervioso y agitado así que la morena se apresuró a levantarse para atenderlo.

- Lamento molestarla mi señora, es solo que nos dijo que se le hiciera saber de inmediato si teníamos noticias sobre Desna o el señor Bumi. - Se disculpó el joven rebelde agachando la cabeza en señal de respeto.

- Si ¿Qué ocurre? - Lo miró en espera de su respuesta.

- Es Desna. - Inició y el corazón de la morena se aceleró, habían pasado más de las dos semanas acordadas y nunca hubo señales de su primo, debido a esto había asumido lo peor, creía que lo había perdido así que las palabras que ahora escuchaba lograban hacer sus pensamientos ir y venir a toda prisa y luchaba por no pensar más de la cuenta. - Uno de los hombres que lo acompañaron ha regresado con buenas noticias, el retorno de Desna se espera para la siguiente semana. - Concluyó y una amplia sonrisa se dibujó en los labios de la morena.

- Excelentes noticias, muchas gracias, pueden retirarse. - Les dijo a ambos jóvenes y cerró la puerta.

- ¡Asami! Desna volverá. - Celebró y su chica sonrió de oreja a oreja, Desna era un buen aliado, daba buenos consejos y sería de gran ayuda tenerlo ahí mientras intentaban convencer a Kuvira de cooperar.

-Me alegra escucharlo. – Respondió celebrando con su amada morena.

###30###

Como era de acostumbrarse la pelea sería a las anochecer así que el resto del día corrió con normalidad, la partida de Korra sería anunciada luego de que se hubiese ido, solo sus hombres de confianza sabían el verdadero motivo y al resto se les haría pensar que la líder había tenido una junta con los rebeldes del Antiguo Reino Fuego, los hombres de Korra y la misma Asami respaldarían esa historia mientras explicaban la manera en que el poder sería asumido temporalmente por Kuvira, ya todos habían sido instruidos para ello y no había lugar para los errores.

El entrenamiento de Kuvira siempre era antes del de Asami y Korra. Era natural que Kuvira no compartiera mucho durante aquellos entrenamientos pero ese día habló menos que de costumbre, se limitó a entrenar y a responder con palabras simples para poder retirarse a su celda al final del entrenamiento, poco sabía que su rutina cambiaría un poco pues sería la invitada especial de la pelea estelar que se ofrecería esa noche, al fin sería presentada al público en general y sería señalada como una figura de autoridad.

Antes de la pelea las dos protagonistas se permitieron un tiempo a solas en la oficina de la líder, ya se encontraban listas para la pelea, Kuvira había sido llevada al trono y ellas aparecerían luego del segundo enfrentamiento que recién había dado inicio.

- Justo como en los entrenamientos, sin miedo, no pasará nada, confía en mí. - Dijo la morena acariciando el rostro de Asami. - Estaremos bien. - Aseguró y la ojiverde sonrió.

- No bajes la guardia. - Repitió la ojiverde a la morena, había un poco de nerviosismo pues el daño físico sería inevitable, debían confiar, ya ambas estaban acostumbradas a las peleas, ambas habían entrenado por semanas completas y ambas sabían que tarde o temprano este momento llegaría.

Tal como un espejo, las dos sonrieron devolviendo la sonrisa que se les era ofrecida, Korra cerró los ojos y se acercó a Asami para depositar un suave beso sobre sus labios. - Volveré Asami, te lo prometo. - Habló sabiendo que a la ojiverde le angustiaba su partida, ella misma se sentía nerviosa por lo que estaba por venir, solo una cosa tenía segura y eso era el ferviente deseo de volver al lado de su amada pelinegra que con tanto esfuerzo le había demostrado que tenía lo necesario para ser su compañera en aquel camino tan difícil que siempre marcaba la vida de los Avatares.

- Y yo estaré aquí cuidando de todos hasta que vuelvas. - Murmuró pegando su frente a la de ella.

- Disculpe mi señora, la pelea se encuentra por terminar. - Anunció uno de sus hombres por fuera de la puerta.

- Iremos enseguida. - Alzó la voz. - Vamos. - Invitó a Asami depositando un último beso sobre su frente y así ambas salieron de la oficina, una caminaba al lado de la otra. Todos supieron desde el inicio que aquella hermosa chica de ojos verdes pertenecía al lado de la morena, incluso luego de que sus días como esclava hubiesen terminado Carmín siempre servía al lado de La Guerrera del Sur, su fidelidad era innegable, parecía encajar a la perfección al lado de la aclamada líder por lo cual nadie se extrañó al verlas entrar juntas a la arena, en vez de eso todos celebraron y aplaudieron sus nombres.

- Veo que tienen la aprobación del público. - Murmuró Kuvira quién desde el inicio del evento había sido presentada y colocada sobre el trono, se sentía bien poder volver a disfrutar de una posición poderosa, aunque el puesto no fuera del todo real, solo pocos sabían al respecto y el resto viviría bajo el engaño creyéndola a ella como a la responsable de dirigir y eso le brindaba un poco de satisfacción.

Su mirada cazadora no perdía de vista a ninguna de las dos peleadoras, sus figuras eran perfectas, podía delinear con la mirada el contorno de los delicados músculos de sus espaldas y las atractivas curvas de sus cinturas, se les veía en forma y capaces de enfrentar a quien fuese que se atreviera a meterse en su camino.

Korra no era la misma chica que había enfrentado aquella vez en el pasado, el tiempo y la experiencia habían dejado sus huellas en la morena, ahora su postura era imponente y su mirada dejaba en claro que ella era quién daba las órdenes en ese lugar, y tal vez, en cualquier lugar al que decidiera ir a conquistar, daba una buena impresión, ahora entendía porque la gente la apoyaba sin hacer muchas preguntas, había evolucionado de la mejor manera, ella misma sería incapaz de creer que La Guerrera del Sur era el Avatar si no lo hubiese confirmado al verla manipulando los elementos en más de una ocasión... de lo contrario tal vez habría optado por pensar que todo era producto de su imaginación pues era verdad que los rebeldes lucían más saludables y satisfechos que antes, sus fuerzas se habían incrementado y ahora trabajaban unidos como nunca antes se había visto a lo largo de la historia.

El presentador nombró a cada una de las combatientes y todos celebraron, no había un solo hombre de alta jerarquía que no se encontrara presente, las apuestas se habían disparado por los cielos y todos habían estado dispuestos a pagar y pelear por un mejor lugar en las gradas.

Contrario a lo que solía ocurrir en el resto de las peleas, el público enmudeció en cuanto el presentador dio la señal de inicio, solo se escuchaba el retumbar de los tambos metálicos al ser golpeados por palos y tubos, el fuego ardía sobre las antorchas que iluminaban el interior del coliseo, el sudor corría y bajaba por las pieles sucias de los expectantes que por varios minutos habían quemado energías gritando y moviendo sus brazos por doquier al apoyar a sus peleadores favoritos, daba la impresión de que todos estuvieran conteniendo la respiración, nadie se atrevía a decir nada mientras sus peleadoras favoritas caminaban cautelosamente en círculos dentro de la arena.

Todo parecía haberse congelado, la anticipación crecía más y más entre los presentes ¿Quién daría el primer golpe? ¿Quién sería la primera en ser golpeada? ¿Quién recibiría el mayor daño durante la pelea? ¿Quién ganaría?

Cortando el trance en el que todos habían sido capturados, el puño de Asami viajó a una velocidad peligrosa directo hacia el rostro de la morena quién de inmediato se apartó logrando esquivar el golpe por poco menos de un centímetro de distancia, silencio y acto seguido todos gritaron en unísono haciendo retumbar el coliseo.

- ¡Korra!

- ¡Guerrera del Sur!

- ¡Campeona!

Se hacía notar la preferencia del público pero las aclamaciones por Carmín no eran mínimas ni silenciosas.

Finas gotas de sudor volaban dejando una pequeña estela a su paso cuando los puños eran lanzados con toda la fuerza e intensidad que sus dueñas podían depositar en ellos, aquello no era un juego ni un entrenamiento, aquellos golpes llevaban la intención de causar un daño severo a quién fuera que se interpusiera en su camino. Patadas, puños, golpes con los codos y antebrazos, candados y pelea sobre el suelo, todo lo habían hecho durante sus entrenamientos, ambas se conocían a la perfección, conocían cada movimiento y técnica de su oponente, se habían enfrentado ya varios cientos de veces y como resultado aquella pelea era rápida y fluida logrando dejar al público perplejo, Kuvira incluida entre ellos.

- ¿Qué estilo de pelea es ese? - Cuestionó la líder suplente al ver la técnica de Asami, parecía querer golpear a Korra con la punta de sus dedos ¿Pero qué utilidad tendría eso? ¿Qué daño podía llegar a infringir al golpear de esa manera?

- Oh... ese es el estilo de Carmín, si esos dedos llegan a hacer contacto con tu piel pierdes el control de la extremidad que toque. – Le respondió emocionado uno de los seguidores de Korra que al igual que otros cinco hombres y los dos guardias de Suyin se encargaban de mantenerla vigilada.

- El estilo de Carmín... - Repitió en un murmullo y recordaba como Korra le había dicho que si Carmín tuviera la intención podría derrotarla en cualquier momento, si lo que aquel hombre había dicho era cierto Carmín era una oponente peligrosa y de la cual debía cuidarse, claro estaba que le había bastado presenciar los primeros minutos de la pelea en curso para percatarse de ello, pero saber sobre aquella extraña habilidad agregaba más cosas a la extensa lista de cosas que debía cuidar cuando se trataba de Carmín, debía cuidarse de ella y mantener en mente que por el momento no contaba con la fuerza requerida para revelarse contra ella.

No entendía bien que era lo que estaba ocurriendo pero su sangre ardía al presenciar aquel combate, se sentía ansiosa por alcanzar aquel nivel, más que nada, deseaba recuperar su condición física, quería retar a Korra y a Carmín, deseaba poder enfrentarse a ellas, con o sin público, lo que le interesaba era tener la oportunidad de medir sus habilidades y pelear contra ellas.

- ¡Así se hace! - Celebró el público cuando el rostro de Asami giró siguiendo el rumbo de uno de los golpes de la campeona.

- Eso tuvo que doler. - Sonrió Kuvira notando como el golpe había debilitado las rodillas de Carmín, cualquier otra persona se habría desplomado al instante pero los experimentados reflejos de la ojiverde la mantuvieron de pie y pronto lanzaron una fuerte patada que alcanzó el abdomen de la morena y la empujó con fuerza hacia atrás haciéndola tropezar y caer. Korra se había quedado sin aire y Carmín luchaba por recuperarse del golpe que había recibido, el público enloquecía y los segundos parecían correr como minutos bajo la tensión que llenaba el coliseo.

Sangre corría por la barbilla de Carmín mientras que la morena debió limpiarse el ojo izquierdo para poder ver bien pues a ella la sangre le bajaba por la ceja, nadie era capaz de ver ni un solo indicio que apuntara hacia alguna irregularidad en la pelea, era algo genuino, ambas peleadoras sudaban profusamente y sus pechos subían y bajaban agitadamente delatando el esfuerzo físico que les demandaba aquel combate, se notaba que el nivel de su enfrentamiento era superior al resto, si no se prestaba la suficiente atención era muy probable que se pudiese perder de vista los movimientos y golpes efectuados por las peleadoras debido a la fluidez y rapidez del encuentro.

- ¿Cansada? - Sonrió Korra.

- No... A penas estoy calentando. - Respondió Asami acercándose más a ella hasta poder volver a lanzar un golpe que fue bloqueado y correspondido de la misma manera, ambas se encontraban concentradas cuando escucharon el sonido de algo al impactar contra el suelo, sus ojos no tardaron en mirar en dirección al sonido donde vieron uno de los guantes eléctricos.

La reacción no se hizo esperar y las dos corrieron en dirección al artefacto, Korra se adelantó y antes de que Asami pudiera tomar el guante se barrió para patearlo lejos de su alcance, el público enloqueció mientras ambas intercambiaban golpes y maniobraban en un intento por ganar un poco de tiempo o ventaja para poder tomar el guante.

- Maldita sea Asami. - Gruño Korra y la ojiverde rió por lo bajo.

- Lo mismo digo, ese guante es mío. - Recalcó en el momento en que ambas se sujetaban las manos luego de haber bloqueado un par de golpes.

- Lamento lo de la ceja... Se ve mal. - Murmuró y Korra sonrió de lado.

- Se siente bastante mal. - Sus miradas parecían haberse enredado pues eran incapaces de ver hacia otro lado, aquel momento de calma les sirvió de descanso. La primera en hacer un movimiento fue Asami logrando asestar un par de golpes en el brazo izquierdo de Korra y alcanzando a adormecerlo, la morena retrocedió lo más rápido que pudo otorgándole a Asami la libertad de tomar el guante.

Ahora se podía ver quién llevaba la delantera, Korra había adoptado una posición defensiva y Asami cazaba cada uno de sus movimientos, la morena retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared, sin perder el tiempo alzó su mano derecha y una lanza cayó desde las gradas, la elección había sido sabia ya que la extensión de la lanza estaba hecha de madera y solo la punta afilada tenía metal por lo cual no corría el peligro de que la electricidad la alcanzara al ser transmitida por el arma que portaba.

- Se nota que te tienen un cariño especial. - Habló la de ojos verdes sin perder de vista la afilada punta del arma que portaba la morena.

- Naturalmente. - Le devolvió una sonrisa sin poder evitar pensar en el brazo que ahora era incapaz de usar, se encontraba en desventaja, agradecía que esto volviera la pelea más interesante pero al mismo tiempo intentaba pensar en la mejor manera de aproximarse a su contrincante sin ser electrocutada en el proceso, el final de las peleas de Carmín casi siempre solía ser anunciado por el uso de aquel guante, la descarga era potente y suficiente para neutralizar a la mayoría de sus oponentes, pocos podían soportar la descarga pero los que lograban hacerlo quedaban en muy malas condiciones y no hacían más que convertirse en víctimas indefensas destinadas a ser humilladas por la guerrera en color carmesí.

La técnica que la morena decidió adoptar consumiría gran parte de su energía pues consistía en una serie de movimientos ofensivos que fluían como si se tratara de una rutina de baile, ya que no podía utilizar uno de sus brazos la clave del éxito radicaba en la fluidez de sus movimientos para poder controlar la lanza con una sola mano, su cuerpo entero se movía a la par de aquella lanza. Reforzando su ofensiva con patadas y piruetas intentaba mantener a Carmín a raya quién ahora luchaba por evitar el filo de la punta de aquella peligrosa lanza.

Los movimientos de Korra hipnotizaban a los presentes, eran estéticos y atractivos a la vista, muchos tal vez lo ignoraban pero era obvio que la chica había sido instruida en el arte de usar esa arma, Asami estaba al tanto de que Korra había sido entrenada y bien preparada para ser la mejor de las guerreras, desde chica no había hecho otra cosa que dedicarse a aprender a pelear y sobrevivir, ella misma se sentía tentada a deleitarse observando aquellos hermosos movimientos pero si se dejaba llevar la lanza terminaría clavada en su carne… y honestamente no tenía planeado volver a pasar por eso.

Moviendo su cuerpo y cabeza de un lado a otro evitaba los ataques y buscaba una apertura, Korra no podría mantener ese ritmo por siempre y ella debía estar lista para contraatacar en cuanto se presentara la oportunidad.

La orilla afilada de la punta metálica logró hacer varios cortes sobre la piel de la ojiverde, su sangre corría dejando huella de pequeños hilos color carmín, evadir los ataques también resultaba agotador y sus músculos comenzaban a entumecerse. Debía aguantar otro poco, Korra comenzaba a disminuir la velocidad de sus ataques, solo debía esperar, poco a poco continuaba retrocediendo y poniendo distancia entre ellas hasta que la oportunidad se presentó en un paso en falso que hizo que la morena perdiera el equilibrio, haciendo uso de su mano izquierda tomó la lanza y jaló de ella para acortar la distancia que había entre sus cuerpos, dirigiendo su mano derecha hacia la morena notó como esta no tardó en reaccionar soltando la lanza, era demasiado tarde, la misma inercia que generó su movimiento ofensivo la había empujado hacia adelante y directo hacia el guante de Asami que la recibía con todos los contactos expuestos en dirección hacia ella.

El público enmudeció una vez más, el guante alcanzó a hacer contacto con el antebrazo derecho de Korra y algo parecido a un calambre le recorrió el brazo en menos de un segundo, piquetes parecidos a los de una aguja le entumecían los músculos y mientras su cuerpo comenzaba a doblarse su mano se agarrotó logrando rasguñar la piel de la muñeca de Asami y atrapando entre sus dedos la orilla del guante que de un tirón le fue arrancado a su portador.

Korra cayó al suelo con el guante bien sujeto en su mano derecha, controlando los pequeños espasmos, que ocurrían involuntariamente sobre sus músculos, se quitó del camino logrando evitar una patada. Haciendo uso de la boca sostuvo el guante e introdujo su mano en él, Asami había tomado la lanza y ahora la punta viajaba en su dirección, Korra utilizó los contactos metálicos de la palma del guante para apartar la lanza del camino y de la misma manera que Asami lo había hecho con ella, la recibió con el guante electrificado sosteniendo su hombro con firmeza para asegurar que la descarga pasara por completo y no parcialmente como había ocurrido con ella.

El grito de Carmín resonó alrededor y su cuerpo se desplomó y encogió sobre el suelo, con los dientes apretados bufó y en un último y desesperado intento por continuar estiró la mano derecha alcanzando la lanza que balanceó con la intención de cortar a la morena quién con suma facilidad esquivo el ataque y pateo la lanza alejándola del alcance de la derrotada chica que ahora yacía sobre el suelo hecha un ovillo luchando por recuperarse de la descarga, sin decir más Korra alzó su brazo en el aire y todos celebraron, no había nada más que Carmín pudiera hacer, La Guerrera el Sur era la indiscutible ganadora y dejaba en claro que no planeaba infringir más daño sobre su oponente, todo estaba bien, al público no le importaba pues habían quedado satisfechos con el espectáculo que habían tenido la oportunidad de presenciar.

- ¡Campeona! - Cantaban a coro. - ¡Así se hace Guerrera del Sur! - Repetían y agitaban los brazos en el aire, varios de sus peleadores entraron a celebrar con ella y otros pocos se detuvieron para revisar el estado de Carmín, ambas chicas habían recibido bastante daño, Korra aún no podía mover su brazo izquierdo y Carmín tenía un par de cortadas profundas en sus brazos.

Kuvira observaba intensamente a la morena quién la miraba de vuelta con una pequeña sonrisa retadora, sin importar cuanto lo intentara no podía evitar querer caer en su trampa, sabía ya el motivo por el cual había sido llevada ahí, una sola noche bastaría para dejar en claro varios aspectos, ella sería presentada como líder, sí, pero también había recibido advertencias y motivos, pudo ver la temible fuerza de Carmín, las nuevas fuerzas de Korra y la unión y el apoyo de los rebeles, una nueva sociedad, la pelea había sido intensa y llena de adrenalina pero ya no era brutal y grotesca como solía recordar las peleas exhibidas durante el mandato de Bumi.

- Antes de que se vallan. - Habló la morena alzando la voz. - Hay algo que debo decirles. - Aclaró su garganta y sin que ella tuviese que pedirlo todos guardaron absoluto silencio. - Mañana por la mañana me iré de aquí, tengo asuntos pendientes en el Antiguo Reino Fuego, mi visita no será bien recibida en aquellas tierras pues no voy a someterme ante nadie. - Comenzó sorprendiendo a todos aquellos que habían sido instruidos en los pasos a seguir para explicar su partida después de que ocurriera.

- El motivo de mi visita es bastante objetivo. Como ya lo he dicho miles de veces antes, nosotros somos rebeldes, verdaderos rebeldes, no somos como el maldito culto que quiso aprovecharse de la situación para lograr sus propios propósitos, no, nosotros somos los únicos que en verdad merecen ser llamados rebeldes, nosotros no somos gobernados por nadie, nosotros hacemos lo que queremos sin tener ninguna regla principal como esa estúpida idea de cazar al Avatar. - Continuó y todos escuchaban con atención y sin hablar.

- ¿Perseguir al Avatar? Claro ¿Por qué no? El maldito se lo ganó a pulso, pero. - Pausó. - Si a mí me dieran a elegir entre tener que ir a recorrer las tierras en busca de un fantasma pasando hambre y sed en el desierto, o quedarme aquí a vivir cómodamente como una reina, con comida asegurada y comodidades como un buen techo y una cama cómoda... yo creo que no hay ninguna elección que hacer ¿O ustedes que piensan? - Interrogó alzando una ceja y todos rugieron apoyando sus palabras.

- Entonces es eso gente mía, los idiotas que tanto se hacen llamar rebeldes allá en las tierras del Antiguo Reino Fuego se molestaron al ver nuestro estilo de vida, se molestaron al ver que podíamos vivir como reyes sin la necesidad de vivir persiguiendo cosas sin sentido, les molestó vernos bien y les molestó ver que crecíamos en número y fuerza, por eso cerré los accesos... porque de ninguna manera iba a permitir que esos idiotas me dijeran como gobernar en mis propias tierras. - Bufó y el público aplaudió.

- Al inicio nos decían que nada tenía sentido, que el mundo se estaba acabando... ¿Qué más daba quedarse en un solo lugar o andar de aquí para allá en busca de una persona? Pero ahora tenemos una selva que crece en el medio del desierto y no vamos a dejar que nadie la tome, este es nuestro hogar y lo vamos a proteger a toda costa. - Alzó el puño en el aire disparando una serie de aplausos y gritos.

- Nuestra alianza con Suyin Beifong nos fortalece y hasta el momento ha marchado de maravilla y la mejor prueba de ello está aquí presente. - Señaló a Kuvira quién permanecía sentada bien erguida sobre el trono con ese rostro frío y calculador que siempre la caracterizaba. - Y así como no me olvide de ella tampoco me puedo olvidar de mi maestro, Bumi fue el creador de La Guerrera del Sur, Bumi me trajo desde aquellas tierras lejanas y me enseñó a pelear, él le dio vida a la líder que ahora tienen enfrente. Al ir al Norte descubrimos nuevas tierras y así como solo nosotros sabemos hacerlo, logramos hacer enfadar a los rebeldes de culto y ellos se llevaron a Bumi y a otros de nuestros hombres... - Suspiró. - Planean ejecutarlo pronto y yo planeo NO permitirlo. - Pausó, el público la apoyaba gritando todo tipo de cosas.

- ¡Vamos por ellos!

- ¡Matemos a todos!

- ¡Enseñemos quienes son los verdaderos rebeldes!

Levantando una mano en el aire volvió a silenciar a todos los presentes. - Desafortunadamente nos veremos obligados a entrar en sus territorios así que debemos ser listos, no podré llevar a muchos conmigo pero el número no importa. - Sonrió. - Lo que importa es la calidad y nosotros somos mejores que ellos porque a diferencia de nosotros ellos se entretienen en los coliseos viendo como un idiota con una navaja corta a un desafortunado muerto de hambre que seguro recogieron del desierto, en cambio nosotros nos enfrentamos peleador contra peleador. - Señaló asintiendo con la cabeza. - Así que un grupo de veinte hombres vendrán conmigo y el resto se quedará aquí a cuidar nuestras tierras, quiero que nuestros territorios sean impenetrables, les voy a encomendar ser fuertes, necesitaré que sean firmes y mantengan alejados a los rebeldes que provengan de otros continentes.- Otra pausa vino antes de que se aventurara a seguir hablando.

- Kuvira será quién los lidere mientras yo no estoy. - La miró y la ojiverde arrugó las cejas, no entendía como era que la morena se atrevía a tomar tales riesgos, durante el tiempo que llevaba fuera del calabozo no hubo ni una vez en que hubiese accedido a ayudar, aquellas palabras le parecían una locura pero no había rastro de temor o duda en ellas, Korra se mostraba segura y determinada a continuar con su plan.

- Claro está que su cuerpo se encuentra un poco débil debido al tiempo que paso en el calabozo como prisionera de Suyin, por lo que he asignado a Carmín como líder temporal hasta que Kuvira se encuentre mejor, ellas los guiarán bien. - Sonrió, no hubo ni una sola respuesta negativa, muy por el contrario, todos celebraron y comenzaron a aclamar a ambas chicas, Carmín y Kuvira, sus nombres hacían eco dentro de las paredes maltrechas del coliseo logrando despertar un cosquilleo familiar en el estómago de anterior líder rebelde, aquello le traía buenos recuerdos.

- Y en caso de que no vuelvas. - Alzó la voz Kuvira y todos miraron en su dirección. - ¿Quién se quedaría con el puesto definitivo? - Preguntó con tranquilidad y todos guardaron silencio por un momento.

- ¡Ella volverá!

- ¡La Guerrera del Sur no puede ser derrotada!

Se quejaron unos. - Sean realistas ¿Cuántos de ustedes han estado ahí? Aquellas tierras están atestadas de imbéciles, por más que La Guerrera del Sur sea una excelente peleadora no podrá enfrentarse a todos ellos juntos y sus veinte hombres no le serán de mucha ayuda... entonces tenemos que estar preparados. - Explicó.

- Lo estamos. - Respondió la morena. - Si ese es el caso el líder será decidido en una pelea, Kuvira y Carmín o quien sea que quiera ocupar el lugar deberá pelear. - Simplificó, el público accedió y Kuvira sonrió de lado negando con la cabeza, necesitaba mejorar lo antes posible si es que quería obtener el verdadero poder.

Asami ya se encontraba de pie y escuchaba atenta lo que se estaba diciendo, Korra la había sorprendido al declarar abiertamente que iba a pelear con los rebeldes de aquellas tierras, la había sorprendido al lograr obtener el apoyo del público en aquel plan y la había sorprendido al declararla líder temporal, nada de eso había sido mencionado antes, Korra lo había decidido por si misma, La Guerrera del Sur había tomado esa decisión por cuenta propia y la reacción de los rebeldes fue positiva, no parecía ser cosa de suerte, la seguridad que emanaba de Korra bastaba para decir que sabía lo que estaba haciendo.

- Y otra cosa. - Agregó la orgullosa líder rebelde. - Esta chica de aquí. - Señaló a Asami. - Es mía. - Pausó. - Si alguien desea acercarse a ella les recomiendo que entrenen bien o que pidan a los espíritus para que mi muerte ocurra en el Antiguo Reino Fuego, porque si hacen algo estúpido deberán entrar a pelear conmigo a esta arena después de que vuelva. - Extendió su brazo enfatizando el espacio en el que se encontraba.

- Y muera yo o no... No olviden nunca que son libres de hacer lo que sea que ustedes quieran, y si se mantienen fieles a eso y respetan la libertad de todos sin separarse como grupo se convertirán en la alianza más fuerte del mundo. - Concluyó comenzando a caminar hacia la salida de la arena haciendo una pequeña pausa al pasar al lado de Carmín, sin decir nada se acercó a ella depositando un suave beso sobre sus labios y de la misma manera continuó con su camino, nadie movió ni un músculo y no se escuchó ni un susurro, cuando su espalda al fin desapareció tras el marco de la puerta todos comenzaron a aplaudir, todos menos dos personas, Asami y Kuvira pues cada cual se había perdido en un mar de ideas y pensamientos que se había creado tras aquel discurso.

###30###

Asami comenzaba a deshacerse de la pintura y la sangre que manchaba su piel, no había ido de vuelta al refugio de Korra pues la morena ahora se encontraba tratando con los líderes de los grupos rebeldes aliados y no podía ingresar al refugio si Korra no retiraba la cerradura de roca que mantenía la entrada sellada.

Iluminada por nada más que la tenue llama que se alimentaba de una consumida antorcha la chica era la única en aquella habitación, aquel sitio alguna vez sirvió de vestidores en el antiguo estadio pero ahora era la sala de los campeones, ahí era donde se preparaban los mejores peleadores antes de entrar a la arena, era un espacio al cual no cualquiera podía acceder y esa noche ella y Korra habían sido las únicas peleadoras afamadas que se habían presentado por lo cual todo el espacio estaba a su disposición.

Luego de retirarse la venda de la mano derecha comenzó a escuchar el sonido de pasos en el pasillo, se trataba de una sola persona, a decir verdad no reconocía los pasos pero fuera quién fuera la había logrado sacar de sus pensamientos, aún intentaba superar el hecho de que Korra la hubiese reclamado enfrente de todos los rebeldes, la llamó suya y la beso, el corazón le latía a toda prisa, era la primera vez que tantas personas a la vez sabían de su relación, Korra lo había hecho público.

- No sé cómo es que no lo noté antes. - Escuchó la distintiva voz de Kuvira quién se encontraba de pie bajo el marco de la puerta de entrada de los vestidores, sin brindarle la satisfacción de mirar en su dirección continuó de espaldas hacia ella retirando la venda de su mano izquierda.

- ¿Notar qué? - Respondió a secas.

- Tu identidad. - Dijo aquella voz reflejando satisfacción en su tono, como si hubiese descubierto algo sumamente importante lo cual a Asami no le sorprendía, Korra la había instruido bien en cuanto a Kuvira y sus cualidades, le había dejado bien en claro que Kuvira tenía una mente audaz y una capacidad de deducción increíble, era inteligente y hábil al pelear, por eso cualquier plática que intercambiara con ella debía ser elaborada estratégicamente para evitar revelar demasiado.

- ¿La novia del Avatar? - Se encogió de hombros y Kuvira liberó una risilla socarrona.

- No... Aunque ahora que lo pienso, sí, eso te delato. No sé cómo es que no conecté los puntos antes. - Dijo avanzando un par de pasos hacia el interior de los vestidores acercándose un poco a Asami. - Cuando conocí a Korra ella ya había logrado impresionar a la gran mayoría de los rebeldes de esta zona, el público amaba a la Guerrera del Sur así que la invité a mi guarida. - Pausó y continuó avanzando.

- Cuando llegó aquí pude ver que había algo diferente en ella, Korra no me temía o respetaba, me trataba como a cualquier otra persona, Korra desafiaba mi poder frente a todos, se dirigía a mi sin tener cuidado con sus palabras... llevo años viviendo en entornos con personas poderosas, la gente hoy en día es fácil de someter porque la vida no es valorada, si alguien con poder se molesta con una persona lo más sencillo es mandarla matar o matarla por cuenta propia, es por eso que la gente teme a los líderes rebeldes, porque si haces algo que no les parezca bien ellos no dudarán en asesinarte y claro... nadie quiere perder la vida. - Pausó.

- Pero Korra no tenía miedo y eso confirmo mis sospechas, llevaba tiempo recolectando información sobre ella y había huecos en su historia que me obligaban a mantenerla vigilada, cuando al fin llegó a mi guarida me di cuenta, no hacía falta sospechar más, lo confirme al instante, Korra era el Avatar. Aquella mirada retadora no guardaba ningún temor porque Korra confía en sus poderes, ella no me temía porque su poder es superior al mío, en un enfrentamiento de uno a uno ella tiene una ventaja incomparable, si hubiera sido su deseo ella podría haber acabado conmigo y con mis hombres sin la necesidad de tener ningún tipo de apoyo.

Asami escuchaba con atención mientras Kuvira avanzaba hasta encontrarse de pie a un par de pasos de ella. - Pero yo no estaba lista para capturarla y mi espíritu competitivo estaba decidido a llevarla a la zona de pelea para poder competir, mi fuerza contra la de ella, puño contra puño, quería ver si era capaz de derrotar al Avatar con mis propias manos y sin ayuda alguna... - Se detuvo y rió suavemente. - Y aunque me encontré a punto de lograrlo no fui capaz de vencerla. - Suspiró. - Durante ese tiempo pude conocer un poco a Korra y lo que más la caracterizaba era su espíritu alegre y libre, Korra se tomaba descansos para poder disfrutar del pasto y el río que corría dentro de mis territorios, siempre sonriendo y siempre haciendo lo que se le venía en gana. Korra no tenía ningún tipo de cadenas que la ataran a nada, su espíritu es indomable, aún ahora lo puedes ver, un Avatar ocupando el lugar de un líder rebelde... es una locura. - Sacudió la cabeza y comenzó a descender para tomar asiento en un banco que se encontraba enseguida de Asami.

- Un espíritu que no tiene restricciones, habló con sinceridad al llamar a sus seguidores "verdaderos rebeldes" - Pareció pensar en voz alta. - Ella es el vivo ejemplo de la rebeldía. - Sus ojos se habían perdido observando la obscuridad. - Así que durante aquel tiempo hubo una cosa que llamó particularmente mi atención.- Parpadeó para recobrar el control de sus movimientos y dirigió su mirada hacia Asami. - Lleva consigo un collar, un collar con el escudo de la familia Sato. - Asami mantenía su mirada firme y mostraba una expresión dura e imposible de leer, escuchaba con atención sin mostrarse sorprendida aunque su corazón latiera a toda prisa.

- Soñaba contigo y siempre llevaba ese collar puesto. - Pronunció con tono acusador. - De hecho su relación contigo ayudó a confirmar mejor su identidad de Avatar. - Sonrió de lado. - Asami Sato. - Rió negando con la cabeza. - La única capaz de enlazar a aquel espíritu indomable ¿Quién más podrías ser? Escuché mucho sobre ti, tu relación con los espíritus y la manera en que revolucionaste la vida de tus seguidores. - Volvió a reír. - Nunca pensé que tendría el placer de verte fuera de esos muros, pensé que eras el tipo de chica que jugaba sus cartas cuidadosamente, de esas que nunca toma riesgos innecesarios... eras un blanco, no voy a mentir, tu pueblo estaba en mi lista, planeaba ir por ti luego de deshacerme de Suyin. - Volvió a tomar aire y dejar sus hombros caer.

- A decir verdad creo que el calabozo si logró robar algo de mi astucia, me siento oxidada, debí darme cuenta antes, espíritus, poderes que desafían lo que conocíamos hasta houy en día, una líder innata con educación tanto intelectual como en defensa personal... y claro, bella, ojos cautivadores color verde, labios rojos y un hermoso cabello largo color negro. - Guardó silencio. - Y con la increíble capacidad de mantener la atención de Korra sobre ella. - Su mirada se endureció tras estas palabras y apretando los puños se puso de pie.

- Eres conocida por traer de vuelta cosas que creíamos imposibles, Asami, la chica de mente brillante, la líder intocable, la temida revolucionaria, aquella que se quedaría con el poder absoluto. - Bufó. - ¿Qué demonios haces aquí? - Gruñó y la joven Sato arrugó las cejas.

- Que hayas descubierto mi verdadero nombre no significa que el plan haya cambiado, estaré aquí asegurándome de que todo esté en orden mientras Korra se encuentra fuera. - Habló con tono severo.

- Veo que te sientes segura de ti misma... ¿Es que Korra no te advirtió sobre mí? No me subestimes. - Gruñó acercándose más a ella.

- ¿Planeas enfrentarte a mí en esas condiciones? No tienes lo necesario para hacerme frente. - Mantuvo su posición sin dejarse intimidar.

- No te preocupes por mi condición, preocúpate por la tuya, Korra te dio una buena tunda y los golpes ya se enfriaron... - Amenazó y Asami bufó.

- No me provoques. - Apretó los dientes.

- ¡Entonces no cometas errores! ¿Dónde crees tú que están los idiotas que me deben vigilar? ¡¿Eh?! - Tomo la blusa de Asami con fuerza y la empujó hacia atrás. - ¿No deberían estar aquí? Me permitieron caminar por el pasillo a solas ¿Sabes que hay otra puerta por ese pasillo además de la de los vestidores? ¿Sabes que son los vestigios de lo que alguna vez fue un baño y que la estructura se encuentra lo suficientemente débil como para salir por un hueco en la pared? - Bufó. - Si vas a acaparar la atención de Korra al menos deberías corresponder cumpliendo tus obligaciones como es debido. - Volvió a empujarla y Asami reaccionó asestando una bofetada en el rostro de Kuvira, todo quedo en silencio por un momento hasta que una de las piernas de Kuvira se elevó a la altura del rostro de Asami obligándola a agacharse para evitar el golpe, naturalmente aquello recibió una respuesta igual con una veloz patada que Kuvira evito sin problema logrando sorprender a su agresora quién no esperaba ver tal capacidad en la debilitada figura de su víctima.

Un puño y otra patada arremetieron contra Asami pero ninguno logró hacer contacto, la joven Sato detuvo el puño de Kuvira y la empujó hacia atrás con una patada en el abdomen haciéndola chocar contra la pared donde el cuerpo de Kuvira se apoyó para a descender lentamente hasta quedar sentada en el suelo.

- Confío en Korra y ella confía en ti. - Gruñó. - Tal vez no respetes al Avatar, tal vez no desees nada más en este mundo que arrancar la cabeza del maestro de los cuatro elementos y dejarla rodar por el suelo... pero tú ves en ella más que eso, ves a Korra, a la chica de corazón cálido que lo sacrificaría todo por las personas a quienes ama, ves a la persona que se negó a abandonarte mientras te echabas a perder en aquel calabozo ¿Crees que solo tú has estado observando la situación aquí? - Suspiró intentando recuperar la calma. - Dices una cosa y haces otra Kuvira, con Korra te comportas diferente y no lo puedes evitar. - Hizo una pausa sopesando las siguientes palabras que abandonarían sus labios.

- Puedo ver como la miras... y te aconsejaría que cambies de idea. - La amenazó y sin mostrarse preocupada le dio la espalda para continuar con lo que hacía. Kuvira guardó silencio, había escuchado algo terrible, era cierto, Asami tenía razón y ella había estado intentando ignorarlo. De alguna manera se encontraba cooperando con el enemigo.

- Te aconsejo que no bajes la guardia... - Gruñó Kuvira mientras se ponía de pie. - No te puedo asegurar nada y Korra lo sabe, por eso me tiene bajo vigilancia, si de un momento a otro cambio de parecer haré lo que sea que me parezca más conveniente. - Habló francamente sin temor a represalias, no tenía nada que perder, no permitiría que nadie la volviera a encerrar y si las cosas pintaban mal pelearía hasta la muerte.

- Si las cosas llegan a eso yo te daré caza y cumpliré con mis responsabilidades. - Su respuesta no se hizo esperar.

- Entonces veamos quién resulta ser la mejor porque si bajas la guardia te derrocaré. - Amenazó con una sonrisa. - Ya tuve el apoyo de estas personas antes y se sienten seguros conmigo... será sencillo recuperarlos. - Comenzó a caminar hacia la salida.

- Eso será siempre y cuando puedas derrotarme en la arena. - Agregó Asami y Kuvira continuó caminando sin decir nada hasta desaparecer en el pasillo.

###30###

- Kuvira será la tarea más complicada. - Habló recordando la discusión que había tenido con ella hacía media hora atrás.

- Ella hará lo que es correcto, lo he visto en sus ojos, le importa el bienestar de su gente y poco a poco se dará cuenta de que el Loto Rojo no es la respuesta. - Respondió la morena y ambas cayeron en el silencio mientras Asami analizaba aquellas palabras.

- Esperó que tengas razón... - Suspiró y dejó sus hombros caer. Ya se encontraban dentro de la seguridad de su escondite bajo tierra y esa era la última noche que Korra pasaría ahí antes de partir por la mañana. Asami descansaba sobre la cama y Korra terminaba de asearse haciendo uso del agua control.

- ¿Has notado la manera en que te mira? - Preguntó la ojiverde sonando un tanto preocupada lo que de inmediato llamó la atención de la morena quién detuvo sus actividades para enfocar su atención en Asami.

- ¿Cómo si quisiera asesinarme? - Preguntó alzando una ceja.

-No... Es diferente. - Arrugó las cejas y continuó mirando el suelo para evitar cualquier contacto con los ojos de la morena.

- Oh... Creo que se a lo que te refieres. - Suspiró, recordaba bien el beso que Kuvira le había dado aquel día poco después de su captura y aunque no estaba segura de que aquello hubiera significado algo para Kuvira, podía sentir el trato especial que recibía por parte de la derrotada líder rebelde.

- Entonces sí lo has notado. - La miró como si intentara ver a través de ella.

- Si... Es complicado, ni yo misma estoy segura de cuáles son las intenciones de Kuvira. Tal vez solo quiere confundirnos. - Se encogió de hombros.

- No. - Habló Asami siguiendo un impulso que no había sido capaz de controlar. - Me confrontó en los vestidores después de la pelea. - Explicó. - Estaba molesta por tu declaración hacia mí... - Suspiró. - Creo que sus intenciones son claras. - Arrugo las cejas y miró a la morena de forma desaprobatoria.

- Yo no... - Balbuceo la ojiazul sin tener idea de que decir pues nunca se había tomado el tiempo para pensar al respecto. - No sabría que decirte... Nunca he visto a Kuvira como algo más que una amiga y ahora como una aliada. No le había puesto demasiada atención a ese aspecto. - Habló con suavidad en un intento por evitar detonar el enojo de la ojiverde, ella sabía que Asami era una persona razonable pero la verdad era que en esos momentos se le notaba molesta.

- El problema Korra es que ella y yo nos quedaremos a cargo y no creo que con lo que recién escuchó le quede ni una poca de iniciativa para trabajar conmigo. - Habló sonando preocupada pero su semblante cambió de pronto. - A propósito. - Señalo luciendo más alegre. - ¿Qué fue todo eso? Allá en el coliseo. - Sonrió y Korra rió por lo bajo.

- ¿Te gustó? - Dijo con tono presumido y Asami negó con la cabeza riendo suavemente.

- ¿Por qué lo hiciste? - La miró con curiosidad.

- Porque quiero que así sea, quiero que todos sepan que eres mi novia y que sepan que yo soy la tuya. - Sonrió cálidamente logrando acelerar el corazón de la ojiverde.

- Te amo Korra... - Dijo con sinceridad pero sus ojos cambiaron de enfoque y se centraron en el suelo. - Sé que no puedes prometer nada y que es estúpido exigir que lo hagas pero por favor has todo lo posible por volver. - Su voz delataba la angustia que le invadía bajo la idea de su partida.

- Voy a volver. - Aseguró dando un par de pasos hacia ella. - Nos volveremos a ver y te prometo que nunca más volveré a viajar sin ti, esta será la última vez. - Dijo poniéndose en cuclillas para depositar un suave beso sobre su frente.

- Gracias. - Respondió la ojiverde con una pequeña sonrisa que la morena respondió de la misma manera.

- Yo soy la que debería estar agradeciendo, de no ser por ti no estoy segura de haber podido recuperarme de la manera en que lo hice. - Murmuró pegando su frente a la de ella. - La gente suele admirar mi fuerza, pero lo que nadie sabe es que esa fuerza proviene del apoyo que recibo de las personas que se preocupan por mí y siempre están ahí para apoyarme... - Pausó sin poder borrar la pequeña sonrisa que se le había dibujado en el rostro

- Y tú, Asami Sato, eres el apoyo más importante para este torpe Avatar que anda por ahí intentando recuperar el equilibrio de todo sin tener un camino claro por el cual seguir. – Se acercó y depositó un suave beso en la cálida mejilla de la pelinegra. - La Guerrera del Sur, el Avatar, la hija de los líderes de las tierras del Sur, la líder de la alianza de grupos rebeldes, no importa como quieran llamarme o como quieran verme, tú siempre serás la pieza clave detrás de la fuerza de todas esas personas. - Sus ojos se encontraron y Asami entendió que al igual que ella Korra también estaba nerviosa por su partida, no sería cosa fácil, Korra iría a territorio enemigo, su viaje empezaría al amanecer y el momento que estaban compartiendo en ese mismo instante era la última oportunidad que tenían para disfrutar de la compañía que se brindaban y que tanto parecían necesitar día a día pues a ninguna de las dos les había costado acostumbrarse a estar juntas y compartir sus vidas.

- Volverás. - Murmuró sujetando los brazos de la morena con fuerza.

- Claro. - Sonrió y se acercó a ella comenzando a repartir pequeños besos sobre su rostro y cuello causando un cosquilleo que hizo reír a la ojiverde quién de inmediato intentó oponerse al empujar a Korra lejos de ella.

- ¡Me haces cosquillas! - Se quejó sin poder evitar disfrutar de aquella placentera tortura, su piel se erizaba al contacto y el corazón comenzaba a irle a prisa.

- Señorita Carmín, la líder temporal de la alianza rebelde no puede tener una debilidad tan básica como las cosquillas. - Jugó la morena forzando sus manos hacia los costados de la ojiverde quién continuaba riendo.

- ¡Basta! - Suplicó. - Solo ocurre contigo. - Intentaba recuperar el aliento y quitarse a Korra de encima pero era inútil, cuando se trataba de fuerza física Korra llevaba la delantera y sus oportunidades se reducían aún más cuando los encantos de aquella atractiva morena parecían hechizar su cuerpo y la volvían aún más vulnerable.

- Oh ¿Es eso cierto? - Molestó la ojiazul haciendo una pausa para mirar a la chica que ahora yacía debajo de ella.

- Ahora que lo mencionas, puede ser posible que otros tengan el mismo efecto... no sabría decirte porque no he permitido que nadie más se acerque como tú lo haces. - Meditó en voz alta con la intención de molestarla.

- ¿Ah sí? - Bufó la morena. - Si alguien se atreve a acercarse tanto terminará sumergido ochenta metros bajo el suelo en menos de lo que dura un parpadeo. - Amenazó y Asami rió imaginando tal escena.

- Pensé que el Avatar debía usar sus poderes de forma responsable.

- Es responsabilidad mía cuidar de mi chica. - Contrarresto de inmediato acercándose a su cuello. - Por cierto. - Habló con un tono más serio. - Dijiste que si te declaraba como mi novia públicamente o que si te dejaba participar en las peleas podría volver a hacerte mía... Y he hecho ambas cosas. - Comenzó a besar aquella dulce piel por debajo de la oreja de Asami quién en contra de su voluntad se estremeció al contacto.

- ¿Ese fue tu motivo para decirle a todos? - Sonrió y suspiró cerrando los ojos para disfrutar de la sensación que aquellos cálidos y húmedos labios plasmaban sobre su piel.

- No me iba a ir sin antes poder disfrutar de ti. - Balbuceo la morena entre besos que podía notar lograban erizar la piel que probaba.

- ¿Ah, solo por eso? - La detuvo Asami apartándola de ella empujando su cuerpo al sostenerla por los hombros.

- Te amo. - Respondió con seguridad conectando su mirada a la de ella y retirando las pobres defensas de Asami para poder volver a recostarse en el espacio que había entre sus piernas y así poder continuar repartiendo besos sobre su piel.

Tal vez existía un poco de miedo ante la inminente partida de la morena, tal vez sus cuerpos se encontraban lastimados por la pelea que habían tenido dentro de la arena unas horas antes, tal vez se sentían ansiosas y algo inseguras sobre lo que el futuro les deparaba pero nada impidió que fueran sus deseos más básicos los que tomaran el control, la descarga de energía física les brindaba alivio.

Besos húmedos, piel cálida, caricias traviesas y respiraciones agitadas, un abrazo en el cual la morena dominaba con cariño a la chica debajo de ella, su formación atlética le permitía manipular el peso del cuerpo de Asami con facilidad, las prendas se habían perdido minutos antes, necesitaba probar cada centímetro de aquella suave piel, no tenía prisa, disfrutaría esa última noche como si tuviera todo el tiempo del mundo, extrañaba poder intimar de esa manera con Asami, extrañaba escuchar su dulce voz quebrarse cuando tocaba ciertas partes de su cuerpo, extrañaba sentir aquellos irresistibles labios color carmín intentando devorar su piel almendrada, extrañaba sentir aquellas delicadas manos aferrándose a su espalda con fuerza mientras escuchaba desesperados suspiros, gemidos y jadeos.

Asami era suya, solo suya y de nadie más, esos momentos solo le pertenecían a ella, Asami Sato, sus delicadas y bien proporcionadas curvas eran algo que solo ella podía disfrutar al recorrerlas con su boca y manos. Enredadas entre las cobijas dejó de lado al resto del mundo, solo le importaba llevar a su chica hasta el borde de la locura, tenía la energía y las fuerzas para hacerlo, así como Asami se encontraba tatuada en su cuerpo, mente y espíritu ella quería dejar una marca en ella, nadie la haría sentir lo que ella podía lograr, siempre que la tenía entre sus brazos de esa manera se le entregaba por completo.

- Korra... - Gimió al ser empujada contra la pared sintiendo como si el cuerpo entero le ardiera, la humedad entre sus piernas se sentía como si fuese excesiva mientras sus cuerpos rozaban uno contra el otro, sentía que apenas podía seguir el paso de su atesorada ojiazul, la había hecho esperar y podía sentir como se rompía aquella tensión que por tanto tiempo había acumulado. Los cortes que tenía en la piel ardían un poco cuando las gotas de sudor caían dentro de ellos, Korra tenía cuidado con sus heridas pero eso no significara que su intensidad disminuyera, había un poco de dolor pero este se perdía al fundirse con las placenteras sensaciones que ahogaban su razón. - Amor... - Gimió. - No te detengas... - Balbuceo sin aliento para luego morder con fuerza el hombro de la morena quién en respuesta liberó un gemido áspero.

- Eso dolió. - Sonrió la morena de forma pícara con la mirada llena de deseo, sus labios chocaron y sus lenguas danzaban mientras la morena sostenía la cadera de Asami para poder continuar friccionando su cuerpo contra el de ella.

El azul de aquellos ojos era inigualable, su hermosa piel almendrada llena de cicatrices, los tatuajes que la marcaban, sus fuertes brazos, su cabello castaño y suave... no había nadie más para ella, incluso el hecho de que ella fuese el Avatar y también La Guerrera del Sur, todo sobre ella la tenía completamente perdida en su imagen, había tantas cosas ¿Cómo demonios podría mirar a alguien más después de haber vivido tantas cosas a su lado? Su voz, su aroma, su inquieta personalidad y aquella infinita bondad y terquedad que la hacía luchar por todo aquello en lo que creía.

Su cuerpo se estremeció y su espalda se curvo involuntariamente cuando una fuerte honda de placer le invadió desde el interior, con los dedos de sus manos incrustados en aquella fuerte espalda escondió el rostro en el cuello de su morena intentando recuperar el control.

- Escúchame bien Korra. - Murmuró y entonces sostuvo el rostro de la morena con firmeza asegurándose de que sus ojos se encontraran, ambas respiraban agitadamente. - Volverás a mí... y entiendo que las cosas allá serán demasiado peligrosas, por eso quiero que me prometas algo. - Pausó para besar sus labios. - Si las cosas se ponen mal manda a un par de tus hombres de regreso, uno aquí para avisarme y dependiendo de la situación manda a otros al pueblo de Ciudad República y otros a Omashu por refuerzos... Ba Sing Se se encuentra más alejado del lugar al que vas, Omashu y mi pueblo están cerca de la costa... Promete que pedirás refuerzos. - La miró seriamente. - No vuelvas a intentar hacer las cosas por ti misma porque no quiero volver a llegar para encontrarte moribunda. - La regañó y la morena sonrió de lado.

- Lección aprendida. - Dijo con voz juguetona.

- Promételo. - Presionó.

- Te lo prometo. - Se aceró y la besó suavemente, Asami no tardó en corresponder el beso, sus brazos rodearon a Korra por encima de sus hombros y ambas cayeron suavemente sobre las cobijas, Asami se encontraba cálidamente refugiada entre los brazos de la morena quién la sostenía con fuerza sin la intención de permitirle apartarse ni un poco de ella, quería disfrutar del calor de tu piel y tenerla así hasta el amanecer.

###30###

El día comenzó temprano, Korra, Asami y una escolta de rebeldes iniciaron su marcha hacia las orillas del territorio rebelde, a las siete de la mañana ya habían llegado al punto del cual Asami no podía pasar, solo Korra y los veinte hombres asignados seguirían más allá hasta alcanzar la costa.

La despedida no fue infravalorada, Korra recibió abrazos de cada uno de sus seguidores, hombres y mujeres devotos a ella le deseaban la mejor de las suertes, todos le daban palabras de ánimo y todos reforzaban su convicción de ir a aquellas tierras para salvar a Bumi.

- Tráelo de vuelta.

- Enséñales quién manda.

- Si se meten en tu camino hazlos pedazos.

- Tú puedes con todo Guerrera del Sur.

- Cuando termines con ellos te esperaremos con los brazos abiertos.

Y así terminó recibiendo más apoyo del que habría esperado, al terminarse la fila solo quedaba una persona por despedirse, su dulce Asami.

Ambas se miraron y permanecieron en silencio, Carmín caminó hacia la morena y sonrió cálidamente, había una promesa en aquel silencio, no necesitaban decir nada de lo que sentían pues eso ya había sido dicho con anterioridad y ambas comprendían a la perfección lo que debían hacer.

- Cuídate. - Murmuró Asami antes de depositar un suave beso en los labios de su amada.

- Tu también. - Sonrió Korra envolviendo a la ojiverde entre sus brazos y estrechándola con fuerza, hundiendo el rostro en la curvatura de su cuello disfrutaba de su aroma e intentaba guardarlo en su memoria, aquel cuerpo cálido era al cual debía volver, no podía perecer lejos de ella, debía volver para poder disfrutar de las noches en las cuales se quedaba dormida escuchando el palpitar de aquel generoso corazón que de alguna manera la había escogido a ella para confiar todas sus penas y alegrías. - Te amo. - Murmuró y volvió a besar aquellos cautivantes labios color carmesí.

- Y yo a ti. - Respondió Asami dándose el tiempo de juntar el coraje necesario para al fin dejarla marchar, con su frente recargada en la de ella y con los ojos cerrados intentaba callar la lluvia de inquietudes que mermaban su razonamiento.

Un breve beso de la morena sobre su frente bastó para sacarla del trance, un pequeño suspiro y un ajuste en su postura bastaron para devolverle el dominio de sus pensamientos, debía creer en Korra, ella volvería, volvería pues siempre lo hacía, volvería pues ella y el resto de su gente la estarían esperando.

###30###

Durante el viaje en el barco Korra no desperdició el tiempo, organizando a sus hombres comenzó a enseñarles distintos movimientos de ataque y defensa para mejorar sus posibilidades en caso de que las cosas salieran mal, nadie se opuso al entrenamiento, y aunque contaran con poco tiempo para aprender, lo que importaba era que tuvieran una noción básica de los movimientos que les pudieran ayudar a salvarse en caso de una situación peligrosa.

Sin miedo alguno la joven Avatar utilizaba sus poderes de maestro agua para acelerar su avance a través del mar, sus hombres la miraban maravillados, en alguna parte a lo largo del camino habían pasado de ser ladrones y asesinos a ser guerreros que apoyaban al Avatar, ninguno se sentía nervioso o inseguro, muy por el contrario, todos ellos, hombres y mujeres, se encontraban ahí con la determinación de morir por su líder si las cosas así lo ameritaban.

Luego de dos días viajando en barco al fin llegaron a las costas del Antiguo Reino Fuego, se aproximaron durante la noche y con ayuda del Avatar pasaron las torres de vigilancia navegando por debajo de la superficie del agua, cuando no hubo nadie cerca que los pudiera ver volvieron a emerger y continuaron su camino hacia tierra firme.

El barco fue oculto bajo tierra, el grupo permaneció en la costa mientras su líder exploraba los alrededores en busca del hombre que los estaba esperando, uno de los infiltrados que llevaba viviendo un par de meses en aquellas tierras con el fin de vigilar las actividades locales para advertir a Korra cuando el tiempo llegara, él los llevaría hacia el lugar donde él y otros tres habían estado viviendo hasta el momento.

Encontrarlo no fue un problema para la joven con poderes de maestro tierra, luego de llevarlo con ella hacia donde se encontraba el resto del grupo todos emprendieron su camino tierra adentro. La morena y muchos otros de su grupo, que nunca habían visitado aquel territorio, quedaron impresionados al ver que las ruinas de la antigua ciudad y el hogar de los rebeldes se encontraba situado en el cráter de un volcán, debieron subir por la ladera del volcán antes de poder ver las ruinas anidando en el centro del enorme cráter.

- Y las cosas continúan poniéndose mejor. - Dijo el guía. - Mantengan un rostro serio, recuerden el coliseo y sus peleas, recuerden el suelo bañado en sangre, nada de lo que vean aquí es nuevo para ustedes, la única diferencia es que aquí ocurre en cualquier momento y en cualquier lugar. Si los locales notan que ustedes se impresionan con facilidad tengan por seguro que se convertirán en un objetivo. - Advirtió.

- ¿Bromeas? Mejor para nosotros si es así, podremos ir por ahí cortando las cabezas de estos desgraciados sin que a nadie le extrañe o le parezca mal. - Bromeo uno de los hombres y todos rieron.

- Intentemos no empezar con la fiesta antes de tiempo ¿Entendido? - Aconsejó la morena y todos accedieron.

Las calles de las ruinas se mantenían iluminadas por tambos metálicos dentro de los cuales ardían todo tipo de cosas, en cada esquina había un bote en llamas y cada uno de estos botes tenía grabado el símbolo del Loto Rojo en un costado, todos los símbolos eran color rojo y también podían ser vistos sobre las paredes de los edificios, todo parecía sacado de un relato de terror, nadie necesitó preguntar si aquello era pintura o sangre pues todos se encontraban familiarizados con el tono y la textura tan peculiar que tomaba la sangre luego de secarse.

Entre más se acercaban al centro de aquel tétrico asentamiento rebelde más manchas aparecían por doquier, el suelo parecía guardar una colección de distintos tamaños de dichas manchas, también había rastros de pequeños y grandes charcos de aquel obscuro líquido, el aroma era pestilente pero tal como se les había indicado ninguno de ellos hizo ni el menor intento por cubrirse la nariz pues ahora ya había otras personas a la vista que bebían y charlaban alrededor de los tambos bajo la luz de la luna.

- Se encuentran celebrando la próxima ejecución de Bumi y para ello traen a prisioneros y organizan juegos de caza con ellos. – Dijo con un rostro sombrío. – Sueltan al prisionero por las ruinas y le dan caza, quien sea que logre asesinar y traer el cuerpo del prisionero gana el botín de las apuestas... así que esto se vuelve un laberinto lleno de asesinos, si es necesario puedes pelear por el cuerpo contra otros rebeldes y asesinarlos a ellos también pero lo único que realmente cuenta es salir de ahí con el cuerpo del prisionero. - Explicó el guía y Korra ciñó el entrecejo, justo cuando pensaba que las cosas no podían ser peor que en los coliseos venía a enterarse de esto.

Los rebeldes locales andaban por ahí con armas colgando de su cintura, cuerpos manchados en sangre, todos olían a alcohol y todos tenían una mirada enfermiza, una mirada que, a pasar del tiempo, Korra había logrado borrar de los rostros de los rebeles en el Antiguo Reino Tierra.

La mayoría de los pobladores se encontraban congregados en la plaza central que estaba frente a las ruinas del palacio, sobre el templete que alguna vez había sido utilizado para anunciar coronaciones ahora se encontraba una cruz de metal en forma de equis de la cual pendía el cuerpo maltratado de Bumi, cada una de sus extremidades había sido fuertemente sujeta a una de las extensiones de la equis manteniendo su cuerpo en una posición abierta y vulnerable.

Korra y el resto de sus hombres observaban sin decir nada, su predecesor no se parecía ni a la sombra de lo que solía ser, aquel cuerpo parecía estar a poco de ceder, se encontraba cubierto de moretones, raspaduras, cortes y quemaduras, con el rostro inflamado a penas se le podían reconocer las facciones y de no ser porque su pecho subía y bajaba pausadamente, cualquiera podría verlo y asegurar que ya se encontraba muerto.

- Mi señora... - Murmuró uno de los hombres.

- Lo sé. - Respondió sin retirar la mirada de la deplorable imagen de su amigo, los haría pagar, pagarían por semejante barbarie ¿Cómo podían ser tan crueles? No lograba comprender por lo que le resultaba difícil contener su ira.

-¿Alguien más quiere jugar con nuestro amigo? - Habló una mujer notoriamente alta de piel blanca, cabello negro y ojos color amber, su cabello se encontraba peinado en una larga trenza con los lados de la cabeza rapados y en la frente llevaba un extraño tatuaje que se asemejaba a la imagen de un ojo. Sus ropas se encontraban impecables y en buen estado y de su cinto colgaban un par de espadas, no hizo falta que nadie le diera explicaciones, Korra entendió de inmediato por la manera en que aquella mujer se movía y hablaba.

- P'Li. - Murmuró y el hombre que los guiaba la miró sorprendido.

- ¿Cómo es que sabes su nombre? - Preguntó sin poder evitar la curiosidad.

- Porque es la líder y el libro del Loto Rojo habla del líder actual y ese es su nombre. - Respondió sin dejar de ver a aquella imponente mujer, se le notaba a leguas que estaba acostumbrada a ser la que tuviera la última palabra, se notaba que no le tenía miedo a nadie y que estaba dispuesta a ser lo que fuera por obtener lo que quería, era una persona peligrosa pero la Morena no se sentía intimidada.

- Este asqueroso espía no ha dicho nada, nosotros ya lo torturamos de todas las maneras posibles y varios de ustedes también lo han intentado pero nadie lo ha podido hacer hablar... ¿De verdad no hay nadie más que quiera intentarlo? - Preguntó con naturalidad.

- Yo. - Dijo la morena alzando la voz, todos la miraron sorprendidos pero ella no se detuvo a dar explicaciones, sin temor alguno comenzó a subir las extensas escaleras hasta encontrarse sobre el templete.

- Bien... Tenemos a una voluntaria con mucha determinación. - Comentó P'Li con una pequeña sonrisa en el rostro. - Por favor tomate tú tiempo. - Concluyó y se dirigió de vuelta al banco donde otros rebeldes más se encontraban sentados observando el espectáculo.

Korra caminó hasta encontrarse de frente al torturado hombre, podía sentir con toda claridad la debilidad de sus signos vitales, no era tarde para salvarlo pero el castigo que había recibido era excesivo y a juzgar por la manera en que pendía de aquel aparato de tortura podía decir que se encontraba inconsciente.

- Bumi. - Murmuró. - ¡Necesito agua, este hombre está dormido! - Demandó y P'Li rió por lo bajo.

- Adelante, llévenle el agua que necesita. - Dio una señal con la mano y un hombre se acercó con un par de cubetas llenas de agua, el agua no le fue otorgada a la morena, fue lanzada hacia el rostro de Bumi quien se estremeció al sentir la temperatura del líquido sobre su piel. - Ahí tienes. - Dijo la líder mostrándose complacida con la reacción de su prisionero.

- Escucha, mírame a los ojos. - Ordenó Korra acercándose a él, sujetando su cabello con fuerza lo obligó a alzar la mirada, uno de los ojos de Bumi se encontraba completamente cerrado por la inflamación de su piel y el otro a penas y se podía abrir pero él hizo un esfuerzo al parecerle conocida la voz que lo llamaba.

Un ojo maltratado y enrojecido luchaba por reconocer el rostro frente a él, todo lucía borroso y debido a la pérdida de sangre y la falta de líquido en su sistema la cabeza le daba vueltas, sin poder resistirse al agotamiento físico en el que se encontraba, aquel ojo volvió a cerrarse.

- ¡Mírame maldita sea! - Demandó aquella voz y un escalofrío le recorrió el cuerpo entero al sentir como tronaba uno de sus dedos al ser acomodado de vuelta en su lugar ya que todos ellos habían sido quebrados un par de días atrás.

- ¡Ah! - Gimió de dolor y se retorció sobre aquella cruz en forma de equis, la adrenalina comenzó a correr por sus venas otorgándole un momento de lucidez. Haciendo uso del único ojo que tenía disponible luchaba por reconocer a su torturador pero le era difícil pues no era capaz de ver bien.

- Así está mejor. - Declaró la mujer frente a él y sin previo aviso tronó otro de sus dedos haciéndolo gritar de nuevo.

- ¡Maldita sea! - Resoplo desesperado mientras su respiración iba y venía a un ritmo acelerado.

- Que tengas ese maldito ojo abierto no significa que puedas verme ¿Cierto? - Renegó la morena notando la ausencia de brillo en aquella triste mirada, Bumi no la reconocía, su rostro se mostraba lleno de odio y desesperación. - Es una lástima. - Tomó otro de sus dedos y lo tronó, Bumi gritó y maldijo con todas sus fuerzas, se notaba que estaba agotado y aun así también era claro que estaba dispuesto a aguantar lo que fuera, antes de que el dolor se disipara tomó su dedo meñique y lo tronó para terminar de acomodarle los dedos de la mano derecha.

- Veo que tienes prisa. - Balbuceo Bumi intentando apaciguar el dolor que lo invadía, su cuerpo había comenzado a temblar, sentía que su fin estaba próximo pero no tenía miedo. - Al menos deberías tomarte tu tiempo con cada dedo. - Sonrió de lado y suspiró.

- Escúchame. - Habló la morena. - Presta atención. - Dijo con tranquilidad. - Reconoce a quien tienes enfrente. - Decía con voz tranquila, otro grito escapó de los labios de Bumi cuando uno de los dedos de su mano izquierda tronó.

- Te hago un favor al enderezarte esos horrendos dedos. - Escuchó a la mujer. - No grites, deberías darme las gracias. - Tomó otro dedo y lo tronó. - ¿Pero que más se puede esperar de un rey loco? - Tomó otro dedo y repitió la acción.

P'Li observaba complacida, el estilo de aquella chica morena no era parecido al de los demás, ella lucía más tranquila y en control de la situación.

Al encontrarse falto de energías, Bumi colgó la cabeza, aquella voz, conocía aquella voz... - ¿Quién eres? - balbuceo.

- Una chica rebelde, una que alguna vez ayudaste a entrenar, no puedo creer que todo este tiempo fueras una farsa. - Tomó el último dedo y lo acomodó de un movimiento.

Bumi se quejó pero pronto su grito comenzó a volverse risa, alzando la mirada al fin pudo distinguir el azul en los ojos de su torturadora. - Diría que lamento haberte decepcionado chiquilla pero no es así. - Habló con más claridad. - ¡Yo soy Bumi! Hijo mayor del Avatar Aang y miembro activo de La Orden de Loto Blanco, se me conoce también como el Rey Loco del coliseo en las ruinas de Ba Sing Se y Líder del mismo grupo rebelde. - Sus palabras eran pronunciadas con claridad y eran escuchadas por todos los que se encontraban a su alrededor, P'Li lo miraba con atención, era la primera vez que lo escuchaban hablar así, hasta el momento aquel hombre se había limitado a decir bromas estúpidas o comentarios sarcásticos acompañados de una risa burlona.

- Al igual que yo hay otros miembros del Loto Blanco caminando entre ustedes, miembros que han llegado alto en la jerarquía rebelde. - Pausó y sonrió. - El Loto Blanco no es débil como ustedes piensan y el Avatar no es alguien a quién deban o puedan subestimar. ¡Sus armas de platino no pueden contra el maestro de los cuatro elementos! - Al concluir comenzó a reír como un hombre enloquecido y todos lo observaban sin decir nada.

- El dolor ha logrado volverte loco. - Habló P'Li poniéndose de pie. - Retírate. - Le ordenó a la morena quién sin objetar retrocedió un par de pasos.

- ¿Te sientes muy valiente no es así? - Miró directo hacia el inflamado rostro del prisionero. - ¿Qué tal si decidimos torturar a tus compañeros? Todos son unos traidores. - Amenazó P'Li.

- ¿Ellos? Quémalos si quieres, esos estúpidos rebeldes no tuvieron el cerebro suficiente como para percatarse de mi engaño. - Rió. - ¡Quémalos a todos! - Siguió riendo. - Si gustas darme el fuego yo mismo los encenderé cuando los tengas en la hoguera ¡Quémalos! - Su risa resonaba alrededor, Korra observaba impresionada como Bumi luchaba por proteger a sus hombres aun cuando se encontraba en una situación tan complicada.

- ¿Seguro que eso quieres? - Preguntó P'Li arrugando las cejas.

- Me da igual... a menos de que prefieras cortarlos en trocitos... si ese es el caso átalos a una maldita cruz como la mía y dame una navaja, dime que tan finos quieres los cortes y los tendré listos para ti. - Ofreció con una sonrisa socarrona.

- Así que esos rebeldes no significan nada para ti. - Insistió la mujer.

- Significan un estorbo, aún continúas preguntándome por ellos y ya lo has hecho un millón de veces antes... ¿Alguno de ellos te dijo que era mi amigo? Porque de ser así me gustaría que tuviera una maldita cruz enseguida de la mía para que sufriera a mi lado ¿No te parece más justo así? - Continuó su juego y P'Li lo castigó volteando su rostro de una fuerte bofetada, Bumi se tomó un par de segundos para recuperarse y volvió a enderezar el rostro.

- El avatar te pondrá en tu lugar... estás perdida... tú y tu gente caerán, el Loto Rojo está llegando a su fin. - Lanzó sus palabras con ira y en respuesta obtuvo un fuerte golpe en el abdomen que le sacó el aire por completo haciéndolo perder la conciencia.

- Loco y con confianza de sobra... no hablará nunca. - Bufó P'Li. - Llévenlo al calabozo, continuaremos mañana. - Concluyó y sin mirar a la morena caminó hacia el interior del palacio. Un par de hombres comenzaron a bajar a Bumi de la cruz de la cual pendía, Korra observaba con atención conteniendo las ganas que tenía de sacarlo de ahí en ese mismo instante. Su amigo, aunque derrotado y severamente lastimado, giró la cabeza hacia donde estaba ella y le ofreció una pequeña sonrisa.

- Vine por ti amigo. - Murmuró la morena y él cerró sus ojos dejándose vencer por el agotamiento. – Te sacaré de aquí. – Repitió apretando los puños y obligándose a caminar en dirección contraria para volver a donde estaban sus hombres.


Geente bella. Aquí un nuevo capi.

Espero lo hayan disfrutado.

Un millón de gracias y media a todos los que me han dejado review jajaja de verdad me alegra leerlos.

Mañana sin falta me paso a responder reviews :D

Saludos ;D

Se les quiere a todos! Chiauuuu.