Bitácora. Asami Sato. 8
26 de Junio.
Tras la partida de Korra me encaminé de vuelta al coliseo y al pasar por las calles me resultó imposible no notar que todas las miradas se enfocaban sobre mí, no había una sola persona que no me observara con ojos expectantes y aunque no es extraño que los rebeldes me vean y saluden cuando ando por las calles, si me extraña que esta vez no haya ni una sola persona mirando hacia otro lado y que todos se encuentren en silencio.
Sus rostros no me indican que deba preocuparme pues veo que se muestran más curiosos que otra cosa, Korra se ha ido y Kuvira no tiene la condición física para ser reconocida como la líder suplente así que yo soy la máxima figura de autoridad en este momento y aunque me encuentro acostumbrada a ocupar el puesto de líder… debo admitir que con los rebeldes me siento un poco nerviosa pues con ellos las cosas funcionan diferente, con ellos debo mostrarme fuerte y no dudar públicamente ya que si lo hago doy lugar para que otra persona cuestione mis palabras, si eso llegara a ocurrir cabe la posibilidad de que el grupo se divida y yo deberé enfrentar en una pelea a la persona que se haya atrevido a cuestionar mis decisiones y entiendo que en ese tipo de peleas solo puede haber un sobreviviente porque solo puede haber un líder, no hay lugar para los alborotadores, tendría que asesinar a quien fuera que se aventurara por ese camino así que quisiera evitar que eso ocurriera pues lo que menos deseo es que las cosas lleguen hasta ese punto, no quiero lastimar a nadie, incluso si se trata de Kuvira.
Al llegar al coliseo me dirijo al trono de la arena, el trono que ocupó Bumi, luego Korra y ahora yo. Lo examino cuidadosamente antes de sentarme, puedo ver que está elaborado con una amplia variedad de chatarra, Bumi tomó todo tipo de trozos de metal y los fundió juntos para darles la forma del trono, eso le da una apariencia tosca e imponente, el trono es llamativo y hace resaltar a quien sea que se siente sobre él.
Tras sentarme comienzo a ver alrededor, no hay un solo rincón de la arena que no esté al alcance de mi vista, es claro que este trono no fue puesto aquí por coincidencia, el líder es capaz de ver todo lo que ocurre dentro de este recinto mientras las peleas están en curso lo que hace evidente que Bumi sabía exactamente lo que hacía cuando colocó este trono.
Sin querer mi mente comienza a divagar, recuerdo a Korra y la manera tan natural en que se posiciona sobre este mismo trono, se le nota relajada pero imponente, los ojos de La Guerrera del Sur analizan todo lo que está a su alcance, si la observas bien te das cuenta de que a lo largo de los combates su mirada no se encuentra completamente enfocada en las personas que se enfrentan dentro de la arena, solo se concentra en ellos cuando la pelea está llegando a su final pero a lo largo del resto del evento ella se encuentra observando todo y a todos sin decir nada.
Ahora que lo pienso hay algo sobre La Guerrera del Sur que me vuelve loca, no sé si se trata la manera en que camina o como habla, ella se dirige a los demás con autoridad, no hay un solo rebelde en esta alianza que se atreva a contradecirla. Cualquier decisión que ella tome será respetada por todos y no habrá cuestionamientos, la respetan pero también la aprecian.
Creo que entre su apariencia, su actitud, carácter y la manera en que lidera este lugar no puedo encontrar la forma de quitarle la mirada de encima cuando la tengo cerca, Korra siempre logra sorprenderme, la verdad es que no esperaba que hablara como lo hizo ayer por la noche, no esperaba que revelara su plan abiertamente y lo que me sorprende aún más es el apoyo que recibe de su gente, esos rebeldes que por años habían intentado cazar y destruir al Avatar ahora apoyan su causa, claro que ellos no saben que Korra es el Avatar pero sin querer han caído en el plan que el maestro de los cuatro elementos ha intentado plantear desde hace generaciones atrás.
Korra es famosa y muy querida entre los rebeldes, muchas personas tienen sus ojos puestos en ella, es evidente, hombres y mujeres, he visto como la miran… incluso Kuvira, pero me encuentro tranquila al saber que aquellos hermosos ojos azules solo se fijan en mí, la manera en que hemos conectado es algo difícil de explicar, va más allá de una simple palabra, amor es algo muy general pero la verdad es que no encuentro una mejor manera de definirlo, confío en ella y me es claro que ella confía en mí, no necesitamos de muchas palabras para darnos cuenta, es una compañera que nadie podría sustituir jamás.
Supongo que nada me trae más alegría que despertar a su lado, me gusta ver esos traviesos ojos puestos sobre mí, esa bella sonrisa tan suya que logra despertar mariposas en mi estómago cada vez que la veo, el calor que emite su cuerpo cuando me abraza resulta ser tan reconfortante que me toma menos de un par de minutos quedarme dormida por las noches. La verdad es que cuando vine tras de ella a estas tierras desconocidas no creí que pudiese llegar a apreciarla más de lo que ya lo hacía en ese entonces pero ahora veo que estaba equivocada, entre más días paso junto a ella más tiempo quiero tener para poder compartir a su lado.
Una pelea es algo que las parejas intentan evitar a toda costa pero he de admitir que los entrenamientos con Korra a veces se pueden llegar a tornar en una experiencia íntima y no me refiero a algo sexual, aunque a veces si exista algo de tensión entre nosotras, pero me refiero a la concentración que debemos compartir para seguir el ritmo de la pelea, hay ocasiones en las que puedo predecir sus movimientos y lo mismo le ocurre a ella pues puedo ver que las dos nos movemos en sincronía, me entiende y la entiendo y por eso no me sentía tan nerviosa en la pelea de ayer. La adrenalina, el sudor y el esfuerzo vuelven de esas peleas de entrenamiento algo emocionante, a veces cuando una tropieza del agotamiento la otra también cae pues ninguna de las dos espera la falla y así solemos terminar riendo sobre el suelo sintiendo el cansancio hasta los huesos, listas para un merecido descanso.
Si me aventuro a pensar sobre sus labios y caricias me arriesgo a perderme en recuerdos atrapantes así que intento no hacerlo… aunque con orgullo sé que solo yo poseo ese lado de La Guerrera del Sur.
- Korra… - Murmuro de forma inconsciente, tengo que confiar en que volverá porque no puedo darme el lujo de andar por ahí perdida en mi angustia, tengo que mantenerme fuerte y cuidar de los rebeldes hasta que ella vuelva.
- ¿Disfrutando de la vista? – Escucho la voz de Kuvira que me trae de vuelta a la realidad, ella está de pie en el centro de la arena vistiendo su ropa para entrenar.
- Mantengo el asiento tibio para cuando lo puedas ocupar. – Le digo y dirijo una sonrisa socarrona, en la entrada de la arena veo a los dos guardias de Kuvira quienes no le quitan la mirada de encima.
No siempre son los mismos dos hombres, Suyin designa a un par diferente cada día para asegurarse de que siempre se encuentren en las mejores condiciones en caso de que Kuvira intente algo. Korra me explico que Suyin tiene problemas personales con Kuvira y que por eso es la que pone más énfasis en cuanto a su vigilancia lo cual nos resulta de gran ayuda pero a veces parece ser excesiva. Una vez conocí a Suyin y me pareció una persona sumamente agradable, a diferencia de Lin ella es más relajada y sonriente pero ahora veo que también puede tener ese lado tan temible que caracteriza a las Beifong.
- Ven a entrenar conmigo. – Me dice con tono demandante.
- ¿Disculpa? Ve y entrena con los otros peleadores. – Digo sacudiendo la cabeza.
- ¿Esos bufones? – La escucho renegar y veo como arruga la frente. – No puedo, por el momento necesito a alguien que tenga forma y ritmo, esos animales aprendieron a pelear en este sucio lugar y solo saben usar la fuerza bruta, esa que no tengo, pero cuando gane un poco de peso con gusto los usaré como sacos para golpear. – Sonríe de lado y yo suspiro dejando mis hombros caer.
- No tenemos tiempo para entrenar, debemos dar una declaración ante los rebeldes. Que Korra no esté no significa que vaya a haber cambio de reglas y al parecer todos están esperando a que yo haga mi primer movimiento como líder actual porque nadie me quitaba la mirada de encima cuando volvía al coliseo. – Explique poniéndome de pie.
- Ah… ¿No habrá cambio de reglas? – Responde con tono retador y una pequeña sonrisa.
- Si, tal vez una. – La miro de lado y ella me observa con atención. – Eso de que cuando te pongas mejor ocupes el lugar de líder. – Le sonrío de vuelta. – Si ya tengo el puesto no veo la necesidad de volver a cambiar de líder, la gente ya confía en Korra y nadie se opuso a la idea de tenerme a mí como líder. – Me encojo de hombros y ella frunce el ceño y bufa sin decir nada más.
No me tomó mucho tiempo organizar una junta, los líderes parecían estar esperando que esto sucediera pues todos estaban listos para aquella reunión, yo me encontraba un poco insegura debido a la presencia de Kuvira y pensaba que tal vez no había sido tan buena idea molestarla minutos antes ya que bien podía comenzar a intentar sabotear las juntas pero para mi sorpresa no fue así.
Aclaré que mientras Kuvira y yo estuviéramos al mando no habría ningún cambio en las reglas ya establecidas, continuaríamos como La Guerrera del Sur lo había dictado hasta el momento y nos encargaríamos de mantener el orden, Kuvira se mantuvo en silencio, a veces se mostraba distraída pero al final asentía con la cabeza, no dijo mucho pero no hizo falta, se las arregló para permanecer sentada con ese rostro militar que posee y a nadie le extrañó que no aportara nada a la junta, todos la miraban solo para asegurarse de que no se hubiese dicho nada que ella no aprobara y luego volvían a concentrar su mirada sobre mí.
Al concluir la junta Kuvira y yo fuimos las últimas en salir de la oficina, en la puerta de entrada se encontraban los guardias de Suyin listos para continuar observando a su custodia.
- Terminó la junta, entrena conmigo. – Escuché la voz de Kuvira demandando aquella acción.
- Kuvira, creo que lo mejor sería desayunar antes de que pase la hora en que sirven, si queremos que recuperes tu peso lo mejor será que no te saltees comidas. – Expliqué y me encaminé a la zona de comida, hay cuatro edificios donde la gente se organiza para elaborar las comidas del día y a donde todos acuden por sus porciones.
- ¿De verdad quieres que recupere mi condición física? – Kuvira preguntó caminando detrás de mí.
- ¿Por qué no habría de querer eso? – Le digo sin mirarla
- Podría robarte el liderazgo. – Dijo con voz burlona.
- Ya veremos. Pero es verdad que no te tengo miedo. – Digo con una sonrisa que Kuvira no puede ver, ella y yo hemos pasado tanto tiempo juntas que comienzo a familiarizarme con su actitud retadora. Korra me asigno la tarea de volver a integrar a Kuvira a la sociedad pues dijo que era mejor que me diera el tiempo de conocerla antes de que Kuvira recuperara sus fuerzas, y más que una advertencia estoy segura de que Korra quería que yo viera más allá de ese rostro firme y frío que intimida a todos. Kuvira no es una persona fácil de tratar pero con el tiempo que he pasado a su lado en estas últimas semanas puedo percibir ese lado oculto que Korra parece ser capaz de ver con facilidad.
- Pues deberías. – Kuvira me responde y suspira. Ambas llegamos al área de comidas y tomamos asiento en el área de los líderes y peleadores afamados, aquí las porciones servidas son más abundantes y solemos tener el privilegio de disfrutar de ciertos condimentos y alimentos que no son tan abundantes.
El silencio reinó en la mesa mientras disfrutábamos de nuestros alimentos, sin decir nada observaba a Kuvira, su apariencia había mejorado notoriamente en el tiempo que ha pasado fuera del calabozo. Cuando recién fue liberada se notaba el desgaste que aquel encierro había supuesto sobre su mente y cuerpo, aunque su espíritu no se hubiera quebrantado sí que se podían observar los efectos del aislamiento, Kuvira no solía hablar demasiado, permanecía callada la mayor parte del tiempo y se limitaba a hablar solo cuando se le era requerido pero nunca por iniciativa propia, en cambio ahora hay veces en las que desearía que volviera a guardar silencio ya que cuando me habla solo lo hace con la intención de hacerme enfadar.
Su cuerpo también se ha recuperado notablemente, su piel ya no luce opaca y reseca, sus mejillas ya lucen redondeadas y no sumidas como cuando recién salió, su cabello brilla con el reflejo del sol y claro está que ha ganado un poco de peso pero lo que más ha cambiado en ella es su mirada, al salir del calabozo parecía estar ausente la mayor parte del tiempo pero ahora puedo distinguir con claridad esa personalidad feroz que tanto la caracteriza, sus ojos brillan y tal como la había descrito Korra, no hay nada que escape a su vista.
- El tipo de cultivo rotatorio que utilizan aquí. – La escucho hablar tranquilamente. - ¿Es una técnica que tu propusiste? – Sus intensos ojos verdes se enfocan sobre mí pero en ellos no hay ninguna señal de amenaza lo cual es extraño ya que con el tiempo he notado que la estrategia que tiene Kuvira para imponer su autoridad sobre otros se basa en la intimidación.
- Así es, eso lo aprendí en los libros de texto que obtuve de la biblioteca de los espíritus. – Digo con calma antes de llevarme a la boca la última cucharada de puré que quedaba en mi plato.
- Los espíritus… - Murmuró Kuvira pero no continuó con la conversación, a ella aún le faltaba un poco de comida por terminar y yo me limite a observarla, alrededor se podían escuchar las pláticas de otras personas, también escuchaba a niños jugando y por increíble que parezca, de la selva han estado saliendo hermosos pajarillos que cantan y se revolotean cerca de los charcos de agua que se forman luego de las repentinas lluvias que caen por las noches. Este lugar está cambiando a un ritmo acelerado gracias a las acciones del Avatar y la gente lo nota, su actitud ya no es la misma, los rebeldes ya no tienen interés en una vida autodestructiva porque este lugar no parece estar a punto de desaparecer, por el contrario, la selva está llenando la tierra de vida y junto a ella también alimenta el espíritu de la gente que habita en este lugar.
Al cabo de un par de minutos Kuvira también terminó su desayuno pero ninguna de las dos nos levantamos de nuestros asientos, el clima es agradable y no tenemos ningún pendiente el día de hoy, mientras divago mis pensamientos vuelven a enfocarse en Korra, me supongo que en estos momentos se ha de encontrar navegando rumbo a aquellas tierras peligrosas.
- ¿Cómo es ese lugar? El mundo de los espíritus. – Kuvira pregunta mirando a un par de niños que juegan saltando sobre el agua de los charcos.
- ¿Qué si cómo es? Resulta difícil describírselo a alguien que ha vivido tanto tiempo en un mundo en ruinas. – Le digo sin quitarle la mirada de encima. – Incluso a mí me resultó difícil comprender lo que veía y eso tomando en cuenta que yo crecí rodeada de un bosque y tenía la oportunidad de ver un poco de naturaleza viva a mí alrededor. – Hice una pausa y los ojos de Kuvira me miraron directamente.
- ¿Es como la selva? – Preguntó alzando una ceja.
- Es parecido a la selva pero más grande, todo allá es más grande, hay árboles gigantescos, todo tipo de plantas, animales increíbles, lagos, ríos y todo ahí da la impresión de resplandecer, todo posee un brillo propio que te cautiva de inmediato… Y claro, eso sin mencionar a los espíritus que vienen en todas las formas y tamaños que te puedas imaginar. – Una sonrisa se pintó en mis labios sin que yo me percatara de ello y Kuvira no lo pasó por alto.
- Me imagino que ha de resultarte satisfactoria la idea de saber que luego de miles de años tú eres la primera persona además del Avatar en entrar a ese mundo. – Comenta con intriga en la mirada, ahora puedo volver a ver ese aire amenazante que emana de ella y con eso me queda claro que hay algo que le molesta sobre lo que acaba de decir.
- No. No es eso lo que me enorgullece. – Niego con la cabeza y le sostengo la mirada sabiendo que si miro hacia otro lado ella podría tomarlo como una señal de debilidad y no quiero dar pie a ningún tipo de ideas absurdas que puedan llegar a formarse en su mente y eventualmente la lleven a intentar algo estúpido o arriesgado.
- ¿Ah no? ¿Entonces qué? – Presiona con tono autoritario.
- Me enorgullece que todos los pobladores del asentamiento hayan accedido a usar de forma responsable el conocimiento que se nos fue brindado. Todos estuvieron dispuestos a cooperar y gracias a ello nuestro pueblo se pudo desarrollar de la manera en que lo hizo. – La observo y sonrío recordando los rostros de las personas de mi pueblo. - Yo sola no habría sido capaz de hacer nada, una sola persona no habría podido marcar un cambio tan radical, el apoyo y la voluntad de mi gente es lo que me enorgullece y llena de satisfacción. – Le expliqué y ella arrugó las cejas. - ¿Crees que podría estar aquí si no estuviera segura de que ellos serán responsables y continuarán con las cosas tal y como yo les enseñé? – Le pregunto y ella permanece en silencio.
- ¿Dices pues que no quieres adjudicarte el mérito de los logros hechos en el pueblo sobre las ruinas de Ciudad República? – Me sonríe y niega con la cabeza. –Todo grupo debe tener un líder, alguien que les muestre el camino. Si tú no te hubieras aventurado ellos aún vivirían como cualquier otro asentamiento, luchando por obtener los escasos recursos que esta tierra tiene para ofrecer. – Señalo con evidente molestia en sus facciones.
- Siempre habrá alguien que intente cosas nuevas o se aventure por un nuevo camino y no siempre es el líder quien aspira a esos cambios, a veces son los mismos seguidores quienes le presentan la idea al líder y el líder decide si adoptar las nuevas costumbres o no. En este caso se dio la casualidad de que yo fuera ese individuo que se aventuró a ir más allá, pero debes tener una cosa bien clara Kuvira, sin grupo no hay líder, se es líder porque la gente de un grupo decide seguir la guía de uno o más miembros experimentados con el fin de mejorar las probabilidades o condiciones de vida del grupo en general pero las decisiones del líder solo sirven si el grupo las sigue como es debido. – Pausé. - En pocas palabras, es trabajo en equipo, el líder no es nada si el grupo no lo respalda y ten en mente que un grupo siempre puede cambiar de parecer y elegir a otro líder si el que tienen actualmente no les parece adecuado, el poder del líder viene del grupo así como sus logros y actos más reconocidos, el líder no es nadie sin el apoyo de su gente.
Afirmé con seguridad recordando las enseñanzas de mi padre, él se aseguró que yo entendiera que si deseaba ser un buen líder debía acercarme a la gente para conocer sus necesidades y sus metas, porque el líder primero debe saber cubrir las necesidades básicas de su gente y cuando tiene eso cubierto debe saber en qué dirección apuntar para que todos avancen juntos hacia una meta establecida sin enfrentarse a problemas causados por desacuerdos o descontentos.
- Eso es absurdo. – Bufó.
- ¿Eso piensas? Porque mira a tu alrededor. – Señalé con mi mano derecha hacia los niños que jugaban cerca de nosotras. - ¿Habías visto algo parecido a lo largo de tu vida? – Guardé silencio por un momento pero ella no respondió. – Todo esto lo hizo Korra, y la gente le es fiel porque las recompensas que ella les brinda van más allá de los bienes materiales, Korra ha traído tranquilidad a sus vidas y ellos valoran eso así que la respaldarán aunque ella se encuentre guiándolos por un camino que ninguno de ellos había recorrido antes.
La miré seriamente y ella apretó la mandíbula. – Puedes hablar una infinidad de cosas negativas sobre el Avatar obscuro Kuvira y nadie podrá contradecirte, pero abre los ojos de una buena vez y date cuenta de lo que pasa hoy en día. ¿De verdad vale la pena seguir culpando al Avatar por algo que paso miles de años atrás? Porque desde mi punto de vista estas personas no podrían estar mejor y sin el Avatar todo está condenado a la ruina. – Dije y me puse de pie. – Es evidente que puedes llegar a ser una buena líder, porque tienes la capacidad de comandar y mantener el orden, pero lo que tú haces es tóxico para tu gente, de nada te sirve mantener a todos sometidos bajo tu yugo si tarde o temprano tú liderazgo los llevará a la ruina, cuando ellos se percaten de que contigo no les espera nada bueno intentarán acabarte y al final no habrá un grupo que liderar y tampoco habrá líder, no habrá nada. – Concluí y comencé a caminar rumbo al coliseo, Kuvira no me siguió o dijo nada más y yo no miré atrás, la verdad es que la noté diferente y sospecho que es debido a la partida de Korra, me parece que se encuentra preocupada y eso la vuelve vulnerable, así que espero que mis palabras sirvan de algo.
No me volví al escondite hasta que se llegó la noche, el resto del día no hice otra cosa más que evaluar el estado de las reservas, la cantidad de producción y el número de habitantes del área, de acuerdo a los datos que se me habían sido presentados llegue a la conclusión de que debíamos hacer algunos pequeños ajustes para poder comenzar a almacenar comida para el invierno y evitar la escases. Afortunadamente contamos con la ayuda de Suyin y repartiendo las tareas adecuadamente no debería haber ningún problema así que no me preocupé más y me dirigí al escondite, ya me ocuparía de elaborar el plan de acción al día siguiente.
Korra arregló la puerta para que yo pudiera entrar y salir sin problemas luego de que yo me negara a cambiar de morada durante su ausencia, recuerdo sus hermosos ojos observándome atentamente tras haberme negado a su propuesta de habitar la que antes fue la habitación de Bumi en el coliseo, yo no quise cambiar de habitación porque el escondite que ella había hecho se convirtió en un hogar para las dos y no quería alejarme de eso, quería poder disfrutar de mis noches sobre la cama que ella y yo compartíamos, quería estar en el lugar donde ella guardaba sus ropas, donde entrenábamos y donde frecuentemente compartíamos pláticas amenas por las noches y en las mañanas, era lo único que tendría de ella hasta que volviera y aunque fuera absurdo aquello era algo que me reconfortaba.
- Llegas tarde. – Escuché la voz de Kuvira quién se encontraba en el área de entrenamiento, finas gotas de sudor cubrían su frente, los guardias se encontraban de pie en la entrada de la sala de entrenamiento y ella efectuaba delicados movimientos que daban la impresión de ver algo parecido a una pelea en tiempo lento, la manera en que sus manos y pies se movían era cautivador, sus movimientos fluían uno tras otro sin verse pausados o titubeantes, su respiración era serena y con los ojos cerrados continuaba con aquel ejercicio.
- Estuve analizando unas cosas y se me paso el tiempo. – Respondí y me abrí paso entre los guardias para entrar a la sala con Kuvira.
- Así parece. – Me respondió luego de un momento sin perder la concentración, yo caminé alrededor y tome asiento contra una de las paredes, mientras la observaba recordaba la manera en que ella y Korra solían entrenar lo que me llevo a pensar en que Korra me había enseñado a entrenar de esa manera luego de volver de Ba Sing Se y ahora que veía a Kuvira haciendo lo mismo no pude evitar preguntar al respecto.
- ¿Tú enseñaste a Korra a entrenar de esa manera cierto? – Pregunté sin pensarlo demasiado.
- ¿De qué manera? – Respondió con naturalidad.
- Marcando los golpes pero sin golpear en realidad. – Intenté explicarme.
- Ah… No sabría decirte si lo aprendió de mi o si el Loto Blanco se lo enseñó antes. –Dijo y yo intenté recordar si Korra había mencionado algo sobre el origen de aquel tipo de entrenamiento.
- Creo que lo aprendió de ti. – Comenté en voz alta.
- Entonces aprendió rápido. – Respondió ella sin perder el ritmo de sus movimientos.
- ¿Y tú cómo lo aprendiste? – Me aventuré a hablar un poco más con ella.
- Suyin. – Dijo de manera cortante haciendo evidente que aquello era un tema que no quería tocar pero yo no estaba dispuesta a quedarme al margen de sus deseos.
- ¿Entonces Suyin te enseñó a pelear? – Intenté no parecer demasiado interesada en el tema para no hacerla molestar más de la cuenta.
- Sí. – Suspiró y continuó sus movimientos.
- ¿Creciste con ella? – Hice otra pregunta y por un segundo sus cejas parecieron arrugarse.
- Si, algo así. – Habló de mala gana y noté como sus movimientos se volvían un poco rígidos, Korra me había explicado con brevedad la situación que existía entre Suyin y Kuvira, se limitó a decir que Kuvira creció con Su y sus hijos pero que luego se apartó de ellos para unirse a los rebeldes, nunca explicó si ellas llegaron a ser unidas o si alguna vez llegaron a discutir y en base a eso se alejó de la familia.
- ¿Y cómo te alejaste de su familia? – Dije esperando lo que podría ser una respuesta no muy amigable.
- ¿Cómo? – Repitió y esta vez hizo una pausa en sus movimientos, aún continuaba con los ojos cerrados y su cuerpo mantenía la última posición del ejercicio que realizaba. – Ya viste de lo que puede ser capaz esa Beifong, me encerró como a un animal en ese maldito calabozo y me abandonó ahí para que me pudriera. – Chasqueo los dientes e intentó continuar con sus ejercicios.
- Es severa con sus enemigos, eso es cierto. Pero.- Pausé midiendo sus reacciones. - ¿Fue ese el motivo por el que te fuiste? – Presioné un poco más y esta vez Kuvira rompió su postura y me volteó a ver con un rostro que me resultaba difícil de leer.
- No, Suyin no era una buena líder, su gente sufría y ella no estaba dispuesta a castigar a los responsables de aquel sufrimiento, se limitaba a correr a los rebeldes pero era evidente que ellos siempre volverían, no podría acabar con ellos si no establecía una consecuencia adecuada y ella lo sabía pero no hizo nada. – Habló y yo veía el rencor que aquellos recuerdos le traían a la mente.
- Le propuse pelear, le propuse usar a sus guardias, hombres que ella misma había capacitado para el combate, le dije que con ellos podríamos ahuyentar a los rebeldes, claro estaba que los rebeldes deberían soportar ciertas pérdidas para que el mensaje les quedara en claro y eso no le pareció bien a Suyin así que se negó y por eso yo decidí partir… - Suspiró. - Luego me encontré con un grupo rebelde que me adoptó, una vez dentro del grupo no me tomó mucho tiempo convertirme en su líder. – Concluyó y giró su cuerpo retomando la posición en la que se había quedado antes de interrumpir su ejercicio.
- ¿Y cómo pasaste de querer proteger a las personas del asentamiento a ser la líder de los rebeldes que les hacían daño? – Pregunté sin pensar, solo quería entender el punto de vista que Kuvira tenía de todo lo acontecido.
- Mis hombres invitaban a los pobladores a unirse a mi grupo y si se resistían se convertían en víctimas pero siempre se les brindo una alternativa. – Se encogió de hombros. – Tenían la opción de seguir viviendo desprotegidos bajo el mandato de Suyin o podían seguirme a mí y formar parte de mis filas donde no existía ni una persona que no tuviera conocimientos en defensa personal. – Pausó. – Encontré una ciudad en buen estado que podíamos utilizar como vivienda y les enseñé a cultivar su propio alimento… - Guardó silencio y continuó siguiendo los movimientos de su rutina.
- En un mundo donde solo el más fuerte sobrevive yo quería asegurar el lado vencedor para quienes me siguieran, no iba a permitir que nadie nos pisoteara, nadie se aprovecharía de nosotros y sería mi equipo el que al fin capturara al Avatar, la amenaza más grande de la humanidad. – Su mirada pareció perderse en la distancia y sus movimientos de nuevo se detuvieron. – Para mí nunca hubo lados, bien o mal, para mí lo importante era sobrevivir así que no me importó ser una líder rebelde. – Concluyó volviendo a cerrar los ojos.
- Y Suyin no te lo perdonó. – Agregué.
- Suyin no me perdonó que su hijo mayor me siguiera y prefiriera apoyarme a mí y no a ella. – Dijo con tono amargo. – Baatar me tenía una fidelidad incondicional y eso hizo enfurecer a Su. – Exhalo pesadamente al tiempo que llevaba sus movimientos a un fin donde adoptaba una posición neutral estando de pie con los brazos colgando a los costados de su cuerpo. – A decir verdad me sorprendió que ella accediera al plan del Avatar. Tenerme a mí como líder suplente no es la mejor de las ideas y Suyin no lo habría aceptado por cuenta propia ni en un millón de años. – Dijo con una pequeña sonrisa en el rostro.
- No, no fue sencillo. – Confirme.
- Menos mal que Korra es sumamente testaruda. – Me dirigió una mirada traviesa que no tenía otro propósito más que provocarme y hacerme molestar. – Esa es una de las cosas que me agrada de ella. – Sonrió y comenzó a caminar hacia la puerta.
Algo dentro de mí pareció hervir, Kuvira no miró hacia atrás pero mis ojos no se despegaron de su espalda ¿Qué demonios pensaba lograr al hacerme molestar? Luego de que los guardias la escoltaran hasta su celda y que la puerta se cerrara tras ellos al fin pude apartar la mirada de su dirección.
- A penas se puede creer. – Bufé y me puse de pie. - ¿Una de las cosas que le gustan de ella? – Sacudí mi pantalón y me encaminé al lugar de nuestra habitación. – ¿Por qué quiere hacerme molestar? – Rodé los ojos y miré a Sai sentado enseguida de la cama mientras Naga descansaba sobre las cobijas.
- Tengo que evitar cualquier arranque Sai. – Negué con la cabeza y me senté a su lado. – No quisiera terminar carbonizándole el cabello… - Sonreí entretenida y reí por lo bajo. – Entonces perdería el derecho a mis poderes por algo absurdo ¿No? – Le dije a mi pequeño amigo quién me devolvió una mirada tan tierna que me distrajo de inmediato, a veces lo veo a él y a Naga y me pregunto cómo es que nos descuidamos tanto hasta el punto de permitir la extinción de estas hermosas criaturas.
27 de Junio.
Desperté temprano por la mañana echando de menos el calor de Korra, si mis cálculos no eran herrados, en ese mismo momento ella debía de continuar navegando hacia su destino. Suspiré y me abracé de las cobijas con fuerza, ella volvería, ella estaría bien y yo debía creer en eso.
Naga se encontraba recostada contra mi espalda y Sai dormía a mis pies, ellos actúan de maneras misteriosas que me llevan a pensar que siempre están al tanto de mi estado de ánimo o del estado de ánimo de todos, intuyo que los espíritus pueden percibir ese tipo de cosas porque anoche me acompañaron y durmieron a mi lado sin que yo dijera nada sobre el vacío que sentía por la ausencia de Korra, nunca antes habían dormido en la cama con nosotras pero anoche lo hicieron y me brindaron compañía sin que yo se los pidiera.
Un llamado en la puerta principal me obligó a ponerme de pie antes de lo que tenía planeado, perezosa me dirigí a la puerta donde reconocí la voz de un amigo que hacía tiempo que no veía, al abrir pude ver el rostro de Desna quién parecía estar explicando algo a uno de los dos hombres que lo acompañaban.
- ¿Te despertamos? – Preguntó con ese rostro indiferente que lo caracteriza.
- No, para nada. – Sonreí y me acerqué para abrazarlo. – Me alegra que estés bien. – Digo estrechándolo con fuerza y aunque él no es del tipo afectuoso pude sentir como su cuerpo pasaba de estar tenso a relajado en un par de segundos, pronto una de sus manos se posó sobre mi espalda devolviendo el gesto.
- También me alegra estar bien. – Comentó y al apartarme del abrazo pude ver una pequeña sonrisa en sus labios. – Aunque no fue sencillo. – Se encogió de hombros y yo sonreí apartándome del camino para permitirle pasar.
- Adelante, pasa. – Señalo con uno de mis brazos y él agradece el gesto, los hombres de Korra se van luego de saludarme y yo cierro la puerta para caminar detrás de Desna quién toma asiento frente a la mesita donde Korra y yo solemos tomar el desayuno o la cena.
- ¿Cuándo llegaste? – Le pregunto y me muevo hacia los estantes de roca donde Korra almacena la comida, de ellos tomo una cazuela de metal que lleno con agua y comienzo a calentar con ayuda de mi fuego control.
- Recién acabo de llegar. – Me observó detenidamente y guardó silencio por un momento. – Me dijeron que Korra partió ayer. – Habló pareciendo preocupado.
- Así es, ella y veinte de sus hombres de confianza. – Confirmé sin poder evitar que un suspiro escapara de mis labios.
- Nunca he estado en ese lugar, pocos se aventuran a hacer el viaje porque las cosas que se dicen sobre los rebeldes de aquellas tierras son horrendas. – Lo veo arrugar la frente y apretar la mandíbula. – Mi padre solía ir a ese lugar, el Loto Rojo no es algo con lo que puedas jugar, él lo decía con orgullo y presumía sobre las barbaridades que presenciaba en aquellas tierras… - Hizo una pausa y yo permanecí en silencio.
- Afortunadamente para mí nuestro padre nunca explicó de que iba el Loto Rojo, nunca explicó sus orígenes y solo por eso fui capaz de convencer a mi hermana de no asesinarme cuando regresé. – Su apariencia volvió a mostrarse fría y sin expresiones. – Eska y yo fuimos educados por un fanático del Loto Rojo, él nos hablaba mal sobre el Avatar y se aseguraba de que ese odio se inyectara en nuestras venas pero yo no podía creerle a alguien que hablaba bien sobre abusos y asesinatos hechos a personas inocentes. – El agua que hay en la cazuela comenzó a hervir y yo la vierto en un par de platos de roca done ya hay avena y un poco de azúcar.
- Por eso escape, las cosas en el Norte estaban mal, había personas que desaparecían y la gente lo culpaba al clima pero yo sabía que mi padre era el único responsable, no solo les brindaba recursos a los rebeldes, también les regalaba víctimas para sus sucios juegos, personas que se atrevían a hablar mal sobre los líderes del Norte pero que en ningún momento actuaron de manera negativa dentro de nuestra sociedad, personas inocentes que no merecían ser tratadas así pero que nadie tenía las agallas suficientes para salir a defenderlos. – Sus ojos reflejaron la angustia que le traían esos recuerdos lo cual era mucho decir para alguien como Desna que siempre se las arregla para no mostrar sus expresiones.
- Me repugnaban los rebeldes pero terminé capturado por ellos aquí en Ba Sing Se y eventualmente conocí al Avatar. – Mostró una pequeña sonrisa que yo devolví. – Korra es especial, el Avatar es diferente a todos nosotros… la verdad no sé lo que ocurrió en los días del Avatar obscuro pero queda claro que fue algo inusual, el Avatar es una persona de corazón puro, lo vi en ella, la Guerrera del Sur era intimidante, de eso no me cabía duda pero había una luz que emanaba de ella, había algo que me hacía confiar incondicionalmente en la Guerrera del Sur, sabía que lo que sea que ella hiciera tendría un fin positivo así que la ayudé a obtener lo que necesitaba… - Volvió a guardar silencio y yo le di el tiempo que necesitaba para continuar.
- Mi padre murió a manos de Korra, pero no me resultó difícil entender su muerte, las cosas debían ser así, Unalaq era peligroso y Korra me explicó que él intentó matarla primero. Una persona así no puede andar libre por el mundo, yo lo conocía y sé que habría sido imposible hacerlo cambiar de parecer, si tuviéramos la capacidad de traerlo de vuelta a la vida estoy seguro de que él volvería a intentar lo mismo, querría asesinar al Avatar y de ser necesario volvería a morir en el intento. – Bufó. – Y me temo que hay cientos de personas así concentradas en El Antiguo Reino Fuego. – Me miró con preocupación pero yo permanecí tranquila.
- Korra está consciente de eso Desna. – Aseguré. – Pero creo que lo que a ella más le afectó de su enfrentamiento con Unalaq no fue el odio que él le tenía, tampoco fue el haberse encontrado de cerca con la muerte o que al final terminó asesinando a su propio tío. – Pausé meditando las palabras que diría. – Creo que lo que a ella más la afectó en aquella ocasión fue su incapacidad para reconocerse a sí misma, desde chica se le enseñó "el camino correcto" que debía seguir un buen Avatar y ella notó que el camino que se encontraba recorriendo no seguía al pie de la letra las enseñanzas que se le habían dado, así que dudó de sí misma, no creyó estar haciendo lo correcto y temió perder el camino… ella no quería matar a Unalaq y por acto de un simple reflejo aquel hombre terminó desangrándose frente a ella. – Tomé aire y miré a Desna quién escuchaba con atención.
- Creo que lo que aquellos eventos lograron romper fue su identidad, Korra se sentía perdida porque nada tenía sentido, nada era como debía ser… pero con el tiempo volvió a encontrar su camino y tú pudiste verlo Desna, Korra no se encuentra ni un poco cerca de renunciar. – Sonreí. – Ella es el Avatar, la única persona atada al espíritu de Raava, ella está destinada a combatir la obscuridad que hay en el mundo, porque Raava y Vaatu estarán siempre condenados a debatir entre ellos, el equilibrio se rompería si no fuera así y creo que Korra al fin lo entendió, no hay un único camino para el Avatar, ella puede elegir el camino que más le ajuste siempre y cuando no pierda su esencia. – Sonreí. - Por eso no puede ignorar la existencia de Bumi, si lo hiciera y decidiera abandonarlo creo que volvería a perder su camino y propósito. – Asentí con la cabeza y Desna sonrió de vuelta.
- Korra no le teme al Loto Rojo, Korra es un Avatar ejemplar y como tal no permitirá que se cometan injusticias en su nombre, así que está dispuesta a darlo todo ahí afuera, ella debe guiar el camino que las personas seguirán. Quedarse sentada, escondida mientras otros mueren… – Pausé y suspiré. – Ese no es el ejemplo que ella quiere dejar para aquellos que pretenden seguir sus enseñanzas, la vida del Avatar no es más valiosa que la de aquellos quienes la apoyan y protegen. Si Korra muere en aquellas tierras la gente verá que el Avatar no tuvo miedo de enfrentarse a las dificultades, se adentró a territorio enemigo con el fin de salvar a personas inocentes, moriría dejando un ejemplo admirable ¿No lo crees? – Lo miré esperando su respuesta.
- El Avatar que murió intentando salvar a un amigo… una historia que no he escuchado antes. – Respondió asintiendo con la cabeza.
- ¿No te parece una historia que vuelve al Avatar un poco más humano? Alguien con quién la gente se puede relacionar. Le quita de encima esa idea de que el Avatar es un ser superior que todos deben proteger y cuya vida vale más que la de otros, siempre se habla del sacrificio que hacen los miembros del Loto Blanco para proteger al Avatar pero nunca al revés y existen muchos rebeldes que no pueden pasar eso por alto, para ellos el Avatar sigue siendo una persona egoísta… - Volví a sonreír y una lágrima cayó por mi mejilla.
– Mi Korra ha roto con muchos tabúes, se ha involucrado personalmente con esas personas que tanto desean la muerte del maestro de los cuatro elementos, se dio el tiempo de conocerlos y se las arregló para mostrarles otra manera de vivir y ahora se encuentra rumbo al peor lugar que podría visitar en este planeta, todo por un amigo. – Limpié mi rostro y continué. – Ella a veces piensa que comete errores al actuar fuera de las reglas que se le fueron impuestas, pero la verdad es que creo que sin querer nos ha mostrado un lado más humano del Avatar y a mi parecer ese es justo el tipo de Avatar que la gente necesita en estos momentos. – Concluí y Desna asintió en silencio.
- Un Avatar más humano. – Repitió manteniendo la mirada enfocada en su plato de Avena. – Un Avatar que aprecia a sus amigos y es capaz de dar la vida por ellos… en verdad suena mejor que esos que solo se ven una vez cada diez años. – Concordó y ambos reímos. – Pero creo que por lo mismo me devastaría que su vida se perdiera. – Suspiró.
- Por el momento debemos pensar que no será así, Korra estará bien y nosotros estaremos aquí para apoyarla en lo que necesite. Así que tú no te preocupes por los miembros del Loto Rojo… preocúpate por Kuvira, esa es la tarea que Korra nos encomendó. – Sonreí de lado y Desna rió por lo bajo.
- ¿Qué tal te ha ido con esa tarea? – Comentó haciendo evidente que aquella idea le divertía.
- Solo ha pasado un día desde que Korra se fue pero creo que me las he apañado bien. – Respondí con tono optimista. – Aunque tenerte de vuelta me trae alivio, tus consejos podrían servirme en caso de que Kuvira decida complicarme la existencia. – Sonrío y él me devuelve el gesto.
- Haré lo que pueda, pero teniendo en cuenta de que se trata de Kuvira no prometo nada. – Aclaró y yo reí.
- Me conformo con tener tu apoyo Desna. – Le dije y él se encogió de hombros.
Así continuamos charlando durante un par de horas más, Desna me contó sobre su aventura en el Norte, él y sus hombres fueron capturados por su hermana en el mismo instante en que pusieron pie en sus territorios. Los tres se encontraron a punto de ser sentenciados a muerte pero al parecer su hermana aún le guardaba afecto y le permitió hablar, sus palabras lograron hacerla dudar y así accedió a liberarlos y otorgarle a Desna la oportunidad de juntar pruebas que apoyaran sus acusaciones.
Desna explicó que como la líder rigente, Eska fue presentada a ciertas personalidades importantes del Loto Rojo pero todo había sido disfrazado al decirle que no se trataba de nada más que una reunión con los líderes más importantes de la organización rebelde, se le explicó que a diferencia de lo que todos solían pensar los rebeldes tenían una organización jerárquica y había un grupo élite que regulaba las actividades rebeldes alrededor del mundo. Al parecer el Loto Rojo es tan precavido que nunca informa a más de una persona en un área sobre su total existencia así que mientras Unalaq continuaba con vida era visto como el responsable de portar el secreto y manejar las cosas para que funcionaran de acuerdo a las exigencias del Loto Rojo, en cambio Eska era tratada con engaños y solo se le sería revelada la verdad cuando Unalaq fuera quitado del mapa.
Al parecer este cambio de liderazgo fue afectado por el hecho de que Korra se llevara con ella el documento del Avatar Obscuro ya que sin él no tenían la guía de inicio, no tenían el material necesario para mostrar a sus nuevos líderes y por lo tanto Eska no había sido informada de la verdad y aún no había hecho ningún juramento.
Afortunadamente Desna fue capaz de encontrar una carta en el despacho de Vaatu con la firma y el símbolo del Loto Rojo que había sido dirigida a su padre y eso fue suficiente para que Eska creyera sus palabras, la chica no era torpe y entendía que había algo más grande escondido tras las personas que había conocido y al igual que su hermano había sido capaz de ver que algo no estaba del todo bien con las ambiciones de Unalaq y las cosas que deseaba.
Luego de nuestro desayuno al fin tuve la oportunidad de presentar a Kuvira y a Desna, como era de esperarse ninguno de los dos dijo mucho, Desna ya estaba familiarizado con el rostro de Kuvira pero no era la misma situación para la líder quién solo lo miró de la misma manera en que miraba a todos, no le prestó mucha importancia y se limitó a agradecer cuando al fin se le permitió acceder al baño para asearse.
Los planes del día no cambiaron, me dediqué a iniciar un plan de acción para crear una reserva de alimentos que mantuviera a la gente de este asentamiento bien alimentada durante los meses de invierno. Kuvira compartió el desayuno y la comida conmigo pero no me acompañó el resto del tiempo, ella se dedicó a entrenar y a recorrer los territorios que hasta el momento componen nuestro asentamiento, las ruinas de Ba Sing Se tienen un tamaño impresionante y nuestro asentamiento a penas ocupa menos de la cuarta parte de su área, el resto se compone de escombros y edificios en ruinas que rara vez visitamos y Kuvira insistió en que esas tierras debían ser recorridas en busca de materiales que pudiéramos utilizar aunque Korra hubiera dejado en claro que todo ya había sido saqueado por las personas que habitaban con los rebeldes locales o en el asentamiento de Suyin.
Yo no estaba de humor para discutir así que la dejé partir acompañada de los guardias y de Desna quién se ofreció como voluntario para vigilar a Kuvira mientras yo me ocupaba de la tarea que tenía entre manos.
Al caer la noche abandoné la oficina y me dirigí a casa, Desna me había avisado de su regreso a eso de las seis de la tarde, al parecer Kuvira se encontraba interesada en ciertos materiales de construcción para reparar las brechas en los muros e impedir el acceso de desconocidos e invasores lo cual no sonaba para nada descabellado pero debería dejar el planteamiento de ese proyecto para otro día.
En casa Kuvira se encontraba entrenando pero esta vez decidí no entrar a dónde ella se encontraba, me dirigí al comedor y tomé asiento, Sai se recostó a mi izquierda y Naga a mi derecha, luego de hacer un té comencé a beberlo en silencio. Mis pensamientos iban y venían, primero pensé en Korra y en que cabía la posibilidad de que ella ya se encontrara pisando territorio enemigo, me preguntaba qué tipo de cosas podría llegar a ver en aquel lugar, el hogar del Loto Rojo, luego comencé a pensar en casa, en mi padre y en mis amigos, no he sabido nada de ellos desde el día en que partí, en este lugar la gente sigue hablando cosas positivas sobre el pueblo en Ciudad República lo cual me tranquiliza pues eso significa que todo sigue bien y a decir verdad no hay motivo por el cual las cosas no debieran ir de lo mejor, las personas que viven ahí son personas de buen corazón, personas capaces y fuertes en las que confío plenamente.
- Descansa… Líder. – Dijo Kuvira con una sonrisa pícara al pasar a mi lado para dirigirse a su celda.
- Buenas noches Kuvira. – Respondí sin darle mucha importancia a sus palabras o gestos.
Al llegarse la hora de dormir volví a ser acompañada por mis fieles espíritus quienes nunca fallan al momento de leer mi estado de ánimo y su compañía siempre logra hacerme sentir como si me encontrara entre amigos.
29 de Junio.
Inicié el día con una junta, al fin había logrado estructurar el plan para las reservas de invierno, Kuvira también presentaría su iniciativa para bloquear las brechas de los muros caídos y Desna tenía una propuesta para iniciar trueques con los habitantes del Norte.
Todos los líderes asistieron y escucharon cada una de las propuestas, ni uno solo se mostró en desacuerdo con los planes que pondríamos en marcha. Mi plan fue el último en presentarse y todo iba de maravilla hasta que llegué a la parte de explicar que tanto la siembra, cosecha y almacenamiento de los alimentos de reserva sería una tarea delegada a la gente de Suyin, justo en ese instante Kuvira se puso de pie llamando la atención de todos los presentes.
- ¿En verdad piensas que Suyin se mantendrá fiel a su palabra si le otorgas esa tarea? – Me miró poniendo en duda la efectividad de mi plan.
- Así es. – Dije sin permitir que su interrupción afectara mi compostura.
- No lo hará, y si lo hace será bajo sus propias reglas, pondrá a su gente primero y ganará poder sobre los rebeldes… a decir verdad no me sorprendería que tomara esa oportunidad para declararse como la líder de todos nosotros. – Acusó con tono severo.
- No lo hará Kuvira. – Arrugué las cejas pero mantuve mi postura como líder. – Ella es parte de esta alianza ahora.
- ¿Ah sí? ¿Entonces por qué ella no se encuentra aquí? – Sonrió de lado y el resto de los presentes empezaron a concordar con ella.
- ¿Es eso lo que quieres? – Respondí afilando la mirada.
- ¿Por qué no habría de estar aquí si ella no goza de ningún privilegio? – Continuó con su actitud retadora.
- Porque ella es considerada inferior a nosotros, un aliado que obtuvimos para absorber su territorio, ella solo recibe órdenes y nada más, pero tienes razón, debería ser tratada como igual al resto de nosotros y asistir a las juntas, tal vez ella tenga más ideas que aportar. – Accedí y el rostro de Kuvira se tornó rojo, con claridad podía notar la fuerza inhumana con la que se encontraba apretando la mandíbula, la había hecho enfurecer pero no me iba a detener por eso, ella había iniciado este lío al intentar pasarse de lista. – Gracias Kuvira por demostrar el espíritu que caracteriza a nuestra alianza, incluimos a todos y los tratamos como iguales. Esta junta no continuará hasta que Suyin Beifong se encuentre presente. – Sonreí de lado y pude ver que en el rostro de los demás líderes había un gesto parecido al que ponen los niños cuando se divierten al ver cómo regañan a otro por querer pasarse de listo.
- Por favor citen a Suyin y háganle saber que su presencia es indispensable para la junta que se está llevando a cabo. – Ordené a un par de hombres que cuidaban la puerta.
- Bien Kuvira, espero que esto te haga sentir más tranquila. Me alegra que optaras por una solución tan diplomática cuando la orden original era aplastar a Suyin y su gente en caso de que hicieran algo indebido… precisamente decidí darle a Suyin la tarea de los alimentos de reserva porque su gente es menos que la nuestra y si ellos son quienes tienen los alimentos no existe la posibilidad de un amotinamiento pues al encontrarnos tan cerca de ellos no tienen el tiempo suficiente para resguardarse en el palacio, podríamos entrar directo por sus puertas y tomar lo que nos pertenece. – Expliqué logrando hacer que Kuvira enfureciera aún más, pero ella no podía decir nada, no luego del ridículo que la había hecho pasar así que optó por sentarse y guardar silencio.
Luego de unos minutos Suyin llegó escoltada por nuestros hombres, entró a la sala mostrándose serena y compuesta pero su expresión cambió en cuanto su mirada se cruzo con la de Kuvira.
- Bienvenida Suyin. – Dije y proseguí explicando mi plan.
Hasta la persona más despistada se habría podido percatar de la tensión que existía entre Kuvira y Su, aun así Suyin se comportó de la mejor manera y en efecto aportó uno o dos consejos que mejoraban las propuestas notoriamente, los rebeldes quedaron impresionados por su manera de manejar las cosas, era evidente que Su tenía experiencia siendo líder. Me imagino que por años los rebeldes han escuchado todo tipo de historias sobre Suyin Beifong, la líder de asentamiento que se las arregló para acomodarse en el corazón de Ba Sing Se y que por años ha logrado proteger a su gente como ningún otro líder del área había podido hacer antes, todos le temían y muchos habían intentado derrocarla pero Suyin se mantuvo y ahora demostraba las cualidades que la habían mantenido a flote.
- Hace años que pudiste haber iniciado la reparación de esas brechas Suyin ¿Por qué esperar hasta ahora para dar consejos e ideas para hacerlo? – Le dijo Kuvira con tono cortante.
- Porque antes los rebeldes se encargaban de lastimar a los hombres que se atrevieran a dejar las zonas que protegían mis guardias. Ahora imagina a hombres que llevan materiales consigo ¿Crees que alguno de ellos hubiera logrado llegar a los muros bajo tales condiciones? – Respondió Suyin con un gesto duro y poco amigable.
- Si, tienes razón. Olvidaba que tu poder es falso, no eres capaz de proteger a tu gente como se es debido así que los condenabas a vivir rodeados de lobos en vez de enseñarles a defenderse. – Contrarrestó Kuvira con tono burlón.
- Kuvira. – Intervine antes de que la situación empeorara. – No hace falta profundizar en detalles del pasado. Lo importante es que Suyin nos apoyará con esas ideas ahora. – Le dije en tono de advertencia, tanto Kuvira como Suyin parecían estar a poco de atacarse las gargantas y creo que aquello hubiera sucedido de no ser porque la condición física de Kuvira no era la mejor en esos momentos.
- Si, menos mal que ahora se encuentra de nuestro lado. – Bufó Kuvira lanzando una mirada amenazante en dirección a Suyin quién decidió ignorar por completo aquel gesto al voltear la cabeza para mirarme a mí.
Sin más incidentes dignos de mencionarse al fin pudimos concluir la junta, ya cada quién tenía asignada una tarea en específico y a partir del día siguiente daríamos inicio a las nuevas actividades.
30 de Junio.
Este fue el primer día que me tocó organizar las batallas del coliseo, es aquí donde debo prestar mucha atención a los consejos de los hombres de Korra y también debo recordar la manera en que Korra manejaba todo la situación. Al parecer la economía de los rebeldes gira alrededor de estas peleas y las apuestas que aquí se manejan, no es nada sencillo y ya que no es un sistema lineal se debe tener mucho cuidado pues cualquier error podría iniciar una revuelta.
Las apuestas deben ser manejadas de manera que el rey del coliseo se quede con un 10% de todas las apuestas, el 70% de las apuestas se reparte entre los ganadores y un 20% se reparte entre los ganadores de las peleas, suena sencillo pero quisiera que tomen en cuenta que aquí no existe una moneda de cambio, todas las apuestas consisten en objetos valiosos como rarezas encontradas entre las ruinas, armas o porciones de comida, Korra negó la entrada de esclavos a los artículos de las apuestas pero eso a nadie le importó porque al final los esclavos terminaban siendo una carga innecesaria que solo las personas con los recursos suficientes podían tener.
Antes de cada pelea los hombres de Korra toman y evalúan cada objeto que entra en las apuestas y determinan un valor para él asignando un pase específico para la persona, si esta persona gana obtiene acceso a uno o más objetos de una categoría superior a la que tenía el objeto que trajo inicialmente, por ejemplo, un hombre que trae como apuesta un cuchillo oxidado, si el hombre apuesta por un peleador que tiene poca fama y este peleador resulta ganador el valor de su cuchillo se multiplica considerablemente y al hombre se le otorga acceso al área de objetos de valor elevado y puede salir de ahí con una espada de buena calidad o incluso una espada, un escudo y buena ropa… dependiendo del porcentaje que le corresponda.
Es por este motivo que se debe hacer una selección cuidadosa de los objetos que entran a las apuestas, Korra ha logrado pulir las apuestas al elevar un poco más la calidad de los objetos aceptados con valor mínimo, ahora no hay tanta basura revuelta en las apuestas y más gente se aventura a apostar pues hay veces que incluso si no ganan la apuesta se pueden ir de ahí con un objeto que les parezca atractivo ya que no todos los objetos son reclamados por los ganadores, muchas veces los ganadores solo toman lo que llama su atención y al final hay muchos objetos sin reclamar que la gente que no ganó puede pasar a tomar y guardar como reserva para poder apostar en la siguiente pelea.
Los preparativos de estos eventos empiezan un par de días antes de que den lugar las peleas para poder catalogar bien cada objeto, todo esto es realizado por un equipo especializado, pero el día de la pelea es esencial que el líder pase a examinar la calidad de las apuestas y también a verificar la efectividad de la designación de valores así que ahí es dónde entro yo.
Cuando el líder se presenta no es inusual que haya personas que quieran tener un minuto para hablar con él con el fin de convencerle de que el objeto u objetos que llevan para las apuestas deberían ser clasificados en una categoría de valor superior. El líder es el que tiene la última palabra pero la gran mayoría de las veces he visto a Korra designar a un par de sus hombres más honestos y experimentados para lidiar con esos casos, ella se limitaba a tratar con los rebeldes que hacen apuestas fuertes, rebeldes que podían marcar la diferencia entre la unión y desunión de la alianza, personas que llegan con un monto considerable de objetos para apostar, ella habla con ellos cuando existe algún desacuerdo y ayuda para que todos obtengan un trato justo… y ESE es el trabajo del que me ocupo el día de hoy.
Hice todo tal como Korra solía hacerlo, se dedicaba a las inspecciones apenas terminaba con su desayuno, recuerdo caminar a su lado mientras iba de manta en manta examinando los objetos rápidamente, había veces que sin decir nada bajaba un objeto de categoría o subía otro, también sacaba objetos de las apuestas y aceptaba objetos que habían sido marcados como "obsoletos".
Yo no soy tan experimentada como Korra al momento de la evaluación así que designé a Kuvira como mi ayudante, ella se encargaría de las categorías medias y bajas y yo de las altas… que por supuesto, cabe aclarar que la categoría alta es equivalente o ligeramente mayor a las categorías medias y bajas juntas.
Tanto Kuvira como yo debimos usar la ayuda de uno o dos expertos en el tema, ambos eran hombres de confianza así que no me sentía incómoda al hacer todo tipo de preguntas, Kuvira por su parte tampoco lucía incómoda o molesta, más bien se le notaba concentrada lo que delataba su interés en desempeñarse como una líder ejemplar. El coliseo, las peleas y sus apuestas son parte importante de la sociedad rebelde y aunque Kuvira no es fanática del coliseo sé que ella entiende que si no domina esta habilidad jamás podría ser tomada en serio por los rebeldes.
- Maldita sea. – La escuché refunfuñar. - ¿De verdad piensas regatear con esa viejo cacharro? Está más consumido por el óxido que las vigas de los muelles. No hay nada que regatear. – Concluyó severamente, al mirar en su dirección vi al pequeño niño que había rechazado, un pequeño que no podía pasar de tener doce años. Kuvira continuó con sus tareas pero yo me tomé un tiempo para hablar con el niño quién con pesar me explicó que él había perdido un objeto valioso para su padre en una de las apuestas y ahora le estaban demandando obtener algo de igual o mayor valor para poder volver a su hogar y aquella vieja cuchara oxidada era todo lo que había sido capaz de encontrar entre las ruinas.
Sin prometer nada le pedí la cuchara para examinarla, tal como lo había dicho Kuvira, la mayor parte del metal había sido consumida por el óxido, la vieja cuchara se encontraba casi completamente amorfa por lo cual se podía decir que no tenía valor alguno para las apuestas. El rostro del niño lo decía todo, se encontraba desesperado y yo por más que intenté no pude endurecer el corazón, le pedí que me esperara un momento y fui a mi casa para sacar uno de los tantos objetos que he coleccionado de las ruinas, un viejo revolver oxidado, el arma ya no sirve pero hay personas que las colecciona y personas que las quiere para ver de qué manera fueron construidas para luego intentar recrearlas, el arma la consiguió Korra para mí, a sabiendas de lo mucho que me encanta examinar y coleccionar cosas del pasado no es extraño que de pronto Korra llegue con un regalo, me dice que con ayuda de sus poderes puede sentir las formas que hay debajo del suelo y cuando nota un objeto peculiar lo saca para mí así que tengo varios de esos guardados.
Lugo de volver a donde estaba el niño le otorgué el arma. -Es muy valiosa, entrará en una categoría alta, cuando ganes deberás otorgar las ganancias al coliseo y solo deberás quedarte con un objeto, la pistola me la devolverás a mí ¿Entendido? – Hablé con firmeza y el niño asintió con emoción, de nuevo de sus labios no salieron muchas palabras pero el semblante en su mirada lo decía todo y con eso me bastaba para confiar en él.
- ¿Harás eso con cada desgraciado que venga aquí con la intención de apostar un trozo de chatarra? – Escuché a Kuvira hablando por detrás de mí pero decidí no darle importancia, siempre que intento razonar con ella las cosas terminan por empeorar así que en vez de eso volví a mis tareas y le indiqué que hiciera lo mismo, Kuvira no dijo nada, su mirada bien podría haber atravesado diez paredes de concreto, podía sentir la tensión en el aire pero no iba a ceder y al cabo de un par de minutos al fin sentí como aquellos ojos llenos de recelo se apartaban de mi espalda, un escalofrío me subió por la piel y al fin pude relajarme, un pequeño suspiro bastó para devolverme la calma. No le temo a Kuvira, en su estado actual no es capaz de hacerme nada, pero temo que haga algo estúpido y yo me vea obligada a terminar con su vida.
Luego de asegurarnos de que todos los objetos de las apuestas se encontraran en orden Kuvira y yo nos dirigimos a la oficina de Korra para cambiarnos de atuendo, yo debía presentarme como Carmín y Kuvira debió cambiar su ropa deportiva por una más formal ya que ella se reusaba a adoptar una apariencia más salvaje como lo hacíamos Korra, yo y el resto de los campeones. Su ropa consistía en un atuendo militarizado, se le notaba pulcra y bien alineada mientras yo lucía más amenazante.
- Sabes. – Dijo al tiempo que yo terminaba de aplicar el maquillaje rojo sobre mi piel. – En verdad eres tan impresionante y digna de admiración como dicen los rumores. – Pronunció con ese tono retador que suele usar a menudo cuando se dirige a mí.
- ¿Eso crees? – Respondí sin sonar interesada.
- Sí. Saliste de la nada no hace mucho tiempo y ya tienes a todos comiendo de la palma de tu mano. – Explicó.
- Gracias a Korra. Sí. – Me encogí de hombros y seguí con mis actividades.
- No, no fue Korra, eres tú. Claro que la presencia de Korra te ayudó pero si tú no dieras el ancho de nada hubiera servido que tuvieras el apoyo de la Guerrera del Sur. – Pausó y caminó alrededor mío. – Ahora entiendo, sin importar cuan cercana me volviera a ella y sin importar el notorio interés que tuviera ella por mí, siempre había una barrera que no fui capaz de romper… había algo anclado a su memoria, algo que no podía olvidar con tanta facilidad… - Sonrió de lado al ver que mi mirada se había posado sobre ella, algo que yo había hecho sin darme cuenta.
- No eres una persona fácil de olvidar Asami, Korra se mostraba interesada en mí, accedía a seguirme el juego con los coqueteos, tal vez lo hacía inconscientemente pero siempre estaba cerca de mí… - Guardó silencio por un momento, no pudieron ser más de diez segundos pero había sido tiempo suficiente para que mi mente repitiera como una película las veces que había visto a Kuvira y a Korra entrenando. Era obvia la atracción que Kuvira sentía por Korra pero ¿Qué pensaba Korra?
Suspiré intentando olvidar aquella absurda pregunta sin embargo mis ojos seguían fielmente cada movimiento que hacía Kuvira. – El día que la besé pude comprobar que sus emociones se encontraban en conflicto, no se retiró de inmediato y cuando lo hizo se quedó sin palabras por un momento…
- ¿La besaste? – Aquellas palabras escaparon de mis labios sin necesidad de pensarlas, mi postura había cambiado por completo al igual que mi estado de ánimo, de pronto mi sangre parecía hervir pues mi imaginación no se había demorado en plasmar una imagen no muy placentera en mi cabeza.
- Ah, sí… tranquila, fue hace tiempo, cuando recién me capturaron. – Respondió con naturalidad, podía ver una sonrisa burlona en su rostro, mi reacción le había parecido satisfactoria pero a estas alturas no me podía importar menos. – Oh. – Rió. – Cuánto lo siento, la verdad es que no conozco mucho sobre su relación, Korra no habló nada al respecto y nunca lo ha hecho así que no estoy al tanto de si en aquel entonces ustedes ya salían. – Se encogió de hombros y yo bufé sacudiendo la cabeza, una llamarada había escapado de mis labios y Kuvira retrocedió.
- No, no salíamos. – Apreté la mandíbula y me apresuré a terminar con mis preparativos para poder salir de la oficina antes de perder los estribos.
- Tal vez, si hubiera tenido más tiempo a su lado habría logrado hacer que se olvidara de ti. – Su voz pareció detonar una bomba en mi interior, no dudaba de Korra pero me molestaba que Kuvira hablara de esa manera sabiendo que yo soy la pareja actual de Korra, Kuvira no tiene ni la más mínima intención de respetar mi relación con Korra y eso me saca de quicio, así que de un movimiento le voltee la cara al abofetearla con la parte trasera de mi mano derecha.
- ¡Basta! – Ordené notando como su mejilla comenzaba a tornarse roja, Kuvira colocó una de sus manos sobre el golpe, sus cejas se arrugaron y pude ver como la ira comenzaba a crecer dentro de ella. – Respeta mi relación con Korra, puedo tolerar cualquier cosa que salga de tu boca… - Resoplé. – Pero lo mío con Korra se encuentra fuera de los límites, ella es MI novia y nada de lo que digas va a cambiar eso así que te sugiero que desistas de tu pequeño juego o un día de estos no tendré la paciencia suficiente para contenerme ¿Me explico? – La miré detenidamente y ella me devolvió la misma mirada, antes de que pasara algo más yo ya tenía previsto el desenlace, de ninguna manera Kuvira se quedaría tranquila con lo que había ocurrido y luego de un momento arremetió lanzando una patada hacia mí, patada que frené con la palma de mi mano y tomando su pierna la jale hacia mí para volver a castigar su rostro pero esta vez con el puño cerrado.
- Argh… - Se quejó al caer sobre el suelo. - ¡Maldita seas Asami! – Resopló.
- Tu iniciaste esto Kuvira. – Respondí en tono de reclamo, la verdad es que estaba cansada de su actitud, no entendía que pretendía lograr al hacerme molestar.
- Solo te contaba sobre cosas que he observado. – Rió por lo bajo. – Deberías controlar tus celos. – Sonrió de lado y yo me acerqué levantándola por la camisa para poder pegar mí frente a la de ella, necesitaba que me mirara directo a los ojos y que entendiera lo que estaba a punto de decirle.
- Continúa retando mi autoridad y esta noche tú y yo entraremos a la arena a dejar en claro quién se quedará con el puesto de líder hasta el día en que Korra regrese. – Amenacé y aquella sonrisa burlona desapareció de su rostro.
- ¿Te sientes orgullosa de tus palabras? Estarías apaleando a una persona en desventaja… valla que pasar tiempo con los rebeldes te ha afectado. – Intentó envenenar mis pensamientos pero yo tenía mis metas bien establecidas.
- Si, para liderar a los rebeldes debes actuar como uno y la verdad no creo que nadie proteste si decido limpiar el piso contigo antes de que te recuperes. – Liberé su camisa y la empujé hacia atrás, Kuvira perdió el equilibrio por un momento pero al recuperarlo lanzó un par de patadas y golpes que apenas pude esquivar, sus movimientos eran veloces y muy bien ejecutados, ambas nos miramos y Kuvira sonrió, no se iba a detener y yo tenía que estar lista para el evento que estaba a punto de iniciar.
- No tengo tiempo para esto. – Baje la guardia y me di media vuelta.
- ¿Ah no? Pues entonces no me detendré, cuando vuelva Korra y entrenemos ella y yo juntas deberás ver cómo me deleito con la cercanía de su cuerpo. –Dijo abiertamente.
- ¿Qué pretendes hacer con esto? – Avancé hacia la puerta un par de pasos más y ella me siguió por detrás.
- Ver el lado obscuro de la querida Asami de Korra. – Habló sin temor a mi reacción.
- Estas comparando tus habilidades con las mías. – Pensé en voz alta y ella sonrió.
- Entrena conmigo. – Ordenó.
- ¿Y cavar mi propia tumba? Soy más lista que eso. – Negué con la cabeza y salí de la oficina con ella siguiéndome de cerca y sus guardias caminando un par de pasos más atrás, de reojo podía ver como Kuvira se volvía a acomodar el uniforme y se limpiaba la sangre del labio mientras caminaba.
"No bajes la guardia, Kuvira nunca actúa sin antes tener un plan, presta atención a su comportamiento y a los pequeños detalles, no caigas en sus trampas." Recordé una de las muchas advertencias que Korra me había dado sobre Kuvira, ella no era cualquier rebelde, Kuvira se había criado con Suyin quién en secreto es un miembro de la Orden de Loto Blanco así que la educación y habilidades de Kuvira se encuentran a la altura de las de Korra y las mías.
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La primera y segunda pelea transcurrieron con normalidad, mientras todos se entretenían viendo a los peleadores yo analizaba a la multitud, nada parecía estar fuera de lugar, gente gritando y animando a su favorito. Kuvira se encontraba de pie a mi derecha, el golpe que le había dado en la oficina ya se mostraba un poco inflamado y enrojecido pero nadie había dicho nada al respecto, Desna se encontraba de pie a mi izquierda y alrededor había tres hombres de Korra y los dos guardias de Suyin.
De pronto Kuvira comenzó a inquietarse, su mirada no se despegaba del público y ella parecía querer ver un poco más de cerca, yo dirigí mi mirada hacia el mismo lugar pero no vi nada que llamara mi atención, imaginé que se trataba de alguna persona que ella llego a conocer cuando aún era la líder de los rebeldes.
- Debo bajar. – Dijo sin despegar la mirada del mismo lugar.
- No está permitido, hay demasiada gente ahí abajo. – Respondió fríamente uno de los guardias pero Kuvira no perdió la concentración.
- Si no me dejan bajar ahora podrían lamentarlo después. – Insistió hablando con seriedad.
- ¿Qué asuntos tienes que resolver ahí abajo? – Intervine.
- Me pareció ver a alguien. – Limitó sus palabras a eso sin elaborar ni un poco más.
- Y pensé que yo era reservado. – Murmuró Desna con sarcasmo en su tono de voz.
- Maldita sea… - Bufó Kuvira apretando la mandíbula. – Asami, debo bajar. – Repitió acercándose a la orilla del templete lo que desató la reacción de los guardias quienes de inmediato se lanzaron hacia ella sosteniéndola cada uno por un brazo.
- Kuvira ¿Qué demonios haces? – Pregunté notando como sus ojos se rehusaban a mirarme o mirar a cualquier otra cosa que no fuera el grupo de personas que tenía entre ojos.
- Si me quisiera escapar lo habría hecho días atrás ¿Dé que me sirve ser fugitiva? Bajen conmigo y dejen de actuar como estúpidos. – Renegó y los guardias me miraron dudosos sobre la manera en que debían actuar.
- Vallan con ella. – Ordené y Desna se acercó a mi hombro para hablar cerca de mi oreja.
- ¿Segura que dejarla ir es una buena idea? – Preguntó mirando junto conmigo como Kuvira se lanzaba por la orilla con los dos guardias siguiéndola de cerca, la caída no era tan alta, poco más de dos metros, Kuvira bajo sin problema alguno y se adentró en la multitud.
- No del todo segura. – Murmuré siguiendo con la mirada el avance de aquella difícil mujer entre el mar de gente que intentaba disfrutar de la pelea.
Kuvira se abrió paso y pude notar como comenzaba a tomar a la gente por el hombro para hacerlos voltear y así poder ver sus rostros pero ninguno parecía ser la persona que buscaba.
- Allá. – Señaló Desna hacia una persona que comenzó a empujar gente fuera de su camino, Kuvira se encontraba a un par de metros de esa persona pero al nivel que ella se encontraba le resultaría difícil notar el movimiento.
- ¡Alto ahí! – Ordené y todo el coliseo cayó en un silencio sepulcral, la atención se enfocó sobre mí pero pronto se dispersó al notar como había una persona moviéndose entre la multitud, Kuvira aprovechó el silencio para seguir a su fugitivo y no paso mucho antes de que los presentes se dieran cuenta de lo que ocurría y decidieran ayudar a Kuvira a detener a esa persona, cuando lo detuvieron pude escuchar una voz masculina reclamando y exigiendo que se le liberara, Kuvira se acercó y le despojó de la capucha que llevaba puesta, el rostro que apareció me pareció familiar pero no lo reconocí de inmediato.
- Tú. – Sonrió Kuvira y él maldijo en su cara, entonces lo recordé, el líder rebelde que intentó penetrar en los muros de mi pueblo para perseguir a Korra.
- Kuvira ¿Qué haces? – Bufó y pronto sus ojos se dirigieron hacia mí. - ¡Ella es Asami Sato! – Gritó y me señaló haciendo que mi mente pareciera capaz de detener el tiempo por un instante, era verdad, él y sus hombres me habían visto aquel día en que los expulsé de mis territorios, él sabía de mi identidad y ahí se encontraba, en medio de todos, conviviendo con las personas que confiaban en nosotros.
Nadie dijo nada, incluso Kuvira lucía sorprendida y luego de un par de segundos comenzó a reír. - ¿Has perdido los estribos? – Lo señaló como si se tratara de un loco. – Ella ¿Asami Sato? – Me señaló y negó con la cabeza. - ¿De verdad crees que yo estaría dispuesta a trabajar con Asami Sato? Una aliada del Avatar. – Dijo con repudio tomándome por sorpresa, la actitud de Kuvira era natural y no mostraba ninguna reacción que pudiese levantar sospecha.
- ¡Está loco! – Dijeron varias personas del público y se burlaron junto con Kuvira.
- Aiwei, el líder humillado por la poderosa Asami Sato… Cuéntame ¿Es verdad lo que se dice? Que ella logró repeler tus fuerzas con un solo movimiento, que te dejó inconsciente y que tus hombres debieron cargar tu cuerpo lejos de ahí para salvarte. – Dijo Kuvira con tono burlón. – No me sorprende entonces que veas a la mujer en todos lados, tu derrota te obsesionó. – Se encogió de hombros y se dio media vuelta. – Pero no te preocupes, ser líder no es algo que le siente bien a todos. – Concluyó y el público rió y comenzó a humillar al hombre que aún se encontraba atrapado por dos de nuestros seguidores.
- Korra es el Avatar. – Gruñó Aiwei. - ¿Lo recuerdan? Que la Guerrera del Sur fue llamada a la guarida de Kuvira ¿Qué creen que ocurrió ahí? Apareció el Avatar y las fuerzas de Bumi y Suyin, traidores que ayudaron a la captura de Kuvira, los mismos hombres que ahora ayudan a la Guerrera del Sur a dominar estas tierras ¿No les parece coincidencia? – Levantó la voz y de nuevo todos quedaron en silencio.
- Si, idiota, apareció el Avatar y Bumi aprovechó para tomar mis territorios y Suyin para atraparme, ellos dos conspiraron. - Suspiró Kuvira. - ¿Pero no crees que sería estúpido que yo apoyara al Avatar? Tal vez Su hizo un pacto con el Avatar y añadió a Bumi a la ecuación para asegurar mi captura, pero ahora somos aliados, Suyin accedió a nuestros términos y sabe que si el Avatar aparece nosotros lo atraparemos. – Pauso. – En cuanto a la Guerrera del Sur, ella también se vio perjudicada por la situación, hubo miembros del Loto Blanco en aquella misión que iban con la intención de capturar a los rebeldes más destacados así que por eso debió desaparecer por un momento. –Dijo sin perder ese aire de superioridad que siempre la acompaña dejándome a mí y a todos los conocedores de la verdad completamente sorprendidos.
- No… ¡No! Mientes, yo capture al Avatar ¿Lo recuerdan? Ella lo arruinó todo en el mar. – Gritó enfurecido. – Es ella, Korra ¡Ella es el Avatar! ¡Y ella Asami Sato! - Volvió a mirarme.
- ¿Por qué habría yo de apoyar al Avatar? ¿Y por qué Asami Sato saldría de su pueblo? Lo tiene todo allá, según cuentan no hay nada como ese lugar ¿Por qué vendría a esta pocilga? – Renegó Kuvira. – Vagar por el desierto te hizo perder la cabeza ¡Mírate! Luces sediento y hambriento ¿Cuándo fue la última vez que comiste? – Lo miró con desprecio.
- ¡Kuvira! – Gritó intentando liberarse. – Mis hombres pueden respaldar esa historia. – Añadió.
- Apuesto a que sí. – Sonrió Kuvira. –Perteneces al grupo de Rebeldes de culto, quieren dividirnos y hacernos pelear entre nosotros porque quieren nuestras tierras, nuestra selva, nuestras casas y comida. – Pausó y miró a las personas que la rodeaban. – La Guerrera del Sur no lo pudo haber dicho mejor antes de partir, la selva que está creciendo aquí nos dará poder así que no tenemos por qué perder el tiempo persiguiendo al Avatar. – Reafirmó las palabras de Korra mientras yo me limitaba a observar, la situación era delicada, claro que había testigos de lo ocurrido durante la caída de Korra pero la mayoría de ellos había caído en manos de Bumi quién de inmediato se había dispuesto a silenciarlos y los restantes fueron los seguidores de Aiwei quienes fueron expulsados de los territorios de Bumi junto con Aiwei y que hasta el momento habían estado desaparecidos.
- Impresionante. – Habló Desna. – La historia de Kuvira suena tan convincente que incluso yo dudo de lo qué paso… y yo estuve ahí. – Bromeo y yo suspiré.
- ¿Qué quieres en nuestros territorios Aiwei? – Al fin alcé la voz y todos me miraron.
- ¡Sacarte de aquí! – Gruñó.
- Apuesto a que venías con la intención de tomar el poder, escuchaste que Korra se había ido y decidiste llegar con tus historias falsas para confundir a la gente… es una lástima que yo también estuviera aquí ¿No? – Dijo Kuvira sin despegarle la mirada de encima. - ¿Qué hacemos con este traidor? – Me miró y yo guardé silencio ¿Qué se supone que debía hacer con él?
- Ya has interrumpido suficiente, pospondremos tu castigo para poder terminar las peleas de esta noche y luego te juzgaremos delante de todos. – Se adelantó Kuvira a dar un veredicto, el público celebró y ella comenzó a escoltar al hombre hacia los vestidores.
- Continúen las peleas. – Ordené. – Al final traeremos a Aiwei a la arena. – Concluí y todos aplaudieron.
- Ya vuelvo, asegúrate de que no haya más incidentes y moviliza a los hombres para que busquen a posibles aliados de Aiwei. – Le dije a Desna antes de salir para dirigirme a donde se encontraba Kuvira.
Caminé lo más rápido que pude hacia los vestidores y cuando al fin me encontré en el pasillo adecuado Kuvira salió a mi encuentro y me detuvo antes de entrar. – Debemos hacerlo sonar como un loco. – Fue lo primero que dijo.
- ¿Qué? – Arqueé una ceja.
- Debe decir cosas que no tengan sentido para que la gente piense que perdió la razón en el desierto… no sería la primera vez que ocurre. – Se encogió de hombros. – Has exactamente lo mismo que hiciste la primera noche que te apareciste frente a mí, usa a tus espíritus y el fuego control. – Explicó y entendí lo que planeaba hacer.
- ¿Y qué? ¿Qué haremos después de que el público diga que ha perdido la cabeza? – Pregunté no queriendo pensar en la posibilidad de tenerlo que ejecutar, aquí no era como en casa, aquí se castiga severamente a aquellos quienes se atreven a romper las reglas.
- Yo me encargaré de eso. – Aseguró Kuvira sin demostrar ninguna expresión en el rostro.
- ¿Dejarás que lo ejecuten en público? – Decidí preguntar al sentirme responsable del destino de ese hombre ya que después de todo yo era la líder y si yo le otorgaba la última palabra a Kuvira y ella decidía matar a ese hombre, aquella muerte recaería sobre mis hombros.
- No hace falta matar a un loco por hablador, después de todo está loco ¿No? – Me miraba analizando todas las posibles expresiones que pudieran llegar a aparecer en mi rostro. – Y si así fuera tú deberías tener la fuerza necesaria para dictar sentencia Asami… ¿O es que esto es demasiado para ti? – Sonrió con satisfacción y yo me limite a negar con la cabeza.
- No, pero no te pienso delegar toda la autoridad sobre este asunto. – Respondí sin mostrarme intimidada.
- Bien. Entonces a trabajar. – Ordenó y yo entré a los vestidores donde mantenían a Aiwei cautivo, tal como sugirió Kuvira interrogué a Aiwei presentándome como Carmín y usando mis poderes de maestro fuego para intimidarlo, por más que él insistió en el tema de mi verdadero nombre yo no di pie a ninguna duda, cuando vi que sus ojos comenzaban a llenarse de confusión decidí terminar el interrogatorio y salir de ahí, al encontrarme afuera le pedí a Sai que entrara, se dejara ver por Aiwei y volviera a desaparecer frente a él.
Kuvira pareció satisfecha con mi actuación, yo volví a mi lugar en el trono pero Kuvira permaneció custodiando a Aiwei, cuando la última pelea de la noche al fin terminó yo anuncié que daríamos inicio al juicio de Aiwei dando la señal para que Kuvira apareciera en la arena arrastrando a Aiwei junto a ella. Toda la atención estaba puesta sobre Kuvira y su prisionero, todos esperaban el desenlace del juicio.
- Nos hemos dado el tiempo de interrogar a Aiwei en el tiempo que transcurrió antes de terminar las peleas y me temo que el hombre ha perdido la cordura. – Kuvira anunció con seriedad. – Insiste en que Carmín es Asami Sato y que la Guerrera del Sur es el Avatar, también habla sobre maestros fuego y animales inexistentes. – Declaró detonando todo tipo de reclamos por parte de Aiwei.
- ¡Es Asami Sato! ¡Y tiene control sobre el fuego! No se cómo logró eso pero es verdad. – Gruñó.
- Solo el Avatar tiene el poder de manejar los elementos ¿Estás diciendo que ella es el Avatar? Porque momentos antes habías dicho que Korra era el Avatar. – Kuvira sonrió de lado.
- ¡No! Ella no es el Avatar, Korra es el Avatar pero ella tiene poderes de maestro fuego. – Aiwei intentó explicarse pero el público rió al notar lo titubeantes y desesperadas que eran sus palabras.
- ¿Y los animales ficticios? – Se burló Kuvira.
- Yo… no, yo no te dije que había visto al zorro… - Pausó por un momento al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. - ¡Esto es una trampa! Tú y Asami quieren hacerme pensar que estoy loco, pero no es así, algo planea el Avatar ¡No sé porque hay otros con poderes pero seguro es cosas del Avatar! – Gruñó y sorprendentemente lucía como un hombre completamente loco, yo conocía la verdad pero si me ponía a observar desde la perspectiva de una persona que no sabía nada, aquellas palabras harían que cualquiera luciera como un discapacitado mental.
- ¿Pero viste al zorro? – Se burló Kuvira.
- Tú sabes que estuvo ahí. – Bufó Aiwei.
- Porque tú me lo dijiste, pero ni eso puedes recordar. – Continuó ella agregando todos los ingredientes necesarios para hacerlo ver tan loco como fuese posible logrando hacerme sentir un poco culpable por lo que estaba pasando en ese momento, él sería visto como un loco y tal vez él mismo comenzaría a dudar de sus pensamientos lo cual no es algo que yo quisiera hacer pero mi deber es proteger a Korra y no podemos dejar este tipo de cabos sueltos si es que queremos que nuestros planes sigan a flote.
- ¡Está loco! – Gritaron varias personas entre el público.
- Estoy de acuerdo con eso. – Agregó Kuvira. - ¿Qué dices Carmín? – Preguntó sonriendo con la mirada puesta sobre mí causando que el resto de los presentes también comenzaran a esperar mi respuesta.
- Es claro que el hombre ha perdido la cordura en el desierto, tal vez por falta de agua o comida o por exceso de calor… - Inicié sintiendo un nudo en la boca del estómago, me encontraba punto de condenar a un hombre por decir la verdad.
- Si me lo permites, quisiera estar a cargo de la aplicación de su castigo. – Interrumpió Kuvira y el público celebro volviendo imposible que yo pudiera rehusarme.
- Adelante. – Respondí sin titubeos.
- ¿Qué me harás? – Rió Aiwei. - ¡No eres ni la mitad de lo que solías ser! – Gritó furioso pero su rostro giró siguiendo la trayectoria de uno de los puños de Kuvira que impactó contra su piel haciéndolo sangrar.
- ¿Eso crees? – Sonrió Kuvira. – Ponme a prueba. – Concluyó comenzando a retirarse el traje que llevaba puesto para poder pelear con libertad, con los pies descalzos, un pantalón, una blusa de tirantes blancas y su cabello arreglado en una trenza se le veía más fresca que nunca, su figura era esbelta pero se notaba que sus músculos se estaban bien trabajados, su piel y su cabello brillaban, su postura parecía inquebrantable, Kuvira gozaba de buena salud, solo le faltaba ganar peso pero de ahí en más cualquiera podía decir que Kuvira se encontraba a poco de recuperarse, entonces entendí lo que ella estaba planeando hacer con todo este espectáculo… ganar popularidad entre los rebeldes.
Tal como lo había predicho antes de que diera inicio el enfrentamiento, Kuvira aplastó a Aiwei en el combate, esta era la primera vez que presenciaba su técnica de pelea y tal como todos me lo habían dicho tantas veces antes, sus movimientos eran impecables.
Claro estaba que Aiwei no tenía conocimiento alguno sobre combate, pero eso no evitó que Kuvira brillara en el centro de la arena, cada golpe, cada patada, cada paso que daba, su presencia era abrumadora, Kuvira estaba acostumbrada a ser vista como un temible líder rebelde y se mostraba cómoda con su posición. Sin la necesidad de utilizar una sola arma fue capaz de demoler a Aiwei de tal forma que el público quedó satisfecho. Al final del enfrentamiento se sentenció a Aiwei a vivir encerrado en el calabozo de Suyin y de esa forma concluimos el evento de este día.
Al llegar a mi escondite Kuvira ya se encontraba entrenando, el vigor que demostraba en sus movimientos delataba su buen estado de ánimo, ella había llegado antes que yo debido a la tarea que yo debía cumplir con las apuestas pero el día al fin había terminado y todo parecía haber salido bien.
- Gracias por apoyarme el día de hoy. –Dije al acercarme a la puerta donde los dos guardias se mantenían de pie.
- No lo hice por ti. – Respondió sin dirigirme la mirada o interrumpir su entrenamiento.
- Lo sé, actuaste en tu beneficio y todo salió bien. – Comenté tomando asiento sobre el suelo, ninguna de las dos volvió a decir nada durante un par de minutos, yo me limitaba a observar a Kuvira mientras ella continuaba con su entrenamiento.
- ¿Recuperaste el arma? – Preguntó luego de un momento y yo tardé en entender a lo que se refería.
- Sí. – Sonreí. – El niño ganó. – Suspiré.
- Entrena conmigo. – Insistió, sus ojos me miraban intensamente pero yo negué con la cabeza.
- Solo pelearé contigo el día que necesites volver al puesto de líder. – Expliqué y ella bufó.
- Yo entrené con Korra antes de nuestro enfrentamiento en la jaula, si ambas entrenamos las dos estaremos en desventaja. – Gruñó.
- Quiero que la pelea sea genuina, quiero ver que tan buena eres para enfrentarte a lo desconocido. – Sonreí de lado y me puse de pie, Kuvira me miró y luego de un momento también sonrió.
- Desearía no entender ese motivo… pero entiendo bien. – Suspiró y desvió su mirada lejos de mí.
- Kuvira. – La llamé antes de retirarme.
- Dime. – Habló sin interrumpir su entrenamiento, mis ojos permanecieron observando sus movimientos por un momento, quería saber que ella se encontraba de nuestro lado, quería confiar en ella, lo que había demostrado esa noche hablaba mucho sobre sus capacidades como líder, Kuvira sabía bien cómo manipular a sus seguidores, sabía bien como obtener el apoyo de la gente. Una mujer tan inteligente y hábil como ella nos sería de gran ayuda, pero tal como Korra y Kuvira misma me había dicho antes, lo mejor era no confiar al cien por ciento en su fidelidad.
- Nada. – Concluí y salí de la habitación.
1 de Julio.
Un día que inició bien pero que pasada la tarde se tornó en una pesadilla gracias a las constantes disputas de Kuvira y Suyin.
- Estamos obteniendo material de todo el terreno que tenemos disponible dentro de las murallas de la ciudad. – Explicó Kuvira un tanto irritada.
- Si, pero debería ser material que sobra. No voy a permitir que se desmantelen los hogares de mi gente. – Respondió Suyin.
- Tienen muchos materiales que podemos utilizar para reforzar las ranuras en los muros, ellos pueden vivir entre los rebeldes, que escojan un edificio en buen estado ¿Qué más da? Si estamos actuando como un solo asentamiento. – Contrarresto Kuvira.
- Presiento que esto nunca terminará. – Dijo Desna en un suspiro.
- Tienes buena intuición. – Respondí sin quitarle la mirada de encima a las dos que continuaban discutiendo todo tipo de cosas.
- Ah, claro. Suyin está de acuerdo con la alianza para poder obtener la protección y comida de los rebeldes, pero se niega a que sus habitantes vivan de la misma manera en que los sucios rebeldes lo hacen. – Bufó Kuvira.
- No es eso Kuvira, debes entender que mi gente aún no supera del todo el miedo que tienen por ustedes ¿Qué crees tú que esperan que suceda si se acercan demasiado? Si los obligo a integrarse a los rebeldes las cosas no terminarán bien.
- ¿Acaso has escuchado sobre algún crimen efectuado entre los habitantes rebeldes? – La respuesta de Kuvira vino de inmediato.
- Kuvira por favor… - Su rodó los ojos.
- ¿Qué? Lo que te pido es algo razonable, tu gente se encuentra segura. Solo diles que se mantengan lejos del coliseo si es que quieren evitar ver un poco de violencia. – Argumentó Kuvira mostrándose sumamente molesta.
- Kuvira tiene una buena observación, pero también Suyin. – Intervine al ver que aquella discusión no iría a ningún lado. – Tarde o temprano deberán integrarse al resto. – Hablé mirando a Suyin. – Pero si aún no se sienten seguros no podemos obligarlos porque esto solo provocaría estrés entre todos los habitantes. – Concluí mirando a Kuvira.
- Si no se exponen a lo que les causa inquietud no tendrán la oportunidad de darse cuenta que no tienen nada que temer. – Agregó Kuvira.
- Pero no puedo quitarles sus hogares de un día a otro y esperar que reaccionen de la mejor manera posible. – Contrarrestó Suyin. – Además, hay familias que han sufrido grandes pérdidas por culpa de los rebeldes y no hablo solo de pérdidas materiales… hay gente ahí que ha perdido familiares gracias a ustedes ¿Crees que ese resentimiento desaparecerá de la noche a la mañana? – Gruñó molesta.
- Creo que deben actuar como adultos y darse cuenta de que si el enemigo decide invadirnos y esos muros siguen abiertos tendrán mucho más por lo que lamentarse. – Kuvira avanzó un par de pasos hasta encontrarse a pocos centímetros del rostro de Suyin.
- ¡Basta! – Golpee el escritorio logrando llamar la atención de las dos. – Debemos llegar a un acuerdo. – Comencé a masajear mis sienes lentamente en un intento por aliviar la tensión que sentía en la cabeza. – Las dos tienen puntos válidos para defender sus reclamaciones por lo que no podemos desacreditar a ninguna de las dos. – Pausé. - Hagamos un plan, hay que plantear la situación frente a la gente de Suyin para abrir la oportunidad a que las personas actúen de forma voluntaria, estoy segura de que muchos de ellos también están interesados en la seguridad de sus tierras y por lo tanto accederían a donar materiales que puedan servir para cubrir el muro. – Sugerí, Kuvira no lucía muy complacida pero Suyin parecía estar analizando el plan.
- ¿Y si nadie decide actuar por voluntad propia? – Resopló Kuvira.
- El comunicado se les será dado de tal manera que entiendan que tarde o temprano todos serán cambiados de ubicación para que todos podamos formar parte de un solo pueblo, si nadie decide donar materiales y no están dispuestos a cambiar de hogar entonces deberán unirse a la búsqueda de materiales junto a tus hombres Kuvira. – Respondí.
- ¿Y eso es todo? ¿Los dejarás hacer lo que se les venga en gana? – Gruñó ella con evidente molestia.
- Si los obligamos a hacer algo que no están dispuestos a hacer por si mismos solo lograremos traer problemas a nuestras tierras, Suyin se vería obligada a rechazar la alianza y nosotros a destruirla a ella y a su gente para poder aprovechar bien el territorio ¿Es eso lo que quieres? ¿Qué derramemos sangre inocente? – Presioné y ella negó con la cabeza.
- No, sabes que no es eso lo que busco, pero debemos ser firmes con ellos. – Bufó.
- Seremos firmes, trabajarán duro para ayudar a recolectar los materiales que se niegan a donar. Les damos alternativas Kuvira, ambas alternativas favorecen a todos. – Intenté calmarla.
- Que quede bien claro Suyin, que si tu gente se niega a donar esos materiales yo los esperaré allá afuera y exigiré que se esfuercen al doble que mis hombres. – Amenazó haciendo que Suyin apretara la mandíbula y arrugara las cejas. Así Kuvira salió de la oficina azotando la puerta detrás de ella y dejándome a solas con Suyin quién tras liberar un profundo suspiro se desplomó sobre la silla que se encontraba frente al escritorio, yo permanecí en silencio dándole tiempo para relajarse un poco.
- Gracias Asami. – Habló sin dirigirme la mirada mientras se cubría el rostro con la palma de su mano derecha. – Una alianza nunca ha representado una dificultad para mí, pero esto parece dirigirse hacia algo más profundo que eso, una unión entre mi gente y los rebeldes… eso es algo que nunca he visto antes, por eso me llevará un poco de tiempo ajustarme a los cambios. – Volvió a suspirar. – Te ha de estar costando horrores intentar mantener a los rebeldes calmados mientras yo intento hacer que mi gente se relaje un poco al encontrarse en presencia de todos a los que alguna vez vieron como viles criminales desalmados. – Rió irónicamente, se le notaba cansada pero dispuesta a seguir luchando lo cual era una buena señal.
- No ha sido tan difícil Suyin. – Sonreí. – Los rebeldes son personas interesantes… si quisiera describirlos en pocas palabras usaría esa misma, rebeldes, no se apegan a ninguna regla en particular, lo único que los une es el deseo de vivir plenamente sin la necesidad de preocuparse por nada. –Miré por la ventana notando como las nubes comenzaban a juntarse bloqueando todo rayo de sol que encontraran a su paso.
- Korra les enseñó ese camino, un camino en el cual no debían someterse a una vida con reglas, donde podían seguir siendo llamados rebeldes pero sin la necesidad de actuar de forma autodestructiva. Les enseñó que les conveniente actuar en equipo para poder tener mayor éxito al momento de perseguir una meta. Por eso en vez de matarse unos a otros ahora se ayudan a fortalecerse para poder tener la mayoría de números en caso de un enfrentamiento con otros grupos. – Pause. – Pero es eso, su regla principal es vivir a su manera y disfrutar la vida, ya no son rebeldes que no ven un futuro en sus vidas, por eso ya no son impulsivos o suicidas, y por eso ya no tienen interés sobre tu gente. – Expliqué y ella me miró con una sonrisa en los labios.
- Si ese es el camino que ha marcado el Avatar, creo que no me resultará tan difícil convencer a mi gente de unirse los rebeldes. – Rió por lo bajo y se puso de pie. – Iré a hacer la propuesta, les informaré de los resultados. – Concluyó y salió de mi oficina.
De alguna manera me las había arreglado para salir de ese enredo sin problema alguno así que el resto de la tarde transcurrió como de costumbre hasta que se llegó la noche, entonces la disputa continuó.
Mis hombres me llamaron al lugar del incidente, Kuvira y Suyin se encontraban a punto de enfrentarse cerca de los territorios de Suyin, al arribar me encontré con un grupo de gente haciendo círculo, la gran mayoría apoyaba a Kuvira y la aclamaban como lo harían dentro del coliseo mientras que los seguidores de Suyin se mostraban nerviosos e inseguros por la situación.
- ¡Basta! – Ordené al adentrarme al círculo. – Cualquier pelea que quieran tener llévenla al coliseo, al menos así se aprovecha. – Dije firmemente no dejando espacio para ningún comentario innecesario. – Ahora les molestaría explicarme ¿Qué demonios pasa aquí? – Las miré arrugando las cejas.
- Nada, solo que le pedí honestidad a Suyin y ella se niega a cooperar. – Bufó Kuvira.
- Lo que yo haga con mi hijo no es de tu incumbencia Kuvira… Suficiente hiciste al alejarlo de casa. – Respondió Suyin y yo suspiré, los problemas que ellas tenían iban más allá de los límites que separaban a los rebeldes y pobladores, lo de ellas era más personal y yo entendía eso gracias a las anécdotas que Korra me había compartido.
- Baatar merece ser libre. – Gruño Kuvira.
- Solo quieres un pretexto para pelear Kuvira, a él no lo habías tenido en cuenta desde el día en que se te otorgó la libertad ¿Por qué reclamar su presencia ahora? – Respondió Suyin.
- Porque pensé que con el tiempo lograría verlo por aquí pero al parecer no tienes ni la más mínima intención de otorgarle libertad. – Alegó Kuvira.
- Baatar no está atrapado como tú piensas, él tiene sus propios motivos para no venir por aquí Kuvira. – Declaró Suyin abandonando su posición de pelea. – Lo siento Asami. – Se disculpó y le dio la espalda a Kuvira quien tomando un profundo suspiro pareció resignarse a la idea de que la pelea no ocurriría.
- Vamos a casa Kuvira. – Ordené dando media vuelta para dirigirme al escondite de roca. Kuvira no objetó y no dijo nada más, caminaba detrás de mí apenas haciendo ruido al pisar lo cual resultaba ser algo inusual en ella. Esperaba que en algún momento comenzara a reprochar mi intervención o intentara convencerme de exponer a Suyin como un mal ejemplo, pero nada de eso ocurrió, llegamos a nuestro escondite y entramos con los dos guardias detrás de nosotros.
- Baatar está molesto. – Murmuró luego de un momento. – No lo culpo. – Pareció hablar para sí misma pero su figura continuaba de pie enseguida de la mesita de roca frente a la cual yo me encontraba sentada tomando el té.
- Si no me equivoco, Baatar es el hijo mayor de Suyin ¿Cierto? – Intenté aclarar un poco las cosas.
- ¿En serio? Pensé que Korra te mantendría al tanto de todo. – Dijo alzando una ceja.
- Me habló de él hace tiempo, cuando recién volvió a mi pueblo después de que Aiwei la capturara, por eso mis recuerdos no son del todo claros. – Hablé con tranquilidad.
- Sí. El hijo mayor de Suyin Beifong. Mi cómplice y compañero de años. – Arrugó las cejas y miró hacia otro lado alejando sus ojos de mí. – Él y yo fuimos pareja… hasta que me encerraron en el calabozo. – Hizo una pequeña pausa. - No he hablado con él desde entonces. – Se encogió de hombros y suspiró profundamente liberando el aire lentamente pareciendo luchar por mantenerse tranquila.
- ¿Y qué te hace pensar que se encuentra enojado? – Me aventuré a preguntar sin poder evitar la curiosidad que me invadía al saber que Kuvira tenía interés en Korra y que no se molestaba en ocultarlo frente a mí, no lograba entender el tipo de interés que ella podía tener en Baatar.
- Cuando acogí a Korra en mi ciudad él comenzó a resentir la atención que yo le ponía a mí invitada. – Comenzó a explicar con una sonrisa traviesa que logró despertar cierta incomodidad en mí pues me resultaba difícil acostumbrarme a escuchar a otra persona hablando abiertamente sobre su interés en mi novia. – He de admitir que me dejé llevar por la energía indomable que Korra acarrea con ella, su espíritu de pelea y la manera en que me retaba… - Pausó. – Fue demasiado tentador para resistirme, ella no se sometía bajo la presión que mi autoridad suponía y yo quería intimidarla así que mi atención se desvió por completo. – Guardó silencio por un momento y de nuevo rió por lo bajo.
- Yo sabía quién era Korra y lo comenté con él, naturalmente Baatar me pidió tomar acciones inmediatas para atrapar al Avatar pero yo me negué, mi espíritu competitivo pudo más que mí razón. – Comenzó a negar con la cabeza sin que la sonrisa se le borrara del rostro. – Y al final fui atrapada y él también, no nos volvimos a ver pero me supongo que Suyin se encargó de decirle que fui liberada por Korra y que yo le ayudo en los planes que tiene. – Cubrió su rostro con la palma de su mano derecha y volvió a suspirar. – Visto desde el punto de vista de Baatar no lo culparía por no querer hablar conmigo… ¿Qué motivos tendría yo para seguir al Avatar luego de todo lo que paso? – Sus ojos volvieron a posarse sobre mí y yo arrugué las cejas no queriendo escuchar la respuesta.
- Korra logró alcanzarme, de alguna manera sabe cómo llegar a mí y no hay nada que yo pueda hacer, no la puedo traicionar. – Afilo la mirada penetrando en mis ojos. – Ella me encerró pero también me otorgó libertad y ahora me otorga la oportunidad de comandar a un poblado que se asemeja en números al que tú creaste. No soy idiota, no lograré nada intentando dividir a los rebeldes, así que no traicionaré a Korra, no puedo, me llevaría años poder hacer que la gente se torne en su contra. – Se acercó y tomó asiento frente a mí del lado opuesto de la mesa.
- Baatar es importante para mí, pero él no comprendería mis motivos y mucho menos los aceptaría. – Nuestras miradas chocaban creando un ambiente lleno de tensión. – Si el Avatar piensa derrocar al Loto Rojo yo no quiero estar del lado perdedor, y si le voy a permitir liderar el mundo prefiero mantenerme cerca de ella, yo le pondré un alto si la situación así lo requiere… pero eso no significa que no pueda disfrutar de su compañía. – Sonrió de lado.
- Kuvira. – Suspiré. – Abstente de decir tonterías. – Pedí con voz tranquila.
- No es una tontería, soy libre ¿No es así? Puedo luchar por obtener lo que me venga en gana. – La escuché decir.
- ¿Ser líder no era tu prioridad? – Pregunté sin despegar mi mirada de la suya.
- Sería estúpido intentar quitarte del puesto cuando claramente tienes muchos conocimientos que nos pueden ayudar a mejorar. – Se encogió de hombros y yo golpeé ambas manos sobre la mesa.
- Korra está fuera de tus límites. Si no cesas con esta actitud seré yo quién te lleve al coliseo para derrotarte y después desterrarte. – Amenacé resoplando cerca de su rostro.
- Dejemos que Korra decida ¿Qué te parece? – Me retó pegando su frente a la mía.
- ¿Haces esto porque sabes que Baatar no quiere hablar contigo? – Sonreí y ella arrugó las cejas.
- No. – Se apartó y se puso de pie. – Pero siento cierta inquietud cuando Korra está cerca y quiero descubrir qué es. – Habló sin dirigirme la mirada y con una voz sin expresión, esta vez sus palabras no habían sido dichas con la intención de molestarme, habían sido honestas lo cual me dejó perpleja, Kuvira sentía algo por Korra, algo que lograba confundirla y que la hacía competir conmigo en todo momento, algo que me hacía sentir insegura. – Buenas noches. – Sacudió la cabeza y se retiró a su celda.
Esa noche batallé para conciliar el sueño, no podía dejar de pensar en las palabras de Kuvira, le daba vueltas a su historia una y otra vez, Kuvira quería a Korra, la quería y parecía ser algo serio, pensar eso lograba despertar todo tipo de sentimientos en mi pecho, me daba coraje pero también me llenaba de inseguridad y al mismo tiempo lograba confundirme.
"Dejemos que Korra decida"
Aquellas palabras hicieron eco en mi cabeza, no me correspondía a mí decirle a Kuvira lo que podía sentir o no pues yo no tenía ningún control sobre su vida, reaccionar de forma violenta no me llevaría a nada bueno y yo confiaba en Korra, pero eso no evitaba que me sintiera angustiada, lo cual es de lo más natural pues al ser humana me resulta imposible separarme de mis sentimientos.
Esa noche la eché tanto de menos, me sentía vulnerable y quería sentir sus brazos protegiéndome al dormir.
Madrugada del 2 de Junio
Me encontraba durmiendo cuando se empezaron a escuchar voces llamando a la puerta, era la voz de una de las peleadoras que se había ido con el grupo de Korra.
- Carmín, por favor abra la puerta. - Dijo con un tono de voz sereno pero bastaba su presencia para hacerme sentir inquieta ¿En dónde estaba Korra?
- Un momento. - Alce la voz y me enderece. Con nerviosismo me aproxime a la puerta y la abrí viendo a la joven peleadora y a uno de los hombres que también se habían ido con Korra.
- Adelante. - Dije manteniendo la compostura y dirigiéndome hacia la mesita que había en el comedor.
- Tomen asiento. - Les indique esperando a que lo hicieran antes de seguir conversando. - Los escucho. - Concluí sin rodeos.
- Korra nos mandó a pedir ayuda. - Inició ella. - Pero no te preocupes, no es que ella se encuentre en problemas en este momento, pero necesita refuerzos, sacar a Bumi de ahí no será sencillo, el calabozo donde lo mantienen se encuentra fuertemente custodiado por guardias entrenados para pelear. - Suspiró.
- Otros dos se encuentran ya en el pueblo asentado sobre las ruinas de Ciudad República, ella les indicó contactar a Mako y pedirle asistir con diez de sus hombres. Deberemos encontrarnos con ellos en el camino de regreso. - Dijo el joven.
- Entonces el Loto Rojo resultó ser más fuerte de lo esperado. - Medité en voz alta.
- Todas las armas que ellos tienen llevan platino, Korra podría colarse pero si lo hace cabe la posibilidad de que la descubran y si lo hacen su mejor oportunidad para sobrevivir será usar sus poderes y al parecer no quiere empezar una guerra por si misma ahí dentro. - Explico luciendo un poco preocupado.
- Pidió que te notificáramos, dijo que te permitiéramos hacer lo que fuera que decidieras. - Ambos me miraron con anticipación y todo quedó en silencio.
Korra se encontraba pidiendo ayuda como me prometió que lo haría pero no estaba pidiendo por mi presencia, el ir a asistir sería decisión mía y no era algo que me podía tomar a la ligera pues yo aún era la líder actual de los rebeldes.
- Asami déjame salir. - Demando Kuvira y de nuevo todos me miraron en espera de una respuesta. - Esto me incumbe. - Insistió.
- Abran su celda. - Ordené a los guardias sabiendo que sin importar cuánto tuviera que pensarlo mi decisión solo podría ser una. Iría a ayudar a Korra y Kuvira debería ser la que ocupara mi lugar. Kuvira apareció con un rostro más frío que el de costumbre, sin dignarse a dirigirme la mirada tomó asiento a la mesa.
- Les dije que era una estupidez ir a ese lugar... si el Loto Rojo aún no los ha detectado cabe la posibilidad de sacarlos de ahí cuanto antes, no tienen porque arriesgarse más. - Explicó logrando sorprenderme por la manera en que había abordado la conversación, no le había importado parecer preocupada y entonces recordé las palabras que había escuchado momentos antes, Kuvira también tenía sentimientos por Korra.
- Una retirada no es opcional. - Replicó la joven peleadora. - Las condiciones en las que tienen a Bumi son inaceptables... no lo podemos abandonar y eso es algo que La Guerrera del Sur nos ha dejado bien en claro. - Dijo manteniendo una mirada fija sobre Kuvira.
- Es una tontería ¿Les parece aceptable perder más de veinte vidas en un intento por salvar una sola? - Gruñó Kuvira defendiendo su punto de vista.
- Nuestra líder entiende los riesgos y nos ha advertido a todos pero nadie desistió, todos la acompañaremos a ella y a Bumi. - Defendió el joven y yo recordé la mirada que tenía Korra al partir, era obvio que salvar a Bumi era algo prioritario para ella y que si no lo intentaba terminaría por sentirse culpable y le resultaría imposible perdonarse a sí misma.
Me encontraba meditando la situación cuando sentí la mirada de Kuvira clavarse sobre mí. - Tienes que ir. - Ordenó volviendo a sorprenderme. - Yo iría si mi condición física fuera la adecuada pero no es así y van a necesitar toda la ayuda posible, tienes que ir. - Sus penetrantes ojos verdes demandaban obediencia, su postura era intimidante haciendo evidente que no aceptaría un "No" como respuesta.
- Eso ya estaba decidido desde un inicio. - Le respondí poniéndome de pie. - Necesito que convoquen una junta de emergencia, vallan por los líderes y también por Desna, nos veremos en el coliseo dentro de media hora. - Ordené y esperé a que ambos jóvenes salieran para poder hablar con Kuvira a solas.
- Kuvira... todo quedará en tus manos. - Hablé con tono tranquilo... confío en tus habilidades como líder pero me preocupa tu relación con Suyin. - Le dije francamente ya que no había tiempo para rodeos. - Ella es parte importante de esta alianza... no podemos perderla a ella ni a su gente. - Suspiré.
- Tú ocúpate de traer a Korra de vuelta, yo sabré como cuidar de la alianza. - Resopló.
- Si tus sentimientos por Korra de verdad existen ten en cuenta que esta alianza será su legado, si ella llega a morir y tu destruyes este poblado también destruirás su memoria. - Intenté plantear un poco de perspectiva para ayudar a que Kuvira no optara por echar todo abajo mientras nosotras no estábamos.
- Si ella llega a morir mi trabajo será enseñar a estas personas a defenderse ¿Crees que el Loto Rojo se quedaría satisfecho con la muerte del Avatar? - Pausó arrugando las cejas. - No, si ustedes mueren allá el Loto Rojo vendrá corriendo a desmantelar este lugar. - Bufó. - Así que no te preocupes por mí, lo mejor que puedes hacer es mantener a Korra con vida e intentar no morir en el intento... esa será la única manera de mantener este lugar en pie. - Concluyó bajando la mirada.
- Si algo nos llega a ocurrir allá la pelea no termina ahí, toma a tu gente y dirígete a mi pueblo, ellos los acogerán y juntos se armarán para derribar al Loto Rojo ¿Me entiendes? - Indiqué buscando sus ojos hasta que al fin hicieron contacto con los míos. - Solo así podrán vivir libres. - Sonreí y ella negó con la cabeza mirando hacia otro lado. - Pregunta por mi padre y le explicas lo ocurrido, ellos sabrán que hacer. - Suspiré y me puse de pie.
- Como si Hiroshi me fuera a dejar entrar así como así. - Bromeó con una pequeña sonrisa y una mirada triste.
- Otro motivo más para mantener a Suyin a tu lado, ella es miembro del Loto Blanco, tu mejor llave para entrar a mi pueblo. - Le sonreí de vuelta pero este comentario solo endureció sus facciones.
- Eres lista Asami Sato. - Sonrió de nuevo pero esta vez sus ojos ya no eran distantes.
- Tú también Kuvira, esta gente ahora dependerá de ti. - Suspiré y comencé a caminar hacia la salida con Kuvira caminando a un par de pasos detrás de mí.
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La junta fue rápida, expliqué lo que ocurría y la importancia de mi presencia en aquellas tierras hostiles, todos fueron comprensivos pero se mostraron incómodos y preocupados por la seguridad de su preciada líder de piel almendrada, La Guerrera del Sur significaba mucho para ellos y para todos los pobladores.
Kuvira fue presentada como la nueva líder suplente, nadie objetó pero la preocupación era clara en el rostro de Suyin lo que me llevó a buscarla después de la junta para explicarle que al ser líder Kuvira no podría actuar como de costumbre, debería poner el ejemplo y buscar la mejor manera en que la alianza funcionara como una sola entidad y también le ofrecí, como último recurso, escapar hacia mi pueblo si las cosas no resultaban favorecedoras para ella y su gente.
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Al terminarse la junta oficial Kuvira debió quedarse atrás para calmar las inquietudes de los líderes, desafortunadamente yo no tenía más tiempo así que me marché de inmediato hacia mi escondite de roca, Naga y Sai caminaban a mi lado en todo momento, no me molesté en empacar nada más que una mochila con víveres y agua, en la puerta me esperaban los hombres de Korra, los tres estábamos listos para partir hacia mi pueblo en dónde Mako nos estaría esperando.
Aquella madrugada desaparecimos entre las tinieblas de la noche, era una noche sin luna, nadie nos vio salir, no me pude despedir de mi gente y no miré atrás, debía encontrarme con Korra y ayudarla a rescatar a Bumi.
Genteeeeee! Me supongo que en algunos lugares ya es 1ro de Enero del 2019 así que Feliz año nuevo!
Aquí son las 09:17 del 31 de Diciembre, quería publicar esto a media noche pero pues en vista de que trabajo mañana... será mejor así, igual todo depende de la ubicación de cada quién así que ¿Qué más da? Jojo.
Espero les haya gustado este capítulo (:
Se les agradece la tolerancia y paciencia que han tenido conmigo jajaja
Les prometo que ahora si cada semana tendrán su actualización.
Un abrazote y saludos a todos!
(Espero sus comentarios n.n )
