- Antes de dar inicio, permíteme presentarme, yo soy P'li, líder de todos los rebeldes. – La mujer de mayor estatura habló con tono superior frente a todos los presentes, dentro de aquella cámara había cinco guardias, Korra, Mako y el hombre al que llamaban Ghazan, no eran muchos espectadores pero a P'li lo único que le interesaba era que Korra observara mientras ella castigaba a sus más fieles seguidores, quería que el Avatar sintiera que no merecía ser apoyado por nadie, que entendiera que el Loto Rojo jamás permitiría que las cosas volvieran a ser como lo habían sido en el pasado, el Avatar no volvería a ser un modelo a seguir.

- No eres nuestra líder. – Gruñó Asami mientras masajeaba sus muñecas tras haber sido liberadas de las cadenas que la habían mantenido sujeta al pilar de roca.

- Si sigues al Avatar no eres un rebelde. – P'li objetó con evidente molestia en su tono de voz.

- Ustedes son producto del deseo del Avatar Obscuro… son una farsa, los rebeldes no pertenecen al Loto Rojo. – Asami defendió su punto de vista adoptando una posición de pelea, P'li se buró con una pequeña risa mientras negaba con la cabeza.

- ¿No te preocupa saber que puedo quemarte? – Preguntó con una mirada amenazante en un claro intento por hacer nacer el miedo en los ojos de su rival.

- Que puedas manipular el fuego no significa que puedas quemarme, no si yo no lo permito. – Asami contestó reflejando misma mirada fría e intimidante de P'li dejando en claro que a pesar de las circunstancias ella no se sentía inferior a ninguna de las personas presentes en aquella cámara.

Todos observaban con atención mientras las dos peleadoras caminaban en círculos evaluando cada uno de sus movimientos, Korra continuaba luchando por comunicarse, se movía de un lado a otro y bufaba contra el bozal que cubría su boca en un intento desesperado por advertir a Asami de las habilidades de P'li.

La pelea inició con un par de ataques que Asami realizó pero que P'li esquivo con facilidad para luego contra atacar manteniendo sus golpes y patadas limpios de cualquier elemento, P'li parecía encontrarse reservando su poder sobre el fuego para otro momento, daba la impresión de querer dominar a Asami al encontrarse en condiciones iguales para poder hacer notar su superioridad pero contrario a lo que esperaba las habilidades de Asami mostraron estar por encima a las de cualquier otra persona que P'li hubiera enfrentado en el pasado, incluso con la ventaja que tenía gracias a su estatura Asami se aprovechaba de movimientos ágiles y rápidos para penetrar la guardia de P'li logrando impactar un par de golpes y patadas en su cuerpo.

- Veo que entrenas con frecuencia. – La líder del Loto Rojo comentó entre jadeos limpiando un fino hilo de sangre que bajaba de su nariz.

- No tienes idea. – Carmín sonrió sin bajar la guardia, ambas habían recibido golpes pero hasta el momento P'li había recibido mayor daño y eso estaba quedando en evidencia frente a los presentes lo cual no resultaba satisfactorio para la poderosa líder del Loto Rojo.

- ¿Quién te enseñó a pelear así? – P'li preguntó preparándose para atacar de nuevo.

- El Avatar. – Asami respondió con orgullo arremetiendo al mismo tiempo que su contrincante logrando detener el puño que venía hacia ella para encontrar una entrada hacia la barbilla de P'li haciéndola tambalear y obligándola a retroceder. Todos esos meses luchando en el coliseo y entrenando con Korra le habían servido para afilar sus reflejos, sus entrenamientos eran diarios y rigurosos, era evidente que su instinto para las peleas sería mucho más afilado que el de una persona que no acostumbraba pelear tan seguido.

- Tu técnica es buena, pero mis reflejos son mejores que los tuyos. – La ojiverde señaló con superioridad mostrando una pequeña sonrisa burlona.

- ¡Espero que el Avatar también te haya enseñado a manejar el fuego! – Gruñó P'li disparando una bola de fuego desde su frente tomando a Asami por sorpresa y logrando golpearla en el hombro izquierdo haciéndola caer sobre el suelo, todos observaron en silencio mientras Korra gritaba con más fuerza al ser víctima de la impotencia y la desesperación de no poder correr a ayudar a su amada pelinegra.

– Creo que nos mentiste, tus reflejos no parecen ser tan buenos. – P'li se burló acercándose a Carmín para arremeter contra ella con una fuerte patada en el abdomen.

Korra volvió a retorcerse entre sus cadenas pero al no poder dominar el platino le resultó imposible liberarse.

- ¡¿Qué intentas probar con esto?! Eres una maestra fuego, claramente tienes ventaja sobre ella, no tienes por qué intentar impresionarnos. – Renegó Mako forcejeando con sus propias ataduras.

- Esto es un espectáculo para el Avatar, no intento demostrar nada. – Explicó P'li sin dirigirle la mirada. – Así que pon mucha atención Avatar. – Mostró una sonrisa llena de veneno al tiempo que alzaba a Asami por el cabello logrando avivar más la desesperación que empujaba a Korra a pelear contra sus cadenas a pesar de saber que aquello era un esfuerzo inútil que podría terminar lastimando más su cuerpo.

- ¡Carmín! Llama a Sai o a Naga. – Suplicó Mako.

- Los espíritus no participan en nuestras peleas. – Murmuró Asami con una mueca que reflejaba el dolor que le causaba la quemadura, a pesar de todo su dolor Asami sabía que Sai y Naga podían ayudarla con pequeñas cosas como asustar a personas o mover objetos pero ellos no podían atacar a los humanos pues eso involucraría a los espíritus en las disputas humanas y eso era algo que no debía suceder si es que los humanos deseaban que los espíritus volvieran a su mundo para ayudarles a reconstruirlo.

- Ahora no luces tan segura de ti misma. – Comentó P'li a modo de burla.

- Lograste sorprenderme, eso es todo. – Jadeo Asami al ser incapaz de ignorar el dolor que pulsaba desde su hombro y le recorría todo el cuerpo, sabía que aún no había intentado dominar a P'li con la técnica para dormir sus poderes pero no quería usarla antes de tiempo, si delataba esa habilidad perdería el elemento sorpresa y no podría utilizarlo en un momento más indicado que el de ahora pues si lograba derribar a P'li lo más seguro es que sus hombres terminaran por atraparla de nuevo porque los números no estaban a su favor y así pues desperdiciaría la oportunidad que esa técnica podría brindarles.

- No entiendo cómo es que todos ustedes tienen las agallas para responder de esa manera incluso cuando ya se encuentran derrotados. – P'li dijo negando con la cabeza. – Voy a quemarte hasta que pidas clemencia. – Advirtió encendiendo su puño derecho antes de dirigirlo hacia el rostro de su víctima, Asami apretó la mandíbula y tomó su decisión en una milésima de segundo, no le quedaba de otra, necesitaba liberar a Mako para tener a un aliado que le ayudara a cuidar de Korra pero tal como Mako había dicho, dos no-maestros en contra de múltiples personas y otros tantos maestros elementales no podrían hacer mucho para defenderse y mucho menos para defender a Korra.

- ¡Golpea los puntos de presión Mako! ¡Nada más! – Asami ordenó y una explosión de fuego separó a ambas peleadoras, Asami quedó libre y se mantuvo de pie efectuando un rápido movimiento con sus brazos del cual nació un poderoso rayo que destruyó el pilar de roca al cual se ataban las cadenas que detenían los brazos de Mako.

- ¡¿Qué?! – Gruñó P'li sin poder creer lo que sus ojos le mostraban solo para presenciar cómo Asami arremetía con su fuego en contra del hombre que custodiaba a Korra, Mako no perdió el tiempo y se lanzó contra los guardias restantes durmiéndolos en menos de cinco movimientos.

- ¡Sigue el plan Mako, no cambies de técnica! - Ordenó Asami antes de volver a lanzar un rayo pero esta vez hacia el techo logrando atravesar la capa de roca, acto seguido lanzó llamaradas en la misma dirección con la esperanza de llamar la atención de la gente en el exterior sabiendo que Bolin y el resto irían a ayudarlos.

- ¡¿Cómo demonios?! – Se preguntó logrando salir del estado de estupor en el que había quedado atrapada gracias a aquella maldita sorpresa, P'li atacó lanzando bolas de fuego desde el ojo en su frente con la intención de eliminar a la molesta y sorprendentemente experimentada maestra fuego.

- Y dime ¿Tú ya has peleado contra maestros fuego antes P'li? – Asami le devuelve la pregunta antes de arremeter con un rayo que obligó a P'li a correr para salir de su rango de alcance.

- ¡Ghazan! – Gritó P'li pero el maestro tierra se encontraba ocupado evitando los intentos de Mako por dejarlo inconsciente.

- ¡Este chico… puede dormir a las personas con un par de toques! – Gritó Ghazan intentando no perder la concentración ni el ritmo, Mako se encontraba determinado a no permitir que aquel hombre impusiera distancia entre ellos pues estaba seguro de que si lo hacía él terminaría por perder la pelea.

- Olvida a tu amigo. – Habló Asami lanzando un par de patadas en llamas en dirección a P'li, el elemento sorpresa parecía haberles dado la ventaja pero no paso mucho tiempo antes de que más guardias aparezcan y tal como el prisionero les había dicho, había todo tipo de maestros elementales entre ellos.

- Derroté al Avatar ¿Qué te hace pensar que no podré contigo? Una simple maestra fuego. – Rió P'li.

- No derrotaste a Korra en condiciones justas y tampoco estás siendo justa conmigo. – Respondió Asami detonando la ira de la líder del Loto Rojo quién comenzó a disparar fuego en su dirección sin importar quién se encontrara en su camino obligando a varios de sus hombres a correr para evitar el fuego que iba dirigido hacia ellos.

Asami corrió y esquivo todos los ataques, hasta el momento ninguno de los guardias de P'li se habían involucrado en la pelea, simplemente se limitaban a asegurarse de que nadie saliera de aquella cámara de tortura.

En una disputa de ataque y defensa Mako logró dormir uno de los brazos de Ghazan y tras ese movimiento comenzó a dominar la pelea hasta que el maestro tierra perdió el uso de su pierna derecha y cayó al suelo para al fin ser derrotado, al notar esto P'li dio la orden para que todos sus hombres atacaran.

- ¡Atrápenlos! – Ordenó molesta y al instante una fuerte ráfaga de viento arrojó a todos contra las paredes, los ojos del Korra se habían llenado con un brillo blanco que nadie conocía mientras el viendo que rodeaba su figura obligaba a todos a luchar en un intento por mantenerse de pie. P'li ajustó su puntería para dirigir una bola de fuego hacia el Avatar pero su disparo fue desviado por una llamarada que le llegó del flanco Izquierdo donde Asami ya se encontraba rodeada por dos de sus hombres, uno de ellos era un maestro agua y el otro un peleador sin la capacidad de manipular los elementos.

- ¡Maldita sea! – Gruñó P'li. – ¡Encárguense de ella, yo voy por el Avatar! – Ordenó, sus manos se aferraban con fuerza a un pilar de roca en un intento por mantener el equilibrio y luchar contra las fuertes ráfagas de viento que golpeaban a todos con fuerza. - ¡Maestros aire contrarresten este maldito viento! – Gritó y tres de sus hombres comenzaron a generar un flujo de aire que fluía en dirección opuesta a la ventisca que había generado el Avatar.

La pelea parecía perdida, Asami comenzó a luchar para deshacerse de más de seis maestros que querían derribarla, Mako había sido rodeado por diez hombres y Korra se mantenía en el aire sin poder mover su cuerpo mientras la peligrosa líder rebelde se acercaba a ella.

- ¡Asami! – Gritaron varias voces y un puñado de hombres comenzó a caer del agujero que había hecho en el techo, sus guardias y detrás de ellos venían los rebeldes de Korra, así la balanza comenzó a nivelarse a medida de que los refuerzos comenzaron a repeler a los hombres del Loto Rojo.

- ¡Duerman sus nervios! ¡Hay maestros de los elementos aquí! ¡Bolín ya sabes las reglas, no las rompas! – Gritó Asami desde su posición.

- ¡Entendido, ya la escucharon! – Respondió el joven de ojos verdes.

- ¿Qué están haciendo? – Murmuró P'li viendo como sus hombres comenzaban a caer al suelo, aquella extraña técnica era algo que nunca había visto antes, una técnica que los hacía caer como títeres sin cuerdas, P'li no tardó en notar el peligro, aquellos invasores estaban descartando a sus guardias a una velocidad alarmante.

- ¡Korra! Necesitamos que bajes para liberar tus cadenas. – Llamó Asami y la morena no tardó en responder a su llamado, de un solo pero veloz movimiento voló hasta la posición de Asami y aterrizó de golpe lanzando a todos los hombres de P'li hacia las paredes. – No te muevas. – Murmuró Asami comenzando a usar sus dedos como un soplete para cortar el metal mientras Korra mantenía un fuerte remolino de viento alrededor de ellas para evitar que alguien pudiera acercarse.

- Gracias por venir. – Dijo cuando el bozal al fin le fue removido. – Los sacaré a todos de aquí, reúnelos cuando dé la señal. – Le indicó con seriedad, sus ojos brillaban como faros y su voz sonaba con un eco dando la impresión de que hubiera alguien más hablando al mismo tiempo que la morena.

- ¡El Avatar! – Gruñó P'li al ver las cadenas caer, era demasiado tarde, Korra se elevó usando el fuego para propulsar su vuelo, P'li comenzó a lanzar bombas de fuego en su dirección pero los movimientos del Avatar eran más veloces que sus ataques.

- Tenemos que apresurarnos, más hombres vienen hacia acá y son demasiados. – Indicó Bolin.

- ¡P'li! – Llamó una mujer que usaba el agua para cubrir su falta de brazos.

- ¡Están aquí! – Gritó Bolin.

- ¡Ming-hua Ve por Ghazan! – P'li señaló el cuerpo del hombre que yacía inmóvil sobre el suelo.

Cientos de hombres estaban listos para marchar al interior de la sala pero Korra no dudó en levantar la tierra que había debajo de ellos, las rocas se elevaron y lanzaron a los hombres hacia atrás, P'li aprovechó la distracción para lanzar un ataque hacia Korra pero el golpe fue desviado por un rayo que la obligó a moverse para evitar ser golpeada. – Asami… - Gruñó con rencor, claramente había escuchado aquel nombre, así la habían llamado aquellos impertinentes que llegaron a ayudarla, Asami, Asami Sato, no podía ser nadie más, la joven Sato que de alguna manera había levantado un imperio en las ruinas de Ciudad República, la mujer que ya tenían en la mira, aquí estaba, peleando al lado del Avatar, la líder de un asentamiento, el avatar y rebeldes, todos unidos para pelear contra de la Orden de Loto Rojo, algo sin precedentes que obligaría a P'li a no descansar hasta haberlo destruido.

- ¡Pagarás por lo que hiciste! – Gruñó Korra lanzándose a toda velocidad a través de la sala directo hacia la líder rebelde que aterrada solo alcanzó a ver cómo un puño recubierto en roca alcanzaba su rostro logrando nublar su vista al instante. - ¡No tenías porque asesinarlo! – Reclamó elevando el cuerpo de P'lí en el aire al sujetarla por la camisa.

- ¡Korra! – Gritó Mako al ver como los maestros tierra del enemigo volvían a abrirse camino para entrar a la sala, la morena resopló fuego y lanzó a P'li con fuerza contra la pared logrando dejarla inconsciente.

- ¡Asami lleva a todos al centro! – Ordenó la joven Avatar quién arremetió contra los maestros y los hombres que comenzaban a entrar a la sala lanzando rocas, fuego y viento.

Aire, agua, tierra y fuego intentaban aplacar la furia del Avatar, nada servía, todos sus ataques eran desviados o devueltos por la morena quién poco a poco comenzó a hacerlos retroceder.

- ¡Protejan a P'li y a Ghazan! – Ordenó Ming-hua luego de entregar los cuerpos inconscientes de sus amigos a los miembros del Loto Rojo que peleaban de su lado. -¡No tan rápido Avatar! – Ming-hua la llamó derribando un par de tambos metálicos que contenían agua. - ¡Maestros agua, aire y fuego ataquen a los aliados del Avatar! Son más vulnerables. – Indicó a sus hombres. – ¡Maestros tierra derrumben la sala! – Añadió y la atención de Korra se dirigió al techo que pronto comenzó a fracturarse.

- ¡Bolin sácalos de aquí! – Ordenó Korra sosteniendo el techo de la sala con ambas manos, su cuerpo volaba con ayuda del viento y manteniendo una respiración firme exhaló una pared de fuego que cegó al enemigo.

- ¡Entendido! – Respondió el joven elevando la tierra que había debajo de ellos para poder salir por el mismo agujero por el que habían entrado.

- Voy a entrar, protégeme de las rocas. – Le dijo la maestra agua a uno de sus soldados antes de correr al interior de la sala. Recubierta en una fina capa de agua atravesó la pared de fuego que el Avatar mantenía en pie, Korra se encontraba vulnerable, no podía perder el agarre de las rocas pues si lo hacía sabía que parte del palacio caería y esto podría comprometer la seguridad de sus amigos así que con la adrenalina corriéndole por las venas observó como la maestra agua se impulsaba hacia ella con varias navajas de hielo rodeándola.

- ¡Te tengo! – Celebró Ming-hua con una sonrisa macabra pero con enorme esfuerzo Korra logró sostener el techo con una mano y con la otra deslizó una enorme roca contra su atacante quién fue fuertemente golpeada y lanzada contra una de las paredes donde inevitablemente la roca también impactó aplastando por completo el cuerpo de Ming-hua entre ambas superficies, solo un débil gemido fue escuchado, Korra sabía que aquel golpe había sido mortal, una vez más la habían obligado a usar un ataque letal pero ahora tenía en claro que era su vida o la de las personas que buscaban lastimarla y había muchas cosas que no podía dejar a medias, tenía que volver con Asami, tenía que detener al Loto Rojo pues ahora sabía el tipo de poder que poseían, tenía que honrar la muerte de Bumi y tenía proteger a sus amigos, morir no era una opción.

- ¡Ataquen! – Ordenó otro soldado del Loto Rojo y varios de ellos entraron a la sala, un minuto había pasado, tiempo suficiente para que sus amigos hubieran alcanzado una distancia segura lejos del derrumbe, tenía que salir de ahí y pronto así que sin pensarlo liberó el peso del techo y usó su poder para impulsar las rocas contra el suelo y así obligar a sus enemigos a retroceder.

- ¡Cuidado! – Gritaron varios guerreros del Loto Rojo comenzando a retroceder y a llevarse con ellos a los heridos.

Korra voló hacia arriba hasta atravesar el techo del palacio emergiendo en el cielo al tiempo que parte del palacio colapsaba. Mirando alrededor notó como todos los rebeldes del Loto Rojo la observaban aterrorizados.

- ¡Es el Avatar! ¡Ha venido a matarnos a todos! – Alertaron pero ella no les prestó importancia, de inmediato comenzó a buscar a sus amigos con la mirada hasta que vio a un par de sus peleadores salir del palacio con los demás siguiéndolos de cerca, estaban bien, habían logrado evitar el derrumbe, lamentablemente aún no podía unirse a ellos pues debía volver al calabozo para rescatar al resto de sus rebeldes, los que habían sido capturados junto a ella así que liberando su control sobre el viento comenzó a descender sobre el derrumbe y tras evaluar los daños se percató de que los maestro tierra habían limitado el derrumbe a la sala, eso era bueno pues aseguraba que sus rebeldes continuaban a salvo.

Corriendo por los pasillos del palacio abandonado buscó la presencia de sus rebeldes bajo tierra y cuando se encontró por encima de las celdas en dónde los habían metido comenzó a abrir el suelo para poder alcanzarlos.

- ¡Es ella! – Alertó un guardia del Loto Rojo pero antes de que él o los otros guardias pidieran refuerzos Korra los lanzó contra la pared y los tres perdieron el conocimiento.

- Guerrera del Sur… - Murmuraron los rebeldes maltrechos, muchos de ellos habían sido gravemente heridos pues todos habían luchado ferozmente para proteger la seguridad de su líder, a pesar de presenciar el poder de los maestros elementales ninguno de ellos se había retractado, todos estaban convencidos de que Korra era demasiado valiosa y que permitir su captura era un error catastrófico.

- Los sacaré de aquí. – Murmuró ella sintiendo un profundo dolor en el pecho al ver lo mal que los habían dejado. - ¿Pueden caminar? – Les preguntó tras haber abierto las celdas de metal con un movimiento para abrir los seguros que las mantenían cerradas.

- Algunos no nos encontramos tan mal, podemos ayudar a los demás. – Respondió La Roca con determinación.

- Debemos ser rápidos, ellos vienen en camino, abriré un camino hacia el palacio, encuentren la salida mientras yo mantengo al Loto Rojo alejado. – Ordenó la morena elevando una escalera que alcanzaba el hueco que ella había usado para bajar hacia ellos. - ¡Corran! – Gritó notando como el Loto Rojo se acercaba.

- ¡Aquí está! – Avisó un hombre y Korra se lanzó hacia él para comenzar sus ataques en aquellos reducidos pasillos con la intención de mantener al resto de las fuerzas del Loto Rojo atrapados en un cuello de botella que limitaría la cantidad de peleadores que podían alcanzarla.

- ¡¿Dónde Está P'li?! – Se escuchaban los gritos desesperados del Loto mientras Korra hacía uso del metal de las celdas para atar sus manos y pies logrando inmovilizar a varios de ellos, la morena peleaba a pesar del dolor de sus propias heridas, el calor de la pelea no le permitía detenerse a evaluar su estado físico, la adrenalina que había sentido en el momento de ver a Asami atrapada por P'li había bastado para adormecer sus nervios y protegerla de las limitaciones que sus heridas suponían.

- ¡No dejen que escapen, manden al resto por ellos, están afuera del palacio! – Otra voz se coló por el pasillo llegando hasta los oídos de Korra.

- ¡Tienen que aguantar hasta que P'li despierte! – Gruñó otro de ellos. – ¡Traigan las armas de fuego, necesitamos esas malditas balas! – Korra jadeaba luchando por mantener el ritmo, el cuello de botella le ayudaba pero los maestro tierra estaban comenzando a abrir otro camino hacia ella, no estaba segura de cuánto tiempo había pasado pero no podía continuar ahí abajo así que antes de ser alcanzada fracturó la estructura del techo para que la gravedad comenzara a arrojar las pesadas rocas encima del ejército del Loto Rojo.

Era una carrera de habilidades, los maestros tierra del Loto Rojo deberían proteger a sus compañeros y de inmediato perseguir a la morena lo que solo le brindaba unos segundos de ventaja, abriéndose paso entre la roca Korra emergió entre los restos del palacio que aún se encontraban en llamas, a lo lejos podía escuchar una pelea que sabía que no podía tratarse de alguien más que sus amigos en contra del Loto Rojo así que se apresuró a correr en su dirección sabiendo que el resto del Loto Rojo le pisaba los talones.

- ¡Deténganlos! – Gritaron los soldados del Loto que rodeaban al grupo de Asami quienes habían adoptado una formación circular para proteger a los heridos al colocarlos en el centro del círculo y a los más fuertes en el exterior para repeler el ataque enemigo haciendo uso de las armas eléctricas pues con ellas podían neutralizar a sus oponentes con facilidad, al observar la escena Korra no permitió que el Loto se acercara más, haciendo uso del viento creó un remolino alrededor de sus amigos después de haber fijado sus pies al suelo con la roca para evitar que ellos también fueran afectados por la fuerza del aire.

- Escuchen. – Les dijo tras aterrizar en el medio del grupo. – Bolin, necesito que saques a todos de aquí, los maestros elementales no tardarán en llegar, utiliza una placa de roca para transportar a todos por la pendiente del volcán hasta la costa. – Lo miró y al terminar se dirigió a Asami. – Cuando hayan llegado a la costa lanza un rayo y los alcanzaré ahí. – Le ordenó.

- Ellos son demasiados para ti Korra. – Asami objetó al ser presa de la preocupación.

- Si se quedan me resultará más difícil pelear. – Korra le respondió al instante. – Necesitamos salir de aquí. – Añadió dejando en claro que el plan no estaba abierto a sugerencias, las dos compartieron una breve mirada que bastó para hacer a Asami comprender que Korra no se estaba despidiendo si no que se estaba quedando atrás para brindarles una oportunidad de escapar, ganaría tiempo y luego se uniría a ellos.

- Cuídate. – Le dijo en un tono de voz que solo ella y Korra pudieron escuchar, Korra pegó su frente a la de Asami y cerró los ojos por un instante.

- No te preocupes. – Respondió la morena antes de retroceder un par de pasos.

De pronto el torbellino se disipó y los ojos de Korra comenzaron a brillar, tomando un profundo suspiro y haciendo uso de todas sus fuerzas el Avatar impulsó a Bolin y a los demás sobre una placa de roca formada del suelo sobre el que habían estado parados, la placa se elevó y todos fueron arrojados a la distancia. - ¡Es demasiado pesado! – Gimió Bolín intentando mantener la placa nivelada y preguntándose cómo es que Korra había logrado lanzarlos de la manera en que lo había hecho.

- ¡Tu puedes hermano! – Lo animó Mako al sentir como el impulso de la morena cedía y la placa comenzaba a descender, todos tenían los pies soldados a la roca pero de igual manera les resultaba complicado mantener el equilibrio así que optaron por agacharse y abrazarse entre todos para mantener mejor estabilidad.

- ¡Sujétense! – Advirtió Bolin quién levantó una rampa de rocas debajo de ellos para que la placa se deslizara sobre ella y no cayera de golpe contra el suelo.

- ¡Bien hecho Bolin! – Celebró Asami, el aterrizaje había sido la parte complicada, ahora Bolin solo debería encargarse de mantener la placa estable y de quitar los obstáculos del camino.

- ¡Vallan tras ellos! – Se volvió a escuchar la voz de P'li quien ahora tenía el rostro cubierto en sangre, sangre que le corría de un corte profundo que tenía en la frente, la piel se le había abierto luego del impacto que sufrió contra la pared.

- Mataste a Ming-hua. - P'li acusó a la joven morena, sus ojos irradiaban el enojo y el dolor que sentí a por la pérdida de aquella mujer y Korra podía verlo con claridad.

- Tú mataste a Bumi. – Respondió Korra quien permanecía de pie sobre el suelo, su cuerpo se mostraba relajado, ahora podía concentrarse en la pelea, ya no había nadie a quién proteger así que no tenía que dividir sus fuerzas para cuidar de sus amigos. – Yo solo me defendí pero tú a él lo torturaste por semanas y cuando su cuerpo no podía más decidiste clavarle una daga en el pecho. – Bufó y apretó los puños hasta que sus nudillos palidecieron a falta de irrigación sanguínea.

- ¡Nadie se mete con el Loto Rojo! – Gritó P'li, varios de sus maestros tierra ya se encontraban persiguiendo a los aliados del Avatar mientras que el resto de su ejército estaba formado en círculo alrededor del maestro de los cuatro elementos quién por el momento había abandonado el estado Avatar pues no veía la necesidad de utilizarlo.

- Ustedes son el legado del Avatar Obscuro… un error que solo el Avatar puede corregir. – Suspiró. – Podría destruir todo este lugar pero no quiero hacerlo, así que retrocede P'li. – Amenazó. – Tu gente no tiene porque morir.

- Nosotros jamás seguiremos al Avatar. – Dijo la mujer del ojo en la frente. – ¡Ataquen! – Ordenó y todos lanzaron sus ataques contra la morena quién tras una explosión de fuego voló lo más alto que pudo para alejarse del peligro.

P'li nunca la perdió de vista y comenzó a disparar contra ella, Korra voló de un lado a otro, los ataques del enemigo eran incesantes y si ella quería protegerse de los proyectiles y las armas de fuego que el Loto Rojo tenía debía contraatacar pero no quería asesinarlos, quería evitar muertes innecesarias así que optó por iniciar un remolino de viento que recubrió con fuego, las llamas comenzaron a girar y a calentar el viento que las arrastraba consigo elevando así la temperatura alrededor del remolino y obligando a todos a retroceder.

- ¡Pelea Avatar! – Rugió P'li continuando con sus feroces ataques y Korra voló con la intención de poner distancia entre ellos, el Loto Rojo comenzó a perseguirla, Korra levantaba obstáculos de roca para entorpecer el avance de su enemigo mientras ella se perdía entre el laberinto de edificios, tenía que hacer tiempo hasta que la señal de Asami apareciera en el cielo.

- ¡Sal de ahí Avatar!

- ¡Pelea!

- ¡Te tenemos rodeada! – Escuchaba distintas voces, podía sentir a todos y cada uno de ellos a través de las vibraciones de la tierra, todos pedían su cabeza, todos querían ver su sangre derramada, todos querían tomar su vida y aún así ella no quería ser la causante de un asesinato en masa, podía arremeter con pequeños proyectiles afilados de roca y poner fin a muchas vidas o podía hundirlos por completo en la tierra y permitir que el aire se les terminara, podía quemarlos o extraer el aire de sus pulmones pero ese no era su objetivo ni su intención.

Escondida también pudo notar la confusión que se esparcía entre los pobladores de aquella tétrica ciudad, desde el día en el que el Loto Rojo la había emboscado a ella y a sus rebeldes, el día en el que los maestros elementales salieron de sus sombras, era evidente que muchos rebeldes que apoyaban al Loto Rojo no estaban al tanto de la existencia de los maestros elementales y la fuerte revelación de aquel día había dividido a las personas, unas habían celebrado a los maestros elementales y otros se habían aterrorizado por su presencia así que Korra podía sentir la presencia de personas que se mantenían escondidas en las ruinas de las casas de aquella ciudad y se mantenían ahí sin hacer nada, ella no estaba actualizada sobre la situación de estas personas y no sabía si el Loto Rojo les había ordenado ocultarse mientras ellos atendían el problema del Avatar y no sabía que sería de esas personas, pero por el momento no podía hacer nada por ellos, no mientras el Loto Rojo dominara aquellos territorios.

- Piensa… - Intentó concentrarse.

El enemigo tenía a maestros de los elementos, si, pero todo parecía indicar que la mayoría de ellos no había tenido un entrenamiento apropiado para aprender a dominar su elemento en su totalidad pues Korra no los había visto manejar técnicas avanzadas lo que le daba a entender que esas personas habían aprendido a usar sus poderes de forma instintiva, no tenían mucho conocimiento sobre el dominio de su elemento y eso le daba cierta ventaja sobre ellos.

Luego de un par de minutos Korra decidió esconderse bajo tierra, abriendo un pequeño agujero desapareció de la vista del enemigo y espero a que varios de ellos entraran en su rango de alcance, cuando sintió que así era jaló el cuerpo de todos ellos hacia el interior de la tierra hundiéndolos hasta los codos para limitar su movilidad.

Tras emerger volvió a volar hacia un lado alejado de la ciudad, estrategia, pensó recordando las enseñanzas de sus maestros, era de tontos querer enfrentar y dominar al enemigo haciendo uso de la fuerza cuando los claramente estaban en su contra, así pues debía ser paciente y pensar bien cada uno de sus movimientos.

El fuego de P'li consumía todo a su paso, sus bombas volvían escombros todo lo que tocaban y sus ataques no se detenían ante nada, su furia era imposible de ignorar e incluso sus seguidores procuraban mantenerse lejos de sus ataques, Korra continuó escabulléndose y llamando su atención para mantenerlos a todos enfocados en su búsqueda mientras sus amigos escapaban.

El destello de un rayo en el cielo atrajo la atención de la mirada de la morena, el trueno resonó logrando distraer al Loto Rojo pero aquello no bastó para mantener al Loto lejos de la morena pues de inmediato volvieron a concentrarse en la persecución del Avatar, sin embargo aquel destello cambió el plan de acción de Korra quién sin perder un solo segundo comenzó a volar hacia la plaza en la cual su amigo había sido ejecutado, el cuerpo de Bumi continuaba amarrado al poste metálico en donde había sido exhibido como advertencia del castigo que le esperaba a todos aquellos que se atrevieran a traicionar al Loto Rojo.

- Te llevaré a casa amigo. – Murmuró comenzando a romper las cadenas que lo mantenían sujeto al poste, poco le importaba que hubieran pasado dos días de su muerte, no podía dejar que su cuerpo se quedara ahí como un trofeo para las mentes enfermas que le habían arrebatado la vida. El cuerpo de Bumi fue recubierto con una gruesa capa de rocas que servirían para poder transportarlo con facilidad y también lo protegerían contra el maltrato que podría sufrir en aquel viaje.

- ¿Ese será el único recuerdo que te lleves de aquí Avatar? – La voz de P'li alcanzó sus oídos, su tono era burlón y humillante, Korra no entendía cómo era que aquella persona podía alcanzar esos niveles de maldad, incapaz de contener su ira Korra se dio media vuelta para hacerle frente a la desalmada líder del Loto Rojo.

- Si decides seguirnos no encontrarás nada más que tu destrucción, no cederé ninguno de los territorios que he rescatado, mi intención no es terminar con sus vidas pero si ustedes amenazan las vidas de la gente que se encuentra bajo mi protección no puedo hacer nada más que defenderlos con todas mis fuerzas. – Le advirtió, P'li apretó la mandíbula y frunció el ceño, los músculos de su cuello se tensaron haciendo sus venas saltar antes de inclinarse hacia adelante y comenzar a lanzar una incesante lluvia de fuego que surgía del ojo en su frente, Korra se limitó a tomar el cuerpo de Bumi y salir de ahí catapultándose con una roca que elevó del suelo.

Al llegar a la posición de los demás encontró a cuatro maestros tierra acorralando a su gente, Asami, Mako, Bolin y el resto se encontraban atrincherados sobre los restos de un navío metálico.

- ¡Es suficiente! – Korra gritó y una enorme ola se levantó varios metros sobre el mar, todos quedaron boquiabiertos, los maestro tierra dejaron caer las rocas que alzaban en el aire y dieron un par de pasos hacia atrás, si aquella ola caía sobre ellos sus cuerpos serían arrojados con fuerza contra las afiladas piedras de la costa y seguramente perderían sus vidas pues con la velocidad del agua lo más seguro era que no alcanzarían a manipular la tierra para suavizar o deshacer los obstáculos contra los que serían arrojados. – Retírense y sus vidas serán perdonadas. – Les ordenó la maestra de los cuatro elementos.

- No te tenemos miedo Avatar. – Tartamudeó uno de ellos y Korra negó con la cabeza.

- No tienen porqué temerme, solo estoy protegiendo a mi gente. – Pausó. – Si se marchan y los dejan en paz no les haré daño. – Completó.

- ¡Nadie puede dejar este lugar sin que P'li lo autorice! – Gritó el hombre alzando dos rocas en el aire, Korra no dudó en dejar caer el peso del agua contra ellos envolviendo a los tres en una gruesa capa de hielo que los inmovilizó en un abrazo que les heló el cuerpo entero.

- No he podido evitar notar que ninguno de ustedes sabe nada sobre metal control. – Dijo acercándose al bloque de hielo donde los maestros tierra permanecían congelados. – Si los dejo dentro del hielo morirán asfixiados antes que de hipotermia. – Hablaba al tiempo que con sus manipulaba el metal de un navío que se encontraba parcialmente sumergido en el agua de la costa. – A ustedes los mueve el miedo que sienten por la autoridad de P'li… no puedo castigarlos por eso. – Arrugó las cejas y suspiró. – Una a una las capas metálicas cubrieron el bloque de hielo dejando a los desdichados maestros tierra sumergidos en una obscuridad total.

Todos observaban mientras Korra completaba la caja metálica, los hombres dentro del hielo no podían hacer ninguna expresión para mostrar su desesperación, el oxígeno comenzaba a faltarles y el frío hacía que sus huesos dolieran mientras su piel ardía debido al prolongado contacto con el hielo, no sabían que era lo que el Avatar planeaba hacer con ellos pero los cuatro sabían bien de que sus vidas pendían de las manos de la joven morena, no les quedaba mucho tiempo, la voluntad de Korra era desconocida para ellos, por años todos ellos habían sido enseñados a temerle al Avatar y ahora entendían el motivo, el poder que ellos tenían sobre la tierra no les había ayudado de nada contra aquel poderoso maestro elemental, ahora solo les quedaba esperar su sentencia.

Cuando la luz desapareció completamente de sus miradas sintieron como el hielo se volvía líquido y ellos quedaron atrapados dentro de aquella reducida caja metálica que no parecía tener ninguna abertura pero que sabían que debía tener una ya que el agua se había escapado por algún lugar. – Avisen a P'li que eliminaré a cualquiera que se atreva a seguirnos. – Escucharon aquella advertencia y después hubo silencio, el Avatar se había escapado y ellos serían los desdichados mensajeros que deberían comunicarle a P'li las palabras del Avatar, y por un momento dudaron del privilegio de la vida que La Guerrera del Sur les había concedido.

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Las islas del antiguo Reino Fuego se veían cada vez más alejadas mientras ellos navegaban sobre un viejo navío que Korra había sacado del agua y que había parchado con hielo y retazos de metal que tomó de otros navíos.

- Korra no ha dicho nada desde que zarpamos. – Murmuró Bolin preocupado al ver como la morena permanecía en el mismo lugar y en la misma posición que había adoptado luego de abordar la embarcación, llevaban poco más de una hora de viaje, todos se encontraban evaluando sus heridas y atendiéndose entre sí, Asami se mantenía ocupada atendiendo a los que tenían las heridas más graves y también se había encargado del conteo para ver a cuantas personas habían perdido en el encuentro.

Korra y Asami no habían intercambiado palabras hasta el momento, Asami decidió darle su espacio a Korra y la morena no había hecho nada más que permanecer arrodillada frente al cuerpo de Bumi que recubierto en su ataúd de roca maciza descansaba sobre la cubierta del barco.

- Hay que darle su espacio. – Respondió Mako observando a la morena, ni una lágrima había bajado por el rostro de Korra, ni un suspiro, ni una palabra así que daba la impresión de haberse quedado detenida en el tiempo.

- ¿Cómo está? – Preguntó Asami limpiándose la sangre de las manos con un trozo de tela.

- Está… igual. – Habló Bolin encogiéndose de hombros, Asami arrugó las cejas y suspiró, ella podía percibir la presencia de Naga junto a Korra, la fiel compañera de la joven Avatar se encontraba enroscada alrededor suyo para brindarle apoyo, sabía que Korra no estaba sola y por eso había preferido darle tiempo para asimilar todo lo que había ocurrido, sabía que Korra era así y que a veces necesitaba tiempo para pensar pero tras evaluarlo por un momento concluyó que ya había transcurrido el tiempo suficiente y que era momento de hablar con ella así que al terminar de limpiarse las manos comenzó a acercarse a Korra.

- Gracias por acompañarla Naga. – Murmuró Asami alzando su mano derecha para tocar la cabeza del espíritu del perro-oso polar quién reaccionó abriendo un espacio permitiendo que Asami se acercara a Korra.

Sin decir nada Asami se arrodilló enseguida de la morena y permaneció en silencio pues no quería interrumpir sus pensamientos, solo quería que supiera que estaba a su lado, que estaba ahí para apoyarla.

- Sus últimas palabras fueron "Jamás nos ganarán." – Korra murmuró con voz quebradiza. – Jamás se rindió… - Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, poco a poco sus defensas empezaron a caer, la presencia de Asami la ayudaba a volver en sí, se sentía vulnerable, a ella no podía ocultarle nada y con ella podía hablarlo todo, Asami era su conexión consigo misma, Asami lograba traer a Korra de vuelta, el Avatar y todas sus identidades quedaban de lado, con Asami se sentía más humana, con ella se podía permitir el llanto o una rabieta, con ella podía traer sus emociones a flor de sabiendo que sería escuchada y no juzgada.

– Su cuerpo se encontraba completamente colapsado, no había manera de que pudiera seguir peleando y aún así… – La primera lágrima cayó y Korra suspiró. – Sacrificó su vida para advertirnos que el Loto Rojo nos había descubierto, fue ejecutado públicamente, una daga atravesó su corazón y Bumi gritó eso a la cara de su verdugo, les dijo que no nos ganarían. – Sollozó y Asami abrió sus brazos para envolver a Korra entre ellos sujetándola con fuerza mientras la morena se desahogaba contra su pecho.

- Todo pasó demasiado rápido, Bumi gritó su advertencia y la daga le atravesó el pecho, el Loto Rojo se abalanzó sobre nosotros y yo perdí el control. – Continuó explicando. – Intenté ir en su ayuda, intenté salvarlo pero los maestros de los elementos nos atacaron… - Pausó dudando por un momento las palabras que diría. – Ataqué sin medir mis fuerzas, ataqué con desesperación, quería salvarlo y por eso nos capturaron, no actué debidamente y creo que lastimé de gravedad a varias personas. – Aferró sus brazos con fuerza alrededor del cuerpo de Asami.

- Hiciste lo que cualquier otra persona hubiera hecho. – Respondió Asami. – No estás hecha de roca Korra, Bumi era tu amigo y verlo morir como lo hizo fue impactante para ti, tu reacción fue natural, no puedes culparte por eso. – Intentó calmarla, ambas permanecieron en silencio por un largo rato hasta que Korra alzó la mirada para encontrar los ojos de Asami con la certeza de que el calor que irradiaba de aquellos familiares ojos verdes la ayudarían a mantener la calma.

- El Loto Rojo…- Pausó. - Sus maestro-control… son descendientes de los Avatares. – Dijo logrando sorprender a la ojiverde.

- ¿Qué? – Asami preguntó confundida.

- P'li me lo explicó, el Loto Blanco nos ha mentido todo este tiempo. Cuando los Avatares logran tener familia hay ocasiones en las que los hijos heredan el poder de manejar un elemento. – Arrugó las cejas y apretó la mandíbula. – El Loto Blanco recluta a estos niños y les enseña todas las técnicas sobre el elemento que tienen para que luego puedan convertirse en los maestros de los nuevos avatares. – Negó con la cabeza y bufó. – Han hecho esto por generaciones y los Avatares no han sido informados… El Loto Rojo por su parte les sigue el rastro a aquellos que no presentaron poderes, los que son dejados de lado por el Loto Blanco, porque descubrieron que si bien ellos no manifiestan poderes, los hijos de esas personas son propensos a desarrollar el poder de manipular un elemento y fue así como lograron armar su pequeño ejército de maestros elementales. – Suspiró con pesar, dolor y rabia.

Asami guardó silencio por un momento, no quería añadir más confusión a la mente de Korra así que se tomó un tiempo para pensar sus siguientes palabras. – No entiendo, no tiene sentido que el Loto Blanco te oculte algo así. – Comentó con inseguridad en su tono de voz.

- Yo tampoco entiendo pero es evidente que P'li no miente, ella tiene a los maestros de su lado para respaldar sus palabras. – Respondió la morena limpiando las lágrimas de su rostro.

- ¿Hay alguien del Loto Blanco con quién puedas hablar al respecto? – Preguntó Asami.

- Mis maestras… de acuerdo a lo que dijo P'li ellas deben estar al tanto de todo… - Volvió a suspirar pesadamente sin poder deshacerse de la sensación de no poder tomar el aire suficiente para exhalar todo lo que sentía atorado en el estómago y en el pecho, aún le era difícil asimilar que el cuerpo de Bumi se encontraba dentro de aquel ataúd de roca que tenía frente a ella.

Ninguna dijo nada más, Asami no quería bombardear la mente de Korra con sus propias dudas, entendía que la morena se encontraba de luto, quería darle un tiempo para asimilar su pérdida y sabía que debido a lo ocurrido era muy probable que al tocar tierra no habría suficiente tiempo para que Korra cuidara de sus sentimientos y la manera en que estos le afectaban. Las dos se mantuvieron juntas y en silencio, Korra se acurrucó entre los brazos de Asami permitiendo que el agotamiento de su cuerpo y mente adormecieran su conciencia hasta hacerla caer en un profundo sueño pues solo la presencia de Asami la hacía sentir que a pesar de ser el Avatar ella también tenía permitido darse un tiempo y descansar para reponerse de la aplastante carga que siempre llevaba sobre sus hombros.


Nota de Autor/

He ¿Que tal? Me estoy portando bien con las actualizaciones ¿O qué?
Jajaja Buen Inicio de semana!