Korra durmió la noche entera, sus ojos se abrieron lentamente al sentir los rayos del sol sobre su rostro, aún no quería despertar, suspirando inhalo profundamente el aroma de Asami quien la mantenía suavemente acurrucada contra su pecho, las dos se habían dormido recargadas en Naga quién las mantenía rodeadas con su afelpado pelaje, las tres se habían dormido frente al ataúd de roca en el medio de la cubierta del barco.
Korra miró alrededor y distinguió a sus hombres durmiendo esparcidos por la superficie de la no muy espaciosa embarcación, todos lucían extremadamente agotados, ninguno mostraba señales de encontrarse a punto de despertar, unos con vendajes sobre uno o dos brazos, otros con vendajes en el rostro o en las piernas, otros en los costados de sus cuerpos, todos habían sufrido algún tipo de herida, todos habían luchado valientemente a su lado.
Volviendo a cerrar los ojos se dejo envolver por el calor de Asami, a pesar de que las dos olieran a cenizas, sudor y a sangre, Korra era capaz de detectar el inconfundible aroma de su amada ojiverde y eso bastaba para ayudarla a tranquilizarse, el viaje en bote apenas comenzaba, les quedaban cerca de cuatro días para alcanzar la costa de las ruinas de Ciudad República, no tenía caso estresarse por cosas que aún no podía resolver, estaba segura de que el Loto Rojo desataría su ira y registraría cielo, mar y tierra con el único fin de encontrarla y al hacerlo intentarían arrasar con todos aquellos quienes la habían apoyado en su camino así que necesitaba un plan para proteger a todas esas personas.
- Agh... - Asami gimió adolorida al moverse un poco, Korra la miró preocupada y pronto pudo notar todas las heridas y golpes que había en el cuerpo de Asami, la culpa comenzó a anudarle el estómago, Asami había estado ahí para ayudarla y apoyarla pero ella se había olvidado por completo de las heridas de Asami y no la había sanado el día anterior, tampoco se había sanado ella misma pero eso no le preocupaba pues ya estaba acostumbrada a sentir heridas en su cuerpo.
- ¿Dónde te duele? - Murmuró, Asami abrió sus ojos lentamente y le ofreció una pequeña pero cálida sonrisa.
- No es nada. - Murmuró acercándose para besar la frente de la morena, Korra entrecerró los ojos negándose a aceptar esa respuesta, sentía que había algo que estaba pasando por alto y no recordaba lo que era.
- ¡Tu hombro! - Exclamo al cabo de unos segundos echándose hacia atrás para liberar a Asami de su abrazo.
- No es tan grave... - Asami contuvo la respiración moviéndose un poco para recostar su espalda en el cuerpo de Naga y así quedar boca arriba.
- El golpe de P'li fue directo, déjame ver. - Korra se acercó y tomó la chaqueta de Asami con la intención de retirarla.
- Estoy bien, ayer limpie la herida y la cubrí. - Asami intentó resistirse.
- Te duele, lo veo en tus ojos. - Korra presionó, Asami alzó ambas cejas en señal de sorpresa, no esperaba que Korra dijera eso, usualmente era muy buena ocultando ese tipo de cosas pero era obvio que Korra no estaba para nada convencida.
- Bien, pero no te asustes, luce peor de lo que se siente. - Asami advirtió y se enderezó para quitarse la chaqueta, Korra la observaba notando el evidente dolor que Asami luchaba por contener, era evidente que la movilidad de su brazo era limitado gracias al dolor y la inflamación de la herida.
- Soy una idiota, debí recordarlo antes... - Korra maldijo.
- Korra. - Asami la llamó con tono de advertencia y la miró con seriedad. - Estoy bien. - Le aseguró en el momento en que sus ojos se encontraron, Korra asintió en silencio y bajó la mirada mientras esperaba a que Asami descubriera la herida.
- Listo. - Asami avisó liberando un pesado suspiro de alivio tras lograr separar la tela de la sangre y la piel que se había pegado a ella.
- Maldita sea. - Gruñó Korra poniéndose de pie de un solo movimiento, al hacer esto sintió un dolor agudo subirle por la pierna derecha obligándola a inclinarse un poco para recuperar el equilibrio. - ¡Agh! - Se quejó y Asami la miró preocupada.
- Tienes que tranquilizarte y tienes que atender tus heridas, ayer no me dejaste si quiera limpiarlas. - La ojiverde señaló con calma.
- No es nada, solo un mal golpe... - Korra renegó entre dientes y sin decir más comenzó a renguear hasta la orilla del barco para poder manipular el agua y formar una cubeta de hielo que llenó con aquel líquido vital y que llevó con ella de regreso al lugar en donde descansaba Asami.
- No te muevas, ya le he quitado la sal así que no debería arderte. - Korra le indicó con voz seria, Asami sonrió observando cómo las manos de Korra se recubrían con agua y esta comenzaba a brillar antes de ser aplicada sobre la herida.
- Ugh... - Exhaló un poco y apretó la mandíbula intentando aguantar el dolor que le recorrió el cuerpo al momento en que la morena toco la piel quemada, esta no era la primera vez que Korra la sanaba así que sabía bien que esperar en las distintas etapas de la curación, el dolor duraba poco y luego venía esa placentera sensación de alivio y frescura. - Oh si... mucho mejor. - Murmuró comenzando a relajar el cuerpo.
- Me sorprende que hayas logrado dormir. - Korra comentó sin retirar la mirada de la herida.
- Estaba muy cansada, sentía el dolor entre sueños pero... no era tan grave como para quitarme el sueño. - Confesó y Korra movió la cabeza de forma desaprobatoria.
- Podrías haberme dicho algo, sabes que puedo ayudarte con esto. - La miró a los ojos y Asami sonrió de lado, sus ojos reflejaban cierto grado de angustia que la morena supo identificar de inmediato.
- Korra... no todo tiene que ser sobre mí, ayer tú necesitabas más apoyo que yo. - Asami acarició su rostro y Korra cerró los ojos para disfrutar de la caricia.
- Gracias... - Korra hizo una pequeña pausa. - Ya me encuentro mucho mejor. - Confirmó y Asami sonrió asintiendo con la cabeza. - Lo sé, basta con verte a los ojos para verlo. - Concordó con la morena.
Korra continiuó curando el hombro de Asami y la ojiverde la observaba maravillada, no importaba cuántas veces lo hubiera visto, los poderes de Korra eran realmente impresionantes.
- Es gracioso... - Murmuró pues no quería interrumpir el sueño del resto de las personas en el barco.
- ¿Qué? - Korra preguntó.
- ¿Recuerdas la primera vez que te ví haciendo esto? - Asami preguntó trayendo una pequeña sonrisa al rostro de la morena.
- Lo recuerdo. - Respondió liberando una risa breve pero honesta. - Me empapaste porque pensaste que detendría el agua en el aire. - Agregó y Asami rió de la misma manera.
- Entonces sí lo recuerdas. - Comentó y Korra rodó los ojos esbozando una sonrisa aún más amplia.
- ¿Cómo podría olvidarlo?
- No lo sé... - Asami pausó mirando como el cielo y el mar parecían tocarse en el horizonte. - Desde entonces han pasado muchas cosas. - Respondió encogiéndose de hombros, Korra pausó la curación por un momento y suspiró al repasar mentalmente todo lo que habían vivido hasta el momento.
- Muchas. - Korra afirmó. - Pero nunca podría olvidar algo así... me sentí tan aliviada al poder revelarte mis poderes, recuerdo sentirme feliz a pesar de recién haber pasado el encuentro con Amon. - Confesó y Asami asintió con la cabeza.
- Yo me sentí contenta de que hubieras confiado en mí. - Suspiró y las dos volvieron a caer en un cómodo silencio, Asami cerró sus ojos mientras Korra continuaba con las curaciones.
Tras terminar con el hombro Korra continuó con el resto de las heridas que logró encontrar y algunas que Asami le señaló, antes de terminar Korra se encontraba sanando un golpe en la quijada de Asami y la ojiverde decidió abrir los ojos para ver a su amada ojiazul, las dos se miraron por un momento sin hacer ningún movimiento hasta que Asami se acercó lentamente para posar sus labios sobre los de Korra y así poder darle un suave y cálido beso que no se extendió más de un par de segundos.
- Tuve ganas de hacer eso... aquel día en la oficina de Tarrloq, de verdad quería besarte. - Asami confesó y las mejillas de Korra se colorearon de un rojo vivo.
- Lo hiciste... - Murmuró son una sonrisa tímida.
- ¿Ah sí? - Asami preguntó sorprendida.
- Besaste mi frente ¿Recuerdas? - Korra señaló y Asami sonrió antes de reír por lo bajo.
- Si lo recuerdo. - Continuó riendo. - Ya que no tenía la valentía para hacer lo que en verdad quería debí conformarme con besar tu frente y evaluar tu reacción. - Admitió, esta vez fue Korra quién alzó ambas cejas para expresar su sorpresa.
- ¿Ah sí? ¿Y cuál fue mi reacción? - Se aventuró a preguntar.
- La misma de hace un minuto. - Asami se acercó a ella para depositar un suave beso sobre su frente. - Te sonrojaste. - Concluyó y Korra sonrió.
- ¿Qué más podía hacer? - Preguntó.
- Dar el siguiente paso y besarme. - Asami propuso, Korra enmudeció por un momento, sus mejillas volvieron a teñirse de rojo y acto seguido las dos rieron otro poco.
- Ah... eso. - Korra comentó optando por no decir nada más pues sabía que Asami se las arreglaría para volver a hacer que sus mejillas se ruborizaran.
Aquel era un momento de tranquilidad, un poco de felicidad que ambas sabían no duraría demasiado, un momento que a las dos les sentaba bien y que disfrutarían mientras durara pues era imposible que tras lo ocurrido con Bumi Korra pudiera recuperar su sonrisa de un día para otro.
Tras terminar de curar a Asami y de limpiar y secar sus vendajes Korra debió comenzar a sanarse a sí misma para luego comenzar a tratar a los heridos del barco, el tiempo que tuvo para pensar y el apoyo de Asami le habían ayudado a recobrar el ánimo suficiente para moverse y ayudar a sus hombres asegurándose de que sus heridas cerraran bien y no llegaran a infectarse.
Bajo los consejos de Asami, Korra descansó los primeros dos días de viajes con el fin de permitirle a su cuerpo sanar un poco, durante estos días todos se reunieron a ayudar a Korra y Asami a idear un plan, Mako se encargó de poner a ambas al tanto del estado económico y social del pueblo, Asami le contó a Korra el hecho de que Kuvira se había quedado como la nueva líder rebelde y Korra habló sobre los posibles contactos del Loto Blanco, al final todos habían armado las bases de un plan de contingencia para la inevitable respuesta que el Loto Rojo ante lo que había ocurrido en sus territorios.
El tercer día Korra comenzó a asistir en el movimiento de la nave para acortar su tiempo de viaje, de esta manera lograron tocar tierra en la noche del cuarto día, Korra permanecía en silencio la mayor parte del tiempo, solía hablar con Asami cuándo estaba a solas pero el resto de sus días los pasó sentada frente al féretro de roca sumergida en un profundo estado de meditación, al alcanzar la costa la actitud de la morena permaneció igual decidiendo no hablar más que lo necesario para organizar a su equipo pues no se sentía con los ánimos suficientes para hablar y convivir con el resto de la gente que la rodeaba.
Con el fin de evitar riesgos innecesarios Korrra hizo uso de los materiales de su navío y colocó el pesado ataúd de roca sobre una base metálica la cual tenía un par de tubos que sobresalían por delante y por detrás asemejándose a un palanquín, así seis hombres se repartían el peso del ataúd y lo movían con facilidad, de esta manera todos juntos se encaminaron al pueblo en las ruinas de Ciudad República.
Avanzando bajo el velo de obscuridad que proporcionaba la noche fueron forzados a detenerse al ser ubicados por los hombres que montaban guardia en una de las torres de vigilancia que se encargaba de cuidar la costa, no hizo falta pasar por ninguno de los requeridos procedimientos de identificación pues los guardias reconocieron de inmediato a Asami, Mako y al resto de sus compañeros, todos los rebeldes fueron bien recibidos, ninguno de los cuatro guardias de la torre opuso algún tipo de objeción, todos confiaban en Asami, en Mako y por supuesto, en el Avatar, así pues permitieron que todos marcharan hacia el interior de sus territorios, Asami marchaba en la delantera del grupo siendo acompañada por Mako mientras Korra y Bolin marchaban en la parte de atrás.
Debían ser las nueve de la noche cuándo el grupo al fin alcanzó las murallas de roca que protegían al pueblo de visitas no deseadas, los guardias de la muralla ya estaban al tanto de la presencia del grupo gracias a las señales de luz que habían sido transmitidas de torre en torre a lo largo del territorio hasta alcanzar la muralla del pueblo para hacerles saber que debían permitir el paso al grupo se aproximaba a ellos.
Las enormes puertas metálicas de cuatro metros de alto se abrieron de par en par permitiendo el paso del grupo, en el interior del pueblo la voz ya se había corrido entre los guardias hasta alcanzar los oídos de las altas autoridades y de la mayoría de los pobladores, todos sabían que Asami Sato estaba de vuelta con el grupo de soldados de Mako y un grupo de desconocidos, la identidad del Avatar permanecía en secreto así que nada se mencionó al respecto, aún así el rostro de Korra no era desconocido en aquel pueblo, la morena era tan reconocida como Asami gracias al tiempo que había pasado con ella durante los días que habitó en el pueblo y hubo muchas personas que se sintieron alegres al verla de vuelta en aquel lugar, por otra parte los rebeldes provocaban miradas curiosas y algunas temerosas ya que sus ropas, complexión y cicatrices eran a todas luces características de personas rebeldes y aunque aquello no se le hubiera dicho a la gente del pueblo ellos sabían identificarlos bien y no entendían el motivo de que aquellos rebeldes se encontraran acompañando a Asami pero confiaban en ella, en Mako y en todos los jóvenes soldados que conformaban aquel inusual grupo de personas que a paso firme avanzaban por la calle principal del pueblo.
Las autoridades del pueblo no tardaron en aparecer para recibir al grupo, Hiroshi Sato, Lin Beifong, Tarrloq, Tenzin y las maestras del Avatar, Toph y Katara, todos observaron ansiosos mientras el grupo se acercaba a la plaza centrar del pueblo, al frente del grupo caminaban Asami y Korra, justo detrás de ella marchaban los seis hombres que cargaban el ataúd de roca, todos notaron la forma tan familiar de aquel objeto rocoso pero nadie dijo nada, era evidente por la mirada de la morena que las cosas no habían ido bien, había algo que pesaba en su mente y que le daba una expresión impenetrable llena de resentimiento y rencor.
Hiroshi fue el primero en acercarse al grupo con la esperanza de poder hablar con su hija, habían pasado meses desde su despedida y quería poder abrazarla y hablar con ella, quería escuchar su voz y sentirla cerca para aplacar la emoción que sentía de verla pero Asami negó con la cabeza manteniendo la mirada baja, ella también quería encontrarse con su padre y abrazarlo con fuerza pero sabía que este no era el momento indicado. – Espera un poco padre. – Le pidió con una pequeña sonrisa que reflejaba en ella una infinidad de sentimientos que Hiroshi no podía descifrar pero que con facilidad pudo ligar al ataúd que acompañaba al grupo, de inmediato sus ojos comenzaron a inspeccionar a Mako y a sus hombres contando de uno en uno hasta asegurarse que todos se encontraban de vuelta y suspiró al notar que así era.
- Entiendo. – Murmuró él y retrocedió comenzando a caminar cerca de su hija.
El grupo avanzó en silencio hasta llegar al centro de la plaza central en dónde Korra le ordenó a sus hombres que bajaran el ataúd.
- ¿Kya sigue en el pueblo? – Korra preguntó mirando a sus dos maestras, los ojos de la morena demostraban una expresión que era difícil de leer, Katara asintió con la cabeza y Korra suspiró. - Será mejor que la llamen. - Concluyó agachando la mirada observando aquella figura de roca que se posaba frente a ella.
- ¿Hija? - Murmuró Hiroshi preocupado y Asami negó con la cabeza sabiendo que esto no sería algo sencillo para Korra.
- Un momento padre. – Asami le pidió y suspiró acercándose a la morena y colocando una mano sobre su hombro, Korra la miró de reojo y tomó un profundo suspiro intentando armarse del valor necesario.
Kya fue llamada por un par de guardias y apareció unos minutos después sin entender bien qué era lo que estaba pasando, Korra miró a Katara, después a Tenzin y al final a Kya, sabiendo que había mucha gente alrededor y que pretendía respetar la privacidad de la familia les pidió que se acercaran a ella, Kya observó detenidamente los ojos de la morena intentando leer sus pensamientos, tenía un muy mal presentimiento y quería alejarse de ahí para evitar escuchar lo que Korra estaba por decirles pero Tenzin sujetó su mano con fuerza, su hermano no dijo nada y no la miró pero su mano se negaba a dejarla ir, Katara liberó un profundo suspiro y agachó la mirada anticipándose a lo que estaba por venir.
- Lo siento, no pude salvarlo... – Korra cerró los ojos al no poder contener las lágrimas que se acumulaban en sus párpados, incapaz de hacerle frente a ninguno de los tres la morena agachó la mirada antes de abrir los ojos y hacer una pequeña reverencia. – Lo siento tanto. – Murmuró mientras sus lágrimas caían de sus ojos y alcanzaban la tierra, entonces hubo silencio, solo se escuchaba el suave sollozo de la morena mientras la noticia se incrustaba en la mente de la familia de Bumi.
- No… - Tenzin murmuró al tiempo que sus ojos se posaban sobre el ataúd de roca.
- Mamá… - Kya apoyó la mano que tenía libre sobre el hombro de Katara quién ahora mantenía los ojos cerrados, atrás de Korra los rebeldes se habían arrodillado y mantenían la cabeza gacha, Asami también bajo la cabeza y se mantuvo en silencio al lado de Korra.
- Mi Bumi. – La voz quebradiza de Katara resonó en los oídos de la morena.
- Se mantuvo firme hasta el final, fue valiente y un excelente ejemplo a seguir para todos sus hombres. – Korra pausó. -Pensé que lo mejor sería darles la oportunidad de despedirse de él antes de llevarlo de vuelta a su hogar - Dijo la joven Avatar logrando alarmar a la familia de Bumi.
- ¿A casa? – Kya preguntó confundida y con tono molesto.
- Bumi construyó su propio imperio, hay gente que lo quiere y admira en las tierras a las que él dedicó su vida, ese es su hogar y ahí deberá ser sepultado. - Respondió Korra enderezando su postura y hablando con claridad, sus palabras eran definitivas y su tono amenazante, aquella que tenían en frente no era la joven Avatar que todos conocían, aquella frente a ellos era la aprendiz de Bumi, la fiera y temida Guerrera del Sur, la misma que penaba por la muerte de su maestro y la que había prometido volver al coliseo acompañada de los prisioneros que el Loto Rojo había tomado.
- Pero Korra... es nuestro hermano. – Tenzin intervino en un intento de razonar con ella.
- Lo siento. - Dijo Korra negando con la cabeza. - El rey deberá volver a su reino, ahí lo esperan y ahí se ofrecerá una ceremonia en su honor. - Suspiró. - Bumi no vivió una doble vida, él supo incorporar lo mejor de sus dos mundos y forjar un camino que beneficiaría a ambos, él no sufría al estar viviendo en el coliseo, ese era su hogar, el lugar que estaba moldeando a su manera y el lugar que preparó para que yo pudiera entrar en su lugar. - Apretó los puños y mandíbula. - No espero que lo entiendan, solo espero que una semana les sea suficiente para velar por él porque es todo lo que les puedo dar. - Más lágrimas bajaron por su rostro, no quería lastimar a ninguno de ellos pero no podía dejar a Bumi ahí, los rebeldes lo esperarían de vuelta y estaba segura de que él hubiera preferido ser recordado como el Rey Loco del Coliseo Rebelde en vez de otro miembro de la orden del Loto Blanco que caía a manos del Loto Rojo.
Mientras Korra luchaba por mantener la compostura Katara se acercó y la abrazó con fuerza.
- Gracias por permitirme decirle adiós. - Murmuró y Korra correspondió sujetándola del modo más delicado posible al tiempo que liberaba todas sus fuerzas en aquel abrazo.
- Lo siento Katara... hice todo lo posible... - Sollozó en su hombro. - No quería que esto pasara. - Repitió más de una vez y con voz cada vez más baja.
Kya volvió a exhalar pesadamente rehusándose a aceptar lo que estaba pasando, la mano de Tenzin aún sujetaba la suya, podía notar la manera en que temblaba y al atreverse a mirarlo notó las silenciosas lágrimas que cubrían el rostro de aquel hombre mientras sus ojos observaban fijamente el ataúd de roca. – Tenzin. – Murmuró acercándose a él para limpiar sus lágrimas, él negó con la cabeza y suspiró exhalando el aire lentamente. – Parece mentira… pero todos sabíamos que su trabajo era el más arriesgado de todos. – Murmuró él y Kya se mordió el labio inferior cerrando los ojos con fuerza.
- Yo… no se… - Kya luchó pero no logró articular más palabras, Tenzin se acercó a ella y la abrazó permitiéndole esconder el rostro contra su pecho, los hombros de Kya subían y bajaban evidenciando su llanto pero sus sollozos eran a penas audibles. – No es justo Tenzin… - Murmuró.
- No… - Afirmó él acariciando la cabeza de su hermana mayor.
- Estoy segura de que hiciste todo lo que estuvo a tu alcance Korra... no te sientas culpable, Bumi sabía que estaba sujeto a riesgos que lo podían llevar a perder la vida. – Katara murmuró. - Con los años su cuerpo comenzó a llenarse de cicatrices y estoy segura de que su espíritu también sufrió, pero siempre se le podía ver lleno de energía y listo para otra aventura, así era Bumi, Valiente y siempre con un nuevo plan bajo la manga. - Rió limpiando las lágrimas de sus ojos para poder ver a la morena con claridad. - Tú también tienes cicatrices Korra, pero esas marcas en tu piel y en tu espíritu te hacen más fuerte... puedo ver que ya no eres la misma chica que vi crecer en el polo Sur. - Le ofreció una cálida sonrisa que la morena no logró comprender en el momento pues en ella no quedaban energías para sonreír y no podía entender de qué manera Katara podía mostrar un gesto tan sincero.
-Hay ciertas cosas que debemos hablar Katara... - Pausó. - Pero no tengo las fuerzas para hacerlo ahora y tú mereces un tiempo para estar con tu familia. - Suspiró relajando sus hombros y dando un par de pasos hacia atrás.
- Si es algo importante… - Inició Katara pero fue interrumpida por la joven Avatar.
- No, no es momento. – Aseguró y la vieja maestra asintió con la cabeza, sus ojos cansados se fijaron sobre el ataúd de roca y sin decir más avanzó hacia él, Korra observó en silencio los pasos de Tenzin y Kya quienes se acercaron a su madre para acompañarla en su dolor, una escena que jamás se hubiera imaginado presenciar y que no toleraba seguir viendo así que redirigió su mirada hacia los rebeldes quienes mantenían la cabeza hacia abajo, todos lucían sucios, parchados, con las ropas maltrechas y llenas de sangre.
- Asami – Llamó a la Ojiverde quien ahora charlaba con su padre.
- ¿Si? – Respondió Asami mirando a Korra con atención.
- ¿Tenemos en dónde albergarlos durante esta semana? – Korra señaló a los rebeldes.
- Me parece que si...- Asami pausó. - Lin ¿Podrías llevar a los rebeldes al edificio de integración? - Miró a su fiel oficial quién se limitó a asentir con la cabeza.
- De inmediato. – Lin miró a los rebeldes y antes de dirigirse a ellos volvió a mirar a la joven ojiverde. - Es bueno tenerte de vuelta Asami. - Comentó brevemente con una pequeña sonrisa, Asami le devolvió el mismo gesto y asintió con la cabeza.
- Se siente bien estar de vuelta. – Respondió observando a Lin comenzando a dar instrucciones a sus guardias para que ellos guiaran a los rebeldes al lugar en dónde descansarían.
- Por favor sean educados, aquí hay comida suficiente para todos, si necesitan hablar conmigo o con Carmín hablen con alguno de los guardias y ellos los guiarán hasta nosotras ¿Entendido? - Indicó La Guerrera del Sur antes de dejarlos marchar, todos asintieron con la cabeza y siguieron a Lin y a sus hombres sin hacer preguntas, había muchas cosas que debían aclarar pero entendían que ese no era el momento adecuado, a ellos les bastaba ver el estado en el que se encontraba su líder para entender que debían darle tiempo de sanar las heridas que no eran físicas.
- Asami - Llamó la morena tomando su mano gentilmente. - No es necesario que permanezcas a mi lado, iré a descansar un poco, tu ve y saluda a todos... hace un largo tiempo que no se ven. - Le ofreció una cálida sonrisa que a pesar de ser honesta no lograba ocultar la pena que llenaba su pecho. - Por favor discúlpame con el resto, me siento apaleada. - Admitió y Asami la abrazó.
- No tardaré en acompañarte, yo también me siento agotada. - Le habló suavemente antes de apartarse del abrazo y mirarla a los ojos.
- No creo que me encuentres despierta. - Bromeo Korra sin energías y ambas sonrieron.
- No me tardaré. - Reafirmo Asami al tener la sensación de que la morena necesitaba de su presencia, así pues ambas tomaron sus propios caminos, Asami volvió al lado de su padre y Korra caminó a paso lento hacia la casa de los Sato.
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Korra tenía una extraña sensación en su cuerpo al ejecutar cada movimiento, era como si sus extremidades pesaran una tonelada, carecía de las energías y los ánimos para moverse, como consecuencia se sentía aplastada por un peso inexistente que amenazaba con hacerla sucumbir.
Con cada paso que daba se tomaba el tiempo de observar las casas por las que pasaba, los edificios lucían impecables, la gente sonreía y caminaba despreocupada por las calles, parecía un sueño hecho realidad, eso era lo que quería para el resto del mundo pero por algún motivo sentía que era una meta que se encontraba demasiado distante, algo que tal vez no lograría ver a lo largo de su vida.
Al llegar a la casa de los Sato no se molestó en llamar a la puerta, no quería ver o saludar a nadie, solo quería deshacerse de toda la suciedad que la cubría y poder meterse en entre las cobijas de la cama y perderse en un sueño profundo, así que en vez de usar la puerta se dirigió a la ventana del cuarto de Asami y entró por ella como muchas veces antes lo había hecho.
Sin poner cuidado comenzó a quitarse la ropa que llevaba puesta, cada prenda quedó en el suelo dejando un camino desde la ventana al cuarto de baño donde la morena se había introducido a la tina, haciendo uso de sus poderes atrajo el agua por las tuberías desde el depósito hasta la tina en dónde se encargó de calentarla, el agua tibia humeaba mientras ella miraba el techo del baño sin tener nada en mente, solo estaba ahí, descansando su cuerpo y permitiendo que el agua comenzara a borrar los rastros de sangre, sudor y tierra que había acumulado en aquel viaje.
La Guerrera del sur nunca lucía tan limpia como lo hacía el Avatar Korra, La Guerrera del sur siempre llevaba algún tipo de pintura de guerra en sus brazos o rostro, siempre había algo sobre su piel, los días de pelea su ropa se pintaba de sangre y los días que no peleaba su piel mostraba alguna marca de sus enfrentamientos anteriores, moretones o costras de cortes en su piel, siempre había algo que le daba un aspecto salvaje e intimidante... pero por el momento no quería ser eso, no podía ser eso porque se sentía vulnerable, algo dentro de ella había resultado herido, algo que no podía curar físicamente, algo que no podía tocar y que no podía eliminar por voluntad propia, se sentía triste y sabía que debía permitirse sentir ese dolor para evitar que sus sentimientos se complicaran y terminaran entorpeciendo sus pensamientos y decisiones.
La Guerrera del Sur no podía permitirse ser débil, pero Korra si, Korra podía llorar todo lo que fuera necesario por la pérdida de su amigo, Korra tenía que lamentar todo lo que había pasado hasta que la Guerrera del sur pudiera volver a sus tierras con la furia suficiente para provocar a su gente y hacerles ver el motivo por el cual no podían confiar en los rebeldes que habitaban en las tierras del antiguo Reino Fuego.
Luego de usar el agua para terminar de asearse y volver a tratar las heridas de su cuerpo, salió de la tina y se encaminó hacia la habitación, vistiendo un short color negro que le pertenecía a Asami y una blusa blanca de tirantes al fin se metió entre las cobijas y ocultó el rostro contra la almohada.
¿Por qué las cosas tenían que ser así? ¿Por qué Bumi había tenido que sacrificarse? ¿Por qué el Loto Blanco le había ocultado información tan importante? ¿Por qué sentía que la verdadera pelea estaba a punto de comenzar? El pasar del tiempo le hacían sentir que las cosas empeoraban más y más hasta el punto en que terminaba por pensar que tal vez no tenía lo que hacía falta para enfrentar los retos que le esperaban en un futuro que parecía ser no tan lejano.
Lágrimas bajaron por su rostro, poco a poco la almohada comenzó a humedecerse mientras Korra ahogaba pequeños sollozos, podía recordar el rostro siempre alegre de su amigo con toda claridad, ese amigo que tanto le había enseñado y que ahora no volvería a ver.
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Korra dormitaba cuando escuchó pasos en la habitación, pasos que reconocía bien, aún así no se levantó, muy por el contrario continuó con su intento de perder la conciencia por completo pero era inútil, giraba en la cama de un lado al otro y a pesar de todo el cansancio físico y emocional que pesaba sobre ella no lograba hacerse dormir.
Varios minutos pasaron hasta que aquellos pasos volvieron a resonar, Asami caminó del baño al armario, Korra podía escuchar todo lo que hacía pues no había ruido en la habitación o en la casa que le impidiera percibir cada detalle de aquellos movimientos.
Cuando la chica de ojos verdes hubo terminado de vestirse se metió a la cama, sin decir nada envolvió a la morena entre sus brazos y la estrechó con fuerza sabiendo que no se encontraba dormida, sabiendo que yacía ahí luchando contra sus demonios, esos molestos sentimientos de culpa que sabía que guardaba en su corazón pues la conocía bien y mejor que nadie.
- Lamento haberme tomado más tiempo de lo esperado. - Murmuró la ojiverde con tono suave, Korra sintió como un nudo se le formaba en la garganta, bastaba con que Asami estuviera ahí para volver a sentirse como una niña vulnerable.
- No tenías que preocuparte por mí. - Respondió con voz quebradiza a medida que los ojos se le volvían a llenar de lágrimas.
- Korra... si yo estuviera así estoy segura de que no me dejarías sola ni un solo segundo. - Sonrió la ojiverde y Korra rió débilmente.
- Por supuesto que no. - Afirmo y las dos rieron.
- No estás sola, estoy contigo para lo que sea que necesites. - Aseguró Asami y la morena no pudo reprimir más el llanto, girando en su lugar escondió el rostro en el cuello de su amada y se permitió llorar hasta que el cansancio y el agradable calor del cuerpo que la envolvía lograron vencer su conciencia y cayó presa del sueño.
/*/*/
- ¡Asami! Hija ya es la una de la tarde. - Llamaba Hiroshi a la puerta de la habitación. -¿Se encuentra todo bien?- Insistía pues había iniciado a tocar un par de minutos antes y no había obtenido ninguna respuesta hasta el momento.
- En este pueblo yo soy la invitada. - Murmuró Korra con pereza manteniéndose abrazada del cuerpo de la ojiverde quién aún batallaba para abrir los ojos, ese era el primer día en un largo tiempo que habían podido dormir hasta tarde, las dos necesitaban descansar y lo habían hecho... hasta ese preciso momento.
- ¿Asami? - Insistió Hiroshi con tono preocupado.
- ¿Si? - Alzó la voz sonando adormilada.
- ¿Se encuentra todo bien? - Preguntó y ella no pudo evitar reír, su padre no estaba acostumbrado a que ella durmiera hasta esas horas del día, ni ella misma estaba acostumbrada pero la preocupación de su padre le parecía divertida considerando que recién había vuelto de una larga ausencia que la había llevado a lugares sumamente peligrosos... resultaba irónico que a Hiroshi le preocupara que durmiera hasta tarde.
- Si, todo bien ¿Necesitas algo? - Respondió con una sonrisa, se sentía bien estar de vuelta en casa.
- No, solo me aseguraba que todo estuviera bien... ¿Bajarán a comer pronto? - Preguntó, Asami miró a Korra quién suspiró negando con la cabeza.
- No, cuando tengamos hambre bajaremos. - Respondió comenzando a acariciar el cabello de la morena.
- Está bien, si necesitas algo estaré con el consejo. - Indicó Hiroshi antes de retirarse de la puerta.
De nuevo reinó el silencio y las dos se miraban a los ojos. - Si tienes hambre no tienes porque esperarme. - Dijo Korra.
- Comeremos juntas. - Respondió Asami con tono autoritario. - No voy a permitir que dejes de comer, así que si no comes tú tampoco lo haré yo. - Concluyó y Korra abrió la boca para objetar pero ninguna palabra llegó a sus labios así que volvió a cerrarlos, sabía que no había poder en el mundo que pudiera doblegar la voluntad de su novia.
- Aún no tengo hambre, eso es todo. - Renegó y Asami se acercó para besar su frente.
- Yo tampoco. - Sonrió y Korra le devolvió la sonrisa, una sonrisa que al fin alcanzaba el brillo en su mirada, una sonrisa genuina.
- Gracias por estar conmigo... - Pronunció aquellas palabras sin pensar, era algo que sentía pues no le era posible imaginarse sobreviviendo a situaciones tan complicadas sin la compañía de Asami.
- Gracias por estar tú conmigo. - Se acercó la pelinegra y ambas rozaron sus labios.
- Te amo... - Murmuró Korra haciendo a Asami sonreír.
- Y yo a ti. - Le aseguró juntando su frente a la de ella.
Korra suspiró y guardó silencio manteniendo los ojos cerrados. Sentía el calor de Asami y percibía su aroma, disfrutaba sintiendo como la ojiverde acariciaba su cabello y cómo sus piernas se mantenían entrelazadas bajo las cobijas, la presencia de Asami era lo más valioso que tenía en su vida, Asami era una compañera fiel, alguien en quien siempre podía confiar, alguien que había probado estar dispuesta a seguirla a cualquiera de sus aventuras sin importar lo arriesgado que pudiera ser, Asami era su refugio, la amiga que escuchaba sus penas y la aconsejaba cuando así lo necesitaba, Asami era su escape, la persona que le permitía vivir como alguien más que el Avatar, alguien que le permitía tener una vida privada, le permitía tener experiencias personales, algo que no hacía por el bien del mundo si no por sí misma.
- No podría perderte... no sobreviviría si algo te ocurriera. - Murmuró. - Me da miedo que algo pueda pasarte. - Confesó, Asami guardó silencio y suspiró, sabía que no podía hacer promesas pues al igual que Korra no era capaz de asegurar nada, sus aventuras eran peligrosas y tal vez alguna de ellas guardaba su final.
- Yo tampoco soporto la idea de perderte, pero si lo hiciera me aseguraría de seguir luchando por tu causa, de no dejar tu lucha caer contigo, porque lo que haces es importante y difícil... habrá vidas que se sacrifiquen en el camino, pero no podemos dejar que ninguna de esas pérdidas sea en vano amor. - Pausó. - Si algo llegara a ocurrirme quisiera que cuides de mi pueblo y continúes con el camino que hemos marcado hasta ahora. - Pidió y Korra la miró a los ojos sin pronunciar ni una sola palabra, no quería pensar en un futuro así, un futuro sin su amada Asami pero sabía que lo que Asami decía era correcto, no podía dejar que todo se perdiera, no podía permitir que la vida de Bumi se hubiera sacrificado en vano.
- Lucharé para que las cosas nunca lleguen a ese punto, pero si llega a ocurrir te aseguro que tu pueblo estará a salvo... Ahora tú prométeme que si alguna vez me encuentro en peligro y es algo demasiado riesgoso para que tú intervengas, promete que no harás nada imprudente, de nada serviría que las dos cayéramos juntas... has hecho cosas increíbles sin ser el Avatar, el mundo necesitará de alguien mientras nace un nuevo Avatar y no puedo pensar en nadie más indicado que tú. - Le pidió mirándola directo a los ojos.
- ¿Qué clasificarías como demasiado riesgoso? - Preguntó Asami arqueando una de sus cejas. - Acabo de sacarte del núcleo del Loto Rojo ¿Recuerdas? - Argumentó y Korra negó con la cabeza.
- Si alguna vez me encuentro a punto de morir, demasiado débil para protegerlos y el enemigo los supera en números y fuerza, deberás dejarme ahí, porque si caigo no podré mantenerlos a salvo y todo estará perdido, el Loto Rojo derribará todo lo que hemos logrado a lo largo de estos últimos años y nuestras batallas habrán sido en vano. - Acarició la mejilla de la pelinegra y sonrió. - Eres una persona excepcional Asami, has sabido crecer a mi lado y has duplicado mis logros con tu apoyo, no necesitaste mis poderes o mi conexión con los espíritus para lograrlo, eres una líder natural y agradezco el haber podido conocerte y tenerte a mi lado... todo lo que hemos hecho no se puede perder y si tengo que dar mi vida para proteger nuestros logros lo haré con gusto, así que por favor, si caigo no caigas conmigo, lucha por vivir y por proteger nuestra historia. - Concluyó y Asami cerró los ojos con fuerza.
- Entiendo... una de las dos debe sobrevivir, tú también debes tener eso en mente. - Dijo contemplando y admirando aquellos hermosos ojos azul celeste que la miraban de vuelta.
- Las cosas no tienen porque llegar a eso, cuidaré de ustedes y tendremos un plan para repeler al Loto Rojo. - Respondió Korra depositando un suave beso sobre la frente de Asami.
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Asami y Korra permitieron un tiempo de luto de tres días para la familia de Bumi, durante ese tiempo aprovecharon para reunirse con los rebeldes y mostrarles el pueblo, entre las dos les explicaban la manera en que funcionaban las cosas, la manera en que la gente cooperaba para el progreso del pueblo y cómo todos tenían un papel importante en las mejoras que se implementaban cada vez que el pueblo debía crecer.
Después de la experiencia que habían vivido los rebeldes se comportaron completamente sumisos, ninguno de ellos mostró interés en robar ningún objeto que le pareciera atractivo o de molestar a ninguno de los pobladores quienes solían observar a los rebeldes con atención, esperaban obtener de ellos una actitud más agresiva y menos cooperativa, su apariencia feroz los volvía intimidantes y la mayoría de la gente intentaba mantenerse apartada de su camino, esto era algo que divertía a los rebeldes pues era un comportamiento que habían observado en los pobladores del asentamiento de Suyin cuando se unieron a sus fuerzas.
Normalmente los rebeldes se hubieran aprovechado de esto para divertirse un poco con las reacciones de las personas que los observaban atemorizados, sin embargo su situación actual los obligaba a actuar diferente, el luto de su líder caído, la pelea reciente con el loto Rojo y el respeto que le guardaban a la Guerrera del Sur y a Carmín, estos factores habían moldeado su comportamiento hacia uno más disciplinado y respetuoso, no estaban ahí para divertirse, se encontraban ahí para cuidar de su líder y para permitir que la familia del Rey Loco del coliseo pudiera vivir su luto.
Tres días fueron más que suficientes para que ambas chicas comenzaran a preparar el plan para defender a su gente del inevitable contra ataque del Loto Rojo, entre las dos comenzaron a listar los temas que debían ser hablados con los líderes del pueblo y las medidas de seguridad que servirían mejor para proteger a todos.
Cada noche Korra visitaba el cuerpo de Bumi, sentada en cuclillas frente a él le rendía homenaje y sus rebeldes la acompañaban a meditar durante una hora, todos guardaban completo silencio y permanecían con los ojos cerrados, rendir respeto a los muertos no era algo que los rebeldes acostumbraban hacer con sus líderes caídos pero nunca antes se había dado el caso en el que un líder rebelde entregara su vida para salvar a sus seguidores y la mayoría de los rebeldes sobrevivientes de aquella pelea habían sido salvados por el líder caído, Bumi se había ganado su admiración y respeto por lo cual seguir el ejemplo de la Guerrera del Sur se sentía como lo correcto.
Al terminar los tres días de luto Asami organizó una junta con los líderes del pueblo para hablar sobre el Loto Rojo y el plan de defensa que necesitarían para protegerse de ellos. En la junta se explicó la fuerza que el Loto Rojo poseía al contar con varios maestros elementales de su lado y se habló sobre la posibilidad de discutir abiertamente con el resto del pueblo sobre los actuales maestros elementales que tenían pues deberían defenderse contra un enemigo similar y el conocimiento sobre las técnicas de batalla de los maestros elementales les ayudaría a saber cómo actuar en caso de tener que enfrentarse contra uno, el tema fue cause de múltiples dudas, de alargados debates, de miedo e incertidumbre entre los líderes del pueblo quienes no esperaban escuchar sobre la presencia de maestros elementales en grupos rebeldes.
Por esos motivos la junta terminó pasada la media noche, todos debatían sobre la mejor manera de afrontar la tormenta que se avecinaba, el temor a enfrentarse a un ejército de maestros elementales logró traer confusión a las mentes de los líderes del pueblo, esto no sorprendió a Asami o a Korra, las dos entendían que aquella noticia no sería fácil de digerir así que decidieron terminar la reunión sin establecer ningún plan, la tarea de los líderes sería pensar al respecto y volver dentro de dos días con el fin de comenzar a elaborar sus estrategias de defensa.
De camino a casa Korra y Asami caminaron en silencio, una al lado de la otra tomándose de la mano, no había necesidad de hacer ningún comentario, las dos entendían que todo estaba a punto de cambiar, el rostro del Avatar dejaría de ser un misterio para todos, ahora que la líder del Loto Rojo sabía quién era ella no tenía caso seguir escondiéndose, el Avatar resurgiría de las tinieblas en las que se le había sumido cientos de años atrás.
Al llegar a casa Asami se adelantó al subir a la habitación mientras Korra se detuvo para ir a la cocina con el fin de cortar un par de frutas pues ninguna de las dos había comido nada durante la junta que en su totalidad había durado poco más de cuatro horas.
- No puedo decir que no preferiría que nuestro pueblo se encontrara exento de los peligros que supone tomar el camino que apoya al Avatar. - Habló Hiroshi desde la mesa en dónde se encontraba sentado bebiendo un poco de licor de arroz, Korra lo observó por un momento, no dijo nada recordando la manera en que Hiroshi había guardado silencio durante toda la junta, sin decir nada se había limitado a escuchar las preocupaciones, los miedos y las propuestas de los otros líderes. - Aunque debo admitir, que me preocupa más el bienestar de mi hija que el del pueblo, soy egoísta, no puedo evitarlo... Asami es mi familia. - Suspiró y meditó por un momento observando el pequeño vaso que contenía su bebida.
- Tuve que hacer uso de toda la fuerza de voluntad que tenía en mí para poder dejarla partir, me resultó algo casi imposible de hacer porque me aterra perderla. - Alzó la mirada enfocándose en los ojos azules de la joven morena que se mantenía de pie frente a la mesa. - Pero no soy estúpido, sé que si dejo que mi egoísmo se apodere de mis decisiones lo más probable es que Asami me deje atrás, porque Asami es como yo y también como su madre, ninguno de nosotros sabía quedarse de brazos cruzados, siempre perseguimos nuestras metas ambiciosamente hasta obtenerlas... – Pausó. - Mi hija no sabe como rendirse porque nunca le enseñé cómo hacerlo. - Sonrió cálidamente para luego tomar un pequeño sorbo de su vaso.
- Tampoco soy ciego como para pasar por alto la manera en que mi hija te trata, lo sabía desde hace años atrás, Asami sentía algo especial por ti y desde entonces supe que el camino que ella debía recorrer no sería fácil porque el camino del Avatar puede tener muchas variantes y puede ser descrito de muchas maneras, pero "fácil" es una de las pocas palabras que no caben dentro de esa descripción. - Suspiró recargando su peso en el respaldo de la silla en la que se encontraba sentado.
- Estos meses de ausencia me hicieron extrañar a Asami como nunca, el mundo es peligroso y ella estaba lejos de mí, cualquier cosa podría haberle pasado, confío en ti Korra y sé que al encontrarse a tu lado tú nunca permitirías que nadie le hiciera daño, pero no pueden estar juntas en todo momento así que no puedo evitar la angustia, aunque Asami sea perfectamente capaz de defenderse por sí misma, aún así me preocupo. - Rió suavemente. - Soy un hombre viejo Korra, ella es mi vida. - Confesó.
- Aún así, no puedo decir que no he notado el crecimiento de Asami, verla de nuevo me llenó de alegría y a pesar de que volvió con la ropa maltrecha y manchada de sangre, lo pude ver en sus ojos, la determinación de seguir adelante, no hay miedo en su corazón y tampoco lo hay en el tuyo, ella camina a tu lado y tú al lado de ella, ese vínculo que ustedes comparten va a pasar a la historia, porque las dos se han ayudado a crecer hasta llegar a un punto en el que tú serás recordada por miles de generaciones como el Avatar que rompió con la era de tinieblas que el Avatar obscuro dejó atrás, y mi hija será recordada como la líder que ayudó al Avatar a volver a la luz. - Hiroshi asintió con la cabeza mostrándose convencido de sus palabras.
Korra permaneció en silencio, sus ojos se abrieron ampliamente al darse cuenta de que lo que Hiroshi decía no era algo descabellado, lo que ellas estaban haciendo quedaría grabado en la historia y nunca se había detenido a pensar en eso.
- Y veo que ninguna de las dos hace esto con el fin de obtener prestigio. - Rió Hiroshi al notar la expresión en el rostro de la morena. - Lo más importante de su historia no será el método que hayan utilizado para lograr sus objetivos si no el motivo que tuvieron para hacerlo, ambas actúan desinteresadamente, lo hacen por el bien de las personas que las rodean, por el bien del mundo en el que viven, lo hacen por amor. - Sonrió. - La gente suele malinterpretar el significado de esa palabra, amor, porque le dan un valor equivocado, pero la verdad es que el amor es una fuerza imparable, porque el amor es incondicional y puede ser dirigido a cualquier meta, amor por las personas, amor por la tierra, amor por los animales, amor por el arte, amor por la vida. - Pausó arrugando las cejas y pensando por un momento.
- Y se piensa que el amor puede doler, que el amor puede confundir, pero el verdadero amor no hace nada de esto, son las otras emociones las que causan estas sensaciones, el egoísmo, el deseo, la envidia, la ira, la tristeza... todos estos sentimientos contaminan el pensamiento que tenemos sobre el amor. La realidad es que el amor es desinteresado, así como lo que ustedes hacen, luchan porque saben que lo que ocurre está mal, luchan sin esperar nada a cambio y lo hacen porque saben que si ignoran lo que ocurre nada mejorará, saben que en el transcurso de este camino alguna de las dos podría enfrentarse a la muerte y aún así han acordado seguir porque sus corazones han aprendido a amar de verdad, sin pensamientos egoístas pues se permiten seguir sus metas incondicionalmente sin dejar de amarse entre sí. - Hiroshi observaba a Korra mientras la joven luchaba por encontrar las palabras adecuadas para responder.
- En pocas palabras, entiendo que mi miedo por perder a Asami es natural pero egoísta, entiendo que el camino que sigue a tu lado está lleno de peligros, pero agradezco que haya encontrado a una persona con la fuerza, inteligencia y el corazón suficiente para ayudarla a crecer de la manera en que lo ha hecho... más que nada agradezco que haya encontrado a alguien capaz de amarla como tú lo haces. – Sonrió. - Y aunque la pelea que está por venir amenaza con ser desastrosa, sinceramente espero que nada malo le ocurra a ninguna de las dos, no hace falta que me otorguen un día o dos para pensar, confío en las dos y apoyaré cualquiera que sea el plan que tengan en mente, porque estoy seguro de que el tiempo que nos han otorgado es solo para nosotros y que ustedes ya se tienen algo entre manos. - Hiroshi concluyó sin borrar la sonrisa de su rostro.
Korra limpió la lágrima que le corrió por la mejilla antes de aventurarse a hablar. - Tenemos un par de ideas en mente. - Rió y se acercó a Hiroshi quien se puso de pie para recibir a la morena con un abrazo.
- Gracias por cuidar de ella.- Pausó brevemente. - No están solas, lo que ustedes hacen alcanza los corazones de las personas que las quieren y admiran, eso a la vez alcanza a los familiares y seres queridos de esas personas y así la cadena crece y se multiplica, el pueblo entero las apoya y al parecer los rebeldes que te siguen comparten el mismo sentimiento, todos estamos aquí y estamos juntos en esto Korra. - Aseguró Hiroshi.
- Gracias. - Murmuró Korra contra su pecho entruchándolo con fuerza.
- Es claro que ahora tú también eres parte de mi familia, así que pase lo que pase, nunca te olvides de cuidar de ti misma, hazlo por mí. - Sonrió Hiroshi y Korra le devolvió la misma sonrisa llena de un sentimiento cálido y satisfactorio.
- Lo haré. – Le aseguró con una pequeña risilla que Hiroshi reflejó, la sabiduría de aquel hombre y sus palabras le habían refrescado la mente a la morena, Hiroshi había dicho cosas que Korra no sabía que necesitaba escuchar y ahora que lo había hecho entendía que a pesar de que en su mente existieran dudas la gente que la seguía confiaba en las decisiones que tomaba, todos tenían el mismo objetivo y estaban seguros de que ella los llevaría a la meta, no estaban solas, así como Hiroshi, muchas personas las apoyaban incondicionalmente.
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Asami descansaba en el sofá cuando Korra entró a la habitación sosteniendo un plato lleno de fruta picada en su mano derecha.
- ¿No lograbas decidir que fruta picar? – Asami preguntó con tono juguetón y Korra sonrió negando con la cabeza.
- Traje durazno y mango. – Korra respondió tomando asiento enseguida de la pelinegra quién de inmediato buscó acurrucarse entre los brazos de la morena y recargó la cabeza contra su pecho.
- Tardaste demasiado. - Comentó con una mirada curiosa antes de llevarse un trozo de mango a la boca.
- Tuve una conversación con tu padre. - Explicó.
- Le gusta hablar contigo cuando no estoy yo. – Asami pensó en voz alta.
- Solo quiere cuidar de ti, es fácil entender sus motivos. – La morena sonrió apreciando el calor que el cuerpo de Asami irradiaba contra el suyo.
- ¿Te amenazó? - Preguntó preocupada.
- No. – Korra rió. - Por el contrario, fue muy dulce y amable. - Guardó silencio por un momento y Asami se apartó un poco para ver el rostro de la morena quién parecía haberse perdido en sus pensamientos.
- ¿Qué dijo? – Asami preguntó con entusiasmo y Korra bajó la mirada para encontrarse con aquellos hermosos ojos verdes que la observaban llenos de curiosidad.
- Dijo que somos familia. - Sonrió y Asami pareció sorprendida por aquellas palabras.
- Tiene miedo por el enfrentamiento con el Loto Rojo, pero dijo que confía en mí. – Korra agregó.
- Todos tenemos miedo. - Concordó Asami. - Ninguna guerra es buena. - Agregó y Korra asintió con la cabeza.
- Así que somos familia... – Asami volvió a romper el silencio capturando la atención de la morena quien sonrió de oreja a oreja.
- ¿Eso me vuelve un miembro de la familia Sato? - Pensó Korra y Asami rió.
- Korra Sato. - Dijo Asami entretenida y ambas se echaron a reír.
- No creo tener el porte necesario para ser un Sato, mi estilo no es el adecuado. – La morena meditó en voz alta.
- ¡Exageras! No tenemos ningún estilo. – Asami se quejó empujando a Korra suavemente con el codo.
- ¡¿De qué hablas?! Lo primero que pensé al verte fue que debías tener mucho poder para darte el lujo de combinar tu atuendo como lo hacías. – Korra confesó y Asami no tuvo más remedio que reír.
- Últimamente no hago eso. - Intentó contradecirla.
- Porque no estás en tu pueblo, pero cuando estás aquí destacas entre la multitud. - Peleo Korra.
- Eso es porque te gusto. - Defendió Asami con tono juguetón y Korra rió comenzando a forcejear con la pelinegra al intentar hacerle cosquillas.
- ¡Espera! Se caerá el plato. – Asami Advirtió y Korra cesópor un momento para usar su aire-control y detener la caída del objeto hasta posarlo suavemente sobre el piso.
- He salvado el día. - Dijo orgullosa y Asami sonrió.
- Dejando el apellido de lado, me gusta cómo suena la idea de ser una familia. – Dijo la ojiverde y Korra la observó con una pequeña sonrisa en los labios que inconscientemente se había apoderado de su rostro.
- Entonces que así sea, somos familia. - Aceptó.
- Bien, las familias no se esconden, así que no habrá que ocultarlo más. - Suspiró Asami cerrando los ojos.
- No lo ocultamos. – Korra argumentó.
- Con los rebeldes tal vez no, pero aquí son pocos los que saben. – Asami respondió.
- ¿Piensas decirles?
- Si. - Afirmó la ojiverde.
- ¿A todos? - Preguntó Korra arqueando la ceja con una sonrisa divertida.
- A todos... - Pausó. - En nuestro asentamiento solemos hacer una pequeña ceremonia en donde las parejas que quieren establecerse e iniciar una familia anuncian su unión frente a l resto del asentamiento - Explicó.
- Nunca presencié algo así. - Dijo Korra intentando recordar algún evento similar en el tiempo que duró viviendo en el asentamiento.
- Porque no es algo que ocurra con frecuencia, muchas parejas se enteran de que tienen a un hijo en camino antes de estar seguros de querer iniciar una familia. - Rió la ojiverde. - Así que se saltan el primer paso y van directo al evento en el que anuncian a su hijo, consecuentemente ya no es necesario anunciar que son pareja pues eso se da por hecho. - Se encogió de hombros y Korra sonrió asintiendo con la cabeza.
- A pesar de que las cosas se desarrollan de tal manera las parejas suelen funcionar, las familias son algo especial para la gente que no tiene nada así que rara vez se ve a familias separarse. - Habló Asami meditando sobre el comportamiento que había observado en las parejas del asentamiento.
- A excepción de la muerte o los rebeldes. - Agregó Korra y Asami asintió con la cabeza.
- Exacto. – Asami suspiró. - Aunque las incidencias con los rebeldes han disminuido notoriamente desde que el Avatar se volvió su líder.
- Afortunadamente. - Respondió Korra con una sonrisa.
- Así que tal como tú lo hiciste en el coliseo rebelde, pondré un letrero de "No tocar" en tu frente para toda la gente del pueblo. - Bromeo Asami y Korra rió.
- No hice eso. – Discutió.
- Sí lo hiciste. – Asami insistió y ambas se miraron a los ojos por un momento sin decir nada más.
- Asami... - Murmuró la morena con una mirada curiosa que no hizo más que pintar una sonrisa en el rostro de la ojiverde quién se limitó a alzar un poco su barbilla en señal de que la estaba escuchando. - Si alguna de las dos hubiera sido varón... ¿Crees que hubiéramos sido como las demás parejas del asentamiento? - Preguntó con una pequeña sonrisa esperando la reacción de la ojiverde quien de inmediato materializo la sorpresa en la expresión de su rostro.
- Oh por Rahva... - Pausó mientras sus mejillas se coloreaban de un tono rosado brillante. - No... No lo sé. – Dijo titubeante antes de mirar los brillantes ojos azules de la morena quién ahora reía entretenida.
- Espera. - Asami arrugó las cejas y le dirigió una mirada acusadora a la morena.
- ¿Qué? – Korra respondió acercándose a ella para tomar sus labios en un suave beso que Asami no dudó en corresponder.
- No es la primera vez que haces una sugestión así. - Reclamó al apartarse del beso, Korra se detuvo a pensar un momento intentando recordar lo que Asami decía.
- No recuerdo haber sugerido algo así antes. - Confesó encogiéndose de hombros.
- Sí, antes de que salieras conmigo o con Mako, mencioné algo sobre la necesidad de que el asentamiento tuviera más bebés y... - Korra se echó a reír y Asami sonrió. - ¿Lo recuerdas cierto? - Preguntó y Korra asintió con la cabeza.
- Ya recuerdo... pero incluso entonces tu reacción fue idéntica a la de hoy. - Pausó. - Supongo que tener bebés no es algo que esté dentro de tus planes. - Volvió a mirar aquellos hermosos ojos verdes que siempre parecían ayudarla a salir adelante cuando la vida comenzaba a poner a prueba su fuerza de voluntad.
- No... – Pausó brevemente para pensar bien sus palabras. - Hay tantas cosas que debo hacer... y no solo yo, tú también tienes muchas cosas pendientes y... - Suspiró manteniendo la frente arrugada mientras miraba el techo de su habitación al repasar mentalmente todo lo que estaba pasando y todo lo que les esperaba en los días que estaban por venir. - Nunca en mi vida me he detenido a pensar en tener familia. - Confesó al darse cuenta de tal verdad y Korra sonrió sin parecer sorprendida por sus palabras.
- Yo tampoco pero eso fue porque desde pequeña supe que mi vida estaría llena de complicaciones así que dejé eso de lado. - Rió. - En cambio tú... simplemente te dejaste llevar por quien eras y nunca pensaste al respecto. - Pausó acercándose a la ojiverde para apoyar su frente sobre la de ella.
- Pero soy feliz contigo Asami, desde chica pensé que estaría condenada a vagar este mundo en soledad y tú viniste a probarme lo contrario... - Se detuvo por un momento manteniendo sus ojos cerrados disfrutando el calor que emanaba del cuerpo de la pelinegra. - Tú padre tiene razón, no sé qué sería de mí si tú no hubieras estado en mi vida... Eres mi familia y aunque por el momento nos encontremos hasta el cuello de problemas y pendientes, si algún día se presenta la oportunidad espero poder disfrutar de mi tiempo contigo como lo harían las demás personas. - Sonrió. - Tal vez viviendo en una pequeña propiedad cuidando de nuestro jardín y pescando o criando gallinas e incluso cuidando a algún niño o niña, quien sabe, este mundo tiene a muchos huérfanos que necesitan de alguien que cuide de ellos... - Meditó por un momento. - Tal vez podamos cuidar de muchos de ellos. - Propuso con energía y Asami sonrió.
- Espera, espera. - Dijo la ojiverde. - He visto que a ti se te dan bien los niños pero yo no tengo tanta experiencia.
- ¿Me estás diciendo que eres capaz de enfrentarte a cualquier cosa pero no a un niño? – LA morena bromeo y Asami bufó.
- Es diferente. - Intentó defenderse y Korra rió.
- Bien, no hay porque pensar sobre nada de eso, aún tenemos muchas cosas que hacer antes de considerar algo así. - Dijo Korra calmando las inquietudes de la pelinegra.
- Tampoco quiero pensar sobre nuestros pendientes... - Suspiró la ojiverde. - Nos esperan días largos.
- Entonces no pienses en eso tampoco. -Resolvió Korra con una cálida sonrisa que extrañó a la ojiverde.
- Es extraño que seas tú quién mantenga la calma. - Señaló y Korra asintió con la cabeza liberando un profundo suspiro.
- Se avecinan tiempos difíciles, no sabemos cuándo o a qué hora pero vendrán y si dejo que la angustia me invada no podré disfrutar de estos momentos que tengo a tu lado... al menos aquí, en este momento quiero estar tranquila contigo. - Explicó y los ojos de Asami parecieron iluminarse.
- Tienes razón. - Asintió con la cabeza y con sus manos guió el rostro de la morena cerca del suyo para poder besarla.
Sus labios danzaban suavemente unos sobre los otros en perfecta sincronía, no hubo más palabras, en breves pausas las dos se miraban a los ojos ofreciendo pequeñas sonrisas antes de volver a besarse, no había ninguna prisa o preocupación, ahí solo estaban ellas, la noche se mantenía silenciosa y tranquila sirviendo de cuna para todos aquellos que dormían despreocupadamente en el pueblo, por el momento no había que pelear y tal como lo había dicho la joven Avatar, todos debían disfrutar de la calma antes de que la tormenta golpeara a sus puertas.
Una respiración suave comenzó a agitarse, una respiración agitada se mezcló con suspiros y entre aquellos suspiros se escuchaban suaves jadeos que la chica de ojos verdes no podía evitar liberar al ser incapaz de controlar la manera en que su cuerpo reaccionaba cuando notaba el deseo que la joven morena tenía por ella.
Las habilidosas manos de Korra habían comenzado a desabotonar la blusa de la ojiverde dejando al descubierto su piel para después ser explorada por aquellas ardientes caricias que parecían ir dejando un rastro de fuego a su paso en el cuerpo de la joven Sato quién se estremeció con anticipación al sentir la cercanía de los dedos de Korra a la orilla de su sujetador.
- Korra... - Suspiró contra sus labios atreviéndose a abrir los ojos sabiendo que se encontraría con aquella furtiva mirada que siempre aparecía en el rostro de su amada cuando la aprisionaba de esa manera entre sus brazos, era una mirada imposible de ignorar, una mirada posesiva y salvaje, aquellos hermosos orbes azules la contemplaban como si se tratara del más valioso tesoro del mundo, uno que jamás entregaría a nadie y que cuidaría por el resto de su vida, era por eso que aquella mirada egoísta lograba encantar a la joven pelinegra pues la hacía sentirse parte de aquella hermosa chica que tanto amaba.
- Eres hermosa. - Afirmó la morena y Asami respondió entregándole sus labios.
- Te amo. – Pronunció sin esfuerzo logrando robar una pequeña y cautivadora sonrisa de los labios de la joven Avatar quién sin poder contener más la tentación que suponía el cuerpo de Asami, retiró el sujetador para poder acariciar sus suaves y delicados pechos.
Korra permanecía sentada en el sillón y sus piernas le servían de almohada a Asami quién se encontraba recostada a lo largo del mismo mueble, la blusa de Asami completamente abierta mostraba la desnudez de su torso, su pantalón desabrochado le había permitido el acceso a una de las manos de la morena quien se había abierto paso por debajo de la prenda para poder acariciar la intimidad de la ojiverde quién con gran esfuerzo ahogaba pequeños gemidos contra los labios de su amante al sentía cómo sus dedos exploraban sin pena alguna el espacio entre sus piernas.
- Korra... - Suspiró y mordió el labio inferior de la morena sin aplicar mucha presión como consecuencia de sentir uno de sus dedos penetrando en su cuerpo.
- Si levantas mucho la voz nos escuchará tu padre. – Korra murmuró con tono juguetón ganándose un pequeño empujón por parte de la pelinegra.
- Ya lo sé. - Sonrió Asami apartando la mano de Korra de su cuerpo para poder ponerse de pie y caminar hacia la cama sin decir nada sabiendo bien que Korra la seguiría de cerca.
- Apaga la lámpara. – Asami ordenó y la morena obedeció lanzando una pequeña ráfaga de viento hacia el artefacto para ahogar la flama que hasta el momento había iluminado la habitación.
Recostada sobre la cama Asami recibió a Korra con los brazos abiertos, la morena no dudó en comenzar a deshacerse de las prendas que aún cubrían el cuerpo de su novia, una a una las fue deslizando hasta descubrir por completo aquella hermosa piel de color blanco y de textura suave.
Atrevidas y posesivas caricias llenaban de placer el cuerpo de la ojiverde, suaves gemidos y profundos jadeos escapaban de sus labios mientras sus manos se enredaban en el cabello de la morena quien se deleitaba saboreando sus rosados pechos sin dejar de explorar el especio entre sus piernas, Korra siempre lograba apagar la mente de Asami, la manera en que poseía su cuerpo no le brindaba oportunidad alguna para pensar, lo único que ocupaba su mente era la presencia de su amada ojiazul y las sensaciones que sus caricias le provocaban.
Korra había evolucionado notoriamente desde la primera vez que habían compartido su intimidad, la timidez que demostró aquella primera noche había desaparecido por completo y en su lugar había ganado confianza y seguridad en lo que hacía, ahora sus encuentros se caracterizaban por un claro dominio de la morena quién al ser más fuerte físicamente era capaz de manipular con facilidad el cuerpo de la ojiverde, ahora era más fácil detectar esa impulsividad y ese espíritu indomable que los maestros del Loto Blanco habían batallado para apaciguar, la verdadera esencia de Korra, una joven inquieta, incapaz de apegarse a las reglas e incapaz de contener sus impulsos, cualidades de la temida y respetada Guerrera del Sur, cualidades que afloraban cuando las dos llegaban a intimar y que acorralaban a la pelinegra entre su incapacidad de resistirse a los encantos de la morena y su propio deseo de sentirse cerca de ella.
Korra sabía seducir a Asami con suaves y tentadores besos y caricias hasta guiarla a adoptar ciertas posiciones o a permitirle tocarla de una u otra manera, siempre obteniendo lo que deseaba sin dejar de satisfacer a su amada quien al igual que ella había aprendido a sacar lo mejor de aquellas interacciones al saber cómo provocar más el deseo de su pareja jadeando cerca de su oreja, mordiéndola, acariciándola o guiando sus manos por su cuerpo.
Gemidos y el rechinar de la cama, gemidos y placer, gemidos y sabía que le pertenecía solo a ella pues solo a ella le entregaría su cuerpo de tal manera, en su cabeza no existía la posibilidad de alguien más, aquellos brazos serían los únicos que la sostendrían en un abrazo totalmente expuesto donde el sudor de sus cuerpos se mezclaba, un abrazo en donde permitiría que su piel fuera recorrida en toda su extensión por suaves y traviesos labios, labios que a la vez eran solo suyos y que para siempre se negaría a ceder.
- Te amo. – Korra le murmuraba al oído haciéndola estremecer, no podía más, fuertes hondas placenteras hicieron que la espalda de Asami se arqueara.
- Korra... - Gimió en un intento por hacerla detener el movimiento de los dedos que había adentrado en ella pero las palabras no salieron de sus labios, sus movimientos eran torpes y débiles así que se acercó a ella y mordió su hombro con un poco de fuerza intentando ahogar sus gemidos.
- Agh... - Gruñó la morena sintiendo la mordida. - No tienes idea de lo mucho que me gusta escucharte así. - Le murmuró al oído y Asami al fin logró apartar aquella mano del medio de sus piernas.
- No en esta casa. - Jadeo intentando recuperar el aliento, sus miradas se encontraron y las dos guardaron silencio por un minuto, como un imán Asami se acercó a la morena y comenzó a saborear sus labios con movimientos suaves y pausados hasta volver a terminar recostadas una sobre la otra, esta vez Asami se encontraba arriba de la morena meciendo su cuerpo contra el de ella mientras Korra guiaba sus movimientos aferrándose a sus caderas con fuerza para aumentar la fricción que había entre sus piernas.
Korra gimió al sentirse al límite de lo que podía tolerar, Asami continuaba frotando su cuerpo contra el suyo impregnándola con su calor y humedad, el simple pensamiento de aquello bastaba para que la joven ojiazul perdiera el control, amaba y deseaba tanto a Asami que sin importar cuantas veces tuviera el privilegio de poseer su cuerpo, siempre llegaba a un punto en el que pensaba en lo afortunada que era al haber sido elegida por ella para compartir aquellos íntimos momentos, admiraba a Asami, admiraba su determinación, su inteligencia, su elegancia y su fortaleza, aquella chica era única y aún había veces en las que le parecía difícil creer que ambas compartían una relación romántica ya que no se sentía merecedora de aquella hermosa mujer pues sabía que Asami era capaz de cautivar a cualquier persona que ella deseara.
- ¡Ah! ... – Sus manos se aferraron con fuerza a la espalda de Asami y su cuerpo se estremeció, LA ojiverde sonrió victoriosa al sentir el vulnerable estado de la morena.
- ¿Te gustó? - Preguntó con tono juguetón y Korra sonrió acercándose para llenarle el rostro de suaves besos que le robaron una suave risilla a la ojiverde.
- Cualquier cosa que tenga que ver contigo me encanta. - Admitió y Asami sonrió.
- ¿Incluso las peleas en el coliseo? - Preguntó alzando una ceja haciendo que la morena cerrara los ojos con una mueca que delataba su desagrado.
- No, cualquier cosa que no tenga que ver con alguien haciéndote daño. - Aclaró Korra y Asami rió suavemente.
- La Guerrera del Sur tiene miedo. – Bromeo la de ojos verdes con tono burlón.
- Si... – Korra sonrió cálidamente mirando los ojos de la chica que se encontraba sobre ella extendiendo una de sus manos para acomodar el ondulado cabello negro de Asami detrás de su oreja. - Tiene terror a perderte. - Agregó, el silencio se hizo presente mientras Asami besaba a Korra de forma lenta y profunda.
- Todo está bien amor. - Aseguró la ojiverde en un murmuro.
- Lo sé. - Sonrió Korra y la envolvió entre sus brazos. - Estas aquí... conmigo, en tu habitación. - Suspiró.
- Durmiendo contigo, escuchando el latir de tu corazón... - Habló Asami en voz baja dejándose acurrucar en aquel cálido abrazo bajo las sábanas.
- Descansa hermosa. - Sonrió la morena dejándose llevar por el silencio de la noche y el agradable aroma de Asami.
- Buenas noches. - Respondió Asami en un suspiro.
Se sentía bien poder disfrutar de momentos así, en los que no debían pensar en nadie más que ellas mismas, el tiempo les había ayudado a aprender a disfrutar de aquellos pequeños lapsos de calma pues en la vida del Avatar los problemas siempre estaban presentes y no había manera de evitarlos.
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Al siguiente día por la tarde, Korra se encontraba sentada en la plaza observando la coraza de roca que envolvía el cuerpo de su fallecido amigo y maestro, sabía que pensar sobre su muerte no le traía ningún beneficio pero le resultaba casi imposible borrar de su mente el momento en que el filo de la daga de P'li le atravesaba la carne.
- He de admirar lo lejos que has llegado mocosa. - Escuchó la voz de su maestra quien se aproximó lentamente por detrás suyo, la morena no tuvo los ánimos de dirigirle la mirada, se sentía traicionada, el Loto Blanco le había ocultado información importante que tal vez hubiera podido ayudar a salvar a Bumi.
- Esos hombres y mujeres rebeldes tienen una personalidad dura e inquebrantable... todos en el pueblo hablan de lo intimidantes que son. - Pausó y suspiró al notar como los ojos de la joven Avatar permanecían fijos sobre el ataúd de Bumi.
- Nunca pensé que el Avatar pudiera lograr algo como lo que tú has hecho... llegar a comandar a los rebeldes. - Rió con ironía. - Sin duda es algo que solo tú y ese carácter tan explosivo podrían haber logrado. - Intentó bromear pero no obtuvo respuesta, Korra continuaba mirando hacia el frente con una expresión difícil de leer, parecía tranquila pero al mismo tiempo un tanto molesta, su silencio bastó para que la maestra de ojos nublados notara que algo no andaba bien.
- Podré estar ciega pero no soy idiota, sé que estás ahí, lo menos que podrías hacer es hacer algún sonido para hacerme saber que escuchas. - Reclamó pero el silencio de la morena perduró mientras ella meditaba intentando organizar sus ideas en un intento por evitar explotar y descargar toda su ira sobre su maestra por la culpa que compartía toda la organización del Loto Blanco.
- Pensé que ya habíamos superado esta etapa de tu vida Korra, la terquedad y tus berrinches se los puedes dejar a un adolescente. - Bufó la anciana con su voz ronca.
- ¿Cómo es que te puedes mover por las calles sin necesidad de un guía? - Habló con voz seria ignorando por completo los reclamos que se le eran hechos.
- Ya habíamos hablado sobre esto. - Suspiró Toph y Korra negó con la cabeza.
- En casa batallabas para moverte cuando caminabas sobre el hielo pero cuando caminabas sobre tierra firme tu seguridad aumentaba... - Murmuró pareciendo hablar más para sí misma que para su oyente.
- ¿Te parece difícil de creer? El hielo es resbaladizo y la tierra no. - Explicó haciendo una mueca que denotaba lo estúpida que había sido aquella pregunta.
- Si, no sé cómo no lo pensé antes... tú misma me diste las lecciones sobre los maestro tierra, me explicaste todo a lujo de detalle, incluso el metal control, todo... todo lo hablabas como si se tratara de una experiencia personal. - Continuó balbuceando sin tomar en cuenta las reacciones de su maestra.
- ¿Qué estás insinuando? - Toph preguntó con preocupación.
- Lo que no logro entender es el motivo que tendrían para ocultarle tal cosa al Avatar... simplemente no tiene sentido. - Al fin sus ojos alcanzaron los irises nublados de su maestra quién en su rostro reflejaba la profunda angustia que comenzaba a invadirla.
- Yo no... No sé... – Balbuceo.
- Basta, recuerda que puedo detectar bien las mentiras. - Advirtió Korra interrumpiendo su respuesta forzando a Toph a guardar silencio.
- Hazte a un lado. - Ordenó la anciana a Korra para poder sentarse sobre el mismo banco que ella, Korra obedeció y Toph tomó asiento, ninguna dijo nada más, las dos permanecían ahí en silencio mientras la gente iba y venía de un lado a otro siguiendo sus rutinas laborales o disfrutando de su tiempo libre.
- El Loto Rojo tiene maestros elementales entre sus filas. - Comentó la morena logrando tomar a Toph por sorpresa, su maestra no había asistido a la junta que ella y Asami habían dado por lo cual no había escuchado aquella aterradora noticia.
- ¿El Loto Rojo? - Preguntó preocupada.
- Los líderes del movimiento rebelde, no creo que no sepas quienes son. - La voz de Korra reveló un tono poco amigable, la joven se encontraba molesta, no entendía el motivo que sus tutores habían tenido para mentirle durante todos esos años y no estaba dispuesta a tratar con más mentiras.
- Claro que sé quiénes son, lo que no entiendo es que tú sepas de ellos... - Se detuvo a pensar y Korra bufó.
- ¿Por qué? ¿También planeaban ocultarme la existencia del Loto Rojo? Otra cosa más a la lista de motivos por los cuales desconfiar de mis "más grandes aliados" - Renegó.
- No, escucha Korra... el Loto Rojo no debería de existir, el Loto Blanco se enfrentó a ellos hace un par de generaciones atrás y logramos eliminarlos. - Explicó mientras Korra analizaba sus reacciones físicas para corroborar si lo que decía era verdad.
- No, están bien, están vivos... ellos mataron a Bumi. - Decretó volviendo a detener a Toph en una pausa silenciosa mientras procesaba la información que se le había dado.
- Todo este tiempo pensamos que los movimientos rebeldes y el Loto Rojo trabajaban por separado ya que no había manera de que los Rebeldes adoptaran al Loto Rojo por ser los fieles seguidores del Avatar Obscuro. – La mayor habló intentando entender la manera en que todo se había desarrollado para llegar a la situación en la que estaban ahora.
- Al parecer se aprovecharon de la falta de información que hay en el mundo y engañaron a los rebeldes para volverlos sus aliados. - Korra arrugó las cejas recordando los detalles del texto que los espíritus le habían hecho conseguir.
- Por eso los rebeldes lograban cazar al Loto Blanco con tanta efectividad. - Bufó Toph. - Tenemos que reportar esto Korra... - Sugirió pero la ojiazul aún no había terminado de hablar con ella.
- No, primero quiero que me expliques la existencia de los maestros elementales en el Loto Blanco. - Demandó sin dejar lugar a ningún tipo de objeción.
- ¿Qué quieres que te diga? Las reglas ya estaban ahí cuando yo entré al Loto Blanco. - Renegó la anciana mostrándose incómoda con el tema.
- Dime ¿Qué reglas? Eso es lo que quiero que me ayuden a entender ¿Por qué mantenerlo en secreto? - Reclamó.
- Para proteger al Avatar. - Suspiró Toph.
- No entiendo. - Dijo la morena demandando una mejor explicación.
- El mundo se encuentra desconectado, las noticias no viajan rápido, nosotros desviamos la atención de los rebeldes para mantener al Avatar seguro, hacemos cosas que solo un maestro elemental podría hacer para que la gente comience a correr la voz y así logramos dividir la atención de todos. - Murmuró Toph con pesar. - El Avatar nunca aceptaría que otras personas sacrificaran sus vidas para protegerlo... pero el Loto Blanco no encontró otra salida, si no lo hacía de esa manera el Loto Rojo y los grupos rebeldes llegaban al Avatar y lo asesinaban antes de que nadie pudiera hacer algo y cuando eso pasa el mundo retrocede porque el Avatar no está ahí para darle esperanza a los que aún quieren creer en el progreso de la humanidad. - Concluyó.
- Entonces ustedes se sacrifican por el Avatar... - Repitió Korra volviendo a perderse en sus pensamientos por un momento permitiendo que el silencio asentara la conversación.
-¿No sería mejor que los maestros elementales del Loto Blanco ayuden a limpiar el mundo? - Preguntó al instante en que la idea le vino a la mente.
- ¿A caso me estás llamando perezosa? - Toph sonrió de lado. - Lo hacemos... yo solía hacerlo, ahora estoy muy vieja para eso pero durante mi juventud ayudé a limpiar muchas ciudades abandonadas, el problema es que no hay lugares en dónde desintegrar la basura así que los maestro tierra solemos comprimirla y volverla enormes bloques de roca que luego implementamos para elaborar refugios o murallas... los maestro agua limpian ríos y lagos, los maestro aire nos ayudan a entrar a lugares donde el aire está contaminado y los maestro fuego... ellos son los que suelen sacrificarse al distraer a las personas que quieren destruir al Avatar. - Explicó y Korra volvió a guardar silencio.
- Entonces las fortalezas y los refugios que están en el medio de desiertos impenetrables... - Inició Korra y Toph asintió con la cabeza.
- Algunos son hechos por el Avatar mismo, otros los hacemos nosotros, podemos limpiar la tierra pero no revivirla, hay fortalezas que se encuentran limpias y serían perfectas para que la gente las habitara pero se encuentran en el medio de la nada, sin ninguna fuente de comida y agua que las personas puedan usar para sobrevivir en aquellos lugares. – Explicó su maestra.
Korra continuó observando a Bumi mientras su mente permanecía en blanco, había muchas cosas que desconocía, su mundo se encontraba incomunicado, existían personas de las cuales nunca había escuchado en lugares que no conocía, a pesar de ser el Avatar y a pesar de sus viajes habían muchas cosas que desconocía y aquello podía ser tanto bueno como malo dependiendo de la perspectiva que tomara.
- Entiendo. - Respondió luego de un par de minutos, quería disolver su enojo, no podía culpar al Loto Blanco por intentar hacer algo bueno pero tampoco podía volver a confiar en ellos como lo había hecho antes. Bumi había sido un miembro del Loto Blanco y había decidido dar su vida por protegerla, era evidente que Korra se negaría a aceptar la ayuda del Loto Blanco al saber que más personas hacían lo mismo por ella y estaba segura de que todas sus vidas pasadas también se opondrían a eso lo cual hacía que la decisión del Loto Blanco no sonara del todo descabellada.
- ¿Bumi sabía sobre el Loto Rojo y los maestros elementales? - Miró a su maestra quién negó con la cabeza.
- Ninguno de nosotros sabe del Loto Rojo... y no todos los miembros del Loto Blanco saben de la existencia de los maestros elementales, solo una pequeña división de la organización sabe al respecto, esa fue la única manera en que pudimos mantener esto como un secreto que el Avatar no sospechara. - Toph apretó los puños al pensar en la amenaza a la que estaban por enfrentarse.
- Creo que vamos a ocupar la ayuda del Loto Blanco, necesitamos a sus maestros. - Korra se puso de pie y suspiró cerrando los ojos sintiendo como el viendo acariciaba su rostro.
- No somos muchos y la mayoría se encuentra en diferentes partes del mundo, no será fácil comunicarnos con ellos. - Respondió la maestra con evidente preocupación.
- No tienen que ser todos, cualquiera que pueda acudir nos sería de gran ayuda. - Aseguró la morena y Toph asintió con la cabeza.
- Entonces le pediré a Kya que avise al Loto Blanco, deberá ir a la isla Kyoshi, le tomará unos cuantos días. - Advirtió y Korra asintió.
- Aprecio su ayuda. - Concluyó comenzando a caminar hacia el edificio de gobierno donde se encontraba Asami.
- Korra. - La llamó Toph antes de que se alejara demasiado, la morena se detuvo mirando a Toph por el rabillo del ojo.
- Lo siento. - Las palabras de su maestra se mostraron sinceras, había algo en su voz, remordimiento y dolor, algo que las hizo adoptar un tono suave y vulnerable que era imposible fingir, un tono que nunca había escuchado en aquella mujer cuyo carácter se distinguía por su rudeza y falta de tacto.
- No es tu culpa Toph, entiendo los motivos que tuvo Loto Blanco y agradezco que hayas sido sincera conmigo. - Sonrió comprendiendo que ninguno de sus maestros o amigos en la organización del Loto Blanco habían querido engañarla, todo lo que habían hecho había sido para protegerla.
Así pudo continuar su camino sintiéndose más tranquila sabiendo que sus aliados no eran solo eso, sus aliados eran amigos, eran familia y al igual que en las familias no todo era perfecto pero todo se hacía con la intención de cuidarse entre sí, sus padres habían actuado de la misma manera al no hablarle sobre Unalaq y ella había hecho lo mismo al marcharse del pueblo con la intención de dejar a Asami atrás en la seguridad de sus territorios, era algo que no podía evitarse, el instinto de proteger algo o a alguien valioso, la mentira que nadie dudaría en usar con tal de proteger a sus seres queridos, no encontraba culpa en ello, no podía castigar al Loto Blanco por tener como principal prioridad la seguridad del Avatar, y así decidió dejarlo pasar para poder concentrarse en lo que era importante, la guerra que posiblemente volvería a marcar el futuro del mundo.
Nota de Autor:
Adivinen quien no se preparo para algunos contratiempos y no pudo publicar el Lunes?
Exacto... evidentemente no fui yo... Jajaja.
Espero hayan disfrutado de este capi.
Nos leemos pronto (:
