Los dos días que les habían otorgado a los líderes para pensar en la guerra se habían terminado, era la una de la tarde, Korra y Asami se preparaban para dar inicio a la junta en la cual decidirían el curso de acción que tomarían para defender al pueblo del ataque del Loto Rojo.
Las dos ya contaban con el plan que habían elaborado con ayuda de de sus hombres mientras navegaban de regreso a tierras seguras, el Loto Rojo buscaría y perseguiría al Avatar y gracias a la información que habían logrado obtener sobre la ella iniciarían su búsqueda en dos lugares principales, en el pueblo de Asami y en Ba Sing Se. Estos lugares eran las principales zonas de peligro pues el Loto Rojo las atacaría aún si el Avatar no se encontraba ahí, esto con el fin de eliminar a los seguidores del maestro de los cuatro elementos así que escapar no era una alternativa, Korra debería quedarse a defender a su gente.
Uno a uno los líderes comenzaron a entrar en la sala y a tomar sus lugares alrededor de la mesa de juntas, ocho personas llenaban la sala incluyendo a Korra y Asami, todos mantenían un rostro serio y un tanto preocupado, Korra sabía bien que el más grande motivo de aquel temor era el mismo temor que había terminado de hundir a la humanidad, el temor que el Avatar obscuro había sembrado entre la gente, el temor a la habilidad de manipular los elementos, el Loto Rojo tenía a maestros elementales entre sus filas y los usaría para atacar a sus enemigos, no podía haber algo más aterrador que eso para una humanidad que solo guardaba malos recuerdos acerca de los maestros elementales.
- Estamos todos. - Habló Asami con voz serena, en su rostro se apreciaba una pequeña sonrisa mientras sus ojos evaluaban el estado de ánimo de sus compañeros.
- Así parece. - Respondió Hiroshi con una cálida sonrisa que le dirigió a su hija.
- Bien, tenemos tres puntos que tratar, ataque, defensa y la protección de los más vulnerables. - Suspiró. - No hay alternativas, no podemos abandonar el pueblo y si no atacamos tarde o temprano nuestras defensas caerán y nos eliminarán, la confrontación es inevitable. - Aclaró y todos asintieron con la cabeza.
- Podemos usar las bombas eléctricas para detenerlos, no tenemos porque permitir que se acerquen. - Opinó la jefa Beifong.
- Los maestros tierra pueden atacar a distancia, pueden comenzar a lanzar proyectiles desde lejos. - Respondió Korra.
- Al igual que se puede observar en los escombros de Ciudad República, trozos enormes de roca y edificios pueden ser arrojados a metros de distancia, debemos asumir que el pueblo recibirá daño y por eso opinamos que el refugio para las personas que no sean capaces de luchar deberá ser construido bajo tierra. - Habló Asami y todos concordaron.
- El refugio también deberá ser construido fuera del pueblo, opinamos que el mejor lugar sería en las montañas, así no existe el peligro de que algún maestro tierra los encuentre, la evacuación puede ser realizada a través de un túnel que lleve a todos directamente del pueblo al refugio. - Añadió Korra y mientras todos la observaban con seriedad Hiroshi sonreía al confirmar lo que ya sabía, sus chicas habían pensado en todo.
- Solo hay una cosa. - Habló el señor Sato con cierto pesar. - Las personas en ese refugio serán jóvenes, niños y ancianos indefensos, en caso de que alguien logre alcanzarlos deberán tener una manera de defenderse. - Inició llamando la atención de los presentes.
- Pueden estar equipados con artefactos neutralizadores. - Propuso Lin pero Hiroshi negó con la cabeza.
- Hay que asumir que si el enemigo llega a ellos será porque nosotros ya habremos sido derrotados, de ser así no bastará con neutralizar al enemigo. – Explicó Hiroshi.
- ¿Qué propones? - Preguntó Asami.
- Armas de fuego. - Respondió sin titubear y todos lo miraron sorprendidos pues aquellas armas se encontraban estrictamente prohibidas en el pueblo.
- Entiendo que nuestras leyes atesoran la vida pero al encontrarnos bajo ataque no nos queda alternativa, si ellos resultan vencedores nuestras costumbres morirán con nosotros y de nada habrá servido todo el esfuerzo que pusimos para llegar hasta donde estamos. – Hiroshi defendió su punto de vista con tono serio.
- Suena razonable, incluso para debilitar a las fuerzas del enemigo, puedo recrear una ametralladora estacionaria y con ayuda de ustedes podemos fabricar balas de buen calibre. - Agregó Varrick pero Korra negó con la cabeza.
- Si los matamos a sangre fría no seremos mejores que ellos y las guerras se repetirían en un ciclo de venganza interminable. – La morena pensó en voz alta.
- Tú misma has dicho que ellos también tienen armas, armas de fuego con balas de platino, yo mismo las vi en el grupo de Amon y él no tenía ni la mitad de del poder que tiene esa tal "P'li" - Pausó. - Pienso que tal como Hiroshi dice, nuestros pobladores más frágiles deberán tener armas para defenderse pero el resto de nosotros tampoco tenemos porque arriesgarnos, si el enemigo tiene a maestros elementales y armas de fuego entre sus filas nosotros no tenemos oportunidad de ganar, o al menos no la tendremos si salimos al campo a pelear con nada más que buenas intenciones. – Argumentó arqueando una de sus cejas.
- No quiero enseñar a los niños a disparar un arma. - Comentó Tenzin con cierto nivel de indignación.
- No tienen que ser los niños, habrá jóvenes menores de diez y seis años, también ancianos, ellos pueden defender a los pequeños. - Respondió Hiroshi comprendiendo la preocupación del Avatar, Asami y Tenzin.
- ¿Y qué tal si no hacemos un baño de sangre? - Inició Lin. - Podemos instalar las ametralladoras estacionarias en las torres de seguridad que tenemos en nuestras murallas, tendríamos a un par de hombres operando las ametralladoras y cuidando al enemigo, en caso de que la artillería del enemigo sea demasiado pesada ellos deberán abrir fuego. - Propuso y Varrick celebró.
- ¡Brillante! Por eso eres la jefa de seguridad, no esperaba menos de ti. - Intentó darle un abrazo pero Lin lo empujó hacia atrás devolviéndolo a su lugar.
- Lo siento hija pero tener un plan de contingencia no está demás, todo lo estamos viendo desde la perspectiva de un "no maestro" - Dijo Hiroshi, Asami asintió con la cabeza entendiendo a lo que su padre se refería.
- Lo sé. - Suspiró. - Pero Korra también tiene razón, si decidimos hacer un baño de sangre solo abriremos un ciclo de venganza que resultará en más guerras y la violencia no será lo único que nos atormente, los espíritus odian la naturaleza destructiva de los humanos, si continuamos por esa ruta los espíritus nos volverán a abandonar y la tierra continuará siendo estéril. - Intentó razonar con la junta.
- ¿Cuál era el plan que ustedes tenían en mente? - Preguntó Zhu Li manteniendo una mirada analítica.
- Plantear una alianza con los rebeldes para darles más fuerza en el frente y pedirle ayuda a los espíritus para ganar más maestros elementales que nos puedan ayudar. - Respondió Korra.
- La alianza con tus hombres rebeldes suena tentadora, esas paredes humanas que trajiste contigo son... dignas de admirarse, su mirada basta para alejar a cualquiera. - Varrick rió y Korra suspiró negando con la cabeza.
- El Loto Rojo también tiene a peleadores fuertes. - Aclaró para no elevar demasiado las expectativas de los presentes. - Lo que queremos hacer es entrenarlos a ellos y a la gente del pueblo a dominar la técnica de los bloqueadores de Chi, los maestros elementales pierden el uso de sus poderes junto al movimiento de sus extremidades cuando esas técnicas son usadas en ellos.
- Pero para hacer uso de esas técnicas tendríamos que acercarnos a los guerreros del Loto Rojo y al hacer eso nos arriesgamos a ser golpeados por sus poderes. - Objetó Varrick.
- Yo he peleado contra el Avatar y otros maestros elementales, si te mueves con agilidad no te resultará difícil encontrar aperturas en sus guardias, los ataques a los nervios son rápidos, en un segundo puedes deshabilitar sus brazos y cuando cae un brazo el siguiente es más fácil que el anterior y cuando los brazos se encuentran fuera la defensa está casi rota, el resto del cuerpo es fácil de acceder y derribar. - Explicó Asami, Korra asintió con una pequeña sonrisa recordando las increíbles habilidades que Asami poseía al pelear... debía admitir que aquella era una de las tantas cualidades que amaba de ella.
- Pero no sabemos el tiempo que tenemos para elaborar esa defensa ¿Qué tal si atacan mañana? Las armas son más veloces. – Varrick presionó.
- Podemos comenzar a producir las armas y también podemos comenzar a entrenar a todos aquellos que puedan participar en la pelea, una cosa no tiene porque interferir con la otra. - Intervino la joven ojiverde.
- ¿Y qué hay del trato con los espíritus? - Preguntó Lin.
- Si, precisamente de eso quería hablarles, mañana por la mañana partiré al mundo espiritual y veré si los espíritus consienten el otorgarle poderes a más personas para la defensa de nuestro pueblo, si es así volveré y erigiremos a las personas que deberán comenzar su entrenamiento en el mundo espiritual. – Asami respondió sin dudar.
- Y tal como dice Varrick, no tenemos mucho tiempo así que tras establecer el trato con los espíritus Asami y yo volveremos a Ba Sing Se para establecer la alianza y preparar a los rebeldes contra un posible ataque. - Añadió Korra.
- ¿Y si atacan mientras ustedes no están? - Preguntó Tenzin.
- Ya le he pedido ayuda al Loto Blanco, ellos enviarán apoyo, maestros elementales experimentados que les ayudarán a defender el pueblo. - Respondió la morena.
- Korra y Toph se encargarán de la construcción del refugio, Varrick, Zhu Li, Mako y Bolin deberán encargarse de las armas, Lin iniciará los entrenamientos, Tenzin y mi padre deberán impartir cursos para la evacuación ¿Les parece bien? Yo elaboraré un plan de ataque y defensa que sea apropiado para los recursos que tenemos y el terreno que nos rodea. – Asami comenzó a cerrar la junta.
- Un momento. – Intervino Tarrloq quien hasta el momento se había limitado a escuchar. – Estamos hablando de una guerra, habrá heridos y personas que necesiten de atención médica, si la gente está por enterarse de la existencia de maestros elementales y los espíritus pueden concedernos el privilegio de tener a mas maestros de nuestro lado, sugiero que tomen en cuenta añadir a maestros agua a los que les podamos enseñar a usar sus poderes para sanar a la gente, entiendo que no habrá mucho tiempo para entrenarlos en el arte de la pelea así que deberá haber gente que sea seleccionada exclusivamente para funcionar como curanderos. – Concluyó mirando a Asami en espera de una respuesta.
- Por supuesto. – Ella asintió con la cabeza. - ¿La clínica cuenta con suficientes enfermeros? – Le preguntó, Tarrloq guardó silencio por un momento y se encogió de hombros.
– No faltan, para la cantidad de gente que solemos atender al día, no son muchos, tal vez contamos con cincuenta personas de las cuales solo tres podemos hacernos llamar médicos mientras el resto son enfermeros, saben atender heridas y suturarlas cuando no es demasiado serio pero si se trata de algo grave solo Jinora, Kai y yo podemos intervenir. – Respondió.
- Korra ¿Crees que sus conocimientos médicos sirvan al momento de aprender a curar gente con el elemento del agua? – Preguntó Asami, Korra miró a Tarrloq y asintió con la cabeza.
- Tarrloq pareció aprender más rápido de lo que yo lo hice así que creo que si los quieren enseñar a sanar con el poder del agua serviría que ya supieran un poco sobre medicina. – Afirmó.
- ¿Qué tal la mitad? Veinticinco aprendices del elemento del agua dedicados exclusivamente a la curación, los otro veinticinco deberán ayudar a más personas a aprender sobre cosas básicas de la atención que se le debe dar a una persona herida. – Asami propuso lo que a Tarrloq no le pareció mal.
- Bien, que así sea. – Accedió él.
- Perfecto. – Hiroshi asintió con la cabeza y el resto de los líderes lo siguieron imitando el mismo gesto silencioso.
- Manos a la obra. - Concluyó Varrick poniéndose de pie.
- Esperen. - Pidió Asami desde su lugar. – Quiero ofrecer un evento para el pueblo esta noche, algo parecido a una fiesta para ayudar suavizar la noticia de la guerra, así podemos informarles de las acciones que deberán realizar y al mismo tiempo les agradeceremos por su apoyo. - Sonrió y el primero en mostrarse de acuerdo con aquella propuesta fue Varrick.
- ¡Bebida, comida y música a la orden! – El moreno celebró.
- Eso me corresponde a mí. - Renegó Tenzin.
- No te lo tomes personal amigo pero hacer fiestas no es lo tuyo. - Bromeo Lin y al fin todos pudieron compartir una pequeña carcajada que rompió con la tensión que hasta entonces había predominado en la sala.
- Gracias a todos por su apoyo, los espero en la celebración de esta noche. - Concluyó Asami y todos sonrieron.
- Gracias a ustedes. - Respondió Hiroshi antes de abrir la puerta dando pie a que los presentes comenzaran a abandonar la reunión.
La junta había sido breve, menos de una hora había bastado para asentar el plan que seguirían para proteger al pueblo, tal vez porque esta vez todos se encontraban preparados para tratar la situación que tenían entre manos y no permitieron que el temor se apoderara de su razón, de cualquier manera las ideas habían sido más fluidas, claras y ordenadas permitiendo que los acuerdos y planes se alcanzaran con más facilidad.
En el pueblo la noticia de la fiesta no tardó en esparcirse por cada rincón, ante el aviso de la celebración varias personas se reunieron en la plaza central para ayudar a organizar el evento.
- Vamos, ustedes se ven fuertes, incluso las damas... creo que podrán ayudarnos a mover sillas y mesas. - Le propuso Bolin al grupo de rebeldes con una pequeña sonrisa nerviosa al no saber que reacción esperar de ellos, los rebeldes se miraron entre sí con rostros divertidos al notar el nerviosismo en aquel valiente chico que se había atrevido a dirigido la palabra para pedirles ayuda.
- Me agradas chico, solo dinos de dónde sacar las cosas y en dónde ponerlas. - Habló La Roca, el delegado de Korra para mantener a los rebeldes en orden.
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- Oh valla... los incluyeron en las actividades de esta noche. – Korra sonrió observando a Bolin y a los Rebeldes a distancia.
- Bolin es un chico único. - Rió Asami. - Tiene un corazón puro. - Añadió.
- Tal vez, o tal vez demasiado inocente... o valiente. - Agregó Korra encogiéndose de hombros.
- Tus rebeldes solo son hombres y mujeres con cuerpos fuertes y miradas aterradoras... pero tienen un corazón leal, tal vez Bolin se dio cuenta de eso. - Propuso la ojiverde y Korra sonrió asintiendo con la cabeza.
Las dos se encontraban sentadas en un banco en una de las calles principales que tenía vista a la plaza central, Asami había convencido a Korra de tomarse el resto del día libre al acordar que aquel sería su último día de descanso antes de comenzar con todos los preparativos para repeler al Loto Rojo.
- Extrañaba estos cocteles de fruta. - Comentó Korra llevándose un trozo de mango a la boca.
- Lo sé. - Respondió Asami con la mirada perdida en las actividades que había en la plaza.
- ¡Balin! Esta mesa no pasa por la puerta. - Se quejó uno de los rebeldes alarmando al joven de ojos verdes quien de inmediato corrió para auxiliar a sus nuevos amigos indicándoles la ubicación de la puerta trasera del edificio por la cual cabían todos los muebles.
- ¿Balin? - Rió Korra para el deleite de Asami quien disfrutaba de sobremanera escuchar aquella risa y ver la manera en que el rostro de la morena se iluminaba.
- ¿Crees que los valla a corregir? - Preguntó Asami y Korra negó con la cabeza.
- Parece demasiado nervioso para hacer tal cosa.
- Deberías de vestirlos con colores suaves para que la gente no les tema. - Propuso la ojiverde y Korra volvió a reír.
- Es tan extraño tenerlos aquí y verlos convivir con la gente del asentamiento. – Korra habló con una brillante sonrisa que cautivaba la atención de su novia.
- Hemos llegado lejos. - Afirmó Asami y las dos asintieron con la cabeza guardando silencio por un momento.
- Vamos, debemos vestirnos bien para esta noche. - Asami se puso de pie y comenzó a jalar uno de los brazos de la morena llevándola con ella en busca de ropa adecuada, entre otras cosas.
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- Buenas tardes. - Saludó Asami al personal de la tienda de ropa y todos le respondieron con una sonrisa.
- Buenas tardes señorita. - Dijo el sastre. - Es un gusto tenerla de vuelta. - Afirmó el viejo sastre que conocía a la joven Sato desde que era un bebé.
- Igualmente... – Pausó tomando a Korra por el brazo para hacerla tomar un paso hacia adelante. - Esta es Korra, supongo que aún la recuerdan. - Presentó a la morena quién extendió su mano para saludar al señor y a su familia, todos asintieron con la cabeza y sonrieron.
- ¿Cómo olvidar a la chica del témpano de hielo? - Dijo el señor y todos rieron. - Me alegra que te encuentres bien y que nos sigas visitando de vez en cuando, una jovencita fuerte y honrada como tú siempre será bienvenida en nuestro pueblo. - Aseguró causando que la morena hiciera una pequeña reverencia.
- Gracias.
- Hemos venido a conseguir ropa linda para el evento de esta noche. - Declaró Asami y el sastre sonrió con orgullo.
- Por supuesto señorita, no se preocupe, estoy seguro que tenemos ropa de su agrado. - Afirmó y Asami sonrió tomando la mano de Korra para llevarla con ella a través de los pasillos de la sastrería.
- De hecho tenemos el modelo de un hermoso vestido que mi esposa diseñó basándose en los libros de moda que usted le facilitó años atrás, es sencillo pero elegante, pensamos en hacerlo para usted pero desafortunadamente no lo terminamos antes de que partiera. - Comentó el sastre y los ojos de Asami se llenaron de emoción.
- Puedes ir a verlo mientras yo reviso la ropa que hay disponible. - Propuso la morena y Asami asintió con la cabeza.
Caminando entre los pasillos Korra veía el tipo de ropa que tenían disponible, la mayoría de la ropa era para uso diario así que no había muchas prendas que fueran elegantes y Korra sabía que Asami querría que eligiera algo bonito para la fiesta que estaban por celebrar... una fiesta de agradecimiento al pueblo por su apoyo siempre incondicional.
Suspiró y continuó evaluando sus opciones, la ropa tenía un aspecto casual, la tela era resistente pues la gente no solía tener demasiados cambios de ropa así que solían elaborar las telas de tal manera que fueran duraderas y la gente que trabajaba en el campo pudiera usarlas sin miedo a rasgarlas.
No quería decepcionar a Asami así que se detuvo a pensar por un momento hasta que una idea le vino a la mente, había algo que aún podía intentar.
- Disculpa. - Le preguntó a la joven hija del sastre.
- ¿Si? – La jovencita le sonrió amablemente.
- ¿En dónde tienen los uniformes de los guardias? - Preguntó y la chica la miró extrañada.
Tras un par de minutos Asami salió del probador llevando el vestido puesto, la tela era más suave y ligera que el resto de las prendas que solían fabricar, el largo vestido se ajustaba bien a la esbelta figura de la ojiverde delineando la curvatura de su cintura, era algo que nunca antes había usado y que debía admitir, era todo un lujo.
- ¿Korra?
- Ya voy. - Respondió al llamado abriéndose paso entre los pasillos para llegar a la habitación en la que estaba Asami.
- Wow... - Murmuró la morena quedándose boqui abierta al ver a su novia vistiendo aquella inusual prenda. - Te ves hermosa. - Confesó sin pensar y Asami sonrió.
- Gracias, el vestido es hermoso... los vi en los catálogos que encontré entre las ruinas pero nunca pensé ver alguno en físico. - Dijo con entusiasmo y Korra asintió con la cabeza sin dejar de contemplar a la ojiverde.
- Serás la estrella de la noche. – La morena afirmó con seguridad, Asami rió y negó con la cabeza.
- No creo que sea para tanto. - Intentó quitarle importancia a su apariencia pero los ojos de la morena no dejaban de seguir cada uno de los movimientos que hacía.
- Veo que tú también encontraste algo para esta noche. - Resaltó el traje que Korra llevaba puesto el cual se componía por una blusa de vestir blanca con un pantalón de vestir negro que se ajustaba a su cuerpo por debajo de la altura del ombligo y bajaba hasta cubrir sus tobillos.
- ¿Te gusta? Intenté buscar algo que fuera de tu agrado pero ya que no hay muchas cosas disponibles decidí buscar entre los pedidos de Lin, su ropa militar suele ser bastante elegante. - Se encogió de hombros y Asami sonrió.
- Muy inteligente, si me gusta. - Le dio su aprobación y Korra posó victoriosa con el dedo pulgar en alto.
- ¿Podrían por favor hacerle un par de ajustes al traje de Korra? Lin es más alta que ella, creo que podemos mejorar un par de cosas. - Propuso Asami y el Sastre concordó con ella.
- Si, un par de ajustes y le ajustará a la perfección. – El Sastre afirmó acercándose a la morena para tomarle medidas.
- Por favor avisen a Lin y repongan el traje, Korra y yo iremos a mi casa, cuando el traje esté listo solo llévenlo ahí. – Asami se despidió arrastrando a Korra con ella quién se vio forzada a dar una despedida apresurada pues su brazo estaba siendo llevado al otro lado de la puerta más rápido de lo que había esperado.
- ¿Ahora a dónde vamos? - Rió la morena siguiendo el paso apresurado de su chica.
- A conseguir maquillaje, creo que el que tenía en casa está por terminarse y no traje nada de repuesto del coliseo. - Le explicó sin disminuir la velocidad a la que caminaba.
Así hicieron un par de paradas más, una en casa de una anciana quién les entregó un pequeño frasco con ungüento, un pequeño jabón y un par de esferas que ante los ojos de la morena parecían estar hechas de lodo, la otra parada fue en casa de una mujer que les dio maquillaje y un frasco con un líquido extraño, así la última parada fue en una pequeña tienda dónde Asami consiguió tijeras y un corta uñas.
- ¿Para qué quieres todas estas cosas? - Preguntó Korra desde la cama de Asami donde se dedicaba a inspeccionaba los extraños frascos que Asami había reunido dentro de un pequeño saco de tela.
- Ven acá y trae todo. – Asami le ordenó desde el baño.
La morena no preguntó más y caminó al baño llevando con ella todos los artefactos que habían conseguido en el camino de regreso a casa.
- Pon todo en el estante. - Le indicó la ojiverde y Korra obedeció. - Ahora ven y toma asiento. - Señaló el pequeño banco de madera que tenía frente a ella.
- ¿Vas a cortar mi cabello? - Sonrió la morena tomando asiento en el banquito.
- Ya está muy largo y un poco maltratado. - Respondió Asami comenzando a acariciar el cabello de la joven Avatar.
- Si, llevarlo por encima de los hombros me resulta más práctico. - Meditó en voz alta.
- Lo sé, me lo has dicho un par de veces ya. - Respondió Asami con tono cálido.
- Lo siento... es solo que en el coliseo no he encontrado tiempo para atender este tipo de cosas.
- Lo sé, aunque también se te ve bien así, un poco por debajo de la línea de los hombros. - Comentó la ojiverde.
- ¿Si? Aún así sigo prefiriéndolo más corto. - Aseguró la morena.
- Y es por eso que estamos aquí. – Asami sonrió.
- Pues no me queda más que darle las gracias por su atención amable señorita. - Habló Korra con tono juguetón.
- Se una buena Avatar y dame las tijeras, también moja tu cabello. - Pidió con el mismo tono bromista que la joven morena había usado con ella.
Un par de minutos pasaron, Asami cortaba cuidadosamente los mechones de cabello castaño hasta dejarlos del largo preferido de la morena. Luego del corte de cabello Asami le indicó a Korra que entrara a la bañera mientras limpiaba el cabello que había caído al suelo, Korra entró a la bañera y calentó el agua a la temperatura de su preferencia.
Asami no tardó en unirse a la joven Avatar, tras deshacerse de la ropa que llevaba puesta tomó los frascos que había conseguido y se introdujo a la bañera sentándose atrás de la morena para que esta se acomodara recargando la espalda contra su pecho.
- Esto me gusta. - Murmuró la morena permitiendo que su cuerpo se relajara entre los brazos de Asami.
- Apuesto que sí. - La ojiverde sonrió y depositó un suave beso en la mejilla de Korra.
- Te dejaré impecable para esta noche. - Le dijo al oído y prosiguió a verter un poco del líquido que había en uno de los frascos para comenzar a lavar el cabello de la ojiazul quién sin decir nada se limitó a disfrutar del agradable masaje que recibía en la cabeza.
- Huele bien. - Suspiró Korra.
- Jazmín. - Respondió Asami enjuagando su cabello con un pequeño recipiente de cerámica con el cual dejaba caer el agua tibia sobre la cabeza de Korra.
- Dame la tela. - Pidió Asami y la morena obedeció haciendo entrega del trozo de tela que solían utilizar para tallar su piel, ninguna de las dos necesitaba decir nada, Korra seguía las instrucciones de Asami mientras ella limpiaba su cuerpo cuidadosamente.
Con los ojos cerrados sentía la manera en que las manos de Asami recorrían su piel, subían y bajaban dejando a su paso el agradable aroma a flores que despedía el jabón, sus movimientos eran suaves y delicados, lo suficiente para que Korra disfrutara del todo el proceso del aseo, los dedos de Asami solían detenerse a delinear delicadamente las cicatrices más prominentes en el cuerpo de la joven Avatar, aquello no era algo raro en ella, Korra sabía bien que al momento de estar juntas Asami solía sentir sus cicatrices como si pretendiera memorizar el relieve de toda su piel, esto no era algo que molestara a la joven Avatar pues disfrutaba sintiendo las manos de Asami sobre ella y le causaba cierto placer el poder entregarse de esa manera a ella y permitirle explorar su piel como si le perteneciera.
No era necesario que Asami hiciera algo para llamar la atención de Korra, la morena siempre tenía sus ojos sobre la hermosa chica de ojos verdes, una placentera conversación o una de sus miradas podía bastar para despertar el fuerte sentimiento de amor y deseo que tenía por ella, tanto Asami como la joven Avatar estaban al tanto de aquel inevitable efecto que tenían la una sobre la otra así que Korra asumió que Asami sabía lo que hacía cuando entró a la bañera con ella y estaba dispuesta a aceptar las consecuencias que aquello traería.
- No, solo intento limpiarte. - Asami habló entre risas sintiendo un fuerte cosquilleo a medida que los labios de Korra bajaban por su cuello.
- Mientes. - Korra murmuró contra el oído de Asami mandando varios escalofríos por su cuerpo.
- Se hará tarde. - Sonrió la ojiverde pegando su frente a la de Korra para poder verla a los ojos.
- Entonces no debiste haberme tocado como lo hiciste. - Korra esbozo una sonrisa traviesa.
- ¿Cómo? - Rió Asami brevemente antes de liberar un pequeño suspiro al sentir una de las manos de Korra subiendo por uno de sus muslos.
- Así... - Murmuró Korra subiendo su mano lentamente por la piel de la ojiverde quién ahora mantenía los ojos cerrados.
- No sé de que hablas. - Respondió con tono juguetón y Korra bufó, ambas comenzaron a juguetear con pequeños empujones y cosquillas hasta que sus labios se encontraron en un cálido beso.
- Tiene que ser rápido. - Murmuró Asami jadeando contra los labios de la morena quién disfrutaba tocando las ingles de su novia moviendo sus dedos peligrosamente cerca de su centro.
- ¿Si? - Respondió Korra comenzando a aventurarse al interior de su cuerpo y robando un par de dulces gemidos.
- Mhm... - Confirmó Asami entre suspiros.
- ¿Segura que no quieres disfrutarlo un poco? - Korra habló cerca de su oído y Asami se mordió el labio inferior en un intento por ahogar un suave gemido que le nació desde el fondo del pecho.
- No hay tiempo para eso. – Asami intentó razonar pero Korra la ignoró tomando sus labios en un beso apasionado.
El vapor llenaba la habitación, Korra se deleitaba viendo y sintiendo la manera en que Asami disfrutaba de sus besos y caricias, la joven pelinegra siempre se entregaba a ella sin cuestionar, el cariño de Asami le pertenecían solo a ella, sus suspiros y gemidos, su irresistible cuerpo y hermoso rostro, su voz, su aroma, sus risas y sus cálidas palabras.
- Korra... - Pausó entre profundos jadeos. - Korra... - Volvió a intentar formular una oración pero las palabras no fluían por sus labios y se quedaban estancadas antes de llegar a ser expresadas.
- ¿Hm? - Sonrió la morena haciendo una pequeña pausa.
- Sigue. – Asami suplicó presionando la mano de Korra contra su cuerpo y moviendo su cadera contra ella lo que aumentó el deseo que sentía la joven de ojos azules quién continuó complaciendo las peticiones de su amada.
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- Pon esa crema sobre tu piel, la hará más suave. - Ordenó Asami y Korra rió, luego de su pequeño desliz en la tina del baño las dos se encontraban en la habitación y Asami había comenzado a presionar a la morena para que se alistara rápido.
- Huele bien. - Comentó al tomar el ungüento en su mano.
- Si, apresúrate. - Dijo Asami caminando hacia el interior de su armario.
Un corte de cabello y uñas y aquel agradable baño habían pulido la imagen de la joven Avatar quién ahora lucía impecable con la camisa y el pantalón que el sastre había ajustado para ella.
- Wow. - Exclamo al mirarse en el espejo.
- Nada mal Avatar. - Bromeo Asami terminando de arreglarse el cabello.
- Creo que esto es lo más presentable que me he visto en la vida. - Comentó con asombro y Asami rió.
- Cortesía de la familia Sato y sus lujos. - Respondió con tono juguetón y Korra liberó una pequeña risilla.
- Nada mal. - Respondió la morena con la mirada perdida en Asami quien al encontrarse lista ya había acompañado el vestido con un dije de oro y unos aretes del mismo color, su hermoso cabello le caía sobre los hombros en sutiles hondas perfectamente acomodadas, Korra no le podía quitar la mirada de encima, no había nada en aquella mujer que ella pudiera llegar a detestar.
Llegada la hora las dos emprendieron su camino hacia la plaza, eran las siete de la tarde, todo estaba listo para dar comienzo, la gente había terminado ya con sus trabajos y podían atender al evento sin preocupación alguna.
La Roca vió a ambas chicas pasar cerca de él y llamó a la morena para aclarar un par de dudas que tenía sobre el evento al que se encontraban por asistir, Korra le indicó a Asami que continuara su camino mientras ella se detenía a charlar con el grupo rebelde sabiendo de antemano que aquellos hombres y mujeres solían adoptar un comportamiento bastante liberal durante cualquier tipo de celebración así que quería asegurarse de establecer ciertos límites para evitar cualquier problema que pudiera presentarse durante el evento.
Asami accedió despidiéndose de Korra y los rebeldes antes de continuar su camino hacia la plaza, al llegar se encontró con Mako, el joven vestía su uniforme de guardia y se encontraba vigilando la zona cerca del templete, se le notaba bastante tranquilo y compuesto a pesar de lo que habían vivido en la isla del Loto Rojo, saludaba a la gente que pasaba y sonreía al ver a los niños jugando, su comportamiento era inusual considerando que él estaba al tanto de los problemas que estaban por llegar pero no era algo que la ojiverde no pudiera comprender pues ella se encontraba haciendo lo mismo, intentaría disfrutar lo más que pudiera del tiempo que les quedaba antes del caos que los asechaba.
- Asami... wow. – Mako pausó mientras procesaba la imagen de la deslumbrante mujer que se encontraba frente a él, el vestido rojo que llevaba era del mismo color que sus labios, su cabello negro y ondulado caía en cascada sobre sus hombros resaltando aún más el tono pálido de su piel mientras sus ojos parecían brillar con una mirada llena de seguridad y confianza en sí misma, su belleza era intimidante, había algo diferente en ella, algo que no había visto antes en su persona, Asam siempre había sido hermosa pero ahora tenía algo más, tal vez más determinación o valentía, tal vez más fiereza en su mirada o su voz, no estaba seguro, no podía decirlo con seguridad, pero si en ese momento lo hubieran obligado a elegir una palabra para describir el cambio tal vez habría elegido madurez, Asami lucía más completa, más decidida, más consciente de la meta que deseaba alcanzar, parecía resplandecer lo cual era impresionante considerando la situación que tenía entre manos.
- Gracias. - Asami rió al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Mako, su risa fue elegante y breve pues su intención no era burlarse de él.
- Luces hermosa. - Aquellas palabras salieron atropelladas pues Mako apenas había logrado salir del trance en el que había caído al ver a la pelinegra, no podía evitarlo, ellos eran amigos, la situación era clara pero eso no impedía que la agradable apariencia de Asami no fuera capaz de ponerlo nervioso lo cual tampoco significaba nada más que él era capaz de apreciar la belleza de su amiga al igual que la de cualquier otra chica.
- Gracias. - Repitió ella con una sonrisa.
- Lin me contó que hablarás sobre el Loto Rojo.
- Si. - Asintió Asami con una mirada un tanto pensativa pero su estado de ánimo no se vio afectado por los pensamientos que aquellas palabras le habían traído a la mente.
- El pueblo te apoyará sin dudarlo. – Mako le aseguró con una pequeña sonrisa.
- No lo dudo. - Concordó Asami.
- Bien, los chicos acordaron intentar no iniciar ninguna pelea por diversión y no aprovecharse de la inocencia de los pobladores al verlos alcoholizados. - Se escuchó la voz de la morena quién se acercó por detrás de la ojiverde.
- Eso será una gran ventaja. - Asami rió mientras los ojos de Mako absorbieron la imagen de Korra, no resultó difícil para el joven reconocer la ropa que Korra llevaba puesta, era la misma que Lin solía usar para eventos importantes pero la morena no llevaba el saco con la insignia de su asentamiento así que perdía la apariencia militar pero mantenía un aire formal.
- Ahora veo quienes serán las estrellas de la noche. – Mako les dijo con una sonrisa haciendo a las chicas sonreír.
- Esto no ha sido idea mía. – Korra aclaró abriendo sus brazos para señalar su vestimenta.
Ante los ojos de Mako, Korra también lucía diferente y al verlas juntas a ella y Asami era como armar las piezas de un rompecabezas, encajaban a la perfección, Asami debía saber lo que Korra tenía en mente y viceversa, las dos lucían radiantes, Korra era el ejemplo perfecto de fortaleza, los años no habían pasado en vano para la joven Avatar pero lejos de haberla afectado negativamente Korra mostraba una sonrisa sincera e inquebrantable.
Ambas chicas poseían un carisma que actuaba como imán para las personas que las rodeaban, sus creencias y visiones eran apoyadas de forma incondicional por miles de personas, las dos eran líderes ejemplares y juntas formaban un equipo difícil de vencer, no había nada parecido en el mundo, Korra y Asami, era obvio que las dos tenían un largo camino que recorrer, un camino nada sencillo y lleno de dificultades pero ninguna de las dos mostraba ni una pizca de preocupación, al menos no durante aquella noche pues en sus ojos lo único que se podía observar era el innegable amor que compartían entre sí.
- Vamos. - Indicó Asami tomando la mano de Korra para caminar hacia el templete.
La gente se reunió y cuando se dieron las ocho de la noche Asami comenzó a dar su discurso sobre la guerra, este discurso comenzó narrando la historia del Loto Rojo, sus orígenes y motivaciones, luego prosiguió exponiendo las identidad de las personas que al igual que ella habían adquirido el poder de dominar algún elemento, habló sobre los espíritus y finalmente sobre la identidad del nuevo Avatar.
- Ella llegó aquí en un témpano de hielo que uno de nuestros barcos pesqueros divisó mientras navegaban en busca de alimento. - Inició y varios murmullos comenzaron a escucharse entre el público, todas las personas que habían formado parte del asentamiento en aquel tiempo sabían bien de la persona a la que se refería Asami, la joven morena de ojos azules, la misma que se encontraba sentada en el templete a un lado de Hiroshi Sato y al conocerla bien les parecía difícil creer que aquella chica fuer en verdad su nuevo Avatar.
- Su nombre es Korra, algunos de ustedes ya la conocen, otros no tienen idea de quién hablo pero quiero que sepan que ella ha hecho hasta lo imposible por defender y ayudar a todas las personas que se encuentra en su camino, ella hizo que todo esto fuera posible. - Señaló el pueblo. - Y será ella quién nos ayude a enfrentarnos al Loto Rojo. - Pausó con una enorme sonrisa en el rostro al escuchar como el público comenzó a aclamar a la joven Avatar.
- Quiero que conozcan a su Avatar, el Avatar Korra. - La presentó y la morena se puso de pie caminando hacia donde estaba Asami, la gente gritaba y la aplaudía, los rostros del público lucían felices y llenos de emoción, todos la trataban como si fuera su esperada salvadora y muchos de ellos no la habían visto antes, muchos de ellos no la conocían pero todos confiaban en ella y se alegraban de tenerla ahí.
- Gracias. - Habló con voz quebradiza sintiendo un nudo en la garganta que se formó al caer presa de la emoción que le traía el ser aceptada por todas las personas del pueblo, estas personas nunca habían perdido la esperanza, ellos la habían estado esperando pacientemente y ahora estaban dispuestos a pelear a su lado.
- ¡Te seguiremos hasta el final! - Una voz ronca y profunda llamó la atención de la ojiazul quién entre el público pudo distinguir al grupo rebelde, ellos también estaban ahí, personas que ya habían enfrentado dos batallas a su lado, personas que ya habían sangrado por ella y que ahí seguían listos para ayudarla, sus fieles amigos de la alianza rebelde.
- Gracias...- Repitió con una pequeña sonrisa vulnerable que se manchó con un par de lágrimas que bajaron por sus mejillas mientras pensaba en lo increíble que era ese momento ¿Cuántas generaciones habían pasado desde la última vez que la gente había mostrado su aceptación y agradecimiento por el Avatar? Tal vez más de diez y ella había sido lo suficientemente afortunada para volver a sentir el calor y el cariño que la gente sentía por el maestro de los cuatro elementos, algo que definitivamente se llevaría a la tumba.
- Quisiera decir que todos ustedes son personas increíbles, se han mantenido fuertes a pesar de todas las dificultades que este mundo ofrece y han mantenido su fe en el Avatar a pesar de todos los años en que el Avatar se ha mantenido escondido. - Suspiró. - El enfrentamiento con el Loto Rojo es el camino hacia la libertad, el Loto ha manipulado a los rebeldes por años causando el caos que ha mantenido al mundo hundido en el odio y el terror, pero los hemos descubierto y espero contar con su ayuda para hacerles frente y detenerlos. - Al terminar su discurso pudo notar el silencio sepulcral que había alrededor, todos la habían escuchado con atención y solo comenzaron a aplaudir hasta estar seguros de que ella había concluido sus palabras.
- ¿Tienes idea del tiempo que ha pasado desde la última vez que el Avatar fue aclamado de esta forma? – Korra murmuró con incredulidad.
- Siglos. - Respondió Asami con una sonrisa volviendo a dar un paso hacia el frente con el fin de retomar la atención de la gente.
- Quisiera aclarar que el evento de esta noche es por ustedes, por todo el avance que han logrado en este pueblo y también para agradecer su apoyo. - Pausó. - Pero también quisiera aprovechar para anunciar que Korra y yo somos pareja, lo hemos sido durante un largo tiempo ya, las dos hemos llegado a percibirnos como una familia y quería compartirlo oficialmente con todos ustedes. - Concluyó, de nuevo los primeros en reaccionar habían sido los miembros del grupo rebelde quienes sin pena alguna comenzaron a celebrar, la mayoría de ellos habían estado prisioneros en la isla del Loto Rojo cuando ellas habían anunciado lo mismo en Ba Sing Se así que era la primera vez que escuchaban al respecto.
- ¡Lo sabía!
- ¡Ya era tiempo!
- ¡Felicidades Carmín!
- ¡Felicidades reinas del coliseo!
Gritaron todos a la vez e inmediatamente el resto del pueblo reaccionó con un fuerte aplauso y felicitaciones, no era algo usual, las parejas del mismo sexo habían sido señaladas y reprimidas durante años gracias a la necesidad que la humanidad tenía de mantener la especie a causa de la escases de población en el mundo, pero aquellas dos mujeres no eran una pareja cualquiera, una de ellas era el Avatar y la otra era la poderosa líder del pueblo más avanzado que existía en el planeta, nadie se interpondría en su camino y nadie tenía nada de qué quejarse, eran una pareja poderosa que la gente no batalló para aceptar, el pueblo en el que vivían tenía una de las poblaciones más grandes que habían existido durante más de cinco generaciones y ante los ojos de la gente tanto Asami como Korra tenían una vida demasiado ocupada como para quedarse en casa a ocuparse de niños pequeños así que su relación no significaba ningún problema o amenaza para nadie.
- Oh... esta noche acaba de volverse más interesante. – Hiroshi se acercó a la pareja y las envolvió en un fuerte abrazo. - Bienvenida a la familia Sato. - Habló suavemente dirigiéndose a Korra.
- Gracias. – Korra sonrió manteniendo los ojos cerrados mientras disfrutaba y devolvía el abrazo de Hiroshi.
- Me gustaría haber podido traer a tus padres pero no hubo tiempo suficiente. - Se disculpó la ojiverde y Korra negó con la cabeza.
- No te preocupes por eso, yo también tengo cosas que resolver con ellos, tenemos que hablar de lo que pasó con Unalaq, debo disculparme por la manera en que los traté. - La joven Avatar confesó con una mirada triste.
- Oye, aún estamos cerca del portal, puedes ir a hablar con ellos mañana antes de que volvamos a Ba Sing Se. – Asami le propuso con una sonrisa cálida.
- No te preocupes por eso ahora Korra, esta noche es para celebrar dos cosas importantes, el regreso del Avatar y el crecimiento de la familia. - La apoyó Hiroshi robando una pequeña sonrisa del rostro de la morena.
- Gracias. - Volvió a estrecharlos con fuerza antes de ser apartada por Bolin quién la abrazó hasta el punto de expulsarle todo el aire de los pulmones.
- ¡Felicidades! - Dijo con entusiasmo.
- Oh Rhava... - Rió Asami al ver a Korra perder el aliento.
- Gracias. - Respondió Korra tras ser liberada de aquel tremendo abrazo.
- ¡Korra! - Opal se balanceo abrazando a la morena por el cuello.
- Hola. - Sonrió Korra al recobrar el equilibrio sujetando a Opal entre sus brazos.
- Korra luces hermosa esta noche y Asami... no tengo palabras. - Opal las halagó.
- Gracias. - Asami sonrió.
- Felicidades. – Concluyó la morena de ojos verdes.
- Gracias. - Respondió Korra con una breve risilla.
- Valla manera de traer al Avatar de vuelta. - Se escuchó la voz ronca de Toph. - Nada mal para una mocosa renegada. - Sonrió.
- Gracias Toph. - Korra se acercó a abrazarla pero su maestra la empujó al cabo de un par de segundos haciendo que el contacto fuera breve.
- Bien, bien, es suficiente. - Toph renegó y Korra bufó al ser alejada del abrazo.
- Ser afectuosa nunca ha sido una de sus cualidades. - Comentó Katara acercándose lentamente desde las escaleras.
- Katara. - Murmuró Korra liberando un profundo y pesaroso suspiro al ver los ojos de su maestra agua.
- No me veas así.- Sonrió Katara. - Bumi estaría orgulloso de verte emerger públicamente como el Avatar. - Aseguró y la morena negó con la cabeza.
- Preferiría que estuviera aquí. - Confesó la joven Avatar, Katara asintió con la cabeza manteniendo el silencio por un par de segundos antes de responder.
- La vida como la pareja del Avatar me ha enseñado muchas cosas... - Pausó. - Yo sé que fui afortunada al poder mantener a mi pareja durante todos los años que vivió, el Avatar se enfrenta a muchos peligros y es imposible mantenerlo alejado de eso, consecuentemente la gente que se involucra con el Avatar también se ve envuelta en muchas situaciones complicadas y de alguna manera Aang y yo nos las arreglamos para mantener a nuestros hijos a salvo hasta que cada uno de ellos creció y tomó su propio camino. - Sonrió.
- Korra, nada de lo que pasó con Bumi es culpa tuya, él decidió ese destino años antes de que tú lo conocieras, ser espía de los rebeldes es el trabajo más peligroso que se puede tener dentro del Loto Blanco pero a él no le importó, el dijo que debía de haber gente dispuesta a hacer el sacrificio con tal de lograr salvar las vidas de los inocentes que los rebeldes solían atormentar... lo que mi hijo tal vez nunca se hubiera imaginado fue que el mismo Avatar terminaría haciendo lo mismo que él. - La sonrisa en el rostro de Katara se volvió más amplia y brillante.
- El método que Aang trabajaba era más sutil, intentaba crear espacios seguros para la gente de los asentamientos y los movía de lugar, intentaba mantenerse lejos de los rebeldes para evitar conflictos innecesarios mientras ideaba una manera de acercarse a ellos... claro que Aang no contaba con el carácter para poder conectar con los rebeldes, en cambio Bumi pudo hacerlo con facilidad y decidió hacerlo en nombre de su padre... al parecer eventualmente el Avatar encontró la manera de alcanzarlo en su campo de trabajo. - Katara podía ver el dolor en los ojos de la joven Avatar, las lágrimas se le acumulaban en la orilla de los ojos, Korra siempre había sido una joven rebelde y con un carácter fuerte y explosivo pero no cabía duda de que también poseía un corazón enorme.
- Agradezco que hayas cuidado de mi hijo y que lo hayas acompañado en el mundo de los rebeldes, agradezco que lo hayas traído aquí y me hayas brindado la oportunidad de despedirme de él, cuando Bumi decidió infiltrarse lo primero que pensé fue que algún día dejaría de saber de él yque jamás tendría la oportunidad de volver a verlo o de despedirme, pero tú has venido aquí y me has contado la manera en que mi hijo ayudó a transformar a los rebeldes, me has contado sus aventuras, sus locuras y sus logros así como también la historia de su final... - Una lágrima bajó por la mejilla de Katara, la vieja maestra limpió la lágrima con cuidado antes de continuar sus palabras.
- Bumi fue un implacable guerrero hasta el final y al igual que su padre dedicó su vida entera a ayudar a la gente que necesitaba de él, su muerte fue honorable y no hay nada que lamentar al respecto, recuérdalo con orgullo y honra su memoria... Bumi, el Rey Loco del coliseo rebelde. - Concluyó Katara ganándose un fuerte abrazo que la joven Avatar sostuvo en silencio por un tiempo prolongado.
- Será honrado como es debido, el maestro rebelde del Avatar. – Korra le aseguró y las dos se sonrieron mirándose a los ojos.
- Me alegra que hayas encontrado a alguien especial en tu vida, honestamente no puedo pensar en alguien más apto para estar al lado del Avatar que esa hermosa chica. - Concluyó Katara y Korra sonrió observando a Asami mientras recibía con los brazos abiertos a las personas que se acercaban a felicitarla.
- Lo sé. – Korra respondió con voz suave, Asami sintió la mirada de Korra así que volteo y sus ojos se encontraron, las dos se sonrieron entre la creciente multitud que se acercaba a ellas con la intención de brindarles sus buenos deseos.
La celebración dio inicio y un grupo de músicos comenzó a tocar para brindarle a la gente un ritmo al cual pudieran bailar, había comida, bebida y buen ambiente para que todos pasaran un buen rato, Asami y Korra se encontraban sentadas en una mesa acompañadas de sus amigos más cercanos, todos charlaban amenamente y compartían historias, las dos chicas eran el centro de atención ya que todos querían saber de sus aventuras en la tierra de los rebeldes.
- Recuerdo la primera vez que vi a Korra, lucía confundida y asustada, Bumi la había metido al coliseo por capricho suyo y todos pensamos que sería molida a golpes ahí dentro... su pelea terminó en menos de un minuto, la chica salió de la arena en menos tiempo del que le había tomado al presentador introducir aquella pelea. – La Roca comenzó a carcajearse y los rebeldes lo acompañaron. - Nos dejó perplejos porque en verdad lucía asustada... pensábamos que sería una víctima más. - Se encogió de hombros limpiando las lágrimas que se habían formado en sus ojos debido a la intensidad de su risa.
- Entonces ustedes eran los verdugos que castigaban a las víctimas que eran arrancadas de sus hogares. - Comentó Mako con voz severa.
- Lo éramos. - Confirmó Korra adelantándose al resto de los rebeldes.
- Tú... – Mako intentó iniciar una excusa para la morena.
- No, yo fui parte de ellos durante todo este tiempo y formé parte de su grupo, hice todo lo que ellos hacían, castigar a inocentes por entretenimiento era algo que se hacía en el coliseo. - Explicó. - No me quieras exentar de los actos que los rebeldes cometieron, después de todo yo soy la líder del grupo rebelde más grande del mundo. – Korra sonrió de lado.
- No, La Guerrera del Sur es la legítima líder de todos los rebeldes que existen, el Loto Rojo ya no es parte de los rebeldes así que no hay nadie más, los rebeldes estamos en contra del Loto Rojo. - Aclaró una de las mujeres rebeldes.
- Gracias. - Le sonrió Korra y los rebeldes rieron.
- Escucha chico, no hay nada que ocultar, he de admitir que durante gran parte de mi vida he sido un carnicero despiadado, la influencia del Loto Rojo nos empujaba a hacer ese tipo de actos atroces y nosotros no preguntábamos demasiado, ellos nos prometían seguridad y alimento ¿Qué más podíamos hacer? Éramos sujetos grandes y fuertes, pelear no era difícil e ir en contra de los grupos rebeldes significaba una muerte segura así que la respuesta era sencilla, seguir a los líderes rebeldes y divertirnos mientras nos ganábamos el derecho a vivir. – La Roca se encogió de hombros.
- No puedo decir que me arrepiento de lo que hice porque desde joven me volvieron insensible a la violencia, pero puedo decir que hoy en día no actuaría de la misma manera porque Bumi comenzó a moldear las peleas de diferente manera, quitó la regla de que el asesinato fuera obligatorio junto a otros actos atroces que se efectuaban en todas las demás arenas de pelea que había en otros grupos rebeldes, así nos brindó la oportunidad de crear una comunidad, conocía a mis compañeros peleadores y comenzamos a divertirnos juntos... luego llegó el día en el que me enfrenté a La Guerrera del Sur y claro, fui derrotado, aquel día pude morir, yo no quería morir pero no era capaz de hacer nada, mi vida dependía de ella y a pesar de las horrendas heridas que hizo en mi cuerpo ella no me mató. - Sonrió. - Pude vivir y no fui considerado un cobarde porque había peleado con todas mis fuerzas, ella me había molido ahí dentro, me había dejado inconsciente y me había perdonado la vida, la gente había disfrutado de la pelea como nunca y yo había vivido, mis compañeros comenzaron a admirarme por la manera en que me había desempeñado y de esa manera nació un nuevo estilo de pelea, uno en el que todos queríamos mejorar nuestras técnicas para poder ofrecer un buen espectáculo, uno en el que la gente pudiera disfrutar de la emoción de ver a dos peleadores experimentados enfrentarse en una pelea intensa y reñida, las armas pasaron a segundo término y pronto todos nos encontramos entrenando para ser más como ella, todos queríamos tener el poder que la Guerrera del Sur poseía, queríamos ser lo suficientemente fuertes para poder andar por ahí con la seguridad de que podíamos defendernos y de que seríamos respetados sin la necesidad de matar a nadie, eso se volvió más impresionante que la habilidad de matar porque los muertos no te pueden temer o respetar, los vivos sí. - Intentó explicar.
- No es que eso nos exente de todo lo que hicimos en nuestro pasado... nunca podremos devolver las vidas de las personas que asesinamos, lo único que podemos hacer ahora es ayudarlos a pelear contra el enemigo que tenemos en común. – Una de las rebeldes añadió.
- Supongo que un grupo de asesinos experimentados no les vendrá mal... combatir fuego con fuego. – La Roca dijo y volvió a echarse a reír.
- Si confían en mi tendrán que confiar en ellos. – Korra sonrió y los rebeldes brindaron por sus palabras.
- La alianza solo servirá si dejamos el pasado atrás. - Intervino Asami.
- Si dices que Suyin fue capaz de adaptarse no veo porque nosotros no. - Opinó Lin de manera competitiva.
- Cualquier ayuda nos vendrá de maravilla, me resultará más fácil adaptarme a rebeldes aliados que a la muerte. - Comentó Varrick haciendo a los rebeldes reír.
- Ese es el espíritu. - Celebraron.
- Vamos Mako, estas personas han salvado la vida de Korra en más de una ocasión... varios de ellos saben tocar más de un instrumento musical, han invertido su tiempo en algo productivo. - Bolin le ofreció una sonrisa juguetona, todos miraban al joven maestro fuego que al final optó por ceder liberando un profundo suspiro.
- De cualquier manera no es como si tuviera otra opción.- Se encogió de hombros y bufó mientras la mesa completa celebró entre risas, la mayoría se encontraba bajo la influencia del alcohol ya que entre todos se habían presionado para beber, ninguno quería pensar en la pelea que estaba por venir, todos querían olvidarse de ello y pasar un buen rato antes de tener que despertar a la realidad que pesaba sobre sus hombros.
Eventualmente Korra y Asami se adentraron entre la gente que bailaba en el centro de la plaza, canción tras canción pasaron el tiempo hasta las dos de la madrugada que Asami insistió en retirarse.
Las dos se despidieron y emprendieron su camino de regreso a casa, Asami se sujetaba del brazo de Korra y las dos tarareaban una de las canciones que habían bailado mientras continuaban caminando, pequeñas risillas escapaban de sus labios, la habían pasado bien, habían mezclado dos mundos y todo había salido de maravilla, al final los rebeldes también habían comenzado a bailar con los pobladores e incluso tomaron los instrumentos para demostrar el tipo de música que ellos tocaban.
- Ahora el mundo entero sabe que el corazón del Avatar le pertenece a Asami Sato. - Balbuceo Korra y Asami rió.
- Creo que te has pasado con el licor de arroz Avatar. - Señaló y Korra negó con la cabeza.
- Estoy bien. - Aseguró intentando poner una cara seria lo que resultó en que ambas compartieran una carcajada.
La morena observaba de reojo a la hermosa chica que caminaba a su lado, sin importar cuando tiempo compartiera con ella no podía evitar la extraña sensación de emoción e incredulidad que en ocasiones la invadía al darse cuenta de lo afortunada que había sido al tener a Asami como su pareja.
- ¿Qué? - Preguntó la ojiverde notando el repentino silencio de la morena y la manera en que la miraba.
- Nada. - Sonrió Korra mirando hacia el frente, Asami sonrió y estrechó el agarre que mantenía sobre el brazo de la morena, no hacían falta palabras, los ojos de Korra hablaban por sí mismos, se sentía amada, era imposible no percibir el calor acogedor del cariño que Korra le brindaba.
Una vez en casa las dos se adentraron a la habitación, sin importar cuán cansadas pudieran estar de la fiesta sus cuerpos aún se permitieron reaccionar ante la satisfacción que inevitables besos y caricias les trajeron.
- Si hubieras sido varón creo que ya nos encontraríamos en el predicamento de tener que cuidar de un bebé e intentar salvar al mundo del Loto Rojo al mismo tiempo. – Asami bromeo.
- Tal vez si... tal vez dos bebés, no me importaría, tendríamos una familia tan hermosa como tú. - Murmuró Korra contra los labios de la ojiverde mientras sus manos se aventuraban por debajo de la tela del vestido color carmín.
- Y todo sería tu culpa. - Respondió Asami mordiendo el labio inferior de la joven Avatar.
- En eso no puedo concordar. – Korra objetó notando esa familiar sensación de que el corazón le latía con demasiada fuerza, era capaz de sentir sus propios latidos dentro de su cabeza, la respiración se le había salido de control al igual que los movimientos de su cuerpo que instintivamente buscaba la cercanía del cuerpo de Asami.
Enredadas en un cálido abrazo debajo de las sábanas, esta vez habían sido gentiles, suaves besos y movimientos lentos habían bastado para satisfacer sus deseos, no tenían prisa, bebieron de sus labios hasta saciarse de placer, una noche más que lograban pasar juntas, ninguna de las dos pedía nada más, Korra abrazaba a Asami por detrás disfrutando de todo lo que su presencia traía consigo, su calor, su aroma, el latir de su corazón, el suave sonido de su respiración, el espacio que ocupaba junto a ella, no había nada que no alcanzara a admirar de aquella bella e inteligente mujer.
- Te amo. – Le murmuró entre sueños disfrutando de la respiración rítmica de la ojiverde mientras le permitía dormir entre sus brazos.
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La luz del sol se coló por la ventana y alcanzó la figura de la morena quién al sentir el calor sobre su piel se giró en su lugar y se cubrió el rostro con la sábana, fue entonces que notó la ausencia de Asami, abriendo los ojos comenzó a mirar alrededor pero no había señales de ella en la habitación.
Era temprano, a juzgar por la posición del sol debían ser cerca de las siete de la mañana.
- ¿Naga? - Llamó con voz ronca, su amiga no tardó en aparecer en la habitación, el espíritu mantenía la forma de un cachorro al encontrarse en espacios pequeños, Korra sonrió dando un par de palmadas sobre la cama para invitar a su amiga a unirse a ella.
- ¿A dónde fue Asami? - Le preguntó con una sonrisa y su amiga se limitó a ladrar antes de rodar sobre su lomo para pedir que le acariciaran el vientre.
Antes de que pudiera juntar las fuerzas y la determinación para salir de la cama, Korra logró recordar a la ojiverde despidiéndose de ella en la mañana tras depositar un suave beso sobre su frente.
"Iré al mundo espiritual a arreglar pendientes." Murmuró para luego alejarse y salir de la habitación mientras el cielo aún se encontraba obscuro, ahora lo recordaba, había estado demasiado adormilada y apenas consciente pero la mente de Korra logró registrar aquella sutil despedida.
El descanso había terminado, era un nuevo día y todos comenzarían a poner manos a la obra para armar el plan de defensa en contra del Loto Rojo.
- Vamos Naga, tenemos un refugio que construir. – Korra suspiró y se puso de pie.
Tras un buen baño, un desayuno acompañado de la incesante charla de Wu y tras limpiar la habitación, La joven Avatar al fin se aventuró al exterior, debía encontrar a Toph para explicarle que había sido tomada en cuenta para construir el refugio que ayudaría a proteger a los pobladores que no eran aptos para pelear o defenderse.
Encontrar a su maestra tierra resultó ser todo un reto, Toph solía vagar por la montaña a solas, Katara no la había visto durante la mañana y Lin reportó que su madre se había ido antes de que saliera el sol lo que dejó a la morena sin pistas, solo quedaba intentar preguntarle a los espíritus que habitaban en el bosque con la esperanza de que ellos la hubieran visto.
Haciendo uso de su aire-control comenzó a saltar y escalar hasta la cima de la montaña, los espíritus le habían dicho que la anciana que buscaba siempre visitaba el bosque y caminaba hasta llegar a la cima de la montaña en donde permanecía sentada por horas sin hacer nada en específico, Korra no perdió más tiempo y escaló sin pausas hasta alcanzar la cima que se le había sido indicada por los espíritus.
Toph permanecía sentada sobre un banco de roca que ella misma había formado, su mirada parecía perdida en la distancia, cualquiera que no supiera de su condición se habría apresurado a pensar que aquella anciana disfrutaba de las vistas que podía obtener en aquel lugar lo cual no era del todo errado.
- No sabía que te gustaba tanto meditar. - La voz de Korra cortó el silencio y Toph negó con la cabeza.
- Observo y vigilo. - La corrigió. - Allá abajo hay mucho ruido, la gente siempre quiere hablar contigo y no me dejan concentrarme. - Explicó con evidente fastidio en su tono de voz.
- ¿Qué vigilas? - Sonrió la morena tomando asiento al lado de su maestra.
- Todo, ahora más que nunca no quisiera pasar por alto a los forasteros. – Toph confesó con seriedad.
- Necesito tu ayuda. – Korra le informó directamente, Toph sonrió de lado y negó con la cabeza.
- ¿Qué podrías necesitar de esta anciana? - Se quejó.
- Necesito a un maestro tierra experimentado que me ayude a crear un refugio en la montaña. - Aclaró.
- Así que apenas te enteras de mis habilidades y ya me quieres poner a trabajar. – La mayor bufó y Korra rió.
- Si te las arreglaste para enseñarme a usar la tierra-control sin hacer uso de tus poderes me imagino que has de ser una excelente maestra tierra. - Korra intentó adivinar logrando dibujar una amplia sonrisa en el rostro de su maestra.
- La ventaja de que no existan muchos maestros tierra en el mundo es que con seguridad puedo decir que soy la mejor. - Respondió con orgullo.
- ¿Entonces me ayudarías? - Korra insistió, Toph suspiró y se puso de pie.
- Bien, te enseñaré cómo es que se debe de ver la verdadera tierra-control. - Concluyó la mayor, la joven Avatar no vaciló y sin avisar tomó a Toph en brazos para poder bajar rápido por la montaña, su acción no hizo más que desatar la ira de su maestra quién insistentemente le pedía que la pusiera en el suelo, pero sin importar cuánto renegara y maldijera Korra se negó a cumplir sus exigencias.
- ¿Pretendías matarme? – Toph se quejó una vez más mientras sacudía su ropa, las dos ya habían alcanzado la base de la montaña y sus pies habían vuelto a tener contacto con la tierra.
- No, pretendía ahorrar luz solar para poner manos a la obra. – La joven Avatar respondió con tono divertido.
- ¡Ja! Buen chiste mocosa, yo no necesito de eso. – La maestra señaló sus ojos opacos causando que la morena terminara cubriéndose el rostro con la palma de su mano derecha.
- Lo siento, lo olvidé. - Suspiró avergonzada, era extraño saber que Toph era una maestra tierra pero era aún más extraño que nunca se hubiera puesto a pensar en la inusual manera en que Toph podía andar por ahí sin la necesidad de recibir ayuda de nadie, incluso en nuevos territorios se movía con confianza y siempre daba la impresión de que podía ver así que era común que situaciones vergonzosas como la que acababa de ocurrir se repitieran con frecuencia pues la gente solía asumir que Toph, al igual que el resto de las personas, necesitaba de ciertas condiciones visuales para realizar ciertas actividades cuando en realidad ella era una persona ciega y nada relativo a la vista podía llegar a afectarla.
- Si, si... - Gruñó la mayor sin prestarle mayor importancia. - ¿Cuál es el plan? - Preguntó.
Así ambas comenzaron a planear la estructura del refugio, tras una acalorada discusión sobre la mejor ubicación para su construcción las dos llegaron a un acuerdo y pronto comenzaron a formar los túneles, los poderes de Toph eran excepcionales, el control que tenía sobre la tierra y su capacidad que tenía de visualizar las cosas en su mente eran increíbles, un par de movimientos bastaban para que la experimentada maestra tierra elaborara las cámaras de roca que se convertirían en las habitaciones de los refugiados.
El día transcurrió y pronto el sol comenzó a ponerse en el horizonte, Korra se encontraba sorprendida por la resistencia de su maestra quién al ser de edad avanzada debería de cansarse con rapidez, pero Toph no parecía estar cerca del agotamiento, aquella mujer de cabello blanco se mostraba más que cómoda manipulando la tierra, cómo si ella y el elemento fueran una sola entidad, aún así Korra optó por dar por terminado el trabajo de ese día para continuar al siguiente, sorprendentemente a esas alturas ya habían terminado cerca de la mitad del proyecto por lo cual ambas estaban seguras de que no les tomaría más de dos días terminar aquel lugar así que optaron por retirarse a las siete de la tarde para poder descansar.
De camino a casa Korra se detuvo a visitar a los rebeldes, ellos habían asistido a las pruebas para el entrenamiento del bloqueo de Chi que Lin inició ese mismo día, nadie había demorado en iniciar sus tareas, impulsados por la idea de ganar la pelea contra el Loto Rojo todos daban lo mejor de sí intentando no pensar de forma negativa o caer presas del miedo.
- Es más complicado cuando mides cerca de dos metros y tu oponente es un enano con cuerpo de vara. - Renegó uno de ellos.
- Lo dices porque no te mueves con agilidad y tu enorme cuerpo es un blanco fácil. - Respondió una chica con evidente molestia en su tono de voz, todos rieron y continuaron compartiendo sus experiencias con la Guerrera del Sur mientras disfrutaban de un plato de arroz y verduras.
- Les daré un par de días de ventaja antes de unirme a las lecciones, si no le ponen esfuerzo a su entrenamiento llegaré a hacerlos caer de cara contra la tierra. - Korra les advirtió y el grupo volvió a reír.
A las nueve de la noche la joven Avatar se despidió de los rebeldes y se encaminó a casa esperando encontrar a Asami para contarle el avance que ella y Toph habían logrado durante el día.
Hiroshi fue el primero en recibir a la morena, él se encontraba en el comedor disfrutando de su cena acompañado por Wu pero Asami no estaba con ellos.
- ¿Y Asami? - Korra y Hiroshi lanzaron la misma pregunta lo cual les extrañó a los dos.
- Pensé que estaba contigo y por eso no había vuelto a casa temprano. - Explicó Hiroshi.
- No, partió temprano al mundo espiritual para hablar con los espíritus... pensé que a esta hora ya estaría de vuelta. - Korra intentó no pensar más de la cuenta.
- Tal vez los espíritus la retuvieron más tiempo para hablar sobre la posibilidad de los nuevos maestros elementales. - Propuso Hiroshi, Korra asintió con la cabeza pero la expresión de su rostro se mantuvo tensa.
- Será mejor que valla, ya es tarde, no quisiera que caminara sola de regreso. - Declaró y sin decir más caminó hacia la salida.
- Naga. - Llamó al espíritu para subirse a su lomo y cabalgar sobre ella, el perro-oso polar corrió siguiendo la guía de la morena atravesando el campo de ruinas de la ciudad y adentrándose a la jungla hasta atravesar el portal espiritual.
- El Avatar. - Anunció un pequeño espíritu que junto a otros parecían haber estado cerca del portal esperando a que ella pareciera.
- Wan Shi Tong quiere verte. - Le dijo señalando en la dirección hacia donde se encontraba el mencionado espíritu.
Korra asintió con la cabeza, se disponía a continuar su marcha cuando el espíritu de un fénix dragón apareció frente a ella, el espíritu la invitó a subir a su lomo y así lo hizo, el espíritu comenzó a volar velozmente obligando a la morena a aferrarse con fuerza a su cuerpo.
El vuelo duró cerca de una hora, durante este tiempo Korra no podía evitar pensar en el motivo de aquel inusual recibimiento, lo único que podía pensar era que todo podía estar relacionado con la petición de los nuevos maestros elementales que Asami les había llevado esa mañana.
El fénix bajó sobre una llanura, el pasto era alto y no había nada más alrededor que la silueta de los espíritus que se encontraban esperando al Avatar, Wan Shi Tong permanecía de pie en el centro de aquella reunión, el espíritu de la sabiduría mantenía su mirada perdida en el horizonte mientras el resto revoloteaba alrededor y hablaban entre sí.
El silencio reinó en el momento en el que se percataron de que Korra había llegado, todas las miradas siguieron fielmente los movimientos del Avatar mientras bajaba del lomo del espíritu que la había llevado hasta ahí.
- Ella tuvo razón. - Habló Wan Shi Tong. - Llegaste. - Su voz resonó en el silencio que el resto de los espíritus guardaban.
- ¿Dónde está Asami? - Preguntó la morena notando la ausencia de la ojiverde en aquella junta.
- Está en la Niebla de las almas perdidas. - Sus palabras helaron el corazón de la ojiazul, conocía bien las historias de aquel lugar, una cárcel para los humanos en el mundo espiritual, un espíritu en forma de niebla que atrapaba a los humanos en sus propios miedos y los hacía deambular dentro de ella por el resto de la eternidad, una condena peor que la muerte misma.
- ¿Qué? - Murmuró involuntariamente.
- Era el castigo acordado para aquellos que se atrevieran a usar sus poderes elementales para pelear ¿No te lo dijo? - Sus palabras sonaban frías e indiferentes lo cual no tardó en detonar el enojo del Avatar.
- Ella no tuvo opción... el Loto Rojo tiene a maestros elementales de su lado y ella solo quería protegerme... - Bufó entre dientes intentando contener sus impulsos.
- Lo sé, pero el acuerdo no tenía ningún tipo de excepción a la regla. - Respondió el espíritu, Korra permaneció en silencio apretando puños y dientes mientras pensaba, le era imposible aceptar que el destino de Asami fuera deambular dentro de aquella prisión por toda la eternidad reviviendo sus miedos y pesadillas una y otra vez hasta perder la razón.
- Iré por ella. - Concluyó dando media vuelta.
- Alto Avatar, si entras ahí también te perderás. - Wan Shi Tong intentó detenerla logrando al fin disparar la ira de la joven morena.
- ¡Conozco bien el riesgo de adentrarme en la niebla! - Gritó lanzando una ráfaga de viento que forzó a los espíritus a retroceder.
- ¿Entonces te parece bien dejar al mundo sin la ayuda del Avatar? - Cuestionó Wan Shi Tong, Korra negó con la cabeza, dejar al mundo sin Avatar era lo último que quería hacer pero en esos momentos era incapaz de detener el enojo y la desesperación que crecían en su interior.
- No la puedo abandonar. - Respondió con pesar, su deber como Avatar la obligaba a estar ahí para el mundo pero el amor que sentía por Asami le impedía pensar con claridad, sabía que de no ser por los espíritus ella ya se encontraría en camino a la neblina, sabía que su impulsividad era inapropiada pero no lo podía evitar.
- ¡Sabes que ella no tiene malas intenciones! Nunca los traicionaría, no le dejaron opción... ¡¿Aún así la mandaron ahí?! ¿A la única persona además del Avatar que ha logrado enseñar a una comunidad completa a respetar a los espíritus? - Gruñó, una lágrima corrió por su mejilla y sus ojos se iluminaron con un brillante color blanco.
- Avatar, la idea no ha sido mía, no soy estúpido, Asami también representa un beneficio para los espíritus, sería un desperdicio permitir que su existencia terminara así. - Respondió Wan Shi Tong manteniéndose firme ante las fuertes ráfagas de viento que rodeaban al enfurecido Avatar.
- Aún así lo permitiste. - Korra gruñó.
- No tuvimos opción... Asami tampoco esperaba que entendieras, si abandonas ese arranque de ira y me permites acercarme te puedo hacer entrega de la carta que dejó para ti. - El espíritu luchaba por contener sus propias emociones, su naturaleza lo hacía odiar tener ese tipo de interacciones pues lo hacía sentirse inferior, él no tenía porque darle explicaciones a nadie, el Avatar era necesario para el balance en su mundo pero eso no le daba el derecho de comportarse de una manera tan irrespetuosa, con el cuerpo y la apariencia de un humano el espíritu de la luz perdía todo el respeto del espíritu de la sabiduría que por años había sido testigo del absurdo comportamiento de la humanidad... los odiaba, detestaba a los humanos y al Avatar junto con ellos, necesitaba de ambos y eso también lo detestaba, si algo nunca había logrado entender era el extraño balance que existía entre humanos y espíritus, si quería ayudar a los espíritus debía ayudar a los humanos y consecuente al Avatar, pero en esos momentos esa no era su principal motivación, en esos momentos había algo distinto que impulsaba su deseo de ayudar y ese era el honor y el respeto que Asami Sato había demostrado al entregarse e insistir en cumplir un castigo que los espíritus mismos se negaban a infringir sobre ella, nunca en su larga vida había presenciado tal cosa, parecía algo imposible pero lo había visto con sus propios ojos, un humano además del Avatar que era digno de fiar.
- ¿Una carta? - Korra detuvo el viento que mantenía a todos alejados, sus ojos volvieron a la normalidad mientras ella se acercaba al espíritu de la sabiduría.
- Aquí está. - Wan Shi Tong estiró una de sus alas haciendo entrega de tres hojas que mostraban claramente la letra de Asami.
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Korra.
Lamento no haber sido completamente sincera contigo, los motivos que tuve para eso son más que obvios, no había manera de que tú fueras a permitir que algo así ocurriera conmigo pero era algo importante y necesario para nuestro siguiente movimiento.
No quiero que pienses que esto es algo permanente, de ninguna manera pienso darme por vencida, volveré a ayudar con todo aunque no sé cuánto tiempo me tome salir de la niebla, por eso quiero que te concentres en lo que es realmente importante, preparar a todos para enfrentar al Loto Rojo.
Entiendo el riesgo que implica entrar a la niebla, en todos los relatos que hay sobre ella no hay mención sobre alguien que haya logrado escapar pero tampoco dice que sea imposible, antes de visitar a los espíritus por primera vez me preparé mentalmente sabiendo que podía terminar en la niebla, estudié todo lo que pude sobre aquella prisión y llegué a la conclusión de que una mente lo suficientemente disciplinada debería lograr escapar a los engaños del espíritu de la niebla...
Por favor no te preocupes por mí y bajo ninguna circunstancia pienses en rescatarme, sabes tan bien como yo que incluso el Avatar es propenso a caer preso de la niebla y si eso ocurre el mundo se quedaría sin Avatar para siempre, es algo irresponsable e irracional, algo que no me gustaría que ocurriera por mi culpa, así que no lo hagas.
Ahora te explicaré los motivos que he tenido para hacer esto, estoy segura de que los espíritus nos permitirán añadir a más maestros elementales a nuestras filas de defensa, nos permitirán hacer uso de los elementos siempre y cuando sea en defensa propia, Wan Shi tong siempre ha sido explicito cuándo habla de la impulsividad y agresividad de los humanos, los espíritus también pelean pero solo lo hacen cuando deben defender algo y nunca por ambición así que si seguimos ese mismo patrón no debería haber problema.
Lo que yo quiero evitar es dar un mal ejemplo, los espíritus están en todos lados y serán ellos quienes nos vigilen y delaten en caso de que alguien haga mal uso de sus poderes, si ese es el caso no quiero que en el futuro exista un registro de "una excepción a la regla" cuando alguien sea acusado de usar sus poderes de forma inadecuada.
No quiero que las personas recuerden "la vez que Asami Sato fue perdonada por romper las reglas" Porque sin importar los motivos que tuve terminé rompiendo las reglas sin tener el consentimiento de los espíritus y si permito que mi caso se vuelva una excepción estoy segura de que habrá más personas que querrán hacer lo mismo y eventualmente esto creará un problema, porque los humanos somos así, solemos abusar de los beneficios que se nos son otorgados y buscamos cualquier pretexto para justificar nuestras faltas, yo no quiero ser ese pretexto, no debe haber ningún pretexto y no debe existir ninguna excepción, los humanos no tenemos porque usar nuestros poderes para atacar a otros, después de haberme enfrentado al Loto Rojo esto me queda más claro que nunca, los maestros elementales pueden hacer mucho daño con el mínimo esfuerzo y eso no es correcto.
Cuando termines de hablar con los espíritus deberás volver al pueblo y hacer público lo que me ha ocurrido, Asami Sato debió enfrentar las consecuencias de sus actos al romper las reglas que hasta el momento estaban establecidas para las personas a las que se les había otorgado el privilegio de usar el poder de los elementos, sus poderes fueron removidos y ella fue lanzada a la niebla de las almas perdidas, el mismo castigo será impuesto para todos los que rompan las reglas impartidas por los espíritus... el mensaje tiene que ser claro, estoy segura de que encontrarás las palabras adecuadas.
No me queda más que pedir que sigas con nuestro plan de defensa, por favor no te detengas, si se llega el día en el que debas volver a Ba Sing Se y yo aún no he logrado escapar solo vete, no me esperes, no tenemos tiempo que perder... puede que salga en un día, tal vez una semana o un mes... incluso un año o tal vez más, no lo sé y por eso no debes esperar.
Te amo, no puedo poner en palabras todo lo que siento cuando estoy a tu lado, es una sensación cálida en mi pecho que me llena de alegría y satisfacción, estoy segura que el recuerdo de esa sensación bastará para ayudarme a volver porque es algo inconfundible y tarde o temprano lo echaré de menos y comenzaré a buscarte, lucharé para volver a tu lado sin importar lo que llegue a ver en aquellas pesadillas.
No detengas tu vida para esperarme pero no te sorprendas si un día me ves de vuelta.
Por favor explícale esto a mi padre y evita que venga a buscarme porque al igual que tú sé qué querrá hacerlo.
Recuerda amor mío, si yo caigo tú deberás sostener al mundo en tus hombros y seguir con mi legado así como yo seguiría con el tuyo si algo te sucediera, no somos una pareja común, yo debo ser fuerte por el Avatar y tú debes ser fuerte por Asami Sato.
Te ruego me disculpes: Asami Sato.
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- Asami... – Korra murmuró liberando un profundo y pesaroso suspiro.
- No entiendo el nivel de devoción que se tienen entre sí pero ella tuvo razón, la carta logró tranquilizarte. - Wan Shi Tong hizo un observación al ver la manera en que Korra había cambiado su postura, ahora su cuerpo reflejaba la derrota, no lucharía más, se le notaba pequeña e indefensa, sin ánimos de pelear y dispuesta a escuchar a cualquiera que necesitara hablar con ella.
- ¿Saben de alguien que haya logrado escapar de la niebla? - Preguntó la joven morena sin retirar su mirada de la firma que Asami había dejado en la carta.
- Si, cerca de diez personas a lo largo de toda la historia de la humanidad lo cual no es muy alentador, pero cabe mencionar que las personas que lograron escapar eran individuos muy compuestos y Asami es una joven única así que sus probabilidades de escapar no son del todo nulas. - Opinó Wan Shi Tong, Korra permaneció en silencio por un momento intentando aclarar su mente, el viento acariciaba su rostro y jugaba con su cabello moviéndolo de un lado a otro al igual que al pasto que la rodeaba, los espíritus observaban a la joven Avatar en espera de una reacción o más palabras pero no hubo nada, el silencio reinaba y Korra permanecía inmóvil sosteniendo la carta entre sus manos.
- Respecto a la petición que Asami hizo sobre las nuevas reglas para los maestros y también sobre la necesidad que tienen de aumentar la cantidad de maestros en el pueblo... decidimos acceder a concederles lo que piden. - La enorme lechuza habló al ver la falta de participación de la morena.
- Bien... – Korra murmuró, aunque por fuera luciera derrotada por dentro aún libraba una incesante pelea que poco a poco estaba acabando con su capacidad de mostrar compostura.
- Las nuevas reglas son iguales a las anteriores, los poderes deberán ser usados para ayudarse en tareas del día a día y nunca para pelear o causarle daño a otras personas o criaturas, sus poderes no deberán de ser usados de forma destructiva o negativamente. – Pausó. - El único cambio es que tendrán el derecho de hacer uso de sus poderes para defenderse o defender a otros en caso de ser víctimas de agresión, esto implica la capacidad de verse envueltos en una pelea siempre y cuando sea en defensa propia. - El espíritu explicó de la sabiduría explicó y Korra asintió con la cabeza, lágrimas silenciosas bajaban por su rostro, una a una se abrían paso por sus mejillas hasta llegar a su barbilla desde donde caían para ser arrastradas por el viento.
- En cuanto a la cantidad de nuevos maestros que planean entrenar... eso dependerá de ustedes, pero al igual que la vez anterior les recomendamos que sean personas de fiar. – Wan Shi Tong concluyó, Korra volvió a asentir con la cabeza sin dejar de sollozar.
- Esa no es la imagen que uno esperaría tener del Avatar. - Comentó el espíritu sin dejar de ver la derrotada figura de Korra.
- Es mejor que sean ustedes los que me vean así y no las personas a las que les diré que Asami fue enviada a la niebla de las almas perdidas. - Respondió con voz débil y apenas audible. - Ella me decía que debía expresarme, que no debía cargar con todo porque tarde o temprano terminaría explotando... si pienso seguir con nuestro plan mi voluntad no puede flaquear, no puedo perderme. - Suspiró limpiándose las lágrimas del rostro con el antebrazo.
- Ella volverá... no es como el resto de las personas. – Wan Shi Tong pensó en voz alta.
- Nadie es como el resto, todas las personas son únicas... - Korra afilo la mirada enfocando su atención sobre el espíritu de la sabiduría. - Es por eso que Asami y yo luchamos por ellos, así que por favor no menosprecies a ningún humano, al igual que yo Asami es tan humana como el resto, lo que ella hizo lo hizo por la humanidad, si en verdad la aprecias ten eso en mente cada vez que veas a un humano. - El Avatar señaló con firmeza. - No solo los humanos tienen cosas que trabajar, ustedes los espíritus también tienen que aprender a ver el corazón de los humanos, no somos malos, somos maleables y vulnerables a los estímulos externos que recibimos del ambiente y las personas que nos rodean, si ustedes se comportan hostiles frente a los humanos es obvio que los humanos no harán más que temer y resentir a los espíritus. – Pausó. - Si queremos que esta alianza funcione ustedes deberán darnos una oportunidad, de lo contrario volveremos a encontrarnos con peleas absurdas que mermarán nuestro intento de convivir en harmonía. – Korra concluyó suavizando la mirada y sentándose sobre el pasto.
- Yo creo que los humanos son divertidos. - Habló un espíritu que se asemejaba a una hoja, el pequeño espíritu flotaba cerca de la morena quién sin más se dejó caer hacia atrás terminando completamente recostada con las piernas y brazos abiertos, sus ojos contemplaron la luna en el cielo, el mundo espiritual parecía salido de un sueño, todo brillaba mucho más que en el mundo de los humanos, era hermoso pero ahora se convertiría en el lugar que mantendría a Asami encerrada en una prisión y eso era algo que Korra no podía ignorar.
- Son autodestructivos. - Bufó Wan Shi Tong, Korra cerró los ojos permitiendo que más lágrimas bajaran por su piel.
- Ustedes deben dejarme esa parte a mí, para eso está el Avatar... seré su puente, solo les pido que sean pacientes, los humanos tenemos demasiados sentimientos que a veces nos impiden ver claro. - Intentó explicarle al espíritu de la sabiduría quien permanecía de pie observándola atentamente.
- Eso me queda claro. - Gruñó Wa Shi Tong.
- Entonces eso es todo, agradezco su paciencia y su apoyo, todo lo que han hecho nos ha ayudado mucho, seguiré trabajando para continuar mejorando. - Les prometió sin abrir los ojos sabiendo que no podía hacer nada más, debía seguir adelante, no tenía tiempo que perder, había una guerra acercándose y no podía detenerse a lamentarse por nada, solo tenía ese momento para ser débil, esa noche lejos de las personas que contaban con su fortaleza para poder ganar la guerra.
- ¿Avatar? - Preguntó otro espíritu con voz suave.
- ¿Hm? - A penas respondió.
- ¿Estás triste? - Se acercó el espíritu con forma de un pequeño animal parecido a un conejo.
- Si. - Habló sin energía.
- No te preocupes, Asami dejó a Sai para que no te sintieras sola. - Dijo el pequeño espíritu haciendo que la morena abriera los ojos de golpe y se enderezara en su lugar, el espíritu del zorro permanecía sentado a un par de metros de distancia observándola detenidamente, no hacían falta palabras, Korra podía percibir la tristeza que el espíritu sentía al haber perdido a Asami.
- Sai... ven amigo. - Korra abrió los brazos permitiendo que el zorro se acercara y encontrara refugio en aquel cálido y silencioso abrazo.
- Espíritus prefiriendo la compañía de humanos y humanos abrazando espíritus. – Exhaló Wan Shi Tong. - No es ningún secreto que soy uno de los espíritus que más detesta a los humanos pero debo admitir que al ver todo lo que tú y Asami han hecho me resulta menos complicado imaginar un futuro en el que humanos y espíritus conviven en armonía. – Pausó por un par de segundos antes de continuar. - No nos decepciones Avatar, no puedes desperdiciar los esfuerzos de Asami... no mueras. - Concluyó la lechuza antes de echarse a volar y alejarse de aquella llanura.
- Jamás me permitiría morir sin antes asegurarme de que Asami se encuentre fuera de la niebla. – Korra murmuró. - Me aseguraré de ganar la pelea con el Loto Rojo y si entonces Asami no ha logrado escapar volveré a buscar una manera de sacarla de ahí... no la vamos a abandonar Sai. - Le aseguró al espíritu que ahora dormía entre sus brazos.
Esa noche Korra permaneció en el mundo espiritual donde durmió acurrucada y protegida por Naga, sería imprudente volver al pueblo en el estado emocional en el que se encontraba, debía apaciguar sus inquietudes personales antes de volver a mostrarse ante todos así que decidió posponer enfrentar a la realidad hasta el día siguiente, esa noche sería de ella y su dolor, acurrucada con la carta entre sus brazos perdió la conciencia intentando convencerse de que todo aquello era una pesadilla pero sabiendo que al amanecer no le quedaría más opción que seguir adelante… sin Asami.
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Naturalmente el primero en ser informado fue Hiroshi, la reacción del señor Sato resultó ser más explosiva de lo que Korra había anticipado, primero se había mostrado furioso, luego desesperado y finalmente, al no poder contra las fuerzas de la morena, Hiroshi rompió en llanto.
- Tengo que ir por ella, no la puedo dejar ahí y seguir como si nada ¿Qué tal si nunca sale? - Lloraba abrazando a Korra con todas sus fuerzas desahogando su dolor y frustración.
- No la dejaré ahí, por el momento lo mejor es que me concentre en la pelea con el Loto Rojo pero cuando eso pase te prometo que lo primero que haré será volver por Asami, si ella no sale por sí misma encontraré una manera de sacarla. - Le prometió al destrozado padre que a duras penas era capaz de conservar la calma para poder traducir sus pensamientos en palabras.
- Una razón más para terminar con esto cuanto antes. – El señor Sato susurró manteniendo sus brazos alrededor de Korra. - Cuándo esto termine yo te acompañaré, no te dejaré sola Korra, te ayudaré a encontrar a mi hija. - Aseguró, Korra asintió con la cabeza y suspiró maldiciendo internamente todo lo que estaba ocurriendo.
- Por favor no hagas nada estúpido mientras no estoy, pronto deberé ir a Ba Sing Se y cuando vuelva quiero verte aquí, si algo llegara a sucederte Asami no se lo perdonaría jamás. - Aclaró la morena mirando a Hiroshi directamente a los ojos.
- No quisiera arruinar el plan de mi hija, si se propuso sacrificar su vida para lograr la victoria sería una idiotez de mi parte el alterar su estrategia. – El hombre respondió y Korra asintió con la cabeza.
- Lo mismo pensé yo. - Murmuró ella.
- Entonces hagamos eso, prométeme que no volverás por ella sin mí y yo prometo no ir sin ti. - Propuso Hiroshi con una mirada seria e impenetrable, él sabía bien que Korra era fuerte y al ser el Avatar tenía más posibilidades de sacar a Asami de aquel lugar así que quería asegurarse de que ella lo incluyera en el plan de rescate porque quería estar ahí para rescatar a su hija.
- Lo prométo. - Korra le aseguró.
- Entonces vayamos a pasar el mensaje, no habrá excepciones, los futuros maestros deberán acatar las reglas al pie de la letra o se enfrentarán al mismo castigo que mi hija. - La voz de Hiroshi se volvió dura y fría, estaba decidido a transmitir el mensaje que Asami había enviado, aquello era algo serio y debía comunicarse apropiadamente.
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La noticia impactó al pueblo entero, hasta hace poco nadie sabía sobre los maestros elementales y ahora venían a enterarse de semejante suceso, su líder más querida se encontraba atrapada en una prisión que torturaba a sus cautivos haciendo uso de sus propios miedos, la mera idea sonaba como el mismísimo infierno, vivir para siempre sufriendo una tortura tan larga como la eternidad.
El miedo, la confusión y el descontento que nació entre la población no evitó que hubiera jóvenes varones y mujeres pertenecientes al grupo de guardias que se ofrecieran como voluntarios para ser los próximos maestros elementales, un total de trescientas personas se afiliaron a la lista de voluntarios para volverse maestros elementales.
La planificación había sido elaborada de tal manera que los miembros del cuerpo de guardias fueran los únicos calificados para volverse maestros, esto era debido a que ellos ya dominaban la técnica de bloqueo del Chi con la cual eran capaces de dormir los poderes del enemigo, también eran los que estaban mejor preparados para una pelea así que estaban acostumbrados a pesadas rutinas de entrenamiento físico lo cuál sería esencial para aprender las técnicas de un maestro elemental.
El siguiente grupo de entrenamiento que se organizó era para enseñar a más personas a dominar el control del bloqueo del Chi así como mejores técnicas de combate cuerpo a cuerpo, este entrenamiento sería para todos aquellos quienes gozaran de la edad y condición física apropiada para las lecciones que se les serían impartidas.
Finalmente estaba el grupo que sería enseñado a manejar armas de fuego, personas no lo suficientemente fuertes para enfrentar un combate cuerpo a cuerpo pero que eran capaces de llevar un arma y dispararla.
Los restantes serían los refugiados, niños y ancianos que no podían pelear, a los adultos de ese grupo se les enseñaría a disparar un arma de fuego como un plan de respaldo en caso de que las cosas no resultaran de acuerdo al plan.
No se perdió ni un segundo del día, todos se movían como las piezas de un reloj, cada quien en el lugar indicado a la hora indicada, todos siguiendo las instrucciones que se les eran dadas por las autoridades, todo de forma tranquila y ordenada, había tensión y nerviosismo en el ambiente lo cual era natural, el pueblo tenía muchas cosas nuevas que asimilar y nada de tiempo para hacerlo lo cual sería la receta perfecta para el desastre de no ser por la manera en que aquel pueblo había sido construido.
Los pobladores que habían nacido en aquellas tierras habían adoptado a los nuevos y les habían enseñado la confianza que tenían dentro de su pequeña comunidad, así los nuevos pobladores basaron su confianza en esas personas quienes eran considerados como el núcleo del pueblo, las generaciones nuevas ayudaban a las más nuevas formando capas de confianza, el núcleo ayudaba a la generación más próxima mientras esa generación ayudaba a la siguiente y así sucesivamente hasta llegar a los recién llegados.
De esta manera se evitaban los huecos sociales, siempre había un fuerte círculo de confianza que estaba atado a otro y todos se guiaban por el ejemplo del núcleo del pueblo que con el tiempo crecía cada vez más, era así como todos miraban a los pobladores fundadores de aquel pueblo y notaban como todos ellos confiaban plenamente en Asami y los otros líderes, no había nada que temer, solo debían confiar en sus líderes y seguir las estrategias que habían planteado para protegerlos a todos.
Luego de la junta todos volvieron a sus labores, todos excepto el grupo de rebeldes quienes preocupados se acercaron a su líder, Korra los recibió anticipándose al motivo de aquella reunión. Los rebeldes le preguntaron sobre lo ocurrido con Asami, todos insistieron en buscar alguna manera de ayudar a Carmín pero la morena insistió en abstenerse de precipitar las cosas, Korra sabía que llevar a un grupo de personas molestas con carácter impulsivo al mundo espiritual era una mala idea, a pesar de que apreciaba la preocupación y el interés que mostraban sus amigos no podía involucrarlos en el rescate de Asami, había muchas cosas que hacer por el momento y no podía perder tiempo en un problema que aún no estaba completamente segura de cómo resolver.
Al terminar el día Korra se despidió de Topn, ambas se encontraban a poco de terminar el refugio por lo cual estaba segura de que bastarían un par de horas del día siguiente para concluir aquella construcción y al terminar, lo siguiente en la lista para ella era volver a Ba Sing Se a iniciar el plan de defensa en aquellas tierras.
Esa noche Korra volvió a dormir acompañada por Naga y Sai, los espíritus subieron a la cama con ella para evitar que se sintiera sola. La habitación guardaba la esencia de Asami, su aroma permanecía en las cobijas con las que Korra se cubría, usualmente eso habría bastado para calmarla y llevarla a un punto de relajación profundo hasta quedarse dormida pero con la situación que vivía en el momento no podía dejar de pensar en el martirio que Asami debía estar viviendo en esos momentos y aquel pensamiento no la dejaba dormir.
Una pesadilla tras otra despertaban a la joven Avatar interrumpiendo las pocas horas de sueño que había logrado obtener, a las cinco de la mañana se había dado por vencida y al fin salió de la cama, los espíritus la siguieron de cerca de un lado a otro de la habitación hasta que los tres se encaminaron a la cocina dónde Wu se encontraba preparando el desayuno de Hiroshi.
- Buenos días. - Saludó la morena acercándose al joven para ver lo que preparaba.
- Avena. - Wu se adelantó al notar la curiosidad del Avatar. - ¡Por Rahva! - Saltó sorprendido al notar a los acompañantes de Korra quienes se encontraban sentados a un par de metros de ella.
- Cuidado. - Advirtió Korra deteniendo en el aire la avena que había saltado del recipiente que Wu tenía sobre el fuego.
- Wow...- Wu observaba encantado la manera en que el Avatar manipulaba el líquido en el aire y lo devolvía al recipiente con un pequeño movimiento de su mano. - Nunca en mi vida había visto algo parecido... ¡Es increíble! - Su emoción llenó la habitación, Kora sonrió de lado recordando la primera vez que Asami había presenciado sus poderes de maestra agua.
- Ya te acostumbrarás a ver estas cosas, los maestros elementales volverán a la luz. – Korra le aseguró con cierta preocupación en su mirada al recordar el enfrentamiento que habían tenido con el Loto Rojo.
- Es una lástima que me hayan asignado al manejo de armas de fuego. - Se quejó el joven.
- Es un trabajo importante, deberás cuidar de todos lo que se encuentren en el campo de batalla. - Korra señaló.
- ¡Eso lo vuelve más estresante! - Wu rodó los ojos haciendo a la morena suspirar con resignación, Wu no podía ser el único en el pueblo que se encontrara mentalmente limitado para un enfrentamiento de tal magnitud, no era extraño que las personas no estuvieran listas para pelear, había gente que no tenía lo necesario para verse involucrada en situaciones violentas, había personas que sucumbían al miedo con facilidad, ayudar a ese tipo de personas les tomaría meses y a decir verdad no sabían con seguridad cuanto tiempo tenían antes de que el Loto Rojo decidiera atacar.
- Wu, todos estaremos confiando en todos, solo pon todo tu empeño en el entrenamiento y tu cuerpo y mente reaccionarán bien cuando el momento de la verdad llegue. - Le aconsejo antes de tomar un poco de la avena y un par de frutas.
Después del desayuno Korra se dirigió de vuelta al mundo espiritual, necesitaba otro favor más de los espíritus, una copia de la bitácora del Loto Rojo.
Volver a Ba Sing Se a proponer una alianza con el pueblo de Asami podría levantar muchas sospechas, si los rebeldes se enteraban de su identidad de Avatar necesitaría de algo para respaldar las acusaciones que haría en contra del Loto Rojo y los engaños que habían usado para manipular a los rebeldes, lamentablemente la única prueba que tenían eran sus propios testimonios y los de sus hombres así que una copia de aquella bitácora tal vez le ayudaría a convencer a los rebeldes de que lo que decía era cierto.
Wan Shi Tong no mostró oposición alguna, su única condición fue que la transcripción del texto fuera hecha dentro de su biblioteca en dónde él pudiera asegurarse de que nada malo le ocurriera a la bitácora, por este motivo Korra decidió pedirle ayuda a Jinora ya que ella era la más experimentada en la transcripción de libros, la joven aceptó de inmediato al tener un especial interés en conocer aquella bitácora pues claramente aquel documento contenía la narración del final del mundo, el único registro de la manera en que la humanidad había logrado autodestruirse.
La experiencia que Jinora tenía le ayudó a determinar que transcribir la bitácora le tomaría cerca de cuatro días, Korra no impuso ningún tipo de presión sobre la joven, en vez de eso le agradeció por su ayuda y la dejó trabajar, el tiempo que Jinora tardara en transcribir la bitácora no sería desperdiciado, Korra estaba dispuesta a ayudar en todos lo que pudiera mientras aún permanecía en el pueblo.
Una tarea en la que se involucró de inmediato fue en la selección de los maestros elementales, con ayuda de sus dos maestras, Toph y Katara, las tres evaluaron las aptitudes de los voluntarios para determinar el elemento que se ajustara más a la persona para evitar complicaciones al momento del entrenamiento y el aprendizaje.
La selección en sí tomó dos días para completarse, todos los aprendices y maestros irían al mundo espiritual a iniciar el entrenamiento para ser asesorados y supervisados por los espíritus, permanecerían ahí hasta completar las bases de su entrenamiento, serían clases intensivas pues el objetivo era que manejaran técnicas de defensa que les sirvieran para neutralizar a los maestros del Loto Rojo en el menor tiempo posible.
Los rebeldes habían iniciado su entrenamiento para bloquear el Chi y a pesar de que Korra les había advertido que se uniría a ellos en realidad no tuvo la oportunidad de hacer tal cosa, tras terminar con la selección de los maestros elementales Korra dirigió su atención hacia Hiroshi y las personas que estaban a cargo de la elaboración de las armas de fuego, quería asegurarse de que el uso de aquellas armas se llevara a cabo bajo un control minucioso, solo las personas que tuvieran una posición en las murallas del pueblo y en las torres de vigilancia podrían portar estas armas, el resto de la población usaría armas como los guantes eléctricos de Asami para así neutralizar al enemigo.
Cuatro días habían bastado para que Jinora completara la transcripción del texto en su totalidad, Korra se encontraba preparada para partir de inmediato, los rebeldes ya tenían sus equipaje listo para el viaje y solo se encontraban esperando la orden de su líder para volver a casa, cuando Korra los llamó todos se reunieron en la plaza del pueblo dónde la joven Avatar se despedía de sus amigos.
Los rebeldes no serían los únicos que partirían a Ba Sing Se, una pequeña división de guardias también los acompañarían, entre ellos iban Bolin, Mako, Tenzin y Varrick. Tenzin iría con el fin de ayudar a enseñar a los rebeldes los beneficios que podían tener para la agricultura gracias a la alianza, Mako iría a dirigir a los guardias y el entrenamiento en el control del Chi y Varrick les mostraría el uso de artefactos eléctricos para uso defensivo, todos iban cargados con buenas porciones de grano que ofrecerían como gesto de buena fe a la alianza rebelde.
- Cuídate y vuelve sana a nosotros. - Murmuró Hiroshi antes de liberar a la morena de su abrazo, Korra asintió con la cabeza y sonrió.
- Si ocurre cualquier cosa pide a los espíritus que me llamen, ellos ya saben lo que está pasando y siempre los están observando. - Explicó Korra, Hiroshi asintió con la cabeza mirando los árboles del bosque que los rodeaban, aunque no siempre fueran visibles, los espíritus estaban ahí y él lo sabía.
Sin decir más los rebeldes levantaron el ataúd de roca que almacenaba el cuerpo de Bumi y comenzó a caminar hacia la salida del pueblo, todos subirían a un bote de hielo que la morena les proporcionaría, todo el camino sería ella quién impulsaría aquel navío con el fin de llegar más rápido a su destino, volverían a Ba Sing Se dónde Kuvira ahora reinaba, nadie sabía que esperar, nadie había escuchado nada de los rebeldes en poco más de dos meses, Korra sabía que cualquier cosa podía pasar, las noticias que llevaban estaban por cambiar aún más el estilo de vida al que los rebeldes estaban acostumbrados y eso podía tener un impacto negativo en la alianza que había logrado establecer.
- Estamos aquí para ayudarte, no estás sola. - Mako le ofreció una pequeña sonrisa que logró aligerar la carga de los hombros de la morena.
- Lo sé, hace años que no lo estoy. – Korra respondió con la mirada perdida en el horizonte al pensar en su amada ojiverde, nunca se rendiría, lucharía por el mundo y luego por ella, por la chica que la había ayudado a no perderse a sí misma durante la tempestad, las dos habían logrado cosas inimaginables y sus amigos estaban ahí listos para ayudar en el camino del Avatar, el camino a una vida plena y libre de la obscuridad que el dolor, el miedo y el odio habían sembrado en la humanidad.
Nop, no me he olvidad ni me olvidare de actualizar.
Espero les haya gustado c:
