Cinco dias de viaje, al atardecer el grupo pudo divisar las murallas de Ba Sing Se, la gente del pueblo sobre las Ruinas en Ciudad República se quedó con la boca abierta al presenciar la grandeza de las enormes murallas que protegían las ruinas de la antigua capital del Reino Tierra, ninguno de ellos se había aventurado más allá de los territorios de su pueblo y al presenciar aquellas enormes estructuras no podían evitar quedar completamente sorprendidos y maravillados.

- Korra... - Bolin murmuró sin ser capaz de decir nada más.

- Bienvenido a nuestra casa amigo Balin. – La Roca le dijo dándole una fuerte palmada en la espalda que hizo que el chico perdiera el aliento por un momento.

- Gracias… - El ojiverde respondió intentando no ser descortés con el enorme hombre rebelde.

- Al fin en casa... – Korra murmuró para sí misma sintiéndose un poco nerviosa, cada paso que daban los acercaba más a las murallas detrás de las cuales se encontraba la alianza rebelde y no sabía que esperar, de verdad quería inclinarse a pensar que todo estaba bien y que Kuvira no había decidido olvidarse de todo para apoderarse de la alianza y poner a todos en su contra porque lo que la joven Avatar menos quería en esos momentos era tener que enfrentarse a ella, no quería tener que volver a encerrar a Kuvira pues en ella podía ver el gran talento que tenía para ser una buena líder, talento que de ser usado correctamente ayudaría a la alianza rebelde a trabajar para alcanzar un futuro mejor.

- ¿Todo bien? - Preguntó Mako notando la seriedad que se había apoderado del rostro de la morena.

- Prefecto. – Korra suspiró, su voz era seca y poco expresiva al igual que su rostro, de un momento a otro las emociones de la morena se habían vuelto difíciles de leer, su lenguaje corporal también había cambiado, sus pasos daban la impresión de haberse vuelto más pesados y firmes, Korra lucía más fiera y peligrosa que de costumbre, algo que los hermanos no habían presenciado antes, parecía como si de pronto Korra se hubiera convertido en otra persona.

- Ah... la joven Avatar vuelve a transformarse en la temida Guerrera del Sur. – La Roca bromeo y los rebeldes del grupo rieron.

- Cierto. - Korra confirmó mirando a la gente del pueblo de Hiroshi. – Escuchen, olviden mi nombre, a partir de ahora se dirigirán a mí como "Guerrera del Sur" – Pausó. - Ahí dentro me deberán tratar como a un líder militar, no me pueden hablar como a cualquier otra persona, amigo o colega porque si lo hacen puede que los rebeldes decidan castigarlos por ser osados. – Les aclaró con tono firme asegurándose de que no hubiera malentendidos.

- Algo más, ahí adentro las cosas son muy diferentes a como ustedes viven en su pueblo, los rebeldes son más directos, si alguno de ustedes llega dirigirle una mirada a alguien de manera que a los rebeldes no les parezca adecuada puede que terminen envueltos en una pelea, si laguna vez se llegan a meter en un problema así más vale que luchen y demuestren que no son cobardes o de lo contrario perderán muchos privilegios dentro de la alianza rebelde. – La morena añadió y volvió a pausar intentando pensar en más consejos que pudiera estar olvidando y que podrían ayudar a Mako y a sus hombres a sobrevivir dentro de los muros de Ba Sing Se.

- La Guerrera del Sur es nuestra líder, para los rebeldes la líder puede hacer lo que se le venga en gana y todos deben respetarla, ella es la más fuerte de todos nosotros y oponerte a ella es una falta de respeto... – Una mujer rebelde comenzó a aclarar mirando los ojos de cada uno de los hombres que se aventurarían a visitar su alianza. – Mako, Balin, si pretenden hablar con La Guerrera del sur como lo hacen en su pueblo más vale que recuerden hacerlo en privado o terminarán envueltos en un buen lío, nada de abrazos espontáneos o palmadas en la espalda, en nuestra tierra La Guerrera del Sur los dejará ser apaleados si la opinión popular decide que eso es lo que quieren que ocurra con ustedes. – Concluyó alzando una de sus cejas.

- ¿Recuerdan cuando Carmín terminó atravesada por una daga? Definitivamente no quieren provocar a nuestra Guerrer del Sur. – Habló uno de los rebeldes infundiendo confusión en el rostro de Mako y Bolin quienes ya estaban al tanto de que Carmín era el nombre que Asami había adoptado dentro de la alianza rebelde.

- Si... no lo hagan. – Korra suspiró evitando las miradas de sus amigos.

- ¡¿Apuñalaste a Asami?! - Preguntó Bolin.

- ¿Algún problema Balin? – La Roca respondió con tono amenazante.

- Si... lo hice. - Murmuró Korra volviendo a suspirar. - Es una larga historia, no tenemos tiempo para eso en estos tomentos, lo importante es que los rebeldes tiene razón, La Guerrera del Sur no los protegerá así que cuiden de sus acciones ahí dentro. - Concluyó intentando evitar el tema, no quería hablar de Asami y mucho menos de "la vez que la había apuñalado".

- ¡Alto! - Ordenó una voz desde la cima de la muralla.

- ¡Abran! – Korra demandó con fiereza, la adrenalina comenzó a inyectarse en su sangre, era momento de volver con los rebeldes, todas las emociones que pesaban sobre ella debían ser borradas de sus expresiones faciales, La Guerrera del Sur debería ser más dura que nunca para abrir un puente entre la alianza rebelde y la alianza de asentamientos así que no podía permitirse ser vulnerable, aún si eso significaba maquillar el dolor que amenazaba con devorar las fuerzas que le quedaban para seguir adelante y cumplir con sus responsabilidades, se sentía como un animal herido y debía actuar como si se encontrara en perfectas condiciones, como si no quisiera echarse para atrás y correr hacia el portal espiritual con el fin de salvar a Asami.

- ¡Es ella! - La voz del vigía avisó a las otras personas que también cuidaban la muralla, detrás de las murallas se podía escuchar cómo se corría la voz y todos repetían el mismo mensaje "Es ella" pasaba de voz en voz creando el efecto de escuchar un eco que resonaba por toda la ciudad. El sudor bajó por el rostro de la morena quién en silencio pedía a los espíritus que todo saliera bien, al terminar de repetirse el mensaje en el interior de Ba Sing Se no se escuchó nada más, la falta de sonido prevaleció por unos cuantos segundos pero para la joven Avatar esto pareció una eternidad, la Guerrera del Sur no tenía paciencia para tal cosa, quería que aquellas puertas se abrieran de inmediato ya que no había motivo por el cual ella no pudiera entrar a sus propias tierras.

- ¡¿Qué demonios esperan?! - Gruñó y sus rebeldes sonrieron de lado mientras Mako y los suyos observaban sorprendidos la nueva actitud que el Avatar había adoptado.

De pronto las puertas de metal que cubrían un agujero en la parte inferior de la muralla comenzaron a abrirse, detrás de ellas apareció la figura de Kuvira, la ojiverde permaneció en silencio durante un momento mientras contemplaba a Korra con una expresión fría e imposible de leer, Kuvira lucía un poco agitada lo que indicaba que se había apresurado a llegar ahí para recibir en persona a la Guerrera del Sur.

- Estás aquí. - Al fin rompió el silencio, Korra la miró con indiferencia sin saber que decir pues no sabía bien cuáles eran las intenciones de la mujer que tenía frente a ella. Detrás de Kuvira comenzaron a salir los peleadores del coliseo, el equivalente a los guardias del pueblo de Asami, todos miraban a la morena en silencio, todas las miradas se concentraba en la Guerrera del Sur y en nadie más.

- ¿Esperabas que muriera allá? - Korra respondió y el simple sonido de su voz bastó para romper la frialdad en el rostro de los rebeldes de la alianza que permanecían detrás de Kuvira pues todos comenzaron a esbozar amplias sonrisas llenas de alivio y alegría.

- Esperaba que volvieras antes. - Aclaró Kuvira haciendo una pequeña reverencia con la cabeza, el gesto bastó para hacer que la morena desistiera de su posición defensiva, Kuvira había hecho una reverencia, jamás se hubiera imaginado tal cosa, esperaba todo lo contrario y sin embargo ahí estaban las dos, frente a frente con la ojiverde ofreciendo un gesto de sumisión y respeto.

- Hay muchas cosas que debemos hablar. - Korra respondió con un tono más tranquilo.

- No esperaba menos. - Kuvira sonrió de lado y dando un par de pasos hacia el frente alcanzó a Korra para envolverla en un abrazo que dejó a todos boquiabiertos, con una de sus manos sujetaba la cabeza de Korra cerca de su hombro mientras que con el otro envolvía el cuerpo de la morena manteniéndola cerca de ella.

- Hubo un altercado luego de la partida de Carmín... El Loto Rojo envió a un grupo de hombres y ellos aseguraron que habías sido capturada, pensamos que Carmín no llegaría a tiempo... – Kuvira murmuró estrechando a Korra con fuerza, Korra suspiró sintiendo como el corazón se le llenaba de calor, los rebeldes podían ser eso, rebeldes, pero eran gente como cualquier otra, ellos se preocupaban por ella tanto como el resto de sus amigos, incluso Kuvira...

- Lo hizo... – La morena respondió devolviendo el abrazo de Kuvira, al fin podía sentir que aquella líder rebelde estaba ahí, con ella, lista para pelear a su lado de forma incondicional, ninguna de las dos se apartó del abrazo, Kuvira sujetaba a Korra con fuerza permitiéndose sentir el calor de su cuerpo y el latir de su corazón para convencerse a sí misma de que todo estaba bien, el Avatar continuaba vivo, Korra se encontraba sana y salva.

- ¡Guerrera del Sur! - Gritaron los rebeldes desde el interior de las murallas haciendo su nombre resonar a la distancia.

- ¿En dónde está ella? - Kuvira preguntó abriendo un poco de espacio entre ellas para poder buscar a Asami con la mirada, sus ojos examinaron cada uno de los rostros de las personas que acompañaban a la morena pero no logró encontrar a la joven de los labios color carmín.

- No está, por el momento deberá quedarse en otro lado.- Korra apartó su mirada de la de Kuvira y dio un paso hacia atrás alejándose del abrazo que la había envuelto hasta el momento.

- Ya veo... – Kuvira asintió con la cabeza sabiendo que la voz de la morena ocultaba algo. - ¿Y El Rey Loco? - Volvió a hacer otra pregunta tras notar la ausencia del amigo del Avatar.

- Aquí. - Korra miró hacia atrás e hizo una seña con su mano indicándole a sus a sus hombres que se acercaran con el ataúd, los ojos de Kuvira observaron el bulto de roca que descansaba encima de la plataforma de metal sobre la cual era transportado, de inmediato volvió su atención hacia la morena siendo incapaz de ocultar la preocupación que aquella noticia le traía, su mirada se mostraba angustiada, sabía bien lo que Bumi significaba para la joven morena pues desde que Korra le había permitido salir del calabozo no hubo ni un solo día en que no la escuchara hablar sobre el rescate de aquel hombre.

- Lo lamento. - Le dijo de la manera más sincera que pudo.

- Gracias. - Murmuró la ojiazul. - ¡Abran paso! - Ordenó para que sus hombres pudieran pasar con el ataúd de Bumi hacia el interior de la muralla, la gente obedeció abriendo un camino para los hombres que llevaban el cuerpo de Bumi.

- Tenemos que reunir a los líderes de la alianza cuanto antes. – Korra le indicó a Kuvira.

- Claro. – Kuvira respondió observando con atención a las personas cuyos rostros no le eran familiares. - ¿Quiénes son ellos? – Preguntó levantando un poco la barbilla para señalar a Mako y al resto de los hombres del pueblo de Hiroshi.

- Nuevos aliados… - La morena pausó dirigiendo su mirada hacia el mismo grupo de personas que Kuvira miraba con detenimiento. – Del pueblo sobre las ruinas de Ciudad República. – Añadió, Kuvira asintió con la cabeza y decidió no prestarles mayor atención pues sabía que Asami era la líder de aquel lugar y aunque ella no estuviera ahí sabía que la relación que existía entre Carmín y la Guerrera del Sur bastaba para contar con el apoyo incondicional de aquellas personas.

- Bien, después te pediré los detalles. – Kuvira se dio media vuelta y comenzó a caminar detrás de sus gladiadores marcando el punto en el que terminaban los rebeldes y comenzaba la gente del asentamiento de Hiroshi. – Déjenlos entrar, son aliados. – Ordenó Kuvira antes de cruzar el umbral de las puertas de hierro, Korra no tardó en notar el comportamiento de Kuvira pero sabía que era una reacción natural que seguro también observaría en el resto de los rebeldes.

Al irse abriendo paso a través de los distintos niveles de la ciudad Korra recibía los halagos de la gente que celebraba su regreso, todos la miraban como si se tratara de un ser querido que creían perdido, todos daban la impresión de estar ahí para corroborar por sí mismos que la Guerrera del Sur seguía con vida lo que hacía que aquella recepción fuera distinta y muy especial para la morena que podía sentir con toda claridad el calor de su gente.

El cuerpo de Bumi fue colocado en el centro del coliseo, Korra entró al centro de la arena acompañada por el grupo de gente que había viajado con ella, ahí esperaron a que la gente se reuniera y llenara las gradas para poder aclarar un par de cosas antes de entrar a hablar con los líderes de la alianza sobre el Loto Rojo y las propuesta que tenía para repeler la amenaza que aquella organización implicaba para todos ellos.

- Escuchen, en esta caja de roca descansa el cuerpo del Rey Loco del coliseo, Bumi murió defendiendo a sus hombres y lo hizo sin mostrar temor, su cuerpo descansará en el centro de su coliseo hasta que llegue el tiempo de hacerle sepultura, mientras tanto espero que sean respetuosos, no quiero altercados mientras él esté aquí, cualquiera que se atreva a actuar de modo inapropiado tendrá que enfrentarse a mí en esta misma arena ¿Entendido? – Korra les advirtió, todos permanecieron en total silencio permitiendo que ella continuara su discurso sin problema alguno. - Hubo más pérdidas durante la pelea que tuvimos en aquellas tierras pero no fui capaz de recuperar todos los cuerpos, sus muertes no serán olvidadas y por supuesto que este no es el final de esta guerra, es por eso que no podemos celebrar mi regreso, hay muchas cosas que debemos hacer antes de poder celebrar... – Suspiró manteniendo las manos cerradas en fuertes puños que le ayudaban a mantener el control de sus sentimientos cómo si pudiera sujetarlos y mantenerlos firmemente agarrados para evitar que corrieran libres por su cuerpo. - Espero que puedan entender esto y espero que comiencen a prepararse para lo que está por venir, iniciaré una junta con los líderes y al terminar hablaré con todos, agradezco su cálido recibimiento, en verdad me ayudó a animarme un poco luego de las pérdidas que hemos sufrido. - Concluyó, el público reaccionó ofreciendo un fuerte aplauso, nadie dijo u opino nada pues entendían que no era el momento, su líder les había pedido paciencia y ellos se la darían, si las cosas estaban por volverse complicadas lo mejor era dejarlo todo en las manos de su invencible Guerrera del Sur.

Korra salió de la arena y se dirigió a la sala de juntas, no tenía tiempo para hablar con Mako y sus hombres así que se limitó a pedirle a sus gladiadores que cuidaran de los visitantes mientras ella atendía la junta a la cual solo permitió la entrada de Mako y Tenzin como los representantes de su pueblo.

- Te ves sana y fuerte. - Comentó uno de los líderes, un hombre de cabello corto y negro que ya mostraba colores plateados y blancos en las zonas cerca de sus sienes, tenía ojos rasgados y piel blanca, de cuerpo delgado pero bien trabajado y tatuajes en todas sus extremidades, este era el líder que representaba a los rebeldes del norte del antiguo reino tierra y era conocido como "El monte", sus rebeldes solían azotar los territorios que colindaban con la cadena montañosa que cubría el noroeste del continente y de ahí le venía el apodo.

- ¿Qué esperaban? - Bufó Korra notando un par de bancos que aún se encontraban vacíos. - Tuve tiempo suficiente para recuperarme de los rasguños. – Explico suavizando un poco su tono de voz.

- ¿Quiénes son ellos? – El monte preguntó señalando a los forasteros.

- Uno de los motivos de esta junta. - La Guerrera del Sur le dijo sin entrar en ningún tipo de detalle. - En dónde está Suyin? – Le preguntó al resto de los presentes esperando que alguno de ellos tuviera la respuesta que buscaba pues desde su llegada no la había visto ni una sola vez y temía lo peor.

- Estaba un poco ocupada cuando llegaste, algo sobre los cultivos... - Kuvira respondió encogiéndose de hombros y esbozando una pequeña sonrisa.

- Lamento la demora. - Suyin asomó la cabeza por la puerta antes de entrar a la sala y tomar asiento en el último banco que quedaba disponible, Korra le dirigió una pequeña mirada de sospecha a Kuvira quién evitó hacer contacto visual con ella pretendiendo no notar la atención que estaba recibiendo por parte de la líder, Korra decidió no perder más el tiempo en cosas que no guardaban ningún vínculo con los temas que debía tratar en la junta, después se ocuparía de hablar con aquellas dos mujeres para ver de qué manera había evolucionado su relación bajo el liderazgo de Kuvira.

- Bien, ya que estamos todos les puedo presentar a nuestros invitados, Mako y Tenzin, ambos son representantes del pueblo en las Ruinas de Ciudad República. – Korra señaló, los rostros de los líderes rebeldes se llenaron de confusión, la sala se llenó de preguntas lanzadas al aire, unos parecían molestos, otros perdidos y algunos mostraban un poco de ambas cosas.

- Basta. - Korra a penas alzó la voz pero eso bastó para silenciarlos a todos.

- ¿Qué hacen estas personas perdidas en los bajos mundos? - Kuvira rompió el silencio dirigiendo una mirada burlona hacia los dos hombres que sin decir nada dirigieron sus miradas hacia la morena esperando a que ella tomara el control de la situación.

- Kuvira. - Korra advirtió, la ojiverde reaccionó mostrando una pequeña sonrisa traviesa y levantando sus manos a la altura de su pecho en modo defensivo.

- Solo era una pregunta. – Kuvira aseguró concentrando su mirada en la morena para demostrar que no tenía interés alguno en molestar a los invitados, Korra arrugó el entrecejo y suspiró intentando concentrarse en lo que era importante.

- Primero quisiera explicar lo que ocurrió en el antiguo Reino Fuego. – La ojiazul comenzó a relatar todo lo que había acontecido desde su partida, narró todas las complicaciones y los enfrentamientos que tuvieron a lo largo de su viaje, omitiendo su identidad de Avatar y la de Carmín como Asami, le explicó a los líderes que al tener un enemigo en común la gente del pueblo en las ruinas de Ciudad República estos les habían ayudado a enfrentarse a los rebeldes del Antiguo Reino Fuego, mostrando la copia de la bitácora del Loto Rojo expuso la identidad de los individuos que hasta el momento habían estado actuando como los líderes del movimiento rebelde y aclaró el vínculo que estas personas tenían con las ideas y propósitos del Avatar obscuro.

La reacción de los líderes rebeldes fue variada, unos se mostraron preocupados, otros molestos, otros sorprendidos y algunos parecían aterrizar sospechas que habían tenido durante los años que habían vivido bajo las reglas del Loto Rojo.

- Lo puedo corroborar, al ser líder me convertí en un objetivo del Loto Rojo, ellos me contactaron y me pidieron seguir sus órdenes al pie de la letra para poder mantener el control sobre los grupos rebeldes de estas tierras. - Kuvira habló para respaldar las palabras de Korra.

- Entonces existe un Loto Blanco que respalda al Avatar y un Loto Rojo que fue creado por el mismo Avatar obscuro. – Habló Alfa, una mujer de cabello negro, corto y rizado, de piel obscura y labios carnosos, ojos grandes y negros, de complexión robusta y fuerte, tenía una estatura cercana a los dos metros y su piel se encontraba tapizada con cicatrices que habían sido hechas a propósito para darle un aspecto aterrador, la única cicatriz que destacaba y no había sido planeada era una que marcaba su cráneo subiéndole desde la oreja izquierda hasta la mitad de la cabeza, esta cicatriz había sido hecha por la Guerrera del Sur en uno de sus enfrentamientos en el coliseo, una marca que nunca le permitiría olvidar la fuerza que en verdad poseía la morena de ojos azules, Alfa y sus hombres eran conocidos como "La Jauría" los rebeldes que azotaban las tierras en el suroeste del continente en donde quedaban los restos de un extenso bosque.

- Si. - Korra no habló más para permitir que las preguntas surgieran, debía dejar que la idea aterrizara en las mentes de sus líderes antes de tomar cualquier otra acción.

- También tienen maestros elementales. – Decidió liberar la bomba que sabía que terminaría por desatar el caos en las mentes de los presentes, y tal como lo había predicho ninguno de los rebeldes fue capaz de ocultar el terror en su mirada, Suyin y Kuvira miraron a Korra como si intentaran tener una conversación personal con ella a través de aquellas miradas llenas de confusión y desesperación, Korra entendía bien lo que sentían pero por el momento no podía atenderlas personalmente así que sus ojos se enfocaron en las reacciones que tenía el resto del grupo antes de ponerse de pie.

- Es por eso que fui capturada y es por eso que no fui capaz de salvar a Bumi. – Suspiró comenzando a caminar por la pequeña oficina. - Mako estuvo ahí, La roca y todos los gladiadores que volvieron conmigo, hombres y mujeres, todos vimos el poder que el Loto Rojo posee. - Declaró con seriedad.

- Es imposible vencer a un maestro. – Aseguró Gila, el líder de los rebeldes del sur, el territorio que poseía el desierto más extenso y caluroso de todos, este hombre tenía la piel enrojecida gracias a los implacables rayos del sol, de ojos verdes y cabello castaño que mantenía sujeto en un molote desalineado, su densa barba le cubría la mitad del rostro, tenía un cuerpo delgado que no suponía una amenaza para ninguno de los rebeldes del coliseo pero aquel hombre se había ganado el respeto de todos al ser el mejor en todo lo referente a la supervivencia en el desierto, él y sus hombres solían sacar tesoros de los pueblos abandonados en el desierto, al ser pueblos que nadie podía alcanzar ellos eran capaces de saquear todos sus tesoros sin tener que pelear por ellos así como también se aprovechaban de las personas que desfallecían bajo el calor infernal del sol del desierto, estas personas moribundas eran blancos fáciles, de esta manera los rebeldes "rata canguro" solían ser los más acaudalados, unos de los que tenían más peso en las apuestas del coliseo.

- No lo es. - Intervino Mako en un intento por borrar aquella idea de la mente de los líderes, no quería que ninguno de ellos entrara en pánico ya que no confiaba en la capacidad que los rebeldes tenían para mantener el control al encontrarse bajo presión, Mako se había enfrentado a grupos rebeldes en un par de ocasiones e incluso de pequeño no le resultó difícil notar que los rebeldes eran personas impulsivas que actuaban de manera errática y peligrosa al sentirse amenazados.

- No, no lo es. - Korra respaldó las palabras de Mako. - Hay técnicas que podemos usar en su contra, Mako y sus hombres nos pueden ayudar a aprender esas técnicas, también nos pueden brindar armas eléctricas que nos ayudarían a neutralizar a los maestros elementales, es por eso que quiero establecer una alianza con su pueblo. – Explicó, todos guardaron silencio manteniendo sus miradas fijas sobre la figura de la morena como si intentaran encontrar las respuestas en la manera en que ella se movía por la sala.

- ¿Qué técnicas? - Preguntó Kuvira.

- El bloqueo del Chi - Respondió la morena.

- ¿Cómo funciona eso? – El Monte preguntó con profundo interés.

- Es la misma técnica que Carmín utiliza en la arena. – Korra señaló sabiendo que todos ellos habían presenciado las peleas de Asami en el coliseo.

- ¿En dónde está Carmín? – Alfa preguntó, Korra la miró por un momento sabiendo que tarde o temprano aquella pregunta habría salido a flote, era de lo más natural, Asami se había vuelto parte esencial de la alianza rebelde y la gente iba a notar su ausencia.

- Está en el pueblo de Ciudad República, fue lastimada y allá le pueden brindar mejor atención médica. - Su respuesta fue inmediata y su tono de voz dejaba en claro que no planeaba profundizar en el tema.

- ¿Entonces ellos saben hacer lo mismo que Carmín? – El Monte le preguntó intentando abrir espacio para la duda que en verdad ocupaba su mente.

- Carmín escapo de nuestro pueblo con tecnología que nos pertenecía y técnicas que también nos pertenecían. - Mako intervino anticipándose a la pregunta que el líder estaba por hacer.

- Con su agilidad no me sorprende que les haya visto la cara de idiotas. – Gila se burló.

- Nada de eso es de nuestro interés, lo que importa es tener acceso a esas técnicas para podernos defender del enemigo. - Korra cortó las especulaciones haciendo que todos quedaran en silencio.

- Negarnos sería una estupidez ya que esa parece ser la única manera que tenemos de defendernos contra un maestro elemental. - Kuvira opinó y el resto asintió con la cabeza sin agregar nada más a su afirmación.

- Trajimos ofrendas como gesto de buena voluntad, semillas para cultivar y grano para su consumo. – Mako comentó para incentivar un poco más la idea de la alianza.

- Gracias. – Suyin le dirigió una cálida sonrisa.

- Los líderes de los que hablan, ese "Loto Rojo" siempre ha permanecido en el antiguo Reino Fuego ¿Qué los hace pensar que saldrán de allá? Si quieren venir tendrían que cruzar los mares, llegar por mar no es sencillo, se volverían vulnerables a ataques enemigos. – El más viejo de los rebeldes al fin alzó la voz para expresar sus pensamientos, él era conocido como Arpón, sus rebeldes habían sido nombrados "Los piratas del Este", ellos navegaban el mar del este, pescaban y asaltaban a cualquiera que se atravesara en su camino, Arpón tenía el rostro arrugado, su cabello era completamente blanco al igual que la tenue barba que le cubría la parte inferior del rostro, su cuerpo ya no suponía una amenaza para nadie, debía tener cerca de sesenta años y era por eso que tenía de su lado una cantidad considerable de seguidores, Arpón había perdido el ojo derecho, la cicatriz le partía la ceja en tres secciones y le bajaba por la mejilla hasta partirle la orilla de los labios, aquella terrible cicatriz lo había acompañado desde pequeño cuando un rebelde asesinó a sus padres, aquel día Arpón había tenido que pelear por su vida, los rebeldes que habían azotado su asentamiento obligaron a los niños a pelear entre sí con el fin de entretenerse un poco antes de llevar su reinado de terror a otro asentamiento, permitiendo que los niños pelearan haciendo uso de objetos afilados los observaban lastimarse mutuamente hasta que uno de ellos fuera incapaz de seguir, al final solo los niños que hubieran ganado sus peleas tenían permitido sobrevivir, fue de esta manera que Arpón se había ganado el derecho de integrarse a la sociedad rebelde, le había costado un ojo pero había logrado conservar su vida.

- Normalmente ese sería el caso pero ellos cuentan con maestros agua. - Korra gruñó. - Atacarán, no sabemos cuándo pero lo harán porque logramos hacerlos enfadar al llevarnos a sus prisioneros y al matar a varios de sus hombres, no es algo que vallan a pasar por alto, tenemos que estar preparados, de lo contrario moriremos, o lo que es peor, nos harán esclavos, jugarán con nosotros, nos torturarán hasta que nuestros cuerpos no puedan más y nos tirarán a una pila de cadáveres hediondos para que terminemos de morir mientras las moscas se alimentan e implantan gusanos en nuestras heridas. - La mirada de Korra era severa, no era difícil determinar que no estaba bromeando, los rebeldes conocían las consecuencias a las que se podían llegar a enfrentar porque ellos mismos habían sido testigos y ejecutores de acciones similares así que el mero pensamiento de ser ellos las víctimas de dichos castigos bastaba para convencerlos de que eso no podía ser.

- ¿Cuánto tiempo nos tomaría aprender lo necesario para defendernos de un maestro elemental? - Suyin preguntó clavando la mirada sobre Mako.

- Yo diría que dos meses bastarían para aprender lo básico, sería suficiente para poder dormir brazos y piernas pero el progreso también depende mucho de las habilidades de cada persona. – El joven le respondió con sinceridad.

- Entonces cuanto antes iniciemos mejor. - La voz de Kuvira se mostró llena de determinación, ella no necesitaba escuchar más, tenían un problema y una posible solución, no había nada más que discutir.

- ¿Y el resto que piensa? - Korra preguntó al no ver el mismo convencimiento en el rostro de los demás líderes.

- ¿Y si nos unimos a ellos? – Arpón propuso logrando captar la atención de todos en la sala.

- Adelante, tendrás que acercarte a ellos tú solo porque no hay manera de que yo o los hombres que fueron conmigo seamos perdonados por lo que hemos hecho. - Korra sonrió de lado poniendo a prueba la voluntad de los posibles desertores.

- ¿Hablas en serio? - Kuvira gruñó mirando con desprecio al viejo líder rebelde. - Por generaciones los rebeldes han peleado y realizado cosas innombrables portando un estandarte de venganza en contra del Avatar Obscuro ¿Y tú quieres unirte a los seguidores más fieles de los ideales de ese monstruo? - Lo interrogó, el hombre se encogió de hombros y negó con la cabeza haciendo evidente su nerviosismo.

- Solo digo que si tienen un ejército de maestros elementales no seremos capaces de derrotarlos. - Intentó defenderse.

- Mis hombres y yo estuvimos en la boca del lobo y aún así la mayoría de nosotros logramos salir en una sola pieza, si piensas que nos condenaremos por tu cobardía te encuentras muy equivocado. – Gruñó uno de los dos gladiadores que cuidaban la puerta.

- Él tiene razón, estuvimos en el corazón de su secta y salimos con vida. - Korra recalcó. - Si ellos se aventuran a entrar a nuestras tierras entonces tendremos más ventaja sobre la pelea, incluso si ellos tienen a maestros elementales entre sus filas, nosotros conoceremos mejor el territorio y podemos elaborar estrategias de ataque y defensa en base a eso. – Concluyó encogiéndose de hombros.

- ¿Han escuchado lo que un maestro tierra puede hacer? Bien puede abrir el suelo y enterrarnos a todos vivos. – Arpón insistió, sus expresiones hablaban más que sus palabras, aquel hombre no creía que hubiera algo capaz de detener a un maestro elemental y esa idea bastaba para que la idea de unirse al Loto Rojo le resultara más viable que un enfrentamiento.

- Nosotros lo vivimos, no hace falta que resaltes algo que ya sabemos. - La Guerrera del Sur exhalo pesadamente.

- Los maestro fuego nos pueden quemar vivos, los maestro aire nos pueden asfixiar y los maestro agua atravesarnos con lanzas de hielo ¿Piensas que no estamos al tanto de eso? – Bufó el guardia rebelde.

- Tranquilo. - Korra intervino notando la manera en que su gladiador comenzaba a perder el control de sí mismo, las palabras de Arpón eran desesperadas, se notaba que sus pensamientos habían sido dominados por el miedo y no por su razón, pero Korra sabía que ese no era motivo suficiente para permitir que su gladiador golpeara al desesperado líder.

- Te podrás marchar si así lo deseas, de cualquier manera los cobardes no nos servirán de nada. La única condición es que deberás permitir que tu gente haga su propia elección porque cuando resultemos ganadores no aceptaré ver sus caras por aquí mendigando asilo y protección. - Kuvira decretó obteniendo la aprobación del resto de los líderes quienes se limitaron a asentir con la cabeza.

- No consiento la cobardía pero a veces hay una diferencia entre cobardía e inteligencia. – Arpón defendió.

- ¿No escuchaste? La Guerrera del Sur no sería perdonada, además, Kuvira tiene razón, no pienso unirme a un grupo que se rige bajo los ideales del Avatar obscuro. – Alfa intervino.

- Yo tampoco. - Se unieron Suyin, Gila y El Monte.

- Claramente tienen mucho que asentar, les daré dos días para pensar, mañana por la mañana será la ceremonia de despedida para Bumi, no falten. - Korra decidió darle fin a la junta, sabía que la noticia que les había dado no era fácil de procesar y no quería apresurar las cosas más de lo necesario así que les permitiría pensarlo un poco antes de orillarlos a tomar una decisión.

Uno a uno los líderes fueron vaciando la sala hasta que solo quedaron Kuvira, Mako, Tenzin, Suyin y Korra.

- Esperaba que fueran menos racionales. – Mako confesó.

- Antes había líderes así pero esos ya fueron asesinados por los hombres de La Guerrera del Sur. - Kuvira respondió con una pequeña sonrisa, Tenzin y Mako abrieron los ojos de par en par mirando a Korra con sorpresa, la morena arrugó la frente y suspiró.

- Yo no di la orden de asesinarlos... - Intentó aclarar.

- No importa, de igual manera la mayoría de ellos tenían conexión con el Loto Rojo así que te ahorraste muchos problemas, de estar en tu lugar yo habría hecho lo mismo. - Kuvira respondió con naturalidad cruzando los brazos por encima de su pecho

- ¿Puedo pasar? - Desna preguntó asomando la cabeza por una pequeña apertura en la puerta, al mirarlo Korra sonrió y asintió con la cabeza.

- Por supuesto. - Le dijo sintiéndose alegre de volver a verlo.

- Es bueno tenerte de vuelta, prima. - El joven sonrió de lado.

Korra lo presentó a Tenzin y Mako antes de ofrecerle el resumen de lo que estaba pasando.

- Entiendo... - Desna pausó. - ¿Y en dónde está Asami? - Agregó atrayendo la atención de Suyin y Kuvira quienes hasta el momento se habían abstenido de indagar en el tema.

Korra debió resignarse, aquellas personas eran las más cercanas a ella y debía confiar en ellos cada uno de los detalles de lo que en verdad estaba ocurriendo o de lo contrario cabía la posibilidad de que su falta de confianza derivara en un resultado negativo o poco favorecedor así que comenzó a explicar lo ocurrido con los espíritus, al tocar el tema también tuvo que hablar sobre el trato que Asami tenía para poder hacer uso del poder del fuego, esta parte de la historia solo sorprendió a Suyin pues el resto de los presentes ya estaban al tanto de los poderes de Asami. Luego de explicar lo ocurrido con Asami, Korra continuó narrándoles el plan que se estaba llevando a cabo en el pueblo de Ciudad República, de esta manera pudo vincular las estrategias para aclarar lo que pretendía hacer en Ba sing Se.

Su pequeña reunión terminó cerca de las nueve de la noche, habiendo aclarado todas las dudas y entendido los miedos de sus aliados Korra dio por terminada aquella conversación, ya que Suyin se había ofrecido como voluntaria para ayudar a Korra a encontrar un lugar en donde hospedar a los hombres de Hiroshi la morena no debió preocuparse por eso, Tenzin, Mako y Suyin marcharon juntos dejando a Korra con Kuvira y Desna sin embargo el joven no permaneció por mucho tiempo ya que tenía otros asuntos que atender así que al final solo Kuvira acompañó a Korra hasta su guarida.

- El ataque que recibimos no fue fuerte, al parecer lograste cortar bien la comunicación del Loto Rojo porque solo enviaron a un grupo de veinte hombres, aunque traían armas de fuego con ellos no nos resultó difícil contrarrestarlas, bastó con atraerlos a una trampa dentro de las murallas. - Kuvira le explicó a la ojiazul mientras avanzaban entre tiendas de acampar que servían de hogar para muchos de los rebeldes que recién se habían unido a la alianza.

- Fueron los suficientemente listos para no pasar por ninguna zona conocida por los principales grupos rebeldes, de otra forma no habrían podido llegar a Ba Sing Se sin ser detectados. - Korra pensó en voz alta.

- Tienen muchas rutas alternas que nosotros desconocemos, de acuerdo a lo que los prisioneros dijeron esto se debe a que sus líderes tienen mapas. - Kuvira comentó.

- No dudo que así sea, el Loto Rojo se fortaleció gracias a la inmensa pérdida de información que la humanidad sufrió durante las guerras y la lucha por la supervivencia. – Korra pausó la charla por un momento para poder saludar a un par de personas en el camino.

- Unalaq guardaba una infinidad de libros y documentos en su oficina, la mayoría de ellos trataban de los espíritus y su mundo, estoy segura de que el Loto Rojo ha hecho lo mismo, lo más seguro es que tienen libros, mapas e incluso planos de máquinas antiguas, todo esto les ayudó a dominar la mayoría de los territorios a través de los grupos rebeldes. – La morena explicó para luego liberar un pesado y profundo suspiro.

- La extrañas, ¿No es así? - Las palabras de Kuvira obligaron a Korra a mirarla a los ojos, nadie se había atrevido a decir nada al respecto y la morena entendía que esto podía ser debido a la obviedad de las cosas o a que sus amigos no querían hacerla sufrir al abordar el tema de manera tan personal, pero evidentemente nada de eso había impedido que Kuvira sacara el tema a flote, se había aventurado a preguntar al respecto y en sus ojos se podía ver que esperaba una respuesta.

- ¿Si? - El rostro de Korra reflejó confusión lo que llamó la atención de la ojiverde.

- Y yo que pensaba que en verdad la amabas, sin embargo aquí estas respondiendo como si no estuvieras segura de lo que dices. – Kuvira bromeó con una pequeña sonrisa mientras negaba con la cabeza.

- No es eso, es solo que la pregunta me parece estúpida. - Renegó la morena.

- Alguien tenía que hablar al respecto, tus constantes suspiros y la ausencia en tu mirada a lo largo del día no ayudan a inspirar confianza en tus seguidores cuando les hablas sobre una guerra en contra de maestros elementales. - Kuvira resaltó logrando enmudecer a la joven Avatar.

- Mis problemas personales no afectarán mi desempeño en mi posición de líder. - Aseguró.

- De eso no me cabe ninguna duda, pero la gente necesita percibir esa seguridad de su líder y en estos momentos el sentimiento que transmites es más bien de preocupación y pesar, como si la situación fuera abrumadora para ti... – Kuvira caminaba mirando el horizonte. - Claro que tú, tus amigos, tus seguidores más cercanos y yo sabemos el verdadero motivo detrás de esa aura obscura que te sigue de un lado a otro, pero el resto del pueblo no tiene idea de ello y si su líder muestra un rostro triste y pesaroso la alianza no tendrá más opción que entrar en pánico.

Korra permaneció en silencio, las dos habían alcanzado la guarida de roca dónde planeaba pasar la noche pero ninguna movió un músculo luego de que aquellas palabras fueran dichas, Kuvira tenía razón y Korra lo sabía pero no estaba segura de poder hacer algo para cambiar su energía porque no tenía de dónde sacar el entusiasmo que le hacía falta para transmitir esa seguridad que Kuvira mencionaba.

- Lo mejor que puedo hacer es parecer molesta la mayor parte del tiempo... ¿Crees que eso baste? – Preguntó enfocando su mirada en el rostro de Kuvira con la esperanza de que dijera que sí pero en vez de eso la ojiverde negó con la cabeza.

- Me parece que eso ya lo intentaste el día de hoy ¿No es así? - Presionó llevando a la morena a chasquear los dientes.

- Intimidar funciona bien, el problema son los lapsos en los que tus problemas se asoman como cuando suspiras, cuando tus ojos se entristecen, cuando tu voz se debilita o cuando te pierdes mirando a la nada y eso seguirá ocurriendo mientras el sentimiento de pérdida que tienes se mantenga fuerte. - Explicó a lo que Korra sonrió.

- Kuvira hablando de sentimientos. - Su comentario tenía la intención de burlarse de la situación y Kuvira sonrió al entender esto pero no se dejó distraer por el intento de Korra de desviar el tema de su conversación.

- Aunque suene inusual, tanto tú como yo y cualquier otro líder de grandes multitudes sabemos que el control de las emociones es crucial para el éxito. - Habló con seguridad sabiendo que tenía razón.

- Necesito tiempo para asimilar lo que está pasando y tiempo es algo que no tenemos. – Korra razonó.

- Debes desahogar tus sentimientos. - Kuvira propuso ganándose otra mirada llena de confusión por parte de la ojiazul.

- ¿Tú, Kuvira, me estás proponiendo, a mí, llorar? - Preguntó haciendo evidente lo extraña que le parecía aquella propuesta por el simple hecho de provenir de aquella persona en específico.

- ¿Llorar? Llorarías si estuvieras triste, pero tú no estás triste, Asami no está muerta, está atrapada y eso no te pone triste, te enfurece porque quisieras ir a rescatarla pero tu deber como Avatar te lo impide. – Kuvira aclaró, Korra apartó su mirada de la de Kuvira y se encogió de hombros.

- Ya llegará la batalla en la que pueda desahogarme. - Respondió derrotada.

- La alianza rebelde no llegará a esa pelea si la Guerrera del Sur no los lleva de la mano, necesitas arreglar esto cuanto antes. – Kuvira insistió.

- ¿Ah sí? ¡¿Tienes alguna brillante idea?! Porque a mí la cabeza no me da para más. - Korra renegó.

- Tengo un plan perfecto que nos beneficiará a las dos. – Kuvira sonrió. - Pelea conmigo, ahí dentro en tu sala de entrenamiento, descarga tu furia conmigo, así podré entrenar con alguien que signifique un verdadero reto mientras tú te desahogas.

Korra negó con la cabeza. - Estoy cansada. - Habló intentando evadir aquella propuesta.

- No, estas frustrada. - Kuvira corrigió.

- ¡¿Y tú que sabes?! Hablas como si supieras lo que pasa por mi mente. - Korra bufó adoptando una posición agresiva.

- Una persona cansada no tendría la energía para responder así. - Kuvira señaló con una pequeña sonrisa burlona.

- Es el cansancio... - Korra retrocedió.

- Tenemos que deshacernos de esos impulsos Korra o tomarás decisiones equivocadas. - Señaló Kuvira.

- ¿Quieres pelear? Bien, adelante. - Korra abrió la puerta de roca y Kuvira entró, las dos caminaron directo a la sala de entrenamiento donde Kuvira se deshizo de sus zapatos y de la camisa que llevaba, de esta manera tenía más movilidad, una blusa de tirantes y su pantalón militar servirían para la ocasión, Korra hizo lo mismo, se retiró la blusa exponiendo las vendas que utilizaba para sujetar su pecho y acto seguido se deshizo de las botas para quedar en iguales condiciones que Kuvira.

- ¿No vamos a calentar? - La voz de Kuvira se burlaba de la joven morena, su mirada rebajaba a Korra a un nivel inferior al de ella y su actitud solo reforzaba todo lo anterior, Korra podía sentir la manera en que Kuvira pretendía ridiculizarla lo cual le hacía la sangre hirviera de coraje.

- No será necesario calentar. – Korra resopló acercándose abiertamente sin tener ningún tipo de precaución.

- Como tú prefieras. - Sonrió Kuvira lanzando la primera patada, Korra la evitó y arremetió con un fuerte puñetazo que alcanzó el abdomen de Kuvira y remató con una patada que lanzó a Kuvira hacia el suelo.

- ¿Suficiente? - Preguntó la morena.

- Esto apenas empieza. - Kuvira suspiró intentando recobrar el aliento mientras se ponía de pie.

Korra no dudó y se lanzó adoptando una posición ofensiva lanzando golpes y patadas que Kuvira se dio a la tarea de bloquear o esquivar, el sudor comenzó a formarse en su frente, el ritmo de su respiración aumento rápidamente, quería terminar con aquella absurda pelea cuanto antes, no tenía ganas de pelear, no tenía ganas de nada, sentía que debía quedarse inmóvil mientras pensaba en la mejor manera de rescatar a Asami, por más que lo intentaba su mente siempre volvía al mismo sitio, quería terminar con todo cuanto antes para poder correr al rescate de su amada pelinegra y detestaba no poder acelerar el tiempo para poder alcanzar ese punto cuanto antes.

- ¡Atenta! – Kuvira le advirtió antes de alcanzar la ceja de Korra con su codo, Korra se quejó tambaleándose y dando un par de pasos hacia atrás mientras se cubría la ceja con una mano, Kuvira era rápida y en un parpadeo había vuelto a entrar a un rango de alcance en el que podía volver a castigar el cuerpo de la morena así que aterrizó un puñetazo en el rostro y una patada en la pantorrilla de la ojiazul quien se desplomó sobre el suelo logrando frendar su caída con las manos.

- ¿Ves? Pierdes la concentración con facilidad. - Señaló la ojiverde logrando encender la ira que la joven Avatar había estado intentando contener hasta ese momento.

- ¡Deja de hablar como si supieras lo que me ocurre! - Korra se lanzó con la intención de alcanzar una de las piernas de Kuvira, quería aplicar una llave de sumisión y terminar con aquella pelea lo antes posible pero Kuvira reaccionó con un contraataque de la misma naturaleza, las dos comenzaron a luchar sobre el suelo intentando ganar el dominio de la pelea hasta que Kuvira logró colocarse encima de Korra, con una pierna a cada costado de su cuerpo se encontraba sentada encima de ella e intentaba golpear su rostro para ejercer algo de daño pero Korra se mantenía el rostro y la cabeza cubierta con los brazos.

- ¡Entonces deja de hacerlo tan obvio! - Kuvira respondió.

- ¡Agh! - Korra gruñó liberando una fuerte ráfaga de viento que lanzó a Kuvira un metro en el aire, lo suficiente para que Korra rodara sobre el suelo y escapara de su agarre.

- ¿Ah sí Avatar? No puedes enfrentarme limpiamente pero pretendes liderar a los rebeldes en una pelea contra el Loto Rojo... tal vez deberías dejarme a mí liderar este enfrentamiento. – Kuvira sugirió al aterrizar sobre sus manos y piernas.

- Lo siento. - Korra se puso de pie y limpió la sangre que bajaba por su labio. - Tal vez esto si me afecta más de lo que pensaba. - Admitió.

- Déjame liderarlos. - Kuvira insistió.

- No, entonces no tendría caso que estuviera aquí. - Korra alegó.

- Tienes razón... no tiene caso que estés aquí cuando tu mente está en otra parte. - Kuvira se puso de pie y avanzó hacia la morena.

- ¡Basta! He tenido suficiente. - Korra intentó detener la pelea pero Kuvira no se detuvo y lanzó un par de patadas en su dirección.

- No, la Guerrera del Sur no se rendiría y no se rebajaría a recurrir a sus poderes para escapar de una situación difícil, tienes algo que arreglar y si no lo haces no te dejaré liderar a mi gente. - Kuvira presionó.

- Ellos me siguen, no son tu gente. - Korra retrocedió intentando evadir los ataques que le eran dirigidos.

- No lo harán cuando te llame al coliseo y no seas capaz de vencerme. - Respondió la ojiverde lanzando otra patada que logró hacer tropezar a la ojiazul.

- ¡Maldición Kuvira! - Renegó Korra apartándose del camino de uno de los puños de la ojiverde.

- La ley aquí es simple, no estoy rompiendo ninguna regla. - Kuvira sonrió observando la manera en que la Guerrera del Sur luchaba por establecer su respiración en un ritmo que no resultara agotador para ella.

- Para eso tendrás que derrotarme primero. - Gruñó Korra.

- A mi parecer lo estoy logrando. - Señaló Kuvira y la morena volvió a acercarse, sus golpes y patadas estaban llenas de fuerza y energía pero no contaban con la precisión y dirección que usualmente tenían lo que hacía que Kuvira pudiera evitarlos con facilidad.

- ¿Así piensas ir a salvar a Asami? - Comentó a sabiendas de que dichas palabras solo añadirían más leña al fuego que ardía en el interior del pecho de la morena.

- ¡Basta! – Korra ordenó lanzando más golpes, cada uno más fuerte que el anterior, Kuvira se concentró en esquivar cada uno de esos ataques pues bloquearlos no era una opción ya que recibir el impacto de alguno de esos golpes significaba recibir cierto grado de daño, Korra se encontraba furiosa y Kuvira entendía que no era por ninguna de las cosas que había dicho si no por los problemas que la joven Avatar llevaba sobre sus hombros.

- Me detendré cuando logres detenerme. – Kuvira continuó presionando, esta vez comenzó a contra atacar aprovechando las aberturas que Korra tenía en su guardia, tras un par de intentos Kuvira logró impactar un par de puñetazos sobre el fuerte abdomen de la morena.

La ráfaga de golpes que Korra había lanzado pronto cobró su cuota sobre las energías de la morena quien comenzó a tener problemas para reunir las fuerzas que requería para lanzar otro golpe, sus movimientos perdieron velocidad lo que le indicó a Kuvira el momento perfecto para iniciar su ofensiva.

- ¿Eso es todo? ¿No tienes más? - Kuvira comenzó a romper la debilitada defensa de Korra con fuertes patadas que pronto alcanzaron su cuerpo, Korra se quejó y cayó al suelo sabiendo que había perdido aquella pelea.

- ¡Ahg! - Gritó liberando una inmensa bocanada de fuego que alcanzó el techo y se expandió por toda su extensión hasta desaparecer dejando una huella de calor tras de sí, no podía más, se sentía agotada, no podía moverse, no tenía fuerzas, no había nada que pudiera hacer.

- ¿Eso es todo? - Repitió Kuvira mirándola desde su posición, de pie frente a la derrotada Guerrera del Sur quien permanecía arrodillada y con la cabeza agachada.

- ¿Por qué sigues haciendo preguntas obvias? - Korra murmuró levantando la cabeza y mirando a Kuvira con los ojos llenos de rencor.

- A mi parecer aún puedes seguir peleando, no me has lastimado y yo no te he lastimado ¿Qué te detiene? – La ojiverde le preguntó.

- ¿Bromeas? - Korra señaló la hinchazón sobre su labio inferior.

- Te he visto pelear con profundas heridas sangrantes en tu cuerpo, eso no es nada. - Kuvira bufó.

- He tenido suficiente. - Gruñó poniéndose de pie.

- Entonces no sirves para pelear contra el Loto Rojo... no así. - Kuvira la acusó y Korra respondió lanzando una llamarada de fuego que voló a escasos centímetros del rostro de Kuvira quien permaneció inmóvil, su rostro no reflejó ninguna emoción, sus ojos verdes se concentraron sobre los de Korra quién bufaba en su lugar.

- No te tengo miedo Avatar, podrás tener el poder de los cuatro elementos pero al igual que en esta pelea, si no estás concentrada no podrás hacer nada contra el enemigo. - Le dijo con tono firme, Korra caminó hasta ella y se detuvo a un par de pasos. - Si aún tienes más energía que quemar más vale que la uses aquí conmigo y no allá afuera. - Añadió, Korra negó con la cabeza y agachó la mirada, su pesada respiración pronto pasó a convertirse en pesados suspiros y estos evolucionaron a suaves sollozos.

- Lo siento Kuvira. - Se acercó y recargó la cabeza sobre su hombro sin parar de llorar, Kuvira permaneció inmóvil sin saber que decir, lo había logrado, había traspasado la barrera que Korra había levantado para resguardar las pesadas emociones que amenazaban con arruinar la determinación que tenía de proteger a la humanidad por sobre todas las cosas.

- Esto sí parece más natural en ti. – Kuvira murmuró acariciando el cabello de la morena con una de sus manos.

- No tienes idea de cuánto la extraño. – Korra sollozó débilmente. - No merece estar ahí. - Comenzó a hablar todo lo que llenaba su mente y Kuvira estuvo ahí para escucharla y prestarle su hombro para llorar.

- La traeremos de vuelta, pero solo si logramos vencer al Loto Rojo así que más vale que saques todo lo que te has guardado para que puedas recuperar tu equilibrio o de lo contrario seremos masticados y escupidos por el Loto Rojo y Asami se perderá en esa maldita niebla. - Señaló la ojiverde haciendo a Korra reír por lo bajo.

- Entiendo bien lo que es querer moverte de un lugar y no poder hacerlo, recuerda todo el tiempo que permanecí encerrada en el calabozo, yo también he tenido que lidiar con una situación similar así que de un líder a otro te digo que lo mejor es que lo hables, lo pelees o lo llores pero debes hacerlo cuanto antes o no tendrás la cordura necesaria para escapar de ese maldito calabozo. - Le aconsejó, Korra guardó silencio, asintió con la cabeza y continuó dejando sus lágrimas correr sin tener el valor de apartarse del hombro de Kuvira ya que parte de ella no quería que la ojiverde la viera llorar, era cuestión de orgullo, eso lo sabía bien, pero aún así no quería ceder.

Ambas permanecieron en el medio de aquella sala de entrenamiento hasta caer rendidas por el cansancio, Korra durmió a un lado de Kuvira refugiando su rostro en el costado de su cuerpo, ninguna de las dos supo la hora en que se habían quedado dormidas, Korra había llorado hasta perder la conciencia y Kuvira la había cuidado hasta asegurarse de que se hubiera dormido por completo.

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Por la mañana Korra y Kuvira se encontraban recostadas una al lado de la otra, percibiendo el calor del cuerpo que tenía al lado suyo Korra se acercó y lo abrazó, era algo que hacía sin pensar, una costumbre que había derivado al acostumbrarse a dormir con Asami, no se encontraba del todo despierta pero no tardó en notar ciertas irregularidades en el cuerpo que sostenía cerca de ella, la figura era distinta y su aroma no le era familiar, estas irregularidades la llevaron a abrir los ojos de golpe, sorprendida de ver el rostro de Kuvira reaccionó alejándose de golpe como lo harían dos imanes con la misma polaridad magnética, aquel movimiento repentino y brusco logró despertar a la ojiverde quién asustada se enderezó de un movimiento intentando averiguar qué era lo que estaba pasando.

- Agh... - Kuvira se quejó inclinándose hacia su costado izquierdo colocando la mano del mismo lado sobre sus costillas, no sabía que Korra la estaba observando, ninguna de las dos se encontraba totalmente despierta, el sueño aún limitaba el funcionamiento de sus mentes mientras luchaban por asimilar lo que pasaba a su alrededor.

- ¿Te lastimé? - Korra preguntó preocupada logrando vincular el evidente sufrimiento de Kuvira con la pelea que habían tenido la noche anterior.

- ¿Eh? No... Estoy bien. - Kuvira aseguró intentó enderezarse pero el dolor la obligó a volver a su posición inicial. – Maldita sea… - Gruñó en voz baja.

- Eso no está bien. - Korra se puso de pie y caminó hacia la puerta de la sala. - Espera aquí, no te muevas o podrías empeorar la lesión. - Advirtió y salió hacia el cuarto de baño para tomar el agua que mantenía almacenada dentro de las rocas.

- Es solo un pequeño moretón. - Kuvira intentó minimizar su lesión tras inspeccionarla por un momento, la piel encima de las costillas se le veía amoratada y un poco inflamada pero no lo suficiente como para alertar a la ojiverde quién se negaba a mostrarse vulnerable frente a la joven Avatar.

- Y dices que yo soy mala mintiendo. - Korra sonrió antes de arrodillarse frente Kuvira. – Mantén la blusa arriba. - Korra le ordenó con el fin de evitar complicaciones durante el tratamiento, Kuvira entendía que Korra necesitaba estar cerca de ella para poder ver y alcanzar el área que iba a tratar sin embargo la cercanía de la ojiazul bastaba para despertar cierto nerviosismo en la líder rebelde.

- Estoy bien Avatar. – Insistió manteniendo las cejas arrugadas.

- Después de toda la experiencia que tengo del coliseo ¿De verdad crees que no sé cuando alguien se encuentra severamente lastimado? – Korra bufó reflejando la misma expresión poco amigable del rostro de Kuvira sin despegar su mirada de la de ella, Kuvira negó con la cabeza y rodó los ojos sin decir nada más.

- Creo que está rota. – Al fin admitió liberando un pequeño suspiro que la hizo encogerse de dolor al instante.

- Lo siento... no medí mi fuerza. - Korra cubrió sus manos con agua y las acercó al cuerpo de Kuvira posándolas sobre el moretón, Kuvira contuvo la respiración por un momento, no sabía que esperar de aquel contacto así que cerró los ojos anticipándose al dolor pero en vez de eso no pudo evitar emitir un gemido de satisfacción al sentir el alivio que el agua control le causaba. – Por todos los espíritus… esto es fantástico. – Exhaló mostrando una pequeña sonrisa.

- No celebres antes de tiempo. – Korra aplicó un poco de presión la cual bastó para que Kuvira enrollara los dedos de sus pies y manos al tiempo que apretaba la mandíbula.

- Eso fue a propósito. – La acusó y Korra rió por lo bajo negando con la cabeza.

- Es parte del proceso, aguanta un poco. – Le habló con tono neutral. - ¿Por qué no detuviste la pelea al sentir la costilla así? - Korra le reclamó.

- Si esta guerra va a funcionar la Guerrera del Sur tiene que tener un buen estado mental, de lo contrario todos nuestros esfuerzos se irán por el drenaje, tenía que asegurarme de que descargaras toda tu ira. – Kuvira contuvo la respiración por un momento para luego exhalar pesadamente.

- No está rota, pero estuvo cerca. - Korra le explicó. - Igual tendrás que guardar algo de reposo por un par de días. - Aclaró y Kuvira se encogió de hombros.

- Contigo aquí no debo preocuparme por liderar este lugar, eso ya es reposo suficiente. - Aseguró sin retirar la mirada de las manos de la morena sobre su cuerpo, era increíble notar lo rápido que el agua control aliviaba el dolor y atenuaba la marca del golpe sobre su piel.

Korra continuó sanando el resto de las heridas de Kuvira incluyendo las que le había hecho en el rostro, gracias a que nadie más las había visto pelear no existía ningún peligro en desaparecer esos pequeños golpes que marcaban la blanca piel de su aliada.

Luego de sanar a Kuvira, Korra comenzó a sanarse a sí misma y cuando las dos se encontraron listas la morena avanzó hacia la sala y tomó asiento en la mesa invitando a Kuvira a acompañarla a desayunar un plato de avena con ella.

- Pienso que deberías de revelar tu identidad de Avatar. - Kuvira rompió el silencio que se había apoderado del momento mientras las dos consumían la avena que había en sus platos.

- ¡¿Qué?! - Korra la miró cuestionando su salud mental. - Tal vez te pegue muy fuerte ¿Estás consciente de lo que estás diciendo? - La señaló con su cuchara.

- Sí, estoy consciente, pero debes saber que la gente comenzará a tener dudas, tú tienes un historial de sospechas demasiado largo y con esta nueva alianza no será difícil que la gente comience a unir los puntos, si la verdad se conoce por otras personas y no por ti ten por seguro de que los rebeldes se enfadarán. - Le advirtió.

- No creo que ahora sea el momento para eso... - Korra murmuró mirando el plato con avena que tenía frente a ella.

- Creo que ahora es el momento perfecto porque el Loto Rojo vendrá buscando al Avatar y cuando te vean te delatarán e incluso si no estás no desperdiciarán la oportunidad de intentar recuperar algo de fuerza en estos territorios y poner a gente en tu contra así que les dirán que tú eres el Avatar y que les has mentido, de esta manera los pondrán en tu contra sin tener que batallar demasiado. - La ojiverde señaló y Korra suspiró sabiendo que tenía razón, de una manera u otra las cosas evolucionarían hasta el punto en el que su identidad sería conocida por todos los que se encontraran en el campo de batalla cuando el Loto Rojo llegara.

- Entiendo... pero aún no estamos listos para ese paso, primero debo convencerlos de la alianza. - Korra argumentó, esta vez Kuvira no dijo nada más, la observó en silencio y se encogió de hombros.

- Solo asegúrate de hacerlo antes que el Loto Rojo lo haga por ti. - Agregó y se puso de pie pues ya se había terminado la porción de avena que le habían servido. - Me marcho, debo bañarme antes de asistir a la conmemoración de Bumi. - Se despidió y encaminó a la puerta.

- Espera. - Korra la miró intensamente sabiendo que no podía dejarla marchar sin agradecer lo que había hecho por ella.

- ¿Qué pasa? - Kuvira la miró esperando escuchar lo que sea que la morena tuviera que decir.

- Gracias... por lo de anoche, en verdad me ayudaste a sentirme mejor. - Admitió.

- Lo sé, tienes un semblante diferente el día de hoy, pareces más conectada con lo que está pasando en el momento. - Kuvira le dirigió una sonrisa burlona y continuó su camino hacia la salida.

- ¡¿Qué?! - Korra escuchó la voz sorprendida de Bolin cuando Kuvira abrió la puerta. - ¡Auch! - Se quejó un instante después de su grito inicial.

- ¿Qué ocurre? - Korra se puso de pie y se acercó a la puerta donde encontró a Kuvira mirando a sus amigos de forma severa mientras Bolin y Mako permanecían de pie a un par de pasos de la puerta, Bolin sostenía ambas manos sobre su nariz y Mako reflejaba la misma mirada agresiva que Kuvira tenía en el rostro.

- Estos incautos me sorprendieron. - Kuvira gruñó.

- ¿Nosotros? - Bolin alzó la mirada con los ojos llenos de lágrimas que su cuerpo había liberado tras haber recibido semejante castigo sobre la nariz. - No pensé que fueras así Korra, pensé que te mantendrías fiel a Asami. - La acusó y la morena abrió los ojos de par en par al percatarse del tipo de acusación que se le había hecho.

- ¿Qué? - Korra miró a Kuvira y esta la miro de vuelta con una de sus cejas arqueadas.

- ¿Crees que Kuvira y yo...? - Intentó completar pero una pequeña sonrisa creció en su rostro y pronto esa sonrisa se convirtió en una fuerte carcajada que Kuvira acompañó.

- Tu amigo tiene demasiada imaginación. - Kuvira negó con la cabeza y se abrió paso entre los jóvenes. - Nos vemos en el coliseo. - Se despidió y continuó su camino.

- No sabía que tú y Kuvira eran tan cercanas. - Comentó Mako.

- Es... complicado. - Korra se encogió de hombros. - La visité durante el tiempo que pasó en el calabozo y luego le otorgué su libertad, aunque también fui yo quién la puso en ese calabozo pero... nuestra amistad comenzó a generarse antes de que todo eso ocurriera... – Suspiró. – En verdad no lo sé, pasen. - Concluyó al cansarse de buscar una explicación, Kuvira y ella eran muy similares, eso era algo que podía percibir pero que no sabía muy bien de qué manera explicar ya que a simple vista Kuvira no era un persona muy expresiva y solo aquellos que llegaran a conocerla bien alcanzarían a entender el lazo que la unía a la joven morena.

- Pues tu amiga casi me quiebra la nariz. - Bolin se quejó limpiando el hilo de sangre que le bajó por el labio.

- Ven. - Korra se acercó al joven para curarlo haciendo uso del agua que tenía servida en los vasos que había en la mesa.

- Vinimos a ver cómo te encontrabas... no esperábamos que Kuvira estuviera aquí. - Dijo el hermano mayor comenzando a mirar alrededor.

- Si, ayer se negó a dejarme descansar del viaje, decidió que ella y yo debíamos combatir y peleamos hasta que no pudimos más. - Decidió reservarse los detalles de los motivos que tuvo Kuvira para iniciar aquella pelea pues no quería hablar más del tema, lo importante es que había funcionado y ahora se sentía mejor.

- Así que ese tipo de amistades son las que mantienen los rebeldes... todas basadas en la violencia y el poder físico. - Analizó Bolin haciendo reír a la joven Avatar.

- Algo así. - La morena se encogió de hombros. - Estás listo. - Le dijo al ojiverde y se alejó de él para tomar asiento en la mesa dónde había dejado su plato a medio terminar. - ¿Gustan desayunar? - Ofreció.

- ¡Sí! Muero de hambre. - Bolin no dudó en tomar asiento pero Mako permaneció de pie observando un traje de Asami colgado en una de las ranuras que había en la roca, no le tomo demasiado tiempo determinar que ese espacio servía como un armario.

- Este es de Asami ¿Cierto? - Preguntó señalando la ropa.

- Todo eso lo es, este es nuestro hogar en estas tierras. - Respondió la morena con una pequeña sonrisa llena de tristeza, le resultaba extraño hablar de Asami cómo si aún se encontrara con ella pero hablar cómo si no estuviera le daba la sensación de que Asami hubiera perdido la vida y ya que ese no era el caso se negaba a hablar de ella en tiempo pasado.

- Solo me puedo imaginar todas las aventuras que han vivido juntas. - Mako suspiró pesadamente.

- ¡Korra! Tienes que contarnos ¿Cómo es que terminaste apuñalando a Asami? ¿Es ese un símbolo de amor entre los rebeldes? - Insinuó Bolin y Korra rió suavemente.

- No, de ser así yo estaría involucrada románticamente con demasiadas personas en este lugar. - Bromeó.

- ¡Espera! ¿A cuántas personas has apuñalado? - Bolin la miró preocupado.

- No exactamente apuñalado, he hecho muchas cosas... he dejado a gente sin la capacidad de caminar bien, sin la capacidad de ver bien, sin la capacidad de usar alguna de sus manos y si... también he clavado un par de dagas, cuchillos y otros objetos. - Confesó abiertamente alimentando el horror que se manifestaba en el rostro de su amigo.

- El coliseo... – Mako dedujo.

- Exacto. - Korra sonrió. - ¿Tú también vas a comer? - Aprovechó para preguntarle, Mako aceptó y se acercó a la mesa a esperar a que su avena y la de su hermano estuvieran listas.

- ¿Qué significa eso? - Preguntó Bolin.

- Un coliseo Bolin, lugares donde torturan a las personas inocentes que capturan y las obligan a pelear como animales. - Explicó con desprecio.

- Algo así, pero aquí Bumi comenzó a crear su propia versión de esos lugares y luego yo comencé a cambiarlo más hasta que el entretenimiento principal fueron las peleas entre los gladiadores más experimentados. – Korra habló con orgullo repasando mentalmente todo el progreso que habían logrado a lo largo del tiempo.

- Estas personas no tienen ningún valor por la vida, no merecen una segunda oportunidad ¿Qué tal si en el momento de la verdad deciden unirse al Loto Rojo? - Bufó Mako.

- Son personas leales, la vida los orilló a hacer lo que hacían, el Loto Rojo los influenciaba y engañaba pero los he visto trabajar en equipo y no son diferentes a ninguno de nosotros. – Korra no dudó en defender a los rebeldes..

- Confío en ti Korra, solo no quiero que bajes la guardia durante la pelea, el enemigo puede provenir de cualquier lado. - Advirtió Mako con genuina preocupación.

- Soy el Avatar, el mundo entero me persigue, mi guardia nunca está abajo. - Aseguró con una pequeña sonrisa en el rostro.

Después del desayuno y luego de que Korra se aseara, los tres salieron rumbo al coliseo dónde Kuvira y Baatar los esperaban, la ojiverde lucía especialmente irritada mientras su compañero mantenía la misma mueca poco amigable que Korra recordaba.

- Suficiente Baatar, dejemos esto para otro momento. – Kuvira habló entre dientes en un intento por poner pausa a la disputa que había tomado lugar momentos antes.

- Ya veo lo que ocurre, de verdad te has sometido a ella, esto no es una farsa o algo temporal. – Baatar gruñó detonando la ira de la joven ojiverde.

- ¡¿Cuál es tú problema?! Lo único que quiero es que me dejes en paz, sí, he pasado la noche con ella, no te debo ninguna explicación y si no pones esta actitud tuya bajo control te aseguro que terminarás exiliado de la alianza ¡Que el desierto se encargue de secarte las ideas! He tenido suficiente. – Kuvira lo miró de forma amenazante, Baatar retrocedió un par de pasos manteniendo las cejas juntas.

- ¿Qué está pasando? – Bolin murmuró, Korra se encogió de hombros y negó con la cabeza.

- No tengo idea. – Murmuró intentando no ser escuchada por la enfurecida pareja.

- Debiste aprovechar mientras ella no estaba… ese error es tuyo, no mío, no descargues tu frustración conmigo. – Baatar acusó para luego caminar hacia la salida del coliseo abandonando a Kuvira con Korra y sus amigos.

- Es peor que una joven adolescente… - Kuvira maldijo apretando los puños con fuerza.

- ¿Debería preocuparme por algo de lo que dijo? – Korra preguntó arqueando una ceja, Kuvira rodó los ojos y comenzó a masajearse las sienes.

- No Korra, no tienes nada de qué preocuparte… - Respiro hondo.

- ¿Entonces? ¿A qué se debió todo eso? – Korra intentando asegurarse de que todo estaba en orden y que no había ningún plan secreto del cual debiera preocuparse.

- ¿A qué se debió? – Pausó. – A que no pasé la noche en mi casa… - Exhaló lenta y pausadamente, Korra la miró por un momento intentando determinar si lo que Kuvira decía era verdad o no, no le hizo falta analizar las pulsaciones del corazón de la ojiverde para decidir que confiaría en sus palabras, bastaba con recordar la manera en que ella había estado ahí para apoyarla durante la noche anterior, Kuvira ya le había demostrado que era una aliada fiel y debía confiar en eso ya que plantear dudas innecesarias en un vínculo así no podía hacer nada más que dañarlo.

- ¿Entonces ustedes dos han vuelto a ser pareja? – Korra preguntó sabiendo que era un tema delicado, los detalles de su vida personal era algo que a Kuvira no le gustaba hablar pero la morena no podía evitar su curiosidad, además Kuvira la había presionado a ella para llevarla a su punto más vulnerable así que ahora Korra se sentía con la libertad de hacer lo mismo.

- ¿Qué? – Kuvira la miró a los ojos mostrándose ofendida por aquella insinuación. - ¿No ves lo mal que está de la cabeza? Entiendo que por años él fue mi mano derecha pero esto es demasiado, a pesar de que fui yo quien terminó en el calabozo parece ser que a él fue al que le afectó el encierro. – Bufó. – Solo es tolerable cuando tú no estás cerca, de lo contrario pierde los estribos por cualquier tontería. – Concluyó.

- Más vale que logres hacerlo callar el tipo de comentarios que hizo hace un momento o de lo contrario te obligaré a cumplir tu amenaza y Baatar deberá ser desterrado al desierto. – Korra le advirtió, Kuvira alzó las cejas por un momento y luego sonrió.

- No creo que eso le agrade a Suyin. – Comentó entretenida.

- ¿A Suyin? Eso a ti nunca te ha importado, mejor admite que el exilio de Baatar es algo que a ti no te agradaría. – Korra sonrió de lado.

- No me subestimes Avatar o terminaré sacando a ese engreído de la alianza aunque Suyin grite y patalee. – Kuvira esbozó una pequeña sonrisa sabiendo que la morena tenía razón, aunque no quería admitirlo en voz alta, Baatar era importante para ella pero la relación que había entre ellos se había dañado y no tenía idea de cómo enmendar las cosas, mucho menos ahora que Baatar no ocupaba el mismo lugar que había alcanzado antes dentro de su corazón porque ahora había cierta incertidumbre que mantenía a Kuvira alerta en todo momento, Korra despertaba en ella algo que nunca había sentido antes, la morena no era como el resto de la gente, ella nunca le había temido y no tenía miedo a enfrentarla lo que la dejaba en un nivel que nadie más había alcanzado y eso lograba intimidar e incomodar a la ojiverde pues lejos de detestar que su relación con la morena se hubiera desarrollado de tal manera, la realidad era que le agradaba, disfrutaba que fuera así e incluso la valoraba por ser así.

- Una advertencia bastará, no puede andar por ahí hablando mal de la Guerrera del Sur. – Korra concluyó, Kuvira miró a los jóvenes que acompañaban a la morena y no dijo nada más respecto al tema.

- ¿Cuál es el plan para el día de hoy? – Kuvira preguntó cruzándose de brazos, Korra decidió que no tenía caso hablar más al respecto y optó por responder la pregunta que se le había sido hecha.

- En cuanto termine la hora del desayuno daré inicio a la despedida de Bumi, necesito que me ayuden a reunir a todos en el coliseo. - Ordenó con naturalidad logrando tomar por sorpresa a Mako quien no estaba acostumbrado a ver a la morena asumir una posición de poder, Korra irradiaba seguridad, su mirada era capaz de penetrar en los ojos de quien sea que se le pusiera enfrente, lucía fuerte e inquebrantable lo cual delataba su experiencia en aquella posición, no era ninguna novata, la Guerrera del Sur existía y su poder de líder era real así como todos sus seguidores y el lugar que habitaban.

- ¡Impresionante! ¿No lo crees Mako? – Bolin comentó. – La Guerrera del Sur se le da bien Korra, es como si su personalidad encajara a la perfección con el lado rebelde. – Señaló con emoción. - ¿Creen que yo pueda lograr algo así? – Preguntó comenzando a flexionar los músculos de sus brazos, Korra y Kuvira lo miraron pareciendo poco impresionadas mientras Mako negaba con la cabeza.

- No necesitas ser un rebelde Bolin. – El hermano mayor respondió de modo despectivo.

- ¿Qué pasa niño bonito? ¿Te desagradan los rebeldes? – Kuvira le dijo con tono burlón en un intento por hacerlo enfadar, sabía que Mako era sensible al tema porque lo había notado en la manera en que actuaba alrededor de los rebeldes y no podía evitar querer poner a prueba su capacidad de auto control.

- Kuvira. – Korra intervino.

- Es solo una pregunta. – Kuvira sonrió de lado y retrocedió. – Iré a correr la voz para reunir a todos después del desayuno. – Se excusó para luego caminar hacia la salida del coliseo, Mako, Bolin y Korra la observaron hasta que su figura desapareció debajo del umbral de la puerta.

- No me agradan los rebeldes. – Mako gruñó.

- Kuvira pondrá a prueba a quien sea que pretenda ocupar un puesto de autoridad, más vale que te mantengas atento y no caigas en sus provocaciones, a Kuvira tampoco le agrada la idea de tener aliados del pueblo de Asami, buscará cualquier pretexto para dejarlos en ridículo frente a la alianza rebelde, es una mujer lista. – Korra le advirtió.

- ¿Entonces de qué sirve la alianza? – Mako le preguntó con evidente irritación en su tono de voz.

- Para fortalecernos, solo tienen que darse el tiempo de conocerse. – Korra exhaló lentamente.

- Intenten aprender un poco durante el tiempo que puedan pasar aquí. – Les dijo a ambos hermanos. - Al traer a Asami aquí pude ver que todos pueden disfrutar de su un lado rebelde, a veces vivir un día a la vez y cada día como si fuera el último te brinda una extraña sensación de alivio y libertad que es difícil obtener en un asentamiento donde todos se preocupan por los días que están por venir… - Miró a Mako con especial insistencia. – Los rebeldes no son tan malos. – Le aseguró antes de adentrarse más en el coliseo para contemplar la caja de roca que contenía el cuerpo de Bumi.

/*/*/

La tumba fue cavada por los rebeldes que habían sido salvados por Bumi, el agujero en la tierra se encontraba frente al coliseo, Korra supervisó la actividad acompañada por un grupo de personas que se habían reunido a observar cómo la tumba comenzaba a ganar profundidad.

A la una de la tarde el hoyo era lo suficientemente profundo para iniciar la sepultura, a esa hora la mayoría del pueblo ya se encontraba presente así que Korra dió inicio a la ceremonia, narró la manera tan valerosa en la que Bumi había perecido y expresó el pesar y el dolor que su muerte le había traído a ella y a sus fieles gladiadores.

- Es gracias a Bumi que yo y la mayoría de los hombres que estuvieron en aquella tierra logramos salir con vida... Aquí descansará el Rey Loco del coliseo, el hombre que dio inicio a esta alianza, espero que su memoria sea honrada por generaciones porque gracias a él tendremos la oportunidad de pelear por nuestra libertad. - Concluyó. - Gracias por venir, pueden retirarse. - Suspiró y tomó asiento frente al montículo de tierra que ahora indicaba el lugar en dónde Bumi reposaría para siempre en un sueño eterno del cual nadie lo podría despertar jamás.

- Siempre pensé que era un loco por haber tomado el camino que tomó... pero ahora entiendo, su trabajo podría ser uno de los más importantes en siglos. - Suspiró Tenzin tomando asiento a un lado de la morena.

- No tienes idea. – Korra respondió limpiando un par de lágrimas de su rostro.

- Generaciones han ido y venido sin la capacidad de darle un entierro digno a sus seres queridos... y mi hermano tuvo una ceremonia digna de un Rey. - Sonrió el mayor.

- Era un rey. - Lo corrigió la morena. - Todo su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, la piel de sus manos era tan áspera como la de una roca rugosa, había perdido el uso de uno de sus ojos y también un par de muelas, Bumi era un campeón del coliseo y su cuerpo reflejaba los trofeos de sus numerosas victorias en cada cicatriz... - Pausó. - Por años se encargó del trabajo sucio, por años castigó a inocentes e hizo cosas indescriptibles para poder ascender y tomar el poder, para poder indagar en el mundo rebelde y proporcionar información útil que el Loto Blanco pudiera utilizar, pero nadie predijo que él mismo comenzaría a influenciar a los rebeldes hasta el punto de lograr marcar un cambio positivo en ellos... mucho menos que le abriría el camino al Avatar. - Suspiró. - Pero lo hizo, su rostro era aterrador, si quería podía volverse el más sanguinario de todos los peleadores del coliseo y eso le dio la fama que necesitaba para reinar entre los rebeldes, tal vez al verlo te hubieras impresionado pero quiero que sepas que su corazón nunca cambió, Bumi tenía sus metas claras y nunca perdió el camino. - Miró a Tenzin con la esperanza de poderle transmitir toda la admiración y el cariño que sentía por su hermano, el hombre que la había ayudado a entrar en el corazón del mundo rebelde.

- Gracias Korra. – Tenzin sonrió y se acercó a ella para abrazarla brevemente. - Me consuela saber que la muerte de Bumi no fue en vano, al igual que él yo también cargo el legado del Avatar Aang en mis hombros, así que si alguna vez necesitas de un fiel seguidor, por favor no dudes en pedir mi ayuda. - Murmuró.

- Te lo he dicho antes Tenzin, tienes a una familia que proteger, mantente a salvo y vivo para ellos. – Korra le recordó las mismas palabras que le había dicho el día en que ambos se dirigían a la pelea contra Amon.

- Bumi no se habría detenido por eso. – Tenzin mantenía su mirada puesta sobre el montículo de tierra que ahora marcaba la tumba de su hermano.

- Su pérdida ha sido abrumadora para tú familia, intentemos no añadirle más a eso. - Concluyó Korra poniéndose de pie. - Nunca estuvo en mis planes perder a Bumi, no estoy dispuesta a aceptar ninguna pérdida aunque sé que en una guerra lo único que está garantizado es la muerte, aún así me atrevo a pedirte que te cuides y que no permitas que nadie te aleje de tu esposa e hijos, ellos te necesitan con vida. - Le dijo con seriedad ofreciéndole una mano.

- Eso haré. – Tenzin respondió tomando su mano y poniéndose de pie, la joven Avatar mostraba cierta madurez y seguridad que pocos lograban alcanzar en aquellos tiempos porque pocos eran capaces de sobrevivir todo lo que ella había vivido, entendía la preocupación que Korra tenía por su vida pero también sabía que el mundo se beneficiaría más con un Avatar experimentado y esto era algo que solo se podía lograr si el Avatar lograba vivir lo suficiente para aprender del mundo en el que vivía, permitir la muerte del Avatar era un error, todos aquellos a favor del Avatar debían estar dispuestos a entregar su vida por ella en la batalla, no había precio demasiado alto, la vida del Avatar era más valiosa que la de cualquier otra persona y Tenzin estaba seguro de que Bumi había pensado lo mismo al dar su vida en el Antiguo Reino Fuego.

/*/*/

El sol comenzaba a meterse en el horizonte y Korra terminaba de mostrarle la ciudad a sus visitantes justo a tiempo para que se unieran a la fila para la comida de la cena, a pesar de gozar del privilegio de poder colocarse al frente de la fila Korra se limitó a observar desde lejos pues no tenía hambre ni ánimos para comer.

- Un poco más de fuerza y esa medalla cederá y se deformará en tu mano. - Escuchó la voz de Mako, Korra se sorprendió al notar que en verdad se encontraba sujetando la medalla que Asami le había regalado, no lo había hecho a propósito y no se había percatado de lo que estaba haciendo mientras permanecía sentada en aquel solitario y viejo banco de concreto.

- No me había dado cuenta. - Respondió mirando la medalla detenidamente, el engrane del emblema de la familia Sato seguía ahí para recordarle el origen de aquel desgastado collar.

- La echas de menos. - Dijo el joven. - Es natural. - Agregó y se encogió de hombros.

- No estaba pensando en ella... trato de no hacerlo así que en realidad no estaba pensando en nada. - Confesó mostrándose confundida.

-No necesitas pensar al respecto, se trata de lo que sientes no de lo que piensas. – Mako le explicó con seguridad, Korra liberó un profundo suspiro mientras negaba con la cabeza.

- Es el final del día, ya no me quedan energías para ocultar mis preocupaciones. - Korra admitió con una sonrisa llena de agotamiento y angustia.

- ¿Vas a cenar? - Preguntó Mako contemplando la postura encorvada de la morena mientras apoyaba los codos sobre sus rodillas y continuaba observando la medalla, Korra respondió negando con la cabeza.

-No tengo apetito. – Confesó.

- Entonces vallamos a caminar. - Propuso él, Korra no tuvo que pensar demasiado para aceptar aquella invitación, necesitaba un poco de tiempo para reflexionar y caminar era algo que siempre le ayudaba a aclarar su mente, esto lo había aprendido al lado de Asami gracias a las largas caminatas nocturnas que solían tomar en su asentamiento cuándo la morena aún vivía ahí.

- Sabes, no me puedo imaginar todo lo que ella y tú han pasado juntas. Al inicio no entendía porque las cosas se habían dado de tal manera que las dos se apartaron tanto de todos nosotros, tú eras el Avatar así que en ti era algo de esperarse pero la partida de Asami nos tomó a todos por sorpresa, hubo cierto momento en el que me sentí excluido de esa importante misión que las dos perseguían, yo quería estar ahí para ayudar y estoy seguro de que muchos otros en el pueblo querían hacer lo mismo... – Pausó, ambos continuaban recorriendo las calles vacías y rodeadas de escombros y esqueletos de enormes rascacielos. - Pero es casi imposible seguirle el ritmo al Avatar, a mi me resultó imposible llevarte la contraria y no te seguí cuándo dejaste el pueblo por primera vez, Asami fue diferente, ella te siguió por voluntad propia y se metió en tu vida hasta dejarte sin otra opción más que aceptarla a tu lado, ella demostró que era digna de tu compañía Korra y por eso puede vivir todas estas aventuras contigo. - Extendió sus brazos para enfatizar las ruinas de la ciudad en dónde se encontraban.

- Lamento haberte hecho sentir excluido... - Inició la ojiazul. - Pero tal como lo dices, yo no fuí la que invitó a Asami a mis aventuras, yo la amaba y quería que se encontrara a salvo así que le pedí que se quedara en su pueblo. - Suspiró.

- Pero no te escuchó. - Sonrió su amigo. - Es por eso que ella es diferente Korra, si en estos momentos Asami no se encontrara atrapada en el mundo espiritual ella no sería digna de caminar a tu lado, Asami puede estar contigo porque es capaz de ver más allá de su propio beneficio, Asami se preocupa por todos al igual que tú y es por eso que ella se pudo quedar contigo y yo no, porque yo habría sido egoísta y en vez de ayudarte te habría causado más problemas de los que ya tenías. – Mako le ofreció una cálida sonrisa, se notaba que había estado pensando al respecto por un largo rato, Korra nunca se había detenido a pensar en ello, desde un inicio asumió que la gente notaría que el trato tan diferente que le daba a Asami se debía a que ella se negaba a obedecer todas las sugerencias que Korra le daba, Asami era capaz de desafiar a Korra y complementarla al mismo tiempo, las dos encajaban como piezas de un rompecabezas, estar juntas era algo que se les daba bien así que ninguna había pensado en nada más.

- No puedo decir que Asami no causó problemas. - Admitió con una pequeña sonrisa recordando la manera en que debió improvisar para incluir a Asami en el coliseo.

- Las dos se adaptaron bien a cada situación... – Mako aclaró. - Pero quiero que sepas que Asami no es la única dispuesta a hacer lo que sea por ayudarte, así que si te sientes agobiada por favor tomate la libertad de hablar conmigo. – Mako concluyó con una mirada cálida, Korra asintió con la cabeza y se acercó para abrazar a su amigo quien sin dudarlo le correspondió el gesto.

- Gracias. - Murmuró ella sintiendo como el peso de sus hombros comenzaba a disminuir, era verdad, Asami no estaba presente pero había más personas que la apoyaban de forma incondicional, no tenía porque encerrarse en sí misma para poder cumplir su misión, podía contar con otras personas, Kuvira, Mako y Tenzin se lo habían recordado, no estaba sola, se repetía internamente manteniendo su brazos sujetos alrededor del cuerpo de Mako.

/*/*/

Los dos días habían transcurrido y era momento de que los líderes tomaran una decisión, a las nueve de la mañana todos se encontraban reunidos en la pequeña oficina de la Guerrera del Sur, aunque el tiempo que se les había otorgado para pensar no era demasiado todos estaban al tanto de la urgencia que había de tomar una decisión rápida así que ahí estaban, listos para comunicar lo que habían decidido.

Korra fue la última en entrar a la sala así que la puerta se cerró detrás de ella a sabiendas de que nadie más entraría a aquella oficina, todos permanecían en silencio, algunos lucían preocupados y otros un poco nerviosos, era evidente que todos tenían algo que decir o preguntar y Korra estaba lista para escucharlos a todos, el éxito de esa junta dependía de la seguridad que ella lograra transmitirle a todos los presentes y gracias al apoyo que había recibido por parte de sus amigos la morena había logrado recuperar fuerzas y la suficiente motivación para impulsar el proyecto que tenía entre manos.

- ¿Y bien? - Alzó la voz, todas las miradas se posaban sobre ella, nadie respondió y Korra decidió no hablar más para permitir que los rebeldes reunieran el coraje para expresar sus preocupaciones.

- Yo acepto.

- Yo también.

Dijeron Kuvira y Suyin respectivamente.

- Bien ¿Y el resto? - Preguntó, sus ojos repasaron los rostros de cada uno de los presentes, uno por uno analizó la expresión de las miradas que le eran devueltas, había incertidumbre y la única manera de aliviar sus inquietudes sería escuchando y respondiendo sus preguntas.

- Escucha Korra. – El Monte comenzó a hablar, su tono era serio al igual que su rostro y a juzgar por la manera en que se había atrevido a utilizar su verdadero nombre, la morena supo que estaba a punto de escuchar algo importante. - La Orden del Loto Rojo no es desconocida por todos los rebeldes, es natural, muchos de nosotros fuimos manipulados por ellos e inevitablemente algunos llegamos a escuchar sobre el Loto Rojo, no se nos era permitido hablar sobre ellos y en realidad no sabíamos mucho sobre la organización más allá de su legendaria existencia, sabíamos que ellos daban las órdenes pero desconocíamos el motivo del título que adoptaron o de que tenían a maestros elementales entre sus filas... - Pausó. - En resumen, lo que quiero decir es que muchas personas habrán escuchado sobre ellos pero solo como un título más alto entre la jerarquía rebelde, muchos piensan que el Loto Rojo es el apodo para las máximas autoridades rebeldes así que tal vez se nieguen a pelear contra ellos. - Concluyó manteniendo su mirada firme sobre la morena quien en silencio asintió con la cabeza.

- Nada de eso me preocupa, los únicos que me preocupan son los individuos que están al tanto de la verdadera identidad del Loto Rojo, los que saben que el Loto Rojo proviene del Avatar obscuro, porque esas personas han decidido aceptar al Loto Rojo a pesar de su origen. – Korra respondió.

- Nadie sabe el origen del Loto Rojo ¿Quién se podría haber imaginado que el Loto Rojo proviene del Avatar Obscuro? Todos pensamos que solo era un título para contrarrestar el título del Loto Blanco, el origen del Loto Rojo va en contra de todo lo que los rebeldes creemos y el que tengan maestros elementales entre ellos lo empeora todo aún más. – Gila gruñó con indignación. – Nos vieron la cara de idiotas. – Concluyó.

- Estoy de acuerdo con Gila – Alfa concordó. - El Loto Rojo nos engañó y aunque algunos hayamos escuchado sobre ellos y los hayamos adoptado como nuestros líderes es improbable que nuestra gente decida seguirlos cuando se enteren de la verdad. - Añadió.

- ¡Exacto! Nos vieron la cara, nos mintieron y nos utilizaron como una herramienta para cumplir las metas de la persona que más odian los rebeldes. – Gila agregó.

- Aún nos queda el problema de enfrentar a los maestros elementales. - Arpón murmuró con pesar.

- Eso lo pueden solucionar si aceptan la alianza con nosotros. - Resolvió Tenzin y la oficina volvió a caer en el silencio.

- Yo vi la bitácora con mis propios ojos, al recibirla firmabas un contrato que no podías romper, si no obedecías serías asesinado, el Loto Rojo es severo y a estas alturas del juego no creo que vayan a perdonar a nadie, si no formamos esta alianza estaremos solos contra el Loto Rojo. – Kuvira aclaró al ver la duda en los rostros de los otros líderes rebeldes, no quería que ninguno de ellos tuviera esperanzas absurdas, el Loto no los perdonaría por ninguna de sus faltas y eso incluía a todos los líderes por el simple hecho de haber aceptado formar una alianza con la Guerrera del Sur.

- Tal como dice Kuvira, sobre la mesa solo hay dos opciones, formar la alianza y pelear contra el Loto Rojo o rendirnos y escapar porque lo más seguro es que el Loto Rojo nos mate o vuelva esclavos. - Apoyó Suyin.

- Yo estoy con la Guerrera del Sur, confío en ella. - Alfa asintió con la cabeza.

Uno a uno comenzaron a dar su aprobación para la alianza, no todos lucían totalmente convencidos pero todos habían accedido a formar la alianza con el pueblo de Hiroshi.

- Entonces está decidido, empezaremos el entrenamiento de inmediato. - Concluyó Korra. - Reúnan a todos, es momento de hablarles sobre el Loto Rojo, la alianza y la pelea que está por venir. - Se puso de pie y salió de la oficina, no estaba segura de qué hacer, el plan era perfecto pero aún había algo que debía añadir, un detalle importante que no podía ser omitido, debía decirle a los rebeldes que ella era el Avatar y no sabía cuál era la mejor manera de hacerlo, quedaba en claro que a los rebeldes no les gustaban los engaños y no sabía cuánto tiempo más podría ocultar la verdad.

Caminando llegó hasta la tumba de Bumi y la miró detenidamente pensando en cómo acomodar todo para el momento ideal a sabiendas de que tal momento nunca llegaría, admitir que la Guerrera del Sur era el Avatar era una verdad difícil de revelar y causaría revuelo sin importar cuando lo dijera, era como caminar sobre hielo quebradizo, cada paso que daba era importante y benéfico pero su siguiente paso siempre podía convertirse en el último.

- Korra. – Kuvira la llamó acercándose por detrás de la morena.

- ¿Hm? – Korra respondió sin apartar su mirada de la tumba de Bumi.

- Debes decirles. - Insistió.

- Lo sé... - Suspiró.

- Hazlo ahora, los líderes están inseguros y se sienten confundidos por la traición del Loto Rojo, si no dices la verdad ahora no serás distinta al Loto Rojo. - Presionó.

- ¡Lo sé! - Korra bufó. - Pero ahora no es un buen momento, serán demasiados cambios al mismo tiempo. - Añadió pasándose la mano derecha por el rostro, su voz sonaba insegura lo cual no era usual en la imagen de la personalidad de la Guerrera del Sur.

- Si no es ahora, después será demasiado tarde. - Respondió la ojiverde.

- ¿Y qué si la alianza se desintegra? – Korra la miró sin poder esconder el temor que se alojaba en su pecho.

- Si se desintegra tendrás una preocupación menos y podrás enfocarte en proteger el pueblo de Asami – La respuesta de Kuvira fue firme y sin titubeos pero aún así su tono de voz guardaba cierta calidez que la morena fue capaz de detectar. - No podremos salvar a los que no quieran ser salvados, aquí hay mucha gente que te seguiría hasta el fin del mundo sin importar si eres el Avatar o no. – Kuvira concluyó.

- Tal vez tienes razón. – La ojiazul murmuró meditando las palabras que le habían sido dichas, Kuvira tenía razón pero la idea de perder la unión de la alianza rebelde le provocaba demasiadas emociones negativas, a lo largo del tiempo había desarrollado cierto apego a hacia todos los rebeldes y considerar que algunos de ellos podrían abandonarla y terminar vagando por el mundo sin un lugar a dónde ir le causaba demasiada angustia, no quería que eso pasara así que se aferraba a pensar que tal vez encontraría una manera para evitar el rompimiento de la alianza. - Pero hoy no será el día, creo que será mejor limitar el día de hoy a la revelación de la alianza, el Loto Rojo y la posibilidad de la guerra. - Pausó. - Eso ya es suficiente información para procesar por un día, el hecho de que su líder actual es el Avatar lo dejaré para otra ocasión ¿Te parece bien? - Propuso con seriedad, Kuvira pensó por un momento y al cabo de un momento asintió con la cabeza.

- Si piensas que eso es lo mejor no puedo hacer otra cosa más que respetar tu decisión. – Le dijo encogiéndose de hombros. - Iré a ayudar a reunir a la gente junto a Baatar, tú tomate un tiempo para pensar en el discurso que darás, procura que sea fuerte y convincente porque la gente entrará en pánico en el mismo instante en que menciones a los maestros elementales... para los rebeldes el poder de controlar los elementos tiene un significado negativo, el Avatar Obscuro abusó de sus poderes y dio inicio al fin del mundo, no lo olvides, tú tienes que darles la fuerza para superar ese miedo. - Concluyó y comenzó a caminar rumbo al centro de la ciudad dejando a la morena sola con sus pensamientos.

- Gracias... - Bufó pronunciando aquellas palabras con sarcasmo, Kuvira era una persona difícil de descifrar, a veces parecía estar de su lado y a veces parecía presionarla para hacerla perder la paciencia, como si buscara presionarla hasta hacerla cometer un error.

- Escuché que la alianza fue aprobada por los líderes. - Se acercó Desna.

- Si. - Korra apretó la mandíbula y arrugó las cejas.

- Pensé que eso era lo que querías. - Dijo el joven sin reflejar ninguna emoción en el rostro.

- Si, es lo que quiero pero... hay algo más que debo añadir a esta larga lista de cambios. - Cerró los ojos y los apretó con fuerza sabiendo que al abrirlos no se encontraría en otro lugar, aquello no era un sueño, era su realidad, Bumi había muerto, Asami se encontraba atrapada en el mundo espiritual, una guerra estaba por ocurrir, la alianza rebelde estaba en peligro de desaparecer y no había manera de revertir nada de lo que estaba pasando.

- ¿Qué? - Preguntó su primo.

- La identidad del maestro de los cuatro elementos Desna... si peleamos contra el Loto Rojo eso será algo que no podremos seguir ocultando. - Admitió derrotada.

- Oh... - La voz de Desna reveló preocupación, Korra asintió con la cabeza sin decir nada más. - No lo había pensado. - Balbuceo Desna.

- Yo tampoco lo tenía contemplado, con todo lo que ha pasado... pero Kuvira lo notó de inmediato. - Volvió a suspirar.

- ¿Tienes algo en mente para la gran revelación? - Preguntó el joven.

- Si lo tuviera no estaría estresada. - Apretó los dientes, Desna retrocedió un par de pasos para evitar cualquier altercado con la morena quien por el momento no lucía muy amigable.

- De cualquier manera, hoy no será el día para hablar de eso así que será mejor que me enfoque en el discurso para la alianza. - Resolvió emprendiendo el camino hacia su escondite.

/*/*/

A los líderes les tomó menos de dos horas reunir a todos los miembros de la alianza en las afueras del coliseo y cuando se aseguraron de que todos estaban presentes mandaron a un joven a llamar a la temida y respetada Guerrera del Sur.

- Ya está todo listo. – El joven llamó desde el exterior de la puerta de roca y Korra asintió con la cabeza, sin pronunciar ninguna palabra se acercó a la puerta y la abrió sintiendo como si el sol le quemara las retinas, sus sentidos se habían vuelto más sensibles de lo normal, la luz le lastimaba, el viento no parecía cargar el suficiente oxígeno con él, el más mínimo sonido bastaba para hacerla entrar en alerta y en su boca predominaba un sabor amargo, el joven caminaba por delante y Korra lo seguía manteniéndose un par de metros detrás suyo, ya lo tenía todo listo, sabía las palabras que usaría para evitar detonar el pánico de su gente, estaba convencida de que aquel discurso sería bien recibido, explicaría las cosas detalladamente para evitar confusiones, no permitiría que las cosas se arruinaran, no cuando estaban tan cerca de romper aquella importante barrera que había estado dividiendo a la humanidad durante cientos de años, el discurso sería sencillo de no ser por la pieza faltante. – No es momento para preocuparme por eso. – Balbuceo en un tono inaudible sin dejar de avanzar.

Llegando al coliseo subió a un pequeño templete que los líderes habían preparado, al subir pudo notar la impresionante cantidad de personas que conformaban aquella alianza, cientos de miradas se enfocaban sobre ella, era el momento de ayudar a todos ellos a despertar y liberarse de la influencia del Loto Rojo que por años los había mantenido sometidos en un estilo de vida lleno de desgracias y malas experiencias.

- Quisiera iniciar este discurso explicándoles el origen de una organización que por años ha apoyado y continuado la misión del Avatar Obscuro. - Comenzó a contar la historia del Loto Rojo tal como la había leído en la Bitácora, Korra no necesitaba leer las páginas de aquel texto pues todo se había quedado fielmente grabado en su memoria, cada palabra, cada expresión, todo era parte de su historia y no se había permitido olvidar ni un solo detalle, la gente la escuchó con atención, nadie dijo nada mientras aquella historia se conectaba con su realidad, nadie dijo nada cuando el Loto Rojo fue mencionado o cuando se explicó la amenaza que significaba para todos ellos, nadie quería perderse ni un detalle de lo que estaba siendo dicho porque sabían que era importante ya que la Guerrera del Sur nunca antes había organizado una reunión similar, siempre solía aprovechar las reuniones del coliseo y nada más, nunca exigía que todas las personas del pueblo estuvieran presentes, se limitaba a que los que estuvieran al tanto de las noticias comenzaran a correr la voz, pero esta vez era diferente y todos podían notarlo.

- Esta alianza es nuestra mejor opción para sobrevivir. - Concluyó, el público se mantuvo en silencio, nadie sabía que decir, era difícil comenzar a procesar toda la información que se les había confiado, todos esperaban ver la reacción de las personas que los rodeaban así que nadie hacía nada, fila tras fila todos permanecían pensativos sin saber cómo reaccionar a semejantes noticias.

- Pero los maestros elementales son peligrosos... - Se escuchó una voz entre el público.

- No son invencibles. - Aseguró la morena. - Mis hombres no me permitirán mentir, nos enfrentamos a más de uno allá en sus tierras y logramos escapar. - Añadió.

- Pero esta vez vendrán preparados, si ya vieron lo que los bloqueadores de Chi pueden hacer... - Comentó alguien más.

- Tenemos eso y más. - Respondió Korra, de pronto todos comenzaron a hablar al mismo tiempo, unos hablaban entre sí y otros intentaban ser escuchados por la morena.

- ¡Basta! - Intervino Kuvira, la gente la miró con sorpresa, Korra se disponía a responder cuando Kuvira se aventuró y caminó entre el público abriéndose paso y adentrándose un par de metros entre la multitud. - ¿Se sienten en desventaja porque no tenemos a un maestro elemental de nuestro lado? – La ojiverde preguntó.

- ¡Kuvira! – Korra gritó saltando del templete, tenía que alcanzarla, sabía lo que Kuvira planeaba hacer y no podía permitir que algo así ocurriera ya que estaba convencida de que la alianza rebelde no soportaría aquella verdad.

- ¡Piensen! ¿Quién más trabaja peleando en contra de todas las injusticias que el Loto Rojo reparte por el mundo? – Pausó mirando los rostros de las personas que la rodeaban. – Les daré una pista, se trata del maestro más poderoso del mundo. – Volvió a callar al tener a Korra frente a ella.

- ¡Basta! - Korra se detuvo a un paso de la ojiverde. - Basta. - Repitió en un murmuro cerca del rostro de Kuvira quién no se mostraba intimidada por su presencia, ambas se miraron a los ojos sabiendo que ninguna de las dos concordaba con la decisión que la otra había tomado.

- Si no lo haces en este momento no podrás hacerlo nunca. - Kuvira le repitió en voz baja.

- El Avatar. - Respondió una voz entre la multitud y todos se miraron entre sí, la confusión reinaba entre la gente, nadie sabía que más pensar después de haber sido bombardeados con la verdad del Loto Rojo.

- Pero el Avatar ha sido perseguido por nosotros durante generaciones... sería estúpido pedir su ayuda y esperar que acceda. - Se burló alguien más, Kuvira sonrió de lado y Korra retrocedió un paso con los ojos abiertos de par en par, aquella voz había provenido de un rebelde, alguien que no había sido manipulado para decir tal cosa lo que hacía de aquella voz una opinión verdadera proveniente de un miembro de la alianza rebelde.

- ¡El Avatar te encerró en un calabozo! - Señaló otra voz proveniente de algún lugar entre el público.

- Si, pero también me salvó de la locura. – Kuvira respondió, Korra miraba a las personas que formaban un círculo alrededor de ellas, no tenía caso detener a Kuvira porque jamás sería un buen momento para admitir la verdad, su corazón latía a toda prisa, la adrenalina corría por sus venas, su respiración se había vuelto superficial, estaba ocurriendo, su identidad sería rebelada enfrente de una multitud de gente que en algún momento de sus vidas se dedicaron a darle caza.

- El Avatar me puso en el calabozo cuando pudo haberme arrebatado la vida, me condenó a vivir en el calabozo pero no me abandonó, el Avatar me visitó durante el tiempo que duré ahí, se aseguró de visitarme con la suficiente frecuencia para yo poder mantener la cordura, el Avatar no es el villano que el Loto Rojo nos planteo, el Avatar es la pesadilla del Loto Rojo, el Avatar pelea en contra de todo lo que el Avatar Obscuro quiso lograr y es por eso que el Loto Rojo nos utilizó para perseguirlo... – Kuvira tomó aire, debía hablar fuerte y claro para que todos lograran escucharla pero estaba decidida a que así fuera. - Porque el Avatar Obscuro fue una irregularidad y ellos sabían que los siguientes Avatares los perseguirían para terminar con lo que sea que el Avatar Obscuro inició, por eso sembraron el miedo en todos ustedes, porque los necesitaban para perseguir al Avatar. - Pausó. - Si el Avatar quisiera nos podría haber eliminado a todos con un solo movimiento de su mano y no lo ha hecho, por generaciones el Avatar ha preferido dar su vida a tener que eliminarnos a todos ¿Se han puesto a pensar en eso? - Preguntó sin dirigirse a nadie en particular.

- El Avatar nos ayudará a pelear contra el Loto Rojo, de eso no me cabe duda. - Aseguró Kuvira.

- ¿Entonces eres aliada del Avatar? - Preguntaron.

- ¡Aiwei nos lo advirtió! ¡La Guerrera del Sur es el Avatar! - Acusó una voz y todos comenzaron a inquietarse gritando todo tipo de acusaciones entre sí.

- ¡Basta! - Korra lanzó una ráfaga de viento que llamó la atención de todos haciéndolos caer de vuelta en un silencio sepulcral. - Yo soy el Avatar, no es necesario que peleen entre ustedes. - Al fin dejó su guardia caer, por primera vez aquella gente era capaz de ver la suavidad en los ojos de la Guerrera del Sur.

Silencio, nadie supo que hacer o qué decir, los ojos azules de la morena miraban todos aquellos rostros llenos de confusión, rostros que alguna vez la miraban con admiración ahora no demostraban nada, no podía ver más allá de aquellas caras de sorpresa.

- ¡El Avatar! - Acusó una voz molesta, una roca voló en dirección a la morena quien sin perder la calma la esquivó con facilidad, antes de que Korra pudiera reaccionar a dicha agresión alguien del público se adelantó agrediendo al responsable de haber lanzado el proyectil.

- ¡¿Qué demonios haces?! - Reclamó el defensor de la morena deteniendo al hombre que había lanzado la roca, así todos comenzaron a dividirse y a insultarse entre sí.

- ¡Basta! - Suyin se adentró entre la gente para posicionarse enseguida de Korra.

- ¡Mas traidores! ¡Ellas no pertenecen a los rebeldes! – Varias personas acusaron.

- ¡Alto! - Se integraron los gladiadores más destacados del coliseo rodeando a la morena para protegerla de la furia de la gente.

- ¡Ella es el Avatar! - Se escucharon reclamos.

- Ella es nuestra líder, Avatar o Guerrera del Sur, incluso si no tuviera un nombre o un título, esta mujer es nuestra líder, cualquiera que no esté de su lado está del lado del Avatar Obscuro y en contra nuestra. – La Roca rugió dejando a la joven ojiazul boquiabierta, las fuertes espaldas de aquellos hombres y mujeres la rodeaban formando una muralla humana que sabía que pocos se atreverían a desafiar porque aquellas personas no eran ni más ni menos que los peores verdugos de todos los grupos rebeldes del territorio, los más temidos y respetados, sin embargo ahí estaban ellos, listos para volver a poner sus vidas en peligro con tal de protegerla.


San Lunes! ... Por la noche, Jajaja.
Muchas gracias a todos por sus comentarios!

De verdad me da mucho gusto leerlos a todos.
Espero les haya gustado este cap.
(:

Chau!