Entrenando un mínimo de cinco horas diarias durante poco más de una semana bajo la tutela de Aang, Korra logró entrar en el mundo espiritual un jueves por la mañana.
La sensación de encontrarse en ese mundo con nada más que su cuerpo espiritual era algo completamente nuevo para la joven Avatar, no poseía poderes y si se concentraba lo suficiente podía transportarse a través de aquel mundo simplemente apareciendo y desapareciendo en distintos lugars, claro, esto último era algo que Aang le había explicado bien pero que ella no se sentía con la confianza suficiente para intentarlo.
Su primera conexión la había llevado a aparecer en el medio de un prado, era un área que nunca antes había visitado pero sabía que había llegado al lugar indicado gracias a la abundancia de plantas con colores vivaces y sobre todo a los pequeños espíritus que saltaban por encima del pasto jugueteando entre sí.
Al caminar por el prado la morena repasaba mentalmente las enseñanzas de Aang él le había advertido que sus emociones serían capaces de modificar la manera en que interactuaba con aquel mundo así que debía recordar mantenerse tranquila durante su visita para no llegar a complicar el entorno en el que se encontraba inmersa.
En su búsqueda por el camino hacia la biblioteca de Wan Shi Tong, Korra comenzó a consultar con los espíritus pero luego de deambular por un tiempo se percató de que debía volver a su cuerpo físico pues ya se había tomado un par de horas en la mañana al intentar conectar con el mundo espiritual y no podía pasar más tiempo ahí ya que la alianza rebelde la necesitaba y estaba segura de que Kuvira no tardaría en aparecer si se llegaba a demorar en salir de su guarida.
Respirando con profundidad cerró los ojos y se concentró para guiar a su espíritu de vuelta a su cuerpo, la siguiente vez que abrió los ojos pudo distinguir el cuarto de entrenamiento en el que siempre meditaba por las mañanas, lo había logrado, estaba de vuelta.
- Falta poco. - Murmuró recordando el rostro de su querida Asami.
Caminando entre las calles de las ruinas de Ba Sing Se Korra se aseguraba de que no hubiera disturbios, aunque la mayoría de los rebeldes habían decidido apoyarla, el pequeño grupo de rebeldes que se oponían a ella habían causado peleas aisladas en distintas zonas de los territorios de alianza, estos conflictos habían sido reportados por los miembros de la alianza, personas con el rostro cubierto atacaban a víctimas desprevenidas acusándolos de traición por apoyar al Avatar y luego se echaban a correr y desaparecían antes de que alguien con la suficiente fuerza pudiera atraparlos.
Todos habían sido ataques menores sin consecuencias severas, a pesar de esto Korra era consciente de que no podía pasar por alto aquellas faltas de respeto a su autoridad, aún no tenía un plan definitivo para contrarrestar el problema por lo cual había establecido un plan temporal, pequeñas patrullas de vigilancia a horas no específicas del día para que los alborotadores no tuvieran la oportunidad de aprenderse algún horario que les permitiera planear los ataques mientras las patrullas estuvieran lejos del área que quisieran atacar.
A las nueve de la mañana Korra se encontraba en las afueras del coliseo supervisando el entrenamiento de los bloqueadores de Chi, había cerca de trescientos seleccionados que asistían a los entrenamientos y todos eran asistidos por Mako y sus hombres quienes impartían el curso de nueve de la mañana a cinco de la tarde.
Korra también supervisaba las clases de Tenzin y los proyectos de Varrick, todo marchaba de acuerdo al plan, a pesar de que todo su día se encontrara ocupado Korra no podía sentirse más llena de energía o más motivada de lo que estaba en esos momentos, sus entrenamientos personales ocurrían durante las mañanas y al atardecer, de cinco a ocho de la mañana y de seis a ocho de la tarde.
Era natural que con su más reciente logro la mente de la morena se encontrara un poco dispersa, no podía esperar más a que se dieran las seis de la tarde para poder volver al mundo espiritual pues estaba segura que esta vez lograría encontrar la biblioteca de Wan Shi Tong para comenzar a investigar sobre la prisión en la cual Asami se encontraba atrapada.
- Ese mocoso engreído que trajiste se muestra muy seguro de sí mismo, cómo si el mundo le perteneciera, de no ser por esa maldita técnica yo sería la que tuviera esa maldita sonrisa pedante en el rostro… -
Korra miraba hacia el horizonte contemplando las copas de los gigantescos árboles que habían crecido a las afueras de las murallas, aquellos árboles eran idénticos a los que rodeaban el portal en las ruinas de Ciudad República, la ojiazul meditaba sobre los espíritus y la capacidad que tenían de estimular el crecimiento inusualmente acelerado de la naturaleza ya que por más que lo pensaba no lograba encontrar la conexión entre los espíritus y su mundo pero al ver aquellos enormes árboles era evidente que alguna conexión debía existir.
- ¡Hey! ¿Me estas escuchando? - Kuvira pasó su mano frente a los ojos de Korra quién reaccionó parpadeando un par de veces seguidas.
- ¿Eh? Si... - Intentó sonar segura pero el rostro de Kuvira le dejó en claro que su respuesta no había sido para nada convincente, aún así decidió no decir nada más.
- ¿De nuevo piensas en Asami? - Kuvira preguntó con tono suave, aunque su rostro no dijera mucho Korra sabía que Kuvira se preocupaba por ella.
- No... Bueno, está relacionado con ella. - Respondió con honestidad al considerar a Kuvira como una amiga a la que le podía confiar cualquier cosa, Kuvira guardó silencio esperando a que la morena elaborara sus palabras.
- He estado entrenando para entrar al mundo espiritual sin la necesidad de un portal. - Inició.
- ¿Eso es posible? - Kuvira interrumpió.
- Si, a través de la meditación puedes llegar a separar tu espíritu del cuerpo físico que lo ata a este mundo y...
- Entendido... cosas complicadas de Avatar. - Kuvira dio por terminada la explicación pues ella no tenía ningún interés en nada que tuviera que ver con los espíritus o la meditación, a ella se le daba más el manejo de la fuerza física y el desarrollo de un carácter fuerte.
- En pocas palabras, si, es posible. - Korra acortó su respuesta para acomodarse a los intereses de su amiga.
- Y si tu... ¿Espíritu? Visita la prisión ¿Cabe la posibilidad de que también quede atrapado ahí? - Preguntó la ojiverde mientras se secaba el sudor de la frente, al ser las once de la mañana acababa de alcanzar el primer descanso de su entrenamiento diario con los bloqueadores de Chi.
- Si, quedaría atrapada allá y no podría volver a mi cuerpo. - Korra respondió liberando un profundo suspiro.
- ¿Entonces cuál es el propósito de que visites ese mundo si no puedes entrar a la prisión para sacar a Asami? – Kuvira la miró con atención.
- Consultar con el espíritu de la sabiduría, investigar para encontrar una manera de rescatar a Asami. - Korra dijo con voz firme dejando en claro que no habría manera de convencerla de abandonar aquella idea.
- Después de lo ocurrido con el Avatar obscuro la gente relacionaba al Avatar con un poder aterrador capaz de acabar con todo a su paso... – Kuvira sonrió. – Pero ahora que te veo hablando sobre espíritus no puedo evitar divertirme al imaginarte leyendo o meditando, sentada por ahí con los ojos cerrados sin hacer nada por horas. - Kuvira se burló y Korra sonrió.
- ¿Te parecen cosas aburridas? - Preguntó la morena.
- Si... pero francamente creo que es una parte importante del Avatar que muchas personas ignoramos... el puente entre este mundo y el mundo espiritual. - Dijo Kuvira. Las dos se encontraban sentadas apartadas del grupo observando al resto de los estudiantes de los bloqueadores de Chi quienes aprovechaban su descanso para tomar aire, para charlar o comer algún aperitivo.
- Aún no descubro cual es la conexión entre este mundo y el de los espíritus pero ellos mismos me dijeron que necesitan de nuestro mundo y es claro que nosotros necesitamos del de ellos, es justa mente eso en lo que pensaba al ver los árboles de la jungla... los espíritus tienen una energía que acelera el crecimiento de la vida en nuestro mundo. - Korra hablaba más para sí misma que para Kuvira quién no podía evitar perderse en aquella conversación, toda la información referente a los espíritus se había perdido hacía años atrás, poca era la gente que se había preocupado por pasar historias sobre los espíritus a las nuevas generaciones pues las guerras, la carencia de recursos y la abundancia de muertes habían obligado a la gente a volver de la supervivencia su única prioridad, todo lo que no tuviera que ver con las distintas formas de sobrevivir se había vuelto información obsoleta que pronto se perdió junto a la muerte de las generaciones más viejas.
- Creo que puedo entenderte... si te refieres a la inusual manera en que esa jungla comenzó a crecer y esparcirse por el desierto... - Dijo la ojiverde y Korra sonrió.
- Justo de eso hablo, verás, las semillas que planté me las dio un espíritu y por eso creció de esa manera. - Le explicó poniéndose de pie.
- ¿Y los animales? - Kuvira apresuró su pregunta al ver que Korra se preparaba para irse a otro lado.
- No tengo ni la más mínima idea. - Respondió encogiéndose de hombros. - Pero sé que son ellos, los espíritus pueden transformar nuestro mundo... pueden volverlo a la vida, el problema es que los espíritus no planean volver a nuestro mundo si los humanos seguimos armando guerras. - Concluyó y Kuvira rió por lo bajo.
- Esta jungla ha vuelto a Ba Sing Se un lugar lleno de abundancia, los recursos son valorados como moneda ¿Imagina todo lo que podríamos hacer si tus amigos los espíritus te dieran más de esas semillas? - Insinuó Kuvira ganándose una mirada desaprobatoria por parte de la morena.
- Era broma. - Sonrió la ojiverde y Korra negó con la cabeza.
- Iré a visitar a Varrick. - Dijo antes de continuar su camino, Kuvira la observó mientras se perdía a la distancia, la espalda de Korra era fuerte, sus pasos firmes, al verla era fácil decir que aquella chica había vivido ya muchas cosas y estaba lista para enfrentarse a cualquier reto que se le pusiera enfrente.
- ¿Por qué sigues mirándola así? - Preguntó Baatar al tomar asiento enseguida de Kuvira.
- ¿Cómo? - La ojiverde preguntó sin retirar la mirada de la dirección que había seguido la morena.
- Como si te fuera imposible no verla. - Él respondió con un tono amargo y resentido.
- Korra es como yo... - Inició su explicación. - Pero ella sabe cosas que yo desconozco... su poder es inigualable y aún así mantiene un corazón tan cálido como el sol. - Guardó silencio y Baatar suspiró pareciendo resignarse a la actitud de Kuvira.
- No puedes estar agradecida con ella solo porque te mantuvo compañía en la celda en la que ella misma te metió. - Insistió negándose a creer que Kuvira pudiera apoyar a la morena de forma tan desinteresada.
- Baatar... temíamos al Avatar porque el Loto Rojo nos hizo creer que era un terrible villano sin corazón, pero desde el primer día que me encontré con Korra pude ver el tipo de persona que era, ella no sería capaz de matar a nadie que no la obligara a hacerlo, si el Avatar fuera lo que nos dijeron que era yo habría muerto en aquel primer encuentro y todos ustedes también. - Bufó. - ¿Viste la facilidad con la que manipula la tierra? No hace falta que se esfuerce, si ella quisiera nos podría enterrar a todos de un movimiento y evitarse problemas, dime ¿Qué demonios significa eso? El Avatar alimentando a una alianza hecha en su mayoría por grupos rebeldes. - Lo miró en espera de su respuesta.
- Es... - Baatar titubeo.
- No hay explicación Baatar, ella no necesita nuestra confianza para poder llevarnos a una trampa y matarnos, si hace esto es porque piensa en el bienestar de la gente. - Afirmó. - Yo quise volverme una líder rebelde para comenzar a conquistar estos territorios con el fin de brindar una calidad de vida estable para todos pero mis manos fueron atadas por el Loto Rojo, ahora que ella está aquí ha logrado lo que yo quería, unió a todos y se asegura de que todos tengan techo y comida pero no tiene que abusar de nadie para lograrlo porque ella tiene los recursos necesarios, no hay manera de competir contra el Avatar, lo mejor que puedo hacer es ayudarla. - Concluyó.
- ¿Entonces es admiración lo que hay en tu mirada cuando la ves? - Baatar preguntó y Kuvira arrugó las cejas.
- ¿Y qué más da lo que sea? - Gruñó Kuvira poniéndose de pie. - Eres más molesto que la arena ardiente en los pies descalzos... - Renegó Kuvira negándose a admitir el respeto que sentía por la morena, no solo era respeto o admiración, Korra era una amiga que sentía que debería ayudar y proteger para formar parte de la importante misión de mantener a la humanidad con vida.
- A mi me importa. – Baatar gruñó en voz baja observando a Kuvira alejarse de él, una vez más.
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Luego de cenar Korra se despidió de todos y se resguardó en su escondite, era momento de volver al mundo espiritual para buscar a Wan Shi Tong.
Sentada en el medio de la habitación de entrenamiento cerró los ojos y dio inicio a sus ejercicios de respiración hasta que pudo sentir la manera en que su espíritu comenzaba a encontrar el camino hacia el mundo espiritual, al abrir los ojos pudo ver los coloridos paisajes que la rodeaban, había llegado, lo había vuelto a hacer y esta vez no le había tomado más que unos cuantos minutos.
Un par de horas de práctica le ayudaron a manejar la manera en que viajaba por el mundo espiritual hasta que al fin logró conectar con los espíritus quienes la guiaron por el camino correcto hacia el hogar del espíritu de la sabiduría.
La enorme biblioteca se encontraba escondida entre una densa jungla, los espíritus iban y venían alrededor del edificio pero era obvio que nadie además del espíritu de la Sabiduría hacía uso de la vasta colección de libros que componía aquella abandonada biblioteca.
- Avatar. - Se escuchó la profunda voz de la lechuza.
- Necesito hacer uso de tu biblioteca. - Habló ella sin saber que esperar de Wan Shi Tong, este espíritu había ayudado mucho a Asami pero también era un espíritu que expresaba abiertamente el odio que tenía por los humanos.
- Mis libros no tienen la información que buscas. - Aseguró la voz del espíritu.
- No tienes idea de lo que busco. - Respondió Korra.
- Me lo puedo imaginar... - La lechuza apareció en la puerta de la biblioteca mostrando las plumas blancas de su rostro.
- Tienes una colección de todo tipo de registros... algo habré de encontrar. - Insistió la morena.
- Hay registros y hay relatos, pero nada de eso te ayudará porque todo lo que hay escrito ha sido creado por los humanos, la información que necesitas debe ser proporcionada por espíritus y nosotros no escribimos nada. - Insistió la lechuza.
- Eso lo averiguaré por mí misma. - Korra dijo con voz amenazadora antes de percatarse de la naturaleza de su respuesta. - Siempre y cuando me permitas entrar... - Corrigió con voz más sumisa.
- Mis ayudantes te pueden asistir para encontrar todo lo relacionado con la neblina... - Respondió el espíritu haciéndose a un lado permitiéndole el paso a la morena.
- Gracias. - Korra avanzó notando a los lobos y zorros que habían aparecido a su alrededor y quienes la observaban intensamente en espera de alguna orden o petición.
- Si llego a necesitar de su ayuda les haré saber. - Les dijo con la intención de permitirles descansar pero ninguno de ellos desistió y todos comenzaron a seguirla a medida que se adentraba en la biblioteca.
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Otra semana más pasó a prisa, Korra había leído una enorme cantidad de documentos, los humanos habían dejado muchas historias y anécdotas sobre la neblina, había diferentes puntos de vista y distintos estudios lo cual logró sorprender a la morena pues si aquellos estudios existían significaba que en algún punto de la historia los humanos habían estado involucrados activamente con el mundo espiritual, sin embargo, tal como Wan Shi Tong le había dicho, la información que había ahí no explicaba la manera de sacar a una persona de aquella prisión, sin importar todos los estudios y análisis que hubiera sobre la niebla, nadie había sido capaz de idear una manera de salvar a las personas de aquel lugar.
- Los únicos que han sido capaces de salir lo hicieron por cuenta propia. - La voz de Wan Shi Tong resonó por la biblioteca.
- ¿Los espíritus no pueden convencer a la neblina de ayudar a sacar a alguien? - Korra miró a la lechuza quien negó con la cabeza sin titubear ni un poco.
- La neblina no perdonará a nadie. - Wan Shi Tong Respondió.
- Entonces no descansaré hasta encontrar una manera. - Concluyó Korra continuando con sus estudios.
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Tres semanas de entrenamiento comenzaban a brindar sus frutos, los peleadores más hábiles empezaban a entender la técnica del bloqueo de Chi y esto les ayudaba a adaptarse a los movimientos que les permitirían comenzar a dormir el Chi de su enemigo.
A estas alturas Korra ya contaba con un resumen de los datos más útiles que había obtenido de los libros de la biblioteca de los espíritus, a pesar de que nada estuviera asegurado, la morena se negaba a aceptar su derrota pues se encontraba determinada a salvar a Asami en cuanto pudiera asegurarse de que el Loto Rojo no era una amenaza para su gente.
Por otra parte, Varrick y sus asistentes ya habían comenzado a producir armas que les ayudarían a neutralizar al enemigo, el pequeño grupo de producción trabajaba sin parar bajo la ordenes de la Guerrera del Sur de "producir hasta que se agotaran los recursos que tenían disponibles" con el fin de abastecer bien a todos los peleadores.
Tenzin también había cumplido con su misión al encontrar a un par de personas que contaban con un talento innato para cuidar de las plantas, estas personas recibirían más información que el resto del grupo de aprendices para que luego pudieran continuar enseñando a los demás.
Lunes por la tarde, Korra observaba a sus peleadores entrenando, tres semanas podía no parecer mucho tiempo pero el avance era notorio, Korra estaba segura de que los rebeldes no tardarían demasiado en aprender las bases de aquella técnica, sabía que para llegar a dominarla requerirían de más tiempo y mucha práctica pero lo que ella quería era que su gente adquiriera la capacidad de bloquear el Chi sin importar que su técnica fuera más lenta o requiriera más trabajo del que normalmente le llevaría a una persona más experimentada.
Luego del entrenamiento diario todos se dirigieron hacia las casas de alimento para cenar antes de volver a sus casas a descansar, Korra fue acompañada por Kuvira, Mako, Baatar y Bolin, los cuatro disfrutaban de su comida en silencio, hacían pequeños comentarios de vez en cuando pero no entablaban una conversación demasiado elaborada pues ninguno tenía interés en eso, cada quién tenía suficiente en su cabeza para entretenerse, Mako y Kuvira se concentraban en los entrenamientos, Baatar no paraba de observar a Kuvira, Korra pensaba en Asami, y finalmente Bolin no podía ignorar la incomodidad que el hambre generaba en su cuerpo así que solo intentaba llenarse la boca de los bocados más grandes que podía introducirse a la boca.
- Korra. – La llamó Desna al acercarse a la mesa.
- ¿Ocurre algo? – La morena preguntó al notar un distintivo tono de preocupación en la voz de su primo.
- Suyin quiere verte en el palacio... creo que quiere hablar sobre algo del Loto Blanco. – Desna intentó explicar, Korra asintió con la cabeza y se puso de pie abandonando su plato con lo poco que le quedaba de comida. Kuvira la observó con intriga y curiosidad en espera de alguna explicación pero al no obtener nada se aventuró a preguntar.
- ¿Algún asunto de Avatar? - Korra la miró arrugando las cejas, no lograba entender la naturaleza de aquella pregunta pues todo lo que ella hacía era un asunto relacionado con el Avatar.
- Debo ir a ver de qué se trata, le pedí ayuda al Loto Blanco para pelear contra el Loto Rojo, supongo que han mandado su respuesta así que iré a ver. - Concluyó y comenzó a caminar con Desna a su lado.
- ¿Alguien quiere el arroz que dejó? - Bolín Preguntó logrando ganarse una mirada desaprobatoria del resto de los presentes en la mesa.
- Bien, entonces lo tomaré yo. - Se encogió de hombros y alcanzó el plato, todos rodaron los ojos y suspiraron observando como la morena se perdía entre la multitud de personas que comían en aquella zona.
Korra entró en el palacio de la Beifong caminando directamente al comedor en dónde Suyin se encontraba cenando acompañada de su esposo y los gemelos.
- Korra. - Suyin sonrió sin aquel brillo característico que siempre llenaba sus sonrisas, esto solo evidenciaba el hecho de que había algo que le intrigaba. - Por favor tomen asiento. - Les indicó a Korra y a Desna.
- ¿Está bien que permanezca aquí? - Desna miró a la morena, Korra asintió con la cabeza y se acercó a la mesa para sentarse en uno de los asientos vacíos.
- Todo parece ir de maravilla aquí y también en el pueblo de Hiroshi. - Pausó. - Tienes a gente muy fuerte y capaz de continuar con todo esto, me parece que la alianza es capaz de sobrevivir incluso sin el apoyo que nos brinda tu presencia, estoy convencida de que todos continuarían viviendo juntos. – Suyin concluyó.
- ¿El Loto Blanco quiere que me marche? - Korra se adelantó al entender el rumbo que aquella conversación estaba tomando.
- Eska te necesita en las tierras frías del Norte y el Loto Blanco en la isla Kyoshi. – Suyin fue directo al grano al notar que la Guerrera del Sur no estaba dispuesta a hablar más de lo necesario.
- ¿Qué ocurre en el Norte? - Korra miró a Desna quién negó con la cabeza liberando un profundo suspiro.
-Al parecer el Loto Rojo quiere recuperar sus territorios, mi hermana no tuvo más opción que dejarlos pasar y hacerse pasar por su aliada pero logró mandar a un hombre con un pedido de auxilio, de acuerdo al mensaje que mandó hay cerca de cien hombres del Loto Rojo con ella, claro que ella no sabe de los maestros elementales así que no sabemos si mandaron a algunos o no. - Desna concluyó con evidente preocupación.
- Por otra parte el Loto Blanco ha mandado llamarte, quieren verte y hablar sobre todo lo que ha ocurrido, dicen entender la situación en la que te encuentras en estos momentos pero también consideran importante que vayas a verlos antes de que algo más ocurra. - Añadió Suyin.
Korra guardó silencio pensando en la mejor manera de solucionar estos nuevos problemas que se presentaban en su puerta.
- No puedo abandonar a Eska. - Concluyó a los pocos segundos, salvar el Norte de las garras del Loto Rojo había sido algo sumamente difícil para la joven Avatar, era evidente que no podía permitir que el Loto Rojo ganara aquellos territorios de vuelta, debía cuidar a sus aliados y Eska era uno de ellos. - Pero... ¿Qué hay sobre las peleas y los ataques que ha habido en la alianza? - Comentó mirando a Suyin con el rostro lleno de preocupación.
- Mientras Kuvira esté aquí no habrá problemas, los gladiadores más fuertes apoyan tu lado al igual que la mayoría de los líderes de la alianza. - Suyin pausó y le ofreció una pequeña sonrisa. - No tienes de que preocuparte. - Insistió intentando brindarle algo de seguridad a la morena.
Sabiendo que no había tiempo que perder Korra se puso de pie. - Iré a hablar con Kuvira. – Avisó.
- Espera, Korra. - Desna la siguió. - ¿Puedo ir contigo? - Preguntó haciendo evidente su preocupación, Korra lo miró por un momento antes de negar con la cabeza.
- Será mejor que valla sola, así podré moverme más rápido. - Aseguró. - No creo que el Loto Rojo espere que yo me mueva sola... piensan que me ocultaré como el resto de los Avatares así que no estarán preparados para enfrentarme en las tierras de Eska. - Explicó, Desna suspiró en un intento por apaciguar sus inquietudes y se forzó a asentir con la cabeza al entender que Korra tenía razón.
- ¿Cuándo partirás? - Desna le preguntó.
- En cuanto pueda. - Korra respondió dándose media vuelta para abrirse paso entre los pasillos de la mansión.
- No te preocupes, no hay otra persona en el mundo más capaz para salvar a tu hermana que Korra. - Suyin le aseguró al joven que permanecía de pie mirando el marco de la puerta por la que la Guerrera del Sur había desaparecido.
- Lo sé... pero luego de escuchar lo que el Loto Rojo le hizo a Bumi por ser un traidor... - Pausó intentando suprimir todas las ideas desagradables que comenzaban a llenar su mente.
- Tu hermana es lista, su estrategia la mantendrá a salvo. - Suyin sonrió.
- Espero que eso baste. - Comentó Desna apretando los puños con fuerza.
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- Iré contigo. - Dijo Kuvira.
- ¡¿Qué?! ¡No! - Bufó Korra.
- ¿Y qué tal si te ocurre algo allá? Al menos lleva contigo a alguno de tus amigos, otro maestro elemental podría marcar la diferencia, no te puedo dejar marchar sola. - Kuvira insistió con indignación.
- No podré viajar rápido si llevo a otra persona conmigo. - Renegó la morena. - Además ahora es diferente a aquella vez, ahora Eska está de mi lado. - Añadió.
- La última vez que fuiste a aquel lugar estuviste a punto de morir. - Kuvira recalcó con desesperación y Korra asintió con la cabeza.
- Esta vez es diferente. - Repitió la morena.
La discusión se alargó durante un par de horas, Kuvira continuaba intentando convencer a Korra de ir acompañada y Korra insistía que esa no era una opción, al final Korra logró convencer a Kuvira al proponerle dejar a Sai a su lado para que él les avisara si algo salía mal en el Norte, no era mucho pero era mejor que nada así que Kuvira aceptó.
- Si te pasa algo juro que… - Kuvira bufó apretando la mandíbula. – No saque al Avatar de las sombras para que al final decidas morir lejos de la alianza, si mueres deberá ser al lado de los rebeldes, me debes eso. – La ojiverde la condicionó.
- Volveré. – Korra le aseguró con una cálida sonrisa que no hizo más que enfurecer a la ojiverde quién sin decir más se dio media vuelta y se marchó de la oficina de la morena azotando la puerta detrás de ella.
- ¿Creen que pueda cambiar la mentalidad de la alianza y ponerlos a todos en mi contra en el tiempo que me encuentre fuera? – Korra preguntó liberando un profundo suspiro, Naga la miró por un momento pero pronto su atención volvió a enfocarse en Sai quién insistía queriendo jugar con el espíritu del perro oso polar.
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A la mañana siguiente Korra reunió a los líderes de la alianza para hacerles saber que Kuvira quedaría a cargo de la alianza durante su ausencia, el motivo de la necesidad de su partida fue explicado brevemente, nadie hizo una sola pregunta, Suyin, Mako, Kuvira y Desna ya sabían todo lo que había que saber mientras que el resto no quería informarse demasiado sobre asuntos del Avatar pues sabían que batallarían para entender.
Su equipaje fue conformado por una bolsa de arroz y otra de frutas secas, una botella de agua y una cobija, tenía planeado viajar lo más rápido posible y hacer pocas pausas para descansar con el fin de llegar lo antes posible al Norte para así reducir el riesgo de que el Loto Rojo pudiera llegar a descubrir que Eska era aliada de La Guerrera del Sur.
Antes de partir Korra se despidió del pequeño espíritu del Zorro asegurándose de explicarle el propósito de su estancia en la alianza.
- Si algo me ocurre deberás avisar a Kuvira. - Murmuró en cuclillas mientras acariciaba la cabeza del espíritu. - Y si algo ocurre aquí necesito que me lo hagas saber. - Añadió, el espíritu se limitó a cerrar los ojos y lamer la mano de la morena un par de veces. - Gracias. – Korra concluyó y se puso de pie.
- Vuelve en cuanto hayas terminado. - Le pidió Mako observando con impotencia la manera en que la morena sonreía antes de darle la espalda para emprender su marcha, una vez más debía verla partir, y aunque fuera extraño se sentía lleno de incertidumbre al saber que Asami no estaba ahí para viajar con la morena.
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Moviéndose hacia el Norte Korra conocía bien el camino que debía seguir pues era el mismo trayecto que había utilizado durante los días en que el coliseo fue llevado a las tierras de Eska.
Tres días le había tomado llegar a las orillas de las Tierras Frías del Norte, el sol brillaba en el cielo y sus rayos se reflejaban en la blanca nieve que recubría toda la superficie de aquel territorio.
Korra aprovechó la nieve para moverse a toda velocidad, no había tiempo que perder, sabía lo que el Loto Rojo era capaz de hacer y ni ella ni Desna querían arriesgarse a perder a Eska.
Antes de acercarse a los territorios de las ruinas de la ciudad Korra se sumergió y continuó su avance por debajo del hielo para evitar ser vista por el enemigo, de esta manera logró entrar sin ser detectada por ninguno de los pobladores, los guardias o el Loto Rojo.
En la ciudad todo parecía normal, las personas caminaban por las calles y los guardias mantenían el orden, Korra no logró divisar a nadie que le pareciera extraño, todos eran los mismos pobladores que habían estado ahí desde los días en que ella y Bumi habían llegado a invitarlos a participar en las actividades del coliseo, aún así la morena no bajó la guardia, el mensaje que fue recibido en Ba Sing Se había sido mandado por alguien, tal vez Eska o tal vez el mismo Loto Rojo con la intención de plantear alguna trampa para ella, lo que si era seguro es que algo estaba ocurriendo, Korra estaba decidida a tomarse el tiempo para averiguar lo que pasaba en aquel lugar y asegurarse de que Eska y su gente no se encontrara en peligro.
Con cautela comenzó a moverse entre los edificios para poder llegar al palacio, debía encontrar a Eska, primero quería cerciorarse de que ella se encontrara bien y luego investigaría a fondo el origen del mensaje con el pedido de ayuda.
Al colarse dentro del palacio pudo detectar lo que parecía ser la presencia del Loto Rojo, dentro del edificio había demasiadas personas, era una cantidad exagerada para tratarse de guardias, estaban por todas partes, unos dormían en las habitaciones, otros disfrutaban de la cena en el comedor y otros cuidaban de las puertas del palacio habiendo una persona en cada acceso del edificio.
- Maldición. - Suspiró la morena teniendo en mente que no debía levantar ninguna sospecha o alarmar a ninguno de los guardias antes de encontrar a Eska lo cual era una tarea imposible al considerar la cantidad de personas que había dentro del palacio, intentando no perder la calma se detuvo a pensar por un momento recordándose a sí misma que ser impulsiva no le serviría en su situación actual, debía elaborar un plan efectivo para poder abrirse paso dentro del palacio sin toparse con ningún guardia.
- Una distracción. – Murmuró satisfecha antes de volver por el mismo túnel de roca que había elaborado para entrar al almacén del palacio.
A paso apresurado se dirigió hacia la calle principal en dónde se mantuvo escondida detrás de un edificio y se concentró para abrir una enorme fractura en el suelo que causó un pequeño temblor, la gente comenzó a gritar y a correr aterrorizada al pensar que las viejas capas de hielo que por años habían cubierto su ciudad al fin comenzaban a ceder. Al notar la conmoción los guardias que se encontraban cerca del lugar corrieran en dirección opuesta al resto de la gente para intentar averiguar el origen del pánico.
Debieron pasar un par de minutos antes de que algunos de los miembros del Loto Rojo también se acercaran al lugar de la grieta a inspeccionar el origen del alboroto que escuchaban en la calle, el plan había funcionado, la morena no perdió el tiempo y volvió a escabullirse entre los callejones para evitar ser vista.
Una vez dentro del palacio Korra ató las cintas de sus botas para poder colgar las botas de su cuello mientras ella corría descalza por los pasillos del edificio en busca de su prima, su tierra-control le ayudó a determinar que las personas que permanecían en el interior del edificio eran pocas, desafortunadamente no podía distinguir rostros pero Korra estaba segura de que una de esas personas debía ser Eska pues no la había visto por el pueblo hasta el momento y además del palacio Eska no tenía otro lugar en dónde habitar.
- Esta vez no será igual… - Se dijo a si misma intentando no recordar el desarrollo que tuvo el plan de rescate de Bumi.
De pronto notó una habitación que aún conservaba a un par de guardias parados en el exterior de la puerta, Korra se detuvo por un momento, se encontraba a un pasillo de distancia y en aquel piso no quedaban más guardias.
"Este debe ser" Pensó y tomó un profundo suspiro para luego echarse a correr a toda velocidad en un acercamiento de frente, cuando los guardias la vieron venir no hubo manera de que lograran evitar la ráfaga de viento que los azotó contra la pared que había detrás de ellos y ambos cayeron inconscientes.
- Disculpen, joven, jovencita, debo pasar. - Korra se burló mirando los cuerpos inconscientes de los guardias, ninguno lucía un rostro familiar que la morena fuera capaz de reconocer pero eso no significaba que estas personas no poseyeran el poder de manipular algún elemento.
Intentando ser lo más rápida posible Korra procedió a abrir la puerta que aquellas personas habían estado custodiando hasta el momento, al abrirse la puerta Korra fue sorprendida al encontrarse a punto de chocar con Eska, las dos se congelaron en el momento y retrocedieron un paso para evitar chocar.
- ¡Por los espíritus! - Eska bufó.
- Eso lo debí decir yo. - Respondió Korra cerrando la puerta detrás de ella.
- ¿Qué está pasando aquí? - Korra preguntó doblando el metal del picaporte de la puerta para asegurarse de que nadie pudiera entrar.
- ¿No es obvio? Me tienen bajo vigilancia, no confían en mí sin importar cuántas veces les repita que odio al Avatar por haber asesinado a mi padre. - Eska se encogió de hombros.
- Lamento lo de tu padre. - Korra murmuró.
- Eso ya lo hablamos, olvídalo. - Eska suspiró. - Son cerca de cien soldados, comen como si fueran el doble y andan por ahí tomando todo como si les perteneciera... - Gruñó.
- ¿No has notado nada extraño entre ellos? - Preguntó la morena con el temor de que su prima fura a mencionar la presencia de algún maestro elemental.
- ¿Extraño? Todas las personas son extrañas. - Eska respondió con un rostro frío e inexpresivo.
- Sabes, el ambiente de hielo y nieve le agrega cierto... - Pauso. – "Encanto" a la falta de expresión que tú y tu hermano suelen tener en el rostro. - Comentó Korra sin poder ignorar la mirada vacía reflejada en los ojos de su prima.
- ¿Eso qué tiene que ver con el Loto Rojo? - Eska preguntó y Korra negó con la cabeza.
- Nada, me alegra que estés bien... - Corrigió. - Eska, sé que esto sonará un poco extraño y descabellado pero el Loto Rojo tiene a maestros elementales entre sus filas ¿Has notado que alguno de ellos haga uso de los elementos? - Volvió a preguntar pero esta vez con más detalle para evitar confusiones, Eska guardó silencio por un momento y entre cerró los ojos mientras pensaba.
- No... No he notado nada tan extraño como eso. - Respondió arrugando las cejas, las dos guardaron silencio mientras Korra prestaba atención al movimiento que había en el exterior de la habitación y Eska asimilaba la idea de los maestros elementales.
- ¿Cómo puede haber maestros elementales? - Al fin preguntó.
- Larga historia, tengo que sacarte de aquí.
- ¡No! - Eska retrocedió un par de pasos. - Tienes que deshacerte de esos hombres. - Aclaró.
- Lo sé, pero hay mucha gente ahí afuera. - Korra explicó. - No quisiera que ninguno de tus pobladores se vuelva un rehén o resulte lastimado innecesariamente. - Continuó, Eska bufó y negó con la cabeza.
- Entonces atráelos al interior del palacio y atrápalos a todos, usa el hielo que conforma el techo y las paredes y húndelos a todos. - Propuso Eska.
- Pero... este edificio es la herencia que miles de generaciones de maestros agua ha dejado para ustedes. - Korra señaló pero Eska negó con la cabeza.
- Es como dices, no puedo arriesgar a mi gente y no podemos permitir que ninguno de ellos escape. - Eska le dijo contemplando la estructura de las paredes que las rodeaban, viejos bloques de denso hielo que había sido puesto ahí por los primeros maestro agua que habían habitado el polo norte de su mundo.
- ¿Cómo los atraigo de vuelta? - Korra pensó en voz alta.
- Yo lo haré por ti, tú escóndete y no hagas nada hasta que todos ellos se encuentren dentro del palacio. - Dijo Eska y sin más advertencia comenzó a gritar y a pedir ayuda.
- ¡Es el Avatar! - Gritaba, Korra reaccionó corriendo hacia la ventana de la habitación de la cual saltó para evitar ser vista en los pasillos o en cualquier otra habitación que seguro serían registrados por el Loto Rojo.
Desde el techo del palacio Korra pudo ver a la gente que se acumulaba y reunía alrededor de la fractura de hielo que ella había creado. Los gritos de Eska no tardaron en llamar la atención de un par de guardias del Loto Rojo quienes antes de acudir al llamado de Eska comenzaron a gritar asegurándose de que el resto de sus compañeros los escucharan.
- ¡El Avatar! – Comenzó a correrse la voz y pronto todos los soldados del Loto comenzaron a correr de vuelta al palacio.
- Esto no puede ser... el Avatar debería estar refugiada en el Reino Tierra, no aquí. - Comentó uno de los hombres haciendo evidente su preocupación.
- Al menos sabemos que no deberíamos preocuparnos por la grieta en la calle, si el Avatar la hizo significa que el lugar no está a punto de colapsar. – Se escuchó otra voz.
- Olviden eso, debemos informar de esto a P'li. - Dijo otro.
- ¡Eska! - Gritó uno de los hombres.
- Estoy aquí, el Avatar atoró la puerta, escuché un fuerte golpe y luego no fui capaz de salir. - Respondió sonando convincente incluso para Korra quien escuchaba desde el techo.
- Yo también sería convincente si todo lo que dijera sonara como una máquina ¿Quién podría notar la diferencia? - Pensó caminando sobre el techo siguiendo los movimientos del Loto Rojo y de Eska en el interior del edificio.
Inspeccionando los alrededores con la mirada comenzó a buscar a posibles miembros del Loto Rojo por fuera del palacio pero parecía que todos ellos se habían apresurado al interior del palacio. Korra pudo notar el nerviosismo que había entre aquellos hombres y mujeres, algunos hablaban sobre sus armas de platino y cómo bastarían para poder enfrentar al Avatar como si quisieran convencerse a sí mismos de que se encontraban preparados para pelear contra ella lo cual era una buena señal, eso significaba que el Loto Rojo no había enviado a ningún maestro elemental entre aquellos hombres.
- ¿Viste hacia dónde se fue? - Korra escuchó la voz de una mujer preguntarle a Eska.
- No tengo idea, yo estaba en el cuarto y ella solo paso por fuera. - Respondió la voz de su prima.
- Incluso las ametralladoras, todo se quedó en la capital. - Renegaba uno de los guardias.
- Lo necesitan para la guerra.
- Si, pero el Avatar no estará allá si está aquí. - Gruñó.
- Puede que no sea el Avatar... sabes que el Loto Blanco también tiene maestros. - Peleo la otra voz.
- Ellos nunca han venido hacia acá, el Avatar sí. - Replico.
- Si nos mantenemos unidos podremos alcanzarla con las lanzas. - Aseguró la voz más positiva.
Uno, dos, tres... cuatro y cinco, cinco personas del Loto Rojo permanecían en el exterior del edificio cuidando las entradas, Korra los contó y se aseguró de que no hubiera más de ellos rondando por fuera de su trampa de hielo.
- Eska, llama a tus guardias, necesitaremos de toda la ayuda posible para enfrentarnos al Avatar, espero que no sea ella pero sí lo es no tendremos más alternativa que intentar un ataque constante y numeroso. - Habló la voz de la mujer.
- ¿De qué hablas? ¿Quién más podría doblar el metal de esa manera si no el Avatar? - Renegó Eska fingiendo no estar al tanto de la existencia de los maestros elementales ajenos al Avatar pues el Loto Rojo nunca le había comunicado nada al respecto y sería extraño que no se mostrara confundida por sus comentarios sobre el tema.
- Ahora no es el momento para dar explicaciones, solo llama a tus hombres. - Interrumpió uno de los guardias.
- Como digas. - Eska bufó y Korra aprovechó ese momento, entrando en estado Avatar manipulo el hielo para volverlo líquido y atrapar a todos dentro de él alcanzando incluso a las cinco personas que habían quedado fuera del palacio, no se pudo escuchar ningún grito, el agua había forzado a todas sus víctimas a aguantar la respiración, la enorme masa de agua clara mostraba a las personas atrapadas dentro de ella, la roca que conformaba los pisos del palacio fue apartada, Korra sabía que no tenía mucho tiempo, no quería matar a los miembros del Loto Rojo, no quería rebajarse a su nivel así que hábilmente atrajo el cuerpo de Eska para dejarlo en libertad, al caer al suelo la joven líder comenzó a maldecir por lo bajo entre las bocanadas de aire que tomó para recuperarse de la falta de aire.
- Pobres ingratos... Morir ahogado no es algo que le desearía a nadie... – Eska razonó en voz alta al recobrar el control de su respiración observando con atención mientras la joven Avatar atrapaba a cada uno de los miembros del Loto en un bloque de hielo que posó sobre el suelo, el hielo solo les cubría hasta los hombros para permitirles respirar pero en cuanto el agua dejaba de cubrir sus rostros los soldados comenzaban a maldecir a causa del frío.
- Al parecer no trajeron a ningún maestro con ellos... - Korra murmuró abandonando el estado Avatar tras terminar con el último de los soldados.
- P'li te borrará del mapa... a t-ti y a t-tus seguidores. - Tirito una mujer con rostro severo, Korra la miró por un momento pero decidió ignorar sus palabras sabiendo que no tenía caso perder el aliento con ninguno de ellos.
- Debo admitir que lo que hiciste fue... impresionante. - Eska habló con el mismo tono y gesto inexpresivo que su hermano usaba al comunicarse, Korra sonrió de lado al notar la inconfundible similitud que había entre los dos.
- Gracias. - Respondió.
- ¡Eska! - Se acercaron tres guardias preocupados y confundidos por lo que acababan de presenciar.
- Estoy bien... - Pausó. - El Avatar está de nuestro lado. - Aclaró señalando a su prima, los tres hombres dirigieron sus miradas hacia Korra quién sin saber de qué manera responder les dirigió una pequeña sonrisa.
- ¿Ella no es la Guerrera del Sur? - Preguntaron confundidos y Eska rodó los ojos.
- Es el Avatar, es la Guerrera del Sur, su nombre es Korra, también es mi prima. - Exhalo lentamente. - No es difícil de entender, como ustedes, son guardias, son pescadores, saben pelear y aún así a veces se las arreglan para lucir muy poco intimidantes... como ahora - Se expresó con las cejas parcialmente juntas mostrando una pequeña arruga en su frente.
- Lo siento... es solo que... - Uno de ellos habló mirando a Korra y de vuelta a Eska sin saber que más decir.
- Olvídenlo, estoy bien, por favor avisen al resto de los guardias y ayuden a que la gente no entre en pánico al ver que el palacio desapareció. - Les ordenó, los tres guardias decidieron que era mejor no perder el tiempo con preguntas que Eska terminaría considerando estúpidas sin importar cuán poco supieran ellos de lo que estaba ocurriendo.
- ¿Qué harás con ellos? - Eska señaló a los temblorosos soldados del Loto Rojo, algunos tenían los labios morados y lucían muertos de frío, pocos parecían tener las fuerzas suficientes para seguir peleando o hacer nada más pero unos cuantos aún mantenían un rostro firme y lleno de rencor.
- Sacarlos del hielo. - Korra respondió sin pensar alzando una de sus cejas y sintiendo un poco de pena por aquellas personas.
- Si... me refería a largo plazo. - Eska aclaró, Korra se encogió de hombros y negó con la cabeza.
- Supongo que no cuentas con los recursos necesarios para cuidar de unos cuantos prisioneros. - Korra miró a su prima quién se limitó a negar con la cabeza.
- No pienso darles ni un bocado más... - De nuevo sus palabras fueron frías como el hielo pero quedaba en claro que Eska no estaba dispuesta a cuidar de ninguno de ellos.
- Hay un lugar al que los puedo llevar... pero necesitaré ayuda para transportarlos, no los puedo mantener dentro del hielo por mucho tiempo más. - Korra explicó, Eska asintió con la cabeza y exhalo pesadamente manteniendo los ojos cerrados.
- Sería más fácil dejar que todos se congelaran hasta la muerte. - Comentó y Korra arrugó las cejas intentando reprimir los recuerdos que le venían a la mente de los días que paso en el antiguo Reino Fuego y la manera en que Bumi había sido asesinado.
- Lo sería, pero no sería lo correcto. – Respondió siguiendo la voz de su razón por lo que las dos permanecieron en silencio por un momento.
- Entonces me supongo que mi padre de verdad debió haberte presionado para llevarte a hacer lo que hiciste con él... - Murmuró Eska, Korra bajó la mirada y apretó la mandíbula, esto ya lo había hablado a detalle con Desna pero sabía que Eska también merecía escucharlo.
- Yo estaba inconsciente... entré en estado Avatar y él atacó. - Pausó brevemente sin poder evitar el doloroso recuerdo. - Hubo algo dentro de mí, no sé si fueron mis vidas pasadas, si fue el espíritu de la luz o simplemente mis reflejos pero todo pasó demasiado rápido y cuándo logré recobrar la consciencia el ya estaba demasiado grave y yo demasiado débil para ayudarlo. - Intento ser breve, Eska agacho la mirada y asintió con la cabeza.
- Desna dijo que estuviste a punto de morir... - Eska la miró intentando atrapar cualquier reacción que sus palabras pudieran llegar a detonar en la morena, esperaba ver rencor o resentimiento pero en vez de eso los ojos de Korra se mostraron tristes y pesarosos.
- Si... estuve cerca de perder la vida, pero lo que más me pudo fue la decepción que sentí al saber que Unalaq era mi tío y que había muerto por mi culpa. - Korra habló con sinceridad. - Me molestó que mi padre no me hablara sobre él, me molestó tanto que desde entonces y hasta el día de hoy no he vuelto a hablar con mis padres... - Admitió con una triste sonrisa, Eska abrió los ojos más de lo usual al verse sorprendida por lo que había escuchado.
- Resultó ser una sorpresa para todos... - Inició Eska. - Pero no creo que debas castigar a tus padres por lo que hicieron... puedes darte cuenta de que tenían buenos motivos para ocultarte la verdad, mi padre no perdió la oportunidad de hacerte daño en cuanto pudo y por poco logra quitarte la vida ¿No crees que tus padres tenían razón al mantenerte alejada de él? - La miró detenidamente y Korra asintió levemente con la cabeza.
- Me tomó un tiempo llegar a entender los motivos que tuvieron para esconderme la verdad pero al final logré entenderlos, aún así no he tenido la oportunidad de volver con ellos para hablar de todo lo que pasó. - Confesó.
- Deberías de crear el tiempo para ir a verlos, no es lógico que tengas el tiempo para venir a las Tierras Frías del Norte a rescatarnos del Loto Rojo pero que no tengas el tiempo para viajar al Sur y hablar con tus padres. - Eska recalcó y exhalo con pesadez.
- Es difícil... - Korra murmuró.
- ¿Qué es difícil? ¿Pedir disculpas? - Eska la enfrentó. - Escucha Korra, mis padres están muertos, los dos, e incluso si mi padre no fue el mejor de todos me resultaba agradable poder hablar con él de vez en cuando, yo buscaría hablar con él si pudiera para aclarar todo lo que pasó con el Loto Rojo, si tus padres no son tan malos como el mío no veo porque no tomarte el tiempo de ir a hablar con ellos. – Eska expresó su opinión y Korra asintió con la cabeza.
- Sería un error que no lo hicieras... - Agregó Eska desviando la mirada hacia los miembros del Loto Rojo que parecían estar cada vez más cerca de la hipotermia. - Y gracias por ser sincera sobre la muerte de mi padre, Desna ya me lo había explicado pero quería oírlo de ti.
- Es lo menos que podía hacer. - Korra respondió y las dos permanecieron en silencio por un par de segundos.
- ¿A dónde planeas llevar a todos estos idiotas? - La líder preguntó.
- Al único pueblo que tiene la capacidad para cuidar de un grupo así de grande. - Korra explicó.
- Ciudad República. - Esclareció Eska y Korra asintió con la cabeza.
Korra tuvo que explicarle a Eska la función del portal espiritual y sobre la presencia de los espíritus, le habló sobre la mejor manera de transportar a los prisioneros pero aclaró que los espíritus no estarían felices de prestar sus servicios para tal transacción, sin oponer objeción alguna Eska aceptó cuidar de los prisioneros mientras Korra se aventuraba al mundo espiritual por medio de la meditación con la intención de convencer a los espíritus para que les permitieran trasladar a los prisioneros por los portales.
Wa Shi Tong no fue la autoridad que acudió al encuentro de Korra, esta vez la morena se encontró con otro viejo espíritu, la criatura tenía la forma de un dragón de proporciones intimidantes, sus largos bigotes flotaban en el viento otorgándole una apariencia mística e impresionante, sus colmillos siempre a la vista bastaban para hacer a cualquier pensar muy bien antes de decir cualquier cosa que pudiera llegar a molestar a aquel espíritu, de escamas rojas y ojos amarillos como el sol aquel espíritu parecía irradiar calor, un calor abrazador que de alguna manera alcanzaba al espíritu de Korra quién al no encontrarse físicamente en el mundo espiritual no lograba entender de qué manera era capaz de percibir el calor que se desprendía de aquel gigantesco dragón.
- Nosotros no participamos en guerras humanas - Los pensamientos del dragón resonaban fuerte dentro de la cabeza de la morena.
- Deseo transportarlos a tierras en dónde puedan ser cuidados de forma apropiada, en cualquier otro lugar los condenarían a la muerte. - Aclaró y el espíritu revoloteo alrededor de la morena batiendo sus enormes alas haciendo que el viento moviera todos los árboles que había alrededor.
- ¿Quieres decir que pretendes salvar sus vidas al volverlos prisioneros? - La ronca voz del espíritu aturdía el espíritu de la morena.
- Ellos aún no saben lo que hacen, viven engañados y dominados por el miedo, si los dejo libres volverán a lastimar a gente inocente. - Korra mantuvo la calma mirando con detenimiento la expresión en los ojos del dragón.
- ¿Entonces qué motivo tendrías para mantenerlos con vida? - El espíritu insistió poniendo a prueba las intenciones de la joven Avatar.
- No serían los primeros enemigos que ayudamos para luego volverlos aliados y amigos. - Respondió recordando la manera en que habían integrado a los hombres de Amon al pueblo de Asami, el dragón permaneció en silencio por un momento antes de dar su respuesta final.
- Los ayudaré a pasar pero esta será la única vez, no volveremos a ayudarles con algo similar a menos de que esas personas que ahora llamas prisioneros vuelvan a nuestro mundo como seres libres y nos expliquen el tipo de relación que tienen con el Avatar y sus seguidores. - Sentenció el espíritu, Korra no pudo ocultar la sonrisa que le vino al rostro al escuchar aquellas palabras.
- Gracias. – Respondió con una reverencia.
- Los esperaré en el portal del Norte. - Indicó el espíritu, Korra volvió a agradecer antes de permitirse volver a su cuerpo físico que se encontraba resguardado en uno de los edificios de la ciudad sumergida en el hielo, Eska y un par de sus guardias la vigilaban mientras que los miembros del Loto Rojo eran mantenidos cautivos con los pies y manos atadas con cuerdas.
- ¿Y bien? - Preguntó Eska al presenciar a Korra abriendo los ojos.
- Aceptaron. – Confirmó con una sonrisa victoriosa.
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El viaje desde la ciudad de Eska hacia el portal del Norte les tomó cerca de medio día gracias a los poderes de Korra quién con ayuda de una balsa de hielo se impulsó por aquellas tierras cubiertas de una gruesa capa de nieve, diez de los guardias de Eska acompañaban a la morena como apoyo para cuidar de los prisioneros.
A lo largo del camino Korra elevó unas torres de hielo para asegurarse de que los guardias de Eska pudieran regresar sin el riesgo de perderse. Hasta el día presente Eska había ignorado la presencia del portal y de las antenas de radio que se repartían a lo largo de su territorio, por este motivo Korra le había dado una breve explicación al respecto y le prometió volver para otorgarle una radio que les ayudaría a eliminar el aislamiento que debían vivir gracias a la ubicación de su ciudad, de esta manera la morena se aseguraba de que Eska y su gente pudieran reportarle cualquier problema al pueblo en las ruinas de Ciudad República de quienes recibirían ayuda en caso de ser necesario.
A medio camino del portal Korra se detuvo en la antena de radio que ella y Asami habían arreglado juntas, adentro aún permanecía una vieja caja de radio que Korra utilizó para llamar al pueblo de Hiroshi y pedir apoyo para transportar a los prisioneros desde la jungla hasta el pueblo, Opal respondió a su llamado y con toda seguridad le dijo que tendría a un grupo de guardias listo para recibirla en la entrada del portal en la jungla siempre y cuando los espíritus fueran avisados para que los guardias no tuvieran problemas al adentrarse en los territorios de aquellas criaturas, Korra le aseguró que todo estaba bajo control y así cortaron comunicación.
- Andando. - Les avisó a los guardias y prisioneros, los guardias volvieron a subirse a la balsa de hielo y así fueron transportados hasta el portal, todos los hombres observaban boquiabiertos la luz vertical que ascendía y parecía ir más allá del cielo, anteriormente nadie había podido acercarse a aquella brillante luz porque siempre había desapariciones en el área, Korra les explicó que eso era producto del descontento que los espíritus tenían hacia los humanos y les advirtió no acercarse en grupos grandes, les aconsejó pedir ayuda por la radio si es que llegaban a necesitarla y alguien más familiarizado con los espíritus en el pueblo de Hiroshi se encargaría de hablar con ellos para conseguirles el permiso de cruzar el portal.
Habiendo respondido todas las dudas respecto al portal y la radio Korra se despidió guiando a los prisioneros hacia el interior del mundo espiritual, del otro lado el portal los prisioneros quedaron aterrorizados al encontrarse frente al enorme dragón que los esperaba con las alas abiertas. Ninguno se quiso arriesgar a hablar o a hacer algún movimiento en falso, los colmillos y garras de aquel espíritu eran del tamaño de un hombre adulto, Korra notó el miedo en el rostro de los prisioneros y no pudo hacer nada más que dejar escapar una pequeña sonrisa burlona.
Los humanos eran criaturas que ignoraban muchas cosas y se atemorizaban con facilidad, eso lo había visto en todos el mundo a lo largo de sus viajes, el miedo solía ser el sentimiento que más impulsaba a los humanos a cometer actos estúpidos y errores irreversibles, al verlos petrificados de miedo Korra pudo apreciar la manera en que los instintos del ser humano no eran distintos a los de cualquier otra criatura viviente en el mundo, los soldados del Loto Rojo ahora daban la impresión de ser un grupo de pequeños animales indefensos que se movían cautelosamente siguiendo la esperanza de salir vivos de aquella experiencia.
- Suban. - El espíritu ordenó colocándose sobre el suelo para que los humanos pudieran escalar sobre su lomo, Korra liberó las ataduras de las manos de sus prisioneros para facilitar que pudieran subir al dragón, no hubo necesidad de decir ninguna advertencia, era obvio que ninguno de ellos iba a intentar escapar, sin ningún contratiempo o disturbio alguno todos subieron y se aferraron con fuerza al cuerpo del espíritu mientras este surcaba los cielos en un vuelo veloz que atemorizaba aún más a todos los humanos que transportaba sobre su poderoso lomo.
Una vez en el portal todos bajaron del lomo del dragón, la mayoría de los soldados luchaban por contener el temblor de sus piernas para poder mantenerse en pie, Korra por su parte agradeció al espíritu y antes de permitir que sus prisioneros avanzaran les advirtió sobre cualquier intento de escape, los prisioneros se limitaron a asentir con la cabeza mientras en secreto planeaban correr a la primera oportunidad que tuvieran pero ninguno pudo hacer nada ya que del otro lado del portal los esperaba una escolta de quince soldados que no dudaron en dispararle a las personas que emergieron corriendo del portal, la descarga eléctrica los hizo perder la fuerza en sus músculos causando que sus cuerpos colapsaran sobre el suelo con pequeños espasmos involuntarios.
- ¿Qué demonios? - Korra bufó al atravesar el portal y ver a cinco prisioneros tirados en el suelo de la selva y a los demás arrodillados.
- Les falta disciplina. - Explicó una voz familiar, Korra alzó la mirada y una sonrisa se pintó en su rostro al ver a Lin acompañada por un grupo de guardias del pueblo.
- Gracias. - Les dijo y ellos se encargaron de volver a atar las manos de los soldados del Loto Rojo y escoltarlos hasta el pueblo.
- Hiroshi me pidió que viniera en su lugar mientras él prepara las celdas. - Explicó Lin al marchar.
- Espero que esto no sea demasiada molestia. - Korra se disculpo.
- Para nada, si Hiroshi nos brinda autorización podremos interrogar a cada uno de ellos y tal vez obtendremos información que nos sea de utilidad para la guerra. – Lin sonrió de lado. – Además, nuestras celdas siempre están vacías y el plan para mantener a los prisioneros siempre está respaldado, hay actividades y trabajos que ellos deben hacer al igual que el resto de la gente del pueblo, ellos se ganan la vida al igual que el resto de los pobladores, esa fue la única solución que encontramos a la presencia de la prisión en el pueblo, no podemos mantener a los criminales, ellos deberán mantenerse solos. - Explicó y Korra asintió con la cabeza, aquel era un buen plan, si los prisioneros trabajaban el pueblo no debía mantenerlos y su estancia en prisión no representaba una carga para los pobladores.
- Es un buen plan. - La morena comentó.
- Asami lo estableció luego de tener que lidiar con los prisioneros del ejército de Amon, de esa manera los prisioneros debían interactuar con las actividades del pueblo y en base a su avance y su desempeño se les era permitido trabajar fuera de la prisión y poco a poco comenzaban a socializar más con el pueblo hasta que se volvían parte de él...
- ¡Ja! Como si algún día fuéramos a hacer lo que ustedes nos ordenen. - Gruñó uno de los prisioneros interrumpiendo las palabras de Lin.
- Depende de ustedes, nuestras leyes nos prohíben asesinarlos pero si ustedes no trabajan nosotros no podremos darles comida. - Pausó. - Sería algo parecido a un suicidio, muerte por voluntad propia, la verdad es que nadie tiene tiempo para lidiar con prisioneros que no quieren cooperar con el sistema de integración, un prisionero que se niega a cooperar representa una seria amenaza, alguien que utilizará cualquier oportunidad que tenga para atacar a nuestros guardias y lastimar a nuestra gente, así que se les otorga la libertad de hacer lo que les plazca, eso incluye morir. - Le explicó de la manera más simple posible, ningún prisionero respondió nada, no podían pelear con alguien que no estaba dispuesto a pelear de vuelta, Lin dejó en claro que si bien no los asesinarían a sangre fría eso no significaba que los cuidarían como si fueran una persona de valor.
- Parece un plan severo... - Comentó la joven Avatar, Lin medito sus palabras por un momento antes de contestar.
- Es un plan justo, en nuestro pueblo todos tienen algo que hacer, incluso los niños, aquellos quienes gusten pueden ir a los campos de cultivo a ayudar a los adultos a recolectar vegetales o fruta, hay niños que disfrutan aprendiendo de cultivo y otros que disfrutan aprendiendo de construcción o la crianza y cuidado de los animales, claro, el trabajo no es demasiado para ellos pero se les ayuda a encontrar algo que les guste hacer para que cuándo tengan la edad apropiada puedan tomar una decisión y escoger un oficio o algún trabajo en específico... - Pausó. - Así que los prisioneros también deben hacer algo, la prisión no es un lugar para vacacionar. – Concluyó remarcando sus últimas palabras con severidad.
- En verdad suena como algo que Asami propondría. - Murmuró la morena con la mirada perdida en el horizonte al enfrentar el recuerdo de la ojiverde.
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En el pueblo de Hiroshi todos continuaban sus vidas como de costumbre, la única diferencia era que sus horarios ahora incluían los distintos entrenamientos a los que habían sido asignados, había clases a diferentes horas del día para que nadie tuviera que faltar a sus trabajos o estudios y a pesar del inminente peligro todos en el pueblo continuaban sonriendo, todos trabajaban unidos y se animaban los unos a los otros para poner su mayor empeño en los entrenamientos.
- Korra... - Hiroshi la recibió con un fuerte abrazo. - Me da tanto gusto verte. - La contempló por un momento al apartarse del abrazo.
- Lo mismo digo Hiroshi. - Le devolvió la sonrisa.
- ¿Cómo ha salido todo con los rebeldes? - Preguntó él mientras los guardias guiaban a los prisioneros al interior de la prisión.
- Mejor de lo que esperaba... - Pausó. - Hubo muchos cambios y... - Suspiró. - Hay tantas cosas que debo contarte. - Le dijo con entusiasmo, Hiroshi rió y asintió con la cabeza.
- Espero tengas el tiempo para pasar una noche con nosotros, así podrás darme todas las noticias. - La invitó y Korra asintió con la cabeza, pasar la noche en el pueblo era algo que ya había planeado con anticipación.
- Debo ir a la isla de Kyoshi a reunirme con los líderes del Loto Rojo... - Pausó. - Descansar aquí una noche no me vendría mal. - Aceptó la invitación haciendo que la sonrisa en el rostro de Hiroshi creciera.
- Entonces le avisaré a Wu para que prepare ese estofado de pollo que tanto te gusta. - Declaró con entusiasmo.
- No tienes porque hacerlo... - Korra comentó mostrándose apenada al recibir la especial atención de Hiroshi.
- Korra... espero que no lo hayas olvidado, ahora eres mi segunda hija y quiero que sepas que a Asami nunca le permití resistirse a ninguno de mis regalos. - Le advirtió, Korra rió por lo bajo antes de sentir que el pecho de le llenaba de angustia, tanto ella como Hiroshi reflejaron la misma tristeza en sus miradas antes de reponerse con un profundo suspiro.
- Hiroshi... - Korra murmuró manteniendo la mirada sobre el suelo.
- No hace falta que lo digas, he tenido innumerables pesadillas al respecto... solo queda esperar y en cuanto terminemos con esta absurda guerra iremos por ella. - Hiroshi aseguró sujetando a Korra por los hombros, Korra asintió con la cabeza y volvió a exhalar lentamente antes de recuperar una pequeña sonrisa, Hiroshi tenía razón, este no era el final de nada, solo un mal rato, algo que no duraría para siempre, Asami volvería a su lado y todo volvería a estar bien.
Durante el día Korra recorrió el pueblo visitando a los amigos que tenía ahí, visitó a la familia de Tenzin, a Katara y a Kya, a Toph, a Opal y a los pobladores que la recordaban de sus primeros días en aquellos territorios.
Bastaron un par de horas para que la morena se sintiera contagiada por el ánimo de la gente del pueblo, todos le ofrecían cálidas sonrisas y saludos entusiasmados, la gente la quería y apreciaba por ser el maestro de los cuatro elementos, a todos les complacía verla en su pueblo y algunos incluso buscaban entablar pequeñas conversaciones con ella, aún le parecía difícil de entender de qué manera había llegado a tal punto.
- ¿Qué tan lejos puedes arrojar este balón? - Preguntó un niño.
- ¿Con aire-control? Tal vez hasta el otro lado del pueblo, pero no quisiera que perdieran su balón. - Korra sonrió.
- ¡Hey! ¡Atrás aficionados! Ella era mi amiga antes de que todos supieran que era el Avatar. - Meelo se acercó a discutir.
- Hola Meelo. - Korra saludó.
- ¿Ven? - Intentó presumirle a los niños.
- ¿No se supone que irías con Ikki por una bolsa de arroz? - Korra arqueo una ceja.
- Ikki se detuvo a hablar con un niño y como vi que estabas en apuros decidí acercarme y ayudarte un poco. - Respondió de manera orgullosa.
- ¡Meelo! - Ikki gritó a la distancia.
- Agh... - El niño rodó los ojos haciendo a Korra sonreír.
- Creo que deberías ir con ella antes de que se moleste. – Korra le aconsejó y el chico hizo una mueca que expresaba su descontento.
- Sería mejor que mandaran a Jinora con ella, son chicas, yo puedo hacer cosas solo, soy fuerte y ahora que papá no está en casa yo soy el hombre de la familia. - Se quejó y Korra rió.
- Por eso mismo deberías cuidar te tus hermanas ¿No crees? - Le preguntó, una expresión de pánico cruzó por los ojos del niño al darse cuenta de que la morena tenía razón.
- ¡Claro que cuido de ella! - Comenzó a correr de regreso hacia su hermana, Korra lo observó hasta que el niño giró en otra calle y desapareció detrás de una casa, los niños de aquel pueblo vivían como cualquier otro niño debía vivir, despreocupados, felices y llenos de energía para andar por ahí jugando y corriendo a todas horas del día. Korra se sentía llena de satisfacción al saber que los niños de la alianza rebelde comenzaban a reflejar el mismo comportamiento que los niños del pueblo en las ruinas de Ciudad República, poco a poco la situación comenzaba a mejorar para todos, lo único que necesitaban era tiempo y librarse del peligro de la guerra.
A las ocho de la noche Korra se encaminó a la casa de los Sato, de pie frente a la puerta principal la morena dudó al momento de tocar lo que la hizo permanecer frente a la entrada durante un par de minutos sin hacer nada hasta que al final optó por abrir sin llamar a la puerta dando por hecho de que aquella casa también era de ella.
- ¡Ah! Korra, al fin nos acompañas. - La llamó Hiroshi desde la cocina, la casa entera se había llenado con el delicioso aroma de la comida que estaba siendo preparada, atrás de Hiroshi se encontraba Wu cortando un par de zanahorias y tarareando una alegre melodía mientras danzaba suavemente demostrando que la cocina era algo que había aprendido a dominar por completo.
- Lamento no haber llamado a la puerta... - Al final no pudo evitar disculparse pues no podía quitarse de encima la sensación de que aquella era la casa de Hiroshi y le parecía extraño entrar sin avisar cuando Asami no estaba ahí.
- ¿Pero qué dices? - Hiroshi rió. - Nunca te disculpaste por todas las veces que entraste por la ventana de Asami y te disculpas cuando entras por la puerta principal. - Comentó haciendo que las mejillas de la morena se tiñeran de rosa.
- Lo siento... - Murmuró apenada.
- Si vuelves a pedir disculpas daré por hecho que no quieres formar parte de mi familia. - La amenazó con tono serio y Korra abrió los ojos de par en par.
- Uh... - Dudó en hablar, la risa de Hiroshi resonó por la cocina haciendo que Korra suspirara de alivio.
- Es broma, solo quiero que te sientas cómoda, si aún piensas que debes llamar a la puerta pues adelante, solo que deberás esperar a que alguien abra, en cambio si te sientes mejor entrando por la ventana pues bien, entra por la ventana, esta también es tu casa, tú escoge la entrada que prefieras. - Concluyó haciendo a Korra reír junto con él.
Korra comenzó a contarle todo lo que había ocurrido en la Alianza Rebelde, desde su revelación como el Avatar hasta los entrenamientos que Mako y sus hombres impartían, también le hablo sobre la meditación y su conexión con el mundo espiritual, así fue entrelazando sus relatos hasta el momento en que partió al Norte para ayudar a Eska.
- Y de esa manera, día tras día el Avatar nunca descansa. – La admiró Hiroshi.
- Siempre hay algo que atender. – Korra confirmó encogiéndose de hombros.
- Pero con el poder que tienes no hay nada que no puedas hacer. - Wu habló con entusiasmo.
- Ojalá eso fuera verdad. - Korra exhaló pesadamente.
- Wu... - Hiroshi cerró los ojos y se masajeó la frente.
- ¿Qué? Tienes todos los elementos a tu disposición... ¿No es así? Puedes ir y venir por el mundo repartiendo justicia. - Afirmó convencido de sus palabras, Hiroshi y Korra se voltearon a ver de reojo y sonrieron, los dos ya conocían bien al joven Wu y su extraña y limitada manera de pensar, era un joven enérgico pero no solía pensar mucho antes de hablar.
- De ser tan sencillo no necesitaría la ayuda del pueblo. - Korra intentó explicarle.
- Detalles, todo héroe necesita ayuda de vez en cuando. - Wu se encogió de hombros y dio por concluido el tema al comenzar a beber de su vaso con limonada.
- Ya ves pues... así son las cosas. - Hiroshi rió y Korra lo acompañó.
- Tus viajes han de tenerte agotada y viendo que deberás viajar a la isla de Kyoshi lo mejor sea que duermas todo lo que puedas. - La aconsejó Hiroshi, Korra asintió con la cabeza y se puso de pie.
- No te preocupes por los platos, Wu y yo nos encargaremos de limpiar la cocina. – Hiroshiu le indicó al ver que la morena se encontraba a punto de levantar los platos para dedicarse a lavarlos.
- Gracias. - Korra le dirigió una cálida sonrisa antes de retirarse a la habitación de Asami.
A penas cruzó el portal de la habitación los ojos de la morena se llenaron de lágrimas, todo estaba ahí, la cama, el escritorio, algunos planos extendidos sobre el escritorio, libros, notas, ropa, zapatos, su cepillo del cabello, su perfume con aroma a jazmín, el labial color carmesí, la habitación entera guardaba su esencia como si se tratara de una cápsula del tiempo que se negaba a reflejar la ausencia de la ojiverde.
Acurrucada entre las cobijas Korra podía sentir las cálidas lágrimas que le bajaban por el rostro, silenciosas como la noche aquellas lágrimas continuaron cayendo hasta que la morena perdió la conciencia, a pesar de la tristeza que venía de la nostalgia que le traía aquella habitación la morena no podía resistirse al profundo estado de relajación en el que entraba al percibir el aroma de Asami, intencionalmente había rociado un poco del perfume sobre la almohada para poder imaginarse que ella estaba ahí a su lado y así logró engañarse para caer en un profundo y tranquilo sueño en el cual era acurrucada por los cálidos brazos de su amada pelinegra.
A la mañana siguiente Korra fue despertada por la voz de Hiroshi quién la llamó a las nueve de la mañana para invitarla a desayunar.
En la mesa se encontraban Hiroshi, Lin, Opal, Zhu Li y Wu, los cinco saludaron a la morena quién bajo con el cabello desordenado y la ropa que había usado para dormir, una pantalonera rojo obscuro y una blusa blanca de tirantes, prendas de Asami y que Hiroshi reconoció de inmediato, Korra había doblado la orilla de la pantalonera un poco para no pisarla lo cual solía hacer con todos los pantalones de Asami gracias a que la ojiverde era más alta que ella, Hiroshi sonrió y la invitó a tomar asiento.
- ¿Dormiste bien? - Preguntó, Korra sonrió y asintió con la cabeza antes de bostezar y estirar sus brazos en el aire.
- ¿Qué hay para el desayuno? – Preguntó tomando asiento en seguida de Zhu Li.
- Avena y coctel de fruta, lo necesario para iniciar el día con energías. - Opal respondió llena de entusiasmo al ver que Korra lucía mejor de lo que había esperado, la ausencia de Asami era algo que había impactado a todo el pueblo pero Opal sabía que la relación que Korra tenía con Asami la volvía especialmente vulnerable a aquella tragedia.
- Suena delicioso. – Korra sonrió recordando el distintivo sabor dulce que Wu le agregaba a la avena pues usualmente la avena era preparada con agua caliente y nada más, solo gente privilegiada era capaz de comerla cuando era preparada con leche y azúcar.
- Espero que hayas dormido bien. – Le dijo Hiroshi al colocar ambos platos llenos de comida frente a la morena, uno con avena y el otro con frutas.
- Gracias. – Korra sonrió. – Y si, dormí perfectamente… - Confirmó. – La calidad de las camas y los sillones que tiene la familia Sato es excepcional, no hay manera de que puedas dormir mal en esos colchones. – Korra bromeo.
- Espera a que tengas mi edad y entonces comenzarás a notar los defectos. – Hiroshi respondió.
El desayuno en sí transcurrió con tranquilidad acompañado de pequeñas charlas que los hacían reír de vez en vez pero era claro que comer no era el único propósito de aquella reunión y Korra no pasó eso por alto, la presencia de Lin no solía ser común en reuniones sencillas como la que estaban teniendo así que Korra no se sorprendió cuándo la líder de defensa comenzó a hablar de trabajo.
- Ya le he propuesto a Hiroshi los interrogatorios. – Inició Lin. – Él propone que se lleven a cabo pero queda claro que la tortura está prohibida. – Suspiró. – Siendo así no confío en la veracidad de las confesiones que podamos llegar a obtener. – Concluyó exponiendo el problema al que se enfrentaban.
- Me temo que puede que eso no rinda frutos. – Korra murmuró con un rostro pesaroso. – Kuvira intentó interrogar a unos cuantos soldados del Loto Rojo que llegaron a la alianza, ella fue más severa, yo no estuve presente cuando sucedieron las interrogaciones así que Kuvira no tuvo piedad y aún así ninguno dijo nada. – Explicó con pesar. – Le temen más a lo que el Loto Rojo les pueda hacer que lo que sea que les pase a manos de cualquier otra persona. – Concluyó.
- Tenemos cerca de ochenta personas en esas celdas, no todos pueden ser tan reservados. – Lin objetó.
- En el Loto Rojo los maestros usan su elemento como método de tortura. – Korra suspiró. – No nos explicaron exactamente de qué manera pero les puedo asegurar que los métodos de Kuvira tampoco son suaves así que solo me queda imaginar lo que el Loto Rojo le hace a sus prisioneros para que esos soldados decidieran callar y soportar el castigo de Kuvira. -
La mesa cayó en un silencio total, Lin apretó los dientes con fuerza y maldijo por lo bajo, Opal liberó un profundo suspiro pues ella conocía bien las terribles historias que en su tiempo rondaron dentro de las murallas de Ba Sing Se acerca de Kuvira y sus atemorizantes castigos para todos aquellos que se atrevieran a desafiarla o traicionarla.
- Podríamos intentar intimidarlos diciéndoles que en el momento de la guerra todos ellos serán expuestos ante el Loto Rojo como traidores, engañarlos. – Zhu Li propuso, aunque sus palabras no hubieran sonado del todo seguras la idea había bastado para devolverle el ánimo a sus amigos.
- ¡Bien pensado! – Opal la apoyó. – En vez de usar tortura como el Loto Rojo o Kuvira podrían intentar ejercer presión psicológica, ganarles con el mismo miedo que le tienen al Loto Rojo y tal como dijo Lin, son demasiados, no creo que todos vayan a mantenerse completamente firmes. – La morena de ojos verdes elaboró en la propuesta.
- Suena viable. – Hiroshi asintió con la cabeza.
- Aprovecharnos de su ignorancia, suena como algo viable, pero yo no soy buena para ese tipo de juegos, al igual que a Kuvira a mí se me da más la acción física. – Lin se encogió de hombros, Korra sonrió entretenida pensando en lo bien que le iría a Lin dentro del coliseo gracias a su actitud.
- Mi madre era buena esparciendo historias que generaban superstición entre los rebeldes y que mantenían lejos a los rebeldes que querían atacar a su gente, creo que yo podría ayudar a idear algo. – Dijo Opal.
- De ser necesario yo también podría ayudar a elaborar el plan. – Zhu Li la apoyó. – Pero te vamos a necesitar Lin, forzosamente tiene que ser alguien con una actitud fuerte e inquebrantable quién se presente ante ellos y los interrogue. – Aclaró.
- Si ustedes elaboran el plan yo puedo actuar para el interrogatorio. – Lin sonrió. – Intimidar a los maleantes es algo que se me da bien. – Confesó con tono divertido.
- Podrían incluso sabotear la relación que existe entre ellos, decirles que ya han hecho un trato con sus compañeros y que ellos han decidido darles información con tal de que se acuse de traidor al interrogado, eso o algo por el estilo. – Korra se dejó llevar por las posibilidades que ofrecía ese tipo de truco.
- Si, eso suena como una buena opción. – Opal sonrió.
Korra sabía que no podría quedarse demasiado tiempo ya que debía ir a la isla Kyoshi y de ahí volver a Ba Sing Se a continuar asistiendo a la alianza con los entrenamientos y contra la posibilidad de cualquier rebelión o sabotaje que los seguidores de Arpón pudieran llegar a hacer, por este motivo se propuso brindar todas las ideas que pudiera tener para ayudar con el interrogatorio, al terminar con ese tema comenzó a hablarles sobre la conexión que quería establecer entre su pueblo y la ciudad congelada de Eska desglosando poco a poco los pasos que deberían tomar para llevar a alguien al Norte a llevar una radio que sus aliados pudieran tener en su ciudad.
Luego de cubrir los temas más importantes Hiroshi dio por terminada la reunión, Wu se dedicó a limpiar la cocina, Lin partió rumbo a su oficina acompañada de Opal y Zhu Li mientras Hiroshi le avisó a la morena que se encontraría en su taller y le pidió que lo llamara antes de que tuviera que partir, Korra asintió con la cabeza y le aseguró que no se iría sin antes despedirse.
La joven Avatar volvió a la habitación de Asami para tomar la ropa que vestiría durante su viaje, luego de pensarlo un poco al final se decidió por tomar una de las blusas negras de manga larga de la ojiverde y uno de los pantalones de combate azul marino que Asami le había regalado, calzando unas botas café obscuro y atando un pañuelo rojo obscuro sobre su cabeza se encontraba lista para partir, antes de salir se devolvió por una de las chaquetas negras de Asami ya que la necesitaría para la parada que haría antes de dirigirse a la isla de Kyoshi.
Cerca de las cinco de la tarde Korra se encaminó al taller de Hiroshi, adentro encontró al hombre sentado leyendo un grueso libro de robótica. Luego de despedirse de Hiroshi Korra pasó a despedirse del resto de sus amigos, nunca sabía cuándo es que los volvería a ver así que no desperdició la oportunidad de desearles lo mejor antes de dejar el pueblo siendo seguida de cerca por su incógnita amiga, el espíritu del perro-oso polar que se movía a su lado como una sombra que nadie podía ver pero que Korra podía sentir.
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El Sur la recibió con una implacable ventisca helada que amenazaba con abrirle la piel, la nieve iba y venía golpeando el rostro de la morena, se sentía bien estar de vuelta en casa, pensó con ironía exhalando una densa nube de vapor, debía resguardarse del frío hasta que la tormenta pasara y por más que quisiera llegar al pueblo sabía que debía ser cuidadosa para evitar comprometer su bienestar así que elaboró un pequeño refugio de nieve en dónde se escondió y durmió durante la noche con Naga sirviéndole cómo un cálido respaldo que le ayudó a proteger la temperatura de su cuerpo en aquella helada noche.
Al día siguiente la tormenta había perdido intensidad, lo suficiente para que Korra se aventurara a atravesar las montañas de nieve y abrirse paso hacia el asentamiento que la había visto nacer.
A pesar de la perpetua obscuridad que cubría aquellos territorios Korra calculó que debían de ser cerca de las cinco de la tarde cuándo al fin logró divisar el asentamiento, las pequeñas casas se habían vuelto montículos de nieve, por experiencia sabía que por el momento la nieve protegía a las casas del frío pero en cuánto pasara la tormenta aquella nieve debería ser removida a mano lo que le hacía desear que la tormenta cesara por completo antes de su partida para poder ayudarle a los pobladores del asentamiento a retirar la nieve y así evitarles el pesado trabajo de hacerlo ellos mismos.
Cada paso que daba era delatado por el crujir de la nieve y aún así Korra dudaba que la gente del asentamiento pudiera escuchar algo a través del constante silbido que producía la ventisca que los azotaba así que para evitar asustar a sus padres llamó a la puerta antes de entrar.
- ¿Puedo pasar? - Preguntó.
- ¡Korra! - Senna se apresuró a la entrada abriendo la puerta sin importarle la cantidad de viento y nieve que entrara junto a ella.
- Hola... - Korra murmuró contra el hombro en el que había recargado la barbilla al recibir el abrazo de su madre.
- Korra... - Tonraq se acercó por detrás de Senna.
- Papá... - Korra alzó la mirada y sonrió, era bueno volver a verlos, los dos se encontraban bien, tan bien como siempre habían estado.
- Lamento interrumpirlas pero si no cerramos la puerta la casa entera se llenará de nieve. - Tonraq señaló y Korra miró alrededor notando el bulto de nieve que se había regado en la entrada de la casa al haberse colapsado por no tener la puerta para sostenerla en su lugar.
- Yo puedo arreglar esto. - Respondió casualmente manipulando toda la nieve y echándola hacia afuera, Senna cerró la puerta y así los tres se miraron en silencio.
- Yo quería decirles que... - Inició.
- Lo siento Korra... por todo lo que pasó. - Tonraq se adelantó. - Nunca debí ocultarte el parentesco que tenías con Unalaq, es solo que tenía miedo de que ocurriera algo...
- ¿Algo como lo que ocurrió? - Esta vez Korra interrumpió y Tonraq agachó la mirada asintiendo levemente con su cabeza.
- No te preocupes padre... entiendo los motivos que tuvieron para ocultar la verdad, tardé un poco en comprender pero al final lo hice, querían mantenerme a salvo sin importar el costo. - Arrugó las cejas guardando silencio por un momento mientras pensaba en la mejor manera de explicar lo que sentía. - Yo también he mentido por el mismo motivo, el Loto Blanco también lo hizo, Bumi... - Pausó pasando el nudo que se le había formado en la garganta. - Asami. - Concluyó. - Supongo que todos llegan a hacerlo en algún punto de su vida. - Suspiró.
- No es la mejor manera de tratar las cosas... pero en el momento no supimos de que otra forma podíamos afrontar el problema. - Explicó Senna.
- Hay veces que no se puede hacer otra cosa porque el resultado no sería el mismo. - Korra meditó en voz alta. - Yo nunca habría permitido que Asami se entregara a los espíritus si ella me lo hubiera dicho con anticipación y eso tal vez hubiera quebrantado la alianza con los espíritus... - Habló entre dientes.
- ¿Le ha ocurrido algo a Asami? - Senna preguntó, Korra asintió con la cabeza y agachó la mirada.
- Lamento no haber venido a hablar con ustedes antes, hay muchas cosas que debo contarles. - Les dijo, sus padres no dudaron en invitarla a sentarse a la mesa para poder hablar, los tres tomaron asiento y Korra empezó a narrar todos los sucesos importantes ocurridos después de haberse recuperado de la pelea contra Unalaq.
La plática se extendió hasta darse las ocho de la noche, Senna y Tonraq se mostraban especialmente preocupados por la guerra y por el estado de Asami, los dos intentaban digerir todo lo que se les había sido dicho, la muerte de Bumi también los había tomado por sorpresa, ellos habían conocido al joven Bumi gracias al parentesco que tenía con Katara, al terminar de narrar todo Korra guardó silencio, al igual que ella sus padres se encontraban pensando en la cantidad de sucesos que podían ocurrir en tan poco tiempo, daba la impresión de que el mundo girara más rápido de lo usual y de que se encontrara acelerando cada vez más y más hacia un desenlace lleno de inevitables peleas que de no ser libradas conducirían a todos a un futuro desgarrador.
- Nosotros podemos apoyar en la pelea. - Tonraq propuso pero Korra negó con la cabeza.
- No... Es demasiado peligroso. - Advirtió.
- ¿Y? La gente del pueblo de Asami o los rebeldes están hechos de lo mismo que nosotros, carne, piel y huesos Korra, si ellos pueden pelear nosotros también. - Tonraq insistió.
- Ellos ya están entrenando para poder defenderse padre, ustedes no podrían... - Inició pero fue interrumpida.
- Esta guerra es importante Korra, si el Loto Rojo sale victorioso significa que el resto del mundo estará acabado, terminarán con los asentamientos más importantes y nosotros los necesitamos para el poco comercio que hacemos, necesitamos de sus recursos, sin ellos pereceríamos. - Insistió, Korra cerró los ojos y suspiró.
- Lo sé, lo sé. - Habló con frustración y Tonraq esperó a que Korra terminara de pensar.
- ¿Crees poder aprender a disparar un arma de fuego? - Al fin volvió a hablar logrando sorprender a sus padres.
- ¿Armas de fuego? - Preguntaron los dos.
- Si, es lo más sencillo, solo aprendes a apuntar y... - Pausó. - Aprietas el gatillo. - Completó, Tonraq cerró los ojos y suspiró.
- Si no hay más remedio... estoy seguro que mis hombres y yo podemos aprender a disparar. - Respondió.
- No es algo a lo que quisiéramos recurrir pero si el Loto Rojo llega a derrotar a nuestras líneas ofensivas nuestro último recurso serían las armas de fuego. - Korra explicó el plan que la Alianza Rebelde y el pueblo de Asami tenían para defenderse contra el Loto Rojo.
- Entiendo, no te preocupes. - Tonraq le aseguró.
Para aligerar la tensión que se había acumulado en el ambiente Korra decidió sacar la comida que Hiroshi le había enviado a sus padres, frutas frescas, cortes de carne y granos, toda una mochila llena de alimentos.
- Dice que estaría encantado de hablar con ustedes de nuevo ahora que todos somos familia. - Korra repitió las palabras de Hiroshi con un poco de pesar pues deseaba que Asami también se encontrara con ellos.
- Eso sería encantador cariño, estoy segura de que podemos pasar a saludar a Hiroshi o incluso hospedarnos con él ahora que vallamos a entrenar para la guerra. - Senna respondió de la manera más natural posible lo cual alertó a la joven morena.
- Pero... ¿No sería mejor que papá fuera solo? - Expresó su preocupación y Senna arrugó las cejas.
- Aún no estoy tan vieja, estoy segura que puedo ser de ayuda. - Argumentó.
- Lo sé. No dudo que así sea pero me sentiría más tranquila si permaneces en casa. - Korra intentó disuadirla.
- Korra... esto es algo en lo que puedo ayudar, no planeo quedarme de brazos cruzados mientras tu padre y tú arriesgan sus vidas. - Senna le reclamó.
- No digo que eso sea lo que debas hacer, tal vez solo... - Pausó. - ¡No losé! Permanecer aquí y ayudar de otra manera. - Habló con desesperación.
- No planeo abandonarlos, no creo que pueda ayudar en la pelea pero tengo conocimientos de enfermería, podría ayudar a los heridos... - Senna propuso, Korra dejó sus hombros caer y echó la cabeza hacia atrás mientras Tonraq sonrió sujetando la mano de su hija.
- Tu madre es muy buena atendiendo heridos. - El padre comentó y Korra asintió con la cabeza manteniendo los ojos cerrados.
- Lo sé, y tú eres un excelente guerrero, eso no es lo que me preocupa... – Pausó intentando controlar los sentimientos que amenazaban con dominar su uso de razón y antes de que pudiera continuar con su idea fue interrumpida por las palabras de su padre.
- No quisieras perder más de lo que ya has perdido. - Le dijo, Korra afirmó efectuando un leve movimiento con la cabeza que apenas pudo ser percibido por sus padres.
- Siento como si me faltara alguna parte del cuerpo... siento como si no tuviera una pierna o un brazo, me siento incompleta y perdida sin ella... – Suspiró. - Y no quisiera perder más porque siento que no quedaría nada, quisiera que ninguno de los dos fuera a arriesgar sus vidas en esa pelea. - Confesó, Senna sonrió cálidamente y sujetó la otra mano de la joven Avatar.
-Estoy segura de que podrás sacar a Asami de esa prisión espiritual... si alguien puede hacerlo ese debe ser el Avatar. - Senna le aseguró, Korra sonrió y guardó silencio por un momento.
- Si no unimos todas nuestras fuerzas para esa guerra no lograremos ganarla, creo apropiado que también incluyas a la gente del Norte, Eska debe tener hombres fuertes que pueda mandar a la pelea. - Tonraq propuso, Korra volvió a asentir con la cabeza y a permanecer pensativa por un momento, sabía que su padre tenía razón y que debían hacerse de todos los aliados que pudieran pero nunca había considerado movilizar a la gente del Norte y del Sur, de llegar a hacerlo esta guerra sería el primer evento en cientos de años que uniría a personas de todo el mundo para pelear por un objetivo en común.
De nuevo las palabras de Hiroshi volvieron a su mente para recordarle que lo que ella estaba haciendo quedaría grabado por siempre en la historia de la humanidad, si eso era verdad quería asegurarse de que el mensaje que quedara grabado en la memoria de la gente fuera el correcto, una pelea por la libertad y el derecho a una vida plena y saludable para todos.
- Le avisaré a Hiroshi para qué se comuniquen con Eska y le pida apoyo. – Korra accedió, Tonraq y Senna le ofrecieron una pequeña sonrisa que ella conocía bien, ese tipo de sonrisa que un tutor te regala cuando has hecho algo bien, cuando se sienten orgullosos y satisfechos de la persona que eres y de las decisiones que has hecho en tu vida, una sonrisa gratificante que solo esas personas que te han visto crecer y han permanecido años a tu lado pueden darte, una sonrisa silenciosa pero con un mensaje poderoso.
- Ahora... ¿No sería mucho pedir olvidarnos de los problemas por un momento para poder disfrutar de esta deliciosa comida? - Korra señaló la fruta que Hiroshi les había enviado. - Puedo enseñarles a hacer un coctel delicioso. - Continuó, sus padres rieron y aceptaron gustosos el regalo de Hiroshi.
Korra pasó la noche en casa de sus padres, recostada en su habitación le era imposible no pensar en su pasado y compararlo con su presente, recordaba ser una niña llena de entusiasmo y deseos de salir a ayudar al mundo, recordaba todos los días de arduo entrenamiento en los que se negaba a detenerse hasta dominar las técnicas que se le eran enseñadas, recordaba salir a retar las implacables tormentas invernales para evaluar la evolución de sus poderes y recordaba el día en el que partió sobre aquella balsa de hielo que eventualmente la llevó a las orillas de los territorios de Hiroshi de dónde fue rescatada y presentada a la mujer más hermosa e inteligente del mundo.
- Parece como si hubieran pasado más años de los que en verdad he vivido. – Suspiró. - Al mismo tiempo siento como si todo hubiera ocurrido en un parpadeo. – Korra murmuró dirigiéndose al espíritu que dormía al pie de su cama.
- Y a pesar de todo lo que ya he vivido sé que el futuro aún me guarda muchas sorpresas más. – Exhalo lentamente sabiendo que no todas esas sorpresas serían buenas, la idea de la guerra alimentaba sus inquietudes, era como encontrarse sentada con los pies cerca de un hormiguero, la pregunta no era si las hormigas subirían su cuerpo o no, la pregunta era ¿Cuánto tardarían en hacerlo? Esa incertidumbre junto a la sensación de pérdida que nacía de la ausencia de Asami eran las dos cosas que en veces lograban quebrantar el espíritu de la morena, pero la joven Avatar se encontraba lejos de dejarse derrotar y por eso apaciguo sus pensamientos con el fin de descansar bien y reponer fuerzas para el día que estaba por venir.
/*/*/*/
Al amanecer la tormenta se había despejado, después de compartir el desayuno con sus padres Korra libró al asentamiento del exceso de nieve y partió antes del medio día. La conversación que tuvo con sus padres la noche anterior la obligaron a volver con Hiroshi para llevarle la nueva propuesta sobre las alianzas con la gente del Norte y del Sur, Hiroshi aceptó la propuesta y prometió encargarse de establecer la comunicación necesaria con ambos asentamientos para traer los refuerzos hasta su pueblo.
La joven Avatar se despidió del líder del pueblo y al anochecer emprendió su camino hacia la isla de Kyoshi.
Con la intención de acortar tiempo de su viaje la morena volvió al portal espiritual en la jungla para regresar a las tierras frías del Sur, una vez habiendo alcanzado las costas de sus tierras se lanzó al mar, el recorrido le tomó tres días haciendo uso de sus poderes para surcar las aguas a una velocidad tal que detrás de ella dejaba una estela de espuma que marcaba su camino, tomando descansos para dormir y comer agradecía el no haberse encontrado con ninguna tormenta que pudiera alentar su paso y al final pudo ver la modesta isla de Kyoshi que de lejos parecía una isla cualquiera pero de cerca se notaba su peculiaridad.
La isla se encontraba completamente limpia, no había ni un rastro de basura sobre su superficie, contaba con una amplia cantidad de arbolas que la proveían de una agradable sombra fresca para sus pobladores, una isla habitada únicamente por miembros del Loto Blanco, personas entregadas por completo a la misión de salvar la vida sobre el planeta.
- ¡Es Korra! - Anunciaron un par de voces a medida que la joven Avatar se acercaba a la costa, ante el llamado varios miembros del Loto Blanco aparecieron en la orilla, todos eran viejos conocidos de la morena, maestros y amigos, gente que la había visto crecer.
- ¡Por todos los espíritus jovencita! Cuando te fuiste no pensé que pudieras crecer o cambiar mucho más de lo que ya lo habías hecho durante tu pubertad pero ¡Mírate! Pareces una persona completamente diferente. - Celebró una vieja mujer de ojos nublados, las arrugas hacían surcos en su piel almendrada delatando su avanzada edad, de cabellera plateada atada en una larga trenza que le alcanzaba la cintura, de complexión delgada y una estatura encogida por la edad, Korra la reconoció de inmediato, Manjari, su maestra espiritual.
- ¿Gracias? – Korra respondió dudosa al abandonar la pequeña placa de hielo que había utilizado para acercarse a la isla. - No sé si eso sea algo bueno o malo. - Confesó dando un par de pasos sobre la arena tocando al fin la costa de la isla.
- ¿Cómo podría ser malo? ¿Te has visto en un espejo? Eres la viva imagen de todo lo que un líder poderoso e inspirador debería ser... mira esas cicatrices y tatuajes. - La contempló por un momento paseando sus ojos de arriba abajo por el cuerpo de la joven morena. - Incluso la mirada y esos músculos... se nota que te has sabido mantener en forma pero definitivamente has crecido un poco, estatura y todo ¡Oh niña! Me alegra tanto verte. - Se acercó y la estrechó con fuerza.
- También me da gusto verte. - Korra rió sin aliento al no ser capaz de respirar con naturalidad a través de aquel ajustado abrazo.
- ¿Y la meditación? – Manjari pausó mirándo a Korra con sospecha. - Espero que lo hayas seguido practicando. - Advirtió.
- No tienes idea de cuánto me ha servido. - Korra admitió.
- Te lo dije. - La mujer sonrió orgullosa. - ¡Oh! ¿Qué es esto? - Manjir preguntó tomando el dije plateado que colgaba del cuello de la morena. - Es una insignia muy interesante... - Comentó, Korra sonrió de lado mirando el emblema de la familia Sato.
- Industrias futuro... - Murmuró.
- ¿Disculpa? - La vieja maestra alzó la mirada enfocando sus ojos negros y opacos sobre los brillantes azules de la morena.
- Es el emblema de la familia Sato. - Korra levantó la voz para ser escuchada.
- ¡Ah! Hiroshi... - Dijo la mujer. - Si, un hombre ingenioso. - Asintió con la cabeza.
- Muy ingenioso... – Korra concordó y pausó. - Pero no tanto como su hija. - Agregó.
- ¡Ah! La pequeña... la recuerdo bien, tenía una mirada audaz y no había nada que pasara por alto ¿Cuál era su nombre? - Preguntó.
- Asami. - Korra pronunció su nombre sintiendo una extraña sensación de dolor y vacío sobre su pecho.
- ¡Ah sí! Asami Sato. - La anciana rió. - Cuánto lo siento Korra, ya estoy vieja, mi memoria no es lo que solía ser, me he retirado a vivir a la seguridad de esta isla y aquí honestamente no me molesto en recolectar las noticias del mundo. – Pausó. - Detesto escuchar sobre las muertes de nuestros compañeros. - Confesó liberando un pequeño suspiro, Korra asintió con la cabeza.
- Entiendo. - Respondió mientras pensaba en Bumi y el terrible desenlace que tuvo el final de su vida.
- Vamos "Las autoridades" te esperan. - La maestra sonrió, Korra aceptó caminar detrás de ella mientras platicaba con otros miembros del Loto que pasaban a saludarla.
La arena de la costa era blanca como la nieve, Korra había visitado aquella isla en un par de ocasiones anteriores a lo largo de su desarrollo como Avatar y en ambas ocasiones se había impresionado por la limpieza que había en aquel lugar, al inicio se había conformado al pensar que el Avatar le había limpiado la isla al Loto Blanco aunque sabía bien que la basura que acarreaba el mar era imposible de mantener al margen por un tiempo prolongado, alguien limpiaba el agua de la isla constantemente y eso era algo que Korra no se había podido explicar, hasta ahora, el misterio estaba resuelto, el Loto Blanco contaba con sus propios maestros elementales para mantener la pulcritud de la isla.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? - Korra alzó la voz al volver a encontrarse a solas con Manjari.
- Claro niña, pregunta. - La mujer respondió tan tranquila como siempre.
- Hay algo de lo que me enteré hace poco, uno de los tantos secretos que el Loto Blanco guarda para proteger al Avatar. - Inició pintando el contexto de su conversación para aclarar bien las cosas antes de lanzar su pregunta.
- Escuché que todos aquellos que califican para volverse maestros del Avatar en realidad deben poseer algún tipo de poder elemental pues solo así logran conectar con el espíritu del Avatar y hacerlo escuchar sus enseñanzas... - Pausó. - Así que mi pregunta es ¿Qué elemento manejas tú? - Korra guardó silencio y la mujer se detuvo en seco.
- ¿Quién te lo ha dicho? - Preguntó casi en un murmuro.
- Pensé que ya estarías al tanto. - Korra suspiró. - ¿Sabes por qué me han mandado llamar? - Le preguntó y la mujer negó con la cabeza mostrando una expresión triste en el rostro.
- A decir verdad preferí no saber... siempre que se llama al Avatar a la isla es para hablar sobre situaciones delicadas. - La maestra pausó para liberar un profundo suspiro que parecía haber emanado de lo más profundo de su pecho. - Temía escuchar el tipo de problemas a los que te enfrentas. - Sonrió tristemente.
- Te vi crecer, vi cómo te convertías en el Avatar y dejabas atrás a esa pequeña niña implacable que nos causó tantos dolores de cabeza. - Rió. - Te volviste parte de mi familia, no pude soportar seguir formando parte de todo esto, no quise saber más sobre tus aventuras por miedo a llegar a escuchar la peor de las noticias, aún temo el día en que los líderes den la orden de movilizar a todo el Loto Blanco con el fin de encontrar al siguiente Avatar. – Manjari concluyó, Korra extendió su mano hacia el hombro de su maestra en dónde la posó para transmitirle algo de seguridad.
- Sigo aquí. - Le dijo.
- Si no es mucho pedir quisiera que no me cuentes lo que ocurre allá afuera. - La maestra pidió y Korra accedió.
- No diré nada. - Le prometió.
- Bien. - La mujer suspiró aliviada y esbozó una amplia sonrisa antes de continuar caminando.
Ambas pasaron por un grupo de casas hechas a base de barro y rocas, al final llegaron a una pequeña plaza privada que se encontraba más allá de todas las casas, la pequeña plaza tenía un estanque con agua cristalina en el medio y dentro de él habitaban pequeños peces y algunas ranas, un par de metros más adelante del estanque había un pequeño templete de roca que se elevaba a unos cuantos centímetros del suelo con cuatro bancos de roca encima, ahí se encontraban los líderes del Loto Blanco, los cuatro enfocaban sus miradas sobre el estanque que tenían frente a ellos.
- Hasta aquí te acompaño. - Anunció la maestra al alcanzar la plaza, Korra le agradeció y comenzó a caminar hacia el centro de la plaza pero antes de hacerlo su maestra la detuvo.
- Aire mi niña, el elemento que se encuentra más conectado con el lado espiritual del mundo. - Concluyó lanzando una pequeña brisa que movió ligeramente el cabello de la morena.
-Gracias por compartir esa información conmigo. – Korra sonrió.
- Ahora yo tengo una pregunta mi pequeña. – Manjari le dijo.
- ¿Qué pasa? – Korra la miró extrañada.
- Ese espíritu que te sigue ¿Es tú amigo? – La maestra señaló logrando sorprender a la morena quién instintivamente miró a su derecha para contemplar a Naga, el enorme Perro-Oso Polar solía ser ignorado por la mayoría de la gente pues pocos eran capaces de verla a menos de que el espíritu así lo quisiera.
- ¿La puedes ver? – Korra volvió su mirada hacia Manjari quién liberó una pequeña risilla llena de satisfacción y dicha.
- Mírate Korra, de pequeña decías que nunca serías capaz de dominar tu lado espiritual y sin embargo aquí estas hoy, en completa sintonía con ese hermoso espíritu. – Su maestra celebró.
- Gracias por ser paciente conmigo Manjari. – Korra sonrió haciendo una pequeña reverencia.
- Agradezco que cuides de ella fiel espíritu. - La maestra devolvió la reverencia y acto seguido se retiró dejando a Korra con los líderes del Loto Blanco, Korra observó a la anciana alejarse mientras se preguntaba el verdadero alcance de los poderes espirituales de esa mujer, Manjari siempre había sido una persona sumamente sencilla y paciente, en ningún momento llegó a perder los estribos ante los constantes berrinches de la joven Avatar y ahora continuaba demostrando la grandeza de su persona al evidenciar la presencia de Naga.
- Aquí no pasas desapercibida. – Korra sonrió mirando a su fiel amiga. – Estoy segura de que ella no es la única maestra espiritual en esta isla así que compórtate porque ellos pueden verte. – Le advirtió, Naga se relamió el hocico y meneó la cola logrando ampliar la sonrisa en el rostro de la morena.
Liberando un profundo suspiro Korra se preparó para acercarse al centro de la plaza a enfrentar a los líderes del Loto Blanco.
- ¿Él no está aquí? - Korra preguntó mirando alrededor, ellos negaron con la cabeza.
- Tuvo que salir. - Respondió una mujer que se encontraba cerca de los cuarenta años de edad, de cabello negro y ojos color ámbar, piel blanca y facciones delicadas, Izumi.
- Pensé que debería estar presente para hablar sobre la guerra y los maestros elementales. - Korra la miró y ella negó con la cabeza.
- Hay mucho movimiento, el Loto Blanco se encargará de alertar a todos en el momento en que el Loto Rojo decida salir de sus tierras. - Explicó.
- ¿Ha habido alguna noticia? - La morena preguntó preocupada.
- No, es por eso que te hemos traído aquí, de nada servirá que solo el Loto Blanco esté prevenido. – Pausó brevemente. - Hemos escuchado que has logrado establecer conexiones estables con asentamientos poderosos en distintas partes del mundo. - Izumi pausó esperando la respuesta de la morena.
- Así es. - Korra confirmó.
- Podemos intentar conectar a tus aliados a nuestra red de comunicación, el sistema no es veloz pero es mucho mejor que encontrarse desconectado. - Izumi esperó en silencio la respuesta del Avatar anticipándose al posible descontento de la joven morena.
- ¿Una red de comunicación? - Korra arrugó las cejas, su mirada se obscureció al tiempo que apretaba sus manos en firmes puños.
- No es un método muy fiable, se trata de una débil conexión a un satélite que aún se mantiene orbitando la tierra... su señal es débil y los mensajes tardan horas en viajar, son mensajes de texto Korra y no pueden superar los treinta caracteres. - Izumi explicó.
- ¿Todo este tiempo tuvieron acceso a algo así y no pensaron en ayudar a los demás con ello? - La morena gruñó luchando contra sus impulsos en un intento por lograr mantenerse lo más tranquila posible.
- No podíamos dejarlo en manos de cualquiera, si los rebeldes o el Loto Rojo tenían acceso a nuestro sistema sería un error catastrófico. - Pausó. - Además el sistema requiere de un lugar estable, deberán buscar un lugar en dónde encuentre señal y una vez ahí no se le puede mover, la caja es pesada al igual que el monitor, además la gente necesita tener acceso a energía eléctrica, contamos con un par de paneles solares que pueden servir para ese propósito pero... - Suspiro.
- Lo que quiero decir es que esta es tecnología que no le podemos confiar a cualquiera, nosotros la utilizamos para enviar mensajes a las distintas bases que tenemos en lugares remotos, esos a los que nadie más que el Avatar y otros maestros elementales pueden alcanzar, su propósito principal es mantener a todo el Loto Blanco al tanto del estado de vida del Avatar pues en caso de tener que salir a buscar a un nuevo Avatar lo mejor es que todo el Loto salga a ayudar, pero solo sirve para eso, mensajes cortos y muy simples. - Izumi intentó resumir la historia de la existencia de aquel sistema.
Korra guardó silencio y suspiró al resignarse a la idea de que el Loto Blanco tenía sus motivos para mantener algo así en secreto y no compartirlo con el resto del mundo, tal vez tenían razón, tal vez era demasiado complicado que algún asentamiento tuviera acceso a ello pues eran vulnerables a ataques rebeldes y al ser un objeto difícil de transportar no les resultaría fácil de proteger.
- Entiendo. - Asintió con la cabeza manteniendo los ojos cerrados. - El punto es que me permitirán hacer uso de ese sistema ¿Cierto? - Preguntó haciendo uso de toda la paciencia que tenía dentro de ella.
- Hemos escuchado que el pueblo sobre las ruinas de Ciudad República es un lugar estable y cuenta con lo necesario para protegerse de los ataques rebeldes, también hemos escuchado sobre la alianza rebelde que formaste en Ba Sing Se, se dice que es un lugar con una gran población capaz de mantenerse por sí misma, así que creemos que estos dos lugares serían capaces de cuidar de este sistema, si tu confías en ellos nosotros confiaremos en ti. – Izumi le aseguró.
- Confío en ellos. - Korra afirmó. - Pero además de eso hay otras cosas que necesito hablar. - Indicó con preocupación.
- Los maestros elementales. - Izumi asintió con la cabeza. - De ninguna manera nos negaríamos a ayudar después de escuchar que el Loto Rojo sigue en pie y que cuenta con la ayuda de maestros elementales que nosotros mismos descuidamos. - Respondió anticipándose a las palabras de la Morena.
- Pero los refuerzos tienen que ser divididos, no estoy segura del lugar que planean atacar, pienso que el ataque más fuerte lo van a dirigir al pueblo en las ruinas de Ciudad República pero también puede ser que dirijan algún ataque hacia Ba Sing Se. - Korra expresó su preocupación e Izumi asintió con la cabeza.
- Estoy de acuerdo, ahora, el sistema de comunicación que tenemos no es un sistema amplio y el mensaje ha llegado directamente a los maestros que se encontraban en las bases principales cuando lo enviamos, pero hay muchos otros maestros repartidos por el mundo, todos ellos incomunicados. - Pausó para asegurarse de que la morena entendiera lo que decía.
- Demoraremos un poco en pasar la voz, algunos maestros viajan de base en base y tal vez reciban el mensaje días o semanas después de que lo enviemos, lo único que podemos hacer es indicar que se dirijan al punto de interés que les sea más cercano, solo debemos corregir el mensaje para que el resto de los maestros que lo vean comiencen a seguir la nueva instrucción de también apoyar a Ba Sing Se. - Le dijo a la joven morena quién asintió con la cabeza.
- ¿Son muchos maestros? - Preguntó con seriedad, Izumi negó con la cabeza.
- Tal vez seamos trescientos en total, tal vez pocos menos. - Habló con franqueza.
- Después de haber vivido toda mi vida creyendo que yo era la única maestra elemental, escuchar que existen trescientos maestros en el mundo, que no apoyan al Loto Rojo, me parece reconfortante. - Sonrió sin poder evitarlo logrando sorprender a Izumi quién no esperaba tal respuesta por parte de la morena.
- ¿Sabes cuántos maestros tiene el Loto Rojo? - Preguntó la líder del Loto.
- No, estimo una cantidad similar a la suya y tal vez cerca de novecientos soldados que no cuentan con el poder de los elementos. - La morena respondió encogiéndose de hombros.
- Esos números no son para tomarse a la ligera. - Izumi advirtió y Korra sonrió de lado.
- No tienes de qué preocuparte, con el apoyo del Loto Blanco y nuestras alianzas estoy segura de que todo saldrá bien, tenemos la estrategia de nuestro lado... muchas personas ingeniosas y fuertes dispuestas a darlo todo por defender su libertad. - Korra le dijo convencida de sus palabras.
- Una de tus alianzas se conforma mayoritariamente de rebeldes... - Izumi no pudo evitar comentar pues todos en el Loto Blanco dudaban de aquellas personas y se sorprendían al saber que el Avatar lideraba aquella peligrosa y creciente alianza rebelde.
- ¿Suyin no les dio la noticia? - Korra esbozó una sonrisa traviesa que logró confundir a los miembros del Loto.
- ¿Cuál? - Izumi preguntó.
- La alianza rebelde se encuentra al tanto de mi identidad como Avatar. - Les dijo con entusiasmo y de nuevo Izumi se mostró sorprendida.
- No teníamos idea. - Confesó para luego guardar silencio manteniendo un gesto que reflejaba lo difícil que le estaba resultando asimilar aquella noticia. - ¿Cómo es eso posible? - Preguntó con la esperanza de que Korra aclarara lo que estaba ocurriendo.
- Son personas como cualquiera de nosotros, no quieren otra cosa más que vivir con la seguridad de que habrá comida en sus mesas sin tener que temer a posibles ataques que los lastimen a ellos o a sus familias. - Korra intentó exponer la naturaleza de los rebeldes.
- Ellos son los agresores... - Izumi gruñó.
- La competencia entre ellos los orilló a eso pero una vez que todos accedieron a protegerse entre sí las tensiones disminuyeron, si ellos son la alianza más poderosa de rebeldes no tienen porque temerle a otros rebeldes y no tienen porque ser violentos entre sí. – Explicó con brevedad el desarrollo que el pueblo rebelde había hecho a lo largo de los años que ella había estado ahí para observarlos.
- No termino de comprender, pero si tú confías en ellos nosotros también lo haremos. - Izumi repitió y Korra asintió con la cabeza.
- Con eso basta. – La morena sonrió de lado.
Al terminarse la reunión Korra se encaminó de vuelta hacia las casas del Loto Blanco para saludar a algunos amigos y maestros, después de disfrutar de un delicioso platillo de arroz, pescado y verduras al vapor que habían preparado especialmente para ella, la morena volvió a la costa en dónde Izumi la esperaba de pie al lado de una balsa de madera que contaba con un mástil y una vela, en la base del mástil habían atado una caja de madera envuelta en tela, las proporciones de la caja se acercaban a los cincuenta centímetros cúbicos, no era demasiado grande pero Izumi le advirtió que era pesada, treinta kilogramos que no eran tan fáciles de manipular o de cargar por distancias prolongadas.
- Entonces me supongo que ya está todo listo. - Korra comentó manteniendo su mirada sobre la balsa.
- Nosotros llevaremos el otro artefacto a las ruinas de Ciudad República y así no deberás desviar tu curso. – Izumi le explicó. - Sube el río que lleva derecho al paso de la serpiente para que proveches el flujo del agua y viajes lo más rápido que puedas. – Le aconsejó.
- Bien. - Korra asintió con la cabeza y se acercó a la balsa colocando el pie derecho sobre la madera.
- Espera. - La llamó Izumi.
- ¿Pasa algo? - Korra la miró extrañada.
- Te falta alguien. - Izumi señaló al hombre que se mantenía de pie a su derecha, joven, de cabello negro y con los mismos ojos que Izumi el joven mantenía una posición recta, Korra sonrió ante la simple idea de ser acompañada por él.
- ¿De verdad? - Le preguntó y él sonrió de lado.
- Un maestro fuego bien experimentado a tu servicio. - Iroh hizo una pequeña reverencia haciendo a Korra reír.
- Nunca serás un maestro fuego bien experimentado si no has vivido las mismas aventuras que el Avatar. - La morena respondió y los dos sonrieron, Iroh era un viejo amigo de la infancia de la joven Avatar, el chico había acompañado a Korra y a su maestro fuego a todos sus entrenamientos, en aquel entonces Korra no había pensado mucho al respecto pero ahora entendía el motivo, Iroh también había estado aprendiendo a manejar el elemento del fuego en aquel entonces.
Iroh subió a la balsa cargando con él sus propias provisiones de comida, así los dos se despidieron del Loto Blanco y partieron durante la plenitud de la noche.
Korra no quería demorarse más de lo que ya lo había hecho, planeaba llegar a Ba Sing Se lo más rápido que pudiera y por ese motivo se esmeraba al momento de impulsar la balsa por el mar, Iroh permanecía sentado observando el paisaje que cambiaba a medida que iban avanzando pues la morena no se encontraba demasiado lejos de la orilla y así podían observar las distintas formas que tomaba la tierra a lo largo de la costa.
Haciendo uso de descansos para comer y dormir Korra había logrado alcanzar el río en dos días, entre más se acercaba a Ba Sing Se comenzaba a sentirse invadida por un extraño sentimiento de anticipación, cada día que pasaba bien podía ser el día en el que el Loto Rojo decidiera atacar, cada paso que daba parecía acercarla cada vez más a la guerra, el apoyo del Loto Blanco e incluso el de su padre, el líder de Las Tierras Frías del Sur, todo hacía que la guerra se volviera cada vez más palpable y a pesar de que todos se encontraran dando lo mejor de sí para prepararse para el encuentro, la verdad era que aún era demasiado pronto.
A lo largo del camino Iroh y Korra hablaron sobre una infinidad de temas, había muchas cosas que contar y aclarar, Korra le habló sobre sus viajes, la gente que conoció, la naturaleza del comportamiento de los rebeldes y la mejor manera de acercarse a ellos, por su parte Iroh respondía todas las preguntas que la morena tenía sobre el Loto Blanco y los maestros elementales, así el viaje de siete días no se sintió tan largo.
A las orillas del lago que alimentaba el río por el que se habían adentrado al continente, pudieron observar el denso follaje de la jungla, Iroh permaneció boquiabierto contemplando los enormes árboles que le proporcionaban sombra a la orilla del lago, el joven había paseado por aquellos territorios años atrás y entonces no había visto la jungla que ahora ocupaba gran parte del territorio.
- Esta es la jungla ¿Cierto? - Preguntó y Korra asintió con la cabeza mientras se ataba la caja a la cintura a manera de mochila haciendo uso de la tela que habían utilizado para atarla al mástil de la balsa.
- Espera Korra... sería mejor que yo lleve la caja. - Iroh se ofreció a ayudar pero la morena se negó.
- Debemos caminar cerca de un día o dos, cuando me sienta cansada será tu turno de llevarla. - Le indicó, el trato era justo así que el joven aceptó sabiendo que no tenía caso llevarle la contraria a Korra.
- Los rebeldes no se adentran en la jungla porque es considerado territorio sagrado, saben que los espíritus la habitan y confían en que ellos les informarán sobre posibles invasores. - Korra le explicó a Iroh sin alentar el paso entre la densidad de la maleza que los envolvía.
Los dos comenzaron a sudar por la humedad que creaba la jungla, avanzaban teniendo cuidado de no dañar las plantas, Korra caminaba por delante y Iroh la seguía a través de aquel laberinto de enormes árboles, plantas y arbustos sin entender cómo era que la joven Avatar sabía qué camino seguir, sin embargo la técnica de Korra era sencilla, llevaba con ella a su guía personal, Naga guiaba el camino y ella la seguía sintiendo su presencia, algo invisible ante los ojos de su acompañante quien en ningún momento se había percatado de la presencia del espíritu que en ningún momento se había apartado del lado de la joven Avatar.
Un día y medio, Korra apareció frente a las puertas de la muralla cerca de las nueve de la noche.
- ¿Quién anda ahí? - Gritaron los guardias.
- ¿De nuevo vamos a pasar por esto? - Korra sonrió.
- ¡Guerrera del Sur! - Las voces se alegraron y las puertas comenzaron a abrirse de inmediato. - ¡Está aquí! ¡Volvió! - Anunciaban, el mensaje se repetía por las calles por cada persona que llegaba a escucharlo para asegurar que todos se enteraran, su legítima líder había vuelto.
- Vaya recibimiento. - Comentó Iroh con incredulidad.
- Es noche de pelea, de no ser por eso el saludo se hubiera escuchado diez veces mejor. - Korra le explicó con satisfacción.
- Y pensar que solían ser tus persecutores. - Iroh señaló, Korra se encogió de hombros y continuó caminando mientras las puertas se cerraban detrás de ellos.
Saludando a las diferentes personas que había en el pueblo Korra caminaba rumbo al coliseo, quería encontrarse con Kuvira y preguntarle sobre los avances que tuvieron durante su ausencia y sobre la situación actual de las pequeñas rebeliones.
- ¿Quieres que ahora yo lleve la caja? – Korra se detuvo a preguntarle a Iroh pero él se encontraba demasiado perdido contemplando las ruinas de la impresionante ciudad amurallada, en el pasado no había tenido la oportunidad de entrar por culpa de la presencia de los grupos rebeldes así que esta era la primera vez que podía ver la ciudad por dentro.
- No... Me encuentro bien. – La respuesta de su amigo vino después de un rato, Korra sonrió.
- Espera a que la puedas apreciar de día. - Le dijo y ambos continuaron caminando.
- Ahí estas. - Llamó la voz de Kuvira, Korra se mostró confundida al escucharla sabiendo que al ser noche de pelea la líder del pueblo debía estar presente en el coliseo.
- ¿Qué haces aquí? - Korra le preguntó y Kuvira alzó una ceja.
- Tu eres la que vuelve del viaje, yo no, aquí es dónde siempre he estado. - La ojiverde señalo con sarcasmo, Korra rodó los ojos y se acercó a ella para abrazarla, Kuvira dudó por un momento pero al final optó por aceptar y devolver el abrazo.
- Hueles a sudor y a lodo. - Kuvira señaló tras apartarse del abrazo, Korra rió pasándose la mano por la frente.
- Entré por la jungla. - Explicó.
- ¿Y quién es tu amigo? - Kuvira hizo un gesto con la cabeza señalando al joven pelinegro quien la miraba con una pequeña sonrisa que lograba incomodarla.
- El es Iroh, uno de los maestros que el Loto Blanco envió para ayudarnos. - Korra dijo.
- Ah. - Kuvira se limitó a responder sin prestarle especial interés.
- Hey... ¿No se supone que deberías estar en el coliseo? - Korra corrigió su pregunta, Kuvira guardó silencio por un momento con ese rostro frío e impenetrable que la morena no podía leer lo cual logró exasperarla.
- ¿Y bien? - Insistió cuando el silencio pareció prolongarse más de lo que podía soportar, Kuvira le ofreció una sonrisa traviesa y se encogió de hombros.
- Sabes, he estado pensando algo. - Comenzó a hablar ganándose una mirada confundida y un tanto molesta por parte de la ojiazul.
- Quisiera renunciar a mi puesto de líder por un momento. - Dijo de manera tan seria que Korra tardó un momento en responder.
- ¡¿Qué?! - Arrugó las cejas mirando a Kuvira persistentemente. - Primero quieres arruinar todos mis planes para apoderarte de la alianza y ahora quieres abandonar el puesto de líder... ¿Te sientes bien de la cabeza? El calabozo parece haber logrado hacerle algo a tu mente después de todo. - Korra se pasó una mano por el cabello haciendo que la sonrisa de Kuvira se ampliara.
- Escucha, no soy ninguna idiota, si digo esto es porque tengo otra cosa en mente. - Pausó, Korra permaneció en silencio esperando a que Kuvira continuara hablando. - Quiero que me envíes a aprender tierra-control con los espíritus. - Concluyó haciendo que la mandíbula de la morena colgara de su rostro.
- ¿De dónde demonios has sacado esa idea? - Korra bufó.
- Eso no es lo que importa. - La sonrisa traviesa nunca desapareció del rostro de la ojiverde quien parecía cada vez más entretenida con las reacciones de la joven Avatar.
- ¡Ni hablar! No, aún no... - Korra negó con la cabeza y Kuvira rió.
- ¿Temes que pueda hacer algo loco? - Kuvira preguntó y Korra arqueó una de sus cejas.
- Tal vez... - Le respondió.
- En fin, eso es lo que quiero en estos momentos. - Kuvira se encogió de hombros, Korra entrecerró los ojos y observó a la ojiverde, había algo extraño en ella, no sabía que era y no entendía del todo bien lo que estaba pasando.
- ¿Entonces a quién dejaste a cargo del coliseo? - Preguntó pero antes de recibir la respuesta escuchó un pequeño ladrido que conocía bien, mirando a su derecha observó a Sai, el pequeño espíritu permanecía de pie a mitad de la calle meneando su cola de un lado a otro con gran entusiasmo.
- ¿Sai? - Korra sonrió y se arrodilló manteniendo los brazos abiertos para invitar al espíritu a acercarse a ella pero aquello no ocurrió, el pequeño espíritu la observaba de lejos y continuaba dando pequeños brincos de un lado a otro y girando en su lugar.
- Nunca lo había visto tan inquieto... - Murmuro. - Ven chicho. - Volvió a llamarlo pero el espíritu se negó dando un par de pasos hacia atrás.
- ¿Quién más podría estar en el colideo? - Kuvira rodó los ojos y Korra pareció congelarse por un momento antes de dirigir su mirada hacia Kuvira quien aún sonreía de lado manteniendo los brazos cruzados frente a su pecho, volviendo a mirar al espíritu Korra notó como este se echaba más hacia atrás y chillaba, intentaba llamar su atención, eso era claro.
- Si ese espíritu pudiera hablar creo que te estaría llamando idiota por la falta de percepción que tienes. - Kuvira comentó, Korra no respondió a aquel comentario, sin dudarlo se puso de pie y comenzó a caminar detrás de Sai pero ante su proximidad él se alejaba más y más hasta que la morena se vio forzada a correr.
- ¡Lo siento Iroh! ¡Kuvira cuida de él! - Ordenó y continuó su apresurada carrera a través de las ruinas de las calles de Ba Sing Se hasta que ambos llegaron a las afueras del coliseo.
Desde afuera pudo escuchar al público gritando y celebrando las peleas, Sai permanecía parado bajo el marco de la entrada principal esperando a que ella continuara siguiéndolo pero esta vez los movimientos de la morena se volvieron lentos, un pie frente al otro, parecía que sus articulaciones se encontraran oxidadas, las manos le temblaban, al fin era capaz de sentir con claridad la energía del pequeño espíritu por lo que podía percibir su emoción, no había manera de malinterpretarlo, pero dudaba, no quería entrar al coliseo solo para despertar de un sueño, ya había tenido varios así y la decepción que sentía al abrir los ojos era desgarradora.
Armándose de valor tomó aire y cruzó el portal, los tambos de metal resonaban alrededor, las antorchas iluminaban el recinto, la gente aplaudía y gritaba, el aroma a sudor inundaba el coliseo, entre la emoción de la pelea y el ruido nadie notó a la morena entrando y mezclándose entre todos.
Poco a poco se fue abriendo paso hasta llegar a las filas de enfrente desde dónde pudo ver la jaula, sus ojos se clavaron en los dos peleadores que se enfrentaban haciendo uso de la técnica de los bloqueadores de Chi, el avance era evidente, movimientos rápidos y precisos, los dos iban y venían a toda velocidad dando la impresión de que hubieran dominado aquella técnica casi por completo.
A pesar de todo el ruido que había a su alrededor Korra era incapaz de ignorar el sonido de su propia respiración, gotas de sudor comenzaron a bajarle por la frente, el corazón le latía con fuerza, con su mano derecha fuertemente aferrada a la medalla con el emblema de la familia Sato cerró los ojos con fuerza antes de girar la cabeza hacia el trono, el lugar que ella solía ocupar durante las peleas y el que Kuvira debía estar ocupando pero que ahora era ocupado por alguien más.
Los ojos se le llenaron de lágrimas, no podía creer lo que veía, ahí estaba ella, sentada en todo su esplendor, cabello negro largo y ondulado, ojos de un color verde pálido, piel blanca y labios color carmín, la posición que tomaba sobre el trono reflejaba todo lo que era, lucía intimidante pero elegante y hermosa, sus ojos verdes monitoreaban la pelea prestando atención a cada uno de los movimientos que aquellos hombres efectuaban.
- ¡Bajaste la guardia! - Carmín gritó con voz severa. - ¡Evade y encuentra la apertura! - Volvió a gritar, Korra cerró los ojos y permitió que sus lágrimas cayeran en silencio, una pequeña sonrisa le apareció en los labios, era ella, en verdad estaba ahí y lucía saludable y fuerte.
Sai volvió a chillar logrando llamar la atención de la morena pero ella no fue la única en voltear, esta vez los ojos de Carmín también se dirigieron al espíritu que se revoloteaba en medio de la gente, solo ellas dos podían escucharlo a través del ruido que llenaba el coliseo debido a la conexión que tenían con él.
- Korra... - Asami murmuró poniéndose de pie y el Avatar no dudó en dar un enorme salto para alcanzar el área del trono, de pronto todos se quedaron en silencio, Korra aterrizó frente a Asami con una suave brisa de viento que acarició el cabello de la ojiverde.
- Asami… - Murmuró la morena refugiando a Carmín entre sus brazos y estrechándola con fuerza con la esperanza de que esta vez no fuera a despertar en el medio de la noche envuelta en la soledad de su habitación.
- Estás aquí. – Sus voces se fusionaron en un murmullo casi inaudible.
- Estoy aquí. – Se dijeron en perfecta sincronía mientras cálidas lágrimas comenzaban a caer libremente por sus rostros.
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Estoy aquí
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Volvieron a escuchar en medio de un silencio sepulcral sintiendo como el calor de sus cuerpos se fusionaba para volverse uno solo.
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Gente! Esta vez el capítulo se alargó más de lo que esperaba jajaja.
En fin, espero que lo hayan disfrutado.
También espero me hagan saber que les pareció o que simplemente pasen a saludar, por que créanlo o no, me alegra leerlos.
Un abrazo! Saludos!
