Korra observaba a los aprendices de Mako, ya había muchos capaces de dormir por completo el cuerpo del enemigo y otros tantos que lograban entumecer extremidades, aún tenían un largo camino que recorrer pero sus conocimientos actuales bastaban para que Korra se sintiera más tranquila al saber que los rebeldes de la alianza no se encontraban del todo vulnerables al ataque de un maestro elemental.
El plan para neutralizar a los traidores había dado inicio dos días atrás, se le había dicho a los hombres de confianza de cada líder que comenzaran a esparcir el rumor de que La Guerrera del Sur se encontraba en busca de alguien que pudiera tomar el lugar de líder que Arpón había dejado vacante, bajo la explicación de que era necesario contar con alguien capaz de organizar y administrar a los rebeldes de la alianza que provinieran del Este de los territorios del Antiguo Reino Tierra.
El rumor no había tardado en pasar de boca en boca, pronto toda la alianza estaba al tanto de la búsqueda de un nuevo líder, Korra podía escuchar a los rebeldes cuchicheando a su alrededor durante la hora de la comida y cuándo patrullaba por las calles, todo parecía estar saliendo conforme al plan por lo que la morena se limitaba a esperar a que sus hombres recolectaran los frutos de la trampa que habían puesto.
- ¿Qué piensas? - Mako se acercó con una amplia sonrisa, el sudor le brillaba en la piel y empapaba sus ropas, su tarea de entrenar a los rebeldes no era algo fácil, un entrenamiento exhaustivo que el joven efectuaba día con día sin dar señal de agotamiento y sin perder el impulso que le brindaba la energía necesaria para presionar y empujar a todos sus aprendices hacia un desarrollo más completo de la técnica del bloqueo de Chi.
- Impresionante. - Korra sonrió de vuelta.
- ¿Por qué no te unes a los entrenamientos? - El joven le preguntó.
- Hay muchas cosas que debo atender en estos momentos, no puedo mostrarme ocupada con algo en particular porque los traidores tomarían esa oportunidad para planear algún ataque. - Korra le explicó cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a otra sin retirar la mirada de los aprendices.
- No entiendo. - Mako comenzó a tomar agua de una vieja y arrugada cantimplora de metal que le colgaba de la cintura.
- Si llego a adoptar una rutina ellos comenzarán a idear algo en nuestra contra, por eso es mejor que siga como lo he hecho hasta ahora, un día puedo estar aquí por la mañana, otro día puedo estar patrullando las calles y otro día puedo estar en el coliseo, el punto es que no puedan predecir mis movimientos - La morena explicó, Mako asintió con la cabeza mientras volvía a enroscar la tapadera de la cantimplora.
- Entiendo. - Respondió él. - ¿Y no ayuda que Kuvira y Asami también se encuentren aquí? – Pausó. – Digo ¿No sería demasiado osado intentar iniciar un motín cuando hay tres poderosos capitanes en el barco? - Preguntó de manera espontánea.
- Si. – Korra rió suavemente. - Pero ellas ya siguen una rutina, Kuvira suele asistir a tus entrenamientos de bloqueo de Chi y Asami se encuentra aprendiendo sobre el uso del comunicador. - Korra sonrió de lado enfocando su mirada en Kuvira mientras esta le explicaba ciertos movimientos a Baatar con un rostro que reflejaba toda la seriedad que invertía en aquella explicación.
- Kuvira es una peleadora impresionante. - Mako comentó al seguir la dirección en la que miraban los ojos de la morena.
- Una vez que se le mete algo a la cabeza es difícil hacerla cambiar de parecer. – Korra comentó.
- ¿Crees que sea buena idea dejarla aprender tierra control? - Mako preguntó ganándose la atención de la morena. - Digo, no dudo que se vuelva una excelente maestra tierra, pero con su habilidad puede que se vuelva demasiado buena y... - Decidió cortar sus palabras permitiendo que Korra dedujera lo que quería decir.
- No me traicionaría. - Korra respondió de inmediato.
- ¿Cómo estás tan segura de eso? - Mako preguntó sorprendido, Korra exhalo pesadamente cerrando los ojos y dejando caer su cabeza hacia adelante, las mejillas le hirvieron por un momento ante la primera respuesta que le vino a la mente, aquello era algo que no quería decir pues aunque fuera una respuesta coherente también le parecía inadecuada y demasiado personal para compartir con los demás.
- La conozco bien, he visto cómo ha ido cambiado su manera de actuar, pasa tiempo con todos los líderes asegurándose de que cada sección de la alianza tenga todo lo que les hace falta, incluso pasa tiempo con Suyin y con Asami. - Korra pausó nerviosamente al mencionar a su amada ojiverde y recordar la inconfundible tensión que existía entre ella y Kuvira. - Ha demostrado que su interés está en lograr el bienestar de la alianza rebelde. - Concluyó su explicación sacudiendo la cabeza en un intento de hacer a un lado el pensamiento de que Kuvira guardaba ciertos sentimientos por ella.
- Bueno, en eso tienes razón, ahora que lo dices, Kuvira me recuerda a Asami cuando estaba en el pueblo aprendiendo a ser líder. - Mako concordó.
- Si, ha dejado de tratar a su gente como a un ejército para comenzar a tratarlos como personas. - Korra agregó.
- ¡¿Qué estás viendo Guerrera del Sur?! ¡Si no vas a entrar a pelear conmigo te sugiero que mires a alguien más! - Kuvira gritó abiertamente logrando detonar una sensación de incomodidad e indignación en la joven morena.
- ¡Son mis tierras y puedo mirar a dónde yo quiera! ¡Si quieres pelea te puedo organizar un encuentro en el coliseo contra Carmín o Mako para el siguiente Miércoles! - Korra gruñó de vuelta, Kuvira arrugó las cejas mostrándose determinada a continuar su discusión con la morena pero Baatar comenzó a disuadirla asegurándose de que la ojiverde no lograra avanzar hacia la joven Avatar.
- Se nota que se llevan de maravilla. - Mako se burló con una sonrisa socarrona ganándose un golpe en el hombro por parte de la ojiazul. - ¡Hey! - Se quejó comenzando a masajear el golpe para aliviar un poco el dolor.
- Nos llevamos bien, pero tú no lo entenderías por que hasta el momento no te has permitido entablar una amistad con un rebelde. - Korra disfrazó su reclamo con el mismo tono burlón que el joven había usado en ella.
- No es cierto... yo... - Mako arrugó las cejas y suspiró al no lograr encontrar ningún ejemplo que pudiera darle a la morena para demostrar que lo que decía no era verdad.
- Nos vemos luego. - Korra rió poniéndose de pie.
- ¡Más vale que nos acompañes para la cena! - Kuvira gritó desde su lugar, Korra sonrió mirando a Mako quién exhalo pesadamente con los ojos cerrados al no ser capaz de entender de qué manera funcionaban las amistades entre los rebeldes.
- ¡Ahí estaré! - Korra confirmó con Kuvira antes de continuar su camino.
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- ¡Excelente! Si tan solo pudiéramos abrirlo y replicar la tabla de circuitos que tiene adentro... tal vez podríamos llevar este aparato a otro nivel y mandar mensajes instantáneos ¡¿Imaginan eso?! - Korra escuchó la voz de Varrick a medida que subía las escaleras del edificio y se acercaba al último piso.
- Ni en broma, por el momento no podemos tocar ni un solo tornillo de este aparato, no hasta después de la guerra. - La voz de Asami respondió.
- ¿De verdad creen que puedan mejorar el funcionamiento del aparato? Hemos tenido a diferentes miembros del Loto Blanco que eran bastante buenos con cosas como esta y ninguno de ellos logró mejorar nada. - Iroh intervino en la conversación.
- Probablemente porque ninguno de ellos tiene planeado elaborar una antena que pueda intensificar la señal del aparato para que el mensaje pueda viajar a más velocidad. - La voz de Asami respondió con una sonrisa que la morena era capaz de escuchar y visualizar en su mente.
- Veo que finalmente han comenzado a hablar sobre las posibles mejoras que se le pueden hacer a este aparato. - Dijo Korra al alcanzar el último peldaño de la escalera.
- ¡Hey! - Asami la saludó desde su lugar con una brillante sonrisa que logró llenar el pecho de la morena de un calor familiar que solo sentía al encontrarse alrededor de la ojiverde.
- ¿Qué tal les ha ido el día? - Korra preguntó acercándose a Asami y poniéndose en cuclillas para depositar un suave beso sobre su cabeza, todos los presentes se encontraban sentados sobre el suelo formando un círculo alrededor del transmisor para poder ver la pantalla y aprender los procesos que les eran enseñados por Iroh.
- De maravilla, creo que potenciar la señal del aparato es posible pero necesitaríamos elaborar una antena, lamentablemente no podemos experimentar con estos aparatos, al menos no antes de que termine la guerra porque cabe la posibilidad de que los experimentos puedan llegar a freír los circuitos del transmisor. - Asami explicó.
- Ya después tendremos tiempo para armar antenas y freír circuitos al estilo Sato, no se preocupen, los Sato nunca olvidan este tipo de proyectos. - La morena bromeo, Asami no pudo evitar sonreír pero no dejó pasar la falta de la morena y la empujó suavemente hacia atrás haciéndola perder el equilibrio y caer sentada sobre el suelo.
- ¿Alguna noticia sobre los traidores? - Asami preguntó.
- Nada aún, ya todos en la alianza hablan sobre el tema pero no ha habido movimiento. - Korra respondió volviéndose a acercar a la ojiverde.
- Ya caerán, los rebeldes son demasiado ambiciosos, solo quieren tener grandes ganancias y llegar a puestos de poder. - Aseguró Varrick. - Yo crecí entre ellos, así funciona su mente, no hay manera de que dejen pasar la oportunidad, incluso si existe la posibilidad de una trampa, los traidores creerán que pueden engañarte o atraparte antes de que tú los atrapes a ellos. - Concluyó encogiéndose de hombros.
- Es por eso que Amon cayó, yo le dije que enfrentarse al asentamiento era algo estúpido e innecesario pero él estaba seguro de tener lo necesario para atrapar al Avatar a la fuerza ¡¿Pueden creerlo?! Yo le había propuesto atrapar al Avatar haciendo uso de algún sedante, optar por una misión más elaborada y menos directa, más segura y con mayor probabilidad de éxito. - Varrick renegó. - Pero ellos son así, apresuran todo y piensan poco. - Bufó.
- Como un animal salvaje, pero eso mismo los vuelve impredecibles. - Añadió Iroh.
- Impredecibles en ciertas áreas pero no en la impulsividad, caerán. - Asami apoyó las palabras de Varrick.
- Y si no lo hacen y logran atacar no planeo contenerme y de ninguna manera contendré a Kuvira, no tenemos tiempo para sus tonterías. - Korra decretó con severidad dando a entender que esta vez las circunstancias no le permitirían cuidar de su enemigo.
- Los detendremos antes de que debamos llegar a eso. - Asami intentó aliviar la tensión de los hombros de la morena, Korra la miró y le sonrió para luego despedirse y continuar con su recorrido para verse con Tenzin y después con Suyin, los responsables de la agricultura y de la recepción de los miembros del Loto Blanco respectivamente.
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Al caer el sol todos se dirigieron hacia los comedores, Korra y Asami aparecieron un par de minutos después que el resto pero no batallaron para encontrar una mesa disponible pues Kuvira ya les tenía reservado el lugar.
En la mesa se encontraban Mako, Bolin, Desna, Kuvira, Baatar, Guila y El Monte, los ocho recibieron cálidamente a la pareja de chicas mientras estas tomaban asiento y esperaban a que la comida les fuera servida.
- ¿En dónde estaban? - Preguntó Kuvira con irritación. - Deberían haber llegado veinte minutos antes. - Reclamó, Asami arrugó las cejas y Korra exhalo pesadamente.
- La cena se sirve de seis a ocho, son las siete, estamos más que a tiempo. - Asami respondió con seriedad, las dos mujeres de ojos verdes y cabello negro se miraron con severidad de manera que nadie en la mesa fue capaz de ignorarlo, incluso Bolin fue forzado a soltar el trozo de pan que se encontraba a punto de morder.
- En fin, ¿Hay noticias? - Korra interrumpió el silencio, la morena se encontraba sentada entre ambas chicas así que podía sentir con más claridad que nadie la usual tensión que solía existir entre ellas.
- ¡Sí! Si las hay. - Guila se apresuró a responder mostrándose agradecido por la oportunidad de comenzar a hablar de algo y desviar la atención de la mesa hacia otro tema que no fuera el descontento entre Kuvira y Carmín.
- Es por eso que les reclamé la hora de llegada, hay cosas que discutir y ustedes andan por ahí perdiendo el tiempo. - Kuvira bufó para luego llevarse una cucharada de sopa a la boca.
- A penas y pasan tiempo juntas durante el día, andan todo el día de un lado a otro, no tiene nada de malo que se tomen unos minutos en pareja. - El Monte respondió con tono sereno pero su comentario enfureció a Kuvira a quién le resultó físicamente imposible juntar sus cejas más de lo que ya las había juntado, con la nariz y la frente arrugadas hacía evidente su descontento sin importarle que los demás pudieran notarlo.
- Pasan la noche entera juntas, cerca de diez horas, casi la mitad de un día a solas, me parece más que suficiente, estamos en peligro de enfrentarnos a una guerra fatal, no hay tiempo para sentimentalismos. - Kuvira se quejó con palabras apresuradas pero fuertes y claramente pronunciadas.
Asami sonrió de lado mientras posaba su mirada sobre Kuvira, las dos volvieron a cruzar sus miradas, Kuvira apretó la mandíbula y Asami se encogió de hombros en una conversación silenciosa que solo ellas podían interpretar, Korra exhalo pesadamente notando la manera en que el resto de los presentes las observaban con ojos sorprendidos y la mandíbula ligeramente abierta.
- Suficiente, lo que yo haga o no haga con Carmín es cosa mía, una cosa si les puedo asegurar y eso es que ni ella ni yo andamos por ahí dejando todo de lado con tal de estar juntas, el bienestar de la alianza y de los pueblos que protegemos viene primero ¿Entendido? - Korra aclaró dirigiéndole una mirada dura a Kuvira.
- Y aún así sigues perdiendo el tiempo hablando de eso en vez de tratar el tema en cuestión. - Kuvira lazó aquel último comentario sabiendo que la morena terminaría por exasperarse más con ella, ni ella misma estaba segura del propósito que solía tener al actuar de aquella manera pero era algo que disfrutaba hacer y no podía evitar.
- ¡Bien! Lo mismo opino, suficiente ¿Qué noticias me tienen? - Korra gruñó volviendo su mirada a Desna quién era el único en la mesa que había vuelto a concentrarse en su comida, el joven sintió la mirada de la morena pero decidió no conectar con sus ojos al saber que la situación en la que se encontraba atrapada era algo demasiado personal para que ninguno de los presentes pudiera intervenir o ayudarla de alguna forma.
- Pues la alianza ha comenzado a buscar al posible suplente de Arpón y encontramos que hay tres divisiones. - Respondió Gila.
- ¿Quienes? - Korra preguntó haciéndose hacia un lado para permitir que una de las chicas del comedor se acercara y posara sus platos sobre la mesa. - Gracias. - Ella y Asami dijeron a la vez mientras la joven se retiraba.
- Pues tenemos tres nombres. - Intervino El Monte. - Los tres eran fieles seguidores de Arpón y tienen fama entre los rebeldes del Este. - Pausó dando una gran mordida al pan que sostenía en su mano derecha antes de continuar su discurso sin importarle que sus palabras sonaran distorsionadas por la comida que guardaba en el interior de su mejilla al hablar.
- Raya, una mujer de cuarenta años, es grande y ruda, piel blanca, cabello rubio pero suele llevar la cabeza rapada, una marinera excelente y letal si se le facilita un sable...
- La recuerdo del coliseo. - Korra lo interrumpió.
- Si, ella. - El Monte continuó. - El otro es Gato, al igual que Arpón él es más del tipo estratégico, delgado, moreno y alto, cabello rizado, corto y desordenado... - Suspiró. - A ese no creo que lo hayas visto porque él era quién se encargaba de continuar el negocio en el mar mientras Arpón permanecía aquí. - Le explicó a la morena.
- Ya ¿Y el tercero? - Korra preguntó.
- Buque. - El Monte volvió a interrumpir su conversación pero esta vez para tragar el bocado que ya había masticado lo suficiente. - Uno de los tres hijos que tuvo Arpón, el apodo le viene de su tamaño y complexión, a decir verdad dudo que el hombre sea hijo de Arpón porque a excepción del color de ojos los dos no se parecen en nada. - El Monte se burló abiertamente y Gila rió con él.
- Es un hombre fuerte e intimidante, dicen que es un peleador excepcional, solía acompañar a Arpón a todas sus expediciones y era él quien dirigía a los rebeldes al momento de planear sus ataques, es ampliamente respetado por su gente a pesar de que nunca quiso participar en el coliseo. - El Monte concluyó.
- ¿Qué hay de los otros hijos de Arpón? - Kuvira preguntó.
- Muertos. - Desna respondió encogiéndose de hombros. - Dicen que murieron al enfrentarse a terribles tormentas encontrándose en el medio del mar. - Completó su respuesta.
- Idiotas. - Se burló Baatar.
- Aún no entiendo el plan ¿De qué manera nos ayudará que estas personas sean elegidas como líderes? - Preguntó Mako.
- Que uno de ellos podría ser enviado por los traidores con la misión de infiltrarse para lograr quitarle el poder a Korra o incluso planear su asesinato. - Kuvira respondió.
- ¿Y cómo es que piensan descubrirlos? - Mako continuó preguntando y Kuvira reaccionó rodando los ojos.
- Elegir a los candidatos es la primera parte del plan, luego los citaremos y les propondremos un trato para poder quedarse con el puesto. - Kuvira dijo con brevedad. - Creo que deberíamos darles un día más para ver si proponen a alguien más. - Expuso su principal interés.
- Sí, estoy de acuerdo. - Asami la respaldo.
- Bien, un día más y después los citan en mi oficina. - Korra ordenó.
- ¡Y mira que comen rápido! Hagan espacio. - Apareció Alfa con un amplio plato lleno de arroz y verduras frescas. - ¿Ya repartieron las buenas nuevas? - Preguntó tomando asiento entre Baatar y Kuvira, Kuvira no le prestó importancia pero Baatar no paraba de refunfuñar en su lugar sin ser notado por la enorme mujer que se interponía entre él y Kuvira.
- ¿Y por qué es que a ella no le dices nada por llegar tarde? - Korra señaló con tono divertido, Kuvira rodó los ojos y Asami rió por lo bajo.
- ¿Era una junta oficial? A mí me dijeron que era una reunión casual, de cualquier manera, lamento la demora. - Alfa se disculpó por cortesía haciendo obvio que no se sentía realmente preocupada al comenzar a comer con una enorme sonrisa en el rostro.
- No lo era. - Korra concordó con ella alzando una ceja y mirando a Kuvira quién ahora mostraba una pequeña sonrisa socarrona.
- ¿Y tenías que sentarte precisamente aquí? - Baatar se armó de valor para cuestionar a la líder del suroeste.
- ¿Algún problema Baatar? - La mujer lo miró con severidad.
- Ese era mi lugar. - Baatar señaló.
- ¿Te incomoda que me siente aquí? - Alfa se dirigió a Kuvira quién la miró y luego miró a Baatar para finalmente volver a mirar a Alfa haciendo un pequeño movimiento de cabeza que respaldaba sus palabras.
- No, adelante. - Dijo volviendo a mirar su plato de comida que ya se encontraba casi vacío.
- Mako... - Bolin le murmuró a su hermano.
- ¿Hm? - Mako lo miró por el rabillo del ojo esperando a que continuara hablando.
- ¿Qué está pasando entre esos cuatro? - Bolin indicó con la mirada señalando a Korra, Asami, Kuvira y Baatar, Mako exhalo lentamente comenzando a negar con la cabeza.
- No lo sé, no entiendo nada. - Murmuró de vuelta.
- ¿De verdad tienen la mente tan densa? - Desna les dijo con la voz bañada en su característica falta de emociones. - Es obvio, problemas románticos en todas direcciones. - Desna aclaró, Bolin permaneció silencioso por un momento mientras Mako observaba la dinámica que había entre aquellas cuatro personas intentando encajar las piezas de los hechos de manera que tuvieran sentido para él.
- ¿A Alfa le gusta Baatar? - Bolin preguntó sorprendido haciendo que Desna se diera una palmada en la frente y Mako rodara los ojos con un ademán exagerado.
- Intenté ayudarlos pero esto es imposible. - Desna se quejó y a su conversación se unió Gila con una pequeña carcajada.
- Muchachos, les falta experiencia en esto. - Se burló.
- ¿Pasa algo? - Korra les preguntó, los cuatro guardaron silencio de inmediato y negaron con la cabeza.
- Nada. - Mako respondió.
- ¿En serio? Por un momento me pareció que estabas socializando con Gila. - Korra comentó con tono burlón.
- ¡No tengo ningún problema con los rebeldes! - Mako se quejó y los presentes rieron.
- No sabes qué alivio me trae escuchar eso muchacho porque eres duro como la roca durante los entrenamientos. - Alfa comentó agregando más risas a la mesa.
- Es una lástima, me agradaba la idea de que fueras un entrenador despiadado motivado por el odio. - Kuvira bromeó volviendo a hacer que todos rieran a excepción de Baatar quién permanecía en silencio observando la inusual felicidad que se reflejaba en la mirada de Kuvira al convivir con el grupo, verla así lo llevaba a pensar y no podía evitar preguntarse si ella se estaba volviendo más fuerte, o tal vez, más vulnerable.
/*/*/*/
El plazo se había cumplido y no hubo más seleccionados para presentarse como candidatos para el puesto del líder del Este por lo cual los gladiadores de Korra se encargaron de citar a Raya, Gato y a Buque en la oficina de la Guerrera del Sur.
Los tres permanecieron tranquilos mientras esperaban a que Korra, Kuvira y Carmín aparecieran. El trío se conocía entre sí al ser viejos camaradas de las tripulaciones de Arpón, prácticamente habían crecido juntos y ahora se presentaban para suplantar a Arpón en el puesto que había desperdiciado en lo que prometía ser el futuro de los grupos rebeldes.
- ¿En dónde están? – Raya preguntó con impaciencia.
- ¿De verdad piensas apresurar a la Guerrera del Sur? – Verdugo respondió con tono severo y poco tolerante.
- No, solo quisiera saber el propósito de citarnos a cierta hora cuándo la junta en realidad dará inicio a otra hora completamente diferente. - Argumentó con cautela.
- ¿Quién está hablando de cambiar la hora de la junta? - Kuvira apareció seguida por Asami y al final Korra, las tres entraron a la sala, Korra le agradeció a sus guardias dándoles una señal que les indicaba que era momento de abandonar la sala, los tres hombres y dos mujeres asintieron con la cabeza y salieron en silencio cerrando la puerta detrás de ellos.
- ¿No pueden esperar quince minutos? - Kuvira interrogó con severidad. - Tenemos un horario ajustado, espero puedan entender eso porque pronto uno de ustedes también tendrán que lidiar con el mismo problema. - Concluyó tomando asiento frente a Raya mientras que Korra y Asami se sentaron enfrente de Buque y Gato respectivamente.
- Me supongo que saben a qué se debe esta reunión ¿Cierto? - Korra alzó la voz repasando los rostros de los candidatos uno por uno a medida que evaluaba sus reacciones.
- La alianza dice que se busca un nuevo líder que ocupe el lugar de Arpón. - Respondió Gato con un tono tranquilo y nada forzado.
- Así es, necesitamos a un nuevo líder que nos ayude a lidiar con la gente del Este. - Kuvira confirmó sus palabras. - Pero hay un problema. - Agregó.
- La alianza no confía en los rebeldes del Este por culpa de la patética demostración que Arpón hizo cuándo la Guerrera del Sur nos confió su secreto. - Respondió Buque mirando directo a los ojos azules de la morena.
- Precisamente. – Kuvira volvió a confirmar.
- Pero no todos los rebeldes del Este son traidores y no todos los traidores son del Este. - Aclaró Asami.
- No. - Concordó Buque casi de inmediato.
- ¿Qué saben sobre los rumores que dicen que Arpón y Aiwei están uniendo fuerzas para derrocar a la Guerrera del Sur? - Preguntó Kuvira.
- Mentiras, ellos no tienen lo que se necesita. - Comentó Raya con tono burlón. - Un par de viejos ofendidos, no tienen las fuerzas necesarias. - Explicó su punto de vista.
- Pero tienen seguidores, contactos, los dos ocuparon puestos importantes dentro de distintos grupos rebeldes. - Intervino Gato. - Se dice que lograron contactar con el Loto Rojo y que planean aliarse para facilitar la caída de la Guerrera del Sur y sus seguidores. - Expuso más detalles de los rumores que las líderes ya conocían a la perfección gracias a la fidelidad de la mayoría de los miembros de la alianza.
- ¿Ustedes conocen a gente que se identifique con los traidores? - Korra preguntó directamente esperando obtener una reacción física de cualquiera de ellos en busca de la más mínima señal que le sugiriera que pudieran intentar mentirle.
- Si. - Los tres confesaron al mismo tiempo lo qué logró sorprender a las líderes.
- Debo admitir que esperaba que todos negaran esa pregunta. - Kuvira sonrió de lado.
- No tiene caso, es verdad que muchos de los traidores pertenecen al grupo de arpón y nosotros estamos estrechamente vinculados con todos ellos, es lógico que conozcamos a uno o dos traidores. - Gato explicó su respuesta.
- El problema no es saber quién está en contra de Korra si no quién está dispuesto a hacer algo para lastimarla, de nada nos sirve atrapar a uno o dos, los queremos a todos. - Asami les dijo revelando el verdadero propósito de la junta.
- Los quieren a todos. - Buque repitió mostrándose un tanto irritado por la situación. - Quieren que nosotros los entreguemos. - Dedujo y Korra asintió con la cabeza.
- Le daremos el puesto a cualquiera que logre identificar y entregar al grupo de traidores que se encuentra planeando algo en mi contra. - Korra completó.
- Así que era eso. - Raya rió mostrándose entretenida con la situación. - Será pan comido. - Aseguró.
- Pero no todos los traidores pertenecen al Este. - Objetó Gato.
- El objetivo es que los entreguen a todos, del Este o de cualquier otro grupo. - Kuvira les aclaró para borrar cualquier duda que pudiera existir.
- Nos quieren utilizar por la relación que tenemos con Arpón y sus seguidores. - Raya volvió a mencionar con una amplia sonrisa en el rostro.
- A cambio obtendrán el lugar de Arpón como líder de los rebeldes del Este. - Asami les recordó.
- ¿De verdad esperan que entregue a mi padre? - Buque lanzó la pregunta al aire sin quitarle la mirada de encima a la morena.
- Tal vez quieras restablecer el honor de los rebeldes del Este después del patético espectáculo que tu padre montó aquel día. - Korra le habló con frialdad.
- Aunque quisiera no podría ayudarlos, desde aquel día Aiwei y mi padre desaparecieron en el desierto, sería mejor que le pidieran ayuda a Gila y a sus hombres para que salgan a buscarlos. - Buque sugirió.
- No, es tal como Raya dijo al inicio, ellos ya están viejos y no son fuertes, no importan, importa la gente que los sigue y que planea ayudarlos a conseguir su objetivo. - Kuvira respondió.
- A mi no me interesa el puesto de líder, he venido porque me han citado pero eso es todo. - Buque bufó.
- ¿De verdad Buque? Deberías considerarlo. - Propuso Gato.
- Ya te dije que no me agrada ser llamado así. - El hombre resopló poniéndose de pie. - Es cosa del pasado, ahora si me disculpan quisiera retirarme. - La mirada de Buque volvió a enfocarse sobre la morena quién asintió con la cabeza otorgándole el permiso de retirarse.
- Como si ser el hijo de Arpón no bastara para hacerlo sospechoso de traición el hombre decide marcharse en cuanto se le propone atrapar a los traidores. - Raya se burló en el mismo instante en el que se cerró la puerta detrás de su compañero.
- El siempre ha sido así. - Gato se disculpó por él.
- Entonces solo quedan dos ¿Ustedes que dicen? ¿Aceptarán la propuesta? - Kuvira preguntó con un tono de voz estrictamente profesional y una mirada impenetrable.
- Si. - Los dos asintieron con la cabeza.
- Un verdadero rebelde nunca rechaza la oportunidad de obtener poder o riqueza. - Comentó Raya, Gato por su parte permaneció en silencio sintiéndose intimidado por la presencia de las tres líderes en la sala.
- Entonces comiencen a juntar información, si logran encontrar algo solo tienen que comunicarlo a los campeones de Korra. - Asami dio la última instrucción y todos se pusieron de pie.
Korra y Kuvira observaron mientras Carmín encaminaba a los rebeldes a la salida, las tres se miraron entre sí en el momento en que la puerta se cerró, Korra fue la primera en liberar un profundo suspiro que comenzó a deshacer la dureza y la frialdad que la Guerrera del Sur solía portar en su mirada.
- ¿Que piensan de Buque? - Preguntó, Asami y Kuvira cruzaron miradas antes de negar con la cabeza y encogerse de hombros.
- Dependiendo de cómo lo veas los tres podrían ser sospechosos. - Asami exhalo pesadamente.
- Y los tres tienen personalidades muy distintas. - Kuvira hizo la observación volviendo a tomar asiento en su lugar.
- Bastante. - Korra concordó. – Ahora solo nos queda observarlos y esperar a que sus acciones nos otorguen pistas que nos puedan ayudar a encontrar a los traidores. - Razonó en voz alta, Asami y Kuvira asintieron con la cabeza sin comentar nada más.
- Tampoco hay que olvidar a Buque, no podemos perderlo de vista. - Korra señaló.
- Estoy de acuerdo. - Kuvira compartió su opinión.
Las tres acordaron advertir a los gladiadores y a los mismos hombres que las habían ayudado a vigilar las calles de la alianza para recolectar los rumores que se compartían entre todos, esta vez la misión de estas personas sería vigilar exclusivamente a los tres candidatos con la esperanza de que esto les pudiera otorgar alguna pista sobre el paradero y los planes de Aiwei y Arpón.
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- Será un honor tatuar a la hermosa Carmín. - La mujer caminaba de un lado al otro de la habitación preparando los instrumentos y la tinta que necesitaría para trabajar. - En aquel entonces no pensé que aquella novata fura a convertirse en una persona tan importante, el hecho de que mis tatuajes sean mostrados durante tus peleas me han traído mucha popularidad y riqueza. - Continuó platicando sin dejar de enfocar su concentración en los materiales que pronto comenzaría a utilizar.
- Bumi fue quien me recomendó acudir a ti para cualquier tatuaje que pudiera querer. - Korra le dijo con una cálida sonrisa en el rostro.
- Si, a él también le realicé algunos trabajos. - La mujer confirmó.
- Y ahora tendré el privilegio de trabajar sobre la envidiable piel de Carmín. - Kalank volvió a alagar a la joven de ojos verdes quién ya reposaba boca abajo sobre el suelo con la espalda completamente descubierta.
De tez ligeramente bronceada Kalank era una mujer delgada de alta estatura, llevaba la mitad de la cabeza rapada mientras que el resto de su negra cabellera le caía sobre los hombros en forma de rastas, casi toda la superficie de su piel se encontraba marcada por tatuajes en tinta estrictamente negra, la mujer también mostraba numerosas perforaciones en el rostro, cejas, labios, oídos y nariz, eran estos accesorios y las marcas sobre su piel las que la ayudaban a mantener la apariencia que necesitaba para vivir entre los rebeldes pues sin ellas Kalank se rebajaría a ser una mujer delgada y de rostro hermoso con unos ojos misteriosamente obscuros, sus rasgos naturales la habrían marcado como un objeto de valor que los hombres del antiguo mundo rebelde habrían querido poseer a toda costa.
- Espero soportar el dolor y no terminar arruinando el prestigio que he logrado construir al llorar de dolor. - Asami bromeó, Kalank y Korra rieron suavemente.
- En esta guarida de roca es difícil que alguien llegue a escuchar nada. - Kalank remarcó. - Bueno, eso en caso de que en verdad llegues a gritar. - Agregó.
Las tres se encontraban resguardadas en el interior de la guarida de la Guerrara del Sur, la morena había decidido que lo mejor sería que Asami fuera tatuada en ese lugar en vez de en el interior del establecimiento de Kalank ya que consideraba que Asami se sentiría más cómoda y menos presionada de esa manera.
- No prometo nada, nunca he pasado por algo similar. - Asami respondió.
- Ah, pero te vi recibir una daga que la misma Guerrera del Sur se encargó de insertar en tu cuerpo. - Kalank señaló haciendo a Asami reír y a Korra agachar la cabeza pues sin importar las condiciones bajo las cuales se hubiera dado aquel acontecimiento, apuñalar a su novia era algo que jamás podría ver como un recuerdo grato, positivo o neutral, siempre le traería una sensación de vergüenza y arrepentimiento.
- A decir verdad, hay cosas que veo en el coliseo que me dificultan imaginar el nivel de dolor que ustedes deben de soportar al enfrentarse a ciertas heridas y golpes. - Kalank arrugó la nariz ante los distintos recuerdos que alcanzaban su mente representando los ejemplos de las peleas a las que se refería.
- La adrenalina no te deja sentir nada. - Asami se adelanto a responder.
- Esto es más o menos parecido. - Kalank le aseguró.
Al tener todo listo la mujer comenzó a analizar la idea que Carmín tenía para los tatuajes que deseaba hacerse y comenzó a diseñar los símbolos que le habían sido pedidos trazándolos con un pincel y tinta sobre su lienzo.
Kalank observó cada detalle de la piel de Asami, su espalda era completamente blanca y suave al tacto, había un par de cicatrices de cortes que había adquirido durante las peleas en el coliseo y una marca de quemadura en uno de sus hombros pero sin duda aquella mujer era muy diferente a las personas que Kalank estaba acostumbrada a recibir en su negocio, Carmín no olía a sudor y a suciedad, ella no estaba ahí con la intención de ganar marcas que la hicieran lucir intimidante porque ya ocupaba una posición importante en la sociedad, ella estaba ahí por el interés en el arte y el significado que un tatuaje reflejaba.
- Voy a iniciar, si te duele demasiado házmelo saber para poder darte un descanso. - Kalank advirtió.
El sudor recubrió la frente de la ojiverde quién en ocasiones cerraba sus puños con fuerza y apretaba la mandíbula para resistir las hondas de dolor que se extendían desde su espalda hasta el resto de su cuerpo, su posición actual le impedía ver o hacer cosas que le ayudaran a distraerse así que se limitaba a mantener los ojos cerrados y concentrar sus pensamientos en algo más que no fuera el dolor.
- ¿Qué tal? - Kalank preguntó.
- Las heridas en el coliseo se hacen en un segundo, esto es más tardado. - Asami resopló y Korra rió entretenida.
- ¿Pero qué hay de la recuperación de esas heridas? Me imagino que han de ser un martirio. - Kalank teorizó, Asami suspiró exhalando lentamente sin dejar de lado la pregunta de la tatuadora.
- Ahora que ya nada de esto es secreto... - Inició dirigiéndole una mirada traviesa a la morena quién se encontraba sentada a su lado observando atentamente el proceso del tatuaje. - Vivir con el Avatar tiene múltiples ventajas. - Confesó. - Los maestros agua pueden desarrollar la capacidad de sanar y es una habilidad increíble, pueden aliviar muchas de las molestias que vienen con la recuperación de una herida. - Explicó permitiendo que Kalank conociera más sobre, el hasta entonces, desconocido mundo de los maestros elementales.
- Ah, eso es algo que desconocía. - Kalank miró a Korra con una sonrisa que demostraba el genuino interés que aquel tema despertaba en ella.
La sesión duró cerca de tres horas, las herramientas de Kalank eran rusticas, un mango de madera que llevaba sujetas las agujas de metal que sumergía en la tinta y que luego comenzaba a incrustar en la piel, estirando la piel con una mano y dando pequeños golpeteos con su mano libre repitiendo el proceso una y otra vez hasta que la tinta marcaba la piel de la manera deseada.
- Eso sería todo por mi parte, te daría consejos de como lavar y curar el tatuaje pero me imagino que los cuidados de un maestro agua bastarán. - Kalank se despidió cargando con ella el maletín dentro del cual guardaba sus instrumentos.
- Gracias. - Se despidieron las líderes.
- Nunca pensé que de verdad llegarías a hacerlo. - Korra miró a Asami de lado, la ojiverde sonrió y se encogió de hombros. - ¿Y por qué no? - Preguntó con curiosidad.
- No lo sé, tal vez porque es algo muy relacionado con los rebeldes, un proceso doloroso que la gente de los asentamientos ve como una especie de tortura poco atractiva. - Korra comenzó a listar los posibles motivos que Asami tendría para rechazar semejante acción.
- Tal vez llegué a pensar así cuándo era más joven. - Asami suspiró, las dos permanecían de pie bajo el marco de la puerta de su guarida observando la manera en el que la luz naranja del atardecer bañaba las ruinas de la ciudad.
- ¿Vivir con los rebeldes te hizo cambiar de parecer? - Korra sonrió.
- No. - Asami rió suavemente.
- ¿Entonces? - Korra no pudo evitar sonreír al ver a Asami divertirse con los pensamientos que le pasaban por la mente en esos momentos.
- Entonces mi novia apareció después de tres años con tatuajes en el cuerpo y no pude evitar pensar que lucían sumamente atractivos sobre su piel. - La ojiverde se cubrió los ojos con la mano derecha en un intento por ocultar el rubor que se le había formado sobre las mejillas, Korra guardó silencio por un momento y luego echó a reír.
- ¿Solo eso hizo falta? – Se burló a manera de juego a lo que Asami reaccionó empujándola suavemente con el codo.
- Eso me hizo cambiar de idea pero luego vine aquí y entonces conocí a los rebeldes y sus costumbres lo que me llevó a pensar que los tatuajes pueden llegar a ser mucho más que solo marcas en el cuerpo, tú misma portas el símbolo de los elementos en tu espalda y es algo permanente, algo que te acompañará hasta el día de tu muerte. - La pelinegra suspiró. - Al salir de la neblina decidí que quería algo así, marcas que contaran parte de mi historia. - Concluyó.
- Solo tú podrías hacer que las marcas de tinta que los rebeldes llevamos en la piel suenen tan inspiradoras. - Korra señaló sorprendida y un poco en broma, Asami sonrió de lado y rodó los ojos.
Los últimos rayos de sol comenzaban a desaparecer, se acercaba la noche y correspondía atender a un evento en el coliseo en dónde Asami supervisaría los combates entre los aprendices del bloqueo de Chi y los aprendices de las armas eléctricas por lo que las dos debían comenzar a alistarse para la noche.
Gracias a los constantes entrenamientos y el entusiasmo de los gladiadores, la población en general apoyaba los combates en el coliseo que incluían estas técnicas y artefactos, eran peleas diferentes pero eso no las volvía menos entretenidas, algunas personas disfrutaban más de estas peleas que de las que habían tenido antes de que se iniciaran todos los entrenamientos para la guerra porque disfrutaban viendo el control que los peleadores comenzaban a mostrar sobre los movimientos que utilizaban sobre sus enemigos.
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Dos semanas luego de haber plantado la trampa para Arpón y de haber instalado el comunicador del Loto Blanco, todo marchaba con sorprendente serenidad y estabilidad lo que les brindaba a todos una extraña sensación de seguridad superficial pues en el fondo de sus mentes les resultaba imposible olvidar el peligro que la posibilidad de la guerra suponía para sus vidas.
Hiroshi había reportado que ya habían establecido el contacto abierto con las tierras frías del Norte y del Sur, Eska, Tonraq y Hiroshi habían estado discutiendo la cantidad de personas que apoyarían durante la guerra y el tipo de entrenamiento que recibirían, Asami les había informado de la decisión de enviar a Kuvira y otros rebeldes a iniciar el entrenamiento con los espíritus y ahora todos intentaban determinar la fecha para que todos se reunieran en el pueblo de Hiroshi.
Los espías que tenían en la alianza habían estado observando a Buque, Gato y a Raya, de los tres Buque era el que mostraba una rutina más normal, lo cual era de esperarse pues el hombre se había negado a participar en la propuesta de las líderes.
Por la mañana Buque iniciaba el día a las siete, asistía al desayuno en dónde convivía con algunos rebeldes del Este pero también con rebeldes de otros grupos, luego del desayuno apoyaba con la recolección de materiales en las ruinas de la ciudad, durante la tarde acudía a los entrenamientos de Mako, al terminar de entrenar el hombre cenaba y volvía a casa a dormir. Las personas con las que solía reunirse no eran rebeldes destacados, tampoco tenían un historial que los delatara como posibles traidores por lo que no despertaba mucha sospecha.
Por otro lado Raya se mostraba como la candidata más activa, solía iniciar sus días a las siete, se reunía con otros miembros de la alianza a la hora del desayuno que la ayudaban a interrogar a distintas personas a lo largo del transcurso de las horas de comida, durante la tarde continuaba sus interrogatorios e investigaciones en los distintos grupos de la alianza, al final del día mandaba un reporte con la información que había obtenido y los gladiadores de Korra llevaban el reporte a la morena.
Los contactos de Raya tampoco eran personalidades importantes o rebeldes que tuvieran registro de haber reaccionado negativamente cuándo Korra confesó su identidad de Avatar, nada que llamara especialmente la atención, sin embargo sus reportes diarios daban mucho que pensar.
Sus reportes levantaban sospechas sobre Buque y la gente que frecuentaba, explicaban rumores que la gente tenía sobre los traidores y la manera en que estos se mantenían en contacto con Buque.
Por su parte Gato tenía una rutina diferente, él iniciaba su día a las ocho, desayunaba solo y por las tardes asistía a las lecciones de Tenzin para aprender sobre el cuidado y cultivo de las plantas. Gato no realizaba sus investigaciones interactuando directamente con la gente, el había decidido dejar todo en manos de tres de sus hombres más confiables y eran estos tres quienes juntaban la información a lo largo del día mientras Gato continuaba con su rutina diaria y se limitaba a entregar personalmente los reportes que recibía a los gladiadores de la morena.
Los reportes de Gato no eran tan completos ni contenían tanta información como los de Raya pero había cierta peculiaridad que llamaba la atención de las líderes y esa era que, los reportes que Gato entregaba también señalaban en la dirección de Buque.
- Es obvio que el hombre está implicado en algo. - Kuvira resopló.
- Pero lo hemos tenido bajo constante vigilancia y no hay pruebas de nada, lo vigilamos a él y a sus hombres y no hay nada, no hay nada en su casa ni en las de sus seguidores. - Carmín objetó.
- De acuerdo a lo que Raya entregó, todo se maneja a través de mensajes codificados, usan claves en sus conversaciones para transmitir ciertos mensajes.
- Pues si "El guisado de hoy me supo a lagartija ahumada" es un código, me temo que Buque y sus hombres son unos genios, el guisado si sabía a lagartija ahumada el día de ayer pero no la incluía, si yo o cualquiera los llegara a escuchar no sospecharía nada. - Alfa comentó sarcásticamente.
- Tenemos registro de todas sus conversaciones y ninguna parece estar elaborada para transmitir ningún mensaje. - Guila resopló.
- Es extraño, pero tanto Gato como Raya apuntan en la misma dirección, los detalles no vienen con ejemplos pero es claro que Buque está implicado en algo. - El Monte se encogió de hombros.
- Deberíamos detenerlo. - Kuvira propuso.
- No. - Korra alzó la voz y todos volvieron a caer en el silencio.
- Aún es muy pronto, si el enemigo nos ha puesto una trampa no quiero apresurarme a caer en ella, sigan espiando y trayendo información, necesitamos más tiempo. - Korra ordenó y todos asintieron con la cabeza sin objetar, Kuvira era la persona que se mostraba más preocupada por la situación pero optó por no decir nada hasta que el resto de los líderes abandonaran la oficina.
- ¿Esperar más? No sabemos cuánto tiempo tenemos en nuestras manos Korra, Hiroshi empezará a reclutar a los del Norte y el Sur, los entrenamientos iniciarán pronto y no planeo irme de aquí sin haber resuelto esto. - Kuvira expuso el motivo principal de su preocupación.
- No tienes porque quedarte, podemos mantenernos en comunicación, estoy segura de que puedo mantener el orden por mí misma. - Korra arrugó la frente y el puente de la nariz liberando un profundo suspiro.
- No es por ofenderte ¿Pero tendrás lo que hace falta para imponer el orden? - Kuvira miró a Korra directo a los ojos, la morena le mantuvo la mirada sin mostrarse nerviosa, la otra persona que permanecía dentro de la oficina se limitó a observar pues sabía que aquel era un tema en el cual ella no podía ni debía intervenir.
- Si empiezan una rebelión la única opción para ellos será la ejecución, no podemos tener prisioneros, o mueren en nuestras manos o mueren en el desierto, pero morirán, creemos que son cerca de doscientas personas ¿Crees estar lista para eso? - Kuvira preguntó alzando la voz.
- ¡Lo sé! - Korra gruñó. - No pienso acobardarme, soy la Guerrera del Sur, castigaré severamente a aquellos que se atrevan a levantar su puño en mi contra. - Respondió.
- Korra... - Kuvira murmuró bajando la mirada. - La Guerrera del Sur fue la persona que prohibió las matanzas dentro del coliseo. - Pausó al tomar una gran bocanada de aire. - Yo tampoco consentía las matanzas en el coliseo pero fui conocida por liderar varias cacerías en contra del Loto Blanco, maté y torturé a varios de ellos y la gente lo sabe. - Miró los ojos de la morena detenidamente en espera de una reacción pero Korra se mostraba firme como una pared de concreto.
- El camino que he forjado hasta el día de hoy ha sido siguiendo mis propios instintos, La Guerrera del Sur es temida, respetada y admirada por muchos. - Korra se puso de pie. - Cada paso que he dado ha sido en base a decisiones que he tenido que pensar detenidamente antes de hacerlas. - Suspiró. - No pienso retractarme, si la alianza está en peligro tomaré la decisión que garantice la seguridad de mi gente. - Concluyó. - No quiero que te preocupes por eso, si el tiempo de partir llega, por favor no dudes en seguir a Suyin y a los demás. - Korra pronunció antes de encaminarse a la salida de la oficina y azotar la puerta detrás de ella.
- Tener miedo a perderla no te llevará a ningún lado. - Asami alzó la voz cortando el silencio que se había apoderado de la oficina.
- ¿A perderla a ella? - Kuvira murmuró manteniendo la mirada fija sobre la puerta por el que la morena se había marchado. - Tengo miedo a perder la alianza. - Intentó alzar la voz pero su tono se mantenía suave y especialmente vulnerable.
- No podemos detenerla, solo queda apoyarla. - Asami le aconsejó ignorando la respuesta que había recibido.
- Es fácil para ti decirlo, tú te quedarás aquí con ella. - Kuvira gruñó volteando su cabeza en dirección a la ojiverde quién ya tenía la mirada fija sobre ella.
- Entonces vete tranquila sabiendo que estaré aquí asegurándome de que Korra no sea la líder que caiga durante una posible rebelión, si alguien tiene que caer seré yo, cualquiera que quiera tocar a Korra primero tendrá que pasar por mí. - Asami decretó, Kuvira la miró y bufó.
- ¡No eres diferente a ella! Van a necesitar a alguien que no tenga miedo a ensuciarse las manos. - La rebelde intentó aclarar su punto de vista.
- Solo he matado a una persona en mi vida y lo hice por Korra, lo hice antes de que nuestra relación evolucionara a ser lo que es hoy. - Asami respondió severamente y suspiró bajando la mirada para contemplar la palma de su mano derecha, la misma en la que había sostenido el arma que terminó con la vida de Amon.
- Korra y yo repetimos las mismas palabras siempre que hablamos sobre nuestros deberes, ella es el Avatar y su misión es cuidar de todos, yo decidí aceptar ser su pareja y apoyarla en todo momento. - Pausó cerrando su mano para convertirla en un puño fuertemente apretado. - Ella y yo nos decimos que la misión de cuidar de todos viene primero que nuestras vidas e intereses personales. - Pronunció con voz fuerte pero cada palabra parecía perder intensidad al tiempo que las arrugas de su frente comenzaban a disiparse.
- Le he prometido seguir adelante en caso de que ella llegue a caer... - Volvió a interrumpir su conversación con un suspiro que le brotó del pecho. - Pero la verdad es que daría mi vida mil veces con tal de salvar la de ella antes de tener que aceptar su pérdida. - Asami confesó. - La niebla me mostró muchas cosas, todos mis miedos expresados en su máximo esplendor. - Apretó la mandíbula y levantó la mirada hacia Kuvira quién escuchaba con atención sin perder detalle de sus expresiones.
- La vi morir, en más de una ocasión, de más de una manera, la perdía mientras la sostenía entre mis brazos o la veía perecer a la distancia mientras yo era incapaz de alcanzarla porque no poseía los poderes necesarios para llegar a ella. - Explicó. - El dolor que sentía al perderla era enloquecedor, ella lo sabe y yo lo sé, si yo estoy ahí ella no me dejará sacrificarme en su lugar y si yo estoy ahí yo no le permitiré sacrificarse por mí. - Exhalo lentamente.
- Solo hay una diferencia. - Pausó. - Korra no puede perder el control, ella es la portadora del espíritu de la luz, ella es más fuerte que yo y por lo tanto ella siempre hará lo correcto para todos, en cambio a mí no me importa acabar con quien sea que considere una amenaza para ella, si hay una rebelión en esta alianza ten por seguro que me encargaré de eliminarlos si la situación así lo requiere. - Terminó, Kuvira agachó la mirada y asintió con la cabeza.
- ¿Traicionarías al Avatar? - Kuvira preguntó.
- No solo al Avatar, traicionaría a mi compañera de vida. - Aclaró. - No importan los logros que yo haya tenido en este mundo Kuvira, el Avatar es nuestra prioridad.
Las dos guardaron silencio y se miraron, Kuvira cerró los ojos exhalando lenta y pausadamente, Asami había hablado con sinceridad, no había nada en su persona que indicara que sus palabras fueran falsas, Asami no era igual a Korra, ella estaba dispuesta a hacer lo imposible con tal de impedir la pérdida del Avatar y eso ayudaba a aliviar la inquietud de Kuvira.
- Espero que esto se resuelva antes de que deba partir, pero si no ocurre, quiero que recuerdes esto. - Pausó. - El Avatar necesita aliados que estén de acuerdo con sus ideales pero que también estén dispuestos a cubrir las fallas que el mismo Avatar pueda llegar a tener, esta es una guerra y no por eso abusaremos del enemigo, pero si la situación lo amerita, debemos responder con la misma fuerza y agresividad que la de nuestros oponentes. - Concluyó.
- No lo olvidaré. - Asami le aseguró sin titubear.
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Miércoles por la mañana, Korra descansaba sosteniendo a Asami entre sus brazos, la ojiverde mantenía una de sus piernas por encima de la morena y uno de sus brazos por encima de su cintura de dónde se mantenía firmemente sujeta, la noche anterior había tenido pesadillas y la morena le había ayudado a calmarse, ambas se habían tomado una taza de té y habían charlado durante un par de horas antes de volver a quedarse dormidas.
Las pesadillas de Asami solían volverse notorias dos o tres noches por semana, esto no significaba que los otros días no tuviera sueños angustiosos sino que simplemente no todos adquirían la fuerza suficiente para hacerla levantarse de golpe a mitad de la noche o quejarse dormida, Korra estaba al tanto de esto, Asami compartía con ella detalles como estos pero por algún motivo la ojiverde se negaba a compartir la temática de sus sueños.
Afortunadamente la presencia de la morena ayudaba a Asami a recuperar la confianza para volverse a dormir rápido y usualmente las pesadillas no acudían a ella más de una vez por noche así que tenía la oportunidad de relajarse y descansar antes de iniciar un nuevo día.
- ¡Korra! - Una voz la llamó desde la puerta de la guarida de roca. - ¡Guerrera del Sur! ¡Avatar! ¡Lo que sea! - Gritaba sin importarle ser una molestia para la morena.
Asami arrugó las cejas y se enderezó en su lugar, sus ojos repasaron las facciones de la morena, Korra dormía apaciblemente, se le notaba relajada y profundamente dormida, algo que la ojiverde no quería interrumpir, era extraño lo mucho que le satisfacía poder dormir con la morena de la manera en que lo hacía, compartir con ella ese momento de vulnerabilidad era algo especial y sumamente gratificante por lo que no podía evitar sentirse molesta con Varrick por llegar de la manera en que lo había hecho.
- ¿Por qué tienes que llegar haciendo tanto ruido a las siete de la mañana? Korra aún duerme. - Asami le reclamó al abrir la puerta, su tono de voz se podía considerar un murmullo pero aún así se podía distinguir el disgusto que la acompañaba.
- ¡Asami! - Varrick saludó con especial entusiasmo pero sus palabras fueron interrumpidas por la mano de Asami al colocarse encima de sus labios.
- Korra aún duerme. - Asami bufó.
- Lo siento. - Varrick murmuró. - Pero no importa, Korra o tú, las dos tienen la autoridad que requiero para esto. - Continuó recuperando su entusiasmo.
- ¿Para qué? ¿De verdad no puedes esperar a que sea más tarde? - Asami bostezó.
- ¡No! Porque ustedes tienen horarios muy apretados, Korra nunca está en el mismo lugar a la misma hora, todos los días es diferente con ella, tú siempre estás trabajando en el comunicador y no se nos permite interrumpir y no puedo esperar a que Korra decida que es hora de supervisar los avances de mi proyecto. - Varrick expresó su frustración.
- Te vistita todos los días... - Asami respondió arqueando una ceja sin mostrarse sorprendida o conmovida por las palabras de Varrick.
- Es que no tienes idea de lo que he descubierto, esto nos podría ayudar, aquí y en Ciudad República ¡Tengo la idea fresca en mi cabeza! - Celebró.
- ¡Ugh! - Asami exhalo volviendo a cubrir la boca de Varrick con su mano derecha. - Eres demasiado ruidoso. - Reclamó.
- Lo siento... - Varrick murmuró.
- Vayamos a caminar, espera aquí, ya vuelvo. - Asami exhalo pesadamente y cerró la puerta mientras iba en busca de un cambio de ropa apropiado y de sus botas.
- Vuelvo pronto. - Murmuró con una cálida sonrisa al depositar un beso sobre la frente de la morena quién aún descansaba cómodamente sobre las cobijas, Naga dormía a sus pies y Sai a su izquierda, los tres parecían estar lejos de despertar por lo que la ojiverde decidió ayudar a prolongar aquel envidiable descanso al llevarse a Varrick a hablar en otro lugar.
Korra abrió los ojos a las nueve de la mañana, Asami no dormía a su lado, en vez de ella encontró a Sai y a Naga ocupando su lugar, con los ojos perezosos comenzó a buscar alrededor pero por más que buscó no encontró señal de la ojiverde.
Pasaron unos minutos antes de que la morena pudiera adquirir la fuerza de voluntad necesaria para ponerse de pie, arrastrando sus pasos se encaminó al baño en dónde intentó no quedarse dormida mientras aliviaba la tensión de su vejiga.
- Buenos días. - Le sonrió a Naga al ver al cachorro meneando la cola al jugar con Sai.
Dejándose caer de rodillas frente a la mesita de roca de la cocina, Korra comenzó a prepararse el almuerzo, nueces, arroz y fruta de su reserva personal.
- ¿Vieron a dónde se fue Asami? - Preguntó sabiendo que los espíritus no le responderían con palabras pero esperaba que ellos pudieran comunicarle algo a través de las sensaciones que usualmente le transmitían cuando intentaban comunicarse con ella.
- Entonces saben tanto como yo. - Se encogió de hombros al tiempo que se servía una buena porción de arroz.
Luego de consumir sus alimentos la morena se encamino al baño para asearse, una vez vestida tomó un pequeño saco de tela que llenó de nueces y se ató al cinturón, se encontraba casi lista para darle inicio a su día, solo debía terminar de limpiar la cocina y saldría a enfrentar los usuales retos que la vida le guardaba en el exterior de su guarida.
- Buen día Guerrera del Sur. - La saludaban los miembros de la alianza con brillantes sonrisas.
"No puedes confiar en ellos solo porque se muestran amigables a plena vista"
Las palabras de Kuvira resonaron en su cabeza. Korra no lograba entender, no tenía sentido pues ella estaba segura de que había ciertas sonrisas que no se podían fingir, los rebeldes eran sus aliados, no tenía motivos para desconfiar de todos por el simple hecho de que una minoría podría estar planeando algo en contra de ella.
- Buenos días. - La voz de Kuvira vino desde las puertas del coliseo, Korra alzó la mirada y la vio de pie con los brazos cruzados mientras recargaba su espalda contra la pared.
- Buenos días. - Korra saludó sin detener sus pasos hacia el interior del coliseo.
- Dormiste hasta tarde el día de hoy. - Los pasos de Kuvira comenzaron a escucharse detrás de ella.
- Estaba cansada. - Korra respondió omitiendo el motivo de su prolongado sueño, no se sentía con el derecho de compartir los problemas de Asami así que no quería mencionar lo de sus pesadillas y las noches en que ambas se despertaban en las madrugadas a charlar para ayudar a la ojiverde a conciliar el sueño.
- Asami inició el día temprano. - Kuvira comentó siguiéndola de cerca.
- Lo noté. - Korra respondió con brevedad preguntándose si la ojiverde había sido capaz de volverse a dormir durante la noche o si había pasado la noche en vela hasta el amanecer.
- Deberías agradecerle, me prohibió ir a despertarte esta mañana. - Kuvira continuó su charla.
- Lo haré, de verdad necesitaba descansar. - Korra sonrió de lado, Kuvira arrugo las cejas y suspiró.
- ¿Entonces? ¿Noticias del día? - Korra preguntó tomando asiento detrás de su escritorio, Kuvira se mantuvo de pie frente a la morena, pensó en silencio por un momento antes de encogerse de hombros y negar con la cabeza.
- Nada que de verdad me interese, llegaron tres miembros del Loto Blanco lo que nos da un total de trece maestros elementales, Varrick está planeando ensamblar algo parecido a una bobina de metal que será un "electro imán" que nos ayudará a desarmar al enemigo, o algo así dijo Carmín, Tenzin no tiene reportes, los entrenamientos van de acuerdo al plan ¿Qué sentido tiene hacer reportes diarios? No pasa mucho mientras duermes. - Kuvira bufó. - Lo que quisiera saber es ¿Por qué no has dado la orden de detener a Buque? - Expuso su único tema de interés observando a Korra con atención.
- ¿Electro imán? - Korra se mostró confundida por el término.
- ¿Escuchaste lo que te pregunté? - Kuvira resopló.
- ¿Buque? - Korra apretó los ojos y negó con la cabeza. - No tenemos pruebas, no hay nada sospechoso sobre él o las personas a las que frecuenta, si lo atrapamos arruinaremos el plan, si resulta ser un conspirador solo habremos atrapado a uno y el resto permanecerá libre. - Explicó.
- Es el hijo de Arpón, no sería extraño que estuviera implicado, seguro es el líder del movimiento, si lo atrapamos acabaremos con esto. - Kuvira propuso.
- No, entonces estaría ignorando a Aiwei y a Arpón. - Korra la contradijo.
- Nos marcharemos en cuatro días Korra, de verdad quisiera terminar con esto antes de que eso ocurra. - Kuvira pronunció con debilidad manteniendo la frente arrugada y la mirada sobre el suelo.
- Apresurar el plan es el peor error que podemos cometer. - Korra se puso de pie.
- Korra, Carmín pidió que te llamara, te espera en el edificio de comunicación. - Desna entró a la oficina sin molestarse en llamar a la puerta, Kuvira lo miró por un segundo, sus ojos irradiaban enojo, algo que no era inusual en ella pero que Desna prefería no percibir cuando aquel sentimiento era dirigido hacia él.
- He aumentado el número de espías en la alianza, voy a descubrir algo así tenga que dejar de dormir. - Kuvira decretó antes de salir de la oficina sin esperar respuesta alguna.
- Sentí que su mirada me atravesó un par de cientos de veces. - Desna comentó y Korra exhalo lentamente relajando los hombros.
- Está molesta por el asunto de los traidores. - Explicó.
- Siempre tiene un motivo para estar molesta. - Desna respondió con voz neutral.
- Tiene buenas intenciones. - Korra ofreció como consuelo.
- Buenas intenciones y mal carácter, algo difícil de asimilar. - Desna agrego, Korra rió suavemente y su primo expuso una pequeña sonrisa.
- ¿Entonces en el comunicador? - Korra repitió las palabras de Desna.
- Varrick tiene algo entre manos y Asami está interesada en ejecutar su plan, quieren consultar contigo, Kuvira ya dio su aprobación. - Desna resumió, Korra asintió con la cabeza y caminó acompañada por su primo hasta la salida del coliseo.
Por la tarde Korra supervisaba los entrenamientos junto a Mako, los maestros del Loto Blanco habían accedido a ayudar prestando sus poderes para que los aprendices de los bloqueadores de Chi pudieran practicar con ellos.
Afortunadamente Korra podía usar de ejemplo el poder de los cuatro elementos ya que de los trece maestros presentes tres eran fuego, cinco eran tierra, dos aire y tres agua, de esta manera los aprendices podían ver a lo que se enfrentaban con cada elemento y prepararse para cada situación.
- Están pidiendo incluir esto a las peleas del coliseo. - Comentó Mako.
- Eso he escuchado. - Korra respondió sin despegar la mirada de Kuvira quién se las arreglaba para dirigir a un grupo de ataque de cuatro personas en contra de un maestro agua.
- ¡Hey! Al fin te encuentro. - Asami se acercó sosteniendo el pequeño saco con nueces que Korra había preparado en la mañana.
- Lo siento, cambié los planes de la tarde, en vez de visitar a Tenzin vine para este lugar. - Korra respondió con una amplia sonrisa.
- Cada día te vuelves más buena en eso de ser impredecible, incluso conmigo. - Asami bromeo y Korra rió observando a Asami mientras se terminaba las nueces que le había dado por la mañana.
- Es momento de ayudar a Mako con estos entrenamientos. - Asami declaró guardando el saco de tela en uno de sus bolsillos.
- Será un día pesado para los aprendices. - Korra rió y se unió a sus amigos, no siempre solían ayudar a Mako pues no siempre tenían el tiempo y las energías para hacerlo pero intentaban apoyar los entrenamientos tanto como apoyaban cualquier otra actividad en la alianza.
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- No pasa nada si me quedo atrás. - Kuvira argumentó.
- Es una oportunidad única. - Suyin intervino.
- Lo es, pero el momento no podría ser más inconveniente. - Kuvira bufó.
- Creo que Korra sabrá arreglárselas sola. - Agregó Desna.
- No quiero irme sin partirle la cara a Arpón y a su amigo Aiwei. - Kuvira comentó con tono burlón. - Par de ancianos cobardes. - Añadió.
- Puedo con ellos. - Korra exhaló pesadamente dejando sus hombros caer a medida que liberaba el aire de su pecho.
- Yo la estaré cuidando. - Carmín, Guila, El Monte y Alfa hablaron a coro, Kuvira rodó los ojos y negó con la cabeza.
- ¿Estamos cerca de atraparlos no es así? ¿Qué más da si me quedo a esperar y me voy cuándo esto haya terminado? - Preguntó.
- Nunca pensé que tú pudieras llegar a generar semejante nivel de apego y lealtad hacia una persona. - Suyin comentó con una sonrisa burlona.
- ¡¿Qué?! - Kuvira gruñó - Lo único que intento salvar es el territorio y la gente a la que planeo liderar cuándo logre completar mi entrenamiento de maestra tierra. - Intentó enderezar la percepción de los presentes.
- Nosotros también. - Respondieron Guila, Alfa y El Monte intentando ocultar las sonrisas que amenazaban con aparecer en sus rostros.
- Bien, si no quiere no podemos obligarla a hacerlo, tal vez haya oportunidad de enviarla después de recuperarnos de los estragos de la guerra. - Asami se encogió de hombros, Kuvira la miró e imitó el mismo gesto alzando sus hombros y dejándolos caer.
- Si sobrevivo a la guerra me aseguraré de que me envíen al mundo espiritual a aprender a ser una maestra tierra. - Kuvira accedió sin oponer resistencia a las palabras de Asami.
- Bien, está dicho, todos pueden retirarse. - Korra se puso de pie y caminó hacia la puerta de la oficina para abrirla, la junta había sido planeada para durar cerca de media hora y ya llevaban cerca de una hora discutiendo el mismo tema por lo que era momento de terminar con la reunión. - Gracias por asistir. - Se despidió de los líderes observando a Kuvira salir antes que el resto.
- ¿De verdad le permitirás quedarse? - Suyin permaneció al final, Korra la miró, su rostro reflejaba el cansancio que invadía su mente, ya todos habían intentado convencer a Kuvira pero la mujer era demasiado testaruda.
- ¿Qué más puedo hacer? ¿Usar sangre control y obligarla a marchar? - Korra suspiró. - Tú la viste, no tiene intenciones de marcharse. - Abrió los brazos de par en par haciendo énfasis en el espacio que las rodeaba.
- Tal vez el hecho de que se quede aquí pueda sernos de más beneficio que enviarla al mundo espiritual. - Asami se encogió de hombros.
- Dicen que nada en la vida es una casualidad. - Suyin cerró los ojos y asintió con la cabeza.
- No. - Korra concordó a secas. - Sea como sea, a Kuvira no se le puede obligar a nada. - Concluyó antes de salir de la oficina dejando atrás a Suyin y a Asami.
La noche refrescaba, a las dos de la mañana no había nadie en las calles además de los guardias que cuidaban de la alianza, la gente dormía despreocupada, recuperaban energías para el día que estaba por venir confiando en que las murallas y la jungla bastarían para protegerlos de cualquier ataque y les brindaría el tiempo suficiente para despertar y prepararse para defender sus tierras.
Korra caminaba acompañada de Naga, vestía una blusa sin mangas de tela delgada y notoriamente desgastada color azul marino que le caía suelta sobre el cuerpo y una pantalonera gris igual de desgastada que solía remangar hasta un par de centímetros por debajo de la rodilla, llevaba caminando cerca de media hora, su caminata inició sin tener un rumbo en específico pero ahora sabía bien a dónde se dirigía.
Las entradas de las casas no estaban protegidas por puertas resistentes, algunas simplemente tenían un trozo de tela que servía para impedir el paso de miradas curiosas pero la mayoría de los miembros de la alianza no contaban con ningún sistema de seguridad, todos confiaban en sus vecinos y en la gente de su comunidad por lo que Korra no batalló en entrar a la guarida de concreto ya que solo debió mover un par de cortinas de tela.
- La última vez que intentaste colarte así en mi habitación terminamos envueltas en una pelea que me arrojó a un calabozo. - Kuvira murmuró adormilada.
- La última vez entré por una ventana, no por la puerta. - Korra sonrió. - No tienes de que preocuparte. - Le aseguró.
- No quisiera que pierdas horas de sueño por motivos estúpidos, no me convencerás. - Kuvira intentó aclarar antes de bostezar.
- No he venido a convencerte, vine a agradecerte. - Korra murmuró mirando por una ventana hacia el cielo estrellado.
- ¿Por qué? - Kuvira se enderezó en su lugar apoyando el peso de su cuerpo sobre sus codos.
- ¿De verdad estás preguntando eso? - Korra alzó las cejas.
- No he hecho nada que merezca agradecimiento. - Kuvira respondió con sinceridad esforzándose un poco para al fin sentarse y poder ver la silueta de la morena que permanecía sentada en una esquina de su pequeña guarida.
- Quedarte atrás para cuidar mis espaldas y dejar pasar la oportunidad de volverte una maestra tierra es algo que merece más que un simple agradecimiento. - Korra remarcó. - Y eso no es lo único que has hecho por mí y por esta alianza. - Agregó.
- ¿Y no podías agradecerme durante el día? - Kuvira comentó con sarcasmo.
- Recordé nuestras charlas en el calabozo, siempre eres más accesible cuándo no hay más gente alrededor. - Korra sonrió.
- Ah. - Kuvira agachó la mirada. - Es difícil no mostrarse abierto a una conversación cuándo te tienen encerrado en un calabozo obscuro y abandonado. - Se encogió de hombros y sonrió al escuchar la breve risa que escapó de los labios de la morena.
- ¿Te molestaría si salimos a caminar un poco? - Korra propuso.
- De cualquier manera presiento que no me permitirás dormir hasta que no hayas dicho lo que sea que sientes que tienes que decirme. - Kuvira respondió.
- ¿Si sabes que "Si" y "No" también se consideran respuestas completas y totalmente aceptables? Deberías intentar usarlas, son más cortas que el sarcasmo.- Korra bromeo, Kuvira rió brevemente antes de ponerse de pie y seguir los pasos de la morena.
Ambas caminaron y cruzaron las ruinas hasta alcanzar las murallas, Korra guiaba el camino al mantenerse un par de pasos más adelante de la ojiverde quién sin objetar o cuestionar a la líder se adentró a la jungla.
- Esos espíritus las siguen todo el día. - Kuvira mencionó manteniendo su mirada sobre el Perro-oso polar que caminaba al lado de la morena.
- En verdad eres una persona sorprendente. - Korra sonrió. - Has aprendido a detectar a los espíritus incluso cuándo ocultan su presencia. – Explicó sus palabras.
- Aprendí a sentirlos cuándo Sai se quedó atrás, al inicio era un poco difícil lidiar con su presencia por que podía sentir que había alguien más conmigo cuando no veía a nadie. - Kuvira pausó al prestar atención a una rama que debió rodear para evitar golpearla. - No voy a negar que llegó a asustarme un par de veces. - Confesó y Korra sonrió.
- Me alegra que te hayas acostumbrado a ellos. - Korra se detuvo frente a un pequeño arrollo que se abría paso por la jungla, Kuvira observó el agua y se mostró sorprendida pues aquel arrollo no lucía contaminado como los ríos que rodeaban sus tierras, esta era agua limpia, no tenía mal olor ni esa apariencia turbia que invadía las aguas de los ríos.
- ¿Cuándo se formo esto? - Preguntó colocándose de rodillas para poder acercar sus manos al agua.
- Se ha estado formando durante los últimos meses. - Korra respondió, ninguna persona de la alianza tenía la autorización de entrar a la jungla a menos de que fuera absolutamente necesario, solo Korra entraba y salía con regularidad y gracias a eso los espíritus tenían la libertad de moldear aquellas tierras a su gusto.
Korra observó mientras Kuvira se aventuraba a llevarse un poco de agua a la boca, los ojos de la rebelde parecieron brillar por un momento mientras su lengua degustaba el sabor del agua.
- Es agua limpia. - Kuvira murmuró impresionada.
- Así es. - Korra tomó asiento sobre un bloque de concreto que ya había sido completamente cubierto por musgo y enredaderas.
- No podemos permitir que el Loto Rojo destruya nada de esto. - Kuvira murmuró.
- No lo permitiremos. - Korra sonrió mientras Kuvira se deleitaba manteniendo las manos dentro del arrollo.
- Kuvira. - Korra alzó la voz para llamar la atención de la ojiverde quién reaccionó liberando un profundo suspiro.
- No iré. - Kuvira respondió anticipándose a las palabras de Korra.
- Escúchame. - Korra insistió. - Necesito a un líder fuerte que se pueda quedar a cargo de la Alianza cuándo sea mi momento de partir. - Comenzó pero sus palabras fueron interrumpidas de inmediato.
- Ya tengo lo que se necesita para eso. - Kuvira se encogió de hombros.
- Kuvira, si obtuvieras el poder de la tierra serías mucho más poderosa de lo que ya eres. - Intentó hacer que la idea llegara a la mente de la ojiverde.
- No es que ignore ese pequeño detalle, lo sé. - Kuvira respondió.
- Debes partir con ellos, tú y yo sabemos que la alianza es el lugar más seguro para mí, aquí tengo demasiados aliados que están a cargo de mi cuidado, nada me ocurrirá, no aquí, si Arpón ejecuta su plan sus seguidores serán los únicos perjudicados. - Korra aseguró.
- No quiero alejarme. - Kuvira respondió. - Quiero ser parte de todo esto, quiero ser parte de tu equipo cuándo Arpón decida cometer el error de salir de su escondite. - Habló con sinceridad.
- Créeme cuando digo que nada me agradaría más que tenerte aquí para aterrorizar a Arpón con tu presencia, pero necesito que mis aliados se fortalezcan. - Korra pausó y tomó aire. - En caso de que la guerra llegue y yo no sobreviva... - Inició.
- Tonterías, sobrevivirás. - Kuvira la interrumpió.
- Nada es seguro. - Korra recalcó. - Y si muero el Loto Rojo comenzará a moverse lo más rápido posible para destruir lo que hemos construído antes de que otro Avatar aparezca. - Pausó. - Si eso pasa necesitaremos de líderes indestructibles que puedan perseguirlos y detenerlos. - Concluyó.
- Puedo hacer eso sin poderes. - Kuvira bufó.
- El Loto Rojo tiene maestros elementales, estarías en desventaja. - Korra argumentó.
- Tenemos otros medios, es como decir que la guerra está perdida por el mismo motivo y aún así aquí nos tienes entrenando día y noche para fortalecernos y prepararnos a enfrentar a un ejército de maestros elementales. - Kuvira defendió.
- Quiero que te vuelvas una maestra tierra. - Korra confesó y Kuvira la observó sorprendida.
- No sabemos que vaya a pasar en el futuro, solo sabemos lo que está pasando hoy y si no te marchas mañana junto a Suyin y el resto no sabemos si vuelvas a tener otra oportunidad. - Korra agachó la mirada.
- El silencio del Loto Rojo no puede ser bueno, cada día que pasa nos permite mejorar nuestras defensas pero... - Suspiró. - Eso significa que el Loto Rojo también está aprovechando ese tiempo para mejorar su ofensiva y sinceramente no sé que esperar de esta guerra. - Korra admitió.
- Es normal sentirse nervioso e inseguro por un tema así. - Kuvira se acercó a la morena y se mantuvo de pie frente a ella. - Pero ya conocemos su arma secreta, los maestros elementales ya no serán una sorpresa para nadie. - Dijo en un intento por reconfortar a la ojiazul.
- No tiene sentido, si ese fuera el caso no habrían perdido tanto tiempo, habrían elaborado barcos de hielo y habrían cruzado el mar sin problema alguno. - Korra pensaba en voz alta. - En vez de eso se atrincheraron en sus tierras, de acuerdo a los reportes del Loto Blanco no ha habido actividad en sus mares desde hace tiempo, es demasiado sospechoso. - Exhalo pesadamente y apretó los puños con fuerza.
- Kuvira, si algo me llega a ocurrir necesito a alguien fuerte que pueda apoyar a Asami y al resto de los aliados. - Insistió.
- ¿Confiarías en mí para algo así? - Kuvira preguntó con evidente irritabilidad.
- Si. - Korra respondió de inmediato.
- No deberías. - Kuvira bufó.
- No me traicionarías. - Korra la enfrentó poniéndose de pie y acercándose a ella.
- Suenas más segura de lo que deberías estar. - Kuvira retrocedió un par de pasos al notar la falta de distancia entre las dos.
- Te aprecio Kuvira, te considero una amiga cercana y por eso sé que no me vas a traicionar. - Se acercó aún más a ella, Kuvira se obligó a si misma a detener su retroceso para evitar lucir débil o inferior a la morena.
- Yo no puedo decir lo mismo... - Respondió con palabras inseguras.
- Mientes, me has apoyado en muchas situaciones difíciles sin dar nada de qué hablar. - Korra respondió deteniéndose a un paso de distancia de la ojiverde. - Pelea conmigo. - Le ordenó, Kuvira la miró sorprendida y negó con la cabeza a sabiendas de que su concentración estaba lejos de ser la apropiada para una pelea.
- ¿Me estás rechazando una pelea? - Korra sonrió de lado.
- No es momento para una pelea. - Kuvira intentó defender su respuesta.
- Bien, si no es una pelea ¿Qué tal un abrazo? - Korra le sonrió.
- ¿Qué? – Las cejas de Kuvira se dispararon hacia arriba y sus ojos se abrieron de par en par.
- No es extraño que suela abrazar a mis amigos, llevas todo el mes estresada por el problema de Arpón y sus hombres, necesitas relajarte un poco y pensar con claridad. - Korra respondió.
- ¡Ja! No soy tan débil. - Kuvira observó la mano que Korra le había extendido como oferta para acercarse a ella.
- No es por debilidad, tú me ayudaste cuándo Asami estaba perdida en la niebla, ahora yo quiero ayudarte, toma mi mano. - Insistió.
Kuvira observó la mano callosa de la morena, nudillos marcados por las peleas, cicatrices que narraban la experiencia de una mujer al frente de innumerables peleas, cuándo la ropa de la morena era ligera y no alcanzaba a cubrir mucho de su piel se podían apreciar múltiples cicatrices sobre su espalda, abdomen, piernas, y naturalmente, sus brazos, los tatuajes que marcaban su espalda y brazo le agregaban un toque distintivo pero las cicatrices eran las responsables del respeto que la alianza rebelde guardaba por ella.
Los ojos de Korra penetraban las paredes que solían proteger el interior de Kuvira, la pelinegra sintió un ligero ardor en los ojos y una fuerte opresión en el pecho, había un nudo en su garganta que le impedía pasar saliva, sabía bien que Korra no le iba a permitir quedarse a su lado en Ba Sing Se, también sabía que por el cariño y respeto que ella misma sentía por la ojiazul no sería capaz de resistirse a sus deseos.
- Todo estará bien. - Korra repitió notando las lágrimas que comenzaban a formarse en los ojos de la ojiverde.
- Promete que seremos llamados en el mismo instante en el que el Loto Rojo aparezca en el horizonte. - Kuvira extendió su mano para tomar la de la morena y estrecharla con fuerza.
- Lo prometo, ustedes no serán los únicos que necesitemos de aquel lugar, necesitaremos a todos los que ya están entrenando con los espíritus. - Korra le explicó.
- Y me avisarás cuándo Arpón salga a la luz. - Kuvira insistió mirando directo a los ojos de la morena.
- Serás la primera de aquellas tierras en ser notificada. - Korra sonrió notando la manera en que la mano de Kuvira comenzaba a temblar en su agarre.
- Tú no entiendes lo que significas para mí. - Kuvira exhalo pesadamente limpiándose un par de lágrimas que le bajaban por la mejilla, sus ojos aún mantenían la dura mirada que tanto la caracterizaba pero el brillo en ellos delataba el estado de vulnerabilidad en el que se encontraba en esos momentos.
Korra se mantuvo en silencio al no saber que responder, entendía bien que Kuvira tenía un interés especial en ella, pero la ojiverde tenía razón, Korra no alcanzaba a comprender la totalidad de los sentimientos de Kuvira.
- No quisiera lastimarte. - Korra respondió con toda honestidad en un intento por no caer en malentendidos, Kuvira sonrió de lado liberando una pequeña risilla, ambas mantenían sus manos derechas sujetas en un agarre firme.
- Me has lastimado en más de una ocasión y de más de una manera Korra, ese nunca ha sido el problema. - Pausó. - Lo único que no te perdonaría sería que llegaras a morir sin tenerme a mí en el campo de batalla. - Aclaró juntando el valor de jalar a la morena hacia ella para envolverla entre sus brazos y estrecharla con fuerza, Korra se sintió sorprendida por un momento pero no tardó en corresponder el abrazo permitiendo que su barbilla descansara sobre el hombro de su amiga.
- Nunca me atrevería a librar esta guerra sin tenerte a ti peleando de mi lado. - Korra habló cálidamente al escuchar los suaves sollozos de Kuvira, aquel llanto era casi completamente silencioso pero su cuerpo temblaba ligeramente mientras sus brazos se negaban a liberar la fuerza con la que sostenían a Korra, al fin podía desahogar abiertamente el temor y la frustración que había estado intentando combatir sola hasta el momento.
- Gracias por todo Avatar, gracias por tu amistad y tu confianza, no merezco tu aprecio pero ya que lo tengo prometo esforzarme para mejorar y convertirme en la líder que necesitas para la alianza rebelde. - Suspiró alejando su cabeza un poco para poder depositar un suave beso en la frente de la morena quién de momento se había quedado sin palabras.
- Con esto tú has obtenido de mi lo que yo no te quería dar y viceversa, estamos a mano. - Kuvira retrocedió apartándose del abrazo y dándole la espalda a la morena para evitar que esta pudiera verle el rostro enrojecido por el llanto que no había logrado contener.
- Ya eres la líder que necesito para la alianza... - Korra alzó la voz antes de que Kuvira se alejara demasiado, la ojiverde se detuvo por un momento y sonrió de lado. - Pero ser mi aliada te pone en peligro y quisiera que tuvieras más herramientas para protegerte. - Korra agregó.
- Kuvira, la maestra tierra que lidera a la Alianza Rebelde en Ba Sing Se, no suena nada mal. - Kuvira comentó en voz alta y ambas sonrieron.
- Más vale que no vayas a la puerta a despedirte de nosotros mañana porque presiento que estaré molesta y especialmente irritable. - La ojiverde concluyó. – La falta de sueño me afecta. – Bromeó y continuó su marcha de regreso al interior de las murallas con Korra siguiéndola silenciosamente a un par de metros detrás de ella con una amplia sonrisa en el rostro.
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Dos semanas se habían pasado desde la partida de Kuvira y Suyin, a ellas también se habían sumado Desna y Tenzin, Asami había tomado el lugar de Tenzin en las clases de botánica para compensar su partida y Korra había asumido el lugar de Desna en la investigación sobre los traidores, ahora todo era reportado directamente a ella.
Hasta el momento la mayoría de los reportes apuntaban en la misma dirección, todos sospechaban sobre Buque pero la morena se sentía cada vez más impaciente al no lograr encontrar evidencia que pudiera inculpar al hijo de Arpón de ser cómplice de la supuesta rebelión en contra de la Guerrera del sur.
- Es como si todo fuera neblina, vemos algo que no podemos tocar. - Korra gruñó golpeando sus puños sobre el escritorio.
- No tenemos porque elegir, tomemos a todos al mismo tiempo, así no hay manera de errar. - Guila propuso con entusiasmo.
- No, luego no atraparíamos a Arpón o a sus seguidores. - Mako negó con la cabeza.
- Esperaremos más. - Korra resolvió liberando un pesado suspiro que se le escapó de lo más profundo del pecho.
- ¿Hemos inspeccionado la mercancía de la gente del Este? - El Monte preguntó.
- Si, no hay nada sospechoso. - Korra negó con la cabeza.
- Pero aún así Gato y Raya están obteniendo pistas que señalan a Buque como el culpable. - Asami meditó en voz alta.
- Gato nos ha proporcionado sus contactos, son palabrerías que la gente comparte en las calles. - Alfa respondió con evidente irritabilidad en su tono de voz.
- ¿En dónde inician todas esas habladurías? - Mako preguntó.
- No lo sabemos con certeza, de pronto están en todos lados. - Guila se encogió de hombros.
- Si parecen no tener una fuente en específico ha de ser porque la gente miente, nadie quiere admitir su verdadera fuente de información. - Asami teorizó.
- Descubrir a los mentirosos debería ser el trabajo de Raya y Gato. - Alfa reclamó.
- Si aún no sabemos quién es la fuente de esta información no podemos confiar en nada, aún no encontramos la identidad de los traidores. - Korra aclaró. - Ya tenemos una lista de las personas que frecuenta cada quién, es extraño pero Gato y Buque tienen más amigos en común que Raya, ellos frecuentan a más gente del Este mientras que Raya frecuenta a gente de toda la alianza. - Korra analizó la información que tenía anotada en varias hojas de papel.
- Aún así Gato incrimina a Buque. - Mako se mostró confundido.
- Tal vez se trata de la disputa entre los traidores del Este y los que si apoyan a la Guerrera del Sur. - El Monte propuso.
- ¿Pero quién es quién? - Alfa preguntó pasándose ambas manos por la cabeza.
- Si Gato o Buque resultan ser los culpables, más de la mitad de la gente del Este será condenada por traición. - Korra murmuró con pesar.
- Si ese es el caso no tenemos porque lamentarnos, no podemos correr riesgos. - Guila resolvió.
- No podemos correr ningún riesgo innecesario, Kuvira dejó eso en claro y no vamos a dejar su palabra de lado. - Alfa apoyó las palabras de Guila.
- No, no vamos a dejar su palabra de lado. - Korra asintió con la cabeza. - Se hará lo que sea necesario para garantizar la seguridad de la alianza. - Concluyó.
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Dos meses y una semana después de la partida de Kuvira, la alianza continúa estable, hay cerca de un total de cincuenta maestros elementales del Loto Blanco con ellos ayudando a los entrenamientos de los bloqueadores de Chi, una táctica de entrenamiento que también habían adoptado en los territorios de Hiroshi y gracias a la cual los guerreros ya no se sentían intimidados por los poderes de un maestro elemental, ahora eran capaces de concentrarse en lo que debían hacer para neutralizarlos y enfrentarlos de forma efectiva.
Por otra parte el proyecto de Varrick estaba terminado, electroimanes instalados en el campo cerca de los puntos más débiles de las murallas en Ba Sing Se y en la entrada por la costa en los territorios de Hiroshi, claro estaba que el pueblo de Hiroshi había sido capaz de fabricar más electroimanes para protegerse gracias a los recursos y avances con los que contaban por lo cual se habían dado el lujo de plantar más de estos imanes en dónde planeaban que fuera el campo de batalla.
La alianza rebelde recibía actualizaciones de Hiroshi diariamente, no había nada que se dejara de lado, si no se enviaban noticias se enviaban el estado general de todos los proyectos con el fin de asegurarse y no dejar nada de lado.
Asami había concluido sus clases de botánica, había designado a un par de personas para guiar a los demás aprendices y llevaba un mes dedicándose por completo a ayudar a Mako y al Loto Blanco en los entrenamientos.
La investigación en contra de los traidores al fin parecía estar rindiendo frutos, Raya había hecho entrega de artefactos que respaldaban sus acusaciones, jarrones que contenían mensajes ocultos, pequeños trozos de pergaminos con mensajes encriptados que Raya les ayudó a descifrar con el conocimiento que tenía sobre la gente del Este, sus tradiciones y códigos.
Todo apuntaba a que Arpón y Aiwei se ocultaban en unas pequeñas ruinas al este de las murallas de Ba Sing Se y que solían compartir información con Buque cada cinco días para encontrar el mejor momento de atacar.
Guila, El Monte y Alfa se negaron a esperar más, tenían la evidencia que necesitaban para desterrar o castigar a más de la mitad de la población de los rebeldes del Este, habían dictado sentencia, Gato tampoco sería perdonado ya que a pesar de sus constantes acusaciones él nunca había brindado evidencia como la que había brindado Raya y ya que él solía frecuentar a la misma gente que Buque era considerado tan culpable como él.
Korra se negó a dar la junta por terminada sin antes especificar a detalle la manera en que comenzarían a desalojar a los pobladores del Este ya que sus números ascendían a ser cerca de doscientas personas y no quería que el proceso se convirtiera en un caos total.
Al final se optó por usar la fuerza de los gladiadores del coliseo y de los rebeldes de Zaofu, personas de confianza y con la fuerza y disciplina suficiente para mantener el control de la situación.
- Iniciaremos el destierro a primera hora de la mañana. - Concluyó la morena poniéndose de pie, el disgusto en su rostro lo decía todo, no quería perder a esas personas, no quería dejarlos sin hogar, pero todos a su alrededor continuaban repitiendo lo mismo, el riesgo era demasiado alto, si el Loto Rojo llegaba a tacar lo peor que podía ocurrir era que encontraran aliados adentro de las murallas de Ba Sing Se que les ayudaran a abrir las puertas desde el interior.
- ¿Todo bien? - Asami se acercó por detrás rodeando la cintura de la morena con sus brazos.
- Allá afuera se verán obligados a separarse para poder sobrevivir, volverán a atacarse entre sí y a matar por alimento. - Korra murmuró observando la ciudad que dormía bajo la blanca luz de luna.
- Pero si los mantenemos aquí... - Asami suspiró. - Con todos los entrenamientos y el reforzamiento militar a penas nos alcanzan las manos para continuar generando los alimentos para la alianza, no podemos mantener prisioneros, mucho menos cerca de doscientos de ellos. - Meditó en un murmullo.
- No, no podemos mantenerlos. - Korra confirmó. - Desterrarlos es la opción menos drástica. - Suspiró. - No tengo lo necesario para ordenar un baño de sangre. - Aclaró.
- Eso sería algo precipitado, bríndales la opción de marcharse y aclara que de no hacerlo las consecuencias serán mortales, estoy segura que nadie querrá quedarse bajo esas condiciones. - Asami suspiró pesadamente.
- No, espero que sean listos y no se resistan. - Korra cerró los ojos y recargó la cabeza hacia atrás contra el hombro de Asami.
Ambas permanecían de pie en la torre de comunicación, recién habían enviado el mensaje a Hiroshi para que Kuvira fuera informada sobre la situación con los traidores.
Korra intentaba grabar en su memoria aquel silencio que las rodeaba en ese momento porque sabía que a la mañana siguiente no podría evitar escuchar a la gente reclamando su derecho a permanecer en sus hogares, gente gritando, gente llorando, gente maldiciendo, gente peleando, gente rogando y gente admitiendo odiarla, ruido que alcanzaría su espíritu y se negaría a abandonar su mente en un largo tiempo.
Los ojos de Korra se abrieron de golpe al escuchar un estruendo que hizo vibrar los objetos a su alrededor.
- ¿Qué es eso? - Korra preguntó alejándose de los brazos de Asami y acercándose más a la ventana.
- Una explosión. - Asami la siguió y ambas permanecieron en silencio observando las ruinas de la ciudad en dirección hacia los territorios en los que la gente habitaba.
- ¿El Loto Rojo? - Korra preguntó notando como su corazón latía a toda prisa, un nudo se había formado en la garganta y las palmas de las manos habían comenzado a sudarle.
- No pudieron haber entrado así nada más. - Asami respondió apresuradamente.
Otro estruendo se escuchó y esta vez lograron observar una llamarada elevándose de entre las ruinas que pronto bajó para extinguirse y volver a dejar todo en silencio.
- Vamos. - Korra le indicó a Asami que subiera a su espalda para poder transportarse hacia el origen de la explosión y llegar lo antes posible.
Gritos desesperados comenzaban a alcanzar los oídos de la morena a medida que se acercaba más y más al origen de la explosión, la gente corría en dirección opuesta a la explosión en busca de refugio, adormilados y confundidos nadie entendía que era lo que estaba ocurriendo, eran las dos de la madrugada por lo cual no había demasiados guardias que pudieran asistir rápido a auxiliar a la gente.
- ¡Korra! Gracias a los espíritus. - Raya gritó, la mujer se encontraba rodeada por cinco hombres de su confianza, los seis se mantenían en guardia mirando directo a una callecilla de la que salía humo dando a entender que aquella calle había sido la fuente de la explosión que se había escuchado.
Asami y Korra observaron como Buque emergía de la obscuridad acompañado por Gato y otros hombres del Este con quién se le había visto antes, todos armados con lanzas, dagas, machetes e incluso, armas de fuego.
- ¡No intentes escudarte con La Guerrera del Sur! - Buque gruñó echándose a correr hacia Raya.
- Alto ahí. - Korra se atravesó pero al hacerlo no tuvo otra opción que intentar frenar el avance de Buque quién empujó a la morena con fuerza hacia un lado, Korra cayó y se preparaba para neutralizar al hombre con ayuda de su tierra control cuándo Buque dio la orden.
- ¡Fuego! - Una ráfaga de balas alcanzaron a Raya y a sus hombres salpicando de sangre la pared que había detrás de ellos, Korra y Asami observaron horrorizadas mientras el cuerpo de Raya caía con los ojos en blanco hasta que su cabeza golpeaba la el suelo y rebotaba un par de veces hasta quedar inmóvil.
- ¡Tú! - Korra gruñó hundiendo el cuerpo de Buque bajo el suelo. - ¡Bajen sus armas o lo mato de un movimiento! - La morena amenazó y las armas cayeron a su alrededor, Asami notó entonces que los seguidores de Buque debían ser cerca de treinta personas, unos en las calles cercanas a ellos, otros en las partes altas de las ruinas, estaban completamente rodeadas pero para sorpresa de la ojiverde todos obedecieron las órdenes de la morena y de inmediato se pusieron de rodillas con las manos detrás de la cabeza, al mirarlos bien Asami se percató de que todos ellos eran rebeldes del Este, los mismos a los que estaban a punto de desterrar.
- ¡Korra! - Mako, Iroh y Bolin aparecieron acompañados por los gladiadores y unos maestros elementales.
- ¡Estoy bien, tranquilos! - Korra aclaró.
- ¿Qué has hecho traidor? - La morena gruñó mirando a Buque a los ojos.
- No soy un traidor. - Buque bufó. - Esa mujer y sus hombres lo son. - Acusó con seguridad.
- Tenemos evidencia en contra tuya. - Korra se vio forzada a revelar su plan antes de tiempo.
- ¿Si? Yo también. - Buque aseguró sin mostrarse nervioso o intimidado por la situación en la que se encontraba metido.
La cantidad de guardias y gladiadores que acudían a la zona aumentaba a cada segundo que pasaba, era evidente que Buque y sus seguidores se encontraban superados en número y que no había mucho que pudieran hacer en contra de Korra y su gente, pero nada de eso parecía molestar al hombre que permanecía enterrado hasta el cuello sin la capacidad de mover ninguna de sus extremidades.
El silencio que se había posado sobre todos los presentes se quebrantó bajo el sonido de más detonaciones, eran detonaciones pequeñas, disparos, Korra miró a Buque y él simplemente evadió la enfurecida mirada de la ojiazul mientras liberaba un pesado suspiro.
- ¡¿Qué fue eso?! - Korra elevó una navaja de roca afilada que presionó contra el cuello de Buque amenazadoramente.
- Se hizo lo que tenía que hacerse. - La voz gruesa de buque respondió con pesar.
- ¡Busquen en todas las casas y registren a todos los rebeldes del Este! - Ordenó la morena.
- No hay necesidad de eso, al terminar su labor saldrán de las chozas y esperarán de rodillas en la entrada con sus armas en el suelo. - Buque aclaró.
- ¿Qué has hecho? - Korra bufó, la navaja de roca comenzó a romper la tensión de la piel de Buque causando que una línea delgada de sangre corriera por su cuello.
- No tuve opción, no iba a permitir que ensuciaran mi nombre y no iba a permitir que continuaran ensuciando el nombre de la gente del Este. - Buque respondió. - Esos malditos son los traidores que buscabas. - Acusó escupiendo al suelo.
- Tendrás que demostrarlo. - Korra amenazó mirando los cuerpos ensangrentados de Raya y sus hombres, Buque era una persona peligrosa, jamás había dado indicios de encontrarse planeando nada de lo que acababa de ocurrir y aún así ahí estaban ahora, en el medio de un baño de sangre en el corazón de la alianza.
- Reúnan a los hombres de Buque y llévenlos al coliseo, ninguno de ellos saldrá de ahí hasta que hayamos terminado con Buque, también necesito un grupo que comience a limpiar el lugar de cuerpos y sangre. - Korra ordenó y sus seguidores la obedecieron sin hacer preguntas.
Poco a poco la gente se retiró hasta que solo permanecieron Korra, Asami, Mako, Bolin, Iroh, los líderes rebeldes, Buque y un par de gladiadores.
- No quedarás mal parada en esta situación Guerrera del Sur. - Buque aseguró al ser sacado del agujero en la tierra, sus manos fueron atadas detrás de su espalda con roca sólida para asegurarse de que no fuera a intentar nada alocado mientras buscaban la evidencia que él había mencionado.
- No, eso es seguro. - Korra bufó empujando a Buque para que guiara el camino.
Asami miraba a Korra con preocupación, Buque había encontrado la manera de colar armas de fuego y explosivos al interior de la alianza sin que nadie lo notara y temía por la seguridad de la morena, temía que Buque los estuviera guiando hacia una trampa que pudiera amenazar sus vidas.
Buque los llevó hacia el almacén en el cuál Arpón solía guardar la mercancía que importaban del Este, toda la mercancía ya había sido inspeccionada por los guardias de Korra de la misma manera en que solían hacerlo con cualquier mercancía que entraba a la alianza para asegurarse de que no hubiera contrabando o importación de objetos indebidos.
- El almacén ya fue revisado más veces de las que podemos recordar. - Comentó El Monte.
- Arpón puede ser un cobarde y un traidor, pero tiene una cualidad que pocos poseen en estos tiempos. - Pausó observando cómo los gladiadores comenzaban a abrir las puertas del almacén. - Es un hombre ingenioso, tiene buen cerebro. - Completó continuando su marcha hacia el interior del almacén.
- Los mensajes están en el lado interno de los anillos metálicos que sostienen las tinas de madera en la que transportan la mercancía, las tinas de amarillo, las que transportan materiales a penas rescatables, suelen ser las que tienen mensajes de Arpón. - Buque pausó mirando con atención las tinas vacías que se apilaban unas sobre otras en una torre que esperaba a ser usada para otros viajes.
- Acerquen las tinas amarillas. - Korra ordenó y sus guardias obedecieron de inmediato acercando un par de tinas de madera, Korra hizo uso de su metal control para aflojar los anillos y extraerlos con facilidad.
Buque observaba con atención, aunque el rostro de aquel hombre no reflejara demasiado, Korra podía notar el inusual ritmo acelerado de su corazón por lo que esperaba dos posibles desenlaces, la traición de Buque con una emboscada o no encontrar nada y tener que condenar a Buque y a su gente al exilio o peor ya que los sucesos de esa noche no serían olvidados ni perdonados por la alianza con tanta facilidad.
- Nada. - Dijo uno de los guardias después de revisar los primeros anillos metálicos, Korra vió a Buque y él afilo la mirada.
- Revisen otra. - Ordenó, los guardias miraron a Korra y la morena asintió con la cabeza procediendo a retirar los anillos de la siguiente tina.
Buque agachó la mirada, el sudor le bajaba por las sienes, su respiración comenzaba a acelerarse, se le notaba cada vez más inquieto, comenzaba a perder la serenidad que hasta el momento lo había caracterizado.
- Nada. - Volvió a hablar el guardia.
- ¡¿Estás mintiendo?! - Mako se acercó a Buque y demandó respuestas.
- No, abran otra tina, no todas tienen mensajes. - Habló con seguridad, todas las miradas se dirigieron a Korra en espera de una respuesta, la morena miró a Asami quién le pudo transmitir la inseguridad que sentía sin la necesidad de alzar la voz, Korra miró a Buque y bufó.
- No tenemos toda la noche. - Korra gruñó ajustando las rocas que ataban las manos de Buque de manera que la presión sobre sus brazos comenzó a lastimarlo.
- ¡No miento! - Las piernas de Buque cedieron al dolor, el hombre cayó de rodillas y se estremeció sin poder hacer nada por aliviar el dolor que sentía en las muñecas, sus brazos permanecían sujetos por detrás de su espalda así que no era capaz de ver el daño que la presión le estaba haciendo a su cuerpo.
- Acerquen otras tres. - Korra ordenó sintiéndose un poco molesta y frustrada por todo lo que estaba pasando.
- Guerrera del Sur... - Buque suplicó entre jadeos, ya había dejado de sentir los dedos, moverlos le causaba un dolor que le subía por los brazos hasta la columna, sentía que estaban a punto de explotar y la mirada furiosa en el rostro de la morena era preocupante pues dudaba que la joven ojiazul fuera a tener piedad de sus manos.
- Deberás aguantar hasta que algo salga de esas tinas. - Korra respondió sin dirigirle la mirada, sabía que las manos de Buque habían comenzado a adoptar un tono azulado y que no podía mantenerlo así por mucho tiempo sipero no podía mostrarse débil o piadosa, sabía que ahora era el momento de marcar límites, La Guerrera del sur sería tomada en serio y si Buque tenía que perder las manos Korra no dudaría en permitir que sucediera, en un par de minutos Buque había tomado más de diez vidas y eso era una ofensa que no podía pasar por alto.
- ¿Hay algo en esos anillos? - Korra preguntó, los guardias revisaban detenidamente, los primeros dos guardias negaron con la cabeza mientras el tercero tomaba el segundo anillo de la tina que le había tocado revisar.
- Aquí hay algo. - Señaló, Korra manipuló el anillo y lo arrastró hacia ella para examinarlo, el metal tenía un día y hora grabada en el interior.
- Fecha y hora. - Asami dijo en voz alta.
- Para sus reuniones en el exterior. - Buque bufó, Korra lo miró y decidió liberar un poco de la presión sobre las muñecas de Buque causando que el hombre exhalara de alivio y comenzara a abrir y cerrar las manos para que la sangre fluyera por ellas.
- Abran más. - Korra ordenó manipulando el metal de las tinas acercándolas y arrancando los anillos que arrojó al suelo para que sus hombres los revisaran.
- Aquí. - Uno de los guardias avisó acercando el anillo a la morena.
"Navega a Zhao hacia el ojo del huracán. Miércoles 1700"
Korra leyó el mensaje sin saber que significaba, Buque se mostraba interesado en leer lo que había en el anillo de metal así que Korra se acercó a él y le mostró el mensaje.
- ¿Qué significa? - Demandó respuesta, Buque sonrió de lado y cerró los ojos.
- De todos los mensajes, este es el que teníamos que encontrar, los espíritus están de mi lado. - Rió por lo bajo sintiendo la manera en que la tensión comenzaba a abandonar su cuerpo.
- Explicate. - Korra ordenó mostrándose corta de paciencia.
- Buque es solo un apodo, mi nombre es Zhao, el mensaje pide que me den el golpe final. - Concluyó bajando la mirada. - Pero logré meterlos a ellos primero en el ojo de mi propia tormenta, solo queda una cosa. - Pausó, Korra lo observó con atención en espera de sus siguientes palabras. - Les entregaré a mi padre. - Concluyó.
- ¿Qué hay de Aiwei? - Asami interrumpió.
- A él también lo tendrán. - Buque afirmó.
- ¿Cómo metieron armas de fuego a la alianza? - Preguntó Mako mirando las paredes del almacén.
- Por los mismos túneles en los que se oculta mi padre. - Buque se puso de pie y suspiró. - Infiltré a unos cuantos de mis hombres entre sus filas y encontré los túneles y sus armas. - Comenzó a negar con la cabeza. - Los traidores están acabados, solo faltan mi padre y Aiwei, mis hombres los tienen. - Buque miró a la morena quién se encontraba examinando las reacciones físicas del hombre en busca de un posible indicio de nerviosismo.
- ¿Los atrapaste? - Korra preguntó.
- No, ellos piensan que están protegidos pero sus guardias están bajo mi mando. - Buque respondió.
- ¿En qué momento iniciaste esto? - Korra preguntó sin lograr entender lo que estaba pasando.
- Desde el inicio, Arpón es mi padre, quería que estuviera seguro así que le confié su protección a mis hombres, lo que no esperaba era que él fuera a usarme como carnada y que fuera a sacrificar a los rebeldes del Este para cumplir con su cometido, no iba a permitir que mi nombre se ensuciara y tampoco que mi gente se quedara sin hogar. - Respondió manteniendo una expresión difícil de leer.
- Llévanos a Arpón. - Asami ordenó sin perder de vista su objetivo, abolir las posibles amenazas que existieran en contra de la morena.
Al salir del almacén Korra escuchó las noticias que sus peleadores tenían sobre las bajas en el asentamiento, un joven gladiador le informó que llevaban treinta cuerpos recuperados de distintas partes de la ciudad y quince armas de fuego habían sido entregadas por los hombres de Buque.
- Murieron cincuenta y dos personas. - Buque alzó la voz al escuchar al joven. - Estaban esparcidos en toda la alianza, gente de todos los grupos. - Explicó, Korra lo miró sorprendida. - No todos fueron asesinados con armas de fuego, algunos murieron durmiendo, no sintieron cuándo les aplastaron la cabeza así que no hubo ruido o disturbios, hagan un conteo por zona y vallan a las casas de la gente que no esté presente en el conteo. - Concluyó con frialdad al encontrarse convencido de que los traidores no merecían ningún tipo de pena o piedad por parte de nadie.
- Busquen bien. - Korra ordenó notando la manera en que la garganta se le volvía un nudo difícil de pasar, Buque había logrado evadir su radar, cincuenta y dos personas no era una cantidad insignificante y todos habían muerto antes de que alguno de los guardias pudiera darse cuenta o hacer algo al respecto.
El grupo de líderes siguió a Buque hasta una zona un poco retirada de los territorios habitados de las ruinas hasta detenerse frente al esqueleto metálico de un edificio derrumbado, los escombros parecían una pila de basura cubiertos con todo tipo de chatarra y lonas de tela maltrechas, Buque se adelantó y comenzó a golpear el suelo con la suela de sus botas hasta que el sonido de la tierra sonó hueco.
- Eso es una lámina, debajo de ella hay un túnel hacia la vieja ciudad. - Explicó.
Korra se detuvo a pensar en las palabras de Buque, ya antes había leído sobre las ruinas de una ciudad antigua que yacía por debajo de las ruinas de Ba Sing Se, los restos de una civilización más vieja que la de los habitantes de la ciudad amurallada, no era inusual que al caminar descalza pudiera sentir los vestigios de túneles derribados bajo tierra pero nunca había encontrado algo que en verdad mereciera su atención por lo que nunca se había aventurado a explorar.
- ¿Esos túneles conectan a algún lado del otro lado de la muralla? - Korra preguntó observando la entrada que sus guardias descubrieron al levantar una desgastada lámina metálica.
- Si, los túneles llevan hacia el corazón de una vieja ciudad, no todos los túneles se encuentran funcionales, Arpón logró limpiar los túneles que conectaban con el Este ya que ahí guardaba algunos de sus tesoros y ahora le sirven de escondite. - Buque narraba sin dejar de avanzar a la delantera del grupo.
- Colaron las armas por estos túneles. - Mako mencionó y Buque se limitó a asentir con la cabeza.
- Logré poner mis manos en unas cuantas, debían tener cerca de treinta armas listas para su rebelión. - Suspiró. - Arpón habría lastimado a cientos de personas, a él no le interesa el bienestar de nadie que no sea él mismo. - Bufó indignado.
El grupo continuó andando por el largo túnel que se encontraba recubierto de rocas luminosas que alumbraban el camino, al alcanzar el corazón de la ciudad en ruinas Korra no podía creer lo que sus ojos le mostraban, edificios de roca, todos perfectamente acomodados bajo tierra, claramente aquellos eran vestigios de viejos maestros tierra que habían decidido crear sus hogares bajo la seguridad que les proporcionaban las rocas y tierra que los rodeaban, algo digno de admirarse y difícil de ignorar.
- Necesito que liberen mis manos, debo ir a solas. - Buque se arriesgó a preguntar a pesar de saber que la confianza de la morena no lo favorecía.
- De ninguna manera. - Asami negó con la cabeza.
- Mis hombres se mantienen fieles a mí, solo necesito dar la orden y tanto mi padre como Aiwei serán capturados. - Intentó razonar con la desconfiada líder rebelde.
- Si no vuelves en un minuto los perseguiré y no me detendré a pensar en nada, la cueva caerá sobre sus cabezas y permitiré que mueran aplastados o asfixiados aquí abajo. - Korra lo amenazó antes de desintegrar las rocas que hasta el momento habían restringido las muñecas de Buque.
- Será un instante. - Buque le aseguró mientras frotaba sus amoratadas muñecas.
- Adelante. - Korra alzó la barbilla señalando los viejos edificios de roca que permanecían en mejor estado que cualquiera de los edificios de Ba Sing Se.
- No nos podemos arriesgar a que escape. - Iroh dio un par de pasos hacia el frente en la misma dirección que Buque había seguido.
- No escapará, no puede escapar de mí, no en este lugar. - Korra intentó tranquilizar a su amigo, todos los ojos permanecían fijos sobre la dirección que había seguido el hijo de Arpón con la esperanza de que el hombre cumpliera su palabra y volviera pronto.
El sonido de un disparo alertó al grupo que de inmediato se echó a correr hacia los edificios de roca, Korra e Iroh se adelantaron haciendo uso de su fuego control para impulsarse en el aire, al acercarse a las ruinas escucharon un pequeño altercado, voces de personas peleando que los guiaron hacia Buque y sus hombres.
- ¡Abajo, Aiwei tiene una pistola! - Buque gritó al darse cuenta de la presencia de la morena, de su hombro derecho emanaba un cálido flujo de sangre que le corría por el brazo y caía por las puntas de sus dedos, Buque se encontraba oculto detrás de una pared de roca acompañado por seis hombres y Arpón, el viejo líder rebelde permanecía tirado sobre el suelo con un guardia encima asegurándose que no lograra escapar.
Korra bajó de inmediato con la intención de sentir la vibración de los pasos de Aiwei sobre la roca y encontrarlo, mientras tanto Asami, Mako y el resto del grupo se acercaron por detrás, Buque volvió a advertirles sobre Aiwei para que todos se resguardaran y se mantuvieran fuera del alcance de alguna bala.
Aiwei se encontraba escondido detrás de una pared rocosa a unos cuantos metros de ellos, Korra podía ver su figura con claridad por lo que decidió no tomar ningún riesgo innecesario y optó por atrapar al hombre entre placas de roca que cubrieron su cuerpo por completo hasta dejarlo inmóvil.
- ¡Ugh! ¡Avatar! - Renegó el viejo.
- Es seguro. - Korra suspiró aliviando la tensión que hasta el momento se había apoderado de sus hombros.
Asami se acercó a Buque para examinar la herida que continuaba escupiendo sangre a un ritmo preocupante. - Tenemos que llevar a Buque a examinar. - Asami alertó con angustia.
- Yo me encargaré de eso. - Korra gritó a lo lejos sin dejar de avanzar hacia Aiwei para poder aprenderlo y llevarlo de vuelta con ella.
- El Avatar, nos volvemos a ver. - Aiwei bufó falto de aire a causa de la presión que las placas de roca ejercían sobre su cuerpo.
- Aiwei. - Korra lo nombró manteniendo una expresión neutral en el rostro, la última vez que ella lo había visto fue el día en que escapó de sus barcos y volvió al lado de Asami después de sus tres años de ausencia.
- Debiste haber escapado cuando tuviste la oportunidad. - La morena manipuló la roca para cerrarse alrededor de los brazos del viejo rebelde logrando despojarlo del arma que sostenía en su mano izquierda.
- Un verdadero rebelde nunca se rinde. - Aiwei se quejó al sentir la presión de las rocas al moverse contra su cuerpo.
- No, pero tú no eres un verdadero rebelde, eres un seguidor del Loto Rojo, cobardes que se ocultan y no dan la cara para hacer sus trabajos sucios. - Korra gruñó.
- ¿Nosotros nos ocultamos? ¿No fuiste tú quién utilizó una identidad falsa para llegar hasta el lugar que tienes ahora? - Aiwei gruñó.
- Si, a eso se le llama estrategia, pero a diferencia de ti yo estuve ahí en persona, no me oculté detrás de nadie más. - Terminó de asegurar las manos de Aiwei detrás de su espalda antes de bajar las placas de roca que lo retenían.
- P'Li va a terminar contigo. - Aiwei exhalo pesadamente al ser empujado por la morena quién le ordenó caminar de regreso para reunirse con el resto del grupo.
- La estaré esperando. - Korra respondió agachándose y levantando la pistola con la que Aiwei le había disparado a Buque.
- Korra, es demasiada sangre. - Asami insistió para llamar la atención de la morena, Korra observó la manera en que Iroh y Mako se encargaban de Aiwei y Arpón, una vez que ambos estuvieron asegurados la morena se acercó a Buque y Asami quién se encontraba aplicando presión sobre la herida de bala con la esperanza de ayudar a disminuir la hemorragia.
- Estará bien. - Korra aseguró.
- ¿Puedes cerrar este tipo de heridas? - Asami preguntó observando con atención a la morena.
- Algo he de poder hacer. - Korra suspiró. - Necesito agua. - Dijo mirando a los hombres de Buque, uno de ellos se puso de pie y corrió hacia un el interior de uno de los edificios del cual sacó un par de viejas cantimploras.
- No es mucha. - Se disculpó al hacer entrega de los contenedores, la morena negó con la cabeza asegurando que con esa agua bastaba para tratar la herida.
Todos observaron en silencio mientras Korra comenzaba a trabajar el hombro de Buque, Mako sentó a Arpón y Aiwei uno al lado del otro, ambos con las manos atadas detrás de la espalda.
Korra examinaba la herida en busca de la vena o arteria que forzosamente había sido lastimada ya que la cantidad de sangre que Buque estaba perdiendo no podía venir de otra fuente.
Asami notó la concentración que Korra estaba invirtiendo en la curación de la herida de Buque, este no era el proceso regular, la ojiverde sabía que había ciertas limitaciones para lo que las curaciones con agua control podían hacer cuándo no se contaba con agua espiritual, todo parecía indicar que esta era una de esas excepciones, el sudor de Korra le bajaba por la frente y el puente de la nariz pero la morena se negaba a apartar la mirada de lo que estaba haciendo.
- No hay más remedio, intentaré algo en lo que no tengo demasiada experiencia así que no te muevas. - Korra le ordenó pasándose el antebrazo por la frente para limpiarse el exceso de sudor que comenzaba a causarle cierto ardor en los ojos.
- Si no logro sobrevivir moriré en paz sabiendo que logré limpiar mi nombre antes de partir. - Buque sonrió. - Pero mi tumba deberá decir Zhao, Buque es un nombre lleno de deshonra, el nombre que me dieron en el mar del Este cuándo desconocía la existencia del Loto Rojo y cumplía con sus órdenes y reglas. - Aclaró, su rostro comenzaba a palidecer bajo la notoria capa de sudor que le bañaba la piel en respuesta al dolor que le causaba la herida.
- No vas a morir aquí. - Korra bufó para luego cerrar los ojos y tomar un profundo suspiro.
- Morirás por ser un traidor, todos ustedes morirán por el mismo motivo. - Aiwei gruñó mirando a los rebeldes del Este que habían ayudado a Zhao a ejecutar su trampa.
- Silencio. - Iroh ordenó.
Korra comenzó a exhalar lentamente y abrió los ojos al liberar lo último que le quedaba de aire revelando el brillo distintivo que acompañaba el estado Avatar, Korra entonces movió su mano frente a la herida y cerró el puño, a simple vista no parecía que aquel movimiento hubiera hecho algo, pero Zhao pudo sentirlo, una extraña tensión en su hombro parecía impedirle mover el brazo, era como si el Avatar se encontrara manejando aquella extremidad.
- No puede ser... - Arpón murmuró con incredulidad.
- Sangre control... - Aiwei completó con desagrado. - ¡¿Qué no ven?! Una persona no debería tener todo ese poder, manipular la sangre de otro ser viviente no es algo del orden natural de las cosas, no debería existir, los maestros y el Avatar deben desaparecer. - Comenzó a maldecir en todas direcciones, Asami giró la cabeza y contempló a los dos hombres de edad avanzada, los dos observaban a Korra con la mirada llena de terror y desprecio, los dos se parecían estar más que dispuestos a agredir a la morena en caso de tener la oportunidad.
- ¿Qué no ves que está luchando por salvar la vida de tu hijo? - Asami preguntó sin ser capaz de entender la manera de pensar de Arpón.
- ¡El Avatar es un error! - Arpón gruñó y escupió al suelo. - Si mi hijo apoya a esa mujer puede morirse cuántas veces quiera, no me importa. - Añadió.
Asami miró a Korra quién no permitió que ninguna de las palabras dichas a su alrededor lograran perturbar su concentración pues necesitaba mantenerse enfocada para lograr manipular la sangre y los tejidos de Zhao de forma apropiada .
- ¡Déjalo morir! No tiene sentido que salven ninguna de sus vidas, el Loto Rojo vendrá por ustedes y acabará con todos. - Aiwei continuó gritando.
El corazón de Asami palpitaba a toda prisa y su respiración comenzó a acelerarse para abastecer de oxígeno el veloz flujo de sangre que invadía su cuerpo, por sus venas corría la adrenalina que nació del recuerdo de las palabras de Kuvira, alguien debía proteger a Korra de personas como Arpón y Aiwei, seguidores ciegos del Loto Rojo que al final no le serían de utilidad a nadie y que el mantenerlos vivos no significaba más que un riesgo innecesario para toda la alianza y para la morena misma.
- Si no pudieron mantener la seguridad de la alianza contra nosotros ¿Qué les hace pensar que podrán detener al Loto Rojo? Hay más como nosotros ahí afuera y también dentro de la alianza. - Aiwei amenazó.
- ¡No! - Zhao gruñó. - Yo los asesiné a todos para enmendar tus faltas maldito cobarde. - Apuntó hacia su padre con los ojos infundidos de rabia. - Ustedes son los únicos dos que quedan con vida. - Habló entre dientes intentando aguantar el dolor mientras sentía cómo su carne se movía a voluntad del Avatar.
- Eso piensas tú. - Se burló Arpón.
- Puede que haya más, pero si ese es el caso, necesitarán tener un buen par de pantalones para atreverse a hacer algo como lo que ustedes planeaban hacer. - Asami interrumpió la conversación, las miradas se dirigieron hacia ella solo para contemplar la manera en que la ojiverde sostenía la pistola que Korra había dejado sobre el suelo.
- ¿Qué haces? - Arpón fue el primero en reflejar el terror que le nacía del pecho, con los ojos abiertos de par en par y los labios ligeramente abiertos y curveados hacia abajo.
El primer disparo aturdió a todos los presentes, Korra apretó la mandíbula y se estremeció ligeramente sin apartar sus manos del hombro de Zhao.
- ¿Qué haces? - Preguntó con nerviosismo sin poder voltear, la sangre control era una técnica difícil de lograr sin la ayuda de la luna llena, era una técnica que prefería no practicar por lo cual requería de toda su concentración, si apartaba la mirada perdería el trabajo que había logrado hasta el momento y la vida de Zhao estaría en verdadero peligro.
- ¿No tienes algo importante que quieras decirle a tu hijo antes de morir? - Asami preguntó al único rehén que quedaba con vida, Arpón miraba incrédulo la manera en que la cabeza de Aiwei colgaba hacia atrás sobre un cuerpo sin vida, la bala se había anidado en el medio de sus cejas dejando un hueco de carne y sangre como evidencia de su presencia ahora que se encontraba resguardada en algún lugar en el interior del cráneo de aquel hombre.
- ¡No por favor! - Arpón suplicó pero su voz se mezcló con la voz del resto de los presentes, todos gritaron algo, todos menos Zhao quién observó las expresiones en el rostro ensangrentado de su padre, por más que lo intentaba no lograba invocar ningún sentimiento de apego por aquel anciano, en vez de eso recordó la muerte de sus hermanos quienes perecieron en un intento por cumplir los caprichos de su padre, recordó la muerte de su madre quién había caído enferma y había sido abandonada como un objeto desechable, también recordó el día en que Gato llegó a enfrentarlo por los rumores que su propio padre había comenzado en su contra, a su cabeza no venía ningún solo recuerdo que le ayudara a encontrar la voz que necesitaba para pedir clemencia para su padre.
- ¡No se acerquen! - Asami ordenó en el momento en que Mako y el resto de sus amigos dieron un paso hacia ella, estaba dicho, no había tiempo para cuidar de personas que no querían ser cuidadas, eran ellos o la vida de Korra y para Asami la respuesta era clara, su mano se mantuvo firme, no había un solo músculo de su cuerpo que temblara, el destino de Arpón estaba decidido.
- Espero que tu espíritu encuentre la tranquilidad que no supiste encontrar en este mundo. - Zhao se despidió cerrando los ojos para evitarse otro amargo recuerdo, la detonación de la pistola volvió a llenar los oídos de todos, Arpón cayó hacia el frente, su rostro golpeo el suelo levantando un poco de polvo a su alrededor, Zhao suspiró y elevó su mirada hacia la morena quién mantenía la mandíbula fuertemente apretada mientras un par de lágrimas le surcaban las mejillas.
- Lo lamento. - Korra murmuró débilmente, Zhao se sorprendió al escuchar aquella disculpa y sonrió, el Avatar se disculpaba a pesar de que su padre no había hecho otra cosa que intentar asesinarla y maldecirla a ella y a su gente.
- Su muerte fue rápida, mucho mejor de lo que se merecía. - Zhao dirigió la mirada hacia su hombro y notó que la sangre había dejado de correr, Korra acababa de salvarle la vida.
- Se terminó. - Asami suspiró abriendo el compartimento de las balas y retirando el cartucho antes de entregarle el arma a Mako, sus ojos verdes examinaron los cuerpos de Arpón y Aiwei, ella había hecho eso, había tomado la vida de dos hombres desarmados, algo que nunca hubiera podido hacer antes de su experiencia en la niebla, sus miedos se habían disipado por completo, el camino que debía seguir era difícil y estaba lleno de decisiones imposibles pero estaba dispuesta a recorrerlo con tal de poder proteger y ayudar a Korra.
- No te muevas. - Korra le ordenó a Zhao saliendo del estado Avatar para volver a tratar la herida con agua control y ayudar a la herida a reforzar las delicadas cicatrices que había logrado establecer en el tejido lastimado.
Asami miraba a Korra sabiendo que a la morena le costaría entender lo que acababa de hacer, un tema que sería más difícil de aclarar entre las dos y que seguro impondría distancia entre ellas, pero Asami se sentía satisfecha con el resultado de lo que había hecho, Aiwei había sido la prueba viviente de que algunos seguidores del Loto Rojo nunca dejarían de perseguir al Avatar sin importar cuántos obstáculos debieran enfrentar, y tal como Kuvira le había dicho, ella estaba dispuesta a convertirse en la fuerza opuesta a esas personas, respondería con la misma fuerza y agresividad con tal de proteger a Korra.
#Nota de Autor# (Nada relevante a la historia de aquí en delante, no es necesario leer esto)
¡Feliz mes LGBTQ+! (Por poco pensé que no lograría completar un capi para este mes jaja)
Un saludo y abrazo para todos aquellos quienes apoyen o pertenezcan al grupo LGBTQ+
Sé que para cada quién la experiencia es diferente pero también sé que para muchos el inicio es complicado y
muchas veces lleno de sentimientos y situaciones negativas.
Solo quisiera decirles que no se dejen caer por opiniones y acciones ajenas, lo importante siempre
será la manera en que ustedes piensen de ustedes mismos y la manera en que se traten a si mismos.
Quieranse, cuidense, respetense y siempre busquen lo que los haga felices en esta vida.
Un abrazo! Gracias por estar aquí y gracias por leer mi historia!
