Asami permanecía sentada dentro del coliseo observando la arena, había pasado una semana luego de la caída de los traidores, Zhao había sido desterrado, una sentencia que él mismo se impuso al reconocer que lo que había hecho no era un buen ejemplo para la gente de la alianza rebelde, un asesinato de tal magnitud y sin consultar con ningún líder era una falta imperdonable, y a pesar de que la alianza pedía que se le tuviera clemencia, Zhao se había negado a quedarse, luego de explicar sus crímenes y de disculparse con la alianza el hombre se preparó para partir con un hombro herido y sin ninguna ración de comida o agua, sus probabilidades de sobrevivir eran escasas pero él así lo había querido.

A petición de Zhao, Gato fue elegido como el nuevo líder de los rebeldes del Este y se encargó de que su gente fuera la encargada de cavar las tumbas necesarias para los traidores que habían asesinado durante aquella noche.

El descontento del incidente solo sirvió para unir más a la alianza, nadie quería que aquella noche volviera a repetirse por lo que los miembros de la alianza comenzaron a ser más atentos y abiertos al expresar su descontento contra cualquiera que tuviera una opinión negativa en contra de su gobierno ya que hasta el momento Korra y los otros líderes les habían dado buenos resultados y no tenían motivos para querer derrocarlos.

La situación se había asentado pronto gracias a que los rebeldes no se molestaron en demostrar luto por los traidores que habían muerto aquella noche, todos continuaron con sus vidas como si nada hubiera ocurrido, todo parecía haber vuelto a la normalidad, todo menos la relación de Asami y Korra.

Asami suspiró mirando el trono de la reina del coliseo, Korra no le había dirigido la palabra luego de lo ocurrido, o al menos no le había dicho nada además de que necesitaba tiempo para asimilar lo que había pasado, aquella noche la morena durmió en la habitación de entrenamiento y al día siguiente dejó la guarida antes de que la ojiverde despertara.

- Oh, aquí estás. - Bolin tomó asiento a su lado. - Pensé que estarías en los entrenamientos con los aparatos de neutralización. - Dijo con tono amigable intentando brindarle un poco de ánimo a la ojiverde quién carecía de brillo en la mirada mientras mantenía sus ojos enfocados en el trono de Korra.

- No, los guardias de Mako están capacitados para dar el entrenamiento, no me necesitan y no me sentía con energías para eso el día de hoy. - Asami respondió parpadeando un par de veces antes de dirigir su atención hacia su amigo. - ¿Ocurre algo? - Preguntó.

- No, nada, solo quería hablar contigo un poco... - Respondió con una risilla nerviosa que Asami supo interpretar de inmediato.

- Mako te envió a ver cómo estaba. - Asami sonrió de lado, los ojos de Bolin se abrieron como platos pero el joven intentó continuar con su acto al negar con la cabeza una y otra vez.

- ¡No! ¿Por qué habría de venir a ver cómo estás? No es que algo ande mal en tu vida personal o algo así... - Bolin exhalo pesadamente al darse cuenta de que acababa de decir las palabras que había querido evitar desde el inicio de aquella conversación.

- Sé que están preocupados. - Asami sonrió sin entusiasmo. - Pero no es necesario que se tomen tantas molestias, Mako, tú, los gladiadores, los aprendices, los líderes, todos han estado prestándonos especial atención. - Volvió a mirar la arena y se encogió de hombros. - Korra y yo estaremos bien, ella sabe bien la posición en la que estoy y yo conozco la posición en la que está ella, es solo que ninguna de las dos ha estado dispuesta a ceder. - Intentó explicar.

Bolin guardó silencio al recordar la madrugada en la que Asami había ejecutado a Aiwei y a Arpón, la ojiverde no había mostrado piedad alguna y tampoco se le notó arrepentida o dolida por sus muertes, pero tampoco hubo satisfacción en su mirada, parecía tener una posición estrictamente laboral al respecto, como algo que "se tenía que hacer" algo que Korra no hubiera permitido sin importar lo mal que Arpón hubiera actuado y sin importar todos los años en los que Aiwei le había estado dando caza.

- Creo entender lo de las posiciones de cada una. - Bolin se aclaró la garganta. - Korra no hubiera ordenado algo tan drástico, tal vez ella hubiera optado pordesterrarlos, pero dejarlos vivos habría dañado su reputación y tal vez le hubiera traído más problemas en el futuro. - Bolin pensaba en voz alta.

- Tenía que ser eso, debían ser ejecutados, Kuvira lo aclaró antes de irse y tenía razón, Korra no tiene lo necesario para hacer semejante cosa porque ella es el Avatar, afortunadamente yo no lo soy y puedo encargarme de esos asuntos. - Asami suspiró pesadamente y los dos guardaron silencio por un momento.

- No quiero que piensen que no valoro la vida de cada persona. - Asami intentó aclarar.

- ¡No! Yo nunca pensaría que tú no te preocuparías por las vidas de tus enemigos. - Bolin se apresuró a responder. - Sé que valoras todo tipo de vidas, eso lo pude ver a lo largo de los años allá en las ruinas de Ciudad República. - Le sonrió cálidamente.

- Quisiera poder tomar la misma posición que Korra y luchar por salvar las vidas de todos, pero si lo hago puede que la consecuencia sea perder a Korra... - Asami pausó.

- Las guerras siempre van a tener bajas de ambos bandos. - Bolin respondió con una mirada triste sabiendo que ese era el futuro que les esperaba.

- Tengo que estar preparada para eso, no puedo volver a quedarme paralizada del miedo como el día en que tome la vida de Amon. - Asami miró las palmas de sus manos notando el tono rosado de su piel, a diferencia de las de Korra sus manos lucían limpias y casi intactas, daban la impresión de ser las manos de una persona que no sería capaz de lastimar a nadie, pero ella sabía la verdad, aquellas manos ya habían tomado la vida de tres personas y estaban listas para volver a actuar en caso de ser necesario.

- Nadie cree que hayas hecho algo malo, los rebeldes hablan a tu favor. - Bolin le recordó.

- Lo sé. - Asami suspiró. - Incluso Iroh y Mako admitieron estar de mi lado. - Asami dejó escapar una risa triste y cansada. - El problema es que ninguno de ellos son mi almohada al dormir. - Asami resopló dejando sus hombros caer.

- No tienes idea de cómo la extraño. - Admitió en voz alta lo que todos ya se podían imaginar, Asami ahora dormía en la mansión de los Beifong con los miembros del Loto Blanco, Korra no la había echado pero ella sentía que la morena necesitaba tiempo y espacio para ordenar sus ideas.

- Ella también te echa de menos, las dos no lucen igual a cómo lo hacen cuando están juntas. - Bolin sonrió de lado.

- Ya encontraré el momento de hablar con ella, así que por favor no se preocupen más. - Asami volvió a intentar sonreír a pesar de sentirse demasiado fastidiada para eso.

/*/*/*/

- ¡El pulgar va por fuera del puño! ¡Esto es básico! Pero adelante, ve por ahí a pelear de esa forma, solo quisiera poder ver tu cara cuándo tu dedo truene en el medio de la batalla. - Korra gruñó pasando de largo a la distraída mujer que había cometido aquel pequeño error.

Ahora que el peligro de los traidores se había desvanecido Korra había decidido dedicar la mayor parte de su tiempo a los entrenamientos de los bloqueadores de Chi, quería asegurarse de que sus hombres estuvieran listos para enfrentarse al Loto Rojo y para eso se aseguraba de presentarse a toda la jornada de entrenamientos para poder observar el desempeño de cada aprendiz.

- Y decías que yo era duro con ellos. - Mako se burló.

- Nunca te pedí que no lo fueras. - Korra respondió de mala gana, Mako exhalo lentamente en un intento por no reaccionar a la mala actitud de la ojiazul, al igual que el resto de la alianza, Mako conocía el estado actual de la relación de la morena y entendía el origen de su mal humor, aunque aquel motivo no terminaba de justificar la manera en la que Korra había estado actuando, era algo que no se podía evitar.

- ¡Baatar! Si no tienes ganas de estar aquí solo vete de una vez. - Korra señaló ganándose una mirada fulminante por parte del joven Beifong y un par de risillas por parte de los gemelos Beifong que entrenaban al lado de su hermano mayor.

- Terminaré este estúpido entrenamiento y seguiré a Kuvira al campo de batalla. - Baatar respondió.

- No, con esa actitud y desempeño solo te ganarás un lugar entre los limpiadores de la arena del coliseo. - Korra bufó.

Los dos se miraron con rencor sin decir nada más, los gemelos se acercaron a Baatar e intentaron apartarlo pero él tenía otros planes, no era ningún secreto que él se sentía molesto con la morena y deseaba poder expresarse abiertamente pero hasta el momento siempre había alguien que le evitaba hacerlo.

- Tenemos que hablar. - Baatar bufó.

- Adelante, tu guía el camino. - Korra extendió su brazo derecho para que el Beifong caminara por delante de ella, Mako y los gemelos observaron un tanto preocupados mientras ambos desaparecían a la distancia.

Su pequeña marcha los llevó hasta una zona cercana a los comedores, calles que usualmente permanecían vacías o lo suficientemente despejadas para que los dos pudieran charlar sin interrupciones.

- Te escucho. - Korra alzó la voz.

- ¡Todo es tu culpa! Nuestra vida estaba bien hasta el día en el que apareciste. - Baatar explotó liberando el sentimiento que había estado guardando silenciosamente dentro de su pecho.

- ¿De qué hablas? - Korra detuvo su paso y lo miró fríamente, la rabia en los ojos de Baatar no era algo desconocido para la morena, él siempre se aseguraba de dirigirle una mirada desagradable cuando llegaban a cruzar sus caminos, Korra tenía claro que Baatar la detestaba así que no le sorprendía escuchar aquellas palabras.

- ¡¿De qué hablo?! - Baatar la miró con incredulidad. - ¿Es que acaso no notaste el declive en nuestras vidas después de conocerte? - Acusó, Korra arrugó las cejas y apretó la mandíbula en un intento por mantener la calma, generalmente contaba con más paciencia y autocontrol para lidiar con ese tipo de situaciones pero sus problemas personales le estaban robando casi toda su habilidad social pues sin importar quién fuera o de qué se tratara sus reacciones solían ser intolerantes, cortantes y a veces agresivas.

- Kuvira vive bien, aquí el único desdichado eres tú. - Korra aclaró con voz dura y carente de empatía.

- Tú nunca entenderías. - Baatar insistió en su postura.

- ¿Entender qué? - Korra resopló, la morena no era estúpida y se daba una idea de lo que aquel hombre estaba intentando darle a entender, pero la verdad era que le molestaba que aquella conversación no fuera completamente transparente y directa.

Baatar guardó silencio y agachó la mirada mientras sopesaba las palabras que usaría para responderle a la ojiazul, por su parte Korra se sentía más impaciente a cada segundo que pasaba, no toleraba estar en presencia de Baatar y prefería que su interacción fuera breve.

- No sabes que decir porque sabes que estás mal, te equivocas en lo que estás diciendo, no arruine sus vidas, sus vidas están bien, lo único que cambió fue la relación que tenías con Kuvira pero eso es algo en lo que yo no puedo interceder. - Las palabras rodaron de los labios de la morena como una ráfaga de viento frío que sacudió al joven Beifong.

- ¿Qué no puedes interceder? - Baatar bufó. - ¡Ese fue todo el problema! Intercediste. - Gruñó molesto.

- ¡¿De verdad quieres culparme a mí de esto?! - Korra respondió sorprendida.

- ¡No hay otra responsable! Fuiste tú la que llegó a esparcir sus extrañas ideas sobre mujeres saliendo con mujeres ¡Es tú culpa! - Habló con fuerza sin importarle el riesgo de llegar a molestar a la morena que sin esfuerzo alguno podía hacerlo caer al suelo de un solo golpe, Baatar sentía la necesidad de sacar todo el coraje que había dentro de él porque últimamente le había estado impidiendo pensar con claridad y su condición solo había empeorado después de la partida de Kuvira.

- ¿Qué? - Korra bajó la voz al sentirse confundida por lo que acababa de escuchar.

- ¿Sabes lo qué me dijo antes de marcharse cuándo le pedí que me llevara con ella para intentar reparar lo nuestro? - Baatar apretó ambos puños y miró a la morena directo a los ojos, Korra permaneció en silencio en espera de que Baatar continuara. - Que no funcionaría porque gracias a ti se había dado cuenta de que "tenía más opciones" - Pausó al recordar cada detalle de aquella dolorosa despedida. - Dijo que los hombres ya no son de su interés, que tal vez nunca lo habían sido y que por eso lo nuestro no había funcionado... - Suspiró luchando por contener las lágrimas que comenzaban a formarse dentro de sus ojos.

- ¿Sabes en dónde me deja eso? - Volvió a lanzar una pregunta que Korra no sabía si debía responder, o no.

- Me deja fuera, no puedo volver a su lado, no hay lugar para mí en su vida... - Volvió a detenerse pasándose una mano por el cabello antes de seguir. - Y todo es tu culpa. - Concluyó limpiando la única lágrima que había alcanzado a caerle por la mejilla.

- Esa no es mi culpa. - Korra aclaró. - Esa es la vida de Kuvira, si ella se ha dado cuenta de eso es cosa suya, no mía, esto es algo que tienes que hablar con ella, no conmigo. - Pausó un segundo antes de volver a endurecer la mirada. - Tienes que meterte eso a la cabeza, yo no soy responsable de lo que pasa entre tú y ella. - Señaló presionando su dedo índice sobre el pecho de Baatar.

- Es tú culpa, si tú no hubieras llegado ella jamás hubiera pensado en semejantes tonterías. - Gruñó de vuelta negándose a aceptar las palabras de la morena.

- ¿Y si fuera hombre y ella aún así se hubiera enamorado de mí? - Korra preguntó. - ¿Entonces qué? Seguro también encontrarías una manera de culparme. - La ojiazul bufó. - Tienes que abrir los ojos y darte cuenta de que lo que pasó entre tú y ella no tiene nada que ver conmigo. - Gruñó.

- Ella no está enamorada de ti... - Baatar habló entre dientes.

- Me ama. – Aclaró Korra. - Y yo la amo. - Agregó. - Pero el amor que yo siento por ella es fraternal y creo que ella al fin ha encontrado la manera de amarme de igual manera, pero antes de eso ella se encargó de aclarar que su interés por mí tenía una orientación más romántica. - Le explicó.

- ¿Qué te hace pensar eso? - Baatar resoplaba, detestaba escuchar esas palabras saliendo de los labios de la morena.

- Me robo un beso. - Korra sonrió de lado recordando lo sorprendida que se había sentido cuándo Kuvira había hecho aquello.

- Así que se atrevió a llegar tan lejos... incluso sabiendo que tu corazón le pertenecía a alguien más. - Baatar murmuró para sí mismo.

- No soy nadie para meterme en los detalles de tu relación con ella Baatar, lo único que puedo decirte es que ella te aprecia y que tu actitud le impide mantenerte como el amigo que desearía tener a su lado. - La morena concluyó.

- No puedo ser su amigo. - Baatar alzó la voz.

- Entonces no lo seas, lo único que yo te pido es que me mantengas fuera de tus problemas personales, sigo siendo la líder de esta alianza y cualquier falta de respeto pública es castigable. - Korra se dio media vuelta y comenzó a caminar.

- ¡Espera! - Baatar alzó la voz. - Necesito volver a hablar con ella, necesito aclarar las cosas, tienes que mandarme a Ciudad República. - Pidió.

- Nadie más está programado para ir allá. - Korra respondió a secas.

- Me resulta difícil comprenderla pero no me gusta la manera en que nos despedimos, por eso es importante que me permitas completar el entrenamiento e ir a Ciudad República a hablar con ella. - Baatar intentó explicar sus intenciones.

- Eres un desastre en los entrenamientos. - Korra le dio la espalda y dejó escapar un pesado suspiro. - Pensaré en algo Baatar, no te prometo nada, solo aclararé que no te mandaré a pelear, eres un sujeto que no tolero pero matarte no es mi objetivo, dame tiempo y ayúdame a encontrar algo en lo que de verdad puedas ayudar. - Concluyó.

- ¿Buscar algo en lo que pueda ayudar? – Baatar devolvió las palabras de la morena en forma de pregunta.

- Si, hay muchas actividades en la alianza además de los entrenamientos, estoy segura de que eres bueno en algo, si no hubieras perdido el tiempo haciendo lo mismo que Kuvira ya sabrías cuál es tu verdadero talento, así que más vale que te apresures y vayas a buscar. - Le ordenó continuando su camino, ya no se sentía con ánimos de volver a los entrenamientos y casi era hora de comer así que prefirió encaminarse hacia los comedores.

Sentada cerca de uno de los comedores Korra observaba el vapor saliendo de las enormes cacerolas metálicas en las que preparaban los platillos que servirían durante la comida, el aroma era agradable, cuándo la idea de los comedores inició la comida carecía de sabor, ahora solía satisfacer a la mayoría, esto era algo sin precedentes ya que de la nada había brotado gente que tenía pasión por la cocina, gente que disfrutaba cocinando y que lo veía como algo más que una simple necesidad, fue esta gente la que había llegado a darle sabor a la comida, entre ellos mismos habían descubierto que ingredientes mezclar para obtener el mejor resultado de sabor y ahora eran pocas las personas que no estaban satisfechas con las comidas que se servían en los comedores.

Poco a poco la gente comenzó a llegar, Korra los observaba en silencio mientras disfrutaba de su comida, todos sonreían, todos le dirigían breves saludos, todos gozaban de buena salud y mostraban un buen estado de ánimo, todos vivían en armonía, y aún así, ahí estaba ella, sintiéndose incompleta e insatisfecha sin poderse sacarse la idea de la guerra de la cabeza.

- ¿Me puedo sentar? - Escuchó la inconfundible voz de la ojiverde, Korra asintió con la cabeza sin dirigirle la mirada a su compañera.

Asami colocó su plato sobre la mesa y tomó asiento frente a la morena, ninguna de las dos dijo nada, no hacía falta, Naga permanecía sentada a un lado de la morena, bien derecha con la lengua de fuera mientras sus curiosos ojos examinaban a los humanos que iban y venían con charolas de comida en sus manos, frente a ella Sai hacía exactamente lo mismo sentado a un lado de la ojiverde.

Korra masticaba sus verduras frescas y Asami sorbía la sopa, los ojos de la morena no podían evitar examinar los rasgos de Asami mientras comía, le resultaba imposible no verla cuándo la tenía cerca, Asami era hermosa, a pesar de encontrarse en una situación difícil Korra era incapaz de ignorar lo hermosa que era aquella mujer y siempre terminaba llegando a la misma conclusión, la amaba, tan simple como eso, su pecho siempre se sentía cálido cuando Asami estaba con ella y así comenzaba a sentirse como en casa, Asami representaba eso para ella, era su hogar, el lugar al que pertenecía y era por ese motivo que estar lejos de ella la hacía sentirse fuera de balance.

- ¿Pasa algo? - Asami preguntó al notar la persistente mirada de la morena, llevaban poco más de cinco días sin dirigirse más de una o dos palabras al día, en el pasado esto hubiera logrado preocupar a la ojiverde, ahora no era así, Asami Sato estaba completamente segura de dos cosas, la primera era que algún día tendría que morir, eso era inevitable, la segunda era que el amor que ella y Korra compartían jamás llegaría a fracturarse, no había forma de explicarlo, solo sabía que así era y eso le bastaba para no dudar al respecto.

- Luces hermosa. - Korra respondió con toda honestidad, su intención no era alagar a la ojiverde, pues aún se sentía molesta con ella, pero no tenía caso ocultar la verdad.

- Gracias. - Asami sonrió tímidamente volviendo a tomar otra cucharada de su sopa, no era extraño que Korra le dedicara palabras bonitas pero eso no significaba que la ojiverde se hubiera acostumbrado a escucharlas porque cada vez que lo escuchaba era una situación y un tiempo diferente, cada momento era especial, incluso en ese mismo momento, sin importar si la voz de Korra delataba su descontento o si su rostro mostraba una mueca poco amigable, para Asami era importante, Korra la amaba y era capaz de decirlo incluso al encontrarse molesta con ella.

- Quiero que vuelvas a casa. - Korra no dudó en exteriorizar sus deseos, ya había dejado pasar cinco días pero no estaba dispuesta a tolerar más, enojada o no ella quería a Asami a su lado, ver a la ojiverde llegar en las mañanas a ducharse y tomar ropa no era suficiente para ella.

- Pensé que necesitarías más tiempo... - Asami respondió.

- No. - Korra la interrumpió de inmediato. - Nunca te pedí que te fueras. - La morena aclaró antes de llenarse la boca de puré de patata.

- Lo sé... - Asami suspiró. - Pero apenas hemos hablado y aquella noche la pasaste en otra habitación así que pensé que necesitabas tiempo. - Expuso sus motivos mirando a la morena en espera de que aquellos hermosos y molestos ojos azules se alzaran para encontrarse con los suyos.

- Ya no necesito tiempo. - Korra exhaló pesadamente sabiendo que Asami no volvería a su lado sin antes discutir el problema que las había llevado a separarse.

- Entonces tenemos que hablar. - Asami respondió con las palabras que Korra ya estaba esperando, pero que no quería escuchar.

- Lo sé. - Volvió a exhalar notoriamente.

- Porque no quiero volver si no planeas dormir conmigo. - Asami añadió.

- Es imposible dormir sin ti. - Korra arrugó las cejas y alzó la mirada solo para encontrarse con aquellas hermosas esmeraldas mirándola con atención.

- ¿Verdad? Los días son largos y están llenos de actividades así que necesito dormir apropiadamente. - Asami le sonrió, el corazón de Korra se aceleró y la comida se le hizo bola en la garganta a medio camino, sintiendo la falta de aire se apresuró a tomar su vaso con agua para ayudar a bajar todo lo que se le había atascado en el cuello, Asami rió suavemente negando con la cabeza.

- Te amo. - Le dijo a la morena disfrutando la manera en que esta la miraba de vuelta y le permitía contemplar el azul de sus ojos.

- Y yo a ti. - Korra respondió extendiendo sus manos sobre la mesa para alcanzar las de Asami.

Ambas guardaron silencio sin perder detalle de los ojos que reflejaban su imagen, la primera en bajar la mirada fue Korra quien contemplaba la manera en que sus manos se mantenían unidas en un cálido contacto que le ayudaba a tranquilizarse.

- Asami... - Murmuró pesarosa.

- Lo sé. - Asami suspiró apretando las manos de Korra entre las suyas. - Tú nunca podrás aceptar lo que hice. - Expresó las palabras que Korra necesitaba decir.

- No. - Korra hundió el cuello entre sus hombros y encorvo la espalda en una posición que gritaba su incomodidad, a pesar de haberlo estado pensando una y otra vez aún no sabía de qué manera iban a lograr llegar a un acuerdo pues ella tampoco ignoraba las intenciones y los motivos que Asami había tenido para hacer lo que había hecho.

- Eso es bueno, al ser el Avatar esa tiene que ser tu posición. - Asami le aseguró.

- ¿Por qué no me dijiste nada? - Korra alzó la mirada en un intento por encontrar la respuesta en los ojos de Asami quién no se intimidó por la pregunta y permitió que la morena continuara analizando las expresiones de su rostro.

- Fue algo que Kuvira y yo hablamos... - Asami admitió con voz suave.

- ¿Kuvira? - Korra se pasó una mano por el cabello y se enderezó en su lugar liberando las manos de la ojiverde. - Pensé que queríamos volver a Kuvira más como nosotras, no al revés. - Reclamó confundida.

- Si, pero ella también tiene razón, tal vez en otros tiempos hubiéramos podido reaccionar de una manera más tranquila porque la humanidad no se encontraba al borde de la extinción, pero nosotros no tenemos ese tipo de ventaja, si permitimos que el Loto Rojo nos ataque con fuerza y no respondemos como es debido... - Interrumpió sus palabras sabiendo que no necesitaba decir más.

- Lo sé. - Korra exhalo pesadamente.

- Tenía que hacerlo... - Asami murmuró bajando la mirada al recordar los cuerpos de los hombres que había asesinado.

- ¿De verdad tenías que hacerlo? - Korra preguntó insegura.

- ¿Después de brindarles más de una oportunidad para unirse o alejarse sin causar problemas? Si - Asami afirmó sin mostrar una sola señal de arrepentimiento. - Aiwei es el claro ejemplo de aquellos que nunca estarán dispuestos a cambiar, ya lo había desterrado aquella vez que te persiguió hasta nuestras costas en Ciudad República y él continuó buscándote, luego Kuvira y yo lo desterramos de la alianza y aún así...

- Aún así... jamás podría tomar la vida de una persona desarmada ya derrotada. - Korra interrumpió.

- No tendrás que hacerlo, para eso estamos nosotros. - Asami Respondió al instante.

- Pero tampoco quiero que nosotros nos volvamos así. - Korra añadió con frustración.

- No seremos así, una vez ganada la guerra tendremos la libertad de dominar la mayoría de los territorios y no seremos obligados a tener que actuar de maneras drásticas para defendernos. - Asami pausó. - Esto es temporal. - Aclaró.

- No lo apruebo. - Korra respondió firmemente.

- No tienes que hacerlo, y sinceramente, espero que ninguno de nosotros vuelva a verse en la necesidad de hacer algo igual, por eso deberemos ser letales durante la batalla y más con los líderes del Loto Rojo. - Asami advirtió, Korra la miró a los ojos y asintió con la cabeza, aquello no era nada nuevo, todos los miembros de la alianza rebelde estaban entrenados para asesinar a sus enemigos y no solo para neutralizarlos.

- Sin prisioneros durante la batalla. - Korra repitió las palabras que Kuvira había dado en uno de sus discursos frente a la alianza.

- Sin prisioneros. - Asami murmuró observando la tristeza en los ojos de la morena.

- Lo siento. - La ojiverde volvió a extender sus manos para alcanzar las de la morena. - Lamento haberte hecho pasar un momento difícil. - Intentó aclarar el motivo de su disculpa pues sabía que aquellas muertes no pesaban en su conciencia.

- Es una guerra, tenías que hacerlo. - Korra tomó las manos de la ojiverde y suspiró. - Alguien tiene que hacerlo... - Pausó. - Pero detesto que esa persona hayas tenido que ser tú. - Confesó.

- Lo sé, estamos en la misma situación... - Asami rió suavemente.

- Carmín ha ganado más renombre entre la alianza. - Korra mencionó alzando ambas cejas y mostrando una pequeña sonrisa. - Ya eras una de las favoritas pero ahora eres una de las más temidas. - Comentó con humor.

- Me he ganado el nombre. - Asami sonrió cálidamente.

- Y pensar que temía que nunca fueras a ser capaz de encajar entre los rebeldes. - Korra observó a las personas que comían a su alrededor.

- Yo misma me sentía aterrada de venir a Ba Sing Se, no eres la única sorprendida por el nivel que he logrado alcanzar aquí. - Asami rió.

- Pues felicidades, te declaro Rebelde oficial de la alianza de Ba Sing Se. - Korra pronunció con tono bromista.

- Ah ¿Y se puede saber que he sido durante todo este tiempo? - Asami preguntó entre risas.

- No lo sé... ¿Aprendiz? ¿Invitada de honor? Tú elige. - Korra continuó su broma.

- ¿Ah sí? ¿Y cuándo es que tú te volviste un rebelde oficial? - La ojiverde preguntó sin perder de vista la brillante sonrisa en el rostro de la morena.

- Cuándo maté a mi propio tío. - Korra respondió sin poder evitar la seriedad que se apoderó de su tono de voz. - Al contrario de lo que la mayoría de la gente de los asentamientos pensaba, los rebeldes no tenían una vida fácil, ellos son las personas que mas horrores han vivido, causado y presenciado. - Musitó con pesar.

- ¿Qué más señales querían para darse cuenta de que el rumbo de sus vidas no era el correcto? - Asami respondió.

- Por eso no quiero caer en el mismo error que ellos. - Korra volvió a expresar sus preocupaciones.

- No es igual, estas son medidas de defensa y es solo mientras pasa la guerra. - Asami se volvió a explicar.

Korra asintió con la cabeza antes de volver a enfocar su mirada sobre la comida que tenía en el plato, Asami hizo lo mismo, las dos continuaron comiendo sin decir nada más, la gente al pasar las miraba con la esperanza de que todo volviera a la normalidad entre ellas ya que el lazo que unía a La Guerrera del Sur y a Carmín les ayudaba a sentirse seguros, dos líderes poderosos eran mejor que un solo líder y eso lo habían estado aprendiendo durante los últimos años.

/*/*/*/

Recostada en la habitación Korra observaba cada detalle del rostro de la ojiverde, si se proponía recordar la primera vez que la había visto y comparaba a aquella joven con la mujer que ahora dormía a su lado podía mencionar muchas diferencias, físicamente Asami se había vuelto más alta y su cuerpo había resaltado más sus características femeninas, la ojiverde había sido una joven atractiva pero el tiempo la había convertido en una mujer imposible de resistir para la joven morena, y no solo por su apariencia, la personalidad de Asami también había madurado con el tiempo al moldearse bajo la presión de todo lo que había tenido que manejar al paso de los años, Korra sabía que existían cosas en las que no concordaban pero eso solo la hacía amar aún más a su irremplazable pelinegra de ojos verdes.

Asami no había mentido al decir que se sentía exhausta por no ser capaz de descansar bien durmiendo lejos de la morena, a penas se habían recostado juntas y la ojiverde no tardó en caer en un profundo sueño, Korra la sostenía entre sus brazos, y a pesar de sentirse tranquila y completa, no era capaz de conciliar el sueño, continuaba admirando a su mujer sin saber qué era lo que más le gustaba de ella, las ausencias de Asami durante las noches causaban un extraño efecto sobre la morena y cuándo al fin lograba recuperar la presencia de su amada ojiverde era como contemplar a alguien completamente nuevo que podía observar durante horas.

Dirigiendo una de sus manos hacia el rostro de la pelinegra comenzó a delinear suavemente las tenues cicatrices que mostraba sobre sus cejas, las peleas tampoco habían pasado en vano sobre la piel de Asami, y Korra era quién mejor podía apreciar cada una de las marcas que cada encuentro dejaba en la heredera de los Sato.

- Tengo miedo. - Confesó en un murmullo sin dejar de acariciar el cabello de su amada, le aterraba pensar que, así como Asami, todos se vieran forzados a actuar de una manera ajena a lo que ellos eran, no quería que la guerra cambiara a la gente que amaba, deseaba poder protegerlos a todos aunque estaba consciente de que eso era un deseo irracional.

La atención de la morena se vio atraída por los pequeños espasmos que Asami comenzaba a tener mientras balbuceaba palabras que eran imposibles de entender, Korra sabía bien que así era como comenzaban las pesadillas de la ojiverde así que se dio a la tarea de despertarla llamando su nombre y acariciando su brazo.

- Aquí estoy, todo está bien. - La ojiazul murmuraba, al cabo de un par de segundos Asami abrió los ojos sintiéndose un tanto desorientada hasta que la voz y la presencia de Korra la hicieron entrar en razón, Korra contemplaba la mirada perdida de Asami sin poder evitar imaginar las pesadillas a las que Asami solía enfrentarse durante las noches, siempre solía despertar con la misma mirada llena de terror, su respiración era agitada y el sudor le bajaba por la frente, por más reservada que Asami quisiera ser, Korra sabía bien que lo que sea que Asami soñaba tenía que ver con ella porque había noches en las que la morena se despertaba al escuchar su nombre en los llamados desesperados que escapaban de los labios de la ojiverde mientras dormía.

- Estoy aquí. - Korra le sonrió y depositó un beso sobre su frente.

- Lo siento... - Asami suspiró volviendo a cerrar los ojos a medida que lograba controlar su respiración. - ¿Te desperté? - Preguntó mirando a la ojiazul quién de inmediato negó con un suave movimiento de cabeza.

- No. - Korra murmuró acariciando el rostro de la ojiverde. - No llevas tanto tiempo dormida... - Pausó. - Tal vez una hora... tal vez menos, tal vez más. - Rió suavemente y Asami sonrió al escuchar el tono simplón de la morena.

- ¿No puedes dormir? – La ojiverde hizo otra pregunta.

- No. - Confirmó.

- ¿Pasa algo? - Asami expresó la preocupación que le ocasionó la respuesta de la morena.

- No, simplemente te observaba dormir. - Korra sonrió y Asami negó con la cabeza sintiéndose apenada y alagada a la vez.

Asami recargó la cabeza sobre el hombro de la morena y guardó silencio por un momento sopesando las ideas que la pesadilla le había dejado atascadas en su mente.

- ¿Alguna vez has pensado en qué sería de tu vida si la guerra te llegara a arrebatar a tus seres queridos? - Lanzó la pregunta al aire al no ser capaz de alojarla en su pecho.

- Si. - Korra murmuró. - Lo pienso todos los días cuando te veo. - Aclaró, la ojiverde suspiró y volvió a guardar silencio por un momento.

- ¿Qué sería de mí si llegara a perderte? - Al fin expresó su principal preocupación, Korra comenzó a acariciar el cabello de la pelinegra suavemente.

- Seguirías adelante con la importante misión de no permitir que la gente se olvidara de aquella increíble líder y el futuro que tenía planeado para ellos, se los recordarías y ayudarías a mantener el rumbo junto a tus aliados. - Korra respondió con palabras cálidas. - Porque si tú vives, parte de mi esencia sobrevive contigo, y lo que tú hagas será parte de lo que yo también haría si continuara a tu lado. - Concluyó con tranquilidad, Asami suspiró y asintió con la cabeza.

- Siento que cada día que pasa nos acerca más a la pelea... - La ojiverde se lamentó. - Siento como si no estuviera preparada, como si no tuviera el derecho de liderar a todos hacia lo que está por venir porque desconozco lo que nos depara el futuro y ni yo misma me siento capaz de enfrentar las consecuencias de la guerra. - Sus palabras llenaron la habitación por un momento antes de desaparecer y cederle el poder al silencio.

- No creo que exista un buen líder que sea capaz de irse a dormir sintiéndose tranquilo cuándo hay una amenaza de guerra llamando a sus puertas. - Korra razonó. - Solo un monstruo sin corazón podría permanecer desinteresado por el destino de la gente que le apoya durante una guerra.

- Pero tampoco puedo permitir que el miedo se apodere de mí. - Asami maldijo y exhalo pesadamente.

- Hey... - Korra le acarició el rostro asegurándose de que los ojos de la pelinegra se encontraran con los suyos. - Solo fue una pesadilla, eres una líder capaz de cuidar de tu gente y de ayudarlos a enfrentar cualquier reto que se interponga en su camino. - Le aseguró depositando un beso sobre su frente.

- Allá en el campo tienes que pelear con todas tus fuerzas, todo el ejército del Loto Rojo querrá ir por ti y me va a resultar difícil concentrarme en otra cosa que no sea cuidarte. - Asami le pidió.

- No me dejaré vencer. - Korra arrugó las cejas.

- No, me refiero a que no intentes limitar tus ataques por miedo a lastimar a tú enemigo. - Asami aclaró.

- No lo haré. - Korra bufó. - Estaré demasiado ocupada cuidando de ustedes como para preocuparme por el bienestar de ellos.

Ambas guardaron silencio, Asami asintió con la cabeza y estrechó a la morena con fuerza para poder sentir el latido de su corazón, era real, ellas estaban ahí y compartían ese momento, Korra estaba a su lado y no había muerto como en las innumerables veces que sus sueños se lo habían mostrado.

/*/*/*/

¿Cómo saber qué esperar de un día que recién empieza? Corría el mes de Octubre, siete meses después de su enfrentamiento con el Loto Rojo, todos continuaban trabajando arduamente intentando prepararse para lo inevitable y poco a poco el proyecto comenzaba a tomar forma, la gente ya estaba más que acostumbrada a las apretadas rutinas de entrenamiento, la mayoría se sentía apto para dirigirse al campo de batalla y los que aún no lograban convencerse de ser soldados optaban por otras tareas que también ayudaban a la causa, la vida se había vuelto así, todo giraba en torno al enfrentamiento que esperaban tener en contra de los fieles seguidores del Avatar Obscuro.

La inquietud inició temprano por la mañana cuándo se recibió un mensaje del Loto Blanco.

"Movimiento rojo, no amenaza"

La respetada Guerrera del Sur permanecía de pie en la torre de comunicación, Asami la miraba con intriga sabiendo que esto era alarmante, el Loto Rojo llevaba meses sin dar ninguna señal de vida así que una noticia así bastaba para alertar a todos, como un gigante que lentamente comenzaba a abrir los ojos después de un prolongado sueño.

- ¿Qué se supone que hagamos? ¿No amenaza? - Korra miró a Iroh en espera de una explicación detallada de aquel mensaje.

- Significa que no tenemos que reaccionar a este mensaje. - Iroh respondió de inmediato. - Esto es solo un informe para mantener a todos al tanto de los movimientos del enemigo. - Agregó.

- No, se están preparando para atacar. - Korra pensó en voz alta.

- No tenemos que saltar a conclusiones, el Loto Blanco nos notificaría de ser así. - Iroh insistió. - Tranquila. - Intentó calmarla pero la morena se limitó a mirarlo con disgusto antes de encaminarse a las escaleras del edificio.

- Quiero que se me notifique de inmediato de cualquier mensaje que llegue. - Ordenó y marchó escaleras abajo con Asami siguiéndole de cerca.

- Korra... espera. - Asami intentó llamar la atención de la enfurecida morena.

- Será mejor que me ayudes en esto, es momento de repartir las armas, el Loto Rojo no tardará en atacar, avisa a Mako y a los demás, yo mandaré un mensaje a Omashu. - Le ordenó.

- ¿Y qué tal si no atacan? - Asami se atrevió a preguntar.

- Han guardado un silencio mortuorio por meses, ese movimiento no es inofensivo, ellos no tienen porque moverse fuera de la isla, esto está a punto de iniciar. - Korra continuó caminando determinada a poner todo en marcha para evitar que el enemigo los tomara por sorpresa.

/*/*/*/

- No se van a interrumpir los entrenamientos pero todos estarán preparados con sus armas... - La voz de Mako se escuchaba al fondo mientras Korra observaba las copas de los árboles que sobresalían por encima de las murallas de la ciudad, ya eran las seis de la tarde y el Loto Blanco solo había mandado pequeños informes explicando la actividad que habían visto alrededor de la isla del Loto Rojo.

- Todos están al tanto. - Asami le habló colocando una de sus manos sobre el hombro derecho de la morena.

- Necesitamos avisar a Kuvira y movernos a Ciudad República. - La morena murmuró.

- ¿No es muy pronto para dejar a los rebeldes? - La ojiverde preguntó preocupada por la precipitada reacción de la morena.

- ¿Y si no lo es? – Preguntó de vuelta, la angustia en su mirada era imposible de ignorar, Asami entendía que de todas las personas presentes Korra era la que más sentía la presión de la guerra porque ella era el Avatar y la gente esperaba que ella los protegiera a todos, era por eso que a la ojiverde no le extrañaba que la joven Avatar no supiera qué otra cosa hacer más que lanzarse directo al punto de origen del problema.

- Hay que esperar más mensajes del Loto Blanco, mientras tanto podemos iniciar con estrategias preventivas, tener a todos preparados para lo peor. – Asami propuso, Korra la miró y suspiró.

– Tranquila, llama a una junta y entre todos decidiremos qué hacer. – Le sonrió cálidamente sabiendo que ella era la única que podía hacer que Korra entrara en razón en una situación así.

- Bien. – La morena suspiró. – Llama a una junta, los veré a todos en el coliseo en media hora. – Ordenó.

/*/*/*/

Esta vez Korra fue la primera en llegar a la sala de juntas, en el centro de la sala habían acomodado una mesa para poder desplegar un mapa del mundo, al lado derecho de Korra se sentaba Asami y al izquierdo Gato quién también había llegado a penas escuchó sobre el citatorio, todos sentían la tensión que había en el aire, era algo inevitable, era como si todos hubieran estado hablando de una leyenda por meses y de pronto les dijeran que la leyenda era real y que venía por ellos, el miedo y la adrenalina se hacían presentes en todos los aliados y la tarea de los líderes era mantener el orden, lo cual no era sencillo de lograr.

- ¿Estamos todos? – Korra preguntó después de que Iroh entrara y cerrara la puerta detrás de él, todos lanzaron miradas de derecha a izquierda examinando a los presentes en la sala y al cabo de un momento comenzaron a responder positivamente. – Bien. – Korra suspiró. - ¿Algún otro mensaje del Loto Blanco? – Le preguntó a Iroh quién negó con la cabeza. – Ninguna novedad, recibimos otro mensaje que dice que no hay amenaza. – Aclaró él.

- Bien. – Korra repitió. – Supongo que a estas alturas del día ya todos saben el motivo de esta junta. – Se tomó un tiempo para examinar el rostro de todos los presentes solo para darse cuenta de que todos la miraban expectantes, todos atentos con la esperanza de que Korra les diera más información de la que ya habían escuchado a través de los rumores en las calles.

- El Loto Rojo al fin ha mostrado actividad en sus costas, aún no despliegan armas o ningún comportamiento alarmante, pero han comenzado a moverse como lo hacían antes, con pequeños navíos en las costas que vigilaban la entrada a sus territorios. – Suspiró. – Desconocemos el motivo por el cual se mantuvieron en completo aislamiento por todo este tiempo y el motivo por el cual han vuelto. – Se encogió de hombros. – Es por eso que queremos tomar medidas preventivas porque es probable que la guerra se encuentre a poco de iniciar. – Resumió y todos asintieron con la cabeza.

- Esta junta es para tomar en cuenta todo lo que ustedes como líderes tengan que decir, si tienen ideas que aportar o sugerencias, todo será tomado en cuenta. – Korra los miró y guardó silencio.

- Primero habría que aclarar que la guerra iniciará en mi pueblo. – Asami alzó la voz y señaló el mapa en dónde ya tenían todo marcado con tintas de diferente color. – Cómo pueden ver, el punto de acceso del Loto Rojo es la costa de mi pueblo, tienen que pasar por ahí antes de poder llegar aquí, por lo que es probable que el ataque más fuerte sea ahí. – Explicó.

- Entonces tenemos que ir ahí. – Monte respondió de forma natural.

- No. – Korra negó con la cabeza. – Mover a un ejército a través del continente de esta manera nos llevaría demasiado tiempo y recursos. – Dijo recordando las explicaciones que había recibido por parte de Asami, Iroh y Varrick un par de meses antes.

- Eso no tiene sentido, entonces habremos entrenado para nada. – Alfa reclamó.

- No, porque ustedes son el siguiente objetivo del Loto Rojo, Ciudad República y Ba Sing Se son los principales objetivos del enemigo y ustedes también tienen que estar preparados para lo que sea. – Korra respondió.

- Pero el golpe inicial será allá, nosotros solo pelearemos si ustedes pierden allá. – Guila continuó su argumento.

- No. – Korra sonrió. – No piensen así. – Suspiró. – Y a decir verdad, no esperaba que reaccionaran de esta manera, de verdad se los agradezco. – Volvió a sonreír.

- El pueblo de Carmín también es nuestro aliado, ellos nos han enseñado todo lo que sabemos ahora. – Peleo el viejo Monte.

- Al menos algunos de nosotros deberíamos ir a reforzarlos. – Alfa propuso.

- Si, no puede ser de otra manera, debemos mandar a nuestros hombres más fuertes para que ayuden a asegurar la derrota del Loto Rojo antes de que puedan llegar a nuestros territorios. – Gato agregó.

- Aún así no pueden ser muchos… - Korra respondió mientras consideraba la posibilidad de enviar rebeldes a reforzar la alianza en el pueblo de Ciudad República.

- ¡Esperen! – Varrick se levantó de su silla. - ¿Recuerdan el proyecto de las motocicletas? Las que íbamos a usar para explorar todas las ruinas de la ciudad. – Pausó esperando a que todos se sintonizaran con su idea.

- Si. – Asami respondió, Varrick era una persona difícil de controlar, el hombre solo se quedaba quieto cuándo tenía algo que hacer así que Asami le había prestado su motocicleta con el fin de que Varrick le ayudara a crear más, Ba Sing Se no tenía animales grandes como los que tenían en Ciudad República, sus medios de transporte eran limitados y Asami había querido ayudarlos con eso así que al final la energía interminable de Varrick y la necesidad de transporte de los rebeldes dieron como resultado un nuevo proyecto.

- Pues logré crear veinte motocicletas completas, eso fue justo lo que reporté, todas con un motor eléctrico que se carga con celdas solares. – Pausó al sentir la mirada de Asami sobre él, sabía que la chica era lista y que seguro ya sospechaba que se encontraba a punto de confesar algo, pero sus motivos habían sido honestos y ahora su infracción ayudaría a la alianza y a la guerra así que no había más remedio que confesar.

- Lo que no reporté fueron veinte motores más, que cabe decir, quería dejar de repuesto en caso de que algo ocurriera, y cinco motores más grandes que quería usar para una nueva propuesta. – Sonrió de oreja a oreja mientras notaba como la mirada de Asami se volvía cada vez más desaprobatoria. – ¡Bien! Pues el plan es el siguiente, con ayuda del Avatar y los otros maestros tierra que hay aquí, podemos elaborar los cuerpos de las motocicletas que faltan, también carritos que se fijen a las motocicletas para llevar provisiones, así duplicamos la capacidad de las motocicletas y con los motores grandes podemos elaborar vehículos más grandes que puedan llevar remolques. – Concluyó dejando a todos con la boca abierta. – Con la condición de que también me lleven de vuelta a Ciudad República, claro está. – Agregó.

- Pensé que las guerras y los enfrentamientos no eran lo tuyo. – Asami arqueó una ceja.

- Oh no, no lo son, pero tengo mis motivos para regresar. – Varrick confesó en un murmullo a penas entendible, en su mente pasaba la imagen de la joven Zhu Li, la historia de Varrick había sido extraña y complicada desde un inicio y a decir verdad nunca había planeado quedarse en ningún pueblo, pero debía admitir que su vida había mejorado luego de caer prisionero de la joven Asami Sato, desde entonces había podido dedicarse más a lo que en verdad le gustaba hacer, trabajar con la tecnología de los antiguos, y a lo largo de su adaptación encontró algo más que comenzó a llenar su vida de sentido, la señorita Zhu Li Moon, una joven excepcionalmente inteligente y amable, pero lamentablemente Varrick no se había atrevido a llevar su relación al siguiente nivel y ahora que veía la guerra tan cerca se sentía arrepentido de semejante error.

- Bajo cualquier otra situación estarías atrapado en serios problemas por tu falta de atención hacia los líderes, cualquier proyecto tiene que ser reportado de inmediato. – Asami inició.

- Con razón dejó de molestar por un buen tiempo. – Korra sonrió.

- Pero no tenemos tiempo para reprimendas. – La ojiverde pausó. – Pudimos haber impulsado tu iniciativa meses antes. – Señaló. – Cómo sea ¿Qué piensan? – Preguntó mirando a los demás líderes.

- El hombre loco acaba de resolver nuestros problemas de transporte. – El Monte sonrió.

- Ya no hay motivo para no enviar refuerzos. – Alfa asintió con la cabeza.

- Entonces hay algo más que añadir. – Asami suspiró. – Korra también tiene que irse. – Expuso abiertamente la idea que ya había estado sopesando desde en la mañana.

- ¿Qué? – Korra la miró sorprendida.

- Es tu deber como Avatar, yo me puedo quedar aquí y liderar a los rebeldes, tú tienes que estar allá, solo para estar preparados. – Asami intentó aclarar. – Confío en que tú cuidarás bien de mi padre y mi gente. – Le sonrió.

- Ella tiene razón, el Avatar tiene que estar allá. – Los rebeldes accedieron, Korra comenzó a negar con la cabeza.

- ¿Y dejarte atrás? Es tu padre y tu gente. – La morena dudo.

- Los rebeldes necesitan un líder aquí, además no sabemos si algo va a ocurrir o no, es solo una medida preventiva. – Aclaró.

- Si Asami se queda yo me quedo con ella, no te preocupes. – Mako alzó la voz desde su lugar.

- No tienes que hacer eso, la gente de aquí me conoce bien. – Asami le aseguró al joven.

- Así cómo este lugar necesita un líder, también necesita a alguien que dirija los entrenamientos, puede que la guerra no inicie pronto y las rutinas tienen que seguir. – Mako sonrió. – Son solo medidas preventivas ¿No es así? – Se encogió de hombros.

- Disfrutas hacernos sufrir muchacho. – Guila rió.

- Pueden interpretarlo de la manera que más les guste. – Mako respondió sin borrar la sonrisa de su rostro.

- ¿Guerrera del Sur, necesitarás a un líder rebelde que guíe a los refuerzos rebeldes no es así? – Alfa alzó la voz. – Yo iré.

- ¿A Ciudad República? - Korra preguntó extrañada.

- A dónde sea que tu batalla te lleve, quiero apoyarte. - Alfa respondió asintiendo con la cabeza.

- Tu gente no estará allá. - Korra le recordó.

- No voy a pelear por ellos, voy a pelear por ti y por lo que representas, mi gente nunca había sido tan dichosa como lo es hoy y todo te lo debemos a ti. - Alfa alzó la mirada para enfrentar la intimidante mirada de la morena.

- No estoy pidiendo que me paguen Alfa... - Korra sintió que el corazón se le encogía en el pecho, valoraba a todas las personas que la rodeaban y deseaba no tener que arriesgar a ninguno de ellos, pero la realidad lo exigía así y todos estaban al tanto de las posibles consecuencias que la batalla les traería.

- Lo sé, pero nada me haría más feliz que tener la oportunidad de pelear codo a codo junto a la Guerrera del Sur. – Sonrió de oreja a oreja demostrando un entusiasmo genuino.

- Entonces tú serás la encargada de escoger a los rebeldes que vendrán con nosotros. – Korra asintió con la cabeza y Alfa respondió con el mismo gesto.

Así se concluyó la junta, de nuevo todos tenían una tarea asignada, de nuevo había más movimientos en la alianza y de nuevo eran batallas las que los obligarían a separarse.

Asami se unió a Varrick para iniciar los planes de la construcción de las motocicletas, los carritos y los remolques, a ellos se unió Baatar padre, quién también había demostrado tener talento para trabajar con tecnología, entre los tres comenzaron a idear la mejor manera de iniciar la producción de las partes de las motocicletas, mientras tanto Korra y otros maestros tierra comenzaron a transportar el metal que tenían a la mano para acercarlo al taller de Varrick, no había nadie que no tuviera algo que hacer dentro de la alianza, incluso los niños ayudaban con tareas sencillas cómo llevar comida para las personas que trabajarían la noche entera en el taller.

Las horas pasaron desapercibidas bajo la intensidad del trabajo que había que cumplir, el sol volvió a asomarse en el horizonte tiñendo el cielo de un tono violeta y anunciando el inicio de otro día, claro que el esfuerzo colectivo tampoco fue en vano, la mayoría de las motocicletas y sus carritos ya estaban terminados, ahora el trabajo se enfocaba sobre las camionetas, Varrick ya había planeado la manera de hacer que un solo motor moviera un vehículo de cuatro llantas y la mayor parte de su plano era correcto pero hubo fallas que Asami y Baatar padre ayudaron a identificar y que aún no lograban resolver.

Korra descansaba sentada sobre un banco de roca y observaba a la gente que dormía sobre pequeños tendidos que habían hecho alrededor del taller para poder descansar un poco y al mismo tiempo estar listos para ayudar en cuanto el dilema de las camionetas fuera resuelto.

- ¿Quieres un poco de pan Guerrera del Sur? – Un niño le ofreció, sus ojos parecían brillar de emoción y la sonrisa en su rostro desbordaba alegría, una mirada que la joven Avatar estaba acostumbrada a recibir por parte de los pequeños de la alianza rebelde.

- ¿No es demasiado temprano para que estés aquí? – Korra le sonrió extendiendo la mano para aceptar el trozo de pan que el niño le entregó con entusiasmo.

- No, mis padres trabajan en los comedores y sus días inician antes de que salga el sol. – El niño respondió. - ¿Me puedo sentar contigo? – Preguntó señalando el lugar vacío al lado de la morena.

- Adelante. – Korra respondió antes de llevarse el pan a la boca, la mirada del niño no se apartaba de ella, el mismo brillo y la misma sonrisa permanecían en su rostro sin importar que la morena no estuviera haciendo otra cosa que masticar.

- ¿Qué miras? – Korra intentó fingir la voz para sonar ruda pero solo logró que el niño riera y no pudo evitar reírse ella también.

- A ti. – El niño respondió con honestidad y sin segundas intenciones, la verdad era que se sentía satisfecho de poder pasar un poco de tiempo con la persona que más admiraba en toda la alianza rebelde.

- Tengo una misión especial para ti. – Korra lo miró seriamente y el niño guardó silencio esperando a que la morena continuara hablando. - Diles a tus padres que preparen esos deliciosos fideos picantes con verduras que tanto me gustan. – Pausó. – Por favor. – Añadió con tono suave, el niño pareció pensar por un momento antes de que su rostro se volviera a iluminar.

- ¿Esos fideos son tus favoritos? – Le preguntó.

- Lo son. – Korra admitió. – Y ya que me iré de aquí en unas horas quisiera comer un poco de esos fideos. – Confesó, el rostro del niño se entristeció por un momento al escuchar sobre la partida de la morena pero pronto su expresión se endureció y de alguna manera volvió a ofrecer una cálida sonrisa.

- Pero volverás ¿Cierto? Igual que siempre lo haces. – Preguntó, Korra no dudó en devolverle la sonrisa.

- Claro, solo es algo temporal. – Respondió revolviendo el cabello del niño.

- ¡Entonces hoy si ayudaré en la cocina! – Celebró el pequeño al saltar de su lugar y Korra se echó a reír.

- ¿Viniste aquí para evitar tus obligaciones? – Korra preguntó con curiosidad.

- No… - El niño intentó mentir. – ¡Te esperaré para la hora de comida! – Evadió la mirada acusadora de la morena y se echó a correr por la misma calle por la que había llegado.

- ¿Es aquí dónde están trabajando con los motores? – Korra escuchó la voz de Baatar.

- Aquí es. – Korra extendió su mano derecha señalando las motocicletas que ya habían completado.

- ¿Puedo ayudar? – Preguntó mostrándose incómodo e inseguro.

- No lo sé, están ocupados con cosas de tecnología y mecánica, yo no entiendo nada de eso, no sé tú. – Korra se encogió de hombros mostrando poco interés por el joven Beifong.

- Creo que puedo ayudar. – Respondió él observando a la morena y a la gente que dormía alrededor, Korra lucía sucia, su ropa mostraba marcas de sudor, sus manos tenían ampollas y manchas obscuras de los materiales con los que había estado trabajando durante la noche, evidencias del trabajo que había estado efectuando hasta el momento..

- Entonces adelante, no es un área restringida ni nada por el estilo, es solo que nadie más entiende de lo que ellos hablan. – Korra explicó de manera sencilla y Baatar asintió con la cabeza.

- Escuché que algunos se irán a Ciudad República… - Baatar señaló.

- Ah, entonces entiendo tu repentino interés por ayudar. – Korra lo miró con desprecio y Baatar agachó la cabeza.

- Sé que es egoísta, pero si logro ayudarlos será para su beneficio y el mío también… - Suspiró. – De verdad lo siento, he estado buscando tareas para ayudar pero carezco de talentos. – Intentó justificar su falta de participación. – A Kuvira le ayudaba con la elaboración de las armas de fuego, ese tipo de cosas se me dan, pero ese conocimiento no lo puedo aplicar aquí. – Concluyó.

- Entra ahí, ya luego hablamos de lo demás. – Korra le ordenó sonando fastidiada, la verdad se sentía cansada y no quería tener que pensar más de la cuenta.

- Está bien… - Baatar exhaló pesadamente dejando los hombros caer, sabía que no tenía muchas posibilidades de ir porque él y Korra no compartían una buena relación, pero al menos quería intentarlo, así que no dijo nada más y se aventuró al interior del taller.

A las ocho de la mañana Asami salió del taller, el problema estaba resuelto y ya solo hacía falta elaborar las nuevas partes que habían ideado para conectar el motor al sistema de transmisión que habían inventado, alrededor solo pudo observar a gente durmiendo, sus ojos no tardaron en ubicar la figura de la morena quién dormía sin pena alguna sobre un banco de roca haciéndolo parecer más cómodo de lo que en verdad debía ser.

- Disculpe señorita. – Murmuró después de haber depositado un beso sobre su frente. - ¿Es usted la líder del equipo de producción? – Continuó hablando en voz baja pero juguetona.

- ¿Hm? – Korra sonrió al abrir un poco los ojos y ver a la ojiverde parada frente a ella.

- Lo resolvimos. – Asami anunció con una agotada sonrisa, Korra se esforzó para sentarse en la banca pero al hacerlo de un solo movimiento el mundo pareció darle un par de vueltas que la dejaron mareada. – No te levantes tan rápido. – Asami rió.

- Tenemos que iniciar… - Korra murmuró con voz suave y adormilada.

- En realidad estábamos pensando en desayunar primero ¿Qué te parece? – Asami le propuso y la morena sonrió asintiendo con la cabeza, las dos lucían exhaustas, pero contentas y listas para seguir completando el plan que tenían entre manos.

El trabajo se completó cerca de las tres de la tarde lo que les brindó el tiempo suficiente para volver a sus casas, asearse e ir a comer antes de iniciar la ceremonia de despedida que consistía en un discurso de la morena y la exposición del plan frente a toda la alianza rebelde.

A las seis de la tarde estaba todo preparado, Asami y Varrick eran los encargados de explicarles a los rebeldes la manera de usar las motocicletas y las camionetas, el sistema era sencillo ya que lo único que tenían que hacer era usar el acelerador, el freno y los volantes, nada que se pudiera complicar demasiado pero que debía ser explicado de igual manera.

- Terminaré en el suelo antes de poder sacar esto de Ba Sing Se. – Korra negaba con la cabeza mientras Asami le explicaba la manera de usar una motocicleta.

- Presta atención. – La ojiverde le ordenó.

- Estoy segura que Naga me puede llevar a la misma velocidad que ellos. – Korra señaló las motocicletas. – O me puedo ir en uno de los remolques. – Dijo satisfecha.

- Korra… - Asami pausó mirando a la morena a los ojos.

- ¿Qué pasa? – La morena preguntó con curiosidad.

- No puedes ser mi mujer si no sabes manejar algo tan sencillo como esto. – Asami señaló la máquina y Korra la observó en silencio.

- Y yo aquí pensando que lo nuestro dudaría para siempre. – Korra bromeó y Asami negó con la cabeza.

- Te echaré de menos. – Asami se acercó a la morena y la envolvió entre sus brazos.

- Y yo a ti. – Korra correspondió al abrazo descansando su barbilla sobre el hombro de Asami.

- Si la guerra inicia, recuerda, no podemos tener clemencia. – Asami miró a la morena a los ojos para asegurarse que su mensaje estaba siendo escuchado, Korra asintió con la cabeza.

- Son ellos o mis seres queridos… - Korra respondió con pesar.

- Nos vemos pronto. – Asami se acercó y besó a la morena quién de inmediato le correspondió, el gesto se prolongó un poco más de lo que las dos habían planeado pues sus labios volvían a conectarse apenas se separaban, al cabo de un momento ambas descansaron sus frentes una contra la otra manteniendo los ojos cerrados.

- Te amo. – Korra murmuró.

- Yo te amo a ti. – Asami respondió.

- Todo va a estar bien, por favor no te preocupes, duerme con Mako si tus pesadillas se vuelven muy frecuentes y mantenme informada en caso de que algo ocurra aquí. – Korra le dijo contemplando aquellos hermosos ojos verdes que tanto amaba.

- ¿Algo más mi Guerrera del Sur? – Asami bromeó.

- Si. – Korra se acercó y le robó otro beso que la ojiverde correspondió. - ¿Te importa si duermo en tu cama allá en el pueblo? – Korra preguntó y Asami sonrió negando con la cabeza.

- Me molestaría si no lo hicieras. – Respondió.

- Eso pensé. – Korra volvió a besarla antes de alejarse de sus brazos y aventurarse a montarse sobre la motocicleta. – Entonces nos vemos pronto. – Suspiró y echó a andar el motor que dejó escapar un suave ronroneo que desencadenó el arranque de todos los vehículos que tenían alineados para salir de Ba Sing Se.

- ¡Todos detrás de mí! – Korra ordenó tomando la delantera, de esta manera todos comenzaron a moverse, las camionetas y sus remolques iban en el medio de todas las motocicletas, era obvio que ninguno de ellos estaba acostumbrado a manejar aquellos vehículos así que ninguno aceleró más de lo necesario, el arranque fue lento y ordenado, Varrick y Baatar iban con ellos y aunque su propósito principal no era ayudar con problemas mecánicos, eran capaces de asistir de ser necesario y eso bastaba para calmar a todos los que se marchaban y a los que se quedaban en casa sabiendo que sus seres queridos viajaban haciendo uso de un medio de transporte que había desaparecido siglos atrás.

- Ciento cincuenta rebeldes a punto de cruzar el desierto y las ruinas en vehículos motorizados… - Iroh murmuró.

- ¿Te parece una locura? – Asami respondió sin quitar la mirada del polvo que se elevaba a medida que los vehículos avanzaban por el desierto.

- ¿A ti no? – Iroh volvió a preguntar.

- Dejarla marchar sin acompañarla me parece una locura. – Asami exhalo con pesar, la decisión de quedarse no había sido algo fácil de asimilar, la guerra podía estallar en cualquier momento y ella no estaría al lado de Korra para acompañarla y protegerla del enemigo, pero sabía que era lo correcto, Korra era más fuerte que cualquier líder y sería capaz de proteger a su pueblo mejor que nadie, si una de las dos tenía que quedarse en Ba Sing Se esa no podía ser Korra y en eso todos estaban de acuerdo.

- Ella va a estar bien. – Mako le aseguró.

La mayoría de los guardias del joven maestro fuego habían vuelto al pueblo, solo nueve habían decidido quedarse con él diciendo que tenían un compromiso importante con la gente de Ba Sing Se, esos nueve guardias habían desarrollado un vínculo especial con los rebeldes y dejarlos atrás les parecía incorrecto, Mako no objetó y simplemente les aclaró que la guerra podía iniciar en cualquier momento y que tal vez no volverían a tener la oportunidad de regresar antes de que la guerra estallara, los nueve guardias lo escucharon pero se negaron a marcharse y ahora los acompañaban a él y a Asami a cuidar a los rebeldes mientras el resto de su gente volvía a su pueblo natal.

– Bolin cuidará de ella. – Mako aseguró y Asami rió suavemente al recordar como el hermano menor luchaba por no llorar mientras se subía a uno de los remolques después de despedirse de su hermano mayor.

- Es solo una medida preventiva. – Iroh les dijo en un intento por reconfortarlos, los tres guardaron silencio, la nube de polvo se alejaba cada vez más y los vehículos se escuchaban cada vez menos, el sol caía en el horizonte anunciando las últimas horas del día, el tiempo continuaba su curso sin esperar a nadie.

- Es solo una medida preventiva… - Asami y Mako repitieron al mismo tiempo con la esperanza de que al repetir aquellas palabras pudieran volverlas más reales.


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Nota de autor (Nada importante ni relevante para la historia, leer si no se tiene nada más que hacer Ja!)

Ufff! Adivinen quien envejece otro año más este Domingo que viene? Exacto, yo no, ya después de cierta edad envejecer se vuelve un crimen Jajaja.

¿Qué les puedo decir? Siempre tuve ganas de terminar esta historia en Diciembre, nunca me imaginé que lo lograría (Por que se supone que debí terminarla a finales de Agosto) Jajajaja Disculpen!

Como siempre, un millón de gracias a todos los que se toman el tiempo de mandarme reviews y a todos por seguir la historia, espero hayan disfrutado este capítulo y estén preparados, esto se termina pronto.

Un abrazo! Nos leemos pronto!