El desierto cubría gran parte del continente, los rebeldes sabían que era así porque era imposible ignorar algo tan evidente y abrumador al trasladarte a pie de un lugar a otro, la tierra era seca y árida, las únicas sombras que se podían encontrar como refugio eran las que se formaban en las ruinas de viejas ciudades, el calor abrazador envolvía y sofocaba a todo aquel que no tuviera cuidado, así era todo el continente y la mayor parte del mundo, viajar no era fácil o seguro para nadie.

- Esto es lo más alejada que he llegado a estar de mis territorios. - Alfa comentó usando su mano derecha para cubrirse los ojos del sol al contemplar el paisaje que los rodeaba.

- Y aún queda un largo camino por recorrer. - Korra respondió, la morena llenó una taza con arroz cocido y tomó asiento a un lado de Bolin quién descansaba a la sombra de un viejo pilar de concreto que se erguía varios metros sobre la tierra.

- Hace años que no probaba un arroz tan desabrido. - Bolin señaló y Korra sonrió.

- Nuestras sociedades han llegado lejos en todos estos años ¿No? - Dijo a modo de broma, el joven sonrió y se encogió de hombros para luego volver a llevarse otro bocado de arroz a la boca.

El convoy se había detenido a la sombra de las ruinas de un pueblo, eran las doce del día, habían conducido toda la noche para evitar el calor del día y ahora descansaban y aprovechaban para comer.

- ¿Se imaginan todo lo que podemos encontrar debajo de la arena? Una infinidad de tesoros ¡Todo esto es una enorme cápsula del tiempo! - Varrick caminaba de un lado a otro contemplando los vestigios de los edificios que una vez estuvieron en el mismo lugar en dónde ahora se encontraban ellos.

- No te alejes demasiado, a veces el suelo de las ruinas no se encuentra bien asentado y tu peso bastaría para hacerlo ceder. - Korra le advirtió sin prestarle especial interés.

- Eso sería un problema... - Varrick suspiró y continuó mirando de un lado a otro.

- No puedo creer que podré conocer el legendario pueblo de los Sato. - Alfa rió. - Tiempo atrás queríamos destruirlo y ahora forma parte de nuestra alianza ¿Quién lo diría? - Asintió con la cabeza y continuó comiendo.

- ¡Te va a encantar Alfa! - Bolin sonrió. - Ahí tenemos unos cuantos animales más grandes que los que ustedes tienen, hay selva y bosque, el clima es fantástico, por la noche los insectos cantan abiertamente y por el día hay pájaros por doquier, corren un par de ríos de agua pura alrededor del pueblo y la vista al mar desde los peñascos es impresionante. - Le dijo con emoción.

- Suena como un paraíso. - Alfa sonrió con esperanza, el pueblo en las ruinas de Ciudad República era el resultado de la alianza de un asentamiento con el Avatar y todo lo que ellos tenían era justo lo que ella y los rebeldes podían aspirar a tener en Ba Sing Se si continuaban apoyando al Avatar en su misión.

- Sin mencionar todas las comodidades que hay gracias a Asami y Varrick. - Korra sonrió mirando a Varrick mientras analizaba detenidamente un trozo de metal oxidado que había levantado del suelo, parecía ridículo pero la morena sabía que si Asami estuviera con ellos en ese mismo instante se encontraría haciendo lo mismo que Varrick, ellos parecían tener un talento especial para entender el funcionamiento y el propósito de una máquina con solo analizar partes viejas y oxidadas.

- Así que por eso conservan al loco. - Alfa bromeo, Varrick pretendió no escuchar nada y el resto rió.

- Intentaré dormir un poco para recuperar energías, partiremos a las cinco de la tarde. - Korra dejó su tasa vacía en un lado y se recostó sobre el suelo.

El viaje les tomó poco más de tres días, a la mañana del cuarto día el convoy divisó la luz del portal espiritual, aquella luz significaba que les faltaba menos de un par de horas para llegar, a la velocidad que llevaban Korra anticipaba que su llegada sería al medio día.

Alfa y los rebeldes observaban con especial atención las torres de vigilancia que aparecían a cada cincuenta kilómetros de distancia, sabían que el pueblo ya estaba al tanto de su presencia y que por eso las torres no suponían ningún peligro para ellos, pero entendían, por palabras de la misma Guerrera del Sur, que en las torres se escondían guardias armados listos para alertar a las defensas del pueblo o neutralizar a potenciales enemigos.

- Parecen ruinas abandonadas. - Comentó Alfa al analizar las penosas condiciones que aparentaban las estructuras de aquellas torres.

- Esa es la intención. - Respondió Bolin, los dos viajaban en la parte trasera de un remolque y todos los rebeldes escuchaban atentos a las explicaciones del joven maestro tierra.

- ¡Abran las compuertas! - Se escuchó la alerta de un guardia al divisar el convoy acercándose por el horizonte.

- ¡Por todos los espíritus! - Los ojos de alfa se abrieron de par en par al presenciar las murallas que protegían el pueblo, las paredes de roca se alzaban a más de diez metros sobre el suelo y se notaba que eran gruesas y bien reforzadas.

- Antes no eran tan grandes, debieron ser mejoras para proteger al pueblo de la guerra. - Bolin comentó observando las murallas que ahora se asemejaban a las de Ba Sing Se.

Al conducir al frente del convoy, Korra fue la primera en ingresar al pueblo, como era su costumbre la chica comenzó a mirar de un lado a otro y pronto notó la ausencia de gente en las calles, por lo general solía haber más habitantes paseando o trabajando por el pueblo y daba la impresión de que ahora esos números habían sido reducidos a la mitad, aún así la morena fue bien recibida por todos los que la vieron pasar, la gente le dirigía saludos entusiastas y sonrisas cálidas que siempre lograban suavizar el corazón de la temida Guerrera del Sur.

La morena condujo hasta la plaza central en dónde sabía que había espacio para detener los vehículos sin necesidad de obstruir las calles del pueblo.

- ¡Hagan cinco filas de ocho, un remolque por cada fila de motocicletas! - Korra ordenó al apagar el motor de su vehículo.

- ¡Korra! - Hiroshi se acercó a ella con los brazos abiertos, la morena sonrió y sin dudarlo se refugió en el cálido abrazo que la esperaba.

- Cuánto tiempo. - La morena murmuró contra el hombro de Hiroshi.

- Suele dar la impresión de que hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos ¿No? - Hiroshi sonrió y Korra asintió con la cabeza antes de apartarse del abrazo.

- Tal vez no nos parecería tanto tiempo si no tuviéramos tantos problemas encima. - La morena pensó en voz alta haciendo que Hiroshi riera mientras asentía con la cabeza.

- Puede que tengas razón. - Hiroshi respondió, su mirada se enfocaba sobre los vehículos que Korra y los rebeldes habían usado para llegar al pueblo, los rebeldes aún no terminaban de acomodarse y se ayudaban entre sí para hacer las filas tal como su líder les había ordenado. - Si no me equivoco, esas máquinas son como la que Asami usó para irse la primera vez que dejó el pueblo. - Señaló, la morena observó las motocicletas y asintió con la cabeza.

- Esas son. - Confirmó.

- Esa mujer nunca terminará de sorprenderme. - Comentó él sin ser capaz de esconder la sonrisa que le causaba el recuerdo de su hija.

- Ni a mí. - Korra agregó y los dos sonrieron.

- Esos son todos, hemos terminado. - Alfa se acercó a la morena quién de inmediato se dio a la tarea de presentarlos.

- Alfa, él es Hiroshi Sato, el líder del pueblo y padre de Asami. - Pausó. - Hiroshi, ella es Alfa, líder de los rebeldes del Oeste. - Concluyó.

- Un gusto. - Hiroshi hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

- Es un gran honor conocerlo. - Alfa hizo una reverencia aún más notoria que sorprendió a Hiroshi quién jamás se habría esperado recibir un saludo así por parte de un líder rebelde. - Su hija es una gladiadora sorprendente y una excelente líder, eso habla mucho de usted. - Alfa comentó con respeto.

- Gracias... - Hiroshi titubeo sin saber que más decir pues durante la mayor parte de su vida no había hecho otra cosa que defender a su gente de los rebeldes, le resultaba extraño pensar que unos años atrás Alfa hubiera representado un peligro para él y para su asentamiento por lo que le resultaba difícil pensar algún comentario positivo para ella. - Espero se sientan a gusto en nuestro pueblo. - Logró responder de manera amistosa, la verdad era que confiaba en Korra y en Asami y si ellas decían que los rebeldes eran de fiar él no tenía porque pensar lo contrario.

- Bienvenidos. - Hiroshi le sonrió a los jóvenes hombres y mujeres que se bajaban de los remolques, los guardias que había prestado como refuerzo para ayudar a entrenar a los rebeldes, todos ellos lucían diferentes, sus ropas se asemejaban más a las que solían usar los rebeldes y sus rostros también se mostraban más maduros, era evidente que los meses que pasaron en Ba Sing Se no habían sido en vano.

- Hiroshi. - Lo saludaron de vuelta con pequeñas sonrisas y reverencias.

- Ba Sing Se los volvió más duros. – Murmuró Hiroshi y Korra sonrió.

- No te preocupes, tal vez se hayan vuelto un poco más duros, pero siguen siendo los mismos, tus guardias fueron de gran ayuda para los entrenamientos y tardaron poco en adaptarse a la sociedad de los rebeldes. - Le contó recordando la pequeña transformación que habían sufrido aquellos jóvenes a medida que pasaban sus días es Ba Sing Se.

- Son buenas personas, aprendieron mucho pero siempre serán más blandos que un rebelde. - Alfa añadió. – Aunque es mejor así, nosotros hemos hecho cosas impensables, nadie necesita eso en su conciencia. – Agregó a medida que la idea se desarrollaba en su cabeza.

- Alfa quiso decir que tus guardias siguen conservando una consciencia limpia, jamás podrían matar a una persona de la manera en que lo hace un rebelde. - Korra intentó aclarar, Hiroshi la observó sorprendido y Alfa se rió abiertamente.

- Basta Guerrera del Sur ¿Qué va a pensar el padre de Carmín? - Alfa intentaba dejar de reír mientras Korra sonreía de oreja a oreja.

- Lo siento, tal vez esa no sea la mejor manera de expresar lo que queremos decir. - Korra rió brevemente, Hiroshi sonrió negando con la cabeza y Alfa suspiró.

- Han de estar cansados por el viaje, permítanme llevarlos al lugar en dónde se hospedarán. - Señaló el camino con su mano derecha permitiendo que Korra y Alfa caminaran por delante.

- ¡Todos detrás de mí! - Korra gritó y los rebeldes obedecieron sin dudar, los que ya habían visitado el pueblo antes no se mostraban tan distraídos como los que recién visitaban y ayudaban a mantener el orden de la formación, nadie quería arriesgarse a molestar a la Guerrera del Sur así que procuraban no cometer errores innecesarios.

/*/*/*/

Asami permanecía sentada frente al escritorio, la partida de Korra y de los gladiadores más fuertes del coliseo la habían dejado con la tarea de encontrar una manera de mantener vivas las peleas, usar la técnica del bloqueo de Chi era una solución temporal, aunque la gente disfrutaba observando ese tipo de encuentros, nadie podía negar que el atractivo principal del coliseo eran las peleas violentas que los gladiadores sabían vender con gran éxito gracias a la experiencia que tenían en el arte de la tortura no letal.

- Bueno, pero hay más gente aplicando como voluntarios para los enfrentamientos. – Mako señaló un aspecto que a su parecer era positivo.

- Si, porque había mucha gente que tenía miedo de enfrentar a los gladiadores estrella, pero no cualquiera puede desempeñar el trabajo que ellos desempeñan en la arena. – Asami exhalo pesadamente.

- ¿Qué tan difícil puede ser? Entras y maltratas a la persona que tienes enfrente. – Mako rodó los ojos.

- Claro, es sencillo, entrar, armar una pelea que dure al menos cinco minutos dentro de los cuales intentarás salir victorioso sin noquear a tu contrincante demasiado pronto y sin matarlo. – La ojiverde alzó una ceja mirando al joven que permanecía sentado en una de las sillas de la mesa de juntas.

- Korra y sus gladiadores no batallaban. – Mako se encogió de hombros.

- Es porque ellos tienen la experiencia que ninguno de los novatos puede adquirir de la noche a la mañana. – Asami respondió, se le escuchaba frustrada y cansada, las peleas iniciarían esa misma noche, las apuestas solían empezar a recolectarse a las seis de la tarde y a pesar de haberse pasado días trabajando en el problema, la líder aún no tenía idea de que presentar. – Tenemos cuatro horas para idear algo y dos para correr la voz entre los organizadores. – Razonó en voz alta.

- Necesitas dormir un poco. – Mako se atrevió a proponer.

- Necesito una solución. – Asami gruñó dejando caer la frente sobre el escritorio. – No tengo la misma creatividad agresiva que tiene Korra. – Se lamentó en voz baja.

- Eso es bueno. – Mako sonrió.

- Por favor ve y llama a los líderes, necesito ayuda y tú no pareces tener buenas ideas. – Asami pidió con voz derrotada.

- Son solo unas estúpidas peleas. – Mako exhalo con desgano.

- Las estúpidas peleas tienen un significado casi espiritual para los rebeldes y ayudan a mover la economía de su alianza, entre otros aspectos sociales de gran importancia como la elección de sus líderes y la obtención de estatus sociales elevados. – La ojiverde aclaró, Mako suspiró, aún no comprendía los modos del pueblo rebelde pero optó por no opinar más y salió de la oficina para cumplir con la orden que se le había dado.

- Debo admitir que yo también había estado pensando en eso. – Gato opinó desde su lugar.

- Que todos peleen al mismo tiempo. – Guila rió.

- Eso nos impediría disfrutar de los detalles de cada encuentro. – El Monte se opuso.

- El Monte tiene razón, no podemos meterlos a todos a la vez. – Asami suspiró, los cuatro líderes intentaban pensar en alguna idea novedosa que pudiera ayudar a resaltar el atractivo de las peleas a pesar de la ausencia de sus estrellas, a la mesa también se añadían Mako y Iroh, el último se había unido a la junta después de llegar para avisar que el Loto Blanco no había enviado ninguna transmisión nueva sobre el Loto Rojo.

La primera hora dentro de la oficina se volvió un debate abierto y sin límites, había muchas ideas sin dirección y opiniones encontradas que impedían formar una imagen concreta del futuro de las peleas, Asami interrumpió la junta al notar el catastrófico desenlace que tendría aquella interacción y les ordenó a todos tomarse un descanso de quince minutos, durante ese tiempo ella tomó una hoja de papel y comenzó a escribir en ella los aspectos más importantes que habían sido mencionados durante la primera parte de su reunión.

Al iniciar la segunda parte de la junta Asami exhibió la idea general que todos parecían compartir y a partir de ahí comenzaron a desarrollar las propuestas para llegar a la solución que necesitaban.

Peleas divididas por categorías de peso y edad dentro de una modalidad de torneo, al no haber gladiadores estrella para retar, la motivación sería emerger como el líder de tu categoría, un plan sencillo y fácil de aplicar en base a la cantidad de personas que ahora buscaban participar en las peleas del coliseo, este nuevo método les permitiría exhibir más peleas por noche con peleadores diferentes para cada día hasta que se superara la primera etapa del torneo.

- ¿Algún otro comentario? – Asami preguntó dando un breve repaso con su mirada sobre las expresiones de cada uno de los presentes, todos lucían tan cansados como ella, la junta había durado tres horas y media, Carmín no les había permitido más descansos y se había detenido en cada detalle y posible falla que el proyecto pudiera tener, todos estaban seguros de que por el momento no podían perfeccionar la idea más de lo que ya lo habían hecho ese día.

- Me parece que está perfecto, así no dejamos a nadie afuera. – Iroh sonrió.

- Entonces a trabajar, hay mucho que hacer. – La líder ordenó saliendo de la sala con las gráficas firmemente sujetas bajo su brazo derecho.

- ¿Soy yo o Carmín estuvo a punto de matarnos con exceso de trabajo? – Guila bromeó, El Monte rió con él mientras Mako, Iroh y Gato aprovechaban para descansar un par de minutos antes de tener que salir a correr la voz sobre el nuevo método de pelea.

/*/*/*/

La morena observaba los entrenamientos de los bloqueadores de Chi notando que el ambiente era muy diferente al que solía haber en Ba Sing Se, aquí los aprendices eran más disciplinados y guardaban silencio para permitir que el instructor hablara libremente, los pobladores no solían distraerse con facilidad, todos se mostraban muy interesados en los entrenamientos y todos se empeñaban por ejecutar la técnica de la mejor manera que podían.

- Cuanto tiempo. - Lin saludó acercándose por detrás de la morena.

- Lin. - Korra sonrió.

- ¿Qué te parecen el progreso de los entrenamientos? - Lin le preguntó manteniendo la mirada sobre los aprendices.

- Su mejora es notoria. - Korra asintió con la cabeza.

- ¿Pero? - Lin sonrió de lado al notar la seriedad en las palabras de la morena.

- Nada. - Korra intentó lucir convencida de sus palabras pero decidió ser honesta cuándo los ojos de Lin se posaron sobre ella. - Los rebeldes en Ba Sing Se tienen más progreso. - Al fin admitió.

- Por lo general la gente que ya está acostumbrada a luchar desarrolla la facilidad de aprender nuevas técnicas de pelea. - Lin respondió y ambas guardaron silencio.

- Escuché que estás enseñando tierra control en el mundo espiritual. - Korra sonrió.

- Oh si... - Lin exhalo lenta y pausadamente. - Enviaste a un par muy peculiar para los entrenamientos. - Añadió alzando ambas cejas y manteniendo una mirada poco expresiva.

- Supuse que ellas supondrían un verdadero reto para cualquiera que tuviera que ser su maestro. - La morena rió.

- No tienes idea. - Una pequeña sonrisa a penas notoria se posó sobre los labios de la Beifong. - Kuvira es una aprendiz excepcional, su técnica impecable. - Contó sin ser capaz de esconder la admiración que sentía por la líder rebelde.

- ¿Y Suyin? - Korra preguntó, la mirada de Lin se endureció antes de volverse suave, sus ojos se mostraron confundidos por un momento para luego terminar por resignarse al liberar un profundo suspiro.

- Suyin sigue siendo Suyin. - Se encogió de hombros. - Si sabías que ella y yo no compartíamos una buena relación ¿Verdad? - Miró a la morena en espera de una respuesta sincera.

- Si. - Respondió sin decir más para permitir que Lin elaborara sus palabras.

- El reencuentro fue complicado, mamá también intervino en el embrollo y se armó un vergonzoso disturbio entre las tres a mitad de la plaza central... - Narró con un rostro serio y casi aburrido pero su voz denotaba lo agotadora que había sido la experiencia, Lin no era una persona expresiva y aún así era fácil ver lo mucho que aquel reencuentro le había afectado emocionalmente.

- Me perdí el reencuentro de las Beifong. - Korra bromeo con una pequeña sonrisa.

- Si, fue un evento memorable. - Lin rió suavemente. - Pero las cosas ya están bien. - Se encogió de hombros.

- ¿Cómo está Asami? - Lin preguntó al cabo de un momento.

- Ella está bien. - Korra sonrió. - Se tuvo que quedar atrás como líder de Ba Sing Se, si no fuera por eso aquí estaría, lista para pelear. - Afirmó.

- No lo dudo. - Lin asintió con la cabeza, ambas continuaron observando los entrenamientos hasta que la morena decidió que debía hacer algo al respecto.

- Creo que deberé involucrar a los rebeldes en estos entrenamientos. - Pensó en voz alta, Lin la observó sorprendida pero no tardó en respaldar la idea, el Loto Rojo estaba conformado por rebeldes y los rebeldes de Korra eran lo más similar que podían obtener a un guerrero del Loto Rojo.

- Creo que esa puede ser una buena idea. – Lin la apoyó.

- Entonces nos vemos después, iré a obtener la autorización del jefe. – Korra comentó con tono bromista, Lin sonrió y limitó su respuesta a un pequeño movimiento de cabeza.

Hiroshi se encontraba estudiando en su oficina cuándo Korra entró a hacer la nueva propuesta, él no necesitó escuchar demasiado, confiaba en Korra así que no tardó en otorgarle el permiso que necesitaban, la morena le agradeció y emprendió su camino rumbo a las casas de integración a las que habían asignado a sus rebeldes.

De todos los rebeldes, Baatar fue el único que no pudo ayudar con la nueva tarea que les sería asignada ya que él no era bueno para las peleas, el hombre había guardado silencio gran parte del viaje, se limitaba a usar palabras cortas que le servían para comunicar las cosas más básicas, acceder cuándo le ofrecían comida y negar cuándo se le ofrecía cualquier otra cosa que no fuera de su interés, su estado de ánimo no era el mejor, se le notaba decaído y apagado, había estado así desde la partida de Kuvira y gracias a su falta de tacto e interés, no tenía amigos a quienes acudir para intentar aliviar su pesar a través de charlas que le ayudaran a aclarar su conciencia.

El día de su llegada se les había permitido descansar pero al segundo día todos los rebeldes habían acudido a los entrenamientos tal como se les había ordenado, uno a uno se presentaron frente a los aprendices e instructores, su simple presencia bastaba para intimidar a los locales, afortunadamente la convivencia que los entrenamientos exigían bastó para que los pobladores pronto comenzaron a ver más allá de la intimidante apariencia de sus visitantes.

- ¿Y qué se supone que haré contigo? - Korra miraba a Baatar de forma persistente y con una expresión que reflejaba su sentimiento de incertidumbre.

- Me quedaré aquí a esperar a que todos terminen. - Baatar respondió en voz baja, Korra suspiró y negó con la cabeza, presenciar el decaimiento de aquel hombre no hacía más que molestarla porque por más que quería no lograba ignorarlo, Baatar siempre había adoptado una actitud hostil en contra de ella y aún así la morena era incapaz de dejarlo hundirse en su propia depresión, por algún motivo la célebre Guerrera del Sur era incapaz de abandonar a aquel molesto hombre a su suerte.

- El pueblo tiene mucho que ofrecer, no te puedes quedar ahí sentado, si no puedes ayudar ve a conocer el pueblo o a probar la comida, hay muchas cosas que ver aquí. - Propuso sin poder esconder la incomodidad que se filtraba en su voz.

- No estoy interesado... - Baatar respondió, Korra rodó los ojos y dejó sus hombros caer.

- Está bien, quédate aquí y no se te ocurra moverte. - Korra le ordenó y tomó asiento a su lado adoptando la posición de loto para comenzar a meditar, solo había una solución para Baatar y Korra estaba decidida a poner alto a sus berrinches infantiles de una vez por todas.

Baatar observaba con atención el cuerpo inmóvil de la morena, su respiración era suave y rítmica, parecía estar dormida pero Baatar dudaba que la morena hubiera decidido tomar una siesta porque nunca antes la había visto descansar así que no era algo típico en ella. Hasta cierto punto Korra le recordaba a Kuvira y cuándo su mente llegaba a hacer dicha comparación Baatar se molestaba con la morena y consigo mismo, interactuar con Korra le resultaba imposible, siempre había algo de ella que le recordaba a Kuvira y pronto su mente se llenaba de recuerdos e ideas confusas que lo hacían enfadar.

- ¡Bien! Está decidido, esto se arregla hoy. - La morena comentó con determinación y se puso de pie, Baatar no pudo hacer otra cosa que retroceder y ahogar el pequeño grito que se le quiso escapar de la boca ante la inesperada acción de la joven. - Vamos. - Korra saltó y de pronto pareció flotar. - ¿Qué esperas? - Preguntó manteniendo su mano derecha extendida hacia Baatar quién la observaba cómo si se tratara de un ser proveniente de un mundo desconocido, después de todo, la chica se encontraba sentada en el aire.

- Por todos los espíritus, no te va a hacer nada. - Korra tomó a Baatar por el cuello de su camiseta y lo jaló hasta reposarlo sobre el lomo del perro oso polar.

- ¡Ah! Es tu maldito espíritu. - Baatar renegó al entender lo que estaba pasando.

- Su nombre es Naga y entiende todo lo que dices así que más vale que aprendas a respetarla a ella y a los suyos porque estamos por ir a su mundo. - Korra advirtió, Baatar batallaba para acomodarse sobre el lomo del espíritu que era incapaz de ver ¿De qué manera esperaba que pudiera montarse sobre algo invisible para él? A pesar de los evidentes problemas que Baatar estaba teniendo para acomodarse, Korra no mostró consideración alguna y continuó cabalgando sobre Naga hacia la salida del pueblo.

Baatar se negó a hablar más, su orgullo ya había sido pisoteado lo suficiente con las demostraciones de miedo que la morena le había arrancado así que se negó a preguntar hacia dónde iban, sus ojos analizaban todo lo que había en el camino, las ruinas de Ciudad República eran más catastróficas que las de Ba Sing Se, daba la impresión de que el Avatar obscuro se hubiera empeñado en reducir la ciudad a cenizas, los edificios se mostraban completamente deshechos, pedazos había por todos lados y las calles difícilmente se podían distinguir debajo de todos los escombros que las cubrían, el terreno era peligroso, se notaba que era inestable, los materiales de los edificios ya se encontraban demasiado desgastados y cualquier cambio de peso los podía derrumbar aún más.

- Recuerda que debes ser respetuoso con los espíritus. - Korra le recordó llamando la atención de Baatar quién al fin miró hacia adelante y notó la presencia de la jungla y la luz del portal.

- Espera, es la entrada al mundo espiritual... - Pasó saliva en un intento por calmar el repentino palpitar acelerado de su corazón. - Aún no estoy preparado para hablar con ella... - Comenzó a balbucear un sin fin de palabras que la morena ignoró por completo mientras se abría paso entre la jungla. - Va a estar molesta conmigo. - Baatar murmuró.

- Entonces más vale que no la hagas molestar porque ahora puede manipular la tierra. - Korra bromeó pero sus palabras bastaron para silenciar los labios de Baatar quién no lograba asimilar la poderosa imagen de una Kuvira manipulando un par de enormes rocas, la simple idea le llenaba el corazón de orgullo y satisfacción, él había conocido a Kuvira desde que eran niños y la joven ojiverde siempre había soñado con ser una maestra tierra, por más improbable que fuera la idea, la pequeña Kuvira disfrutaba fantaseando con poseer los grandiosos poderes de un maestro tierra.

- No te asustes, se siente extraño pero no pasa nada. - Korra le advirtió antes de cruzar el portal, la luz obligó a Baatar a cerrar los ojos y se negó a abrirlos hasta que volvió a sentir el movimiento de Naga.

- Por todos los espíritus... - Murmuró asombrado, Korra sonrió al ver la sorpresa en los ojos de Baatar mientras parecían intentar absorber cada detalle del mundo que lo rodeaba. - Es tan... verde. - Baatar continuó admirando la naturaleza e ignorando el rumbo que seguía la morena para llevarlo ante Kuvira.

- ¡Korra! - Kuvira saludó al ver la figura de la morena aparecer en el horizonte, la voz de la ojiverde bastó para hacer que la cabeza de Baatar girara velozmente hacia ella, sus ojos confirmaron de inmediato que la persona frente a ellos era Kuvira pero a medida que se acercaban más a ella Baatar comenzó a llenarse de dudas pues en el rostro de la ojiverde se posaba una cálida y brillante sonrisa, que aunque le sentaba bien, parecía no pertenecerle a la Kuvira que él recordaba.

Kuvira vestía una blusa de tirantes blanca y un pantalón verde que se ajustó con vendas justo por debajo de las rodillas, su cabello se mantenía en una firme trenza que una vez más le alcanzaba la cintura, lucía completamente repuesta y repleta de seguridad en sí misma, tanto así que era difícil recordar a la Kuvira que había salido del calabozo más de medio año atrás.

- Hola. – Korra saludó.

- Ahora si eres de carne y hueso. - Kuvira se aventuró y envolvió a la morena entre sus brazos en el mismo instante en el que ella se bajó del lomo de Naga, la morena no dudó y le devolvió el abrazo gustosa de volver a ver a su amiga y disfrutando de su buen estado de ánimo antes de que cualquier otra cosa pudiera llegar a pasar.

- Kuvira. - Baatar pronunció en un murmullo repleto de ansiedad pero bastó para que los ojos verdes de la pelinegra se alzaran enfocando la figura de su viejo amigo.

- Baatar. - Kuvira sonrió de lado apartándose del abrazo de la morena para poder acercarse a él. - Luces exhausto. - Señaló sin tacto alguno.

- He estado pensando mucho. - Respondió observando la mano estirada de Kuvira, sus puños completamente cubiertos en vendas, sus uñas lucían desgastadas y llenas de tierra pero había algo en ella que la hacía radiar, lucía tranquila y compuesta, el rencor de sus ojos se había esfumado y ahora sus facciones parecían despedir un brillo especial que Baatar no sabía explicar.

- Eso lo haces todo el tiempo hombre, necesitas relajarte. - Kuvira tomó la iniciativa al notar que Baatar no le estrecharía la mano así que le alcanzó la mano derecha y estrechó de cualquier manera. - Korra me dice que te has estado sintiendo mal ¿Ocurre algo? - Le preguntó directamente, Baatar miró a la ojiverde por un momento hasta que logró encontrar la chispa de la implacable guerrera rebelde escondida muy al fondo de su mirada, seguía siendo la misma Kuvira pero ahora había partes de su personalidad que resaltaban más que la seriedad y severidad que por mucho tiempo la habían caracterizaron.

- Yo... - Baatar miró a la morena quién ahora caminaba lejos de ellos, a Kuvira no parecía molestarle que la morena se retirara y mantenía su mirada sobre Baatar en espera de una respuesta. - Tengo que hablar contigo. - Resolvió a decir y Kuvira se echó a reír abiertamente.

- ¿No es eso lo que estamos haciendo? - Se dio media vuelta y comenzó a caminar lentamente en la misma dirección que seguía la morena pero sin la intención de alcanzarla. - ¿Vienes? - Kuvira preguntó sin mirar atrás y sin detenerse, Baatar no respondió y se limitó a caminar detrás de ella.

- La verdad no entiendo qué es lo que te molesta. - Kuvira confesó.

- Creo que no fui justo contigo en Ba Sing Se. - Suspiró, sus pies se movían pero se sentían pesados, tenía la sensación de ir arrastrando un par de ladrillos y le resultaba imposible no tropezar con las rocas de vez en vez.

- Yo no fui justa con muchas personas en Ba Sing Se y tú no fuiste la excepción. - Kuvira admitió de forma tranquila y compuesta sin añadir ninguna emoción a sus palabras, Baatar guardó silencio dándose el tiempo de procesar lo que había escuchado pues le resultaba difícil recordar algún momento en el que Kuvira hubiera llegado a ser injusta con él.

- Nunca fuiste injusta conmigo. - Baatar respondió.

- ¿Ah no? - Kuvira sonrió de lado. - ¿Entonces por qué estás tan enojado con Korra?

La pregunta golpeó a Baatar de frente obligándolo a detenerse en seco.

- Ella no tiene nada que ver... - Inició, el rencor era evidente en su voz, Kuvira suspiró negando con la cabeza.

- Baatar, te cambié en el instante en el que la vi. - La ojiverde declaró. - Olvidé por completo que eras mi amigo y mi aliado, te comencé a ver como un problema por que eras la persona más cercana a mí y claramente pudiste notar mis descuidos, no quise admitir nada de lo que decías y me aferré al capricho de acercarme a Korra, esa es la verdad. - Kuvira se detuvo al notar que la distancia entre ella y Baatar comenzaba a aumentar.

- Decidí ignorar que eras mi pareja y me dedique a intentar conquistar a Korra, esa es la espina que aún no puedes sacarte del pecho. - Kuvira aclaró, sus ojos se clavaron sobre los de Baatar, los dos permanecían de pie el uno frente al otro, había poco más de un metro de distancia entre ellos y aún así Baatar sentía que no había espacio suficiente para respirar apropiadamente mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

- No... Yo. - Baatar batallaba para controlar su respiración, una lágrima corrió por su mejilla y se apresuró a limpiarla, intentaba oprimir las emociones que comenzaban a quemarlo desde el interior por temor a ser percibido como una persona débil.

- Tienes que decirlo. - Kuvira arrugó las cejas y dio un paso al frente. - Si no lo admites no podrás alinear tus pensamientos. - Pronunció con palabras serias y un tanto molestas. - No puedes seguir culpando a Korra, yo fui quién te lastimó, el rencor que sientes hacia ella lo tienes que dirigir hacia mí Baatar, tienes que deshacerte del miedo que sientes al verme, no me iré a ninguna parte, dime lo que piensas. - Kuvira le ordenó.

- Jamás sería capaz de faltarte al respeto... - Baatar limpió otra lágrima que le había bajado por la mejilla.

- Decirme lo que sientes no es faltarme al respeto Baatar, yo te falte al respeto y jamás me disculpe ¿Aún así quieres seguir cuidando de mí? - Kuvira Preguntó dando otro paso hacia el frente.

- Te amo. - Baatar pronunció las palabras que siempre había querido decir y que nunca se había atrevido a exteriorizar por miedo al rechazo, Kuvira asintió con la cabeza y bajó la mirada, la ausencia de palabras permitió que ambos apreciaran el sonido del pasto al ser acariciado por el viento y también el de los espíritus que iban y venían jugando de un lado a otro.

- Lo sé. - Kuvira cortó el silencio y suspiró. - Por eso fui injusta contigo Baatar. - Pausó. - Yo te amo, pero no de la misma manera que tú a mí y por eso me aproveché de ti y abusé del apoyo que me brindabas. - Volvió a exhalar pesadamente.

- Lo sé. - Baatar respondió, esta vez dejó que las lágrimas corrieran libremente por su rostro, Kuvira tenía razón, todo lo que él sentía se debía a las cosas que ella había hecho, todas habían sido decisiones de la propia Kuvira, Korra había sido su enemiga, si, pero nunca había obligado a Kuvira a hacer nada y había días en que eso lo hacía molestar aún más por que era obligado a ver la verdad, Korra no tenía nada que ver en lo que había pasado entre Kuvira y él.

- Eres un buen amigo Baatar, tienes un gran corazón y no hay nadie que pueda dudar de tu lealtad. - Kuvira dio otro paso hacia el frente deteniéndose a escasos centímetros de distancia de él. - Lamento haberte lastimado y lamento no haberlo dicho antes, espero que algún día me puedas perdonar, no soy una persona con muchos amigos así que me gustaría conservar a las personas que se han acercado a mí sin importar lo dura que haya sido con ellos. - Kuvira concluyó recargando la frente sobre el pecho de Baatar, un gesto que era pocas veces visto pero que el joven Beifong conocía de años atrás cuándo Kuvira aún era una chica en busca de un propósito.

- Crecimos juntos, no hay manera de que pueda llegar a odiarte. - Baatar respondió envolviendo a Kuvira entre sus brazos.

- Lo siento Baatar. - Kuvira repitió permitiéndose disfrutar del calor que emanaba del cuerpo de su amigo, él siempre había estado ahí para ella, se había atrevido a traicionar a su propia familia con tal de seguirla y sabía que no existía nada que el mundo que pudiera impedir que Baatar actuar a su favor, sabía bien que tenerlo de amigo era una experiencia única y en verdad detestaba recordar el daño que le había hecho pero entendía que tarde o temprano debía pasar porque ellos dos no estaban destinados a ser una pareja, su amistad era perfecta y duraría por el resto de sus vidas, Kuvira se sentía satisfecha con eso, no podía pedir más.

- No estoy enojado contigo. - Baatar murmuró. - Es solo que me resulta difícil dejarte ir. - Se sorprendió a sí mismo al escuchar aquellas palabras, al fin entendía que así era, estaba dolido porque se negaba a aceptar el cambio, Kuvira ya no era su pareja, sus caminos se separaban y en el futuro, llegaría el día en el que Kuvira encuentre a alguien más, la simple idea bastaba para aterrar a Baatar, aún no se sentía ni remotamente preparado para eso.

- Créeme, te estoy ahorrando muchos problemas. - Kuvira bromeó alejándose del abrazo y desplegando una brillante sonrisa a medida que continuaba su caminata, Korra ya se había alejado lo suficiente para ser vista a la distancia como un pequeño punto en el horizonte. - Vamos, nos estamos quedando atrás. - Kuvira apresuró el paso y Baatar sonrió recordando que a la pequeña Kuvira nunca le había gustado perder ante nadie, era el tipo de persona que competía incluso a la hora de la comida, perder era lo peor que le podía pasar y cada derrota solo la orillaba a practicar más con el fin de asegurar la victoria de su siguiente competencia, incluso si eso significaba comer sin masticar la comida.

/*/*/*/

- Mi padre hubiera estado orgulloso de mí aire control. - Tenzin comentó con una cálida sonrisa en el rostro.

- Por todos los espíritus Tenzin, lo único que haces es levantar polvo y llenarnos los ojos de basura, no es que eso no ayude durante una batalla ¿Pero de verdad piensas que tu padre estaría orgulloso de eso? - Lin interrumpió y todos se echaron a reír.

- ¡El maestro dice que...! - Tenzin volvió a cortar sus palabras a causa de la maestra tierra.

- Dirá lo que sea con tal de que pares de hacer tantas preguntas. - Lin sonrió y de nuevo el resto rió.

- No eres graciosa. - Tenzin exhalo lentamente, el pequeño grupo se concentraba alrededor de una fogata hecha con ramas secas que se habían caído de los árboles del bosque, los humanos tenían prohibido talar árboles del mundo espiritual y debían conformarse con lo que encontraban disponible en los alrededores.

- Estoy segura que eres un excelente maestro Aire. - Korra le sonrió, Tenzin sonrió de vuelta liberando una pequeña risilla.

- Lo es. – Aseguró Opal. – Es el mejor de nuestra clase. – Agregó.

- Y todo es gracias a las interminables preguntas que NUNCA dejo de hacer. – Le respondió con humor, la noche era fresca y cargaba con ella el aroma de las flores que tapizaban la orilla del lago.

- Nadie puede superar la experiencia de Desna en su primer día, estuvo a punto de volverse una leyenda por ser el primer maestro agua en morir ahogado. - Eska comentó con una sonrisa socarrona.

- Bueno, no podemos asegurar que no haya pasado antes. - Korra intentó mantener la compostura pero al final terminó riéndose con el resto del grupo a pesar de la fría mirada que Desna mantenía sobre ella.

- Cada elemento tiene sus propias experiencias, Kuvira se fracturó un par de dedos a penas llegamos. - Suyin la evidenció y Kuvira afilo la mirada.

- Tal vez eso hacía falta para mejorar porque ahora no hay manera de que me iguales en los entrenamientos. - Kuvira respondió orgullosa.

- Dime lo que gustes el día que logres tumbar a mi madre del pedestal. - Suyin respondió sonando frustrada, todos los que no eran maestros tierra se echaron a reír al recordar los retos que Toph le imponía a sus aprendices, la mujer ya estaba avanzada en años, pero no había ningún otro maestro tierra que se le pudiera igualar y ponía a sus aprendices en ridículo con suma facilidad.

- Me preocupan las consecuencias de hacerla caer, es demasiado vieja. - Kuvira bufó.

- A ella no le preocupa cuándo las rocas del tamaño de un buey vuelan en tu dirección, creo que estás siendo demasiado considerada. - Lin respondió con voz neutral.

- Entonces debo alegrarme de haber sido enseñada por Toph antes de que saliera a la luz como una maestra tierra. - Korra comentó con humor.

La morena se sentía alegre de ver el progreso que mostraban sus amigos, todos entrenaban día y noche asistidos por los maestros del Loto Blanco y algunos espíritus que habían desarrollado la curiosidad por las actividades de los humanos, así continuaron compartiendo sus experiencias y obteniendo consejos de la maestra de los cuatro elementos hasta que uno a uno fueron cayendo presas del sueño.

A la mañana siguiente la joven Avatar y Baatar emprendieron su camino de regreso al pueblo, Korra se despidió alegremente de todos sus amigos mientras que el joven Beifong se limitó a despedirse de Kuvira, a pesar de la agradable experiencia y el buen rato que compartió con todos Baatar no se sentía listo para abrirse a otras personas y optó por permanecer cayado.

En el camino hacia el pueblo no intercambiaron ni una sola palabra, aún así el ambiente entre la morena y su acompañante era diferente, este silencio no era asfixiante como lo había sido durante su camino hacia el portal, Korra se sentía más ligera, la tensión había desaparecido, Baatar lucía derrotado y triste, pero tranquilo lo cual ayudaba mucho a mantener el buen humor de la ojiazul.

- Gracias. - Pronunció cuándo la morena lo dejó frente a la casa en dónde se hospedaban los rebeldes, Korra lo miró sorprendida, los ojos de Baatar lucían más claros, más puros, la morena asintió con la cabeza y se disponía a hablar cuándo Varrick saltó de una de las calles de al lado.

- ¡Baatar! Justo la mente que necesitaba. - Celebró. - Korra, espero que no te moleste, necesito a este hombre para revisar un par de proyectos, al parecer tiene los sesos necesarios para este tipo de cosas y sin Asami aquí él es mi mejor opción para una segunda opinión... - Pausó. - Hiroshi está demasiado ocupado para esto. - Murmuró. - ¡Pero tú y yo mi amigo haremos maravillas! - Sonrió colgando su brazo derecho sobre los hombros de Baatar.

- Y así es cómo encuentras algo para lo que eres bueno. - La morena sonrió.

- Tomaré eso como una respuesta positiva a mi propuesta ¿Cuándo puedes empezar? - Le preguntó al joven Beifong quién lucía confundido, molesto y extrañamente dispuesto a ayudar.

- Puede empezar de inmediato. - Korra respondió por él.

- ¿Qué? - Baatar la miró sorprendido.

- Los rebeldes ya están en los entrenamientos y tú no eres bueno en eso. - Korra se encogió de hombros.

- Esta no es la mejor manera de enmendar nuestra relación Avatar. - Baatar se quejó arrugando las cejas.

- Yo creo que es la mejor manera de enmendarla. - Korra respondió sin borrar la sonrisa de su rostro al observar a Varrick arrastrando a Baatar por la calle sin dejar de parlotear sobre las ideas que tenía en mente mientras el Beifong le dirigía una mirada amenazadora a la morena.

- Parece ser que me he quitado un problema de encima amiga. – Korra acarició el cuello de Naga e inspiró profundamente disfrutando de la sensación de sentirse ligera. – Vayamos a supervisar los entrenamientos. – Le dijo para que la llevara a los campos de entrenamiento, Naga se sacudió y sin más comenzó a caminar hacia dónde la morena necesitaba ir, Korra se relajó permitiendo que sus pensamientos fluyeran libremente bajo la influencia de las cosas que veía en las calles del pueblo, no tenía porque estresarse de forma innecesaria, por el momento solo le quedaba disfrutar de su día a día hasta que el Loto Rojo decidiera hacer su siguiente movimiento.

/*/*/*/

- Visitantes de Omashu mi señora. - Anunció un joven gladiador, Asami lo miró extrañada, los rebeldes de Omashu eran sus aliados por lo que no necesitaban ninguna autorización para entrar a Ba Sing Se.

- Ya saben que la gente de Omashu es bienvenida aquí. – La ojiverde respondió haciendo evidente su confusión. – No tienen que pedir mi autorización para dejarlos pasar. – Agregó con voz autoritaria, eran las ocho de la noche y ella se encontraba ajustando las tablas de los torneos de acuerdo a los resultados de las últimas peleas que habían celebrado en el coliseo, afortunadamente su idea había sido un gran éxito y ahora solo debía encargarse de plasmar los nombres de los siguientes peleadores en las tablas que se mostrarían al público al día siguiente para comenzar a generar emoción y anticipación entre el público.

- Pero… - El joven titubeo al recibir la atención de los brillantes ojos verdes de su líder, no estaba seguro de poder leer bien la expresión en la mirada de aquella mujer, Carmín era una líder que se daba a respetar pero no era tan violenta y explosiva como lo solían ser Kuvira y Korra, aún así su presencia era imponente y el chico optó por no preguntar más para evitar riesgos innecesarios. – Enseguida los haremos pasar. – Resolvió a responder, aquellas palabras borraron el interés que Asami tenía sobre él y sus ojos volvieron a posarse sobre la hoja que había encima de su escritorio. – Lamento haberla molestado. – Concluyó él apresurándose a salir de la oficina.

Sus aliados, los rebeldes en las ruinas de Omashu, habían sido alertados sobre la partida de Korra y la posibilidad del ataque del Loto Rojo el mismo día en que todo había ocurrido, para Asami no era extraño que el líder de Omashu, Rost, decidiera responder a aquellos preocupantes comunicados así que no pensó demasiado sobre la visita que le habían anunciado, si se atrevía a adivinar no podía pensar en otra cosa que no fueran mensajeros con algún comunicado de Rost, tal vez él se había preocupado por el mensaje que le habían enviado y quería asegurarse de que todo estuviera en orden.

La ojiverde continuó trabajando por media hora más, le faltaba poco para terminar, un par de nombres y las tablas estarían listas para ser publicadas, pensaba para sí misma con gran satisfacción al imaginarse de regreso en su refugio disfrutando de una taza de té caliente mientras leía un viejo libro que Korra se había encontrado en las ruinas de Ba Sing Se, este era un texto diferente a todos los que había encontrado hasta el momento, en este se narraba una historia fantasiosa, el libro en sí no aportaba ningún conocimiento en especial pero si lograba capturar la atención y la imaginación de la ojiverde quién ahora no podía dejar de leerlo por las noches siempre que volvía a casa.

- Cuánto tiempo, Carmín. - La voz de Rost sorprendió a la ojiverde que de inmediato alzó la mirada para contemplar al hombre que caminaba hacia el interior de la oficina.

- ¿Rost? - Asami se puso de pie, el hombre sonrió haciendo una pequeña reverencia.

- Es un placer volver a verte. - La saludó.

- No esperaba tu vistita... - Asami admitió volviendo a tomar asiento.

- Lo sé, debí avisar antes de venir, pero sentí que la situación ameritaba mi presencia y que no había tiempo para formalidades. - Rost tomó asiento sobre una de las sillas que había alrededor de la mesa de juntas.

- Pues no ha habido novedades hasta el día de hoy, el Loto Blanco nos envía reportes diarios sobre las actividades del enemigo y todo parece normal hasta el momento. - La ojiverde se encogió de hombros, Rost asintió con la cabeza, sus ojos se mantenían fijos sobre la figura de la ojiverde, ya no había secretos que escondieran a la chica detrás de la cortina de misterios que había percibido la primera vez que la había visto y aún así se sentía profundamente intrigado por ella.

- ¿Cómo pasa el tiempo no? - Rost suspiró.

- Pareciera que fue ayer cuándo La Guerrera del Sur te apaleo en el coliseo. - Asami sonrió.

- Siempre supe que esa chica tenía algo especial, sus ojos son vivaces y despiden un extraño brillo que no hace más que intrigarte, no sabes si lo que pasa por su cabeza tiene que ver contigo o si sus ojos están viendo más allá, sabes que es capaz de todo y que si te atreves a meterte en su camino te meterás en serios problemas, pero a diferencia de otras personas con la misma mirada, La Guerrera del Sur despide una seguridad única, ella sabe que te puede derrotar. - Pausó. - No sé cómo no lo pensé antes, el Avatar... - La mirada de Rost se dirigió a la ventana que mostraba las ruinas de Ba Sing Se.

- Le preocupaba que fueras a romper tu alianza con nosotros después de que la noticia se hiciera pública. - Asami confesó.

- En Omashu no somos tan ignorantes... - Rost titubeo por un momento al pensar lo que se encontraba a punto de decir.

- Todos tenemos secretos. - Inició. - Los rebeldes de Omashu somos descendientes de los sobrevivientes de la poderosa ciudad de Omashu. - Sonrió.

- ¿Un asentamiento? - Asami preguntó arqueando una ceja y poniendo en duda las palabras que acababa de escuchar.

- Omashu siempre ha sido una ciudad muy independiente, ahí la gente no seguía la influencia del Avatar o de sus opositores, internamente no hubo revueltas, la guerra del Avatar obscuro nos llegó desde los cielos, la ciudad se defendió con su propio ejército y después de una ardua y catastrófica pelea lograron deshacerse de los enemigos. - Se encogió de hombros. - Los sobrevivientes a la guerra cerraron la ciudad y se atrincheraron en el interior con los recursos que les quedaban, Omashu es una fortaleza difícil de alcanzar y penetrar así que no hizo falta oponer mucha resistencia en contra de los viajeros que se atrevían a atacar, nadie podía entrar. - Sonrió.

- ¿Y lograron sobrevivir así hasta el día de hoy? - Asami preguntó sorprendida.

- Si, pero claro está que no fue fácil, las provisiones no duraron para siempre, un par de generaciones después la falta de recursos nos obligó a salir de la ciudad y fue ahí cuando hicimos contacto con los rebeldes, ellos tenían recursos y conocían bien los territorios que rodeaban nuestra fortaleza así que aceptamos ser sus aliados, les brindamos asilo y protección a cambio de grano y agua, fue así que de alguna manera nos ganamos el título de rebeldes. - Concluyó.

- ¿Nunca persiguieron al Avatar? - Asami preguntó.

- No, tampoco robamos o lastimamos gente, no hace falta, siempre y cuando la ciudad se encuentre abastecida nosotros nos podemos refugiar en el interior e impedirle la entrada a quien no queramos tener cerca. - Explicó.

- Vaya, y pensar que los rebeldes de Omashu siempre mantuvieron una reputación muy respetada a lo largo y ancho de todo el Antiguo Reino Tierra. - Asami respondió con un aire de sorpresa dejando caer todo su peso sobre el respaldo de la silla.

- Hicimos lo que era necesario para sobrevivir. - Rost se encogió de hombros. - Pero nuestra historia se desarrolló a través de generaciones así que no es tan interesante como la del Avatar Korra. - Recalcó. - O la de Asami Sato. - Agregó. - Porque al final nosotros si formábamos parte de los rebeldes, en cambio ustedes dos y Bumi estaban encubiertos. - Suspiró. - Jamás me hubiera atrevido a pensar que Bumi era un miembro del Loto Blanco, los espectáculos que daba en el coliseo eran aterradores. - Comentó más para sí mismo que para la chica que tenía en frente.

- Creo que esa fue la base de su éxito, tanto Bumi como Korra fueron capaces de pasar como rebeldes porque parte de ellos en verdad pertenece a este ambiente, fueron capaces de explorar su lado más salvaje y agresivo hasta volverlo parte de su presentación en esta sociedad. - Asami razonaba recordando las peleas de Korra y la facilidad que demostraba al momento de castigar físicamente a sus contrincantes, Korra misma lo había admitido, La Guerrera del Sur era parte de ella, Korra disfrutaba las peleas y todo lo que conllevaban, la violencia, la adrenalina, el peligro y el dulce sabor de la victoria, su amada ojiazul tenía una debilidad por ese tipo de experiencias y Asami estaba consciente de ello, Korra no pretendía en lo absoluto, convenientemente su personalidad había encajado entre los rebeldes y así una cosa llevó a la otra hasta obtener todo lo que tenían en la actualidad.

- Nadie puede ser tan buen actor. - Rost concordó con la ojiverde asintiendo con la cabeza.

- ¿Y cuál es tu plan? - Asami preguntó mirando Rost, sus ojos recorrían la superficie de los brazos de aquel hombre y un par de cicatrices que tenía en el rostro, sabía bien que todas ellas habían sido hechas por Korra, recordaba verlo de pie en el centro de la arena con el cuerpo bañado en sangre y sudor, Rost nunca se mostró molesto por lo que había ocurrido, Korra lo había usado para entretener a la gente prolongando la pelea más de lo necesario y aún así él respondió aceptando a Korra como la nueva líder rebelde de Ba Sing Se, desde entonces Rost se había mantenido fiel a su palabra y permaneció como aliado de la morena sin dar nada de qué hablar, solo ahora Asami entendía el porqué, durante generaciones, Omashu había sido un asentamiento disfrazado como un grupo rebelde.

- Reforzar Ba Sing Se con mis mejores guerreros y esperar con los dedos cruzados a que la guerra no alcance estos territorios. - Ros respondió.

- Es mi deber admitir que nunca esperamos recibir semejante apoyo de tu parte. - Asami sonrió.

- Mi gente ha permanecido escondida dentro de las paredes de Omashu por generaciones, en el pasado, muchos de nuestros líderes formaron parte del Loto Blanco, pero la situación del mundo terminó causando que los habitantes de Omashu se aislaran dentro de su ciudad, abandonamos al Avatar al igual que lo hizo el resto del mundo. - Rost narraba la historia que había sido pasada de generación en generación dentro de las ruinas de su ciudad, historia que permanecía tallada en roca dentro del palacio de sus antiguos reyes, la historia de lo que la gente de aquel tiempo pensó que era el fin del mundo.

- Siempre supimos que tarde o temprano llegaría el tiempo de volver a luchar, el mundo había caído en silencio total mientras la humanidad hacía lo posible por sobrevivir en un mundo muerto, a pesar de eso era claro que la guerra no se había terminado, los rebeldes dominaban los desiertos y mermaban cualquier intento de progreso, el Avatar era asesinado con frecuencia y las esperanzas eran pocas. - Pausó mirando el mapa que se desplegaba sobra la mesa de juntas. - Pero ahora vemos la oportunidad que hemos estado esperando, el Avatar ha logrado despertar y unir a la humanidad, es momento de que nosotros también formemos parte de sus fuerzas. - Rost sonrió con una mirada triste.

- Me convertí en líder a los quince años cuando mi padre murió de una extraña enfermedad que lo debilitó hasta dejarlo en los huesos, desde entonces me preguntaba de qué manera lograría obtener un poco de libertad para mi gente que ha vivido atrapada detrás de esos muros por cientos de años. - Arrugó las cejas y exhalo profundamente. - La decisión no fue fácil pero si clara. - Explicó. - La historia no me permite mentir.

Asami miraba directo a los ojos de Rost en un intento por capturar todas sus ideas y pensamientos, Rost era una variante que nunca había considerado encontrar en el tipo de sobrevivientes que habitaban el mundo, un sobreviviente que había conservado un registro de la decadencia de su gente hasta el día presente.

- No se puede disfrutar de los frutos de la paz si no ayudamos a cultivarla. - Suspiró. - En el pasado Omashu optó por alejarse del Avatar para no involucrarse en sus problemas, fuimos egoístas y optamos por la paz de la ciudad por encima de la paz del mundo. - Rió suavemente reflejando una mirada llena de arrepentimiento. - Esa es la lección que quedó para nuestra gente, la falta de participación de nuestra ciudad se sumó al desequilibrio que al final causó la destrucción de la humanidad.- Concluyó.

- Eso pasó hace cientos de años. - Asami señaló. - Tú no deberías cargar con la culpa de tus antepasados. - Le aseguró.

- No, pero si no aprendo de ellos cometeré sus mismos errores, así que aquí estamos Asami Sato, me tomó un par de meses decidirme pero al fin logré romper la maldición de los habitantes de Omashu, ser espectadores nos volvió cómplices del caos, eso no volverá a pasar, ahora estamos listos para inclinar la balanza a nuestro favor. - Se puso de pie y caminó hacia la ventana haciendo un pequeño gesto con la mirada para invitar a Asami a mirar hacia afuera.

- Y aquí están los guerreros del pueblo que por cientos de años ha vivido cargando la culpa de sus antepasados, todos listos para sanar las heridas del pasado. - Rost sonrió, Asami dio un par de pasos hacia atrás al contemplar al ejército que descansaba frente al coliseo, cerca de trescientos guerreros de Omashu sentados en múltiples filas cuidadosamente ordenadas.

- ¿Cuánta gente me dijiste que había en Omashu? - Asami se atrevió a preguntar a pesar de su temor a escuchar la verdad.

- Nunca reporté una cantidad específica, simplemente dije que alrededor de doscientas personas. - Rost se encogió de hombros.

- ¿Cuántas hay en realidad? - La ojiverde lo miró seriamente.

- Casi setecientas personas. - Rost respondió honestamente.

- Por poco triplicas la cantidad que reportaste. - Asami exhalo lenta y pausadamente.

- No hay qué temer, la gente que se quedó en casa no sabe pelear. - Rost aclaró.

- ¿No temes que tu ciudad pueda ser atacada? - La líder rebelde preguntó volviendo a su asiento.

- Nadie tiene a Omashu en la mira, mi gente se encuentra segura. - Rost siguió a Asami y al igual que ella volvió a tomar asiento.

- Gracias. - Asami hizo una pequeña reverencia con la cabeza. - Tú y tu gente son bienvenidos, habrá que hacer un par de ajustes para abastecerlos a todos de agua y alimento, pero no hay de qué preocuparse. - Confirmó.

- Mi gente estará mandando provisiones de comida, llevo meses intentando hacer este movimiento, estamos preparados. - Rost explicó.

- No dejas de sorprenderme. - Asami sonrió de lado.

- Lamento haber demorado tanto en reaccionar. - Rost hizo una reverencia y se puso de pie.

- Estoy segura de que no pudo haber un mejor momento para decidirte. - Asami sonrió, sin sus gladiadores más fuertes la alianza rebelde se encontraba en un estado vulnerable, pero esto no era algo que le preocupara a la joven líder porque algo dentro de ella le decía que la guerra iniciaría y se terminaría en las costas de Ciudad República, la victoria tenía que favorecerle a sus amigos, por eso no debía llegar a Ba Sing Se, aún así los guerreros de Rost resultaban ser un excelente plan de respaldo que no se podía desperdiciar.

- Eso espero. – Rost murmuró saliendo de la oficina.

/*/*/*/

Tres semanas después de su traslado Korra se encontraba sentada en el taller de Hiroshi observando como él trabajaba en los aparatos de radio, según le había explicado se encontraba reduciendo el tamaño de los aparatos para volverlos más fáciles de portar, también hablaba de ampliar su rango de señal y la claridad del sonido, cosas que Korra no lograba terminar de comprender cuándo el hombre comenzaba a entrar en detalles y a mostrarle los llamados "circuitos" del aparato.

- Asami es igual cuándo trabaja con aparatos así. - Comentó sin poder esconder la sonrisa que se posó sobre sus labios.

- Es fascinante, los avances tecnológicos de nuestros antepasados eran realmente dignos de admirar. - Hiroshi respondió sin despegar la mirada del aparato con el que trabajaba.

- Hay parte de mí que le teme a ese tipo de tecnología... - La morena confesó.

- Se cometieron muchos errores, pero la culpa no fue de la tecnología si no de la gente que no la usó de forma consciente y responsable... - Hiroshi interrumpió sus palabras tras escuchar que alguien llamaba a la puerta, Korra se levantó de su lugar haciéndole una seña a Hiroshi para evitar que interrumpiera su trabajo mientras ella atendía la puerta.

- Avatar. - El joven guardia hizo una reverencia. - Nos acaban de informar que el Loto Rojo está elaborando buques, parece ser que se preparan para el ataque. - Pronunció con palabras claras y seguras cómo si lo hubiera estado ensayando mentalmente durante todo el camino hacia el taller.

Korra giró la cabeza para ver a Hiroshi quién ya había abandonado sus herramientas sobre la mesa y ahora se retiraba los guantes de cuero que llevaba en las manos. - Estamos listos. - Hiroshi aseguró, Korra bajó la mirada y asintió con la cabeza.

- Gracias, iremos enseguida. - Le anunció al joven quién volvió a hacer una reverencia antes de marcharse.

- Hay que iniciar los preparativos, les tomará a lo menos tres días alcanzar nuestras costas, tal vez más, dependiendo de cuándo terminen los buques. - Hiroshi sonrió cálidamente al notar la preocupación que se escondía detrás de los ojos de la morena. - Hay tiempo suficiente. - Afirmó, Korra asintió con la cabeza, intentaba mantenerse tranquila pero sabía que, en caso de salir victoriosos, la guerra les traería sufrimiento antes de brindarles libertad.

- La respuesta de Ba Sing Se no ha de tardar en llegar. - Korra comentó, sus pensamientos habían viajado rápidamente hacia su amada ojiverde, Asami no era una persona a la que le gustaba sentarse y esperar mientras todo ocurría, Korra sabía que la reciente noticia la inquietaría, era inevitable pero no había mucho que se pudiera hacer al respecto, Ba Sing Se necesitaba un líder y Asami era la última persona disponible que podía ocupar el puesto.

- Oh, eso tenlo por seguro. - Hiroshi sonrió. - Asami querrá tener un reporte completo de la situación y querrá actualizaciones cada tres horas. - Bromeó logrando arrancarle una pequeña pero honesta sonrisa a la morena.

- Tres horas es demasiado tiempo para ella. - Agregó ella y ambos rieron.

- Vamos Avatar. - Hiroshi abrió la puerta que permitió la entrada de los brillantes rayos del sol, Korra respiró profundamente y permaneció callada por un minuto mientras recolectaba sus pensamientos y los ordenaba cuidadosamente, era momento de volver a usar una máscara, ella sería el apoyo y respaldo de todos los guerreros, tenía que ser fuerte por ellos y por eso no podía mostrar ningún rasgo de debilidad.

- Estamos listos. - Korra asintió con la cabeza y se encaminó hacia el exterior, la última pelea estaba a punto de comenzar, solo hacía falta mantener eso en mente, este sería el último enfrentamiento contra los fantasmas que el Avatar Obscuro había dejado detrás de él.