- ¡Simplemente hagan lo que les dije! No hay necesidad de pensar más allá y tampoco hay tiempo. - Hiroshi reclamó con impaciencia.

- ¿De qué nos van a servir unos radios? ¡Necesitamos armas! - Varrick arrugó las cejas y alzó las manos en el aire, Baatar permanecía sentado frente a la mesa de trabajo de Hiroshi y observaba sin mucho interés la discusión que a su parecer ya se había prolongado poco más de lo necesario.

- Comunicación y organización nos brindarán la victoria, estrategia, la fuerza jamás nos traerá la victoria. - Hiroshi bajó los lentes de seguridad que llevaba en la cabeza y volvió a concentrarse en la pieza que había estado soldando antes de ser interrumpido por las constantes preguntas de Varrick. - Además ya tenemos armas. - Bufó.

- Creo que el viejo tiene razón. - Baatar se encogió de hombros.

- Un radio no es tan efectiva como un cañón al momento de mandar al enemigo a volar. – Varrick habló entre dientes.

- Elaborar tal cosa nos llevaría demasiado tiempo, cosa que por el momento no tenemos. - Hiroshi recalcó.

- Entonces explosivos, bombas pequeñas pero potentes que destrocen las filas enemigas a penas hagan contacto con ellos. - Varrick propuso.

- ¿Ya sabes de qué manera servirán? ¿Son seguras para nuestros guerreros? ¿No detonarán antes de ser lanzadas? Son demasiados riesgos que no podemos tomar a la ligera. - Hiroshi repitió el argumento que había estado defendiendo desde el inicio de la discusión.

- Estás pensando demasiado. - Varrick suspiró.

- Si dejaras de hablar tanto tal vez ya habríamos terminado aquí. - Baatar alzó la voz, la verdad entendía poco el motivo del descontento de Varrick pues los dos habían estado trabajando en la elaboración de dichas bombas durante poco más de diez días y el prototipo que tenían era bastante aceptable, Varrick podía usar sus planos para explicar la bomba y así ahorrarse muchas palabras, pero en vez de eso aquí estaba, discutiendo con Hiroshi innecesariamente sobre problemas ya resueltos.

- ¿Interrumpo? - Korra entró al taller con una pequeña sonrisa en el rostro al notar la desesperación en los ojos de Hiroshi.

- Si, pero es justo lo que necesitamos. - Hiroshi respondió.

Korra rió brevemente, Hiroshi se caracterizaba por su increíble habilidad de aparentarse calmado incluso en las peores situaciones así que le entretenía ver lo poco que duraba su autocontrol cuándo se trataba de Varrick y sus brillantes y extravagantes ideas.

- La ayuda de Zhu Li nos habría ahorrado mucho tiempo pero... - Hiroshi se detuvo al ser atropellado por las palabras de Varrick.

- ¡Zhu Li tiene cosas más importantes que atender por el momento! Además ella no entiende mucho de tecnología así que no serviría de mucho tenerla aquí. - Aseguró de forma exagerada.

- La subestimas, ella entendía muy bien las teorías y los proyectos de Asami. - Hiroshi alzó una ceja mientras se cuestionaba la posibilidad de que la cabeza de Varrick se encontrara tan llena de ideas novedosas cuándo había momentos en los que las palabras que salían de su boca eran un claro reflejo de una mente absolutamente vacía.

- Esto es una locura. - Baatar exhalo resignado. - Encontraste la mejor manera de torturarme sin tener que mover ni un dedo. - Le dijo a la morena.

- Honestamente no pensé que todo se fuera a complicar tanto. - Korra rió. - Solo vine a avisar que no volveré a casa el día de hoy, pasaré la noche en el mundo espiritual. - Anunció con entusiasmo.

- Bien. - Hiroshi le sonrió.

- ¡Ah! Por cierto, me gustaría que me acompañaras a comer con mis padres por la tarde, fideos al estilo tribu agua, estoy segura de que te van a encantar. - La joven se detuvo bajo el marco de la puerta en espera de una respuesta.

- ¿A qué hora? - Hiroshi preguntó.

- A la una de la tarde. - Korra sonrió anticipándose a la respuesta que recibiría, Hiroshi no había hablado en vano al decir que la consideraba como a una hija propia, desde que ella y Asami se habían declarado como una pareja la morena había comenzado a disfrutar de la calidez del señor Sato, Hiroshi la apoyaba en todo lo que ella necesitaba y le brindaba apoyo emocional cuándo la situación lo ameritaba, Korra sabía que contaba con él, ambos habían aprendido a darse fuerzas mutuamente cuándo Asami quedó atrapada en el mundo espiritual, habían aprendido a apoyarse mutuamente como auténticos familiares y ahora podían darse el lujo de disfrutar de aquel poderoso vínculo que los unía.

- Ahí estaré. - Hiroshi respondió asintiendo con la cabeza.

- ¡Bien! - Korra celebró. - Nos vemos entonces. - Concluyó y salió del taller sintiéndose afortunada de aún poder disfrutar de la compañía de esas personas especiales que llenaban su vida.

Al ser a penas las nueve de la mañana Korra tenía mucho tiempo de sobra antes de tener que dirigirse a la casa en dónde se hospedaban sus padres, a pesar de la terrible noticia que habían recibido el día anterior y a pesar de la prolongada y estresante junta que terminó cerca de la media noche, la morena no había tenido problemas para quedarse dormida, la suave cama y el agradable aroma del perfume de Asami la ayudaron a olvidarse de todo durante el tiempo suficiente para que su mente fuera capturada por el sueño así que ahora se sentía llena de energía.

- ¡Ah! Guerrera del sur. - Saludó Alfa con entusiasmo. - ¿Dormiste bien? - Preguntó con una amplia sonrisa en el rostro.

- Perfectamente. - Korra confirmó con una pequeña sonrisa.

- Eso se nota a la distancia. - Alfa rió. - Luces radiante. - Le aseguró.

- Habrá que sacar lo mejor de estos últimos días antes de que el Loto Rojo llegue a nuestras costas. - Korra respondió encogiéndose de hombros.

- Ese es el espíritu de un guerrero. - Alfa celebró, las dos observaban a los rebeldes entrenando con los pobladores, a pesar de solo haber pasado dos semanas en el asentamiento, la intervención de los rebeldes había mejorado considerablemente las habilidades de pelea de la gente del asentamiento.

- ¿Crees que están listos? - Korra preguntó.

- Si, solo les hacía falta un poco de inspiración. - Alfa pausó. - Nada que un gladiador tosco, con voz pesada y falta de tacto no pueda arreglar en un par de horas. - Bromeo y ambas rieron abiertamente.

- Eso mismo que pensé yo. - Korra suspiró intentando exhalar la repentina angustia que brotó en su pecho, pensar en las posibles consecuencias que la guerra le traería a cada una de las personas que tenía enfrente no le serviría de nada a ella ni a nadie. – Entremos a ayudar un poco, una hora de entrenamiento severo tampoco les hará daño. - La Guerrera del Sur ideó para mantener su mente ocupada y lejos de los pensamientos negativos que solían formarse con facilidad cuándo se ponía a reflexionar sobre el futuro, Alfa sonrió de lado ante la nueva propuesta de su líder y sin decir nada comenzó a seguir a la morena hacia el centro del campo de entrenamiento.

Luego del entrenamiento y de compartir el desayuno con los aprendices, Korra se encaminó hacia los refugios para verificar que todo se encontrara en orden, en el plano original no habían incluido la salida de emergencia que ahora tenían para que los refugiados pudieran escapar hacia el otro lado de la montaña en caso de ser necesario, medidas preventivas que Hiroshi había implementado durante los meses en el que el Loto Rojo había permanecido en silencio, era claro que ninguno de los bandos había perdido el tiempo, todos tenían los ojos firmemente puestos sobre la inevitable disputa que decidiría el futuro del mundo.

/*/*/*/

- ¡Lamento la demora! - Sus palabras anunciaron su llegada antes de que la puerta se abriera, Hiroshi, Senna y Tonraq voltearon a verla con una sonrisa, ya habían pasado quince minutos de la hora citada pero todos comprendían que la joven se encontraba ocupada y nadie esperaba una puntualidad perfecta de ella.

- Llegaste justo a tiempo. - Senna terminó de colocar el último plato sobre la mesa.

- Huele delicioso. - Korra se saboreó encaminándose hacia la mesa.

- Estoy seguro de que el sabor ha de ser igual de placentero. - Hiroshi comentó. - Gracias de nuevo por recibirme. - Repitió sus palabras acompañadas de una pequeña reverencia.

- ¿Pero qué dices Hiroshi? Tú eres nuestro anfitrión aquí, este es tu pueblo, estas tus casas y la comida se cultivo en tus tierras. - Tonraq le dijo con tono divertido.

- Yo no soy el dueño del pueblo, simplemente lo represento. - Hiroshi defendió.

- Me gusta cómo suena eso. - Tonraq asintió con la cabeza.

- Todos aquí somos parte de la misma familia y somos bienvenidos a la mesa. - Senna corrigió a ambos, Tonraq concordó con ella y Korra rió al notar el ligero rubor que se posó sobre las mejillas de Hiroshi.

- Ya era momento de que alguien te jugara la misma carta que tanto te gusta jugarme a mí. - La morena bromeó logrando arrancar una pequeña risa de los labios de Hiroshi.

- Bien dicho Korra. - Hiroshi concordó entre risas.

Los cuatro comieron y convivieron compartiendo historias de sus asentamientos, las costumbres de las personas de las tierras del sur eran muy diferentes a las que tenían las personas del antiguo reino tierra, la conversación iba y venía entre las anécdotas de Hiroshi y las de Tonraq quienes tardaron más en terminarse la comida por culpa de la charla, Senna y Korra comieron a gusto escuchando la conversación y añadiendo breves comentarios de vez en vez hasta que se llegó la hora de que la morena se marchara a su siguiente compromiso.

- Nos vemos mañana. - Korra se despidió dejando a Hiroshi bien acompañado por sus padres para que continuaran con la plática que claramente se encontraba lejos de terminarse.

/*/*/*/

Korra recorría los paisajes del mundo espiritual acompañada por Naga, esta vez su misión era simple, a la mañana siguiente debía acompañar a todos los aprendices elementales de vuelta al pueblo. Finalmente todas las piezas del rompecabezas comenzaban a caer en su lugar para formar lo que sería la defensa del pueblo en las ruinas de Ciudad República, todo estaba listo y solo quedada formarse para esperar el ataque del enemigo.

- No hay manera de que podamos perder. - Kuvira murmuró, después de haber completado su último día de entrenamiento en el mundo espiritual, Kuvira descansaba recostada sobre el pasto mirando las estrellas enseguida de la morena.

- No debemos confiarnos. - Korra advirtió liberando un profundo bostezo.

- No, es cuestión de probabilidad, creo que el pueblo de Asami está perfectamente preparado para esta guerra. - Kuvira aclaró.

- Eso espero. – Korra murmuró adormilada permitiendo que sus ojos se cerraran al sentir las caricias del viento sobre su piel, durante todo el día había evitado pensar demasiado así que prefirió entregarse al sueño antes de darle más vueltas al asunto. – Buenas noches. – Balbuceo exhalando lentamente.

- Buenas noches. – Kuvira sonrió volviendo su mirada hacia su costado derecho para contemplar el rostro de la morena mientras dormía, la calma de Korra parecía absoluta y a la ojiverde le resultaba difícil recordar el rostro firme y amenazador de la guerrera que años atrás la había derrotado, sin importar todo lo que se encontraba en juego en esos momentos, Kuvira sabía que lo único que hacía falta para hacerla participar en esa guerra estaba a su lado, la única persona que había luchado para ganarse su respeto y confianza, la única que se había atrevido a desafiarla como líder y a conocerla como igual sin importar ninguna de sus constantes amenazas o repetidos insultos. – Descansa, Guerrera del Sur. – Murmuró antes de cerrar los ojos y dejarse llevar por el cansancio de su cuerpo, la guerra estaba cerca y debía estar lista para dar lo mejor de sí durante la batalla.

Al amanecer los aprendices y maestros elementales comenzaron a despedirse de los espíritus que los habían acompañado durante su estancia en el mundo espiritual, su partida sería a las siete de la mañana así que no contaban con mucho tiempo para dar un último paseo por aquel mundo lleno de vida, aromas y colores de los que su propio mundo carecía.

- Ustedes no se cansan de repetir sus errores una y otra vez. - Wan Shi Tong hizo la observación en voz alta, de pie al lado de la joven Avatar, el espíritu supervisaba las últimas actividades de los humanos en su mundo.

- No es igual. - Korra le aseguró.

- No, porque tú tienes razón y ellos están equivocados. Si tan solo esta fuera la primera vez que un líder humano tuviera ese pensamiento, entonces tal vez podría creerte. - El espíritu habló con tono severo.

- Solo confía en nosotros. - Korra le pidió sabiendo que no podía hacer nada más, convencer a Wan Shi Tong era una tarea imposible, el espíritu había presenciado la historia de la humanidad con sus propios ojos, conocía bien la lista de errores que los humanos tendían a repetir generación tras generación, Korra estaba consciente de que sus palabras habían sido pronunciadas por millones de personas antes que ella, a pesar de eso la morena estaba segura de que esta vez sería diferente porque la situación era diferente, las personas tenían los ojos bien abiertos, todos se encontraban en peligro de desaparecer y la única oportunidad que tenían de vivir dependía de lo que aprendieran a lo largo del camino, aprender ya no era una opción sino una necesidad.

- En una hora estaremos listos para partir. - Lin anunció acercándose por detrás.

- Yo ya me voy, nos vemos en el pueblo, Avatar. - Toph se encaminó por delante sin esperar respuesta, su trabajo como maestra había terminado y a su parecer no tenía nada más que hacer ahí, esperar nunca había sido de su agrado así que prefería adelantarse y evitarse todas las molestias que suponía para ella el tener que caminar en grupo.

- Me sorprendió cuándo me dijeron que había aceptado ser su maestra. - Korra comentó observando como la vieja maestra tierra se alejaba a paso lento pero constante.

- Ninguno de los demás maestros tierra se comparan con ella. - Lin comentó sin enfatizar ninguna expresión en su rostro.

- Eso me lo puedo imaginar. - Korra sonrió.

El camino de regreso al pueblo transcurrió tranquilo y sin novedades, Korra permaneció en la parte trasera del grupo con Kuvira caminando a su lado, durante la tarde anterior Korra había presenciado los entrenamientos de los maestros elementales y sabía que esas personas ya tenían una buena idea de cómo controlar los poderes que se les habían confiado, naturalmente algunos destacaban más que otros al tener la facilidad de combinar su personalidad con el elemento que les había tocado, estas personas aprendían con mayor facilidad que el resto, Korra había contado a varios maestros así entre los aprendices lo cual le ayudaba a reducir sus inquietudes sobre la batalla pues estaba segura de que ellos no tendrían problemas para dominar a la mayoría de los maestros elementales del Loto Rojo.

En el pueblo Korra ayudó a asignar a los aliados a las casas en las que se hospedarían, sin importar si solo se trataba de un día o dos, nadie pasaría una noche sin techo, todo el pueblo había accedido a ayudar, ciertas casas tenían espacio para una persona mientras otras para cuatro más, todo dependía del tamaño de las familias que habitaban cada casa pero la intención era la misma en cualquier hogar, acoger a las personas que les ayudarían a proteger su pueblo.

Korra se desocupó cerca de las tres de la tarde, no había nada más que hacer si no hasta las ocho de la noche así que optó por volver a casa y descansar un poco, sentada en el sofá de su habitación miraba el escritorio con la pila de papeles que nadie se atrevía a mover por temor a arruinar el proceso creativo de Asami ¿Qué tan lejanos estaban los días en los que recién comenzaban a conocerse? Se preguntaba con una sonrisa en el rostro. – Al menos estás segura allá. – Murmuró, no podía negar que su espíritu reclamaba la presencia de su amada pelinegra cada día que amanecía sola pero gran parte de ella agradecía que Asami se encontrara segura y lejos del conflicto con el Loto Rojo.

Con el tiempo que tenía entre sus manos Korra optó por aventurarse a explorar el famoso escritorio de la joven Sato, Asami guardaba todo tipo de cosas en los cajones, la mayoría de ellos contenían libretas repletas de notas sobre el desarrollo del asentamiento, entre las hojas de las libretas se podían encontrar hojas de árboles, plumas, dibujos, y flores secas, cada libreta tenía sus fechas y anotaciones de cada día, Asami no había incluido información personal de ella en ninguno de esos cuadernillos pero bastaba con poder leer su letra y comentarios para extraer su esencia de aquellas páginas.

Korra continuó investigando hasta encontrar la última libreta que usó la ojiverde, la mitad del cuadernillo continuaba en blanco, la última fecha correspondía a uno de los años en el que la morena aún continuaba ausente, Korra no tardó en deducir que ese debió ser el último día antes de cambiar la organización del liderazgo del pueblo, ella no había presenciado ninguno de esos cambios pero se enteró al volver que las tareas se habían dividido con tal de mejorar la atención que se le brindaba a cada sector del asentamiento, la última nota que había en la libreta decía lo siguiente.

"¡Otro paso más hacia nuestro futuro!"

Korra suspiró y miró alrededor. – Esos malditos radios deberían de tener mayor alcance… - Renegó, de pronto sus ojos se posaron sobre el trozo de carbón que Asami usaba para hacer sus apuntes, no podía hablar con ella directamente pero necesitaba desahogar sus ideas como usualmente lo hacía con ella así que optó por escribir, no estaba segura de que eso le fuera a ayudar de la misma manera, pero no tenía nada más que hacer y la idea parecía lo suficientemente interesante para pasar el rato.

- ¿Korra? - Opal abrió la puerta de la habitación lentamente.

- ¿Qué pasa? - La morena sonrió al ver a su amiga, una nueva maestra aire.

- La junta empezará pronto. - Anunció con tono gentil y una mirada curiosa al ver a la morena sentada detrás del escritorio.

- ¿Ah sí? – Korra miró por la ventana y se sorprendió al notar que el sol había desaparecido. – Lo siento, me descuide. – Korra soltó el carboncillo y cerró la libreta para devolverla al cajón.

- ¿Qué hacías? – Su amiga le preguntó con curiosidad.

- Nada. – Korra se puso de pie y se alineó la ropa. - ¿Luzco bien? – Preguntó sin mostrar un verdadero interés en su apariencia, vestía un pantalón militar color azul marino y una sudadera marrón.

- El resto lucía bastante casual así que creo que estás bien. – Opal sonrió al recordarse viviendo la misma situación en Ba Sing Se cuándo la morena intentaba adoptar la misma imagen que los rebeldes para presentarse en el coliseo.

- Bien, porque no tengo ganas de cambiarme de ropa. – Admitió poniéndose de pie y caminando hacia la puerta. - ¿Nos vamos? – La morena sonrió ofreciendo su brazo para que Opal lo tomara y caminara a su lado, ambas se encaminaron hacia la calle y caminaron a paso relajado hacia la plaza central en dónde se daría una plática para recordarle a todos el papel que adoptarían dependiendo del grupo al que pertenecían, la alerta aún no era dada, el Loto Blanco aún no confirmaba la partida del Loto Rojo, de cualquier manera la plática sería impartida para preparar a todos mentalmente, la guerra no tardaba en comenzar y la gente tenía el derecho a saber que sus días de tranquilidad estaban por terminar.

- ¿Qué tal van las cosas con Bolin? – Korra preguntó.

- Van bien, considerando que no lo había visto en meses. – Opal rió. – Me contó lo increíble que le pareció la sociedad de los rebeldes y lo impresionante que era el palacio en dónde vive mi familia. – Pausó. – Ya lo conoces, parece un niño. – Concluyó encogiéndose de hombros y manteniendo una cálida sonrisa en el rostro.

- Tiene un corazón de oro. – Korra rió asintiendo con la cabeza.

- ¿Cómo está Asami? – Opal tomó su turno para hacer una pregunta.

- Está bien, a pesar de todo… - Korra suspiró en el momento en el que su mente hizo una pequeña recapitulación de todo lo que había pasado con su amada ojiverde desde que comenzó a vivir con ella en Ba Sing Se, Asami había cambiado mucho, la chica que alguna vez había luchado por buscar alternativas al castigo con la pena de muerte ahora se mostraba dispuesta a eliminar a todo aquel que no pareciera un candidato para el cambio. – Tiene pesadillas con la neblina, se despierta constantemente durante la noche y recientemente ha adoptado una posición distinta en cuánto a los enemigos respecta. – Confesó.

- Una versión más rebelde de la señorita Sato ¿Tal vez? - Opal opinó con voz suave al notar la evidente preocupación que se reflejaba en los ojos de la morena.

- Supongo… - Korra se encogió de hombros. – Dice que es algo temporal, que no hará lo mismo una vez que la guerra termine. – Agregó repitiendo las palabras a las que se aferraba para creer que su amada ojiverde no se había vuelto una asesina a sangre fría.

- Puede que tenga razón. – Opal alzó la mirada hacia el templete de la plaza que logró divisar a un par de calles de distancia.

- Después de la guerra no pienso permitir que ella o nadie más adopte acciones tan radicales, será el fin de toda la locura. – Korra aseguró con tono firme.

- Ese es el motivo de nuestra lucha ¿No? – Opal sonrió.

- Lo es. – Korra le devolvió la sonrisa y continuó su camino hasta encontrarse a un lado del templete, la morena observó la cantidad de gente que llenaba la plaza y suspiró exhalando lentamente.

- ¿Te encuentras bien? – Opal la miró preocupada.

- Si, solo un poco nerviosa, la guerra está por estallar y toda esta gente pondrá todo lo que tiene en la línea de fuego. – Korra comentó más para sí misma que para su amiga. – Lo siento. – Compuso al notar la angustia que se reflejó en los ojos de Opal. – Solo son nervios, van y vienen a lo largo del día, pero me encuentro bien. – Le aseguró.

- ¿Korra? Es hora. – Kuvira la llamó desde arriba del templete, Opal y Kuvira cruzaron miradas durante una fracción de segundo, Kuvira fue la primera en redirigir su mirada hacia otro lado, el resentimiento de los Beifong aún no había sanado por completo así que la líder rebelde evitaba conflictos al mantener su interacción al mínimo con la joven Beifong pues de todos Opal parecía la más renuente a perdonarla por todo lo que había hecho en el pasado.

- Nos vemos después. – Korra se despidió de su amiga con un abrazo antes de subir las escaleras para acompañar a los líderes de la alianza arriba del templete.

Korra tomó asiento entre Hiroshi y Kuvira, todos los líderes representantes de cada grupo de la alianza se mantenía sentado sobre una silla en la parte de atrás del templete, era Lin quien se encargaba de hablar y repasar los protocolos que cada quién debería seguir antes, durante y después de la guerra.

Los ojos de la morena se dedicaban a inspeccionar cada detalle de los rostros de la gente que alcanzaba a ver entre el público y recordaba las palabras de Asami al decir que no estaba segura de poder llevar a toda esa gente al frente de batalla, le resultaba extraño pensar que su amada ojiverde era capaz de guardar semejantes pensamientos porque era la misma Asami que había terminado con la vida de tres hombres sin vacilar ni un segundo, la misma que amaba y que extrañaba en ese mismo instante.

- Korra... - Kuvira murmuró golpeando suavemente su costado, fue entonces la morena se percató de que el público aplaudía con la mirada fija sobre ella y que Hiroshi la esperaba en el frente con una mano extendida.

- Lo siento. - Se disculpó con la ojiverde y se puso de pie.

- Al menos ya sé que no soy la única luchando por mantenerse despierta. - Eska comentó.

- Está nerviosa. - Kuvira sonrió de lado observando la manera en que la morena transformaba toda su inseguridad en una postura fuerte e imposible de leer más allá de las palabras que salían de sus labios y de la chispa que se reflejaba en su mirada, chispa que bastaba para encender el fuego en el corazón de todos los presentes, el Avatar lucharía a su lado, un Avatar fuerte y experimentado, un Avatar listo para enfrentar cualquier cosa, su Avatar.

- No existe líder que no dude en situaciones así. - Hiroshi murmuró al volver a su asiento. - Quien no siente nada antes de una batalla no tiene nada que perder. - Agregó.

- Entonces he caído bajo, no tengo nada que perder y aún así me siento inquieta. - Kuvira se burló de sí misma.

- Eso es porque tienes algo que perder pero te niegas a reconocerlo. - Hiroshi sonrió.

- Ahora sé que la osadía corre por las venas de todos los Sato, ni tú o tu hija saben cuándo guardar silencio. - Kuvira le respondió con una pequeña sonrisa.

- No me considero una persona osada. - Hiroshi sonrió de nuevo pero esta vez al recordar el rostro de su hija.

El público comenzó a aplaudir anunciando el fin del discurso de la joven Avatar, Korra retrocedió y Lin volvió a tomar la palabra para ayudar a organizar la retirada de todos los presentes y evitar accidentes.

- Pues está hecho. - Korra tomó asiento.

- Ustedes se toman demasiadas formalidades. - Kuvira se burló y Eska la respaldo.

- No está demás tener a todos bien informados de lo que está por ocurrir. - Comentó Tonraq.

- Estoy de acuerdo. - Dijo Hiroshi, Korra se encontraba en el medio, veía los beneficios de las opiniones y los métodos de cada bando, dos asentamientos y dos grupos rebeldes.

- Me reservaré el derecho a opinar. - La joven Avatar sonrió y volvió su mirada hacia la gente que se retiraba hacia sus hogares.

- ¿Korra? - Kuvira alzó la voz en su segundo llamado a la morena quien extrañamente había permanecido sentada en su silla después de que todos se hubieran puesto de pie. - ¿Te encuentras bien? - Le preguntó preocupada.

- Si... solo pensaba. - La ojiazul se puso de pie y suspiró. - ¿Caminarías conmigo por un momento? - Pidió con especial vulnerabilidad en su voz, Kuvira asintió con la cabeza y extendió su mano derecha en dirección a las escaleras del templete como señal para que la morena caminara por delante.

- ¿Está todo bien? - Hiroshi y Tonraq preguntaron al notar el decaimiento de la morena.

- Estoy bien, es solo que aún no tengo sueño, iré con Kuvira a caminar un poco. - Les aseguró con una sonrisa sincera que bastó para calmar a los dos.

/*/*/*/

Kuvira caminaba a un par de pasos por detrás de la morena quién disfrutaba viendo las luces y los edificios del pueblo a medida que avanzaba sin rumbo aparente.

- Es normal sentirse nervioso... - Kuvira rompió el silencio al ver que la morena no tenía intención de hacerlo.

- Lo sé. - Korra respondió brevemente.

- ¿Tienes miedo? - Kuvira preguntó deteniendo sus pasos para evitar que un par de niños chocaran con ella.

- Lo sentimos. - Los niños, agitados por la pequeña carrera que habían emprendido entre juegos, se apresuraron a disculparse al ver que se trataba de Kuvira, la mujer de quién ya habían escuchado muchas historias por parte de sus padres.

- Deben tener cuidado. - Kuvira respondió con voz neutral, la presencia de los niños no le molestaba pero tampoco le causaba alegría, entendía lo que significaba ser un niño y le agradaba ver que los niños de ese pueblo se mostraban tan sanos y llenos de energía pues ese era un buen indicador de las condiciones de la sociedad en la que vivían, sabía que debía ser especialmente paciente con ellos y eso era lo único que era capaz de ofrecerles por el momento.

- Tendremos más cuidado por donde andamos. - Se disculpó la niña que parecía mayor que el niño que la acompañaba, ambos hicieron una pequeña reverencia y continuaron caminando.

- ¿Siempre has sido así de tolerante con los niños? - Korra preguntó con tono divertido.

- Si ¿Te sorprende? - Kuvira continuó caminando para evitar darle la cara a la morena quién ya buscaba analizar las expresiones que se reflejaban en su rostro.

- No, si mal no recuerdo, nunca tuviste a niños entre tus filas de soldados. - Korra analizaba caminando por detrás de la ojiverde.

- Los niños no son buenos soldados, son débiles, pequeños y mentalmente inestables, cuándo un grupo rebelde tiene a niños entre sus fuerzas de pelea es una clara señal de debilidad, ya no tienen adultos capaces de cubrir esos espacios y deben recurrir a los más jóvenes. - Explicó con desprecio.

- Supongo que tienes razón. - Korra suspiró.

- ¿Entonces? No respondiste a mi pregunta ¿Tienes miedo? - Kuvira insistió.

- No, no tengo miedo, es solo que... - Korra pausó sin estar segura de querer admitir que echaba de menos a su amada pelinegra, echaba de menos sus consejos y su compañía, Asami siempre le ayudaba a tranquilizar sus inquietudes así que era natural que sintiera que la necesitaba en esos momentos. - Tengo demasiadas ideas en la cabeza que no logro apaciguar. - Optó por darle un enfoque diferente a su problema.

- Eso es obvio. - Kuvira continuó caminando tranquilamente. - Es normal Korra, algo grande está a punto de suceder, tu mente pensará en todos los resultados y consecuencias posibles, no dejes que esas ideas afecten tu determinación. - La maestra tierra le aconsejó.

- Estoy segura de que mi mente se aclarará en el mismo instante en el que vea al Loto Rojo acercarse a la costa. - La morena comentó más para sí misma que para su acompañante.

- Yo también estoy segura. - Kuvira sonrió de lado. - La Guerrera del Sur nunca pierde de vista a sus enemigos. - Comentó con humor.

- ¿Lo dices por experiencia propia? - Korra devolvió la broma y ambas rieron brevemente.

- ¿Te sientes cómoda ahora que has llevado a todos al borde de la destrucción? - Una voz extrañamente familiar la llamó desde la sombra de un árbol.

- ¿Quién anda ahí? - Kuvira demando respuesta, Korra miraba extrañada la silueta del hombre que permanecía oculto detrás del tronco del árbol.

- No me sorprende que no me recuerdes. - El hombre dio un par de pasos hacia adelante para revelar su rostro.

- ¿Tahno? - Korra continuaba mostrándose confundida por la repentina aparición de aquel sujeto.

- Ah, recuerdas mi nombre. - Tahno sonrió.

- Quisiera que no fuera así, vamos Kuvira, no vale la pena escuchar nada de lo que él tenga que decir. - Korra comenzó a caminar.

- Ahora soy padre de un niño. - Tahno alzó la voz logrando hacer que la morena detuviera sus pasos. - Por un momento pensé que apoyarte había sido lo correcto, pero después volviste con la guerra sobre tus hombros y la dejaste caer sobre nosotros. - Bufó con evidente molestia. - ¿Con qué derecho Avatar? - Gruñó.

- Vamos Kuvira. - Korra presionó al ver que la maestra tierra permanecía de pie frente al joven.

- Si, escapa, eso es lo único que todos los Avatares saben hacer bien. - Tahno escupió al suelo con rencor.

- ¡Kuvira! - Korra bufó, la ojiverde miró hacia atrás y de vuelta al hombre que se encontraba de pie frente a ella.

- Es bueno saber que incluso en los mejores asentamientos existe gente basura como tú. - Kuvira le sonrió mirándolo como si se tratara de alguien infinitamente inferior a ella, Tahno no pudo ignorar aquel gesto y sin dudarlo se lanzó hacia adelante sintiéndose seguro de sí mismo gracias a los meses de entrenamiento con los bloqueadores de Chi.

- ¡Fijate con quién hablas rebelde! - Tahno gritó al lanzar el primer golpe, Korra no tardó en darse media vuelta pero para entonces Kuvira ya había incrustado su rodilla en el abdomen de Tahno dejándolo sin aliento y obligándolo a toser en busca de oxígeno.

- En este mundo nada viene fácil ¿Escuchas? Esta guerra solo es el siguiente paso para perpetuar esa paz que tanto disfrutaste durante todo este tiempo ¿Entiendes? - Kuvira le dijo sosteniéndole la mirada en alto al jalarle el cabello por la parte trasera de la cabeza, Tahno jadeaba desesperado en un intento por aspirar un poco de aire, sus manos se mantenían fuertemente aferradas a su abdomen y sus ojos lagrimeaban. - Si quieres que tu hijo no sufra las consecuencias de esta guerra, más vale que luches bien en el campo de batalla. - Kuvira concluyó liberando al hombre que inevitablemente cayó al suelo.

- No tenías que hacer eso. - Korra observó a Tahno mientras este se mantenía apoyado sobre sus rodillas y manos, continuaba tosiendo sin parar pero pronto comenzó a recuperar el control de su respiración lo suficiente para que la morena decidiera que era seguro dejarlo solo. - Vamos. - Le ordenó a Kuvira y continuó su camino.

- No tenía que hacerlo, pero fue divertido. – Kuvira sonrió de lado y siguió a la morena quién exhalo pesadamente y negó con la cabeza, a pesar de haber cambiado tanto durante los últimos meses, Kuvira seguía siendo Kuvira.

Ambas continuaron caminando hasta llegar al acantilado desde dónde podían observar el mar, el mismo al cual la morena siempre llegaba con Asami para terminar sus prolongadas pláticas.

- Así que por allá vendrá el enemigo. - Kuvira comentó.

- Si. - Korra respondió tomando asiento en el pequeño banco de roca.

- ¿No echas de menos a Asami? - Kuvira preguntó después de un par de minutos.

- Sería extraño que no la echara de menos. - Korra sonrió.

- Es extraño verte a ti y que ella no esté rondando cerca. - Kuvira se alejó del barranco y caminó hacia la morena para tomar asiento a su lado.

- ¿Esa es tu manera de decir que también la extrañas? - Korra comentó con tono divertido y Kuvira rió brevemente.

- Si, supongo que podría decirse de esa manera. - Exhalo y pausó antes de continuar. - Pensé que estaría aquí, que Asami Sato sería la primera en saltar a defender este pueblo.

- Así sería. - Korra respondió.

- Pero se quedó a apoyar a la alianza rebelde. - Kuvira interrumpió a la morena quién respondió asintiendo con la cabeza. - Y de esa manera vuelve a sorprendernos a todos. - Fingió sonar molesta lo cual volvió a arrancarle otra risilla a la joven morena.

- Creo que parte de mi se siente bien al mantener a Asami lejos de esta guerra, pero hay otra parte que quisiera que estuviera aquí apoyándome. - Korra confesó.

- Hay muchas personas fuertes en esta alianza. - Kuvira respondió. - Pero debo admitir que me sentiría más segura con Carmín como respaldo, ella tiene el tipo de determinación que necesitaremos en esta batalla.

Korra guardó silencio por un momento al recordar la manera en que Asami había terminado con las vidas de Aiwei y Arpón, Kuvira había sido avisada de todo lo ocurrido a la mañana siguiente de aquella terrible noche así que era evidente que se refería a aquel suceso.

- Es una guerra Kuvira, Asami no es la única capaz de terminar con sus enemigos. - Korra pronunció con cierto recelo, ella y Asami habían hablado las cosas pero aún así no se sentía cómoda con la idea de que la ojiverde fuera considerada una asesina despiadada.

- No, no lo es, pero es la líder legitima de este pueblo, si la gente la ve pelear de tal manera seguirán su ejemplo.- Pausó. - Lamentablemente esta no es la alianza rebelde y muchos de estos soldados quedarán impactados por la primera muerte que causen y deberán superarlo y seguir haciendo lo mismo hasta que la batalla termine, a todos les resultará más fácil hacer eso cuándo vean que Asami ha sido capaz de cruzar esa línea y sobrevivir. - Kuvira se encogió de hombros y la morena se quedó sin palabras.

- Esa no es la imagen que debería caracterizar a Asami. - Korra bufó molesta.

- En una guerra nadie actúa como lo haría en su día a día, nadie culpará a Asami por defender a su gente. - Kuvira explicó.

- Lo sé... - Korra suspiró intentando controlar sus sentimientos. - Es solo que me aterra pensar que ella se haya vuelto así por mi culpa. - Murmuró débilmente.

- Tranquila, Asami no está aquí y si todo sale bien ella jamás tendrá que volver a hacer uso de ese lado suyo. - Kuvira optó por terminar la conversación al entender que Korra jamás consentiría semejante actitud en ninguno de sus amigos o aliados y mucho menos en su amada pelinegra.

- Lucharé para que todo termine en estas costas. - Korra respondió con determinación.

- Así debe ser. - Kuvira sonrió, las dos estaban al tanto de que todo dependería del resultado de la batalla y que hasta que eso sucediera nada era seguro, pero la ilusión de seguridad les ayudaba a pasar el rato, por el momento todo estaba bien y así debían vivirlo.

/*/*/*/

- ¡Korra! - La morena reconoció la voz de Bolin, desorientada y adormilada abrió los ojos y tomó aire, enredada entre las cobijas no tenía ni idea de lo que ocurría o el motivo del alboroto en la puerta de su habitación. - ¡Korra! Es importante, llegó un nuevo mensaje del Loto Blanco sobre las actividades del Loto Rojo. - Anunció el joven con la esperanza de llamar la atención de la joven Avatar a quién Hiroshi le había permitido dormir hasta tarde debido a la hora a la que había vuelto a casa la noche anterior.

Ella apretó los ojos con fuerza y exhalo lentamente. - Adelante. - Respondió con voz ronca y perezosa.

- Korra, cuánto lo siento, es solo que Hiroshi llamó a una junta y todos están allá y me pidió que te viniera a llamar. - Bolin se mostró preocupado.

- ¿A qué hora llego el mensaje? - Korra al fin logró deshacerse de las cobijas al arrojarlas hacia un lado.

- A las ocho de la mañana, creo. - Bolin permaneció pensativo por un momento intentando recordar si en verdad le habían comunicado aquel detalle o si solo eran figuraciones suyas.

- ¿Qué hora es? - Korra se puso de pie y caminó hacia el baño.

- Las nueve. - Esta vez pudo responder sin titubear.

- ¿Por qué no me llamaron antes? - Korra preguntó con naturalidad y sin mostrarse demasiado preocupada.

- No lo sé, yo pensé que ya estabas despierta y que andabas por ahí haciendo cosas de Avatar hasta que Hiroshi me pidió de favor que te viniera a buscar. - El chico se encogió de hombros y tomó asiento en uno de los sofás.

- Es un hombre demasiado considerado, me sorprende que Kuvira no se haya encargado de despertarme en su lugar. - Korra sonrió y tomó aire antes de echarse agua en el rostro.

- Kuvira no ha despertado. - Bolin comentó con intriga, Korra comenzó a secarse el rostro y salió del baño para corroborar las palabras del joven.

- ¿Que no ha despertado? - La morena preguntó alzando una de sus cejas.

- No, los rebeldes dicen que volvió en la madrugada a su casa y que estaba muy cansada. - Bolin se encogió de hombros.

- Eso es muy extraño. - Korra volvió al baño y continuó aseándose y preparándose para salir, cepilló sus dientes y su cabello, aunque no se mostraba alterada por la noticia del mensaje, la verdad era que no quería demorar demasiado en llegar en la junta, quería saber lo que estaba pasando así que optó por no bañarse y prefirió ponerse ropa limpia para no dar una imagen descuidada o sucia.

- ¿No te sientes extraña al estar en esta habitación cuando Asami no está? - Bolin preguntó.

- No, Asami es mi mujer y antes de venir aquí me aclaró que debía quedarme en este cuarto. - Korra sonrió para sí misma. - Supongo que ahora es de las dos. - Se encogió de hombros mientras terminaba de atarse las agujetas de las botas. - ¿Listo? Vamos, no tenemos tiempo que perder, tenemos que despertar a Kuvira si no queremos escuchar todas sus quejas por no ser llevada a la junta. - Korra salió de la habitación a penas dándole tiempo a Bolin para reaccionar.

- ¡Espera! - Bolin se vio forzado a trotar un poco para poder alcanzar a la ojiazul en la cocina.

- ¿Quieres algo? Ahí hay frutas picadas y grano. - Korra le ofreció mientras empacaba un par de frutas y una bolsa con semillas dentro de un pequeño saco que se echó al hombro antes de salir, en ese mismo tiempo Bolin a penas fue capaz de tomar una manzana antes de tener que volver a apresurar sus pasos para alcanzar a la morena quién ya se encaminaba hacia la puerta de la casa.

- ¡Buenos días! - Korra saludó a un par de pobladores que vio en el camino hasta llegar a la casa en la que se hospedaba Kuvira. - Disculpen... ¿Kuvira? - Le preguntó a un par de niños que pertenecían a la familia que hospedaba a cinco de los rebeldes en su hogar.

- Arriba, durmiendo. - Respondió la pequeña niña quién mostraba más interés que sus hermanos mayores por los visitantes con los que debían compartir su techo.

- ¿Puedo pasar? - Korra preguntó, los niños accedieron de buena gana al saber que la morena era el Avatar y que ella tenía cierta conexión con los rebeldes pues de otro modo no le hubieran permitido perturbar a sus visitas. - Gracias. - Korra les sonrió y tomó a Bolin del brazo para llevarlo con ella escaleras arriba.

- Espera, se va a molestar si la levantas. - Bolin intentaba oponer resistencia pero la morena no cedió y pronto ambos llegaron a la habitación en la que descansaba la temida líder rebelde.

- ¿Quién lo diría? Si está durmiendo. - Korra comentó sorprendida al descubrir a su amiga durmiendo apaciblemente sobre el tendido que le habían hecho en el suelo.

- Deberíamos irnos. - Bolin pareció asustarse más al confirmar que Kuvira aún dormía.

- No ¿Sabes cuantas veces mis sueños fueron brutalmente interrumpidos por esta criminal? - Korra bufó.

- Bueno, yo esperaré afuera... - Bolin quiso retroceder pero la morena lo sujetó por el cuello de la camisa.

- Bolin, ten un poco de orgullo, no te va a pasar nada. - Korra renegó.

- ¿Qué demonios? - Kuvira preguntó con ojos somnolientos que apenas pudieron reconocer las siluetas de las personas que tenía enfrente. - ¿Qué demonios hacen aquí? - Gruñó.

- Son las nueve y veinte de la mañana. - Korra sonrió de modo burlón, los ojos de Kuvira se abrieron de par en par y de inmediato se enderezó en su lugar comenzando a ver de un lado a otro en busca de la ventana que por el momento se encontraba cubierta con una cortina para mantener la habitación lo suficientemente obscura para que ella pudiera dormir sin interrupciones.

- Ya era mi turno de interrumpir tus sueños. - Korra se burló.

- Maldición... - Kuvira bufó.

- Tenemos que ir a una junta, llegó un mensaje nuevo sobre el Loto Rojo, tienes cinco minutos para prepararte. - La morena pronunció con tono divertido al notar el pánico en el rostro de la ojiverde.

- Si no me hubieras entretenido hasta las cuatro de la mañana esto no estaría pasando. - Kuvira maldijo y casi saltó desde su lecho hacia el cuarto de baño.

- Ves, es inofensiva. - Korra le murmuró a su amigo quién continuaba usando a la morena como escudo.

- Maldita sea. - Se escuchaban las maldiciones de Kuvira a medida que iba y venía de un lado a otro de la habitación recolectando sus ropas y lo necesario para acomodar su largo cabello que con gran habilidad logró trenzar en menos de un minuto.

- Y yo pensaba que tú habías sido veloz para alistarte en la mañana. - Bolin comentó impresionado por la velocidad a la que se movía la líder rebelde.

- Al parecer tengo mucho que aprender. - Korra rió por lo bajo en el momento en el que Kuvira caminó entre los dos y tomó la delantera para bajar por las escaleras.

- Por todos los espíritus ¡¿Qué esperan?! Vamos retrasados. - Kuvira gritó desde la puerta de la casa, Korra la seguía sin poder dejar de reír y Bolin suspiraba aliviado al ver que Kuvira no parecía especialmente molesta por haber sido despertada.

- Nos vemos ¡Gracias! – Korra se despidió de los niños y continuó siguiendo a la ojiverde.

- Llegamos. - Kuvira abrió la puerta de la sala de juntas y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, acto seguido entró Korra quién invitó a su amigo Bolin a presenciar la junta, Hiroshi sonrió al notar la alegría en los ojos de la morena, se le notaba tranquila y mucho más compuesta que el día anterior.

- Bien, daremos inicio a esta junta. - Hiroshi anunció. - Hemos recibido cuatro mensajes a lo largo de la mañana, el Loto Blanco se encuentra preocupado por el tipo de navíos que el Loto Rojo está elaborando en sus costas. - Pauso. – Al parecer han elaborado una nave demasiado grande y demasiado amplia para el simple transporte de personas. - Suspiró clavando su mirada sobre la morena temiendo que una vez más deberían hacer uso de su ayuda.

- ¿Y qué piensan transportar? ¿Caballos? ¿Cañones? ¿Catapultas? - Kuvira arrugó las cejas.

- No, la superficie del barco se asemeja a una plataforma gigante. - Hiroshi exhalo pesadamente.

- Creemos que son aviones. - Varrick alzó la voz. - Llevamos la mañana entera investigando y no hay otra explicación, Asami también lo piensa, barcos porta aviones, o al menos uno, un barco portaaviones. - Explicó con desesperación al no ser capaz de prolongar más su silencio.

- ¿Y ya han visto los aviones? - Korra preguntó con seriedad.

- No. - Hiroshi negó con la cabeza y todos permanecieron en silencio.

- ¿No es un poco precipitado decir que se trata de un barco portaaviones? - Suyin alzó la voz.

- Es lo único que encaja con la descripción, es una plataforma alargada gigante sobre el cuerpo de un barco, pero esa no es su única nave, hay muchas naves más pequeñas y esas si parecen haber sido elaboradas con la intención de transportar personas. - Varrick respondió.

- ¿Qué demonios es un portaaviones? - Kuvira gruñó.

- Tal como el nombre lo dice, un barco que sirve para portar aviones. - Varrick intentó volverlo obvio pero luego recordó que no todos en la sala se encontraban familiarizados con muchas de las máquinas que habían sido utilizadas por sus antepasados. - Imagina un barco del tamaño de varios edificios juntos, un gigante en el agua, ahora imagina que ese gigante porta una plataforma gigante encima y varios aviones de guerra. - Intentó resumir lo mejor que pudo. - Se usaban para transportar aviones de guerra. - Concluyó.

- ¿Creen que el Loto Rojo tenga aviones de guerra? - Tonraq preguntó.

- No lo sé. - Hiroshi negó con la cabeza. - Hasta el momento el Loto Blanco no ha visto nada. - Agregó.

Korra permaneció en silencio recordando las memorias que le habían sido transmitidas por el Avatar Obscuro, aquellas memorias se encontraban repletas de distintas máquinas destructivas y entre ellas lograba ubicar la imagen de los aviones que se encargaron de bombardear algunas de las ciudades más afectadas por la pelea. - Ellos no pueden tener aviones de guerra. - Dijo entre dientes.

- ¿Y qué si llegaran a tener esos aviones? - Lin preguntó.

- Entonces habría que detenerlos antes de que lleguen a nuestro territorio. - Korra respondió de inmediato.

- No hay que precipitarnos, los mensajes del Loto Blanco son limitados, no sabemos si la nave que describieron es en verdad un portaaviones y nadie ha mencionado ningún avión, tenemos que esperar a los siguientes reportes. - Hiroshi ordenó. - Según el Loto Blanco, el enemigo parece estar casi listo para zarpar. - Agregó.

- Tendré que prepararme para partir en cuanto llegue el siguiente mensaje, si ese es en verdad un porta aviones tenemos que destruirlo antes de que alcance nuestras costas. - Korra compartió sus pensamientos al entender que no había otra alternativa, su deber de Avatar era proteger a todos.

- No te puedes ir sola. - Kuvira objetó de inmediato.

- No puedo arriesgar a nadie más, sería una pelea a mar abierto. - Korra respondió preocupada.

- ¿La nave está hecha de hielo cierto? - Varrick preguntó.

- Así parece. - Hiroshi respondió.

- Entonces no debería ser difícil que el Avatar la parta a la mitad de un solo movimiento. - Comentó de manera optimista.

- No, pero me supongo que estará custodiada por el resto del ejército del Loto Rojo. - Lin suspiró.

- La manera más rápida de alcanzarlos será volando, podemos usar los planeadores de los maestros aire del Loto Blanco para volar hasta allá. - Korra razonaba en voz alta.

- Entonces que los maestros aire te acompañen. - Kuvira propuso sin perder el rastro de ninguna de las palabras que salían de los labios de la morena.

- Pero hay que hacerles saber de los peligros que van a correr. - Korra condicionó.

- Naturalmente. - Accedió Hiroshi con pesar, de nuevo volverían a mandar al Avatar por delante, detestaba que tuviera que ser así pero la verdad era que no existía otra persona con las habilidades de la morena, solo ella podía protegerlos de la manera en que lo necesitaban.

- Bien, iré a armar un equipo de ataque, me avisan cuando llegue el siguiente mensaje. - Korra se levantó de su lugar y se marchó sin decir más o esperar el permiso de nadie, era obvio que la junta no tenía nada más que tratar y ella quería escoger cuidadosamente a las personas que la acompañarían en su nueva misión.

/*/*/*/

El siguiente mensaje llegó hasta el anochecer.

- Lo confirmaron. – Habló el joven encargado del comunicador. - Subieron unas extrañas naves metálicas al navío que mencionaron antes, siete en total. – Concluyó con evidente tensión en todas sus expresiones y en su tono de voz.

Hiroshi mantuvo la mirada baja sin decir más, la noticia no era buena y necesitaba un tiempo para recobrar el control de sus emociones antes de atreverse a hablar.

- Acaban de zarpar. – Añadió el joven terminando de leer el mensaje, Hiroshi suspiró y comenzó a asentir con la cabeza.

- Avisen a Korra. – Le ordenó a uno de los guardias que permanecía de pie en la puerta del cuarto de comunicación, Hiroshi maldijo mentalmente, los mensajes del Loto Blanco los ayudaban a anticiparse al ataque de sus enemigos pero no eran capaces de brindar una descripción detallada de nada, la mente del viejo líder comenzó a repasar las imágenes de todas las máquinas de guerra que había visto retratadas en las páginas de los libros que mantenía en su biblioteca, sabía que existía una gran variedad de dichas máquinas y deseaba con toda su alma poder saber a qué se estarían enfrentando pues ninguna de las máquinas que conocía calificaba para tomarse a la ligera.

Horas antes Korra había logrado completar a su equipo, sería un pequeño grupo de cinco personas, tres maestros aire y dos maestros agua, sin contarla a ella.

La noticia no sorprendió a la morena quién desde en la mañana se había estado preparando para lo peor, todas las decisiones ya estaban hechas e incluso tenían un plan bien elaborado.

- Lamento interrumpirla Avatar. – El guardia anunció su presencia al llegar al acantilado en dónde la joven Avatar se encontraba meditando acompañada de su fiel espíritu. – Hemos recibido otro mensaje del Loto Blanco. – Inició.

- ¿Hay aviones? – Korra lo interrumpió para ir directo al grano.

- Eso es lo que se piensa, se reportaron siete naves metálicas que fueron cargadas en el extraño navío. – El guardia respondió mostrándose inseguro de sus palabras, Korra asintió con la cabeza exhalando lentamente para aliviar la tensión que había estado acumulando sobre sus hombros.

- Gracias. – Respondió suavemente, el guardia se disponía a retirarse cuándo la morena lo detuvo. – ¿Podrías hacerme el favor de llamar al equipo que me acompañará? Ya no tiene caso que yo vuelva al pueblo, debemos partir cuanto antes. – Concluyó, el guardia asintió con la cabeza y se retiró.

- Korra... - Desna se mostraba nervioso al ver el acantilado frente a él, media hora había pasado desde la confirmación del Loto Blanco y ahora el equipo se encontraba listo para emprender su viaje.

- Sujétate con fuerza, no pasa nada. - Korra le aseguró, Desna pasó saliva y volteó a ver a Tenzin quién mantenía la mirada fija hacia la obscuridad que reinaba más allá del horizonte.

- ¿Me pueden recordar por qué no viajamos por agua? - Preguntó Eska.

- Porque por aire es más rápido. - Respondió Opal con una pequeña sonrisa.

- ¿Todos recuerdan cómo usar las bombas cierto? - Varrick preguntó y todos asintieron.

- Vamos. - Korra sujetó a Eska firmemente por la cintura con su brazo derecho y el planeador con su brazo izquierdo, Tenzin hizo lo mismo con Desna mientras que Opal y el soldado del Loto Blanco llamado Gyatso se limitaron a sostener su planeador.

Así Hiroshi, Varrick, Baatar, Zhu Li, Lin y un par de guardias observaron mientras los cuatro maestros aire saltaban por el acantilado con sus planeadores extendidos, los maestros agua no pudieron contener un pequeño grito al sentir la caída libre hasta que los maestros aire se elevaron con ayuda del control de su elemento, no había vuelta atrás, los seis estaban en camino.

- Informen al Loto Blanco y a Ba Sing Se. – Hiroshi ordenó.

"Avatar rumbo a la nave"

Ciudad República emitió el mensaje que llegaría a todos los comunicadores de sus aliados anunciando el inicio oficial de la guerra.

/*/*/*/

Los mensajes del Loto Blanco habían cesado luego de la noche anterior, era claro que el Loto Blanco había perdido la habilidad para comunicarse, la alianza sabía que al enemigo le tomaría cerca de tres días navegar hasta sus costas así que estaban preparados para actuar dentro de ese margen de tiempo, sabían que no iban a quedar expuestos o vulnerables ante el enemigo, aún así quedaban todos a la expectativa de saber que había pasado con Korra y los maestros que la acompañaron, lamentablemente no había más opción que sentarse y esperar.

Varrick, Baatar y Zhu Li habían estado ocupados ideando otro plan de respaldo en caso de que el enemigo lograra hacer que sus aviones despegaran, ellos por su parte ya habían elaborado cerca de cien bombas de mano de las cuales le habían dado diez a cada uno de los miembros del equipo especial de Korra para protegerse durante su misión, Varrick tuvo que convencer a Hiroshi con sus planos y cálculos para pedirle que le ayudara a fabricar más, al final la presión que generaba la idea de un posible ataque aéreo ayudó a que el líder accediera y dispusiera de un grupo de cincuenta personas para comenzar a elaborar más bombas.

El segundo día se llegó y el abrumador silencio del comunicador se cortó cerca de las cuatro de la tarde cuándo el equipo del Loto Blanco volvió a reportarse.

Reporte 1544:

"-4 postes Avat en 5to"

Reporte 1706:

"Éxito vs Buque 6Naves escaparon"

Reporte 1733:

"LR se mueve bajo mar"

Reporte 1814:

"Ataq a CR aprox 0100"

El pueblo comenzó a evacuarse de la misma manera en que lo habían ensayado durante el último mes, no hubo pánico o incertidumbre, todos recordaban bien hacia dónde dirigirse y de quién ir acompañado, nadie se retiraba sin haberse despedido de sus soldados, todos intentaban sonreír y darse ánimos, todo estará bien, se decían mutuamente entre abrazos y apretones de manos, esta sería la última pelea, se decían a sí mismos para mantener la esperanza ardiendo dentro de sus corazones mientras se alejaban de sus seres queridos.

- Se ha completado la evacuación. - Anunció un joven guardia después de hacer una pequeña reverencia hacia sus superiores.

- Perfecto. – Respondió la mujer de ojos verdes y cabello negro. – "Todos los capitanes agrupen a sus equipos y formen filas, partiremos en una hora." - Ordenó a través de la radio que Hiroshi le había facilitado. – "Equipo agua 1 ¿Cómo va todo?" - Preguntó.

- "La niebla es espesa en toda la costa, creo que estamos listos." – Le respondió un capitán del Loto Blanco.

- "Entendido." - Finalizó la transmisión liberando un profundo suspiro.

- Se elaboraron cerca de cien bombas más. – Baatar dijo en voz alta al terminar el inventario que le se le había sido encargado horas antes.

- Hay que repartirlas entre los guardias que se quedarán en las torres de vigilancia, las bombas contienen metal por lo que no nos servirán en el campo de batalla, los maestros aire las pueden tomar de las torres y lanzarlas desde el aire si es necesario. – Explicó la idea que había designado para las bombas desde el momento en el qué aprendió sobre ellas. – En el mejor de los casos podremos usarlas contra los aviones. - Agregó, Baatar asintió con la cabeza y se retiró confiando en las órdenes que le eran dadas.

- "Varrick ¿Cómo va todo con los imanes?" - Volvió a hablar por la radio.

- "Solo estamos moviendo la última bobina." - Varrick respondió sin ningún comentario adicional que agregar.

- "Asegúrate de que todos funcionen a su máxima potencia." - Le ordenó.

- "Es más fácil decirlo que hacerlo." - Varrick resopló.

- "Equipo uno, listo."

- "Equipo dos, listo."

- "Equipo tres, listo."

Comenzaron a reportarse todos los capitanes hasta que la totalidad de su ejército confirmó estar listo para marchar hacia la costa.

- ¿Base lista? - Miró a Hiroshi quién se encontraba analizando el mapa sobre la mesa de juntas.

- Fuimos los primeros en estar listos - Hiroshi sonrió.

- "Todo listo, voy en camino" – Transmitió por la radio.

- Por favor ten cuidado. – Le pidió el líder de la cabellera blanca.

- Tú también. - Ella le respondió, ambos se despidieron con un breve pero cálido abrazo, Hiroshi no estaría presente en el campo de batalla, él permanecería en el pueblo refugiado dentro del túnel que Korra había elaborado años atrás, él, un equipo de guardias y cinco personas más ayudarían a mantener la organización del ejército al servir como su centro de inteligencia.

- ¿Lista para partir? – Preguntó un joven maestro fuego de ojos color ámbar que permanecía de pie bajo la puerta del taller.

- Lista. - Ella suspiró cerrando los ojos y afilando la mirada al abrirlos, aviones, pensaba, en verdad era algo que parecía salido de la nada pero que de alguna manera ayudaba a justificar el largo silencio del Loto Rojo ¿Qué habían hecho durante todo ese tiempo? No podía dejar de preguntarse eso al considerar que los aviones no podían ser la única sorpresa que se tenían entre manos.

Ambos caminaron lado a lado escoltados por un grupo de cinco gladiadores rebeldes.

- ¿Cansado? – Ella preguntó.

- Ni un poco. – Él sonrió

- Gracias por venir conmigo. – La líder le sonrió cálidamente.

- Fue una manera interesante de viajar. – Él admitió.

- Tuvimos suerte de que aceptaran ayudarnos. – Razonó.

- Llevas años trabajando con ellos, no fue suerte, confían en ti. – Él le aseguró y ella sonrió volviendo su mirada hacia el pequeño zorro que caminaba a su lado.

- Tal vez tengas razón. – Murmuró sin dejar de caminar.

El ejército se encontraba listo en la puerta principal del pueblo, todos preparados con todo tipo de armas blancas elaboradas con madera, roca, cristal, cerámica, huesos y plásticos que habían logrado reciclar de los tiraderos en las afueras del pueblo, todo lo que sirviera para elaborar un arma y que no fuera metal fue implementado para la guerra, estaban todos listos, solo esperaban la señal para comenzar su marcha.

- ¡Escuchen! Esta guerra no está por comenzar, esta guerra ya ha iniciado, el Loto Blanco la inició allá en los territorios del enemigo y el Avatar los respaldó, el enemigo ya sabe que los estamos esperando así que vendrán con la guardia en alto. - Pausó. - Espero que nadie haya olvidado lo que era la vida antes de que lográramos la alianza con los grupos rebeldes. – Pausó mirando de frente a Kuvira y a Alfa.

- Los asentamientos eran constantemente castigados por grupos rebeldes que andaban de un lado a otro en busca de comida y bienes de valor. - Se dio media vuelta y volvió a pararse de frente a las ordenadas filas de guerreros. - La gente moría día a día sin justificación alguna. - Afirmó. - Y todo porque los rebeldes estaban siendo manipulados por el grupo al que nos enfrentaremos esta noche, el Loto Rojo. - Explicó lo que ya todos debían saber y entender a la perfección.

- El Loto Rojo ha venido a perseguirnos porque quiere volver a retomar el control de todo y cumplir con la misión del Avatar Obscuro, quieren terminar con la humanidad. - Pausó arrugando las cejas y apretando los puños. - Quiero que entiendan que ellos no les van a tener piedad, ellos están acostumbrados a quitar vidas y les arrebatarán la suya si les dan la oportunidad. - Dictó con severidad. - No se los permitan, no sean suaves, en el campo de batalla no hay reglas, incluso si los encuentran de espaldas, terminen con ellos sin pensarlo, ataquen los puntos débiles del cuerpo, cuello, cabeza, ojos, corazón, abdomen, articulaciones, si es necesario derríbenlos pero asegúrense de terminarlos cuándo estén en el suelo, no queremos prisioneros. - Pausó.

- Son sus vidas o las de ellos, recuerden que hay gente esperando por ustedes, si nosotros llegamos a perder, nuestros seres queridos sufrirán las consecuencias de nuestra derrota. – Guardó silencio permitiéndose examinar los rostros de las personas que tenía enfrente, reconocía a la mayoría, rebeldes y gente del asentamiento, habiendo disfrutado de la fortuna de interactuar con muchos de ellos la joven líder compartía un lazo especial con aquel ejército y se negaba a fallarles a ellos o a sus familias, de una manera o de otra se aseguraría de llevarlos a la victoria.

- ¡Así que vamos a ganar! – Gruñó levantando su puño derecho, todos los presentes celebraron y aclamaron su nombre, había nerviosismo en el aire, la adrenalina se había apoderado de todos aquellos que no estaban acostumbrados a pelear y la única manera que tenían de aliviar su inquietud era gritando, así que gritaron con todas sus fuerzas el nombre de su líder, gritaron en contra del enemigo y gritaron por su deseada victoria, sus voces hicieron eco en las calles vacías del pueblo y vibraron dentro del pecho de todos los presentes, estaban listos, no había más, en ese momento hacían entrega de su voluntad a sus líderes confiando en que ellos los ayudarían a sobrevivir la tempestad que estaban a punto de enfrentar.

El eco llenó las calles del pueblo rebotando de pared en pared pareciendo querer aliviar el vacío que su gente había dejado al partir, ellos ya no estaban ahí pero sus voces se podían escuchar repitiendo el mensaje que cantaron al marchar.

- ¡La paz vendrá al pintar con Carmín el final del Avatar Obscuro!