La costa permanecía sumergida en una espesa cortina de niebla que cubría gran parte del campo de batalla, el plan había sido puesto en la mesa unas horas después de que Korra y su equipo se hubieran marchado, bloquear la visión de los aviones ayudaría a equilibrar un poco la balanza durante la guerra brindándole la oportunidad a la alianza para encontrar una manera de ganar ventaja sobre el Loto Rojo.

- "¿Hiroshi? La costa está envuelta en neblina, no podemos ver nada." – La voz entrecortada de Opal rompió el silencio al salir por las bocinas de las radios que portaban los capitanes, eran las once de la noche y no había sonido o imagen que delataran la presencia del ejército que esperaba pacientemente por su enemigo.

- "Opal, dirígete hacia el acantilado del este, ahí te reunirás con un grupo de maestros aire." – Le ordenó la líder del ejército. – "¿En dónde está Korra?" – Preguntó casi junto a la orden inicial.

- "Vienen en camino, ella y los maestros agua se quedaron atrás para sanar a los maestros de Loto Blanco que logramos salvar de la batalla en el mar." – Explicó. – "Tenzin, Gyatso y yo hemos vuelto a la costa." – Agregó.

- "¿Qué ocurrió durante la batalla?" – La transmisión terminó y dio paso al distintivo sonido de la estática por un par de segundos antes de recibir respuesta.

- "El Loto Blanco nos respaldó con los hombres que habían estado en sus postes de vigilancia, crearon una distracción para que nosotros pudiéramos acercarnos, las bombas de Varrick nos salvaron la vida, Korra logró destruir el navío pero por culpa de la resistencia del ejército del Loto Rojo no pudimos evitar que los aviones despegaran, logramos hundir uno pero los demás se perdieron a la distancia, son demasiado rápidos." - Pronunció preocupada. – "No supimos a dónde fueron, ninguno parecía haber fijado su rumbo hacia Ciudad República." – Suspiró apretando la radio entre sus manos.

- "Hiroshi, alerta a Ba Sing Se, puede que los aviones hayan volado hacia allá, ordena que se refugien en los túneles de la vieja ciudad." – Su líder ordenó con la esperanza de ayudar a prevenir que los aviones tomaran por sorpresa a sus aliados rebeldes.

- "La flota del Loto Rojo debe de estar a una hora de aquí." - Opal continuó con su reporte. – "Korra pidió que busquemos alguna debilidad en esos aviones, debemos encontrar una manera de contrarrestar su velocidad, resulta casi imposible alcanzarlos y Korra no puede usar su metal control contra ellos si no se mantienen dentro del rango de alcance de sus poderes." – Concluyó.

- "Bien, trabajaremos en eso, por favor describe las máquinas que viste de la manera más detallada que puedas." – Hiroshi respondió, Opal no perdió el tiempo y comenzó a proporcionarles toda la información que tenía sobre lo que había visto con la esperanza de que sus palabras bastaran pues al ser una máquina desconocida para ella no se sentía segura de poder brindarles una descripción acertada del objeto en sí.

- "Iré a investigar, por favor permanece atenta a mis transmisiones." – Hiroshi pidió y la estática volvió a llenar el silencio en la radio.

El mar permanecía tranquilo acariciando la costa con gentileza y creando el único sonido que todos podían escuchar con claridad cuando el agua chocaba contra las rocas, cerca de mil personas permanecían ocultas entre la niebla, unos mantenían los ojos cerrados resignándose a su situación mientras otros luchaban en un intento por identificar a las personas que se encontraban a un metro de ellos, era claro que, al igual que ellos, el enemigo no sería capaz de ver nada dentro de la niebla.

A las once y media llegó otra señal de radio, esta vez proveniente de los maestros agua.

- "Nos estamos acercando a la costa, hay neblina por todo el territorio, necesitamos ayuda, traemos a heridos del Loto Blanco con nosotros." - La voz de Korra resonó por las radios y la alianza al fin pudo respirar con más libertad, era un hecho, su Avatar se encontraba a salvo.

- "Sigue el camino que abrirán para ti." – Escuchó las instrucciones del capitán del equipo de maestros agua que estaban a cargo de generar la niebla.

- "Los aviones están cerca, podemos escuchar sus motores pero no los hemos visto, parecen estar custodiando al ejército del Loto Rojo que debe estar a veinte minutos detrás de nosotros." – La joven Avatar pausó tomándose un par de segundos para apreciar la manera en que la niebla se abría frente a ellos. –"Hiroshi ¿Pudiste investigar sobre el tipo de aviones que vimos?" – Interrogó con impaciencia volviendo a concentrarse en lo que necesitaba hacer para deshacerse del arma más letal con la que contaba su enemigo.

- "Estoy en eso." – El viejo líder respondió. – "Me alegra tenerte de vuelta sana y salva." – Agregó.

- "Lamento haberlos preocupado, yo me encuentro bien, desafortunadamente solo logramos deshacernos de uno de los aviones, el resto escapó" – Suspiró. – "Pero logramos rescatar a catorce maestros elementales del Loto Blanco, creo que nueve de ellos necesitan atención médica inmediata." Concluyó.

- "Aún hay tiempo para ponerlos a salvo, solo sigan el camino entre la niebla, ya hay gente esperando por ellos en la costa." – La líder del ejército tomó el control de las transmisiones.

- "¿Asami?" – El nombre abandonó los labios de la morena antes de que su mente pudiera encontrar una explicación racional para justificar la presencia de la ojiverde en aquel lugar.

- "Carmín, en realidad." – La pelinegra sonrió notando el tono suave y esperanzado que la morena había usado al pronunciar su nombre.

- Ahora el mundo puede seguir rotando con normalidad. – Desna bromeó con tono inexpresivo.

- He escuchado mucho sobre Asami Sato pero debo admitir que lo que más me interesa es conocer a la otra mujer que expresa abiertamente su atracción romántica por alguien de su mismo sexo. – Eska compartió sus pensamientos sin pena o temor alguno y Korra la miró con una mueca llena de confusión.

- No me puedes culpar por sentir curiosidad, nunca en mi vida había escuchado sobre una situación similar, quien quiera que se atreviera a experimentar de esa forma solía ser castigado severamente. – Eska se encogió de hombros.

- Es extraño. – Desna pausó. – Pero cuándo las ves juntas todo tiene sentido, encajan como las piezas de un rompecabezas. – Intentó explicarle a su hermana, los dos se miraron por un momento antes de volver su atención hacia su prima quién ahora lucía intimidada por la interacción que estaba presenciando.

- Recuérdenme no volver a juntarlos en el futuro. – Korra les dijo tras pensar que las similitudes que había entre los gemelos rayaban en el exceso, su parecido era tanto que daba la impresión de que ambos tenían los mismos pensamientos y que poco les faltaba para hablar lo mismo al mismo tiempo lo cual creaba un aura un tanto misteriosa y tétrica alrededor de ellos. Eska y Desna se miraron con una pequeña sonrisa recordando todas las travesuras que habían hecho de pequeños, hacía años que no convivían de la manera en que lo habían hecho en los últimos meses y les aliviaba saber que aún compartían ese vínculo especial que solo las personas con hermanos gemelos era capaz de experimentar.

Una vez en la costa fueron ayudados por un grupo de tres maestros agua que haciendo uso de rieles y placas de hielo lograron transportar a los heridos velozmente costa adentro, el equipo de maestros desapareció casi tan rápido como habían aparecido, el hielo que habían usado como medio de transporte se derritió luego de haber servido su propósito y así la playa volvió a quedar desierta dando la impresión de que nadie había estado ahí.

Asami esperaba con ansias la aparición de su morena, apenas habían pasado poco más de dos semanas desde la última vez que la había visto, no era un periodo de tiempo considerable si lo comparaba con todas las veces que había esperado meses e incluso años para volver a encontrarse con aquellos hermosos ojos azules y aquella sonrisa traviesa y alegre, pero no era el tiempo, si no, las circunstancias las que la hacían añorar el calor de su amada, quería mantener fresca la sensación de un abrazo y un beso de su indomable Guerrera del Sur antes de sumergirse en la batalla.

- ¡Asami! – La voz de Korra la llamó entre la niebla, la ojiverde no necesitó más motivos y sin dudarlo salió del escondite en el que se encontraban resguardados para ir al encuentro de su amada.

- ¡Por todos los espíritus…! – Korra gritó sorprendida, la niebla le impedía ver y no había escuchado los pasos de la ojiverde cuándo se acercó a abrazarla.

- Soy yo. – Asami se identificó con voz suave, Korra sonrió involuntariamente y correspondió al abrazo.

– En verdad estás aquí. – Murmuró cerrando los ojos y disfrutando del calor y el aroma tan distintivo de su amada ojiverde.

- ¿Estas herida? – Asami preguntó acariciando su rostro con gentileza luego de notarle un par de cortes en la piel.

- Estoy bien, no es nada. – Korra le aseguró y tomó sus labios en un cálido pero breve beso. - ¿Qué haces aquí? – Fue su turno de preguntar.

- Escuchar sobre los aviones fue mi colmo. – La ojiverde confesó, ambas se miraron a los ojos en completo silencio, Asami entendía que su repentina aparición añadía más peso sobre los hombros de Korra, la preocupación que la joven Avatar sentía por ella era algo natural y no había nada que la ojiverde pudiera hacer para remediarlo, de igual manera Korra entendía que Asami se encontraba en la misma posición que ella, ninguna de las dos deseaba otra cosa más que la seguridad de su pareja pero la alianza necesitaba de la presencia de ambas para alcanzar la victoria, no tenía caso discutir o hablar al respecto, los dados ya estaban en el aire, pelearían hombro a hombro en aquella guerra con el propósito de asegurar el futuro de su gente.

Korra suspiró resignándose a la idea y volvió a tomar los labios de Asami como consuelo, la ojiverde no objetó y correspondió al beso dejándose llevar por el momento, sus labios ensamblaban perfectamente, la sensación resultaba demasiado familiar para ambas, el gesto no era nada nuevo para ninguna de las dos y aún así no podían evitar la reacción de sus cuerpos cada vez que sus respiraciones chocaban, el corazón les latía a prisa y la temperatura parecía subir un par de grados, ya habían compartido besos similares muchas veces antes pero eso no les restaba valor o significado, estaban acostumbradas a estar juntas porque querían estar juntas, aprovechaban las oportunidades que tenían para compartir su cariño y se llenaban de satisfacción al ser correspondidas del mismo modo.

El beso comenzó a disminuir su ritmo y de a poco se convirtió en besos breves e intermitentes hasta que la morena se alejó un poco más para poder contemplar el rostro de la líder de la alianza, entre la falta de luz y la niebla a penas lograba verla con claridad pero a la joven Avatar le bastaba distinguir el brillo distintivo en los ojos verdes de su amada pelinegra quién por el momento se mostraba como la inconfundible líder rebelde de Ba Sing Se, Carmín.

– Tu cabello se ve lindo. – Korra comentó con una sonrisa que expresaba todo lo que no tenía el tiempo de decir en esos momentos, era extraño, pero no todo era negativo, la presencia de Asami le brindaba cierta fuerza que le ayudaría a impulsarse durante la batalla.

- ¿Eso crees? – Asami le devolvió la misma sonrisa cargada de todo tipo de mensajes silenciosos.

- No lo creo, luces hermosa. – Korra le aseguró robándole un último beso. – Escucha. – Inició después de una breve pausa.

- No, yo estaré bien, si te vas a ocupar de los aviones más vale que te concentres en eso. – Asami la interrumpió. – No te preocupes por mí, aquí abajo tendremos más refuerzos que en el aire. – Señaló, Korra suspiró y cerró los ojos por un momento en un intento por organizar sus pensamientos.

- Solo promete que no vas a resaltar ahí afuera. – Korra resolvió decir. – Pelea al lado del resto. – Condicionó, no podía olvidar la manera en que Asami había enfrentado a P'li cuando estuvieron en el antiguo reino fuego y no quería que lo mismo se repitiera porque P'li había mostrado un especial interés en su ojiverde después de eso.

- Korra… - Asami murmuró con pesar recargando su frente sobre la de ella.

- Lo siento. – La morena volvió a estrecharla entre sus brazos percatándose de que lo que pedía era algo injusto ya que Asami debía tolerar la idea de que la misión del ejército enemigo era eliminar a Korra antes que a nadie más.

- "Korra, creo que hemos elaborado un plan para neutralizar a los aviones" – La voz de Hiroshi se escuchó con claridad a través de la radio que colgaba de la cintura de Asami.

- "Enemigo a la vista" – Alertó el capitán de los maestros agua.

- "Korra, reúnete con los maestros aire en el acantilado" – Ordenó Hiroshi.

- "En camino" – La morena respondió por su radio volviendo la mirada hacia su ojiverde.

- Te amo. – Asami sonrió. – No me expondré a riesgos innecesarios. – Le aseguró a su morena antes de tomar sus labios en un beso ansioso pero cálido y sincero.

- Yo tampoco. – Korra murmuró sin despegar su frente de la de Asami.

- Pero si necesitas ayuda no demores en pedirla. – Las dos hablaron al mismo tiempo y compartieron una pequeña risilla, Korra comenzó a liberarla del abrazo acariciando suavemente los brazos de la ojiverde hasta alcanzarle las manos y entrelazar sus dedos, el corazón le latía con fuerza, si todo salía bien, esta sería la última vez que permitiría que Asami se viera envuelta en una situación tan peligrosa.

- Te amo. – Korra sonrió liberando las manos de la ojiverde, dio un paso hacia atrás, abrió su planeador y se echó a volar. Asami permaneció de pie en el medio de la neblina permitiendo que sus pensamientos fluyeran con libertad a través del silencio que siguió la ausencia de la morena, no pasó mucho antes de que su mente se preguntara si aquello que vivía era una realidad o simplemente otra alucinación causada por la niebla que la rodeaba, la mera idea bastó para detonar un par de escalofríos que le subieron por la espalda, apretando las manos y manteniendo los ojos cerrados se forzaba a ignorar el nudo que comenzaba a formársele en la boca del estómago.

- "Korra ¿Llegaste al acantilado?" – El aparato que colgaba de su cinturón transmitió la voz de su padre.

- "En un minuto" – La ojiazul respondió con brevedad y la sintonía se llenó de estática por un segundo antes de volver a caer en silencio.

- Esto es real. – La joven Sato exhalo lentamente y mientras el aire abandonaba sus pulmones dirigió su mano derecha hacia la radio, sus dedos se aferraron al artefacto y su pulgar se colocó sobre el botón de transmisión, otro suspiro más la acercó a la calma que necesitaba para dirigirse a su ejército, estaba lista, su dedo presionó el botón y con su mano se llevó la radio cerca de los labios.

– "Todos listos y en sus posiciones, recuerden, no debemos hacer nada de ruido, todos los capitanes apaguen sus radios y los generales mantengan el volumen al mínimo" – Ordenó con naturalidad y emprendió su marcha de regreso a su escondite sin ser afectada por la densidad de la niebla, después de todo, Carmín era la única persona en la costa que conocía una niebla peor que la que los cubría en esos momentos.

/*/*/*/

- "Mi señora, no hay visibilidad" - Anunciaron por la única radio que se conectaba directamente con la líder de la flota. – "Hay neblina por toda la costa, pésimo clima para la invasión" - Comentó uno de los pilotos.

P'li arrugó las cejas y bufó – "No es el clima" – Transmitió de mala gana el hecho que suponía que sus hombres serían lo suficientemente listos para deducir.

- Señora, hay obstrucciones en el camino. - Avisó un maestro agua.

- ¿Obstrucciones? - P'li preguntó dirigiendo su mirada hacia el frente.

- Parecen ser pilares gigantes de roca y hielo. – El maestro intentó explicar.

- Me pregunto cuántas trampas tendrán preparadas para nosotros. - P'li habló entre dientes pensando que lo que decía no tenía relevancia pues estaba decidida a completar su ataque. - ¡Emerjan a la superficie y abran el paso! – Ordenó frunciendo el seño. – Maestros agua, deshagan esa niebla. - Agregó.

- Si Ming Hua estuviera aquí podríamos abrirnos paso con más facilidad. – Ghazan gruñó molesto.

- Pero no lo está. – P'li respondió con tono severo para dar fin al comentario que le traía a la mente la imagen de una persona que ya no vivía. – Recuerden, Asami Sato no es una mujer ordinaria, su asentamiento creció de forma inusual en pocos años y se volvió una fortaleza que ningún grupo rebelde fue capaz de invadir sin importar de quién se tratara. – Miró a sus soldados con severidad mientras su mente se enredaba en los recuerdos que guardaba de la ojiverde, una maestra fuego de grandes habilidades y con la voluntad de dar su vida por la del Avatar.

La luz de la luna a penas lograba colarse a través de la densa niebla, al emerger a la superficie el Loto Rojo no fue capaz de ver nada más allá de sus propios barcos, sus maestros agua trabajaban para aplacar el vapor que continuaba mermando la visión de todos pero sin importar cuánto se esforzaban solo lograban aclarar el área cercana a ellos. – Es demasiada. – Anunció uno de los maestros, P'li miró de izquierda a derecha comprobando que aún se encontraban rodeados por la cortina de humo y que no era capaz de ver con claridad los barcos que tenía a los lados o al frente.

- ¿Ya se deshicieron de todos los pilares que hay bajo el agua? – La líder preguntó.

- No estamos seguros. – Respondió un maestro tierra.

- Entonces manden una balsa a abrir paso. – P'li gruñó, sus soldados asintieron con la cabeza y obedecieron sus órdenes sin oponer resistencia alguna.

- No importa cuántas precauciones se hayan tomado, no hay manera de que escapen de nuestros aviones. – P'li pareció asegurarse a sí misma.

- Si el Loto Blanco los está ayudando van a tener maestros elementales entre sus filas. – Ghazan comentó.

- El Loto Blanco no tiene tantos maestros elementales y ya derrotamos a un grupo de treinta de ellos en el mar. – P'li respondió. – Nosotros sabemos lo que los aviones pueden hacer, esta guerra ya tiene a un ganador definido así que no se dejen intimidar por los trucos de esos malditos pobladores. – Concluyó.

- ¡Cuidado! – Gritaron varios soldados segundos antes de que una pesada roca atravesara su nave de cubierta a casco.

- ¡Cuidado arriba! – Gritaron más de ellos.

- ¡Maldita sea! – P'li alzó la mirada solo para encontrarse con la luz distorsionada de la luna.

- ¡Ahhh! – Los gritos de sus soldados comenzaron a llenarle los oídos a medida que las piedras aumentaban en cantidad. - ¡Maestros tierra! ¡Atentos! – Alertó - ¡Maestros agua, suban la marea para que la flota pase por encima de los pilares sin raspar los cascos y arrastren a todos a la costa!

- "¡Dragón uno! ¿Pueden ver al enemigo?" – Preguntó por su radio.

- "Negativo, no se ve nada, tampoco los vemos a ustedes" – El piloto le respondió.

– "Entonces averigua hasta dónde cubre la niebla y encuentra el pueblo" – P'li ordenó.

- "Entendido"

- ¡Maestros agua! Ayuden a las personas que cayeron al mar. – Continuó dirigiendo su ejército con tal de evitar más bajas.

- "La niebla solo cubre la costa, el resto del territorio está despejado" – La radio anunció – "Encontramos el pueblo" – Confirmaron.

- "Lancen una bomba" – P'li autorizó sin mostrar consideración alguna.

Con ayuda de una enorme ola creada por los maestros agua el ejército del Loto Rojo tocó tierra, la costa se encontraba desierta, uno a uno los barcos comenzaron a quedarse vacíos a medida que los guerreros se acomodaban sobre la arena sintiéndose aliviados de haber escapado del aprieto en el mar.

Tierra adentro uno de los aviones dejaba caer su destructivo cargamento, el sonido de la explosión retumbó haciendo eco a lo largo y ancho del territorio, la niebla impedía la visión en general pero nadie había podido pasar por alto el estruendo que en la costa se alcanzó a escuchar como algo parecido a un trueno.

- ¡¿Escucharon eso?! – P'li alzó la voz. - ¡Ese es el poder del Loto Rojo! ¡Más vale que se rindan! – Sonrió manteniendo su mirada hacia el frente intuyendo que su enemigo no podía estar lejos.

/*/*/*/

- "¡Explotó! ¡El pueblo está en llamas!" – Reportaban las torres de vigilancia que se encontraban cerca del poblado.

- Maldición… - Kuvira exhalo lenta y pausadamente.

- "No hay nada ahí, solo edificios, no pierdan la concentración" – La voz de Asami resonó por la radio.

- "Fue solo la plaza central, el resto del pueblo se encuentra bien" – Korra reportó.

- "Entendido" – Kuvira respondió. – Mantengan la calma, los aviones no pueden vernos, el enemigo intenta asustarnos, no pierdan la concentración. – Le dijo a sus soldados quienes la miraban con rostros llenos de temor e incertidumbre.

- "El enemigo avanza, se están acercando a la primera línea" - Asami transmitió. "Recuerden, debemos esperar hasta que todo su ejército entre en los campos magnéticos" – Estática y después silencio.

- Atentos. - Ordenó Kuvira, Suyin asintió con la cabeza y se adentró entre las filas de soldados.

- ¡Salgan malditos cobardes! – La voz de P'li pareció llegar de todas direcciones, el silencio propagaba cualquier sonido a largas distancias pero Kuvira y sus soldados permanecieron inmóviles a la espera de sus siguientes órdenes.

- Atentos. – P'li alertó a su ejército con evidente molestia, el enemigo no mostraba señales de querer cambiar el plan que habían estado desarrollando desde el inicio.

El Loto Rojo marchaba costa adentro moldeando la arena con sus huellas, P'li permanecía al centro de la formación manteniéndose rodeada por un grupo de soldados que no tenían otro propósito más que cuidar de ella.

- Ghazan, a mi lado. - P'li ordenó, sabía que estando en territorio enemigo se enfrentaba a una desventaja importante porque ellos no conocían el territorio tan bien como los locales, la playa se mantenía sumergida en un limbo de niebla que impedía el apoyo de los aviones, era seguro que el ejército de Asami intentaría emboscarlos y el trabajo de P'li consistía en no caer en ninguna trampa de manera descuidada, pero cierto era que deseaba terminar con todo en el menor tiempo posible.

- No hay nadie. - Mencionó un soldado del Loto Rojo.

- Silencio. - Ordenó P'li. – "¿Cómo se ve el pueblo?" - Preguntó por la radio.

- "Vacío" - Respondieron los pilotos. – "Nadie salió a pesar de la explosión" – Agregaron.

- ¿Crees que hayan escapado? - Preguntó Ghazan.

- Lo dudo, el Avatar y el Loto Blanco no habrían aparecido si no quisieran proteger este lugar. - La líder razonó.

- Es obvio que siguen dentro del antiguo reino tierra, pero tal vez buscaron refugio en Ba Sing Se. - Ghazan propuso.

- No. - P'li afiló la mirada. - Están aquí. - Afirmó. – Sus ataques no fueron para asustarnos, están listos para pelear. – Aseguró.

- "Todos están dentro" - La voz de Asami habló por la radio. – "Deben ser cerca de seiscientas personas" - Agregó.

- "Son menos de los que esperábamos" - Korra transmitió.

- "No pueden ser más de seiscientas personas" - Asami repitió.

- Todos listos, estamos por comenzar. - Kuvira alertó a su ejército después de colocarse la radio de vuelta en el cinturón. – Den la señal. – Ordenó y se adentró entre las filas de soldados.

- ¡Aaagh! - Se quejaron los soldados de P'li cayendo de rodillas sobre la arena, todos batallaban para sujetar las armas que cargaban con ellos, dagas, lanzas, flechas, espadas, armas de fuego e incluso armaduras, todo fue atraído por el suelo con tal fuerza que resultaba imposible despegarlo. - ¿Qué pasa? - Se quejaron los desprevenidos guerreros comenzando a liberar las armas que los obligaban a mantenerse agachados.

- ¿Metal control? - Preguntó Ghazan.

- No lo sé. - P'li gruñó enfrentándose al hecho de que acababan de desarmar a gran parte de su ejército y la pelea aún estaba por comenzar. - ¡Cierren la formación! - Ordenó causando que el ejército adoptara una formación en forma de punta de flecha manteniendo a P'li en la parte trasera para garantizar su seguridad.

- "Hiroshi tienes que volver al túnel" – Korra insistió por tercera vez a través de la frecuencia que, ella, su equipo de maestros aire, las torres y la base de control habían establecido para completar el plan en contra de los aviones sin ocupar la frecuencia del resto del ejército.

- "Estoy por volver" – Hiroshi respondió.

- "La información que nos diste fue más que suficiente, por favor vuelve al túnel" – Korra repitió. – "Varrick asegúrate de reportar en cuánto Hiroshi haya vuelto con ustedes" – Ordenó.

- "No te preocupes por mí Korra, el taller está cerca, solo estaba verificando la información de los libros" – Hiroshi aseguró.

- "¡Vamos hombre! Ya verás como esos aviones caen al suelo, date prisa, no tiene caso arriesgar la vida por unos cuantos edificios viejos" – Varrick presionó a favor de la petición de la joven morena.

- "Iré por él" – Se escuchó a Baatar en el fondo de la transmisión.

- "¡Todos han perdido la cabeza!" – Varrick transmitió. – "Baatar acaba de dejar el túnel" – Le avisó a la morena.

- "Ya tenemos un plan para combatir a los aviones, iremos a llamar su atención, ustedes apresúrense e intenten recuperar a Baatar y a Hiroshi" Korra suspiró. "Y me avisan cuándo hayan vuelto"- Concluyó.

- ¡Shu Li! – Varrick la miró de frente conteniendo el aliento y debatiendo mentalmente las palabras que quería dedicarle a la joven por temor a no tener otra oportunidad para hacerlo.

- No hay tiempo que perder Varrick, los aviones podrían volver y bombardear el pueblo en cualquier momento. – Shu Li se echó a correr hacia la escotilla. – No puedo permitir que Hiroshi resulte herido. – Se tomó un segundo para aclarar la preocupación que sentía por el hombre que la había acogido desde pequeña y le había brindado un hogar al adoptarla en el asentamiento después haber perdido a sus padres en un trágico accidente cuando vagaban los tres solos por las ruinas de Ciudad República.

- ¡Están lloviendo explosivos y todos salen a la calle como si cayera comida! – Varrick renegó pero se forzó a moverse en la misma dirección que había salido la única persona por la que estaría dispuesto a arriesgar su vida. – Quédense aquí y anoten cualquier reporte que recibamos por la radio o por el comunicador. – Le ordenó a los guardias que lo observaban confundidos.

- "¡El Avatar!" - Reportó uno de los pilotos.

- "Vayan por ella" – P'li suspiró aliviada, si el Avatar se ocupaba con los aviones ella tendría mayor probabilidad de vencer al ejército de Asami en la costa, justo como había esperado que sucediera.

- ¡Ataquen! – El Loto Rojo escuchó la voz de una mujer más allá de lo que la niebla les permitía ver, el silencio había sido roto, dagas de hielo y roca comenzaron a atravesar la primera línea de guerreros, sangre salpicaba a los que estaban cerca y los gritos de agonía ayudaban a confundir a los soldados de P'li quién en respuesta comenzó a lanzar explosiones en la misma dirección de la voz que había escuchado antes, los ejércitos chocaron y las filas comenzaron a romperse, gritos de guerra y desesperación llenaron la costa, P'li maldijo la neblina, sus ojos se movían de izquierda a derecha en busca de un objetivo pero si no podía ver tampoco podía apuntar para lanzar sus ataques.

- ¡Ve! – P'li le ordenó a Ghazan y él no dudó en adentrarse en la batalla.

- "Dragón uno aquí, el Avatar vuela hacia el sur" – Transmitió.

- "Dragón dos aquí, la tengo en la mira" – Confirmó.

- "Dragón cinco aquí, hay maestros aire con ella" – Advirtió.

- "Dragón siete aquí, ignoren a todos, el Avatar es nuestro objetivo" – Aclaró.

- "Te siguen" – Opal advirtió. – "No alcanzarás el acantilado" – Señaló.

- "Lo tengo bajo control" – Korra respondió entrando en estado Avatar, el avión parecía estar a punto de alcanzarla cuándo la morena se dejó caer en picada para poder alcanzar a manipular la tierra y levantar un par de pilares que le ayudaron a dispersar los aviones que venían detrás de ella. – "No son buenos para esquivar obstáculos" – La morena reportó.

- "Debemos ganarnos su interés, equipo aire uno, prepárense para lanzar bombas" – Tenzin ordenó.

- "Equipo aire dos, prepárense para ser señuelos" – Agregó Opal.

- "Con cuidado" – Advirtió la joven Avatar quién se mantenía a salvo de los aviones volando cerca del suelo y usando su tierra control contra ellos obligándolos a romper su formación o interrumpir su cercanía mediante pilares de roca o enormes proyectiles del mismo material que la joven Avatar manipulaba con relativa facilidad.

- "¡Hiroshi no está en la biblioteca de su casa!" – Baatar reportó, Korra escuchó la radio pero fue incapaz de responder, los aviones la seguían de cerca y uno de ellos ya había abierto fuego contra ella delatando que contaban con balas de alto calibre.

- ¡Maldición! – Bufó, sus ojos mantenían el legendario brillo característico que todos los Avatares manifestaban cuándo usaban el máximo potencial de sus poderes, sin ayuda de aquella habilidad la morena habría sido incapaz de mantener el ritmo necesario para protegerse de los aviones, temía por la seguridad de sus amigos pero era verdad que sin su ayuda no podría terminar con su objetivo así que obedeció a Tenzin cuándo la llamó por la radio y le indicó hacia donde guiar al enemigo.

- ¡No está aquí! Ya lo busque por toda la casa. – Varrick escuchó la voz alterada de Baatar.

- Entonces debe estar en su taller. – Zhu Li dedujo.

- ¡Esperen! – Varrick jadeaba y luchaba por recobrar el aliento tras la carrera que había emprendido desde el taller de Asami hasta la puerta principal de la casa, la distancia no se podía considerar mayor a veinte metros pero había bastado para agotar el débil cuerpo del brillante pensador.

- Será mejor que vuelvas al túnel, el taller de Hiroshi está más retirado que el de Asami y no creo que puedas correr de regreso. – Zhu Li señaló.

- ¡No pienso dejarte ir sola! – Varrick renegó.

- Yo iré con ella. – Baatar propuso.

- ¡No se trata de eso! – Varrick señaló hacia los aviones que volaban como aves de presa persiguiendo a su desafortunada víctima mientras los maestros aire se las arreglaban para mantenerlos lejos del pueblo y del Avatar. – Los edificios están en llamas, es peligroso ir detrás de Hiroshi, su taller está a una cuadra de aquí, si el hombre planea volver lo hará pero si no quiere volver ¡Ninguno de nosotros podrá hacer algo para convencerlo! – Intentó razonar con la esperanza de hacerlos regresar a la seguridad del túnel.

- Hiroshi es cómo un segundo padre para mí, no lo puedo abandonar. – Zhu Li confesó bajo la presión del peligro.

- ¡Bien! – Varrick gruñó. – Baatar, vuelve a la base y préstame tu radio. – Ordenó. – Debe haber al menos un cerebro en la base de control para ayudar a dirigir la guerra, Zhu Li y yo iremos detrás de Hiroshi. – Concluyó.

- Bien. – Baatar bufó y se convenció a sí mismo manteniendo sus pensamientos concentrados en volver a ver a Kuvira después de la guerra. – Pero vuelvan lo más rápido que puedan. – Pidió y se marchó para no retrasar más la búsqueda del viejo líder del asentamiento.

- ¡Vamos Zhu Li! – Varrick se echó a correr por delante y la chica lo siguió.

- ¡No pensé que fueras a ser tan precavida P'li! - La líder del Loto Rojo escuchó una voz que le era familiar.

- ¿Kuvira? - P'li murmuró forzando su mirada en un intento por distinguir a la persona que buscaba. - ¡¿Kuvira?! - Gruñó.

- ¡Ataca como lo haría un rebelde maldita sea! - La voz le ordenó. - ¡Al frente de su ejército!

- ¡Mira quién habla! – P'li rió. - ¡Espero que se deshagan de esta maldita niebla pronto o mis aviones borrarán su estúpido pueblo del mapa! - Amenazó.

La guerra se desarrollaba entre el misterio y la incertidumbre, la densidad de la niebla se había mantenido hasta el momento dejando en claro que las personas encargadas de generarla no estaban involucradas en la pelea en sí, este y otros tantos factores comenzaban a perturbar la seguridad de la líder del Loto Rojo quién poco a poco era dominada por la sensación de encontrarse atrapada en las manos del enemigo.

- ¡Adelante! ¡Ahí no hay nadie! – Respondió la misma voz que ahora P'li logró identificar con claridad.

- ¡El Avatar te ha lavado la cabeza Kuvira! – La llamó con la intención de distraerla.

- "Korra, P'li va a ordenar el bombardeo al pueblo, aprovecha para derribar los aviones" – Kuvira transmitió.

- "¡Baatar! ¿En dónde está Hiroshi?" – Preguntó la morena entre agitada y preocupada.

- "Varrick y Zhu Li fueron a buscarlo, no estaba en la casa, debe de estar en su taller" – Respondió.

- "¡En el taller no hay nadie!" – La voz de Varrick se unió a las transmisiones.

- "¡Korra! Uno de los aviones viene por ti" – La voz de Wu le advirtió.

- Tenemos que volver. – Varrick murmuró con pesar notando la preocupación en el rostro de Zhu Li.

- No lo podemos abandonar. – Ella murmuró.

- Podría estar en cualquier parte del pueblo. – Varrick suspiró.

- "Hiroshi, Varrick y Zhu Li están en el pueblo ¿P'li ya confirmó el ataque?"- Korra preguntó con impaciencia mientras se las arreglaba para evadir el avión que la seguía, a pesar de que la coordinación entre ella, los maestros aire y las torres de vigilancia comenzaba perfeccionarse la morena aún resentía la presión que los aviones ejercían sobre ella.

- ¡Disipen la niebla! – Kuvira ordenó sin pensar o esperar instrucciones de Asami.

- Sabía que eran puras palabrerías. – P'li celebró para sí misma, la neblina comenzó a disiparse poco a poco revelando al ejército enemigo, era numeroso y muy variado, se podían apreciar rostros de gente de distintos asentamientos y partes del mundo.

El gesto de P'li se endureció aún más, la pelea continuaba, sus guerreros estaban siendo superados no solo en habilidad si no también en número. Tras una detallada búsqueda la líder logró ubicar a Kuvira entre el caos de la batalla, una persona que jamás se habría imaginado apoyando la causa del Avatar - Así que sí eras tú. – Murmuró con disgusto manteniendo su mirada fija sobre su vieja súbdita, una líder prometedora capaz de crear un poderoso ejército haciendo uso de nada más que rebeldes ignorantes y sin rumbo, su más fuerte eslabón en Ba Sing Se, ahora peleaba a favor del enemigo.

- ¡Kuvira! – P'li gruñó lanzando una poderosa explosión hacia ella sin importarle las vidas de los guerreros que la enfrentaban, su éxito estaba asegurado, pensaba con satisfacción hasta que un pilar de roca se interpuso en el camino de su ataque, la roca explotó lanzando escombros en todas direcciones y lastimando a los guerreros del Loto Rojo que habían estado peleando con Kuvira hasta el momento, P'li maldijo y esperó a que el humo se disipara para verificar el estado de su víctima pero grande fue su sorpresa cuando vio a Kuvira preparando un contraataque con un par de pesadas rocas que lanzó hacía ella.

- ¡Imposible! – P'li maldijo, sus maestros tierra bloquearon el ataque con facilidad pero lo que la líder había presenciado bastaba para despertar una alerta en su cabeza que le era imposible ignorar, Kuvira había usado tierra-control. - ¡Ghazan termina con Kuvira! – Ordenó enfurecida sin lograr comprender lo que estaba ocurriendo, Kuvira no era una maestra tierra, nunca lo había sido, no tenía sentido que lo fuera ahora, decenas de preguntas acudieron a su mente ¿De qué manera había obtenido los poderes? ¿El pueblo de Hiroshi había descubierto la forma de crear maestros elementales? Y de ser así ¿Cuántos maestros elementales había en el ejército enemigo?

- "No se preocupen por mí, vuelvan al refugio" – Hiroshi pidió.

- "¿Y cuál es el plan? ¿Unirte a la batalla en el último momento?" – Varrick reclamó.

- "Resulta que después de todo no soy el tipo de líder que se queda atrás mientras su gente pelea" – Respondió.

- "Hiroshi ¿En dónde estás?" – Korra preguntó.

- "¡Korra tenemos a dos heridos!" – Opal transmitió. – "¡Necesitamos ayuda! No podemos evadir los aviones mientras maniobramos con los heridos"

- "¡En camino!" – La morena respondió.

- "¡Torre nueve y ocho prepárense para recibir heridos!" – Tenzin ordenó.

- "Aquí dragón cinco, tengo a cuatro en la mira, dos heridos, el Avatar debe de estar cerca, ignoren a los maestros aire y vuelen hacia mí" – Transmitió.

- "Aquí dragón dos, estoy siguiendo al Avatar, vamos en tu dirección" – Confirmó.

- "No puedo quitarme a estos malditos maestros aire de encima" – Gruñó uno de los pilotos.

- "Aquí dragón uno, vuela hacia mí y yo les dispararé" – Le aconsejó.

- "¡Volvieron a lanzar bombas!" – Se escuchó el piloto aterrado.

- "No te alcanzarán, tranquilo" – Le respondió su compañero.

- "¡Aquí dragón cinco! El Avatar detuvo mis disparos y cuarteó el cristal de la cabina ¡¿Dónde está dragón dos?!"

- "¡Hay ataques terrestres! Hubo muchos disparos pero no veo al enemigo" – Respondió.

Opal y otro de sus compañeros lograron aterrizar sin problemas, en el aire se escuchaban las explosiones de las bombas de Varrick y las detonaciones de las ametralladoras que portaban los aviones, varios soldados y guardias corrieron a socorrer a los heridos, ambos maestros aire habían recibido daño en las extremidades, uno en el brazo y otro en la pierna, el pesado calibre de la bala había bastado para causarles una herida grave y muy vistosa, la carne daba la impresión de haber explotado y nada parecía estar en dónde debería.

- Deben hacer un torniquete para evitar que mueran por pérdida de sangre. – Opal les indicó. – Usen las agujetas de sus botas o sus cinturones ¡De prisa! – Presionó.

- Un par de maestros agua del Loto Blanco vienen en camino. – Uno de los guardias gritó desde la puerta de la torre.

- ¡De nada servirán si mueren antes de que llegue la ayuda! – Opal renegó apresurándose a asistir a uno de los guardias que ya intentaba atar su cinturón alrededor de la pierna herida, el maestro aire gritaba y se retorcía en agonía, el guardia que sostenía el cinturón comenzó a ser dominado por la ansiedad que le detonó ver el charco de sangre que comenzaba a cumularse sobre la tierra, Opal notó el temblor en sus manos y la torpeza en sus movimientos así que le pidió a otro guardia que tomara su lugar para sostener al maestro aire mientras ella apretaba el cinturón alrededor de su pierna.

- Lo siento… - Se disculpó el guardia.

- No te preocupes, no estás acostumbrado a esto. – La chica respondió sin apartar su mirada de la herida.

- ¡Ahhh! ¡Es demasiado! ¡Basta! – El maestro aire chillaba con palabras a penas entendibles.

- ¡Aguanta! – Opal bufó haciendo uso de todas sus fuerzas para asegurar el nudo que había hecho.

- ¡Ahhh! – El maestro aire gritó por última vez para después quedar inconsciente.

- ¿Murió? – Preguntó uno de los guardias.

- No, se desmayó por el dolor. – Aclaró. - ¿Qué tal va ese brazo? – La morena preguntó mirando al otro herido.

- Estoy bien… - El maestro aire respondió por sí mismo sin retirar la mirada del torniquete y la herida, tenía el rostro completamente empapado en sudor y la ropa manchada de sangre, su temor era notorio y aún así luchaba por mantenerse estable para no causarle problemas a los demás.

- Debo irme. – Opal dirigió su mirada hacia el cielo divisando a los aviones y a sus compañeros, no podía abandonarlos, Korra necesitaba todo el apoyo posible.

- Gracias… - Le dijo el maestro aire de la herida en el brazo.

- No te rindas, en el coliseo llegué a ver muchas heridas graves y te puedo asegurar que todos los que se negaron a rendirse sobrevivieron a su mala experiencia. – Le garantizó ofreciéndole una cálida sonrisa para después extender su planeador y echarse a volar con los ojos llenos de lágrimas, era inevitable, amigos y aliados saldrían gravemente heridos, pensaba mirándose las manos manchadas con la sangre de uno de sus compañeros.

- ¡Maldito anormal! – Kuvira bufó echándose hacia atrás cuándo Ghazan intentó abrir una zanja de lava bajo sus pies.

- ¿De dónde sacaste tus poderes Kuvira? – Le preguntó con una sonrisa burlona, Ghazan sabía que no existía otro maestro tierra capaz de manipular la lava, él era superior a todos los maestros tierra, pensaba con satisfacción mientras humillaba a la respetada líder rebelde de Ba Sing Se.

- La verdadera pregunta aquí es ¿De dónde sacaste tú los tuyos? ¡Fenómeno! – Gruñó levantando un par de rocas cerca de los pies de Ghazan obligándolo a retrasar su ataque para recuperar el equilibrio.

P'li se mantenía dentro de la seguridad que aún le proporcionaban sus soldados y se dedicaba a evaluar el campo de batalla, sin importar lo mucho que buscaba no lograba ubicar a ninguna otra figura de autoridad entre el ejército enemigo, Asami no parecía estar presente y tampoco Hiroshi lo que la llevaba deducir que aquel ejército estaba siendo guiado por la maestra tierra, si la derribaban a ella el ejército enemigo perdería control y organización, facilitando así la victoria del Loto Rojo.

- "Hiroshi debes volver" – Zhu Li suplicó.

- "Hay un proyecto que quiero poner a prueba, tengo un prototipo de un arma que aún no he confirmado que sea segura y por eso no quiero que me acompañen" – El líder respondió. – "De joven viví años difíciles y en ese tiempo mi corazón se encontraba lleno de odio" - Pausó. "Todo eso terminó cuando conocí a la madre de Asami" – Suspiró. – "Todo fue muy diferente después de que mi hija naciera, dejé de lado el odio para enfocarme en crear un futuro apropiado para ella, pero por algún motivo nunca me deshice de las armas de fuego o de ninguno de mis proyectos, los dejé arrumbados en los profundo de mi taller y solo ahora he podido recordar uno de ellos que podría ser de utilidad"

- "¡No tiene caso hombre! ¡Incluso con tu fuego control no puedes enfrentar a esas malditas máquinas voladoras!" – Varrick miraba los aviones volando a la distancia y el humo que se elevaba desde el centro del pueblo, sin importar cuántas veces analizara la situación el resultado siempre era el mismo, desde la tierra no había manera de hacerle frente a esas endemoniadas máquinas.

- "Yo inicié este asentamiento al deshacerme del líder rebelde que nos atormentaba, liberé a la gente de la miseria y entre todos fundamos este lugar" – Su voz se volvía cada vez más dura y severa - "No pienso permitir que el Loto Rojo destruya lo que con tanto esfuerzo hemos construido" – Aclaró.

- "¡Korra alcanzó a doblar el ala de un avión! ¡Está cayendo!" – Celebró Tenzin por la radio.

- "¡Sigan así! Ya son menos" – Opal se unió a la transmisión.

- "¡Hiroshi! ¿Ves? Korra podrá contra los aviones, por favor vuelve" – Zhu Li suplicó.

- "¡El Avatar derribó a Dragón uno!" – Repetían los pilotos mostrándose presas del pánico.

El impacto del avión resonó como una estruendosa explosión lejana - ¡Maldita sea! – P'li arrugó las cejas, uno menos y su ejército estaba lejos de dominar la batalla, las ideas pasaban fugases por su mente una tras otra, era obvio que debía hacer algo pronto para remediar la situación pero le costaba ignorar la sensación de encontrarse de pie sobre arena movediza, se estaba hundiendo junto a su ejército, la astucia y la fuerza del enemigo comenzaban a superarla, su arma secreta empezaba a colapsar, era una batalla perdida.

– La flor del Loto rojo se cerrará hasta caer el último hombre en pie. – Repitió las palabras de los antiguos líderes, era momento de dejarlo todo en la batalla, tal vez no podía ganar pero si se aseguraría de causar el mayor daño posible. – "Destruyan el pueblo por completo y después vengan a la costa a terminar con todos" – Concluyó y apagó su radio, no tenía nada más que decir y no iba a cambiar de parecer, acabaría con todo y con todos tal como el Avatar obscuro lo hubiera querido.

- ¡Rompan la formación! ¡Aquí termina todo! ¡El Loto Rojo reclama sacrificio! – Gritó, de inmediato su ejército adoptó ataques osados y casi suicidas, sus verdugos abandonaron las posiciones defensivas, detenían los ataques de dagas y cuchillas con sus propias manos permitiendo que el filo o la punta abriera su piel solo para lograr atrapar a sus víctimas, sonrisas enfermizas intimidaban a los soldados de la alianza quienes presas del miedo olvidaban que hacer y comenzaban a jalar sus cuerpos hacia atrás en un intento por escapar mientras sus enemigos aprovechaban para apoderarse de sus armas y devolvían el ataque con una brutalidad excesiva e innecesaria.

- ¡Así es cómo se usa una daga! – Gruñó un ensangrentado verdugo al incrustar su arma en el costado de un desprevenido soldado. - ¿Sientes eso? - Rió sosteniéndolo con fuerza para asegurarse de hacer contacto visual con él.

- ¡No! – Gritó un maestro tierra de la alianza lanzando tres dagas de roca que atravesaron la espalda del verdugo, el enorme hombre no se apartó y se echó a reír mientras retiraba y volvía a hendir la daga de cristal en la carne de su víctima múltiples veces, no hubo gritos o quejas, solo una mirada vacía que de a poco perdió el brillo y se desvaneció entre las garras de su verdugo, el cuerpo sin vida fue arrojado al suelo, el aterrador hombre del Loto Rojo no perdió el tiempo que le quedaba, las dagas continuaban incrustadas en su espalda, sus heridas eran graves pero mientras la adrenalina nutriera su sangre podría seguir moviéndose, y así lo hizo, se lanzó contra su siguiente víctima, pero antes de alcanzarla fue detenido por el impacto de una pesada roca que le abrió el cráneo y puso fin a su vida.

- ¡Han enloquecido! – Bufó Suyin haciendo todo lo posible por neutralizar los efectos del infierno que parecía haberse desatado ante sus ojos.

- "¿Escapan?" – Korra preguntó confundida viendo a los aviones volar en dirección opuesta a donde estaba ella.

- "¡Van hacia el pueblo!" – Tenzin advirtió.

- "¡Hiroshi!" – Korra intentó llamar por la radio al tiempo que hacía uso de todas sus fuerzas y energías para volar detrás de los aviones.

- "¡Los aviones van hacia el pueblo!" – Tenzin repitió. – "Varrick se tienen que refugiar cuanto antes, no hay manera de que Korra los alcance" – Se atrevió a predecir.

- ¡No podemos dejarlo!

Varrick notó la desesperación y la impotencia en el rostro de la joven. - No sabemos en dónde está. – Le respondió tomando su mano con suavidad.

- "¡Varrick deben volver ya!" – Baatar insistió.

- Lo siento, pero no hay tiempo. – Varrick apretó la mano de Zhu Li y comenzó a correr con dificultad luchando para obligarla a moverse, la resistencia de la joven cesó cuándo escucharon que el rugido del motor de los aviones se acercaba, no había mucho que ninguno de los dos pudiera hacer, no tenían idea de dónde empezar a buscar así que ella se resignó y se aferró a la esperanza de que Hiroshi se encontrara fuera del pueblo en esos momentos.

Korra volaba detrás de los aviones, la distancia entre ella y aquellas máquinas era demasiado grande, no lograría alcanzarlos y lo único que ella tenía en mente era el rostro de Hiroshi, había estado escuchando las conversaciones de la radio y le preocupaba que el viejo líder continuara en el pueblo.

- ¡No olviden atacar en equipo! – Kuvira gritó, se mostraba agitada y presionada bajo los constantes ataques de Ghazan, el sudor le escurría por el rostro, la lava era peligrosa y Ghazan había llenado el campo de batalla con lagunas y grietas de lava ardiente, múltiples personas habían resultado heridas a causa de esto, ahora la ventaja parecía favorecer al enemigo, la tranquilidad del ejército de la alianza comenzaba a perderse a manos de los desquiciados verdugos del Loto Rojo que continuaban exhibiendo su falta de miedo a la muerte y su amor por la sangre y las vísceras.

- ¡¿Qué pasa Kuvira?! ¡Pensé que tenían todo bajo control! – P'li se burló corriendo hacia un desnivel de roca que había hecho un maestro tierra y subiendo sobre él para ganar altura y visibilidad, a pesar de que su ejército ya se hubiera disperso ella conservaba a un pequeño grupo de maestros tierra y fuego que continuaban protegiéndola, P'li contaba con la libertad de elegir a sus blancos de entre la confusión de la batalla y disparar, pero en vez de eso, comenzó a disparar aleatoriamente hiriendo tanto a sus hombres como a los de Kuvira, todo por mero placer y diversión.

- ¡P'li! – Se escuchó un grito aterrorizado.

La líder bajó la mirada buscando a la persona que la había llamado, le tomó cerca de un minuto pero lo vió, uno de sus guerreros sonreía con el rostro manchado en la sangre que saltaba de la garganta de otro hombre, otro guerrero del Loto Rojo, P'li arrugó las cejas sin saber bien que pensar, pero antes de que su mente comenzara a elaborar una explicación se escuchó otro grito cerca de ella.

- ¡Ahhg! ¡¿Pero qué haces?!

P'li giró la mirada y de nuevo vio la misma escena, Loto Rojo contra Loto Rojo.

- ¿Qué demonios? – Gruñó, su ejército ya estaba casi completamente mezclado con el de Kuvira pero ella permanecía en la última línea de batalla en dónde aún no penetraban las fuerzas del enemigo, en una zona temporalmente libre de peleas, sin embargo debía enfrentarse a una situación fuera de lo normal, ser una rebelión interna. - ¡¿Qué creen que hacen?! ¡Nos deshicimos de los desertores en el Antiguo Reino fuego malditos parásitos! – Maldijo.

- ¿Cansada? – Ghazan sonrió de lado. – Debo admitir que no esperaba que resistieras por tanto tiempo. – Arrugó las cejas. – Pero es tiempo de terminar con esto. – Concluyó lanzando tres golpes que fueron seguidos por una roca cada uno, cada paso que daba significaba otro ataque, Kuvira se las arregló para volver a evadir y bloquear las rocas pero sabía que su cuerpo estaba por ceder, había logrado entretener a Ghazan lo suficiente para minimizar el daño que podría haberle causado a su ejército, se había sorprendido a sí misma pues sabía que su experiencia como maestra tierra no se comparaba con la de él, a pesar de haber sido la mejor de su clase Kuvira se cansaba cuándo usaba sus poderes por tiempo prolongado pues suponía un gran esfuerzo físico y mental para ella, si tan solo hubiera tenido más tiempo para entrenar, pensaba e intentaba controlar el ritmo de su respiración esforzándose para levantar una barrera de roca que cedió bajo el impacto de una pesada roca que Ghazan le había lanzado con fuerza.

- ¡Te tengo! – Celebró el maestro lava lanzando un hilo de roca hirviente hacia la agotada líder que ya no fue capaz de levantar otra barrera y se limitó a cerrar los ojos y cubrirse el rostro con los antebrazos.

- ¡Esta batalla no la perderemos nosotros! – Suyin saltó enfrente de Kuvira y levantó una barrera que las protegió a las dos e inmediatamente comenzó el contra ataque rompiendo la barrera en trozos que volaban en dirección a Ghazan. - ¡Vamos Kuvira no nos podemos rendir ahora! – Gritó con la fuerza y determinación de hierro que siempre la había caracterizado.

Kuvira soltó el aire que había contenido sin pensar, las manos le temblaban y el corazón le latía desbocado, Suyin Beifong la había salvado, pensó y al instante recordó todos los buenos momentos que habían compartido cuando ella era solo una niña, Suyin Beifong, una persona que había conocido toda su vida y que por motivos lamentables había tenido que alejar, era momento de dejar todo en el pasado, Kuvira volvió a tomar aire y a exhalar lentamente, aún no era su tiempo de morir, sonrió, pues a pesar de su situación actual su espíritu no podía sentirse más libre y ligero que nunca.

- Gracias. – Murmuró y utilizó el suelo para catapultarse por los aires, Ghazan bloqueó un ataque frontal de Suyin, se sentía molesto por la repentina intrusión de esta persona pero pronto sus pensamientos fueron silenciados por la sorpresa de ver a Kuvira volando hacia él, era demasiado tarde, no podía esquivar el ataque así que levantó los brazos para bloquear el rodillazo que lo obligó a retroceder un par de pasos, sus piernas se tambalearon y tropezaron ligeramente con los escombros que había en el suelo, pero se las arregló para no caer pues algo dentro de él le decía que si tocaba el suelo no volvería a levantarse.

- ¡Maldición! – Gruñó sintiendo un profundo hormigueo en los antebrazos, Suyin continuaba lanzando rocas del tamaño de su puño, una tras otra en una lluvia constante que cortaba la concentración de su oponente, Kuvira aprovechó esto para acortar el espacio que había entre ellos e iniciar una pelea cuerpo a cuerpo, los brazos adoloridos de Ghazan a penas soportaban bloquear más golpes y patadas, cada impacto que recibía le causaba molestos escalofríos y un dolor agudo que parecía llegarle hasta los huesos.

- ¿Qué pasa? ¿Cansado? – Kuvira sonrió levantando una roca detrás del pie de Ghazan haciéndolo tropezar una vez más y logrando impactar un par de golpes en su abdomen. – Peleas cuerpo a cuerpo, aún se me dan mejor que la tierra control ¿Y a ti? – Se burló alcanzando a golpearle el rostro antes de que él retrocediera más.

- ¡Deja de jugar Kuvira y bloquea su Chi! – Suyin renegó sin perder de vista los movimientos de Ghazan.

- "Korra" – Hiroshi llamó por la radio, la morena arrugó las cejas y continuó volando, los aviones estaban por alcanzar el pueblo, no podía responder por la radio, no si quería tener alguna oportunidad de alcanzar los aviones y detenerlos. – "Los aviones están por alcanzar el pueblo, los puedo ver" – Continuó él. – "Puede que nadie entienda mis motivos pero quiero aclarar que proteger a mi gente y a sus tierras es mi deber como líder" – La estática volvió a llenar el silencio de la radio.

–"El Avatar no está solo, nunca más lo volverá a estar"- Estática… -"La paz y el bienestar de la humanidad depende de todos"- Estática…

- "¡Abre la escotilla!" – La voz de Varrick ordenó. Estática…

- "¡Está abierta! Apresúrense los aviones están cerca" – La voz de Baatar se escuchó distorsionada y entre cortada.

… Estática…

- "Asami entiende eso más que nadie"

… Estática…

- "¡Hiroshi! Todos saldremos de este aprieto, por favor mantente a salvo" – Tenzin interrumpió.

… Estática…

- "Es por eso que lo único que necesito que le digan a mi niña es que estoy y siempre estaré orgulloso de ella" – Exhalo. – "Se ha convertido en el ejemplo de líder que todos necesitamos"

… Estática…

- "Un verdadero líder no lleva a su gente a la guerra si él no está dispuesto a marchar al frente"

… Estática…

Lágrimas bajaron por el rostro de la morena quién aún se negaba a rendirse, podía ver a los aviones, estaban ahí, los tres, si tan solo pudiera alcanzarlos con sus poderes, pensaba en el medio de su desesperación.

- "¡Hiroshi!" – Korra sostuvo la radio frente a sus labios. – "¡Hiroshi! – Repitió observando con terror el momento en el que los aviones alcanzaron el pueblo, en sus pupilas se reflejó la luz de la primera detonación e inmediatamente sus oídos agregaron el distintivo sonido de la explosión, todo ocurrió en cuestión de segundos, el primer avión de la fila se encontraba envuelto en llamas y comenzaba a descender, pero antes de que alcanzara el suelo vino otra explosión proveniente de la bomba que ya había dejado caer, la morena no pudo distinguir mucho, no supo de qué manera había estallado el primer avión pero se daba una idea de quién había sido el causante, los otros dos aviones siguieron volando de frente, cada uno dejó caer un par de bombas que volaron todo a su paso.

- "¿Hiroshi?" – Korra murmuró apretando la radio con fuerza, la imagen del pueblo no era buena, en la sintonía no se escuchó más que el prolongado sonido de la estática que nadie se atrevía a romper, estática, era todo lo que quedaba en el aire, los aviones se alejaron del pueblo, todo estaba en llamas, el fuego rugía con furia exhalando densas nubes de humo negro, la joven Avatar sollozaba en silencio pero mantenía la mirada fija sobre las máquinas que amenazaban con dar la vuelta para bombardear lo que quedaba de los edificios.

- Aquí los espero… – Gruñó limpiándose las lágrimas con el antebrazo, no era momento de lamentarse, aún quedaban dos aviones, suspiró y voló hacia las columnas de humo negro para ocultarse entre ellas.

- "¡Han destruido el pueblo!" – Las torres alertaron, el ejército había escuchado el bombardeo y ahora eran capaces de ver el resplandor del fuego y las nubes de humo a la distancia.

- ¡No pierdan el enfoque, nuestro enemigo está aquí! – Suyin gritó sacándolos del trance en el que algunos de ellos habían caído.

Por su parte P'li no fue capaz de disfrutar del sonido del bombardeo, a su alrededor había nacido una revuelta de traidores, sus ojos iban y venían de un lado a otro en busca de pistas, a pesar de haber tenido que lidiar con problemas similares antes de poder continuar con el plan de la guerra, P'li se sentía segura de haberse quedado con los hombres más fieles del Loto Rojo por lo que no le encontraba sentido a lo que estaba sucediendo a su alrededor.

- ¡Impostores! – Gritó un maestro fuego después de que le neutralizaran el brazo derecho, P'li observó la manera en que el oponente de aquel maestro hacía uso de la extraña técnica que vio antes entre los hombres de Asami, no podía equivocarse, eran los mismos movimientos, golpes con la punta de los dedos y con los nudillos, su maestro fuego quedó indefenso y pronto fue liquidado con una daga de plástico que le atravesó el ojo derecho.

- ¡Deténganla! ¡Protejan a la líder! – Gritaron por detrás de ella, P'li volteó de inmediato y en ese mismo instante notó algo aún más extraño, una mujer que electrocutaba a sus oponentes para neutralizarlos, después les cortaba la garganta o apuñalaba de inmediato, la joven se movía con gran agilidad y en un par de movimientos había terminado con siete miembros del Loto Rojo, era peligrosa y daba la impresión de ser imparable.

Las piezas comenzaban a encajar, P'li no se familiarizaba mucho con sus seguidores y súbditos, no se molestaba en conocerlos porque siempre cambiaban, en el Loto Rojo nadie más que los líderes tenían un puesto asegurado, todos los demás servían de carne de cañón, todos morían y eran remplazados de inmediato, pero ahora que comenzaba a prestar más atención se daba cuenta de que había rostros completamente desconocidos entre sus filas.

- ¿En qué momento? – Murmuró sin perder de vista a la mujer que sin dificultad abría camino hacia ella dejando un rastro de cuerpos y sangre a su paso, la mujer era alta y de piel blanca, sus ropas lucían sucias y con manchas de sangre seca sobre ellas, el maquillaje que le obscurecía completamente el área de los ojos también había sido hecho con sangre, lucía como una auténtica guerrera del Loto Rojo, llevaba el cabello completamente rapado de los lados y una trenza guerrera le sujetaba la negra cabellera bien pegada al cráneo llegándole poco más abajo de la nuca, sus brillantes ojos verdes no mostraban miedo o clemencia, en su mano derecha llevaba puesto un extraño guante y en ambas manos portaba una daga metálica que era sujeta por el cuero que le protegía los antebrazos , la punta de la daga sobresalía por encima del dorso sus manos asegurando la letalidad de cada uno de sus golpes.

- ¡Carmín cuidado atrás! – Alertó un guerrero, P'li creyó reconocer su voz así que volteó para confirmar sus sospechas, ahí vio a un maestro fuego vestido de igual manera, lucía como todo un guerrero del Loto Rojo, llevaba la cabeza completamente rapada y maquillada con líneas de sangre seca, sin embargo sus ojos eran muy peculiares, sostenían una mirada que la líder del Loto Rojo logró reconocer casi de inmediato.

- ¡Asami! – La líder gruñó volteando a ver a la joven que continuaba liquidando a sus guerreros uno tras otro como si se tratara de aplastar hormigas, perforaba pechos y abdómenes, cortaba gargantas o atravesaba cráneos, lo que fuera necesario para seguir avanzando, P'li se sintió intimidada por la determinación de su oponente y se reclamó a sí misma al pensar que aquella joven había decidido dejar la guerra en manos de Kuvira.

Los guerreros que acompañaban a Asami no eran guerreros comunes, P'li lo pudo ver en la sed de sangre que demostraban en la batalla, aquellos peleadores eran rebeldes, posiblemente rebeldes de Ba Sing Se, pero ellos ya no eran como los rebeldes del Loto Rojo, ellos habían sido entrenados, conocían distintas técnicas de pelea y sabían defenderse y contraatacar, habían evolucionado para convertirse en los guerreros más peligrosos en el campo de batalla y, desafortunadamente, al igual que Kuvira, ahora peleaban en contra del Loto Rojo.

P'li se logró aclarar su mente, sabía que todos morirían de igual manera pero estaba decidida a pelear hasta el final y Asami sería su objetivo principal, la chica que se había atrevido a retarla en su propio territorio y que ahora se atrevía a insultar su inteligencia haciéndose pasar por uno de sus guerreros.

La líder del Loto Rojo inhalo profundamente concentrando su mirada sobre la temible guerrera, Asami tenía las manos llenas, los guerreros del Loto Rojo no cesaban sus ataques pero al ser presas del miedo no lograban coordinar sus movimientos como normalmente lo harían, de igual manera sus esfuerzos le servirían a su líder para tener un tiro limpio y directo contra la líder de la alianza.

- ¡Ni lo pienses! – Gritó una mujer blanca y de ojos verde pálido con una cicatriz en la barbilla, su cabello grisáceo se mantenía sujeto con varias trenzas guerreras, otra más con marcas de sangre seca y ropas sucias, esta vez P'li no reconoció el rostro pero era obvio que pertenecía al equipo de Asami. – ¡Pagarás por lo que le hiciste a nuestro pueblo! – Gruñó lanzando un par de rocas hacia la líder del Loto Rojo.