La líder del loto Rojo se movía evitando ser golpeada por las rocas que volaban en su dirección, con gran humillación e indignación les ordenó a sus hombres prestar más atención para quitarse a aquella maestra tierra de encima. Nunca antes se había sabido de algo similar, los asentamientos nunca se habían defendido de los rebeldes y nunca nadie había desafiado a un líder del Loto Rojo, todo lo que estaba ocurriendo rompía con las tradiciones y costumbres de los sobrevivientes a la revolución del Avatar Obscuro, el Loto Rojo siempre había reinado, de forma indirecta, pero siempre había sido el responsable de todo lo que ocurría en el mundo, ahora era distinto, el Loto Rojo peligraba y luchaba por mantener el control sobre el resto de los habitantes del mundo.
- ¡Malditas basuras! - P'li gruñó exhalando una enorme bocanada de fuego que tanto sus aliados como enemigos debieron esquivar.
##45##
Varrick temblaba manteniendo sus manos firmemente sujetas al mango de la escotilla, sus pies se mantenían suspendidos a medio metro del suelo, el sudor le empapaba el cuello de la camiseta, su pecho subía y bajaba notoriamente haciendo evidente su falta de aliento. La tierra había dejado de temblar, claramente una bomba había impactado cerca de ellos segundos antes de que la escotilla se cerrara.
- Ya pasaron... - Baatar exhalo dejando escapar la respiración que había contenido tras sentir el impacto de la primera bomba.
- ¿Varrick? - Zhu Li se acercó a él, el hombre rebelde que por conveniencia había decidido quedarse en su asentamiento y que resultó ser un extraño aficionado a la ciencia de los antiguos, el mismo hombre que rara vez se tomaba la molestia de usar su intelecto para ayudar a otras personas, ese mismo hombre se había dado a la tarea de acompañarla a buscar a Hiroshi y después, a pesar de su cobardía y falta de condición física, Varrick se aseguró de ponerla a salvo a ella antes que a él mismo.
- ¡Ha! - Varrick se dejó caer, sus piernas apenas lograron amortiguar el peso pero al final logró estabilizarse y mantenerse en pie. – Sobrevivimos… - Se limpió el sudor de la frente dirigiendo sus ojos azules directo hacia el rostro de Zhu Li, se le notaba nervioso mientras intentaba componer su respiración y recobrar su uso de razón.
- Si. - Shu Li le sonrió cálidamente sin poder evitar las lágrimas que comenzaron a formarse en la orilla de sus ojos, se sentía agradecida por su apoyo pero ahora que el temor del bombardeo había pasado, su atención se había enfocado en la ausencia de Hiroshi.
- Parece que el taller fue impactado, no creo que podamos salir. - Baatar razonó mirando el techo del túnel.
- Eh... - Varrick pasó saliva manteniendo la mirada sobre Zhu Li, encontrarse enterrado bajo escombros era algo que no le preocupaba por el momento porque no había nada que pudieran hacer para remediarlo, en cambio era incapaz de ignorar el dolor de su amiga quién se mostraba cada vez más vulnerable y devastada ante su posible pérdida.
- ¿Puedo? - Preguntó con inseguridad manteniendo una distancia aceptable entre ambos, Zhu Li alzó la mirada y no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios al ver a Varrick con los brazos extendidos, no hubo necesidad de palabras, Zhu Li asintió con la cabeza, él dio un paso hacia el frente y la envolvió en un torpe abrazo que carecía de gracia o tacto, era evidente que no estaba acostumbrado a hacer ese tipo de demostraciones afectivas pero ella entendía y apreciaba el gesto.
Baatar suspiró, el llanto de Zhu Li se hacía más notorio a cada segundo que pasaba, Varrick no dijo nada más y se limitó a sostenerla cerca de él, pero no eran solo ellos, los guardias que los acompañaban también lucían una expresión desconsolada, sus ojos reflejaban miedo y tristeza, un par de ellos luchaban para contener las lágrimas mientras otros lloraban en silencio, era obvio que Hiroshi había sido un líder muy querido, la guerra comenzaba a dar muestras del peso que dejaría caer sobre todos, Baatar bajó la mirada y pasó saliva, esto apenas era el inicio de lo que estaba por venir.
Un estruendo y más temblores interrumpieron el momento, todos se agacharon al instante, más bombas caían sobre sus cabezas, las paredes del túnel estaban hechas de roca maciza, sabían que no caería pero no podían evitar sentir miedo, el sonido de las explosiones era impactante y la vibración de la tierra, amenazador.
- Todo estará bien. - Varrick le aseguró a los presentes manteniendo a Zhu Li protegida entre sus brazos mientras la tierra continuaba sacudiéndose violentamente a su alrededor.
#45#
Korra se esforzaba por contener su furia, las bombas volvían a impactar el pueblo, a pesar de estar vacío deseaba proteger el legado de Hiroshi, aún no estaba segura de nada, aunque no creía que hiciera falta realizar una búsqueda, el área impactada por las bombas había recibido un daño considerable, no existía nadie capaz de sobrevivir a semejante poder destructivo, y a juzgar por la manera en que el avión había explotado, era fácil deducir que Hiroshi se posicionó cerca de la zona devastada por las bombas.
El denso humo negro servía como el escondite perfecto, Korra esperaba impaciente, esta vez no se le escaparían, se aseguraba a sí misma.
- "Korra" - Llamó Tenzin, él y los maestros aire apenas alcanzaban al área del pueblo y estaban listos para apoyar en la batalla.
- "Usen el humo para esconderse, yo atraparé al primero, ustedes aprovechen y usen sus bombas en el segundo" - Ordenó.
El avión se aproximaba velozmente, la joven Avatar se sentía lo suficientemente familiarizada con la velocidad del avión por el tiempo que llevaba lidiando con cuatro de ellos juntos, no le resultó complicado calcular la posición que debía adoptar para poder descender a tiempo y alcanzar la aeronave. Cuando la nave se acercó lo suficiente Korra se limitó a inspirar profundo, dejó caer su planeador y se lanzó en picada, en ese momento desahogo toda la ira y frustración que anidaban en su pecho, manteniendo los puños firmemente apretados por encima de su cabeza se preparó para el impacto, sabía que debía ser rápida, si ella no amortiguaba el golpe aquello podía resultar ser una muy mala idea, debía comenzar a manipular el metal antes de impactarlo para que la recibiera como una cama de paja y no como una pared de hierro.
El aire silbaba en sus oídos a medida que ganaba velocidad, la coordinación era perfecta, lo alcanzaría, de eso no le cabía duda, lo que anticipaba más era el momento del impacto, cada uno de sus músculos se tensó segundos antes de hacer contacto. A pesar de la alta dosis de adrenalina que le corría por las venas Korra supo mantener su respiración bajo control, continuaba transformando su miedo en la ira que necesitaba para alimentar su determinación, no podía perder la concentración, aún quedaba mucho por hacer para ganar la guerra.
- ¡Vamos! – Gritó usando todo el aire que guardaba en los pulmones, la firme superficie del metal sobre sus puños le hizo saber que lo había alcanzado, solo debía concentrar sus poderes para que el material se doblara bajo su voluntad, la presión sobre su piel comenzó a aumentar más rápido de lo que había anticipado, nunca antes se había movido tan rápido, cometer un error era sencillo, pero la decisión ya había sido tomada, estaba ahí, haciendo uso de cada gramo de su suerte y apostando todo a las habilidades que había trabajado desde pequeña se limitó a cerrar los ojos y apretar la mandíbula.
- "¡Me impactaron con algo!" – El piloto gritó por la radio, su transmisión se cortó y el único compañero que le quedaba no pudo escuchar más. Korra no lo anticipó así, su cuerpo logró atravesar la nave por completo, al abrir los ojos ya se encontraba del otro lado, el avión caía en espiral y ella estaba intacta, había logrado abrirse paso sin siquiera tocar el metal.
- ¡Sí! – Celebró, cerró los ojos y liberó un pequeño suspiro, otro logro más. - Aún no he terminado… - Se recordó, volvió a abrir los ojos y haciendo uso del aire control comenzó a suavizar su caída.
- ¡Maldita sea! – El último de los pilotos maldecía dentro de su cabina, estaba solo, ya no había tiempo para terminar con el resto del pueblo, sin el apoyo de otro piloto era seguro que la joven Avatar y sus maestros aire lo derribarían antes de poder alcanzar la costa para cumplir con el último deseo de su líder, semejante humillación no era aceptable dentro del Loto Rojo, era su deber entregarle a su ejército el final que se merecía, esto lo obligó a cesar el bombardeo y aumentar su velocidad en un intento desesperado por completar su última misión.
- "¡Ahora!" - Tenzin ordenó, las bombas cayeron una tras otra, era todo lo que les quedaba y debían asegurarse de alcanzar su objetivo. El piloto se sorprendió por el ataque que pareció llegar de la nada, el humo que llenaba el aire le había impedido ver a los maestros y ahora hacía uso de todo lo que había aprendido durante su breve entrenamiento para evitar ser golpeado, era demasiado tarde, la cortina de bombas había sido colocada estratégicamente para bloquear cualquier escapatoria, el avión no podía dar vuelta repentinamente y esa era su mayor debilidad, él lo sabía y por desgracia, su enemigo también.
Desde el suelo Korra miraba el despliegue de explosiones, el fuego volvía a iluminar el cielo, manteniendo los puños apretados la morena deseaba que el avión no saliera del otro lado de las nubes de humo, deseaba verlo envuelto en una bola de fuego cayendo directo hacia el suelo.
- "¡Sobrevivió!" - La voz de Wu, quién se encontraba en una de las torres de vigilancia, resonó por las radios.
- "¿No está cayendo?" - Tenzin preguntó con incredulidad intentando ver a través de las nubes que las explosiones habían dejado atrás.
- "¡No está cayendo!" - Afirmó.
- "¡Necesito un planeador!" - Korra habló por la radio sin perder de vista al avión, la máquina había sido dañada, podía verse el humo que salía de uno de los motores y se notaba que su velocidad había disminuido considerablemente, pero también era fácil deducir que se dirigía hacia la costa, las alertas en la cabeza de Korra no dejaban de generar todo tipo de imágenes preocupantes y catastróficas que la hacían perder la calma.
- "¡Dense prisa! Se dirige a la costa" - Presionó con impaciencia lanzando una llamarada hacia el aire para que los maestros aire lograran verla.
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Ghazan jadeaba constantemente, ningún lago de lava había bastado para neutralizar los ataques de Kuvira y Suyin, habían encontrado un ritmo cómodo para las dos, su coordinación era casi perfecta e imposible de quebrar y eso sin mencionar el apoyo que estaban recibiendo de sus soldados quienes se aseguraban de mantener a los demás guerreros del Loto Rojo lejos de ellas para permitirles librar la pelea en contra del maestro lava.
- Tu victoria está vacía. – Ghazan escupió una mezcla de saliva y sangre, tenía el ojo derecho totalmente cerrado por la inflamación que vino después de recibir uno de los golpes de la líder rebelde, su cuerpo temblaba de agotamiento y dolor, el castigo que había recibido iba más allá de lo que podía soportar, Suyin le había incrustado múltiples fragmentos de roca en distintas partes del cuerpo y Kuvira no parecía cansarse de castigarle el rostro y abdomen con fuertes y severos golpes.
- ¿Vacía? – Kuvira sonrió de lado.
- ¡Termina con él! ¡Algo está ocurriendo cerca de P'li! – Suyin alertó, los ojos de Kuvira reflejaron un ligero temor que desapareció casi al instante.
- Ya no hay tiempo para hablar. – Kuvira arrugó las cejas y se lanzó hacia adelante, Ghazan intentó levantar la guardia, hacer algo, pero su ensangrentado cuerpo no respondió, los nudillos de Kuvira impactaron en distintos puntos de sus brazos hasta que ambos perdieron la fuerza y cayeron suspendidos a ambos lados de su cuerpo.
Se encontraba a merced de su enemigo, no había nada que pudiera hacer, la voluntad de la líder de Ba Sing Se había resultado ser imposible de romper, incluso si se encontraba rodeada por lava hirviendo o superada en habilidad sobre la tierra-control, se había valido de otras técnicas para asegurar su victoria, de igual manera, al final, lo único que importaba era sobrevivir, y como guerrero rebelde, Ghazan no podía objetar en contra de eso, solo le quedaba contemplar su descompuesto reflejo en los ojos de la persona que buscaba terminar con su vida.
Kuvira gruñó lanzando una pesada roca que impactó con fuerza en el rostro de su oponente, el cuerpo de Ghazan cayó hacia atrás y cesó de moverse, Kuvira no se detuvo a mirarlo, sus ojos no se despegaban de la figura de P'li y de la revuelta que ahora la rodeaba, sabía quienes se encontraban ahí, después de todo, aquella había sido su idea, pero le preocupaba la distribución que había en el ejército del Loto Rojo porque aún faltaba un poco para que el área que rodeaba a P'li contuviera la misma cantidad de aliados y enemigos, algo debía haber orillado a Asami a apresurar el plan, pensaba notando la sensación de tener un nudo en la boca del estómago.
- ¡Suyin! ¡Necesitarán apoyo! - Anunció sin dar más explicaciones, todos estaban al tanto de lo que ocurría, era un plan arriesgado pero necesario, cortar la cabeza de la serpiente, Kuvira les había explicado la forma en que funcionaba la jerarquía del Loto Rojo, la líder lo era todo para ellos y nunca permitirían que se viera involucrada directamente en la pelea, la protegerían e incluso buscarían una manera de dejarla escapar en el caso de una derrota, si P'li sobrevivía se ocultaría y se daría a la tarea de levantar el imperio del Loto Rojo, y aunque ella no viviría lo suficiente para planear otro ataque, era seguro que el Loto Rojo se fortalecería y eventualmente volverían a ser una amenaza para todos.
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- ¡Debes terminar con ellos amigos Balin! - Lo regañó Alfa después de rematar al hombre que Bolin había dejado inconsciente segundos antes, el joven maestro tierra asintió con la cabeza sin atreverse a mirar la lanza ensangrentada que Alfa sostenía en su mano derecha.
Las instrucciones habían sido claras, acabar con el enemigo, él no era el único del pueblo que se veía forzado a romper sus principios, Lin también estaba manteniendo el ritmo e incluso Mako se había prestado para la misión, Bolin exhalo pesadamente, el ambiente que lo rodeaba bastaba para hacerlo enfermar, el aire cargaba un pesado aroma a hierro imposible de ignorar, los gritos y lamentos de la gente era todo lo que se alcanzaba a escuchar, lo peor de todo era que nada cesaba, no había tiempo de aclarar sus pensamientos, se sentía arrastrado por una pesada corriente de odio y violencia, las rocas que levantaba y lanzaba impactaban generando un sonido hueco al golpear contra el torso de las personas e incluso a veces escuchaba cierto crujido procedente de los huesos que se partían bajo la fuerza del golpe.
Nada parecía tener sentido para el joven hermano, sus pensamientos y sentimientos se habían fragmentado, tenía la necesidad de llorar y el deseo de parar pero su instinto de supervivencia lo obligaba a seguir y el aprecio que sentía por sus amigos lo inspiraba a protegerlos.
- ¡Bolin! - Mako lanzó una poderosa llamarada hacia el hombre que se acercaba por detrás de su hermano, el joven maestro tierra se había perdido observando a un soldado del Loto Rojo que había golpeado con una roca, el cuerpo del soldado se había desplomado manteniendo piernas y brazos completamente rígidos en una posición que evidenciaba la tensión en sus músculos antes de empezar a convulsionarse violentamente.
- ¡Esto es una locura! - Bolin gritó desesperado forzando cada uno de sus movimientos, debía continuar, sus ojos comenzaron a nublarse por las lágrimas que se negaba a dejar caer, todo aquello era una pesadilla.
- ¡Sigue peleando chico! - Lin lo alentó de lejos mientras se ocupaba de sus propios problemas, un par de maestros fuego y dos no-maestros que se negaban a permitirle volver a atacar a P'li.
- Nos superan en número Balin, solo tenemos que aguantar hasta que Kuvira nos alcance. - Alfa volvió a acercarse a él, reconocía la mirada en el rostro del chico, habiendo nacido y crecido como rebelde, Alfa estaba familiarizada con el rostro de la desesperación, sabía bien cómo lucía una persona antes de colapsar bajo la adversidad que la rodeaba, era el mismo rostro que tantas veces reconoció en sus víctimas después de torturarlas física y mentalmente.
- Quédate a mi lado Balin. - Le ordenó impidiendo que la preocupación que sentía por él se filtrara en su voz, tal vez jamás podría compensar el daño que había causado durante tantos años de su vida, no esperaba ser perdonada por la gente de los asentamientos, gracias a la Guerrera del Sur había logrado ver su error y ahora lo menos que podía hacer era apoyar a sus aliados más vulnerables e intentar ayudarlos a sobrevivir la cruda realidad de una batalla fría y exigente.
- ¡¿Qué demonios hacen?! - P'li maldijo sin perder de vista la figura de Asami Sato, no estaba segura de poder explicar lo que era, pero había algo en aquella mujer que le helaba la sangre, algo no estaba bien con ella, la manera en que se movía y avanzaba entre sus soldados, era como si se encontrara siguiendo las huellas de un destino grabado en piedra, daba la impresión de que no existiera nada capaz de detenerla y P'li se negaba a considerar caer en sus manos, Asami era la líder de un asentamiento, una persona inferior que no debía tener el poder y el respeto que poseía en esos momentos. - ¡Mátenla! - Gruñó. - ¡Maten a Asami Sato! - Ordenó señalando con el dedo índice de su mano derecha.
Una mirada bastó para que Asami se percatara de la desesperación que residía en el corazón de la líder del Loto Rojo, el miedo en su voz era inconfundible pero la ojiverde no encontró placer en su sonido, lejos de eso solo la hizo enfurecer aún más, P'li se había atrevido a destrozar su pueblo, el pueblo por el que su gente había trabajado tanto ¿Y para qué? P'li vivía bajo los principios del Loto Rojo y destruía todo cuanto podía con el objetivo de propagar el caos en el mundo, sus motivos carecían de sentido y propósito.
El hogar de sus pobladores había sufrido en vano, P'li no era una líder digna de respeto, se escondía detrás de su ejército a pesar de ya haber decidido morir en batalla y se complacía lastimando a gente que no la tenía en la mira, por más que lo intentaba Carmín no era capaz de ignorar semejante falta de principios y liderazgo, su mente estaba convencida de que P'li era un obstáculo para un mundo herido que luchaba por renacer de las cenizas y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para quitarla del camino.
- ¡Protejan a Carmín! - Verdugo ordenó casi de inmediato, la orden de P'li había detonado un cambio en la actitud de los soldados del Loto Rojo que se encontraban más cerca de la ojiverde, la pelea ya era pesada debido a la desigualdad de números en la zona en la que se encontraban, a penas lograban protegerse a sí mismos pero él y los demás aliados consideraban que la seguridad de Carmín venía antes que la de ellos y hacían todo lo que podían por respaldarla.
- ¡Están demasiado concentrados en un solo lugar! - Asami alertó sin ignorar el motivo de la formación que el Loto Rojo estaba adoptando a su alrededor. - ¡Maestros tierra apoyen con barreras! - Gritó y al poco tiempo emergieron varias paredes rocosas que cortaron el tumulto de los soldados del Loto Rojo.
- ¡Bolin! Acomoda tus ideas y ayúdame a cuidar a tu hermano. - Lin gritó tras notar de reojo al joven maestro tierra de pie en el medio del campo de batalla sin hacer nada, Alfa escuchó a Lin y volteó a ver al joven, ella estaba situada más cerca de él así que con esfuerzo y gran habilidad se dispuso a quitar del camino dos soldados del Loto Rojo, un maestro fuego y un no-maestro.
- ¡Reacciona Balin! - Abrió ampliamente la palma de su mano y la dejó caer con todo el peso e impulso que pudo ejercer con el brazo, el rostro de Bolin giró siguiendo la dirección de la bofetada, sus piernas cedieron al golpe y pronto cayó de espaldas contra el suelo, sus ojos reflejaron una profunda sorpresa, la mejilla comenzó a palpitarle y a calentarse sobre el área que había recibido el golpe que casi lo hace perder el conocimiento.
- ¡Tienes que ayudarnos a cuidar a Carmín y a tu hermano! - Alfa señaló en dirección a P'li en dónde se aglomeraba un grupo de soldados del Loto Rojo y entre los cuales se encontraban atrapados Carmín, Mako y algunos de los rebeldes de Ba Sing Se.
- ¡Maestros agua apoyen en la costa! - Kuvira llamó por la radio. - ¡Vamos Bolin! ¿Qué haces en el suelo? - Le ofreció una mano al joven y lo ayudó a ponerse de pie sin esperar respuesta alguna, había llegado acompañada de Suyin y diez peleadores más, el campo de batalla se mostraba equitativamente disperso en todos lados menos alrededor de P'li y Asami, Kuvira conocía al Loto Rojo y presentía que P'li pretendía escapar e intentaría terminar con Asami antes de hacerlo para así quitarle fuerza a la alianza.
- No saldrás de aquí con vida… - Murmuró sin la intención de ser escuchada, estaba decidida a mermar los objetivos de la líder del Loto Rojo y terminar con ella y su ejército en ese mismo lugar. - ¡La mitad refuerce costa adentro y la otra mitad con nosotros! - Le señaló a los maestros agua que llegaban del mar.
- ¡Kuvira tenemos que separar al Loto Rojo para ayudar a los rebeldes! - Lin le indicó sin dejar de levantar barreras que bloqueaban los ataques del enemigo. Kuvira asintió con la cabeza y se unió a ella, los maestros agua que hasta el momento habían estado en el mar ahora ayudaban a equilibrar la balanza a favor de la alianza y obligaban a los soldados del Loto Rojo a enfrentarlos y alejarse de Carmín y los suyos.
##45##
Korra volaba a escasos metros del avión, le faltaba poco para alcanzarlo pero no podía mentirse a sí misma pensando que sería tarea fácil ponerle las manos encima, incluso en estado Avatar podía sentir el agotamiento de sus músculos, los aviones le habían exigido usar una gran cantidad de energía en poco tiempo, se sentía al límite de su resistencia, estaba claro que rendirse no era una opción, pero necesitaba un descanso, un tiempo para bajar la intensidad de su actividad física y así brindarle a su cuerpo la oportunidad de recuperarse un poco.
- Casi te tengo... - Jadeó manteniendo el mismo ritmo de vuelo, la costa estaba cerca, ya no quedaba mucho tiempo. Cerrando los ojos se concentró e implementó fuego control para ganar impulso y aceleración, el fuego salió por sus pies, su velocidad incrementó y la distancia entre ella y el avión comenzó a reducirse notoriamente.
En el suelo algunos soldados alzaron la mirada en el mismo instante en que sus oídos captaron el sonido de los motores del avión, la máquina volaba hacia ellos dejando una preocupante estela de humo negro a su paso, se le notaba en mal estado y a medida que se acercaba más la gente fue capaz de notar a la joven Avatar volando peligrosamente cerca de él.
- ¡Están acabados! ¡Todos moriremos en esta maldita costa! - P'li celebró, Asami afilo la mirada, escuchaba el avión pero no podía perder la concentración y no podía apartar sus ojos del campo de batalla, Mako se encontraba a un par de metros de ella al igual que otros tantos gladiadores rebeldes, ellos le habían ayudado a disminuir la presión de los ataques del Loto Rojo, les faltaba poco para alcanzar P'li, tal vez diez o quince metros que bien podrían aumentar en caso de cometer algún error en su ofensiva porque el Loto Rojo estaba invirtiendo toda su energía en la protección de su líder.
- ¡Te tengo! - Korra celebró después de aferrar su mano derecha a la deriva del avión, lo había alcanzado, estirando su brazo izquierdo logró sujetar ambas manos a la aeronave y con gran esfuerzo jaló el resto de su cuerpo, apoyó sus pies sobre el fuselaje y los fijó con metal-control para evitar resbalar o caer a causa del viento.
Dentro de la cabina, el piloto sudaba profusamente, para él no había alternativas, moriría de una manera o de otra, a manos del Avatar, por falla del sistema o por falta de combustible, vivir no estaba entre sus opciones, su muerte era algo que había aceptado desde el momento del despegue, lo que lo hacía preocupar era la posibilidad de morir antes de lograr brindarle un final digno a todos los hombres y mujeres del Loto Rojo que continuaban peleando en la costa.
Korra intentaba caminar sobre el avión cuándo percibió que comenzaban a perder altura, instintivamente inspeccionó el territorio que sobrevolaban, un escalofrío le subió por la espalda al notar la cercanía que había entre ellos y la zona de batalla, nadie se lo había confirmado hasta el momento, pero tenía el claro presentimiento de que el piloto tenía planeado atacar la costa y arrasar con el ejército aliado.
El familiar sonido de las detonaciones de bala activó la reacción de la joven morena quién rápido extendió sus brazos hacia el frente del avión en dónde sabía que se originaban los disparos, sus pies percibieron que ahí había una especie de arma de fuego automática, la lógica era simple, no necesitó pensar demasiado, cerrando los puños se aseguró de aplastar el dispositivo, las balas dejaron de salir dando paso a un breve silencio, Korra exhalo pesadamente y apoyó sus rodillas sobre el avión, su cuerpo no podía más, se sentía agotada.
El piloto maldijo e intentó disparar un par de veces más sin obtener resultado, sus controles y todo dentro de la cabina parpadeaba con todo tipo de alertas que le avisaban de las fallas en la maquinaria, nada que él no supiera o pudiera deducir, el avión estaba a punto de colapsar, había alcanzado a llevarlo a su destino, ahora solo debía presionar un botón y su destino se habría cumplido.
El metal control de la morena percibió el movimiento de una escotilla inferior en el avión, Korra arrugó las cejas y se concentró en el movimiento, no le resultó difícil adivinar de qué se trataba, en cuándo la bomba se desenganchó y comenzó a caer Korra la atrapó con sus poderes y la devolvió enseguida sin tomarse el tiempo de pensar en las consecuencias que eso le traería.
La cercanía de la explosión hizo que se percibiera como la más fuerte que habían escuchado hasta el momento, varios soldados se vieron forzados a escapar de trozos de metal envueltos en fuego que cayeron sobre la costa, afortunadamente para ellos la mayor parte del avión se precipitó en dirección a la jungla y no tuvieron que preocuparse por alejarse del choque.
- No... - P'li murmuró observando al avión desaparecer entre los árboles. - ¡No! - Gritó enfurecida. - ¡No! - Rugió liberando una voluminosa llamarada que obligó a varios de sus soldados a apartarse, el pequeño camino que apareció no fue ignorado por la líder de la alianza, P'li mantuvo el ceño fruncido con los ojos anclados sobre la ojiverde quien ahora avanzaba con libertad hacia ella.
- ¡Asami no! - Gritó Mako notando que la distancia entre cualquiera de los aliados y su líder se volvía demasiado amplia para poder apoyarla eficientemente.
- "¡Cayó hacia el agua!" – Se escuchó la voz de uno de los maestros agua que montaba guardia en el mar.
- "¡Estamos por llegar! ¿En dónde necesitan refuerzos?" - Preguntó Tenzin por la radio.
- "¡Tenzin, al centro! Nosotros nos ocupamos de P'li, ustedes respalden a los demás" - Kuvira respondió. - "¡Maestros agua de la guardia, vayan y búsquenla!" - Concluyó volviendo su atención a la batalla.
La respiración de P'li era pesada y profunda asemejándose al jadeo de una bestia agitada, sus ojos no perdían de vista a la guerrera cuyas manos y ropas se encontraban empapadas en sangre del Loto Rojo, un repentino escalofrío le bajó por la espalda, la mirada de Sato no reflejaba brillo alguno, su presencia era más fuerte de lo que recordaba, la mujer que tenía delante no demostraba tener ningún temor asemejándose más a un espíritu enfurecido que a una persona.
- Pensé que te habías acobardado y que habías dejado todo en manos de Kuvira. - Intentó dialogar con la líder de la alianza, no sabía por qué motivo pero sentía que necesitaba escuchar su voz para confirmar que se trataba de una persona y no de una extraña manifestación que por alguna razón la atormentaba desde que iniciaron las irregularidades en el Antiguo Reino Fuego cuándo cerca de la mitad de su gente se reveló en su contra.
Asami exhalo pesadamente, había muchas ideas hirviendo en lo más profundo de su mente, ideas que ayudaban a alimentar su ira pero que evitaban tomar forma para no distraerla de su misión. La destrucción de su pueblo, la pérdida de vidas en el campo de batalla y la reciente explosión del avión que podía haber lesionado o herido a su amada morena, aunque estaba consciente de todo ello no se permitía pensar al respecto, la seguridad de toda la alianza dependía de ella ahora que tenía a P'li al alcance de su mano.
- Pero al parecer tienes más agallas que todo tu ejército junto. - P'li sonrió. - Admirable en verdad. - Se preparó apretando los puños y adoptando una posición de pelea, Asami continuaba avanzando a paso rápido y decidido, se notaba que no tenía intención de dialogar o hacer ningún comentario, el filo de sus dagas se iluminaba cada vez que un maestro fuego lanzaba algún ataque cerca de ellas, P'li arrugó las cejas y cerró los ojos durante una fracción de segundo, aquellas dagas pondrían el punto final de su destino, lo presentía, ya había presenciado el inicio de la caída del Loto Rojo cuándo contempló a sus rebeldes matarse mutuamente en el corazón de su territorio después de que el Avatar lograran escapar, suspiró, esta era la continuación de aquel desafortunado desenlace.
- ¿No has considerado unirte al Loto Rojo? - P'li se burló abriendo los ojos de golpe y lanzando un par de explosiones que Asami esquivó con movimientos rápidos, P'li continuó sus ataques siguiendo la escurridiza figura de Asami sin poder alcanzarla, la joven se ayudaba escondiéndose detrás de las barreras de roca que había esparcidas a su alrededor mientras su atacante se esforzaba por encontrar su posición e intentaba forzarla a salir lanzando múltiples explosiones cerca de los lugares en donde la perdía de vista.
- ¡Tenemos que abrir paso! ¡Asami está demasiado lejos! - Mako le indicó a Verdugo por ser quién se encontraba más cerca de él.
- ¡Maldita Sea! - Verdugo dijo para sí mismo evadiendo una patada, Carmín se había alejado considerablemente, entre ellos y su líder debía haber una distancia de diez metros, lo que se traducía a un par de docenas de soldados del Loto Rojo que les impedían el paso hacia ella. - ¡Necesitamos un maestro tierra! - Gritó hacia atrás para que los otros aliados pasaran el mensaje mientras él luchaba contra dos maestros fuego.
- ¡Yo iré! - Anunciaron las hermanas Beifong al mismo tiempo, Kuvira las vio y negó con la cabeza.
- No, las dos saben dirigir muy bien a los demás maestros tierra, las necesito aquí para que continúen organizando la defensa de nuestros hombres. - Kuvira suspiró. - Iré yo. - Concluyó.
- No, iré yo. - Bolin se acercó por detrás. - Tú también ayudas a mantener el orden, yo puedo entrar y ayudar. - Anunció.
- ¿Seguro? - Kuvira dudó sin poder ignorar el recuerdo de la expresión en el rostro del chico cuándo se lo encontró tumbado en el suelo, era claro que se encontraba horrorizado por la situación y no consideraba que fuera capaz de ayudar eficientemente al centro de la pelea en dónde el Loto Rojo estaba oponiendo más resistencia.
- Es mi hermano, no puedo abandonarlo. - Bolin intentó convencer a la líder pero sus palabras no parecieron suavizar el juicio que ella ya había hecho sobre él.
- ¡Yo iré contigo amigo Balin! - Alfa le golpeó la espalda con fuerza. - Tranquila Kuvira, este chico tiene la habilidad suficiente, yo me encargaré de que su mente no se quede en blanco. - Aseguró con una pequeña sonrisa llena de seguridad. Kuvira miró a la sudorosa y ensangrentada líder rebelde, conocía la reputación de Alfa, una guerrera sumamente experimentada en batalla, una persona de la que no podía dudar, y si Alfa ya estaba dispuesta a lidiar con las inseguridades y temores de Bolin, Kuvira no podía hacer más que confiar en ella y su extensa experiencia.
- Adelante. - Accedió asintiendo con la cabeza. - Yo los impulsaré, Bolin debes cuidarte de posibles proyectiles y asegurarte de suavizar el aterrizaje. - Kuvira les advirtió.
- ¡Listos! - Alfa sujetó a Bolin por la cintura y lo pegó a ella preparándose para ser catapultada.
- ¡Espera! - Bolín gritó, su voz aumentó de tono al momento de ser lanzado por los aires sin la oportunidad de completar su petición, Kuvira debió apresurarse por culpa del ataque de un maestro tierra del Loto Rojo que intentaba alcanzarla.
- "¡La encontramos!" - Transmitieron los maestros agua. - "No parece tener lesiones graves pero está inconsciente" – La radio cayó en silencio por un par de segundos, Kuvira había alcanzado a escuchar el mensaje pero aún no lograba encontrar la oportunidad de tomar el aparato y llevárselo a los labios para emitir su respuesta.
- "Manténganla a salvo hasta que recupere la conciencia" – Al fin respondió entre jadeos. - ¡Mantén tu maldita distancia! - Gruñó cuándo una roca le rozó la mejilla derecha, claro estaba que no iba a perdonar semejante ofensa, mostrando gran habilidad y fluidez en sus movimientos volvió a enganchar la radio a su cinturón y se echó hacia adelante lanzando rocas puntiagudas que seguían el movimiento de cada golpe y patada que marcaba en su avance.
- ¡No sabes controlar tus poderes! – Rió - ¿Pero qué se podía esperar de una traidora? – Terminó de burlarse el soldado del Loto Rojo quién no había sido impactado por ninguna de las rocas de la líder rebelde.
Kuvira sonrió de lado, sus rocas no habían alcanzado al maestro tierra pero si se habían incrustado en el cuerpo de otros soldados del Loto Rojo que se encontraban más allá de él, aún así había forzado al maestro tierra a retroceder y a adoptar una posición defensiva. - Hablas mucho. – Kuvira afilo la mirada, el maestro tierra debió retroceder una vez más para evitar ser golpeado y en ese mismo instante una enorme púa de roca emergió detrás de él y le perforó la espalda hasta salirle por el pecho, Kuvira no se detuvo a contemplar las consecuencias de sus actos, sabía que el maestro tierra estaba acabado así que se movió hacia su siguiente objetivo.
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- Ugh... - Korra se quejó por el dolor general que le invadía el cuerpo, sus ojos se abrieron lenta y pausadamente pues inclusive ese pequeño movimiento parecía exigirle más energía de la que tenía en su reserva, a su alrededor había tres maestros agua, dos de ellos atendían sus heridas y el tercero se encargaba de navegar la balsa de hielo sobre la que se encontraba recostada.
- ¿Qué está pasando? - Preguntó dirigiendo la mano derecha hacia su cabeza, los maestros agua la miraron con preocupación, Korra lucía desorientada e ignorante de lo que estaban viviendo en esos momentos.
- Debió golpearse la cabeza al caer. - Teorizó la joven maestra agua que se mantenía de rodillas a la derecha del Avatar.
- No... - Korra bufó e intentó moverse pero se detuvo a causa del agotamiento y entumecimiento de sus extremidades. - Tengo que volver... - Pronunció sin tener muy claro el significado de sus palabras. Se sentía aturdida, mareada y fuera de lugar, a pesar de eso su sentido de responsabilidad se mantenía alerta y funcionando, la impulsaba a querer volver a terminar lo que había iniciado aunque no estuviera segura de qué se trataba.
El viento comenzó a soplar en forma de una suave brisa apenas perceptible, el mar, que antes se mecía perezoso, de pronto iba y venía con más energía, la temperatura bajó un par de grados y en el horizonte se apreciaba el brillo de relámpagos que ayudaban a revelar la presencia de las densas nubes que los portaban, un cambio repentino e inesperado, pero poco preocupante para las personas que luchaban por conservar sus vidas en el medio de la guerra.
Korra liberó un pequeño gemido luego de moverse pero logró enderezarse lo suficiente para mantenerse sentada con el peso de su cuerpo apoyado sobre sus brazos, alzando la mirada dio la impresión de buscar algo en el cielo, la repentina tormenta inquietaba sus sentidos, el aire estaba cargado de una energía extrañamente familiar que usualmente no detonaría ninguna alerta en la cabeza de la joven morena pero que ahora lograba erizarle el vello de la nuca.
- Algo no está bien. - Continuó inspeccionando el horizonte, los maestros agua la observaban sin saber qué hacer, a su parecer la joven Avatar estaba alucinando a causa de la caída que había sufrido, como maestros agua sabían que incluso si la joven morena había caído al mar, la tensión de la superficie del agua podría haberla lastimado dependiendo de la velocidad que había alcanzado antes de golpearla.
- Será mejor que te recuestes. - Le aconsejó el viejo maestro agua que se mantenía arrodillado del lado izquierdo de la morena.
- No. - Korra arrugó las cejas y continuó su búsqueda, lo único que sus ojos ubicaban eran las nubes, los relámpagos, la luna, estrellas y... - El portal espiritual. - Murmuró con temor cuándo al fin divisó la columna de humo negro que subía desde algún lugar entre la jungla. - El avión cayó en la jungla... - Quiso apresurarse a levantarse pero sus piernas se tambalearon y volvió a caer en el mismo lugar.
- Tu cuerpo está agotado, será mejor que intentes descansar un poco. - La chica insistió tímidamente, Korra la miró y negó con la cabeza.
- Algo está pasando con los espíritus. – Les advirtió, los maestros agua se miraron entre sí y volvieron la mirada hacia la luz del portal espiritual, a simple vista no había nada inusual en él así que volvieron sus miradas hacia Korra quién ya había logrado ponerse en cuclillas, el viento arreciaba arrastrando a las nubes con él, el mar creaba olas cada vez más notorias y el aroma a tierra mojada llenaba el ambiente.
- Son los espíritus. - Korra explicó tras notar la confusión en el rostro de los maestros agua. - Algo no anda bien, debemos volver a la costa. - Pronunció más como una orden que una sugerencia, esta vez los maestros agua no dudaron de su juicio y optaron por obedecer, los tres se dispusieron a ayudar a mover la balsa para ayudar a ganar más velocidad sobre el agua.
Korra batallaba para mantener el equilibrio sobre la balsa en movimiento, su debilitado cuerpo quería ceder bajo la inercia del vaivén del mar y los saltos que hacían sobre las olas. Con gran frustración se observó las manos, el temblor de sus dedos era notorio a simple vista, aún si le restaba importancia a las heridas que mostraba en la piel, Korra sabía que el temblor provenía del agotamiento que se había anidado en cada rincón de su cuerpo, sabía que había alcanzado su límite pero estaba decidida a ir más allá con tal de asegurar el futuro de su gente, aguanta un poco más, se repetía mentalmente.
Sus pensamientos aún se encontraban un poco revueltos pero al menos ahora recordaba lo ocurrido, instantes antes de la explosión ella había logrado protegerse cubriéndose con metal del mismo avión, claro estaba que no había logrado salir completamente ilesa de aquel evento, había sufrido leves quemaduras, raspones y cortes en la piel, los maestros agua le habían ayudado a sanar y le habían calmado mucho el dolor pero Korra no ignoraba la gravedad de la situación, un segundo más en su tiempo de reacción habría supuesto la diferencia entre la vida y la muerte y entonces sus aliados se habrían quedado sin Avatar para apoyarlos.
- Vamos… - Murmuró cerrando su mano derecha en un firme puño que debió apretar con fuerza para lograr neutralizar el temblor que la invadía – Solo un poco más... – Exhalo lentamente y alzó la mirada hacia el cielo que se tornaba cada vez más obscuro.
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P'li gruñó enfurecida, Asami no se había molestado en responder a ninguna de sus provocaciones, aquella mujer no mostraba ninguna expresión especial en el rostro más allá del brillo asesino que había en sus ojos, la sombra de aquel cuerpo parecía fusionarse con la oscuridad en dónde se movía sin ser vista o escuchada, P'li lanzaba explosiones a todo lo que se moviera cerca de ella, sus soldados se vieron forzados a alejarse, pero lejos de ver eso como un problema, P'li sintió que la distancia era una ventaja porque así podía distinguir mejor a su objetivo.
Asami no se dejó distraer por el sudor que la bajaba por la frente, P'li no le había otorgado descanso alguno, sus constantes llamaradas y explosiones emanaban hondas de calor intenso que la ojiverde debía soportar, respirar se volvía complicado cuándo el aire alrededor se calentaba demasiado. La desesperación de P'li era evidente, el miedo que se apoderaba de ella era tal que le impedía ver que los soldados que había forzado a tomar distancia en realidad tenían la intención de ayudarla y que al alejarlos solo lograba proteger a Asami de un ataque en grupo.
El viento se arremolinaba alrededor de la batalla trayendo consigo el aroma de la lluvia que aún se guardaba en las negras nubes que volaban por encima de la costa, los relámpagos iluminaban todo con una cegadora luz blanca y después daban lugar a truenos ensordecedores, la tormenta los había alcanzado velozmente opacando por completo la luz de la luna y las estrellas, los ataques de los maestros fuego era lo único que traía un poco de claridad al campo de batalla, los guerreros debían forzar la mirada para distinguir entre amigos y enemigos en el medio del caos que poco a poco comenzaba a favorecer a la alianza más que al Loto Rojo.
- ¡Deja de esconderte! - P'li maldijo mirando de izquierda a derecha sin poder ubicar a su oponente.
Asami jadeaba intentando recobrar el aliento, un pilar de roca le servía de escondite, hasta el momento no había logrado acercarse lo suficiente para atacar a P'li, bajando la mirada contempló el guante que llevaba en la mano derecha, solo necesitaba tocarla una vez, solo eso bastaría para neutralizarla y después podría acabar con ella.
Mirando a su alrededor analizó el terreno e intentó idear un plan que le permitiera acercarse, además de los pilares de roca no había más, bajando la mirada contempló la radio que le colgaba del cinturón, estaba apagada, lo había estado desde que se infiltraron en las filas enemigas, usarlo ahora no tendría sentido, su gente ya estaba haciendo lo posible por alcanzarla y no había tiempo que perder, los soldados del Loto Rojo que no le quitaban la mirada de encima solo estaban esperando el tiempo oportuno para ayudar a su líder a escapar, la ojiverde deducía que así era porque aquellas personas no se mostraban interesados en otra cosa que no fuera proteger a P'li.
Manteniendo la mirada baja notó la presencia de una roca del tamaño de la palma de su mano y de peso moderado, suspiró, la idea que le vino a la mente era demasiado simple, pero por más que pensaba no se le ocurría otra cosa así que se convenció a sí misma esperando que la paranoia de P'li fuera suficiente para poner su plan en marcha. - Por favor funciona... - Murmuró con los ojos cerrados y la roca firmemente sujeta cerca de su pecho, solo necesitaba unos segundos de distracción para poder entrar a una distancia de pelea cuerpo a cuerpo, solo eso hacía falta, intentaba imaginarlo como un objetivo poco ambicioso y fácil de obtener.
Exhalando suavemente liberó la tensión de sus hombros y de un movimiento aventó la roca lo más lejos que pudo dentro del rango de aislamiento que P'li había creado entre ellas y sus soldados.
Contra toda la lógica de su manera de pensar, Asami observó la manera en que el sonido del impacto detonó una reacción inmediata por parte de la Líder del Loto Rojo quién girando la cabeza comenzó a lanzar múltiples explosiones en esa dirección levantando arena y fragmentos de roca por los aires, por su parte, la ojiverde tampoco demoró en permitir que su cuerpo se moviera hacia la líder del Loto Rojo en cuánto esta apartó la mirada de su dirección, el mismo sonido de las explosiones ayudó a cubrir los cuidadosos pasos de la asesina que se acercaba velozmente por la derecha.
P'li gruñó molesta y lanzó un par de llamaradas para iluminarse y ver si había logrado lastimar a la líder de la alianza, fue entonces que percibió la presencia de la persona que se aproximaba a ella, su cabeza giró justo a tiempo para alcanzar a ver y esquivar la mano que pretendía tocarle la espalda con aquel peligroso guante eléctrico.
- ¿Qué pasó con tus rayos? - P'li se burló después de adoptar una posición más cómoda para ella de frente a su atacante, Asami no respondió y continuó buscando proximidad con cada uno de sus movimientos, P'li bloqueó y desvió un par de golpes y patadas poniendo cuidado de no ser alcanzada por las dagas o el guante, a pesar de la falta de control mental que tenía sobre sí misma en ese momento, P'li demostraba sus grandes habilidades de combate igualando el ritmo de pelea de la ojiverde y obligándola a continuar haciendo ataques consecutivos para impedir que pudiera concentrarse en generar una explosión con su mente. - Si hubieras lanzado un rayo habrías terminado conmigo... – La líder del Loto Rojo pensaba en voz alta sobre un hecho que había ignorado hasta el momento.
- Ya no tienes fuego-control. - Concluyó con cierta confusión, Asami continuó sin prestarle atención a las palabras que le eran dirigidas, la pérdida de su fuego control no era nuevo para ella y poco importaba si su enemigo estaba al tanto o no, lo único que contaba era que se encontraba a poco de despojar al Loto Rojo de su líder y no iba a detenerse hasta lograrlo.
P'li debía desviar todos los golpes de la ojiverde, simplemente no podía recibir ninguno de ellos porque la daga se incrustaría antes de que el puño la alcanzara, movía su cabeza de izquierda a derecha quitándose del camino al tiempo que usaba sus brazos para abrir o cerrar los golpes de Asami, P'li hacía uso del conocimiento que había adquirido durante sus entrenamientos en el Loto Rojo, conocimiento que pensó que nunca usaría después de haber desarrollado la habilidad de generar explosiones con la mente, su caso era único, fue gracias a esa habilidad que logró convertirse en líder, en aquel tiempo su señora, la Líder del Loto Rojo, Azula, vio un gran potencial en ella y se tomó la molestia de entrenarla personalmente para pulir su poder.
"Serás invencible"
Le aseguraba con toda la confianza y convencimiento que una persona pudiera llegar a demostrar en su vida, porque era verdad, debía ser verdad, sus poderes no tenían comparación, su líder no le había mentido y se negaba a creer que aquella imponente y experimentada mujer pudiera llegar a equivocarse.
- ¡Maldita Seas! – Exhalo una llamarada que le ayudó a abrir un metro de distancia entre ella y la ojiverde, distancia que le bastaba para lanzar una explosión, al disiparse el fuego que había exhalado sus ojos se fijaron sobre su oponente quién ya buscaba recuperar terreno.
El aire a su alrededor se calentó, Asami notó el cambió y se lanzó hacia un lado en el mismo instante en que la explosión golpeaba el suelo bajo sus pies, arena y fragmentos de roca volvieron a volar en todas direcciones, P'li se cubrió el rostro con los antebrazos, la ojiverde aprovechó esto e intentó acercarse de nuevo, pero a penas bajó la guardia P'li lanzó otro ataque que Asami debió esquivar sacrificando otro metro más de distancia.
- ¡Te voy a hacer pedazos! – La líder del Loto Rojo renegó lanzando una explosión más detrás de la silueta de la mujer que continuaba esquivando sus ataques, no le importaba si sus explosiones detonaban a poca distancia de ella, resultar herida por sus propios ataques era mejor que morir a manos de la líder de la alianza, si la guerra ya estaba perdida lo menos que podía hacer era asesinar a la líder de todas aquellas personas que se habían atrevido a desafiar su poder para seguir al Avatar.
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La balsa llegó a la orilla, los maestros agua la habían impulsado lo suficiente para posarla sobre la arena y evitar que las olas la movieran, todo con el fin de ayudar a la debilitada Avatar a ponerse de pie, Korra continuaba en cuclillas, mantenía los ojos cerrados y moderaba su respiración, buscaba encontrar el equilibrio a través de la meditación, sabía que enfocando su mente lograría vencer el cansancio de su cuerpo lo suficiente para continuar peleando.
- Avatar… - Murmuró la maestra agua después de un par de minutos de haber llegado a la playa y ver que la joven morena no cambiaba de posición.
- Solo un momento más… - Korra respondió con voz serena sin la necesidad de interrumpir su meditación.
Los maestros agua miraban costa adentro contemplando a sus aliados luchando contra el Loto Rojo, debía de haber cerca de cuarenta metros de distancia entre ellos por lo que no corrían peligro de ser atacados, pero eso no los hacía bajar la guardia, permanecían atentos, listos para proteger a la joven Avatar de cualquiera que se atreviera a intentar lastimarla.
El viento arreciaba cada vez más sacudiendo a todos los que se encontraban en su camino, el mar saltaba violentamente y la lluvia comenzó a caer después del poderoso estruendo de un rayo que pareció partir el cielo en dos, pesadas y frías gotas de agua empaparon todo a su paso en cuestión de segundos trayendo consigo una significativa ventaja para los maestros agua que luchaban en la guerra.
- ¡Por todos los espíritus! ¡¿Qué es eso?! – Se escucharon gritos costa adentro.
- ¡¿Qué demonios es eso?! – Las voces venían de los guerreros que se encontraban más allá de la guardia especial de P'li.
- ¡Todos hacia atrás! – Ordenaban unos soldados.
- ¡Ayuda! ¡Está bajo mi piel! – Gritos desesperados comenzaron a distinguirse entre los gruñidos de la guerra y el sonido de la lluvia.
- ¡¿Qué está pasando?! – Muchos preguntaban asustados.
Korra alzó la cabeza de golpe enfocando la mirada sobre el origen del disturbio, sus ojos se abrieron de par en par al ubicar la figura de una criatura desconocida en el medio del campo de batalla.
- ¿Qué diablos es eso? – Preguntó uno de los maestros agua que la acompañaban, la criatura medía cerca de seis metros de altura, de cuerpo obscuro, emitía una tenue luz violeta que delineaba el contorno de su figura ayudando a definirlo como una especie de ave con grandes alas, de cola larga y ojos profundos que irradiaban un poderoso brillo amarillento difícil de ignorar.
La joven Avatar arrugó la frente observando a la bestia lanzando ataques en todas direcciones, batía sus alas generando potentes ráfagas de viento que mandaban a los soldados a volar, usaba su cola como látigo e incluso usaba el pico para lastimar a todo el que tuviera cerca. – Espíritus… - Murmuró, cerró los ojos y exhalo lentamente. – No se acerquen. – Advirtió y se puso de pie, el estado Avatar bastaba para superar cualquier límite, podría seguir peleando, pensaba a medida que se deslizaba velozmente sobre una pista de hielo que creaba con ayuda del agua de la lluvia.
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Parecía que Asami comenzaba a cansarse, P'li sonrió de lado notando el momento en que la líder de la alianza perdía el equilibrio tras resbalar con un charco de agua, la oportunidad no fue pasada por alto, P'li golpeo el rostro de Asami con fuerza haciéndola caer sobre el suelo, se encontraba a punto de rematarla cuándo la hábil guerrera se llevó las rodillas al pecho y giró hacia atrás sobre su espalda, aterrizó en cuclillas y se impulsó hacia el frente con la mano derecha extendida, todo ocurrió en una fracción de segundo, P'li a penas intentó generar una explosión cuándo el guante le cubrió el rostro y una potente descarga eléctrica le sacudió el cuerpo violentamente.
- ¡No! – Gritaron los soldados que las rodeaban emprendiendo una carrera desesperada por salvar a su líder.
Asami apretó su agarre sobre el rostro de P'li manteniendo la descarga activa, y mientras su víctima continuaba temblando preparó la mano izquierda, al cesar el castigo eléctrico arremetió con la daga incrustándola en la boca del estómago de la líder del Loto Rojo, los ojos verdes de Carmín contemplaron la expresión en el rostro de su enemiga, mirada perdida y mandíbula suelta, lucía derrotada, la descarga por sí misma la había puesto fuera de combate y la puñalada aseguraba que su recuperación no fuera posible, pero no era suficiente, la ojiverde debía asegurarse de que aquella mujer desapareciera para siempre así que repitió el mismo movimiento un par de veces más clavando la daga alrededor de la misma área.
- No necesitamos de ti o de tu gente. – Asami pronunció fríamente antes de permitir que el cuerpo de la derrotada líder del Loto Rojo cayera hacia atrás sobre un charco de sangre y agua, el sonido de la lluvia llenó sus tímpanos y enmudeció el resto de los sonidos que había a su alrededor, lo había logrado, había derrotado a la líder de la organización responsable de la mayoría del sufrimiento que había en el mundo, su muerte no le había causado placer pero si le traía un poco de tranquilidad.
- ¡Maldita! – Gritó el primer soldado que la alcanzó, armado con una lanza de roca pretendió atravesarla con un ataque frontal que para su sorpresa fue esquivado con facilidad, Asami utilizó la lanza para jalar a su oponente cerca de ella y atravesarle el hombro antes de cortarle la garganta y dejarlo caer a un lado del cuerpo de su líder.
- ¡Ataquen! ¡No le tengan miedo! – Gruñó otro soldado que veía cómo el resto de sus compañeros frenaban sus ataques a causa del temor que aquella mujer sembraba en ellos.
Asami miró alrededor, estaba rodeada y superada en números, dudaba contar con la capacidad de superar semejante reto pero se sentía un poco más ligera al haber terminado con la amenaza principal, lo que sea que ocurriera después ya no sería tan relevante para el resultado de la guerra y la joven Sato se sentía satisfecha con eso.
- ¡De prisa! - Mako y los aliados persiguieron a los soldados del Loto Rojo que pretendían rodear a Asami, Bolin ayudó a bloquear a varios de ellos con ayuda de su tierra control.
- ¡P'li ha caído! - Comenzó a correrse la voz entre el Loto Rojo, los soldados buscaban encontrar una apertura para apoyar a su líder con la esperanza de encontrarla herida y salvarla de la muerte.
- ¡Aprovechen que nos dan la espalda! - Suyin ordenó partiendo una roca en pequeños pero afilados fragmentos que lanzó hacia las espaldas de los soldados del Loto Rojo, hombres y mujeres se desplomaron como piezas de dominó, el ataque era letal y muy efectivo, el resto de los soldados de la alianza lo notaron y tanto maestros agua como maestros tierra imitaron la técnica.
- "¡Necesitamos ayuda en el centro!" - Mako gritó por la radio que había llevado apagada desde que se infiltró en las filas enemigas, el Loto Rojo comenzaba a perder su formación, los soldados del Loto Rojo ya no sabían para dónde atacar o defender, algunos habían comenzado a rendirse, la muerte de su líder y la presencia de aquella extraña criatura era demasiado para ellos, pero los guerreros más peligrosos se negaban a aceptar su derrota y eran los que luchaban por vengar la muerte de P'li, los que aún buscaban derramar la sangre del enemigo por placer y por deber hacia el Loto Rojo.
A medida que el caos crecía Asami se veía más presionada por los soldados que habían superado su temor por la muerte, esquivar y bloquear ataques se volvía más complicado, a veces lograba desviarlos de manera que se golpearan entre sí, pero la presión aumentaba demasiado rápido, el peligro que la rodeaba crecía a cada segundo, sin importar cuán buena fuera peleando, Carmín sabía que se encontraba a punto de perder.
- ¡Asami! – Mako gritó desesperado e impotente, los soldados del Loto Rojo no dejaban de estorbar, la batalla estaba por terminar, habían ganado, el enemigo estaba derrotado, la última resistencia estaba ahí, alrededor de su amiga, cómo una broma de mal gusto la vida les daba a probar el sabor de la victoria antes de servirles un plato diferente, porque sin Asami las cosas no serían igual, todo cambiaría para él y para muchos otros más, incluyendo a Korra y a todos los líderes del pueblo en las ruinas de Ciudad República. – ¡Bolin abre paso! – Le ordenó a su hermano.
- ¡Espera! Todo aquí está demasiado apretado. – Bolin jadeaba y continuaba protegiendo a los aliados que peleaban a su lado.
- ¡Está bien amigo Balin! Ayuda a Carmín. – Dijo Alfa. – Nosotros podemos con este flanco. – Le aseguró, Bolin la vio a ella y a los otros guerreros, todos lucían exhaustos, algunos estaban heridos, pero todos peleaban con todo lo que su cuerpo y espíritu les permitía, ninguno se mostraba inseguro o arrepentido de estar ahí. - ¡Apresúrate! – Le ordenó Verdugo deteniendo el ataque de un soldado que corría directo al joven maestro tierra.
El miedo que los soldados enemigos sentían por ella le había servido como aliado para sobrevivir hasta el momento, las personas con miedo e inseguridades no logran moverse con la precisión necesaria para acertar un golpe, una patada o una puñalada, pero esta ventaja no la protegería para siempre, eventualmente los números ayudaron, Asami vio la punta de una estaca de roca saliendo por debajo de su clavícula izquierda, cerca del hombro, no hubo dolor, sabía que la adrenalina le impediría sentir las heridas por el momento, si quería sobrevivir no podía detenerse, había un maestro tierra atacándola y debía evitar sus ataques a toda costa.
- ¡Oh no! No escaparas. – Sonrió un hombre con un corte profundo en el rostro que le bajaba desde la frente, por la nariz y parte de la orilla de los labios, la pesada lluvia le lavaba la sangre y le ayudaba a ver, la herida había sido causada por la ojiverde, era grave, pero tanto él como la líder de la Alianza sabían que esto era el final, después de unos minutos todo acabaría y no habría nada más que hacer, la vida de Asami resultaba demasiado valiosa y atractiva para el enemigo, ambos entendían lo que estaba ocurriendo y cada quién interpretó su papel lo mejor que pudo, Asami intentó electrocutarlo pero él le incrustó una daga de plástico en el costado derecho por debajo de las costillas, Asami apretó los dientes con fuerza y gruñó, con la mano derecha tomó la mano del hombre y se aseguró de que la daga no fuera retirada al tiempo que liberaba una descarga eléctrica para neutralizar a su atacante.
- Tú tampoco. – Asami bufó y dejó caer el filo de su daga sobre el cuello del soldado que pronto comenzó a ahogarse con su propia sangre, él ya no era una amenaza, pero la joven líder sintió cómo las piernas empezaban a flaquearle, le faltaba la respiración, no podría aguantar mucho tiempo más, pensó notando que la idea no le atemorizaba, se encontraba dispuesta a pagar el precio que fuera necesario con tal de proteger a su gente y a sus seres queridos.
- ¡Asami! – Escuchó a Bolin, estaba cerca, los aliados estaban cerca, podía escucharlos pelear a pocos metros de ella, tal vez aún tenía la posibilidad de sobrevivir, se agachó esquivando una patada y se movió hacia la derecha para evitar un golpe, giró esquivando a una mujer que la atacó por detrás y echó la parte superior de su cuerpo hacia atrás para permitir el paso de una roca que iba dirigida hacia su cabeza, las ideas comenzaron a transitar a prisa por su mente, ya no había mucho que pudiera hacer, su cuerpo se movía siguiendo la reacción de sus reflejos, logró derribar a dos soldados más y fue salvada un par de veces gracias a la intervención de Bolin quién levantaba paredes de roca entre ella y los soldados del Loto Rojo.
Carmín intentó moverse una vez más pero sus piernas flaquearon, sin poder completar el movimiento su cuerpo cedió bajo su propio peso y sus rodillas tocaron el suelo, en ese mismo instante algo alcanzó a golpear la parte trasera de su cabeza, los ojos de la líder de la alianza desenfocaron todo lo que había a su alrededor mientras sus pensamientos la llevaron a ver el cálido rostro de su mujer.
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- ¡Todos atrás! – Korra utilizó la lluvia para empujar a los hombres y mujeres que había en el campo de batalla sin hacer distinciones entre el Loto Rojo y la alianza.
- ¡Ah! Avatar. – La enorme criatura se burló, de voz grave y profunda logró intimidar aún más a los humanos que la contemplaban de lejos.
- ¡Wan Shi Tong! ¡Tienes que detener este ataque! – La morena miraba de reojo el cadáver de un soldado del Loto Rojo que había dejado de gritar y moverse un par de segundos antes, el rostro se le había desfigurado por completo y su cuerpo también mostraba irregularidades, ahora se asemejaba más a una planta con forma siniestra que a un humano de carne y hueso.
- ¡¿Con qué derecho vienes aquí a hacer semejante petición?! – El espíritu batió sus alas lanzando una potente ráfaga de viento y agua en dirección a la morena.
- ¡Escucha! – Korra bufó tras partir la ráfaga de viento por la mitad. – No quisimos atacar la jungla, los restos de un avión cayeron ahí por accidente. – Intento explicar.
- Si, con ustedes todo siempre es un accidente. – La criatura giró en su lugar intentando golpear a la joven Avatar con la cola, Korra dio un brinco y se movió de lugar alejándose del peligro.
- ¡Lo siento! ¡Aún estamos intentando terminar la guerra! – La joven Avatar utilizó su agua-control como barrera para frenar a los otros espíritus que salían de entre los árboles en dirección a los soldados humanos. – ¡Tienes que detener este ataque! – Insistió.
- Los humanos siempre usan cualquier escusa para lastimar y atacar todo aquello que consideren una amenaza ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? – Preguntó el enfurecido espíritu dando un salto hacia la morena y lanzando un picotazo que terminó golpeando la tierra.
- ¡Eso no es lo que estamos haciendo! ¡Tienes que olvidar los errores del pasado! – Korra retrocedía. - ¡Seguir los pasos de los humanos solo empeorará las cosas! – Le advirtió intentando frenar su avance con pilares de hielo y roca que erguía a su paso.
- ¡Y todo siempre debe ser a favor de los humanos! – Wan Shi Tong se elevó en el aire y se dejó caer con las patas por delante sacando sus afiladas garras en dirección hacia el Avatar, Korra saltó hacia su izquierda, los soldados que antes ocupaban el campo de batalla se mantenían inmóviles a una distancia segura por detrás de la morena quién con dificultad continuaba arreando a los enfurecidos espíritus para que no pasaran más allá de dónde ella estaba.
- No, los humanos batallan para conectar con su lado espiritual, por eso los Avatares tenemos que permanecer con ellos y por eso los espíritus también deberían ayudar a mostrarles el camino correcto. – La morena argumentó. – Si los espíritus se comportan como humanos entonces todos habremos retrocedido un paso en la evolución que estamos persiguiendo. – Gruñó volviendo a empujar a los espíritus hacia atrás con su agua control. – Desde el inicio ustedes han sido nuestros maestros, porque ustedes pueden vivir miles de años mientras que los humanos difícilmente pueden llegar a los cien. – Bufó manteniendo el control sobre el agua que aún servía de barrera entre espíritus y humanos.
Sus palabras fueron seguidas por un notorio silencio, más de la mitad de los espíritus cambió su semblante y retrocedió un par de pasos, la otra mitad aún se mostraba molesta, pero ya no enfurecida, Wan Shi Tong bufaba continuamente sin quitarle la mirada de encima a la morena y a los soldados que se mantenían detrás de ella, todos lucían aterrorizados, ninguno de ellos había visto algo similar, espíritus poseyendo el cuerpo de humanos y deformándolos hasta la muerte, la simple idea bastaba para infundir el miedo hasta en el peor de los rebeldes, era una situación ajena a las reglas del mundo en el que vivían y ninguno de ellos era capaz de asegurar que tipo de consecuencias aquello podría traerles después de la muerte, temían que sus espíritus pudieran ser devorados o condenados a vivir en un limbo entre su mundo y el mundo espiritual.
El cielo se iluminó por completo, la luz blanca del rayo desapareció casi al instante y al poco tiempo se escuchó el estruendo que correspondía a su presencia.
- No siento compasión por ninguno de ustedes. – Gruñó el espíritu de la sabiduría quién aún meditaba los pasos que seguiría a partir de ese momento, por un lado sabía que la joven Avatar tenía razón, los humanos eran ignorantes porque no vivían lo suficiente para aprender de los errores cometidos por la humanidad a lo largo y ancho del mundo, pero por otro lado se sentía cansado de ver los mismos patrones repitiéndose a lo largo de la historia de aquella especie y consideraba que nada bastaba para justificar semejantes actos de egoísmo e ignorancia.
La tormenta continuaba narrando a detalle la furia que emanaba de los corazones de los espíritus, la selva era lo único que habían logrado conservar después de todo lo ocurrido con el Avatar obscuro, y que una parte de ella, por más pequeña que fuera, resultara lastimada por los humanos, era algo imperdonable.
- ¡Necesitamos a un maestro agua rápido! ¡Asami está herida! – Los agudos oídos del espíritu alcanzaron a escuchar a la distancia, entre la lluvia y el viento era imposible que los humanos cerca de él alcanzaran a escuchar aquella voz. - ¡De prisa! ¡No hay tiempo! – El mensaje volvió a llegar a él como un susurro que le resultaba imposible de ignorar.
La joven Avatar lo miraba en espera de su siguiente movimiento, utilizaba su cuerpo como barrera para proteger a los humanos detrás de ella y permanecía de pie con los ojos llenos de la energía de Raava, Wan Shi Tong había intentado lastimarla y aún así ella se había negado a responder violentamente en contra de él o los otros espíritus.
- Por favor, esta debe ser la última guerra, solo deberás perdonarnos esta última falta. – Korra intentó terminar de persuadir al espíritu.
Wan Shi Tong afilo la mirada, su atención se encontraba dispersa, quería terminar de probar el punto de su argumento en contra de los humanos y dar por sentado de una vez por todas que los humanos no merecían la ayuda o el apoyo de los espíritus, pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de la joven Sato, necesitaba ayuda ¿Qué tan mal podía estar? Intentaba escuchar más pero la lluvia distorsionaba los sonidos lejanos. - ¡Abran espacio maldita sea, necesita espacio! – Otro grito alcanzó a colarse hasta sus oídos.
- Que descuidada has sido Avatar. – Wan Shi Tong murmuró bajando la guardia y volviendo a su imagen natural, sentía un profundo pesar en el pecho y un nudo en la garganta, un sentimiento inusual para él pero no completamente desconocido, ya lo había sentido antes y sabía nombrarlo, angustia.
- ¿Qué? – Korra salió del estado Avatar al considerar que el peligro de ser atacada había desaparecido, el espíritu continuaba mirando en dirección al mar así que ella hizo lo mismo, ahí notó a la misma muchedumbre que había pasado minutos antes cuándo se dirigía hacia el disturbio ocasionado por los espíritus, no sabía qué o quienes estaban ahí ni qué estaba pasando así que ignoraba por completo el posible motivo que pudo atraer la atención del frío espíritu de la sabiduría.
- Algo no está bien. – Wan Shi Tong se lamentó, no estaba seguro de poder dar una explicación lógica a sus sentimientos, pero sabía que aquella joven humana se había ganado su respeto y admiración, había algo dentro de él que lo obligaba a procurar el bienestar de aquella chica, ya fuera por su búsqueda incesante por la sabiduría, por su disposición hacia el aprendizaje, por sus principios o por la forma tan lógica en que funcionaba su cabeza, Asami Sato había logrado conectar con el espíritu de la biblioteca. - ¿Sabes curar? ¿Cierto? – Miró a la ojiazul penetrando dentro de su mirada. – Eres el Avatar después de todo. – Presionó sin prestarle importancia a lo irregular que debía sonar haciendo tales preguntas.
- Asami… - Korra murmuró cayendo en cuenta de que los espíritus no podían ser heridos por los humanos y que Wan Shi Tong no podía interesarse por ningún otro humano, en ese mismo instante sintió que se le debilitaban las piernas y que el corazón se le salía del pecho, justo cuando se atrevió a pensar que todo estaría bien.
- No hay tiempo. – El espíritu la presionó, Korra maldijo internamente y aceptó la ayuda de Wan Shi Tong, ambos partieron de inmediato dejando atrás a espíritus y soldados sin ningún tipo de instrucción.
La lluvia disminuyó su intensidad, los humanos permanecieron en silencio, unos se permitieron caer de rodillas y otros se mantuvieron de pie pero inmóviles, todas las armas habían caído al suelo, sus ojos no se despegaban de las criaturas que los habían atacado minutos atrás y que ahora permanecían de pie frente a ellos. No había nada que pudieran hacer para defenderse de un espíritu, la sensación de encontrarse indefensos los había ayudado a verse como un mismo grupo, humanos al fin y al cabo, ninguno de ellos podía hacer nada para defenderse de un espíritu enfurecido, la pelea había acabado y los humanos sobrevivientes se sentían afortunados de no haber seguido el mismo destino que aquellos que habían sido cruelmente despojados de sus cuerpos.
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- Aguanta por favor aguanta… - Kuvira murmuraba sin darse cuenta, no había espacio en su mente para preocuparse por lo que salía o no de su boca, tenía demasiados heridos que atender y la más grave de todos era la ojiverde. - ¿Cómo está Mako? – Preguntó dirigiendo su mirada hacia la izquierda en dónde un par de maestros agua atendían el brazo izquierdo del joven maestro fuego.
- Está estable, el rayo no le llegó al corazón o a los órganos vitales. – Le respondió uno de los maestros agua.
- ¿Alfa? – Preguntó mirando hacia su derecha, la mujer maestra agua negó con la cabeza. – No pudimos traerla de vuelta. – Explicó.
- ¡Maldición! – Kuvira volvió su mirada hacia los prisioneros de guerra, todos atados con las manos detrás de la espalda y con las caras contra el suelo, alrededor de ellos había cerca de ciento cincuenta cuerpos de soldados del Loto Rojo, todos lo que se habían negado a perder y habían preferido morir a aceptar su derrota. - ¡Maldita sea! – Gruñó una vez más notando la incertidumbre en los rostros de los maestros agua que trabajaban arduamente por estabilizar a la líder de la alianza.
- "Ya mandamos a toda la ayuda médica, curanderos y maestros agua, solo esperen un poco." – La voz de Baatar se escuchó en las radios.
- Vaya victoria. – Kuvira bufó echándose el cabello hacia atrás con la mano derecha, el agua le escurría por el rostro y le caía por la barbilla, todo daba a indicar que la guerra había terminado y que ellos habían ganado, pero presentía que la presión apenas empezaba a acumularse.
- Tranquila, tenemos que darles tiempo. – Suyin intentó elevar un poco los ánimos a pesar de la obviedad de la situación a la que se enfrentaban.
- Está muy mal… - Desna pronunció por lo bajo sin dejar de trabajar en las heridas de la ojiverde.
- ¡¿Qué es eso?! – Alertó un soldado señalando hacia el cielo, Kuvira no tardó en reconocer al espíritu que se acercaba y descendía encima de ellos.
- ¡Asami! – Korra bajó del lomo del espíritu y se arrodilló al lado izquierdo de la ojiverde, cubriendo su mano derecha con agua comenzó a inspeccionar el estado de la joven, Desna no le quitó la mirada de encima en espera de su opinión, Korra contuvo la respiración y continuó con su inspección a pesar de ya haber encontrado un par de heridas serias en el abdomen de la ojiverde, Desna bajó la mirada al ver la evolución en el rostro de la morena quién pasó de lucir preocupada a asustada en cuestión de segundos.
- Tenemos que llevarla al mundo espiritual, el agua de aquí no hará nada por ella. – Wan Shi Tong se agachó para facilitar que los humanos subieran a su lomo.
Los ojos de Korra se llenaron de lágrimas, Asami había recibido un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza, tenía una herida cerca del hombro, otra en su costado derecho, una en la boca del estómago, dos por encima de la rodilla izquierda y su mano derecha tenía múltiples fracturas, eso sin contar los golpes regulares que había recibido por todo el rostro, la lluvia le había lavado la sangre pero el daño no pasaba desapercibido.
- Desna ven con nosotras. – Ordenó levantando a Asami entre sus brazos y subiendo al lomo del espíritu, todos observaron en silencio, el joven maestro agua asintió con la cabeza y obedeció sin objetar.
- ¡No puedes irte! – Uno de los prisioneros de guerra luchó por enderezarse. - ¡Hay maestros agua esperando por un informe a una hora de aquí! – Gritó desesperado por llamar la atención de la joven Avatar.
- ¡¿Qué demonios haces maldita rata?! – Otros prisioneros intentaron silenciarlo pero ninguno pudo hacer nada por culpa de las ataduras que los mantenían inmóviles sobre el suelo, Korra lo miró por un instante y volvió la mirada hacia su pelinegra.
- ¡El Loto Rojo tiene un misil! ¡No pienso morir quemado! – El mismo hombre continuó gritando con desesperación. - ¡Si no los atrapan y ellos no reciben noticias nuestras para el amanecer, volverán al Antiguo Reino Fuego y se dará la orden!
- No sobrevivirán a la tormenta. – Eska respondió.
- Están a una hora de aquí a mar abierto, dos maestros agua…- Insistió a pesar de los insultos y pesadas miradas que recibía por parte de los otros soldados del Loto Rojo.
- No puedo dejarla… - Korra murmuró, su llanto disfrazado por la suave lluvia, conectó la mirada con la de Desna, su primo no supo que responder, la idea de un misil era algo grave que no se podía ignorar, después de presenciar los aviones era claro que el Loto Rojo era capaz de efectuar semejante ataque. – Pero no soy libre de actuar por mis propios intereses… - Maldijo intentando reprimir un sollozo.
- ¡No te puedes ir! – Insistió el prisionero.
- Vete Korra, nosotros podemos interceptarlos. – Kuvira le aseguró, la morena negó con la cabeza manteniendo los ojos cerrados.
- Ese es mi trabajo. – Pronunció con pesar recordándose a sí misma que su deber de Avatar venía antes que cualquier otra cosa en su vida.
- "Estamos a veinte minutos de la costa, traemos medicinas y vendajes" – Se escuchó Kai por la radio.
- No puedo ir con ustedes. – Korra declaró. – Pero me aseguraré de que mi maestra agua los acompañe. – Suspiró y le habló al espíritu quién se limitó a seguir sus instrucciones sin hacer preguntas, Kuvira afiló la mirada volviéndose hacia el hombre que les había dado la información.
- Si esto resulta ser falso… - Inició su amenaza.
- No lo es… - El hombre resopló intentando mantener el agua y la arena lejos de su nariz mientras un soldado de la alianza le mantenía la cabeza firmemente presionada contra el suelo.
##45##
Siguiendo las instrucciones de Korra, Wan Shi Tong voló en dirección al pueblo siguiendo la ruta que los humanos habían establecido para llegar a la costa, les tomó un par de minutos encontrar al grupo de médicos y curanderos que se dirigían a auxiliar a sus soldados, el grupo detuvo su marcha cuándo el enorme espíritu descendió sobre el camino a un par de metros de ellos, Korra no dio demasiadas explicaciones y comenzó a preguntar por Katara, su maestra la recibió con un rostro preocupado que se formó al reconocer la pesada angustia que la joven Avatar cargaba en sus hombros.
- Eres la mejor sanadora que conozco, sé que es egoísta pero necesito que vallas con ella al mundo espiritual y permanezcas a su lado hasta que se encuentre mejor. – Suspiró. – Necesito que me prometas que harás todo lo que puedas por ella. – Suplicó luchando por contener las lágrimas que se le formaban en los ojos.
- Por supuesto Korra, pero ¿A dónde vas? – Katara no pudo evitar preguntar el motivo por el cual la morena no podía permanecer al lado de la persona más amada para ella en un momento tan delicado.
- Existe la posibilidad de que el Loto Rojo tenga un misil preparado para ser lanzado en cualquier momento. – Intentó ser breve, Katara asintió con la cabeza y dejó escapar un profundo suspiro, sin tiempo para dar más explicaciones o discutir cualquier cosa, la maestra agua aceptó la ayuda de Korra para subir al lomo del espíritu y se acomodó al lado de la ojiverde.
- Escucha amor. – La joven morena pegó su frente a la de Asami. – Debo irme, al parecer aún queda una tarea más que debo completar para asegurar el futuro de todos. – Pausó limpiando las lágrimas que le bajaban por el rostro, guardó silencio mientras se retiraba el desgastado collar con el símbolo de industrias futuro y con cuidado lo anudó alrededor de la muñeca izquierda de la ojiverde.
- Me lo tienes que devolver cuándo regrese. – Le besó la mano. – Te prometo que esta será la última vez que nos separamos, te haré una casa y viviremos en ella sin tener que preocuparnos por cosas más graves que lavar la ropa o cocinar. – Sollozó. – Lamento no haber evitado lo de tu padre. – Inhalo profundamente en un intento por controlar su llanto. – Pero no estás sola, somos familia, mi padre, mi madre y yo estaremos siempre para ti. – Suspiró una última vez.
- Por eso debes volver y esperarme aquí. – Concluyó. – Te amo. – Murmuró depositando un suave y cálido beso sobre la frente de su mujer.
- Deben irse. – Limpió las últimas lágrimas que le bajaban por las mejillas y bajó del lomo de Wan Shi Tong.
- Ten cuidado allá. – Desna se aseguró de alzar su voz lo suficiente para ser escuchado.
- Llevaré a un equipo conmigo. – Pausó mostrándose pensativa y pesarosa. – Debo asegurarme de volver con Asami y ayudarla en su recuperación como ella lo hizo conmigo cuándo me rescató de las Tierras Frías del Norte. – Pasó saliva intentando remover el nudo que sentía en la garganta.
- Si, será mejor que no vallas sola. – Katara concordó con ella, Korra asintió con la cabeza y se dio media vuelta, debía aprovechar lo que quedaba de lluvia para hacer hielo y volver rápido a la costa.
La joven morena notaba el cansancio en cada fibra de su cuerpo, necesitaba descansar, pero era obvio que su aventura estaba lejos de llegar a su fin. Sus ideas iba y venían entre Asami y la mención del misil, si pretendía tener éxito al detener al Loto Rojo debía asegurarse de mantener su mente enfocada en una sola cosa, una mente distraída era lo peor que le podía ocurrir a un guerrero, recordaba las enseñanzas de sus viejos maestros del Loto Blanco y continuaba avanzando hacia la costa.
- Vuelves justo a tiempo. – Lin la recibió encaminándola hacia Kuvira quién permanecía sentada sobre un banco de roca mientras una maestra agua le atendía las heridas.
- Debemos partir cuanto antes, más prisioneros decidieron abrir la boca y confesaron que el misil es un peligro real para ellos y para nosotros. – Bufó. – Aparentemente todo lo que dijo el primer soplón es verdad. – Se encogió de hombros.
- ¿Y qué haremos después de detenerlos? – Korra preguntó siguiendo las instrucciones de un maestro agua que le pidió tomar asiento sobre el banco que se encontraba frente a Kuvira. – El misil sigue estando en manos del Loto Rojo. – Razonó y un pequeño suspiro escapó de sus labios al sentir el alivio que el maestro agua le traía con su agua-control. – Gracias… - Murmuró.
- No importa si los detenemos en el mar o no, el Loto Rojo tiene ordenado lanzar el misil si no escuchan nada de sus tropas después de dos semanas. – La ojiverde se quejó cuándo la mano de la maestra agua se posó sobre un corte profundo que tenía en el muslo izquierdo.
- Estás herida. – Korra arrugó las cejas. – Será mejor que te quedes aquí. – Intentó ordenarle a la maestra tierra quién resopló y negó con la cabeza.
- Podría decir lo mismo de ti, mira tus manos, están hechas un desastre. – Kuvira apretó la mandíbula para resistir el dolor que le subía por la pierna.
Korra bajó la mirada y se contempló las manos, sabía que las tenía lastimadas pero no les había prestado importancia hasta que Kuvira las mencionó, algunas de sus uñas se habían levantado hasta la mitad de la superficie de sus dedos dejando al descubierto una piel sensible y delicada, las yemas de sus dedos se habían pelado y las palmas de sus manos mostraban ampollas que supuraban pus y sangre.
- ¿Tienen vendas? – Kuvira le preguntó a los maestros agua quienes respondieron afirmativamente y sin necesidad de recibir más instrucciones se las entregaron al maestro que estaba curando a la joven Avatar para que pudiera vendarle las manos.
- Por poco no logro escapar de la explosión del avión. – Korra inició la explicación del deplorable estado de sus manos. – Aferré las manos con todas mis fuerzas al metal y lo usé para cubrirme. – Concluyó.
- Iré contigo, no te puedo permitir ir sola. – Kuvira insistió, ambas guardaron silencio mientras los maestros agua continuaban tratándolas.
- Necesitaremos a más gente. – Al fin respondió la morena.
- No te preocupes por eso chiquilla. – Lin habló detrás de ella colocando una de sus manos sobre el hombro izquierdo de la ojiazul. – Yo me encuentro bien para ir, también Tenzin, Opal, Bolin, Eska y otros tantos guerreros.
- Yo también puedo ir. – Suyin resopló.
- No. – Kuvira debió repetir la instrucción que ya le había dado minutos antes.
- ¡Me encuentro mejor que tú! – Suyin gruñó. – Puedo ir en tu lugar. – Presionó.
- ¡No! – La líder rebelde alzó la mirada penetrando en los ojos de su antigua mentora. – Ba Sing Se necesita tener a una líder de respaldo. – Bufó.
- Tú eres esa líder Kuvira, yo soy una simple líder de asentamiento, jamás seré aceptada como la líder de la alianza rebelde. – La Beifong recalcó.
- Tienes más agallas que cualquiera de los rebeldes que habitan en ese lugar y ahora también eres una maestra tierra. – Pausó. – Créeme, te aceptarán. – Exhalo lentamente volviendo a relajar los hombros, sus ojos cambiaron de objetivo y se enfocaron en la joven Avatar quien lucía completamente derrotada con la espalda encorvada, los hombros caídos y la cabeza agachada.
- Además eres una excelente líder. – Agregó. – Confía en mí y quédate aquí, si algo me ocurre tú deberás ocupar mi lugar. – Le ordenó sabiendo que no podía ser de otra manera, desde el inicio de aquella guerra su mayor motivación para pelear había sido la joven morena, debía terminar lo que había iniciado, no la iba a defraudar o a dejar tirada a medio camino, la acompañaría hasta el final y la ayudaría a asegurar la victoria.
- Los curanderos están a diez minutos de aquí. – Tenzin entró debajo del tejado de roca para resguardarse de la lluvia.
Korra cerró los ojos por un momento permitiéndose disfrutar de la agradable sensación del agua-control sobre sus manos, escuchaba las conversaciones que había alrededor pero no se interesaba en participar en ninguna de ellas, no hacía falta pues ella igual debería ponerse en marcha y navegar hacia la cuna del Loto Rojo, eso era lo único que debía tener presente, no podía perder el enfoque o la concentración, se repetía mentalmente en un intento por vencer el agotamiento que cada vez hacía más peso sobre ella.
- No tienes que ir. – Escuchó la voz de Kuvira. – Nosotros podemos hacernos cargo de esta misión.
- Es mi deber. – Respondió sin energías y sin abrir los ojos.
- Asami te necesita. – La ojiverde sonaba molesta.
- Soy el Avatar… - Murmuró, el nombre de su amada ojiverde bastaba para revivir la poderosa angustia que le robaba el aire y le revolvía el estómago, de pronto se sintió mareada y debió abrir los ojos para encontrar estabilidad, su mano derecha se había apoyado sobre el hombro del maestro agua que continuaba en cuclillas frente a ella.
- ¡Korra! – Kuvira se puso de pie.
- Estoy bien. – Suspiró cubriéndose los ojos con la mano izquierda. – Estoy bien. – Repitió enderezando su postura y alejándose del maestro agua. – Sólo un poco cansada. – Confesó.
- No puedes ir en esas condiciones. – La ojiverde objetó.
- Estoy bien. – Korra frunció el entrecejo, en un instante su postura cambió por una más imponente con la espalda recta y los hombros hacia atrás, le molestaba pensar que la gente pudiera dudar de ella, toda su vida la había dedicado a prepararse para ayudar y proteger a las personas que llegaran a necesitarla, no hacía falta tomar nada en consideración, ella era el Avatar, su trabajo consistía en mantener el equilibrio en el mundo y estaba preparada para dar todo por lograrlo.
Kuvira resopló, podía enfrentarse a la morena cuándo la veía como al Avatar pero no cuándo la veía como a la Guerrera del Sur, a pesar de ser la misma persona, la energía de Korra cambiaba y en ese mismo instante Kuvira no podía dejar de ver a la empedernida Líder Rebelde que poco a poco se ganó el aprecio y el respeto de todos los rebeldes del continente. – Si llegas a desvanecerte, solo una vez, quedarás fuera de la misión. – La ojiverde la condicionó, Korra la miró analizando sus expresiones y después de un rato no pudo hacer otra cosa que sonreír ante la evidente preocupación que Kuvira sentía por ella.
- Cómo usted mande. – Bromeó la liberando una pequeña risilla antes de volver a relajar su postura y permitirle un breve descanso a su cuerpo.
Kuvira negó con la cabeza y desvió la mirada liberando un pesado suspiro mientras se preguntaba en qué momento había permitido que Korra se volviera tan importante para ella.
Los refuerzos médicos llegaron a la costa dentro del tiempo estimado, a pesar de que la lluvia ya no era más que una llovizna los maestros tierra se aseguraron de levantar un techo para todos los heridos, la gente iba y venía moviendo medicamentos, ungüentos y vendajes, los soldados más graves eran atendidos por un grupo especializado de maestros agua y médicos o aprendices de medicina mientras que los soldados con heridas más superficiales solo recibía la atención de un maestro agua, las radios ayudaban a mantener a todos en orden y bien comunicados de manera que en una hora la costa se había convertido en un campamento médico y una prisión de guerra.
Un mensaje de Ba Sing Se fue recibido quince minutos antes de que Korra y su equipo partiera, cerca de una hora después de que la guerra hubiera terminado, reportaban haberse enfrentado a dos aviones y confirmaban haber ganado el encuentro fácilmente gracias al Loto Blanco y a una falla en las máquinas, la noticia ayudó a borrar la incertidumbre que Korra sentía sobre los dos aviones que faltaron durante la pelea, la ojiazul no los había ignorado y se preguntaba si los aviones volverían para atacarlos después de que todo terminara y la alianza bajara la guardia.
- ¡Tengo que ir con ustedes! – Mako resopló, su brazo izquierdo con un cabestrillo que le impedía el movimiento y una cicatriz de quemadura que le subía por el cuello y casi le alcanzaba el rostro.
- Será mejor que no vengas, no cualquiera sobrevive a un rayo, no sé cómo lo hiciste pero preferiría que te quedaras para que los maestros agua te puedan seguir observando. – La morena le explicó.
-Estoy bien. – Le aseguró.
- Todavía tienes espasmos y sientes hormigueo en la mitad del cuerpo. – Kuvira interrumpió en su conversación después de haber consultado con uno de los maestros agua que había atendido al joven maestro fuego.
- Escucha, hay algo importante que necesito que hagas aquí, si Asami despierta y yo no estoy se va a preocupar ¿Podrías quedarte y cuidar de ella? – La morena miró directo a los ojos de su amigo.
- No soy un niño. – Mako exhalo lentamente. – Si tan solo no hubiera arruinado mi ataque… - Maldijo.
- Tu ataque salvó la vida de Asami. – Korra respondió con tono serio. – Y no intento engañarte, Mako, Hiroshi ya no está con nosotros, necesito que alguien cercano a ella la cuide mientras vuelvo. – Insistió, Mako sintió la presión de las manos de Korra sobre sus hombros y notó un ligero temblor en ellas.
- ¿Hiroshi no está? – El maestro fuego la miró insistentemente con duda en la mirada. - ¿Qué le pasó? El estaba en la base de control con Varrick… - Inició pero Korra negó con la cabeza.
- Logró derribar a uno de los aviones y después de eso… - Exhalo. – Todo parece indicar que se encontraba en la misma zona que los aviones bombardearon. – Concluyó evitando entrar en detalles.
Mako guardó silencio y bajó la mirada. – Asami no sabe de esto… - Murmuró. – Nuestras radios estaban apagadas. – Razonaba en voz alta.
- Mako. – Korra exhalo lenta y pausadamente combatiendo el llanto que sentía atorado en la garganta y detrás de los ojos. – Asami no está bien. – Pausó. – Dudo que logre despertar antes de que yo vuelva. – Pasó saliva y se limpió la orilla de los ojos para evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas. – Pero necesito que alguien esté aquí para ella en caso de que despierte pronto. – Volvió a pedirle. – No tiene caso arriesgarte más. – Agregó.
El joven maestro fuego miró directo a los ojos azules de la morena y se percató de la cortina que cubría sus verdaderos sentimientos, Korra no quería irse, quería quedarse al lado de Asami y cuidar de ella, tampoco quería arriesgarse a perder a más gente, la joven Avatar estaba herida en más de una manera y llevarle la contraria no haría más que ayudar a perjudicarla.
- Está bien. – Suspiró. – Pero tienes que prometer que tendrás cuidado. – Colocó su mano derecha sobre la mano izquierda de la morena y la apretó suavemente.
- No te preocupes Mako, yo iré con ella y me aseguraré de que nada le pase. – Bolin se acercó a él y le dio una suave palmada en la espalda.
- Tú también debes tener cuidado. – El maestro fuego le dijo con seriedad al único miembro de su familia que aún vivía. – No te puedes congelar como lo hiciste hoy, es demasiado peligroso y allá no estaré para respaldarte. – Lo regañó.
- Hey… - Bolin bajó la mirada y suspiró. – Lamento lo que ocurrió, pero puedes estar seguro de que no volverá a pasar… - Apretó los puños con fuerza recordando a Alfa y el apoyo que le había brindado durante la batalla.
- Eso espero. – Mako se resignó y volvió a tomar asiento sobre el suelo.
- Es hora. – Kuvira se encaminó hacia la orilla de la playa en dónde Eska los esperaba con un navío de hielo
- Nos vemos. – Korra se despidió de su amigo y se encaminó hacia la playa, Bolin también se despidió y caminó detrás de la morena, el grupo final consistía de treinta maestros elementales y el Avatar, todos subieron al navío y emprendieron su viaje hacia el punto de encuentro en dónde los maestros agua estaban esperando a los mensajeros del Loto rojo.
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Korra se encaminó hacia la borda derecha del barco y tomó asiento recargando la espalda contra ella, les tomaría una hora llegar al punto de encuentro, una hora en la que no tendría nada que hacer porque Kuvira le había ordenado no ayudarle a los maestros agua a mover el navío.
Con la mente en blanco se limitaba a sentir como el navío se mecía de un lado a otro, la tormenta se había calmado y ahora las nubes comenzaban a dispersarse dejando a la vista unas cuantas estrellas y la luz de la luna.
La joven Avatar exhalo lentamente, los párpados comenzaron a pesarle, al igual que la tormenta, su mente perdió fuerza y había caído en una extraña calma, tal vez había sido el agotamiento físico o tal vez el emocional, pero lo cierto era que ya no le quedaban energías para nada e inevitablemente se dejó vencer por un profundo sueño que no le exigió una cama o una posición cómoda para poder apoderarse de su conciencia.
Kuvira nunca retiró su mirada de la joven morena, era extraño notar a alguien durmiendo de forma tan apacible después de haber vivido todo lo que acababa de ocurrir.
- ¿Crees que esté bien? – Eska preguntó con incertidumbre.
- Está agotada. – Kuvira respondió sin permitirse pensar demasiado, sabía que Korra era la persona más entregada a la guerra y que haría lo que fuera con tal de cumplir su deber sin importar lo cansada o herida que se encontrara, confiaba en ella.
Opal y Bolin decidieron tomar asiento a un lado de la morena y la acompañaron en su descanso, de igual manera el resto de los soldados comenzaron a optar por descansar, sabían que necesitarían las energías para su siguiente encuentro y después de ver al Avatar, dormir no les pareció una idea descabellada.
- Cuándo despierte volverá a ser la persona más poderosa del mundo. – Kuvira aseguró con una pequeña sonrisa y ojos tristes, más allá de las heridas físicas, sabía que todos cargaban un gran pesar en sus espíritus a causa de las pérdidas que la guerra les había traído, los hombres y mujeres que las acompañaban eran personas fuertes y leales, algo que jamás habría tomado en cuenta cuándo fue líder de los rebeldes en Zaofu pero que ahora significaba mucho para ella pues sentía respeto y aprecio por el apoyo que recibía de esa gente.
- Esta vez terminaremos con este maldito caos de una vez por todas. – Aseguró volviendo la mirada hacia el horizonte y el mar que se abría frente a ellos.
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Notas de autor (Nada referente a la historia de aquí en delante).
Gente! Solo quiero desearles a todos lo mejor, sé que en estos momentos
El mundo parece haber enloquecido, espero que tanto ustedes como sus
Familias se encuentren bien, y bueno, claro, que se cuiden todos y sean
Lo más precavidos que puedan, si sus gobiernos ya emitieron la orden
De cuarentena, por favor respetenla e intenten no salir a menos que
Sea absolutamente necesario, nos tenemos que cuidar entre todos
Y el bicho se propaga más rápido si andamos por ahí cerca de mucha
gente.
Y bueno, como siempre un millón de gracias por leer y seguir esta historia.
Espero sus opiniones! Un abrazo! (Virtual no es peligroso Ja!)
