Bitácora. Asami Sato 11

Sabado 1 de Feb.

Me encuentro sentada en la banca de roca en el acantilado que siempre solía frecuentar con Korra, mis ojos observan el mar y las tierras que se ven más allá, también veo el caparazón del León-tortuga que se asimila más a una isla en el agua, todo luce tan tranquilo, como si nada de aquello hubiera formado parte de una batalla cinco meses atrás.

La batalla nos arrebató las vidas de casi trescientas personas, Korra y mi padre incluidos entre ellos, a pesar de no haber recuperado el cuerpo de ninguno de los dos, nadie cree que él o ella hayan sobrevivido debido a las circunstancias que se dieron antes de sus desapariciones, mi padre en mitad de un bombardeo y Korra en el medio de una explosión.

Se podría decir que sus muertes fueron similares, ambos dieron sus vidas para proteger a las personas que tenían bajo su cuidado y ambos desaparecieron bajo el poder destructivo de potentes explosivos, como si la vida hubiera decidido evaporarlos de este mundo sin darnos la oportunidad de hacerles un entierro para conmemorarlos.

- De nuevo aquí. - Escuché a Kuvira acercándose por el camino. - ¿No te cansas de ver lo mismo todos los días? - Preguntó y se dejó caer sobre la banca en el espacio que había a mi derecha.

- En realidad no. - Suspiré, Korra nunca se cansaba de este lugar, nos gustaba sentarnos y escuchar el sonido de las olas chocando contra las rocas.

- ¿Cómo va tu mano? - La escuché preguntar, ninguna de las dos volteamos a vernos.

- Mejor, mañana me van a quitar los puntos. - Le dije encogiéndome de hombros, Kuvira guardó silencio pero después de un minuto la escuché reír.

- Eso que hiciste es algo digno de un verdadero rebelde.

- Lo dudo. - Respondí sin mucho entusiasmo.

- Cortarse un par de dedos que estorban para pelear, solo un rebelde hace algo así. - Me insistió con una sonrisa.

- No lo hice para pelear. - Le dije levantando mi mano derecha y observando el hueco que hay en el lugar en dónde debían estar mis dedos anular y meñique. - Es que entorpecían mucho el movimiento de mi mano. - Intente convencerla.

- ¿Ah sí? - Su voz me hace entender que está siendo sarcástica, con el tiempo que ha estado pasando a mi lado he aprendido a entenderla más. - Pues con la expresión que siempre traes puesta y el empeño que le pones a tus entrenamientos nocturnos parece que te preparabas para volver al coliseo. - Bromeó y al mismo tiempo me dio a entender que está al tanto de mis fugas nocturnas.

- Tengo problemas para dormir. - Le respondí con tono irritado.

- Tarrlok te recomendó beber el té de esa extraña hierba y no te he visto tomarla ni una vez. - Me llamó la atención. - Vamos, es hora de comer. - Concluyó y comenzó su camino de regreso al pueblo.

Esto es algo casi rutinario para mí, durante las mañanas despierto a las cinco y debo salir a correr para despejar mi mente de las pesadillas que nunca fallan en invadir cualquier tiempo de sueño que logro acumular.

Regreso a casa a las seis, el lugar consiste de una cocina con una pequeña mesa de roca, no tiene sala, solo una habitación y un pequeño cuarto de baño, actualmente hay muchas familias viviendo así, estas son las primeras casas que se elaboraron para evitar que la gente durmiera a la intemperie y esta casa en particular le pertenece a Kuvira.

La líder del pueblo se negó a que yo continuara viviendo en la clínica, también se negó a que viviera sola y propuso que viviera con ella para poder mantenerme vigilada, todo porque había días en los que no tenía apetito o días en los que me negaba a recibir visitas o salir a tomar aire y ejercitar las piernas, cosas no tan graves si me preguntan a mí.

De todas las perdonas en el pueblo no me imaginé que Kuvira fuera la más perceptiva, tal vez no se trate de eso, tal vez todos perciben lo mismo pero ella es la única que se atrevió a saltar mis murallas y obligarme a hacer las cosas aunque yo no quiero.

Hace dos semanas le pedí a Tarrlok que me amputara los dos dedos de la mano derecha, no hace falta decir que todos pensaron que había alcanzado un nuevo nivel de depresión y que pretendía comenzar a generarme lesiones físicas así que debí ser muy persistente y defender mis motivos con explicaciones razonables.

A decir verdad no pude ser más honesta al respecto, esos dedos eran un estorbo y me hacían sentir mal, siempre que los veía me daban nauseas y comenzaba a enfurecer hasta sentir un nudo en la garganta y en la boca del estómago. Tarrlok dijo que podía deberse al trauma dejado por la batalla, me explico que aunque yo no recuerde los detalles de todo lo que me hicieron, mi subconsciente debió haber guardado esa información y se quedó ahí como un trauma que se detonaba siempre que veía las cicatrices. A pesar de no encontrarme segura de entender sus palabras, ambos llegamos a la conclusión de que los dedos debían irse.

Según me explicaron, mi mano derecha fue severamente castigada por los rebeldes que tenían la intención de destrozar el guante que me ayudó a derrotar a su líder, lo extraño es que en el momento de ser derribada no me sentía molesta y ahora el recuerdo basta para hacerme enfurecer, tal vez es porque mi mente asocia a los soldados del Loto Rojo con la pérdida de Korra y mi padre, lo cierto es que no me gusta pensar en nada de eso.

Volviendo al tema de mi rutina, Kuvira empieza a trabajar temprano, ha cambiado su horario un poco para asegurarse de que estoy comiendo lo suficiente y a las horas adecuadas así que siempre desayunamos en cuanto regreso de correr y ella se va al terminarse el desayuno.

Afortunadamente para mí, Kuvira no ha elaborado un programa que yo deba seguir durante el día, sus prioridades son que me alimente bien y que me ejercite a diario, pero ya que yo sola me encargo de lo segundo, ella suele ocuparse únicamente de mi alimentación, la condición que me puso fue comer lo mismo que ella, en contenido y cantidad, pensé que sería algo fácil de lograr, pero sus reglas incluyen las veces que se siente con el apetito suficiente para repetir la porción...

Después del desayuno visito la clínica, Tarrlok me recomendó asistir a alguno de los grupos de ayuda de Jinora. La pequeña Jinora ya es toda una jovencita quién ha dedicado su vida entera al estudio de la medicina por lo que nadie duda de sus conocimientos y recomendaciones cuándo se trata de temas relacionados a la salud.

Después de la guerra Jinora notó la importancia de ayudar a la gente a encauzar el dolor y el trauma que les dejo la guerra, cientos de pobladores escucharon su propuesta y así comenzaron con estos grupos de ayuda en dónde la gente se reúne y se permite ser vulnerable abiertamente con el fin de ayudar a otras personas con sus experiencias al mismo tiempo que se ayudan a sí mismo con las experiencias de los demás.

Recuerdo haber leído sobre salud mental cuando nos encontrábamos transcribiendo los libros de la biblioteca de Wan Shi Tong así que sé que la técnica de Jinora no es algo que haya decidido improvisar, de igual manera decidí negarme a atender a alguno de sus grupos porque quería evitar enfrentarme a los pobladores, desde que salí de la clínica he intentado mantener un perfil bajo, naturalmente saludo a la gente que me ve en las calles pero intento evadir sus miradas y caminar rápido para cortar la comodidad que suelen sentir conmigo, así evito que intenten consultarme cuando algo les preocupa.

Es extraño decir que me siento lejos de estar preparada para volver a ocupar un puesto de líder, mi padre comenzó a mostrarme todo lo necesario para ocupar su lugar desde que tengo uso de memoria, ser líder era algo que podía hacer casi sin pensar porque se podría decir que fui criada con ese propósito, y ahora, a mis veinticuatro años no me siento preparada si quiera para verme en el espejo por las mañanas, no soy capaz de enfrentarme a mí misma y si algo me enseñó mi padre es que alguien que no tiene su identidad bien planteada no puede andar por ahí intentando guiar el camino de otras personas.

Jinora escuchó que yo había rechazado la propuesta de Tarrlok y no tardó en buscarme personalmente para ofrecerme reuniones en privado, solo ella y yo hablando libremente de mis preocupaciones o de cualquier cosa que ocupe mi mente, me alegra contar con su ayuda, a pesar de mi falta de cooperación Jinora siempre se muestra paciente y comprensiva. Los días que no me siento con los ánimos de hablar me propone salir a caminar a la montaña, empaca un par de aperitivos, agua y un pequeño instrumento musical de cuerdas que suele tocar una vez que encontramos un lugar para sentarnos a disfrutar de los aperitivos, la calma que Jinora transmite me ayuda a tranquilizarme, me enorgullece ver lo mucho que ha crecido.

Dependiendo de lo que hagamos mi citas pueden terminar a las ocho y media o a las nueve y media de la mañana, a partir de ese tiempo no tengo nada que hacer, bueno, después de la operación de mi mano he debido ver a Tarrlok para que trate mi herida y cambie los vendajes pero las revisiones no suelen durar más de quince minutos.

Una vez libre me suelo dirigir al acantilado, ahí me siento a pensar durante horas hasta que Kuvira llega por mí para llevarme a comer con ella.

- Ya era hora. - Lin nos dirige una sonrisa desde su mesa, a su derecha se encuentra Mako y a su izquierda Tenzin, todos lucen extraños vistiendo ropa de invierno y comiendo afuera del comedor pero sé que lo hacen con tal de acompañarme a comer porque yo me he negado a entrar a los establecimientos con tal de evitar rodearme de grandes multitudes de gente.

- Vamos que se van a enfriar. - Kuvira me dijo y tomó asiento frente a ellos en donde ya había dos platos humeantes de fideos bien servidos.

- ¡Están deliciosos! Un poco picantes pero no demasiado, te van a encantar. - Bolin me aseguró desde una de las orillas de la mesa rectangular.

- Gracias. - Les dije y tomé asiento a la derecha de Kuvira, aunque intento ignorarlo sé que estos fideos solían ser los favoritos de Korra, el pensamiento se atora en mi cabeza y sin darme cuenta me pierdo mirando el platillo.

- Se van a enfriar, debes comerlos no mirarlos. - Kuvira renegó.

- No, está bien que se tome su tiempo, yo estuve a poco de quemarme la lengua. - Escuché a Tenzin opinar.

- De cualquier manera si se enfrían yo los puedo calentar por ella. - Mako defendió.

- Eres todo un caballero. - Lin sonrió de lado con cierto aire de sarcasmo.

- El punto es que comas. - Kuvira exhalo lentamente y dejó caer sus hombros adoptando una posición más relajada.

- Lo siento, divague por un momento. - Tomé los palillos y comencé a comer, últimamente intento comer rápido, busco reducir el tiempo que paso con personas, prefiero tener más tiempo a solas porque a pesar de que disfruto la presencia de todos no siento que mi compañía sea de beneficio para nadie.

Después de comer siempre busco un lugar en donde aislarme, a veces voy al bosque, otras veces vuelvo al acantilado pero hoy decidí volver a casa porque me siento muy cansada a causa de mi constante falta de sueño, aún así dormir no es una opción porque sé lo que pasará en cuanto cierre los ojos y prefiero evitarlo hasta que llegue la noche.

Sentada junto a la mesita de roca adopté la posición de flor de loto, he estado intentando meditar porque además de mis heridas físicas me di cuenta de que la guerra me afectó de otra forma, ya no soy capaz de ver a los espíritus. Cuándo pregunté por Sai Kuvira me dijo que el pequeño zorro siempre anda cerca de mí, lo que me atemoriza no es que no pueda verlo si no que tampoco puedo sentirlo y por más que intento meditar no logro concentrarme lo suficiente para hacerlo bien.

El día de hoy no es una excepción, después de una hora decidí darme por vencida, no tenía caso, había muchas cosas que tenía que resolver de mi persona antes de poder volver a conectar con los espíritus.

Mis ánimos decayeron a partir de ese momento, tenía sueño pero no podía dormir, quería ver a los espíritus pero no era siquiera capaz de sentirlos, mi cuerpo se estaba recuperando pero aún no era capaz de hacer muchas cosas como solía hacerlas antes y ni hablar de mi estabilidad mental.

Kuvira llegó a casa a la hora de la cena, notando la ausencia de luz no tardó en encender el foco de la habitación. - De nuevo aquí. - Suspiró al verme sentada mirando el vacío.

- Estoy cansada. - Respondí y cerré los ojos agradecida de que ya hubiera vuelto porque la soledad le había permitido a mi mente volverse demasiado ruidosa para mi gusto, un enorme dilema que no he logrado solucionar hasta el momento.

- Duerme. - Respondió tomando asiento frente a la mesa y colocando un par de cuencos con arroz y verduras sobre ella.

- Tú también te escuchas cansada. - Le comenté manteniendo los ojos cerrados.

- Mucho trabajo. - Exhalo lentamente.

- ¿Segura de que nadie ha vuelto a ver a Naga? – Pregunté por la que debió ser la centésima vez.

- No. – Kuvira suspiró bajando la mirada, he notado que no le gusta mucho tratar el tema, no le gusta recordar el día de la explosión.

- ¿No te parece extraño? – Fruncí el ceño intentando adivinar qué es lo que pudo haberle pasado.

- No lo sé, no soy buena entendiendo a los espíritus. – Kuvira se encogió de hombros, ambas volvimos a caer en un lapso de silencio mientras ella comía y yo me enderezaba en mi lugar.

Al cabo de un minuto me uní a Kuvira, comencé a cenar con ella, su cabello lucía desalineado, había lodo en su rostro y ropas, la mujer nunca se toma un respiro, trabaja siempre que puede, no cualquiera hubiera sido capaz de sacar a un pueblo adelante después de semejante devastación pero ella logró hacerlo, su carácter y determinación salvaron a mi gente.

- ¿Tengo algo en la cara? - Me preguntó con hostilidad, no pude evitar sonreír.

- Nada. - Negué con la cabeza y continué comiendo.

- Intenta tomarte el té esta noche, luces peor que de costumbre. - Me dijo mientras lavaba nuestros platos.

- Me da miedo tomarlo y no ser capaz de despertar de las pesadillas. - Al fin le confesé una de mis tantas preocupaciones.

- Estoy aquí, si te escucho durante la noche yo misma te despertaré. – Me aseguró. - La falta de sueño altera más tus nervios. - Agregó.

- Estuviste hablando con Tarrlok. - Le dije mirándola de reojo.

- Debo hablar con él sobre todas las personas que atiende, necesito estar al tanto de lo que ocurre en la clínica y siempre llega un punto en el que pregunta por ti, es inevitable. - Se encogió de hombros.

Su comentario me recordó a las personas que fueron afectadas por los espíritus, escuchar sobre aquel ataque también me sorprendió y ver a las víctimas me dejó sin palabras, rostros y cuerpos deformados permanentemente, algo que ninguno de nosotros tenía previsto que sucediera durante la guerra.

- Bien, tomaré el té. - Al fin accedí, Kuvira no perdió el tiempo y comenzó a preparar la bebida ella misma.

Esa noche no me desperté durante la madrugada y no salí a entrenar al bosque como lo había estado haciendo hasta el momento, dormí la noche entera, las pesadillas me permitieron dormir de lleno hasta las cinco de la mañana, era más de lo que podía pedir.

Miércoles 5 de Febrero.

Recién había terminado de comer, todos habían vuelto a sus trabajos, yo me dirigí a los campos de las turbinas de viento, afortunadamente los aviones no las atacaron y pudimos recuperar el suministro de energía casi de inmediato.

Sentada al pie de una de las turbinas disfrutaba viendo las hélices de las demás moverse con el viento, me ayudaba a tranquilizarme, las veía subir y bajar una y otra vez en un ciclo interminable. Las cosas que transitan por mi mente durante todo el tiempo que paso sola abarcan una amplia variedad de temas, no seré la líder en estos momentos pero no puedo evitar pensar en lo que pasa en el pueblo, Kuvira integró a los traidores del Loto Rojo que las ayudaron allá en la isla, ellos desertaron la organización y la debilitaron antes de que pudieran partir a la guerra con nosotros así que se puede decir que están de nuestra parte, el problema es que mucha gente se siente insegura con ellos porque los asocian al enemigo que destruyó sus hogares.

Luego están los soldados del Loto Rojo que se rindieron en batalla, personas que nos lastimaron pero que ahora se muestran arrepentidos, Kuvira los tiene encerrados en algo parecido a una prisión aquí dentro del pueblo, Jinora dice que ya no representan una amenaza para nosotros y que tienen un perfil de personalidad muy parecido al de los rebeldes de Ba Sing Se, pero Kuvira sabe que aquí la gente les teme y en Ba Sing Se los harían pedazos sin siquiera darles la oportunidad de abrir la boca.

También están las personas que fueron atacadas por los espíritus, sus vidas han sido marcadas de por vida y naturalmente muchos de ellos se sienten resentidos o traumatizados por el ataque, desconfían o temen de los espíritus, no me imagino lo terrible que se ha de sentir que un espíritu entre a tu cuerpo, el problema es que necesitamos que la gente confíe y respete a los espíritus.

Necesitamos recuperar los libros que se quemaron durante el bombardeo, el pueblo requiere conocimiento para avanzar, sé que seré yo a quien pida para volver a establecer las reglas que debemos seguir antes de entrar a su biblioteca pero no me siento en condiciones de hablar con Wan Shi Tong.

Eso sería en cuestiones generales, cuándo recuerdo a mi padre o a Korra entran las cuestiones personales, si se trata de ellos bien podría pasar el día entero reviviendo recuerdos, nunca me canso de pensar en todos los buenos momentos que pasé a su lado.

Finalmente están los pensamientos que tengo sobre mí misma, si considero que mis problemas son tan numerosos como los del pueblo no me parece extraña la cantidad de tiempo que paso pensando en todo lo que me hace falta para salir del agujero en el que me encuentro atrapada.

- Incluso cuando no tienes nada que hacer eres difícil de encontrar. - Escuché una voz familiar acercarse entre el pasto seco.

- Soy difícil de encontrar cuándo no quiero que me encuentren. - Respondí sin mucho tacto.

- Si, tienes razón. - Tahno rió.

- ¿Necesitas algo? Porque por el momento no ocupo ninguna posición en la que te pueda ayudar. - Le aclaré de inmediato.

- No busco nada de ti. - Me respondió deteniéndose a un metro de distancia. - Solo se me ocurrió que necesitabas alguien con quién hablar. - Se encogió de hombros, mis ojos lo examinaron por un momento, lo suficiente para notar la calma y tranquilidad que se reflejaba en su rostro.

- En realidad no. - Intenté mantenerme fiel a mi deseo de estar sola a pesar de sentirme al borde de la locura.

- Escucha. - Inició. - La gente se preocupa por ti, desde que despertaste no has hecho otra cosa que evitarnos a todos. - Remarcó.

- No tengo nada que decirle a nadie. - Exhale pesadamente.

- Eso lo entiendo, en tu lugar yo ya me habría encargado de asesinar a todos los prisioneros del Loto Rojo. - Se encogió de hombros.

- ¿Hay prisioneros en este pueblo? - Me apresuré a preguntar, Tahno se mostró sorprendido y después de meditarlo un poco se resignó.

- No en el pueblo, hay una prisión en la costa, ahí están todos... - Suspiró. - Supongo que ahora sé porque motivo siguen con vida. - Bromeó.

- Matarlos no me va a devolver a nadie. - Murmuré con la mandíbula apretada.

- No, pero son ideas que pasan por tu mente cuándo sientes que alguien es responsable de tu dolor. - Mencionó, yo guardé silencio pensando en la información que acababa de recibir y me preguntaba si los prisioneros marcaban alguna diferencia para mí.

- El punto es que vine aquí a agradecerte. - Pausó. - Crecí en este pueblo junto al resto de los niños, después me sentí insatisfecho y me uní a un grupo rebelde, años después volví con el grupo de Amon y tú te aseguraste de integrarme de vuelta al asentamiento.

- Hice lo mismo con todos los prisioneros del grupo de Amon, no fue nada personal. - Lo interrumpí.

- Aún no termino. - Me señaló con voz tranquila. - Gracias a ti este pueblo se convirtió en un hogar permanente, conocí a una hermosa mujer y tuve a mi primer hijo. - Pausó. - Así que llegué a confiar plenamente en tus decisiones a pesar de la estrecha relación que compartías con el Avatar, puede que ya no fuera un rebelde como tal pero mi experiencia con ellos me había enseñado a desconfiar del maestro de los cuatro elementos. - Sonrió.

- Korra me salvó en el campo de batalla más de una vez, primero cuando derribó el avión y después cuando frenó a los espíritus. - Asintió con la cabeza. - Yo le había reclamado poco antes de la guerra porque tenía miedo de perderlo todo, muchas otras personas que habían venido de grupos rebeldes se sentían igual pero decidieron confiar porque tú también apoyabas al Avatar. - Guardó silencio por un momento como si buscara las palabras apropiadas para continuar su idea.

- Hiroshi entregó su vida, al parecer el Avatar también y tú te encontraste a punto de hacer lo mismo. - Suspiró. - Y todo con tal de ayudarnos. - Pasó saliva.

- Mi familia se encuentra a salvo, pude salir del campo de batalla con heridas no demasiado preocupantes, mientras yo me daba a la tarea de reencontrarme con mi mujer y niño Korra se marchó al mar en busca de lo que quedaba del Loto Rojo y tú luchabas por tu vida, todos lo notamos. - Bajó la mirada.

- Son actos que eran necesarios. - Le respondí encogiéndome de hombros.

- Si, pero ustedes son tan humanos como el resto de nosotros, simplemente estuvieron dispuestos a darlo todo por las personas que los siguen. Y ahora estás aquí, sufriendo las consecuencias de acciones nobles y desinteresadas, como si la vida te castigara por obrar bien. - Negó con la cabeza.

- Los pobladores te ven y quieren cuidarte...

- Pero nadie sabe de qué manera. - Completé sus palabras y él afirmó.

- Eso es porque no hay nada que hacer por mí, solo darme tiempo y esperar a que mis heridas sanen. - Le aclaré, sus palabras no me sorprendían, jamás dudé del apoyo que recibo de mi pueblo y tampoco ignoraba las posibles consecuencias que vendrían con la guerra.

- No, también necesitas saber que el pueblo entero te acompaña en tu dolor. - Concluyó con una reverencia formal, sus rodillas y manos tocaron el suelo mientras su torso se inclinó completamente hacia adelante y su frente se apoyó sobre la tierra. - Agradecemos todo lo que has hecho por nosotros.

Lo observé en silencio, no sabía que decirle, nunca me imaginé que algún día él fuera a hacer tal cosa, Tahno siempre se mostró insatisfecho con las decisiones de mi padre y después con las mías, sin embargo ahí estaba ahora, agradeciéndome en nombre de todos.

- No hace falta que... - Pausé al darme cuenta de las lágrimas que bajaban por su rostro.

- Tu familia lo sacrificó todo, si hace falta. - Señaló y se puso de pie. - Todos estamos en deuda contigo. - Finalizó liberando un profundo suspiro. - Lamento haberle faltado el respeto a tu mujer en distintas ocasiones, Korra era una gran persona, fui un idiota. - Concluyó limpiándose el rostro con el antebrazo y se marchó sin mirar atrás dejándome ahí con la cabeza llena de ideas.

A pesar de la inusual visita del día, permanecí en el campo de turbinas hasta que la puesta de sol marcó la hora de mi regreso, Kuvira prefiere que al caer la noche me encuentre dentro de las murallas del pueblo y yo prefiero evitar discutir con ella así que intento apegarme a sus reglas.

Sentada en la plaza central me dediqué a observar a los pobladores, las palabras de Tahno no salían de mi cabeza, ninguno de ellos me debía nada, Korra, mi padre y yo hicimos lo que era correcto... ser líder no se trata de obtener poder y tampoco es una tarea fácil, se trata de buscar el mejor camino por el cual guiar a la gente que confía en ti y de hacer lo correcto para todos a pesar de que eso te obligue a hacer sacrificios.

Mako pasaba por la plaza cuándo me vio sentada en una de las bancas y se acercó con una pequeña sonrisa en el rostro. - Es nuevo verte en la plaza a estas horas. - Comentó pero yo no respondí, mi mirada se mantuvo sobre el viejo collar que llevaba atado a la muñeca derecha con el emblema de Industrias Futuro, Mako me lo entregó cuándo al fin hablé con él sobre la muerte de Korra y no me lo he quitado desde entonces.

- ¡Mako! ¿Asami está contigo? - Preguntó Lin a lo lejos logrando llamar mi atención porque, desde que desperté, ella ha respetado mi deseo de permanecer a solas.

- Qué suerte. - La escuché hablando a medida que se acercaba.

- ¿Ocurre algo? - Le pregunté notando las hojas que llevaba en la mano izquierda.

- No te preocupes, no es nada malo, es solo algo que encontramos en una de tus libretas. - Se encogió de hombros. - Mis hombres estaban transcribiendo la información y vieron estas notas, creo que te pertenecen. - Estiró su mano hacia mí haciendo entrega de las hojas. - Nos vemos luego. - La escuché despedirse casi al instante mientras mis ojos inspeccionaban los trozos de papel arrugado, me tomó menos de un segundo reconocer el estilo descuidado y desordenado de la letra plasmada en el papel.

-Es de Korra. - Murmuré, Mako continuaba sentado a mi lado y podía sentir sus ojos inspeccionando la nota con curiosidad.

- Oh, lo siento. - Se echó para atrás.

- No te preocupes. - Le sonreí. - Será mejor que vuelva a casa. - Le dije y me puse de pie, Mako no objetó y me permitió marcharme sin decir nada más, sé que tal vez buscaba pasar tiempo conmigo pero no fui capaz de dejar de lado las hojas que había recibido y no quería leerlas en ese lugar.

Aún era temprano para que Kuvira volviera a casa así entré y me senté a la mesa en donde comencé a leer abiertamente.

"Asami.

Pensé en escribirte porque todo aquí marcha demasiado rápido, es como si pudiera ver al Loto Rojo tocando a las puertas de tu pueblo y me aterra pensar que tu gente sufrirá si yo llego a fallarles como Avatar.

Hace unos minutos me atreví a husmear en tu escritorio y en la pila de papeles que tienes ahí guardados, aparte de tus libretas, nada tiene pies ni cabeza, los planos son muy complejos y las notas demasiado vagas, no me explico de qué manera entiendes lo que sea que quieres comunicar ¡PERO! No voy a negar que tu letra es más linda y ordenada que la mía así que espero que disculpes el desorden de estos garabatos.

Nota: Me di cuenta de que en una de tus libretas me registraste como "Korra: La sospechosa chica del mar" y me marcaste como "Peligro potencial para el asentamiento" Quisiera decirte que no me puedo quejar de esa primera impresión, me agrada el misterio que genera a mi alrededor.

Bueno, volviendo al motivo de mi carta... ¡Te Extraño! La presión se acumula y no puedo hablar contigo directamente como lo hacíamos cuándo estuve en el Norte... Desearía que las radios funcionaran desde aquí hasta la alianza rebelde.

¿Recuerdas las primeras noches que pasaste conmigo en Ba Sing Se? ¿Cuándo yo te insistía en que volvieras a casa porque tenerte ahí era ponerte en peligro y eso me impedía pensar con claridad? Te vas a reír en mi cara cuándo te diga que ahora siento que no puedo pensar con claridad porque no estás aquí para respaldarme.

Admitiré que tenerte a mi lado me brinda cierta fuerza que no obtengo de ningún otro lado, no intento sonar romántica, es solo un hecho y eso me da un poco de miedo porque también pienso que el Avatar debería ser capaz de desempeñar todas sus misiones por sí mismo ¿No es así? No lo sé.

¿Qué me responderías si estuvieras aquí conmigo? Tal vez algo como "Tranquila, todo está bien" O simplemente me acurrucarías entre tus brazos hasta hacerme olvidar mis preocupaciones. O tal vez bastaría con tenerte aquí para sentirme más segura, porque contigo aquí sabría si los planes que tenemos son adecuados o si aún tienen fallas que debamos cubrir, tú eres la experta en planes e ingeniería mientras yo solo soy buena con los puños.

Y a pesar de todo hay una parte de mí que se siente feliz con tenerte lejos de este lugar, es la parte más egoísta a la que no le importa lo mucho que le haces falta a toda esta gente, entiendo que tu presencia significaría mucho para los pobladores pero no quisiera arriesgarte, la vida a mi lado siempre será arriesgada, no puedo ofrecerte nada más porque no puedo cambiar quien soy, así que se puede decir que me siento contenta de que esta vez no te veas involucrada en mis problemas.

Te amo, pienso en ti todos los días, extraño quedarme dormida entre tus brazos por las noches y despertar a tu lado por la mañana. De verdad espero que todo esto termine pronto, tal vez cuándo pase la guerra pueda llevarte conmigo a explorar los asentamientos escondidos a lo largo del territorio del Antiguo Reino Tierra, estoy segura de que te gustarán... "

La carta terminaba ahí, sin punto final o despedida, parecía incompleta pero capturaba bien lo que Korra tenía en mente en esos momentos.

Llorar se ha vuelto algo usual para mí, no hace falta decir que la carta me dejó sollozando en el medio de la cocina, cuándo Kuvira llegó a la casa se mostró un poco preocupada pero respetó mi espacio y se limitó a invitarme una taza de té del que Tarrlok me había recomendado.

Acepté el té y poco a poco comencé a tranquilizarme. No sé si fue el efecto del té o el contenido de la carta pero decidí abrirme con Kuvira, comencé a hablarle de lo mucho que extrañaba a Korra, ella me escuchó sin decir nada, simplemente asentía con la cabeza y bajaba la mirada.

- Nada de esto es tu culpa. - Me aseguré de aclararle. – Incluso si yo hubiera podido ir, el resultado final habría sido el mismo. - Concluí.

Kuvira negó con la cabeza haciendo un movimiento apenas perceptible, entonces vi lágrimas en sus ojos y contra toda probabilidad las dos compartimos un momento para recordar a Korra, ella contándome lo mucho que la echaba de menos y todo lo que mi morena había hecho por ella mientras yo le contaba cómo nos habíamos conocido. La charla se prolongó hasta la media noche cuándo ambas nos sentimos agotadas y optamos por dormir.

Jueves 6 de Febrero.

La charla que tuve con Kuvira me quitó un gran peso de encima, volví a dormir la noche entera, claro, tuve pesadillas por la mañana y me desperté agitada pero mi sueño ya no fue interrumpido antes de que el sol se asomara por el horizonte.

Ninguna de las dos dijo nada sobre lo que ocurrió la noche anterior, iniciamos nuestro día como de costumbre, sin ningún cambio aparente, pero mi pecho se sentía más ligero y mi cabeza menos presionada.

Fui a la clínica con Jinora, esta vez me permití hablar con ella sobre mi padre, era la primera vez que hablaba de esa manera con alguien y me limité un poco al inicio hasta que eventualmente las palabras fluyeron solas y con naturalidad, volví a llorar un poco, Jinora me aseguró que eso era normal y así concluimos nuestra sesión a las nueve.

Visité a Tarrlok para que revisara mi mano, a pesar de que ya no tengo las suturas él se quiere asegurar que la cicatriz no se vuelva rígida o abultada así que me insiste en recibir tratamiento con agua control, supongo que si es para mí beneficio debería escucharlo, si yo no me encuentro en las condiciones adecuadas para cuidar de mí misma lo menos que puedo hacer es permitir que la gente que se preocupa por mí lo haga, además el agua control se siente bien sobre la piel.

Después de ver a Tarrlok decidí atreverme a visitar a Zhu Li, ella y Varrick han estado trabajando en el taller de mi padre para apoyar al pueblo con la tecnología que necesitan para salir adelante y yo no me había atrevido a entrar a ese taller desde que desperté.

No fue extraño que Zhu Li se sorprendiera al verme ahí, sus ojos se encontraban llenos de tristeza y culpa, sentimientos que no debían estar ahí porque, al igual que Kuvira, ella tampoco había sido responsable por nada de lo ocurrido durante la guerra.

- Está intacto. - Comenté sorprendida adentrándome al viejo taller.

- Si, los vidrios de las ventanas volaron en pedazos y las cosas quedaron un poco desorganizadas por las sacudidas pero el edificio es seguro. - Ella me respondió con una pequeña sonrisa.

- ¿Te molesta si miro alrededor? - Le pregunté sabiendo que ahora este era su espacio de trabajo.

- ¡Claro! Este es el taller de tu padre, nosotros nos vimos obligados a utilizarlo porque resultó conveniente que las bombas no lo hubieran tocado. - Comenzó a hablar rápidamente.

- Tranquila, entiendo. - Le sonreí y comencé a aventurarme al interior.

- ¡Asami! - Escuché el eco de la voz de Varrick quién se encontraba acostado debajo de uno de los automóviles que habíamos hecho en Ba Sing Se. - ¡Qué bueno que estás aquí! Necesitaba una segunda opinión y ya que Baatar regresó a Ba Sing Se no hay nadie más a quién pregúntale sobre estas cosas. - Me ofreció una de sus exageradas sonrisas radiantes de energía.

- Pensé que esos motores ya los habías entendido bien. - Comenté sonando un poco confundida.

- ¡Ah! Si, no se trata de eso, pensaba en algo más parecido a cámaras de video ¡Necesitamos grabarnos para dejarles algo a nuestros descendientes! Estamos viviendo tiempos importantes, la gente necesita recordar todo esto. - Pausó mientras colocaba su brazo derecho por encima de mis hombros. - Ya sabes cómo es la gente, querrán tomar la historia y contarla como mejor les convenga, incluso cuándo quieren contar las cosas bien la gente agrega u omite detalles ¡Necesitamos algo permanente! - Me encaminó hacia una mesa de trabajo en dónde ya tenía un pequeño dispositivo diseccionado en cientos de partes.

- El problema no es nada de eso. – Señalé las partes. - Si no los dispositivos de memoria, hay dos opciones, la primera sería usar cinta, lo cual no es bueno para el ambiente y la segunda serían memorias digitales las cuales no son para nada fáciles de elaborar. - Pausé. - ¿Qué tal un libro? - Propuse anticipándome a la respuesta de Varrick.

- ¡No! - Gruñó. - Los libros son aburridos. - Bufó.

- Pero sirven para el mismo propósito. - Remarqué.

- ¡Ya te lo había dicho! - Se escuchó la voz de Zhu Li y no pude evitar reír un poco.

- Tienes toda la ayuda que necesitas en este lugar, deberías escucharla. - Le dije apartándome de su brazo y retomé mi camino hacia el fondo del taller.

Uno a uno revisé los proyectos que mi padre tenía guardados, muchos de ellos permanecían incompletos pero lo que me interesaba era averiguar si aún guardaba alguna especie de arma porque siempre supe que solía guardar ese tipo de cosas en su taller, al final no encontré nada que pudiera ser considerado peligroso, los prototipos de armas que encontré estaban demasiado incompletos y sin planos así que no había peligro de que Varrick pudiera recrearlos.

Zhu Li me invitó a comer con ella y con Varrick, yo acepté la invitación y los tres nos dirigimos a la plaza central en dónde sabíamos que Kuvira nos encontraría con facilidad.

Durante la comida Kuvira sacó un par de cartas del bolsillo de su pantalón y me las entregó, eran cartas de Tonraq y Senna, me explicó que ellos se mantenían en comunicación, siempre al tanto de mi condición, ninguno de los dos deseaba obligarme a nada y respetaban mi deseo de estar sola, pero Kuvira consideraba que era una buena idea permitirme visitar las Tierras Frías del Sur y pasar un tiempo allá.

Durante la noche leí las cartas de Tonraq y Senna, los dos hablaban de lo mucho que se preocupaban por mí y que deseaban que me recuperara pronto, también me invitaban a visitarlos, Tonraq explicaba que debido a todo lo ocurrido durante la guerra debía permanecer en casa para apoyar a su asentamiento y que por eso no habían podido visitarme hasta el momento.

El resto del día no pude dejar de pensar en los padres de Korra, una parte de mí sentía culpa, como si yo hubiera fallado al protegerla, pero sabía que no era así, visitarlos no era una mala idea pero no estaba segura de estar lista para hablar con ellos.

Sábado 8 de Febrero.

Me tomó un día entero pensar al respecto pero al fin decidí aceptar la invitación de Tonraq y Senna, por la mañana me preparé empacando un poco de ropa en una bolsa de tela, en mi reducido equipaje también incluí frutas que ellos no pueden crecer en sus tierras y que sé que les gustan.

Visitar a los padres de Korra supone dos grandes retos para mí, el primero es hablar con ellos, el segundo es pasar por el mundo espiritual. Desde que desperté no he interactuado con ningún espíritu porque no soy capaz de verlos o sentirlos cerca de mí, no tengo ni la menor idea de a qué se deba pero es algo que me tiene preocupada, Kuvira piensa que mi relación con los espíritus es uno de los puntos clave para salir adelante y yo no sé de qué manera explicarle que no me siento capaz de socializar con los espíritus como solía hacerlo antes.

- ¿Estás lista? - Escuché a Kuvira preguntar desde la cocina.

- Eso creo. - Le respondí liberando un profundo suspiro.

- Bien, no olvides esto. - Me lanzó un saco lleno de la mezcla de hierbas que conforman el té que me debo tomar antes de dormir. - Tonraq y Senna ya están al tanto de tus pesadillas, ellos te despertarán si te agitas demasiado durante la noche. - Concluyó volviendo a la cocina y sirvió el desayuno que consistía en avena, frutas y pan tostado.

Después del desayuno Kuvira me encaminó hasta casa de Mako, él salió antes de que pudiéramos llamar a su puerta, llevaba un pequeño saco al hombro que supuse contenía aperitivos para el camino que, a diferencia de mí, él debería recorrer de ida y vuelta.

Mako y yo partimos a pie, pudimos haber hecho uso de una motocicleta pero yo le pedí caminar, necesitaba la oportunidad de volver a recorrer el camino por mi propia cuenta, me reconfortaba pensar que eso me devolvería algo de la fuerza que había perdido, caminar largas distancias no es algo que una persona enferma pueda hacer, creo que esa fue mi forma de verlo.

Durante el camino Mako platicaba sobre una chica que había conocido hace poco y me pedía consejos sobre cómo saber si ella estaba interesada en él o no. Era refrescante tratar temas cotidianos, me daba la falsa ilusión de que nada terrible hubiera ocurrido unos cuantos meses atrás y que no había nada más de qué preocuparse. Mi vida nunca ha sido tranquila ni cotidiana, siempre he tenido que asistir a entrenamientos, clases o a juntas en las que mi padre me incluía para asegurarse de que me familiarizara con el entorno lo antes posible, aún así se sentía bien pretender que ni él ni yo teníamos nada más que hacer además de compartir pláticas cortas y despreocupadas.

Cuando llegamos a la jungla tampoco pude de sentir a los espíritus, caminamos sin interrupciones hasta el portal y ahí pude ver a las criaturas que revoloteaban alrededor de la brillante luz, entrando y saliendo a su gusto.

- ¿Lista? - Mako me preguntó, yo asentí con la cabeza y ambos cruzamos el portal.

Del otro lado todo lucía tal como lo recordaba, un mundo brillante y lleno de vida con espíritus disfrutando del espacio, verlos así me ayudó a tranquilizarme un poco, Mako sonrió y se disponía a pedir ayuda para ser llevados al otro portal cuándo el inconfundible espíritu de la sabiduría apareció frente a nosotros.

- Tenemos que hablar. - Escuché su imponente voz lanzando una orden que esperaba que obedeciera al instante, mi corazón comenzó a latir con fuerza, no me sentía lista para enfrentarlo, Asami Sato ya no era la misma persona que él recordaba. De todas las personas, criaturas y espíritus que pudieran habitar en este plano, Wan Shi Tong debe ser el más difícil de convencer.

A pesar de mi nerviosismo no opuse ninguna resistencia y permití que el espíritu me llevara a su biblioteca, Mako debió esperar afuera mientras yo caminaba al lado de la imponente lechuza negra a través de los largos pasillos formados de estantes repletos de libros.

- ¿Qué tal te encuentras? - Rompió el silencio que tanto había estado pesando sobre mí.

- He estado mejor. - Las palabras fluyeron naturalmente por mis labios.

- Te he traído aquí porque te debo una disculpa. - Habló sin dirigirme la mirada.

- ¿Por qué? - Lo miré extrañada.

- Traicioné tu confianza, busqué un pretexto para poner a los espíritus en contra de los humanos con la intención de separar ambos grupos para siempre y en consecuencia terminé poniéndote en grave peligro. - Concluyó.

- No entiendo. - Arrugue las cejas y detuve mis pasos.

- Si yo no hubiera intervenido en su guerra el Avatar te habría asistido antes de que resultaras gravemente herida. - Simplificó.

-Ah... - Me detuve a pensar en el desarrollo de los sucesos que se dieron durante la guerra. - Agradezco tus palabras pero no creo que sea correcto culpar el desenlace de lo ocurrido en la intervención de los espíritus. - Le aseguré. - Yo misma me introduje en la boca del lobo sabiendo que podía llegar a perder la vida. - Le expliqué.

- No, los sucesos pueden tomar rumbos completamente diferentes en base a cambios mínimos. Korra podría haberse concentrado en proteger a su gente si yo no la hubiera forzado a buscar mantener la paz con los espíritus. - Insistió sonando un tanto molesto.

- Es algo que ya pasó y yo me encuentro bien. - Respondí. – No tienes porque reprochártelo.

- No. - El espíritu me respondió con firmeza. – Mi ayudante me ha dicho que ya no eres capaz de verlo. – Al fin evidenció mi mayor preocupación lo que hizo que se me encogiera el corazón dentro del pecho. - Mis acciones han cobrado sus consecuencias sobre ti. - Completó.

- Lo siento. - Luché por pasar el nudo que se me formó en la garganta. - Aún me estoy recuperando, ahora no puedo garantizarte nada pero estoy haciendo el intento por mejorar. - Le expliqué limpiando un par de lágrimas que me bajaron por el rostro.

- Me tienes en una perspectiva equivocada si piensas que te haré responsable de mis actos. - Me dijo con indignación. - Estás aquí porque pienso hacer lo posible por enmendar mis errores, si hay algo de la biblioteca que necesites solo debes pedirlo, si hay algo que los espíritus podamos hacer por ustedes... – Pausó. - Mi arranque de ira me convirtió en lo que más detestaba y mis actos casi te cuestan la vida, no tengo el derecho de exigirte nada. - Aclaró.

- Te he observado durante días y he notado que tu espíritu sufre, aunque no puedo volver el tiempo atrás si puedo brindarte el apoyo que necesitas de hoy en delante. - Concluyó abriendo una de sus alas para revelar la pequeña y esponjosa figura de mi viejo amigo.

- ¡Sai! - Abrí los brazos permitiendo que él saltara hacia mí, de inmediato lo sostuve y estreché con fuerza, lo había echado tanto de menos.

- Si deseas recordar a Korra vívidamente puedes ir al árbol del tiempo. - Propuso.

- No. - Aparté mi frente de la de Sai y miré a la lechuza. - Si hago eso jamás querré salir de ahí y entonces no podré cumplir la promesa que le hice a Korra. - Razoné en voz alta pensando en mi primera experiencia con el árbol y lo vívidas que eran las imágenes que me mostró cuándo anduve en busca de la verdad del Avatar Obscuro.

- Entonces aún hay esperanza. - La lechuza asintió con la cabeza.

- ¿Cómo puedo seguir viéndolo cuando salga de aquí? - Pregunté acariciando el suave pelaje del zorro.

- Cuándo tu espíritu sane y vuelva a interactuar con el entorno que lo rodea, por el momento te encuentras encerrada dentro de ti misma. – Dijo con seguridad.

- ¿Entonces no es permanente? – Pregunté.

- Eso dependerá de ti. – Concluyó.

- Tengo una pregunta. – Recordé, el espíritu me observó con atención.

- Naga. – Lo miré esperanzada.

- ¿El perro-oso polar? – Giró la cabeza ligeramente. – No está en el mundo espiritual. – Respondió sin mucho interés. – O al menos no lo he visto por aquí. – Agregó, no había nada que me indicara que sus palabras no fueran honestas, no tenía porque dudar de él pero que Naga no estuviera ahí me llenaba la cabeza de dudas. ¿En dónde podía estar? Me preocupaba pensar que después de la pérdida de Korra se hubiera resentido tanto que optara por esconderse y aislarse de todos.

Antes de irme le pedí a Wan Shi Tong que me permitiera quedarme un rato con Sai, el pequeño zorro permaneció a mi lado tan silencioso como siempre, aún recordaba el primer día que Wan Shi Tong lo asignó para vigilarme, en ese entonces yo no entendía bien a los espíritus pero con el tiempo Sai se volvió un buen amigo con el que aprendí a conectar a su manera, no hacían falta palabras, solo había que poner atención.

- Lo siento tanto. – Lo acaricié. – Por favor no te rindas, vendré aquí para poder verte. – Murmuré, Sai recostó su cabeza sobre mi muslo y meneó su cola un poco.

Al cabo de un tiempo debí reanudar mi viaje, Sai comenzó a caminar a mi lado como de costumbre y me partía el corazón pensar que no podría verlo del otro lado del portal, por el momento no había nada que pudiera hacer para remediarlo, solo era cuestión de tiempo.

Mako me acompañó hasta el otro lado del portal en dónde un maestro agua del Sur me esperaba sobre un trineo, ahí me despedí de él y le agradecí por acompañarme, Mako siempre es el primero que se ofrece para ayudarme cuándo digo que necesito algo, se esfuerza por cuidar de mí a pesar de mis constantes rechazos, no le bastó con salvarme la vida, espero algún día poder compensar todo lo que ha hecho por mí.

En el asentamiento de los padres de Korra fui acogida por su gente al igual que lo hubiera sido en mi pueblo, entre ellos pude notar a algunos con malformaciones claramente causadas por los espíritus, los guerreros de Tonraq habían peleado valientemente junto a mi pueblo, y al igual que mi gente, se encontraban de vuelta en su asentamiento intentando seguir adelante con sus vidas.

Tonraq y Senna me tenían preparada una comida así que después de refugiarnos del frío nos sentamos a la mesa a saciar nuestra hambre, no dije mucho mientras aún había comida en mi plato porque no podía dejar de pensar en todo tipo de cosas como mi charla con Wan Shi Tong, los espíritus, Korra, Tonraq, Senna y en mi reciente falta de entusiasmo que me hacía preocupar por parecer grosera mientras me hospedaba en su casa.

- Estuvo delicioso. - Les ofrecí una pequeña sonrisa.

- Después de haber probado comida que no está hecha a base de algas dudo que estés siendo honesta. - Tonraq bromeó liberando una pequeña risilla.

- Creo que sus años de experiencia con las algas les enseñó a sacarles el mejor provecho. - Respondí y Tonraq alzó ambas cejas en señal de sorpresa antes de volver a reír.

- Buena respuesta. - Sonrió, sus ojos me regalaron una mirada cálida y acogedora, no había rencor o dolor en ellos, esto me ayudó a calmarme un poco.

- ¿Y cómo te has sentido? - Senna preguntó enfocando la mirada sobre mi mano derecha.

- Físicamente he mejorado bastante, la mayoría de mis cicatrices han sanado favorablemente, aún me duele la cabeza de vez en cuándo pero ya no tengo jaquecas. - Concluí evitando tocar el tema de mi estado de ánimo.

- Si, cuanto te vi llegar pude notar la fuerza que tienes en el cuerpo, si no te hubiéramos visto durmiendo en la clínica me habría atrevido a decir que las historias sobre tus heridas de batalla habían sido simples rumores. - Tonraq me aseguró con una pequeña sonrisa.

- Eso es mucho decir, no tengo ni la mitad de la fuerza que solía tener antes de la guerra. - Respondí con un tono sutil de amargura escondido en mi voz.

- Al contrario, tienes el doble de fuerza. - Tonraq corrigió.

- Asami, no queremos que te sientas incómoda con nosotros, si necesitas tiempo a solas puedes quedarte en la habitación o salir a caminar. Por favor tómate las libertades que sientas necesarias. - Senna se apresuró a aclarar haciendo evidente que mi rostro no reflejaba el bienestar que me encontraba intentando aparentar.

- Gracias. - Bajé la mirada después de notar la preocupación en el rostro de la madre de Korra, lo que menos quería era hacerlos preocupar, la situación que ellos estaban viviendo se salía de lo que la gente suele pintar como "ideal" Siempre se prefiere que sean los hijos quienes entierren a los padres y nunca al revés.

- ¿Quisieras quedarte en la habitación de las visitas o en el de Korra? – La pregunta de Senna me dejó perpleja, me había preocupado tanto por ellos que no pensé en dónde me hospedaría y me olvidé por completo de la habitación de Korra.

- ¿No les molestia? – Alcé la mirada notando una pequeña sonrisa en el rostro de Senna.

- ¿Qué te quedes en la habitación de Korra? No, ya has dormido ahí antes. – Tonraq se encogió de hombros. - Solo ten cuidado, Korra solía guardar pequeñas armas blancas que lograba escabullir en su abrigo después de terminar sus entrenamientos. Estoy seguro que aún debe haber unas cuantas guardadas entre la ropa o en los cajones y si no pones atención podrías cortarte o picarte un dedo. - Concluyó y Senna comenzó a reír pero pronto aquella risa fue invadida por un par de lágrimas que limpió de inmediato.

- Lo siento. – Pausó terminando de limpiarse el rostro. – Recuerdos. – Suspiró.

- Asami, Senna y yo siempre supimos que existía una alta probabilidad de que nuestra hija muriera a una edad temprana. - Pausó. - El Loto Blanco se encargó de aclararnos eso muchas veces a lo largo de los entrenamientos de Korra.

- Pero eso no lo vuelve más fácil. - Respondí sintiendo el tan familiar ardor en los ojos que venía antes de que las lágrimas comenzaran a formarse.

- No, pero evita que la noticia te tome por sorpresa. - Respondió. - Lo verdaderamente sorprendente fue enterarme de que mi hija logró terminar con el legado del Avatar Obscuro y que fundó una alianza entre asentamientos de todos los territorios. – Pronunció con orgullo.

- Lo que quiero decir es. - Suspiró. - Que lamento su pérdida pero me consuela saber que alcanzó sus metas y que llegó más allá de lo que jamás se imaginó cuándo era una pequeña Avatar en entrenamiento. - Sonrió.

- De verdad apreciamos que la hayas apoyado en su camino. – Añadió Senna extendiendo su mano hasta posarla sobre la mía.

- Aún así la extraño demasiado. – Admití con la voz entre quebrada, Senna apretó mi mano y yo rompí en llanto, mi herida se encontraba lejos de sanar, los recuerdos que tenía de mi padre y de Korra eran demasiados para olvidar, Wan Shi Tong dijo que mi espíritu se encontraba recluido en mi interior, supongo que por eso busco estar sola, no logro conectar con nadie o nada, me siento perdida. – Lo estoy intentando… - Sollocé con el rostro entre las manos.

- No estás sola. – Tonraq se puso de pie y se acercó por detrás de mí colocando su mano derecha sobre mi espalda mientras yo me desahogaba.

Las tierras frías del Sur.

Mi estancia en las tierras Frías del Sur se prolongó por más tiempo del que había pensado, la compañía y el hogar de los padres de Korra me hacían sentir un calor en el pecho que me reconfortaba, me gustaba escuchar a Tonraq cuando llegaba a casa contándole su día a Senna mientras ella preparaba la comida, había tanta tranquilidad en sus vidas que me resultaba imposible no contagiarme de ella.

El tiempo libre me permitió revisar la habitación de Korra a detalle, encontré las armas blancas a las que se refería Tonraq, entre otras cosas, lo que más llamó mi atención fue una pequeña libreta que encontré escondida dentro del hielo, tuve que quebrar una capa de hielo en la pared para llegar a ella, la tardé que la encontré no pude parar de llorar y reír, Korra fue en verdad una persona única.

"Diario, registro, bitácora o lo que sea que Zuko quiso decir.

Mi nombre es Korra, tengo trece años y estamos en el mes de Diciembre.

Zuko quiere que inicie un registro de mis avances, le reclamé porque recientemente me están enseñando lo mismo que ya hemos repasado los últimos dos años, quiero aprender cosas nuevas ¿Y cuál es su respuesta? ¡Un diario! Por supuesto.

Dice que no noto resultados de nuestro avance porque nos encontramos en la parte más importante de mi entrenamiento… "Pulir tus habilidades" Y que con el tiempo voy a notar la diferencia en mi desempeño si vuelvo a este registro y leo lo que era antes y lo comparo con lo que será entonces…

¡Si me enseñara a lanzar un rayo podría notar la diferencia de un día a otro!

Febrero. Pensé que a Zuko se le olvidaría la idea del registro si guardaba silencio y dejaba de quejarme durante sus lecciones pero hoy le comenté sobre la clase de meditación, no dije nada que pudiera sorprender a nadie, es meditación, solo se trata de sentarse y guardar silencio ¿A quién no le parece aburrido?

En fin, en Enero todo siguió normal y Febrero no pinta diferente.

Marzo. ¡No es posible que una persona ciega pueda tener tantas suposiciones acertadas! Podría jurar que puede ver pero la apariencia de sus ojos es engañosa, parece como si tuviera una nube frente a sus pupilas y la verdad es que no conozco a otra persona ciega para hacer comparaciones.

"Tu postura tiene que mantenerse derecha y firme, las rodillas tienen que abrirse más amplias que el ancho de tus hombros, si la dirección de tus pies se desvía un poco perderás estabilidad y lo mismo si no mantienes el cuello derecho, si llegas a arruinar la postura con la espalda ligeramente encorvada tus golpes no van a ser tan fuertes"

¡¿Por qué sus comentarios describen exactamente todo lo que hago mal?!

Mi padre se ríe, pero sabe que tengo razón.

Junio. Zuko preguntó sobre el registro, le dije que todo va bien, así que todo va bien.

Octubre. Olvidé por completo que esto estaba aquí, llevo dos días enferma, no hay nada que hacer porque quieren que me recupere por completo antes de volver a entrenar ¡Pero tampoco me dejan salir a convivir con la gente joven del pueblo!

Ahora que lo pienso, convivo con muchos adultos y ancianos, mis maestros del Loto Rojo han estado en el asentamiento desde que soy pequeña así que nunca tuve la oportunidad de crecer como los demás niños del asentamiento, sé que soy diferente a los demás pero a veces me pregunto cómo sería mi vida si hubiera sido una chica normal.

No es divertido cuándo a veces sientes que todos los que te rodean te tratan como si supieran más que tú…

Octubre. Me escapé y me castigaron, pero valió la pena, encontré un acantilado enorme al sur del asentamiento, más allá había una manada de búfalos polares y creo que vi a un espíritu desaparecer entre el hielo, me habría aventurado más allá pero la fiebre debió subir un poco porque comencé a sentirme mareada.

Nota: Sigo enferma, su castigo no tiene sentido, no importa si tengo permiso para salir o no.

Noviembre. ¡Aang me mostró cómo lanzar un rayo! Aún no lo puedo practicar pero creo que lo tengo bajo control, solo tengo que buscar un tiempo para practicar, tal vez me pueda escapar durante la noche, aquí todos duermen como troncos.

Noviembre. Le mostré a Zuko lo que Aang me enseñó, ya lo había practicado un par de veces y lo hice bien, pero se molestó… ¡No los entiendo! Me dicen que hablar con mis vidas pasadas me ayudará a mejorar mis poderes y cuándo lo hago se molestan.

Diciembre. ¡Feliz cumpleaños registro incompleto! Zuko no me ha pedido que lo entregue, espero que no lo haga porque aquí no he anotado nada de lo que me pidió que hiciera. De todos modos todo sigue igual, no importa cuánto les insista, seguimos haciendo lo mismo, aprendí a lanzar rayos, pero eso fue por mi cuenta. Fue un año "productivo"

Enero. No puedo quejarme con Katara porque ella ha sido muy amable conmigo, pero ya me aburrí de practicar agua control con objetos inanimados, si voy a curar algo tiene que ser una persona ¡Pero a la gente del Loto Blanco nunca le pasa nada! No tengo nadie con quién practicar.

Enero. Hoy decidí tomar la iniciativa y hacerme un pequeño corte en la pierna para practicar mi agua control, al parecer la navaja estaba muy afilada y yo apliqué demasiada presión, la cortada requirió cinco puntos de sutura… ¡Pero ahora puedo practicar de verdad! Logré cerrar la herida por encima, parece como si me la hubiera hecho hace una semana, si eso no es talento yo no sé cómo más llamarlo.

Nota: Las dagas de Zuko son más afiladas de lo que pensaba.

Nota personal: Hoy inicia el castigo de 15 días ¡Cuenta bien! No me puedo perder la temporada de pesca.

Marzo. ¡Metal control! Al fin algo diferente.

Marzo. Por supuesto que Toph se las iba a arreglar para volverlo todo complicado.

"¡Concéntrate! ¡Modula tu respiración! ¡Espero que no me estés viendo a mí y tengas los ojos clavados en el metal!"

Cómo si ella supiera lo que se necesita hacer para controlarlo, conoce toda la teoría pero no sabe lo que se siente manipular la tierra y mucho menos el mental.

Junio. Otro año, otra celebración a la que iré sin pareja, nadie además del Loto Blanco y mis padres saben que soy el Avatar, el resto del asentamiento me ve como "La hija introvertida del jefe Tonraq" ¡No soy ninguna princesa y no me paso el día encerrada en casa estudiando! Si tuvieran eventos de pelea en la celebración se darían cuenta de lo que hago durante el día, a puesto a que ninguno de ellos puede durar ni un minuto en un combate conmigo, me gustaría ver sus caras de sorpresa.

Junio. Iroh me acompañó a la celebración, es un joven atractivo pero es mucho mayor que yo y a veces tan aburrido como Zuko, aún así me divertí. Comí fideos picantes, gané en el juego de tiro al blanco con dardos, gané en carreras (Con un poco de ayuda del aire control) y casi gano en vencidas… Si tan solo mi padre no tuviera los brazos cinco veces más grandes que los míos. Le insistiré en que el año que viene incluya peleas en el festival.

Julio. Descubrieron que me estaba quedando dormida durante la meditación ¡No es mi culpa! Mi castigo no pudo ser peor ¡Más horas de meditación! No creo poder permanecer despierta, con o sin Zuko a mi lado.

Julio. Zuko preguntó por el registro después de una intensa discusión sobre lo aburrido que era meditar, volví a casa a buscar esta libreta y me di cuenta de que solo he anotado cosas que a ninguno de ellos les gustaría leer… Tuve que sentarme a la mesa e inventarme algo, debí llenar cinco páginas con notas aburridas de mis actividades diarias, no fue difícil, siempre hago lo mismo.

Cuándo Zuko lo leyó casi me gana la risa, sus cejas se iban arrugando cada vez más, cuándo termino de leer le dije que todo era lo mismo y explotó diciéndome que no me había empeñado lo suficiente porque solo había escrito los días que me sentía aburrida… El punto es que no me pudo probar que él tenía razón, aunque yo no fui honesta creo que puedo decir que esta fue una victoria a mi favor.

Fue un placer querido "registro" pero he ganado y no hace falta seguir con estos apuntes.

Que quede claro, el Avatar es más listo que el líder del Loto Blanco.

¡Hasta luego!

Agosto: Me voy en una semana.

Mi nombre es Korra, tengo diecisiete años y estamos en el mes de Agosto.

Completé mi entrenamiento y ya no hay nada más que me retenga aquí. He estudiado mapas una y otra vez, aprendí a navegar con mi padre y sus pescadores, sé cómo sobrevivir en los desiertos, sé pelear perfectamente sin hacer uso de mis poderes, domino los elementos a la perfección… pero aún así me siento nerviosa.

No sé que esperar, allá afuera no es como en este asentamiento, hay rebeldes que quieren mi cabeza, supongo que por eso Zuko me recomendó iniciar en el asentamiento en las ruinas de Ciudad República, el asentamiento más confiable del que sabemos hasta el momento.

Zuko y mis maestros se fueron a principios de año, dijeron que estaba preparada y me dejaron con la elección de decidir cuándo iniciar mi primer viaje, ellos se preocupan por mí, me recomendaron pasara tiempo con mi familia y disfrutar mis experiencias a su lado, se siente extraño, a pesar de que me lo hayan dicho muchas veces, no me puedo acostumbrar a la idea de que mi primera despedida tal vez sea la última, de verdad quisiera evitar lastimar a mis padres de esa manera.

Ahora que leo lo que escribí aquí deberé cambiar mi veredicto, Zuko tenía razón, puedo notar muchas diferencias entre lo que era entonces y lo que es hoy, al fin soy un Avatar completo, y aunque me siento emocionada, me preocupa morir antes de lograr ayudar a la gente que me necesita.

Avatar Korra."

Debí haber leído esa libreta más de cien veces durante toda mi estadía en el Sur, me gustaba pensar en Korra siendo una joven rebelde llena de energía dispuesta a dar todo de sí para volverse un buen Avatar.

Además de aprender sobre el desarrollo de Korra y de demostrarme que Tonraq y Senna siguen siendo parte de mi familia, mi tiempo en el Sur me ayudó a aprender sobre una nueva cultura, nadie ahí era parecido a los rebeldes en Ba Sing Se y tampoco a la gente de mi pueblo, la historia, el clima y las condiciones moldean mucho la manera en que se desarrollan los asentamientos, este era el tercer lugar que tengo la oportunidad de conocer un poco más a fondo y la experiencia me pareció sumamente fascinante.

Domingo 15 de Marzo.

Vuelvo a casa, lo primero que noto y disfruto es el clima templado de la primavera, cargo conmigo un saco de tela que contiene dos abrigos de piel, pantalones gruesos, guantes y un par de botas, ropa que mi familia se empeñó en regalarme en el instante en que compartí mi nuevo plan con ellos, los abrigos le pertenecieron a Korra y los pantalones fueron los que Senna confeccionó para mí durante mi estadía con ellos, de verdad valoro todo lo que hicieron por mí, no hubo un solo día que no se preocuparan por tener actividades listas que pudiera realizar para mantenerme ocupada.

Después de avisar por la radio sobre mi regreso Mako me esperó en el portal espiritual y me encaminó de vuelta, naturalmente hicimos una breve parada en el mundo espiritual para convivir con Sai y después me acompañó hasta la casa de Kuvira, ahí dejé mi equipaje y descansé media hora antes de salir en busca de la líder del pueblo.

Kuvira se encontraba en el quinto piso de un edificio ayudando a otros maestros tierra a ensamblar las paredes, la zona alrededor del edificio estaba cerrada, no pude pasar así que pospuse mi visita y decidí ir a la clínica a la cita de revisión con Tarrlok quien estaba muy interesado en evaluar el progreso en mi recuperación.

Las palabras de Tarrlok fueron alentadoras, al parecer mis cicatrices han madurado por completo y ya no hay peligro de que puedan volverse rígidas o abultadas, todo gracias a él y a los maestros agua que me han estado cuidando hasta el momento, sin ellos mi recuperación habría sido lenta y menos efectiva. Aún sufro dolores de cabeza de vez en vez pero no se asemejan para nada a lo que eran al inicio lo cual me tiene sumamente agradecida con todos ellos.

Al medio día intenté volver al lugar de trabajo de Kuvira pero en el camino me encontré a Jinora, ella quiso saber cómo me había ido en el Sur y yo le conté todo abiertamente, mi mente ya se encontraba más clara, lo que había visto en el Sur me llamó la atención lo suficiente para despertar en mí las ganas de hacer algo más, Jinora aprobó mi idea y con una cálida sonrisa me aseguró que lucía y sonaba mucho mejor, sus palabras me sorprendieron porque yo no notaba ninguna diferencia, pero escucharlo me levantó los ánimos.

Kuvira me encontró a mí antes de que yo pudiera encontrarla a ella, la mujer lucía como lo había hecho los últimos meses, llena de tierra con la ropa manchada de lodo, el cabello en una trenza ligeramente despeinada y un orgullo intacto que brillaba a través de sus ojos por lo que toda aquella suciedad no hacía más que resaltar su postura como líder.

Sin dudarlo o preguntar se sentó a mi lado con un plato repleto de caldo con verduras y pollo, Jinora y yo nos encontrábamos a la mitad de nuestros propios platos pero no pasó mucho antes de que Kuvira nos alcanzara.

Jinora se despidió y se marchó con Kai dejándome a solas con Kuvira, la maestra tierra permaneció callada como de costumbre pero sus ojos no dejaban de inspeccionarme.

- Luces diferente. - Comentó al fin.

- ¿Diferente bien? - Le ofrecí una pequeña sonrisa que ella respondió del mismo modo.

- Si. - Afirmó. - Menos pérdida. - Aclaró.

- Si, Jinora dijo lo mismo. - Me encogí de hombros.

En ese momento tomé mi oportunidad para mencionarle mi plan y, lejos de mostrar una reacción negativa, Kuvira aceptó de inmediato.

- Le diré a los hombres del centro de comunicación que contacten con Eska y podrás partir en cuánto recibamos su respuesta. No creo que diga que no. - Agregó con seguridad y volvió a comer.

Los radios nos facilitan mucho la comunicación que tenemos con la gente de las Tierras Frías del Norte y del Sur, Eska no tardó en comunicarnos su respuesta y tal como Kuvira predijo admitió mi visita sin problema alguno.

Mi partida será hasta mañana, Kuvira me ordenó dormir en el pueblo con el motivo de que mi cuerpo necesitaba descansar del viaje, yo no objeté y volví a disfrutar de su compañía durante la cena, me alegraba volver a verla, se podría decir que la extrañé, pero yo no estoy para admitirlo ni Kuvira para escucharlo así que me limité a contarle todo lo que había hecho en el Sur y ella me contó todo lo que había pasado en el pueblo durante mi ausencia.

Sábado 21 de Marzo.

Cinco días en las Tierras Frías del Norte, me alegró ver a Desna ayudando a su hermana a dirigir el asentamiento, los dos se llevan muy bien, ambos son muy listos, estoy segura que juntos harán de este asentamiento un lugar impresionante.

Este lugar es completamente diferente al Sur, aquí la gente vive bajo el hielo en una ciudad congelada y se iluminan con rocas fluorescentes, tal como Korra me lo había descrito. Con ayuda de Eska visité el lugar en dónde Korra y Bumi establecieron el coliseo, también me llevó al lugar en dónde su padre murió y en dónde por poco muere Korra, un momento que en aquel entonces vivimos desde perspectivas opuestas, Eska peleaba por su padre y yo por Korra. Es bueno que el tiempo haya decidió volvernos aliadas, estoy segura de que sin su apoyo no habríamos logrado ganar la guerra.

La gente del Norte es más fría que la del Sur, se puede notar la influencia que el Loto Rojo tuvo sobre ellos, aunque no fue una influencia directa, los líderes de este pueblo fueron manipulados por los seguidores del Avatar Obscuro y el asentamiento sufrió las consecuencias, afortunadamente Desna vivió muchos años lejos de este ambiente y ahora utiliza sus experiencias para ayudar a su gente a experimentar la libertad que les ofrece una vida sin la tiranía del Loto Rojo.

La ciudad congelada fue algo que no pude resistir, a penas puse un pie en este lugar le pedí a Desna que me mostrara el interior de los edificios, el pobre hombre me tuvo la paciencia y tolerancia suficiente para acompañarme a recorrer tres enormes edificios que exploré de arriba a abajo.

Estar aquí despertó un viejo hábito mío, coleccionar artefactos antiguos, el lugar se encuentra tan bien preservado que muchos aparatos se mantenían en buenas condiciones, lo suficiente para que yo pueda abrirlos y analizar sus partes durante horas hasta lograr deducir su función y aplicación en la sociedad de los antiguos.

Cuando llegué Eska me prestó una pequeña habitación pero después de ver todo lo que metía en ella decidió ubicarme en un lugar con más espacio, yo intenté rehusarme pero ella insistió con la excusa de que si yo llegaba a descubrir algo a través de esos artefactos seguro sería capaz de aplicar el conocimiento para el beneficio de mi pueblo y eventualmente para el de ella.

Ahora tengo algo parecido a un pequeño taller en dónde puedo hacer pequeños experimentos y al que se han acercado un par de jóvenes interesados en los objetos que traigo así que me he dado a la tarea de enseñarles cosas básicas.

El día de hoy me aventuré con los hombres de Eska a pescar en el mar, los que obtuvieron poderes de maestro agua aprovecharon sus habilidades para ayudar a su gente, le agregaron más entradas a la ciudad y caminos en los que se pueden deslizar con trineos para llegar más rápido a las costas.

En el mar pude disfrutar de una marea tranquila, de las luces en el cielo y la perpetua obscuridad que nos rodeaba, el frío me ayuda a disfrutar cualquier bebida caliente sin importar el sabor del brebaje, la vida aquí es tranquila, al igual que en el Sur, estas personas disfrutan del aislamiento que les facilita la ubicación de su asentamiento, aquí no deben preocuparse de ladrones o grupos rebeldes y el techo de hielo que recubre su ciudad los protege contra las tormentas de nieve que azotan la región.

Durante la noche volvimos al asentamiento cargados con una red llena de pescados y algas, Desna me recibió e invitó a cenar con él y su hermana como hemos acostumbrado hacerlo hasta el día de hoy. Las cenas con los gemelos son interesantes porque no puedo ignorar la conexión que hay entre ellos, parece algo sobrenatural, da la impresión de estar hablando con una sola persona en vez de dos.

Miércoles 8 de Abril.

Es mi tercer día de vuelta en mi pueblo, inicié mi día como de costumbre, una pesadilla me despertó temprano y salí a correr, comienzo a pensar que las pesadillas no se irán jamás, ahora es más difícil que me hagan llorar pero aún me asustan, mi mente se esmera en hacerme sentir que me encuentro de vuelta en el campo de batalla desde dónde puedo ver a Korra caer a manos de P'li, a mi padre ser asesinado brutalmente por soldados del Loto Rojo o a mi gente ser sacada del refugio solo para morir de la manera más cruel a manos de verdugos sedientos de sangre.

De regreso en casa acompañé a Kuvira a desayunar y después de eso me dirigí a la clínica a hablar con Jinora, esta vez le propuse incluirme en uno de sus grupos para ver que tal me iba, el tiempo que pasé en el Norte y en el Sur me ayudó a despejarme un poco, encontrarme en presencia de otras personas ya no me incomoda tanto.

Jinora me programó para el viernes, tengo un día para prepararme mentalmente, pronto volveré a hablar frente a un grupo de gente de mi pueblo, la idea basta para despertar mi ansiedad pero sé que es algo que debo hacer, si quiero volver a lo que era antes deberé superar este tipo de retos.

Las actividades que realicé en el Norte me hicieron desear tener mi propio espacio aquí en mi hogar, el taller y la casa están destruidos, no tengo en dónde poner los artefactos que traje de mis viajes, tampoco los libros que tomé de la biblioteca de Wan Shi Tong, necesito establecerme, creo que es momento de volver a empezar.

Busqué a Kuvira, la encontré su oficina pero se encontraba atorada en una situación un poco delicada, Opal no paraba de bufar mientras le hablaba sobre la mejor manera de abordar ciertos temas del pueblo, Kuvira intentaba, con gran esfuerzo, mantener la calma y tranquilizar a la joven Beifong pero parecía que llevaban tiempo con la misma conversación y no había ninguna señal de que algo fuera a cambiar.

Yo no estaba segura de querer interferir o involucrarme en lo que estaba ocurriendo hasta que Opal notó mi presencia y pareció decidir que era momento de terminar con lo que estaba pasando, liberó un pesado suspiro y se marchó dedicándome un pequeño saludo.

- Gracias. - Kuvira suspiró mostrando la mirada más cansada que he visto en ella hasta el día de hoy, sin ánimos me contó que esa no era la primera vez que se enfrentaba a la furia de la hija de Suyin, a pesar de que ya todo parece estar bien entre ella y los Beifong, Opal se rehúsa a perdonarla por haber puesto a Baatar en su contra, Kuvira no tenía problema aceptando su culpabilidad pero detestaba tener que lidiar con el temperamento de Opal cada que había algo importante que discutir.

Caminamos hacia la plaza central en busca de algo para comer, ahí encontramos una banca en la que tomamos asiento. Luego de obtener la comida comencé a contarle sobre el nuevo proyecto que tenía en mente, al inicio me observó en silencio lo que me hizo pensar que se negaría a permitirme vivir sola pero no fue así.

- ¿Quisieras el mismo terreno de tu antigua casa? - Fueron sus primeras palabras.

- No. - Respondí casi al instante. - En el acantilado. - Sonreí.

- ¿Y el taller también?

- No, ese sí en el mismo lugar, encima del túnel. - Le dije asintiendo con la cabeza.

- Nos encargaremos de eso mañana. - Asintió y continuó comiendo, como siempre, nunca hablando más de lo debido o permitiendo que sus sentimientos se filtraran en su voz.

- Gracias. - Le sonreí. Después de un par de años de conocerla al fin la entendí y fui capaz de leerla claramente, por fin detectaba lo que Korra vio en ella desde el inicio, una persona fuerte, responsable y de corazón noble.

Viernes 10 de Abril.

Kuvira cumplió su palabra y mi casa estuvo lista el jueves, le pedí algo sencillo parecido a lo que ella tenía, solo le agregué una habitación adicional, mi padre siempre dijo que era bueno estar preparado para recibir visitas o gente menos afortunada así que quise seguir sus costumbres.

El taller también fue levantado en un instante porque este no tenía ningún tipo de separación interna, solo cuatro paredes y un amplio espacio para trabajar, les pedí conservar la escotilla del túnel y también el túnel que lleva directo a la vieja guarida de Korra, un pequeño capricho personal que me quise permitir.

Hoy fue el día de la reunión con Jinora, el grupo consistió de quince personas, la mayoría eran caras conocidas, saludé a todos al entrar y tomé asiento, quise intentarlo pero al final no compartí nada, me limité a escuchar a los demás y entendí que, al igual que yo, había muchas personas que sufrían pesadillas sobre la guerra, también me ayudaron a sanar parte de la soledad que se había anidado en mi pecho, recordé que todo lo que hicimos fue para protegernos mutuamente, fuimos un equipo inquebrantable.

Después de la reunión me encaminé a la plaza central, acompañé a Kuvira a comer y ahí me dijo que ella misma me ayudaría a mover mis cosas de su casa a la casa del acantilado.

Mientras comíamos comenzó a narrarme las actividades recientes del Loto Blanco, me informó que ellos habían estado en busca del nuevo Avatar pero que hasta el momento no habían encontrado nada, también me dijo que habían estado vigilando la actividad volcánica en el Antiguo Reino Fuego con la intención de aventurarse a buscar a Korra pero no han podido acercarse porque la isla aún tiembla frecuentemente y temen que el volcán pueda despertar en cualquier momento.

Ninguna de las dos eran noticias buenas o alentadoras, desde que desperté jamás he mencionado nada sobre ir a buscar a Korra, pero eso no significa que no lo haya pensado, me sentí un tanto frustrada al enterarme de que ni el Loto Blanco ha sido capaz de explorar los territorios en los que Korra fue vista por última vez, no es que crea que vallan a encontrar algo, por lo que escuché la explosión fue lo suficientemente grande para deformar la isla por completo, pero siempre queda la esperanza de encontrar algo, porque algo siempre es mejor que nada...

Antes de terminar nuestra comida Kuvira mencionó que el Loto Blanco tenía interés en que yo visitara el corazón de su organización dándome otro motivo para viajar, ya que últimamente viajar es lo que más me ha ayudado a despejar mi mente, no lo pensé demasiado y acepté.

A las nueve de la noche Kuvira y yo movimos mis escasas posesiones a la pequeña casa en el acantilado, después de dejar todo en la sala me atreví a pedirle un favor.

- ¿Segura? - Preguntó mirándome directo a los ojos.

- Segura. - Respondí encaminándome hacia la puerta.

Las dos caminamos a paso tranquilo hasta los restos de mi antigua casa, todo se encontraba sumergido en una obscuridad casi absoluta, la casa de mi padre solía estar a las orillas del pueblo, a él le gustaba la tranquilidad que obtenía durante el día porque la gente no pasaba mucho por ahí, por eso Kuvira no se ha dado a la tarea de trabajar en esa área pues no es algo que se considere una prioridad, todo ahí sigue en ruinas, sin luz ni gente, el silencio habría sido total pero había algunos insectos cantando y creando un suave coro nocturno que disfrutaba escuchar mientras caminaba.

- El resto de tu ropa sigue adentro. - Kuvira me advirtió cuándo nos detuvimos frente a las ruinas.

- Lo sé. - Suspiré.

- Y otras pertenencias. - Agregó adoptando su posición de ataque.

- Lo sé. - Confirmé.

Kuvira asintió con la cabeza y de un movimiento debilitó uno de los pilares de la casa causando que lo que quedaba de pie cediera bajo su propio peso y se derrumbara por completo.

- Gracias. - Suspiré y guardé silencio, un par de lágrimas bajaron por mi rostro mientras contemplaba los restos de la casa en dónde había crecido, nunca tuve otro hogar hasta que decidí seguir a Korra a Ba Sing Se, había muchos recuerdos ligados a ese edificio, pero ya estaba hecho.

Este es un nuevo comienzo.

Martes 21 de Abril.

La isla de Kyoshi, llevo tres días aquí y debo decir que el lugar parece sacado de un sueño, los maestros elementales de verdad han logrado devolverle la vida a este pedazo de tierra, a veces da la impresión de encontrarse en algún lugar dentro del mundo espiritual.

La persona que solicitó mi presencia aquí fue la nueva líder del Loto Blanco, Izumi, una mujer extremadamente lista y centrada que no pierde detalle de nada de lo que ocurre en el mundo.

El Loto Blanco me recibió cálidamente con comida deliciosa y un paseo alrededor de la isla, me permitieron descansar el primer día pero me hicieron saber que esperaban que me encontrara con su líder al día siguiente.

La reunión con Izumi fue larga, me acompañó a desayunar y después me llevó a caminar con ella, lucía preocupada y un tanto cansada, después me enteré de que su estrés se derivaba de la posibilidad de que Korra pudiera ser el último Avatar porque de ser así el Loto Blanco perdería su propósito original.

La líder se sentía presionada, a parte del problema del Avatar también debía lidiar con la pérdida de su padre. La historia de la explosión de la isla ya se contaba en todos los asentamientos y el Loto Blanco no había sido la excepción, Izumi no creía que su padre hubiera sobrevivido y tampoco pensaba que Korra lo hubiera hecho así que le preocupaba que nadie hubiera reportado a un nuevo maestro de los cuatro elementos hasta el momento.

Izumi esperaba que la destrucción del Loto Rojo les ayudara a encontrar al nuevo Avatar más rápido porque la gente ya no tenía de que esconderse, aún así había un silencio ensordecedor imposible de ignorar, el siguiente Avatar debía nacer entre los descendientes de los maestros tierra, esto complicaba las cosas un poco porque el Antiguo Reino Tierra era el más grande de todos.

Por mi parte lo único que pude compartir con ella fue mi experiencia personal, Izumi me dijo que había estado al tanto de mi estado de salud, se disculpó por pedirme asistir a su isla a pesar de saber que no me encontraba del todo bien, claro que me apresuré a aclararle que los viajes parecen hacerme bien y le agradecí por la invitación.

El último tema que tratamos fue el de la extraña anciana que Kuvira y los demás sacaron de la isla.

Izumi me contó la historia de su padre, Zuko, un joven maestro fuego que fue acogido por el Loto Blanco cuándo él y su madre fueron rescatados de un grupo de rebeldes que los perseguían a través de uno de los desiertos del Antiguo Reino Tierra.

Zuko tenía siete años, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo pero de acuerdo a las historias de su madre Zuko era hijo de un poderoso líder rebelde en el Antiguo Reino Fuego, ella fue una esclava que él había comprado y usado para su propio placer hasta que ella se cansó de la vida entre los rebeldes y logró escapar.

Los poderes elementales de Zuko fueron una sorpresa para la desdichada mujer, pero ni ella o el pequeño tenían conocimiento de la existencia del Loto Rojo, ella se limitó a mantener ocultos los poderes del niño por temor a que él fuera el siguiente Avatar, para ella no había otra manera de explicar lo que estaba pasando y sentía que debía sacar al niño de la cuna de todos los grupos rebeldes.

El Loto Blanco los acogió y se dio a la tarea de explicarle a la madre de Zuko que él no era el Avatar si no un simple maestro fuego, con el tiempo Zuko creció y perdió la mayoría de sus recuerdos de pequeño pero sabía bien que él y su madre habían salido del Antiguo Reino Fuego.

Izumi tenía interés en la anciana porque cuándo Korra les informó sobre la existencia del Loto Rojo Zuko se mostró interesado en desenterrar su pasado, una corazonada le decía que existía una conexión entre él y los seguidores del Avatar Obscuro, pero todo parecía indicar que el líder del Loto Blanco murió sin saber la verdad y ahora su hija se sentía con la responsabilidad de descubrirlo.

Lamentablemente ni ella ni yo habíamos tenido contacto con la anciana, Iroh le dijo que ella no había sido enviada a Ba Sing Se, eso solo nos llevaba a pensar que la anciana se encontraba en la prisión de la costa que Tahno me mencionó hace un tiempo.

Izumi me pidió de favor averiguar sobre la anciana, yo le prometí indagar con Kuvira a cambio de que mi estancia en la isla fuera más larga, Izumi sonrió y aclaró que eso dependía de mí y del tiempo que deseara quedarme.

Así que aquí estoy ahora, disfrutando de un clima tropical, rodeada de naturaleza con mares limpios y aprendiendo la manera en que los maestros elementales usan sus poderes para mantener esta isla tan radiante como lo es.

Miércoles 6 de Mayo.

Intento convencer a Kuvira de que me permita entrar a la prisión pero este es el tercer día, mi octavo intento y su respuesta no ha cambiado, se disculpó por haberme mentido sobre la ubicación de la anciana pero insiste en que verla podría detonar alguna reacción drástica en mí interior, algo que Tarrlok le metió a la cabeza, y ya que yo no he sido capaz de asegurar nada, porque ni yo misma sé que esperar de mí, ella prefiere no correr ningún riesgo.

Mako me ha estado siguiendo, seguro bajo las órdenes de Kuvira o Lin, él piensa que no me he dado cuenta pero la verdad es que no tengo nada que ocultar, no voy a ir en contra de las órdenes de Kuvira y por eso no tengo necesidad de confrontar a su espía.

Hay algo que no he compartido con nadie por miedo a que pueda no ser cierto, la gente cercana a mí sabe que he perdido el contacto con los espíritus y saben que visito el mundo espiritual cada semana para ver a Sai, pero creo que desde hace un par de días he comenzado conectar con Sai, cuándo Mako anda cerca puedo sentir una extraña inquietud, así fue como me di cuenta de que estaba siendo vigilada, así solía pasar cuándo me encontraba en sincronía con Sai, pero lamentablemente aún no soy capaz de verlo afuera del mundo espiritual, por eso no me siento del todo segura de afirmar que estoy recuperando mi conexión con los espíritus.

Además del problema de la visita a la prisión me he topado con otra dificultad, la falta de fuego control vuelve mis proyectos más lentos, he estado intentando experimentar un poco con aparatos que he traído del Norte pero no es lo mismo cuándo no puedo soldar las piezas como lo hacía antes… algo que no extrañaba cuándo estaba con Korra porque siempre teníamos muchas cosas que hacer y no había tiempo para mis pequeños proyectos personales.

Hacer las cosas a la antigua es un poco tedioso y aburrido, tal vez es solo cuestión de acostumbrarme.

Claro, no todo es malo, la casa en el acantilado es la mejor idea que pude tener, el sonido del mar y las vistas que tengo me mantienen relajada, estoy segura de que a Korra le encantaría tanto como a mí, así cuándo emprendiéramos nuestras caminatas llegaríamos al acantilado, nos sentaríamos a platicar hasta tener sueño y solo deberíamos caminar un par de metros para llegar a casa.

Por el momento eso es todo, tengo planeado viajar a Ba Sing Se pero aún no estoy segura de la fecha, primero necesito hablar con la anciana, quiero conocer el rostro de la persona que me arrebató a mi amada morena de ojos azules y sonrisa traviesa.

Lunes 11 de Mayo.

Mi vida se ha vuelto comer, hacer ejercicio, asistir a los grupos con Jinora, pasar tiempo en el taller, visitar el mundo espiritual, leer, relajarme en el acantilado y… molestar a Kuvira.

A pesar de sus constantes negativas no he dejado pasar ni un solo día sin recordarle que necesito ver a la anciana, Kuvira insiste en que no tiene sentido querer hablar con ella porque la anciana nunca colabora, nadie sabe quién es, no ha dado su nombre, no ha dicho nada que no sean insultos o burlas y los otros prisioneros tampoco cooperan.

Kuvira siempre tenía una razón para no permitirme el paso y yo siempre le insistía con mil y un pretextos diciéndole que es un favor que le debemos a la líder del Loto Blanco quién perdió a su padre en la explosión.

No estoy segura de qué parte de mis discursos lograron convencerla, lo importante es que mi perseverancia por fin brindó frutos, ayer logré obtener una respuesta positiva por parte de la maestra tierra quien aceptó con la condición de que Mako y Lin me acompañaran en todo momento, mi respuesta fue decirle que con tal de entrar aceptaría cualquier condición que ella quisiera imponer, Kuvira no lucía muy convencida de su decisión pero terminó aceptando de igual manera.

La prisión se levantó con materiales que había disponibles en la costa, conformada en su mayoría por roca, está adaptada para albergar a los doscientos treinta y seis prisioneros de guerra, ni uno más o uno menos, todos tienen una celda individual, los no-maestros fueron metidos en celdas regulares mientras que los maestros elementales tienen celdas adaptadas según el elemento que posean, el sistema de vigilancia se encuentra bien regulado y controlado por los hombres de Mako, jamás en mi vida había visto algo igual.

El camino a través de los pasillos me puso un poco nerviosa, pude sentir las miradas de los prisioneros que me observaban a través de las rejas cuándo pasamos por el área de los no-maestros, no reconocí ninguno de los rostros que vi pero era obvio que ellos me reconocían a mí, no hacían falta palabras, deseaban mi muerte pero yo no estaba segura de cómo sentirme hacia ellos, ya no eran una amenaza para nadie, habían sido derrotados… se encontraban en la misma situación que Aiwei y Arpón, pero la diferencia radicaba en que estas eran más de doscientas personas y ya no había un Avatar que pudieran perseguir.

¿En qué posición me dejaba eso a mí?

Seguí los pasos de Mako a través del edificio, debimos bajar tres pisos hasta que al fin llegamos a un pasillo largo que condujo a una celda de metal que era custodiada por dos hombres, dentro de la celda se encontraba la anciana sentada con manos y piernas atadas a una silla y la boca cubierta con un bozal, llevaba el mismo uniforme que vi en los otros prisioneros de guerra, un traje completo color gris obscuro, su cabello completamente cano le caía desordenado sobre el rostro a penas revelando el color ámbar de sus ojos.

Lin se mantuvo de pie a mi derecha y Mako a mi izquierda mientras yo observaba a la anciana en silencio y ella me observaba de vuelta a través de la maraña de cabellos que tenía en la cara.

- Asami Sato. - Murmuró luego de un par de minutos, su voz sonaba gastada y rasposa.

- ¿Nos conocemos? - Pregunté alzando una ceja.

- Es difícil que alguien no te conozca. - Respondió.

- Lo dudo. - Argumenté.

- La fundadora del brillante pueblo en la ruinas de Ciudad República, la mujer de los espíritus, la madre del renacimiento de los maestros elementales, la que escapó de la prisión espiritual, la peleadora de los guantes eléctricos, Carmín, la asesina despiadada que terminó con P'li, la mujer que volvió de entre los muertos, Asami Sato. - Pronunció con rencor. – No parecen hablar de otra cosa dentro de esta maldita prisión. – Agregó.

- Todo eso está en el pasado. - Aclaré. - Ahora solo soy una mujer sin familia ni título que ha venido aquí en busca de una charla interesante con la anterior líder del Loto Rojo. – Mantuve un rostro serio e inexpresivo.

- Jamás podrás borrar las huellas que ya has dejado en este mundo. - Insistió, sus ojos parecían arder con una llama incontrolable capaz de quemar todo lo que estuviera a su paso. Ella podía ser una anciana pero su espíritu emanaba una sed de sangre y un odio que jamás había visto en ninguna otra persona. - ¡El daño ya está hecho! - Gruñó. - Esperaba el día en el que los guardias dijeran que habías dejado de respirar… en vez de eso llegaron con la noticia de tu regreso. - Exhalo con pesar.

- Es extraño escuchar que mi existencia moleste tanto a una persona que desconozco por completo. - Le dije intentando tocar algún punto que pudiera llegar a molestarla a un nivel personal.

- Debiste morir el mismo día que el Avatar, has causado tanto daño como ella. - Maldijo.

- Nada de eso me interesa en estos momentos, he venido aquí a hablar sobre el líder del Loto Blanco, Zuko. - Busqué abordar otro tema que tal vez podría ser de su interés.

- Ese cobarde traidor. - Rió de forma burlona. - Me llevó casi una vida pero al final pude atraparlo. - Celebró. - Me impidió llegar a Aang pero él no pudo escapar de mí. - Murmuró con la mirada perdida sobre el suelo.

- ¿Qué sabes de Zuko? - Pregunté y sus ojos me miraron como si acabara de lanzarle el peor de los insultos.

- Es mi hermano mayor, la deshonra de nuestro linaje. - Habló entre dientes con tal resentimiento que me parecía difícil creer que Zuko no la hubiera conocido.

- Pero él no te conocía. - Pensé en voz alta.

- Oh, me conoció, pero jamás supo del vínculo de sangre que nos unía, él era el líder del Loto Blanco y yo la líder del Loto Rojo. - Pronunció con satisfacción.

- Zuko fue una completa molestia para el Loto Rojo. Mi padre fue un gran líder y logró terminar con la vida de tres avatares que aún eran infantes, buscábamos que el Avatar naciera entre nuestras filas pero eso no sucedió y en algún punto de la historia mi madre decidió escapar y llevarse a Zuko con ella. - Bufó.

- Zuko siempre fue débil, no me sorprende que nos haya olvidado, lo que nunca le perdonaré es que haya ayudado al Avatar a asesinar a mi padre, y lo que es peor ¡El maldito ignorante no se dio cuenta! - Gruñó forcejeando con la silla. - Lo contó como a un líder rebelde más. – Bufó, yo permanecí en silencio, no quería interrumpir su relato y arriesgarme a quitarle la intención de compartir su historia.

- ¿Cuál era el nombre de tu padre? – Me aventuré a preguntar.

- Ozai. - Exhalo derrotada. - En aquel tiempo salió rumbo al Antiguo Reino Tierra, buscaba terminar con Aang pero terminó cayendo en una trampa de Zuko. - Pausó y después de un momento comenzó a reírse sola.

- ¿Alguna vez viste la cara de Zuko? Tenía una horrenda cicatriz en el rostro imposible de ignorar. - Continuó riendo. - La vida es así, extraña. - Negó con la cabeza. - Mi padre le hizo eso a Zuko cuando apenas tenía cinco años, todo porque el maldito mocoso no dejaba de molestarlo con sus demandas infantiles. - Pausó.

- ¿Quién iba a pensar que años más tarde Zuko tendría su venganza? Mi padre murió a causa de severas quemaduras, sufrió como un maldito leproso con la piel derretida hasta que su cuerpo no aguantó más. - Continuaba narrando con las cejas arrugadas mientras revivía el recuerdo dentro de su mente.

- Su muerte sirvió para intimidar a los estúpidos rebeldes "Miren lo que el Avatar es capaz de hacer" – Se burló. - Mi padre pudo haberse quemado haciendo cualquier cosa pero esa gente no tiene el cerebro suficiente para pedir pruebas, se creen todo lo que les digas, y aunque la historia sirvió para nuestro beneficio, jamás pude olvidar el testimonio de la única sobreviviente del grupo que acompañaba a mi padre, ella dijo que el hombre del Loto Blanco que los atacó tenía una cicatriz de quemadura en el ojo. - Pausó sus palabras y continuó riendo.

- La vida no tiene sentido. - La intensidad de su risa la hizo comenzar a toser. - ¿Cómo es que una mujer que controla el fuego con la mente pierde en contra de una mujer sin poder alguno? - Logró moderar su respiración y clavó la mirada sobre mí.

- Todo está en la mente, lograste intimidarla así como Zuko logró intimidar a mi padre. Los que son de mente débil terminan por ser derrotados, por eso yo fui capaz de llevarme al Avatar y al traidor de mi hermano, pero mis descuidos me impidieron alcanzar a terminar contigo. - Concluyó.

- Aunque los misiles hubieran sido lanzados yo hubiera sobrevivido porque no estaba en un lugar que pudieras alcanzar. Me habría recuperado y tú hubieras desaparecido junto a lo que quedaba de tu gente en aquella maldita isla. - Bufé.

- El mundo espiritual. - Murmuró dejando sus hombros caer en señal de derrota. - Mucho talento y un poco de suerte. - Exhalo. - Es lo que al final termina definiendo una victoria.

- El final del Loto Rojo era inevitable. - Le aseguré.

- Si... - Murmuró. - Ahora que lo pones de esa manera. - Se detuvo a pensar. - Contigo viva es casi imposible que los sobrevivientes prosperen. - Hablaba entre dientes. - Y si hubieras vivido de cualquier manera... - Continuó balbuceando, Lin y Mako la miraban con el ceño fruncido pero mi rostro se mantenía frío y calculador.

- Entonces es cierto que me he convertido en una anciana sin propósito. - Asintió con la cabeza. - Fue bueno mientras duró. - Pausó liberando otra de sus risas enfermizas. – Aún así será bueno morir con el título de la líder del Loto Rojo que terminó con el ciclo del Avatar. - Me miró directo a los ojos con una expresión llena de satisfacción, sus intenciones eran obvias, quería provocarme, y a pesar de ser consciente de eso no pude contener el calor de la sangre que me hervía dentro de las venas.

- No serás nadie, tu nombre no se conoce afuera de la isla que decidiste volar en pedazos, yo no sé quién eres, mi gente no sabe quién eres y te encargaste de mantener a tus rebeldes tan incultos que la mayoría de tus traidores solo te recuerdan por vista como a "la líder anterior a P'li" - Continué mirándola a los ojos - Me encargaré de que tu recuerdo sea el de una extraña anciana rebelde que sacaron de la isla antes de que explotara. - Concluí disfrutando del terror y la ira que se pintaban en los ojos de la prisionera.

- ¡Mi nombre es Azula! - Gritó a medida que me alejaba de su celda. - ¡Azula! - La escuché repetir hasta que subimos por las escaleras del siguiente piso.

- ¿Estás bien? - Lin posó una de sus manos sobre mi hombro derecho.

- Si... - Exhale pesadamente e intenté tragar el nudo que tenía en la garganta, las manos me temblaban y aún podía sentir el corazón latiéndome a prisa dentro del pecho.

- La hiciste decir mucho más que solo burlas e insultos. – Mako comentó sorprendido.

- La hiciste decir su nombre. – Lin fue más específica, los tres caminábamos de regreso a la salida recorriendo los mismos pasillos llenos de celdas y prisioneros resentidos, esta vez sus miradas no me impresionaron, lo único que quería era salir de ese lugar, me encontraba furiosa, en ese momento sentía saber exactamente lo que quería hacer con todos ellos y supe que tenía que salir de ahí antes de perder el control.

- Fue cuestión de suerte, ella siente un interés especial en mí, pasó lo mismo cuando vio a Zuko. – Suspiré, los tres cruzamos la puerta de la prisión y mis ojos resintieron la brillante luz del sol. - Mako. - Pronuncié con tono serio, aún intentaba tranquilizarme pero no podía sacar de mi cabeza la imagen de los ojos de la anciana, P'li fue un monstruo pero aún se mantenía un brillo humano en su mirada, Azula es diferente, tal vez se deba a que nació y envejeció dentro del Loto Rojo, lo cierto es que su mirada se siente vacía, no queda nada dentro de ella, solo el monstruo que su padre le enseñó a ser.

- ¿Qué ocurre? – Mako me observó con atención, yo inspiré hondo capturando el aroma del mar, esta era la misma costa en la que habíamos peleado, no me había atrevido a acercarme a ella desde que desperté, ya no lucía como un campo de batalla, Kuvira se encargó de que todo se limpiara a conciencia y lo único que quedó atrás fue la prisión.

- Habla con los guardias, se dirigirán a ella utilizando su número de prisionera. - Pausé. - Lo mismo ocurrirá con los traidores del Loto Rojo que trajeron de vuelta, hablen con ellos, nadie tiene que conocer el nombre de Azula ni su participación en la explosión de la isla. - Bufé. - De ahora en adelante se dirá que P'li fue la autora de todo y que esta señora fue otra de sus marionetas. - Concluí emprendiendo mi marcha de regreso al pueblo.

- Seguro. – Mako murmuró comenzando a caminar detrás de mí. - De cualquier manera nadie conocía su nombre, eres la primera a quién se lo dice. – Aclaró.

- Bien, que se quede así. – Arrugué las cejas sin detener mi avance.

- Es bueno volver a escucharte dando órdenes. - Agregó Lin logrando pausar mi marcha. - Aún tienes el toque. - Me dirigió una sonrisa divertida y se adelantó.

Hasta el momento me había limitado a obedecer todas las indicaciones de Kuvira y de Tarrlok, no extrañaba estar al mando de nadie pero dar órdenes era algo que estaba acostumbrada a hacer, sabía dirigir gente pero ahora me preguntaba si esta era la forma en la que quería volver a empezar.

Permanecí en silencio y continué caminando detrás de Lin y Mako, tenía la cabeza llena de ideas y teorías cuándo comencé a notar la silueta del Zorro que caminaba a mi lado, no estaba segura de ver lo que creía ver porque su imagen no era del todo clara pero después de parpadear un par de veces lo confirmé, era él, no lo estaba imaginando. - ¡Sai! - Lo llamé emocionada, él volteó y al notar que mis ojos se mantenían fijos en su dirección comenzó a menear la cola y correr en círculos. – Estás aquí. – Reí poniéndome de rodillas para acariciar su cabeza.

- ¿Asami? – Lin y Mako detuvieron su paso.

- Al fin puedo verlo. – Suspiré manteniendo a Sai sujeto entre mis brazos. – Gracias por esperarme. – Le dije al espíritu mientras disfrutaba de sus pequeños gestos de cariño.

- Te dijimos que solo era cuestión de tiempo. – Dijo Lin y Mako esbozó una pequeña sonrisa.

Azula tenía razón en una cosa, la vida era extraña, no estoy segura qué fue lo que me hizo recuperar la conexión con los espíritus, lo que sé es que existe una relación entre eso y lo que la vieja líder del Loto Rojo me hizo sentir, seguro ella no tiene ni la más mínima intención de ayudarme en ningún aspecto de mi vida, pero de alguna manera Azula me llevó a recuperar la capacidad de ver a Sai, el espíritu que nunca se ha apartado de mi lado y que con su compañía me ayuda a sentirme más como la persona que solía ser antes de la guerra.

Antes de terminar el día escribí una carta con toda la información que Azula me había dado y la envié hacia la isla de Kyoshi con la esperanza de que su contenido pudiera ayudar a Izumi a comprender la historia de su familia, no eran noticias fáciles de asimilar pero no dependía de mí decidir si debían enterarse o no.

Martes 26 de Mayo

El viaje que tenía planeado hacer hacia Ba Sing Se terminó facilitándose cuándo Bolin y Opal se unieron al plan.

Opal quería volver a casa a visitar a su familia y Bolin la iba a acompañar para presentarse oficialmente como el novio de la joven Beifong así que decidí aprovechar la ocasión y unirme a su viaje.

Han pasado dos días desde que llegamos y hasta el momento no he podido escapar de la nostalgia que me invade cuándo recorro las ruinas.

Este lugar fue fundado con los esfuerzos de Bumi y Korra, la alianza rebelde más grande de todo el Antiguo Reino Tierra. Para que tengan una idea clara, mi pueblo tiene cerca de cuatro mil quinientos habitantes, esto es algo que ha ido en aumento durante el transcurso de siete años, esta alianza tiene cerca de tres mil quinientos habitantes y eso fue en el transcurso de cinco años más o menos.

La alianza rebelde crecerá como ningún otro lugar y al igual que la ciudad de Ba Sing Se terminará siendo una de las civilizaciones más grandes del mundo, cuando pienso así mi pecho se llena de orgullo al saber que los esfuerzos de esas dos personas no fueron en vano.

Lo primero que hice durante mi llegada fue saludar a los rebeldes que se reunieron en la entrada para recibirme, todos lucían emocionados de tenerme de vuelta, la mayoría insiste en que retome mi posición como líder de su alianza, a pesar de que nadie se siente insatisfecho con el trabajo que ha desempeñado Suyin en los últimos meses, las raíces rebeldes obligan a los pobladores a desear que su líder sea un campeón reconocido por sus feroces peleas en el coliseo, en pocas palabras, Kuvira o yo.

El pueblo rebelde se siente orgulloso de decir que hay una líder rebelde tomando las riendas del legendario pueblo sobre las ruinas de Ciudad República, gracias a esto nadie tiene la intención de interrumpir el trabajo que Kuvira desempeña allá y en cuánto a mí respecta, los rebeldes respetan profundamente mi duelo por la pérdida de Korra, ellos mismos lo consideran una pérdida terrible, el pueblo rebelde estaba muy apegado a la Guerrera del Sur, muchos permanecen molestos con el Loto Rojo y se dedican a castigar a quienes se atreven a defender el nombre de los seguidores del Avatar Obscuro.

También he escuchado todo tipo de rumores supersticiosos a mi favor, que una persona haya resultado severamente herida, dormido durante tres meses y despertado, tiene a los rebeldes diciendo que he desafiado a la muerte, al parecer eso me vuelve una candidata mucho más atractiva que Kuvira.

Los rebeldes toman orgullo en sus peleadores más resistentes y ahora me llaman Carmín, la asesina inmortal, si tan solo pudiera decirles lo miserable que me sentí cuándo desperté de la muerte tal vez entenderían que la muerte es algo que la gente no debería ser capaz de escapar. La verdad aún pienso que mi destino debió de haber terminado en la guerra, junto al de Korra y mi padre, pero supongo que la vida me trajo de vuelta por algún motivo, solo debo esperar a descubrir que es.

La guarida de Korra sigue intacta, la encontré tal como la dejé al partir hacia la guerra, la ropa de Korra continúa ahí, las cobijas que compartíamos, el documento que le entregué cuándo partió a Ba Sing Se, los artefactos viejos que me regalaba cuándo los ganaba en las apuestas o cuándo se los encontraba en las ruinas de la ciudad, en fin, el lugar está plagado de recuerdos que me tienen hacen llorar más seguido de lo que desearía, se podría decir que este fue nuestro hogar, aquí fue que iniciamos nuestra vida como pareja, cuándo Korra me aceptó a su lado y yo me aseguré de hacerle saber que jamás la volvería a dejar sola.

Iroh y los otros hombres del Loto Blanco continúan viviendo aquí, después de ganarse el respeto y la confianza de la alianza rebelde durante el breve enfrentamiento que tuvieron en contra del Loto Rojo, ambos bandos se muestran muy interesados en aprender unos de otros.

Todo marcha bien, me alegró volver a ver a los campeones de Korra, muchos de ellos murieron peleando valientemente al lado de mi gente, Verdugo, Alfa, La roca, Xin-fu, entre otros son los guerreros que protegieron con orgullo a sus aliados allá en las costas de Ciudad República y que ahora ya no están para presumir sus experiencias o cicatrices de guerra junto a los demás, ninguno de ellos fue olvidado, aquí se les recuerda como a héroes que cayeron peleando al lado de la Guerrera del Sur.

Ahora el coliseo tiene una amplia variedad de espectáculos, el sistema de peleas que Mako y yo elaboramos sigue siendo el favorito porque así más gente tiene la oportunidad de participar y ganar popularidad dentro del coliseo, por supuesto, hay tradiciones que no se han perdido, las brutales peleas sangrientas que involucran armas se efectúan una vez al mes en conmemoración a las peleas que dieron inicio a todo, además de eso también se exhiben peleas entre maestros elementales y bloqueadores de Chi, la variedad es tanta que se habla de mantener el coliseo original como el hogar de los campeones en dónde solo se exhiban peleas por los títulos mientras que el resto de las peleas deberán realizarse en otros coliseos.

Aún no sé qué decisión tomar, Ba Sing Se me hace sentir como si me encontrara envuelta entre los brazos de Korra, los rebeldes me cuidan y protegen en su nombre. La diferencia entre este lugar y mi pueblo es que aquí yo soy la mujer de Korra mientras que allá Korra era la mujer de Sato, puede que muchas personas no entiendan la diferencia, pero es tan sencillo como decir que todo lo que veo aquí lo irguió Korra y lo que hay allá lo erguí yo.

Planeo quedarme aquí una larga temporada, también voy a visitar Omashu, ahora que Rust no tiene nada más que ocultar me encantaría poder entrar a su fortaleza y leer la historia de su gente directo de las paredes de sus palacios.

Aún me falta un largo camino que recorrer pero creo que puedo decir que me encuentro mejor.

Jueves 25 de Junio.

¡Omashu! ¿Qué hay que no sea emocionante de esta enorme fortaleza?

Llegué ayer, Rust me recibió con brazos abiertos, el enorme hombre con apariencia de oso tiene la sonrisa más cálida que jamás haya visto en un rebelde, supongo que eso delata su verdadero origen, ahora que el Loto Rojo ha desaparecido del mapa muchas personas comienzan a reflejar un brillo diferente en sus rostros, como si de pronto hubieran encontrado el propósito de sus vidas.

La gente de Omashu es muy cálida, muy unida y muy alegre, se nota que su líder pasa mucho tiempo trabajando los vínculos que hay entre sus pobladores.

Rust me llevó a una humilde casa de roca, normalmente esto no tendría nada de novedoso pero todo cambió cuando me dijo que el setenta por ciento de su ciudad se conserva tal como la dejaron los antiguos, la destrucción que causaron las peleas de los tiempos del Avatar Obscuro no fue tan aplastante como en otras ciudades, gracias a eso la ciudad se conservó como ninguna otra y la casa en dónde me hospedaba era en realidad una antigüedad.

Un veradero paraíso para la gente curiosa como yo.

Mí llegada a Omashu fue a las doce del día y no terminé de explorar ruinas hasta las nueve de la noche cuándo el sol se ocultó en el horizonte. Aquí hay un sin fin de información que nos puede servir ¡Omashu conservó la mayoría de sus bibliotecas! Naturalmente no se conservan cien por ciento intactas pero estoy segura de que algo puedo sacar de ellas.

El día de hoy tengo planeado ir al palacio y a los templos a leer su versión de la historia del Avatar Obscuro, a pesar de que conozco esa historia como la palma de mi mano, siempre enriquece conocer los distintos puntos de vista de los diferentes testigos, de esa manera aprendes las distintas formas en que un suceso puede afectar a un grupo de personas.

Domingo 12 de Julio.

He vuelto a Ba Sing Se, las tres semanas que pasé en Omashu fueron casi mágicas, como dar un salto al pasado, traje conmigo varios ejemplares de libros y varios artefactos que encontré en las ruinas, tengo el material suficiente para entretenerme por meses.

Otro beneficio de estar en estas tierras es que al fin puedo entrenar mis técnicas de combate a diario, creo que mi cuerpo comienza a recuperar la condición que tenía antes pero mi desempeño jamás llegará a ser el mismo, las lesiones que sufrí fueron serias, mi mano derecha por ejemplo, nunca volveré a dar un puñetazo con ella, simplemente no es posible, los huesos de la mano me duelen cuando hay cambios de clima y los músculos se me entumen cuándo los uso por tiempo prolongado, como cuando escribo o sujeto algo por mucho tiempo.

Por supuesto, siendo quien soy no demoré en elaborar un guante de cuero que cubre el área de los dedos faltantes y toda la palma de mi mano, al inicio su diseño fue sencillo pero con el tiempo noté áreas de oportunidad como introducir una pequeña navaja retráctil que se mantiene escondida dentro de la parte del reverso de la mano y que al salir ocupa el espacio de los dedos faltantes, más que de arma la utilizo de herramienta, estoy segura de que si mi padre siguiera con vida le habría encantado el invento.

Unirme a las peleas del coliseo suena tentador, lo he empezado a ver como un reto personal y quisiera quedarme lo suficiente para poder participar, solo debo permitirme entrenar un poco más, seguro que con práctica seré capaz de encontrar otras maneras de pelear.

Una gran noticia es que he aceptado asumir la posición de líder en Ba Sing Se, durante mi estancia aquí he notado muchas oportunidades para los rebeldes que ayudarían a mejorar mucho su calidad de vida, tendré que hacerle cambios al entorno en el que viven pero estoy segura de que pronto notarán los beneficios que esos cambios les traerán.

Mientras tanto me deleito asistiendo a los eventos del coliseo, la gente ha mejorado mucho sus técnicas de pelea y varios miembros del Loto Blanco han decidido unirse a los eventos, cosa que les ha ayudado a ganar prestigio porque son personas que han entrenado la mayor parte de su vida y eso es algo que se nota cuándo los ver pelear.

Los espectáculos ya no son tan sangrientos como antes, podemos ver ojos hinchados y amoratados, labios reventados, pero ya no hay heridas graves que puedan poner en peligro la vida de los peleadores, claro, a excepción de las noches especiales para ese tipo de peleas, las cuales he preferido evitar, sé que Korra fue una gran estrella de esos eventos pero es algo que a mí en lo personal no se me da.

Los comedores del pueblo han crecido en tamaño y producción, es extraño pero me parece que la gente de Ba Sing Se ha aprendido a cocinar mucho mejor que la gente de mi pueblo, sus comidas tienen más sabor, si a eso le agregamos la convivencia que se experimenta en el área de comida nos encontramos con momentos agradables y únicos, sobre todo cuando los rebeldes deciden armar fogatas durante la noche e inician pequeñas celebraciones solo por el gusto a pasar un buen rato.

Aquí he comenzado a notar los aires de libertad, a los rebeldes les gusta viajar hacia mi pueblo, van y vienen cuándo les place y traen todo tipo de anécdotas sobre mi pueblo y su gente, el hecho de que nuestro pueblo haya sido víctima del bombardeo le agrega un atractivo especial para los rebeldes quienes admirar la capacidad de mi gente para salir adelante.

A la alianza rebelde le gusta contar relatos con detalles exagerados, prácticamente me han vuelto una leyenda, hablan de la muerte de P'li, cuentan que me enfrenté a mil soldados para llegar a ella y que después de asesinarla me encargué de eliminar a cientos de soldados antes de ser derrotada y brutalmente castigada, sé que sus intenciones no son malas pero preferiría que todo esto de la guerra pudiera olvidarse de la noche a la mañana, lamentablemente tendrá que pasar mucho tiempo antes de que sea así.

Domingo 19 de Julio

Una semana ha bastado para transformar casi por completo una de las secciones en dónde viven los rebeldes, los poderes de los maestros tierra son impresionantes y los beneficios que traen con ellos muy variados, ahora que podemos usar sus habilidades abiertamente estoy segura de que podremos avanzar a pasos agigantados.

El primer proyecto que propuse fue deshacernos de los viejos edificios en ruinas para poder despejar el área y empezar a levantar casas adecuadas para la gente que vive aquí, los escombros ya no bastan para albergar a la cantidad de gente que se ha reunido a vivir en las ruinas, si nos deshacemos de los escombros podremos crecer con mayor libertad y calidad de vida.

También he comenzado a enseñar a un grupo de jóvenes a producir celdas solares, pronto Baatar se convertirá en el encargado, el hombre tiene talento para esto, estoy segura de que lo hará bien, también tengo planes para iniciar la elaboración de molinos de viento, ahora somos una alianza, compartiré con ellos todo lo que ya implementé en mi pueblo, si la humanidad va a resurgir de las cenizas me encargaré de que sea la mejor versión que podamos ofrecerle al mundo, utilizaremos energía limpia y disminuiremos los contaminantes todo lo que podamos.

Por el momento empezaré aquí, después me encargaré de que Omashu, el Norte y el Sur nos sigan el paso.

Lunes 9 de Noviembre

No me había tomado el tiempo de actualizar, he estado muy ocupada con las tareas en Ba Sing Se y otras tantas que se extendieron a otros asentamientos.

Es gracioso pensar que vine a Ba Sing Se escapando de lo inevitable y que en vez de eso terminé más envuelta que nunca en mis responsabilidades de líder. Actualmente me encuentro dirigiendo la conexión de Ba Sing Se a nuestro pueblo por medio de radio, la instalación de sistemas de energía renovable en Ba Sing Se y en Omashu, la ampliación del sistema de comunicación satelital del Loto Blanco y las rutas de comercio entre mi pueblo, Ba Sing Se y Omashu, decir que tengo las manos llenas es poco.

Gradualmente hemos ido limpiando el área dentro de las paredes de Ba Sing Se, ahora hay hogares aceptables para sus habitantes, más espacio para la agricultura, para clínicas, escuelas, espacios recreativos y para los nuevos coliseos que tanto pedían.

Ya ha pasado más de un año desde la guerra, Kuvira y el resto de los aliados ofrecieron una conmemoración a la que no asistí, irguieron un monumento en honor a Korra en el medio de la plaza, y uno en honor a mi padre en el lugar en que antes estuvo nuestra casa, ha pasado un año y no hay rastros de ella o de un nuevo Avatar, la gente ha perdido las esperanzas de volverla a ver, no quisiera ser parte de ese grupo pero no me queda más que pensar.

Por mi parte las pesadillas no han cesado, se podría decir que ya me acostumbré a ellas, mis amaneceres son la peor parte del día y de ahí en adelante suelen mejorar, los dolores de cabeza ya no son frecuentes, solo suelen llegar cuándo me estreso demasiado pero creo que eso es algo que le pasa a todos, en cuanto a mi condición física, me encuentro en forma, participo en las peleas una vez cada dos meses, me tomó un par de intentos pero logré volverme campeona invicta de las peleas abiertas sin armas, en estas participan maestros elementales, bloqueadores de Chi y no maestros de todos los pesos y categorías, puede que tenga un puño menos pero mi habilidad con el bloqueo de Chi no podría ser mejor.

Se podría decir que mi vida está completa, mis actividades han vuelto a la normalidad, sin querer todo volvió a su curso natural, he vuelto a dedicarme a algo en lo que soy buena, de nuevo tengo un propósito y un sentido...

Estoy satisfecha, mi vida no está vacía, pero no puedo decir que me siento feliz.

Miércoles 21 de Abril

Lo bueno de un proyecto bien elaborado y establecido es que con el tiempo comienza a marchar por sí solo, todos aprenden bien la función del papel que desempeñan y no necesitan a nadie que les diga que hacer.

Ba Sing Se ya está conectado por radio con el resto de los asentamientos aliados, el siguiente en la lista es Omashu pero no hace falta que yo les ayude con ese proyecto, el mismo equipo que trabajó para conectar Ba Sing Se es perfectamente capaz de conectar a Omashu.

Durante los últimos dos meses me he ido deslindando de los proyectos que los aliados tienen en marcha, aunque yo fui quién los inició no me interesa ser quién los desarrolle hasta el final, no siento que haga falta, estoy segura de que todo saldrá bien, confío en la gente y su capacidad para entender el propósito de lo que están haciendo.

Después de pasar un tiempo aquí me he dado cuenta de que esto no es lo que quiero hacer, no puedo quedarme en un solo lugar, debe de existir otra manera en la que mi conocimiento pueda ayudar a los demás porque la verdad no me veo envejeciendo como una gran líder solo para morir y ser recordada por todos con respeto y cariño, por más lindo que eso pueda sonar, no me brinda ningún tipo de satisfacción.

Ha transcurrido más de un año y Kuvira al fin regresa a Ba Sing Se a ocupar el lugar que siempre le perteneció, ella es la genuina líder rebelde, no existe otra persona que pueda ocupar el lugar del trono en el coliseo, así se lo he comunicado cuándo le pedí que volviera.

Ella sabe que planeo volver a casa a encargarme de establecer otro consejo como el que tenía antes y después tal vez inicie nuevos viajes a lugares poco explorados, aún debo encontrar algo que llene mi espíritu por completo.

Kuvira llegó hace poco menos de una semana, estos días los hemos aprovechado para dejar en claro la situación actual de la alianza rebelde, los proyectos que están trabajando actualmente y los que tienen programados para el futuro.

Todo está listo para mi partida, intenté hacerla lo más sencilla y breve posible pero los rebeldes se negaron, ellos mismos organizaron una fiesta y exigieron que el cambio de poder se efectuara de acuerdo a sus tradiciones, Kuvira y yo debíamos enfrentarnos en el coliseo, Kuvira no tuvo ningún inconveniente con la proposición, a ella le parecía de lo más natural mientras que yo no tuve opción de opinar.

A pesar de no sentirme del todo cómoda con la idea entré al coliseo representando a Carmín por última vez, Kuvira me aclaró que la pelea debía ser legítima, cosa que yo sabía de antemano, los rebeldes son fanáticos de estos rituales, las peleas significan algo más que solo diversión, para ellos esto es algo serio y si yo me dejaba vencer habría cometiendo una grave falta de respeto para su cultura.

Sin más que hacer inicié mi día como de costumbre, me uní a las celebraciones de mi despedida y al caer la noche volví a usar el maquillaje de la guerrera que acabó con la vida de P'li hace más de un año.

- Antes de iniciar esta pelea quiero establecer un par de reglas. - Alcé la voz y todos guardaron silencio. - Para que sea una pelea justa yo no bloquearé el Chi y Kuvira no utilizará su poder de maestra tierra... quiero seguir las mismas reglas que había cuándo Korra subió al trono, una pelea cuerpo a cuerpo y en iguales condiciones. – Concluí, el público celebró mi decisión y Kuvira sonrió con una mirada amenazante.

- Si yo estuviera en tú posición habría sido más lista y me hubiera limitado a prohibir el uso de los elementos. - Murmuró al acercarse a mí.

- Solo busco una manera legítima de darte la oportunidad de ganar. - Respondí con una sonrisa y ella rió por lo bajo.

Nuestra pelea no incluyó ningún tipo de armas, Kuvira lo quiso así lo cual me parecía bien pero significaba que la pelea sería larga y extenuante a menos de que alguna de las dos lograra noquear a su oponente durante los primeros minutos del encuentro.

La pelea dio inicio y ambas comenzamos a repartir golpes, se notaba que Kuvira había recuperado su condición física, sus movimientos eran casi imposibles de leer, parecía flotar sobre la punta de sus pies a medida que se movía alrededor de la arena, aún así no me dejé intimidar por sus habilidades, yo tampoco había estado perdiendo el tiempo, durante mi estadía en Ba Sing Se me dediqué a fortalecer mi brazo izquierdo y aprendí a compensar los golpes de mi puño derecho con golpes efectuados con la base de la palma de la mano.

Tanto ella como yo recibimos daño, Kuvira me hizo caer un par de veces y ella misma cayó en más de una ocasión, la pelea estaba reñida, a pesar de que me vi forzada a poner todo mi empeño no pensé que mis habilidades fueran a representar un reto para Kuvira porque tenía la impresión de que mi cuerpo era más débil que el de ella y me sorprendió ver que no era así.

- Puedo notar que entrenaste con el Avatar. - Sonrió limpiando la sangre que le bajaba desde la ceja izquierda.

- Terminemos con esto de una buena vez. - Dije entre jadeos, la pelea llevaba poco más de diez minutos y ambas sudábamos profusamente.

- Estás cansada… te tengo arrinconada. – Kuvira se burló, yo me adentré repartiendo un par de patadas, para mi sorpresa una de ellas logró conectar con la mandíbula de Kuvira quién siguiendo la dirección del golpe cayó al suelo levantando una pequeña nube de polvo, el público enmudeció y yo quedé perpleja pensando que tal vez acababa de arruinar la sucesión de poder.

- ¿Kuvira? – Murmuré, ella se enderezó lentamente y maldijo antes de escupir una bocanada de sangre, mis ojos se expandieron al ver un diente rodar sobre la tierra, Kuvira jadeaba enfurecida mientras encontraba las fuerzas para ponerse de pie.

- ¡Maldita sea! - Gruñó lanzando un par de golpes y patadas antes de sujetarme por el brazo izquierdo y hacerme caer con ella hacia el suelo, ambas comenzamos a rodar sobre la tierra intentando dominar a nuestro oponente, Kuvira buscaba aplicarme una llave, logré zafarme de un par de agarres sobre mis brazo derecho hasta que Kuvira acomodó y cerró sus piernas alrededor del brazo y mi cuello.

- ¡Ríndete! – Gruñó aplicando más presión con sus piernas, a pesar de haberla escuchado continué bufando y sacudiendo el cuerpo de un lado a otro en un intento desesperado por escapar de su agarre. - ¡Ríndete maldita sea! – Insistió, mi vista comenzaba a volverse borrosa, de pronto me sentí mareada y me faltaron las fuerzas, al fin había terminado, pensé antes de perder la conciencia.

La siguiente vez que abrí los ojos me encontraba en el área de enfermería del coliseo, Kuvira estaba sentada enseguida de mí y al verme abrir los ojos se acercó un poco.

- Lamento lo de tu diente. - Fue lo primero que dije y ella resopló rodando los ojos.

- ¿Por qué no te rendiste ahí dentro? No tenías porque aguantar hasta perder la conciencia. - Me regañó y yo no pude evitar reír un poco.

- Esta no es la primera vez que ayudo a que alguien se quede con el puesto de líder ¿Sabes? – Confesé, Kuvira me miró confundida y en espera de una explicación. - A la gente le gusta ver algo real, no hay nada más real que quedar inconsciente por un candado al cuello o por tener una daga clavada en el cuerpo. – Sonreí, ella arrugó las cejas.

- Gané de manera justa. - Resopló y yo me encogí de hombros.

- Así tenía que ser. - Le dije, Kuvira cerró los ojos y comenzó a negar con la cabeza mientras se masajeaba las sienes.

- Si me ibas a ayudar podrías haber intentado no volarme un diente en el proceso. – Reclamó, yo la miré en silencio por un instante antes de que la risa me ganara una vez más.

- No lo veo ¿Cual fue? - Pregunté prestando atención mientras ella señalaba el hueco en dónde faltaba uno de sus molares inferiores, me sentí aliviada de que no fuera ninguno de sus dientes frontales, pero ahí estaba, la huella permanente de nuestro enfrentamiento.

- Es para que me recuerdes. - Sonreí y Kuvira me devolvió el gesto.

- ¿Cuándo te vas? - Preguntó volviendo a mostrar un rostro serio.

- Me iré en cuánto termine de arreglar el consejo del pueblo. – Respondí.

- Si pudiera ir contigo lo haría. Irás a la isla ¿Verdad? – Preguntó, yo asentí con la cabeza, hace cinco meses el Loto Blanco reportó que la isla parece haberse estabilizado, y aunque ellos ya la exploraron y dijeron no encontrar nada, yo no puedo ignorar el deseo de ir y verla en persona.

- Me agradaría que me pudieras acompañar, pero la alianza rebelde no se sentiría cómoda con otro cambio de liderazgo. – Pensé en voz alta.

- Lo sé... – Kuvira murmuró, ambas guardamos silencio por un par de minutos. - ¿Llevarás a más personas contigo? – Preguntó, yo negué con la cabeza.

- Solo a los maestros agua que necesito para llegar allá. - Guardé silencio y Kuvira suspiró.

- Dicen que es una isla desierta. – Comentó. – No quedó nada.

- Si, pero siento que si no hago este viaje jamás me sentiré tranquila, tengo que ir a ver el lugar en dónde murió. – Bajé la mirada.

- Te entiendo, si yo no hubiera estado ahí tal vez me sentiría igual. - Concluyó y yo asentí con la cabeza volviendo a descansar sobre la camilla en la que me encontraba recostada.

Luego de que Kuvira y yo recibiéramos la atención necesaria nos pusimos de pie y caminos hacia los comedores en dónde disfrutamos de un delicioso guisado de res y del resto de la celebración, los rebeldes se acercaban a desearme un buen viaje mientras otros felicitaban a Kuvira por su victoria, Suyin y su esposo se unieron a nuestra mesa al igual que Monte, Guila, Gato y Baatar, juntos compartimos un agradable momento hasta que sentí que era tiempo de retirarme, mañana emprenderé el viaje de regreso a mi pueblo y quisiera irme temprano.

Lunes 3 de Mayo.

Ayer pasé la noche entera sentada frente al monumento de Korra, al fin podré visitar el lugar que la vio por última vez.

La semana pasada fui al mundo espiritual a establecer nuevos acuerdos con Wan Shi Tong, al fin autorizó que los espíritus puedan venir a nuestro mundo si así lo quieren, ya no hay más restricciones, claro, la condición es que nosotros debemos respetarlos a ellos y los entornos en los que viven, entre otras cosas, ya me encargué de que el nuevo consejo esté al tanto para que ellos actualicen a los pobladores y al resto de los pueblos de la alianza.

Hemos vuelto a abrir el acceso a la biblioteca para seguir transcribiendo libros, la mayoría de los que ya teníamos se quemó o voló en pedazos durante el bombardeo, es importante que recuperemos ese conocimiento, la única manera de que avancemos hacia un futuro prometedor es si lo hacemos aprendiendo de los errores que se cometieron en el pasado.

A pesar de que la capital de Antiguo Reino Fuego ya no es más que un enorme cráter, siento la necesidad de visitarlo, quiero contemplar con mis propios ojos las consecuencias que trajo la explosión que logró terminar con el Avatar más poderoso que hemos tenido en generaciones.

Esta será mi última entrada, esta bitácora se quedará aquí, guardada bajo la cama de la casa en el acantilado, el hogar que me hubiera encantado compartir con Korra.

Lo intenté, recuperarme y quedarme a ayudar a todos tal como lo prometí, no es que haya faltado a mi promesa, ayudé en lo que pude pero creo que la gente sabe bien qué camino seguir, se encuentran en buenas manos, el mundo continuará su curso mientras yo intento apaciguar las inquietudes que aún viven en mi pecho.


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¡Maria! Me comentaste sin cuenta ¡Feliz cumpleaños!
Aunque no fue sin querer me alegra haberte regalado algo jajaja :D

¡Gente! Este es el penúltimo capítulo, para el tiempo que lleguen aquí el otro ya estará publicado.