Capítulo 6.

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Athena había regresado a casa lo mas rápido posible después del infortunio que había pasado en el cetro comercial. Al llegar a casa llamó a su hija pero no hubo respuesta de su parte. Subió a la habitación y no halló a nadie. Estaba entrando en ansiedad ya que ni siquiera le contestaba el celular a pesar de que le daba línea, solo un par de timbrasos y la mandaban a buzón.

Salió de casa, estaba tan nerviosa que por un segundo pensó en llamar a su ex esposo para decirle lo que habia pasado a ver si el podía tener una idea de a donde pudo haber ido la adolescente, a algún lugar al que fuera cuando estaba enojada, o algo por el estilo. Sin embargo se detuvo, ya que no quería molestarlo, debía arreglar esto sola, no quería fallar como madre. Salió una vez hacia el centro comercial y empezó a preguntar en las tiendas de música, discos, en los lugares de videojuegos, comida, ropa pero en ningún lugar le dieron razón sobre su hija.

Después de firmar muchos autógrafos y de otra sesión de fotos con sus fans fue directo a su casa, pensativa y algo asustada en saber donde se pudo haber metido su hija. Al llegar a casa reposó su frente en el volante del auto y suspiro, impidiendo que sus lagrimas salieran de sus ojos. No entendía que había hecho para que Aika se comportara así con ella, comprendía que al ser educada por Iori no sería tan espontanea como Maika pero eso no era excusa para que la odiara.

Al entrar a casa decidió recostarse un poco para pensar mejor. Al avanzar por el pasillo escuchó una respiración agitada proveniente del cuarto de Maika, la psíquica se detuvo y pegó su oreja a la puerta para escuchar mejor, de pronto percibió unos gemidos detrás de la puerta, la peli violeta abrió sus ojos como platos y pensó lo peor ¿Acaso Aika estaba haciendo lo que creía que estaba haciendo en la casa? Asamiya sudó frío, por una parte podía abrir la puerta y empezar a regañar a su hija pero eso implicaría verla en un acto sexual con un desconocido, ¿Eso sería peor para ella o permitirle que terminara de tener sexo y confrontarla una vez terminara? Tenía que actuar rápido, cualquiera de las dos cosas sería demasiado incómodo. Sin tantos preámbulos decidió optar por la primera opción y abrió la puerta sin anunciarse; al hacerlo Aika miró rápidamente a su madre y con una cara de espanto sacó rápidamente su mano derecha de sus shorts y su mano izquierda de su brasier. Athena quedó en shock, mantuvo su boca abierta y temblando.

-¡¿Qué haces?! ¡Cierra! – ordenó la pelirroja colocándose rápidamente de pie mientras se abotonaba sus pantalones cortos.

-Aika, ¿Qué se supone que estabas haciendo? – preguntó su madre roja de vergüenza.

-Lo que todo el mundo hace alguna vez en su vida, o me vas a decir que Maika la perfecta jamás haría algo como esto. – dijo colocando sus manos en la cintura.

-No metas a Maika en esto jovencita, esto no le concierne, discutimos lo que estabas haciendo a escondidas, además, que manera es esa de irte del centro comercial, no atendías mis llamadas ni siquiera. Me tenías muerta de miedo al no saber nada de ti y te encuentro haciendo esas cochinadas en la habitación de tu hermana. ¿Te parece justo eso? ¿Te parece justo? – comentó con el ceño fruncido. Ahora si estaba molesta.

-¡Lo lamento Athena! ¡Lamento no ser la hija que quisieras que fuera! ¡Perdóname por no ser Maika, perdóname por no ser perfecta como ella, perdóname por no ser una estúpida homosexual como mi hermana y perdóname por haber nacido! – gritó mientras sobreactuaba con las manos.

-Aika, ¿Cómo pudiste decir todo eso? – musitó, herida de dolor en el corazón al escucharla.

Las lágrimas no se hicieron esperar; se tomó del pecho y retrocedió hasta que su espalda tocó la pared. Traó pesadamnete con un muy, no, enorme semblante de tristeza.

-¿Qué fue lo que te hice para que me odies tanto? ¿Qué fue lo que te hice? ¡Dímelo!

-¡Te odio! ¡Te odio! ¡Siempre tan perfecta, siempre siendo el centro de atención, siempre tan amada por todos! ¿Por qué simplemente no me dejas tranquila? ¡Odio mi vida! ¡Los odio a todos!

-¡¿Y es por eso que haces lo que estabas haciendo a escondidas?! ¿Por qué me odias? ¿Por qué los odias a todos?

-¡Ya cállate Athena! ¡No tiene nada de malo hacer eso! ¡Además apuesto a que tu también lo haces desde que papá las abandonó, mientras él se acuesta con una mujer desconocida cada semana que sí puede satisfacerlo en la cama! – rugió con furia.

Las mejillas de la psíquica ardieron de vergüenza y de rabia al escuchar esas palabras. Apretó sus mandíbulas y sus puños, tratando de contener el coraje, su entrecejo se hundió mas de la cuenta, Aika había herido su orgullo de verdad, ese había sido el límite de todo. Sin pensarlo golpeó fuertemente la mejilla de su hija con la palma de su mano, el golpe fue muy fuerte dejando la mejilla de la pelirroja enrojecida.

-¡Ah! – Athena gritó con miedo por lo que había hecho, se tapó la boca y levantó la mano en su dirección. – Hija y-yo… mi amor, l-lo siento yo no quería – tembló su voz en sus palabras.

El fleco de la Yagami tapaba sus ojos por lo que era imposible ver su semblante, no obstante la madre pudo ver como una lágrima corría por la cara de su hija. Era un momento de demasiada tensión quiso decir o hacer algo pero no podía ya que su cuerpo no respondía.

-¡OJALA TE MUERAS! – gritó al momento de empujarla con fuerza y salir corriendo de la casa.

La peli violeta cayó al suelo y no tuvo si quiera la intención de ir tras ella, en su lugar se tomó de la cara y rompió en amargo llanto.


Iori despertó en el sofá y miró a todos lados, reconociendo que se había quedado dormido a la mitad del show de su hija. Se incorporó y fue a la habitación de Aika donde la pelirroja se hospedaba. Tocó la puerta.

-¿Qué quieres? – se escuchó la voz de su hija. Parecía un tono más bien preocupado.

-No debí quedarme dormido, es que, estuve muy ocupado esta semana y me sentía cansado. – dijo con una voz fría y despreocupada.

-No importa, está bien.

-¿Tú… quieres hacer algo?

-Aléjate. – dijo una avergonzada Maika mientras se limpiaba al otro lado de la puerta.

Hablar con su padre mientras hacía eso era vergonzoso para ella. Quería que se fuera pero al mismo tiempo no ya que de alguna manera le estaba prestando atención. La Yagami se tapó la cara roja de vergüenza una vez había terminado de cambiarse.

-¿Qué es lo que te gusta? Podemos ir por un helado o esas cosas que le gustan hacer a las adolescentes de tu edad.

Su hija respiró agitada sin poder apagar su rubor de la cara, ojala hubiera una ventana cerca de ella para saltar a través de esta y librarse de esa situación. Pero pronto sonrió un poco, prefirió tragarse su vergüenza y usar esa oportunidad para tener un acercamiento a su padre, además tenía un bono de poder pedirle lo que sea para compensarla.

La joven Yagami abrió un poco la puerta y asomó un ojo por la ranura de esta. Aun se sentía incómoda.

-¿Podemos ir a un spa y después a que me hagan un corte de cabello esponjoso?