Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission. Thank you so much again, April! :3


Capítulo 5

Las acciones siguen cayendo para Cullen Corp.

¡Cláusulas, cláusulas por doquier! ¡Estate atento a las últimas novedades!

Alice Lo Sabe Todo


De pie allí, en toda su gloria divina, Edward Cullen está vestido con un suéter de punto trenzado color verde oscuro y el par de jeans más perfectamente a medida que he visto. Sus ojos brillan bajo las luces fluorescentes baratas, y la barba que no se encontraba en su afilada mandíbula ayer lo hacen lucir doblemente delicioso.

El calor se asoma por mi cuello y llena mis mejillas. Esquivo la mirada, avergonzada, excitada, y ligeramente molesta. No sé qué intenta lograr, pero lo que sea, no está jugando limpio.

Santo cielo.

—Bella. —Su voz es suave como la seda—. Me disculpo por las tácticas turbias, pero no creía que hablarías conmigo voluntariamente.

Por mucho que lo odio, encuentro su mirada. Momentos desesperados llaman a medidas desesperadas.

—Hablaré contigo si me devuelves los quinientos dólares.

Una ceja perfectamente depilada se alza.

—Dejaste claro que no eras alguien que podía ser comprada.

—Y aun así le pagaste a mi jefe así no tendría más opción que servirte —contesto, echándole un vistazo a Charlie, que se encuentra de pie, listo para regañarme si desafío demasiado al ultra adinerado Edward Cullen—. Al menos, merezco una compensación por el trabajo perdido.

—Me parece justo. —Una sonrisa deslumbrante se estira en sus labios. Mi pecho se contrae al verla, así que asiento en vez de contestar verbalmente—. Después de ti —dice con ese gran gesto de nuevo.

Vacilo mientras paso por su lado esta vez, insegura de en qué exactamente me estoy metiendo y preguntándome si realmente podría hacer lo que creo que quiere. Él definitivamente es un regalo a la vista, y las posibilidades de ser asesinada y que mi cuerpo sea desechado después son casi nulas, él pagaría más de lo que jamás podría hacer en otro trabajo, y la probabilidad de pillar una ETS es probablemente baja.

Pero la simple idea me da asco.

Juré que jamás estaría en esa posición de nuevo.

Porque sí, por un momento después de mi decimoctavo cumpleaños, el sexo era una manera de hacer dinero. No estoy orgullosa de ello, no lo disfruté, y tengo suerte de haber salido mayormente ilesa.

—¿Te gustaría algo? —Sus ojos son tan jodidamente verdes, se siente como si estuviera mirando a un bosque—. Estoy seguro de que puedo hacer que Charlie te prepare algo.

—Estoy segura que sí —digo con burla—, pero no, gracias. —No añado que comería si convencía a Charlie de que limpiara la plancha primero por temor a que él realmente lo haga, y termine despedida mañana.

—Bella, yo… —Se detiene, considerándome con cuidado—. Creo que eres el tipo de mujer que es sensata, y me gusta eso. Quiere decir que puedo hablar libremente y que tú harás lo mismo. —Inhala, lamiéndose sus exuberantes labios color rosa—. ¿Qué tanto sabes de mí?

Alice Lo Sabe Todo cree que estás buscando una esposa —digo con cuidado, repitiendo el único hecho que sé de él—. La misma columnista te llamó el soltero más codiciado de Forks, pero no tengo idea de si eso es verdad. —Hago una pausa, llevando mis ojos a los suyos, frunciendo el ceño levemente—. Pero definitivamente no soy material para lo más florido, así que eso solo deja solo otra cosa que puedes querer de mí, y no entiendo por qué.

Sus labios se tuercen.

—¿Me dirías que no?

Mis ojos se entrecierran.

—Dame los quinientos antes de contestar a eso. Odiaría ofenderte y no ser compensada por mi tiempo.

—Me parece bien. —Saca su billetera de cuero de su bolsillo trasero y toma cinco billetes lisos de cien dólares, colocándolos en la mesa. Entonces, saca otra pila, contando diez más—. No importa cómo resulte la siguiente conversación, quiero que tomes esto. —Sus ojos se oscurecen y su mandíbula se tensa—. Úsalo para tener un mejor nivel de vida, por favor.

Sus palabras, aunque son dichas de manera amable, me sacan de control. ¿No entiende el dilema de los menos afortunados? ¿Es tan obtuso que cree que mil quinientos dólares es suficiente para solucionar todos mis problemas? ¿Cree que puede producir la paz mundial?

Me siento insultada.

Furiosa.

Y lastimada.