Nada de Katekyo Hitman Reborn o Harry Potter me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Overconfidence Effect
Capítulo 4 - Hayato
-... y nadie saldrá herido. - ¿Es que estos infelices no tenían nada de cerebro?
Sacó sus bolsillos al punto de mostrar abiertamente su interior, mostrando nada porque no había nada, y repitió con voz monótona:
- No tengo nada. - No había traído más que un par de billetes para una comida rápida que ya había usado con dichas intenciones. Aparte de su ropa, no tenía nada.
Y estos desgraciados venían a molestar y a insistir que si tenía que dar. Gastar su dinamita en ellos sería un completo desperdicio, pero si seguían molestando no le quedaría más remedio que volarlos en mil pedazos en el sitio. ¿Qué más bueno podía ser de lo que ya había sido con ellos?, ¿pedir perdón por no tener nada que pudieran robar?
- Bueno, ya que insistes… - Bufo por lo bajo. A puños no iba a pelear, no iba a correr y dudaba mucho que fuera a perderlos, así que…
- No quiero pelear. - Valía de nada, estos hombres no querían escuchar y no lo iban a hacer.
- A él muchachos. - Y por este tipo de cosas estaba seguro que las personas solo tenían una neurona funcional.
Aparte de caerle a golpes, dejarlo mal herido o quizás matarlo, ¿que iban a conseguir si no tenía nada?, por algo salía con dinero contado.
- Tsk. - No podía creer que estaba gastando su dinamita en estos tipos. - Última advertencia. - Cigarrillo encendido, dinamita en la mano.
Y gente riéndose creyendo algo que no era. Muy bien, lo intento.
- Doble Bomba. - Con eso soltó su ataque e internamente pidió que eso fuera suficiente para que se largaran y lo dejaran en paz.
- Cree que nos va a asustar con fueguitos arri-¡KABOOM!
¿Fuegos artificiales?, ¿en serio?, hasta eso podría ser una buena arma si se sabe usar. Un cohete en la retaguardia haría un daño increíble. Si no fueran más o menos costosos, haría la inversión en algunos solo para ver cómo podía usarlos para causar el mayor daño posible. O susto. Ambas eran buenas ideas en diferentes circunstancias.
- No son tan valientes ahora, ¿eh? - Habían corrido como ratas.
Que desperdicio de buena dinamita, seria-¿eh?, ¿y esos gritos?
Minutos más tarde no podía evitar preguntarse porque demonios el tal Hibari no apareció cuando en verdad importaba y porque tenía que meterlo en el paquete cuando no fue su maldita culpa ser atacado. Lo único que hizo fue defenderse sin causar heridas graves, y si el problema era el humo y la destrucción, estaba seguro de que la escuela podía cubrirlo.
¿Acaso protegerse uno mismo era pecado?, sería el colmo.
- ¿Que? - El desgraciado prefecto era rápido y contundente. No sería sorprendido si alguno de los imbéciles en el suelo tenía múltiples huesos rotos. - Tengo derecho a defenderme. - No iba a ganar a menos que se las ingeniara, porque el tipo tenía la mano horriblemente pesada.
Si, el tipo era peligroso, pero no era nada en comparación con otros en el bajo mundo. Para un civil, este hombre podía ser considerado un demonio, pero del otro lado no era más que un perrito con malas pulgas. Un perrito fiero y peligroso, o tal vez un perro grande en una selva. O en Australia. ¿No era Australia uno de los países más peligrosos con respecto a los animales?, bueno, por ahí iban los tiros y no debería de estar pensando en estas cosas tan estúpidas cuando estaba en problemas.
- Por destruir la propiedad, acosar a los estudiantes y-
- ¡¿Acosar?!, ¡pero ni hablo con ellos! - Solo miraba. Hasta ahora no había tenido suerte.
- utilizar armas ilegales serás mordido hasta la muerte. - Genial, incluso tenía una frase.
- Tsk, ¡no es mi culpa!, ¿que querías?, ¿que me quedara allí y dejara que hicieran lo que quisieran conmigo? - Lo malo era que, a este ritmo, solo era cuestión de tiempo antes de que el infeliz volviera a acertar en un golpe.
No lo estaba dejando encender-
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- Ugh… - Su cabeza, Dios…
- ¿Estás despierto? - Una voz cercana preguntó en voz baja, como si tratara de no molestar.
Desgraciadamente, el simple hecho de que hubiera alguien cerca que no reconociera era una muy buena razón para alarmarse y entrar en pánico.
Y caer al piso como resultado.
- Lo siento, ¿estas bien?, ¿te ayudo a subir? - Maldijo internamente su situación, su dolor de cabeza, su cuerpo adolorido e incluso a quien sea que le estaba hablando.
Dos orbes caramelo fue lo que encontró cuando abrió los ojos, preocupados y sin saber cómo proceder.
- Hibari-san te dio una paliza. - Ah. El que se creía Batman. - No está feliz de que hayas destruido parte de la escuela, tendrás que esconderte un tiempo de el. - Rodó los ojos, o lo intento.
- Me vale madres lo que ese infeliz piense. - Él no había ocasionado ningún problema. Ninguno. - Defenderse no es un delito y él no es ninguna figura de autoridad. - O lo que fuera el término correcto, aunque no era como si le importará si estaba usando el término correcto o no.
- Deberías. - Fue dicho con cautela, esos ojos aún mirándolo sin saber qué debería hacer. - Hibari-san es estricto con las normas, ama una buena pelea y cela su territorio. La escuela es un punto crítico que tú violentaste, buenas razones o no, y por un momento te vio como un posible adversario digno. Es la peor combinación que quieres si tú intención es estar fuera de su mira. - Oh. Era de esa clase… - ¿A menos que me equivoque…? - Por la forma en la que la otra persona ladeó levemente la cabeza hacia un lado sin dejar de mirarlo, sentía que esta persona lo veía en su totalidad.
- No. No te equivocas. - El murciélago superdesarrollado podía ir a freír mono por todo lo que le importaba. - ¿Tú eres…? - La misma persona que había estado buscando por días, si no se equivocaba.
En un dos por tres el chico, tanto por expresiones faciales como por voz, se alejó un tanto. Tuvo que alzar la cabeza e incluso tuvo tiempo de medio levantarse antes de obtener ayuda no solicitada. Ese pequeño periodo de tiempo fue suficiente para ver que la figura se le era conocida, incluyendo la ropa relativamente en buenas condiciones.
- Lo siento, lo siento, que maleducado de mi parte, oh cielos… - Ahora si lo había visto todo. Increíble. - Tsubasa, puedes llamarme Tsubasa. - ¿Tsubasa?, que nombre tan raro, pero estaba en Japón así que…
- Tsubasa. - Probó el nombre, ya sentado y con alguien muy atento sin saber cómo ayudar.
El murciélago gigante se le había pasado la mano con los golpes, el dolor no se le iba a quitar en días. Al menos era pasable, no lo había dejado fuera de comisión como tal, allí sí que sería un problema.
- ¿No apellido? - Pregunto, seguro de que este era el mismo chico que había estado buscando.
- N-No. - Chasqueo la lengua. Lastima, un apellido hubiera sido útil para limitar una búsqueda, pero si no poseía uno…
No, era más factible que no quisiera darle más que un nombre, probablemente falso, que a que no tuviera un apellido. Eran extraños, era lógico. En el caso de que no tuviera un apellido o no quisiera darlo por otra clase de razón… no, no tenía pinta, y no quería contemplar esa posibilidad.
- Hayato, Gokudera Hayato. - Quizas no deberia ser tan abierto, pero-
- Un placer, Gokudera-kun. - Oh. Este chico debía ser todo un peligro con esa sonrisa. - ¿Quieres que te lleve a un hospital?, la verdad es que no sé de estas cosas… - Viendo que vendo moretones, pues si, no tenía idea de donde siquiera estaba parado. No es que iba a decírselo, Tsubasa no se merecía eso y menos ahora.
- No. - Daría más problemas que una ayuda un hospital, y sus heridas no se sentían tan serias como para requerir un doctor. - ¿Dónde estamos? - Porque ahora que se fijaba, no estaban en medio de la calle, pero no sabría decir-
- En la vieja biblioteca de la escuela, nadie viene aquí. - Fue la oh tan maravillosa aclaración. - Hibari-san hará la vista gorda por unos días siempre y cuando no dañemos nada o llamemos la atención.- Una biblioteca. Al menos no la pasaría tan aburrido mientras…
Abrir una ventana y sacar el polvo no mataría a nadie, por Dios.
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-... seria lo mas adecuado, a mi parecer. - Asintió solo en gesto de que estaba escuchando. - ¿Te gusta? - Y por este tipo de cosas es que medio escuchaba todo.
Tsubasa hablaba cuando estaba nervioso. Inseguro también. De resto casi ni se sentía. En esta ocasión suponía que estaba más inseguro que nervioso. Sus compañeros de clase debían de ser unos desgraciados de primera, ¿que otra razón podría existir para que un chico estuviera tan nervioso solo por si le gustaba un emparedado o no?
- Está bueno. - Podría ser mejor, pero no iba a decir nada malo de un regalo. - ¿Tu? - No veía nada para él. Tal y como los últimos dos días.
- Ya comí. - Una sonrisa pequeña, pero radiante. - Me tengo que ir, ¿necesitas algo…? - Esa básicamente era su despedida.
A lo mucho Tsubasa pasaba 15 minutos con él en esta biblioteca que no importa cuanto limpiara, el polvo le seguía sacando la lengua. Varias veces al día.
- No, gracias Tsubasa. - Tenía hasta una almohada y un par de sábanas que no pidió. - Que pases un buen dia.
No sabía cómo lo dejaban pasar con ese abrigo o porque Tsubasa usaba esa cosa cuando no había tanto frío, pero no se sentía con la suficiente confianza como para preguntarle eso ahora.
- Igualmente Gokudera-kun, nos vemos. - De ese modo se vio solo otra vez.
Si no fuera porque había encontrado a Tsubasa, estaría maldiciendo a diestra y siniestra al murciélago superdesarrollado que no tenía razón alguna en dejarlo verde y morado en muchos lados con pésimas excusas que ni él mismo debía de creerse.
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La verdad es que no sabría cuánto tiempo había estado este tipo allí mirando desde la ventana, pero no iba a demostrarlo:
- ¿Qué?, ¿ahora uno tampoco puede comer? - Era muy temprano para la cena y muy tarde para el almuerzo, pero tenía hambre y tenía galletas. Las clases ya deberían de haber acabado por el día de hoy. - Lo despertaré cuando comience a oscurecer. - Si acaso ese era el problema, claro está.
Tsubasa se había quedado dormido hace un tiempo, debía de estar muy cansado porque no se despertó al moverlo o llamarlo en voz baja para ver si de verdad se había dormido. Con una almohada y ese abrigo, no creía que debiera preocuparse de nada más que asegurarse que tuviera una buena posición y de no dejarlo dormir luego de que comenzara a oscurecer. Si hubiera sido en la mañana, ya sería un tema completamente distinto, pero este no era el caso.
La audiencia indeseada que hubiera preferido nunca tener duró un minuto o dos y por fin se vio tranquilamente solo. O lo más solo posible tomando en cuenta en donde estaba.
Por más cómodo que fuera este lugar, se quería ir desde que empezó. Especialmente quería un baño como Dios manda.
Mas le valia al idiota de Takeshi que el apartamento siguiera en una pieza.
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-... seguro de que estarás bien? - Sin pensarlo, agarró del brazo a Tsubasa y lo jalo.
- Un café y una merienda no te matara. - Podía caminar, el dolor era leve y solo molestaba cuando se movía mal. Estaría bien.
Y ya que mentir no se sentía bien con Tsubasa, e incluso si lo intentaba no lograría mucho, entonces no le quedaba de otra que utilizar medios no convencionales. O, en otras palabras: ser políticamente forzoso.
Dejar a Tsubasa irse así como así no estaba en sus planes. Había sido muy bueno con él, no muchos eran así y por todo lo que podía ver y sentir no había un interés obvio, algo que quisieran de él. Parecía genuino, se veía genuino… ojalá fuera genuino.
- ¡No hace-
- Insisto. - No se iba a dejar decir no esta vez.
Lastimosamente no sabía que había y que no había o en qué condiciones estaba el apartamento. Más le valía a Takeshi no haber incendiado el lugar o peor. En el más horrible de los casos, pediría algún favor.
No iba a dejar ir a Tsubasa con las manos vacías luego de todo lo que hizo, no importa cuanto dijera Tsubasa que no era necesario y que no hacía falta.
