Hola! Espero que estén muy bien. Muchas gracias por estar al pendiente de la actualización, espero les guste.
Les recuerdo que la historia es completamente de mi autoría, está basada únicamente en la historia de Candy Candy original, por supuesto que saben que los personajes principales no son míos y que la historia no es escrita con fines de lucro, solo lo hago por diversión. NO es para menores de edad, así que por favor les pido que si se sienten incómodas no continúen leyendo. Gracias por comprender.
LÍNEAS DEL TIEMPO
44
LÍNEA 1
El bullicio de la celebración de su boda había quedado atrás, la media noche había llegado y un nuevo día estaba a punto de renacer.
-Feliz cumpleaños mi príncipe… - Le dijo Candy a Anthony al escucharse la última campanada que anunciaba la media noche. Anthony sonrió con travesura al ver que su esposa llevaba varios minutos esperando que llegara la hora para poder felicitarle.
-Muchas gracias señora Brower. – Le dijo Anthony con una gran sonrisa, mientras la tomaba por la cintura y ella se colocaba sobre su cuello para abrazarlo con fuerza.
-Que bien se escuchan esas palabras. – Dijo Candy con una sonrisa soñadora, con una sonrisa que se perdía en la de él mientras sus ojos se miraban fijamente buscando entre sus brillos la silueta de su reflejo.
-Vamos Candy, deja que nosotros también lo felicitemos. – Dijo Stear acercándose junto a Archie y Annie. – Candy soltó a Anthony quien la acomodó cerca de él sin soltar su cintura.
-Veo que eso de ser imprudente se pega. – Le dijo Anthony a su primo, quien sacó su lengua para hacerle ver su descontento por el comentario.
-No quería privarte de mi felicitación, además Candy pronto te tendrá solo para ella. – Dijo Stear con tranquilidad mientras abrazaba al rubio y la joven enfermera se ponía roja de la vergüenza al recordar que efectivamente a partir de ese día ellos dos estarían juntos y a solas en una habitación.
-En eso último tienes razón. – Dijo Anthony con una sonrisa radiante, sin poder evitar que su alegría se desbordara de su rostro al recordar que su primo tenía toda la razón.
-Esta vez tengo que admitir que mi hermano tiene razón. – Dijo Archie abrazando a su primo para felicitarlo. – Felicidades Anthony. – Le dijo una vez más estrechando con más fuerza el cuerpo del rubio, quien recibía aquel abrazo con la calidez de un hermano.
-Gracias Archie. – Le dijo Anthony con una gran sonrisa, recibiendo con alegría sus felicitaciones.
Vincent, la tía abuela, los padres de Stear y Archie y Albert, se acercaban para felicitar también al rubio por su cumpleaños, todos estaban presentes todavía esperando felicitar y celebrar con Anthony su cumpleaños aunque sea por unos momentos.
-Muchas felicidades hijo. – Dijo Vincent totalmente conmovido por tener a su hijo de vuelta, no podía evitar sentir ese alivio y esa felicidad que lo embargaba.
-Gracias padre. – Dijo Anthony agradecido por sus felicitaciones.
La tía abuela fue la siguiente en abrazar al rubio, repitiéndose una vez más la sensación de alivio y felicidad que tenían todos por tenerlo ahí de regreso. Los padres de los Cornwell fueron los siguientes y Albert fue el último que se acercó al menor para felicitarlo. Anthony lo observaba con una sonrisa franca.
-Muchas felicidades Anthony. – Le dijo con una sonrisa cálida. Anthony asintió, no había necesidad de más palabras, él sabía lo que quería decir y Anthony sabía lo que quería decirle, ambos se entendían y sabían a la perfección que pasara lo que pasara el cariño permanecía intacto entre ellos. Era un lazo que se había hecho inquebrantable a pesar de haber pertenecido a líneas diferentes, era como si su relación se hubiese buscado de la misma manera que se había buscado la relación con Candy.
-Muchas gracias tío. – Anthony correspondió al abrazo de manera emocionada, ya que significaba que era el último que estaba ahí para felicitarlo.
Candy fue llevada a la habitación nupcial acompañada por dos doncellas que se encargarían de prepararla para la noche de bodas. La pecosa estaba muy nerviosa porque no sabía que esperar de esa noche, se sentía muy ansiosa porque jamás le había gustado que la ayudaran a vestirse, pero sabía que en esos momentos era lo que menos le preocupaba.
Dorothy auxiliada por Rose quitaron su hermoso vestido de novia, mientras en la habitación contigua Anthony también se preparaba para ir a su encuentro, los nervios que él sentía no eran menores a los de su princesa, quien con nerviosismo miraba como Dorothy y Rose le sonreían desde la puerta principal anunciando su salida. Dorothy le sonrió asintiendo en señal de que todo estaría bien, Candy no podía controlar sus nervios sonriendo con temor a su vieja amiga.
Dorothy caminó junto a Rose frente a la puerta en la cual Anthony debía estar esperando, tocó dos veces para dar su anuncio que la joven esposa estaría esperándolo en su lecho nupcial. Un vuelco en el corazón de Anthony se presentó al escuchar aquel aviso, colocándose su salto de cama para cubrir el pijama que vestía para su noche de bodas.
Candy estaba sentada en la orilla de la cama con las manos entrelazadas, vistiendo al igual que Anthony su salto de cama, sus cabellos recién cepillados descansaban sobre su espalda, se mantenía observando la puerta que comunicaba a la habitación de lado esperando la presencia del ser amado. Anthony giró la perilla de la puerta y eso dejó sin aliento a la rubia, quien con el mismo vuelco que Anthony sintiera momentos atrás recibió su presencia en aquel sagrado recinto.
-Hola… - Dijo Anthony con timidez al ver que la rubia lo estaba esperando atenta.
-Hola… - Respondió Candy con mayor timidez de la que él sentía.
Anthony cerró la puerta y se acercó a su joven esposa, admirando con detenimiento su pequeña figura que se mantenía sentada en la orilla de la cama. Se sentó junto a ella y por unos segundos se quedó sin hacer nada, intentando calmar su alocado corazón que se aceleraba impaciente al sentir junto a él el calor de su cuerpo.
-¿Estás nerviosa? – Preguntó para romper el silencio en el que estaban envueltos. Candy sonrió con timidez y asintió sin querer incomodarlo. – No te preocupes. – Le dijo Anthony con una sonrisa de lado. – También es la primera vez para mí. – Le dijo con ternura, acariciando su pecoso rostro con delicadeza. Candy cerró sus ojos dejándose llevar por la suave caricia, sintiendo en su corazón una gran ternura por la confesión revelada. – No quiero presionarte, tampoco quiero incomodarte. – Le decía atento, observando su reacción mientras le hablaba muy cerca del oído.
-No me incomodas. – Le dijo Candy con un volumen apenas audible, su voz había salido como un susurro cálido de sus labios, como si quisiera ser escuchada y al mismo tiempo no quería que así fuera.
-Me alegra escuchar eso. – Le dijo Anthony con una sonrisa de alivio, sintiendo como el calor que sentía por los nervios comenzaba a expandirse por su cuerpo.
-Anthony… - Le llamó Candy mientras cerraba sus ojos, escuchando sus palabras que se perdían en su oído mientras su aliento calentaba y erizaba su piel al chocar contra ella.
Anthony besó su mejilla con delicadeza, con un fino roce tímido y húmedo deslizando sus labios sobre su rostro de muñeca.
-Te amo Candy… - Decía con el mismo murmullo con el que le hablaba, con la seguridad y la timidez ahogada en su boca.
-Te amo… - Decía Candy con dificultad centrándose en aquella caricia inocente que él le hacía.
Anthony acercó sus labios poco a poco a los labios de ella y los atrapó con lentitud en un anhelado beso, un beso que se había retrasado por tal de evitar sentirse desesperado, lo estaba, estaba tan ansioso por compartir aquel espacio con ella, pero no tanto como para permitirse incomodarla, quería darle espacio, quería llevarla poco a poco a ese lugar mágico que había leído en los libros románticos, quería descubrir junto con ella los placeres que los envolvían cuando estaban juntos y que al mismo tiempo se prohibían para salvar su honra.
Candy cerraba sus ojos disfrutando como los labios de Anthony acaparaban los suyos, besando con ligereza su boca. La rubia separó sus labios para buscar el tan ansiado oxígeno que se negaba a llegar a ella para seguir su embrujo. Anthony detuvo su caricia al sentir su necesidad. La miró a los ojos buscando su consentimiento. Candy lo miraba con los ojos encendidos, su mirada inocente estaba dilatada y la rubia no era consciente de ello, solo Anthony era el único que podía apreciar lo que ella le quería decir con la mirada.
La recostó lentamente para continuar besándola, Candy se dejó llevar por su esposo, después de todo él era el que debía enseñarla y llevarla por ese camino extraño y totalmente desconocido, camino que buscaba recorrer junto a él tomados de la mano. La mano izquierda sostenía su rostro mientras la derecha acariciaba sutilmente su brazo.
-Te amo… - Decía Anthony declarando una vez más el inmenso amor que tenía por ella. Candy no podía creer que por fin era su esposa y al mismo tiempo su corazón latía con temor por creer que lo que hacían estaba mal. – Te amo tanto pecosa. – Le decía con delicadeza, besando su boca una y otra vez hasta que sus labios recorrieron su cuello, los besos eran cada vez más osados, mientras sus manos buscaban el lugar perfecto para posarse con sus caricias. La rubia sintió que su cuerpo se estremecía cada vez que Anthony jugueteaba con su cuello, sus piernas se contraían buscando controlar lo que sucedía en su centro.
Los besos se hacían más y más osados, llegando nuevamente al punto que los había llevado el día de aquel paseo en su colina favorita, un paseo que había terminado sacudiéndolos por completo, solo que en esos momentos ambos sabían que ya no estaba prohibido. Habían recibido la bendición divina, habían recibido el permiso sagrado del altísimo para amarse sin temor. Las manos de Anthony acariciaron sus pequeños pechos y Candy sintió que el mundo le daba vueltas por la emoción que de pronto la golpeaba sorprendiéndola por el deseo que comenzaba a arder en su interior.
-¿Te estoy incomodando? – Preguntó Anthony al sentir que el cuerpo de la rubia se tensó entre sus brazos. Candy negó de inmediato al ver que sus caricias habían cesado repentinamente, permitiéndose sentir el vacío de sus manos sobre su cuerpo.
-No… - Dijo con el corazón acelerado y el aliento contenido. Anthony la miró a los ojos y admiró aquel brillo de deseo que despertaba en su mirada, su rostro pecoso estaba sonrojado y su respiración era más agitada que de costumbre. – No me incomodas… - Dijo Candy segura que sentía algo extraño más no era incomodidad en absoluto. Anthony sonrió aliviado con su respuesta.
-¿Quieres que nos acostemos? – Preguntó invitándola a meterse bajo las sábanas. Candy asintió con una sonrisa tímida.
Anthony separó las sábanas del resto de la cama y exhibió el tendido de seda que les habían preparado para el lecho nupcial.
-¿Qué lado prefieres? – Preguntó como si realmente fueran a dormir. Candy sonrió traviesa y subió sus hombros revelando su indiferencia, estaba acostumbrada a dormir en toda la cama, era la primera vez en muchos años que compartiría su espacio con alguien, ya que desde que había dormido con Annie en el orfanato no había compartido con nadie más su cama.
-Elige tú. – Dijo Candy con una sonrisa. Anthony sonrió y decidió quedarse del lado en el que estaba.
Anthony se sacó su salto de cama y quedó únicamente con su pijama de seda azul cielo, Candy lo observó sorprendida y con timidez hizo lo mismo, mostrando por primera vez ante su amado el camisón también de seda que llevaba debajo. La respiración del rubio se aceleró y en ese momento supo que quería hacer cualquier cosa posible menos dormir.
Candy se introdujo en la cama con lentitud, cuidando que su camisón no subiera más de la cuenta. Anthony la imitó acercándose a ella hasta el lado en el que había quedado recostada. Ambos quedaron al centro de la cama frente a frente, observándose detenidamente uno al otro, buscando en sus miradas algo que les revelara la posibilidad de continuar descubriendo qué había después de la unión en matrimonio.
-¿Estás cansada? – Preguntó Anthony a su esposa, quien lo miraba con dulzura.
-Solo un poco. – Le dijo Candy con un volumen apenas audible. Anthony la atrajo más hacia sí mismo rodeando su brazo por la breve cintura de la rubia.
-Te amo tanto… - Le dijo con anhelo para después acercarse a su boca y besar sus labios con verdadera impaciencia. Candy correspondió a aquel ardiente beso que comenzaba a llenar de calor el ambiente.
Los brazos de Candy se dirigieron hacia el cuello de Anthony, uniendo sus cuerpos sobre sus ropas de noche, la suavidad de la seda se resbalaba entre los movimientos de sus cuerpos al momento de besarse, poco a poco el calor comenzó a invadirlos, logrando que las sábanas pronto estorbaran encima de ellos. La mano de Anthony se deslizó por su espalda hasta llegar a sus glúteos donde se aferró a ellos con firmeza, un gemido escapó de los labios de Candy quien por instinto separó su rostro de su amado para demostrar que lo había disfrutado.
Anthony observó como el rostro de su pecosa le daba acceso a su blanco cuello, una caricia con la que estaba familiarizado de antes, comenzando a besar de manera lenta y temerosa aquella parte tan delicada y suave de su amada.
-Anthony… - Gimió Candy su nombre con sensualidad, una sensualidad para ella desconocida pero que emanaba espontánea por la estimulación recibida.
-Candy… - Decía Anthony sin dejar de besar su cuello, comenzando a degustar con su lengua cada pedazo de piel que tenía descubierto, mientras con sus manos se mantenía aferrado al cuerpo de su esposa, una sobre su espalda y la otra sobre uno de sus glúteos. – Te amo Candy… te necesito… - Decía Anthony con desespero, sintiendo las ansias de convertirla en su mujer en ese preciso momento. – Te deseo… - Confesaba con pena sus más profundos sentimientos, revelando ante la rubia por primera vez lo mucho que la deseaba y necesitaba explorar y reconocer su cuerpo.
-También te amo Anthony… - Respondía Candy con timidez, siendo incapaz de confesar la misma necesidad que comenzaba a surgir en su cuerpo, aquella necesidad natural de mujer que está siendo preparada para hacerle el amor.
Los labios de Anthony continuaron su viaje hacia sus labios una vez más, se sentía incapaz de avanzar más allá de lo que deseaba su cuerpo, sentía la necesidad de darle más tiempo para que estuviera preparada y que ella sintiera la misma necesidad por él que él sentía por ella. Anthony la puso debajo de él, colocándose encima de su cuerpo, permitiendo que sus intimidades se rozaran directamente encontrándose con disimulo. Candy abrió los ojos sorprendida al sentir por primera vez su erección, la mirada de Anthony era fuego puro, el azul de sus ojos se había oscurecido, su rostro estaba enrojecido y su respiración era más un jadeo.
-Te amo… - Le dijo con su ronca voz, una voz sensual y provocativa que Candy sintió como una súplica o un permiso. Candy le sonrió con ternura, sin embargo su expresión no reflejó su sentir ya que para Anthony fue la sonrisa más sensual y provocativa que había recibido jamás por parte de la rubia.
Anthony sostenía su peso con sus brazos evitando aplastar a su amada, a pesar de que sus pelvis chocaban una con la otra. Candy por comodidad separó sus piernas para liberarlas del peso de su cuerpo y Anthony se acomodó más en el centro. La reacción de Candy fue inesperada para ambos, ya que sus partes íntimas hicieron contacto directo provocando que una corriente eléctrica los atrapara sorprendiéndolos con el resultado.
No hubo necesidad de palabras, sus ojos se miraron sorprendidos, una sonrisa apareció en el rostro de Anthony, sonrisa que anunciaba que estaba listo para el amor. Candy cerró sus ojos al saber que su esposo volvería a besarla. Ella se abandonó a la caricia una y otra vez, sus labios se encontraban cada vez con besos más intensos, mientras sus cuerpos aumentaban el calor que emanaba de ellos.
-Te amo pecosa… te amo… - Decía Anthony mientras recorría una vez más su cuello, besando hacia el sur con besos cortos y húmedos para después regresar de nuevo a sus labios. Se sentía nervioso por creer que solo él estaría recibiendo esa descarga de pasión, sin saber que con sus caricias estaba despertando en Candy a su mujer interior, aquella mujer que aún no terminaba de despertar a las mieles de la pasión y el deseo que él le ofrecía.
-Te amo Anthony… - Decía Candy como respuesta a sus caricias, removiéndose debajo de él provocando la fricción entre sus cuerpos, fricción que permitía elevar aún más la temperatura de la habitación.
Anthony después de haber besado y acariciado sus labios y su cuello hasta que permanecieron inflamados, se decidió por fin a ir un poco más allá, intentando no ofender su honra, sus manos descendieron hasta el camisón de noche que ella portaba y poco a poco lo fue subiendo hasta tenerlo en la cintura, al mismo tiempo que sus manos acariciaban la suave piel de sus muslos, su boca se enredaba en su pecho buscando espacio entre la fina tela de su vestimenta para saborear el sabor que su cuerpo le ofrecía. Deslizó por fin la prenda hacia su cabeza y descubrió por primera vez la blancura de sus senos, los cuales quedaban al descubierto frente a él. La respiración de Candy se aceleró por la pena y el nerviosismo, mientras la respiración de Anthony había quedado suspendida en el tiempo admirando la belleza de sus formas. Le sonrió con timidez y ella no supo corresponderla. Ella estaba debajo de él, él estaba sobre ella sentado en sus piernas observando su pecho desnudo, sus manos se dirigieron hasta sus areolas acariciándolas con sutileza, un gemido se escapó de la garganta de Candy, quien cerraba sus ojos para abandonarse a la sensación que provocaba su tacto sobre su piel.
-Eres hermosa… - Le dijo Anthony como atrapado en un embrujo. Sus labios se curvaron satisfechos por apreciar por primera vez y en primera fila la perfección vuelta mujer. Sus memorias lo llevaron a los libros de arte, a las pinturas expuestas en Europa y que intentaban dibujar el cuerpo de una mujer, ninguna de ellas le parecía hermosa, pero hoy que podía compararlas podía decir que definitivamente ninguna se acercaba ni por mucho a la belleza de la joven pecosa que tenía frente a él. – No temas… - Le dijo con ternura al ver que su amada se ponía nerviosa bajo su escrutinio. – No te haré daño… - Insistió el rubio, quien después de acariciar ambos senos se acercó a dar un corto beso en la coronilla de cada uno de ellos.
El cuerpo de Candy se tensó y se removió con mayor ímpetu bajo el cuerpo de Anthony, quien sintió que la rubia se aferró a su cuerpo uniendo sus intimidades nuevamente, provocando que una nueva descarga los asaltara por sorpresa. Anthony sentía que su miembro se erguía aún más de lo que ya estaba y que este mismo era como si cobrara vida buscando salir de su encierro, buscando el camino que lo llevaría al mismo paraíso.
Anthony volvió a tomar con su boca las aréolas de la pecosa, con ternura, con delicadeza, abandonándose a la suavidad de sus rosados botones, blandos y cálidos, mientras la rubia buscaba inconscientemente la manera de que sus intimidades volvieran a encontrarse, pronto el rubio se dio cuenta de la necesidad de ella y comenzó a mover su pelvis en un suave vaivén contra su centro, mientras con su boca besaba cada uno de sus pezones alternando sus caricias, turnándose uno a otro mientras la joven rubia se aferraba con fuerza a las sábanas y ahogaba los gritos que buscaban salir de sus labios.
-Anthony… - Era lo único que salía de sus labios. – Anthony… - Suplicaba una vez más, deseando que continuara con sus caricias, pero al mismo tiempo sintiendo una deliciosa desesperación constante en su cuerpo.
Anthony no respondía a su llamado, él mismo se encontraba perdido en aquellas emociones que despertaban con fuerza en su cuerpo, se sentía completamente excitado y buscaba la manera de satisfacerse, cada vaivén que provocaba con su pelvis contra la rubia le decía que necesitaba repetirlo una vez más, sus labios comenzaron a succionar primero con lentitud los senos de la rubia para después hacerlo con un poco más de arrojo. Candy se esforzaba por no gritar, temía que creyera que la estaba lastimando cuando era todo lo contrario, sentía que su cuerpo algo le pedía, pero no sabía qué era, necesitaba más, eso lo tenía claro pero no sabía hasta donde.
Pronto el control se salió de ambos, Anthony dejó de besar sus senos y regresó a su boca, aumentando cada vez más los movimientos de su cadera contra la rubia, quien abría las piernas en busca de mayor contacto, no les era suficiente ya aquel sentimiento, sus ropas les estorbaban, sentían que estaba bloqueado el camino sin embargo ninguno se atrevía a detenerse, temiendo perder lo que habían conseguido hasta ese momento. Candy fue la primera que convulsionó en sus brazos comenzando a recibir una corriente eléctrica intensa en su cuerpo, una corriente que recorrió cada centímetro de su piel y se alojó entre sus piernas para después buscar una salida, salida que encontró precisamente en aquel lugar que Anthony estimulaba con su cuerpo.
El rubio pudo observar en primer plano la reacción de su joven esposa quien tenía el rostro sonrojado, la observó hermosa, sin embargo algo le impedía detenerse a observarla con detenimiento, su cuerpo estaba poseído en ese momento, no podía dejar de moverse encima de ella, hasta que de pronto acompañó a la pecosa al final del recorrido explotando repentinamente sobre sus ropas expulsando en cuestión de segundos la reacción de su cuerpo.
Ambos se observaron sorprendidos por lo que había ocurrido, Candy más confundida que Anthony ya que el primero sabía muy bien que había eyaculado sobre su ropa, Candy por el contrario no sabía qué había ocurrido con ella en ese momento, lo único que sabía era que deseaba volver a repetirlo.
-Lo siento pecosa. – Dijo Anthony avergonzado por la situación, levantándose de ella para deshacerse de la ropa que lo había cubierto.
Anthony cubrió su cuerpo bajo las sábanas para deshacerse del pijama que vestía, colocándose de nuevo su salto de cama para evitar mostrarse desnudo ante ella, temía que la rubia no se sintiera cómoda si lo veía de esa forma. Candy sonrió una vez más con timidez.
-¿Qué sucedió? – Preguntó Candy, mientras ella colocaba su camisón para poder deshacerse libremente de la única prenda que llevaba encima. Anthony sonrió por la inocencia de su esposa.
-Creo que eché a perder nuestra noche de bodas. – Dijo Anthony con pena. Candy lo observó con ternura acerándose a él en el lecho. Anthony miró a su amada más enamorado que nunca de ella.
-Fue mágico. – Dijo Candy sincera a su marido.
El deseo y la inexperiencia hicieron contacto entre sus cuerpos logrando una noche de bodas muy particular, una noche en la que se habían entregado al amor sin consumar su unión. Candy se acercó más a él, se sentía de pronto muy cansada.
-¿Estás cansada? – Preguntó Anthony al ver cómo la pecosa se acomodaba muy cerca de él.
-Sí… - Dijo Candy con una sonrisa tímida. - ¿No te importa? – Preguntó nuevamente, sentía pena de quedarse dormida.
-Por supuesto que no. – Le sonrió Anthony comprensivo. – Ven aquí. – Le dijo girándola para que su espalda quedara recargada en su pecho. La abrazó por la cintura y la apegó más a su cuerpo.
Candy se estremeció por aquel contacto, ella no llevaba nada más que su camisón de noche, se había deshecho de su ropa interior porque le molestaba la humedad que había quedado derramada sobre su prenda. Sintió la respiración del rubio sobre su cuello, cada vez era más pausada y lenta, poco a poco la fue arrullando para caer profundamente dormida a media madrugada. Anthony permanecía despierto, culpándose por haber arruinado su noche de bodas, preguntándose y reprochándose por haberse adelantado a su culminación.
-¡Eres un tonto Anthony! – Se reclamaba en su interior, mientras veía dormir a la hermosa rubia que descansaba junto a él. – Eres tan hermosa y tan inocente que no te has dado cuenta que eché todo a perder. – Se decía nuevamente, para Candy había sido un momento mágico entre ellos, pero era un momento que había quedado inconcluso, sobre todo para Anthony, quien a pesar de haber terminado y haberla hecho terminar también a ella, no era la manera en la que quería hacerlo.
La madrugada seguía avanzando y entre reproches y regaños por fin Anthony se quedó dormido, sin embargo antes de que amaneciera se despertó al sentir que Candy estaba algo inquieta.
-¿Estás bien pecosa? – Le preguntó creyendo que estaba despierta, sin embargo la rubia únicamente se removía en el mismo espacio en donde se había acurrucado junto a su príncipe. Estaban en la misma posición en la que se habían dormido y el cuerpo de Candy comenzaba a removerse.
-Anthony… - Gimió la rubia apenas audible.
-¿Qué sucede amor? – Preguntó Anthony con cierta preocupación, sin embargo no obtuvo respuesta, simplemente el cuerpo de la rubia se removía junto a él despertando su reacción.
-Candy… - Gimió Anthony al sentir como sus glúteos se acercaban a su parte baja. Gimió en su oído llamándola una y otra vez por su nombre.
-Te amo Anthony… - Decía Candy de manera sugestiva. Anthony besó el hombro de su esposa, sintió su cuerpo arder y por un momento creyó que estaba enferma y delirando, hasta que comprendió el motivo por el cual tenía una temperatura mayor a la normal.
-Pecosa… - Le dijo besando el lóbulo de su oreja, comenzando a juguetear con ella de manera tierna, sus manos aun aferradas a su cintura la acercaban más a su cuerpo.
Su cuerpo comenzó a arder igual que el de su pecosa, despertando por completo al hombre que llevaba dentro, se sentía listo una vez más para amarla, necesitaba sentirla, necesitaba convertirla en su mujer, pero no quería despertarla, no quería presionarla y mucho menos quería echar todo a perder una vez más.
Comenzó a besar su cuello de manera húmeda, acarició sus senos desnudos bajo su camisón, deslizó el tirante de su bata dejando libre su hombro para besarlo nuevamente.
-Anthony… - Gimió Candy de manera más audible, se había despertado por los estímulos que sentía sobre su cuerpo.
-Candy… te amo… - Le decía Anthony intentando justificar su impaciencia. Candy sonrió tímida al recordar su sueño donde había recreado el momento que para ella había sido mágico.
La giró una vez más debajo de su cuerpo, besando sus labios con total ternura, Candy permitía que la moviera a su antojo, necesitaba volver a repetir la experiencia vivida momentos antes, su cuerpo se lo estaba pidiendo y todo parecía indicar que al rubio también, ya que esta vez estaba dispuesto a consumar su amor.
-¿Quieres ser mía pecosa? – Le preguntó mirándola fijamente a los ojos, suplicando en aquella pregunta que lo liberara de su agonía.
-Ya soy tuya Anthony… - Le dijo mirándolo a los ojos, tomando su rostro entre sus manos para después acercarlo a ella y besarlo apasionadamente.
Anthony respondió al beso apasionado que le daba la rubia al mismo tiempo que se deshacía del salto de cama que lo cubría, quedando desnudo por completo sobre su cuerpo. Candy comenzó a temblar al sentir que no llevaba nada que lo cubriera. Él le sonrió con una sonrisa tan cautivadora y volvió a besarla apoderándose de su boca con total frenesí, su lengua se coló dentro de su boca poseyéndola por completo, invadiendo cada espacio de su cavidad mientras ella le permitía aquella intensa exploración.
Sus manos comenzaron a desvestirla pronto su cuerpo desnudo estaba bajo las mismas condiciones de él, piel a piel tocándose directamente, cubriéndose con sus mismos cuerpos su desnudez.
-Eres perfecta. – Le dijo Anthony con una sonrisa, aún no la exploraba pero estaba completamente seguro que era verdad lo que decía.
Anthony deslizó sus besos sobre su cuello, llenando de humedad el camino recorrido, llenando de besos apasionados cada espacio de su piel, recorriendo cada centímetro que lo acercaba una vez más a sus delicados senos. Una vez ahí los llevó a su boca y comenzó una delicada succión que comenzaba a hervir la sangre de la pecosa. Candy abría los labios impaciente sintiendo como ahogaba el grito de su garganta al sentir como su cuerpo gritaba su nombre, era como si todo su cuerpo se pusiera celoso por la ausencia de sus besos, deseando en ese momento que con su boca la cubriera por completo y la amara hasta después del amanecer.
Anthony se levantó para admirar la belleza desnuda de su esposa, quería admirarla antes de que otra cosa pudiera pasar, sus ojos la recorrieron lentamente hasta llegar a su monte de venus que tímidamente la rubia buscaba cubrir con sus manos. Anthony tomó una de sus manos y la besó en repetidas ocasiones.
-Te necesito Candy… - Le dijo con súplica, necesitaba estar con ella, necesitaba sentirla, no era suficiente con amarla sobre su ropa, no era suficiente soñarla entre sus brazos, quería hacer realidad su fantasía, quería volverla su mujer y no solo llamarla su esposa.
-Y yo te necesito a ti Anthony… - Le dijo con timidez, venciendo la pena que sentía por estar sin ropa frente a él.
Anthony sonrió al ver la confianza que ella depositaba en él, estaba dispuesto a corresponderle amándola como se lo merecía. Colocó sus manos sobre su cabeza y las sostuvo con las suyas por unos momentos para después comenzar a besar sus labios lentamente, sus besos eran húmedos y largos, su boca abarcaba lo más posible cada espacio con el que hacía contacto. Llegó a sus senos una vez más y Candy se removió de placer, le gustaba sentir la humedad y calidez su lengua juguetear con sus aréolas.
-Anthony… - Gimió la rubia una vez más, removiendo sus piernas pero sin bajar sus brazos de donde los había colocado su amado.
Anthony continuó con sus besos húmedos por todo su pecho, descendiendo lentamente hasta llegar a su vientre, sus manos liberaron las de Candy y se colocaron sobre sus glúteos para elevar la pelvis de su amada.
-Confía en mí… - Le decía Anthony cuando la vio tensarse por ese movimiento. Candy asintió y volvió a colocarse en la posición que la había colocado y una vez que la sintió relajarse volvió a su cometido.
Besó su pelvis mientras acariciaba su suave piel, admiró su cuerpo una vez más, creyendo que era imposible ese momento, la tenía ahí frente a él desnuda y a su merced, era su esposa y pronto la convertiría en su mujer. Sus ojos la observaban enamorado, el latido de su corazón se aceleraba al sentir como la temperatura de su cuerpo se elevaba al acariciarlo.
-Eres tan hermosa Candy… - Le decía enamorado, recorriendo con sus manos su vientre para después besarlo. Su boca se deslizó hasta sus ingles y a pesar del cosquilleo que esto le provocaba la rubia se esforzaba por no echar a perder su momento.
Candy se centró en cada uno de los besos que Anthony le proporcionaba, cubriendo centímetro a centímetro cada parte de su cuerpo, dejando solo un punto sin tocar o explorar, temía que no fuese correcto y continuó con su estímulo solo a su alrededor. Candy sentía que ya no podía más, su cuerpo le estaba pidiendo continuar, comenzó a sentir la gran necesidad de tenerlo entre sus piernas, la humedad que emanaba de su cuerpo la estaba delatando.
Anthony regresó a sus labios colocándose con cuidado encima de ella una vez más. La besó lentamente, buscando una vez más en el interior de su boca. Candy gemía sin poder controlar lo que estaba sintiendo. Anthony estaba más que listo para entrar en ella, su cuerpo estaba firme y dispuesto a abrirse paso en su interior.
Comenzó a frotar su cuerpo sobre su intimidad separando con su mano sus piernas para tener libre acceso. Candy comprendió su pedido y separó las piernas para permitirle aquel movimiento tan delicioso que sentía sobre ella.
-Anthony… te amo tanto… - Decía Candy sin atreverse a pedir que ya la tomara, sentía la necesidad en su cuerpo pero la timidez en su boca.
-Y yo a ti pecosa, te amo tanto esposa mía. – Le dijo besando sus labios sin dejar de estimularla.
Poco a poco comenzó a abrirse camino en su cuerpo, sintiendo un poco de incomodidad por abrir esa brecha jamás explorada, mientras Candy se aferraba a su espalda buscando la manera de controlar sus nervios.
-Tranquila mi amor, creo que será mejor si te relajas. – Le dijo Anthony con ternura, observando sus ojos para que ella se concentrara solo en su mirada. Los besos tiernos regresaron, las caricias de sus manos sobre su cuerpo seguía presente y su cadera insistía en abrirse paso en su interior.
El placer que despertaba en el cuerpo de Candy estaba al máximo tanto que ella misma comenzó su propio movimiento de cadera para avanzar en el proceso. Anthony llegó hasta aquel obstáculo que le impedía llegar hasta el final de la senda prohibida antes anunciada, deteniéndose con la respiración jadeante y entrecortada. Candy lo observó por unos segundos temerosa, sabía que había llegado el momento que tanto había temido y al mismo tiempo en ese preciso momento deseaba con locura, sin embargo nadie le había explicado que ese momento no sería tan placentero como el juego previo.
Anthony la besó lentamente, con besos lentos y húmedos moviendo su pelvis para entrar en ella haciendo su mayor esfuerzo por no lastimarla, sin embargo al momento de rasgar su membrana interior no la eximía de dolor alguno. Candy se tensó al momento de sentir como el cuerpo de su esposo la desfloraba por completo. Anthony sintió una enorme culpa porque podía percibir el dolor de su amada y el placer que a él lo envolvía.
-¿Estás bien amor? – Preguntó con el corazón acelerado, su respiración estaba entrecortada porque intentaba controlarse por unos momentos para centrarse solo en ella.
-Estoy bien. – Dijo Candy soportando el agudo dolor que sentía en su interior, era como si una daga la hubiera cortado por dentro.
-¿Segura? – Preguntaba Anthony consciente de que aquel momento sería doloroso, el no tener experiencia no lo libraba del conocimiento. – Lo siento princesa… lo siento tanto… - Le decía besando su rostro con ternura, acariciando sus cabellos con suavidad para minimizar lo más posible aquel dolor que la aquejaba.
Anthony besó sus labios una y otra vez permaneciendo dentro de ella inmóvil, evitando moverse para no lastimarla. Sus tiernas palabras de amor y sus suaves caricias pronto regresaron el deseo de la rubia, quien cerró sus ojos y relajó su cuerpo para que él continuara. Ya con su permiso Anthony comenzó aliviado una vez más el suave y lento vaivén de su cuerpo, comenzando a entrar y salir de ella poco a poco. Pronto su cuerpo comenzó a lubricar una vez más y la intromisión se volvió cada vez más placentera.
-Te amo pecosa… te amo… - Le decía Anthony buscando la manera de concentrarse en otra cosa que no fuese en su propia satisfacción, no quería repetir el desastre anterior, no quería liberarse y dejarla insatisfecha.
Candy comenzó a gemir de manera más apasionada, sus sonidos se mezclaban con los sonidos que salían de la boca de Anthony, quien también estaba disfrutando de su encuentro. De pronto Candy se aferró al pecho de Anthony y con sus piernas rodeó su cintura, aquel movimiento permitió un mejor acceso a su interior permitiendo un mayor contacto con su intimidad. El cuerpo de Anthony estaba por culminar, había acelerado sus movimientos de manera inconsciente, se movía cada vez más rápido y Candy sentía que debía aumentar el ritmo una vez más. Sus movimientos se sincronizaron y en ese momento fue cuando Candy sintió la misma energía que la había abordado anteriormente pero al momento de que se abandonaba a esa maravillosa sensación Anthony atrapó uno de sus senos y ese movimiento fue el detonante perfecto para que su culminación llegara.
El cuerpo de Candy se tensó de pronto, la corriente eléctrica que viajaba por todo su cuerpo se situó en una sola parte que hacía contacto con la rigidez de su amado, sintió que su alma se desprendía de su cuerpo y que el latido de su corazón se detenía por unos segundos mientras un silencio espontáneo hacía eco en su interior. Anthony pudo sentir la humedad fluir de su cuerpo y como su esposa se convulsionaba entre sus brazos para después dejar caer su cuerpo sin fuerza sobre la cama. Respiraba de manera pausada, inhalando aire profundamente para después exhalar y repetir el proceso, buscando calmar la corriente que la había arrastrado a un maravilloso desenlace.
Anthony estaba maravillado con la reacción de su esposa, le gustaba ver su piel enrojecida por el deseo y la pasión que deslumbraba, le gustaba ver cómo su cuerpo buscaba recuperar el aliento, pero lo más maravilloso de todo fue cuando abrió sus ojos y se encontró con esas hermosas esmeraldas mirarlo de esa manera, jamás había visto algo tan bello en ese mundo.
-Te amo… - Le dijo Candy con los ojos arrasados de lágrimas. Anthony la miró con una sonrisa de alivio, podía ver que su emoción era de verdadera felicidad y eso era lo que él estaba buscando.
-Y yo te amo a ti pecosa. – Le dijo besando sus labios una vez más para después adentrarse de nuevo en su cuerpo, pero esta vez fue más lento. Candy lo abrazó por el cuello sosteniéndose de él mientras Anthony entraba y salía una y otra vez. La rubia gemía sensualmente en su oído y esto fue un aliciente para que Anthony por fin se dejara llevar por su emoción y en cuestión de segundos comenzó a experimentar la llegada al cielo por primera vez dentro de ella.
Anthony no podía creer la maravillosa sensación que generaba en su cuerpo liberarse en el interior de su esposa, su cuerpo estaba totalmente enajenado por esa mágica experiencia, definitivamente no era lo mismo que había sucedido momentos antes, no era igual sentir cómo el cuerpo de Candy lo cobijaba en su interior, refugiándolo en un espacio cálido y húmedo al mismo tiempo. Su cabeza estaba en un blanco total por unos segundos y su cuerpo se sentía maravillosamente relajado. Abrió sus ojos y mezcló su mirada con la de su amada, quien al igual que él la había observado se había llenado de sus gestos mientras él disfrutaba.
-Jamás pensé que fuera tan hermoso. – Le dijo Candy sin soltarlo, lo sostenía abrazado por el cuello mientras él continuaba encima de ella aún dentro de ella.
-Tú eres hermosa Candy… mi Candy… mi esposa… - Le decía rodeándola por la cintura para atraerla más a su cuerpo.
-Tú esposa… tú mujer… - Le dijo Candy con cierta timidez en su voz, pero era una timidez distinta, ya no era la misma timidez e inocencia que ella mostraba un día antes, ahora había cierta picardía en el destello de sus ojos, picardía que le mostraba que quería algo más de él.
-Mi mujer… mía… - Le dijo Anthony besándola una vez más acariciando sin tanta pena su cuerpo esta vez, dejándose llevar por el amor y la pasión recién despertada en sus cuerpos.
Anthony la giró de nuevo y colocándola encima de él esta vez, Candy sorprendida lo miró preguntándose qué debía hacer. Anthony la miró con ternura y la acercó a su boca para besarla nuevamente, aquellas caricias fueron suficientes para que el cuerpo de Anthony volviera a crecer en su interior.
Anthony comenzó a entrar en ella una vez más, marcando el ritmo de sus envestidas, mostrando a su esposa como debía moverse mientras él permanecía dominado bajo su cuerpo. La tomó por la cintura y ayudó a que comenzara a moverse, indicando con una sola mirada que iba en la dirección correcta. Candy comenzó a moverse con torpeza, siguiendo los movimientos que Anthony hacía, encontrándose a medio camino para chocar con sus cuerpos desnudos. Una vez que Candy tomó el ritmo, Anthony la sostuvo por los glúteos acariciándolos lentamente, buscando nuevas caricias para mostrarle, quería enseñarle a amar, quería aprender a amar, quería conocer los rincones de su cuerpo que la hicieran desear estar con él nuevamente.
Pronto se encontraron una vez más de frente con el clímax, pero esta vez los alcanzó al mismo tiempo, sorprendiéndolos de pronto en un remolino de pasión que los arrastró hasta la misma orilla de su mar de emociones. Candy sentía el calor de Anthony llenar su interior y Anthony podía sentir la humedad de Candy abandonar su cuerpo. Ambos estaban agotados y necesitados al mismo tiempo, decidieron en silencio descansar un momento y Candy se recostó encima de su pecho desnudo, la respiración agitada de ambos se había controlado y mientras Anthony acariciaba los rubios cabellos de su esposa esta se iba envolviendo en un dulce sueño, un sueño que pronto fue compartido en los brazos de su esposo.
Continuará…
Y llegamos al final por hoy, y con ello la noche de bodas, en donde sabemos que dos personas primerizas no lo hacen del todo bien jijiiji. Muchas gracias por leer amigas, espero que les haya gustado.
TeamColombia:
Hola hermosas! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Me alegra bastante que les haya gustado la boda de los rubios, ya saben que cada vez se complica más pero hago mi mejor esfuerzo solo para ustedes, espero que la luna de miel también haya sido de su agrado ¡Golosas! Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Cla1969:
Ciao meraviglia! Mi fa piacere sapere che continui a leggere e soprattutto che ti aspetti che succeda qualcosa di emozionante, ho paura che non accada.
Grazie mille per aver letto e lasciato il tuo commento, lo apprezzo davvero, spero che la traduzione non sia così brutta come quella che mi appare qui ahahah (ora è meglio quella fanfiction)
Rose1404:
Hola hermosa! Ya sé! Qué rápido pasa el tiempo un año ya! y pronto tu bebé será un niño travieso que corre y no se deja puesto el pañal jajaja (era lo que hacían los míos) No te preocupes, disfruta cada una de las etapas de tu bebé. Me encanta que te haya encantado la boda! espero que también te haya gustado la luna de miel, aunque técnicamente aún no se acaba jajaja. Muchas gracias por leer hermosa, te mando un fuerte abrazo con mucho cariño y afecto para ti y tu hermoso Anthony.
Julie-Andely-00:
Hola hermosa! Me alegra que te haya gustado la boda, en verdad que era muy esperada, pero por fin llegó y ahora la luna de miel, (espero que te haya gustado) Muchas gracias por estar al pendiente de cada actualización. Te mando un fuerte abrazo amiga.
lemh2001:
Hola hermosa, ¿Cómo estás? Espero que muy bien (al igual que tu mamá) Efectivamente la entrada a la iglesia fue inspirada en esa navidad que Candy pasó con los niños del hogar en el rancho del Sr. Carthwrithg, me pareció algo muy bonito. Tom siempre quiere molestar a Candy y no perdió oportunidad de hacerlo aunque no pareció muy gracioso para Anthony. Stear tenía todas las intenciones, pero lo bueno que fue más prudente que su antecesor. Muchas gracias por leer amiga, te mando un fuerte abrazo.
María José M:
Hola hermosa, me alegra que hayas encontrado la relación, efectivamente ahí me insipiré para la entrada a la iglesia, cuando visitaron el rancho del Sr. Cartwrithg me parece, porque el Sr. McGregor es el paciente que cuida Candy y que lo confunde con el abuelo William, pero no importa lo importante es que recordaste la escena que era lo principal. Amé la reacción de Stear me alegra que comprendas lo especial en esa escena jajaja me reí bastante tan solo de imaginar los gestos que haría el inventor jajaja. Para Albert es muy difícil ocultar sus sentimientos y parece que Isabella se ha dado cuenta, a ver si no se le pone difícil por eso ups! Todas quisiéramos felicitar a Anthony imagínate abrazar a semejante bombón, Candy se pondría súper celosa jijijiji. Muchas gracias por tus lindas palabras, gracias por leer y hacer un esfuerzo en tu apretada agenda, de verdad lo aprecio bastante. Te mando un fuerte abrazo amiga, espero te haya gustado también este capítulo.
Rosario B.
Hermosa, me alegra mucho que continúes leyendo mis historias, gracias por hacerte presente aunque sea al final de cada una de ellas, te aseguro que eso lo hace más valioso porque puedo ponerle nombre a una lectora más. Te mando un fuerte abrazo amiga.
Muchas gracias a todas y cada una de las personas que leen de manera anónima, gracias por estar al pendiente de la historia y por esperar la actualización. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Quisiera avisarles que probablemente el miércoles no podré actualizar, espero el viernes hacerlo sin falta, si alcanzo a actualizar pues podrán darse cuenta, de lo contrario lo haré hasta el viernes, muchas gracias por comprender.
GeoMtzR
27/11/2023.
