Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 3

― Elise, no debiste pedirle que nos dejara quedar en su casa, no es educado forzar a las personas para que nos inviten.

Estaba llamándole la atención a mi hija antes de bajar del auto. Bella tenía su propia camioneta, una Silverado del año, no aceptó viajar con nosotros y no quedó de otra que seguirla.

Recorrí las calles de Forks cubiertas por la nieve que seguía acumulándose por todos lados. Lo peor fue que cada lugar me traía un agradable sentimiento acerca de Bella. Era que cada rincón de la ciudad tenía un bonito recuerdo sobre nosotros dos.

― Papá, solo estoy ayudando. Te vi sonreír más de la cuenta.

― No empieces, Elise. Porque no funcionará, no sabemos nada de Bella, ella pudiera estar casada o comprometida ―dije eso último sabiendo que realmente no había ningún tipo de anillo en su dedo anular.

― No tiene anillo ―Elise articuló, adivinando mis propias teorías―. Y me agrada para ti.

Miré de reojo a mi hija. Su sonrisa me decía que estaba soñando demasiado pronto. Elise tenía delirios de casamentera, llevaba tiempo pidiéndome estar en una relación. Ella me explicaba que solo quería verme feliz y por una vez en la vida verme con una novia.

Entendía a lo que se refería y no es que no quisiera enamorarme. Desde su nacimiento nunca pude darme la oportunidad de estar en una relación real, había tenido solo intentos que no habían pasado de compartir una cama.

Tal vez mis dotes de conquistador se estropearon con los años. Entre mi responsabilidad de cuidar de mi hija y mi trabajo no había nunca tiempo para nada más.

Era lo que podían decir "un hombre aburrido".

Me distraje al ver la casa Swan, su color blanco seguía intacto. Perdí la cuenta del número de veces que estuve en este lugar y las cientos de veces que me quedé a dormir.

Tomé una gran bocanada de aire antes de bajar y emprender una carrera bajo la intensa nieve hasta resguardarme en la puerta principal junto a Elise. Bella nos esperaba con la puerta abierta; al entrar el calor se adueñó de mi cuerpo entero y me dio sosiego. Era un calor abrazador que arropaba el alma.

― ¡Abuela Marie estoy en casa! ―Bella anunció―. Tenemos visitas.

Recorrí con la mirada la sala de estar. Las paredes estaban adornadas con cientos de fotografías en blanco y negro; un pequeño pino al lado de la chimenea y ese olor a chocolate caliente saliendo de la cocina.

― ¡Oh por Dios! ―abuela Marie exclamó secando las manos en su delantal―. El mismísimo Edward Cullen ha vuelto. Hijo mío ―me abrazó fuertemente― sigues siendo un mango sabroso.

Reí por sus ocurrencias. Ella seguía siendo la misma mujer llena de vida y carismática que conocí.

― Abuela… ―intervino Bella― ella es Elise, hija de Edward.

Pude respirar bien cuando Marie me soltó de su abrazo asfixiante y se enfocó en mi hija. Le sonrió ampliamente antes de atraparla en su brazos.

Para ser una mujer pequeña y delgada. Marie era demasiado fuerte para su edad.

― Eres hermosa ―escuché que le dijo―. Podría jurar que eres idéntica a tu padre cuando era joven y se la pasaba metido en esta casa, si yo te contará que tuve que echarlo varias veces a punta de escoba.

Elise sonrió alegremente viéndome para saber si iba a desmentir a la abuela Marie, por supuesto que no lo hice porque ella tenía razón.

― No puedo creer que papá haya hecho algo impropio, siempre es tan prudente.

― Aah, si yo te contara ―confesó Marie sin importar que llevé un dedo a mis labios para que no dijera nada más―. Pero ¿qué clase de tormenta invernal te arrojo a estas tierras, hijo?

― Quiero que Elise conozca el pueblo ―dije.

― Abuela, invité a Elise y Edward a pasar su estancia en casa ―Bella comentó―. Iré a arreglar las habitaciones.

― Nada de eso ―respondió Marie deteniendo a su nieta del brazo―. Lo haré yo, ¿quieres acompañarme Elise?

― Por supuesto ―mi hija aceptó dándome un guiño y empezó saltando por cada escalón.

Las vi subir cada grada como si fueran las grandes amigas.

― No puedo creer que te esté viendo ―la suave voz de Bella me hizo mirar hacia ella―. Desde que tus padres se fueron del pueblo pensé que jamás volvería a saber de ti.

Llevé las manos a los bolsillos de mi pantalón de mezclilla.

Quería hacerle tantas preguntas. Necesitaba que me dijera qué fue de su vida en todos estos años, si cumplió sus sueños y si fue feliz.

― Muchas veces quise buscarte ―confesé. Guardando para mí que tuve miedo de verla del brazo de otro, era egoísta pensar que ella se quedaría sola, no lo quería y tampoco se merecía una vida triste―. ¿Qué sucedió después de que me fui?

Exhaló suavemente y caminó a la chimenea. Seguí sus pasos y me quedé al lado de ella y del calor que irradiaba la llama ardiente.

― Continué estudiando la secundaria y me gradué. También obtuve una beca en la universidad de Hawaii, estudié arquitectura.

― ¿Arquitectura? Pensé que tu pasión era la gastronomía, siempre hablamos del amor que tenías por crear platillos y cocinar. Inclusive amabas la repostería y soñabas con abrir una pastelería. Bueno, aunque esa parte la lograste, entonces no entiendo.

― Tomé varios cursos ―reconoció―, pero una vez comencé a conocer la arquitectura, me enamoré de la profesión.

Asentí feliz al ver reflejada la emoción en sus ojos marrones.

― Me alegro por ti, Bella. Supongo que estás ejerciendo la carrera.

― Sí, pertenezco a la constructora más grande de Hawaii.

― ¿Vives en Hawaii? ―Pregunté cada vez más intrigado por saber de ella.

― Sí, desde que me fui de aquí me instalé en la isla. Ahí está mi casa y amigos.

Amigos. Ella aún no hablaba de enamorados.

― Pensé que vivías aquí.

― No. A Forks solo vengo a pasar las fiestas decembrina con la abuela Marie.

Era extraño y a la vez interesante descubrir esta nueva Bella. Muchas veces consideramos o damos por hecho que conocemos a las personas, la verdad era que no. Nunca somos los mismos que fuimos ayer.

― Elise se quedó profundamente dormida ―comentó Marie al bajar, se acercó a nosotros y miró a su nieta―. Es tiempo de tus pastillas, no creas que lo olvido.

Bella rodó los ojos y tomó rápidamente las dos pequeñas cápsulas llevándolas a la boca y bebiendo de un trago el vaso con agua que Marie le ofreció.

Me quedé observando el juego de miradas entre ellas. ¿De qué eran esos medicamentos? Necesitaba saber si Bella estaba bien y no me iría de Forks hasta descubrir a la nueva y renovada mujer que estaba frente a mí.


Hola, muchísimas gracias por su aceptación. Aquí decidí invertir los papeles, Edward es el padre soltero que nunca rehízo su vida por cuidar de su hija y Bella... pues ya lo van a descubrir, pero la amarán.

Gracias totales por leer ❄