Disclaimer: Naruto no me pertenece.

Aclaraciones: Modern Times. Universo Alternativo.

Advertencias: Voyerismo de parte de Naruto. Masturbación. Sexo oral.


On this disastrous night

I accept the cost of

Desiring you

Favorite (Vampire)

NCT127


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Néctar de Lavandas

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Capítulo 7


Todo el trayecto fue un intenso torbellino de emociones que lo ensimismaron profundamente; no sintió el cansancio de haber recorrido la mitad de la manzana a pie ni cómo la otoñal noche le congelaba las extremidades. Incluso puso en silencio a su celular para no ser molestado por la lluvia de notificaciones que hacía vibrar a su móvil.

Naruto solo quería desaparecer, perderse y sumarse en la oscuridad hasta que dejara de sentirse molesto, adolorido.

Y humillado. Tan humillado que solo podía apretar los puños sin tener un saco de consolación para sacar toda la furia retenida en el cuerpo, como una bomba a punto de explotar en miles de fragmentos.

La Sakura de secundaria solía dejarlo así con los desaires dedicados a través de esas miradas hechas de jade indiferente. Con la sonrisa congelada, la mano en el aire y solo como una estatua anhelante, aspirando el aroma del cabello de ella cuando pasaba cerca de él, ignorándole y siguiendo hablando con Ino o cualquier otra amiga del momento.

Ignorado. Poca cosa. Utilizado.

Naruto no podía soportarlo.

Empezó a correr. No importaba la dirección, necesitaba alejarse; alejar el recuerdo de Sakura, de sus ojos brillosos y dulces, su aroma tóxico, la sensación de querer coger el móvil y pedirle perdón por lo dicho, dejando de lado el orgullo, lo adolorido que se sentía de haber descubierto que ella nunca dejó de amar a Sasuke.

Que quizá ella jamás dejaría de hacerlo.

Y era frustrante por qué el maldito de Sasuke ni siquiera lo intentaba. Solo existía y ya tenía en las manos el precioso corazón de Sakura sin esforzarse. Sin siquiera experimentar un poco de lo que él tanto padecía por solo ganarse una mirada de ella.

Pasó a un autoservicio, entrando y comprando un poco de cerveza. Ni siquiera el despachado le miró raro porque todos estaban vestidos como monstruos esa noche. Pagó y fue, cargando la bolsa como una parte de sí mismo.

Al darse cuenta que el vecindario en el que andaba le era conocido, Naruto izó la mirada para observar el alto edificio. Elegante, de tantos pisos que necesitaba arquear todo el cuello para tener una mejor visión y ni así podía ver la punta final. Tragó. ¿Por qué carajos estaba ahí? Podía girarse y regresar a casa a dormir por los próximos días, o dejar que toda la cerveza se le subiera a la cabeza y no pensar; las cosas eran más fáciles para él cuando no pensaba en nada, cuando se volvía un idiota e ignoraba cómo dolía todo.

Pero los puños de Naruto ansiaban por buscar a un culpable. Y Sasuke resistía los golpes. Mierda, hasta él podría devolverle unos cuantos. Eso ayudaba mucho a ordenarle las ideas.

Destapó la lata y la ingirió de un solo golpe sin preocuparle que de su boca derramara el líquido ámbar, manchando toda su vestimenta para lanzarlo a alguna esquina sin importarle ser multado por tirar basura, encaminándose hasta la entrada.

Picó los botones sin ser gentil, esperando y odiando la música que inundaba el pequeño espacio cuadrado. Naruto pensó que podría volverse loco pero la tortura término a los minutos. Salió buscando el departamento al que había visitado innumerables veces durante la adolescencia.

El departamento de soltero de Itachi solía ser el refugio perfecto para tardes llenas de golosinas y videojuegos. Incluso fue el lugar en el cual Naruto y Sasuke ingirieron alcohol por primera vez, lidiando con la fea sensación de quedar ebrios a los pocos tragos, ganándose al día siguiente un regaño severo de Itachi. Afortunadamente él le salvó el trasero al no contarles nada a sus padres. Mamá seguramente le hubiera matado por beber a los 14.

Fue como si los recuerdos al lado de Sasuke fueran calmando sus pesados pasos a la puerta. Naruto quedó en frente de la puerta del departamento, apretando la bolsa entre los dedos, cuestionándose a sí mismo si era buena idea molestarle, hacerle un interrogatorio, exigiéndole que respondiera a preguntas que no le concernían a Sasuke porque el asunto no lo incluía a él, pese a que era la manzana de la discordia en esos momentos.

Justo cuando quiso golpear, se detuvo. Luego se despeinó los cabellos en un frustrante gesto de lo complicado que se volvía la vida. Pudo quedarse callado, fingir que no pasaba nada y seguir con la vida que llevaba. Pero muy en el fondo sabía que era imposible detener el sangrado ante los gestos indiferentes por parte de Sakura, como si él no existiera a su lado, siendo constantemente ignorado, notando el rostro de ella sumido en una éxtasis que imaginaba compartir con otro hombre.

Y ese otro hombre ni siquiera era un desconocido. Era su mejor amigo.

Doble mierda.

―Odio esto ―gruñó.

Odiaba las complicaciones, las mentiras, los engaños, el sentirse tan poca cosa. Era como si todos los demonios se pusieran de acuerdo y decidieran joderlo esa misma noche.

Un rato de luz dio contra Naruto que quedó quieto en medio de su caminata desesperada y su monologo acapella trágica. La puerta se abrió en su totalidad y Sasuke se mostró debajo del umbral de éste, con esa mueca de exasperación silenciosa, los cabellos más revueltos de lo normal.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó toscamente Sasuke, mandándole una mirada significativa al rubio idiota que dejaba un camino remarcado en el pasillo delante del departamento.

Luego le estudió de arriba y abajó, estudiando las ropas degastadas y el maquillaje barato que ahora lucía como una mezcla de todos los colores. Bufó al notar esa bolsa llena de latas de cerveza

―Estás ebrio ―señaló Sasuke sin tener que pensar demasiado. O preguntarle directamente a Naruto. Era obvio.

―No lo estoy ―masculló Naruto a modo de respuesta, plantándose en frente del azabache quien no se movió ni un centímetro por la cercanía peligrosa del rubio quien bufaba enfadado.

―Extraño ―Sasuke hizo una mueca―, hueles a cerveza.

―¿Puedo pasar?

―Depende, ¿vomitarás?

―Sasuke, te digo que no estoy abrió. Si de verdad lo estuviera, ¿por qué me arrastraría a tu departamento?

―Porque eso siempre haces. Crees que la casa de mi hermano es el refugio perfecto para esconderte de las autoridades o de tu madre. Además ―a pesar del descontento que Sasuke mostraba, eso no le impidió dejar a Naruto entrar―, estoy estudiando, no tengo tiempo para ser tu maldita niñera.

―Solo quiero ir a lavarme un poco ―dijo Naruto al quitarse los zapatos, lanzándole las latas aun dentro de la bolsa a Sasuke.

Éste las cachó sin problemas, haciendo a Naruto bufar; no había ni un segundo en que ese bastardo no hiciera las cosas bien.

No tuvo problemas por recorrer el departamento porque todo le era familiar. Y aunque Itachi hiciera mínimos cambios, tales como decidir una decoración más minimalista, seguía siendo el mismo lugar.

Todo estaba en silencio, lo cual le confirmaba a Naruto que era probable, casi seguro, que Sasuke se encontrara solo. Itachi trabajaba para la empresa del padre de ambos Uchiha y era bastante común que saliera a viajes de negocios, dejando a Sasuke a cargo del departamento. Además de que el Uchiha mayor siempre acostumbraba a tener música suave y a hacer alguna delicia en la cocina.

Llegó hasta uno de los baños disponibles, cerrando la puerta y enterrando la cabeza en las rodillas en cuanto tomó el asiento en el inodoro. Solo hasta ese momento el cansancio en sus piernas lo inundó, teniendo que masajearse sus adoloridos pies.

―Qué noche ―se dijo a sí mismo con una ironía plasmada en la voz, hasta él no se podía creer la manera en la que arruinó su relación con la chica de sus sueños.

Sacó el teléfono para revisar, para alimentar esa diminuta flama de esperanza de que tal vez, solo tal vez, Sakura le había mensajeado. Que ella quería disculparse con él, quizá hacer las cosas mejor esta vez. Pero no había mensaje ni de ella ni de nadie. Las notificaciones de parte de Kiba o cualquier otro de sus amigos cesaron hace horas. Entró a Instagram y de inmediato lo consideró una malísima idea porque en las fotos que sus amistades subían a las redes sociales observaba, como un simple observador, cómo todos se divertían mientras él se quedaba encerrado en el baño de quien causó todo ese malestar.

Soltó un suspiro pesado, cerrando la aplicación, diciéndose que no era sano torturarse de esa manera. Y aunque los dedos le cosquillearon por llamar a Sakura, preguntarle si había llegado bien a casa, ignoró esos impulsos. Debía ser firme, mostrarle lo que se sentía estar al otro lado.

Naruto tomó agua del grifo, dejándola correr y echándose cuanta pudiera a la cara para quitarse el maquillaje que Ino le puso esa mañana. Talló con lo que pudo cualquier rastro de pintura, tratando de que su color de piel respirara y que esa sensación de quedarse sin aire lo dejase libre.

Después de pintar el lavabo con tonos amarillentos, rojos y unas combinaciones que le hicieron sentir ganas de devolver todo lo que ingirió ese día, Naruto secó su cara, bufando al verse hecho un desastre.

―Debería cortarme el cabello ―musitó pensativo al sentir los mechones pegársele a la frente por la excesiva humedad, tomando una pequeña toalla y colgándosela alrededor del cuello, viendo la puerta y no queriendo salir.

Salir implicaría ver a Sasuke. Ver a Sasuke querría decir hablar con él y explicarle porqué estaba ahí y no en la fiesta a la cual le habló hasta por los codos a la que asistiría. Siempre criticaba a Sasuke de ser un maldito antipático sin ningún interés en el resto de las personas, pero ahora agradecía que así fuera, aunque por ésta vez el Uchiha no ignoraría el hecho de encontrarse en su casa a las…

―2:00 de la mañana ―masculló al ver la hora en su reloj.

Sí, Sasuke no iba a fingir que nada pasaba. Especialmente si lo interrumpió.

―Al menos si Itachi estuviera ―susurró― no tendría miedo de perder el control y terminar golpeándolo hasta que me sangren los nudillos.

Pero quedarse encerrado en el baño no cambiaría nada. Y Naruto lo sabía muy bien. Por eso salió, caminando con pasos de marmota hacia la sala donde la figura silenciosa de Sasuke. Parecía enfocado en el celular pero solo hasta que escuchó las pisadas de Naruto éste alzó la mirada para verle.

―¿Qué pasa contigo? ―preguntó el azabache al bloquear su celular, viendo al rubio con curiosidad y extrañeza―. Todos están en la fiesta. ¿Por qué estás aquí en lugar de estar emborrachándote con ellos? ¿No querías una excusa para hacerlo?

―Se me quitaron las ganas ―contestó, esperando que esa fuera una respuesta suficiente.

Sasuke bufó, claramente no convencido.

―Más te vale no haber vomitado en el baño. No voy a limpiar tu porquería ―declaró Sasuke al levantarse del asiento, pasando cerca de Naruto, estudiándolo mejor.

No traía su cara bobalicona de siempre ni andaba brincoteando alrededor suyo como siempre, ni mucho menos convenciéndole de ir a la fiesta. Algo pasaba. Y aunque no quería saber nada porque inmiscuirse en los asuntos de Naruto siempre terminaba mal, Sasuke sabía que si no escuchaba lo que sea que Naruto trajera dentro, seguramente no lo dejaría en paz. O querría quedarse en el departamento por varios días.

Y mierda, él no tenía tanta tolerancia soportando a Naruto.

―Bien, basta de esto ―dijo con exasperación, trayendo la atención de Naruto hacia él―. ¿Qué mierda pasa contigo?

―¿Hah? ―el rubio se rascó la nuca, mirando a otro lado―. No me pasa nada. Ya te dije: solo pasaba por aquí, y recordé que vives cerca. Y tenía tantas ganas de orinar, así que…

―¿Así que caminaste casi media manzana solo para orinar aquí? Sí, claro ―Sasuke entornó los ojos―. Trata de mejorar tus mentiras, dobe, apestas.

―Oye, solo quiero descansar un poco, ¿sí? Luego me iré. Lo prometo. Solo… no quiero contestar nada. No ha sido… ―suspiró con pesadez al recordar lo que dejó atrás.

Una Sakura sollozante, confundida y que le pidió detenerse para hablar sobre algo que sabía muy bien no tenía mucho futuro si ella seguía enamorada del chico que tenía en frente.

―Hoy no fue un buen día.

―Ah, pobre de ti ―dijo Sasuke con burla―. ¿Quieres que te hornee galletas y cante una canción de cuna para que duermas como un ángel?

―No, gracias, eso me traumaría de por vida. Con tal de que me dejes descansar un poco en el sofá estaré bien. No te esfuerces tanto, teme.

Sasuke aceptó, derrotado ante la idea de no lograrle sacar nada. Por ahora. Podía ser un desgraciado con cara de moco, pero era buen amigo. Un buen amigo que entendía cada cuando no quería hablar de determinados temas y solo quería quedarse en silencio, por más extraño que eso se viera, especialmente con su parlanchina personalidad.

―Haz lo que quieras ―con un encogimiento de hombros Sasuke le dejó en la sala, caminando hacia los interiores del lugar, seguramente directo a su habitación―. Solo no hagas ruido cuando te vayas.

―Hey ―le llamó antes de que se marchara completamente. Sasuke se giró para verle, con una ceja en lo alto―. Uhm. Si te hago una pregunta, ¿puedo contar contigo de que me vas a decir la verdad?

―Si vas a salir con uno de esas estúpidas situaciones ficticias sobre quedar desamparados en una isla desierta…

―No, no. Es… Es algo serio. De verdad.

Sasuke giró completamente para verle mejor, con una mueca menos burlona y más seria. Naruto carraspeó para tratar de ordenar sus pensamientos y gesticular bien la pregunta, preparándose para escuchar la respuesta.

―Hazla.

―Teme… En todo este tiempo… Sakura… Ella… ―se quedó callado, viendo a otro lado, inseguro de seguir manteniendo contacto visual con su mejor amigo.

―¿Qué pasa con Sakura? ―se aventuró Sasuke a preguntar al ver la duda en el rubio.

Naruto suspiró y negó con el rostro, mostrando una sonrisa tan falsa que a Sasuke le hizo fruncir el ceño.

―Nada, ah, no es nada.

―Eso no suena como nada.

―No es nada, en serio. Perdón. Esto es algo que solo nos concierne a nosotros. No te preocupes.

―¿Acaso tengo cara de que me preocupa lo que suceda con ustedes dos?

―Para nada.

―Entonces no te hagas ideas extrañas ―masculló Sasuke, volviendo a emprender el camino interrumpido.

―Oye, Sasuke.

Pero de nuevo se vio interrumpido por Naruto, haciéndolo soltar un resoplo para mirarle por encimad el hombro, hastiado de ese jueguito.

―¿Ahora qué?

―¿Tú e Hinata son bastante cercanos, no?

La pregunta fue un golpe indirecto que no se esperaba, era claro por cómo la mueca de Sasuke cambió. Y aunque fuera demasiado rápido para que cualquiera lo señalara, Naruto pudo verlo, especialmente por la manera en la que Sasuke ahora le miraba, teniendo completamente su atención.

―¿De cuál Hinata estamos hablando?

―¿De quién más, teme? Hinata Hyuga. Dah.

―Solo somos compañeros ―explicó con brevedad―. ¿A qué viene la pregunta?

―Nada, solo tuve curiosidad. Han salido en varias fotos. Los dos.

―¿Ahora espías lo que hago? ―Sasuke soltó una risa burlona―. No sabía que estabas tan obsesionado conmigo.

―¡No bromees con eso, teme! ―por un momento pareció como si el verdadero Naruto al que Sasuke estaba acostumbrado había regresado.

―Nuestras familias se conocen desde hace tiempo. Nuestras madres solían ser cercanas. Pero nada más. Hemos tenido aproximaciones, en su mayoría, en esas aburridas reuniones a las que tengo obligación asistir. Y en la universidad. Pero no nos consideraríamos amigos, solo conocidos comunes ―miró a Naruto―. ¿Por qué te interesa? Según recuerdo, es tu hermano quien sale con ella, ¿no?

―¿Ya lo sabías?

―Desde hace meses.

―¡¿Y por qué no me dijiste nada, teme?!

―Hablar de Menma no es mi tema favorito. Además, viven juntos, ¿no? Me sorprende que no te hayas enterado más pronto. Eres un lento, como siempre.

―¡Oi!

Sasuke negó ante las quejas de Naruto, decidiendo que era momento regresar a la habitación. Aún tenía cosas que estudiar y no podía desperdiciar el tiempo hablando con Naruto de cosas inútiles.

―Como sea, no hagas ruido cuando te vayas. O te mato.

―¡No es mi culpa que tengas el sueño ligero!

―Ya te advertí ―dejó claro Sasuke al perderse completamente de la vista de Naruto quien resoplo, no tan asustado de esa advertencia.

Se echó al sofá más extenso, dejando que la suavidad de éste le acariciara la espalda. Con eso debería ser suficiente para quedarse dormido y olvidarse un poco de sus males. Intentó cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño, pero nada. Cada vez que los cerraba veía el rostro de Sakura con miedo; miedo de él. Eso le hizo apretar los labios.

Él nunca le haría daño. Pudo haber sido un poco brusco pero ella no escuchaba. Quería explicarle, que le diese la oportunidad de expresarle todas las cosas que había sentido en todos esos meses de noviazgo. Así como él la escuchaba, ponía atención a cada uno de sus relatos, por más que no entendiera la mitad de ellos, él merecía algo de atención también, un poco de mimos a su corazón maltrecho que seguía latiendo para darle todo lo que merecía esa chica hermosa que tenía todo lo que pudiera ofrecerle en las manos, con el poder de hacerlo más grande o añicos.

Naruto giró, tratando de buscar una cómoda posición pero no lograba conciliar el descanso. Culpó a la luz y se levantó para apagarla, regresando al lugar, pero ni así. Quedó de nuevo boca arriba, observando al techo, sin nada de ruido que le desviara de sus profundos pensamientos con respecto a su situación amorosa.

―Creo que fui un poco injusto ―se dijo al llevarse las manos al rostro, intentando despejar el intenso dolor de cabeza que traía―. No debí ser tan duro. Pude haberle dado a entender lo que sentía sin haber actuado así. Mierda…

Mamá seguramente le daría una paliza por comportarse así. Eso no le había enseñado. Pero tampoco quería seguir con ese cuento de felicidad, como si no le doliera. Era alguien sensible, aunque no gustaba mostrar esa faceta suya al exterior. Siempre quería verse como el chico duro de sonrisa brillante que no le afectaba nada, ni siquiera un rechazo tan obvio por la chica por quien suspiraba a diario.

Luchaba para no sentirse inferior a muchas personas, de detenerse de compararse con otros, de aceptar lo que era sin verse al espejo y criticarse por no ser más listo, o alguien más sensato que guarde la calma y cierre la boca antes de lanzarse a los golpes ante provocaciones.

―Les prometí a mamá y a papá que llevaría una vida universitaria tranquila ―rio―. Estoy haciendo un gran trabajo ―soltó casi con desprecio―. Agh, un corazón roto es lo que menos necesito para este semestre.

Se sentó sobre el sillón, dándose cuenta que no debería estar ahí, sino en su propia cama. Molestar a Sasuke cuando él no tenía cabida en esa ecuación enredada no era una buena idea. Y aunque se moría de ganas por cuestionarle si Sakura en algunos de esos días se habría acercado, no tenía el valor para hacerlo y de ese modo confirmar todo.

Naruto seguía dolido y eso no iba a desaparecer, así como esas ganas de querer correr hasta la casa de Sakura y pedirle perdón; pero quería darle tiempo, de que se diera cuenta que su presencia sí afectaba.

Pero ya la extrañaba.

―Apesto incluso para esto ―se dijo con impotencia al no poder negar esa necesidad de querer a Sakura a su lado en esos momentos.

Tomó una chamarra de Sasuke del closet en la entrada, pensando en que mañana se preocuparía en cómo decirle que tomó algo prestado. Hacía frío afuera y su atuendo tan ligero no le ayudaría a soportar.


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Caminar de regreso a casa fue una Odisea para Naruto quien descubrió demasiado tarde que el saldo en su tarjeta se había terminado; no tuvo elección que seguir andando a pie, lidiando con la oscuridad de las calles, los ecos lejanos de gritos eufóricos en la cima de edificios y la sensación de que la ciudad se quedaba cada vez más solitaria, con él siendo el único caminante en esas calles.

Tardó casi dos horas en llegar a su departamento. Estaba desecho no solo emocionalmente, también físicamente. Era bueno que mañana no tuviera clases porque no se sentiría capaz de ponerse de pie. Dormiría toda el día de mañana sin importarle que planes tuviera que cancelar.

Al recordar que el ascensor seguía sin arreglarse, Naruto maldijo mil y un veces a la casera y su poca responsabilidad. A esa bruja le pagaba lo más puntual posible, y tenía el departamento en esas pésimas condiciones.

Después de subir todos los pisos y no morir en el intento, Naruto llegó a su apartamento, casi gritando de alegría, cada vez más cerca de tener una hermosa reconciliación con su cama.

Encajó la llave, abriendo la puerta, ignorando ese rechinido que le ponía los nervios en punta por lo similar que se escuchaba a un demonio reír, lanzando los zapatos a ciegas y cerrando detrás de sí.

Ni siquiera prendería las luces porque eso implicaba esforzarse más y ya no tenía energía.

Caminó por el pasillo, sintiéndose realmente como un zombie en lugar de un ser vivo, luchando para no caer y quedarse ahí en la mitad de todo.

Uhm… M-Menma-kun…

Naruto paró en seco. Casi que se estrellaba contra el suelo al sentir que se caía de narices, pero logró sostenerse de las paredes, sintiendo cómo sus uñas raspaban el papel tapiz viejo, quedándose con los ojos abiertos.

Esperó que aquel ruido ―que muy dentro de sí fuera una imaginación alocada causada por el cansancio de ese día― se repitiera, solo para confirmar que no era real. Al no escuchar nada, suspiró aliviado, agradeciendo que solo fuera un truco del viento.

―¡A-Ah, e-espera…! ¡N-No vayas tan rápido…! A-Ahí no…

Oh mierda. Oh Santa Mierda.

―¡¿En serio?! ―se dijo a sí mismo con los dientes apretados al ver la puerta que daba con la habitación de Menma, fulminándola con furia de que todo eso le sucediera.

Una exclamación fantasma salió de Naruto al percatarse que la puerta estaba semi abierta. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡¿Es que Menma quería que le diera un ataque al corazón, o qué?!

―¿Y con qué derecho viene a reclamarme a mí? ¡Si él está peor! ―decía entre gruñidos bajos, caminando con más sutileza.

Menma era un ser amenazante las 24 horas durante los 365 días del año. Pero lidiar con su mal humor, sobre todo en esa situación sería una pena de muerte. ¡Debía cuidar por dónde pisaba! Era esencial no dar a conocer su presencia. Seguramente su hermano pensaba que se hallaba con Sakura en la fiesta. Después de todo Menma había dicho que no tenía planes de asistir, por lo cual no le era totalmente extraño que decidiera llevar a Hinata al departamento y hacer…

―Cualquier cosa que estén haciendo allá adentro que para nada me estoy imaginando ―estuvo tentado a echarse bajo pecho y arrastrarse hasta su propia habitación pero hacerlo le costaría demasiado tiempo.

Desconocía por cuánto tiempo ese par llevaba así, pero en cualquier momento podrían terminar.

Pero mediante se acercaba, más claros eran las súplicas de Hinata para los oídos de Naruto que se sentía tan tentado de voltear. ¿En serio era esa misma chica tímida la que gemía así?

Imposible.

―Regresa al maldito cuarto, solo regresa al cuarto, toma tus audífonos y olvida que están teniendo sexo prácticamente cerca de ti. Olvídalo. Ya tendrás oportunidad de tomar esto y usarlo en contra de Menma. Ahora, pies, muévanse.

Él no era un maldito pervertido ni mucho menos un mirón, especialmente con las cosas relacionadas con su hermano, era… ¡No era correcto! Cada quien merecía privacidad y eso era justamente lo que iba a hacer.

¡M-Menma…! N-No, s-soy sensible ahí. S-Si lames ahí, yo… ¡Uhm!

«¡¿No puede ser menos ruidosa?! ¡No necesito saber los detalles, mierda!».

Sin duda esa era una nueva faceta de Hinata que Naruto no quería conocer.

Estaba preparado para cruzar el tramo que le faltaba y llegar a la seguridad de su habitación, esconderse debajo de las camas, poner la música hasta el tope, sin preocuparle quedarse sordo, y esperar a que el día de mañana llegara pronto. Incluso cantaría cualquier canción pegajosa con tal de no tener el timbre de la voz de Hinata perdiéndose en cualquier cosa que su hermano le estuviera haciendo al otro lado de la pared.

Usó las tácticas de espionaje cuando no quería que nadie lo descubriera bajar al primer piso de casa y prepararse un delicioso ramen instantánea. Puntillas y respirar lo más hondo posible para aguantar la respiración, tensando cualquier parte del cuerpo sin el temor a que nada imprevisto fuera liberado y lograra desviar la atención de esos dos hacia el corredor. No sería una buena anécdota que contar si era atrapado. Y no quería dar explicaciones de por qué estaba ahí, claramente siendo un mal momento para haber llegado a casa.

«Debí quedarme en casa del teme».

Alargó la pierna. Buen trabajo, solo hacía falta unos cuantos pasos y listo. Aleluya, conseguiría salvarse el pellejo de cualquiera tortura infernal a la que sería sometido por parte de Menma en caso de que le hallara ahí.

Pero la misma maldición de esa primera vez en que, sin poder detenerse, de que su propio cuerpo ignorara las ordenes de su cerebro por puro capricho o algo más allá de lo incomprensible que su limitada mente podía procesar, no pudo despegar la mirada de cómo Hinata arrullaba a Menma, lo poco que le importó a ella arriesgarse a contraer el resfriado, el cariño con el que le cantaba, la manera en la que los dedos delgados de ella se paseaban con libertad en los cabellos de Menma, sumiéndolo en un lento y gentil arrullo volvió a invadirlo, de pies a cabeza, pero con más fuerza.

No sabía cómo explicarlo y encontraría complicado hallar una explicación que le ayudara a justificar sus acciones porque sabía muy bien que no era lo correcto, que lo que hacía podía considerarse incluso enfermo.

Pero la voz de ella no estaba ayudando. Podía entender que ambos imaginaban que la casa estaba sola, aun así era demasiado egoísta pensar que él estaría afuera, que su relación con Sakura estaba en armonía para no prever que regresaría a casa estando completamente solo y con la duda si tenía o no novia a esas alturas. Era culpa de ellos por ser tan vocales, por tener la puerta abierta, con la abertura capaz de permitirle ver, de tener en frente de sus ojos esa escena que no solo le alarmó, sino que le hizo sentir tanto calor, como si de pronto la pasión con la cual el cuerpo de Hinata se movía encima de la cama le golpeara a él también, así como seguramente la humedad de ella chocaba contra la cara escondida de Menma entre esos muslos que le acariciaban los costados de la cabeza, emitiendo ruidos viscosos que lejos de parecerle incómodos, solo generaban una sinfonía de puro placer, acompañado de la tenue voz de Hinata que seguía soltando gemidos sueltos para luego tomarse tener una mano enganchada a la sábana completamente arrugada debajo suyo y la otra colocada en los mechones negros de Menma.

Él luchó contra sí mismo para desviar la mirada. Se repitió que eso no debía hacerse. Que estaba mal. Pero el cuerpo no le respondía. Fue como si se quedara clavado en el lugar, estático, escondido detrás de la puerta, sin ser descubierto, atestiguando absolutamente todo.

Las figuras de esos dos amantes se camuflaban con la penumbra de la habitación pero ante los ojos de Naruto era claro los movimientos de ella. Ese diminuto cuerpo, apenas cubierto por unas cuantas prendas que hacían lucir apetitosa su piel hecha de crema, se retorcía de tanto placer que lo consideró un acto prohibido.

«Deja de mirar, mierda, Naruto, deja de mirar. Esto no está bien, joder. Esto… ¡No está bien!».

Sabía que no lo estaba ni por asomo; comportarse así no era propio de él. Más no podía, luchaba pero los pies no le respondían ni para alejarse o huir. Ya no importaba que lo escucharan, era preferible dar a conocer su presencia para no quedarse como un mudo espía y un indeseado invitado.

No solo era por privacidad a Menma, sino también a Hinata. Ya le había faltado el respeto al insinuar, delante de Sakura, que ella mantenía una especie de aventura con Sasuke. Al descubrir lo erróneo que estuvo todo ese movimiento de su parte al interpretar de pésima manera pistas que él aseguraba eran señales verídicas que entre esos dos algo pasaba, un peso enorme se instaló en su estómago que seguía aumentando por todo lo que estaba haciendo, esa enorme falta de respeto hacia Hinata sin que la chica lo mereciera.

Hinata se había comportado bien. Carajo, más que bien. Podía contar con la mano las pocas chicas que le habían tratado dignamente sin dejarse llevar por su imagen exterior o la manera en vulgar en la cual se comportaba a veces, sin tener el menor de los cuidados con los comportamientos femeninos que necesitaban otro tipo de cuidados. Incluso le trajo increíbles regalos.

Sin embargo, era hipnótico. Como el canto mortal de una sirena.

Podía repetirse un sinfín de veces el por qué todo era un delito depravado pero ni así Naruto tendría la fuerza de quitarse y dejar de ver cómo ese cuerpo se movía por encima de la cama, el cómo Menma le alzaba los muslos y enterraba los dedos en esa carnosidad deliciosa que conformaban los bellos muslos de Hinata. Tragó, sintiéndose inquieto y hambriento sin razón aparente, imaginándose cómo sería sentir esa textura debajo de las palmas, escuchar los gemidos de Hinata y sentirla estremecer.

Era obvio que lo disfrutaba porque sus gemidos eran cada vez más fuertes. Desde el lugar en el que estaba no podía darse el lujo de detallar cada deformidad de absoluto placer en esas facciones delicadas, pero con ayuda de la imaginación dibujarse una imagen no fue difícil, menos teniéndola tan cerca pero a la vez tan lejos de su alcance, como si él también pudiera aspirar el aroma de su esencia natural, de esa jugosidad resbalando por las comisuras de Menma quien chupaba, mordía y bebía de ese delicioso néctar sin temor a mostrar lo adicto que se había vuelto.

Pudo sentir la garganta seca, sediento por probar esa bebida dulce.

Hinata no solo se escuchaba increíblemente erótica, el modo en que el cuerpo se movía, claramente disfrutando de la atención de Menma a su intimad parte le demostró a Naruto que lo que tuvo con Sakura en la cara ni siquiera fue real u honesto.

El cuerpo de Sakura encendió pasiones en Naruto, lo endureció al tener cerca de sí esos senos, que a pesar de no ser enormes como los de esas mujeres en las revistas que su padrino le pasaba cuando su madre no se percataba, no dejaba de saborearlos con hambre, a pesar de que Sakura le regañara por dejar marcas, o por morder más fuerte de lo normal. Tuvo que aprender a ser delicado con ella, a medir su entusiasmo porque no quería hacerla sentir incomoda. A ser más gentil.

Pero nunca importó las atenciones que le diera a Sakura si siempre iba a responderle con gemidos reprimidos, con la manía de esconderse de su mirada ansiosa por detallar cada gesto de satisfacción, de mantenerlo alejado en un distante abrazo, siendo ella la primera en levantarse después de terminar.

Hinata… era tan apasionada. Quizá se comportaba un tanto tímida pero sus reacciones eran sinceras. Podía estar seguro de ello.

—A-Ahí… Uhm… Sí…

―¿Te gusta aquí? ―logró distinguir la voz de Menma, más ronca, más gutural, más maliciosa, seguramente degustando la visión de Hinata delante suyo, un apetitoso banquete exclusivo para él.

―S-Sí. Me gusta… c-cuando me lames ahí…

―¿Aquí? ―otro gritito de Hinata, seguido de un suspiro decepcionado―. ¿No?

―N-No hagas esto, Menma-kun… N-No cuando… E-Estoy tan… ¡T-Tan cerca! ―nuevamente la voz de ella tembló y Naruto tuvo que apretar los puños para no acompañarla con un gruñido por lo bien que se escuchó.

―Hmm… Aquí tampoco, eh. ¿Qué tal… aquí?

Los ruidos retumbaban con más fuerza en los tímpanos de Naruto y dudaba que fuera a olvidar algo como eso. Para cuando se percató él también respiraba agitadamente, como si se encontrara al lado de ella, acompañándola en ese éxtasis que lentamente le invadía, acariciando con sus manos extendidas cada rincón de ella, maravillándose con esos gemidos pegados a su oído como un secreto peligroso.

Y algo sucedió. Algo que heló la sangre de Naruto por completo. Algo que le hizo tener toda la mente en blanco y quedarse sin un solo pensamiento. Con un enorme miedo invadirlo, una vergüenza que jamás había experimentado, la sensación de ser descubierto por ese par de ojos perlados que le miraron desde la profundidad del alma adormilada en su interior.

Hinata había girado el rostro hacia su dirección. A pesar de que él no movió ni un músculo, sintió que ella le veía. Que esos ojos hechos de perla se perdieron igual que él en los de ella.

Y antes de que pudiera escapar, disculparse, incluso pegar la frente contra el piso por haber cometido tal gravedad, el rostro de Hinata, con sus parpados fuertemente apretados y sus labios quedar entreabiertos ante una sacudida total en todo su cuerpo y ser lo maldijeron.

Era tan hermosa. Preciosa. Todo sinónimo creado para engrandecer la belleza de cualquier aspecto viviente sobre la Tierra se le pasó por la cabeza para tratar de describir lo que ella representaba en esos momentos, siendo complacida por otro hombre y sin ser consciente ―o tal vez sí― de su presencia escondida entre las sombras, ocultándose como un enfermo que se sentía no solo atraído hacia ese apasionante encuentro, sino una envidia surgirle desde su interior.

No fue hasta que Menma trepó por el cuerpo femenino que Naruto despertó de su ensoñación, observando cómo él atraía el rostro de ella, siendo rápidamente abrazado por el cuello a través de sus temblorosos brazos que buscaban una sólida base de la cual sostenerse. Menma la sostuvo desde la espalda, acariciando con suavidad cada tramo, besando su oreja en repetidas ocasiones, susurrando cosas que él no alcanzaba a escuchar.

Solo hasta ese momento fue que Naruto descubrió que estaba duro.


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Aun cuando los pies le ardieran por salir huyendo de ahí, se tuvo que recordar que ellos no sabían que él estaba ahí, por lo que se mantuvo silencioso hasta llegar a su cuarto, poner llave y tumbarse a la cama.

Intentó cerrar los ojos, dejar que todo desapareciera de su mente y el problema que llevaba abajo desapareciera por sí solo. Pero con cada roce que hacía con el colchón, un gruñido excitado salía por lo bien que se sentía, teniendo que rodar entre la cama para quedar boca arriba, respirando con fuerza, buscando relajarse, pero la temperatura de su cuerpo no ayudaba, ni mucho menos las escenas aun frescas reproducirse nuevamente en su cabeza como una película porno.

―Doy asco, en serio doy asco…

Naruto se repetía eso pero sus manos no reflejaban tales pensamientos al irse colando debajo de los pantalones, soltando un gemido que obligó callar en cuanto sus manos rozaron con la dureza de su miembro que daba la impresión de que llevaba una casa de acampar debajo de la ropa.

No se masturbaba desde que tenía 15 años. Cuando los sueños húmedos con mujeres hermosas se volvieron comunes, para luego sentirse avergonzado de descubrir el crimen entre las sabanas tiesas, teniendo que ser él mismo quien se encargara de eso por temor a que su madre lo descubierta y tener que padecer la enorme vergüenza de explicar el extraño líquido endurecer la tela.

Al tener a Sakura, la necesidad de consumir producto porno pasó a segundo plano. Estaba feliz con su vida sexual y le generaba enorme placer sus sesiones con su novia.

Pero en esos momentos era como si el cuerpo le pidiera darle un descanso más que necesario a la urgencia entre sus piernas.

Ni siquiera tuvo que hacer mucho porque la cabeza estaba llena de líquido pre seminal que le hizo morderse el labio. Mierda, nunca había estado así de excitado. Pensar en lo húmeda que Hinata debió estar gracias a la lengua de Menma le hizo mover la mano desde la base hasta la punta, ejerciendo fuerza, cerrando el agarre alrededor del grosor de su pene ante la idea de lo estrecha que Hinata podría ser en el momento en que se hundiera en ella, en que ese pequeño y apetitoso cuerpo le recibiera con los brazos abiertos, las mejillas sonrojados, la voz de campanita quebrándose ante cada embestida.

―M-Mierda ―gruñía al sentirse tan cerca, sintiéndose abrumado por esas nuevas sensaciones con las cuales su mente jugaba, haciéndole ver cada que cerraba los ojos el rostro de Hinata mirándole directamente, dejándole observar cómo el orgasmo la transformaba.

Naruto agarró una almohada y se la llevó a la cara para ocultar el gruñido gutural que soltó en cuanto sintió su propio orgasmo golpearlo, seguir acariciando desenfrenadamente su erecto miembro, sintiendo cómo la ropa interior se le humedecía ante la expulsión de semen manchar igualmente su mano al expandirlo por toda la longitud, soltando más gemidos reprimidos por lo bien que se sentía. Incluso las caderas se le alzaban inconscientemente, como si imaginara que seguía dando las últimas penetraciones, saboreando cada instante.

No supo cuánto tiempo pasó con certeza pero el canto de los pájaros ya se escuchaba afuera. Naruto parpadeó y se sentó, viendo que su bóxer se había quedado tieso y que cualquier viscosidad desapareció. Aun así podía revivir una y otra vez esa pecaminosa imagen de Hinata, la novia de su hermano, dentro de su cabeza.

Naruto barrió sus cabellos sin saber cómo sentir al respecto, sin saber cómo reaccionaría a partir de ahora con Hinata y Menma, sabiendo que los vio en un momento que solo era para ellos.

Y sabiendo que se había corrido pensando en el rostro de Hinata llegando al orgasmo.