Notas aclaración de la temática:
Dentro de esta historia, se sabe si las personas son beta, omega o alfa hasta que les llega la adolescencia, antes de eso no hay manera de saber a que casta pertenecen. La mujeres alfa al igual que las omega y las beta tienen vagina, solo al momento de excitarse se presenta su miembro. Esto quiere decir que la mayoría del tiempo Shizuru tiene lo mismo que Natsuki.
ORGAVERSE
CAPÍTULO 7
A LA MAÑANA SIGUIENTE
Kuga decidió faltar a la universidad y llamó al viejo para decirle que no podría ir al trabajo ese día. Le dolía estar sentada durante mucho rato y era demasiado obvio que al caminar lo hacía diferente, cualquiera con dos neuronas ataría cabos enseguida. De todos los accidentes que había tenido al tener sexo, aquel era por mucho el más absurdo.
—Las chicas no me dejaran olvidarlo —dijo para sí, de mal humor, en parte por el dolor—, en especial Nao. —La risa de su amiga hacía bulla en su cabeza.
Shizuru alcanzó a escucharla desde la cocina, hizo una mueca, sentía que era su culpa. Había insistido en faltar también a la universidad, para poder cuidar de la omega, que tenía lastimado hasta el orgullo. Todavía no se creía que en su primer día de noviazgo oficial, había empalado a su novia.
—En serio lo siento, Natsuki. —Sacó más hielo de la nevera, lo metió en una bolsa—. Me emocioné de más…
—No te disculpes, fui yo quién te dio la idea. —Estaba recostada boca abajo en el sofá de la sala, con una almohada bajo su abdomen—. Y la que te pidió que lo hicieras más duro. —Sintió que pusieron el hielo en su trasero—. Como íbamos a saber que la litera no soportaría.
Kuga ni en sus sueños húmedos había imaginado que las embestidas de la castaña de verdad pudieran echar abajo la cama.
—¿De verdad no quieres ir al médico? —Se sentó en el suelo, de piernas cruzadas a un costado del sofá, si giraba su rostro quedaba a una altura muy similar al de Natsuki—. Es que bueno eso debió… Doler…
—Lo de hacerlo en nuestra forma animal evitó una lesión mayor. —Meneó la manó en negación—. Estoy bien sin doctores, de verdad no tengo ganas de preguntas incomodas.
—¿Preguntas incomodas?
—Sí, ya sabes, es algo difícil que nos crean esta mierda y no quiero que llamen a Derechos Omega.
Shizuru recargó un brazo en el sofá. —¿Segura?—. Acarició la mejilla de Natsuki.
—Sí. Dejemos que el reposo arreglé mi trasero.
—Lo siento —repitió. Lo había dicho un montón de veces desde que ayudó a Natsuki a levantarse del piso.
—Con los orgasmos que me diste, no me arrepiento de nada.
Shizuru sonrió.
—Comenzaré a creer que eres algo masoquista —dijo picara.
—¿Qué hay de ti? Al parecer te gusta el sexo duro.
—Ara…
—Creo recordar muy bien como te viniste en mí cuando caímos al piso.
Sonó el celular de la castaña, ya se imaginaba quién era, igual le dio un vistazo al contacto antes de responder.
"—¿Dónde demonios estás, Shizuru?"
—Primero que nada, buenos días, Haruka.
Debido a una punzada de dolor, Natsuki jadeó.
"—Te juro por Dios que si están en los baños de nuevo…"
—Ahora mismo paso de follar —masculló Kuga.
"—Mierda sí estás con ella…"
—Ara, Haru, ni siquiera estoy en la universidad. —Aguantó las ganas de reírse—. No podré ir.
"—Dime que no volviste a lastimarte ahí."
—Pues que clase de sexo crees que mantengo, Haru —dijo en tono serio pero con una sonrisa—, ¿qué necesitabas?
"—¿No puedo preocuparme de que faltes? —ironizó."
—Volvió a sonar el anuncio de las instalaciones y el uso recreativo, ¿no? —dijo Kuga.
"—¿Faltaste para estar con la delincuente?"
—Haruka…
"—Ok, ok, con Kuga. —Hubo un silencio incomodo—. ¿De verdad no te lesionaste, Shizuru Fujino?"
—Estoy bien, Haru, tranquilizate. —No quería que el mundo supiera sobre su tragedia sexual, suficiente tenían con las amigas de su omega—. Oye… —Del otro lado, de fondo, se escuchó la voz de Kanzaki.
"—Ahg, ahí viene el bastardo de nuevo. Te hablo más tarde."
—Diablos, como soportan a ese imbécil todos los días. —Kuga frunció el ceño—. Es como si le pagaran por ser irritante.
—Hay males inevitables en este mundo, él es un buen ejemplo.
—De regreso a lo que estábamos. —Natsuki sonrió ladina—. ¿Sexo duro? —bromeó.
—¿Es válido decir que no estoy segura? Es decir, no exploré mucho mi sexualidad por eso de mi rechazo a las feromonas.
Kuga dejó de lado las bromas.
—Es válido, sí. —No quería que las cosas se tornaran incomodas, por el contrario, quería que ese tema fuese natural entre ellas—. Oye, Shizuru…
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo sobre tu cuerpo?
—¿Y esta timidez repentina? Anoche… Pregunta lo que quieras —Guiñó.
Había un detalle sobre la castaña que ya le había pasado por la cabeza tres o cuatro veces, en medio del calor de sus encuentros.
—Cuando te excitas tu… Bueno para cuando te toco ahí ya… —Se puso roja, se equivocó, no era sencillo sacar ese tema—. Digo normalmente tenemos lo mismo…
—Ara, sí Natsuki, mi entrepierna es igual a la tuya la mayor parte del día. —Le dijo suavemente—. Solo que todas las veces que me has visto desnuda ya estamos más que calientes. —No pudo evitar una pequeña risa.
—Sí eso. —Respiró profundo—. He sentido que también te mojas y… Tú… ¿Te sientes bien si… te lo hacen?
Pensó mejor lo que acababa de decirle a la alfa.
—Lo siento, Shizuru. Ignora lo que pregunté —dijo enseguida, atropellando sus palabras antes de que le dijeran algo.
Ese creciente nerviosismo le causó ternura a Shizuru.
—Bueno sí, es verdad que además de mis erecciones, cuando me excito me mojó, pero con tu pregunta, bueno, no fui más allá de tocarme un poco por curiosidad de adolescente. —Le sonrió con tranquilidad a Natsuki.
—Entiendo…
—¿Por qué?, ¿Quieres tocarme ahí? —dijo juguetona, más porque le gustaban los nervios de Natsuki que por querer una respuesta.
—Sí.
—Ara…
A los omega solían criarlos para roles más bien pasivos y las mujeres alfa no acostumbraban experimentar con ese tipo de cosas.
—¿Lo… siento? —No supo como interpretar la reacción de Shizuru—. No quería ofenderte. —Se quitó el hielo y se sentó en el sofá—. Digo, estoy satisfecha con lo que hacemos y…
—No me ofendiste —respondió calmada, se subió al sofá—. Solo me tomaste por sorpresa. Creo que sabes que a los alfa no nos educan para ese tipo de cosas…
—Lo sé… —Le constaba por como la habían criado sus padres, antes de enterarse de que era una omega.
—Pero oye, contigo podría intentarlo.
—¿Qué? —Eso le sacudió las ideas—. No quiero que te sientas presionada solo porque abrí la boca.
—Sabes, nuestra anatomía es muy muy parecida, así que… —Tenía la mano en su mejilla, pensativa—. Si tú te sientes bien, técnicamente debería serme placentero también.
—Entonces… ¿Estaría bien si yo… ?
—Podemos intentarlo cuando te sientas mejor —sonrió.
—Ya me siento mejor.
—Natsuki —rio—, acabas de decir que pasabas de follar, hace unos momentos.
—El pasado es pasado.
—Se supone que faltamos a clases para que reposes.
—Necesito reposar el trasero, pero no lo necesito para eso…
—Deberíamos ser prudentes, Natsuki —no sonó muy convencida.
—¿Pero quieres? —Se recargó en su hombro.
—Natsuki…
CINCO MINUTOS DESPUÉS
La razón cedió ante la calentura.
Se tumbaron en el suelo, al lado del sofá, Natsuki encima de Shizuru. Se besaban como si hubiesen pasado meses sin poder hacerlo.
—Parece que mi cachorrita está ansiosa ¿eh? —Sentía la fogosidad de sus labios a otro nivel.
—Es por ti.
—¿Por mí? Ara pero si… —La callaron los labios de Natsuki.
La omega había caído en cuenta de que a Shizuru le gustaba que la mordiera, su voz era un poco más aguda cuando lo hacía, en especial si era lento, con pausas. En medio del beso, se transformó, rozó sus colmillos en su labio inferior. Escuchó el sonido que deseaba.
—Que energética —rio y se transformó también—, me gusta. —Tomó por las mejillas a Natsuki, quería profundizar el beso, entrelazó más sus lenguas, ambas gimieron.
—Nat… Sabes que si nos atrapan… —gimió, los besos en su cuello eran húmedos, calientes—, no te dejaran olvidarlo, ¿cierto?
—Nada superara lo de anoche, de todas formas. —Besó desde detrás de su oreja hasta su hombro, subió de regreso, a medias se detuvo, lamió y chupó.
—Natsuki… —Iba a ser difícil taparse ese chupetón.
La omega le dio un corto beso en los labios. Se quitó su camisa y le levantó la playera, volvió a inclinarse sobre ella, la acarició por encima de su brasier, hasta que sintió como sus pezones se endurecieron.
—¿Estás jugando conmigo, Natsuki? —Ella misma se desabrochó el brasier, tocaron su piel directamente—. Ah… Mejor… —Sintió que succionó cerca de su clavícula—. Ara, ¿mi cachorrita quiere marcarme? —Se mordió los labios.
Kuga bajó lamiendo, mordió muy suave el costado de su pecho izquierdo. —Tal vez—. Metió el pezón a su boca, chupó. —Sabes bien—, jadeó —Shizuru… —Se pasó al otro pecho.
Ambas sintieron algo duro entre ellas. Por inercia, Natsuki le acarició por sobre el pantalón pero, enseguida se recordó que en ese momento el objetivo era otro. Se levantó para bajarle la ropa restante a Shizuru.
—Se sincera. —Miró a la alfa a los ojos—. Y si no te gusta, cambiamos. —La vio asentir, con los labios entreabiertos en un jadeo—. Apoya tus piernas en mis hombros, hermosa.
Natsuki miró entre las piernas de Shizuru, sintió que se mojaba más al verla a ella en esas condiciones. Acercó el rostro, su respiración dio contra…
—Natsuki.
Agarró a Shizuru por los muslos. —Ya voy—. De la nada, estaba ansiosa, sentía que estaba excitada sí, pero de una manera distinta. Esa sensación aumentó viendo como se movía la cola de la castaña, suave, con golpecitos pausados.
Pasó la lengua de abajo hacia arriba, la alfa gimió, repitió la acción, su lengua resbalaba tan fácil por lo mojada que estaba.
—¿Bien? —contuvo su propio gemido—, ¿sigo?
—Sí. —Tenía las mejillas enrojecidas debido al calor.
Con la punta de su lengua tanteó la entrada, estaba tibia, palpitaba. Shizuru cruzó las piernas sobre su espalda. Empujó con su lengua.
—Nat…suki… —gimió.
El interior de Shizuru era estrecho, sentía que succionaba su lengua, mientras jugaba con un movimiento tenue, la sacó, besó sus labios, el interior de sus muslos.
Miró arriba, la castaña la observaba mientras se tocaba sus pechos, pero en cuanto sus miradas se cruzaron, Shizuru le empujó la cabeza con una mano.
—Continua, se siente bien —dijo con una sonrisa lasciva.
Kuga podría haber jurado que su novia ronroneaba. Lamió de arriba a abajo, una, dos, tres veces, le penetró, el lubricante de la castaña escurrió por sus labios. Chupó la base de su miembro, con los ojos mirándole, quería ver su reacción.
—¿Te gusta? —Le besó despacio, mientras que con su mano tocó su entrada, le gustó sentirla todavía más húmeda, metió un dedo, esperó, quieta.
—Mue…velo…
Sacó su dedo y metió dos, al mismo tiempo que se recostó sobre ella. Sintió que podría enloquecer por cómo le abrasaba los dedos el coño de Shizuru. Un bajo pero claro chasquido húmedo sonaba cada vez que entraba y salía.
Shizuru buscó besarla, sus labios fueron un tanto más agresivos. Sonrió en medio del beso. —Mete otro—. Besó la comisura de sus labios. —Mmm… sí… Natsuki… —La mano de la chica era muy cálida. Sin darse cuenta subió la cadera, empujó contra su palma, sintió más profundo los dedos que le acariciaban.
Besó el cuello de Natsuki, le regresó el favor del chupete.
—Nat… —Sintió algo cálido en su abdomen—. Creo que…
Natsuki movió más rápido su mano.
El cuerpo de Shizuru se tensó un instante antes de correrse, se pegó lo más que pudo a Natsuki, arañó su espalda, mordió su hombro. —Nat… —jadeó, un hilo de saliva escurría de sus labios, sus piernas se estremecían—, Natsuki… —Hasta que bajaron las palpitaciones en su entrepierna, la omega retiró su mano.
Natsuki se levantó a horcajadas sobre Shizuru, las dos tenían en sus pechos parte del semen de la castaña, miró su propia mano, empapada, la excitó saber que estaba cubierta por los fluidos de su novia, lamió sus dedos.
Esa imagen calentó una vez más a Shizuru, pese a que todavía se recuperaba del doble orgasmo que acababa de tener.
—Ara… espera… debemos… —Le costó un poco retomar el aliento—. Natsuki tu lesión…
Natsuki también se había venido pero quería más, más de los gemidos de Shizuru, que dijera más veces su nombre. Se apoyó con ambas manos sobre el abdomen de la alfa, movió su cadera, rozó sus entrepiernas.
—Natsuki no debemos… —Gimió, con la primera ronda a cuestas, estaba demasiado sensible, pero todavía recordaba que la omega estaba lastimada.
Por otro lado, a Kuga la calentura le había hecho olvidar que en realidad, debería estar reposando.
Pero antes de que se sentara sobre Shizuru, el universo le mandó un recordatorio.
La puerta del departamento se abrió, era Mai, con unas bolsas de despensa que se le cayeron al piso. De haber sido Mikoto o Nao en lugar de ella, tal vez habría olido las feromonas desde el pasillo, pero su desgracia en momentos como ese era ser una beta.
—¡KUGA NATSUKI! —Su primer instinto fue mirar feo a su amiga—. ¿¡En serio, maldito perro caliente!? —regañó cerrando la puerta.
—Ahhh yo…
—¿¡Tú, qué!? ¿¡Te crees que todavía eres una adolescente!? —Caminó evitando pisar la despensa. Por su historial juntas no le afectaba ver a Kuga desnuda, no obstante, omitió el detalle de que si miraba a la alfa sería diferente, muy diferente—. Y tú, Shizuru…
La sorpresa dejó helada a Mai. —¡Santa ver… —Ella misma se tapó la boca y volteó a otro lado.
—Ara… —Eso le estaba siendo tan surrealista.
—¡Mai! —Natsuki se puso de pie.
—¿¡Cómo es que aun puedes caminar, ah!? —le reprochó con la cara roja de la vergüenza—, ¿¡Y no podías por le menos montarla en el cuarto!? ¡Ahora toda la sala huele a sexo!
A como pudo, Shizuru se subió su ropa interior y se puso de pie, aunque dándole la espalda a Mai. Vio su entrepierna. Ni con la pena del momento su miembro daba señales de ceder.
—Tendrás que ayudarme a ventilar este lugar, joder—Mai estaba de los nervios pensando en que llegaran Mikoto o Nao.
—Lo haré, lo haré, pero cálmate…
—Verte a ti en pelotas es una cosa, ¿pero que culpa tenía Shizuru, ah?, Apuesto a que fue idea tuya —siguió riñendo.
El celular de la castaña sonó, miró por sobre su hombro, el teléfono estaba en el piso.
—Tiene que ser una broma —masculló. No podía ser que aquello siguiera poniéndose más y más raro—. Maldición… —Se las apañó para agacharse y recoger el móvil sin darse la vuelta.
—Por favor dime que al menos lo hiciste por el coño y no por tu culo jodido —Mai jaló de la oreja a Natsuki—, necesitas un baño de agua fría, maldición.
—Ya… lo siento… lo siento… —Natsuki sabía que su amiga debía de estar en serio enojada para estar usando esas palabras en voz alta—. Por favor no sigas, Mai…
Shizuru contestó el celular.
—Señora Fujino —sus palabras hicieron que Natsuki y Mai se quedaran en silencio.
"—¿Señora Fujino? Así de fría, Shizuru."
De golpe, la castaña había pasado de estar excitada, a incrédula, a molesta.
—Hace días me corriste del penthouse, me desheredaron y me llamaron loca, ¿qué esperabas? —El pelaje de su cola se erizó, sus orejas se doblaron hacia atrás—. ¿Para qué llamas?
"—No te educamos para que me hables de esa manera… Unos días con esa…"
—No te atrevas…
"—Tenemos que hablar."
—No me interesa si la prensa está respirándoles en la nuca.
Colgó.
Su celular volvió a sonar.
Estuvo muy tentada a arrojarlo contra la pared.
—Shizuru… —Natsuki se acercó con una mueca de preocupación—. ¿Estás bien?
La puerta del departamento se abrió, era Nao, de espaldas, se dio la vuelta, traía una caja en las manos.
—Oigan en el trabajo me regalaron pastel y… —Miró el lugar y el estado de las chicas—. ¿Qué mierda pasó aquí…? —El olor de la molestia de Shizuru había medio encubierto el olor del sexo pero de todos modos la pelirroja se dio cuenta, se cubrió con el antebrazo—. ¡Carajo, cachorra!
