ORGAVERSE

CAPÍTULO 8

Shizuru entró a su salón con un café extra grande en mano. Desde antes de sentarse, Haruka ya la veía con ojos acusadores. Pero iba preparada mentalmente para tomar al toro por los cuernos.

—¿A ti que demonios te pasó? —Extrañamente la rubia moderó su volumen de voz.

Bajó la mochila al piso, recargó un brazo en el respaldo, le dio un largo trago a su café. Su tranquilidad solo le crispaba más los nervios a Haruka, quién no paraba de verle los chupetes del cuello.

—Ara, creo que es algo obvio. —Se le viera por el ángulo que fuese, no podía pensarse en otra cosa que no fuese sexo. Los chupetes de su cuello descendían a su pecho, el escote no ayudaba a disimularlo pero, no había pensado que fuese necesario.

—La delincuente debe controlarse. —Masajeó sus sienes.

—Haruka...

—Kuga debe controlarse, demonios, es que mírate.

—Y eso que no puedes ver el resto —rio por lo bajo. Sentía un leve ardor en su espalda y en sus hombros.

—Carajos, Shizuru Fujino, ¿acaso cogieron enojadas o qué? —Se inclinó y vio un poco más de cerca—. Wow no sabía que los caninos eran así de... —Agitó la cabeza—. Necesitas autocontrol.

—Estoy trabajando en eso.

—Pues trabaja más rápido, mujer. Es más, la universidad cuenta con terapeuta sexual...

—Ara, Haru, no hace mucho querías mandarme ahí por mi nulo libido, ¿ahora quieres que vaya por qué tengo sexo?

—Te pasaste de un extremo a otro, se trata de disfrutarlo, no de parecer que regresas de la guerra, Dios.

—Ya, ya, lo tengo, tranquila. Créeme, tanto ella como yo queremos evitar más lesiones.

Haruka le miró sin creerle una sola palabra pero su amiga era un adulto. —Si tú dices... —Suspiró, solo esperaba no tener que visitarla en el hospital, o en prisión por crimen pasional—. Ah es cierto, quería decírtelo en persona, mis padres aceptaron.

—¿De verdad? —Shizuru sonrió de lado a lado.

—Por supuesto, están encantados de recibirte en la empresa familiar. Les ha intrigado que vayas a estar con nosotros y no con los Fujino pero, no hicieron muchas preguntas, saben que eres conveniente.

—No tienes idea de cuánto te agradezco.

Aunque sus ahorros eran muy buenos tampoco eran un pozo sin fondo, necesitaría ingresos fijos.

—Para eso estamos los amigos, Shiz.

—De verdad que eres más mi familia que mis padres. Ahhh no te he contado, ayer mi padre llamó y...

Para el desagrado de todos los involucrados, Reito y Tate ingresaron al salón cuando aún faltaba un rato para que iniciara la clase.

—Te lo digo viejo, la chica está tan buena. —El rubio sonreía lascivamente—. Tiene unas tetas enormes que quisiera tocar y...

—Tate, yo fui contigo a ese restaurante y esa chica no te daría ni la hora. —Kanzaki hizo una mueca de burla—. La planta de al lado de ti tenía más oportunidad que tú.

—Viejo es por cosas así que yo soy tu único amigo —reprochó golpeándole el hombro—, encima, ¿seguro qué estás para decir esas cosas? tu último intento de ligue...

Kanzaki vio a las chicas, ignoró al rubio y se dirigió a ellas. Tomó asiento justo en frente de Shizuru, se giró sobre la silla para quedar de lado, su mirada chocó con la carmín.

—¿Qué quieres, Reito? —Shizuru habló áspera y cortante.

Con descaro Reito pasó la mirada por su cuello y clavó los ojos en su escote; Shizuru se transformó, golpeteó con sus garras el respaldo.

—Mis ojos están acá, Reito Kanzaki.

Volvieron a hacer contacto visual.

—¿Qué no son los omegas los que quedan así? —dijo con expresión airada.

—Ah, ¿en qué momento mi vida sexual se volvió tu asunto?

—Solo digo que como alfa debería darte vergüenza. —Se encogió de hombros—. Se ve como que te cogieron en lugar de que cogiste.

—Es gracioso que pretendas decirme lo que es vergonzoso, cuanto a ti te golpearon por ser un alfa de mierda.

El chico también se transformó.

Haruka vio que detrás de Reito, Tate cambió.

—Mírate Reito, parece que han dado en el clavo. —Haruka le hizo segunda a Shizuru y manifestó su otra forma, tenía orejas y cola de puma, gruñó.

—Chicos, es muy temprano para pelear. —Tate se sentó en frente de su amigo—. Evitemos problemas. —Pese a decir eso, sacó las garras mientras sacaba un cuaderno de su mochila.

—Siempre has sido una molestia. —Shizuru tenía sus ojos fijos en Reito, hacía un esfuerzo por no apretar de más el vaso de café en su mano—. Pero últimamente eres una patada en la ingle.

—¿Quieres pelear, ah? —Kanzaki clavó sus garras en la madera.

—Con gusto te pongo en tu lugar a punta de zarpazos, Reito. —Dejó su café a un lado—. No será difícil.

La tensión en el aire iba subiendo rápidamente, el resto de los estudiantes podía sentirla, la mayoría pensaba que en cualquier momento se irían a los golpes, y, casi todos le iban a que la leona le ganaría a la pantera.

—Maldición Shizuru, solo te acuestas con una perra y...

De un puñetazo lo sacó de su asiento, cayó encima de Tate, ambos chicos fueron a dar hasta el piso.

Sin creérselo Reito se llevó la mano a la cara, sangraba mucho.

—¿¡Qué mierda pasa contigo!? —Gritó furioso. La castaña le había roto la nariz.

Ella se puso de pie.

—¿Conmigo? —Gruñó—. No vuelvas a decirle perra.

La sangre escurría entre sus dedos. —Estás dándole demasiada importancia a un acoston —escupió con desprecio.

—¿Acoston? —Lo cogió por el cuello de su camisa—. Es mi novia—. Soltó otro golpe, directo a la mejilla derecha, no cayó al piso solo porque Tate lo atrapó.

—¿¡No te importa un escándalo!? —Reito escupió un diente.

—¿Parece que me importe? —Suficiente había hecho con retraer sus garras antes de golpearlo, para no terminar sacándole un ojo—. Vamos Reito, veamos quién es mejor alfa, ya que tanto lo deseas.

Haruka puso las manos sobre los hombros de su amiga. —Shizuru, no, míralo, está que se orina encima—. No estaba mintiendo.

El chico estaba furioso, sin embargo, también estaba aterrado, la expresión en esos ojos de fuego le estaba quemando.

—Ey, Shizuru, lo siento. —Tate intervino—. Por favor no despellejes a este imbécil.

—¡Oye! —Reito le reclamó a su amigo, sacudiéndose sus manos del brazo.

—¿Ves cómo otros tienen que barrer tu mierda? —Shizuru tenía ganas de darle otro puñetazo, tal vez una o dos patadas—. Aprende a mantener la maldita boca cerrada.

Apretando la mandíbula y los puños, Kanzaki salió del salón, Tate le siguió pisándole los talones, conociéndolo si se quedaba solo haría una estupidez peor.

—¿Me excedí? —La castaña se echó en su silla—. Originalmente solo iba a echarle mi café encima. —Agradeció no haberlo hecho, necesitaba la cafeína.

—En tu defensa, él se lo buscó.

—O sea, sí me pasé. —Suspiró.

—Repito, él lo pedía a gritos, ¿quién lo manda a meterse contigo y tu delincuente?

Shizuru no la corrigió solo porque esa vez por lo menos agregó un "tu" antes del "delincuente".

—¿¡Qué están viendo, ah!? —La rubia le gritó a los mirones—. No somos un circo... —masculló irritada.


Después de terminar sus clases, Shizuru acompañó a Haruka al negocio de su familia. Las dos madres de su amiga le trataron con mucha amabilidad y no tocaron para nada el tema de su situación familiar. Le explicaron en que iba a consistir su trabajo, su horario y algunos detalles de la empresa que necesitaría.

—¿Gustas que te lleve? —La rubia se ofreció a ser su transporte.

—No es necesario, Haru. Ya hiciste mucho por mí hoy. —Sonrió—. Nos vemos mañana.

—¡Avísame cuando llegues! —Se despidió con la mano.

A mitad del camino, sonó su celular.

—¿Tanto los hostigan, para que casi supliquen que les responda?

Era la sexta llamada de su madre. Ni ella ni su padre pensaron bien antes de querer quitarle casi hasta el apellido, no pensaron que, ella podría hacerse otra vida por su cuenta pero, ellos no podrían conseguir otro heredero de la noche a la mañana.

Aunque era mucho más probable que contestara si quién marcaba era su padre.

Se pasó a una tienda de conveniencia mientras ignoraba otra llamada. Tenía pensando comprar jugo y pan de caja pero, cuando entró y vio unas cajas detrás del cajero, le nació una duda.

Entró al pasillo de los frigoríficos, le marcó a Natsuki.

"—Hola"

—Hola. —Agarró un cartón de jugo de manzana y otro de naranja, porque a Natsuki le gustaban los dos—. Oye, ¿debería comprar condones?, ¿O seguimos con los creampies...

"—¡Shizuru espera..."

Escuchó que se caían cosas del otro lado de la línea y también gritos.

—¿Natsuki? ¿Estás bien?

"—Sí, solo fueron las herramientas y... ¡Ya cállate, Nina!"

—Ara... ¿Estabas en altavoz?

"—Mi culpa, no avisé —aceptó Kuga—, y yo... prefiero lo segundo... —dijo entre dientes"

—Como mi Natsuki guste.


A altas horas de la noche, cuando por fin pudieron recostarse para descansar, cual rayo una duda golpeó la mente de Kuga, no sabía cómo lo había pasado por alto hasta ese momento, se golpeó la cabeza con la mano.

—¿Sucede algo, Nat? —Mostró una mueca de preocupación.

—Pasa que soy imbécil, no te he preguntado, ¿qué días tienes tu celo?

A pesar de que se habían conocido debido al celo de Natsuki, ninguna había pensado en el celo de Shizuru, que llegaría tarde o temprano.

—¿Shizuru?, ¿Dije algo malo? —Su novia se había quedado callada—. No es que quiera ser una metiche solo que, ya sabes, ahora estoy involucrada en eso.

—Soy irregular. —Se llevó las manos al rostro.—. Rayos...

—Oye, oye, no pasa nada. —Besó su mejilla—. Una llamada y estoy cuándo y dónde necesites.

—Pero yo... De verdad no quiero que lo veas como una obligación... no...

—¿Obligación? Contigo es todo un placer.

—Podría ser en cualquier momento, no me gusta la idea de condicionarte.

—Ohhh vamos, es inevitable que tengamos esos días, en tu caso solo es aleatorio... ¿Una ruleta rusa sexual? —Lo pensó mejor—. Que mierda dije...

Shizuru rio, con unas cuentas palabras Natsuki había matado su tensión y ansías.

—Bueno, será el primer celo que no pase asqueada, gracias a ti.

Había sido horrible pasar por esas ocasiones, su cuerpo se calentaba pero el aroma de las feromonas seguía siéndole repugnante, llegaban a darle arcadas. Era necesitar sexo y odiar el sexo al mismo tiempo. Lo único bueno de ser irregular fue que hubo períodos en los que no le llegó su celo.

—¿Natsuki?

—Lo siento. —Sonrió ladina—. Me perdí un momento en recuerdos, mi primera vez fue una mierda.

—¿Quieres... Quieres hablar de eso? —Sintió que estaba pisando sobre hielo.

—No creo que sea muy ameno de escuchar, Shizuru.

—Está bien si crees que te ayudará, sino, podemos solo hablar de otra cosa, lo que tú quieras.

Natsuki se acurrucó contra su pecho, le acarició la espalda, besó su frente.

—Cuando llegué a la edad en la que debía llegarme el primer celo, mis padres estaban como locos, demasiado pendientes, padre quería poder presumir en cuanto antes que su hija ya era una alfa oficial...

La castaña comprendía esa frustrante presión.

—Él sintió que me hizo un favor cuando puso a una omega a seguirme por la mansión, a pesar de que llevaba días diciéndole que no quería algo así, que odiaba la idea de verles como... objetos... ¿qué era?, ¿la época de las cavernas?

Se calló un momento.

—Aquel día me encerré en mi habitación, sabía lo suficiente para entender lo que le pasaba a mi cuerpo. Padre golpeó la puerta de mi cuarto hasta que le abrí, porque amenazaba con echarla abajo. Me miró tan... Enojado.

Shizuru le abrazó fuerte.

—Salió azotando la puerta, escuché sus gritos y los de madre en el pasillo. Una hora más tarde, metieron a una chica en mi habitación... Ella... Parecía incluso más sorprendida que yo, no le habían dicho que atendería a una mocosa.

—¿Te lastimó? —Shizuru habló bajo, no quería interrumpir pero pensar en eso de que hubiesen forzado a una pequeña Natsuki...

—No, tranquila. Reconozco que ella fue gentil, intentó hacerme sentir bien, pero, mis padres seguían gritándose afuera, pasándose la "culpa" entre ellos.

—Son unos imbéciles. —Abrazó a su omega con más fuerza.

—Sí, supongo que tenemos en común lo de venir de familias que son un desastre. —Se concentró en escuchar los latidos de su alfa.


POR LA MAÑANA

Shizuru estaba sentada sobre el colchón, sin nada de ropa, Natsuki también desnuda se acomodó a horcajadas sobre sus muslos y cruzó los brazos por detrás de su cuello. La abrazó por la cintura antes de fundirse en un beso.

Mientras sus labios peleaban por ver quién llevaba el ritmo, sintió la humedad de la omega sobre sus piernas, eso y que se movió para hacer fricción entre sus pechos. Sus mejillas se calentaron. Le gustaba mucho Natsuki, su cuerpo, su rostro, su voz, su aroma, todo.

Chupó el lóbulo de su oreja derecha. —Date la vuelta, Nat—. Pidió con suavidad, aunque el deseo era palpable.

Una vez que Natsuki se giró, esta recargó la espalda en sus pechos, atrapó su intención de querer sentirle, gimió bajo, la chica seguía moviéndose, despacio. Sus pezones se endurecieron, se puso todavía más sensible ante el contacto de la omega, dio un gemido más fuerte.

—Me gusta cuando haces eso —dijo Natsuki.

—¿Qué cosa? —Acarició sus senos con las palmas, era agradable como el tamaño encajaba tan bien en sus manos.

—Ge... gemir... —Se le salió un gemido debido a que Shizuru había dado un suave apretón con ambas manos—. Eso me pone... —Se acomodó sobre las sábanas y se agarró de los muslos de la castaña.

—Contigo desnuda sería un pecado no hacerlo. —Tomó sus dos pezones entre sus dedos, primero los pellizcó—. Tu voz es tan excitante cuando hago esto. —Los frotó entre sus yemas, apretó suave y medio giró, repitió el movimiento.

Soltó su pecho derecho, llevó la mano a la boca de Natsuki, acarició sus labios con el pulgar, cuando los entreabrió metió dos dedos, hizo presión en su lengua, jugó con ella moviendo los dedos en círculos, la omega le lamió mientras jadeaba.

—Bien. —Sonrió lasciva, con las mejillas rojas—. Muy bien. —Con sus dedos húmedos regresó a jugar con su pecho. —¿Qué tal?

—Un poco más fuerte... —Sintió que presionaba su pezón—. Sí, así.

La otra mano la deslizó por su abdomen, lo acarició con la punta de sus dedos.

—En serio. —Besó su cuello, de la nada, tenía la necesidad de hacerle otro chupetón—. Me encantan tus abdominales. —Pero procuró hacerlo donde fuera sencillo cubrirlo.

—Shi... Shizuru. —Cerró los ojos. Disfrutaba que la castaña sí se enfocaba en hacerla sentir bien en lugar de solo llegar y meterlo a lo bruto, como muchos alfas hacían—. Tócalo...

Bajó su mano lento, hasta estar en la entrepierna de Natsuki, con dos dedos abrió un poco sus labios, con otro tocó en medio.

—Está hinchado. —Besó su mejilla—. Y caliente. —Pasó su dedo de arriba a abajo por su clítoris, lo sintió palpitar—. Quiero que mi cachorrita se mojé más... —Susurró moviendo sus dedos en círculos pequeños.

—Bésame —pidió Natsuki. Ya tenía ambas manos de su alfa en ella, estaba pegada a su cuerpo, pero quería más—, quiero...

Shizuru subió por su cuello hasta su boca, lamió su comisura, besó sus labios, primero como una caricia cariñosa. Natsuki abrió la boca, sacó su lengua, ansiaba sentir el contactó húmedo y ardiente de la otra.

La castaña movió más rápido sus dedos, un gemido ahogado entre sus labios la hizo detenerse, atrapó entre sus yemas ese pequeño y sensible punto, consiguió más de aquellos sonidos que le nublaban la cabeza, sus dedos resbalaban cada vez más pero seguía concentrada ahí.

Aun sin estar dentro de ella, reconoció que su novia se vendría pronto, mientras la seguía masturbando, succionó su lengua y pellizcó su pezón, la sintió estremecerse.

Natsuki se pegó más contra ella, rompió el beso para coger aire.

—Dios... —Jadeó, sentía como palpitaba su entrepierna—. Por cosas así... Es difícil creerte que no practicabas mucho.

—Ara... —La recostó suavemente en el colchón, boca arriba. —Tú me inspiras—. Sonrió mientras le sostenía por los muslos y abría sus piernas.

—Es todo un honor, entonces. —La castaña se acomodó entre sus piernas, se la metió despacio, pese a lo mojada que ya estaba—. Eres tan linda conmigo.

—Natsuki... —Le sintió más estrecha que otras veces. Se recostó sobre ella, apoyó una mano en las sábanas, con la otra le acarició el rostro—. ¿Linda? —Sonrió—. No tenemos cama por mi culpa...

—Bueno, linda y caliente —agregó Natsuki riendo—, ahora, mueve esa cadera, preciosa.


—Es impresionante. —Nao estaba que no se lo creía—. Anoche no parecían ga... —Sintió la mirada de Mikoto—. Cof cof perros en celo y ninguna necesitó un médico.

—Admito que también me sorprendió que aguantaran hasta la mañana antes de despertar a los vecinos —dijo Mai, colocando una bandeja de panqueques en la mesa.

—Gracias por la fe eh... —gruñó Natsuki—, con amigas así...

—Estamos intentando practicar el auto control —Shizuru le palmeó el hombro a su novia, qué estaba sentada en sus piernas, porque seguían sin conseguirse otra silla—. Digo no se trata de que seamos monjas, pero creo que entienden la idea.

—Se entiende y se agradece —suspiró Mai—, ahora, en chismes desagradables, ayer en el trabajo, había un tipo que... Cielos, no paraba de mirarme los pechos y...

La castaña casi se atragantó con un pedazo de panqueque, Kuga se puso de pie.

—Shiz, respira, respira. —Le palmeó la espalda, quizá demasiado fuerte.

—¡No se trata de que le saques los pulmones, cachorra!

—Es... Estoy bien. —Agarró aire—. Gracias, Natsuki.

—Ese maldito rubio hijo de puta... —dijo Mikoto, con un humor totalmente distinto a su usual sonrisa.

—De haber sabido, lo golpeaba también —masculló Shizuru.

—¿Qué?, ¿Golpear a quién? —Natsuki retomó su lugar para seguir desayunando—. Siento que me estoy perdiendo de algo.

—Sé quién era el tipo que estaba viéndole las tetas a Mai.

—¡El nombre, dame el maldito nombre! —Mikoto golpeó la mesa.

—Wow, cálmate, no podemos perder una cama y una mesa en la misma semana. —La pelirroja evitó que le diera otro golpe a la mesa.

—Espera, un pasito atrás, ¿cómo sabes eso? —Mai estaba confundida.

—Porque ayer en la universidad escuché al susodicho diciendo que en un restaurante vio a una chica tan buena con tetas enormes... Palabras suyas, no mías —agregó antes de que a Mikoto le saliera rabia—. Desgraciadamente es un compañero de clases y amigo del imbécil de Reito.

—¡Tate! —Fue el turno de Kuga de golpear la mesa—. Si el bastardo vuelve a ir al restaurante y se quiere pasar de listo le pondré la paliza del año.

—Le pondremos —corrigió Mikoto.

—Ok, ok, haber, chicas vamos a respirar y omitir los deseos violentos... —Mai no esperaba encender de esa forma el desayuno—. No me pasó nada —Miró a la pelirroja, pidiéndole ayuda silenciosamente para que la conversación diera otro giro.

—Eh cachorra. —Atendió el pedido de auxilio—. Ayer Nina me contó un chisme, ¿así que te gusta ser empanada rellena?

—¡Araña de mierda!

De un empujón tumbaron a Nao con todo y silla.

—Auch—Sacudió la cabeza—. Pensé que estaban practicando el autocontrol —miró con reproche a Kuga pero, se dio cuenta de que quién la había tirado fue Shizuru.

—Ara, el autocontrol sexual.