Generaciones Doradas

Capítulo 11

Templo de Sagitario, Santuario de Atenea, 14 de enero, 10:00h

Una nerviosa Esther se había presentado en el templo de Aries tras cruzar Rodorio y recorrer el camino que unía al pequeño municipio con el recinto sagrado de la diosa. Portaba con ella la carta del Patriarca y el colgante con la armadura de Ofiuco en el cuello, destelleaba con la luz del Sol y su cosmos reaccionaba suavemente con el de la diosa; se sentía desde todas partes desde el incidente – aunque ella no fura del todo consciente de su totalidad – en el puerto de Civitavecchia con el titán. Comprendió cuando sintió la arrolladora fuerza de la divinidad arder, sus propios poderes la rodearon en ese momento por estar tan lejos.

Si su destino era ser la amazona dorada del serpentario, aquella era la confirmación de que no iba a poder eludir su destino aunque no lo quisiera. Sin embargo tenía condiciones de las que se sentía muy segura y confiada en sí misma según salía por la puerta de su casa… pero a medida que avanzaba perdía esa sensación y pasaba a pensar en ella misma como una cría que no tenía ni idea de nada de lo que la rodeaba. Cuando se acercó hasta los guardias la miraron con desdén y se rieron de ella – según ellos, demasiado gorda para ser una amazona – hasta ver que su cosmos dorado la rodeó; incluso sus ojos brillaban en tonos rojizos.

-¡¿Me vais a dejar pasar o no?!

Por supuesto pudo entrar al recinto después de muchas disculpas y tras cuadrarse los guardias ante su presencia, pudo avanzar gracias a sus indicaciones hasta el camino que conducía a los templos de los caballeros dorados. Recuperó la carta del Patriarca de entre sus prendas y se preparó mentalmente al encontrarse con tantas escaleras, incluso se mareó ligeramente. Se giró al escuchar unos pasos tras ella, dando con Raki.

-Esther, ¿qué tal? -le sonrió un poco- Veo que… te has animado.

-Son… muchas escaleras, ¿no?

La otra se rio un poco y negó suavemente.

-No es para tanto, vamos.

La tomó del hombro y la teletransportó hasta el templo de Sagitario, donde Seiya esperaba pacientemente a que ella se decidiera para comenzar con el entrenamiento… aunque la convocaron para el día anterior al final no llegó a ir por intentar dejarlo todo en orden antes de partir y asumir el destino que le deparaba… luego se arrepintió y decidió no ir ya que no tenía ninguna razón válida para ir a jugarse la vida por desconocidos, que fue cuando sintió las poderosas ondas de cosmos de la lucha.

-¡Seiya, aquí tienes tu alumna! -bromeó Raki, le dio una palmada en la espalda a la otra, que estaba perdida en sus pensamientos- Pasadlo bien pero no le des mucha caña, que no se arrepienta.

El aludido salió de entre las columnas de su templo, vestido con un pantalón de deporte y una camisa gris deportiva y zapatillas. Se alegró de ver a la otra también con unos leggins y camiseta con tirantes y una sudadera.

-Esther, ¿verdad? -ella asintió y se aproximó- Gracias por venir, el Patriarca estará feliz de ver que has accedido a venir.

-Sí… bueno, yo… no estoy muy segura.

-No te preocupes, no podemos ir demasiado deprisa aunque quisiera -la invitó a entrar-. Antes debes entender qué es el cosmos y luego ya empezaremos con lo más básico de defensa personal, con eso me conformo.

La mujer asintió, pocos pasos después se encontró con una pizarra y unas tizas sobre un cajetín, había hecho una suerte de esquema con diferentes colores y señalado palabras especialmente. Tenía también una vara de madera con la que señalar algunas partes así que ella se quedó en pie durante la explicación.

-En realidad es bastante sencillo, como ves -se iba de izquierda a derecha, y de arriba abajo-. El cosmos es la energía que todos los seres vivos tienen, los caballeros, amazonas y demás guerreros de los dioses tenemos un acceso perfeccionado a esa energía -se iba moviendo poco a poco-. Para hacer uso de este cosmos hay que concentrarse y acompasar los sentidos, éste poder nace desde el alma y puedes emitirlo a través del cuerpo.

El chico hizo una demostración, su cosmos se concentró en una de sus manos y ella, por inercia, intentó algo parecido; en su caso una muy suave luz la rodeó pero apenas visible; contrario a la densa nube que emanó de la piel de él.

-Ayer… mi cosmos reaccionó con lo que pasó, no tengo muy claro de qué.

Seiya le sonrió como muestra de apreciación de su esfuerzo y siguió adelante.

-Es normal, eso debió despertar tu energía, que reaccionó -miró la pizarra unos segundos antes de seguir-. De hecho esa es la siguiente parte, como amazona dorada tus poderes son mayores que los del resto de guerreros de la diosa… y siendo Ofiuco, lo serán especialmente -ella tragó saliva-. ¿Conoces el mito de Asclepio?

-Pues… ¿debería?

-Era un hijo de Apolo, un semidios tan poderoso y sabio que logró incluso darle cura al peor de los males, la muerte -ella le miró sorprendida-. El mito dice que se volvió engreído y prepotente, demasiado orgulloso de sí mismo y con deseos de poder, así que desafió al Olimpo… las consecuencias fueron nefastas.

-Pero… -ella negó con cierta vehemencia- Yo no tengo ni idea de medicina.

-Te enseñaremos, no te preocupes -Seiya se rascó algo el brazo-. Bien, como decía, el cosmos se manifiesta de diferentes formas según la necesidad y el usuario, piensa que…

La clase teórica, aunque bastante masticada, era densa y ella tenía preguntas que el dorado respondía con bastante paciencia, comprendiendo que ella no tenía idea alguna de los rudimentos más básicos ni siquiera de disciplina, para él era necesario tratarla con cierta mano izquierda hasta que aprendiera – y especialmente comprendiera – la necesidad de un orden concreto. Siendo amazona de oro, sin embargo, no sería tan contundente como en los escalafones más bajos, y aún así sería recia y dura para alguien no acostumbrado.

-Y ahora… vamos a lo divertido -Seiya dio un trago largo a una botella y se la tendió a Esther, algo agotada mentalmente-. ¿Has hecho deportes de contacto?

-Poco, más con amigos que otra cosa.

-Bien… la guardia es de esta forma.

Se colocó con los pies en paralelo, ligeramente inclinado y brazos flexionados con los puños y protegiendo su cabeza con ellos, antebrazo defendían la región del pecho; ella imitó esa postura, le recordaba a la de boxeo, y siguió los suaves gestos del otro cuando llevó su derecha hacia ella. Esther llevó su cuerpo a la izquierda y extendió su brazo, en respuesta Seiya también extendió la zurda mientras retiraba la diestra; y así sucesivamente. Si al principio ni se rozaban, poco a poco sí se tocaban un poco, más a modo de señalar el cuerpo contrario que para hacer daño; y aumentaron el ritmo bastante, se desplazaban a lo largo del templo de Sagitario.

-¡Vas bien, pero bajas mucho la guardia! -le dio un toque en el estómago- Tienes que protegerte siempre, la armadura te protegerá pero en tu cabeza debes tener siempre la idea de estar desnuda.

Esther comprendía la idea, aunque gotas de sudor caían por su sien. Jadeaba un poco pero se movía con cierta agilidad y lanzaba los puñetazos ya sin demasiados miramientos, Seiya tampoco parecía tener todo el cuidado que sí tenía antes; en un momento dado incluso empezó a usar las piernas, y aunque la mujer era ágil no estaba acostumbrada a usarlas de esa manera y no era capaz de apenas alzarlas…. Además, tenía miedo de que la tomara desde el pie y la obligara a perder el de por sí precario equilibrio que tuviera. Le dio él un último golpe con la pierna en los antebrazos y ella trastabilló unos pasos atrás; fue en ese momento que, jadeante, se rodeó con su cosmos. En esa ocasión sí brilló con intensidad, Seiya sonrió y también se lanzó por ella, aunque esquivó el golpe, que se estrelló contra la pared.

En ese momento la energía de ella brilló con intensidad, de hecho en sus manos se formó unas esferas de luz pero Seiya corrió por su lado, la mujer se giró y se encontró con una mujer sentada al lado de un hombre herido, ambos desconocidos; sin embargo se aproximó algo nerviosa al ver que tenía hilos de sangre, manchaban una armadura dorada pero ella recordaba que era portada por una mujer…

-Le he traído hasta aquí, pero no sé si fue la mejor idea…

-Tranquila, todo está controlado.

Seiya elevó su cosmos e invitó a Esther a acercarse. Milo tenía cara de dolor y temblaba un poco, aunque pareció calmarse al ver allí a la otra, incluso le sonrió; sin embargo una punzada desde una de las heridas le devolvió a la realidad, se limitó a observar cómo los poderes de Esther manaban desde la palma de su mano.

-Tu cosmos es curativo por naturaleza, aunque aún no pudieras curarle le estabilizará -explicaba el otro-. El mío también lo es, te está guiando, ¿lo notas?

Ella asintió, aunque no se viera físicamente líneas doradas que surgían de ellos pasaban al cuerpo del adolorido Milo, que poco a poco se fue calmando. Kiki se personó al sentir lo que sucedía acompañado de Arturo, al ver allí al antiguo caballero de Escorpión suspiró un poco y, de paso, mandó llamar a Antares… sólo entonces se aproximó, Bianca fue la primera en acercarse.

-¿Cómo se encuentra?

-Estable, pero… no sé si hubiera sido mejor llevarle a un hospital.

El Patriarca le restó importancia con un gesto y se limitó a colocar una mano en el hombro de Milo antes de desaparecer en el aire; Esther se dejó tumbar en el suelo algo cansada pero Seiya rápidamente la alzó con una corriente de viento provocada por su propio cosmos, y se colocó de nuevo en posición de ataque.

-Un guerrero nunca deja de luchar, señorita.

-Pero… -ella gruñó- Bien entonces, ¡pero esta vez no te será tan sencillo!

El dorado sonrió de medio lado y encendió su cosmos; en su mano se formó un haz de luz, ella frunció el ceño y ni vio llegar el Meteoro Pegaso que el otro lanzó más que en sus últimos instantes, que logró alcanzar una de las luminosas esferas que volaron contra ella. Eso sorprendió al otro, que se quedó en el sitio mientras ella se aquejaba un poco… y eso que era sólo luz, no era un ataque realmente más allá de unos pocos de los meteoros, de hecho la mayoría de los que sí eran peligrosos pasaron de largo a los lados del cuerpo de ella.

-Esto fue un ataque muy flojo, pero te conviene bien verlo de nuevo -ella asintió y suspiró un poco-. Ven, acércate.

Ella así hizo y se puso a su vera. El dorado repitió despacio los suaves movimientos, para luego hacer lo mismo como si fuera el ataque real; de hecho lo desató contra la cercana pared, ella se sorprendió de ver con algo más de claridad.

-Apenas puedo observar su trayectoria, pero… sí el de algunos.

-Es lo normal, tus sentidos se tienen que acostumbrar -Seiya le sonrió-. ¿Quieres probar?

-¿Eh?

-A atacar, ¿quieres probar?

-Pero…

Y mientras estaban en ello, el Patriarca había llevado a Milo hasta una cama en la enfermería del edificio Principal, y aunque estaba bastante estabilizado se dedicaron a ponerle un par de vías con antibióticos y antivirales. Aún consciente, el dorado se dejó hacer mientras explicaba lo que había sucedido con pelos y señales. Kiki le escuchaba con atención mientras hacía anotaciones en un cuaderno con un libro, asintiendo cada poco y haciendo alguna que otra pregunta; no siendo un episodio muy largo no le tomó demasiado tiempo contar lo sucedido con Odín.

-Parecía un hombre… cansado -murmuraba, tras acabar- No me dio la sensación de que fuera un loco o alguien peligroso.

-Estoy de acuerdo -Bianca estuvo allí con ellos, escuchando-. No quiere luchar, lo quería poner orden entre los suyos.

-¿Dijo algo más?

-Bueno… sólo que le gustaba el orden, y la presencia de Baldr… de Folken, era maña señal para eso.

Kiki se acarició con cuidado la barbilla.

-Entiendo… tiene sentido que así sea, gracias Milo.

Éste se alzó un poco y acabó sentado en la cama, aún con algún que otro dolor pero sin mayores problemas.

-Kiki… -el aludido se giró con interés- Ese dios… es muy poderoso, ¿la señorita tendrá poder suficiente para enfrentarse a él?

-Veremos si hace falta luchar, tú descansa, avisaremos a Severo de que todo está bien.

El mayor se limitó a recostarse de nuevo en la cama, apoyando las manos detrás de la cabeza y acomodándose un poco. Luego miró a Bianca con cierto interés, recordaba el cosmos que le curó al llegar al Santuario pero lo localizaba lejos de donde estaban.

-¿Quién me curó? Recuerdo a una mujer, pero no la veo por aquí.

-No lo tengo muy claro, son demasiados nombres… -murmuró, algo avergonzada- Os reconozco más por el rostro que por otra cosa… soy una anfitriona horrible.

El dorado se rio un poco, negó un poco y se limitó a estirarse en la cama y la mujer le dejó descansar unas horas antes de volver a casa; no tardó demasiado tiempo en llegar hasta el salón de mando del Patriarca, apenas a unos pasillos de distancia de la sala de curas. El cosmos de Mónica lo inundaba todo por allí y el propio reaccionaba como señal de respeto ante la recién despertada diosa.

-… pienso, pues, que debemos ir.

Tras cruzar la puerta se encontró con Antares, Arturo, Mónica y Fran. La armadura de Escorpio protegía de nuevo a su legitima portadora de la época presente y el Obispo ocupaba el puesto de Patriarca mientras éste estaba fuera haciendo a saber qué gestiones. Y aunque la energía de Prometeo se dejaba sentir por el edificio, tampoco parecía con muchas ganas de intervenir en aquellos momentos… en cualquier caso estaban solos tomando la decisión.

-Señorita, pensemos en las consecuencias -le recomendó Arturo-. Necesitamos aliados, no enemigos, y los dioses del norte son poderosos…

-Pero le prometí protección -se quejaba la chica-, si no puedo protegerle a él, ¿cómo protegeré a la humanidad de nada?

-Estoy con la diosa -Antares frunció el ceño-. Si decimos que forma parte de nuestro Santuario, por ejemplo a título de embajador, Odín tendrá que dejarnos hacer.

Fran suspiró pesadamente, aburrido por esas reuniones eternas… Bianca entonces se atrevió a llamar su atención y se aproximó hasta el grupo, que abrieron el círculo para integrarla del todo.

-Mónica, desde el respeto -la aludida le miró-, no creo que estemos en posición de pelear… hay que convencerles de devolvernos a tu amigo sin derramamiento de sangre, aunque sea difícil -En eso estaban de acuerdo, sería lo ideal y sin embargo las posibilidades de ello eran mínimas. Odín había demostrado sus ganas de luchar si era necesario para defender su postura, pero por otro lado era caballeroso… al menos lo fue con ella, por lo que se atrevió a dar una propuesta-. Yo misma puedo ir, si me dais los puntos insalvables.

-Tía, no… puedo pedirte eso.

-No me lo estás pidiendo, me estoy ofreciendo -señaló-. ¿Sabemos dónde viven?

-Me temo que no… -Arturo se atusó la barba, pensativo- De todas formas una reunión de tan alto calado hay que prepararla, no podemos ir a lo loco.

Con aquella decisión tomada, la mujer y el dorado trabajarían juntos para ir ante Odín, sólo así podrían lograr algo… puede que Océano o Prometeo supieran algo.

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Templo de Virgo, Santuario de Atenea, 14 de enero, 14:00h.

Kiki estuvo un buen rato recorriendo la gran biblioteca que tenían en la zona privada de la Casa de Virgo, siempre acompañado por Shun, que le ayudaba con bastante interés en lo que estaba buscando el otro. Si algo caracterizada a la colección de libros que tenía en el Templo Principal era los cientos de miles que tenía a lo largo y ancho de altas y enormes estanterías de madera que se alzaban a lo largo de las paredes; era algo laberíntico y contaba con un par de escaleras que se podían quitar y poner para llegar a los puntos más elevados… algo muy concreto tenía que estar buscando algo muy particular para haber ido directamente hasta allí.

-Ése de ahí, parece interesante -el Patriarca usó sus poderes psíquicos para acercarlo hasta su mano y lo abrió-. Te dejaré tranquilo pronto, no te preocupes…

-Usted nunca molesta, Patriarca -respondió el otro de inmediato-. Sólo me preguntaba qué puede ser tan… especial que lo esté buscando aquí.

-En realidad no lo es tanto -le reconoció el otro-, sin embargo necesito mapas antiguos y aquí me sonaba que había…

Shun asintió, se alejó unos metros y rebuscó dentro de un secreter con amplios y hondos cajones; protegido por el cosmos de los guardianes del templo, sólo reaccionaban a ellos y servían de punto más personal, recordaba haber visto muchos mapas así que abrió hasta el final y sacó el cajón completamente y lo portó hasta la mesa más cercana; Kiki le miró con interés y observó los pergaminos, eran bastante antiguos a juzgar por el idioma usado y lo cuidadosamente guardados en cintas de plástico para que estuvieran protegidos del aire exterior.

-Se debieron plastificar en algún momento, algunos están bastante desangelados pero aún son bastante útiles.

El mayor se limitó a revisar un par de ellos y se centró en lo que aparecía; eran mapas de lo que antiguamente se llamaba Germania, y que ahora comenzaba en el centro de Alemania y ascendían hasta la zona de Escandinavia. Llevaba su dedo a lo largo de las líneas de palabras, parecía buscar algo con bastante interés… Shun le seguía con la mirada, las manos a la espalda y procurando no hacerle sombras con la cabeza a su superior. En un punto comparó los mapas y hasta los superpuso, se colocó ante la luz más cercana y observó el resultado que arrojaban; sonrió un poco.

-¿Sabes? Los mapas antiguos no son demasiado exactos en las distancias largas y formas de la costa, pero sí en las cosas más cercanas -explicaba-. Estos mapas de tu predecesor son especiales, hablan de magia.

-Qué interesante… -murmuró con interés Shun- ¿Cómo lo sabe?

-Tiene nombres míticos, por ejemplo señala la caverna de Loki -Kiki las dejó en su sitio, y recuperó las notas que estaba haciendo-. Me interesaba la localización de Asgard.

La noticia de la desaparición de Folken sólo había trascendido entre la orden dorada, y no todos entendían del todo las condiciones de su secuestro; Shun no tenía demasiado interés en los detalles, sólo necesitaba saber qué harían, cómo y cuándo, lo demás no era algo que necesitara saber y, conociéndose, podía llegar a cometer un error de ser así.

-¿Y la ha encontrado?

-De forma aproximada, sí -ayudó a Shun para guardar de nuevo las cosas-. Como digo son mapas un poco inexactos pero nos serán de ayuda.

El otro asintió con interés y se limitó a recoger todo junto a su Patriarca, éste elevó su cosmos para convocar al resto de dorados para que se pusieran en marcha para concentrarse en el Templo Principal; tenían una misión importante que cumplir.

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Playa de Cabo Sunion, 14 de Enero, 13:00h

Las olas del mar golpeaban la arena con delicadeza pero en las rocas formaban una densa espuma durante el cambio de marea, las celdas de la cercana prisión estaban a mitad de su capacidad, de haber alguien en su interior encerrado estaría en riesgo de morir en las próximas horas de la tarde. Allí Océano observaba el horizonte ciertamente pensativo, a su lado Prometeo descansaba con una gorra de paja sobre su cabeza y una rama verde en la boca.

-¿Para qué me llamaste, Prome?

-Echaba de menos hablar con otro titán… -murmuró, sonriendo algo- Estaba encerrado en Pánmizos, encadenado a esa maldita piedra por Zeus.

-A ti al menos te daba el Sol -le espetó-. Yo estuve dentro de una puñetera vasija, muchacho.

-Y mi hígado fue devorado por un águila diariamente, el dolor era insufrible -le respondió de inmediato-. No pienso jugar contigo a ver quién lo pasó peor, Océano… sólo quiero vivir en paz.

-¿Y en qué me necesitas para eso?

-Tu eres un titán primordial, si tú eres libre pronto podrán serlo los demás -comenzó-, no me gustaría tener que ponerme en contra de todos ellos, yo… siempre elegiré antes al hombre por encima de mis aliados divinos.

Océano podía comprenderle, él siempre pondría por delante a sus mares que a cualquier otra cosa, así que le escuchó con interés.

-¿Y bien?

-Quiero saber si nos ayudarás a nosotros o irás con los demás, sé que ellos querrán recuperar el poder perdido.

Y el otro suspiró un poco, pensativo. Debía reconocer que su sentido tenía, los demás titanes tenían la mentalidad de querer recuperar lo perdido con los años, y si eso implicaba la guerra y que el mundo sufriera les daría igual; Prometeo era conocido entre los inmortales por su humanismo, así que le miró a los ojos con cierto interés, buscando su alma. El dunamis del más joven era intenso, aunque no tenía armadura propia por nunca haber querido una; tampoco tenía un ejército propio, él tampoco es que estuviera en mucha mejor situación realmente.

-¿Sabes luchar?

-Sí -bajó el rostro-. Te recuerdo que participé en la gran guerra… del lado de Zeus.

-En ese caso, no les hará mucha gracia verte -Prometeo esbozó una suave sonrisa-. El mundo parece interesante ahora… no creo que merezca la pena querer destruirlo, pero en la guerra no se tendrán contemplaciones, y lo usarán en vuestra contra.

Los ojos de Océano brillaron suavemente, sus poderes de vez en cuando se alzaban cuando el oleaje se levantaba un poco. El otro se levantó detrás de él y anduvieron por la playa; en la mano del primero apareció un tridente de colores ocres y dorados, las puntas eran de acero brillante y de una belleza increíble, las energías de ambos se acompasaron y aumentaban y bajaban al unísono hasta volver a la normalidad.

-Soy consciente, la actual protectora de la Tierra no creo que esté dispuesta a permitir algo así… no tiene pinta de ser alguien que se vaya a mantener a un margen.

Océano iba a responder cuando sintieron un cosmos enorme resplandecer; desde lo más alto una bola de fuego emergió desde la nada, se dirigió hacia ellos a toda velocidad pero el titán lanzó el tridente directo contra la esfera, a la que atravesó y destruyó. Vieron una estela brillante que fue descendiendo, y del mismo emergió un meteoro que aterrizó a unos pocos metros delante de ellos; el carro, tirado por caballos blancos con crines de fuego y cascos dorados, siguió cruzando el cielo hasta tocar tierra a unas decenas de metros más adelante.

Resultó ser un joven de belleza sublime, era rubio de ojos pardos y portaba una armadura de color plateada cubriendo todo su cuerpo con motivos en tonos dorados; portaba una capa roja que tenía colgada desde un hombro y cruzado hacia el otro, como si fuera una bandolera. Su cabeza estaba decorada con una corona solar, mismos motivos que cubrían la armadura, junto a la lira y hojas de laurel. Prometeo le miró con interés, el cosmos de aquel muchacho era inmenso y brillante… agresivo como pocos había sentido, y sin duda propio de un dios.

-Hécate y Tánatos tenías razón, estáis aquí -murmuró él-. ¡Rendíos al poder del Olimpo y tendréis un trato mejor!

El mayor se rio un poco y negó con cierta vehemencia; de inmediato el extraño alzó su mano y una llamarada salió del Sol, rodeó su antebrazo y lanzó el ataque directo hacia ellos tras bajarlo; en esa ocasión fue Prometeo el que detuvo el ataque al crear una cúpula protectora sobre ellos, que golpeó y se movió a lo largo de su superficie como si se tratara de un líquido. En cuanto terminó el enemigo la retiró y alzó su cosmos, también fuego salió de sus manos y voló a la velocidad de la luz hasta el cuerpo del otro, que desapareció en el aire; se apareció justo detrás de Océano, al que quiso golpear con las piernas en su cabeza, sin embargo él saltó hasta el agua y se hundió en las mareas. Prometeo se defendió de sus veloces puños cargados de cosmos, y aunque emitía un calor brutal él no lo sentía como tanto; de hecho le logró agarrar de la muñeca izquierda y colocó su mano en la cabeza del otro antes de liberar una gran cantidad de su dunamis.

El dios sin embargo se revolvió, desapareció en el aire y Prometeo descubrió su posición por la sombra de su cuerpo; al alzar la vista se lo encontró por encima, había juntado sus manos y una ola de pura energía llenó el aire, incluso electricidad estática provocó relámpagos que cruzaron la atmósfera. El dios permaneció volando mientras observaba toda esa fuerza desbordarse por la playa y varios metros más allá, jadeaba un poco del esfuerzo pero sonreía… sin embargo sintió algo a su espalda y vio una gran barrera de agua alzarse casi de la nada.

-¡Prueba el poder del océano, muchacho!

Avanzó a la velocidad de la centella, el dios se vio inundado por toda el agua que cayó con toda su fuerza; toneladas y toneladas que casi ahogaron al otro, sin embargo volvió a desaparecer en el aire tras convertirse en una esfera de luz que voló contra el pecho de Océano, al que golpeó con una fuerza inmensa. Le hizo un placaje que le sacaría el aire a cualquiera, sin embargo el titán hizo aparecer su tridente y le golpeó con toda la fuerza de la que disponía, como si estuviera bateando en beisbol.

-Para ser un dios joven no lo haces nada mal -Prometeo permanecía ligeramente alejado pero pendiente de lo que sucedía en la conversación entre ellos-. ¿Cómo te llamas?

-Apolo, dios del Olimpo -se presentó, pese a todo aún conservaba su apariencia sobrenatural y casi perfecta-. No lo haces mal para ser un anciano…

Esa mofa no le sentó bien al otro, que se rodeó de sus poderes e hizo lo mismo con el otro, sus poderes cubrieron con una ancha banda a la altura de los brazos a Apolo, que quiso revolverse pero sin demasiado éxito. Quedó de esta forma totalmente inmovilizado e incapaz de ir a ningún lado sin que la voluntad del titán interviniera favorablemente; un fuerte resplandor dorado voló a la velocidad de la luz hasta el olímpico y cortó el dunamis de Océano, pero ni aún así el dios pudo ir a ningún lado.

-¡Hermes, cuidado!

Después de pasar al lado de su hermanastro, el otro se detuvo a unos metros de distancia y espada en mano. Ésta se encontraba bañada en plata y el mango estaba formado por unas alas emplumadas de ave y unas serpientes enroscadas, portaba un casco más parecido a una gorra, una cota de malla defendiendo su pectoral y protecciones en brazos y piernas del mismo material… las botas era la única pieza más defensiva, brillaba en tonos dorados y tenían decoraciones de sierpes y plumas.

-No vengo a luchar -explicó el aludido, su arma pasó a ser un caduceo que se colocó a la espalda-. De hecho ese era el primer paso, Apolo.

Éste gruñó un poco y Océano le miró con interés. Prometeo entendió por dónde podían llegar a ir las cosas, por lo que fue moviéndose entre las rocas para quedarse detrás del mensajero. Según avanzaba escuchaba con interés sus palabras.

-Entiendo que venís juntos, entonces.

-Así es -Hermes estaba atento a todo lo que pasaba ante él-. Prometeo es alguien importante para nosotros, no tenemos nada contra ti… en principio.

-Pero podría quitarle el trono a Poseidón.

-No sería nuestro problema… en principio -murmuró, serio-. A mi me da igual quién gobierne los mares, mientras sea leal al Olimpo.

Luego se giró y lanzó el caduceo hacia los pies de Prometeo, éste se rodeo de unas poderosas llamas y se abalanzó sobre el otro; desapareció en el aire de lo rápido que se movía y enganchó al titán por detrás con una fuerza enorme. Sin embargo el otro hizo arder su dunamis y lanzó a Hermes por los aires contra las cercanas rocas.

-No soy leal a nadie más que al mar -exclamó Océano-, ¡y mucho menos contra aquellos que me encerraron!

Hermes frunció suavemente el ceño, era evidente pero en ese momento no estaban en disposición de ganar nada; se movió a la velocidad de la luz a por Apolo, cortó sus cadenas ahora bastante más deprisa y éste se volvió una esfera de luz que ascendió por el aire hacia el Sol, el mensajero por su parte corrió por el agua y también se fue tras un destello de luz hacia a saber dónde. Los dos titanes, ahora a solas, se acercaron con cierta cautela hasta reunirse… comprendieron que ahora tenían un nuevo frente abierto, y lo más desagradable es que ahora probablemente el Santuario se viera afectado.

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Templo de Aries, Santuario de Atenea, 14 de enero, 14:30h.

Un resplandor recorrió los caminos hasta la primera de las casas y Raki lanzó su Exclamación de luz estelar contra aquello que intentaba penetrar la primera puerta del recinto sagrado. La dorada alzó paredes de luz a través de sus muros de cristal y desde varios puntos lanzaba sus ataques en aquel cuadrado del que no se podía salir de ninguna manera – ella se desplazaba teletransportándose – y el enemigo que estaba allí dentro tuvo, seguro desde el punto de vista de la mujer, que morir tras la tercera descarga de energía; sin embargo un caduceo voló a través de sus ataques y logró abrir un boquete en uno de los muros, que estalló en una poderosa explosión que no impresionó a Raki.

-Debes ser alguien duro -comentó, su capa se movía con el aire-. Pero demasiado herido… será mejor que te vayas antes de que te mate.

Una risa se escuchó antes de que una esfera de luz deshiciera todo el polvo levantado y golpeara en el pecho de la mujer, que salió volando por el golpe; Hermes hizo acto de aparición con su cosmos encendido y brillando con intensidad, recuperó su caduceo y dejó a Raki apretada contra una de las columnas. Ella, sin embargo, se teletransportó y se colocó en frente con la guardia en alto; varias luces doradas se colocaron a su vera y Hércules de Tauro, Alma de Géminis y Romeo de Cáncer se presentaron ante el dios. Éste les miró con cierto interés, pero dejó la parte superior de su caduceo próxima al suelo, lo agarraba desde la parte inferior de su mango; de un veloz movimiento lanzó una honda de energía y avanzó a la velocidad de la luz con mucha más intensidad que los dorados, que no pudieron impedir su ascenso por las escaleras.

-¡Iré a Géminis, no podrá pasar por el laberinto!

Alma desapareció en el aire y se dirigió a acompañar a su hermana Diana; los demás irían hasta la casa del Cangrejo dorado, y desde allí harían un cordón de protección para detener ese ataque abierto. Desconocían quién era el enemigo o cuales eran sus intenciones; en cualquier caso quedaba claro que eran hostiles y debía ser detenido… La amazona de Géminis apareció en su templo y se encontró con que Hermes se había dado de bruces con una de las paredes y, molesto, intentaba derrumbar su cárcel psíquica a base de hacer arder su cosmos.

-De nada te servirá ese truco -le espetó-. La única forma de salir de este laberinto mental en el que has entrado es matándome.

-Con gusto, entonces -murmuró-. Quería hablar con Atenea, pero está claro que ella no quiere hacerlo…

Ella esquivó su primer ataque y lanzó la Explosión de galaxias contra Hermes; en un momento dado corrió tras él y abrazó el cuerpo del otro por detrás para que no pudiera moverse, sin embargo Hermes se revolvió e intentó golpearla con su caduceo. La mujer colocó los brazos en forma de cruz y detuvo su filo cuando pasó a ser una espada, Alma lanzó un nuevo ataque haciendo arder su cosmos.

-Ni siquiera has intentado hablar, sólo has entrado como si estuvieras en tu casa.

Hermes dio un salto atrás y su cosmos ardió.

-¡Soy un dios, ningún permiso debo pedir para hacer lo que me plazca!

Ella frunció el ceño, claro que lo era; estaba enfrentándose a varios dorados y no le estaba costando, y sabia de sobra que él no se estaba esforzando del todo. Se limitó entonces a lanzar un nuevo ataque: unos triángulos dorados se formaron en sus manos y su cosmos brilló como el Sol, hasta Hermes se sorprendió durante unos instantes pero se limitó a lanzar su báculo; la otra dimensión se formó y el dios sintió una poderosa corriente atractiva, corrió a la velocidad de la luz pero aún así le costó ser capaz de salir de los poderes de la mujer… hasta que una nueva explosión de galaxias le golpeó y le lanzó por los aires.

Alma supo que fue cosa de su hermana, y aún así Hermes desapareció en el aire y ni se le sentía en el ambiente cercano; por poco su pecho no fue atravesado desde la espalda por la espada del dios, se sorprendió de los muy afiliados reflejos de la mujer. Ella se rodeó de su cosmos y volvió a atacar con toda la fuerza que era capaz de desencadenar, su pelo bailaba mientras su energía se alzaba hasta el infinito y la armadura de Géminis destelleó en una intensa luz que cegó al dios; un intenso dolor le llegó cuando la explosión de galaxias le alcanzó de lleno, algunas esquirlas de su armadura cayeron al suelo pero él estaba totalmente seguro de lo que estaba haciendo.

Su energía también se expandió y logró amedrentar por completo al de la amazona, que se hizo pequeña ante el inmenso cosmos del dios; se vio obligada a teletransportarse ante la fuerza de Hermes, irresistible y demasiado arrolladora para cualquiera de sus compañeros. En lugar de seguir luchando, al entender que sólo saldría herida, se escabulló entre las columnas de su templo mientras observaba de reojo al dios, que se creía a solas en esos momentos después de matar a la amazona de oro.

-Sí que has sido una guerrera… yo mismo llevaré tu alma al Hades, es todo un honor… -murmuró, su voz sonaba ligeramente cansada- Estos soldados son demasiado poderosos, no…debemos tenerla de enemiga…

Parecía pensativo, se dijo Alma. No era un matón que sólo quisiera avanzar, estaba analizando lo que pasaba y comprendía bien su posición y qué se debía hacer. Sin embargo su orgullo le cegaba y el laberinto seguía engañándole… estaba segura que eso no sería así para siempre, necesitaban allí a su diosa…

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Templo de Piscis, Santuario de Atenea, 14 de enero, 15:00h.

Como no podía ser de otra manera, la batalla de Océano y Prometeo primero, y luego el enfrentamiento de los dorados, fue ampliamente sentido por todo el Santuario; Esther sentía cómo esos poderes la sobrepasaban absolutamente, no se sentía capaz de igualarse algo así por mucho que Seiya dijera lo contrario. Sin embargo él bajó de inmediato a Cáncer siguiendo el plan de su compañero de Géminis, no sin antes darle la instrucción de subir hasta Piscis y quedarse allí; no estaba demasiado lejos y estaría a salvo, por su cosmos no se la notaría del enemigo avanzar y no la notarían si iban demasiado deprisa. Era una de las ventajas de no ser especialmente poderosa, ella ascendía por las escaleras cuando se encontró con Andrómeda de Piscis.

-Ofiuco, ¿verdad?

-Eh… creo…

La armadura dorada delataba a la otra, suponía que podría fiarse de ella así que acabó asintiendo; la amazona sonrió un poco y le tendió una rosa blanca y se la colocó con cuidado en la mano, de sus pétalos emanaba la energía dorada de Andrómeda.

-Por si te debes defender -explicó-. Si la lanzas volará a la velocidad de la luz hacia el pecho de tu enemigo y comenzará a tomar su sangre hasta que se quede totalmente roja… y por tanto dejando a quien sufra su ataque sin sangre.

-Ah… bueno, yo…

Andrómeda se limitó a guiñarle un ojo y se transformó en un meteoro para bajar hasta Cáncer; desde donde estaba pudo ver a Kiki bajar por las escaleras junto a Mónica y Fran, ella en especial parecía con mala cara y sin embargo se detuvieron en un momento dado. Desde lo alto cayó un meteoro de fuego y Esther por primera vez sintió una determinación como nunca: un cosmos dorado la rodeó y corrió todo lo que pudo escaleras arriba, cuando quiso darse cuenta había llegado detrás de los demás. Sin casi apuntar lanzó la rosa que acababa de darle la amazona de Piscis y ésta voló hasta la espalda de un hombre e incluso atravesando sus protecciones.

Apolo, que había hecho acto de presencia, se encontró con ese ataque por sorpresa y dejó de concentrar su energía para desatar un poderoso ataque de cosmos y fuego; sin embargo sentir la punzada de dolor le descentró pero por cómo estaba localizada la flor blanca no podría quitársela sin tardar demasiado tiempo y quedar excesivamente desprotegido. Trastabilló un poco con mala cara e hizo arder su cosmos con rabia; Mónica también le siguió el ritmo y los ojos de la joven brillaron mientras Esther se movía por el lateral de las escaleras para llegar con los otros tres.

-Maldita sea Atenea… -murmuró Apolo- Está claro que tus dorados sólo quieren morir a manos de un dios, por lo que parece.

-No sería necesario si no entrarais a mi Santuario como si fuera vuestro.

-¡Hades lo hace!

-Severo es mi aliado en esta era, y será siempre bienvenido -le corrigió la mujer-. Ni siquiera sé quién eres.

Kiki la tomó con suavidad del hombro y pasó a la primera línea.

-Soy el Patriarca, ¿con quién hablo?

Apolo se mordió la lengua para no soltar una blasfemia pero le miró a los ojos.

-Apolo, dios del Sol -miró a Mónica a los ojos-. ¿Desde cuándo eres tan poco cortés con tus iguales?

-Como digo, habéis entrado tú y otro más a mi Santuario sin avisar, los míos sólo han cumplido su obligación.

-Sabemos lo de Prometeo, no esperes que seamos amables -avisó Apolo-. Hemos ido primero a por él, si nos ayudas a llevarle de vuelta a su lugar puede que el Olimpo olvide tu afrenta.

Mónica frunció algo el ceño y miró a Kiki, que suspiró un poco y negó. Una charla insonora se observó en sus ojos pero duró unos segundos antes de que ella le encarara.

-Él no irá a ningún lado, le necesitamos aquí.

Apolo se limitó a negar, sólo giró el rostro cuando sintió que Hermes era capaz de salir de Géminis por fin después de romper el laberinto hecho por las hermanas; sabiendo que en ese momento no lograrían nada se limitó a observarla de nuevo.

-Mira, viene algo muy jodido y la prueba está en que Océano está libre -explicó-. Tánatos nos avisó sobre ello, y por supuesto vimos lo sucedido con Prometeo… no lo compliques más.

-Él, insisto, es mi invitado -explicó ella, su cosmos ardió suavemente a modo de advertencia-. No entiendo la razón de vuestra insistencia, ¿os he ofendido de alguna manera? ¿He atacado vuestros reinos o amenazado?

Apolo se rio, ella era demasiado sabia e inteligente como para no darse cuenta… en sus manos apareció un arco y una flecha de pura energía dorada se formó entre la cuerda y el cuerpo del arma; de un rápido movimiento la lanzó contra el pecho de la mujer, sólo la veloz intervención de Esther impidió el fatal desenlace de que se hundiera en la carne de la mujer; en su lugar la mujer la logró agarrar, su mano estaba protegida por unos trozos de la armadura dorada y su cosmos brillaba suavemente antes de caer algo adolorida por el esfuerzo, y sin embargo Apolo se había ido antes de ver el resultado de su ataque…

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Casa de Severo, cercanías de Roma, 14 de enero, 16:00h

Bianca no llegó a casa hasta que comprobó que las cosas empezaban a solucionarse en el Santuario, no tenía pinta de ser algo que se fuera a quedar como algo anecdótico y esos eran los primeros pasos de una guerra abierta contra, como mínimo, dos dioses. Sabían que eventualmente sucedería pero no querían que fuera tan temprano, cuando no estaba todo solucionado o preparado para hacer frente a la situación. La mujer se encontró con que Pandora estaba ultimando la cocina aunque en una bandeja tenía su plato listo para calentarlo en cualquier momento, así que sonrió un poco.

-Gracias… -murmuró, estaba tibio pero olía genial- No sé si alguien te habrá avisado de lo sucedido.

-Sí, me temo que sí… - suspiró pesadamente- El señor está preocupado, y no sabe cuánto tiempo durará la apariencia de neutralidad.

-Lo sé… puede que… tengamos que dejar que los dorados vayan y vuelvan al Santuario, para ayudar en la defensa.

-En realidad he pensado en esa solución antes.

No se giraron apenas al escuchar la voz de Severo, que apareció por allí; besó con cariño los labios de su compañera y se dispuso a ayudar a Pandora con su labor, aunque se quejó un poco se dejó hacer por el dios.

-Creo… que es viable, los que no están entrenando a los nuevos espectros podrían ir… y los que estén listos podrán acudir a ayudar también.

Bianca asintió, comprendiendo las palabras de su pareja. En un momento dado él se sentó a la mesa con la mujer, compartiendo un rato agradable a solas ahora que Pandora se dirigió hacia el Inframundo para dar la noticia de la decisión de Hades. Descendió por las escaleras para alcanzar los Elíseos, donde precisamente estaban los campos de entrenamiento; se habían dividido a los 108 espectros entre todos para tener un número similar, con los jueces – que eran los más poderoso – tenían un trato algo más diferencial para poder entrenarles mejor.

En esos instantes se encargaba del grupo del convaleciente Milo precisamente Aioros de Sagitario, les estaba mostrando cómo juntar el cosmos en la mano; tenía que reconocer que tenían una facilidad sorprendente para avanzar, ello explicaba cómo siempre estaban listos para luchar cada vez que se habían enfrentado en el pasado. Ahora agradecía tenerlos de aliados, si ese mismo proceso de aprendizaje lo hubieran tenido en las guerras santas precedentes hubieran estado en bastantes problemas.

-¡Oh, hola Pandora! -saludó- ¿Vienes a entrenar también? Bien sabes que por cosmos no sería.

Ella le sonrió pero negó suavemente.

-Me temo que no… no soy una guerrera -comentó-. Venía a hablar con tus compañeros.

Aioros asintió y le indicó la casa con la cabeza mientras seguía con su clase, los espectros se limitaron a seguir las instrucciones del dorado, su energía fluía con calma junto a sus movimientos y ellos sólo tenían que copiar lo que iba haciendo poco a poco; ella, aunque hubiera gustado observarle hacer, se dirigió hacia el edificio para reunirse con los demás… Al primero que vio fue Shura, que leía un libro en el dintel de la puerta sentado en una butaca, en cuanto la vio se levantó y le hizo un amable gesto de invitación.

-Hola, Shura, ¿están los demás dentro?

-Algunos, otros han ido a comprar cosas que necesitamos -explicó-. Afro y Camus están durmiendo un rato, y Saga estaba jugando a las cartas con Aioria y Alde.

-Bien… Milo está mejor, no vengo por él -el rostro del otro pareció calmarse-. Pero las cosas se han puesto intensas, y os vamos a necesitar antes de lo esperado.

El hombre se limitó a acompañarla hasta el interior, allí estaban los otros tres charlando mientras barajeaban de nuevo hasta que el más grandote les separó un par de sillas para que pudieran sentarse. Tras ofrecer un poco de refresco o agua, la mujer se limitó a tamborilear un poco en el cristal con las largas uñas.

-El Santuario ha sido atacado -comenzó-. La diosa… no está dispuesta a dejarse aplastar o amedrentar por los dioses del Olimpo.

-Como debe ser, estoy con ella -Aioria sonrió-. Esa muchacha debe tener ovarios.

-Ello implica tener listas a todas las fuerzas… tendremos que darnos prisa en tener entrenados a los espectros, y hemos pensado en que también reforcéis las defensas del Santuario, si… eso fuera posible.

Saga asintió y también tamborileó sobre la mesa.

-Estoy bastante de acuerdo, pero no podremos siempre -comentó él-. Tendremos que verlo, Pandora.

Ella asintió, y les sonrió algo. Con eso sería suficiente, todo lo que se pudiera aportar para la guerra que se avecinaba sería bienvenido… hasta ahora habían tenido un comportamiento y forma de hacer pasivo, era el momento de pasar a la acción.

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Valhalla, Reino de Asgard, 14 de enero, 14:00h.

Aquel era el salón de los caídos, el hogar de los einherjards: los soldados caídos en combate y escogidos por las valquirias, una mitad iba allí y la otra con el salón de Freyja, Folksvang. No era sólo un lugar de retiro, también servía como punto de entrenamiento para el futuro final del mundo… y allí llevó Odín a Folken. Le metieron en una habitación bastante sencilla pero cómoda: de madera, había escudos y espadas colgadas de la pared, un pequeño hueco en la pared como punto de entrada de luz y una cama con dosel realmente cómoda en la que durmió como si fuera un niño; en el centro de la sala un fuego perenne brillaba y calentaba el sitio, era mágico y reaccionaba al cosmos de él.

Era libre de entrar y salir, podía incluso salir de Valhalla y recorrer las vistosas calles de Asgard pero no se había atrevido a salir aún más que para ir al baño… estaba pensativo cuando tocaron la puerta, cuando él se giró y abrió dio con Odín, que le sonrió un poco y el otro se limitó a dejarle entrar, no iba armado y su cosmos parecía afable… al menos eso sintió, se limitó a esperar lo que pudiera decir.

-Espero que te guste el cuarto -comentó-. Era el tuyo en la era mitológica, así que… debería ser así, pero con gusto lo podremos adaptar.

-Gracias -murmuró-. Yo….

Odín le miró con interés pero él dudaba, así que se limitó a tomarle del hombro.

-Mira, sé que no quieres estar aquí… pero es necesario.

-¿Por qué? No lo entiendo…

-Acompáñame… es largo de explicar.

Salieron del curto y recorrieron el pasillo hasta llegar a unas escaleras de caracol, de las habitaciones se escuchaban a veces carcajadas, gritos o el fuerte chillido del metal chocando entre sí; las paredes estaban hermosamente decorada con hojas de muérdago y armas de toda naturaleza; hachas, lanzas, escudos y espadas de muchos tamaños y tipos de hoja cubrían la parte baja, incluso algunas volaban e iban y venían con silbantes sonidos, como si hablaran.

-Estamos aquí, todo esto se ha construido, por el Ragnärok… y ya ha habido varios -comenzó el mayor-. Es el fin de los tiempos, cada vez que los dioses volvemos a aparecer eventualmente hay otro, es cíclico… y estoy cansado de ello.

-Lo dices… como si hubieras vivido todos.

Odín le miró de reojo y suspiró pesadamente, llegaron a una gran puerta de madera y la acarició con la mano con interés.

-El dios que reside en mí sí, yo… no realmente, no sé si me explico.

-Eres Odín y a la vez el hombre cuyo cuerpo usa, sí… me pasa igual.

El otro se limitó a empujar con suavidad y abrió para llegar al salón principal.

-Entonces… ¿para qué me has traído aquí?

-Porque tu muerte inicia el fin del mundo, y me niego a que vuelva a pasar… aquí estarás a salvo de este destino.

Y sin más cruzó la puerta para llegar al gran punto de reunión, donde einherjards comían y bebían en una gran fiesta multitudinaria.

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Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda. Los nombres de las técnicas están también en cursiva.