Generaciones Doradas

Capítulo 13

Pánmizos, Caminos de la República. 15 de enero, 12:30h

El frescor de la mañana se mantuvo hasta el medio día aunque el Sol brillara alto en el cielo, el viento recorría las colinas libremente y removía los cabellos de los miembros del grupo. Raki y Heracles avanzaban los primeros, detrás Fran y Romeo, todos con senda ropas de viaje cómodas y unas bolsas de piel al hombro con todo lo necesario: unos mapas de los caminos para no perderse, monedas de oro y plata para poder dormir en cantinas durante el camino o comer en ellas, los permisos de paso y un botiquín moderno que esperaban no tener que necesitar en ningún momento; también tenían algunas armas al cinturón pero guardadas en sus correspondientes fundas, y alrededor de sus cuellos las armaduras de oro listas para ser usadas en cualquier momento cuando sus cosmos ardieran, usarlas mientras anduvieran por ahí sería contraproducente si deseaban pasar más o menos desapercibidos. Contaban igualmente con algunas barritas energéticas y unas botellas de agua que podían ser rellenadas, junto a las correspondientes pastillas potabilizadoras, mecheros y pastillas de carbón.

La mujer silbaba un poco e iba y venía por el campo usando su teletransporte para no ser sorprendidos por nadie después de un remonte en el camino, en esos ratos los otros tres seguían adelante charlando entre ellos y disfrutando del paisaje. Campos de olivos y trigo les rodeaban, grupos de campesinos se desplazaban entre los terrenos o se les cruzaban por los senderos que se introducían desde la vía principal – y que unía lo diferentes núcleos de población – hacia los diferentes sembrados. Algunos iban a caballo, otros a pie, y otros muchos formaban cuadrillas que trabajaban unos días en ciertos sitios e iban cambiando el predio en el que faenaban.

-Hay muchos recogiendo frutos de los árboles que tienen -señaló Heracles-. Debe ser pronto alguna cosecha, podríamos pedirles algunos… tienen muy buena pinta.

-Seguro que tienen en alguna tasca -sonrió Raki-, cuando paremos a comer se los pediremos -luego miró a Fran-. ¿Vas bien?

Éste asintió, aunque era el único que iba sin carga estaba sudando un poco por el esfuerzo. Llevaban cuatro horas casi sin detenerse, y aunque la vía era plana y no tenían que saltar entre piedras sí que era cansado estar tanto tiempo. Apagó la sed con un trago minutos antes y aunque jadeaba un poco no quería tampoco retrasarles en exceso, sin embargo ella se dio cuenta de su situación y le sonrió un poco. Heracles le dio un buen arreón en la espalda de forma amistosa, le hizo trastabillar un poco.

-¡Perdón, perdón! -se rio- Oye, no nos tienes que demostrar nada, ¿sabes? -le explicó- No eres un guerrero como nosotros.

-Pero… bueno, ya sabéis lo que soy -comentó, ellos asintieron-. Me… sentiría mal de otra manera, la verdad.

-Llevas apenas una semana sabiéndolo -Raki le tomó desde el hombro-, no quieras correr antes de andar. ¿Sientes la magia de este lugar?

Fran asintió un poco, desde que puso un pie allí podía notar la energía ir y venir por el ambiente; podía ver el cosmos dorado de sus compañeros rodear su piel, en el caso de las personas normales se limitaba a su pecho y en forma de una esferita. En su caso era como una brillante estrella e incluso atravesaba su piel y se asemejaba a una gran llama que se alzaba varios metros más allá de su cuerpo. Parecía un foco de luz en la oscuridad, los poderes de los dorados eran casi ridículos en comparación; no sabía usarlo y esperaba aprender allí así que realmente no le valía de absolutamente nada.

-¿Cuánto tardasteis en aprender a usar vuestro cosmos?

-Varios años -explicó Romeo-. De todas formas no te presiones demasiado, nosotros estuvimos en entrenamientos muy intensos, aquí las cosas serán muy diferentes.

De esta manera siguieron la marcha, ellos le explicaban de forma mucho más coloquial de lo que hacía Arturo o el Patriarca lo que era el cosmos y le invitaban a hacerlo arder un poco… sin contar con que aquello llamaría atenciones indeseadas. En lo alto del cielo, en su carro solar, Apolo recorría la bóveda celeste cuando notó su esencia… aunque duró unos segundos, su vista fue en esa dirección de inmediato y gruñó un poco con cierta molestia al no ver nada más que gente por los caminos. Era lo que tenía no fijarse en los mortales más allá de en aquellos que considerara dignos de su belleza divina, que rápidamente se olvidaba de sus rostros – y de sus cosmos – cuando no les eran relevantes o interesantes. Por eso no reconocía a nadie, sin embargo esa explosión de cosmos debió venir de algún lado, estaba también seguro que más de algún dios la habría sentido.

El cosmos del chico, sin embargo, se movió a lo largo de Pánmizos y recorrió el territorio a la velocidad de la luz hasta llegar a unas montañas a varios días de distancia a pie – en un parpadeo dada la velocidad que llevaba –, justo frente al mítico Monte Olimpo… su hermano, el Otris. Allí fue donde los titanes lucharon contra Zeus y sus hermanos por el dominio de Grecia y, en general, de esa parte del mundo. Los enemigos mayores de los dioses estuvieron dormidos en el Tártaro durante mucho tiempo, encadenados y hechos prisioneros en lo más profundo de la mayor mazmorra jamás conocida, hasta que el propio ser ancestral les expulsó de allí sin que los mismos dioses se enteraran. Hades, demasiado ensimismado en sus Guerras Santas contra Atenea, descuidó esa parte de sus dominios y a la orden de Gaia, los llevó hacia la superficie; y allí la madre tierra les construyó una cueva en la que dormitar… hasta que un cosmos lo bastante masivo les despertara del letargo. El ego de los dioses los llevaría a la muerte por su desidia y falta de interés en sus enemigo, y sin nadie vigilando la celda, los presos tuvieron vía libre para escapar.

El cosmos de Fran era lo que necesitaban. La cueva estaba totalmente a oscura, sin embargo los poderes de él hicieron arder los pebeteros y se dejaron ver los muchos cofres que estaban allí guardados. En todos ellos estaban nombrados los nombres de los seis dioses mayores del Olimpo, los hermanos en su día unidos y que ahora estaban más divididos que nunca: las letras estaban bastante apagadas – antaño brillaban como el oro – y los poderes del chico acabaron de dejarlas a oscuras. En ese momento las tapas se abrieron como si fuera una botella de champán y los dunamis de todos ellos escaparon a través de la misma roca, abriendo gruesos caminos a lo largo de la montaña y alcanzando el mundo exterior. Sin embargo sólo recorrieron unas pocas decenas de metros en el aire antes de desaparecer en la atmósfera… sin embargo, y aunque se pudo haber sentido, el dios de la luz estaba demasiado ofuscado rebuscando por los caminos.

-Ese miserable… ¡Te encontraré!

Y procedió a saltar de su carro dorado. Convertido en una esfera luminosa, llegó hasta el suelo en cuestión de segundos y se encontró en un momento dado con el grupo de dorados… pero se detuvo antes de actuar. Convertido en una ancianita, caminó despacio detrás de ellos pero vigilante en todo momento, aprovecharía la mejor oportunidad disponible para acabar con todos ellos. De los tres guardaespaldas ninguno le preocupaba, pero si las leyenda eran ciertos él debía ser más poderoso que Zeus… así que había que matarlo antes de que se potenciara demasiado. Antes estuvo acompañado de Hermes y entró al Santuario de Atenea sin mayores problemas y la tuvo a su merced, con él dudaba que fuera a ser diferente… pero no le daría la oportunidad de defenderse.

-Si os parece podemos parar a comer aquí y luego seguimos hasta la noche -comentó Raki-. El pueblo parece bonito… según el mapa aún nos queda hasta Atenas.

-Me parece bien… -murmuró Fran- La verdad, sí que estoy cansado.

Los otros tres se rieron un poco mientras se internaban en el pueblito. Las casas eran de madera y algunas piedras pequeñas, con techos de paja y pequeños huecos en las paredes a modo de tragaluz. Los caminos internos, a excepción de la vía romana, eran de arena y tierra y todo estaba dispuesto en torno precisamente a la principal: la cantina, un par de lupanares y unos mercados de abastos era todo lo que ofrecía a los forasteros más allá de algún que otro punto de venta de ropa o grano, pescado de un río cercano… en cualquier caso el grupo entró en una de las cantinas por un plato de sopa con una jarra de cerveza.

Era un lugar acogedor, de madera el suelo y paredes. Mesas cuadradas con sillas en cada lateral y una tela a modo de mantel, se sentaron en torno a una y en poco tiempo apareció un hombretón casi del tamaño de Heracles a atenderles. Apolo, aún disfrazado, también entró y se colocó en la barra. Apostado y sentado en un taburete, intentaba escuchar su conversación aunque había varios grupos de locales gritando y haciendo ruido… encima el olor a orín era infernal. A unos metros tenían un punto donde se podían hacer sus necesidades… claro que era un mero agujero en el suelo, al menos una puerta separaba ese lugar de donde el resto comía, pero aún así si el viento soplaba desde esa dirección se podía llegar a percibir si estaba fresco y… era desagradable.

Al estar al otro lado los del grupo no se enteraban, y realmente el pestazo no era para tanto pues unas bonitas flores contrarrestaban los efluvios, pero al otro simplemente le indignaba. En un momento dado se levantó e hizo el amago de abandonar el sitio pero tenía una misión que cumplir en esos momentos. Su ego divino tendría que ser contenido en deferencia a acabar con ese tipejo, aunque negaría su estancia en ese cuchitril. Fran se dio cuenta de su presencia y se sorprendió, todos allí eran jóvenes y aquella mujer aparentaba bastantes más…

-¿Se supone que aquí hay medicinas buenas?

-Bueno, no como en casa desde luego -comentó Romeo-. Viven como se hacía antaño, siguen con las costumbres antiguas… para lo bueno y para lo malo.

Él asintió despacio y se limitó a recibir los platos de sopa por parte del hombretón. Hecha de diferentes verduras, tenía un solo trozo de carne por persona pero les permitiría recuperar fuerza. Los pies de Fran ardían un poco en sus botas, ahora que descansaba se sentía mucho mejor y la calidez de la comida calentaba su estómago. Lo dorados que le acompañaban también parecían irse recuperando poco a poco, aunque hablaban en griego moderno les entendía bastante bien… incluso a los lugareños les entendía, lo cual sin duda era sorprendente.

-Tu cosmos arde un poco -le sonrió Raki-. Por eso entiendes a los demás, es tu… bueno, ya sabes, haciéndose de notar.

-¿Por qué hablas en clave de pronto? ¿Nos pueden entender?

-No, pero… hay algo en el ambiente -musitó Romeo-. En fin, la sopa está deliciosa, ¿no creéis?

Aquello lo dijo con la voz más en alto, así que el muchacho se limitó a encogerse de hombros un poco. Los platos de madera iban poco a poco menguando en cantidad, la cuchara del mismo material permitía que pudieran tomar más cantidad por ocasión, de vez en cuando usaban algún trozo de pan para impregnarlo. La jarra de cerveza también iba menguando, sabía bastante más amarga que la moderna pero también era refrescante y agradable al paladar… iban a pagar cuando aquella anciana se levantó de golpe de nuevo y salió a toda prisa del lugar, Raki la vio salir y fue tras ella a buen ritmo.

Cuando salió se encontró con que ya no estaba así que frunció el ceño suavemente… su cosmos empezó a arder suavemente cuando alzó la vista al cielo, aquella presencia seguía allí y eso no le gustaba, pero al menos ahora se había reducido significativamente. Quien quiera que fuera esa vieja ahora no estaba y eso le daba calma, aún así tenía la corazonada de que algo estaba pasando; se disponía a entrar de nuevo cuando se encontró con el hombretón que les sirvió con cara de pocos amigos.

-¿Me pagarás, muchacha?

-Sí, sí, claro… -ella le entregó unas monedas- Sólo quería ver si esa mujer estaba bien, ya nos vamos.

Él gruñó pero la dejó volver al interior. Sus compañeros habían dejado también unas monedas para pagar todo lo que faltaba, así que abandonaron rápidamente el pueblo sabiendo que iban a tener que enfrentarse a una gran prueba en breves momentos: efectivamente, la misma anciana esperaba a la salida en mitad de la vía romana y sin nadie en los alrededores… algo en ella era siniestro y poderoso.

-¡No podía aguantar más en esa mierda de sitio! -exclamó- ¡Sufriréis por haberme hecho pasar por tantas humillaciones!

Ni dio tiempo a que ellos dijeran nada: su cosmos ardió y ante ellos Apolo apareció con cara de bastantes pocos amigos. En su mano formó unos rayos que volaron directos hacia los corazones de todos ellos, y aunque Raki colocó de por medio varios muros de cristal, éstos fueron atravesados como si fueran hojas de papel; sin embargo, cuando estaban a pocos metros de ellos, una nueva barrera les protegió. Los ojos de Fran brillaban con cierta intensidad y su cosmos también ardía como el Sol, para sorpresa de todos devolvió los ataques de Apolo, que de un manotazo los desvió hacia las nubes.

-Parece que nuestro combate será algo más largo de lo esperado -su ceño se frunció un poco-. ¡Veamos cómo de poderoso eres realmente!

Y se lanzó a por Fran, que fue agarrado por Apolo por la camiseta y tirado hacia un árbol cercano, Heracles sin embargo se colocó por detrás y sirvió de colchón entre el cuerpo del otro y un árbol. Su armadura dorada le rodeó y aguantaron el tipo bastante bien, fue entonces que su amigo alzó su energía y una poderosa descarga de cosmos voló hacia el dios enemigo. Se tuvo que proteger con los antebrazos para que el ataque del otro no le diera de lleno, en un momento dado tomó los remanentes entre sus manos y unió más de su cosmos para atacar nuevamente.

-¡Ondas infernales!

De la nada llegó el ataque de Romeo, muchas líneas de energía rodearon el cuerpo de Apolo y se enroscaron a lo largo del mismo. Gruñó con fuerza y se removió, dándole a los demás el tiempo justo para que los otros dos pudieran salir de la zona de peligro y darles un respiro. Se quitó el ataque de encima y atacó con un rayo de luz al hombre; se pudo apartar antes de ser atravesado, sin duda aquel combate iba a ser bastante duro.

-Exclamación estelar -Raki apareció frente al otro de pronto y colocó su mano en el vientre del dios antes de que pudiera hacer nada, impactando de lleno con su poder y desapareciendo en el aire antes de ser golpeada por él-. ¡Eres lento, para ser un dios!

La provocación surtió su efecto y él se rodeó de su cosmos, el Sol brilló con fuerza y del mismo salió un poderoso haz que golpeó el suelo con violencia. Mientras se iba moviendo, imitando a un láser, el grupo comprendió que sólo había dos opciones: derrotar o ser derrotados. No iba a permitirles escapar, de hecho cuando se quisieron dar cuenta se encontraron con una gran pared de energía que impedía que fueran a parte alguna. Mientras se iba reduciendo poco a poco el área, el ataque de Apolo se intensificaba en proporción… Fran tomo una decisión en ese momento. Corrió hacia el haz y lo tomó entre sus manos mientras seguía rodeado de su cosmos, Apolo le miró con sorpresa pues empezó a gritar en lugar de desintegrarse en ese instante; empezó a comprimir el haz con sus manos hasta convertirlo en una especie de vara brillante y radiante, en un momento dado dio un tirón y, sudando, hizo de éste una lanza. En ese momento la lanzó contra Apolo, que se elevó en el aire y huyó de allí… el muchacho cayó al suelo desmayado del esfuerzo, Heracles y Romeo corrieron hacia él mientras Raki corría hacia la recién impactada lanza y la observaba. Se enfriaba a ojos vista pero desprendía el poder de ambos, luego echó la vista atrás y comprobó que sus compañeros comprobaba que él estaba vivo y suspiró un poco.

-Esto… va a ser duro.

-Sí, sin duda… -Apolo apareció detrás de ella y la enganchó por la nuca- Vuestro amigo ha caído en combate y parece que no se despertará en un buen rato… ¿Quién os protegerá ahora, me pregunto?

Romeo dio un par de pasos al frente en ese momento, dejando a Heracles al cargo de Fran; el dios lanzó a su compañera contra un árbol y aunque estaba mal colocada se removió y pudo apoyarse después de usar sus poderes psíquicos y aterrizó con elegancia en el suelo. El caballero de Cáncer hizo arder su cosmos con fuerza y en su dedo se formó su ataque principal.

-Id adelante, yo me encargo.

El otro puso una cara de diversión y negó, cuando iba a responder la lanza – que permaneció clavada en el sitio – salió disparada hacia su pierna y la atravesó. Apolo pegó un chillido y la quiso arrancar, sin embargo, cuando sus manos se disponían a tocar su mango se deshizo y se colocó entre los dorados y él.

-Su… puta madre… -colocó una mano en su herida abierta, icor dorado manaba en lugar de sangre- Parece que lo hemos subestimado…

Mientras se movía lo hacía igualmente la lanza, apuntando siempre hacia su pecho. Resultó ser una pieza única, lisa y con un filo indiferenciado de su cuerpo. Según perdía temperatura el brillo disminuía y pasaba al rojo, sin embargo eso no quitaba que perdiera poder o magia… en la mano de Fran no había rastros de quemaduras, y sin embargo en la carne del dios solar sí que quedaban los característicos callos.

-¡Será mejor que te vayas, dado que sí tenemos protección! -Romeo sudaba en frío pero tenía que mantener la posición- ¡Sólo queremos conocer este lugar, no hay más pretensión!

Sin embargo Apolo no sabía si le convenía huir de nuevo. Por otro lado desconocía la naturaleza de esa cosa… le preguntaría al experto, eso no significaba desistir, ¿verdad? Solo sería un paso atrás para dar tres adelante, sí, eso era. Se limitó a volver a convertirse en una esfera de luz y se perdió en el cielo, sólo entonces los dorados soltaron el aire que tenían guardando. La amenaza, provisionalmente al menos, había desaparecido.

-Nos daremos prisa para salir de aquí…

Raki se acercó a los demás mientras hablaba mientras la preocupación se hacía patente en su rostro… les tomó de los brazos y los fue teletransportando durante unos minutos, ahora que tenían la opción de salir de allí.

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Aeropuerto de Atenas, Grecia. 15 de enero, 10:00h

Era aquel un lugar bastante concurrido y Prometeo se sentía bastante perdido. La propuesta de acompañar a Mónica e Hyoga de Acuario hasta Asgard le gustaba bastante, sin embargo no contaba con que la forma implicaba encontrarse en un lugar así… Se levantaron temprano y después de desayunar Arturo les llevó en coche, y esa fue la primera sorpresa.

-¿Con esto viajáis más deprisa, entonces?

-Sí, mucho más que un caballo -explicaba el hombre-. Un motor mueve las ruedas usando un líquido especial a modo de darle energía, como si fuera el carbón del fuego.

-Entiendo esa comparación… pero me es increíble…

Ella se limitó a sonreír y se sentó con él en la parte trasera del todoterreno, los dos caballeros ocuparon la parte delantera. Era cómodo pese a que era algo antiguo, se sobresaltó cuando escuchó el rugir del aparato cuando arrancó; observó con interés las pantallas iluminarse, se llevó una mano a la barbilla con interés… Mónica le sonrió un poco.

-¿Tienes muchas preguntas? -vio que Prometeo asentía- Puedes hacer cuantas quieras.

No tuvo que decirlo dos veces, dado que empezó a hacer muchas cuestiones diferentes. Entre los tres fueron respondiendo a las que sabían mientras salían del Santuario y se incorporaban a la carretera secundaria, luego a la nacional y finalmente a la autovía hacia la capital helena. Prometeo estaba bastante sorprendido por todo en general, en un momento dado incluso llevó la vista hacia el mundo que les rodeaba, aquellas carreteras le recordaban a las de Pánmizos pero con diferencias: sin embargo éstas más modernas eran sin duda mejores, su alegría por el destino de la humanidad era genuina y se le notaba. Prefirieron no contarle sobre la historia de la humanidad en los últimos siglos para no quitarle la ilusión, no sería justo y preferían que le durara lo más posible… dentro de las posibilidades.

-En el aeropuerto cogeremos un avión, es como un coche enorme que vuela -explicó Arturo, eso sorprendió al otro-. Para eso tiene que coger mucha velocidad, mientras ascendiente igual se taponan tus oídos, es normal.

-¿Cómo podéis volar? Eso… es difícil, los dioses sólo lo hacen después de tiempo aprendiendo a usar su cosmos.

-Ciencia, en realidad -explicó Mónica-. ¿A que mola?

-Sí… mucho.

Aún así ver a tantas personas reunidas en un solo sitio sin que fuera algo religioso también le llamaba la atención. Los veía con lo que entendía eran sus cosas para el viaje, veía a personas con perros, tomadas de las mano y con aparatitos en la manos que brillaban pero que no eran de cosmos o similar. Le explicaron que aquello eran móviles y servían para comunicarse a largas distancias pero sin usar poder alguno, nuevamente a través de conocimientos técnicos… y así se repetía con otras muchas cosas, sin duda ellos eran sorprendentes. Su ciencia había avanzado mucho y les servía para replicar habilidades que hasta entonces eran exclusivas de los dioses y por culpa de la magia… realmente todo aquello era, a ojos de las gentes de Pánmizos, casi mágico.

-El vuelo es en tres horas, el equipaje os lo llevará el Patriarca hasta el aeropuerto de Oslo, vuestro destino, después de teletransportarse.

-¿No podría llevarnos él así, entonces?

-Si lo hiciéramos así podría considerarse un acto de guerra -explicó Hyoga, ella suspiró un poco-. De esta forma nos iremos aproximando y ellos podrán sentirnos llegar en todo momento.

Dentro del edificio se quedaron cerca de la zona donde se hacía cola para acceder a la parte exclusiva para los viajeros, Camus tenía que estar al caer. Precisamente él llegó en ese momento junto a Pandora, y después de los correspondientes saludos y deseos de un buen viaje procedieron a pasar la seguridad del sitio y esperar en una cafetería. Prometeo alucinaba con todo el sitio y miraba hacia los grandes y vidriosos techos, las columnas enormes y los grandes aparatos llegando y saliendo por todas partes. Veía nombres de lugares que no conocía pero sí le sonaban en cierta medida, en un momento dado le condujeron hasta una cafetería y se sentaron en torno a una mesa… Mónica fue junto a Hyoga a por algo de beber durante la espera del vuelo mientras los otros dos se quedaban guardando el sitio.

-¿Conoces nuestro destino, entonces?

-Sí, un poco -explicó el otro-. Al menos en parte, sé llegar y conozco a los lugareños… o al menos lo hacía, ya sabes, eso fue hace mucho.

-Con que conozcas a los dioses de allí, nos vale -le respondió-. Tengo entendido que son… tipos duros, recios, de buen comer y mejor beber.

-Totalmente -Camus tamborileó algo en la mesa-. Sin embargo en ese entonces las cosas eran diferentes… en esos tiempos apenas había dioses, eran casi todos mortales y los que se llamaban a sí mismos deidades guerreras sólo eran representantes… Si hacemos caso a lo dicho por Milo, ahora nos estamos enfrentando a los de verdad.

-Espero no tener que llegar a las manos con nadie -el caballero suspiró un poco-. Sin embargo lo primero es saber qué ha sido de Folken… a partir de ahí todo es negociar.

Era más sencillo decirlo que hacerlo, en cualquier caso. Camus tenía sus dudas de que fuera a funcionar, sin embargo como un primer acercamiento podía ser bastante bueno para ir haciendo postura fuerte ante Asgard. Tampoco podían dejarlo pasar plenamente, así que sentía que era la forma adecuada…

-¿Y dónde está, más o menos?

-Tendremos que introducirnos en Noruega, en la zona montañosa de la península de Escandinavia -les dijo-. Desde una de las cuevas se accede, se encuentran en un mundo mágico aparte pero que se conecta con esa parte del mundo… a través del puente Bïfrost, nos costará cruzarlo.

Prometeo había escuchado hablar del mismo. El puente del arcoíris, probablemente necesitarían algún tipo de poder especial para poder caminar por el mismo, aunque lo desconocía… La morada de los dioses solía ser inaccesible, claro que él había viajado de otros modos, en una época antigua y con otras rutas de acceso. Recibió con una sonrisa el café de parte de la mujer, que se colocó a su vera y les tendió unas magdalenas, ese dulce llamó su atención.

-Son de naranja, están ricas -le ofreció-. ¿Conoces esta bebida?

-Es de otras tierras, pero sí, supe de ella en su día -explicó-. Pánmizos es mucho más amplio de lo que pueda parecer.

Los otros se miraron con cierta sorpresa, aunque en realidad era algo hasta cierto punto normal. Siguieron charlando tranquilamente hasta que abrieron las puertas de embarque, momento en que le explicaron al otro qué era lo que se tenía que hacer… entre los papeles tenían unos falsos para el titán, que los revisó con interés para conocer su nombre falso, fecha de nacimiento y otras muchas cosas; en su mundo no existían esas cuestiones, aunque se hacían censos no eran tan completos ni era tan relevante identificarse como lo era en los tiempos presentes.

En no demasiado tiempo ya estaban sentados en el avión y Prometeo se entretuvo escuchado las instrucciones de la azafata y revisando todo con verdadero interés mientras Mónica comentaba con los dorados el plan de actuación una vez llegaran a Oslo. Necesitarían alquilar un todoterreno y cruzar zonas de campo, al menos sería relativamente fácil guiarse gracias a la magia que de forma natural habría en el ambiente: usando el cosmos de forma adecuada se podía llegar, aunque se necesitaba de una invitación especial para poder verla.

-Sólo personas con mucha relación con Asgard tenían ese privilegio, y yo no era uno de ellos -Camus estaba con las manos en su propio regazo, pensativo-. Pero sí se de alguien que podría, un enano.

-¿Iremos a verle?

-Si sigue viviendo en el mismo sitio, sí -se sonrojó un poco-. Me enseñó muchas cosas durante el final de mi entrenamiento… y yo… me enamoré de su hija.

-Qué bonito -bromeó la mujer-. ¿Allí aprendiste tus poderes?

-Fue sobre todo en las estepas de Siberia, pero luego me movieron a la zona de Noruega para aprender los secretos del cero absoluto y la magia rúnica -explicó-. Él fue mi maestro en esos meses, era bastante bueno aunque estricto… le recuerdo con algo de cariño.

-Los enanos son también inmortales, supongo.

-No, pero viven cientos y cientos de años… aunque entonces ya era algo mayor.

Estaban en esos momentos aterrizando en el aeropuerto de la capital de Noruego. Durante el trayecto Prometeo no dijo demasiado pero se mantuvo atento a las cosas que los demás hablaban, de vez en cuando revisaba los libros que tenían guardados en las cestas de los asientos delanteros, aunque luego pasaba la vista al exterior a través de la ventaba más cercana. Esperaron pacientemente a salir del aparato y recorrieron los pasillos que daban acceso a la sala principal del edificio, ya allí se encontraron con Kiki bien cargado con varias maletas y unas mochilas que fue entregando uno a uno y deseando suerte a todos.

-¿Habéis tenido buen vuelo?

-Sí, tranquilo -comentó Mónica-. Prometeo ha hecho muchas preguntas, buen trabajo con los papeles por cierto.

El otro sonrió un poco y se limitó a darles unas últimas instrucciones para el viaje, tenían que buscar la mejor manera de llegar a Asgard y tener una buena relación con ellos; si ya lograban la liberación de Folken mejor aún, estaba claro que necesitaban su vuelta pero que no sería nada fácil. Eran conscientes y estaban dispuestos a intentar, pero que fuera a salir bien era otro cantar y el Patriarca no estaba demasiado convencido de que fuera a lograrse en esa reunión… pero si lograban dar pasos adelantes en ese sentido era mejor que la nada. Después de despedirse se dirigieron a un puesto de alquiler de coches y después de firmar el correspondiente contrato les entregaron unas llaves.

-¿Podemos hacer esto?

-Cuando salíamos de misión durante el Papado de Saga, sí -el otro sonrió-. Mientras llevemos los gastos apuntados, todo irá bien.

La mujer se limitó a encogerse de hombros, si ellos lo decían. Se había fijado hacia dónde se supone que iban, y aunque no reconoció el nombre del pueblo o ciudad la chica que les atendió sí… de hecho alzó algo una de las cejas y acabó aceptando las condiciones y tramitando todo el proceso como normalmente haría.

-¿Tardaremos muchas horas?

-La primera parte del viaje es por autovía, luego carreteras nacionales… pero con un GPS tardaremos menos seguro.

-¿Qué es eso? -iban andando ya hacia el aparcamiento- ¿Un mapa?

-Parecido, Prometeo -explicó Hyoga-. Sirve para saber cómo se llega a un sitio, pero desde el móvil.

Éste sonrió un poco, ciertamente maravillado. Después de localizar el vehículo, un coche de gama media pero que se trataba de un buen todoterreno, se montaron en el mismo siguiendo la misma composición que cuando fueron al aeropuerto de Atenas. Una vez prepararon todo y después de elegir un centro comercial cercano, se dirigieron hacia el mismo con la intención de comprar algo de ropa contra el frío. Aunque en las maletas que habían recibió tenían camisetas y ropa interior térmica necesitaban más cosas acorde con lo que comentó Camus.

-Aunque el cosmos os pueda proteger durante la vigía, cuando durmáis se apagará y podéis acabar mal… compraremos algunas cosas de supervivencia y nos iremos.

-Todo son gastos… -murmuró Mónica, suerte que ella no tenía que pagar todo eso- ¿Qué tienes pensado?

-Cosas para hacer fuego, abrigos y barritas energéticas… algo para cocinar en el campo… y lo que vea que pueda ser relevante.

Según llegaron hasta el centro comercial les dio la indicación de esperar a la entrada de la tienda para ir a "tiro hecho" y que pudiera coger todo lo necesario, no quería más interrupciones que las necesarias ni comentarios y quería un rato de soledad… Hyoga era su opuesto aunque los poderes fueran los mismos, por eso se quedó con los otros dos de cháchara y comentando cosas entre risas a la espera.

-Los Caballeros y Amazonas de Acuario siempre han tenido fama de fríos… yo soy al contrario, por eso mi magia es… diferente -explicó él, veían a Camus entrar y perderse entre los pasillos-. No se lo tengáis en cuenta si quiere ratos de perderse por ahí.

-¿A los demás les pasa similar?

-Hay de todo… por ejemplo, Romeo se parece cero al anterior… era un tirano, como le pasa al de Andrómeda… Heracles en cambio se le parece mucho -suspiró un poco-. Eso nos contaba el Patriarca cuando éramos jóvenes, siempre quiso evitar los problemas de otras generaciones, aunque nosotros tuvimos los nuestros.

Mónica quiso preguntar pero se abstuvo por si acaso. No quería meterse donde no la llamaban, de todas formas Hyoga siguió comentando cosas mientras esperaban que Camus saliera; en cuanto lo hizo le vieron cargado con varias bolsas que fue distribuyendo entre los hombres del grupo y acompañó a Mónica por los pasillos mientras los otros dos permanecían atrás.

-¿Ya lo tenemos todo?

-Sí, si queréis pasar por un baño antes hacedlo ahora.

-Perfecto… ¿Tienes prisa por llegar?

-Tenemos una misión importante, no estamos para hacer turismo -le recordó-. Pero… siendo la diosa puede marcar el ritmo, mis disculpas.

Ella le restó importancia con un gesto y se recolocó la mochila al hombro. Anduvieron hacia el coche de nuevo y después de poner la nueva dirección comenzó el viaje hacia la pequeña aldea perdida en la montaña… colocaron todo en el maletero y sólo dejaron en la parte trasera las cadenas que pudieran necesitar y unas mantas y botellas de agua por si pasara alguna cosa. Iban a encender el aparato cuando sintieron un cosmos arder de pronto y miraron con interés hacia uno de los laterales… vieron un cuervo en pleno garaje. De pie en el techo de un turismo cercano y grazno con interés mientras daba suaves saltitos y les miraba con interés, aleteando un poco con cierto nerviosismo.

-Es un mensajero de Odín, estoy seguro -murmuró Camus, moviendo el coche suavemente-. Ya sabe que estamos aquí… mejor, así no se llevan sorpresas.

El animal les vigiló hasta la salida y alzó el vuelo tras ellos, recorriendo las calles de Oslo mientras salían hacia la autovía, siempre observando su desplazamiento y siempre vigilante ante los forasteros que habían llegado a Midgard…

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Cercanías del Templo de Sagitario, Santuario de Atenea. 15 de enero, 15:00h.

El entrenamiento de Esther como nueva Amazona de Ofiuco había dado un salto adelante después del ataque de Apolo y Hermes al Santuario; en esa ocasión ella usó su cosmos para defender a la diosa y su armadura la protegió en el antebrazo cuando tomó una flecha al vuelo, de no ser por su hazaña el pecho de Mónica hubiera sido atravesado y puede que hubiera necesitado una operación… si es que no moría en el intento. Seiya, por eso, se sentía bastante orgulloso de su alumna y quiso aumentar el entrenamiento y su intensidad, así que a lo largo de la mañana se habían dedicado a hacer ataques de energía y protegerse de los mismos: primero con las manos, para tomar los poderes del enemigo y devolverlos si era posible; y luego usando el cosmos que manaba de sus cuerpos para que el ataque se viera afectado por el mismo y se desviara sin dañarles.

Éste último método requería una diferencia de poder lo bastante grande par eso, pero aquel no era el problema. Se necesitaba tener ardiendo su energía con bastante intensidad pero era muy útil cuando no daba tiempo a esquivar… o si no se quería. Al enemigo le daba la sensación que había dado en el blanco y se desmoralizaba al ver que no había servido de nada. Por ahora lo que habían hecho ella era simplemente defenderse y atacar con alguna que otra esfera de energía pero nada más, sólo unas pocas líneas de energía podían salir de sus manos en aquellos momentos… encima sus manos ardían un poco, tuvieron que colocarle unas vendas en un momento dado.

-No están acostumbradas a este tipo de trabajo, tendrán que endurecerse -Seiya se las colocaba con detenimiento y apretaba con ganas-. Se formarán callos y durezas, Andrómeda te podrá contar trucos para que se mantengan suaves, que es la que más sabe.

-Ya las tengo fuertes de trabajar en el bar, pero parece que no es lo mismo…

-Efectivamente, es otro tipo de trabajo -explicó él-, pero no es malo.

Ella sudaba aún pese a que se habían parado y ahora estaban en un descanso, se limitó a bostezar un poco. El hombre se dedicaba a colocar todo cuando sintió algo… alzó la vista y frunció un poco el ceño, de inmediato se levantó y con un gesto ordenó que ella hiciera lo mismo.

-Creo que tenemos una entrada que detener… así aprenderás a desenvolverte mejor, ¡vamos a Aries!

En esos momentos echaron a correr, gracias a ir rodeados de su cosmos tardaron apenas un parpadeo en llegar a la Casa del Carnero. Se encontraron con Alma de Géminis a las puertas y con los brazos a la espalda, pensativa y mirando hacia las escaleras en perfecto silencio, como si estuviera a la espera de algo… llevaba puesta su armadura y su hermana estaba en Tauro también a la espera pero con la opción de proteger su propio templo en cualquier instante.

-Hay algo… en el ambiente -su cosmos ardió-. ¡Y está entre las rocas!

De su puño emanó un rayo de energía que se estrelló contra unas rocas: de las mismas salieron un par de figuras oscuras que volaron sobre ellos, sin embargo la mujer se giró y extendió su mano; el mundo se distorsionó y los desconocidos aparecieron de nuevo a la entrada de Aries, como si hubieran sido llevados a la fuerza. Sin embargo esa fue sólo una distracción, por las escaleras hacia el Templo del Cangrejo corrían otros once de esos encapuchados… Daya de Leo se los encontró en las escaleras y no dudó.

-Plasma relámpago!

Y al lanzarlos contra sus pechos los detuvo en seco; un muro de cristal apareció en el aire para protegerlos a todos ellos del feroz ataque de la mujer, que aunque resistió y detuvo su cosmos, no pudo evitar que ella saltara y aterrizara en medio del grupo. Allí nuevamente ejecutó su golpe más poderoso y logró que varios salieran volando… y sin embargo varios más saltaron y corrieron hacia Virgo. En un momento dado se encontraron de nuevo con una de las Géminis, esta vez con Diana, que hizo arder su cosmos a todo lo que daba y atacó.

Explosión de galaxias!

Gracias a que fue en la parte trasera de Leo éste no acabó con alguna de sus columnas rotas… sin embargo ése no era el objetivo de la mujer, sino detener a los extraños. Y es que había algo en ellos que le era conocido, por eso cuando tacó también volatilizó las piezas de ropa que les cubría… mostrando a los antiguos dorados.

-Ya sabía yo… -gruñó, molesta- Pero… ¡faltan varios!

Durante el ataque es verdad que dos se quedaron atrás… los otros diez siguieron adelante pero allí sólo estaban seis, lo cual era imposible. Cuando se quiso fijar ya el cosmos de su compañero Shun estaba en pleno combate, un instante de duda fue suficiente para que los demás se disgregaran y corrieran entre las rocas para continuar avanzando. En pocos minutos estaban concentrado el grupo de dorados que restaban frente a los desconocidos y aunque Diana quiso ir a avisar Mu la detuvo con sus poderes psíquicos con pasmosa facilidad y obligando a la mujer a permanecer en el sitio.

En pocos minutos se habían juntado Shun de Virgo, Antares de Escorpio, Shiryu de Libra y Seiya de Sagitario contra aquellos encapuchados, Esther también estaba y su cosmos ardía… en un momento dado uno de los extraños le lanzó una esfera de energía a la velocidad de la luz y ella detuvo la misma con sus manos desnudas. Hizo arder su cosmos con ganas y sus antebrazos y pecho se vio protegido por la armadura de Ofiuco, fue entonces que sus ojos resplandecieron suavemente y el pelo comenzó a bailar un poco.

-¡Cataclismo de luz!

Y de sus manos emanó un poder enorme: haces de luz volaron a toda velocidad pero sin llegar a la velocidad habitual de un dorado, y sin embargo de haber sido así éste les hubiera hecho un daño inmenso. Millones de resplandecientes esferas formaban cada una de las ondas y brillaban como el mismo Sol, tuvieron que taparse los ojos en un momento dado para no quedar ciegos. Tal fue la violencia del poder desatado por la muchacha que llegó Kiki e interpuso uno de sus muros de cristal para impedir que pudiera arrasar nada… llegó de la nada para sorpresa de todos y miraba hacia todo el mundo con sorpresa y algo de molestia, salvo a Esther.

-Tal parece que hay cosas a mejorar… -gruñó, algo molesto- ¿Esto era realmente necesario?

Aioros se retiró la capucha y asintió, para sorpresa de algunos y como confirmación para otros de la verdadera identidad de ellos. Junto a él venían Shura, Milo y Kanon.

-Los demás están por aquí también -por entre las rocas vinieron los demás-. Diría que sólo Mu se quedó atrás, Diana fue la que nos pilló y había que impedir que diera la voz de alarma o este truco no hubiera salido bien.

-¿Usted lo sabía, Patriarca?

A la pregunta de Antares, éste asintió.

-Según les sentí llegar supe que querrían hacer algo… no hubieran venido de no ser por comprobar las defensas -Aioros asintió-. ¿Severo os contó de nuestro problema?

-Me temo que sí, y eso es problemático -explicó-. Los caballeros de Plata ni nos sintieron entrar, y aunque los dorados actuaron bien y deprisa éramos demasiados para ser controlados… aunque creo que aquí nos hubieran detenido y os hubierais hecho fuertes en esta posición.

-¿Alguna sugerencia al respecto?

-Sí… Saga ha aportado ideas, si no es… inconveniente.

Y es que decirle al Patriarca que las defensas eran mejorables podía ser tratado como una falta de respeto… sin embargo Kiki entendía la razón de ser de actuar así ellos, por eso no comentó nada al respecto. Sería de idiotas no escuchar sus propuestas, y aunque lo negara era consciente de algunas de las cosas que podrían decirle. El problema estaba en que no sabía cómo mejorarlas o solucionarlas, por eso ellos tres subieron por las escaleras mientras el resto se quedaba en Virgo.

-Nos disteis un buen susto -comentó entonces Antares-. ¿Tan mal lo hemos hecho?

-No, nosotros teníamos los mismos o mayores problemas aún -bromeó Shura-. A nosotros se nos colaron unos muchachos de bronce.

-¿Esos son los de la leyenda que me contaste, Seiya?

-Así es, Esther -él se rascó algo la cabeza-. Mi nombre viene de ahí, del anterior caballero de Pegaso.

-En fin, volvamos a nuestros puestos -a la orden de Shiryu sus compañeros despidieron a Shun, que bostezó algo-. Os acompañaré de vuelta a Aries…

El nuevo caballero de Libra fue junto a los demás mientras Esther les observaba partir en silencio y miró sus manos… había dicho aquel nombre como si lo supiera de siempre, los demás claro lo habían notado pero no llegaron a decir nada, como si fuera lo más natural del mundo. Eso le generó dudas pero no las llegó a expresar dado que se sentía mucho más ligera que antes, como si hubiera recuperado de pronto su energía, aunque no lo veía su cosmos la rodeaba… el que sí lo hacía era Seiya, que deseó por dentro que ella fuera una Ofiuco leal a Atenea, porque si tenían que enfrentarse a ella lo pasarían crudo aunque sus antecesores ayudaran.

-Oye, Esther.

-¿Sí?

-Prueba… a hacer arder tu cosmos más.

Ella así hizo y la armadura reaccionó: ya no sólo era en los antebrazos y pecho, también su estómago, espalda, cabeza… estaba protegida enteramente ahora. Como las de sus compañeros era brillante, con decoraciones en su busto en forma de serpientes, un caduceo alado y motivos y una falda corta hecha de placas en su bajo vientre. Algo similar a alas cubrían sus espaldas, y aunque parecía pesada ella se sentía mucho más ligera que antes… Seiya sonrió ciertamente satisfecho y se colocó en posición de combate, haciendo arder igualmente su cosmos. Ahora sí iba a probar todo su poder.

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(1)

Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda. Los nombres de las técnicas están también en cursiva.