Buenas noches a todos. Por fin les traigo el capítulo 5 de esta historia.

Quiero agradecer a nuevamente a Cbt1996, por sus comentarios tan puntuales. Espero no decepcionarles con este nuevo capítulo.

También agradezco a Joiscar, Karii Taisho, Eline HiguTaisho y a las personitas que aparecen como Invitados. Gracias por leer este sencillo fic y por sus lindo comentarios. Bienvenidas a este barco.

Y Karii Taisho, tienes razón, cuando te rompe el corazón dejan una herida que te hace actuar de una forma que no esperas, sobre todo cuando esta persona no valora todo el amor que le das. La actitud que Kagome muestra, está basada un poco en una mala experiencia que viví, y que gracias a unas amigas, logré salir adelante, tal cual le pasa a Kag. Lo único malo es que aun no aparece mi "Inuyasha" jajaja.

Continuando con el fic, hay una personita que al parecer tiene una idea de quien podría ser ese chico que apareció tan repentinamente, sin embargo, les pido una disculpa porque aun no se sabrá de quien se trata, pero les prometo, que en el próximo capítulo descubrirán de quien se trata.

Sin más rodeos, aquí les tengo el capítulo.


CAPÍTULO 5: SOLO UNA OPORTUNIDAD

Narra Inuyasha

El insistente sonido del despertador rompió el silencio de la madrugada, marcando las 7:00 a.m. en punto. Entre resoplidos de frustración, abrí los ojos y me encontré con la penumbra de la habitación; la luz del día se asomaba por las cortinas. Sin ganas, me senté en la orilla de la cama, y el primer pensamiento que llegó a mi mente tenía nombre y apellido: Kagome Higurashi; su nombre resonaba en mi cabeza como una melodía difícil de olvidar. No sabía por qué, pero la idea de volver a verla me llenaba de una ansiedad inusual. Seguía preguntándome qué tenía esa chica que lograba perturbar mis pensamientos, además de su sonrisa inocente.

Tomé una ducha, dejando que el agua caliente cayera sobre mí como una lluvia purificadora. Cada gota que caía sobre mi cuerpo me estaba ayudando a relajarme y dejar de lado la confusión que Kagome causaba en mí. Y estaba otra vez, sin quererlo, su nombre aparecía en mi mente como por arte de magia; con un movimiento rápido, sacudí la cabeza para liberarme de su recuerdo; necesitaba concentrarme en el trabajo de la empresa y deshacerme de las distracciones. Salí del baño con una tolla atada a mi cintura, y me dirigí al armario para buscar mi mejor traje formal, ya que tenía una reunión muy importante con uno de los inversores.

Una vez listo, salí de mi departamento; me encaminé hasta el estacionamiento y me adentré en el tráfico de Tokio, lleno de bullicio de las personas y de los autos desesperados por llegar a sus destinos. Mientras avanzaba por las calles, me esforzaba por olvidarme por un momento de Kagome y enfocarme por completo en la reunión con el inversor. Finalmente, llegué a la imponente estructura de cristal que albergaba la sede de Taisho Tech. Estacioné el auto y, con la última sacudida mental para alejar a esa chica de mis pensamientos, me dirigí hacia el ascensor, dónde me encontré con Miroku.

-Inuyasha -Me saludó con gran entusiasmo, en respuesta, moví la cabeza con una gran sonrisa dibujada en mi rostro, él me miró extrañado- ¿Alguna buena noticia? Te veo demasiado contento

-Kagome Higurashi -solté de golpe

-¿Qué? -expresó Miroku sin entender.- Acaso volviste a ver a Kagome

-Sí -respondí y volví a sonreír.

Las puertas del elevador se abrieron, dándonos entrada al quinto piso. El vestíbulo hacia mi oficina mostraba un aire de elegancia y profesionalismo: las paredes estaban revestidas con paneles de madera pulida, otorgándole un toque cálido a la vez que imponente. Sillones de diseño en tonos neutros y mesas de cristal sostenían revistas y pequeñas obras de arte, revelando el buen gusto de Sango, quien se encargó de la decoración.

Entramos de inmediato a la oficina, dispuestos a abordar los temas de la reunión, pero había un asunto que Miroku no podía dejar de lado.

-Ahora sí, coqueto -dijo, tomando asiento frente al escritorio-. Cuéntame qué pasó con Kagome.

A veces, Miroku podía ser más entrometido que mi propio padre; la única diferencia es que él nunca me ha juzgado por mi estilo de vida. Claro, ¿cómo podría hacerlo si él también suele jugar con las chicas? Su sonrisa pícara dejaba entrever que estaba ansioso por saber todos los detalles de mi encuentro con Kagome.

-No te equivoques, amigo. Solo tomamos un café, eso es todo -dije recargándome en el sillón.

-Me estás jodiendo - respondió Miroku con expresión incrédula. Respiré profundamente antes de continuar, sabiendo que cada palabra iba a alimentar su curiosidad.

-De verdad. Solo hablamos, nada más. - añadí con seriedad, aunque la diversión bailaba en mis ojos. Miroku soltó una risa burlona, levantando las cejas de manera exagerada.

-Bueno, es oficial. Necesitas vacaciones, el estrés de la oficina te está afectando.

-Kagome es diferente, ella…

-Te tiene idiotizado -dijo interrumpiéndome.- Sólo es una chica. Con un solo gesto la tendrías rendida a tus pies, pero no, el joven Taisho simplemente se limitó a tomar un café. -se quejó mientras levantaba los brazos en señal de exasperación

Me limité en sonreír antes las palabras de Miroku. Estaba seguro de que, si se tratara de otra chica, seguiría el juego de seducción que él esperaba: una sola mirada, un solo gesto, y tendría a cualquier mujer en mi cama por una noche. Sin embargo, mi actitud ante Kagome era diferente, de alguna manera, sentía la necesidad de verla, incluso de protegerla. Era la primera vez que experimentaba estos sentimientos, algo que ni siquiera había sentido con Kikyo.

-No sé lo que me pasa con ella - solté repentinamente mientras dirigía la mirada al techo de la oficina -. Solo puedo decirte que ella no es una chica de una sola noche.

-La chica te gusta, tienes que admitirlo. -afirmó con gran seguridad

No supe qué responder ante tal afirmación de Miroku. Apenas había podido entablar una conversación en la cafetería, y eso no era motivo suficiente como para decir que sentía algo por Kagome. Lo que sí era cierto, es que la aparición de esa chica en mi vida me estaba empezando a afectar, pero admitirlo en voz alta se sentía como adentrarme en un terreno desconocido.

-No lo sé, Miroku. Es complicado. - Finalmente, respondí con sinceridad, bajando la mirada hacia el escritorio.

Miroku soltó una risa suave, como si hubiera descubierto un secreto que yo mismo aún no comprendía.

-Inuyasha, amigo mío, eso suena más complicado de lo que te gustaría admitir. - Su mirada mostraba un rastro de complicidad. - ¿La volverás a ver?

-Hoy, en el parque, a las 5:00 de la tarde.

-Wow, dices que no entiendes lo que está pasando, pero ya tienes una cita - dijo con gran sorpresa-. Nunca creí que llegaría el momento en que una chica por fin concretara algo serio contigo.

-No es una cita, solo nos encontraremos para hacer ejercicio.

Miroku soltó una risa juguetona, como si estuviera disfrutando de un inesperado giro en mi vida. Su tono burlón resonaba en el espacio de la oficina.

-Bueno, bueno. El ejercicio suena como una excelente excusa. ¿O será que estás cambiando tus tácticas de conquista? - Dijo con una expresión pícara.

Rodé los ojos ante su insinuación.

-No hay tácticas, Miroku. Solo estamos planeando correr un rato por el parque, nada más. -Aclaré, aunque la sonrisa cómplice de Miroku sugería que él tenía sus propias ideas sobre el asunto. -Y borra esos pensamientos tan pervertidos de tu cabeza, que tenemos que prepararnos para la reunión. -Miroku levantó las manos en un gesto de rendición, pero la chispa traviesa no desapareció de sus ojos.

-Está bien, está bien, señor "No hay tácticas". Pero mantenme informado. Quién sabe, tal vez este encuentro casual resulte ser el comienzo de algo más interesante de lo que crees.

-Chicos, buenos días -Sango se asomaba por la puerta de la oficina- Pueden dejar su plática para después, acaba de llegar el Señor Suikotsu, los espera en la sala de juntas.

-Gracias Sango -respondí

-A veces olvido que Inuyasha es el director -dijo burlonamente mientras dirigía la mirada hacia la puerta- Eres muy mandona Sango

-Imbécil -gritó y cerró la puerta de un solo golpe. Nos miramos completamente sorprendidos.

-¿Qué le pasa a Sango? -preguntó Miroku muy extrañado.

-Creo, amigo mío -me levanté de la silla y me acerqué a Miroku-, que no soy el único que necesita aclarar sus pensamientos. -Le di unas palmadas en el brazo y caminé hacia la puerta.

-¿A qué te refieres? -preguntó extrañado.

Al parecer, Miroku aún no entendía que cada vez que traía una nueva conquista, hería profundamente a Sango. Seguía sin comprender que esa chica esta perdidamente enamorada de él. Sin embargo, decidí no decir nada; al fin y al cabo, era a Sango a quien le correspondía hablar de sus sentimientos con él.

Nos dirigimos hacia la sala de conferencias, dejando atrás las bromas. Aunque intenté mantener la mente enfocada en los asuntos tecnológicos, la idea de encontrarme con Kagome en el parque seguía flotando en mi cabeza, desafiándome a comprender las emociones que surgían de esta conexión peculiar.

La reunión con Suikotsu sobre el nuevo proyecto resultó más desafiante de lo anticipado. Aunque las ideas eran innovadoras, cada miembro del equipo tenía su perspectiva y no lográbamos ponernos de acuerdo. Las horas avanzaban muy rápido, y la extensión de la reunión empezaba a pesar en todos nosotros. Suikotsu, con su mirada imperturbable, lideraba la discusión, pero la falta de consenso persistía.

El nuevo aparato prometía revolucionar el mercado; las opiniones divergentes sobre el diseño, las características y el enfoque comercial impedían avanzar. Argumentos a favor y en contra se entrelazaban en un torbellino de palabras. Mi mente, sin embargo, vagaba hacia Kagome y el encuentro planeado para más tarde. Intenté concentrarme en los detalles técnicos, pero la persistente imagen de su sonrisa inocente se entrometía.

La reunión se extendió hasta el límite de nuestra paciencia, pero finalmente, después de arduas negociaciones, logramos alcanzar un acuerdo provisional.

-Creí que nunca saldríamos de ahí -me tiré en el sofá de la oficina.

-Lo sé -Miroku se acomodó en el sillón- Suikotsu quería cambiar por completo el proyecto. Por suerte, logramos mantener los términos acordados con anterioridad.

-Sí. Al menos ahora tenemos una base para avanzar.

-Inuyasha -Sango nos interrumpió-. Te dejó la propuesta de financiamiento de los otros inversores. Me pidieron que los leas detenidamente y que se les informe si hay algo en lo que no estés de acuerdo.

-Gracias, Sango. -Asentí mientras recibía los documentos- Los revisaré y te informaré cualquier detalle.

Ella asintió y se retiró de la oficina, ignorando por completo la presencia de Miroku, quien solo se limitó a observarla hasta que desapareció detrás de la puerta. Lo vi suspirar resignado y tomó uno de los documentos para comenzar a leer. La tensión de la reunión anterior aún flotaba en el ambiente, pero ahora nos enfrentábamos a la siguiente fase del proyecto: asegurar el respaldo financiero necesario.

Las horas pasaron rápido, y sin darnos cuenta el reloj marcaba las 4:00 de la tarde.

-Demonios, -dije cerrando la carpeta- ya es tarde.

-Ve a tu "no cita", coqueto. -comenzó a decir Miroku con picardía en su voz- Yo termino de revisar los demás documentos.

-Gracias amigo. Nos vemos mañana

-Si, sí. Disfruta el "ejercicio" -dijo Miroku con una risa pícara mientras me dirigía hacia la salida.

Lo ignoré por completo; sabía que, si le respondía, él seguiría molestándome. Corrí hacia el estacionamiento, me subí al auto y salí de inmediato del lugar. Para mi sorpresa, las calles estaban atestadas de tráfico; con gran dificultad logré llegar hasta mi edificio. Después de estacionar el auto, subí rápidamente al departamento para darme un baño y alistarme lo más rápido posible para llegar a tiempo. Afortunadamente logré llegar con 5 minutos de anticipación.

Me senté en una de las bancas a esperar a Kagome; me sentía nervioso, como si fuera un adolescente. Respiré profundamente y solté el aire, intentando calmar los latidos acelerados de mi corazón. Miré el reloj y ya marcaba las 5:00 de la tarde en punto; al levantar la mirada, pude ver a lo lejos a una chica muy parecida a Kagome. Entrecerré los ojos para enfocarla mejor, y efectivamente, era ella. Se veía increíblemente hermosa con un vestido deportivo sin mangas; la falda-short le llegaba a media pierna y se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Llevaba el cabello atado en una cola alta.

Me puse de pie, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo mientras Kagome se acercaba. Con cada paso que daba, mi corazón latía con más fuerza. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me miró con una sonrisa cálida que disipó parte de la tensión que sentía.

-Hola -saludó tímidamente

-¡Wow! Estás... hermosa, -sus mejillas se sonrojaron ante mi comentario.


Narra Kagome

2 horas antes del encuentro

-¿QUÉ? -gritaron las chicas con gran sorpresa- ¿DIJISTE INUYASHA TAISHO?

-Kag, -Rin seguía sorprendida- Inuyasha Taisho es el directo de la empresa…

-Taisho's Tech -interrumpí a Rin- Lo sé, pero es no es relevante para mí

-Necesitas salir más, Kag, Inuyasha Taisho es uno de los hombres más cotizados de todo Japón. -exclamó Ayame con gran seriedad- Sin embargo, no ha tenido ninguna relación seria.

-Entonces, ¿quién es la chica con la que salió del bar? -preguntó Rin con curiosidad.

-Dijo que era una amiga -me encogí de hombros y traté de restarle importancia a la situación.

-Me sorprendes Kag. Investiga muy rápido ese dato. -Ayame levantó una ceja mientras sonreía pícaramente,

-No te confundas, no es nada lo que piensas. -dije un poco molesta.

Antes de conocer a Inuyasha, otros chicos intentaban acercarse a mí para invitarme a salir o pedir mi número de teléfono, pero los había rechazado de manera desagradable debo admitir. Mis amigas, conscientes de mi actitud hacia los chicos, me aconsejaban constantemente que fuera más abierta a las posibilidades del amor; decían que mi actitud defensiva podría estar impidiéndome encontrar a alguien especial.

A pesar de sus intentos de persuasión, yo seguía manteniendo una barrera emocional, protegiendo mi corazón de posibles decepciones. Sin embargo, la llegada de Inuyasha cambió de alguna manera mi pensamiento. No sé si fue su presencia imponente, su mirada penetrante o simplemente la curiosidad que despertaba en mí.

-Mejor vamos a enfocarnos en lo verdaderamente importante -la voz de Ayame me regresó a la realidad- Kag, tenemos que dejarte más hermosa de lo que eres para dejar impactado a Inuyasha.

-¿QUÉ? -exclamé un poco escandalizada al ver las miradas de Rin y Ayame-. No chicas, sea lo que sea que estén pensando, me niego. Ni siquiera es una cita.

Mis amigas rieron ante mi reacción, pero su determinación no disminuyó.

-No importa -dijo Rin mientras me tomaba del brazo y me llevaba hasta mi habitación- Tenemos muy poco tiempo, así que ve a bañarte señorita. Por tu outfit no te preocupes, ya tenemos todo listo

-Pero…

-Pero nada, así que apresúrate.

Ayame cerró la puerta detrás de ellas, sin darme tiempo de quejarme. Sabía que, sin importar lo que dijera, no cambiarían de opinión sobre lo que planeaban hacer. Aunque tengo que admitir que me sentía un poco emocionada por volver a encontrarme con Inuyasha. Él tenía algo que me llamaba muchísimo la atención y, muy a pesar de mis miedos, tenía que intentar conocerlo. Después de todo, solamente podríamos convertirnos en muy buenos amigos.

Después de darme un baño, salí dispuesta a buscar mi ropa, y para mi sorpresa, en la cama se encontraba un conjunto deportivo muy hermoso para mi gusto; lo ignoré y me dirigí a mi clóset, pero la puerta estaba asegurada, busqué la llave y no la encontré por ningún lado. Entonces entendí lo que ocurría.

-¡AYAME! -abrí la puerta de golpe, lo que hizo que las chicas se asustaran-. ¿Qué demonios hiciste con mi ropa?

-Nada, ¿por qué? -Ayame se estaba escondiendo detrás de Rin

-Tranquilízate Kagome -exclamó Rin -. Se te está haciendo tarde, ponte la ropa que te dejamos en la cama.

-Estás loca si crees que me voy a poner eso -mi molestia era evidente por mi tono de voz.

-Lo siento, pero no tienes opción -sentenció la pelirroja.

-AAAASH -grité con frustración.

Regresé a mi habitación y cerré la puerta de golpe. No me gustaba usar ropa muy llamativa, y menos si se trataba de salir a correr. Quise abrir nuevamente mi closet, pero fallé en el intento; miré nuevamente la ropa que estaba en la cama, y tal como dijo Ayame, no tuve más opción que usarla. Después de vestirme, me vi en el espejo, y aunque mi inseguridad hizo que me sintiera incómoda, me gustó cómo me quedaba.

Cuando salí de la habitación, las chicas se quedaron boquiabierta.

-¡Wow! -exclamó Rin-. Te ves hermosa.

-Me siento incómoda -me quejé, bajando un poco el falda-short, tratando de ajustarlo para sentirme más cómoda.

-Déjalo así Kag -Ayame tomó mis manos- Te ves súper bien.

-¿Están seguras? -No podía oculta la incomodidad que estaba sintiendo en ese momento

-Amiga. Confía en nosotras. -declaró Rin- Además, no te daríamos nada que no te sentara bien.

-Lo que pasa es que... -mi autoestima comenzó a disminuir al recordar algunos sucesos del pasado-. no me veo bien. Dejen que vaya a cambiarme, por favor.

-Relájate -Ayame me acompañó al sofá para que me sentara -. Respira profundo y escúchanos con atención. Te ves preciosa, olvídate de tus complejos.

-Te lo dije y te lo vuelvo a repetir -Rin utilizó un tono de voz más tierno-. Eres hermosa, y esta ropa te queda súper bien. Además... -dibujó una sonrisa traviesa en su rostro-. Dejarás sin palabras a Inuyasha

A pesar de sus esfuerzos por levantar mi ánimo, la sombra de la inseguridad persistía en mi mente. Sus palabras resonaban, pero las dudas aún flotaban en el aire. Sé que no entendían por qué me había vuelto tan insegura sobre mi aspecto, de un momento a otro había dejado de usar vestidos y faldas, solo los usaba en momentos sumamente especiales. Ni hablar de cuando hacía ejercicio, prefería usar pantalones y camisetas holgadas, para ocultar mi cuerpo. En muchas ocasiones, habían querido hablar del tema, pero siempre encontraba la forma de evadirlas.

Al terminar de prepararme, salí rumbo al parque. El sol comenzaba a descender en el horizonte, pintando el cielo de tonos cálidos. Mientras caminaba, intenté concentrarme en el hermoso atardecer, dejando de lado mis preocupaciones. A medida que me acercaba a mi destino, los nervios comenzaban a aparecer, así que me detuvo por un momento, respiré hondo para continuar caminando, hasta que, a lo lejos, pude ver a Inuyasha sentado en una él me vio, se puso de pie de inmediato y se quedó boquiabierto.

-Hola -lo saludé con timidez

-¡Wow! Estás... hermosa. -Sentí el calor llegar a mis mejillas ante su comentario.

-G-Gracias -respondí bajando la mirada avergonzada. Antes de que Inuyasha notara mis nervios continué hablando- ¿Has estado esperando mucho tiempo?

-N-no, también acabo de llegar -respondió con una sonrisa.

Intenté mantener la compostura a pesar de la sensación de mariposas revoloteando en mi estómago. De pronto me sentí observada e incluso llegué a pensar que, tal vez, las demás personas se burlaban de mi apariencia. Definitivamente, mi autoestima era algo en lo que tenía que trabajar.

-¿Prefieres... caminar o correr? -preguntó Inuyasha

-¿Qué? -su voz me devolvió a la realidad- Ah, sí, si quieres, podemos caminar, -le respondí mientras le sonreía tímidamente

-Ok, entonces empecemos

Realizamos unos ejercicios de calentamiento para después comenzar a caminar a un ritmo ligero. Traté de relajarme e hice lo posible por concentrarme en la caminata, pero mis nervios estaban jugando una mala pasada. De vez en cuando, miraba a Inuyasha, quien se veía realmente concentrado.

En ese momento, mi mente comenzó a , si lo hubiera conocido mucho antes, yo sería feliz de estar a su lado viviendo una linda historia. Sacudí la cabeza para alejar esas ideas tan descabelladas de mi mente, y continué caminando.

-¿Te pasa algo? -preguntó Inuyasha.

-¿Qué? No, nada, solo estaba pensando en algo -respondí con cierta torpeza.

-He notado que no dejas de mirarme -una sonrisa pícara se dibujó en su rostro-. ¿Acaso te gusto demasiado y no puedes quitar tu mirada de mí?

-¡Ah! -me detuve en seco por su tonto comentario- ¿Estás loco? Claro que no me...

Me quedé sin palabras cuando Inuyasha me tomó por la cintura y me atrajo hacia él. No entendía lo que estaba pasando; solo podía percibir el aroma de su perfume con un toque amaderado. Me sentí avergonzada al estar tan cerca de él; mi corazón latía aceleradamente.

-¿Estás bien? ¿No te pasó nada? -preguntó con evidente preocupación- Esos ciclistas deberían tener más cuidado.

-E-estoy bien, gracias -me separé rápidamente de él y evité mirarlo a los ojos, no quería que notara que mi rostro estaba enrojecido por la vergüenza- sigamos caminando. -Aceleré el paso

-Espera -decidí ignorarlo, no podía permitir que me viera en ese estado-. Kagome -el tono serio de su voz y su mano tomando la mía me hizo detenerme. Respiré profundamente y, aunque no quería, lo miré directamente a los ojos-. ¿Te... sientes incómoda a mi lado?

-No, no me... no me siento incómoda contigo. Es solo que... -resoplé resignada- Solo me sorprendió lo que hiciste -bajé la mirada- eso es todo.

Había un gesto que solía hacer sin darme cuenta cuando me sentía apenada: juntaba los dedos índice, entrelazándolos nerviosamente en un intento por ocultar mi timidez. Al percatarse de este gesto, Inuyasha sonrió y, en un movimiento espontáneo, pasó su mano por mi cabeza, despeinando ligeramente mi cabello.

-¡Oye! -me quejé mientras él comenzaba a caminar nuevamente.

-Vamos, Kag -que Inuyasha me llamara así, como si nos conociéramos de años, hizo que mi corazón diera un brinco. Giró para mirarme y agregó-: Te quedarás atrás.

Le regalé una sonrisa y caminé junto a él. Durante el trayecto, platicábamos de todo y de nada. Había decidido confiar en él. ¿Por qué? No lo sé, simplemente tenía algo que me hacía sentir cómoda a su lado. A medida que avanzábamos, una conexión se iba formando entre los dos. Inuyasha tenía la habilidad de hacerme olvidar mis inseguridades, y la charla fluyó naturalmente entre risas y anécdotas. Me sorprendía lo fácil que resultaba hablar con él, y a la vez me daba miedo; no quería que ninguno de los dos confundiera las cosas. Únicamente estaba interesada en una amistad sincera con él.

El sol comenzaba a ocultarse, pintando el cielo con tonalidades cálidas y anaranjadas. Inuyasha señaló un banco libre y sugirió sentarnos a descansar. Mientras observábamos el atardecer, sentí que la complicidad entre nosotros crecía.

-Debo admitir que no esperaba pasar un rato tan agradable contigo -confesó Inuyasha con una sonrisa sincera.

-Si te soy sincera. Tampoco lo esperaba -respondí, sintiendo una mezcla de sorpresa y felicidad.- Es la primera vez que salgo a caminar con alguien.

Nos quedamos en silencio por un momento, disfrutando del paisaje y la tranquilidad del parque. Inuyasha rompió el silencio con una pregunta inesperada.

-¿Te gustaría hacer esto de nuevo?

La pregunta resonó en el aire, y por un instante, mi corazón latió con fuerza. La idea de volver a encontrarme con él me emocionaba más de lo que había imaginado, sin embargo, la sola idea de verlo con mas frecuencia me llenaba de ansiedad. Era un torbellino de emociones encontradas, pero decidí dejarme llevar por la curiosidad y la conexión que sentíamos.

-Si, me agrada la idea -respondí con una sonrisa que él también devolvió.

-Ya se está haciendo tarde. -se levantó de su lugar y me extendió la mano- Te acompañaré a casa

¿QUÉ? No podía ser cierto lo que estaba escuchando. Mis ojos se encontraron con los suyos, buscando alguna señal de broma; lo único que pude encontrar fue la determinación en su mirada.

-No te preocupes, -respondí nerviosa- Mi departamento queda cerca, puedo irme sola.

-No importa, aun así, te acompañaré.

-Inuyasha -dije con seriedad

-Kagome -me respondió de la misma manera. Sólo pude suspirar resignada.

-Ok, como quieras

Me levanté y juntos comenzamos a caminar con rumbo a mi platicando y riendo como si fuéramos viejos amigos. A medida que avanzábamos por las iluminadas calles nocturnas, me di cuenta de que la conexión que había surgido entre nosotros era más fuerte de lo que pensaba.

Finalmente, llegamos al edificio. Era una construcción de unos cinco pisos, con una fachada sencilla pero bien cuidada. Las paredes eran de un tono crema desgastado por el tiempo, y las ventanas tenían persianas blancas que contrastaban con el color del edificio.

La entrada estaba decorada con algunas macetas de plantas, aportando un toque acogedor. Aunque no era lujoso, el edificio tenía un aire familiar y cálido que lo hacía sentir como hogar. Nos detuvimos frente a la entrada, y una extraña mezcla de emociones se apoderó de mí. No quería que la noche terminara, pero al mismo tiempo, estaba nerviosa por lo que pudiera suceder.

-Aquí es donde vivo. No es nada especial, pero es muy agradable. - Le dije, sintiéndome un poco vulnerable.

Me gusta. Tiene un ambiente acogedor. - Respondió, mostrando una genuina apreciación por el lugar.

-Gracias por acompañarme. -Le dije, tratando de ocultar la pequeña decepción que sentía por tener que despedirnos.

Inuyasha asintió con una sonrisa.

-Fue un placer, Kagome. Nos vemos…

-El lunes. -lo interrumpí- Los fines de semana suelo tomarlos para preparar material para la escuela.

-Bien. Por cierto, ¿me prestas tu celular? -lo miré extrañada- Por favor.

Dudé por un momento, pero accedí y se lo di. Lo vi teclear y de repente su celular sonó.

-Oye -dije cuando entendí lo que acaba de hacer.

-Lo siento, Kag. -respondió entre risas- Probablemente si te pedía tú número no me lo hubieras proporcionada tan fácilmente.

Intenté objetar su comentario, pero no logré emitir ni un sonido, lo que Inuyasha celebró como un triunfo.

-Sabes que tengo razón. -Seguí sin saber qué decir, así que solo sonreí, aceptando de alguna manera su afirmación-. Me gusta verte sonreír.

-Gracias -respondí, y el color rosa en mis mejillas delataba mi aparente vergüenza.

-Nos vemos el lunes. -Se acercó y me dio un beso peligrosamente cerca de la comisura de los labios.

La cercanía y la suavidad de su gesto hicieron que mi corazón latiera con fuerza. Inuyasha se alejó con una sonrisa, dejándome en la puerta con una mezcla de emoción y confusión. Cerré la puerta detrás de él, sintiendo cómo mi departamento se llenaba de la energía de ese encuentro inesperado. ¿Qué significaba todo esto? ¿Cómo podía sentirme tan atraída por alguien que acababa de conocer?


Narra Inuyasha

Comencé a alejarme del edificio con una sonrisa tonta en el rostro, incapaz de quitármela. Mientras caminaba, mi mente se llenó de pensamientos sobre el beso en la mejilla. La sensación de la suavidad de mis labios encontrando la cálida piel de Kagome me dejó con una agradable sensación.

Inmerso en estos pensamientos, mi sentido de alerta se activó cuando, de repente, un chico se interpuso en mi camino.

-Disculpa, no te vi -se disculpó, hablando en voz baja.

Ese tipo vestía una ajustada playera que resaltaba su apariencia atlética, su melena oscura y alborotada caía bajo una gorra que ocultaba parte de su rostro. Su mirada, apenas visible bajo la sombra de la gorra, parecía esconder algo más.

-No hay problema -respondí, tratando de mantener la cortesía mientras seguía caminando.

Sin embargo, no pude evitar sentir que sus ojos seguían mi figura, como si intentara captar cada detalle. Una extraña sensación recorrió mi espina dorsal, pero decidí ignorarla y continuar mi camino. Después de unos pasos, miré de reojo y noté que aquel tipo ya no estaba.

Había algo en esa persona que me resultaba extraño y no me generaba confianza. La curiosidad y la preocupación me impulsaban a asegurarme de que todo estuviera bien con Kagome, pero a pesar de que tuve la tentación de regresar, me contuve. Rápidamente saqué mi teléfono y escribí a Kagome.

"Pequeña, hoy te veías realmente hermosa. Cuídate mucho y asegúrate de cerrar bien la puerta. Inuyasha"

En cuestión de segundos, recibí su respuesta.

"Gracias por acompañarme y por tu preocupación. Descansa."

La alegría de recibir su respuesta se mezcló con una intranquilidad persistente. No estaba completamente seguro de lo que había percibido en ese encuentro, pero decidí dejarlo por ahora y confiar en que Kagome estaría bien.