Fic
Historias de Albert y Candy
Presenta
Caricias Soñadas
Por Mayra Exitosa
Capítulo 9
Los nuevos rivales
Pasaban meses con tal velocidad, los fines de semana ocasionalmente se topaba con Albert en otras veces solo encontraba a Andrea, para poder salir a caminar a un parque junto con Rosemary, paseaban largas horas, caminaban, jugaban e invitaba los helados a Andrea, fue una tarde en que llegaba Albert, al no encontrar a su hermana y sobrinita, se fue a caminar al parque para buscarlas, la sorpresa fue ver a Candy en un árbol junto a Andrea, como dos niñas que se divertían. Rose no dejaba de sorprenderse cada día con la energía de la joven, pues ella desde cierto ángulo las observaba sentadas en una rama esperando ver el atardecer. Albert señalando su dedo en la boca para que Rose no les avisara, subía junto a Candy y Andrea, sorprendiéndolas. Candy le saludaba dándole un beso en la mejilla al rubio, quien orgulloso de ella la abrazaba para que no se fuera a caer al sostener a Andrea.
Albert les ayudaba a bajar, posteriormente se quedaban conversando mientras Rose se alejaba a la casa con la pequeña para la cena, ellos caminaban despacio mientras continuaban charlando para ponerse al día,
- ¿Cómo has estado Candy?
-Muy bien, aunque ya no tengo mucho tiempo libre trato de visitar a Andrea, veo que ha superado con amor la ausencia de su mami, cada que hace oración pide para que desde el cielo la cuide mucho.
-Si, me ha tocado escucharla, hace un momento hable con Anthony espera desocuparse pronto para venir con su pequeña, la extraña mucho, la llevará a Chicago a ver a sus abuelos.
-Ella también a él, me lo dijo hace un rato, quiere darle un beso a su Papi.
-Y dime Candy, ¿porque ya no tienes tanto tiempo? si la guardería es solo por las mañanas, las tardes debes tenerlas libres ¿o no?
-No Albert, hace meses que conseguí un segundo empleo, por las tardes de lunes a viernes trabajo en un asilo de personas mayores, son muy buenos, la mayoría de los caballeros son mis pretendientes oficiales.
- ¿Te pretenden Candy?
-Si, entre ellos discuten quien es mi favorito, ¿puedes creerlo Albert?
-No, pero me encantaría ir, saber quiénes son mis rivales de amores. Los rubios se burlaban sonriendo por la broma de lo comentado. A lo que la rubia, le advertía,
-No te conviene competir con ellos Albert, uno de ellos fue productor de cine, dice que sería su actriz favorita, otro fue cirujano me dice que debí haber sido doctora, y si así fuera en ese momento ya sería su esposa. También está un hombre fantástico que tiene ciento diecisiete años, dice que el volverá a nacer para ser mi pareja, es lindísimo, un hombre colmado de nobleza, tiene un tono al hablar tan romántico que te envuelve.
-Candy estoy oficialmente celoso, diles que eres mi esposa y tenemos dos hijos. La rubia reía por todo lo que habían pasado meses atrás, pues no se habían perdido esos detalles que habían vivido por aquel tempo. Al finalizar ella refutaba,
-No es conveniente esta táctica Albert, dirán que ellos no son celosos, que con gusto se harían cargo de mis hijos y si mi marido me tiene trabajando en dos turnos, es porque no me procura y me tiene abandonada. Albert no podía creer lo que ella comentaba, este reía con tal intensidad imaginando como es que ya sabía sus respuestas,
-Eso quiere decir que ya se los dijiste ¿no es así? Albert la veía enamorado, evidenciando su felicidad al escucharla.
-¡Me descubriste! lo que sucede es que en ocasiones se enojan entre ellos y para no decir quién es mi favorito, les dije que era casada, por lo que mi favorito es mi esposo, ya te imaginaras que después de eso, ellos se han unido en contra de mi marido y los competidores siempre que ven que me voy tarde me dicen "No lo ama lo suficiente, ella se hubiera ido temprano y volando si deseara verlo" Se soltaban las carcajadas. Ya que Candy imitaba sus tonos de voz al decir las frases.
-Candy dame la dirección, tendré que hacerte una visita, esos caballeros están jugando sucio y por lo que escucho me quitarán a mi esposa. Los dos no dejaban de reír por las ocurrencias de la conversación que ambos ya daban por hecho.
Llegaron a la casa donde Rosemary ya tenía lista la cena, invitaban a Candy, esta confirmaba que en un rato más vendría su hermano por ella, pues hoy salía más tarde, le había avisado que estaría con Rose y Andrea. Albert pasaba la cena evidenciando su estado de ánimo. Rose al verlo sonreír luego de que tenía tiempo sin ver a Candy, notaba la diferencia en su mirar para con ella, ambos con su conversación se olvidaban del mundo que los rodeaba.
Ya pasada las horas, por fin se despedían, Jim pasaba por ella para llevarla a la casa junto a Andy pues pronto sería su graduación, quería que su madre asistiera a su fiesta, más estaba dicho que Tom y Rocío no vendrían porque su cuñada se encontraba embarazada y no quería correr riesgos.
Una tarde a Candy ya le faltaba un poco para salir de la guardería, Albert fue por ella y la invitaba a comer antes de irse a su segundo trabajo, la maestra Kimberly que admiraba a los galanes de la rubia, emocionada los despedía pues sabía que ese hombre era el prometido de Candy, suspiraba por no encontrar uno igual de hermoso para ella.
En el restaurant, no faltaban quienes los reconocieran, Albert solicitaba un privado para que no los molestaran, ellos de inmediato eran atendidos, a lo que ella se sentía halagada por ese elegante lugar,
-Albert me harás creer eso de que soy una modelo importante, ahora falta que me pidan autógrafos cuando solo soy una enfermera. Para él era mucho más que una modelo, era alguien que se había ido metiendo en sus pensamientos desde el inicio y se había quedado dentro sin posibilidad de salir,
-Ten por seguro que no menos importante Candy, eres mucho mejor que una modelo, tengo rivales muy interesantes, créeme voy perdiendo en las estadísticas a mi esposa en ese asilo y a mi prometida en la guardería, ambos sonreían por lo que se decían en son de broma. Salieron de comer para llevarla al asilo, desde los jardines eran observados, a lo que el rubio aprovechaba eso acercándose a ella,
-Candy, ¿podrás pedir permiso para presentarme a tus pretendientes?
- ¡oh Albert! ¿qué pretendes hacer? espérame un momento avisaré para que te dejen entrar. Después de unos minutos la acompañaba por los jardines, los caballeros lo veían con cierta mirada de insistencia, uno de ellos se acomodaba los lentes, luego lo saludaban.
-Buenas tardes, mi esposa desea que conozca a tan finos caballeros que hacen tan grata su estancia en este lugar, ya no desea irse temprano, dice que la pasa muy bien con ustedes, ¿pueden creerlo? Uno de los hombres que sostenía un bastón se recargaba en este y respondía,
-Hijo eso es verdad, es maravillosa, pero mira que nunca nos ha dicho tu nombre, sabe que tenemos influencias en el medio para conseguirte un mejor empleo y la saques de trabajar, pero mejor no, sigue ganando poco, para que ella no se vaya de nuestro lado. Albert se reía por lo que le estaban diciendo, pues recordaba las respuestas tan habilidosas que había comentado Candy con él,
-Aunque ganará millones, Candy no desea abandonar a sus amigos, ella los aprecia mucho ¿no es así, mi amor? Candy se ponía ruborizada, por dirigirse a ella tan cariñosamente frente a ellos, por lo que tenía que responder,
-Así es mi vida. Albert ahora se salía con la suya al haberle dicho que era su esposa. Así que se ruborizará para él, era un logro hermoso. El doctor con una mirada penetrante, entre cerrando sus ojos, comentaba,
-Pero cuál es su nombre porque ella nos dijo que aquí usa su apellido de soltera, para que no sepamos quien es su marido. El rubio supo entonces que Candy lo estaba protegiendo, para que no lo echaran de cabeza,
-Pues solo ella puede decir mi nombre, para que no vayan a quitarme el empleo que tengo, y hagan que mi esposa trabaje tiempo extra todo el tiempo y me la quiten hasta por las noches. El productor de cine que no terminaba de tragarse la escena montada agregaba,
-Candy si no me equivoco tu esposo es William Andrew, conocí a tu suegro hace muchos años, hija, no creo que debas seguir trabajando, pero ahora que lo escucho veo que realmente nos aprecias, pues esto me comprueba que no necesitas el trabajo y realmente nos quieres venir a atender, eres maravillosa, mejor que cualquier actriz que haya conocido, le daba un beso a la mano de Candy, al quedarse asombrada por como este lo había reconocido con tal facilidad.
Albert estaba feliz, ahora sabía que no le podían quitar a su esposa, se sonreía satisfecho dejando sin palabras a los rivales de amores, posteriormente se despedía y ella lo acompañaba hasta la salida. Más al irse Albert los vio a la distancia, por lo que atraía a la rubia, acercándola a su rostro,
-Candy, te molesto si te acercas a mí para despedirte.
-Claro que no Albert, ella se acercaba para darle un beso en la mejilla, se había divertido mucho y despedirse de él era lo que le gustaría a ella también, sin embargo, el muy listo cubrió su cara con su mano, la otra la abrazo en su cintura, fingiendo un beso cuando ambos solo se sonreían, ella de inmediato lo entendió, coloco sus manos en el cuello de Albert, le acarició el rostro y en esos instantes el recordó como esa caricia la había soñado tantas ocasiones, anhelado que fuera real, por lo que hizo lo mismo, al estar tocando su carita con su mano le acaricio las mejillas, para luego despedirse diciendo,
-Estoy libre, ¿deseas que venga por ti?… te llevaría a tu casa, mañana estaré camino a Costa Rica y regresaré en unas semanas,
-Sería bueno hoy voy a ver a Andrea porque de nuevo mi hermano saldrá tarde por exámenes.
-Pasare por ti a las seis, cuídate, le daba un beso en la mejilla, ambos se tomaban las manos y se separaban.
Albert fue por ella, esta vez junto con Andrea, antes de tiempo pasaron a la recepción. La señorita los pasaba al haber espacio de visitantes,
-Pueden pasar están en el pabellón de visitas, ella ya se está despidiendo de sus pacientes, en un momento se puede ir con ustedes, Albert tomo a Andrea y fue al pabellón que le indicaron, donde estaban muchas personas. quienes dejaron lo que hacían por ver a la niña. Andrea saludaba a todos como le habían educado, ella la abrazaba de manera efusiva a las damas que ahí se encontraba y le sonreían,
-Que linda eres te pareces a tu padre pequeña, ella solo sonreía. Albert aprovechaba diciéndole al oído, que todos creían que Candy y él, eran sus padres Andrea, - Por favor no digas nada porque no queremos hacerlos sentir mal. Ella con una sonrisa de picardía preguntaba,
- ¿Es como en un cuento Tío? este asintió con la cabeza, la niña busco a Candy, en cuanto la localizaba alzaba la voz diciendo,
- ¡Mami!, ¡ya llegamos por ti, mamita!
Todos giraban a ver a la niña y a la enfermera que era abrazada por Andrea, ella se sonreía por lo que estaban haciendo Albert y como Andrea se había prestado a jugar esa broma, le daba un beso, respondiendo,
-Ya voy mi amor, en un momento salgo, espérame un poquito más y nos vamos. Motivo suficiente para que se acercaran a la niña, acariciándole el rostro por lo bonita que era,
-Tienes una mami muy hermosa pequeña. Después se despidió tomando la mano de Candy, diciéndoles adiós a todos, mientras que Albert la abrazó para salir del pabellón. Al final salían riendo por la mentira que habían dicho, para posteriormente subir al auto. El rubio la felicitaba,
-Andrea fue muy buena tu actuación, ahora te invitaremos un helado. Candy no dejaba de reír por la ocurrencia que a ella también la habían sorprendido. Pasaron por los helados, después a dejar a Candy a su casa. Andrea no se quería ir, aseguraba que quería vivir con Candy. Albert le respondía,
-Andrea también quiero vivir con ella, pero todavía no es mi esposa, así que nos esperaremos para que Candy se vaya a vivir con nosotros, ¿te parece, bien? Se despedía de la rubia no sin antes decirle al oído,
- Candy ¿quieres ser mi novia? Luego se iba sin recibir respuesta, sabía que él regresaría en unas semanas, ahora podría pensar su petición.
La rubia analizaba que lo había hecho con la intención de que pensara bien su respuesta, se sentía en parte emocionada, pues todo a la fecha eran solo bromas, así que ser realmente su novia cuando eran tan buenos amigos, quizás para otros ya eran mucho más, sin embargo, le gustaba la idea por compartir con Albert el tiempo libre del que disponían, imaginar en formar una familia, luego meditaba al pensar en Andrea y Rose, que se llevaba bien con ellas, eran parte de la familia de Albert, habían convivido muy cerca, recordaba aquella ocasión en que la llevó dentro del mar, de cómo se sintió en sus brazos a pesar de estar lastimada, a su lado olvidaba todo lo que le dolía.
Continuará...
Gracias por continuar comentando en cada capítulo, cada historia que continuemos dependerá de los comentarios que reciba para seguirla continuando.
Agradecida también por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alternativa, en parte o completa ninguno de estos.
Con sincero aprecio,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
