Harry se despertó semanas después dentro de la Madriguera. Ahora dormía en el cuarto de los gemelos junto a sus dos chicas. Miró a los lados y pudo todavía oler el almizcle que despedían las nalgas de Susan. Tras una noche en la que toda su frustración se había ventilado, había conseguido dormir fantásticamente. No podía decir lo mismo de ambas chicas.

Habían recibido la peor parte pero sus berridos ciertamente habían provocado suficiente ruido como para que alguien mandase un encantamiento silencio a su habitación. Los únicos restos ahora mismo eran las sábanas movidas y sudadas, el semen seco rodeando la vulva de la pelirroja y los mechones sueltos caídos por la follada. La bruja dormía plácidamente mientras su trasero aún estaba apoyado sobre la pierna y el pene flácido de Harry. Daphne por el contrario dormía para el otro lado, producto de la manera en la que la había follado. Sus pies rozaban su rostro e incluso pataleaba en sueños pero no importaba nada.

Su miembro subió en intensidad al pensar en esto e incluso estuvo tentado de saciarse con alguna de las brujas pero antes de que pudiese hacer nada escuchó la voz jocosa de Moody chillando desde la planta baja—¡Más vale que os despertéis ya! También va por tus chochos Potter…da igual que no puedan sostenerse en pie…

—Mierda—masculló el chico mientras despertaba a ambas chicas que ya habían aprendido a compartir perfectamente. Las despertó a ambas diciendo que tenían que ir para abajo lo más pronto posible. Tras una ducha conjunta en la que Harry recibió algo más que caricias, todos bajaron a la planta baja donde Ojoloco sonreía mientras admiraba lo que había frente a ellos.

Fleur, Tonks y Molly trabajaban mágicamente para agrandar la forma de una túnica tosca negra. Similar a la de los mortífagos. Harry se fijó y comprobó que era la misma tela. Las tres mujeres intentaban mantenerla de las mismas proporciones mientras Alastor daba ordenes vanas.

—¿Dónde habéis sacado eso? —dijo el chico temeroso de saberlo. Todos habían estado planificando la boda de Fleur por lo que estos detalles tan solo los sabía Ojoloco, algo en lo que muchos no estaban muy de acuerdo.

Sentado en una silla, Sirius dijo—Las túnicas de Bella siguen en Grimmauld Place…tenía dieciocho años o así…—miró la túnica y dijo—La estamos intentando mantener limpia y crecerla para que se adecue al cuerpo de ahora…

Daphne murmuró y dijo—¿Quién va a ser la elegida para la misión imposible? —bostezó.

Una mano se levantó tras toda la multitud. Amelia Bones miraba a todos con una sonrisa algo amarga—Necesitamos toda la ayuda posible y también algo para controlar a este…—secundó mirando a Sirius—Además somos las más parecidas…la transformación durará unos minutos más…

—Han demostrado que pueden enfrentar a Bellatrix sin problemas—sugirió Ojoloco aunque ninguno estaba demasiado seguro de esa decisión.

—No sé si sacrificar a la ministra de magia en una misión tan peligrosa es lo más sabio—sugirió Daphne tranquilamente mientras agarraba una taza de té—Sí todo sale bien…como pensáis destruir la copa…

Amelia observó a Sirius detenidamente. El hombre parecía tranquilo mientras murmuraba—Sugerí quemar todo lo que había con fuego demonio…pero no estuvieron de acuerdo con mi idea.

Todos riñeron al hombre que parecía tomárselo en broma. Definitivamente no era buena idea incendiar un banco con una maldición capaz de descontrolarse con facilidad. Más aún cuando allí dentro se encontraba toda la riqueza del mundo mágico. Harry intercedió diciendo.

—Colmillos de basilisco. Destruí el diario con veneno…apuñalé el diario—eso hizo que Ginny temblase brevemente—Eso puede destruirlo y hay en Hogwarts…bajo tierra. Slughorn podría enviarnos algunos rápidamente…

—Escribidle—ordenó la bruja mientras comenzaba a idear el plan junto a Alastor. La orden se prepararía para sembrar pelea en las afueras del banco por si algo ocurría. Eso garantizaría tiempo para que los dos pudiesen entrar en la cámara y destruir o robar el horrocrux. Voldemort aún no sospechaba que iban tras sus trozos de alma por lo que no se esperaba una fuerza de ataque considerable. Los mortífagos vigilarían los callejones pero no en gran cantidad.

Las horas pasaron en la Madriguera. Harry, Ron y Sirius bebían whiskey en grandes cantidades mientras las chicas ayudaban en la confección de la ropa y túnica de mortífago. La tensión era evidente. No contaban con Dumbledore para ayudarlos esta vez. Hasta bien entrada la noche no llegó el paquete de Hogwarts cargado con varios colmillos. Slughorn había conseguido abrir un boquete en las puertas para evitar hablar en parsel y así había agarrado todo lo que había podido.

A la tarde, todos observaron cómo Moody sonreía ante la visión de la bruja pelirroja vestida de la misma forma que Bellatrix. El típico corsé parecía a punto de estallar por el gran tamaño de las mamas de Amelia. Sirius se ajustó el pantalón mientras murmuraba para sí mismo, intentando contenerse.

—Una advertencia querida…no sabe bien—le instó mientras le tendía un frasco de un líquido que desprendía humo gris. Amelia tragó un poco y su cuerpo comenzó a mutar poco a poco hasta ser una copia de Bellatrix. —No me digas—espetó la mujer mientras se miraba al espejo y observaba su rostro cambiado y todo su cuerpo ajustándose perfectamente a la ropa.

—Habría que darte un dobladillo en la túnica—dijo Molly mientras comenzaba a coser mágicamente. Sirius rápidamente hizo varios movimientos con su varita convirtiendo su rostro en el rostro de Rodolphus. Lo hizo en base a sus recuerdos, por lo que las señales de Azkaban habían sido menguadas.

—¿Nos podemos ir? —cuestionó la bruja escondiendo el colmillo en un bolsillo extensible—Esto no durará mucho…

El auror gruñó—Compórtate como Bellatrix estúpida…Sirius más te vale enseñarle…—el hombre asintió mientras se desaparecía en dirección al Callejón Diagon. Amelia hizo lo mismo dándole un pequeño beso a Susan quien se mordía las uñas con nerviosismo.

—Espero que vuelva—dijo la chica mientras Harry asentía—Yo también…espero que regresen…