Sirius esperó a Amelia dentro de la trastienda de Sortilegios Weasley. Desde allí caminaron brevemente por el callejón. Dos capuchas hacían que la gente no viese de quien se trataban. A pesar de todo, ambos sospechaban que el cuerpo de aurores era demasiado ineficiente. Los mortífagos se paseaban por los callejones y nadie se atrevía a arrestarlos, por lo que tampoco temían por la seguridad.

Atravesaron las puertas de Gringotts contemplaron todo el esplendor que el banco tenía. Las columnas de mármol, lámparas y candelabros de oro, e incluso una bóveda pintada al estilo renacentista. A los lados, varios duendes atendían a sus clientes o charlaban entre sí. Se quitaron la capucha y todos inmediatamente cesaron las actividades para observarlos con cautela.

Con soberbia y caminando como si tuviese un pie ortopédico, Amelia se aventuró a la ventanilla principal. El duende la observó fijamente antes de decir respetuosamente—Señora Lestrange… ¿Viene por algo?

—Quisiera entrar en mí cámara…

—¿Cuál de ellas? —deslizó el duende con cautela—Sabe que no podemos darle acceso a la cámara de su marido…Pero por una módica comisión…podríamos hacer la vista gorda—Amelia se mordió el labio con algo de furia. Debió de suponer que esas criaturas usureras estaban financiando también a los presos.

—Ambas—espetó desinteresada. El elfo dijo—¿Tiene la llave? ¿O su varita? —Sirius se fijó en cómo dos policías se acercaban a ellos varita en mano. El banco tenía contratado guardias humanos aunque Sirius reconoció a ese hombre como Travers. Un mortífago vigilaba el banco permanentemente.

Amelia se relajó aunque estaba nerviosa—¿Tienes la llave Rodolphus? —Sirius observó brevemente a la mujer antes de declarar—¿Me lo estás diciendo a mí? —el nerviosismo cobró sentido.

—¡Pues claro que te lo digo a ti, zopenco endogámico! ¡Después se quejan de los Black! ¡Si el Señor Oscuro no te necesitase te colgaría de las agujas del Big Ben! —la furia fue palpable por lo que Sirius bajando la mirada ante su esposa dijo.

—La llave está en casa…los aurores la tienen vigilada cariño…

—Crucio—la maldición dio una sacudida de dolor al hombre e hizo que todos mirasen a Amelia con temor. La mujer relajó la maldición y dijo con algo de enfado—¿Será necesaria la identificación?

El duende no se dejó amedrentar y dijo—Son las políticas del banco Señora…sin llave o sin varita no se accede…

Sirius gruñó, levantó su varita y dijo—Lo hablaremos con tu sucesor criatura…Reducto—la maldición explotó la cabeza del duende salpicando el asiento de sangre y sesos. Amelia frunció el ceño y mirando a un elfo dijo—¿Será necesario?

—No. No. Señora Lestrange…—ambos fueron conducidos por un duende a uno de los carros por donde se deslizaron hasta las profundas cavernas subterráneas que conformaban el banco. Iban tranquilamente hasta que una alarma comenzó a sonar y curiosamente la poción multijugos se desvaneció al igual que los encantos desilusionadores de Sirius. El elfo al ver de quien se trataba se frotó los ojos y dijo.

—La ministra de magia robando en Gringotts…la alarma. Den la alarma a los titulares del banco—gritó con fuerza hasta que Sirius sacó la varita—Silencio—el duende fue callado y rápidamente arrojado por la borda. La pobre criatura murió del choque contra las paredes rocosas.

Amelia observó aquello. Estaban parados en mitad de la nada, suspendidos en una vía de ferrocarril y sin oportunidad de moverse. Miró a todos lados pero claramente desconocía donde se encontraban o donde estaban las bóvedas de alta seguridad. Miró a Sirius y este murmuró con pesar.

—La perdición del ladrón. Deshace cualquier tipo de engaño. Los sangre pura pactaron eso con Gringotts para proteger las bóvedas más profundas de cualquier asalto…

—¿Estamos atrapados hasta que vengan y nos liquiden? Los duendes no son respetuosos con sus ladrones y cuando detecten esto…avisaran a los titulares de la bóveda—suspiró de preocupación—Podría acudir incluso Voldemort en persona…estamos atrapados…—la desesperanza corrió hasta que Sirius ocupando el lugar del piloto murmuró—No debe ser diferente a una moto muggle o si no podemos usar la forma mágica—miró el suelo que no se distinguía.

—Usa la forma muggle…quiero pisar tierra—le advirtió la mujer—Bajemos al punto más bajo…los Lestrange tienen dinero y los Black también…deben estar muy protegidas.

—A sus órdenes Señora—indicó Sirius mientras conducía sin sutileza el motocarro del duende. En pocos minutos llegaron a la planta baja donde se extendía una gran cavidad de la que salían enormes pasillos que se perdían en el horizonte. No sabían por dónde tirar, estaban atrapados en este hormiguero.

Mientras andaban, Amelia murmuró—No debimos matar a ese duende…Se suele necesitar que pongan la mano en la puerta. Recuerdo que mi padre lo hacía…cuando teníamos más dinero antes de que lo matasen…

Sirius maldijo y dijo—Mataré a otro luego...habrá más por aquí…parecen termitas—dijo con desagrado.

—No hay mucha diferencia entre tú y Bellatrix en cuestión de igualdad entre criaturas—espetó la bruja. Sirius añadió—Eso no son criaturas…solo quieren oro. Se aprovechan de su seguridad para estafarnos…

—Claro Claro…

Ambos adultos se fueron adentrando en las cavernas de Gringotts. Sabían que tenían que llegar rápidamente al lugar. Antes de que posibles defensas se activasen o que los mortífagos viniesen a buscarlos. Navegando en las cuevas, Sirius añadió—Deberías tomarte la poción multijugos…por si acaso—señaló un duende que estaba vigilando las profundidades. La mujer se ocultó entre las sombras preparándose mientras Sirius sin ningún tipo de modestia gritó—Eh tú…—el duende lo miró e inmediatamente recibió un conjuro que lo incapacitó.

—Y pensar que esta gente nos ganó guerras hace siglos—el desprecio en la voz hizo que Amelia riese de una forma similar a Bellatrix. El cambio físico de sus cuerdas vocales hizo que incluso Sirius retrocediese asustado.

—Quizás aun te dejen entrar en los mortífagos…Imperio—la maldición hizo que el duende recobrase el conocimiento. Poseído, los guio a través de las cámaras hasta llegar a las cámaras de alta seguridad. Sirius observó los nombres y fueron dirigidos a la cámara indicada.

El lugar era un extenso pórtico circular decorado con columnas de mármol. Entre cada par de soportes había una puerta metálica que era la entrada de alguna cámara importante. En el centro se encontraba un dragón blanco encadenado al suelo. Sirius observó eso e hizo una mueca de dolor ante la imagen de ese pobre bicho encadenado y ciego.

Caminaron cerca intentando que el dragón no los oliese o escuchase. Tras unos momentos el duende puso la mano y ambos entraron en la bóveda de dote matrimonial de Bellatrix que se encontraba cerca de la de los Lestrange. Observaron todo detalladamente. Sirius al ver la riqueza dijo.

—¿Necesitas algunos galeones? —señaló la inmensa pila de galeones que había allí llenos de polvo—No es delito robar a una delincuente…—se justificó en eso mientras metía un fajo en sus bolsillos.

—No vinimos a por fondos, idiota… ¿Cómo era esa copa?

Sirius se tocó el cabello, peinándose sus rizos grises antes de murmurar—No lo dijo…Una copa…entregada por Voldemort. No puede haber muchas copas que se ajusten a esa descripción…—Amelia señaló una inmensa vitrina donde había multitud de copas y vasos de diferentes materiales.

—Y a mí no me dieron ni la vajilla cuando me mude a la casa de tío Alphard—contestó Sirius riéndose—Comencemos a examinar—un conjuro derritió el metal y vidrio de las copas. Ninguna era la que buscaban. Según Harry debía ser imposible destruirla por medios mágicos.

Ambos peinaron el corredor repleto de monedas y artilugios de oro y plata. No parecía que en ningún lado hubiese una copa irrompible. Miraron por todos lados hasta que en un descuido un cuenco se cayó al suelo y comenzó a multiplicarse. Al mismo tiempo que eso ocurría, la temperatura de los objetos comenzó a crecer quemando a todos. Sirius rápidamente sonrió para sí mismo.

—Así se volvieron ricos los Black…—sonrió al ver cómo los objetos metálicos se duplicaban en copias similares pero de menos valor. Era una forma válida de volverse rico antes de que el maleficio de duplicación fuese conocido por todos. Quedarían aplastados dentro de poco por lo que hábilmente quitaron el conjuro y disminuyeron los efectos de las maldiciones. Tras revisar todo el lugar, Amelia bufó.

—Quizás se equivocaron y esto ha sido una tontería. Voldemort no tiene una cámara… ¿Por qué escondería algo aquí? Ni siquiera posee nada material ni tiene lazos con familias de pura sangre.

Una voz quejumbrosa hizo que los dos parasen de buscar. En la puerta de entrada, Rodolphus y Rabastan observaban eso tranquilamente. Fumaban un puro y escupían el humo al aire sin preocuparse por el dragón que había unos metros más lejos. Rabastan observó el disfraz y dijo con entusiasmo.

—Venir a robar no es de buena educación…—suspiró dando una calada—Aunque el disfraz es bueno…Se parece a ti y a tu esposa, hermano…

—Sí—indicó fríamente Rodolphus—En mis años mozos antes de…—tembló al igual que Rabastan y Sirius. Azkaban dejaba huellas mentales severas en todos los residentes.

Sirius sonrió—¿No va venido Bella? La echábamos de menos…

—Con nosotros será suficiente…—un conjuro voló pero chocó con la chatarra provocando que se multiplicase de nuevo sin cesar. Eso interrumpía los movimientos y provocaba que todo fuese más engorroso.

Sirius observó a Amelia por el rabillo del ojo y le dijo—Busca tú…yo me encargó de estos dos…Hazlo—le chilló provocando que obedeciese mientras él sacaba su varita y comenzaba un duelo con los Lestrange. La destreza de Sirius se vio mermada por la extensión pero el mago desvió un conjuro y comenzó a lanzar metal contra los dos hermanos.

La marca de quemadura y los porrazos hicieron que ambos lanzasen un escudo que desintegró todo lo metálico convirtiéndolo en óxido. Atravesó toda la bóveda provocando que salvo el oro, todo lo demás se oxidase en polvo rojizo. Sirius sonrió, su plan había funcionado. Libre, comenzó el duelo de verdad

—¿Te han dejado hacer esto hoy Sirius? ¿Qué fue de tu ahijado? ¿Lo asustamos en el Ministerio? —rugió Rodolphus sonriendo mientras lanzaba maleficios intentando acertar al hombre que poco a poco comenzaba a abandonar la bóveda para tener un campo de duelo mejor.

—Más quisieras Lestrange…—otro hechizo hizo que ambos retrocediesen hasta que asustados se vieron demasiado cerca del ladrón. Ahora tenían mucho más espacio pero la bestia rugía y escupía llamas entorpeciendo a los duelistas. Sirius sonrió—Deprimo.

El terreno se vio sometido a flexión y ahora él tenía el terreno elevado. La pelea se volvió más pareja. Sirius sobrepasó a ambos rápidamente aunque el cansancio comenzaba a cobrar efecto. Una maldición lo hirió en la pierna produciendo una marca morada que se extendía por su carne.

—Depulso—la maldición golpeó a Rabastan contra una columna provocando que perdiese el conocimiento. Rodolphus intentó asesinar a Sirius pero se refugió tras el dragón que recibió impactos sin sentirlos. Su piel era demasiado fuerte y al estar ciego tampoco se podía explotar la maldición de conjuntivitis. Sonriendo, el animago le cuestionó al mortífago.

—¿Te gustaba Cuidado de Criaturas Mágicas, Rodl? —el hombre no entendió aquello hasta que el dragón quedo suelto. La bestia furiosa pero libre comenzó a escalar derribando los techos y permitiendo que grandes rocas se precipitasen sobre el campo de duelo. Rodolphus alejó las llamas y antes de marcharse en un carromato rio por el error del hombre.

—Ahora estás atrapado Black…Está cámara será tu tumba—levitó el cuerpo de su hermano y salió en el único motocarro que permanecía estacionado. Mientras tanto cientos de duendes y de policías intentaban frenar al dragón que permanecía unas plantas por encima e intentaba subir a la libertad. La bestia era un buen obstáculo pero necesitarían más. Pronto más mortífagos vendrían a pelear y Sirius ya se encontraba lastimado.

Volvió a la cámara y vio que Amelia sostenía en la mano una copa con el emblema del tejón. Debía ser esa. Con todo el metal destruido había sido más fácil localizar el horrocrux. Sosteniéndolo entre sus manos, dijo—¿Cómo salimos?

—Buena pregunta—indicó Sirius—¿Tienes un mapa de las cavernas de Londres? —ante la negativa de la mujer, afirmó—Pues entonces montaremos en dragón…Mi Lady…—animó a la bruja a caminar para que viese la destrucción del área así como el dragón que actualmente estaba rodeado de hechizos y flechas y se refugiaba entre rocas mientras lanzaba fuego.

—Lo están acribillando—dijo Amelia con frustración. —Sí. Pobre bicho—Sirius movió su varita e incrementó las llamas matando a varios duendes—Echémosle una ayudita…—ambos comenzaron a apuntar a los policías y duendes despejando el camino para que la bestia pudiese moverse con facilidad.

—Accio—el conjuro hizo retroceder al dragón al punto de partida donde de nuevo fue acribillado. Gringotts tenía bastantes sirvientes y trabajadores. Los suficientes como para contener a una bestia de semejante calibre. Los aturdidores comenzaban a menguar las fuerzas del dragón. Algo atontado permaneció pasivo mientras le lanzaban redes de metal para volver a encadenarlo allí.

Sirius se refugió tras una columna para que nadie los viese. Mientras observaban como la bestia era de nuevo encadenada, dijo—Bueno…ahora solo tenemos que volver a soltarlo cuando estén más distraídos…Fácil…Y decían que Gringotts era el lugar más seguro tras Hogwarts…cuanto mito urbano—rió mientras veía a Amelia que sujetaba la copa con seguridad. Tenía el ceño fruncido mientras sujetaba esa reliquia.

—Solo tenemos que salir—dijo Amelia con algo de esperanza. De momento no había salido tan mal. Solo debían aguantar hasta que Voldemort consiguiese asesinar a todos los duendes de las plantas superiores y bajar. Los Lestrange ya lo habrían avisado, tan solo era cuestión de tiempo.

—¿Por qué querríais salir de vuestra tumba? ¡A quien no le gustaría tener una mausoleo en lo profundo de Gringotts! —la voz de Bellatrix descendiendo desde las alturas los hizo retroceder—Piénsenlo…terminar vuestra vida en la cámara familias. Embalsamados, como los egipcios. El Lord de la noble casa de Black y su putita…que tiene que metamorfosearse para tener algo de glamour—la bruja había caído lejos de ellos pero se aproximaba canturreando—En vista de que mi esposo y cuñado son tan inútiles que no pudieron vencerte…el Señor Oscuro me ha ordenado personalmente daros muerte mientras él rellena unos formularios arriba—la mirada de Bellatrix congeló a los dos—Nada personal. Avada Kedavra…

Ambos esquivaron la maldición y comprobaron que la bruja los miraba con más repulsión de la debida—Pensé que con la muerte del viejo simpático, vuestra disidencia acabaría. Pero por lo que veo no…Encima robando cosas ajenas…—miró la copa y dijo—¿Tan necesitada estás de reliquias que tienes que robar una copa con el emblema de tu casa? ¿Un regalo que me hizo el mismísimo Lord Voldemort antes de contraer matrimonio con el payaso ese? —destacó aburrida—Sois lo peor sin duda…

Ambos la atacaron pero la bruja los repelió directamente con su varita. Parecía divertida por la situación mientras observaba la copa en las manos de Amelia. Devolvió la mirada a Sirius y sonrió mientras decía—¿Buscando mis bragas en mi bóveda de novicia? —Amelia la hechizó pero la bruja rápidamente lo desvió para que golpease al dragón—Dime querida… ¿Por qué es tan importante esa copa?

—¿No lo sabes tú? Reducto.

Ambas compartieron un breve duelo mientras Sirius reía al ver a dos hembras iguales peleándose. La bruja se quedó apoyada en una columna y dijo—¿A parte de ser un hermoso regalo de Lord Voldemort? ¿La copa de Helga esconde algún secreto Amelia? —quiso saber curiosa mientras esquivaba unos hechizos que iban a por ella. Nadie le contestó por lo que ella dando una pirueta para esquivar maleficios blandió su arma y dijo—No te preocupes querida…Accio copa—la copa voló pero Amelia no la soltó en ningún momento. Ambas quedaron sosteniendo la copa por una asa, peleando entre ellas.

Sirius corrió a ayudarlas pero comprobó que Amelia había recibido una puñalada en el estómago. La sangre salpicó la copa mientras la bruja caía a un lado. Bella sonrió mientras agarraba la copa y bebía las gotas de sangre que habían caído.

—A Cissy le vendría bien mezclar tu sangre con su vino…igual vendería más—Sirius la atacó con una rayo de luz roja pero se desvaneció al golpear la copa. En ese momento los ojos de los tres se fijaron en que un humo negro salía de la copa y los envolvía a los tres.

Vi tú corazón Amelia Bones…Recuérdalo…Recuerda tu odio hacia ellos dos. Matalos. Sabes el conjuro. Todos tus problemas por estas personas. Matalos. Ellos jugaron contigo en la misma cama en donde te acostabas…Azkaban no fue suficiente para ninguno. Escaparon y volvieron a jugártela…

Todos fueron teletransportados a una memoria peculiar. Sirius Black visiblemente más joven estaba fumando en un piso. El lugar parecía desordenado e incluso sucio. El brujo escuchaba música dura mientras jugaba con su varita y miraba ambas fotos sonriendo. Una con otros tres chicos, otra con un niño pequeño y una final con una chica pelirroja tetona. Cerró los ojos mientras vagueaba hasta que escuchó un peculiar timbre en su casa.

Se levantó y dejó el tabaco riéndose—¡Colagusano te di la llave para algo! No necesitas llamar cada día pedazo de imbécil…—fue a abrir la puerta y se quedó tieso mientras observaba a la chica que había frente a él. Parecía llorosa mientras lo miraba.

Sirius la observó lentamente mientras agarraba la varita por precaución—Bella eres consciente de que Amelia puede venir en cualquier momento…—suspiró y dijo—Y eres una criminal buscada por los aurores. Si Ojoloco se entera de esto me mata…

La bruja lloraba a mares y se lanzó directamente a por él. Tras darle un beso le dijo—Ya nada importa Siri…Además tú nunca lo harías verdad…No lo hiciste con Potter aquel día… ¿lo harías ahora? ¿Le harás caso a tu…—no sabía cómo calificarla. Con los labios cercanos, dijo—amante…? No soy peligrosa Siri…

El hombre la besó brevemente—Eso es discutible—no supo que decir mientras la bruja palpaba su entrepierna con deseo—Has intentado matarme durante unos cuantos años…

Bella suspiró mientras intentaba respirar más hondo entre llantos para que sus pechos subiesen más. Luego dijo—Fueron solo encantamientos destructores de costillas…Snape te habría descuartizado si no te hubiese dejado inconsciente…Vamos a la cama…Bones no puede hacer ni la mitad que yo…Sus pechos evitan que sea…elástica—advirtió la bruja mordiéndose el labio con deseo.

Sirius sonrió y la agarró rápidamente de la cadera para llevarla a una cama. La bruja abrió sus piernas y el chico rápidamente se comenzó a bajar los pantalones. No hacía falta tontos preparativos para esto, esto era duro. Era una de las cosas que siempre deseaba hacer. Le gustaba esto. Bella sonrió aunque sus ojos permanecían distantes.

—Lo siento Rodolphus…

Sirius miró una foto y tirándola al suelo dijo—Lo siento Amelia—tras eso se tiró encima de ella y comenzó a besarla a la vez que sus manos intentaban sacarle los pechos del corsé oscuro que llevaba.

Mientras sus manos luchaban con las cuerdas de esa prenda de vestir, sus labios se juntaron salvajemente. Los cabellos rizados de la bruja formaron un moño que fue usado por él para asirla y obligarla a mostrar su yugular. Algo sometida, Sirius procedió a lamerle el cuello despertando algún jadeo breve. Ella clavó las uñas en la espalda del hombre mientras ambos se divertían. Sirius se concentró en quitarse la parte inferior para poder dejar su polla lista. La bruja rápidamente comenzó a mover su cadera contra la verga tiesa del hombre. No había penetración pero al menos la sensación ya era placentera. Se podía notar hasta algo de la humedad. Con los pechos ya fuera, dejó de lamer su cuello y besar sus labios para centrarse en algo más jugoso.

—¿Quién folla a quién? —cuestionó el chico dándose cuenta de que la bruja movía las caderas con más determinación que él cuando follaba. El salvajismo de ambos los hacía bastante compatibles en la cama.

—Eso me preguntó yo—giró sus piernas para cambiarse de posición. Ahora estaba totalmente encima de él y su pene ya palpaba directamente. Sirius dio un azote a su trasero y rápidamente agarró un pecho con fuerza. Tras eso, lo insertó en aquella vagina con determinación despertando algún gemido por su dureza.

Los ojos de la bruja se abrieron en una mueca extraña mientras comenzaba a mover las caderas con fiereza. Sirius sonrió mientras golpeaba rítmicamente un pecho caído a la vez que intentaba usar sus manos para posicionar el trasero en buena posición. La mantuvo firme mientras ella se divertía cabalgando. Las manos pasaron a los muslos mientras ella lo montaba dejando caer sus pechos de manera que los ojos de Sirius se desvivieron repentinamente.

La asfixia de la bruja se hizo notable cuando perdió fuelle en sus movimientos. Sirius rápidamente rompió el corsé desvelando el abdomen y revelando toda la extensión de sus mamas que estaban algo más libres.

—Esto sí es…—gemía la bruja mientras podía montar con toda su fuerza. El mago se divirtió por las frases de la bruja mientras aguantaba todo lo que podía.

—Hazlo—le ordenó mientras le daba un un guantazo que hizo que la huella de su mano quedase marcada en el rostro de Sirius—Rellenamé…Un bebé sangre pura…Tú puedes Sirius… ¿Desde cuándo es la hembra la que da leche a su amo? —suspiró de placer y dijo—¿No lo ves antinatural? —espetó risueña mientras gozaba y abría la boca en sonoros gemidos.

Entendió la referencia. Podía ver la psicología inversa detrás de sus palabras. Le dio igual mientras apretaba las nalgas de la bruja para ensartarse profundamente y derramar todos sus fluidos dentro. Tras unos momentos, ambos se derrumbaron sobre las sábanas. Bella descabalgó el falo y luego descendió a mamar un poco el líquido restante.

Sirius se divirtió peinando sus rizos oscuros mientras ella chupaba lentamente el glande. No hubo sutileza en sus movimientos. Carecía de la finura de otras chicas. Podría asemejarse a una maquina a presión tratando de absorber todo lo posible. La observó y sin ninguna sutileza le dijo.

—No mames tanto, no hace falta—la bruja observó interrogante mientras él murmuró—En cuanto pueda vuelvo a darte lo tuya...Bonito tatuaje—indicó viendo el dibujo pálido que decoraba su antebrazo. Bella dejó de chupar momentáneamente antes de declarar riéndose.

—¿Podríamos hacérnoslo a juego? —la ilusión igual la delató ya que Sirius observó de cerca el brazo. Delineó las líneas para entender el motivo de aquel tatuaje algo pálido.

—La marca—dijo suavemente mientras miraba a la bruja que tenía saliva goteando de su rostro, además de estar desnuda y con su coño algo irritado por el roce anterior. Observó a la bruja brevemente antes de declarar—Nunca ha sido tan pálida…casi no es visible… ¿Ha sucedido algo, Bella? —comprendió porque venía tan llorosa y ajetreada.

—La marca se apagó hace unas horas…No sabía qué hacer…los aurores nos persiguen…Cissy…ella no me ayudará…Todos son unos cobardes…—declaró mordiéndose el labio.

Sirius sonrió brevemente y murmuró—¿Desapareció? ¿Ha muerto? ¿Cómo es posible…? Mierda Mierda…debo irme ya…Bella no hagas nada raro…vuelve con Cissy, sé sensata—le indicó brevemente mientras se volvía vestir rápidamente.

La puerta del dormitorio se abrió y la bruja morena abrió los ojos con miedo mientras soltaba el rabo del chico como si quemase. Observó a Amelia quien los miraba con algo de horror. La apuntó con la varita y disparó un maleficio que fue esquivado por la bruja. Se posicionó detrás de Sirius, desnuda y destilando fluidos.

—Atrás zorra o esté muere—cogió un cuchillo que llevaba entre las ropas. Sirius esperó brevemente mientras sentía el frío metal en su carótida. Amelia observó todo con algo de temor y murmuró—¿Hay más…? Eres uno de ellos Sirius…tú fuiste el que…

Bella sonrió y murmuró—Hay que tener algo más que tetas para ser auror…Crucio—la maldición partió de la varita e hizo sollozar a Amelia en el suelo—Moody no te lo enseñó todo querida…—antes de que la mujer se recompusiese, los dos habían partido. Amelia observó el desastre y llorando en el suelo, gimió de frustración.

—Los mataré a los dos. Mortífagos…