Las luces negras regresaron y cambiaron a otra imagen diferente. Nadie sabía bien de qué se trataba hasta que se escuchó una nueva voz diferente emanando del humo. Una figura fantasmal femenina emergía del humo negro pero nadie prestaba atención a eso, sino a todo lo que ocurría frente a ellos. Una sensación diferente a la de un pensadero pero extrañamente similar.

Un joven Sirius Black caminaba por el callejón Diagon que se encontraba mucho más animado que actualmente. Iba andando junto a un hombre medio anciano, que lucía un porte aristocrático. Incluso entre la multitud se podía ver que padre e hijo eran más adinerados que la mayoría. El hombre iba caminando con un bastón plateado. Sirius caminaba algo gacho siguiendo al hombre hasta un establecimiento comercial bastante caro.

—¿Padre? ¿Es necesario…? —cuestionó un joven Sirius de alrededor de dieciséis años. El hombre se paró en mitad de callejón por unos minutos, preocupado el chico cuestionó—No creo que sea prudente reunirnos en plena calle—lucía extrañado por esta decisión de su padre. Estaba planeando su fuga y no necesitaba que Walburga registrase sus pertenencias.

—¡Somos Black, estúpido! —dijo Orión riñéndole—No seremos atacados por familias que no tienen ni un tercio de nuestra sangre…Ahora camina—el hombre riñó rápidamente a su hijo mientras entraba en la tienda—Puede que seas un traidor pero al menos seguirás la tradición familiar…No como tu tío—añadió con desprecio.

Cuestionó de nuevo—¿Por qué Alphard no tuvo que hacer esto? —le desagradaba obedecer antiguas tradiciones absurdas.

Orión le miró y dijo—Podemos irnos si realmente te van esos royos…no quiero hacerle perder el tiempo a los Bones—su hijo se sonrojó hasta que su padre riéndose en una mueca extraña auguró la respuesta de su hijo—Por cómo haces que Narcissa te satisfaga o Bella te busca cada vez que te ve dudó que te vaya eso…Camina—le ordenó brevemente mientras saludaba a otro hombre algo más joven que él.

—¿Va bien la venta viejo amigo? —preguntó Orión con tranquilidad. El hombre dijo—Se hace lo que se puede. Son tiempos oscuros…y encima mis hijos…aurores—parecía algo desilusionado. Sirius escudriñó al hombre con la mirada. Frunció su ceño en decepción, esperaba que los Bones se resistiesen más al nuevo Señor Oscuro.

—Estos jóvenes no se preocupan por sus mayores—dijo el hombre mirando el lugar lleno de muebles mágicos—Antes estos colchones se vendían como varitas… ¿recuerdas? Capaces de detectar la sangre…

—Me lo dices a mí—dijo Orión suspirando—Son tiempos extraños pero no necesariamente oscuros.

—Según tengo entendido tú sobrina huyó hace unos años—Orión apretó los puños y su bastón parecía estar al borde de agrietarse—Sí. Por suerte hemos conseguido colocar a su hermana con los Lestrange y estamos negociando con la pequeña. Según Sirius me contó, los Potter están interesados en la pequeña Narcissa.

Sirius sonrió. Su padre interpretaba las cosas erróneamente. James no quería nada con su prima, tan solo era una especie de juguete sexual dispuesto. El chico disfrutaba de ese bombón para el solo, algo que Sirius incluso apreciaba. Su amigo se había vuelto más maduro desde la pelea con Quejicus por lo del sauce boxeador.

El hombre miró a Sirius fijamente y añadió—Tú debes de ser Sirius…recuerdo cuando naciste. Tus primas te arropaban…—el hombre era sumamente amable—Una decisión extraña Orión. Comprometerte con ambos lados de la próxima guerra…raro viniendo de los Blacks.

Su padre esperó y dijo—¡Cuida tus palabras viejo amigo! ¡No nos hemos vuelto dubitativos! ¡Solo hago esto por el bien de la familia! ¡Solo he negociado contigo porque esté…—golpeó con el bastón al chico—duda en cuanto a los métodos para tratar con sangre sucias asquerosos! ¡Tú hija al menos puede ofrecer un matrimonio aceptable de cara a todo el mundo!

El hombre ni siquiera pestañeó—Según tengo entendido la endogamia ha sido algo bastante común en vuestra línea directa—Sirius sonrió pensando en cómo los rostros de sus antepasados perdían forma conforme pasaba el tiempo y se mezclaban con otras familias. Lo único bueno era que la magia los volvía hermosos a costa de bajar su esperanza de vida y darles desequilibrios mentales.

—Solo cuando el heredero ha sido digno de hacerlo—declaró Orión tranquilamente—Y no es el caso… ¡Enseña lo que ofreces amigo! No tengo todo el día.

El hombre de la tienda se sentó en un mueble de madera pulida y dijo con algo de pesar—Espero que cuides a mi hija pequeño…—Sirius no supo si asentir. Sus amigos le habían aconsejado que mantuviese esa reunión, viese su posible relación y luego se fugase. Si encontraba un matrimonio estable al menos saldría ganando cuando se fuese. Así el contrato seguiría vigente y tendrían que regalarle algo de herencia además de impedir que lo desheredaran.

—Por supuesto Señor…

—Amelia querida ya puedes salir—el hombre hizo un movimiento con la mano quitando la cortina y desvelando una trastienda llena de cajas y herramientas que se movían solas. Allí, se encontraban varias personas. Salió una chica algo mayor que Sirius, vestía un uniforme rojo con la insignia de auror junios. La bruja observó a padre e hijo, hizo un asentimiento cortes y luego ambos se miraron por momentos.

Orión sonrió brevemente y dijo—Espero que puedas encauzar a este ceporro…llevó muchos años aguantando sus trastadas en Hogwarts…—luego solemnemente dijo—Y espero verte pronto portando nuestro noble apellido…

Amelia bajó los ojos con algo de ansiedad. Parecía morderse la lengua frente al hombre algo que Sirius reconoció y se rio al saber que probablemente no era el único en desacuerdo con su padre.

—Eso dependerá de la bondad de su causa, Señor Black—indicó la bruja pelirroja sonriente. El descaro hizo que Sirius tosiese—Aunque personalmente me encargaré que su hijo gasté toda su energía en cosas más interesantes. Cambiaremos su familia desde dentro…—la bruja no estaba de acuerdo con la familia Black. Sirius estuvo tentado de besarle los pies solo que tenía partes mejores para ser besadas.

—Tanto cambio no es bueno—finiquitó Orión riéndose—¿Firmamos? —la bruja asintió brevemente. Ciertamente iba en camino de ser una solterona, tenía razón. Era extraño tener más de diecisiete años y no estar casado o en relación estable, más siendo sangre pura. Estaba ansiosa.

El padre antes de firmar nada cuestionó—¿Qué te parece mi hija Sirius? —el chico levantó la mirada y se topó con unas mamas enormes aun en crecimiento. A su mente vinieron imágenes de sus polvos con Bella solo que elevado a la octava. La cantidad de cosas que podría hacer antes de siquiera meterla dentro eran inabarcables.

—¡Que tetazas! —remedió sus palabras y dijo—Sí señor. Muy guapa…—Orión firmo mientras sonreía al poder encandilar a su hijo al menos. Amelia lo miró fijamente antes de rubricar. Nadie parecía haber escuchado su frase, algo que alivió al chico.

Tras salir de la tienda, Orión susurró—Bien hecho Sirius…Hemos engañado a esos idiotas…

—¿No voy a casarme con esa? —susurró aliviado en parte. Orión le dio una colleja y dijo—Por supuesto que sí…lo que no saben es que es vinculante. No podrán romper el acuerdo…Aunque te vayas estarás atado a la casa Black y a ella por siempre…Aunque no celebréis matrimonio…ninguno de los dos podrá casarse con otros…Así siempre contaré con un heredero funcional…

Congelado de temor, cuestionó—¿Por qué haces esto enfermo?

Su padre le corrigió diciendo—Así evito que tu madre me del coñazo…Ella dice que debo maldecirte y borrarte la memoria…o torturarte por horas, es mejor así. Todavía tenemos a Regulus para las reuniones sociales…Dedicate a darnos nuevos herederos y ampliar la familia. Sangre nueva Sirius…eso es importante. Además visto como observabas su tórax no debe de ser difícil para ti…

El chico se sonrojó levemente mientras se desaparecía junto a su padre. El humo se volvió a disolver y surgió otra escena diferente en el vestíbulo de Grimmauld Place. Sirius y James sonreían a los invitados mientras cuchicheaban con dos copas cargadas de champagne francés. Ambos criticaban a cualquiera que pasaba mientras reían entre ellos…

—¿Tienes la capa? —insistió Sirius con prisas—Es la última cena que me quedo aquí.

James asintió sacando una tela plegada de su bolsillo—No sé porque tanto prisa…con lo bien que se vive por aquí—sostuvo su copa como si fuese un señorito—Si fuesen más respetuosos con sus opiniones no estaría mal.

—Es una cárcel—insistió Black con pesar—Será la última noche aquí…

Dándole un codazo, James dijo—Menudo noche has elegido…espero que Petey y Remus se lo pasen bien en sus casas—zarandeó su copa con entusiasmo—No está tan mal esto…Mucho viejo pero bueno…siempre está Cissa para aliviar el ambiente con su belleza—le guiñó el ojo a una bruja rubia que estaba conversando con otras chicas.

—¿No será con su boca? —James se sonrojó pero el chico le contestó—¿Tú no estabas obcecado con Lily? Muchos años persiguiendo a esa zorrilla pelirroja… ¿no crees? Aun estas a tiempo antes de que arreglen algo con Malfoy—su desagrado provocó risas en el chico de gafas.

Bebió el vaso para servirse otro—La madurez lleva consigo una válvula de escape Sirius…deberías saberlo—mientras movía el ojo dándole señas a Cissy—Además, lo de Lily solo es de momento en Hogwarts…No la veo moviéndose en estos círculos.

—Viva desde luego que no—indicó Sirius mientras observaba a su prometida de lejos—¿Qué opinas de lo mío?

El chico le dio una mirada de arriba abajo a Amelia Bones que charlaba lentamente con su hermano y se distanciaba de la mayoría de sangre puras reunidos en el gran salón de los Blacks. James sonrió y dijo.

—Viendo a las demás…no puedes quejarte pillín—le rascó la barbilla con gracia—¿Te la mamo? —ante la negativa dijo—¿Aun nada? Sirius ya no estás para ritmos lentos…tu padre espera herederos—rió más ante la negativa del chico—Miralo por el lado bueno…esposo y mascota a la vez. Tu esposa tiene un tres en uno…

—Cornamenta te la estás jugando…—el chico rio hasta que fue acertado por una luz azul que lo obligó a transformarse en ciervo delante de todos. Su padre y madre observaron a la criatura con miedo. James en lugar de encabritarse, ando con sumo cuidado hasta arrodillar sus astas frente a Narcissa y sus amigas. La bruja rubia, maravillada por la criatura se la quedó mirando fijamente. Ambos igualaron sus ojos y la chica se vio tentada a tocar las astas aterciopeladas.

—¡Sirius! ¡Como se te ocurre hacer eso! ¡La transformación humana es peligrosa! ¡Hacerla en un salón! —su madre comenzó una diatriba pero Sirius la ignoró mientras murmuraba—Está acostumbrado, madre…

Una de las amigas de Narcissa retrocedió asustada por la enorme cornamenta de la criatura—Narcissa sé sensata...aléjate puede ser peligroso. Ya escuchaste a McGonagall…la transformación humana mágica no garantiza la racionalidad…—declaró con temor mientras esperaba un ataque del ciervo.

Sirius rio mientras observaba como todos los invitados apuntaban temerosos al ciervo. El animal parecía sonreír al tener toda la atención e incluso se acurrucó encima de una costosa alfombra. Tan solo Narcissa observaba al animal sin miedo. Orión, harto de esto ordenó que lo destransformase. Nadie lo logró, algo que irritó más a Walburga mientras Sirius reía más aún.

—¡Como queraís! —lanzó otro destello azul que nadie supo reconocer en la sala. Daban gracias de que Dumbledore u otro profesor no viese ese hechizo y lo reconociese como tal. James regresó aunque el cambio hizo que la bruja cayese encima de él.

—¿Pensé que preferías debajo? —instó el chico sonriente mientras una enfadada rubia intentaba recomponerse y no sonrojarse por ese comentario.

La noche pasó entre bromas y bebida. Llegada la noche, la mayoría de los invitados se estaba marchando. Tan solo los más cercanos a los Black permanecían lo suficiente. A pesar de no ser algo aprobado por los Blacks ni por los Potter, James permaneció conversando con Sirius. Realmente estaba demasiado bebido como para utilizar una flu eficientemente.

—Deberías parar—aconsejó Black a su mejor amigo. James había dejado de juguetear con su pelo o atrapar su propia snitch, ni siquiera ligaba con ricas mujeres. Parecía absorto y únicamente bebía de una gran botella de whisky de fuego. La ausencia era algo que Sirius llevaba mal. Le recordaba sus años en esta casa, rodeado de familiares extremistas o sus castigos. Eso se cavaría esta noche.

—¿Por qué no me quiere? —cuestionó el chico—Ya ni siquiera está Quejicus para molestar…y no me da una oportunidad. ¿Acaso no he madurado lo suficiente? —decidió no hablar. Si bien James había dejado durante unos meses de embrujar a cualquiera o de intentar follarse a toda la casa de Ravenclaw, no había madurado realmente. Seguía siendo un idiota y Sirius podía verlo. Al menos su amigo había evitado que su broma matase a Snape.

—Quizás no sea la indicada.

—¿Hablas de ella…? —miró a un lado donde Narcissa recogía los platos obedientemente—Sería fácil Sirius…muy fácil. Pero nosotros siempre íbamos por lo arriesgado, ¿verdad? Lo fácil no tiene gracia amigo mío…

Intentando quitarle la copa, le aconsejó—A veces lo fácil es lo indicado James…Ella te…no sé si realmente te quiere o no pero…no puedes ser peor que Lucius Malfoy. Ya habéis follado e incluso le has pagado el tratamiento de recuperación del himen…—vaticinó el chico mientras daba un buche a su copa—A tú madre le encantará y…estarás a salvo.

James sonrió mirando a su amigo—¿Es por eso, Siri? —negó con la cabeza—Dos años…dos años nos quedan en el colegio…Acaso no has visto lo que hay afuera…Sirius…casas ardiendo…familias enteras arrasadas. Yo no voy a mirar para otro lado—le indicó con sabiduría—Y tampoco voy a negar lo que siento para convertirme en un amargado en vida…Lily. Lily

—Deberíamos irnos…—indicó mientras observaba la chimenea vacía. Puede que sus padres no se diesen cuenta de su fuga. James negó al decir—Sabrán que fue mi culpa…Madre te obligará a volver. Debes escapar…Búscate una excusa…—dijo el chico mientras caía redondo al suelo.

Sirius siguió con su copa mientras observaba como Narcissa venía a verle. Al verlo tirado en el suelo con una tajada impresionante. La bruja gruñó fríamente—¿Tú te llamas su amigo? ¿Cómo dejas que pase esto? —intentó cogerle en brazos pero no pudo bien del todo.

—¿Dónde lo llevas? —cuestionó Sirius al ver cómo su amigo era arrastrado hasta otra habitación por su prima. La bruja dijo—Al baño…a que vomité…Yo le meteré los dedos…—estuvo a punto de vomitar debido a la impresión que le dio. Sin embargo, James demostró algo de lucidez al decir—Se supone que soy yo el que te mete los dedos…no al revés…Lily.

—Está muy borracho—indicó la bruja.

—Claro. Claro—dejó a su amigo irse mientras él jugueteaba con su varita mientras pensaba en cómo fugarse. Observó todo y decidió irse a dormir. El ambiente ya había caído así que sus padres no se extrañarían y así tendría una coartada. Sacó una carta y la puso escondida entre varios muebles. Otra estaba en la habitación de su hermano y otra en la suya.

Mientras tanto fue a abandonar el lugar hasta que escuchó gemidos en el baño. Su madre observaba entusiasmada lo que sucedía en el baño. Sus ojos se posaron en la ilusión que la mujer despedía.

—Se ha tenido que beber media botella pero al menos ha funcionado…Observa. Así atrapa una mujer a su macho—Sirius observó cómo James sumamente mareado embestía sin siquiera saber nada de quien se encontraba a su lado. Gemía nombres confusos pero poco importaba. Narcissa tenía los ojos cerrados por la brusquedad y gemía con dureza ante tanta penetración.

Ambos follaban bajo la mirada de su madre, Walburga. Sirius no supo que hacer o decir, podía ver cómo su mejor amigo y su prima fornicaban sin ningún tipo de vergüenza. No sospechaban que nadie los estaba viendo. No comprendía que había hecho su madre. No lo entendía.

—Algo brusco pero debe de ser algo de las nuevas generaciones—cuestionó Walburga viendo como James ponía a la bruja a cuatro patas y no cesaba de embestirla. Sirius tragó saliva mientras murmuraba—Iré a dormirme, madre…disfruta de tu espectáculo pornográfico…—no sabía describir lo que había sucedido.

Su madre añadió respetuosamente—Una lástima que hayas salido tan mal…Te habríamos buscado algo mejor que una vaca…—dijo con desprecio—Ni siquiera tienes virilidad…temo que la familia acabé contigo…Niñato asqueroso. Si tan solo Orión me hubiese dejado hacerlo a mi manera…

Sirius se estremeció un poco y masculló desafiante—Al menos padre puede ver un futuro para esta familia...—le dio la espalda dispuesto a irse mientras se ajustaba la ropa. Su miembro se había levantado por los sonidos frenéticos de James.

—Insensato…Traidor…Reniego de ti…Debí haberte asesinado desde que te pusiste ese color en la túnica…Crucio. Crucio. Crucio—las maldiciones no llegaron a chocar ya que algo se interpuso entre los rayos rojos y él. Sirius suspiro de alivio al ver a Amelia detrás de su madre observando todo con una mezcla de emociones.

Walburga se retiró al no saber qué ocurriría con aquella muchacha. Lo que había hecho era ilegal pero al final se trataba de la palabra de uno contra la de otro. Ningún cargo había prosperado contra los Blacks en años. Sirius respiró algo ajetreado.

—Gracias…Te debo una…—la bruja pelirroja se peinó al cabello, más corto de lo normal para una mujer femenina. Era tan distinta a las estudiantes de Hogwarts.

La bruja se sonrojó ante los gemidos orgásmicos de Narcissa—Quizás puedas devolvérmela antes de fugarte…

Algo irritado, pero intrigado dijo—¿Cómo lo supiste? —la chica se tocó la cabeza y cerró los ojos en una mueca de concentración. Entendió que había estado usando Legeremancia en su mente borracha o simplemente lo había escuchado—¿La Señorita Bones hablando de sexo en directo? ¿Quién lo pensaría? —añadió con algo de risa.

Amelia se quedó estática de la impresión—Eres demasiado joven para tratar el sexo de una manera tan banal…aunque viendo a tu amiguito—añadió la bruja escuchando los gemidos del baño. —Y tú demasiado…—no supo decir nada más antes de murmurar—voluptuosa para seguir hablando de manera tan virginal…

La bruja seguía poniéndose rojiza—Quizás lo sea…o quizás no—eso negó la sonrisa de Sirius—En cualquier caso, querido prometido…me dedique más a mis estudios que a aprender sobre mi cuerpo.

Sirius sonrió de nuevo, la agarró de la mano llevándola rápidamente a su cuarto. Necesitaba alivio. Riéndose para sus adentros al ver el nerviosismo de la bruja mayor que él, le dijo—Tranquila…no te tomaré aquí…espera—se sumergió entre las piernas de la bruja y comenzó a comerla con devoción provocando gemidos y contracciones.

La risa de Sirius estalló en el aire—Bonitos recuerdos…verdad Amy—sonrió pero la madura pelirroja no le siguió la risa—¿De verdad piensas que un simple humo podrá conmigo Bella? Escapé de los dementores…

La mortífaga extasiada al recordar esos momentos dijo—No hice nada idiota…ha sido está—observaron a Amelia brevemente quien parecía estar conteniendo su furia. El humo negro se arremolinaba a su alrededor y comenzaba a emitir voces extrañas que comenzaba a molestar a la bruja.

La copa parecía estar intacta y había dejado de emitir ese humo aunque seguía rodeando a Amelia. Sirius observó aquello y preguntó—¿Amy? ¿Estás bien? Tenemos que salir de aquí ya…

La voz de la bruja tembló en una mezcla metálica que hizo estremecer a ambos. Los dos primos observaron cómo los ojos de la Ministra se ponían rojos y comenzaba a sonreír de forma diabólica. Amelia levantó la varita y apuntó a ambos alternativamente.

—Moriréis…—una luz morada chocó con una roca mientras Bella corría un poco para reposicionarse. Sirius esperó y dijo—¿Quiénes? —matizó el hombre a la espera. —Los dos.

—¿Por qué? —conjuró una protección para desviar una maldición. Amelia se quedó estática y dijo en voz metálica de nuevo—Tengo su corazón…ahora es mío…—la voz de Voldemort surgía del cuerpo de la bruja.

Ambos primos se observaron con una mezcla de emociones. Bella sonrió brevemente mientras lanzaba un maleficio en dirección a Sirius. Se volvió un duelo triple en el que cada uno intentaba liquidar al otro. Tan solo el padrino de Harry intentaba protegerse de Amelia y evitar cualquier cosa que pudiese hacerle daño. Solo incapacitar. Todo se tenía que acabar pronto. Sospechaba que Voldemort regresaría y sus oportunidades se irían a la mierda.

—Amy despierta—intentó racionalizar mientras se lanzaba a por ella y le agarraba los brazos evitando que lanzase ningún maleficio. La sangre del estómago de la bruja pelirroja manchó al hombre. Sirius le sostuvo la mirada, intentando entrar en la mente de la ministra. Debía de rescatarla de lo que esa copa le estaba haciendo.

—Esto no es un cuento muggle Sirius…Aquí no se soluciona con un beso—rio Bella mientras intentaba agarrar la copa a pesar de las ondas de magia oscura que despedía ese objeto. El humo negro que rodeaba a Amelia impedía que cualquiera se acercase rápidamente al objeto maldito.

—Cállate—indicó Sirius mientras usaba su fuerza para presionar a Amelia con fuerza impidiendo que el duelo siguiese. Bellatrix levantó la varita con decisión—Sirius querido…o mueres tú o muere ella… ¿Puedes elegir está vez?

—Siempre pude elegir—una maldición chocó con ambos lanzándolos contra una de las paredes rocosas. La contusión fue dolorosa pero Sirius acabó en el suelo con gran dolor. La Ministra también había recibido un buen golpe además del corte en su estómago. La mortífaga se deslizó suavemente hasta llegar a la copa de Huffelpluff.

—Interesante objeto…Lord Voldemort poseyendo a Bones…Nuestro sueño en común Siri—dijo riéndose para sí misma con pesar—El Señor Oscuro siempre ha sentido cierta autoexcitación…igual le pone follarse a sí mismo. Aunque Bones…no sé yo si durará mucho tras un par de Crucio…—la maldición golpeó a la pelirroja repetidamente hasta que sus ojos se dejaron de nublar y volvió a ser ella.

El humo regresó a la copa junto a un chillido atronador. El chillido se volvió peor cuando se escuchó un eco de más arriba. Bella levantó la cabeza con algo de resignación mientras murmuraba.

—Le saque el demonio…Aun estás a tiempo de matar a mi esposo Sirius—ladeó la cabeza y murmuró—¿Puedo sacarla directamente? Así igual nos quitamos algún problema…Incendio—el conjuro comenzó a avivar llamas sobre Amelia calcinando sus prendas y provocando dolores increíbles. La mujer se acercó corriendo de dolor a la copa. Bella únicamente reía mientras veía la muerte acercándose para llevarse a esa dama.

Amelia acabó siendo consumida por las llamas. Ciega y dolorida, agarró la copa para protegerla. A nadie le importó ese movimiento hasta que Amelia lanzó un hechizo desesperada que rompió las cadenas del dragón.

La bestia comenzó a subir hacia arriba provocando lluvias de piedras sobre ellos. El aleteo hizo que las llamas se apagasen y Amelia acabó en el suelo en muy mal estado. Sirius corrió rápidamente y siguió lanzando hechizos a las paredes para romper más rocas. Rodeó a Amelia y comenzó a intentar curarle los daños más superficiales.

La voz tenebrosa de Lord Voldemort surgió de las sombras flotando en la oscuridad del banco. Sirius entró en brote. Estaba volando. Eso era imposible. Antes de que llegase, puso toda su fuerza en una maldición explosiva. La fuerza de la explosión derribo grandes rocas que provocaron una buena avalancha.

—¡Bellatrix! Tan ineficiente te has vuelto que no puedes acabar con dos…Pensé que eras mejor que tus familiares.

La mujer se arrodilló ante la nada—No. No. Soy eficaz, maestro. La Ministra morirá y Black también.

Voldemort se acercó lentamente a su mortífaga hasta que Sirius sonriendo sacó un colmillo de basilisco dispuesto a aniquilar esa copa. Antes de que pudiese clavarlo, una maldición le rebanó la mano. El Señor Oscuro se acercaba con Bella por detrás. Iban a matarlos y agarrar la copa. Nada impedía que los liquidasen hasta que de forma sorpresiva, Amelia hizo explotar parte de la plataforma. El dragón asustado por el sonido emitió fuego.

—¿Está muerta? —cuestionó Amelia con un solo suspiro agotada. Sirius levantó la vista mientras cauterizaba su herida. Comprobó que Voldemort se acercaba—Si eso no lo mata nadie lo hará…—por primera vez sintió temor ante el Señor Oscuro.

El Señor Oscuro sonrió y dijo—Morirás igual que tu amigo y tu hermano…Pretendiendo ser superior que Lord Voldemort. Vencí a la muerte estúpidos…nadie puede vencerme…No necesito ni siquiera ridículas pociones—Bella rodó los ojos sabiendo que ese comentario se debía a un error que había tenido Narcissa al preparar un lote de Pociones para el Señor Oscuro. Por suerte, le habían echado la culpa a un mortífago idiota.

Voldemort fijó sus ojos brevemente en cómo Amelia clavaba el colmillo sobre el brazo de Sirius y sobre la copa. Atravesó el brazo y rozó la copa. El veneno de basilisco comenzó a pudrir la copa hasta destruirla. Sirius observó el fluido corrosivo y cerró los ojos mientras enmarcaba en su última mirada el rostro quemado de Amelia y la cara entristecida de Bella.

—Idiota…Soy inmortal…esto no significa nada. Habéis perdido el tiempo—Amelia cerró los ojos al sentir como el colmillo había asesinado a Sirius. El veneno se había filtrado a su sangre. Bellatrix observó eso sin decir nada, hasta que cuestionó—¿Maestro? ¿Está bien?

Voldemort había permanecido quieto unos minutos. Su mandíbula temblaba y su pecho estaba agitado. Miró a Amelia que sonreía brevemente antes de decir—Cometiste tu peor error niña…Avada Kedavra…—la luz verde se precipitó acabando con la vida de los dos—Fiendfyre—el fuego maligno calcinó los cadáveres así como los restos de la copa.

—Bella…informa a Severus... Pasaré un tiempo entrevistándome personalmente con Ollivander. Prepara a nuestras tropas…pronto atacaremos Hogwarts…—se marchó dejando a la bruja pensativa. Atacar el castillo sería una pelea demasiado brutal e innecesaria. Con la muerte de Bones, el Ministerio se derrumbaría en pocos minutos. Aun así, el Señor Oscuro parecía vulnerable y asustado por algo.

La imagen de la muerte de Amelia Bones fue transmitida hasta una persona a cientos de kilómetros de Gringotts. Harry chilló de dolor mientras Susan y Daphne observaban lo sucedido. Ambas estaban desnudas y besándose para el placer visual del mago.

—¿Paso algo? —dijo Daphne ansiosa—Deberías aprender Oclumancía de mejor manera…

Harry bajó la cabeza. Ignoró a la rubia y miró a Susan—Han muerto…—ambos lloraron mientras la rubia decía—¿El horrocrux? —Harry asintió dando a entender que la copa había sido destruida pero que Voldemort sabía lo que la Orden estaba haciendo.