Los días en Hogwarts se habían vuelto más tenebrosos desde la muerte de Albus Dumbledore. La alegría y seguridad de la escuela se habían esfumado en favor de un ambiente mucho más triste y decadente que pronto migró a una severa institución de enseñanza.

El culpable de esto era su ahora director Severus Snape. Tras la muerte de Dumbledore, se había colocado un consejo de profesores para decidir al nuevo director mientras los alumnos descansaban más meses de lo normal. Estaban iniciando agosto y pronto comenzaría el siguiente curso. El Ministerio había insistido en darle el título a McGonagall o a Horace, magos mayores y cualificados pero tras la repentina muerte de Amelia y su desacreditación política por haber entrado a robar en Gringotts todo se había complicado más.

El nuevo ministro cedió a las presiones e incluso colocó a Severus al frente del castillo. El antiguo profesor de Pociones inmediatamente había hecho del castillo una fortaleza, había eliminado a los aurores que lo protegían y se había encargado de destruir los pasadizos secretos. Hogwarts cada vez más era una cárcel preparada para albergar a muchos alumnos.

Todos le temían ya que habían escuchado como él asesino a Dumbledore. A pesar de eso, enfrentarse a Snape era enfrentarse a los mortífagos por lo que pronto las cosas se volvieron siniestramente tranquilas en el colegio. Mientras Severus tachaba cosas de una lista fue convocado. El ardor en su antebrazo le avisó de que tenía que ir rápidamente a la Mansión Malfoy, ahora convertida en cuartel general.

Se apareció fuera de las rejas mágicas que impidieron su paso. Snape acercó la mano y la magia lo reconoció dándole la bienvenida. Caminó por los jardines exteriores llenos de hierbas y pavos reales hasta llegar a la puerta donde un hombre lo esperaba algo alicaído.

Lucius Malfoy había perdido su compostura y su hombría durante sus semanas en Azkaban. Le había afectado demasiado ese encarcelamiento. Severus le observó y dijo con amabilidad.

—¿Qué quiere el Señor Oscuro?

Arrastrando las palabras, el hombre añadió—Convocó a todos los de su círculo de confianza…Algo importante debe haber ocurrido desde que fuimos a Gringotts…parece más aterrador que antes.

Severus caminó junto a su amigo y le dijo—¿Qué ocurrió en el banco? Hogwarts me mantiene indispuesto mucho tiempo—Malfoy suspiró y dijo—Los Lestrange fueron advertidos de que algo ocurría en sus bóvedas…Tras eso Bella, Narcissa y yo fuimos a hablar con los duendes. El Señor Oscuro se presentó en el mismísimo banco…comenzó a asesinar duendes. Le ayudamos pero el mismo se bastaba…esas criaturas avariciosas. Mató a centenares de ellas antes de bajar para asesinar a Sirius Black y Amelia Bones—pegó una carcajada sin ánimo—El Señor Oscuro parecía distante y enfermo cuando regresó…No sé qué le ocurre…Bella tampoco me lo dice—la furia asomó a su voz—No quiero estar con un líder enfermo…

—¡Cuida tus palabras! —le advirtió Severus. Ahora era el favorito de Voldemort y no quería perder su puesto. Si bien sentía lástima por los Malfoy y los Lestrange, sus elecciones y decisiones los habían conducido a esto—Si bien somos amigos…el Señor Oscuro podría leer tu mente y castigarte más aún.

Pateando un mueble dijo—¿Más? ¿Se puede castigar más a un hombre de honor como yo, Severus? —sollozó brevemente—Soy tratado como un mero particular en la casa de mis antepasados…Soy el hazmerreír de todos en la casa. Nadie respeta a los Malfoy…Ha cambiado a Draco…Narcissa no me hace el amor desde que regresé…tiene un proyecto escondido pero nadie me lo dice.

—Trágico—cuestionó el hombre mientras entraba al lugar de reuniones donde todos los mortífagos ya estaban sentados en una gran mesa, con Voldemort presidiéndola. Lucius caminó y ocupó su lugar al lado de Narcissa. Snape esperó hasta que Voldemort levantó la cabeza y con una voz fría indicó.

—Te he reservado un lugar a mí lado Severus—movió la cabeza señalando un sitio vacío a su derecha. Snape caminó rápidamente hasta sentarse al lado del Señor Oscuro. Observó que sus rasgos de por sí extraños estaban más marcados. Parecía más cansado de la cuenta e incluso enfermo.

Voldemort levantó la mirada provocando silencio entre sus seguidores. Todos lo observaron hasta que dirigió su mirada a un hombre de aspecto duro pero a la vez señorial.

—Yaxley… ¿Cómo van las noticias del Ministerio? ¿Dónde se esconde Potter?

—Scrimgeour no durará mucho, Milord…Es un líder débil que usa únicamente la fuerza económica sin saber que ese es nuestro mejor poder…El Ministerio se volverá incontrolable pronto y entonces podremos asesinarlo…En cuanto al chico…escuché de Tonks decir que, se esconde en la casa de los Black junto a su madre enferma de la cabeza—añadió el hombre con suspicacia.

La voz furiosa de Bella se alzó—¡Mentira! ¡La casa de los Black fue destruida casi hasta los cimientos por mí y Narcissa! Sería estúpido meterlo en una choza ruinosa…

—Tú fuiste la que permitiste que atrapasen a Andrómeda—indicó un hombre con la piel gangrenada—Siempre quise meter mi pollón entre sus melones…

—Es importante tener lengua para poder hablar, Mulciber—advirtió la bruja enseñando la varita—Y pene para fecundar.

Voldemort silenció a la bruja con una mirada para que luego Severus dijo con ningún tipo de sentimentalismo.

—Tonks os ha dado información falsa…Debes ser muy estúpido Yaxley para confiar en una niñata…La orden ha filtrado información falsa…Potter debe de encontrarse en algún lugar seguro…La casa de los Weasley me inclino a pensar…Se están preparando para una boda así que atacar sin el apoyo del Ministerio sería una locura—declaró brevemente mientras seguía mirando al otro mortífago. Dirigir una mirada al Señor Oscuro podía ser una sentencia.

Dubitativo, Yaxley dijo—Ahora controlamos prácticamente Gringotts. Nadie se opondrá tras el ataque…—Lord Voldemort le miró y soltó una poderosa maldición cruciatus hacia el hombre. No estaba de humor para discutir esos detalles—Y estamos infiltrados en el Ministerio. Tenemos a decenas de hombres con la maldición Imperius. Desde la muerte de la perra de Bones han caído como moscas—secundó el hombre.

Voldemort asintió y regresó a su tema favorito. Obvio las discusiones entre sus allegados para mirar a Narcissa con una mezcla hirviente de emociones.

—Debo de ser yo quien acaba con Harry Potter. Él es el único que puede romper nuestro reinado—todos lo observaron por momentos—La profecía que inútilmente intentasteis recuperar…hace años pude escuchar la mitad gracias a un valiente mortífago que hoy se sienta a mi lado…—todos miraron a Snape con odio—esa profecía dictaba que debo de matar a Harry Potter. Él es el único que puede matarme y de hecho lo está haciendo…El ataque a Gringotts…—observó a los Lestrange quienes se encogieron de temor—lo que ocurrió en la casa de los Blacks…y otros sucesos—Lucius tembló recordando su falla con el diario—me ha llevado a la conclusión de que nuestro enfrentamiento no debe ser postergado más. Debo ser yo quien acabé con Harry Potter y con cuanta persona intenté defenderlo…Lo previsible es que intenten tomar Hogwarts…

Snape decidió hablar—El castillo es una fortaleza mi Señor…Hogwarts no caerá tan fácil ante un ataque…

Voldemort sonrió con algo de locura. Parecía placer incluso. Una emoción maligna que hizo que muchos mortífagos temblasen—De eso se trata…Matar a Harry Potter sería contraproducente. Nos conduciría a otra guerra civil…se convertiría en un mártir. Debo aplastar cualquier disidencia y para ello es necesario asediar Hogwarts…Tan solo debemos dejar que todos entren…Luego nadie saldrá…

Severus sonrió con perversidad—¿Debo estar preparado para un posible ataque interno? —Voldemort asintió mientras decía—Así es. Alecto y Amycus se encargarán de ayudarte debido a la escasez docente—rio ante eso—Volviendo al tema…Es necesario que asesiné a Harry Potter pero la otra vez que lo intenté ocurrió algo…

Lucius observó cómo el hombre se levantaba y daba vueltas por la mesa mirando a sus lugartenientes y aliados. Incluso los más tranquilos como Rookwood permanecían alterados.

—Nuestras varitas comparten núcleos…son por así decirlo hermanas—hablaba del tema como si fuese un verdadero erudito—No puedo asesinarlo…tan solo herirlo y no fatalmente—vio la mano de Bellatrix pero la silenció al decir—Tampoco puede morir por otra mano. Solo yo puedo…por eso necesitaré una varita—agarró la silla de un nervioso Lucius—¿Tú varita Lucius? —pidió amablemente.

El hombre tartamudeó al decir—Pero Señor…la varita. Mi varita es…parte de mí. No le obedecerá igual de bien…es más débil que la vuestra. —Voldemort sintió y murmuró—En efecto. Pero tendrá que vales…Tú varita—exigió.

Le tendió el palo rematado en metal. Voldemort rompió la elaborada empuñadura y comenzó a enumerar las propiedades de la varita. Parecía sentir lo que la varita murmuraba. Tras un rato de vacilación, dijo—Probemos a ver…Colagusano…trae a nuestra invitada—un hombre gordo y calvo se asomó arrastrando a una mujer de mediana edad. La mujer miró a Severus sollozante pero no ocurrió nada—Está mujer piensa que nosotros y los muggles somos iguales…enseñaba eso a las generaciones en Hogwarts…Eso es una verdadera abominación. Debo de agradecer a Bella por hacer limpieza durante una de sus visitas a Severus—la mujer orgullosamente bajó la cabeza—Avada Kedavra…—la maldición mató a la mujer pero resquebrajó la varita de Lucius.

—Demasiado débil—indicó el hombre con lentitud—Hablaré personalmente con Ollivander sobre el tema…En cuanto a lo demás…Lucius, Yaxley encargaos del Ministerio. Snape…controla Hogwarts. No quiero que McGonagall asesiné a los Carrow o que haya un movimiento patriótica de defensa. Bella…Narcissa…—ambas observaron—en vista de que el proyecto fracasó deberíais eliminar las pruebas. Encargaos de diezmar la resistencia…Quiero que la Orden se rinda lo antes posible.

Bella asintió pero la rubia declaró—El proyecto puede salvarse…solo necesito…quiero decir necesitamos sangre mágica poderosa. Quizás suya Milord o de Potter…—recibió un Crucio por su osadía. El Señor Oscuro rio al decir—Ya no me quedan más vestigios oscuros para que vuestra marioneta reviva…Lo que hagáis ya no es mi problema…Eliminad ese cadáver…y dejad que Colagusano lo haga…le resultará familiar.