Las luces en el castillo revelaban que la batalla se acercaba. Había mucho ajetreo por las escaleras del castillo. Todos sus habitantes se preparaban para la pronta llegada del Señor Oscuro. Desde las ventanas se podían ver las protecciones. Las luces plateadas y azules cubrían el castillo con cada destello luminoso. Las protecciones se elevaban y expulsaban a los dementores que rodeaban el castillo.
Harry avanzó quitando gente de en medio. Mucha gente se interponía en su camino y tenía que expulsarlos con grandes manotazos. Debía llegar a la Torre de Ravenclaw. Si Voldemort llegaba antes a Hogwarts todo se acabaría. La batalla sería terrible y obstaculizaría su propósito. Encontrar el horrocrux era importante.
Avanzó todo lo que pudo hasta encontrarse con la estatua del águila que cubría la entrada de la Torre. Esperó un rato pero no supo nada sobre la Dama Gris. Asqueado, agarró el mapa del merodeador. Aún tenía la esperanza de que el mapa localizase al fantasma. Corrió como pudo solo para ver cómo la figura fantasmal de la mujer se desvanecía en el fondo negro.
—¿Eres la Dama Gris? ¿El fantasma de la Torre de Ravenclaw? —indicó Harry intentando entablar conversación con la figura etérea. La mujer se giró brevemente y murmuró—Ese nunca fue mi nombre…
Se maldijo internamente al ver como la mujer avanzaba por el castillo. La siguió mientras intentaba recordar su verdadero nombre. Recordó a alguien decir que era la hija de Rowena, Helena. Al menos las charlas de Hermione habían funcionado para algo. Aun podía recordar esos datos.
—Eres Helena…Helena Ravenclaw…
—Sí…Vienes en busca de la diadema de mi madre…La diadema se perdió—indicó el fantasma con pesar—No puedo ayudarte igual que no pude ayudar a tu director…
Intentando mediar dijo—No buscó usarla…quiero destruirla. Por favor.
La mujer abrió los ojos mientras flotaba hacia él. Parecía mirarlo abatida y arrepentida—Hubo otro chico que quiso destruirla…Un chico como tú pero de comportamiento extraño…él la encontró…
—Tom. Tom Riddle—indicó el chico—No eres la única a la que ha manipulado Helena. Puedo destruirla…como tú madre hubiese querido…
—¡Se quien lo hizo! ¡Se quien es! ¡La hechizó con magia oscura! ¡Incluso pude sentirlo estando muerta! —recriminó con pesar—La diadema de mi madre…
—Buscó destruirla…está aquí. ¿Sabes dónde está?
El fantasma comenzó a desaparecer mientras miraba fijamente a Harry. Ambos miraron hacia la ventana del castillo y pudieron ver como a lo lejos se distinguía un gran ejército. Voldemort se estaba preparando. El ataque era inminente. La cúpula de luz soportó el primer ataque pero comenzó a temblar.
—Por favor—suplicó Harry sospechando que no habría muchas más oportunidades de localizar el objeto. Necesitaba el lugar exacto—Dime donde está…hay que destruirla…
—Hace años…ese chico fue a visitar al director Dumbledore…Cargaba con la diadema de mi madre…la escondió en un lugar imposible de trazar, donde nadie podría encontrarla. En cierta manera cumplió su promesa—indicó la mujer—Si tienes que preguntar nunca la encontraras, si lo sabes solo debes preguntar…—tras eso se esfumó dejando a Harry más decidido que nunca.
—La Sala de los Menesteres—indicó sonriendo. La había sentido cuando dejó el libro del Príncipe Mestizo. Sintió una punzada. Ese debía de ser el horrocrux. Lo agarraría y luego Hermione y Ron lo destruirían. Corrió todo lo que pudo hasta el séptimo piso. Antes de entrar chocó con Daphne quien parecía sumamente deprimida. La tristeza la acompañada mientras andaba por los pasillos. Al verle se le iluminó la mirada un poco.
—¿No ibas al hogar de los cuervos? —musitó con desprecio—¿Te dieron alergia sus libros? —chuleándose de las aptitudes escolares de los Ravenclaw.
—¿No deberías ayudar? —espetó Harry a su novia. La rubia pegó una fuerte patada al suelo y gimiendo dijo—Nadie quiere que esté cerca…soy la única serpiente que anda por estos pasillos… ¡Esto es discriminación! Y vosotros sois los buenos…
—¿Y Susan? —cuestionó el chico sabiendo que ambas no se llevaban tan mal como para dejar a la rubia de lado. Evidentemente Susan estaba ayudando a los Huffelpluff y estas no se fiaban de Daphne. Por lo que la rubia estaba caminando sola y reforzando cualquier grieta que hubiese por los corredores.
—Es una traidora—alentó con desdén Daphne—¿Qué haces aquí?
—La diadema está en la sala—le dijo rápidamente con una sencilla explicación. La rubia se unió a él y ambos entraron en la sala que estaba llena de mierda. Objetos en desuso. Caminaron por los pasillos observándolo todo. La sala era inmensa por lo que les llevaría varias horas. Además, el lugar estaba insonorizado por lo que no escucharían si la batalla se recrudecía.
—Esto es absurdo—dijo pateando un objeto—No la encontraremos nunca—indicó Harry harto de esto. Nada podía ser fácil.
Daphne levantó su varita y dijo—Quema controlada…—quemó una gran pila de cosas reduciéndolas a cenizas—Igual eso ayuda…
—Bueno…no pueden ser dañados…igual ayuda—poco a poco ambos fueron quemando todo lo que pudieron. Las dimensiones de la sala hacían que sus intentos fueran poco productivos. Después de todo, el castillo llevaba almacenando cosas desde hace siglos. No tardaron mucho en ver la diadema. De hecho estaba sostenida por Hermione mientras Ron sujetaba los colmillos de basilisco.
—Suponíamos que estabas por aquí—dijo Ron. Hermione añadió—Le indicamos a la sala que nos dijese donde se esconden las cosas. Rebuscamos y vimos esto—un armario quemado, el que había usado Draco el año pasado. Además de una cabeza en donde encajaba una diadema. Hermione la llevaba en la mano.
—Deberías soltarlo—le aconsejó Ron a su amiga. Hermione la agarró más firmemente mientras que Harry añadía—Claváselo…—antes de que pudiese, se escuchó la voz quejumbrosa de Hermione. Una voz angustiada y antinatural.
—No la vais a destruir es mía…mía
Todos observaron cómo la bruja morena se ponía la diadema en la cabeza. La joya que portaba el águila era de un tono zafiro pero comenzó a volverse rubí. El color de la sangre inundó la joya y los ojos de Hermione cambiaron, a la vez que su voz se volvía más siniestro.
—Ron atraviésalo—le indicó Harry desesperado. El pelirrojo intentó acercarse para apuñalar la tiara pero antes de que pudiera fue repelido por un rayo de la varita de la bruja. Harry fue el siguiente y al final, quedó tan solo Daphne en pie.
—Morirás zorra…por quitarme a quien más quería—afirmó Hermione levantando su arma.
—No pudisteis contra dos MILF piensas que podrás contra mí Granger. Solo eres una sangre sucia—le indicó la bruja riéndose para sí misma mientras igualaba el desafío de la sangre sucia. Granger y Daphne se apuntaron entre ellas. Ron y Harry no podían intervenir ya que estaban doloridos por el maleficio que su amiga había usado.
La chica calcinó un colmillo por lo que Daphne anticipándose recogió el que quedaba en el cuello. Granger sonrió con fiereza observando a la rubia con asco.
—Estaba desarmada, ahora tengo poder.
—El poder de no callarte…—anticipó Daphne poco impresionada mientras observaba a la otra chica intentando prever un ataque—Me puedes decir… ¿Qué es lo que se supone que te he quitado? A mí no me interesa nada tu vida.
Hermione vio eso y dijo chasqueando la lengua—A Harry…os prefiere. No me cuenta las cosas. Nunca podrás ocupar mi lugar…él siempre me necesitará. No se dejará embaucar por tus curvas y tus ideas racistas…—la rubia se quedó observando pasivamente y murmuró.
—Envidia—la palabra cabreó más a la chica que disparó un maleficio.
—Cuando acabé contigo Harry volverá al redil…Prefiero a Susan de pareja. No aceptó vuestra unión—recalcó mandando otro hechizo que chocó con las cosas de la enorme sala.
Daphne desvió otro maleficio y observando detenidamente la diadema, le dijo—No seas idiota Granger. ¿Piensas que me querrá tanto como para meterte en Azkaban? —era demasiado fácil meterse en la mente de la bruja que Hermione frunció el ceño y acusadoramente le dijo—¡Azkaban! Eres peor que él…Igual.
—Es que no lo entiendes, Greengrass. Harry te prefiere. Tienes culo, tetas, bonita cara, buena familia…formáis una pareja de libro de anuncios—recalcó la morena angustiada—Y Harry siempre ha sido muy influenciable…Lo volverás en contra de los que quiere…Incendio.
Las llamas chocaron con las piernas de la bruja creando quemaduras en sus pantorrillas. Daphne gimió de dolor pero no paró en su empeño de evitar una confrontación en aquella sala. Ya tenía planeada la forma de agarrar la diadema solo necesitaba tiempo.
—¿Influenciable? ¿Culo bonito? —indicó la bruja riéndose—Gracias por los elogios Granger…igual debí de comerte el coño aquel día…—suspiró recordando el día en el que la acabaron prostituyendo.
—¿Día? ¿Días? ¿De qué hablas?
—Susan y yo te atamos a un escritorio…fuiste violada por horas. Sacamos varios cientos de galeones…Ayudamos a que Ron y tú os reconciliaseis…Debes agradecérmelo…—sonrió al ver la cara de tonta que se le quedó a Granger.
—¿Me violasteis? ¡Todas las sangre pura sois iguales! ¡Os mataré a todas! Reducto—la maldición destruyó una gran pila que fue a caerse sobre Daphne. La rubia alzó la varita y gruñó—Depulso—las cosas cayeron sobre Hermione tirándola al suelo. Daphne agarró a la chica y murmuró—Desmaius…—la luz roja fue absorbida por la diadema y Hermione siguió consciente resistiéndose contra la rubia.
—Siempre serás la segundona…Prefiere a Susan incluso a Ginny…—declaró vengativa mientras intentaba evitar que Daphne arremetiese contra ella y le quitase la tiara—Solo eres un coño desvirgado…por eso Harry nunca te ha tocado desde aquella noche. Nunca te preñará…solo eres un trofeo igual que tu maestra…—declaró sonriendo.
Herida, esperó y dijo—¿Mi maestra? Mi maestra como tú la llamas me enseñó una cosa para tratar con sucias zorras como tú…Crucio—Hermione chilló brevemente antes de que la maldición parase—Déjate de idioteces Granger y dame la tiara…
—¿La necesitas para ser guapa? Nunca podrás igualarte conmigo…tengo mejores tetas, mejor cerebro…y me queda mejor está excelente tiara—dijo riéndose mientras movía su cuerpo con deseo—¿Si te mato…Harry me permitirá usar su escaño en el Wizengamot?
Suspiró de agobio y le dijo—Definitivamente eres tonta… ¡De verdad piensas que lograré hacer lo que me dé la gana! ¡Tan poco piensas de tu mejor amigo! Él te quiere mucho pero no veo porque…Tú quedate con Weasley…Ya tenemos a Susie para alimentar bebes, no necesito dos vacas lecheras—con fastidio.
—No me dejaras hacer nada…nada cambiará tras la guerra—indicó iracunda—Suéltame zorra rubia.
—Si morimos aquí, desde luego que no…Bien—masculló con pesar mirando a Harry que se estaba levantando—Lo haré a mi manera…el dialogo acaba aquí Sangre sucia…Crucio…—Hermione lo esquivó arrastrándose por el suelo. Pateó el estómago de la bruja y luego la paralizó con un movimiento.
—La belleza disecada también es belleza—susurró Granger mientras se levantaba y provocaba una incisión en el brazo a su enemiga—Sangre…caliente…húmeda…
—¿Quieres dejar de ser tan idiota por dios? —cuestionó Daphne con enfado—Se acaba ya…Desmaius. Reducto. Reducto…Impedimenta—paralizó a la bruja y la estrelló contra las cosas. Una vez sometida, agarró el colmillo de basilisco y fue a clavárselo. La chica se movía y chillaba para evitar que clavárselo fuese fácil.
—No podrás…no serás capaz de matar a tu amiga—masculló la voz de Voldemort desde el cuerpo de Hermione. —No es mi amiga—indicó Daphne sonriendo y provocando que el rostro sonriente se volviese enfado brutal. El colmillo fue bajando lentamente hasta toparse con el cristal de la diadema. Hermione intentó morder la mano y moverse pero fue en vano. El colmillo clavó en el cristal derramando sangre negra.
Un grito fantasmal se escuchó a la vez que varias figuras surgían de la diadema. Una sombra fantasmal de Hermione se salió del objeto y se dirigió contra Daphne. La rubia cerró la mente mientras intentaba no prestar atención a eso. Ron y Harry se despertaron y al ver a la rubia apuñalando a Hermione la quitaron de en medio.
—¡Idiotas! Esto es necesario…Nos iba a matar…
—Ron Weasley…El menos amado de todos. Superado por sus amigos…Débil…Incluso tan débil como para perder a una sangre sucia…Intentando ser superior cuando no es más que un inútil jugador de ajedrez. Lo único en lo que puede sobresalir es en ser un inútil. Ninguna chica se fijaría en él. Las Patil intentando llegar a Harry…Lavender que lo iguala en estupidez—la voz de Hermione tembló de nuevo aunque estaba claro que la sombra estaba dentro de su cuerpo. La diadema rota aún permanecía sobre su cabeza. No había sido destruida aún—Y dejando ir a lo único bueno que tenía por el triste beneficio de unos cuantos polvos…
Ron parpadeó mientras se rehuía un poco. Harry indicó—Herms regresa por favor. Tú puedes…
—Harry Potter…El Señor Oscuro te busca desesperadamente. Todo niño o adulto que se interponga morirá…entregate. No queremos perdidas de sangre mágica…Entregádmelo y seréis recompensados. Hogwarts no quedará intacta si esto sigue así…esperaré un poco más antes de asesinar a todos…
—Regresa Herms…pelea contra su influencia…
Daphne murmuró—No seas débil Granger…la debilidad debe de ser extirpada…
Miró a la rubia y le dijo—¡Tú serás extirpada! ¡Como un simple tumor! Reducto…—la maldición siguió destruyendo objetos del lugar pero fue bastante fácil esquivarla. Todos pudieron esquivarla fácilmente La bruja seguía siendo controlada por la diadema pero la influencia no dejaba de crecer. Las extremidades de la bruja se tiñeron de un tono anóxico de enfermedad.
—Tú madre se encuentra entre nosotros…Decepcionando a tu familia… ¿Qué pensaría tu hermana? ¿Tú madre? —la voz de Hermione chuleó a todos—Pequeña Daphy… ¿Así te llamaba tu hermana niñita? …Solo necesitas un poco de cariño, por eso te vendes a tus enemigos. ¡Traicionando a tu familia! ¡Eres una mala hermana, Daphne! —la voz cambió a una imitación perfecta de Astoria—¿Dónde estabas cuando Draco me golpeó? ¡Donde estabas! —chilló Hermione pero las voces iban cambiando entre las de los familiares de Daphne. La rubia se quedó congelada brevemente, dejó caer su varita por la impresión. Fue aprovechado por Hermione que se aproximó y comenzó a estrangular a la Slytherin usando su propia fuerza.
Harry corrió para ayudar a su novia, mientras Ron intentaba aguantar a Hermione. Ambos chicos pelearon hasta que el pelirrojo golpeó bruscamente a su chica y tiró la diadema al suelo. El objeto se rompió más, desvelando más humo negro. La bruja volvió a la normalidad y cesó de apretar el cuello de la rubia.
—¿Qué pasa…? —indicó la morena con algo de ensoñación hasta que fue reprendida por Greengrass quien la apartó rápidamente de una patada—¿Pensabas matarme? —respiró con dureza mientras se tocaba el cuello comprobando que las huellas de Hermione seguían vigentes. Harry pateó la diadema con cuidado hasta una esquina donde dejó de escucharse el sonido metálico.
El objeto si bien había sido roto, no estaba del todo destruido. La ponzoña seguía fluyendo y comenzaría a afectarlos a todos o a cobrar forma como había hecho Tom Riddle hace años. Se mantuvieron callados hasta que la voz de Malfoy se escuchó.
—Vine a por lo que es mío…El Señor Oscuro estará orgullos si recuperó este objeto—le indicó mientras agarraba la diadema con cuidado.
—Sí, Draco…mi padre me contó que Granger hace unas mamadas dignas de las mejores putas de Knockturn—susurró Goyle llevándose un buen golpe de Ron. Crabbe levantó la varita al igual que Malfoy, esperando un ataque de los chicos.
—Entregadme a Potter y a Granger y seréis recompensados—instó Malfoy observando a Ron con una sonrisa—Ya caté a las Weasley y Granger…me faltas tú Greengrass…—advirtió sonriendo—Si eres igual que tu madre y tu hermana…—suspiro de alivio a la vez que su entrepierna se calentaba. La diadema comenzó a destilar humo negro envolviendo a Malfoy y sus compinches.
Goyle miró enfadado al pelirrojo y musitó—Se acabó pelirrojo…Fiendfyre. Tú puta será mía…—Malfoy no supo qué hacer. Las llamas comenzaron a alzarse desde la varita de su amiga. Tomaron formas fantasmales. Quimeras, dragones, lobos, serpientes…criaturas infernales surgieron de las llamas y comenzaron a cazarlos y a destruir todo lo que había en la sala. El ambiente se calcinó completamente mientras los chicos huían.
Malfoy agarró la diadema dubitativo mientras se aproximaba a los chicos—No teneís nada que hacer. Rendíos…no saldréis de la sala vivos. Podemos controlar eso fácilmente…los Carrow les han enseñado—dijo mirando como Crabbe y Goyle controlaban esa poderosa maldición con algo de pesar.
Mientras Harry intentaba eliminar parte de las llamas y Ron ayudaba a Hermione a caminar. Daphne desvió unas llamas lanzándolas contra Draco que terminó quemándole la mano y reduciéndola a cenizas. El chico gritó con horror mientras la rubia lo miraba con una sonrisa.
—Ya no podrás tocar más a mí hermana hurón…
Hermione lanzó una maldición que hizo que Crabbe acabase en el suelo. Las llamas se descontrolaron y comenzaron a matarle. Goyle sufrió el mismo destino. Draco al verse superado, corrió aunque las llamas fueron poco a poco comiendo parte de su carne. Consiguió huir de la sala, llevándose la diadema consigo. Harry consiguió atraer la diadema hacia sí y la soltó sobre las llamas. El metal se resistió a ser quemado por lo que Ron rápidamente lanzó varias maldiciones a la brecha que se había abierto hace tiempo. Gritos de dolor surgieron de aquel objeto mientras todos huían de la sala.
El rostro de Lord Voldemort se materializó entre las llamas. Parecía gritar de dolor ante las llamas que rodeaban la diadema. Observaron cómo la puerta de la sala de los menesteres comenzaba a cerrarse. Si la diadema no era destruida finalmente, estaban perdidos. No podrían acceder de nuevo a la sala. El fuego demonio acabaría consumiendo todo el aire y apagándose. Harry apuntó decididamente a la diadema que se mantenía sin tocar el fuego. Sus poderes mágicos eran demasiado fuertes.
—Accio—la atrajo un poco para luego murmurar—Todos juntos…—los tres chicos lanzaron fuertes hechizos que quebraron la plata y desfiguraron el rostro llameante de Voldemort. Tras eso, una luz verde se precipitó hacia el objeto. Daphne observó cómo la maldición letal terminaba por desengranar la piedra que formaba el águila de Ravenclaw. Tras eso, el objeto quedo completamente expuesto a las llamas y los sonidos se volvieron tenues hasta desaparecer.
La puerta se cerró obstruyendo las llamas. Ron perspicaz dijo—¿Podremos volver a acceder a la sala?
—Con suerte esa maldición acabará consumiéndose por sí sola…O consumirá todo el aire y se apagará o…—Hermione dudaba por momentos.
—O consumirá la magia de la sala y entonces se volverá inaccesible—Daphne murmuró eso mientras respiraba con precaución. Draco estaba debilitado y corría por el castillo. Había perdido una mano y tenía serias quemaduras por todo el cuerpo. Con suerte no aguantaría toda la batalla.
Ron miró el cielo nocturno brevemente antes de declarar—¡Harry mirá! —todos vieron como el puente de Hogwarts era explotado eficazmente por Neville y Seamus. Con suerte eso limitaría el acceso. Los maleficios de los Mortífagos eran contenidos por las barreras del castillo. Harry se tiró al suelo con una punzada de dolor. Ahora era Voldemort, veía al Señor Oscuro. Parecía mucho más afectado que nunca.
Uno de sus aliados se acercó al verle con palidez—¿Se encuentra bien Señor?
—Avada Kedavra…—mató al hombre y luego agarrando la varita que había arrebatado a Dumbledore dijo—Se acabó…—un gran conjuro se lanzó contra la cúpula que cubría el castillo. Las capas comenzaron a vibrar y desencajarse hasta que se volvieron opacas y comenzaron a desmembrarse. Todos los residentes del castillo miraron agobiados como ahora se avecinaba la batalla.
Mortífagos, vampiros, hombres lobo, gigantes e incluso inferis comenzaron a caminar directamente al castillo. Las estatuas enfrentaban a los gigantes y hombres lobo mientras que aurores, miembros de la Orden y profesores intentaban mantener a salvo el interior. El fuego comenzó a poblar las torres del castillo mientras la muerte comenzaba a oler por todo el castillo. Las arañas del bosque comenzaron a salir en busca de presas.
Voldemort sonrió al ver que su victoria se avecinaba. Observó brevemente la varita y puso se dedo encima de ella. Notó más repulsión de la normal. Las varitas elegían a su amo pero según Ollivander está era diferente. Había asesinado a Grindelwand. Dumbledore estaba muerto. Ahora él era su amo. Pero seguía sin obedecerle. No tenía su máximo potencial.
—Dile a Severus que me encuentre en el embarcadero—indicó con frialdad. Lucius tartamudeó mientras miraba a Narcissa con temor.
—¿Y nosotros Mi Señor?
—Luchad…—declaró sin mirarlos.
