Harry se recuperó de su visión pronto pero sabía que debía de hacer. Necesitaba saber que pensaba Voldemort sobre la varita. Saber que le ocurría a esa arma. Al parecer se estaba fragmentando, no le obedecía como debería y eso le extrañó profundamente. Recuperó la compostura y pudo ver que el castillo se encontraba en una situación delicada. Miles de combatientes peleaban intentando traspasar los muros.
—El embarcadero—sacó la capa de invisibilidad de su bolso mágico expandido y se encaminó hacia el lugar. Sus amigos no lo comprendían pero intentaron ayudarlo. Corrieron por las escaleras donde un destello verde, hizo que los chicos se tirasen al suelo y rodasen por las escaleras.
Había mortífagos dentro de los muros. Antes de que el hombre pudiese hacer nada, alguien lo derribó de un maleficio. Cayó escaleras abajo fracturándose el cráneo. Siguió avanzando intentando salvaguardar a Daphne lo máximo posible. Ron hacía lo propio con Hermione aunque ella luchaba mejor contra todo.
Ron palideció al ver acromántulas de gran tamaño saliendo de grietas en las paredes del castillo. Los aliados del señor oscuro estaban abriendo boquetes en los muros para poder entrar. Esas arañas eran la carnaza al parecer. Harry disparó Arania Exumai pero fue insuficiente. Hermione consiguió congelar una. Pronto comprendieron que era mejor usar la fuerza bruta para esto. Destruyeron los exoesqueletos de esos bichos con maldiciones demoledoras.
Hermione abrió los ojos al ver cómo Fenrir daba un gran golpe a Lupin y se dirigía rápidamente a morder a Lavender. La sangre salió del cuello de la rubia. Hizo todo lo que pudo pero la vida escapó del cuerpo voluptuoso de la chica. Greyback quiso llevársela como trofeo pero un encantamiento lo empujó contra la pared hasta reducir su cráneo a escombros.
Tonks corrió rápidamente por el pasillo. Tras saludarlos, dijo—¿Habéis visto a Remus?
—Está peleando con Dolohov—declaró Ron viendo como Remus se había levantado y encaraba al poderoso mortífago. La mujer corrió a ayudarle intentando evitar los maleficios que volaban por doquier.
Esquivaron lo que podían. Por el camino, Hermione decidió quedarse a ayudar a Ginny y Luna. Daphne se quedó para detener a un grupo de licántropos que acechaban a niñas de quinto año. La bruja rubia lanzaba estacas de piedra contra todo lo que se movía. Hechizos de fuego y hielo salían por doquier destruyendo todo lo que se encontraba. Las niñas alucinaban ante la bruja que intentaba evitar todo el daño.
Ron caminó rápidamente junto a Harry. El pelirrojo bajó las escaleras y retrocedió asustado. Gigantes peleaban contra estatuas en el patio principal. Esos seres gigantescos podían matarlos fácilmente. Su tamaño era demasiado grande. Tragó saliva, mirando a Harry. Ambos observaron cómo Flitwick, refugiado entre escombros dirigía objetos encantados para cegar a esos seres sin éxito.
—¿Alguna idea? —indicó Harry mirando a su perspicaz amigo.
Ron tragó saliva y riéndose dijo—Contra más alto, más fuerte es la ostia…Recuerda al troll viejo amigo…
Ambos levitaron grandes rocas y las dejaron caer sobre las cabezas de las bestias. Los golpes sucesivos los dejaron en el suelo. Flitwick aprovechó eso para atarlos con gruesas cadenas para luego destriparlos usando llaves como armas punzantes. Tragaron saliva ante la falta de civismo de su profesor.
Ron vio un cabello pelirrojo entre los mortífagos. Deseó que no fuese el que pensaba. Lanzó un maleficio a la máscara para descubrir que era Percy solo que tenía ojos alterados. Parecía dosificado por alguna poción. No podían hacer nada. El chico observó a Ron y ambos comenzaron un duelo en el que su amigo intentaba que su hermano mayor recobrase algo de sentido común. Harry corrió hasta los patios exteriores donde se topó con obstáculos mayores.
Plantas intentaron tirarlo al suelo y desmembrarlos. Había cadáveres por allí. Vio una melena rubia entre las lianas de la Tentacula Venenosa. La planta le estaba inyectando toxinas para matarla y luego asfixiarla. Iba a durar poco tiempo. Lanzó un encantamiento para relajar la planta y luego rescató a la mujer que iba vestida de mortífagos.
—Potter—masculló la mujer rubia de enormes senos. Harry reconoció a la madre de Daphne. Debió de incapacitarla pero no pudo. Advirtiéndole con la mirada, le dijo—Rescata a Astoria…Daphne no te perdonará eso…No te interpongas en el camino…Relaxo—eso relajó a la planta permitiendo que la mujer continuase su camino.
Caminó con cuidado al invernadero cubriéndose con la capa para no ser detectado. Sus novias habían comprobado que la capa era indetectable. Le escondía de la muerte, eso lo mantendría a salvo de Voldemort. Confiaba en ello aunque no podía asegurar que la varita no detectase a la capa. Después de todo ambas eran reliquias de la muerte. Se refugió con la capa y caminó con cuidado hasta donde Voldemort se encontraba. Su serpiente estaba suspendida en una especie de capullo de energía que la protegía de cualquier cosa.
El Señor Tenebroso observó a su lacayo mientras caminaba con tranquilidad. Suspiró y dijo con pesar.
—¿Noticias de la batalla, Severus?
Snape auguró algo y dijo—Mi Señor…todo progresa adecuadamente. Nuestros sirvientes han abierto brechas en los muros…estamos entrando. Pronto retrocederán y morirán…no tienen nada que hacer. Los hombres lobo están cayendo…los gigantes también pero han conseguido grandes logros.
El hombre asintió y dijo—¿Balance de caídos? —indicó el hombre con poca preocupación. Severus añadió—Caen más de los nuestros…pero seguimos teniendo suficientes fuerzas. Los carroñeros son excelente carne de cañón.
—Severus…no te llamé para eso como bien sabes…—indicó el hombre—La varita no me obedece…La noto distante…—susurró el Señor Oscuro.
Snape frunció el ceño—No es posible. Usted es su amo. Ollivander lo indicó acertadamente antes de que Bellatrix fallase en su misión.
Voldemort se sentó en una especie de trono negro conjurado por él mismo. Con pesar murmuró—Ollivander me confió sus mayores secretos, una varita invencible. Capaz de vencer a Potter…capaz de vencerlos a todos. Una varita perdida en las páginas de los libros. Investigué y hallé su paradero…se encontró en las manos de Gregorovitch. A ese anciano se le fue arrebatada por un ladrón…un ladrón que ubique tras liquidar a la historiadora de magia Batilda Bagshot. Esa mujer debía de conocer el paradero de la varita—pensó sus palabras y sonrió con pesar—Vi la verdad, Severus…La varita fue robada por mi débil predecesor, Grindelwand. Él la uso para conquistar Europa pero fracasó debido a su sentimentalismo por el anciano fallecido en estos mismo terrenos…Dumbledore—el odio fue mayor en Voldemort—Por fin comprendí que el poder de ese viejo no se debía a él sino a su varita. Ese palo que blandía fue la causante de mi derrota. Asesiné al anciano…no se resistió mucho…La locura inundó su mente…enfrentarse a la muerte sin resistencia…Tras eso obtuve la varita mayor, la varita de Sauco. La rescató de la tumba…pero no me obedece. ¿Sabes por qué?
—No tengo idea, Señor…
Voldemort meditó por momentos—Yo no maté a su dueño como es debido…Fuiste tú, Severus.
—Grindelwand tampoco falleció…—indicó el profesor de Hogwarts sonriendo para sí mismo. Podía librarse de la muerte. Voldemort lo tomo en consideración y dijo—Cierto. No falleció. Fue encerrado en su prisión por setenta años…mucho tiempo. La varita puede que se haya resistido a Dumbledore pero tras setenta años reconoció el poder de su dueño. Yo no tengo tanto tiempo Severus…no puedo dejar un heredero a pesar de haberlo intentado repetidamente con Bellatrix—el agobio en su voz fue firme—Fuiste tú quien mató a Dumbledore…Lo siento Severus…mientras sigas vivo, Potter también. Debo matarle antes de que él consiga matar a Nagini…—movió la varita cortando el cuello del hombre—Ataca—dijo en parsel.
La serpiente acabó con la vida del hombre rápidamente. Voldemort miró al suelo con tristeza mientras desaparecía junto a su serpiente. Harry se acercó a ver al profesor de Pociones en sus últimos momentos. Se acercó para ver si el hombre había fallecido ya. Comprobó que agonizaba mientras sus pulmones se llenaban de sangre y el aire escapaba de su cuerpo.
Esperó brevemente mientras se quitaba la capa y observaba al hombre que había odiado durante años. No deseaba verlo morir aunque tampoco sentía demasiada simpatía. Había asesinado a Dumbledore. Observó cómo los ojos de Snape se enfocaban en los suyos. Tras unos momentos, dijo—Pensadero…pensadero—no dejaba de repetir esas palabras. Harry esperó brevemente sin entender nada hasta que con un último suspiró dijo—P…Ve al pensadero…
Con mucho agobio salió del embarcadero y comprobó que el castillo era la sombra de lo que había sido. En el exterior se agrupaban innumerables cuerpos caídos mientras que el exterior ardía. Las partes hechas de madera o reforzadas se habían caído. Los magos sobrevivientes se refugiaban entre los muros y combatían dentro. Poco a poco el invasor les iba derrotando aunque fuese con un gran número de bajas.
Caminó al castillo y escuchó la voz de Voldemort hablando en voz alta. Su poder era tal que se escuchó en todo el colegio. Incluso atravesó los muros—Enterrad a vuestros muertos…honrad a vuestros difuntos…Lord Voldemort es misericordioso con aquellos que murieron con valentía. Entregadme a Harry Potter y seréis recompensados.
Fue al castillo mientras observaba como todas las tropas de Voldemort se refugiaban en la espesura del bosque Prohibido. Ya habían abierto brechas, el siguiente asalto sería peor aún. Nada más entrar por uno de los callejones supo que las cosas habían ido realmente mal dentro.
Los Weasley miraban el cuerpo fallecido de Percy. Todos lloraban especialmente los gemelos. Ambos chicos lloraban al ver el cadáver de su hermano. La Señora Weasley derruida por los acontecimientos se lamentaba. No habían podido protegerlo. Probablemente había venido a la batalla bajo el Imperius o dosificado. Había pagado caro sus errores.
Unos metros más allá, la Profesora McGonagall observaba los cadáveres de Remus y Tonks. Ambos a pocos metros de distancia. Mostraban señales de violencia, al menos habían peleado hasta el final. Contra más caminaba podía ver muchos más caídos en la batalla. Colin, Lavender y un largo etc.…de magos que una vez había conocido.
Supo que debía de ir al pensadero. Snape le había dicho que fuese allí. Debía ser importante. Quizás la clave para matar al Señor Oscuro, la clave de cómo derrotar a la varita de Sauco. Mientras andaba, observó que Susan consolaba a Daphne frente a un cadáver vestido de mortífago.
Ambas chicas se veían lastimadas superficialmente. Nada más ver de quien se trataba, dijo—No siguió mi consejo…
Susan en cambio le reprendió—Intentó salvar a Daphne de una maldición de Dolohov…no sobrevivió—la marca del impacto morado le recorría el cuerpo a la mujer. Su fallecimiento no había sido doloroso. Parecía un ataque al corazón. Decidió dejarlas con su dolor y avanzar.
—¿Dónde vas? —cuestionó la pelirroja con curiosidad.
—Al despacho de Dumbledore…Debe de haber alguna pista…
Daphne murmuró—El águila no te dejará pasar…Snape sigue siendo el director.
—Snape ha muerto…Voldemort—susurró—Me dijo que fuera al pensadero…
Ambas chicas conmocionadas, esperaron hasta que la rubia auguró—Me quedaré por si vienen de nuevo…
Susan se arremangó las mangas—Necesitarán ayuda para fortificar y curar a los heridos…Te veremos luego…—advirtió la bruja abrazando a Harry. El chico soltó una lagrimilla y corrió escaleras arriba esperando averiguar qué era lo que Snape había dejado en el pensadero.
La sala del director estaba abierta y el pensadero permanecía activado. En el lugar donde debería estar la espada de Gryffindor no había nada. La espada estaba desaparecida, se recordó por momentos. Observó los cuadros de los directores pero al parecer habían huido por la batalla. Tan solo Dumbledore lo miraba con perspicacia.
—Asumo que Severus ha pasado a mejor vida…
—Así es—le dijo Harry—¿Es esto importante Señor? No quiero que otros mueran por mí…Debería ayudarlos.
El Dumbledore del cuadro se alisó la barba y observándolo con sabiduría dijo—¿Qué te hace pensar que esto no ayudará…?
—Tiene la varita Señor…de su tumba—el arrepentimiento por no haber podido detener ese hurto le entró.
—Suponía que llegaría ese contratiempo…No es para tanto, hijo. Solo es una varita.
Desesperado dijo—No puede ser derrotada…es muy poderosa—había visto como un simple hechizo había destruido las barreras de Hogwarts. Barreras de mil años de duración y fortalecidas durante generaciones. Esa varita era demasiado poderosa, un arma demasiado letal.
Dumbledore regresó a su actitud burlona y dijo—Hace cuarenta años…escuché a una chica decir que a muchos hombres les gusta pensar que su varita es la más grande y la mejor. Pero, en esencia Harry, la varita solo es poderosa si lo es el mago que la usa.
—Es una de las reliquias…
—Como lo es tu capa—susurró Dumbledore en el cuadro sonriendo—Y pude ver a través de ella en el primer año…Las reliquias pueden ser reales pero no son armas invencibles…solo son fuertes en función de para que sean utilizadas Harry. Lord Voldemort nunca comprenderá el poder de la varita, tanto como yo lo comprendí.
—Mató a Snape, controla el arma…Nos matará a todos—la desesperación le entraba ante tanta muerte. Albus sonrió—¿Matar? ¿No escuchaste al profesor Slughorn en aquel recuerdo? La muerte es una magia poderosa inexplorada y cautivadora. Pero provocarla sin ningún motivo es un gran pecado…La magia no puede ser saboteada por actos inmorales…Recuerda Harry…recuerda…Y sumérgete en esta nueva aventura que te resultará familiar.
El retrato se calló y Harry avanzó decidido al pensadero. La desesperanza brillaba dentro de él. Todos habían perdido a gente que amaban por su culpa. Susan, Daphne, los Weasley. Incluso Dumbledore había fallecido. El hijo de Tonks…ya debía de haber parido. Se criaría solo junto a su abuela. Se intentó concentrar en eso mientras se sumergía en el pensadero y comenzaba a ver un nuevo amanecer.
