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Capítulo 4

Por esta vez

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La heladería a la que Satoru los había llevado era bastante popular. Kasumi miraba atenta cada espacio colorido, entre los asientos y la decoración, el grupo de estudiantes parecía acostumbrado a ese tipo de lugares y compartir con el maestro, estaba algo celosa. Podían ver al hechicero en diferentes facetas y pasar tiempo con él. Los siguió en silencio, en parte porque no sabía qué decir pues no tenía confianza con ellos, y a la vez porque hablaban demasiado, estaba algo intimidada con lo que irradiaba el grupo, al menos Itadori y Kugisaki.

— ¡Aquí! —exclamó Itadori en un puesto donde el asiento tipo sillón con forma de C rodeaba la mesa. El joven no esperó una respuesta y se sentó. Su compañera lo empujó sin delicadeza y avanzó hasta quedar a mitad del sillón. El silencioso Megumi se ubicó al lado de Kugisaki, quedando en la orilla.

Kasumi dudó un poco, pero finalmente se sentó del otro lado junto a Itadori, y en el extremo, a su lado, Satoru. Estaba tensa, quizás era idea suya, pero sentía la atención del maestro puesta en ella en todo momento.

— ¿Miwa? —Kasumi volteó hacia Itadori con curiosidad, el joven le sonreía como si se conocieran desde hace mucho tiempo, cuando solo lo había visto en el juego de intercambio— ¿Cómo era Gojo-sensei de adolescente?

—No creo que haya mucha diferencia —susurró Fushiguro mientras tomaba el menú y lo ojeaba.

— ¿Se escapaba de clases? —preguntó Kugisaki sin mirarla, revisando sus redes sociales.

Kasumi se rio nerviosa, dejó sus manos a sus costados bien cerca de sus muslos, casi como si se protegiera de tocar a cualquiera que se le acercara.

—N-no, no se escapaba —sonrió.

— ¿De verdad? —insistió Itadori—es sorprendente que hayas podido compartir con Gojo-sensei de joven.

—Aun soy joven —refutó Satoru mirando el menú.

—No solo con Gojo-sensei —susurró sonriendo—también conocí a Nanami-san y Shoko-san —guardó silencio al pensar en Suguru, pensó que nombrarlo sería incomodar a Satoru.

— ¡¿Con Nanamin también?! —exclamó interesado— ¡cuéntame!

—En ese tiempo, Nanami usaba un flequillo ridículo —habló Satoru—parecía emo.

—N-no era ridículo —murmuró Kasumi volteando a verlo, él giró en su dirección y le medio sonrió—se veía bien.

—Pero… ¿cómo era Nanamin de joven? —sonrió Itadori.

—Responsable —dijo orgullosa—me ayudó a entrenar, fue muy amable —sonrió nostálgica al recordarlo. —Compartí misiones con él.

—También conmigo —se quejó Gojo, al ver que no era el centro de atención.

—Pero cuando iba con usted solo era para acompañarlo… no hacía nada —se quejó desviando la mirada.

—Era el niñero —les explicó a sus estudiantes—aquí la señorita… la castigaron por pasar la noche fuera del colegio y la tenían con vigilancia —Kasumi sintió sus mejillas sonrojarse, no solo por lo bien que Satoru recordaba esos días, sino también porque en esa ocasión había pasado algo entre ellos en ese hostal.

— ¡Vaya! Así que solo aparentas ser una buena niña —sonrió maliciosa— ¿Saliste con algún muchacho? —esas cosas le interesaban a Kugisaki, por lo que dejó su móvil a un lado. Se rio cuando vio que Fushiguro dejó el menú en la mesa para oírlos, como siempre el chisme le ganaba a su desinterés.

— ¡N-no es así! —balbuceó nerviosa—y no solo me castigaron a mí, a usted y Suguru-san también.

—Pero fue tu culpa —el rostro de Kasumi parecía un semáforo. Se rio divertido por avergonzarla, entonces miró su mano izquierda que estaba a unos diez centímetros de su pierna. Contuvo la respiración por unos segundos y con disimulo, acercó su mano derecha a la de la joven.

—Bueno, eso es cierto —susurró derrotada, levantó la mirada al grupo cuando notó el silencio, se sintió expuesta de repente y explicó rápido antes que se hicieran ideas-no tan equivocadas-, rio nerviosa y habló—esa vez, fuimos a investigar el hospital en donde apareció la maldición en mi presente y se nos pasó la hora.

—Que entretenido —habló Itadori— ¿Quién es Suguru? —Kasumi abrió la boca, pero no dijo nada. Sintió una molestia en el pecho, se lamentó por hablar demás y miró de soslayo al hechicero a su lado.

—Era mi mejor amigo —respondió Satoru con completa normalidad, sorprendiéndola—vamos, decidan qué pedirán.

—Cierto —murmuró Kugisaki.

Kasumi lo miró por unos segundos, intentando encontrar algún rasgo de tristeza en su expresión, pero no vio nada. Estiró el cuello y miró el menú que tenía en frente, mordió su labio inferior al ver los precios. Levantó la vista hacia los demás, y notó que nadie estaba preocupado y, por el contrario, decidían animados qué pedir. Volvió su atención a la carta cuando sintió algo tocar su meñique izquierdo. Le bastaron dos segundos para ver que era el dedo meñique de Satoru que rozaba el suyo.

Sintió el corazón latirle deprisa, era un simple roce y le paralizó por completo. Levantó la vista hacia los demás, inquieta y nerviosa al pensar que alguien podía notarlo, pero cada uno estaba atento al menú, y la mesa los protegía. Intentó calmarse, seguramente era un accidente pensó, pero cuando el dedo de él le dio un par de toquecitos, como si quisiera llamar su atención, entendió que aquello era intencional.

Nerviosa, y un poco asustada, movió su meñique hacia él, temiendo rechazo de su parte, pero cuando el dedo de él-mucho más largo y grueso que el suyo-se envolvió al de ella, se le escapó una sonrisa.

Sus dedos estaban enganchados, el pequeño dedo de Kasumi estaba helado y supuso que su mano también lo estaría. Relamió su labio inferior, ansioso por más, pero solo eso podía obtener de ella. Tragó con disimulo y miró a sus estudiantes, quienes llamaron a la camarera para hacer su pedido. Observó de soslayo a la joven, notó su sonrisa tímida y sus mejillas teñidas de un bello rosa pastel y su pecho se encogió apretándole, tensando su cuerpo. Volvió a tragar, nervioso y avanzó un poco más. Soltó su dedo con suavidad y antes de que ella pudiera hacer algún movimiento, puso su mano sobre la de ella, entrelazando sus dedos. Kasumi respondió entusiasta imitándole.

— ¿Y ustedes? —Kasumi pegó un brinco en su sitio al oír a la camarera, pero no levantó su mano en ningún momento, para no soltar la de Satoru. Miró el menú, pero no lograba leer nada por los nervios.

—Te recomiendo la copa de tres sabores —le habló Satoru, ella giró hacia él y contuvo el aliento. Le sorprendía lo tranquilo que estaba cuando por debajo de la mesa no se soltaban de las manos, y los podían sorprender en cualquier momento, incluso parecía disfrutarlo—puedes agregarle salsas y dulces.

—Ah… —miró la copa y encogió las cejas al ver el precio—es mucho… helado.

—Si no puedes comértelo todo, me lo como yo —sonrió él—dos copas triples, el sabor de tres leches, chocolate y pistacho. Con salsa de frutilla, caramelo y trozos de chocolate y maní ¿qué sabores quieres, Kasumi-chan?

—Eh… —él apretó su mano con suavidad, quizás intentando calmarla, pero los nervios no se iban en lo absoluto—de dulce de leche, cheesecake de frambuesa y frutilla —sonrió a la joven que anotaba todo con rapidez.

—Buena elección —sonrió Satoru.


(…)


Todavía sentía el corazón latirle a toda prisa y las mejillas acaloradas. No podía creer que se habían tomado de las manos a escondidas, solo se soltaron cuando llegó el helado. Suspiró sin dejar de sonreír y se miró en el espejo del baño. Le habían asignado un dormitorio de invitados, se había dado un baño y ahora vestía una yukata sencilla de color blanco para dormir. Cepilló sus dientes y apagó la luz del cuarto.

Se quedó de pie en medio del dormitorio viendo la cama vacía. Saber que en algún cuarto del establecimiento estaba él, tan cerca y a la vez tan lejos, le inquietaba. Tragó saliva con dificultad y se sentó en el borde del colchón. Miró sus manos por varios segundos sin dejar de preguntarse porque le había buscado debajo de la mesa, no solo porque corrían el riesgo de que los descubrieran, sino en sí el que se hubiera generado esa instancia ya era extraño. Él la había invitado, la había buscado ¿por qué? Volteó hacia atrás viendo la cama sin deshacer y suspiró.

¿Y si él sentía lo mismo? Mordió su labio inferior al preguntárselo ¿cómo saberlo? La única forma era preguntarlo ¿tenía el coraje? No… no tanto por preguntarlo en sí, sino porque temía a su rechazo. Se desplomó derrotada y miró el techo del cuarto, sería otra noche sin dormir bien.

—No te entiendo… —susurró pensando en su sonrisa ladina. Volvió a mirar su mano afortunada y fue su turno de sonreír. —Tendrás que explicármelo.


(…)


Luego de una ducha rápida, cepilló sus dientes y se lavó la cara nuevamente. Se secó con suavidad el rostro y miró su reflejo en el espejo. Sus ojos dieron un vistazo rápido a su torso desnudo y luego a su rostro.

— ¿Qué diablos estás haciendo? —se preguntó frunciéndose el entrecejo.

Lanzó la toalla al cesto de ropa sucia y rascándose la nuca, volvió a su dormitorio. No lograba olvidar las expresiones de la joven de Kioto. Luego de los helados, los llevó a cenar sushi, todo para pasar más tiempo con ella. Por suerte en el restaurante de sushi no pudo sentarse a su lado y así no siguió cometiendo estupideces.

No se pudo contener. Su cuerpo femenino estaba cubierto de un magnetismo excepcional, la tentación de estar cerca le jugaba en contra. Ese simple agarre de manos le bastó para sobrevivir esa tarde estando a su lado. Suspiró derrotado y se sentó en el borde de la cama. Se sentía inquieto sabiendo que ella estaba en algún cuarto de invitados, sabía que no podía acercársele ni siquiera para conversar porque era una excusa barata y terminaría haciendo algo de lo que luego se arrepentiría. Lo mejor era dormirse. Tomó su móvil y vio la hora, ignoró las notificaciones y casi por costumbre, miró si ella estaba conectada. Aunque nunca se habían mensajeado, tenía la manía de revisar siempre sus estados de conexión, hizo una mueca al verla ausente. Tal vez ya se había dormido, pensó.

Volvió a suspirar, algo cansado y pensó en ver alguna película para distraerse o que le entrara sueño. No alcanzó a encender la televisión cuando se oyeron dos golpecitos suaves en su puerta. Miró extrañado la madera y dejando el control remoto sobre su velador, se puso de pie.

Sabía, sin siquiera usar su técnica quién estaba detrás. Si fuera alguna misión lo habrían llamado, incluso para alguna salida, lo que fuera, lo habrían contactado a su móvil. Solo una persona podía estar tocando su puerta a esa hora de la noche. Los latidos de su corazón se tornaron algo intensos, el pecho lo sentía pesado y las manos le sudaron un poco. Se rio bajito ¿estaba nervioso? Eso era nuevo en él. Lo cierto era que desde que reconoció lo que sentía por Kasumi, no dejaba de descubrir emociones nuevas.

— ¿Qué pasa? —preguntó abriendo la puerta, sin sorprenderse de ver su rostro ruborizado. Quiso preguntar cómo supo que ése era su cuarto, pero su voz se apagó de repente cuando sus ojos viraron a su cuerpo y la vio con yukata.

La tela era delgada y se adhería a sus curvas, no llevaba sujetador y le costó trabajo volver a mirarla a los ojos. Estaban a medio metro de distancia y el corazón le latía rápido, tuvo que contener un poco su respiración, la garganta se le secó de repente y se obligó a sonreírle para disimular sus nervios.

—Lo siento —murmuró ella sin apartar la mirada. Apretó sus manos en puños y reunió todo el coraje que fue acumulando en el camino y continuó hablando—yo… ¿puedo pasar la noche aquí?

— ¿Q-qué? —susurró incrédulo.

Kasumi no dejó de mirarlo a los ojos ni una sola vez. Por un momento sintió que lo estaba embrujando, el azul de sus grandes orbes lo tenían embobado. Se quedó en silencio admirando la determinación que irradiaba la joven. Relamió sus labios y de forma inconsciente bajó su mirada a los labios de ella, solo se distrajo cuando ella abrió la boca, como si con ello rompiera el encantamiento.

—Yo… no he podido dormir bien desde que regresé a mi época —murmuró y agachó la mirada—seguramente lo recuerdas ¿no? dormíamos juntos cuando estaba aquí en el pasado.

—S-sí, lo recuerdo muy bien —tragó con disimulo—… entonces ¿quieres dormir aquí conmigo? —preguntó en voz alta y sintió como el calor le fue recorriendo el cuerpo.

—Me acostumbré a compartir la cama con usted, en la noche… suelo buscarlo —susurró Kasumi y se obligó a mirarlo a los ojos, ignorando el torso desnudo del hechicero. Por lo poco que había alcanzado a ver, definitivamente había ganado masa muscular en esos años.

—Yo… no creo que sea buena idea, Kasumi —susurró rascándose la cabeza.

Hizo una mueca cuando vio sus ojos tristes y como sus labios se fruncían, al mismo tiempo que sus hombros se caían. El rubor poco a poco fue bajando de intensidad, tragó saliva y suspiró derrotado ¿qué le esperaba a futuro cuando ella rogara o exigiera alguna cosa? Al paso que iba, jamás iba a poder negarle algo.

—E-está bien —susurró derrotado—pasa.

— ¿Seguro? —preguntó ilusionada, él asintió desviando la mirada y se hizo a un lado para dejarla pasar. Kasumi entró rápido antes de que cambiara de opinión, miró con atención cada espacio de su dormitorio, lo único que pudo pensar al ver los muebles, el orden y sentir su aroma, era que definitivamente era el cuarto de un hombre. Volteó hacia atrás cuando lo vio cerrar la puerta, él la miró serio y con sus manos en su cadera. Giró hacia él y le observó con atención.

—Antes que nada… debemos dejar en claro algo —Kasumi alzó ambas cejas al oírlo, él carraspeó su garganta y continuó severo—no puede pasar nada entre nosotros.

— ¿Por qué? —se le escapó sin pensar y cuando lo notó, sus mejillas se incendiaron de un rojo bermellón. Satoru alzó ambas cejas al oírla y soltó una carcajada a los segundos, apretándose el abdomen desnudo con ambas manos— ¡D-digo…! Por-por… entiendo, pero… ¡Ya no se ría! —pidió avergonzada.

—Lo siento, lo siento —sonrió Satoru y la miró con ternura—para responder tu pregunta… no lo siento correcto. Eres muy joven, yo un hombre adulto. —Alzó una ceja cuando la vio fruncir el ceño y sus labios.

—Soy mayor de edad —se quejó ella y lo miró seria. Satoru escondió el asombro y suspiró, volvió a rascarse la nuca, algo nervioso y le sonrió intentando verse amable.

—Sí… legalmente no habría problemas. Pero sigues siendo muy joven —dijo serio y ella miró sus pies, decepcionada—te esperaré ¿sí?

— ¿Sí? —preguntó sin mucho ánimo. Satoru ladeó su rostro observándola atento, podía entender su incredulidad y lo que menos quería era provocarle inseguridad, o que no confiara en él. Sabía que había motivos para ello, al menos en el pasado, pero debía dejarle claro que él no era el Satoru de 18 años que no era capaz de asumir sus sentimientos.

— ¡Por supuesto que sí! —exclamó con entusiasmo, sorprendiéndola. Le sonrió ampliamente mostrando sus perfectos dientes—eres la chica con la que quiero estar. Quiero saber de ti, estar cerca… pero hay cosas que no podemos hacer aún ¿sí?, más bien… repetir —susurró al recordar el tiempo que pasaron cuando él era un adolescente.

— ¿En… en serio? —susurró anonadada. Él se acercó y tomó sus manos con suavidad y entrelazó sus dedos con los de ella como esa tarde en la heladería. Kasumi miró sus manos y le imitó.

—No miento con esas cosas… solo debemos ser pacientes ¿sí? —Kasumi le miró perpleja, sentía el corazón latirle tan fuerte que podía oírlo en sus orejas. Sus mejillas estaban ardiendo y con los labios entre abiertos, susurró sin salir de su asombro.

— ¿Es en serio? —repitió—de verdad… ¿quieres estar con… una chica como yo? —se le formó un nudo en la garganta. No lograba comprender como era posible que el hechicero más fuerte quisiera estar con ella para algo más que no fuera sexo casual. Recordaba muy bien que Satoru le había dicho, al despedirse de ella, que lo que sentía por ella era algo más que querer pasar el rato, pero lo que Satoru adulto le estaba diciendo era más profundo. Serio. Esa era la palabra. No había rodeos ni nimiedades, estaba siendo directo, como un adulto responsable.

—Kasumi… no quiero que dudes de lo que siento por ti —respondió serio—quiero estar contigo, pero te repito, no ahora. Cuando seas mayor —aclaró y ella hizo una mueca— ¿Qué pasa?

—Es que… ¿Cuándo será eso? —preguntó desviando la mirada, nerviosa. Él sacudió sus manos y ella le miró. Satoru le sonreía, pero no con burla, sino más bien con ternura y complicidad.

—También quiero que sea pronto… pero debemos ser pacientes —se encogió de hombros—anda, vamos a la cama ¡A dormir! —aclaró rápido, más para él que para ella.

Kasumi asintió pensativa. Había avanzado bastante con él, confirmado sus intenciones e interés, pero seguía sintiendo que había un asunto que debía aclararse, pero no quería ser molesta. Le siguió en silencio y se acomodó entre las mantas, sacudió sus pies varias veces y frunció el ceño.

—Tengo los pies helados —susurró para sí misma.

—Déjame buscar algún calcetín de verano —dijo acercándose a su cómoda—si te paso unos de invierno, te llegarán a las rodillas… —no tardó en encontrar un par limpio de color gris, se los llevó a la joven y ella los recibió con una sonrisa tímida en los labios—estos me llegan a los tobillos, a ti te quedarán bien.

—Gracias —sonrió, se destapó sin dejar de sonreír y concentrada se acomodó los calcetines del hechicero.

Tal como dijo, los que para él eran calcetines de verano que le llegaban a los tobillos, a ella le cubrieron casi hasta media pantorrilla. Se rio mientras acomodaba la tela entre sus dedos, iba a comentarle a Satoru cuando notó que el hechicero estaba de pie al otro lado de la cama viéndola, pero no a ella específicamente. No tardó en darse cuenta, no había sido cuidadosa mientras se abrigaba y la tela de su yukata se abrió, dejando ver su ropa interior y él la estaba viendo sin disimulo. Casi cierra las piernas de forma inconsciente, pero se detuvo en el último segundo y, por el contrario, las abrió más. Sentía los latidos de su corazón en su oído, tumbando, y el calor en su cuerpo le hizo sudar un poco. Estaba siendo atrevida, por primera vez en su vida y con el hombre que amaba y deseaba. Tragó con disimulo y con movimientos lentos, buscó el otro calcetín.

Jamás se consideró un degenerado. Pero desde que Kasumi comenzó a aparecerse en sus sueños, sentía que había despertado una ola de deseo que solo ella podía amainar. Se encontraba a menudo pensando en ella, y cuando estaban cerca, como ahora, sus ojos viraban solos a su cuerpo, cosa que normalmente no hacía. Pero ella rompía su molde. Mientras miraba su intimidad cubierta por una delgada tela de algodón color blanco, pensó en cómo se sentiría tocarla allí en medio, justo donde escondía lo que él anhelaba hace tanto tiempo. Tragó la saliva que se le acumuló, sus ojos no se despegaron de su entrepierna en ningún momento, ajeno a cualquier movimiento de ella, estaba como idiotizado viendo su ropa interior y sus muslos blancos.

— ¿Las… quieres? —Satoru parpadeó un par de veces al escucharla y levantó la vista hasta su rostro. Kasumi lo miraba atenta, con sus mejillas sonrojadas y una sonrisa tímida. —Mis bragas… —explicó y desvió la mirada apenada—no has dejado de mirarlas.

—Ah… —solo pudo decir. Se quedó pasmado mirándola, sin saber qué decir. En parte porque se vio sorprendido mirándola y su ofrecimiento lo dejó en blanco. Carraspeó su garganta y se rio nervioso, rascó su nuca y negó sin dejar de sonreír—lo siento… ¿de verdad me las das? —preguntó tomándole el pelo. Y ella se encogió de hombros, la sonrisa de Satoru titubeó ¿hablaba en serio? Tragó saliva y murmuró riéndose—bueno, no estaría malo. Me ayudarían a aliviar el estrés.

—Está bien —Satoru quedó mudo al oírla. La observó boquiabierto, ella se apoyó en sus rodillas y se inclinó un poco hacia delante, algunos mechones de su pelo se inclinaron también. Se le secó la garganta cuando la vio abrir su yukata, sujetar el borde de su ropa interior y deslizarla lentamente hacia abajo. Pudo detenerla, pudo decirle que era una broma y que no era necesario, pero no lo hizo.

Quizás porque estaba idiotizado viéndola, o tal vez porque en el fondo quería ver hasta donde llegaría. Seguramente era ambos. Contuvo el aliento cuando alcanzó a ver un poco de su pubis, con cuidado, Kasumi se sentó en el colchón y continuó deslizando su ropa interior por sus piernas hasta quitársela. Ella observó la tela unos segundos y luego extendió su mano hasta él. Satoru la miró a los ojos, y sin dejar de verla, recibió su presente.

La tela estaba cálida, se vio tentado a olerla, pero prefirió dejar eso para cuando estuviera solo. Kasumi le observaba en silencio, con las mejillas rojas y los ojos fijos en él. La vio relamer sus labios y él de forma inconsciente le imitó.

— ¿Quiere… que le ayude con eso? —susurró apenada sin apartar la mirada. Satoru frunció el ceño, confundido y ella apuntó con su barbilla hacia su pelvis. Se inclinó un poco para poder ver a lo que se refería y se le escapó una sonrisa cuando vio su erección.

—Oh mierda —se rio y la miró sin dejar de sonreír—creo… que es mejor que vuelvas a tu cuarto.

— ¿Eh? ¿Por qué? —preguntó decepcionada. Satoru se cruzó de brazos, sin soltar su ropa interior, y con su mano libre, se acarició la barbilla.

—Bueno… no llevas ni cinco minutos aquí, y ya estás sin ropa interior y yo tengo una erección. No creo sea una buena combinación. —Kasumi lo miró frustrada, lo escuchó reírse y desvió la mirada.

Cuando notó que la estaba viendo con otras intenciones, pensó que podían estar juntos como antes. Su actitud renuente le auguraba que se estaba haciendo falsas esperanzas. Era un hombre como cualquier otro, tener una erección por verle su ropa interior era normal. Suspiró derrotada y le miró sin ocultar su decepción.

—Bien… me iré. Devuélvame mis bragas —pidió extendiendo su mano hacia él.

— ¡¿Eh?! ¿Por qué? Me las diste —dijo mientras las escondía detrás de su espalda.

—No me iré sin ropa interior —murmuró ella desviando la mirada—además ¿de qué le sirven? —preguntó confundida. Satoru amplió su sonrisa y con un leve rubor en las mejillas, habló.

—Ya te dije, para aliviar el estrés —dijo en tono cantarín. Kasumi frunció el entrecejo, aun sin entender y él se carcajeó—oh vamos ¿para qué crees que me pueden servir? —le susurró en un tono seductor que la estremeció. Apretó fuerte sus piernas, y su semblante titubeó un poco—te daré una pista —dijo y apuntó hacia su erección.

Kasumi alzó ambas cejas y se tensó. Tardó un poco, pero le entendió, era el mismo humor de Satoru adolescente cuando a menudo la molestó insinuándole que se masturbaba pensando en ella. Él no dejaba de sonreírle, sin atisbo de timidez como ella. Le había costado mucho dar un paso-grande para ella-como el que había dado y sentía que todo había sido por nada. Ahora él le pedía que se fuera, no se le hacía justo. Miró con disimulo su erección, la tela de su pantalón holgado estaba tirante justo donde su dureza se exhibía, seguramente estaba cálida. Se preguntó si aún le gustaba que le tocaran y lamieran allí. Y el rubor en sus mejillas se intensificó.

—Bien… pero si no me las regresa, n-no me iré —declaró amurrando los labios y él alzó ambas cejas al oírla. Lo oyó suspirar mientras la miraba con las manos en su cadera, pensando, Kasumi tragó saliva y sin esperar una respuesta, gateó de regreso a las sábanas y se escondió entre estas, tapándose hasta la cabeza— ¡tendrá que arrastrarme de regreso a mi cuarto!

—Está bien —susurró derrotado, escondiendo su diversión al verla actuar infantil. Ella bajó un poco las mantas hasta sus ojos y parpadeó atenta—quédate, pero está prohibido acurrucarte a mi espalda. —Dijo levantando su dedo índice mientras le daba la instrucción. Ella hizo un puchero y tuvo que desviar la mirada, volvió a suspirar y habló—bien, duerme. Apagaré la luz.

Kasumi lo vio guardar su ropa interior en el primer cajón de su cómoda, de donde sacó los calcetines que le prestó. Miró atenta su espalda tonificada y tragó en seco, se imaginó abrazándola y tocándola y mordió su labio inferior mientras apretaba las piernas. Satoru apagó la luz, pero la iluminación del patio se traspasaba por las cortinas, por lo que no quedaron completamente a oscuras. Lo vio caminar hasta la cama, sintió el abdomen pesado al verlo acomodarse a su lado.

—Bueno, descansa —le oyó decir y se acomodó de lado, dándole la espalda.

Kasumi no respondió. Se quedó viendo el techo por varios minutos, tensa, sin moverse y nerviosa sabiendo que a solo centímetros estaba Satoru. Tragó con dificultad y volteó a verlo, su espalda era mucho más ancha de lo que recordaba. Definitivamente él era un hombre, no un adolescente. Incluso su decisión de no tocarla por ser muy joven se lo alertaba, y por una parte lo admiraba por ello e incluso sentía que lo amaba y respetaba aún más. Pero quería estar con él, ser suya ahora y una y otra vez. El deseo que le recorría por todo el cuerpo y se instalaba entre sus piernas no lo había sentido antes, era un anhelo distinto al que sintió con Satoru en su pasado. Quizás porque en ese tiempo siempre lo tuvo a su alcance y nunca le rogó, y era él quien la buscaba. Ahora era diferente. Se sorprendía de sí misma, la lujuria que sentía por el hombre a su lado era nueva, no solo quería tocarlo porque lo amaba, sino que le urgía sentir sus manos sobre su cuerpo y que hiciera con ella lo que le plazca. Se le secó la garganta al imaginarlo, pensó varias veces en acercarse y rodear su cintura con sus manos y bajar un poco, y luego otro, hasta encontrar su dureza ¿la detendría si lo intentaba?

— ¿Estás durmiendo? —susurró después de varios minutos en silencio.

—No —respondió él en un susurro, como si fueran a despertar a alguien.

— ¿Puedo… pedirle un favor? —el silencio se prolongó por un par de minutos, los nervios crecieron, se secó el sudor de las manos con disimulo en las sábanas.

—No te abrazaré —dijo él y Kasumi frunció el ceño, al mismo tiempo que sentía una punzada en el pecho—no porque no quiera… digo. No es buena idea que lo haga.

—Sí, ya entendí —respondió molesta, sorprendiéndolo—no era eso lo que iba a preguntar.

—Ah… lo siento. Dime —murmuró curioso.

—Puedo… ¿puedo llamarlo Satoru cuando estemos solos? —preguntó y él sonrió. Se dio la vuelta y se quedó de costado viéndola.

—Por supuesto —dijo y ella sonrió.

—Bien… gracias. Buenas noches, Satoru —susurró sin dejar de sonreír, y le dio la espalda.

Fue turno de él de quedarse viendo su menuda espalda. Y aunque dijo que no la abrazaría, su cuerpo se movió sin pensarlo y se acercó a ella lo suficiente como para sentir el calor que irradiaba su cuerpo femenino. No supo si siguió avanzando o ella hizo el resto del trabajo, pero cuando lo notó, estaba apegado a su espalda, su pelvis enterrada en su trasero y su mano se apoyó en su hombro con duda, tragó nervioso y la apoyó suavemente, esperando algún rechazo o protesta de su parte. Pero eso no pasó, entonces siguió avanzando y terminó rodeando su cintura, apegándola aún más a su pecho.

—Creí que no me abrazarías —dijo ella en un susurro, sin borrar la sonrisa en sus labios.

—Duerme —respondió, haciendo una mueca humillado.

Pasaron varios minutos en los que ninguno se quedó dormido. Kasumi se movió un poco bajo su abrazo y se detuvo al sentir su miembro erecto. El calor fue recorriéndole otra vez, instalándose en su intimidad y tragó saliva cuando se sintió húmeda. Mordió su labio inferior, y con movimientos lentos, se meneó un poco, frotándose en su erección. Pensó que la detendría, o se alejaría, pero él no se movió ni la detuvo. Lo oía respirar grave detrás de su nuca, entonces se movió con más energía y él gimió.

—Satoru… —susurró y volteó hacia atrás.

—Kasumi… —respondió él, sintiendo el cuerpo entero caliente, el corazón latiéndole rápido y las manos temblándole.

—Por esta vez… por esta noche… olvidemos todo ¿sí? —susurró y se inclinó un poco para acercarse a sus labios, pero no lograba llegar hasta él—solo seremos tú y yo.

—Kasumi… —repitió en un susurro varonil.

Contuvo la respiración por unos segundos y antes de que ella pudiera continuar, se inclinó y la besó. Un beso desesperado, ruidoso y hambriento, por parte de ambos. Ella se giró por completo y él no tardó en subírsele. Los jadeos no se hicieron esperar, besó su cuello y lo mordisqueó rudamente, ella gimió en su oído y él hundió su erección aun vestida en su intimidad.

— ¿Estás segura? —dijo volviendo a sus labios—follar con un hombre no es lo mismo que con un mocoso —ella tragó saliva, por un momento sintió que aquello sonaba a competencia, y recordó cuando Satoru de 18 años no quería que le confundiera con el sensei.

—Muéstrame —susurró y lo besó. Enredó sus dedos en su melena acercándolo más, él metió sus manos entre los bordes de su yukata abriéndola, dejando libre sus pechos y no tardó en agarrarlos firmemente, sin ninguna duda en su toque—Satoru…

Nunca antes le había gustado tanto su nombre como ahora saliendo de sus labios en un dulce y femenino gemido. Su voz delicada le provocaba sensaciones difíciles de entender, lo único que tenía claro en ese momento al menos, era la urgencia que sentía por hacerla suya. Que gritara su nombre y dejarle en claro que ella era solo suya. Nunca fue posesivo, pero Kasumi despertaba en él ese instinto primitivo masculino, protector y posesivo y no había mucho que pudiera hacer al respecto. No ahora al menos. No quería y tal como ella le había pedido, por esta vez dejaría que aquello pasara y ya después se lamentaría por ser un idiota irresponsable.

Las caricias del hombre que estaba encima suyo eran demandantes. No le daba espacio para pensar, en su mente lo único que dominaba era la ansiedad por concretar aquello y que fuera como fuera, no sería suficiente. Quería todo de él. Besó su cuello mientras él tocaba su pecho y una de sus manos bajó hasta su entrepierna, con movimientos suaves y gentiles uno de sus dedos tocó sus labios menores. Él besó su mejilla y sonriendo, le habló.

—Estas mojada —ella pensó en negarlo o pedirle que no lo dijera de ese modo, en cambio, tomó su rostro con delicadeza con ambas manos y lo acercó a sus labios.

—No eres el único que quiere esto —susurró y lo besó. Metió su lengua en su boca, él en la suya, los ruidos de sus fluidos eran lo único que irrumpía el silencio nocturno en la habitación junto a sus jadeos.

Gimió en su boca cuando su dedo medio se introdujo con suavidad en su interior. Él cerró sus ojos sintiendo los pliegues y el calor de su intimidad, imaginando lo que sentiría cuando su pene fuera el que estuviera allí. Tragó saliva y sonrió, se alejó un poco de sus labios para besar su mejilla y luego su cuello, mordiendo, lamiendo y ella meneó su pelvis, indicándole el ritmo a su dedo. Él no tardó en entenderla y le obedeció al mismo tiempo que con su palma frotaba su clítoris, así, mientras su dedo medio se movía en su interior, su palma no dejó de hacer presión en su carne hinchada y ella no tardó en gemir su nombre otra vez.

La sintió estremecerse bajo su toque, hundió sus uñas en su espalda ganándose una risotada de su parte. Besó su mejilla mientras ella respiraba agitada y sin darle tiempo para recuperarse, frotó su erección en su carne sensible y húmeda. Ella mordió su labio inferior cuando su dureza se refregó varias veces, se sujetó de sus brazos y se preparó para lo que pasaría.

Satoru relamió sus labios y buscó los suyos, la besó suavemente mientras guiaba ansioso su erección hacia su intimidad, dio un par empujones sin meter su pene y buscó su abertura. Frunció el entrecejo cuando intentó entrar y no pudo avanzar más que cubrir apenas la punta. Soltó sus labios y miró hacia abajo y lo volvió a intentar, pero nuevamente no entró ni un centímetro. Levantó la vista hacia la joven que miraba atenta la situación, igual de confundida que él.

—No entra —susurró y la miró— ¿segura quieres esto?

—S-sí —se apresuró en decir y lo besó con urgencia—hazlo.

Él respondió su beso y volvió a empujar, pero su miembro no avanzaba, era como si hubiera una pared que le impidiera el paso. Frunció el entrecejo y la miró, se alejó un poco y le sonrió sin ganas.

—Quizás es mejor que nos detengamos —Kasumi negó con la boca abierta, casi sollozando. Satoru desvió la mirada y alejó su miembro-resignado-de su cuerpo.

—N-no, por favor no… estoy nerviosa. Es solo eso —susurró mientras lo abrazaba y lo arrastraba a su cuerpo.

— ¿Por qué estás nerviosa? —preguntó confundido. A diferencia de Kasumi, él llevaba años esperando por tener sexo con ella, pero para la joven, la última vez había sido hace unas cuantas semanas con su versión adolescente.

—Porque… eres tú —susurró mirándolo con amor. —Estoy tensa —explicó desviando la mirada—quiero ser lo suficiente para ti.

—No seas tonta —le dijo frunciéndole el ceño y tomó su barbilla para verla de frente—eres más que suficiente, incluso mucho para mí —le sonrió y la besó con ternura— ¿estás segura que lo quieres volver a intentar?

—Sí —respondió con determinación—pero… déjame a mí intentarlo.

—Oh… Bueno, muéstrame —sonrió expectante.

Kasumi tragó saliva y lo empujó con suavidad hasta recostarlo boca arriba y se subió a su cadera. Mordió su labio inferior y comenzó un tímido vaivén. Era primera vez que estaba arriba, lo miró atenta a todas sus expresiones, él sonreía a segundos y luego cerraba sus ojos y gemía. Se sintió segura, deseada y con ello, se movió desinhibida. Se quitó la yukata sin dejar de menearse sobre su miembro duro y la lanzó al suelo. Él agarró su cadera y la presionó contra su pelvis sin dejar de gemir por sus movimientos envolventes.

—Mierda… —susurró y cerró sus ojos sintiendo su carne presionar y deslizarse sobre su pene erecto. Abrió sus ojos y se mordió el labio inferior al ver sus pechos desnudos sacudirse. Se sentó de un solo movimiento y se abrazó a su cintura, sin darle tiempo de reaccionar se llevó un pecho a la boca, succionando y mordisqueando suavemente.

Kasumi gimió estirando el cuello hacia atrás y lo detuvo para elevarse un poco y tomar su miembro. Lo guío con cuidado y se afirmó de sus hombros para ir bajando lentamente, él suspiró a medida que se refugiaba en su calidez y cuando por fin sus cuerpos se entrelazaron, buscó su boca y la besó con urgencia.

— ¿Cómo… debo moverme ahora? —preguntó entre besos— ¿Hacia abajo o adelante? —él se alejó un poco para ver su rostro. La tenue iluminación del cuarto le bañaba el rostro en tonos azules, pero no necesitaba más luz para saber que estaba sonrojada. Él también sentía calor en todo el cuerpo y rostro, supuso que estaba en el mismo estado. La besó con ternura y apoyó su frente en la suya sin soltar su cintura, apegándola a su cuerpo.

—Cómo te guste más —dijo y ella asintió.

Kasumi se meneó hacia delante y él cerró sus ojos hundiendo su rostro en la curva de su cuello mientras gemía contra su piel. Ella contraía los músculos de su intimidad al mismo tiempo que se meneaba y se preguntó dónde había aprendido eso o lo estaba haciendo sin darse cuenta. Ella no tardó en gemir mientras acariciaba su espalda, rasguñándole con suavidad y él tomó su cintura y la guío en el ritmo que le estaba desesperando.

—S-Satoru —susurró y gimió fuerte apretándose a su cuerpo, rodeando su cuello al mismo tiempo que tensaba sus músculos y volvía a estremecerse alcanzando su segundo orgasmo esa noche.

Él aprovechó para tomarla y dejarla boca abajo, y comenzó a moverse sobre ella. Tuvo cuidado de no aplastarla, por lo que se apoyó en sus manos sobre la colchoneta. Ahora que la veía bajo su cuerpo, no pudo evitar notar lo pequeña que era. Sus manos a los costados de su cuerpo medían lo mismo que su pecho, tal vez un poco más, no lo había notado antes, seguramente porque siempre estaba manoseando sus senos cuando tenía la oportunidad de tocarla. Lo mismo su cintura, sus manos la envolvían por completo.

Ella lo abrazó con las piernas y lo empujó más hacia su cuerpo, él le sonrió y se inclinó para besarla, y aceleró el ritmo de sus estocadas, ganándose gemidos contra su boca. Los quejidos femeninos eran más sonoros que el ruido que hacía la cama al crujir, no se limitó ni le pidió que bajara la voz, no había nadie en las otras habitaciones esa noche.

La respiración pronto le escaseó, sintió como su liberación estaba próxima. Se alejó un poco para tomar el muslo derecho de la joven y subió su pierna hasta su hombro, teniendo un mejor acceso y la penetró más rápido. Ella arqueó la espalda en respuesta y cubrió su boca cuando se avergonzó de sus propios gemidos. Sonrió soberbio y se acercó sacando su mano y la besó.

—Quiero escucharte —le dijo y siguió follándola más duro, pero fue él quien gimió cuando eyaculó en su interior a los minutos después.

Respiraron agitados, sin dejar de abrazarse y admirarse en silencio. Él sin poder creer lo que acababa de hacer, y ella embobada viendo al hombre que amaba.

—Espero no estés cansada —dijo serio y ella le sonrió. —Porque no estoy satisfecho.

—Tampoco yo —susurró y buscó sus labios.

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N/A: holissssssssssssss! tanto que decir y a la vez no hahaha. Nuevamente espero se entienda las motivaciones de cada uno. Por un momento sentí que quizás Kasumi estaba siendo un poco más directa, pero releyendo el otro fic, ella fue ganando confianza al compartir con Satoru en el pasado, por lo que no lo sentí tan raro. Por parte de Gojo, bueno, él tiene claro qué es correcto-para él-pero es hombre xD no hay mucho que decir en ese aspecto.

Espero no hayan muchos errores de redacción ni gramaticales ni ortográficos.

Gracias a quienes leen y comentan :D! me alegra no ser la única que adora este ship

Nos estamos leyendo!