La rodó sobre su mano pensando en que necesitaba hablar con alguien. Necesitaba esperanza. Necesitaba superar a la muerte. La piedra era la clave, al parecer Dumbledore había pensado en todo. La rodó sobre su mano e inmediatamente aparecieron cuatro figuras que no eran fantasmas.
Había visto antes a la Dama Gris, esto no eran fantasma. Sino espectros, similar a lo que Voldemort había sido. Sombras de personas. Sus padres, Sirius y Remus. Aquellos a quienes amaba y que realmente se preocupaban por él. Observó a todos con algo de simpatía.
—Ya lo tienes hijo—animó su padre sonriéndole—Ya casi acaba todo.
—Eres muy valiente—coreó su madre observándole—Nunca esperé que sacases los dotes ligones de tu padre…eras tan callado cuando bebe…—todos sonrieron observaban al chico—Dos nueras…Simplemente de otro siglo…Odio el mundo mágico en esos aspectos—declaró Lily haciendo que Harry sonriese.
—Al menos una de ellas es pelirroja, James—Remus le sonrió a su padre. —Y otra rubia—secundó Sirius—Los sueños de tu padre cumplidos…—los hombres rieron mientras el merodeador decía—Los de tu padre y los míos…una lástima lo que ocurrió en Gringotts…
—No quise que murieseis…Remus…tú hijo—cuestionó entristecido por la situación. El hombre sabiamente dijo—Alguien le contará porque murieron su padre y su madre…algún día lo entenderá. Además tendrá un gran padrino y probablemente muchos primos…los Weasley no dejarán a Andrómeda sola.
Tragó saliva y dijo mirando a todos—¿Duele? ¿Duele morir? —había sufrido muchos porrazos durante su vida y había sobrevivido. Aun así no era masoquista. Todos permanecieron callados hasta que James dijo—Es más rápido que quedarte dormido…será rápido. La maldición asesina no infringe dolor…
—Y él no esperará mucho—se adelantó Sirius—Son ya muchos intentos frustrados.
—Estaremos contigo siempre—secundó Lily.
—No podrá veros—cuestionó el chico con más seguridad. Todos negaron—Nadie puede vernos…estamos en ti, conectados con tu mente. No hemos resucitado—declaró Remus sonriéndole.
Antes de arrojar la piedra al suelo con seguridad, escuchó la voz apagada de su padrino y de Sirius murmurar—No la tires…Aun hay alguien que la puede necesitar—eso le dejo algo pillado. Esa piedra podía servir para conectar a muchas personas con sus seres queridos pero si se olvidaban de vivir, podría matarlos tal y como lo hizo con el segundo hermano.
Era un arma de doble filo, similar al espejo de Oesed. Si la arrojaba se perdería para siempre entre los guijarros del bosque. Condenada a ser destruida por las feroces lluvias de Escocia. En cambio la guardó mientras meditaba sobre la utilidad. ¿Quién la necesitaría? Estaba claro que Susan y Daphne querrían despedirse adecuadamente de sus seres queridos, pero no comprendía que serviría eso. La piedra no devolvía la vida a los muertos. Todo seguiría igual.
Se internó más en el bosque hasta que vio a Voldemort. Los mortífagos lo rodearon rápidamente. Conocía la mayoría. El círculo íntimo no había sufrido grandes bajas. El Señor Oscuro tenía suficiente carne de cañón. Con dolor comprobó que Hagrid se encontraba atado por vides y estaba siendo torturado por Macnair.
El muy idiota pensaba que podría abusar de un semigigante usando simples cuchillos. Si bien molestaban a Hagrid nunca serian letales. El guardabosques suplicó y gritó que huyese pero Harry cerró los ojos y tocó la piedra.
Voldemort sonrió—Por fin. Harry Potter, ven a morir—la maldición asesina salió disparada como si fuese un torrente. Sintió el impacto sobre él y acabó en el suelo. Un grito agónico salió de Voldemort que también cayó al suelo.
Bella corrió a mirar si su señor se encontraba bien. Con un desaire, Voldemort se levantó y entusiasmado al ver el cuerpo de Harry, sonrió por primera vez de forma genuina. Luego preguntó—¿Ha muerto?
Narcissa se acercó brevemente al cuerpo fallecido de Harry. Le tocó y sintió calor. La maldición no lo había matado. Impresionada, le dijo—¿Están a salvo? ¿Draco? ¿Daphne? —murmuró con algo de pesadez. Sintió un tenue asentimiento del mago. Suspiró de agobio a la vez que Harry dejaba caer la piedra de su bolsillo. Narcissa lo recogió y luego ante todos dijo—Muerto…
Voldemort sonrió mientras organizaba el desfile de la victoria. El bruto de Hagrid llevaría el cadáver en procesión hacia el castillo al amanecer. Allí harían una limpieza de sangre sucia y luego reinaría. Miró a Nagini con alegría mientras se retiraba a descansar. Bella miró a Hagrid riéndose por los gestos de dolor que el hombre tenía.
Narcissa se retiró lejos y tocó la piedra inspeccionándola. El símbolo de Grindelwand, el símbolo que esa chica Lovegood llevaba al cuello. ¿Qué hacía Potter con esto? La tocó más hasta que la sombra de James Potter salió de la piedra.
—Guau, Cissy te ves… ¿Diferente? —dijo riéndose—¿Disfrutaste tu boda? —bromeó haciendo que la bruja abriese los ojos con desdén.
—Estabas muerto. Nada puede revivir a los muertos…—dijo con sabiduría. Había tenido que calcinar el cadáver de James tras el desastre en la mansión. Ahora guardaba sus cenizas en una urna.
—No tengo carne así que figuro con tu descripción…—sonrió James—Travesura Realizada…—sus bromas levantaron una tenue sonrisa en la bruja. Narcissa murmuró—¿Me veo diferente? Es lo que tiene estar veinte años sin un polvo…—acotó la bruja.
—Un lástima que no pudiese ser—anunció James solidarizándose con ella—Yo no tengo la culpa de que la magia no quisiese que tus intentos funcionasen…No podemos controlarlo todo.
La bruja frunció el ceño—Puedo controlar con quien se junta mi hijo, con quien se casa. Puedo controlar la intensidad de la luz, del fuego…
—Sí. Pero no pudiste controlar la forma en la que tu hijo trató a la pequeña Astoria—declaró James sonriendo—No todo se puede controlar. No hiciste un buen trabajo… ¿Ella se merecía eso? —la bruja negó.
—Hubiese sido una buena madre—dijo ella sollozando un poco.
James se acercó más a ella y dijo—¿Lo dudas, Cissa? No deberías dudar de ti misma…Aun puedes ayudar Cissy…No eres igual que ellos, no eres igual que Quejicus. Yo lo sé.
—P…pero pero yo…planeé abusar de tu hijo…hice experimentos con tu cuerpo…destruí la lápida de Lily—declaró ansiosamente. No podía ver bondad en sus actos—Abusé de los Greengrass…torturé a mucha gente…hice que Daphne manipulase a tu hijo…Casi fueron poseídos por mi culpa.
—Aún hay tiempo, Cissa. Todo lo que se necesita para que el mal triunfe es que las buenas personas no hagan nada—dijo James con alegría—No me falles…No me falles Narcissa…Aun hay alguien que necesita una madre…Puedes cuidarla de verdad…Sé que te ves en ella… ¿Fue despecho lo que te hizo pensar que esa chica desestabilizaría la vida romántica de Harry? No lo conseguiste muy bien…
—Daphne—declaró la bruja con temor mirando al castillo. —¿Mi hijo? —anunció dubitativa.
—Tú hijo no merece llevar tu sangre…ha hecho cosas horribles…mucho peores que las que tú has hecho. Su alma está más retorcida que la de su padre—Narcissa guardó la piedra como un tesoro. Ahora entendía porque Harry le había entregado eso. Sabía lo que debía hacer, solo esperaba poder salvar a Daphne de la batalla. Había destruido su familia, a su hijo y había destruido a su amiga. Todo por una ambición pasada. Pero todavía podía solucionar eso.
