Harry recibió el rayo de luz verde y se despertó en un ambiente extraño. Todo era luminoso, blanco y frente a él había una figura amable pero imponente. El director de Hogwarts, Albus Dumbledore lo observaba con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía entristecido de que estuviese allí con él, pero también feliz.

Se levantó entre toda la luz. Le dolía la cabeza pero se sentía lleno de vitalidad. Extrañado, le cuestionó a su mentor.

—Profesor… ¿Dónde estamos?

Dumbledore miró a todos lados y vagamente dijo—Un lugar…espacioso…blanco…y brillante. Pensé que serías tú quien me lo diría Harry. ¿Qué te parece este lugar?

Meditó la disposición de las cosas en esa extraña sala blanca. Era enorme y se ondulaba formando un trazado que le recordó a la estación de trenes. Miró al anciano y dijo—Se parece a Kings Cross Señor…

—La estación de trenes…sí podemos verlo así… ¿andamos? —cuestionó el hombre haciendo que ambos recorriesen la estación a paso lento. Era tan real, que Harry dudó que estuviese vivo. Parecía una representación física del cielo. Decidido a consultarle todas sus dudas, entabló conversación con el anciano profesor.

—Profesor…Voldemort tiene la varita de Sauco. Ultrajó su tumba…No pude detenerle…—eso le cabreaba mucho. Tanto como haber oído de parte de Hermione la forma en la que Narcissa y Bellatrix hacían experimentos de nigromancia con el cuerpo de su difunto padre. Por suerte, todo había sido destruido durante la escaramuza en la mansión.

—Suponía que eso sucedería…No era algo reseñable. Pero recuerda Harry, Hogwarts siempre prestara ayuda a quien la pida y la merezca—culminó Dumbledore sonriendo—La varita no lo es todo, Harry. Es poderosa, mucho de hecho pero solo obedece a su verdadero dueño y Voldemort nunca lo fue.

Con curiosidad, pensó en todas las manos que habían tocado la varita. Snape asesinó al director, Voldemort asesinó a Snape y rescató la varita de la tumba del director. ¿Por qué no le obedecía? Draco había desarmado a Dumbledore realmente. Lo había visto en la Torre de Astronomía. Esa era la solución.

—También asesinó al profesor Snape…él me mostró sus recuerdos—Dumbledore palideció por momentos y expresó—Lo siento. Severus se merecía descansar pero no de esa manera—acotó el director—Supongo que tienes muchas preguntas, hijo mío…veamos si puedo respondértelas.

—¿Sabía que era un horrocrux? —acusó Harry.

El anciano siguió caminando hasta llevarle a un lugar donde se escuchaba una voz quejumbrosa. Negó y dijo—No. Supe que cuando derrotaste a Voldemort algo extraño sucedió. La cicatriz que llevas…no es una usual. Su forma. Luego las punzadas que te daban…tus poderes…heredados de él. Hablas con serpientes porque él podía hablar con serpientes. Muchas semejanzas para ser casualidad—indicó el hombre astutamente—Pero tú podías amar…esa es la gran diferencia. Elegiste ser mejor que él. La elección es fundamental para dirigirse al buen camino, Harry. Desde que intentó secuestrar la piedra filosofal supe que había algo extraño…no estaba muerto…luego comprobé que había artilugios extraños.

—El diario

—En efecto, mi muchacho—rescató Dumbledore—Ese diario poseyó a la Señorita Weasley. Para su suerte, ese diario llevaba sin conexión con Voldemort muchos años. Tan solo tenía los poderes de su yo de dieciséis años y bastante debilitado aún. Esas cosas tenían capacidades de posesión…eran invulnerables al daño. La Señorita Weasley dijo que intentó quemarlo o mojarlo y nada funcionó. Fui atando cabos por así decirlo. No fue hasta el año pasado que supe la cantidad…la osadía de Voldemort era demasiada incluso para un loco—se quedó quieto y Harry lo acompañó.

Ambos vislumbraron a un extraño feto quemado. Tenía los ojos de Voldemort pero gimoteaba de dolor. Las cicatrices eran profundas. Dumbledore derramó una lagrima y dijo—Esto que ves, hijo…es el alma de Voldemort. Apenas permanece anclada al mundo de los vivos…es tan inestable que podría ser peligroso estar cerca de él. Él no regresará, ni como fantasma ni como espíritu…ni siquiera ascenderá a un plano diferente…se perderá en la historia—susurró Dumbledore.

—Aun queda la serpiente—dijo Harry al director. Dumbledore sostuvo la mirada y murmuró—No hay tiempo que perder entonces, Harry. ¿Kings Cross? ¿Podrás tomar un tren?

Harry murmuró—Eso creo, sí. Pero estoy muerto, ¿verdad? ¿O esto está pasando en mi cabeza?

Dumbledore sonrió y dijo—Esto no es la muerte. Pensé que lo sabrías tras jugar con la piedra de la resurrección—Harry borró su sonrisa y dijo—Las reliquias de la muerte…Reales. Es algo increíble, señor.

—Sí lo es. Perseguí el misterio de las reliquias junto a un joven ambicioso llamado Gellert. Él siguió otros caminos, obtuvo la varita y la usó contra los muggles. Lo detuve y lo encerré en Nurmengard…Esperé paciente el día en el que poder confrontarlo por la muerte de mi hermana, sin embargo ya no es posible.

—Usted ha fallecido—le recordó Harry. Albus negó y dijo—Gellert Grindelwand también…Voldemort lo visitó y acabó con su vida en su incansable búsqueda de la varita. Sospechó que al final de sus días se arrepintió de sus actos…Se negó a darle la ubicación a pesar de saber que estaba a mi lado.

—¿Pudo obtener la varita sin matar?

—Matar—sonrió Albus—Las varitas no se obtienen matando, solo desarmando al rival. Es la intención la que cuenta realmente…La lealtad de la varita es increíble, casi tanto como la de los animales domésticos. Fawkes lloró mucho mi partido…Como dije…Nunca obtendrá la verdadera lealtad porque nunca comprenderá esos sentimientos. El poder de la varita morirá conmigo…espero que cumplas mi última voluntad, Harry…

—No quiero que la gente sufra—le indicó el chico con tristeza—Todos han pagado ya el precio de estar de mi lado…

Dumbledore dijo—¿Pagar el precio? ¿Crees que si hubiese podido no me habría sacrificado para estar en tu lugar? ¿Crees de verdad que Sirius no se hubiese sacrificado para darte una oportunidad? Harry estás destinado a esto desde antes de que nacieses…no puedes cambiar lo sucedido. Acaba con él. Da una oportunidad a los demás…Eres el amo de la muerte—recalcó su título sonriendo—Sobreviviste dos veces a la maldición asesina.

—No poseo las reliquias…dejé la capa en su despacho, la piedra la tiene Narcissa y la varita Voldemort…

—No es necesario, aunque me resulta curioso esas elecciones. La piedra podría conducir a una mujer como Narcissa a la locura con poco tiempo. La añoranza puede corromper la mente de cualquiera…

Harry con decisión dijo—Debería irme…puede que les afecté mucho mi muerte.

Dumbledore sonrió de nuevo—Coge el tren de nuevo…y recuerda Hogwarts siempre prestará ayuda a quien lo pida.