Era extraño…

Había mucha tensión en el ambiente, pero a la vez no había otro lugar en el mundo donde quisiera estar.

Se sentía nerviosa. Las mariposas en el estómago no la dejaban en paz.

Intentaba parecer tranquila y relajada, igual que él, reírse de sus bromas, disfrutar el momento. Y aunque ante los ojos de cualquier otro sí lo hacía, ella por estaba luchando con todas sus fuerzas para no parecer una chica desesperada.

Hasta que pasó lo que tanto soñó.

La mirada de Taichi se posó en sus ojos, aquella mirada decidida y dulce a la vez, aquellos ojos chocolates penetrantes sobre los suyos. Sentía que sus nervios la traicionarían.

Solo atinó a llevar un mechón de su cabello hasta detrás de su oreja al mismo tiempo que bajaba su mirada. Él rozó suavemente su mano con la de ella, casi que ayudándole a acomodar si cabello. Acarició suavemente su mejilla hasta llegar a su mentón para alzar su rostro y hacer que sus miradas volvieran a encontrarse.

Sentía que su cara iba a explotar de calor, que en cualquier momento gritaría de la emoción o el pánico, sin embargo, aquella dulce mirada de Taichi junto con su sonrisa la calmaron por completo.

Él se fue acercando a medida que posicionaba ambas manos al rededor del rostro de la pelirroja y entrecerraba sus ojos. Podía sentir su respiración, y solo entonces cayó en cuenta que no estaba tan calmado como aparentaba. Eso, irónicamente la tranquilizó un poco, puesto que no era la única nerviosa ante lo que estaba apunto de ocurrir.

Y pasó.

Finalmente sus labios se encontraban por primera vez y juró que no había nada en el mundo más perfecto que aquel momento.

Sus cálidas manos acariciando suavemente sus mejillas.

Ella, siendo testigo de como el corazón del muchacho latía a mil por hora, al posicionar ambas manos sobre su pecho. Latía con tanta fuerza, igual que el de ella.

Muchas vivencias pasaron por su mente, miles… pero ninguna mejor o más placentera que esta.

—¡Auch!

Y la perfección se esfumó.

Abrió los ojos de golpe, solo para encontrarse a un Taichi tapándose la boca con una mano y tanteando sus labios con la otra. Apartó su mano solo para confirmar el mayor temor de la chica.

Abrió los ojos a más no poder en cuanto vio la sangre en los dedos del castaño.

¡LA PUTA!

¡SOY LA PEOR!

¡ME VA A ODIAR!

¡MI VIDA SE ACABÓ!

Era un mar de nervios y autodestrucción. No aguantaba más la vergüenza de la situación. Y es que…

¿Cómo pude ser tan estúpida?

¿Tan sosa soy que no sé ni siquiera dar un simple beso?

¿Cómo mierda pude morderlo?

—¡Lo siento tanto! —exclamó ella con demasiada angustia— ¿Estás bien?

Y no ayudó mucho a sus cuestionamientos de autosabotaje el hecho de que Taichi se riera a carcajadas.

No sabía si reír, llorar, enojarse, indignarse, golpearlo y partirle más el labio.

—Lo siento… —pidió Taichi cuando pudo contener mejor su risa— es que… tu cara —y se largó a reír de nuevo, presionando su labio para evitar que sangrara más.

Sora lo veía inexpresiva ante sus palabras.

¿Se estaba burlando de ella por lo mal que se sentía? Porque, si era así, no le veía nada de gracioso.

Nuevamente era un mar de emociones, esta vez todas negativas.

—De nuevo, lo siento… —dijo levantándose del pasto donde habían estado sentados todo ese momento— cuando llegues a tu casa, ponte hielo ¿de acuerdo?

Estaba dispuesta a irse indignada, llegar a su habitación y hacerse bolita en su cama hasta el año 2047, fue cuando el castaño tomó su mano para detenerla.

—Discúlpame por haberme reído. No fue nada en contra tuya… —pidió él con calidez— es que… siempre que pensaba en este momento, el escenario en mi cabeza era diferente.

—Diferente, ¿cómo?

—Que yo era el que cagaba la situación —comentó entre risas.

Cosa que no le hizo mucha gracia a ella.

Se sentía pésimo. Culpable y estúpida.

—No pasa nada. Está todo bien —calmó él.

—Soy la peor… lo siento tanto.

—Estas cosas pasan, es algo muy normal cuando hay nervios de por medio.

¿Algo muy normal?

¿Cuántas veces le habrán pasado a Tai estas cosas "muy normales"?

Prefirió no indagar y solo dejarse llevar por el momento.

Finalmente volvió a sonreír.

Taichi se incorporó al lado de ella y la abrazó. Pudo calmarse nuevamente al corresponder su abrazo y esconder su rostro entre su ropa, aquella ropa impregnada de su perfume. Ese podría ser perfectamente su lugar feliz en el mundo.

Solo él.

No necesitaba nada más.

Sintió una caricia del castaño en su cabello y alzó la vista hacia él para sonreírle.

—¡Auch!

—¡Mierda! ¿QUÉ HICE AHORA?

Al levantar su cabeza chocó con el mentón de Taichi, ambos salieron lastimados.

—¿Te lastimé otra vez? —preguntó al borde del colapso.

—Creo que me rompí un diente.

—¡¿QUÉ?!

—¡Nah! Era broma

Y llegó el golpe.

—Bueno, ahora no es broma.

Leen!