Hola a todas!

Sé que tengo una historia en curso que debo actualizar y lo haré. Ahora breves comentarios. Esta historia es el Longfic de uno de mis One Shots. Recibí varios comentarios pidiendo una continuación y un día desperté inspirada. Recomiendo, antes de leer esta historia leer el one shot que lleva el mismo nombre. Amaría leer sus comentarios ya que como siempre lo he dicho, son el alimento del alma del autor. Sin nada más que agregar, el capítulo:

CAPÍTULO 2. El misterioso objeto.

Ante el escenario decidió ir por sus cosas y marcharse a su casa. En ese momento no tenía nada que hacer en el hospital. Se recriminó por su absurdo ataque de pánico del día anterior. Sabía que toda su reacción se debía a descubrir que el hombre no era un muggle y que su herida era producto de una maldición, una además muy rara.

Su corazón empezó a latir desbordado ¿Y si la guerra continuaba y estaba llegando a Estado Unidos? Decidió apartar ese pensamiento de su cabeza. La brisa fría de esa noche de finales de noviembre la golpeó. Apretujó más la chaqueta contra su cuerpo y avanzó a paso rápido hasta llegar al borde de la calle y tomar el primer taxi libre.

Ella no sabía conducir. Por diferentes razones. En el mundo mágico no lo necesitaba, podía usar una escoba, la desaparición o un traslador. La mayoría del tiempo de su adolescencia estuvo en Hogwarts así que su padre no le había dado lecciones de manejo, luego la guerra explotó y todo se volvió patas arriba, imposible pensar en clases de conducción.

Cuando abandonó la magia tampoco quiso aprender, por alguna razón sentía fobia. Alguna vez creyó que era su forma de rechazar el hecho de haber tenido que abandonar el mundo mágico en esos términos.

Vivió algunos meses en aquella casita pintoresca en a las afueras de los Ángeles, en un pueblo pequeño y poco concurrido que había comprado Malfoy para ella, sin embargo, le había sido imposible solo ver correr los días. Al cabo de tres meses con ayuda de la poco despreciable suma de dinero que puso Draco en un banco para ella, logró conseguir una nueva identidad, por medios poco legales, pero, había sido necesario. Logró entrar a Stanford a la facultad de medicina y terminó la carrera un año y medio antes. Habían sido horas de estudio y escaso sueño. Justo lo que necesitaba. Toda su concentración estaba en sus estudios y sin tiempo libre no podía darse el lujo de sentarse a pensar en su pasado o en lo que sucedía en su patria.

Después, empezó su residencia y luego a trabajar, con el tiempo desterró más y más profundo las preguntas y recuerdos de Hermione Granger y se dedicó a vivir como un robot la vida de Katherine Bushnell, una inmigrante inglesa y una cirujana cardiotorácica.

Del dinero de Draco vivió como una estudiante promedio, detestaba la idea de vivir de ello. Toda su carrera había estudiado becada y luego, cuando empezó a trabajar simplemente se olvidó que aquella cuenta existía. Sentía que si olvidaba todo lo que la conectaba con el mundo mágico sería más fácil y efectivamente había funcionado, hasta ayer.

Una vez en su casa tomó una ducha. El agua caliente siempre la despejaba y la relajaba. Al salir se puso un pijama y se sentó en la silla de su cómoda. Su mirada se desvió de nuevo al último cajón del mueble y se mantuvo allí. Incapaz de ignorarlo sacó de nuevo la caja y la abrió. Tomó la barita y la acarició con la yema de los dedos. Tuvo ganas de hacer magia, un simple hechizo de levitación, cualquier cosa con tal de sentirla correr por su cuerpo.

De nuevo el pensamiento de romperla llegó a su mente. Su parte racional le decía que debía hacerlo. Podía ser rastreada y podrían encontrarla, sin embargo, aún no se sentía preparada para dejar ir lo que se sentía más cerca al mundo mágico en años.

Volvió a guardar el objeto y desterró cualquier pensamiento de su mente. Luego decidiría qué hacer, por ahora había decidido dormir o al menos intentarlo. En días como ese extrañaba la poción para dormir sin sueños.

-/-/-/

-Entonces, doctora Bushnell ¿Qué sintió exactamente ese día? – un hombre regordete, de mediana edad, calvo y con bigote estaba sentado frente a ella expectante a su respuesta. Aquella situación se le hacía inverosímil.

-Sentí que me quedaba congelada – respondió siendo sincera – todo lo que había aprendido hasta ese momento no tenía sentido. No había nada malo en su cuerpo, todos los procedimientos eran correctos y aún con la herida cerrada y la transfusión estaba muriendo. Era como si mi mente funcionara a mil tratando de encontrar una respuesta, recordando todas y cada una de mis lecciones, de los casos que había visto. Me quedé congelada haciendo un recuento y luego simplemente estuve en blanco – excelente mentirosa. Sabía perfectamente que había matado al pobre hombre, de hecho, de cierta forma, sirvió de ratón de laboratorio. Ese día comprobó que la sangre muggle siempre sería rechazada por un ser mágico. Había resultado, después de todo, que sí había una diferencia. La esencia mágica.

Ella no había quedado en blanco por perder a un paciente, no, su shock se debía a un encuentro tan cercano con su vida pasada y con una maldición tan poco conocida, una que había sido creada por un hombre al otro lado del charco y que hasta hacía poco tiempo se limitaba a estar en las anotaciones al margen de un viejo libro de pociones propiedad del príncipe mestizo.

-¿Alguna vez le sucedió antes? – volvió a preguntar de manera clínica.

-No, siempre me he considerado una persona con temple – respondió ante la mirada atenta del hombre

-¿Hace cuanto ejerce la medicina?

-Como titular hace un año.

-¿Cree que quizás fue muy pronto? Su carrera profesional ha avanzado con rapidez – comentó mientras revisaba mi historial.

-Creo que esa pregunta no podría responderla. Quienes me pusieron en este puesto podrán exponerles sus razones – respondió con desinterés.

-En el informe dice que sus padres murieron ¿Puede contarme sobre eso? – ella se tensó, pero pudo disimularlo ¿Qué debería responder? ¿Qué fueron asesinados por un grupo de inadaptados que creían que ella no merecía su magia en medio de una guerra por el estatus de sangre? – fallecieron cuando terminé mis estudios secundarios en un accidente de tránsito. Fue una pérdida devastadora, fue la razón para mudarme, necesitaba alejarme del lugar que me traía esos feos recuerdos.

-¿Siente que no se permitió un periodo de luto? - ¿luto? Claro que no, cuando sus padres murieron ella estaba escondida en el cuartel de la orden o luchando a campo abierto y cuando desapareció por cuenta del camafeo desterró todo a la estantería del fondo de su mente.

-Claro, pienso en ellos todos los días. Sé que estarían orgullosos de la mujer en la que me he convertido – respondió con una sonrisa natural.

-Bien, escucharé a otras personas y luego daré mi concepto Doctora Spellman – dijo mientras se levanta y le extendía su mano – ha sido un verdadero placer conocerla.

-El placer ha sido todo mío – sonrió para luego salir del consultorio.

Miró la hora en su reloj, faltaba media hora para las 10. Caminó a la cafetería que había sido el lugar elegido por el policía para interrogarla. Aquella cita la tenía ansiosa.

Cuando entró al espacioso ambiente caminó hasta la barra de café. Detallo las estanterías donde estaban exhibidos los postres meditando cual pedir. Durante su estadía en Hogwarts ella no era muy amante de los dulces, sin embargo, luego de salir de Inglaterra, cada que se sentía ansiosa se refugiaba en los placeres del azúcar.

-Quisiera un café negro y una porción de pastel de chocolate por favor – pidió a la encargada dándole una sonrisa mientras le extendía su tarjeta.

-Son 15 dólares, Doc – le informó la cajera - ¿está usted bien? – preguntó la chica de unos 20 años con genuina preocupación.

-Si, Sabrina, nada de qué preocuparse – le respondió con un dejo de cariño. La chica trabajaba en el café del hospital y al mismo tiempo estudiaba para entrar a la facultad de medicina de la NYU. Era digna de su admiración.

-Bien, aquí tiene – dijo extendiéndole una bandeja con su pedido – le deseo un lindo día.

-Te deseo lo mismo – contestó alejándose del mostrador y tomando asiento en una mesa al lado de la ventana que daba contra la avenida.

Degustó un trozo de pastel y de inmediato sus papilas gustativas reaccionaron al dulce sabor del chocolate. Ella siempre se tomaba su tiempo para saborear, disfrutando lo máximo posible, buscando relajarse.

-¿Doctora Bushnell? – alzó la vista para encontrarse con un hombre alto de cabello negro y tez trigueña vestido de uniforme frente a ella.

-La misma – respondió relajada mientras invitaba al hombre con una señal de su mano a sentarse. Buscó la placa con el nombre en su pecho y luego lo miró a los ojos – Oficial Stuart ¿Verdad?

-Así es – asintió el hombre con una leve sonrisa – es un placer conocerla.

-El placer es todo mío – respondió haciendo a un lado la torta que había estado comiendo – La doctora Spellman me informó que la policía desea interrogarme acerca de un objeto – comentó con fingido desinterés.

-Así es – respondió sacando de su bolsillo una libreta y un bolígrafo – No hemos podido identificar al hombre que murió – le contó.

-Entiendo, yo misma busqué dentro de sus pertenecías alguna identificación, ya sabe, siguiendo el protocolo – mintió.

-Claro, lo entiendo – dijo mientras tomaba notas rápidas. Por alguna razón el movimiento del esfero le recordaba a Rita Skiter – Verá, los paramédicos entregaron una lista de pertenencias y hace falta una. Nos informaron que solo usted tuvo acceso a ellas –

-Cómo le digo, solo rebusqué entre sus pertenencias algún documento de identificación – repuso sin perder la calma – quizás si me dice exactamente qué objeto están buscando podría decirle si estaba entre las pertenencias del paciente – pico tratando de recabar información. Necesitaba saber si lo que tanto buscaban era su varita.

-Lo siento, es un asunto confidencial – respondió el hombre sin dejar de hacer anotaciones – ¿Podría recordar qué objetos vio dentro de la bolsa? – Hermione cayó por un momento, meditando si debía o no incluir la varita mágica dentro de los elementos que había visto, quizás si lo hacía podría despistarlos y, además, por las reacciones del hombre podría saber si era eso lo que tanto buscaban.

-Había una chaqueta, una camisa manga larga totalmente manchada de sangre, un cinto café y unos zapatos de vestir del mismo color y… - se detuvo fingiendo un esfuerzo por recordar - ¡ah sí! – chasqueó con su lengua - un extraño trozo de madera – clavó su mirada en el oficial, pero su rostro no le dijo nada ante la mención de la varita.

-Bien ¿Dice entonces que no recuerda haber visto nada más? – la pregunta la descolocó ¿No era la varita lo que buscaban? ¿Acaso era otra cosa? Frunció el ceño tratando de recordar si había obviado algún objeto, pero no pudo encontrar nada entre sus recuerdos.

-Me temo que no recuerdo haber visto nada más ¿Acaso no es ninguno de esos objetos el que busca? – volvió a preguntar con tacto.

-Cómo ya le he dicho es información confidencial, sin embargo, es importante, podría ser una prueba vital – le dijo dedicándole una mirada seria a la antaño castaña – si llega a recordar algo más llámeme – instó mientras le extendía una tarjeta de presentación.

-¡Claro, oficial! Haré cualquier cosa para colaborar con la investigación – respondió con una sonrisa.

El hombre se levantó y acomodó una arruga invisible de la camisa de su uniforme y le dedicó una mirada relajada mientras volvía a guardar en su bolsillo la libreta y el esfero.

-Agradezco mucho su colaboración, doctora Bushnell – le dijo mientras le extendía su mano cordialmente.

-Es todo un placer poder ayudar – contestó tomando su mano para darle un pequeño apretón. Luego el hombre soltó su mano, le hizo un breve asentimiento de cabeza y se retiró.

Ella volvió a tomar el plato en el cual aún había pastel llevándose un trozo a la boca. Aquel policía era experto en controlar sus emociones, pensó arrugando brevemente el ceño, ante la mención de la varita no había hecho gesto alguno ¿Acaso no era eso lo que buscaban? Y, de todas formas ¿Por qué ese objeto era tan importante para la investigación? En caso de que lo que buscaran fuera la varita, ellos eran unos simples muggles, en sus manos solo sería un trozo de madera sin sentido alguno ¿Qué estaba pasando por alto? Suspiró frustrada ante las preguntas que no podía responder mientras apretaba la mandíbula.

-¿Qué tal ha ido? – la voz de Elliot llegó a sus oídos. El hombre estaba sentado frente a ella. Tenía dos grandes círculos negros bajos sus ojos y lucía despeinado.

-¿Qué rayos te ha pasado? – preguntó frunciendo el ceño ante su apariencia.

-Alguien fue suspendida de cirugía, razón por la cual ahora tengo el doble de trabajo – respondió mirándola de mala manera para luego arrebatarle la cuchara y llevarse un trozo de pastel a la boca.

-¿Dices que soy culpable de tu deplorable estado? – rebatió arrebatándole la cuchara de vuelta.

-Es exactamente lo que digo – respondió mientras bostezaba. Hermione se levantó ante la atenta mirada de él para luego volver con una orden idéntica a la suya empujándola hacía él haciendo un gesto con la cabeza para que la tomara – siempre tan cariñosa – dijo ahogando una risa.

-Eres extremadamente afortunado – le dijo con simpleza mientras lo veía sonreír negando con la cabeza y llevándose el líquido negro a los labios.

-y bien ¿Qué tal ha ido? – preguntó de nuevo.

-¿El qué? – dijo como si no entendiera.

-Sabes de qué hablo – murmuró sin mirarla – el policía.

-¡Oh! Eso.

-¡Oh sí, eso!

-Pues ha ido bien, supongo – contestó alzando los hombros y componiendo su mejor tono inocente – solo ha hecho algunas preguntas y escrito garabatos en su libreta – dijo mientras metía la última cuchara de pastel de chocolate a la boca – no sé qué es lo que buscan, pero creo que mi respuesta no era lo que esperaba.

-Todo es muy extraño. Al personal de limpieza se le ha encomendado especialmente estar atentos a cualquier objeto "desconocido" – sonrió con sorna – como si fuera tan fácil en un hospital de este tamaño encontrar un objeto que ni siquiera dicen qué es – bufó.

-No entiendo por qué es tan importante – murmuró mientras enfocaba un punto desconocido al otro lado de la ventana.

-Todos nos preguntamos lo mismo – en ese momento el bíper de su amigo sonó, este lo tomó para luego bufar exasperado y tomar una gran porción del pastel llenándose la boca – te odio – le dijo apenas entendiendo pues, había hablado con la boca llena, luego le dio la espalda y salió corriendo.

Suspiró, él se quejaba de estar atareado y ella mataría por estarlo. No quería ir a su casa y seguir mirando el maldito cajón mientras la ansiedad se la comía viva. Pensó en darse una vuelta por la estación de cirugía, pero, la mirada de advertencia que le lanzó su jefa cuándo le dijo que estaba suspendida y que no la quería ver cerca la detuvo. Odiaba tener tiempo libre.

Hogwarts, septiembre de 1991.

-Muy bien niños, empezaremos con algo sencillo – dijo el pequeño profesor de barba blanca bajo la mirada atenta de una veintena de niños de 11 años – van a levitar la pluma que está justo frente a ustedes, es sencillo, tomen sus varitas y hagan un pequeño movimiento de izquierda a derecha agitándola levemente mientras pronuncian Wingardium leviosa – explicó el profesor haciendo una demostración ante los ojos fascinados de los estudiantes.

Por toda el aula resonaron diferentes voces recitando una y otra vez el encantamiento sin obtener resultados, luego el salón quedó en silencio cuando la pluma de una castaña de cabello desordenado y ojos color miel flotó frente a sus ojos.

-Muy bien señorita Granger, 50 puntos para Gryffindor – la niña sonrió con orgullo, al otro lado, un niño rubio la miraba con interés. La había visto por los pasillos cargando libros y en un rincón de la biblioteca estudiando. Le había parecido interesante verla de aquí para allá y luego demostrando sus habilidades mágicas.

De nuevo el silencio fue interrumpido por la voz del niño rubio quien luego de pronunciar el hechizo por tercera vez también logró hacer levitar la pluma.

-Excelente, señor Malfoy – escuchó como el profesor lo felicitaba. En ese instante los ojos oro de la niña se cruzaron con los grises de él. Le dedicó una casi imperceptible sonrisa ladeada y ella se la devolvió con ojos chispeantes. La conexión se rompió cuando el ruido de la campana para el cambio de clase sonó.

-Muy bien, todos practiquen con su pluma, mañana deberán traerlo perfeccionado – ordenó el maestro mientras todos empezaban a salir del aula, algunos con caras largas por no poder lograrlo.

El rubio siguió la mata de cabello de su compañera desde atrás y la escuchó hablando con el pelirrojo Weasley, corrigiéndole la modulación del hechizo mientras este la miraba visiblemente fastidiado, el rubio pensó que la chiquilla perdía su tiempo con aquel cerebro de papa. Se prometió acercarse a ella en cuanto la volviera a ver en la biblioteca, después de todo su padre le había dicho que se rodeara de magos diligentes y ella definitivamente entraba dentro de esa categoría.