Hola a todas y todos. Vengo con una actualización, he sido muy juiciosa porque hace poco actualicé intercambio de reinas también. Por cierto, si no lo han leído vayan a darle un ojito. Sigo sin recibir comentarios lo cual es muy triste, pero, aún así, en mi cabeza esta historia tiene sentido.

Si están llegando apenas, les recomiendo que lean primero el one shot del mismo nombre, din mas que decir, el capítulo.

CAÍTULO 3. ¿Dónde estás Hermione?

New York, actualidad.

Después de una semana de clases de yoga, baile, pasteles y cualquier actividad que la mantuviera fuera de su casa, en un intento desesperado de eliminar la ansiedad que le producía la varita guardada en el último cajón de la cómoda, fue habilitada para volver al hospital a su tan querida sala de cirugía.

Elliot la recibió con los brazos abiertos pues su retorno significaba que sus turnos volverían a la normalidad. La junta había quedado satisfecha con la evaluación psiquiátrica y con el resultado de la investigación que se le había abierto. El informe decía que y cito: "La doctora Bushnell estaba en perfectas facultades mentales para atender a sus pacientes. El breve momento de shock que tuvo por primera vez en su carrera no interfirió con el lamentable deceso del paciente. Se concluyo que fue una reacción normal a la impotencia de no saber qué estaba sucediendo, adicionalmente, la autopsia realizada al cuerpo sin vida del paciente arrojó un resultado inconcluso acerca de la causa de la muerte y, además, descarta la posible existencia de negligencia médica…"

Como parte de su pequeña revancha, en cuanto la habían restablecido a su puesto había enviado a Bayne, la residente metiche, a rotar por un mes en urología, lo cual había disgustado bastante a esta y había entretenido a Elliot, quien mencionó lo infantil que era.

Desde su retorno, una semana atrás, había operado y hecho rondas sin treguas, había llegado tan cansada a su casa que ni siquiera había tenido tiempo de mirar en dirección al cajón, caía como una piedra en su cama hasta que sonaba, temprano en la mañana, su alarma indicándole que debía volver al hospital, eso cuando podía ir a su casa y no se veía "obligada" a quedarse en el hospital.

-No sé cómo puedes tener tanta energía – Escuchó la voz del oji verde mientras se sentaba frente a ella con una bandeja de almuerzo - ¿No extrañas tu casa? Yo extraño constantemente mi sofá – dijo con un tono triste.

-Sabías que sería así desde que pisamos por primera vez un hospital y no quisiste renunciar – respondió divertida.

-Es porque me gusta abrir personas – suspiró con desgana.

-Entonces, menos quejas – le reprendió con una media sonrisa.

-Tengo derecho a quejarme de vez en cuando – bufó exasperado recibiendo una negación de cabeza de parte de la chica.

"En otras noticias, la policía sigue desconcertada por los tres casos de asesinatos ocurridos en la ciudad. El jefe de policía ha declarado que creen que es el mismo sujeto quien los ha perpetuado"

Hermione bajó su cubierto y agudizó su oído mientras miraba atentamente la pantalla interesada en la noticia que, al parecer, tenía que ver con su paciente muerto.

-Por cierto, que tal….

-Shuuu – le dijo a su amigo mientras manoteaba en su cara y fruncía el ceño en señal de concentración, él, ante del gesto giró su cabeza y enfocó su atención en la televisión también.

"Según una fuente anónima, todos los cuerpos han presentado uno o varios cortes profundos hechos a la perfección como si no fuera obra humana y todos han muerto desangrados. Esta misma fuente informa que en cada escena se ha hallado el mismo objeto lo que hace cada vez más factible la hipótesis de un mismo asesino. La policía de New York ofrece una recompensa de 10 mil dólares por cualquier información que pueda llevar a la captura del sospechoso de los asesinatos.

En otras noticias, el senado..."

Cuando la noticia cambio ella dejó de prestarle atención a la pantalla y puso un gesto serio. El oji verde también se volvió a girar y clavó sus ojos en los de ella, mientras su mente se movía a toda velocidad.

-¿Crees que tiene algo que ver con tu paciente? – preguntó rompiendo el silencio.

-No lo creo, estoy segura. Era una herida muy rara – por no decir mágica, pensó.

-No tenía idea de que había más casos – comentó mientras tomaba de nuevo su cubierto para seguir tomando su almuerzo.

-Yo tampoco, pero, ya sabemos por qué estaban tan interesados en el objeto perdido – añadió pensativa, rememorando la varita guardada en el cajón dudosa de si era eso lo que buscaban. Recordó el rostro del policía y su nula reacción ante la mención del "trozo de madera", como deseaba poder hacer magia en ese momento y usar Legeremancia con el hombre.

-Me gustaría saber qué buscan, sería más fácil de ese modo – ella asintió concordando con el comentario.

-Todo es muy extraño – murmuró más para sí que para su compañero.

-Bueno, no hay nada que podamos hacer, siendo, así las cosas – dijo dejando a un lado su cara seria – tengo dos boletas para el concierto de Linking Park y una lleva tu nombre – sonrió mientras sacaba del bolsillo los trozos de papel.

-No lo sé – respondió mirando con recelo las entradas. En ese momento no le apetecía estar en un estadio repleto de gente, cuando tenía tres casos de asesinato por Sectusempra y una varita que no era suya guardada en uno de sus cajones.

-He visto tu cuadro de turnos, estás libre – arremetió el chico – concédeme una cita – pidió tornando su rostro en uno serio y mirándola con añoranza. Hermione se sintió confundida ¿Acaso era posible que él se sintiera atraído por ella? Apretó los labios en una línea fina y la imagen de un rubio se vino a su mente.

Sacudió la cabeza, no es como si ella hubiera tenido algo parecido a una relación y, más importante aún, ni siquiera sabía si estaba vivo o si algún día lo volvería a ver. Miró fijamente al castaño sopesando sus opciones. Quizás debería terminar de cumplir su promesa, él le había pedido que viviera una vida normal en todo el sentido de la palabra y conocía a Elliot desde hacía años.

-Vamos kate, no me hagas rogarte – pidió con un puchero. Hermione le dio otra mirada y cerró los ojos.

-Bien, es una cita – respondió exhalando todo el aire que no había notado que había retenido en sus pulmones ¿Cómo podía llevar una vida "normal" si ni siquiera era quién decía ser? Vivía su vida engañando a los demás.

-Maravilloso – le sonrió complacido el chico antes de tener que salir corriendo mientras se despedía con un gesto de su mano.

Hermione esperaba no arrepentirse de su decisión. De nuevo la cara del rubio se dibujó en su memoria y el recuerdo de la noche en que él le dio el camafeo volvió a ella golpeándola de frente. El único contacto físico íntimo que tuvo con él fue ese día, el mismo día que su corazón empezó a latir tan rápido que ella no lo entendía del todo. Durante todos esos años se había preguntado lo mismo ¿Cómo era posible enamorarse de él en solo una noche? Su cerebro le había respondido en varias ocasiones, pero ella, terca como siempre, había decidido desterrar esa respuesta.

Azkaban, 2004

Olía asqueroso. No es que no estuviera acostumbrado a ese tipo de ambiente, después de todo una guerra nada cómoda había acabado de terminar. Arrugó el ceño con fastidio inspeccionando su pequeña, oscura y húmeda celda y su sucia y maltrecha ropa. Odiaba ese maldito lugar, entendía perfectamente por qué la gente enloquecía allí.

El sonido de un golpe seco contra su reja lo obligó a levantar la vista. Un hombre corpulento que custodiaba ese pasillo lo miro con asco indicándole que tenía una visita. Tras de él un chico de cabello azabache despeinado apareció en su campo de visión. El grandulón después de un breve asentimiento por parte del otro hombre se retiró no sin darle una última mirada de advertencia al rubio.

-Vaya Potter, pensé que me habías olvidado – dijo con una mueca de sarcasmo sin moverse de su sitio.

-Siempre tan carismático, Malfoy – respondió el oji verde con una leve sonrisa.

-Se hace lo que se puede después de estar aquí durante dos meses esperando mi turno en el Wisengamot – Respondió con rabia.

-Hay una larga fila de reos por juzgar – se excusó el azabache sin quitar su mirada de la sombra que proyectaba el rubio.

-No sería gracioso si te pasara algo antes de que llegue mi turno – sonrió con sorna y un asomo de tristeza en sus ojos grises – solo hay dos personas que pueden sacarme de esta pocilga y una de ellas está muerta – murmuró levantando la vista al techo posando su cabeza contra la pared.

-Me aseguraré de que salgas – respondió serio su interlocutor.

-En realidad, eso es lo que menos importa ahora – dijo poniéndose de pie y acercándose a la reja, dejando ver con más claridad su rostro demacrado, su ropa sucia y su pérdida de peso - ¿La has encontrado?

-No, he buscado una y otra vez en ese lugar. Nadie la conoce – dijo con frustración - ¿Estás seguro de que no la enviaste a otro lugar?

-Potter, no hablas con cualquier mago – escupió con rabia – puedo hacer un traslador más que perfecto e indetectable incluso con los ojos cerrados.

-No entiendo qué sucede – respondió arrugando el ceño – incluso he buscado fotos muggles de ella y las he distribuido. Hay carteles de "se busca" en cada poste, pared u oficina.

-¿La estás buscando de una forma muggle? – preguntó con sorna el rubio.

-¿Tienes alguna otra idea? – devolvió con rabia – te salió tan endemoniadamente bien que no he podido rastrear su magia.

-La idea era protegerla ¿No? – murmuró entre dientes sintiendo frustración hacía él mismo.

-Y ahora no podemos encontrarla ¿Estás seguro de que no le hiciste nada? - preguntó el azabache con un leve tono de desconfianza.

-Me jugué el pellejo por ella, estoy aquí encerrado esperando un juicio por ella, la puse a salvo Potter – enumeró con rabia – no voy a decirte esas palabras porque no te conciernen – finalizó mientras le dedicaba una mirada enfurecida.

-No diré que lo siento – bufó exasperado Harry.

-Es Hermione, Potter. La bruja más brillante de nuestra generación. Cumple más que a cabalidad su promesa de desaparecer. Granger no hace nada que no sea perfecto – dijo con frustración odiando en ese momento que la bruja fuera tan inteligente – Sin embargo, no sé por qué no podía quedarse en el maldito lugar a donde la envíe.

-Porque es Hermione Granger – respondió como si fuera algo obvio - ¿De verdad pensaste que iba a quedarse en ese pequeño pueblo a vivir como un alma más?

-Tenía esperanzas – respondió desganado.

-¿Tienes alguna otra idea de a donde pudo haber ido?

-La cuenta – exclamó de repente – ¿Cómo no pensé antes en eso? Este maldito lugar está acabando con mi cordura – dijo arrugando la nariz.

-¿Qué cuenta?

-¿Pensaste que la enviaría a un lugar desconocido sin dinero, Potter? – dijo mientras se sobaba la cien – a veces me pregunto cómo es que sobreviviste tres veces. Deposité una cantidad bastante alta en un banco muggle a nombre de "Jessica Adams" – explicó - ¿No pueden los muggles rastrear los últimos movimientos? – preguntó sin saber si aquello era posible.

-Hubiera sido muy útil que lo recordaras hace dos meses – respondió Harry exasperado – necesito los datos de la cuenta.

-En la mansión, Winky sabe cuál es mi habitación. Detrás del cuadro de mi madre, sobre la chimenea presiona dos, tres y luego dos sobre los tres ladrillos levemente hundidos – explicó detalladamente – hay una caja con todos los datos.

-Bien - respondió con un leve asentimiento de cabeza – Veré que puedo hacer para acelerar tu turno – dijo echándole una última mira.

-Eso no es importante, encuéntrala. Hay mortifagos sueltos huyendo de Europa – explicó con vehemencia. El oji verde volvió a asentir para luego estudiar al chico a detalle.

-Haré que te traigan ropa y te permitan asearte – prometió – no puedo prometer mejor comida.

-Ya te dije que no es importante – repitió dedicándole una mirada dura.

-Lo sé, aun así, no puedo simplemente mirar, Draco – dijo el niño que vivió para luego girarse y emprender camino de regreso.

-Gracias, Harry – susurró el rubio recostando su espalda contra la pared de su celda deslizándose por esta hasta quedar sentado en el frio suelo. Odiaba ese lugar, pero salir de allí no era su prioridad. Necesitaba con desesperación encontrar a la castaña. SÚ castaña.

Hogwarts, 1991

Jamás en sus 11 años de existencia se había sentido tan nervioso, sin embargo, allí estaba a dos mesas de distancia viendo una maraña de cabello sobresalir de una pila de libros. Llevaba más de un mes tomando el valor para acercarse, en cada intento lograba avanzar un paso y luego huía. Era una deshonra para el apellido Malfoy. Suspiró y se arregló una arruga invisible en su capa. Apretó el paquete que llevaba en sus manos y empezó a caminar determinado.

Cuando estuvo frente a la mesa abrió y cerró la boca más de una vez pensando que decir. Después de un momento pensó en escapar e intentarlo después, pero, sus intenciones fueron truncadas cuando la niña bajó el libro que sostenía y clavó sus ojos miel en él.

-Hola, Draco ¿Verdad? – dijo totalmente relajada haciendo a un lado su libro.

-Si – contestó sintiéndose tímido.

-Soy Hermione Granger – se presentó componiendo una gran sonrisa y estirando su mano –

-Lo sé – respondió respondiendo su saludo – Te he visto en clase.

-Y yo a ti. Eres un digno competidor –

-Digo lo mismo – respondió sintiéndose relajado. Tomó asiento frente a ella como si la timidez que lo invadía segundos antes jamás hubiera existido y le dio una sonrisa ladeada – Ten – dijo extendiéndole una bolsita transparente perfectamente empacada.

-¡Oh, gracias! – ella detalló el regalo sin borrar la sonrisa de su cara, luego lo abrió. Un delicioso aroma a galletas invadió sus fosas nasales y la invitó a tomar una, sin ceremonia alguna la llevó a su boca maravillada ante el delicioso dulce – Están deliciosas – murmuró feliz – Toma una – ofreció estirando la bolsa hacía él. Draco tomó una sintiéndose feliz.

-Madre las envía, son mis favoritas – contestó inflando el pecho con orgullo.

-Pues te agradezco mucho, deben ser preciadas para ti.

-Lo son, pero mi rival es digna de probarlas – dijo esta vez componiendo una gran sonrisa.

Los días subsiguientes acudió a la biblioteca, se sentó en silencio en la mesa frente a la niña y puso en el centro una bolsa llena de galletas. Encontró en ella un silencio agradable y una sonrisa sincera. También una gran conversadora, encontró que ella producía una sensación extraña en su pecho.

New York, actualidad.

Hermione entró de manera atropellada a su apartamento. Casi corrió a su habitación y fue directo al último cajón de cómoda. Tomó la caja de madera y la puso frente a ella. La abrió con sumo cuidado y esta vez sus ojos no se posaron en las varitas al interior. No esta vez toda su atención se centró en un trozo de pergamino y un colgante. Tomó con manos temblorosas la carta y por primera vez en años la leyó de nuevo:

"Hermione, si estás leyendo esto es porque Potter murió y tú cumpliste tu promesa. Quiero que te quedes allí, el mundo que dejaste atrás no tiene nada que ofrecerte, solo destrucción y muerte te aguardará si regresas, aquí todos pensarán que estas muertas, nadie te buscará, estarás a salvo y debes prometerme que serás feliz, tendrás una familia y guardaras en un rincón de tu mente todos los horrores que viviste con la guerra, sé una muggle, guarda tu varita, no hagas magia, no me busques.

Quiero que sepas que durante el tiempo que transcurrió antes de que esto sucediera, rogué a Merlín con todas mis fuerzas que Potter venciera, me aferré a tu recuerdo y a la promesa de sanar nuestras heridas juntos, sin embargo, esto es lo que ocurrió y solo queda aceptarlo y seguir adelante. No serás una mártir en una guerra sin sentido, serás mi gran y único amor.

Siempre te amaré….

D.L.M"

Sintió una lágrima recorrer su mejilla y se obligó a respirar profundo. Todo el día había estado pensando en Eliot y en la cita que había aceptado tener. No se sentía segura, no sabía si estaba preparada para cumplir otra de las peticiones del rubio. Le había dicho que tuviera una familia y, si bien era cierto que salir con Elliot no significaba casarse, si era un primer paso para volverse a abrir al amor.

Dejó la carta a un lado y tomó el camafeo adornado con una gran esmeralda verde, al abrirlo no sucedió nada, pero, encontró algo que no había notado. Dentro había dos fotos, una de Draco y otra de ella cuando tenían once años. Se llevó las manos a la boca y esta vez las lágrimas salieron a raudales ¿Cómo era posible que él tuviera una foto suya? La foto parecía haber sido tomada a lo lejos, era ella en la biblioteca leyendo un libro.

Después de tantos años apenas había descubierto lo que había en el interior de la joya. Luego de abrirlo y olvidar su vida pasada había guardado el antaño traslador junto con su varita y la carta y nunca los miró de nuevo, hasta ese día.

Sus manos estaban temblando y su cuerpo se convulsionaba por el llanto y de nuevo, todas las preguntas que había desterrado al rincón más alejado de su mente volvieron ¿Estaría vivo? ¿La guerra continuaría? ¿Voldemort sería en ese momento el amo de la Inglaterra mágica? Y, si la respuesta a la pregunta anterior era afirmativa ¿Sería Draco un asesino más en sus filas?

Un terrible dolor de cabeza apareció. Sentía el latir de su corazón en la cien. Se levantó de la silla y se tiró en la cama hecha un ovillo mientras las lágrimas seguían saliendo. Ese día se daría una licencia para llorar, para pensar en la vida que dejó atrás, en los amigos que perdió y en el hombre que se jugó la vida para ponerla a salvo.

Se prometió que la mañana siguiente volvería a enviar todos sus pesares al cajón apartado en su memoria y trataría de cumplir la promesa que hizo a la persona que amó. Intentaría reconstruir su vida un paso a la vez.

Los Ángeles, 2004.

-¡Winky! ¡Winky! ¡Hola! – Harry Potter gritaba mientras atravesaba el umbral de la mansión Malfoy - ¡Winky! – llamó de nuevo mientras se adentraba en la mansión buscando las escaleras al piso superior. Un pop a sus espaldas lo alertó y él se giró.

-Señor Potter, Winky lo saluda – dijo la elfa doblando su cuerpo hacía el frente hasta que su nariz tocó el piso.

-No es necesario que hagas eso, Winky – murmuró Harry acercándose a la criatura – Necesito que me ayudes a encontrar algo – pidió agachándose a su altura.

-Winky ayudará al señor Potter en lo que quiera. El amo Malfoy ordenó a Winky obedecer las peticiones del señor Potter – respondió con su vocecilla chillona.

-Bien. Winky, necesito que me lleves a la habitación de Malfoy – la elfa lo tomó de la mano y en un momento estuvo en la estancia.

La habitación estaba en completa oscuridad, los pesados cortinajes de terciopelo verde estaban cerrados impidiendo que la luz del exterior entrara. La elfa al notar esto tronó sus dedos e inmediatamente la pesada tela se recogió dejando entrar el resplandor del sol cegando momentáneamente al chico quien cerró los ojos para abrirlos de nuevo suavemente.

La mirada verde recorrió la habitación, era enorme. Había muebles que parecían bastante antiguos y estanterías repletas de libros, Hermione estaría encantada, pensó. Buscó alrededor y encontró frente a la enorme cama la chimenea sobre la cual reposaba el retrato de Narcisa Malfoy. Otra Malfoy en espera de su juicio. Caminó hasta a pared y con sumo cuidado tomó el marco bajándolo de su sitio y poniéndolo en el suelo recostado en la pared continua.

Cuando lo quitó no vio ningún ladrillo. Levantó su ceja izquierda en una clara señal de desconcierto. Buscó su varita en los bolsillos de su capa y la sacó. Se rasco la cabeza un momento tratando de pensar como Hermione y de inmediato una idea de le vino a la cabeza.

-Revelio – murmuró suavemente. El papel tapiz desapareció lentamente del lugar que antes ocupaba el cuadro y una pared de ladrillos se reveló. A simple vista todos los ladrillos eran iguales. Suspiró con frustración sobándose la cien. Malfoy debió ser mucho más específico.

Buscó en la habitación alguna silla que pudiera dejarlo a la altura del espacio de ladrillos y cuando la encontró la conjuró con un Accio.

Se subió encima del mueble que parecía tener unos cuantos siglos y posó su mano sobre cada ladrillo, poniendo toda su atención para identificar si alguno estaba más hundido que otro. Finalmente encontró tres que se extendían en diagonal desde la punta superior izquierda hasta la punta inferior derecha. Los tocó con su varita tal como el rubio le había indicado y frente a él se abrió un agujero. Dentro había una caja de madera que tomó para luego bajarse de la silla y acercarse a la cama.

Una vez sentado en el acolchado la abrió y dentro encontró algunos papeles y copias de títulos de propiedad. Cuando se aseguró que aquello era lo que buscaba se despidió de la elfa y salió aprisa de la mansión Malfoy.

Harry se quitó el saco que llevaba puesto una vez tocó el suelo de los Ángeles. Hacía un calor abrazador y el sol estaba en lo alto brillando intensamente. Salió del callejón en el cual lo había dejado su traslador y caminó a la calle más próxima, una vez allí paro un taxi y se subió a él. El conductor, un hombre delgado de piel morena lo saludó y le preguntó a dónde se dirigía.

De forma torpe el moreno empezó a buscar en los bolsillos de su pantalón el papel donde aparecía la dirección del banco y se lo extendió al taxista.

-Lléveme a esa dirección por favor – le dijo un tanto desorientado.

-Es la sede central ¿Seguro que no puede ir a cualquier otra sucursal? – le preguntó el moreno amablemente. El oji verde lo pensó por un momento y se encontró confundido. Él jamás había manejado una cuenta bancaría muggle, por lo tanto, no entendía bien lo que significaba una sucursal, pues, cada vez que necesitaba dinero muggle retiraba de su cuenta en Gringots e iba a la casa de cambio a pocos pasos en el callejon Diagon. Suspiró ante la mirada atenta del taxista.

-Lléveme a esa dirección, por favor – el hombre solo asintió en respuesta y puso el coche en marcha. Harry decidió que improvisaría sobre la marcha.

Después de casi una hora, el taxi paró frente a un gran edificio, el chico le extendió el dinero y se bajó viendo a los lados. El ruido de la gente, el pito de los carros y en general el bullicio a su alrededor lo descolocó. Ya no estaba acostumbrado a tanto ajetreo y el calor lo estaba sofocando.

Caminó a paso raudo al interior del edificio y el fresco del aire acondicionado golpeó su rostro haciendo que su sofoco disminuyera notablemente.

-Disculpe – dijo deteniendo a una mujer de mediana edad de cabello negro que parecía ser empleada por el uniforme que llevaba puesto.

-¿En qué puedo ayudarle? – respondió la mujer con un raro acento.

-Quisiera preguntar por una cuenta –

-¿Quiere abrir una cuenta?

-No, deseo averiguar por los movimientos de una cuenta.

-Siga derecho, gire a la izquierda, allí tome un turno y espere el llamado – le dijo de forma monótona para luego seguir su camino.

El azabache hizo lo que la mujer le indicó y tomó el turno. La sala estaba completamente llena y las personas dentro parecían exasperadas. Sin más remedio tomó asiento como los demás esperando que el llamado. Al menos una hora después escuchó su número siendo llamado al módulo 6. Se levantó y buscó con su mirada el lugar al cuál debía dirigirse. Al ubicarlo caminó hacía allí y se sentó.

El empleado del banco era un hombre regordete que lo miró sin emoción alguna y con cansancio por la tarea repetitiva.

-Buenos días ¿En qué puedo ayudarlo?

-Buenos días – murmuró devolviendo el saludo - Necesito saber el estado de esta cuenta – solicitó extendiéndole el papel con los datos.

-¿Es usted el titular? – preguntó con una mirada sospechosa.

-¿El titular? – contra preguntó confundido. Al ver la sospecha en el rostro del hombre sacó levemente su varita del bolsillo del pantalón y murmuró en voz baja "imperio" de inmediato los ojos del hombre se dilataron y su rostro se relajó – quiero que me digas que ha pasado con esta cuenta – el hombre asintió tomando la hoja de papel para después teclear en el computador frente a él.

-Ha estado inactiva desde hace más de 4 años.

-¿Inactiva? – preguntó sin entender a qué se refería.

-Si, la última vez que se usó fue a mediados de 1999 – ante la respuesta la frustración del oji verde se incrementó.

-¿Dónde se usó? – volvió a preguntar.

-Tendría que enviar la solicitud al archivo central para obtener la información.

-Hágalo – ordenó. El hombre asintió y empezó a teclear de nuevo.

-Tendrá la respuesta en un mes – informó dejando de mirar la pantalla del computador.

-¿Un mes? – gritó exasperado haciendo que las personas a su alrededor clavaran en él sus mirada curiosas. Ante aquello Harry se acomodó en la silla recuperando la calma.

-Si ¿Envío la respuesta a la dirección asociada a la cuenta? – preguntó monótonamente el funcionario.

-Si – respondió con desgano el azabache mientras hacía un movimiento de varita para romper la maldición. El hombre volvió desorientado viendo a los lados y luego a él. Harry le sonrió.

-Ha sido muy amable – dijo despidiéndose mientras se levantaba de la silla y caminaba para salir del edificio. De nuevo el calor sofocante lo abrazó, debía volver al callejón donde lo esperaba el traslador de regreso a Londres.