Hola a todas y todos. Vuelvo con una actualización, quisiera saber si les ha gustado la historia, me gustaría que comentaran sus opiniones. Los comentarios siempre nutren al autor y en mi caso, me ayudan a direccionar la historia. ¡Así que, comenten!
Sin mas que decir, el capítulo:
CAPÍTULO 4. ¿Cumplir una promesa?
New york, actualidad.
-¿Lista? – preguntó Elliot acercándose a ella con una sonrisa.
-Nunca he estado más lista – respondió tratando de sonar emocionada.
-Bien, porque he esperado ansioso este día – le dijo su amigo con un brillo peculiar en su mirada. Aquello le recordó al brillo en la mirada de Draco Draco el día que le dio el camafeo, pensó para luego sacudir la cabeza y obligarse a estar completamente presente.
-Yo también, me encanta esa banda – comunicó con fingida alegría.
Camino al Madison Squard Garden hablaron con soltura. Las conversaciones despreocupadas del pelinegro la hacían sonreír y olvidar los otros pensamientos que la rondaban. Siempre había sido sencillo hablar con él, pero, antes pensaba que solo eran dos buenos compañeros de trabajo.
En el momento en que aceptó la cita supo que las reglas de juego habían cambiado. Él deseaba salir con ella, que tuvieran una relación y había empezado a mover las fichas en el tablero.
Hermione no podía negar que Elliot era un hombre guapo, inteligente y exitoso. Si había alguien que la comprendiera o que comprendiera a Katherin era él. Tenían muchas cosas en común y su buen humor era contagioso, sin esforzarse mucho lograba sacarle sonrisas.
-Estoy muriendo de hambre ¿Qué tal una pizza? – preguntó una vez salieron del estadio.
-Me encanta la idea - respondió mientras comenzaban a caminar.
-Conozco un pequeño lugar a un par de cuadras, mi joya oculta en la ciudad – le contó regalándole otra brillante sonrisa.
-Pues guíame – le contestó dándole una sonrisa discreta.
El camino a la pizzería fue igual que el anterior. Conversaciones ligeras y fáciles de llevar. Algún comentario sobre pacientes que resultaban curiosos e incluso un chisme de pasillo.
-El doctor Steven se quejó ayer conmigo de Bayne - le contó abriendo la puerta del pequeño lugar que ciertamente olía muy bien – Dice que te enviará a su peor residente en venganza – añadió divertido.
-No debería, solo le di una lección, dijo que estaba loca – se quejó haciendo un puchero.
-No creo que eso lo haga sentir mejor – se rio mientras la guiaba a una mesa libre.
-Creo que nunca hemos comido fuera de la cafetería del hospital o de la universidad – murmuró mientras recababa en su mente - ¿Qué sabor prefieres? – preguntó con curiosidad – Hay muchas cosas que no sé de ti – Hermione se puso nerviosa. Hacía años que no emprendía algo parecido a una relación o a un coqueteo. Su último beso había sido con Draco y su última relación o lo más parecida a una había sido con Ron.
Una mirada triste se adueñó de su rostro al evocar el recuerdo de su amigo tendido en el piso con los ojos sin vida, después de dejarlo abandonado en un campo de batalla.
-¿He dicho algo malo?
-¿Eh? No, no claro que no – respondió apenada.
-De repente tus ojos se han tornado tristes.
-Recordé algo triste – dijo sin pensar siquiera, sintiéndose cómoda por primera vez ante alguien – me gustaría una pizza margarita – informó pensando en su madre – era la preferida de mi madre – le contó.
-Muy bien – respondió con expresión contradictoria mientras hacía una seña con su mano llamando a una mesera que inmediatamente se acercó a ellos – queremos una pizza margarita y una de pepperoni con una botella de vino tinto – pidió de forma educada. La mesera tan solo asintió y se perdió de su campo de visión -Jamás hablas mucho de tu vida – Hermione le dedicó una mirada cuasi vacía.
-No me he visto en la necesidad de hacerlo – respondió llanamente mientras la mesera volvía con una botella de vino para luego irse de nuevo.
-Hoy has dicho dos cosas, y tu mirada varió drásticamente – comentó mientras servía las dos copas con el líquido morado.
-¿Te pareció? – dijo sin saber si desviar el tema o si podría intentar desahogarse, al menos parcialmente, con el hombre que tenía al frente. Tenía años de recuerdos y emociones guardadas.
-No, estoy seguro – le contestó – me preguntó que recuerdo triste pudo llegarte mientras esperas una pizza ¿Acaso te abandonaron en una pizzería? – murmuró tratando de sonar jocoso, para aligerar el ambiente y dejarla decidir si quería hablar.
-Recordé el día que murió mi mejor amigo y lo más cercano que tuve a un novio – su corazón había respondido antes que su cerebro, como si pidiera con urgencia un desahogo – tú eres un amigo y ahora… yo… pues – se dijo sintiendo unos nervios repentinos.
-Estoy tratando de convencerte para que salgas conmigo – terminó dándole una sonrisa – siento mucho lo que sucedió con él – le dijo mientras tomaba su mano y le daba un sutil apretón.
-Sucedió hace muchos años – comentó sin saber si ahondar sobre el tema o simplemente dejarlo.
-Siempre he pensado que no puedes pasar la página si no te permites vivir el duelo – ella lo pensó. Lo que decía estaba cargado de sentido. Ella nunca tuvo tiempo para pensar y procesar la muerte de Ron. Cuando sucedió ella estaba luchando en una guerra sin cuartel en la cual tenía invertida todas sus energías y pensamientos y luego, cuando escapó por cuenta del camafeo, se había obligado a poner todo en el rincón más apartado de su cabeza en un intento por no enloquecer.
-Era un hombre muy singular – le contó con una sonrisa mientras recordaba al pelirrojo – Su familia es muy numerosa y todos son pelirrojos – dijo recordando a cada Weasley, la señora siempre preocupada por alimentarlos, el padre siempre curioso de los objetos muggles, los gemelos esparciendo risas y bromas, Ginny, la mejor de las confidentes. Recordar le hizo un nudo en la garganta – no era muy adepto de estudiar, era un excelente ajedrecista – pensó en cómo decir que quería ser auror ya que no podía usar esa palabra – había entrado a la infantería – decidió que era lo más cercano – murió en una confrontación – terminó bajando la mirada.
-Parece muy diferente a ti – comentó sin soltar su mano.
-Lo era, cuando estudiábamos juntos era un infierno, su concentración era de 0 y su tacto para decir las cosas era nulo – sonrió nostálgica – aun así era muy honesto y leal, siempre estaría allí si lo necesitabas. Era mi mejor amigo.
-Estoy seguro de que te quería mucho – le dijo con una sonrisa – ahora me siento celoso ¿te he dicho lo honesto y leal que soy? – Hermione rio sonoramente ante su comentario y se encontró disfrutando de su compañía y agradeciendo el hecho de poder hablar de su mejor amigo por primera vez en mucho tiempo.
-Estoy segura de eso – respondió tomando un sorbo de vino – y no, no me lo has dicho, pero después de varios años sé que lo eres – constató llena de honestidad. Elliot siempre había sido un gran chico, muy contrario a Ronald, pero muy parecido a Draco. Aquel pensamiento hizo que ella se detuviera a analizarlo – Me recuerdas a alguien – se le escapó luego de analizarlo.
-Espero que sea alguien igual de guapo que yo – respondió con altanería lo cual hizo reír a Hermione.
-Es algo que diría el Hurón – comentó recordando el éxito que el rubio tenía entre las chicas y lo orgulloso que siempre se veía de saberlo – las chicas lo consideraban guapo.
-¿Hurón? – preguntó curioso.
-Era su apodo – respondió sin contarle que todo se debía a que en 4 grado había sido transfigurado en uno. Fue gracioso para los espectadores y doloroso para el pobre.
-¿También murió? – en ese momento ella se percató de lo que había dicho, había hablado del rubio en pasado.
-En realidad no lo sé – compuso su mejor sonrisa fingida mientras tomaba otro sorbo de su vino – Era muy inteligente, se exigía a sí mismo y era muy bueno en todo lo que hacía. Tú eres muy inteligente y eres un buen médico, además, tienes su misma autoestima, ambos la tienen fuera de este mundo – contó divertida.
-Bueno, pues mi copia me cae bien – contestó contento – me gusta esto – le dijo mirándola con intensidad – jamás hablas de tu pasado, me siento afortunado de que te abras a mí.
-Hoy, por primera vez en años, me sentí capaz de recordar mi pasado – ella le dio una sonrisa discreta y en su mirada se reflejaba el agradecimiento.
-Me encantaría seguir escuchando sobre tu vida, quiero conocerte y que confíes en mí – pidió sincero.
Hermione lo miró fijamente y pensó en lo que podría ser su vida al lado del hombre que tenía frente a ella. Era apuesto, amable, inteligente y en general un gran hombre. Se preguntó qué tanto debía decirle de su pasado, había muchas cosas que no podía explicar, por no decir casi todo, sin contarle que era bruja y que había escapado de una cruel guerra ¿Sería prudente contarle? Teniendo en cuenta que había "renunciado a su magia" ¿Era relevante revelarle esos detalles? Se dijo que era demasiado pronto para pensar en ello y que resolvería qué hacer si la situación llegara a presentarse.
Decidió no pensar más en ello y lo que restó de la noche lo dedicaron a hablar de cosas de menor importancia. Cosas sin una carga emocional como la de los recuerdos de su pasado.
Hogwarts, 1991.
-Ella es increíble, madre – le contó a la rubia mientras tomaban el té en el invernadero personal de la señora Malfoy – Es muy inteligente, casi siempre estamos empatados ¡hay libros que puede recitar de memoria!
-Nunca te había visto tan emocionado, no he escuchado nada de ningún Slyterinh – le dijo con cariño la mujer sirviendo el té para su hijo.
-Son tontos. No pueden hacer levitar una pluma – le contó con sorna – ella será una excelente bruja, de las mejores en la historia – acotó seguro.
-Creo que estamos frente a tu primer amor – el niño arrugó la cara mientras sus mejillas enrojecían.
-Claro que no madre, es solo admiración mutua – negó el chico intentando ocultar su vergüenza.
-¿La mutua admiración te ha llevado a pedir el doble de galletas? – Draco abrió y cerró la boca. Era cierto, desde que había logrado acercarse había empezado a pedir el doble de galletas a su madre ya que le gustaba compartirlas con ella mientras estudiaban, era algo que se había vuelto una costumbre – Ella aprecia mucho tus galletas – dijo desviando el tema.
-Claro, imagino que así es – respondió la rubia con una gran sonrisa. La emocionaba escuchar hablar a su hijo de aquella forma. Siempre estuvo preocupada de que su hijo creciera y su corazón se volviera frío como el de su padre - ¿Cómo se llama tu pequeña e inteligente amiga?
-Hermione – contesto con alegría – Hermione Granger – La mujer se detuvo a pensar. Jamás Había escuchado ese apellido en el mundo mágico. Apretó los labios en una delgada línea y miró a su hijo fijamente – ¿A qué casa dices que va?
-Es una Griffyndor, es probablemente su único defecto – mencionó casualmente.
- ¿Estás seguro que es hija de magos? – preguntó con tacto la mujer. Ella jamás había escuchado ese apellido y temía que fuera lo que despectivamente su mundo había decidido llamar sangre sucia. Narcisa no creía en la superioridad de la sangre, pero, no quería que su hijo sufriera. Prefería, aunque no le importara, que la chica fuera sangre pura.
-Debe serlo, madre. Una asquerosa "sangre sucia" no podría tener tal talento mágico – contestó altivo.
-Draco, te he dicho que no uses esa palabra – reprendió. Ella había tratado de educarlo sin aquel prejuicio, pero, también había sido cuidadosa de que no se mezclara con ellos, buscaba protegerlo de su padre.
-Padre dice que son seres inferiores, que han robado su magia – recitó
-Tu padre se equivoca, sin embargo, debes saber hijo que, aunque son magos por derecho tu debes guardar las tradiciones y emparentar con magos sangre pura….
Tenía la mesa frente a él y la chica castaña escondida tras un grueso tomo de encantamientos. Clavó su mirada gris acerada en ella y la niña lo sintió ya que, bajó el libro y le dio una gran sonrisa.
-¡Draco, no sabes cuanto te extrañé! – le dijo levantándose y acercándose para abrazarlo levemente – Feliz navidad – se despegó de él y le extendió un paquete pulcramente envuelto mientras lo veía con alegría.
-También te extrañe, Hermione – le dijo relajando su ceño. Era imposible que fuera hija de Muggles - ¡feliz navidad! – devolvió extendiéndole otro paquete.
Ambos niños abrieron sus respectivos regalos con emoción, sin importar qué fuera la felicidad provenía del hecho de que era un presente del otro, uno que atesorarían siempre. Hermione obtuvo un libro, una edición que parecía bastante antigua de los cuentos de Bleade el Bardo. Jamás había oído hablar de ellos así que la emoción se pintó en sus ojos. Draco una nueva pluma con su nombre grabado al costado. Ambos se sentían muy satisfechos.
-Jamás había leído estos cuentos – comentó la castaña tomando asiento. Ante ello el rubio se quedó estático quedándose de pie.
-¿Cómo es posible eso? ¿Tu mamá no te los leía? – preguntó pensando que quizás sus padres no fueran dados a las lecturas nocturnas.
-No, siempre me leían cuantos como "Blancanieves" – respondió con una sonrisa ajena a la tormenta que se había desatado en la cabeza de su amigo.
-¿Blancanieves?
-Si, ya sabes, Balncanieves y los siete enanitos. Supongo que esta es la versión mágica de los cuentos infantiles – comento abriendo el libro para ojearlo superficialmente.
-¿Eres hija de muggles? – preguntó arrugando el ceño.
-Sí, mis padres son dentistas – el chico solo se quedó viéndola – ya sabes, arreglan dientes – explicó sin prestarle mucha atención, dirigiéndola toda su atención a su nuevo libro.
-¿Eres una sangre sucia? – habló por fin con asco. Ante el tono la niña levantó su mirada pintada de duda y luego extrañada ante el horrible gesto en la cara del rubio dirigido hacia ella.
-¿Sangre sucia? – repitió pensando en que eso no sonaba bien.
-Eres una asquerosa hija de muggles – el corazón de Hermione se detuvo y sus ojos se cristalizaron. Ahora lo entendía, aquello era un insulto.
-¿Por qué me tratas así Draco? ¿Qué significa tener la sangre sucia? – articuló a dura penas.
-No me llames Draco, los Malfoy no tratamos con asquerosos sangre sucia, ni siquiera deberías estar aquí – escupió con asco.
-Pero.. Dra…
-Te he dicho que no pronuncies mi nombre con tu sucia boca – le gritó – No te me acerques de nuevo, eres una escoria social – terminó saliendo del lugar dejando a una muy afectada castaña. Sus ojos estaban cristalizados, sus sentimientos eran una mezcla de indignación y una infinita tristeza. Ella se había encariñado mucho con su primer amigo.
Cerró todos sus libros y los dejó abandonados sobre la mesa para salir corriendo de la biblioteca rumbo al baño de niñas, allí se encerró y permitió que su llanto aflorara.
Mas tarde ese mismo día pasarían 3 cosas: Primero la castaña de voluminoso cabello sería atacada por un troll, segundo iniciaría su amistad con sus dos mejores amigos Harry Potter, el niño que vivió y Ron Weasley, el amante de los sangre sucias y, tercero, Un niño de cabello rubio y ojos grises volvería a su habitación a abrazar con fuerza la pluma que le había sido obsequiada ese día mientras derramaba la primera lágrima sincera de su vida, agradeciendo a Merlín de que ella hubiera salido ilesa de su encuentro con la muerte.
New York, actualidad.
-¿qué tenemos? – preguntó sin levantar la vista del historial que tenía en la mano.
-Amanda, 10 años, llegó con dificultad para respirar, fiebre y arritmias. La madre manifiesta que la semana anterior se había desmayado en clase y que algunas veces su respiración se volvía rápida – respondió la residente que la acompañaba ese día.
-Bien, Amanda, buenos días ¿Cómo estás? – preguntó regalándole una sonrisa mientras se acercaba para revisarla – soy la doctora Katherin – se presentó.
-Buenos días, doctora – le respondió sonriendo.
-Veamos, has estado estable, sin embargo, debemos hacerte unos estudios – anunció dirigiéndose más a la madre que a la niña.
-Muchas gracias, doctora – dijo la madre.
-Te pareces a Blancanieves – la pequeña de cabello rubio la miró con una sonrisa mientras le mostraba la tapa de un cuento infantil "Blancanieves y los siete enanitos" – tu cabello es negro y tienes los labios rojos como ella – enumero feliz. Hermione le dio una sonrisa y se acercó a ella.
-Mi mamá solía leerme este cuento – le contó acariciando su cabello – es un honor que me creas tan bonita como ella – terminó para luego levantarse y despedirse.
Al salir de la habitación una mezcla de tristeza y anhelo se adueñó de sus ojos. El comentario de la niña le trajo dos recuerdos, el de su madre leyéndole y aquel día cuando su yo de 11 años recibió una primera edición de los cuentos de Bleade el Bardo de manos de un rubio que en ese momento la hirió.
-¿Está bien, doctora? – Hermione volvió a la realidad posando sus ojos en la residente. La chica le caía bien desde el día que se había mantenido al margen de los chimes.
-Solo recordaba algo – le dijo dibujando una sonrisa triste.
-¿Acaso recordó a su mamá? – preguntó con tacto. En el hospital todos pensaban que sus padres habían muerto, no podía desmentirlo porque, en realidad, ni ella lo sabía.
-En parte, pero, recordé un libro de cuentos que me regaló hace mucho un niño muy remilgoso – contestó ampliando un poco su sonrisa – me pregunto si el libro seguirá en casa de mis padres – murmuró más para sí misma.
-¿Acaso no trajo consigo todas sus pertenencias? – volvió a preguntar la chica con desparpajo.
-No fue posible – respondió simplemente zanjando toda la conversación.
No sabía que había pasado en Inglaterra. Se preguntaba si su casa seguiría en pie o si, por el contrario, los mortifagos la habían destruido al encontrarla vacía, también se preguntaba si sus padres seguirían vivos, no culparía a Draco si no pudo cumplir con su promesa, ella supo desde el inicio que ellos corrían grave peligro solo por ser sus progenitores. De nuevo se reprendió, no debía pensar en nada de eso.
Askaban, 2002.
Había contado los ladrillos de su celda al menos unas 100 veces, eran en total 10 mil. Cerró los ojos y posó u cabeza entre sus piernas flexionadas quedando esta sobre sus rodillas. Estaba desesperado, empezaba a perder la cuenta de los días que llevaba allí y también lo agobiaba el hecho de no encontrar a Hermione.
El sonido del golpe de la reja lo hizo levantar la mirada, de nuevo el grandulón se asomó en compañía de Potter quién lo despachó en cuanto estuvo frente a la reja.
-¿Qué tal va todo, Malfoy? – pregunto el pelinegro recostando su costado en las rejas viendo de frente la figura del rubio.
-Esta celda tiene 10 mil ladrillos – contestó llanamente alzando levemente los hombros.
-Vaya – dijo Harry dedicándole una mirada lastimera.
-No me mires así, Potter. Sabes que lo detesto – regañó mientras se ponía de pie - ¿Qué te trae a mi humilde morada? ¿Tienes buenas noticias?
-No sé si pueda catalogarse como una buena noticia – murmuró el oji verde rascándose la cabeza.
-Escúpelo, Potter – pidió con fastidio.
-Después de pedirle amablemente al funcionario del banco…
-Querrás decir, después de maldecir al funcionario del banco – corrigió socarrón el rubio.
-Detalles insignificantes – respondió sacudiendo su mano izquierda en dirección al oji gris quien esbozó una breve sonrisa – me respondió que la cuenta estaba inactiva desde 1999 – Draco recostó la cabeza contra las rejas y emitió un gruñido exasperado.
-¡Maldita sea, Granger! ¿Por qué no podía simplemente seguir las instrucciones? ¡sin variantes! – dijo impotente.
-Estoy de acuerdo – murmuró Harry soltando un suspiro – sin embargo, logré averiguar donde fue la última vez que usó la cuenta – ante la información el rubio alzó la cabeza y clavo su mirada gris expectante en su visitante.
-No tengo toda la vida, Potter…
-Pagó una colegiatura en la Universidad de Stanford – respondió mientras Draco esbozaba una sonrisa burlona.
-¿Por qué no me sorprende? –
-Solo pagó un semestre, facultad de medicina – informó – luego de eso, nada. Tu dinero está casi intacto.
-¿Por qué tu amiga no puede simplemente aceptar un obsequio? – preguntó mientras se sobaba la cien.
-Porque es la persona más independiente que he conocido – contestó señalando lo que para él era algo obvio.
-¡Agh! – se quejó - ¿Ahora qué? – preguntó.
-He pensado en ir a la universidad, solo no sé cómo buscarla – informó chasqueando su lengua contra el paladar.
-¿Qué tal si preguntas por Hermione Granger?
-Siempre pensé que tenías un gran cerebro, pero, hoy ha sido una decepción – le dijo negando con la cabeza.
-Trata de que funcione a la perfección encerrado en esta celda – escupió ofendido.
-¿Crees que ella usaría su nombre real después de prometerte huir?
-¿Qué tal Jessica Adams? – Dijo esperanzado – yo puse la cuenta a ese nombre, quizás se las haya arreglado para adoptarlo.
-Creo que puedes tener razón – concedió Potter – iré mañana.
-Muy bien – murmuró el rubio volviendo a sentarse – Potter ¿Sabes algo de mi madre?
-Era otro tema que venía a discutir – comentó el aludido separándose de la reja – Narcisa se presentará ante el Wisengamot dentro de 2 días, iré personalmente a testificar y llevaré los recuerdos de Dumbledore.
-¿La dejarán ir? – preguntó preocupado.
-Es más que seguro – respondió el azabache dándole una sonrisa tranquilizante – Andromeda ya está lista para recibirla en su casa.
-Será raro para madre – susurró triste.
-Sabes que los bienes seguirán bajo la tutela del ministerio hasta que vayas a juicio – le recordó.
-No tienes que decirlo, Potter, lo sé. También sé que pueden quitarnos la mansión y todo lo que se les dé la gana – se quejó.
-Me encargaré de que la sentencia sea lo más favorable posible. Sé que la mansión es importante.
-Sé que no lo entiendes, pero, lo agradezco.
Efectivamente Harry Potter no entendía el arraigo que tenía el rubio por la gran casa, había vivido toda su vida en el lugar y había muchos recuerdos horribles, sin embargo, su deber no era entenderlo era ayudarlo.
Para Draco Malfoy, su hogar ancestral era una cuna de historias, de hitos, de vivencias. Cada rincón de la mansión narraba una historia. Entre esas historias estaba la de la segunda guerra mágica, esa sería una de las negras. Lo que quería el rubio era conservar su hogar ancestral y grabar una historia más en sus paredes: El día en que la gran casa de magos sangre pura Malfoy, dejó de serlo. El día en que una "Sangre sucia" sería la señora Malfoy.
New York, actualidad.
Una manzana roja apareció en su campo de visión sobre la mesa frente a la bandeja de su almuerzo. Ella levantó la vista y se encontró con la cara sonriente de Elliot.
-Me dijeron que te parecías a Blancanieves – le dijo sin dejar de sonreír haciendo que unas arrugitaa se hicieran en los bordes de sus ojos – creo que tiene mucha razón – agregó para luego tocar suavemente su mejilla con los nudillos de su mano derecha. Aquella acción se le antojó muy íntima y la hizo enrojecer – sonrojada eres una copia exacta – ella se rio clavando su mirada en el rostro del hombre. Hasta ese momento no había detallado que más allá de su evidente atractivo, sus ojos siempre brillaban y cada vez que sonreía se le hacían unos hoyuelos encantadores, todo su rostro desprendía calma.
-¿Entonces me traes una manzana envenenada? – preguntó mientras reía.
-Es una manzana con una posición de amor – respondió alzando los hombros.
Hermione se quedó en silencio sin quitarle su mirada de encima. Amortentia, recordó. Si supiera que lo que había dicho no era descabellado. Recordó su clase de pociones de sexto año. La amortentia olía diferente para cada persona, en ese momento ella se sintió confundida, el olor que llegaba a su nariz era pasto recién podado, pergamino, menta y galletas recién horneadas. En ese momento comprendió el por qué. Ella guardaba a Draco en su corazón, pero, tenía sentimientos que no entendía muy bien por su mejor amigo.
-¿Hola? Tierra llamando a Hermione – escuchó saliendo de su trance viendo como la mano del oji verde se sacudía frente a ella. Ante el gesto compuso una sonrisa.
-Y ¿Qué hueles? – preguntó sabiendo que no entendería.
-¿Qué huelo? – dijo confundido olisqueando en el ambiente. Era una mezcla de varios alimentos.
-Supón que existe una poción de amor – instó – y que esa poción huele para cada persona de forma diferente, un olor característico del ser amado – explicó pensando que él la iba a creer loca.
-Si tal cosa existiera – comentó pensativo – creo que olería a vainilla y torta de chocolate – respondió sin dejar asomo de duda. Nuevamente la respuesta la hizo sonrojar. Su jabón de baño y su chamú olían a vainilla y siempre comía el mismo postre, torta de chocolate – te ves adorable – murmuró viéndola profundamente.
-Me estás poniendo nerviosa – susurró la castaña.
-Entonces significa que voy por buen camino – sonrió desviando su mirada al bieper que había acabado de sonar – debo irme ¿Te veo a la salida? – ella solo asintió y lo siguió con la mirada hasta que desapareció en su campo de visión.
Si alguna vez volviera a tener amortentia frente a ella ¿Olería a él? Se preguntó descansando su cabeza en su mano izquierda sin dejar de ver la manzana no envenenada. Elliot olería a café, quirófano y pizza, o al menos, eran los olores que llegaban a su cabeza cuando pensaba en él. Daba igual, no creía que volviera a tener una poción de amor frente a ella en lo que le restaba de vida.
